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Filosofía para Cínicos.

Yas ©

La naturaleza del conocimiento.

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Ellen Meiksins Wood en "De ciudadanos a señores feudales. Historia social del pensamiento político, desde la Antigüedad a la Edad Media" (CRÍTICA, 2011), ubica que los sofistas eran maestros y escritores retribuidos, que viajaban de una polis a otra enseñando a los jóvenes de las familias ricas. Florecieron en Atenas gracias a un profundo y creciente interés por la educación, sobre todo por las habilidades requeridas en los tribunales y las asambleas de la democracia, las artes de la retórica y la oratoria. Atenas, con su vitalidad cultural y política, atrajo a maestros distinguidos de otros lugares de Grecia: Pródico de Ceos, un estudioso del lenguaje; Hipias de Elis, cuyos intereses eran enciclopédicos; el brillante retor Giorgias de Leontini, que llegó a Atenas no como un maestro profesional, sino como diplomático, y por encima de todos ellos, el primero y el más grande de los sofistas, Protágoras de Abdera, amigo y consejero de Pericles. Entre el resto de los sofistas destacaban Trasímaco y los sofistas de segunda generación como Licofrón, a quien se le atribuye haber formado una idea del contrato social; Critias, el tío de Platón, que asimismo aparece en los diálogos que compuso su sobrino; Calicles, posiblemente una figura de ficción, que Platón utilizó para representar la idea radical sofista de que la justicia es el derecho del más fuerte; el llamado "Anónimo de Jámblico", que se enfrentó a los sofistas radicales sosteniendo que el origen del poder se halla en el consenso de la comunidad; Antifón, quizás el primer pensador que argumentó en la igualdad natural de todos los hombres, fueron éstos griegos o "bárbaros", y mucho tiempo después, Alcidamas, que insistió en la libertad natural de la humanidad. Para Aristófanes y Platón éstos intelectuales sofistas representaban la decadencia y la corrupción de Atenas y eran presentados como representantes del abandono de los valores tradicionales. Se los describía como representantes de una polis en la que incluso los jóvenes aristócratas habían renunciado a la elevada escala de valores morales de sus antepasados, una polis en la que todos los criterios de lo que está bien y está mal habían sido dejados de lado. Las estrategias retóricas que los sofistas habían perfeccionado, el principio de confrontación adoptado por los abogados según el cual en cualquier cuestión siempre había dos bandos, fueron interpretadas por los críticos como un modo de "hacer que la peor de las causas pareciera la mejor". Protágoras aseguraba que el ser humano sólo puede confiar en su propio juicio, y que más allá del juicio humano, no hay un árbitro sincero para la verdad, es imposible que existan criterios absolutos sobre los que es verdad y lo que es falso, lo que está bien y lo que está mal: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las cosas que son lo que son y de las cosas que no son lo que no son". Si no hay un criterio absoluto sobre la verdad o la mentira, o sobre el bien o el mal, entonces todo está permitido. Los sofistas, y en particular Protágoras, fueron los inventores de la teoría política y establecieron los temas generales de la filosofía occidental. En sus ideas filosóficas compartían una preocupación por la distinción entre fusis (naturaleza) y nomos (ley, costumbre o convención). En un clima en el que las leyes, las costumbres, los principios éticos y las disposiciones sociales y las ordenaciones políticas ya no se daban por sentados, como parte de un orden natural inalterable, y la relación entre la ley escrita y la no escrita era una cuestión práctica muy viva, la antítesis entre nomos y fusis se convirtió en el problema intelectual central. Los sofistas, en general, estaban de acuerdo en que hay una diferencia esencial entre las cosas que existen por naturaleza y las cosas que existen según la costumbre, la convención o la ley. Pero el disenso residía en averiguar cuál de los dos modos era el mejor: si el de la naturaleza o el del nomos. Tanto en un caso como en el otro, podían poner en juego sus argumentos para defender la democracia o para atacarla. Los sofistas que respaldaban a la oligarquía, podían argüir que había una división natural entre gobernantes y gobernados, y que la jerarquía natural debía reflejarse en las disposiciones políticas. Otros, defensores de la democracia, podían argumentar que no había tal división nítida según la naturaleza, que los hombres son, por naturaleza, iguales, y que no es conveniente crear una jerarquía artificial, una jerarquía según el nomos y en contra de la fusis. Pero también eran posibles otras permutaciones dialécticas: un demócrata podía argumentar que la igualdad política creada por el nomos tenía la ventaja de moderar las desigualdades naturales y hacer posible que los hombres vivieran en armonía. O podía argumentar que, por muy similares que los hombres fueran por naturaleza, la vida en sociedad requería diferenciación, una división del trabajo y, por tanto, cierto tipo de desigualdad según el nomos. A pesar de que los sofistas podían pertenecer a la oligarquía o ser demócratas, la propia democracia, sin embargo, es la que había puesto todas éstas cuestiones de relieve. A diferencia de los sofistas, que tendían hacia el relativismo y el pluralismo moral y nunca se aventuraban más allá de la realidad empírica, Sócrates y Platón estaban preocupados por un tipo diferente de "naturaleza", una realidad más profunda o superior que era el objeto del verdadero conocimiento. Para ellos, y más concretamente para Platón, el mundo empírico era un mundo de meras apariencias, el objeto del saber convencional imperfecto, en el mejor de los casos, una opinión recta, pero no un conocimiento real. Los filósofos establecieron una distinción entre aprendizaje y persuasión, sugiriendo que los sofistas, como los abogados, en realidad no estaban interesados en conocer la verdad, sino en defender una causa y persuadir a otros de ello. En la democracia griega no existían abogados, cada ciudadano tenía que desarrollar las habilidades de la palabra que la nueva esfera pública requería: el discurso teórico, el examen, la argumentación y la impugnación. El ciudadano ateniense estaba obligado a aprender a pensar para construir argumentos lógicos y racionales. Los sofistas cumplían una función social al proporcionar las habilidades requeridas en los tribunales y las asambleas de la democracia. En las democracias representativas modernas, ni los representantes populares dominan las habilidades de la palabra y el pensamiento, las dictaduras de la ignorancia que hunden la ciudad en la anarquía. ¿Cuál es el secreto del siglo XVIII? Que los ilustrados franceses eran sofistas. Los sofistas podían defender una causa y luego la contraria, ya que tenían las habilidades retoricas, pero no tenían un compromiso con la verdad. Eran acusados de poner las artes de la retórica y la oratoria al servicio del relativismo y el pluralismo moral. Éso lo vemos todos los días en los supuestos debates donde los ponentes sólo buscan defender su causa. O en los supuestos debates donde todos están de acuerdo con la misma causa. La democracia no se inventó para buscar la verdad o alcanzar propósitos morales superiores, absolutos y universales, sino para satisfacer las necesidades humanas ordinarias en el mundo de la necesidad material. Y por la misma razón la política tiene un papel pragmático. Si una ficción te hace vivir mejor, ésa ficción se mantiene por voluntad popular hasta que otra la desplace. La desafección aristocrática tuvo consecuencias más graves, que dejaron una profunda huella en la democracia. Hubo dos revoluciones de la oligarquía: un breve período en el 411 y un golpe de estado en el 404 que, con la ayuda de Esparta, estableció el sanguinario gobierno de los Treinta Tiranos. Con el apoyo de una guarnición formada por setecientos espartanos que ocuparon la Acrópolis, los Treinta mataron y expulsaron de la ciudad a un gran número de atenienses. Miles de ellos abandonaron la ciudad y sólo tres mil conservaron todos los derechos de la ciudadanía. Sin embargo, cuando al año siguiente la democracia fue restablecida, mostró un notable comedimiento en su manera de tratar a la oposición oligárquica, instituyendo, a petición de Esparta, una amnistía que excluyeron la persecución política de los oligarcas y de quienes les dieron su apoyo. Sócrates, el ateniense de la Antigüedad más venerado en los siglos posteriores, es también, en muchos sentidos, el más enigmático. No dejó escrita ninguna de sus ideas y tenemos que confiar en sus discípulos –en especial Platón, aunque también Jenófanes- para encontrar sus opiniones. El proceso y la muerte de Sócrates han planteado, por sí mismos, enormes problemas. Si bien da la impresión de que los comentaristas, están de acuerdo, en que la sentencia de muerte fue una grave injusticia, difieren, en cambio, sobre lo que ella nos dice de la democracia. Por un lado, están los que ven una injusticia perpetrada por una democracia represiva contra un hombre que hablaba a conciencia, el modelo del valiente intelectual que sigue su razón adonde ésta vaya, desafiando toda oposición y haciendo frente a todas las amenazas. Por otro lado, algunos comentaristas no sólo ven una injusticia, sino también una democracia acosada que acababa de pasar por un período de terror a manos de la oligarquía y asesinatos en masa después del golpe de estado contra el régimen democrático. En Sócrates, además, no sólo ven un valiente filósofo con principios, sino también a un hombre cuyos amigos, aliados y discípulos se encontraban entre los principales oligarcas: "Podemos limitarnos a unos pocos hechos menos controvertidos sobre la vida y la obra de Sócrates. Todo cuando podemos decir sobre su vida es que fue un ciudadano ateniense del deme de Alopeke; que nació hacia el año 470 a.C., hijo de Sofronisco y Faenarete; que participó en algunas campañas militares, probablemente como hoplita (lo que requería tener suficiente riqueza para sufragarse las armas y pagarle a un criado) durante la guerra del Peloponeso; que participó como miembro del Consejo en el juicio a los generales del 406 a.C., y que fue juzgado y condenado a muerte en el año 399 a.C. Existen pocas pruebas que avalen la tradición que hace del padre de Sócrates un escultor o un maestro cantero (puede que tuviera esclavos y que los empleara como artesanos, tal como hicieron los padres de Isócrates y Cleón) y de su madre una comadrona, y son menos aún las pruebas que existen de que Sócrates siguiera las huellas de su padre. Hay algunas pruebas de que fue un hombre de posición desahogada, aunque no se contaba entre los más ricos. Sus amigos y aliados, sin embargo, fueron casi siempre ricos y de ascendencia noble: la imagen de Sócrates conversando sobre filosofía con artesanos en las calles y mercados de Atenas sólo es cierta, en ése sentido, a medias. Durante el golpe de estado oligárquico y el régimen de los Treinta en Atenas, Sócrates permaneció a salvo en la ciudad, como uno más de aquellos tres mil privilegiados ciudadanos. Cuando, transcurrido cierto tiempo, la democracia fue restablecida, se presentó una acusación contra él por no reconocer debidamente a los dioses de Atenas, por introducir nuevas divinidades y corromper a la juventud. Parece probable que éstas acusaciones, al menos en parte, reemplazarán otras más claramente políticas, que la amnistía promulgada hacía imposible presentar. De todos modos, no hay duda de que los atenienses miraban a Sócrates con recelo, debido a su asociación con los enemigos de la democracia" (Meiksins Wood, pp. 81, 82). En nada ésto desmerece su valentía y dignidad. La principal razón que adujo para negarse a escapar con la ayuda de sus amigos –a saber, que debía cumplir con las leyes de su polis- atestigua el compromiso, basado en fuertes principios, con el estado de derecho. Pero ni su valentía ni su dignidad ni la lealtad al principio de la ley hicieron de él un partidario decidido de la democracia. La cuestión, entonces, es saber si lo que hoy conocemos de sus ideas avalan las sospechas que levantaron sus relaciones oligárquicas. Sabemos, con cierto grado de certeza, que adoptó un método particular de pensamiento: establecía un diálogo con uno o más interlocutores, empezaba con una pregunta muy general sobre la naturaleza del conocimiento o el significado de un concepto como el de la virtud o de justicia, y pasaba por una meticulosa serie de preguntas y respuestas a fin de enumerar la multiplicidad de ejemplos particulares de acciones "virtuosas" o "justas". Con su característica ironía, ponía en evidencia las incoherencias y las contradicciones en las definiciones que proponían sus interlocutores. Si bien, de manera característica, profesaba la ignorancia y la incapacidad para enseñar, resulta evidente que, al buscar las cualidades comunes de todos los casos específicos de acciones "virtuosas" o "justas", intentaba encontrar una definición "real" de virtud o de justicia, no una caracterización general y práctica de actos concretos en el mundo empírico, sino una definición que expresara un principio subyacente, universal y absoluto de la virtud o la justicia. El propósito del ejercicio filosófico era elevar el alma o la psique, el elemento divino e inmortal presente en la naturaleza humana al que debe supeditarse el cuerpo. Aplicado a la filosofía, el fin de ésta era consumar el propósito moral superior de la polis. En sí mismo, el método socrático y la concepción del conocimiento absoluto relacionada con él tienen consecuencias políticas necesarias. Pero la paradoja más célebre de Sócrates, aquella según la cual la virtud es conocimiento, es mucho más problemática. A primera vista, éste principio implica, sencillamente, que la gente actúa de manera inmoral por ignorancia y nunca por voluntad. Tampoco hay nada de político en el admirable primer principio de la enseñanza moral de Sócrates. A saber: es mejor sufrir el mal que infligirlo. Pero más allá de la identificación de la virtud con el conocimiento hay algo que, en cambio, tiene consecuencias de gran alcance y secuelas políticas y antidemocráticas no menos importantes. El efecto combinado de ésta identificación y el propósito moral que Sócrates atribuye al estado consiste, a todos los efectos prácticos, en descartar la democracia e incluso, hacer del "conocimiento democrático" un oxímoron. Las consecuencias de la formulación planteada por Sócrates se hacen más visibles en la confrontación con el sofista Protágoras, que Platón describe en el diálogo Protágoras. Si podemos confiar en la reconstrucción que hace del argumento del sofista, parece que Protágoras delinea una defensa sistemática de la democracia. Se basa en concepciones del conocimiento, de la virtud y del propósito de la polis, tres concepciones que son contrarias a las planteadas por Sócrates. En el Protágoras, existe un debate entre Sócrates y Protágoras que establece el programa de lo que será toda la obra filosófica de madurez de Platón y la tradición intelectual que surge de ella. Si bien éste diálogo ya no suele ser considerado como una de las primeras obras de Platón, ha sido descrito como el último de sus diálogos "socráticos", y después de éste presentará sus propias ideas, que desarrollará de una manera más elaborada e independiente de su maestro. El Protágoras plantea, por tanto, las preguntas a las que el filósofo dedicará el resto de su vida y que, a través de él, darán forma a la filosofía occidental en su conjunto. Lo que resulta mucho más sorprendente del diálogo es que la cuestión cardinal sea de orden político. Sócrates propone a Protágoras un acertijo: al igual que otros como él, el sofista pretende enseñar el arte de la política, prometiendo hacer de los hombres buenos ciudadanos. Ésto seguramente implica, sostiene Sócrates, que la virtud, las cualidades de un buen ciudadano puede ser enseñada. Sin embargo, la práctica política en Atenas sugiere que las cosas son de otro modo. Cuando los atenienses se reúnen en la Asamblea para decidir sobre cuestiones como los proyectos edilicios y de construcción naval, requieren arquitectos o ingenieros navales, expertos en artesanías o en oficios especializados, y descartan las opiniones y manera de ver las cosas de los que no son especialistas, por ricos y nobles que sean. Ésta es la manera en que la gente normalmente se comporta en asuntos considerados técnicos, que implican el tipo de artesanía o habilidad que puede y debe ser enseñada por un experto. Pero cuando la Asamblea trata de algo relacionado con el gobierno de la polis, los atenienses se comportan de una manera diferente: "Si en cambio se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, zapateros, curtidores, comerciantes, marinos, ricos y pobres, nobles y gente del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presenten allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba evidente de que nadie considera que ésta sea materia de enseñanza" (Protágoras, 319 c-d). De la misma manera que nadie recurre a un carnicero para realizar una operación quirúrgica, a un sacerdote para elaborar zapatos o a un financiero para hacer un diagnóstico médico. Si nuestra ignorancia es grande, recurrimos a los mejores maestros. Si nuestra salud está comprometida, recurrimos a los mejores médicos. Pero si nuestra ciudad está hecha una ruina, la democracia no les exige a los políticos que sean expertos. No se considera que la política sea un arte especializado. Y ésa es la gran paradoja de la democracia liberal, en una sociedad de la información y el conocimiento, la política es el único oficio que se considera que se puede ejercer sin estudios previos: comunicadores, futbolistas, bailarines, actores, cantantes, comediantes, empresarios, químicos, físicos, biólogos, abogados, etc.   No siempre resulta evidente que Platón considere que las desigualdades naturales entre los seres humanos son lo bastante grandes en sí mismas como para justificar la división entre gobernantes y gobernados. Sin embargo, en su creencia en la existencia de una jerarquía absoluta y universal del conocimiento, que debe reflejarse en la organización de la polis, no hay ambigüedad alguna. Más allá de las cualidades innatas de los seres humanos y de sus capacidades naturales para adquirir conocimiento, a la mayoría le resulta imposible, en el mundo real, alcanzar el tipo de conocimiento filosófico que es precio para hacer juicios políticos sensatos. En particular, quienes practican y ejercen los oficios ordinarios y necesarios –los curtidores, los zapateros y los herreros de lo que habla Protágoras- se hallan políticamente incapacitados no sólo por su falta de tiempo y ocio para adquirir conocimiento filosófico, sino por su esclavitud con respecto al trabajo y a las necesidades materiales, a la vida entre la "multiplicidad de las cosas". Para llegar al conocimiento verdadero es necesario liberarse del mundo de la apariencia y la necesidad. Desde el principio, la alegoría de Protágoras comporta una concepción del propósito del estado que es bastante diferente de la que Sócrates tenía. La polis no existe para lograr algún propósito moral superior, sino para servir los intereses humanos ordinarios y facilitar las condiciones en que los seres humanos pueden llevar vidas razonablemente pacíficas y cómodas. La alegoría está destinada a demostrar que la sociedad política, sin la cual la humanidad no puede beneficiarse de las artes y las habilidades, que son sus únicas dotes distintivas, no es posible que sobreviva a menos que la virtud cívica que capacita a la gente para la ciudadanía sea una cualidad universal. El principio que Sócrates invoca contra Protágoras es el principio según el cual la virtud es conocimiento, ésto es, conocimiento filosófico, el conocimiento de un solo bien que subyace a las apariencias de muchos bienes particulares. Éste es el tipo de conocimiento que permite a quien lo práctica no sólo mostrar ésta o aquella virtud ordinaria concreta, sino captar el principio fundamental omnímodo de la virtud como una sola entidad que subyace a todas las cualidades que asociamos a las diversas y múltiples virtudes. El principio de que la virtud es conocimiento se convertiría en la base que Platón dirigió contra la democracia, de manera especial en El político y La República. En manos de Platón, representa la sustitución del aprendizaje moral y político de los valores y normas de la comunidad de la que habla Protágoras por una concepción más exaltada de la virtud como conocimiento filosófico. No la asimilación convencional de las costumbres y valores de la comunidad, sino un acceso privilegiado a verdaderas universales y absolutas superiores que no están al alcance de la mayoría, que sigue atada al mundo de las apariencias y de la necesidad material: "De éste modo, la pregunta que Sócrates planteaba inaugura una serie de muchas otras preguntas, más amplias, acerca de la naturaleza del conocimiento y la moralidad. El relativismo epistemológico y moral, tal y como Protágoras lo formula, tiene y pretender tener consecuencias democráticas. Platón responde a éste desafío político oponiéndose al relativismo de Protágoras con un nuevo tipo de universalismo. En la democracia, en el clima de la deliberación y el debate públicos, no puede haber ideas imperantes, ningún grupo social o individuo cuyo dominio indiscutido le permita reclamar para sus propios valores la universalidad e imponerlos a los demás. El único modo efectivo de poner en tela de juicio el saber convencional de los zapateros y los herreros, y su capacidad para participar en el discurso y la deliberación públicos, era derrotar el saber convencional en su conjunto con alguna forma superior de conocimiento, un conocimiento de verdades absolutas y universales, no de realidades empíricas mundanas… Al igual que el mejor calzado es el que hace el zapatero experto y preparado, así el arte de la política sólo deberían ejercerlo quienes se especializan en él. En la Asamblea no ha de haber ya zapateros ni herreros. La esencia de la justicia en el estado es el principio según el cual el zapatero debería dedicarse a sus zapatos. Sólo la minoría que no está obligada a trabajar para vivir, ya sea cultivando los campos, ejerciendo sus oficios o dedicándose al comercio, puede tener las cualidades requeridas para gobernar… La división del trabajo entre gobernantes y productores, que es la esencia de la justicia en La República, es también la esencia de la teoría del conocimiento de Platón. La oposición radical y jerárquica entre el mundo sensible y el mundo inteligible, y entre sus formas correspondientes de cognición, se fundamenta, según Platón, en una analogía con la división social del trabajo que excluye al productor de la política" (Meiksins Wood, pp. 89, 90, 91).

Yas ©

La República de Platón.

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Platón nació en el año 427 a.C., en el seno de una familia que, tanto de padre como de madre, pertenecía a las más distinguidas de Atenas, tal vez no a las más ricas –aunque su riqueza no era nada despreciable-, pero ciertamente se contaban entre las familias de la nobleza. No hay duda del sentir antidemocrático de sus aliados en general. Sus parientes más allegados se contaban entre los dirigentes del golpe oligárquico que estableció el régimen de los Treinta Tiranos. El propio Platón, si hemos de hacer caso a lo que dice la Carta VII, tuvo ambiciones políticas en su juventud y albergó grandes esperanzas de que a través de la revolución oligárquica se lograra la regeneración de Atenas. A su favor, sin embargo, está el hecho de que no fue capaz de aceptar los excesos del régimen que habían instaurado sus amigos y conocidos, y a diferencia de lo que se esperaba de él, se negó a unírseles. Cuando los Treinta fueron derrocados, Platón vio renovarse sus ambiciones políticas sólo para volver a declinar con la restauración de la democracia. Elogió la moderación de los demócratas que habían regresado a la ciudad y que, en general, trataron a sus enemigos con gran comedimiento, sobre todo comparados con los sangrientos excesos que habían cometido los oligarcas. Pese al juicio y muerte de Sócrates, Platón no cambió de parecer. La democracia restaurada le parecía, no obstante, un signo de la corrupción moral de Atenas, que "ya no era gobernada según las maneras y las instituciones de nuestros predecesores", y en la que "todo el mantenimiento de la ley y la costumbre estaba yendo de mal en peor, a un ritmo alarmante". Después de la muerte de Sócrates, Platón emprendió un extenso viaje, no sólo para ampliar su propia formación, sino para ofrecer su saber a la corte del rey de Siracusa, en Sicilia. Visitó la ciudad durante el reinado de Dionisio I y durante el de su sucesor, Dionisio II, con quien el filósofo cayó en desgracia. Hacia el año 385 a.C., Platón fundó la Academia, casi a un par de kilómetros extramuros de la ciudad, con la intención de enseñar materias como matemáticas, astronomía, armonía y filosofía, tanto natural como política. En cuanto a sus propias ambiciones políticas, éstas nunca volvieron a renacer y, a la vista de las cuales eran sus compañías y aliados, tenían, en todo caso, poquísimas posibilidades de alcanzar el éxito. Pero los propósitos políticos de la Academia eran inconfundibles. Sus discípulos –los hijos de las familias ricas atenienses y extranjeras- eran formados en la política platónica y enviados como consejeros a los soberanos y las ciudades de todo el Mediterráneo. En la propia Atenas, los aristócratas desafectados abandonaban la política. En éste clima de desafección y repliegue. Platón desarrolló su empresa filosófica. A fines del siglo III a.C., todavía había algunos líderes aristocráticos, como Licurgo, pero la política había dejado de ser la carrera privilegiada que había sido antiguamente. Para Platón, el momento histórico de la política popular y del extrañamiento aristocrático, cuando los hombres nobles y educados dieron la espalda a la polis, se planteó como un problema filosófico: la separación del pensamiento y la acción. Él se propuso la tarea de volver a unirlos. La sabiduría, tal como la concibe Platón, se halla, en su misma esencia, relacionada con la práctica y, en concreto, con la política. No podemos abrigar la esperanza de llegar a entender la tarea filosófica de Platón si la abstraemos del problema político tal y como el filósofo la percibía. Su proyecto filosófico nunca se separó de las realidades políticas atenienses, y su búsqueda de verdades universales y absolutas nunca se desvinculó de la misión de regenerar Atenas. No se puede prescindir de Platón diciendo que era el ideólogo de una facción aristocrático-oligárquica de la política ateniense, ni tampoco puede reducirse a los valores de la cultura aristocrática la concepción de Platón con respecto a la virtud filosófica. Pero no hay dudas de que su filosofía revela sus esperanzas de renovación moral y política, que exigían la reconciliación de la aristocracia con la política. En la doctrina de Platón resulta imposible separar las cualidades morales de la condición social (como el concepto inglés de "nobleza" que implica un atributo moral y una posición social), dado que el filósofo concede, al igual que otros críticos aristocráticos de la democracia, una gran importancia al estilo y al comportamiento como reflejos de una virtud moral más profunda. Más en concreto, la realización de la naturaleza filosófica depende de las condiciones de vida de una aristocracia ociosa, capaz de adueñarse del trabajo de los otros y de ser libre de la necesidad de tomar parte en el trabajo productivo. El argumento de Platón aquí es significativo por diversas razones. Significa que, en la determinación de las cualidades del alma que dividen a los seres humanos en gobernantes y en gobernados, son más decisivas las condiciones sociales que las diferencias innatas. El abismo insalvable entre la minoría que está por naturaleza cualificada para gobernar y aquellos que deben ser gobernados se fundamenta en diferencias más profundas, en las condiciones de vida que separan a las clases privilegiadas de los pobres, de los artesanos, mercaderes y labriegos, atados al mundo de la necesidad material. Cuando Platón pasa a rastrear los estadios que jalonan el declive de la polis, confirma la dependencia de la virtud con respecto a las condiciones sociales. En el declive, el momento decisivo es la caída de la segunda mejor forma de gobierno, la timocracia representada por un estado guerrero como Esparta, una caída debida al afán de honor, y su sustitución por la oligarquía, que se mueve guiada por el afán de dinero. La oligarquía es el gobierno no sólo de los ricos, sino en concreto de quienes están en posesión de una propiedad inalienable, es decir, no de una aristocracia terrateniente, sino de hombres opulentos. La transición de la timocracia a la oligarquía marca el comienzo del gobierno de las partes inferiores del alma, a media que el elemento "espiritual" cede ante los apetitos más abyectos. Resulta más que evidente la estrecha relación que en la doctrina moral de Platón existe entre las cualidades del alma y las condiciones sociales. La forma predominante de propiedad incluso es decisiva en el proceso de dar forma a la disposición moral de la polis. El cambio que supone pasar de la propiedad aristocrática y hereditaria a la riqueza pecuniaria franquea la crítica línea divisoria entre, de un lado, una sociedad en la que la clase que gobierna –en una timocracia, la clase que lucha- "se abstendrá de cualquier forma de negocio, actividad agrícola u oficios manuales", y del otro, una sociedad en la que los elementos que la dirigen han amasado una gran fortuna ganándose la vida. El hecho de que en la polis ideal de La República, la clase gobernante carezca de propiedades, en tanto que las clases subordinadas aparentemente sí las tengan, no debería confundirnos sobre los valores aristocráticos que impregnan el diálogo. En la concepción que Platón tiene de la propiedad, lo importante es que los gobernantes pertenezcan a un grupo que vive del trabajo de otros y que es ajeno a las necesidades materiales, que son la fuente más fundamental de distracción para la intelección. En el mundo real, la aproximación que más se acerca a su ideal –una clase gobernante que puede "abstenerse de cualquier forma de negocio, cultivar la tierra o de cualquier otro oficio"- es la de una clase terrateniente que está segura en su propiedad, inmóvil e inalienable, que ordena el trabajo de otros y que nunca se rebaja a los sórdidos tratos comerciales. Asimismo, es significativo que, cuando Platón responsabiliza a una "mala formación" de los individuos brillantes que prometían, no está pensando en el efecto nocivo de una mala vida familiar o en una mala educación, sino más bien, y, ante todo, en la influencia corruptora de la multitud. En éste punto, Platón vuelve a poner los argumentos de Protágoras en contra del sofista. Mientras Protágoras consideraba que la polis democrática, junto con sus costumbres y leyes, era la fuente más segura de la virtud, para Platón, en cambio, es el terreno del cultivo del vicio. El demos, el pueblo, sólo es capaz de una virtud relativa, específica a su baja condición social, pero su corrupción es más absoluta. La importancia que Platón otorga a las condiciones sociales de la virtud tiene que afectar, inevitablemente, nuestra manera de entender su teoría del conocimiento y el ejercicio de la filosofía. Resulta evidente que, para Platón, el conocimiento verdadero que Sócrates ha identificado con la virtud no sólo exige la liberación epistemológica con respecto al mundo material de las apariencias, sino también la liberación social de la necesidad material en la vida cotidiana. Y, a medida que Platón explica el proceso de adquisición del verdadero conocimiento, aclara que el requisito esencial para aquel Arte Regio es el conocimiento del "bien humano", el verdadero propósito o telos de la humanidad, que no es ni el mero placer, ni el poder ni la riqueza material, sino la consumación de la esencia del hombre como ser racional: "La condición social que Platón requiere de su clase gobernante, en otras palabras, es también la condición mínima del verdadero conocimiento. Cuando Platón delinea el programa de la educación filosófica, la libertad con respecto a la necesidad material empieza a aparecer no sólo como una condición necesaria, sino como un paso integral en el proceso de adquisición del conocimiento del Bien. El objetivo de la educación que propone Platón consiste en conducir al estudiante al conocimiento de la bondad en sí misma, la Idea última o Forma del Bien como una esencia única e inalterable que se halla más allá de los casos específicos de la bondad. Ésto, en su opinión, exige una comprensión de un orden cósmico mucho más grande, la expresión de una Razón superior. Platón nunca nos ofrece una definición del Bien, porque su aprehensión es un tipo de revelación, e incluso una experiencia mística. Pero el proceso que conduce al discípulo hasta el punto de la revelación se expone con todo detalle cuando Platón enumera, junto con sus objetos adecuados, las diversas formas de cognición en orden ascendente. La línea divisoria esencial es la que separa el mundo de las apariencias y la inteligencia sensible, y cada uno de ellos se subdivide en formas inferiores y superiores: la forma de cognición más vinculada a las apariencias es la imaginación, cuyo objeto son las imágenes, y por encima de ella se halla la creencia o la opinión, que atañe a las cosas visibles. Cruzamos la línea y, al pensar en los objetos matemáticos, nos adentramos en el mundo inteligible. A partir de allí, ascendemos a la inteligencia o al conocimiento de las Formas. Ésto, finalmente, nos lleva al umbral del Bien. El proceso de educación en una progresión gradual en el desprendimiento del alma de "la multiplicidad de las cosas" y de las meras apariencias. La liberación del cuerpo y del alma con respecto a la necesidad material forma parte de ésa progresión, no menos que la jerarquía de la cognición. La liberación práctica respecto de la necesidad material cotidiana es el primer momento, el momento esencial de la liberación epistemológica del alma respecto al mundo de las apariencias" (Meiksins Wood, pp. 103, 104). Puede resultar engañoso considerar la progresión desde La República hasta El político y Las Leyes como un descenso desde lo ideal en dos etapas. Por supuesto: es cierto que en Las Leyes se presenta lo que será una alternativa a la polis ideal, la segunda mejor polis, y es cierto, asimismo, que El político facilita una transición conceptual a la obra posterior. Pero resulta importante reconocer que los tres diálogos expresan, todos ellos, los mismos principios fundamentales que Platón elabora desde diferentes perspectivas. La República, sin lugar a dudas, muestra una mayor lealtad hacia los principios filosóficos que hacia la política aristocrática, y refleja, ciertamente, el desencanto que el intento de constituir una oligarquía ateniense causa al filósofo. En Las Leyes, Platón describirá con sumo detalle una constitución que no depende tanto de que gobierne la sabiduría del filósofo como de las instituciones y las leyes cuidadosamente elaboradas y destinadas a imitar, en lo posible, los efectos del gobierno filosófico. Si bien ésta polis es a lo sumo una imitación de la polis ideal, adaptada a las duras realidades de la vida material y social, en cierto sentido es aún más revolucionaria que La República. Si La República representa una suerte de experimento imaginario, que no pretende ser un modelo de una polis ideal sino más bien un enunciado, en un estilo poético o metafórico, de ciertos principios que son fundamentales, Las Leyes, por utópico que ello pueda parecernos, convierte aquellos principios en un programa institucional. Es decir, propone una completa transformación de las relaciones políticas y sociales tal como se dan en la Atenas de la época de Platón, un cambio radical respecto de todo cuanto es esencial en la práctica política ateniense y los puntales sociales que la sostienen, hasta incluir las condiciones básicas de propiedad y trabajo. La polis de Las Leyes deja aún más claro que es en el estado ideal de La República donde aparecen los compromisos políticos de Platón. El político, si bien no presenta programa alguno para una constitución ideal o incluso de una constitución alternativa óptima, elabora, en cambio, los principios políticos que han sido presentados en La República y los desarrolla con el objeto de sentar los cimientos de la revolución que se propone en Las LeyesEl político de Platón es, ante todo, una exposición muy detallada del argumento de las artes. El político tiende un puente entre el gobierno de la filosofía y el gobierno filosófico de la ley. La primera premisa, una vez más, consiste en que la política es un arte especializado, que exige unos conocimientos y una experiencia refinados, aunque aquí, más que en La República, Platón hace hincapié entre las diferencias entre el arte de gobernar y las artes más convencionales, a fin de resaltar la incompatibilidad entre el arte de la política y las ocupaciones comunes y corrientes. El énfasis, como siempre, se pone en la pericia y la exclusividad de las artes especializadas, y quizá la cuestión más decisiva sea que el verdadero experto debe tener carta blanca en el ejercicio de su arte. Éste principio que absuelve al político de obedecer la ley, creará el marco para la redefinición del principio de la primacía del derecho. Pero en primer lugar, Platón busca la mejor analogía del arte de gobernar. Comienza sugiriendo que el arte de la política, en lo esencial, está totalmente unido al arte de la economía doméstica. Platón, además, se muestra especialmente provocativo al identificar al político con el señor de la casa, o incluso con el amo de los esclavos, el despostes. El arte que más se asemeja al arte de gobernar es, a juicio de Platón, el arte de tejer. El arte de tejer selecciona los materiales apropiados y rechaza los demás, y une una multiplicidad de hebras diferentes en un tejido variopinto pero unificado. El arte de la política se asemeja al de tejer porque su objetivo es crear un tejido social y a partir de tipos humanos diversos. El político supervisa la selección y el rechazo de los materiales y crea la tela del estado a partir de la urdimbre y la trama de la humanidad. Debe tejer juntas las hebras que realmente pertenecen a la tela del estado, al tiempo que "envuelve" en ella otros elementos, aquellas partes no integrales del estado pero que son necesarias para su mantenimiento. Platón distingue entre el arte de tejer y otras artes auxiliares: las que se hallan "subordinadas" al tejer pero aun así son partes del proceso, como el cardado y el hilado, y las que son meramente "contributivas", en el sentido de que no pertenecen al proceso de tejer, sino que simplemente producen las herramientas necesarias como las lanzaderas. De manera análoga, existen artes subordinadas y contributivas en el reino de la política. En particular, aquellos que ejercen las artes contributivas no participan del arte regio de la política, políticamente excluidas, resulta que abarcan todo aquello que es producido por los requisitos físicos de la comunidad: su alimentación, las herramientas, la ropa y el cobijo, los medios de transporte y otros materiales que se utilizan para mantener la existencia y la salud, proporcionar diversión y dar protección. Aristóteles, que se unió a la Academia en el año 367 a.C., es decir más o menos en la época en que El político de Platón estaba cobrando forma, acabaría más tarde haciendo una distinción entre las "partes" y las "condiciones" de la polis cuyo efecto político sería similar: aquellos que tienen participación en la política y aquellos que simplemente crean las condiciones que la hacen posible. Una vez establecida la naturaleza y el propósito del arte regio, Platón está en condiciones de redefinir como corresponde el principio del primado de la ley. La primera premisa que presenta es que la ley, al menos tal como se la entiende comúnmente en la Atenas democrática, es incompatible con el arte. Nomos y techné son antitéticos, porque el dominio de la ley restringe el libre juego del arte del artesano y porque los no expertos mandan de hecho a los expertos. Quienes son ignorantes de las artes médicas no pueden, por ejemplo, decir a los médicos qué es preciso hacer. Tienen que ser libres para responder de manera creativa a cada situación, tal como su conocimiento y talento mejor les dicten hacerlo. El gobierno de la ley, tal como lo entienden los atenienses, infringe ése principio del arte y ata las manos de quienes los gobiernan. El gobierno de la ley, en la nueva definición que Platón da, debe imitar, no coartar, el arte político. Su objetivo debe ser el de crear y mantener un cierto tipo de tejido social, no introducir un elemento de igualdad civil en la polis, sino, al contrario, personificar la desigualdad y, en particular, fijar en su sitio la relación jerárquica entre aquellos que practican el arte político y aquellos que, al servir a las necesidades de la polis, simplemente "contribuyen". De la misma manera que el gobierno de un solo hombre puede ser una monarquía conforme a la ley o una tiranía sin ley, el gobierno de unos pocos puede adoptar la forma de una aristocracia o una oligarquía. La distinción entre ambas no está dada por el hecho de que una significa el gobierno de los "mejores" y la otra, simplemente, el gobierno de los ricos, sino más bien porque una forma del gobierno de los ricos se ajusta y cumple la ley y la otra, en cambio, no. La cuestión más relevante, sin embargo, es su sugerencia de que, entre las constituciones que cumplen, la democracia es la peor, la forma más alejada del arte de la política y de sus objetivos. Tal como El político nos ha llevado a suponer, el gobierno de la ley se concibe aquí como un modo de estructurar rigurosamente el comportamiento social a través de una separación legalmente establecida de los tipos humanos, cuyo principal objetivo es dividir de manera permanente a los habitantes de la polis en posiciones o clases sociales predeterminadas, incluso en castas, para prohibir cualquier confusión entre ellas. En especial, para separar a aquellos que son adecuados para la ciudadanía de aquellos que se dedican a ocupaciones que corrompen el alma e inhabilitan a quienes las ejercen para la participación política. Ésta división se logrará estableciendo una tajante distinción, legalmente definida, entre los terratenientes, liberados del trabajo necesario. La tierra será cuidadosamente asignada a los potenciales ciudadanos y considerada absolutamente inalienable. La clase hacendada que logra mantenerse a través de éstos medios tendrá acceso al trabajo de los otros, y de éste modo, estará cualificada para ejercer la ciudadanía. Si bien entre la clase de los ciudadanos hay quienes poseen medios modestos (propiedades muebles), así como personas cuya riqueza es más sustancial, Platón restaura, de hecho, el gobierno de una aristocracia agraria hereditaria, con la salvedad de que, ahora, su principal plataforma no es el oikos, sino la polis. El resto de los habitantes sin tierra, y que incluye a los esclavos y a los labriegos, los artesanos y los comerciantes, no tendrán derechos políticos. En realidad, cualquiera que lleva a cabo un trabajo necesario se distinguirá de los esclavos sólo por su relación de dependencia y servilismo: "Enseguida se hace evidente que Platón se ha lanzado a subvertir la constitución ateniense, sustituyendo, de manera deliberada, sus principios democráticos por criterios aristocráticos que le resultan antitéticos. Incluso llega a señalar su propósito al adoptar, ostensiblemente, ciertas instituciones atenienses –como la división de Solón en clases según la riqueza y la división de la población en tribus introducida por Clístenes- y adaptarlas a sus propósitos antidemocráticos. Las clases de Solón, por ejemplo, lejos de convertirse en un medio para conferir una identidad política incluso a las clases más pobres, pasan a ser un instrumento de refuerzo de su exclusión. La nueva clasificación simplemente divide en cuatro partes a la clase gobernante según la cantidad de su riqueza mueble. El resto de la población, en cambio, está definida por su completa omisión. Ésta estructura de clase legalmente fijada está destinada a hacer que la polis dependa menos del juicio de los sabios gobernantes. Al separar lo bueno de lo malo, se dejará al azar lo menos posible a fin de evitar que la virtud se vea contaminada por una confusión entre lo noble y lo banáusico. Sin embargo, si bien lo hará, por adelantado, un rígido sistema jurídico, la filosofía seguirá desempeñando un papel de primer orden en la vida diaria de la polis. En ningún otro lugar, de hecho, se ponen tanto de manifiesto las intenciones políticas de la filosofía platónica como en la descripción del Consejo Nocturno, encargado de supervisar las leyes. Sorprendentemente semejante a la Academia platónica, aquel consejo, que se dedica a los estudios filosóficos poniendo especial hincapié en las matemáticas, la astronomía y la teología, es, no obstante, una institución manifiestamente política, con un papel central en la gobernabilidad de la polis, como el Areópago no reformado de Atenas. El Consejo Nocturno actuara como el tribunal supremo en lo que a la interpretación de las leyes se refiere, una asamblea constitucional que las revisará cuando ello sea preciso, una escuela de funcionarios públicos y un censor moral. Como guardián de la ley, su principal función será la de proteger el rígido sistema de clases que, para Platón, es la esencia de la legalidad. En Las Leyes resulta aún más difícil que en La República evitar las consecuencias políticas del sistema filosófico de Platón" (Meiksins Wood, pp. 108, 109).

Yas ©

La Política de Aristóteles.

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Ellen Meiksins Wood cita a Samuel Taylor Coleridge como el autor del dicho "se nace siendo platónico o aristotélico". Si bien se trata una observación que puede tener que ver más con el temperamento que con la filosofía, existen diferencias incluso en el estilo filosófico. En algunos aspectos, en realidad, los dos filósofos parecen representar polos opuestos. El idealismo abstracto de Platón contra el materialismo de Aristóteles, o al menos su permanente interés por el mundo material. El método "mayéutico" socrático en los diálogos de Platón frente a la metodología técnica de Aristóteles. La mirada de Platón, centrada en las incorpóreas Formas puras y celestes, frente a la inclinación de Aristóteles a basarse en el mundo físico de los cuerpos animados e inanimados, el mundo de la física y de la biología. La insistencia de Platón en el primado de las verdades universales, eternas y absolutas, frente a la preocupación de Aristóteles por el movimiento y el cambio, su simpatía por la opinión convencional y su pragmatismo; la importancia que Platón le da a la virtud como conocimiento, frente a la menos exigente aceptación por Aristóteles de las virtudes comunes, no filosóficas, el comportamiento magnánimo y el justo medio. Visto desde un ángulo diferente, un Aristóteles más práctico y realista da la impresión de ser un intelectual más desinteresado, un lógico frío y un hombre de temperamento científico, frente a Platón, cuyo estilo literario sugiere la disposición propia de un artista, en tanto que sus pasiones políticas se hallan presentes al mismo nivel de la filosofía, empezando por la epistemología. Ambos se opusieron a la democracia ateniense desde el punto de vista de los valores aristocráticos. Platón era un ciudadano ateniense; Aristóteles, un meteco que vivía en Atenas, un extranjero natural de Estagira (Macedonia) que residía en la polis ateniense. En realidad, la filosofía de Platón pertenecía ya al contexto histórico en que Aristóteles concibió sus ideas. Existe, asimismo, una diferencia crítica entre el momento político en que Platón escribió, después de la edad de oro de la democracia de Pericles, un momento de declive de la aristocracia, y, en cambio, el momento de la hegemonía macedonia sobre Grecia, que fue el contexto de Aristóteles y que estuvo muy presente en su manera de pensar la polis. La conquista macedonia de Grecia marcó el final de la polis como forma política independiente, pero Aristóteles vio nuevas posibilidades para la polis en el seno del nuevo marco imperial. Mientras el autoritarismo aristocrático de Platón resulta bastante desesperado y nostálgico, en una época en que una democracia rampante parecía haber triunfado, al cabo de tan sólo unos pocos años Aristóteles imaginaría una administración política más afable que la democracia ateniense, vigilada por una guarnición macedonia encargada de velar por su observancia. Aristóteles nació en el año 384 a.C., en el seno de una distinguida familia. Su padre era médico de Amintas III, rey de Macedonia. El filósofo, probablemente, se crió en la casa real, y mantuvo una amistad, que duraría toda la vida, con el hijo del monarca, dos años más joven, que se convertiría en Filipo II, el conquistador de Grecia. El entorno político en el que creció Aristóteles –tanto la oligarquía de Estagira como el reino tribal de Macedonia- era muy diferente del que se encontró en la democrática Atenas, y, además, el primer contacto de Aristóteles con la democracia ateniense tuvo lugar a través del entorno antidemocrático de la Academia de Platón, a la que acudió a estudiar en el año 367 a.C., huyendo de la sangrienta lucha dinástica que siguió a la muerte del rey Amintas. Y todo indica que se quedó en la Academia como maestro hasta el año 348 a.C., el año anterior a la muerte de Platón, cuando se vio obligado a huir, quizá por el creciente sentir antimacedonio que se había adueñado de Atenas. Según la tradición, aunque las pruebas son más bien exiguas, sirvió entre el 343 o el 342 y 340 a.C., como el preceptor del hijo de Filipo, el futuro Alejandro Magno. Es probable que llevara también a cabo otras misiones por encargo de Filipo, como las negociaciones con diversas poleis antes de la conquista final de Grecia en el 338 a.C. El filósofo regresó a Atenas en el año 335 a.C., después del asesinato de Filipo y una vez que Alejandro sofocara diversas revueltas, entre ellas una en Atenas. En ésta ocasión, Aristóteles llegó como miembro del régimen macedonio, contando con el apoyo de las facciones aristocrático-oligárquicas locales, y vivió bajo la protección de su íntimo amigo, Antípatro, el virrey autócrata de Alejandro en Grecia. El filósofo enseñaría y viviría en Atenas durante otros doce años y, aunque el célebre Liceo fue fundado técnicamente por su amigo y discípulo, Teofastro, en lo esencial fue una creación intelectual de Aristóteles, como la Academia lo fue de Platón. A la muerte de Alejandro, Aristóteles se vio obligado de nuevo a abandonar Atenas. Cuando, al año siguiente, murió en Calcis, era un hombre rico, con una hacienda mucho mayor que la de Platón. Antípatro fue el albacea de su testamento y de sus últimas voluntades. Al cabo de unos pocos años después, Demetrio de Falerón –un ateniense de la fracción aristocrático-oligárquica partidario de los macedonios, discípulo de Teofrasto y posiblemente de Aristóteles, y algo parecido a un rey filósofo que, según parece, a su vez impartió docencia en el Liceo- volvió a gobernar en Atenas, donde introdujo unas reformas políticas que seguían el espíritu de Aristóteles y de los filósofos que le precedieron. Aristóteles, por tanto, probablemente estuvo comprometido de un modo más directo en la política de su época de lo que lo había estado Platón. Si bien no participó directamente en el día al día de la política, sin duda estuvo mucho más cerca del poder. Pero éste compromiso, en la filosofía del estagirita, tuvo unas formas de expresión más bien diferentes. Hemos visto cómo Platón atacó los fundamentos mismos de la cultura democrática; cómo, mediante su epistemología y el principio de que la virtud es conocimiento, se dedicó a erradicar las concepciones del conocimiento y de la virtud que justificaban la democracia. El propósito principal de la realidad superior de unas formas universales y absolutas, a las que sólo es posible acceder a través de la sabiduría filosófica, era desplazar el mundo del cambio y del fluir, que era el objeto de la opinión convencional, un mundo en el que no había ningún bien superior más allá de las virtudes comunes y corrientes de los ciudadanos de Atenas. Aristóteles puso en tela de juicio la concepción platónica de la verdad y el proceso de conocimiento y rechazó la noción de las Formas como una realidad separada, al mismo tiempo que concedió un elevado valor a la moralidad convencional y al saber práctico, que eran accesibles sin necesidad de una visión filosófica especial. En ésto, su visión se acercaba más a la de Protágoras. Sin duda, estuvo de acuerdo con Platón en rechazar el relativismo moral y epistemológico que proponían los sofistas, pero fue muy crítico con la inconsecuencia de Platón al no enfrentarse a un mundo de cambio y movimiento, y consideró la teoría platónica de las Formas como particularmente inútil. Si bien el reposo era, para Aristóteles, el estado natural de las cosas, y todo tendía hacía un estado sin movimiento ni cambio, el mundo se hallaba en constante movimiento. En su manera de ver las cosas, había una necesidad crítica de una forma de conocimiento capaz de ocuparse del problema del movimiento y el cambio; y a éste conocimiento poco podía contribuir la teoría platónica de las formas inmutables, que parecían tener una existencia independiente fuera del mundo cambiante de lo particular y de la experiencia sensible. Para Aristóteles, cada sustancia era un compuesto de materia y forma, que si bien eran distinguibles conceptualmente, siempre existen y deben ser estudiadas unidas. Estaba de acuerdo con Platón en que la forma, que persiste en el cambio, es el objeto propio del conocimiento, y que podemos distinguir las formas universales de los particulares concretos; pero para Aristóteles ésto significaba que el objetivo primordial del conocimiento no era abandonar el mundo natural por una realidad superior e inmutable, sino más bien descubrir el orden de la naturaleza, aquel orden que es permanente e inalterable en un mundo sujeto al cambio. En lugar de huir del mundo de lo particular para contemplar las Formas universales, el conocimiento lo adquirimos avanzando de lo particular a lo general, investigando la generalidad a través del estudio de los particulares, estudiando el mundo cambiante en el que vivimos, que es el que mejor conocemos. La concepción aristotélica del conocimiento concede importancia no sólo a los hechos observados, sino también a las opiniones comúnmente sostenidas, y en éste sentido no podría ser más diferente de la contraposición que Platón que hacía entre, de un lado, el hecho empírico y la opinión, y del otro, el conocimiento y la verdad. Puesto que ésa contraposición se halla en el centro mismo de la filosofía moral y política de Platón, en particular de su impugnación de la democracia, sería de esperar que pudiéramos percibir una diferencia correspondiente en la ética y la teoría política: "Aristóteles, como Platón, niega que los criterios de lo que está bien y de lo que está mal sean meras convenciones pero, sostiene, no hay manera de descubrir reglas rigurosas absolutas. No hay una Forma única del Bien, no hay una única definición que sea válida para todos los casos; e incluso si la hubiese, el tipo de conocimiento que podría aprenderla sería de poca utilidad en la comprensión de los bienes particulares tal como se nos presentan en nuestras vidas cotidianas. Éste tipo de conocimiento no podría hacer que alguien fuera mejor artesano o mejor médico. Tampoco podría garantizar una vida moral buena. La moralidad es más una cuestión de hábito que de aprendizaje filosófico. Aristóteles, desde luego, distingue entre virtudes intelectuales y éticas, o virtudes del carácter. Al haber distinguido entre dos virtudes intelectuales, el saber teórico y el saber práctico, identifica la contemplación o theoria como la virtud más elevada. Pero la ética, al igual que la medicina, es una disciplina práctica y no teórica, cuya meta es la acción, no sólo el entendimiento. En la determinación del bien, sólo podemos proceder partiendo de lo que es dado en la experiencia, con todas sus confusiones e incertidumbres, y tratar de alcanzar algún tipo de juicio universal razonado. Ésto significa que debemos considera la opinión convencional y adoptar, en lo posible, la moralidad popular. Sin duda, la inteligencia práctica que nos conduce a la vida buena es una cualidad intelectual y práctica, y la vida mejor y más plena, el cumplimiento de la verdadera naturaleza de la humanidad, incluye no sólo bienes corporales, sino bienes del alma, la vida contemplativa, la vida de la razón. Pero la virtud moral no es conocimiento en el sentido platónico. Se trata de algo que se acerca a lo que Platón llamaría "opinión recta". El rasgo más general y universal que define las virtudes según Aristóteles es el apego al término medio en toda cualidad. Toda práctica, todo temperamento, tiene su exceso como también tiene su insuficiencia. La persona moralmente buena es aquella que muestra, de manera consistente, una disposición hacia el justo término medio" (Meiksins Wood, pp. 117, 118). Las convenciones morales que Aristóteles respeta claramente incumben más a los códigos aristocráticos que a la moralidad popular. Y sin embargo, el hecho sigue siendo que, en mayor medida que Platón, está dispuesto a considerar la opinión convencional, no sólo en el caso de la aristocracia, incluso en el de las clases "corrientes". Ésto, en su política, no se refleja en el sentido de que su actitud con respecto a la democracia y sus preferencias por la oligarquía sean algo menos pronunciadas que las de Platón, sino más bien en el sentido de que se plantea preguntas que Platón nunca se preocupó de plantear y abordar (quizá porque, al menos en parte, el filósofo más joven tenía mayores esperanzas de ver sus principios llevados a la práctica). Al igual que su enfoque en las ciencias y en la metafísica, Aristóteles, en lugar de dirigir su mirada de inmediato al mundo que se halla más allá de la realidad mundana, se enfrenta con el mundo material del cambio y el movimiento: en su teoría política no sólo busca el estado ideal, sino las fuentes del movimiento y la inquietud en la polis tal como es, con vistas a corregirlas. Aristóteles enumera varias formas de polis basadas en la cantidad de personas que la gobiernan: formas de gobierno como la monarquía, la aristocracia y la república, y sus perversiones, la tiranía, la oligarquía y la democracia. En la polis sobresalen dos rasgos esenciales y relacionados: la ausencia de un claro deslindamiento entre gobernantes y productores, en una comunidad civil que amalgama, junto a otras clases productoras, a propietarios de tierras y campesinos. Es decir: la falta de estado poderoso que actúe en nombre de las clases hacendadas manteniendo el orden y su dominio sobre los productores. En otras sociedades precapitalistas, los apropiadores se organizaron directamente en el estado, como en los antiguos reinos burocráticos, o fueron capaces de basarse en el poder del estado para mantener sus posiciones de dominación y sofocar el malestar entre los productores subordinados. Hubo algunos casos, sobre todo en el Occidente feudal, en el que las clases dominantes consiguieron, durante un cierto espacio de tiempo, arreglárselas sin un estado fuerte central; pero ni siquiera una clase dominante fuertemente militarizada pudo conjurar la amenaza de desorden. La "soberanía parcelada" del feudalismo, de éste modo, dio lugar a un proceso de centralización del estado. Si bien el estado europeo moderno estaba marcado por las tensiones entre monarcas y clases hacendadas, era la institución que mejor protegía la propiedad y la dominación de las clases de las cuales disponía. Y así fue aceptado, con diferentes grados de renuencia, por las clases dirigentes de Europa. En la antigua Grecia, tal como hemos visto, una clase hacendada, débilmente organizada, nunca tuvo a su disposición un estado así. La polis constituye un caso extraño, casi único, en la historia precapitalista, en el que una clase hacendada, por razones históricas diversas, no tenía ni la preponderancia militar ni la hegemonía política que se requerían para mantener sus propiedades y poderes de apropiación. Los hacendados de la época poshomérica se vieron obligados a confiar en diversos acuerdos y componendas políticas para mantener el orden social y así proteger su propiedad. Al igual que la primera teoría política moderna en Europa quedaría modelada por la relación tripartita entre señores feudales, campesinos y estados monárquicos. La teoría de Aristóteles, así, respondía a las cuestiones específicas que planteaba la polis por su propia disposición. El argumento de Aristóteles es que la causa general de la stasis en dos formas principales de polis, sobre todo en tiempos recientes, es la desigualdad, específicamente el conflicto entre, por un lado, los ricos y los aristócratas, y, por el otro, el vulgo. Éstos conflictos sociales se expresan, en las diferentes concepciones de la justicia, en términos políticos: una concepción democrática que exige igualdad y otra, oligárquica, que insiste en la desigualdad. Dicho de otro modo: dos concepciones contrapuestas de la igualdad. Una "numérica" y otra "proporcional", o una igualdad aritmética y una igualdad geométrica. Es verdad, argumenta el filósofo, que debería haber una igualdad política entre los hombres que son iguales; asimismo, que hombres que no son iguales deberían tener derechos políticos desiguales. Pero ambas concepciones de la justicia, la oligárquica y la democrática, son incompletas, pues ignoran los criterios adecuados de la igualdad y la desigualdad, las cualidades que dictan adecuadamente qué corresponde, en estricta justicia, a cada hombre. El demócrata supone, de hecho, que todos los hombres que han nacido libres son iguales, en tanto que el oligarca piensa que la riqueza es la medida de la desigualdad. Pero la verdadera justicia requiere que los derechos y cargos políticos varíen según la contribución que los hombres hacen al cumplimiento del propósito esencial del estado. Éste propósito no es la mera vida, la prosperidad material. Ni siquiera la seguridad y la defensa. Aunque el estado sirve a todos éstos fines, su propósito esencial es la vida propiamente buena. Por tanto, los honores y los cargos deberían, en justicia, distribuirse según un principio de excelencia cívica distinto de la riqueza o del hecho de haber nacido libre. Sin embargo, si las dos nociones son imperfectas, el compromiso oligárquico con la igualdad proporcional es la mejor de las concepciones incompletas de la justicia, la única que se aproxima más a la forma perfecta, en tanto que la idea democrática de justicia como igualdad numérica es la peor. No obstante, puesto que siempre habrá ricos y pobres, siempre habrá concepciones contrapuestas de la justicia, tanto en la democracia como en la oligarquía; y es preciso descubrir medios que permitan contener los conflictos generados por ésta ineluctable realidad. En las oligarquías también existen los problemas que plantean los conflictos internos a la propia clase oligárquica dominante. Al mismo tiempo, los ricos y los que han nacido libres están, como sabemos, excepcionalmente dotados para llevar una vida buena, de una manera que, en cambio, a aquellos que están abocados en cuerpo y mente a los menesteres del trabajo les está negada. Ésto significa que, en ambos casos, para Aristóteles es un objetivo esencial preservar, o incluso promover, a la minoría de aristócratas y ricos, con su superioridad natural y su papel decisivo, en cualquier tipo de estado. Las medidas destinadas a eliminar la stasis nunca deben ir más allá de lo mínimo necesario para evitar la inestabilidad. La prescripción general del estagirita es una prudente combinación de principios oligárquicos y democráticos, dependiendo, en diversas formas, de las circunstancias. Pero si bien evitar la stasis puede requerir que se hagan concesiones a la democracia, la presunción es claramente favorable a la oligarquía, porque entre los aristócratas oligarcas por lo menos se hallará a un puñado de hombres virtuosos. La polis "más factible", la politeia (que Aristóteles utiliza aquí en un sentido más restringido que el término general, traducido a menudo por "constitución"), sería una combinación de éste tipo, en la que es claramente visible, pese a la presencia de algunos elementos democráticos, la hegemonía de los principios oligárquicos. La propiedad sería una condición para la ciudadanía activa, incluso para participar como miembro en la Asamblea (Ecclesia); y si bien los campesinos con medios moderados serían incluidos y podrían pertenecer, como hoplitas, al elemento combativo que es la columna vertebral de la politeia, en cambio, los tenderos, los artesanos y los que trabajan por cuenta ajena no tendrían derecho a hacerlo. Cuando Aristóteles describe las mejores formas de democracia y oligarquía, resultan ser muy similares a la politeia. Los valores del filósofo se hallan más claramente expuestos en el esbozo incompleto de la polis ideal en lo que convencionalmente se ha enumerado como los libros VII y VIII de su Política. No faltan las similitudes significativas entre ésta polis ideal y la politeia, y en realidad con las mejores formas de la oligarquía y la democracia. Pero los principios fundamentales se enuncian de una manera más explícita. En particular, la propuesta se basa en una única premisa fundamental: De los elementos indispensables para la existencia del estado, así como en los demás compuestos que crea la naturaleza (aquí hay una diferencia que trazar entre "componentes" y "partes"), no hay identidad entre todos los elementos del cuerpo entero, aunque sean esenciales para su existencia, de igual manera, evidentemente, se puede no contar entre los miembros del estado a todos los elementos de los que, no obstante, tiene una indispensable necesidad: principio que es igualmente aplicable a cualquier otra asociación que sólo deba de formarse de elementos de una sola y misma especie (Política. 1328a): "Encontramos un principio similar en El político de Platón, en la distinción que hace en éste diálogo entre el arte del político y las demás artes auxiliares -"subordinadas" y "contributivas"-, que excluía de la ciudadanía a todos aquellos que trabajan para subvenir a las necesidades diarias de la polis. La polis ideal de Aristóteles relega, también, a las gentes de éste tipo a la esfera de las "condiciones" necesarias y no al de "partes" integrales de la polis… Existen por supuesto, funciones necesarias que no se hallan sujetas a ésta exclusión política: las funciones de la gobernabilidad misma, la militar y la deliberativa. Se trata de funciones que, en algunos aspectos, están separadas, aunque sólo sea porque los jóvenes tienen la energía para dedicarse a la guerra y, en cambio, prefieren reservar la deliberación para los ciudadanos de más edad y mayor experiencia. Ambas, no obstante, constituyen el ejercicio del gobierno, y deben ser realizadas por hombres que dispongan de propiedades, nunca los que se dedican a otras artes y oficios necesarios. A los campesinos, los artesanos y los labriegos tampoco les está permitido ejercer como sacerdotes. El estado debe dividirse en clases y, en particular, debe haber una división entre la clase agrícola y la clase guerrera. De hecho, toda actividad agrícola debe ser realizada por esclavos o siervos, preferentemente que no sean griegos. Aunque Aristóteles critica, en diversos sentidos, la teoría política de Platón, las similitudes entre el estado ideal de Aristóteles y la segunda mejor polis de Platón debieran resultar ya evidentes. Éste parecido tampoco es accidental. Las afinidades entre ambos se hallan indicadas en las respuestas concretas… El hecho de que ésta polis es, para Aristóteles, un ideal quizá irrealizable y para Platón solamente la segunda opción mejor nos dice muy poco sobre cualquier diferencia entre ellos con respecto a su oposición a la democracia o a su compromiso con los principios aristocráticos. En cambio, nos dice bastante sobre las diferencias en las tareas que cada hombre se propone y el momento histórico, concreto, en el que reflexionó sobre la polis" (Meiksins Wood, pp. 125, 126).

Yas ©

La cosmópolis imperial.

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Plutarco, en uno de sus relatos sobre Alejandro Magno y sus logros, escribe que Aristóteles aconsejó a su alumno que distinguiera entre los griegos y los bárbaros, y que tratara a los primeros como un dirigente o hegemon, y que se comportara con los segundos como un amo, un despotes. Alejandro, continúa Plutarco, hizo justo lo contrario. Tras negarse a dividir a los hombres entre amigos griegos y enemigos bárbaros, más bien prefirió distinguir entre hombres buenos y malos, sea cual fuere su origen. Se ha dicho que Alejandro, de hecho, inventó la noción de una cosmópolis, que recibió su expresión teórica en la filosofía estoica, reemplazando la polis por una comunidad humana universal, y haciendo hincapié en la igualdad y la hermandad del género humano frente a los particularismos de la polis. Pero, hacer en cambio, hincapié en la igualdad y la hermandad entre todos los seres humanos no es, en general, el modo más obvio de justificar el sometimiento de algunos de ellos a otros, ya sea en la forma de una monarquía o en la de la hegemonía imperial. Si Alejandro adoptó ésta estrategia paradójica, lo hizo porque en el mundo helenístico tenía un valor propagandístico especial. Cierto es que Alejandro, y más aún sus sucesores, invocaron los antiguos principios de la eleutheria, de la autonomía e incluso de la democracia buscando el apoyo de potenciales súbditos a los que prometían el derecho de vivir bajo sus propias leyes y ancestrales divinidades, libres del pago de tributos y guarniciones imperiales. Pero si ésto representaba apelar a los antiguos valores particularistas de la polis autónoma, la idea (putativa) de Alejandro de la cosmópolis podría haber estado destinada a transferir los antiguos principios y lealtades políticas de la polis al estado imperial que todo lo abarca e incluye, al tiempo que despojaba a la ciudadanía de su ámbito político y sustituía la ciudadanía activa por la pertenencia pasiva a una comunidad cósmica. Si Alejandro pensó realmente en términos cosmopolitas, el uso que hizo del concepto, en cambio, debió de ser, en gran medida, ideológico en cuanto a su propósito para describir y justificar el imperio e incluso la supresión de la política que procuró lograr. Dejando a un lado cuál fuera su propósito ideológico, la idea cosmopolita, sin embargo, expresaba una realidad histórica. No sólo el imperio reemplazaba a la polis, sino que el imperio que Alejandro estableció estaba compuesto también por pueblos distintos, que quedaron unidos bajo el dominio de la autoridad macedonia. Mientras la cultura griega ya se había extendido por el mundo mediterráneo antes de que llevara a cabo sus conquistas, Alejandro utilizó conscientemente la estrategia de helenizar a los pueblos sometidos como un instrumento de hegemonía. El principio cosmopolita a veces halló expresión en la supresión coercitiva de la diferencia, pero también en el fomento de la mezcla y en el cruce matrimonial entre las diversas etnias, en la aparición de cultos religiosos sin fronteras en lugar de cultos cívicos y tribales particularistas, y, sobre todo, en la hegemonía unificadora que ejercían la lengua y la cultura helenas. En general, el cosmopolitismo helenístico significó la helenización de las élites locales. El dominio imperial alejandrino descansaba en la poblaciones griega y macedonia, junto con las élites locales que hablaban griego. El dominio imperial romano descansaba en la transformación cultural y en la lealtad de las aristocracias locales romanizadas. Y al igual que Alejandro Magno había definido su dominio imperial como cosmopolita, la idea de la cosmópolis se traduciría en el Imperio romano "universal" y, sobre todo, con el cristianismo, en la "iglesia universal". Ésta modalidad de dominio imperial a través de un vehículo como las aristocracias locales permitió a Alejandro, al igual que a los romanos, gobernar un imperio que se extendía hasta confines remotos, sin necesidad de contar con un estado imperial pesado. La cosmópolis imperial legitima el relativismo y el pluralismo moral de las sociedades multiculturales posmodernas. Todo lo que rechazamos los representantes de la noción de polis, nación o pueblo por mucho que nos agraden las extranjeras: A) Una cultura imperial que desplaza la ciudadanía activa de la polis por la pertenencia pasiva a una comunidad humana universal… B) Una cultura imperial que borra las diferencias culturales y fomenta la mezcla de diversas etnias por la igualdad y la hermandad del género humano… C) Una cultura imperial representada en los organismos supranacionales de gobernanza global. D) La agenda política de la izquierda y la derecha posmoderna es la agenda supranacional. E) Las industrias culturales son multiculturales, interraciales y sexualmente diversas. D) Existen tres escuelas filosóficas que se adaptan a la cosmópolis imperial con el recogimiento apolítico: la escuela cínica, la escuela estoica y la escuela epicúrea. F) La escuela que representa el modo migrante irregular es la cínica: "Solo voy con mi pena, sola va mi condena. Correr es mi destino para burlar la ley. Perdido en el corazón de la grande Babylon. Me dicen "el clandestino" por no llevar papel" (Manu Chao, 1998). El mayor logro de los gobiernos neoliberales es la migración irregular, los bloqueadores de pubertad, la mutilación infantil, la falda masculina, los pronombres de género, la agenda abortista, los vientres de alquiler. Aunque es cierto que los organismos supranacionales de gobernanza global surgieron para evitar conflictos bélicos después de la Segunda Guerra Mundial, que los organismos financieros internacionales surgieron para reconstruir la Europa de posguerra y que el neoliberalismo fue impulsado por la derecha conservadora en Gran Bretaña y Estados Unidos en el siglo XX. También es cierto que los organismos supranacionales de gobernanza desplazaron la soberanía del estado nación y los organismos financieros internacionales lo remataron a precio de saldo porque la derecha conservadora fracasó en mezclar el neoliberalismo con los valores burgueses, cuando el capital subvierte las formas de vida tradicionales: privatización, desregulación, descentralización. El resultado dialéctico es la izquierda y la derecha posmoderna, el vaciamiento de la clase media y el vaciamiento ideológico de los partidos políticos. La derecha tradicional era conservadora en lo político y liberal en lo económico. La izquierda tradicional era liberal en lo político y conservadora en lo económico. La lógica indica que no puedes ser conservador en lo político si no eres conservador en lo económico, y liberal en lo político si no eres liberal en lo económico. Las izquierdas y derechas posmodernas son neoliberales en lo político y en lo económico, los padres de las derechas e izquierdas populistas. Cualquiera que use los argumentos puede recibir el calificativo de xenofobia, racismo y derecha, pero ésos conceptos surgieron en los siglos XVIII, XIX y XX, el concepto de cosmópolis imperial viene del mundo antiguo. Los judíos, los cristianos, los celtas y los pueblos germánicos se opusieron al Imperio Romano. La Europa medieval era la expresión grecolatina cristiana de las naciones mediterráneas, celtas, germánicas y escandinavas. El Sacro Imperio Romano Germánico era heredero del Imperio Carolingio, a su vez del Imperio Romano de Occidente. Sin olvidar la Segunda Roma: Constantinopla. Y la Tercera Roma: Rusia. La Unión Europea es una Europa bastarda que no se diferencia de la Babilonia de Hammurabi o de Alejandro Magno. Mientras el debate de los "medios públicos" se centra en "izquierdas" y "derechas" como si estuviéramos en el siglo XVIII, XIX o XX: Canal 11, Canal 22. La política occidental oscila entre dos modelos imperiales: el Occidente romano cristiano, los organismos supranacionales de gobernanza global y los organismos financieros internacionales: "hombre blanco cristiano patriarcal de Occidente". La teoría política occidental no inventó la noción de igualdad humana. La antigua filosofía china, por ejemplo, cuenta con sus propias formas de igualitarismo. La teoría política occidental, en cambio, al menos en algunos momentos fundamentales de su historia, se enfrentó al problema muy específico de hallar una manera de expresar y justificar el dominio sobre la base de una igualdad natural. O, dicho con otras palabras, dado el supuesto de la igualdad, el pensamiento político de Occidente tuvo que hallar las formas de explicar y justificar la dominación como tal. La noción de una igualdad natural pasó a ser una cuestión problemática cuando se emparejó con un cuestionamiento de la idea misma de autoridad y dominación. Siempre y cuando el principio de dominación no fuera cuestionado en sus propios términos -ya fuese como mandato del cielo o incluso, sencillamente, basándose en la tradición- era perfectamente compatible con la igualdad humana. Pero cuando el propio principio de dominación era seriamente cuestionado, la cosa cambiaba totalmente. El peso de la justificación pasó a recaer mucho más sobre la desigualdad humana como base natural para la dominación y la desigualdad social. En ésas circunstancias, una noción de igualdad natural podía suponer una grave amenaza para las élites dominantes. Cuando la plebe cuestionó la autoridad apelando a la igualdad natural, fue preciso idear estrategias teóricas y políticas que permitieran superar la amenaza y hacer que las ideas democráticas acabaran volviéndose en contra de ellas mismas. La historia de ésta estrategia empieza en la antigua Grecia. El principio de dominación fue puesto en tela de juicio, en la teoría y en la práctica, de maneras particulares que distinguieron a Grecia de otras grandes civilizaciones antiguas. En la comunidad de ciudadanos que constituía la antigua polis griega, la principal relación política no era la que se daba entre gobernantes y súbditos, sino la relación entre ciudadanos. Pero ésto no significaba que los ciudadanos fueran iguales en términos sociales o económicos, sino que los señores de las tierras y los campesinos pertenecían al mismo cuerpo de ciudadanos, y compartían una igualdad cívica. Ésto dio lugar a una nueva esfera política, en la que las divisiones sociales profundas, y los conflictos de clase en particular, se desplegaron en términos no sólo de luchas abiertas por el poder, sino en las deliberaciones y los debates cotidianos de las asambleas y los tribunales. Asimismo, significó que, quizá por primera vez en la historia, hubo una importante tensión entre la igualdad económica y la igualdad política. Éste es el contexto en que las nociones de igualdad plantearon nuevos problemas a aquellos que querían justificar la dominación. Hasta aquel momento, siempre había sido evidente que el estado representaba la dominación, concretamente allí donde se suponía que los hombres eran iguales por naturaleza. Pero ahora, el propio estado -de hecho, sobre todo el estado- representaba la igualdad. Pese a las desigualdades sociales, todos los ciudadanos, en su nueva identidad política, eran iguales. Ésto significa que había nuevas maneras de disimular las relaciones de dominación, con tal que fueran amparadas bajo la capa de la ciudadanía y la igualdad cívica. No era, por supuesto, una cuestión sencilla. Pero, como vimos, Alejandro Magno y sus sucesores adoptaron algo parecido a ésta estrategia cuando, en la defensa de la nueva cosmópolis imperial, se reclamaron los valores de la polis, e incluso de la democracia. Las élites hacendadas de la Roma republicana se enfrentaron a algunos de los mismos problemas de sus homólogos griegos. En ésto también estuvieron obligados a alcanzar acuerdos y acomodos políticos con las clases inferiores con el objeto de preservar el orden social y salvaguardar sus propiedades. Aquí, los dueños de las tierras y los campesinos compartían también una identidad política como ciudadanos de Roma. Pero había diferencias importantes entre la República romana y la democracia ateniense, diferencias que dieron ocasión, o requirieron, estrategias ideológicas diferentes. La república estaba, a todas luces, dominada por la aristocracia senatorial, cuya dominación también era aceptada en la esfera de lo cívico. Los romanos nunca desarrollaron la noción de "un ciudadano, un voto", sino que sólo contaban con los votos de grupo; la identidad de la ciudad no disolvía ni eclipsaba la división entre patricios y plebeyos, clientes y patronos, el Senado y el pueblo romano: "El cristianismo se desarrolló de manera paralela al estado imperial. El desarrollo de la doctrina cristiana, su concepción de la divinidad y la relación de la humanidad con Dios se hallan inextricablemente unidos a la idea imperial romana, que tuvo cambios importantes durante los primeros siglos de la era cristiana. A medida que el estado imperial desplazó a la vieja república y se desarrolló según su propia lógica, el mito del princeps que gobernaba conjuntamente con el Senado de las primeras décadas imperiales dio paso, inevitablemente, al emperador concebido como un dominus absoluto. Al mismo tiempo, la noción republicana de imperio como el fruto de las conquistas legítimas llevadas a cabo por la ciudad-estado de Roma sería sustituida por una idea más cosmopolita de un "imperio mundial de carácter supranacional", en el que todos los pueblos eran igualmente gobernados por un solo líder absoluto y del que Roma ya no era su único centro. No es descabellado considerar la cristianización del imperio como la consumación cultural de ésta transformación… Tanto la consolidación del estado imperial como la aristocracia ascendente, sobre todo en Occidente, moldearon la evolución de la teología cristiana… El "cesaropapismo" bizantino surgió en Oriente, como una unión de religión y estado en la que el cristianismo reconocía y aceptaba su subordinación a la autoridad política, dejando el residuo espiritual del misticismo fuera del estado. Occidente, en cambio, con el tiempo produjo su propia noción característica de dos poderes iguales, uno temporal y otro espiritual, cada uno de ellos con sus instituciones y jerarquías terrenales… Era una forma de pensar la propiedad y las esferas de la autoridad lo que hacía posible insistir en un logos cósmico universal, en una ley natural universal y común a todos, en la igualdad de todos los seres humanos y en la exclusiva preminencia de un Dios omnipotente. Al tiempo que seguía proclamándose el carácter sagrado de la propiedad privada, la legitimidad de la desigualdad social y la autoridad absoluta de los gobiernos terrenales" (Meiksins Wood, pp. 190, 191, 192). Adrián Baquero Gotor en "La traición de Diógenes. Lecturas contemporáneas de la filosofía cínica" (UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA, 2020), el cinismo de la antigua Grecia se gestó en un contexto previo al dominio de la ciencia, del capitalismo y del monoteísmo; tres pilares sobre los que se construye nuestro mundo moderno. Por supuesto, cuando hablamos de "cinismo" nos estamos refiriendo a la sabiduría que practicaban los filósofos de la escuela cínica, una concepción totalmente alejada del desvirtuado sentido que atribuimos coloquialmente al término "cinismo". La escuela cínica fue fundada en la antigua Grecia durante el período helenístico, un período de decadencia de la Grecia clásica en el que se produce una profunda crisis que abarca distintos aspectos de la cultura: aspectos políticos (la conquista de Grecia por parte del Imperio macedonio acaba con la independencia política de las polis), aspectos económicos (Grecia pierde el control económico sobre el tráfico marítimo al perder los grandes puertos), aspectos sociales (los valores tradicionales de la Grecia clásica se debilitan por las nuevas corrientes de pensamiento), etc. Como suele ocurrir, ésta crisis cultural repercutió sobre la sociedad y también sobre la filosofía, pues la felicidad del individuo ya no podía sustentarse en la confianza del Estado, en la riqueza o en los grandes ideales de la filosofía. En éste momento aparecen una serie de modestas escuelas filosóficas formadas por pequeños grupos de pensadores con ideas en común, que se reúnen en puntos concretos de la ciudad para reflexionar sobre cuál puede ser el mejor camino para alcanzar la felicidad por uno mismo. La escuela cínica fue una de estas escuelas que lanzó una propuesta de camino para alcanzar la felicidad, tal vez una de las propuestas más extremas, al tiempo que más directas y efectivas; por éso algunos filósofos de la época no dudaron en considerar al cinismo como un "atajo hacia la virtud". Según el relato histórico, el fundador de ésta escuela fue Antístenes, quien había sido discípulo del sofista Giorgias, pero posteriormente estableció buena amistad con Sócrates, pasando a formar parte del círculo del pensamiento socrático. Pero, indudablemente, el filósofo más popular de ésta escuela fue Diógenes de Sinope, por ser el mejor representante de los valores de dicha escuela al llevarlos al extremo mediante su propia vida. Su excéntrico modo de vida hizo que sus anécdotas biográficas se popularizaran en la Antigüedad y fueran transmitidas a través de la historia, convirtiendo al sabio de Sinope en el indiscutible protagonista de ésta escuela. El camino que proponen para alcanzar la felicidad pasa por un principio básico: vivir de acuerdo con la naturaleza. Es la misma propuesta que encontraremos en los estoicos, pero aquí con una aplicación más primaria. A grandes rasgos, el cinismo dice que la cultura es un impedimento para alcanzar la ansiada felicidad que todos buscamos, pues la complejidad de la vida en sociedad hace que, dentro de la cultura, la felicidad requiera un mayor sacrificio de los valores y libertades de la persona. Observando a los animales, los cínicos consideraron que la felicidad es más fácilmente alcanzable si sólo atendemos a criterios biológicos, por éso proponen un modo de vida acorde con nuestra naturaleza, logrando una felicidad más fácil de alcanzar al simplificar nuestras aspiraciones. Resulta muy interesante analizar el transcurso histórico del cinismo, ya que, durante muchos siglos, ésta escuela pareció quedar en el exilio filosófico. Mientras que otras escuelas helenísticas coetáneas, como el estoicismo o el epicureísmo, tuvieron continuidad como corrientes de pensamiento en la historia de la filosofía, el cinismo apenas la tuvo mucho más allá de su contexto original griego, llegando al mundo latino muy entremezclada (con enorme controversia) en el estoicismo romano y sin apenas trascendencia posterior en la Edad Media. Como es sabido, el discurso filosófico de la Edad Media en Occidente pasa por el filtro de la interpretación escolástica, que aportaba mayor validez y credibilidad a aquellas sabidurías que mejor pudieran adaptarse a las Sagradas Escrituras, ya que así no cuestionaban los dogmas religiosos de la Verdad revelada por Dios. Algunas escuelas paganas pudieron adaptarse bien a la tradición escolástica, pero el irreverente ateísmo que profesa el materialismo cínico presenta de por sí enormes dificultades para amoldarse al discurso del cristianismo, por lo cual la lectura e interpretación de los cínicos durante la Edad Media quedó reducida a escasas referencias marginales y poco relevantes. Sin apenas presencia entre los autores importantes de éste período y sin ninguna evolución destacable en el pensamiento de ésta corriente, el cinismo fue cayendo progresivamente en el olvido bajo la amenaza de quedar abandonado para siempre en algún rincón de la historia de la filosofía. Sin embargo, cuando parecía que la lámpara de Diógenes se había apagado casi por completo y que ya no iba a servir para encontrar hombres dispuestos a seguir ésta sabiduría, la Ilustración centroeuropea y su intención por superar las supersticiones del Medievo hicieron renacer el interés por ésta escuela a partir del siglo XVIII. Resulta curioso observar que ésta nostalgia por las escuelas filosóficas paganas de la Antigüedad no se limita exclusivamente a los cínicos, pues en el presente muchas corrientes de pensamiento están recuperando métodos y valores de las escuelas helenísticas para guiar la construcción del sujeto contemporáneo. Por ejemplo, el culto al placer practicado por el hedonismo epicúreo, la ataraxia o la concepción estoica del destino siguen siendo ideas que fascinan en la actualidad, probablemente porque éstas escuelas propusieron métodos para alcanzar la felicidad que todavía siguen siendo útiles aplicados al mundo contemporáneo: "Junto con la condición de expatriados e inmigrantes que hace de la vida de los cínicos una elección casi heroica en la antigua Grecia (al depender casi únicamente de sí mismos), hay una característica coincidente en las biografías de los cínicos en torno a la peculiar relación que la mayoría establecieron con el dinero y la propiedad antes o en el momento mismo de convertirse a la filosofía. En efecto, se puede reconocer fácilmente que la relación con la pobreza material y el conflicto con el dinero es otro de los motivos con los ha querido la tradición reconocerlos, en su carácter filosófico, como miembros de una misma escuela. El exilio y la extrema pobreza no fueron condiciones de la vida de Antístenes, según lo precisan las fuentes biográficas. Sin embargo, también parece que, al menos después de su conocimiento de Sócrates, debía de vivir en un régimen de considerable austeridad, cercano al que practicara su gran amigo y maestro, a juzgar por el desprecio expreso que hace del lujo y la opulencia. Que Diógenes vivió la mayor parte de su vida en una situación de extrema pobreza es en cambio evidente. Conocida es la historia por la que dio comienzo su andadura filosófica: Diógenes, hijo del responsable de la banca de Sinope, se vio envuelto en su juventud en un caso de reacuñación ilegal de moneda, teniendo finalmente que huir al exilio. Instalado en Atenas, tuvo que enfrentarse a una miseria absoluta que, sin embargo, resignificó al decidir entregarse a la vida sencilla, por la inspiración que le procuró -supuestamente- observar cómo vivía feliz un ratón y tras conocer, precisamente, el ejemplo de Antístenes. Crates, por su parte, al parecer se desprendió de sus ricas propiedades. Es dudoso si ésto lo hizo forzado tras ser arrasada Tebas, su ciudad natal, por Alejandro, pero la tradición dicta que ésto lo hizo por propia voluntad y que decidió también entonces entregarse al estilo de vida cínico; tomó como ejemplo a Diógenes el Cínico y reforzó su firme oposición a vivir y a comportarse como un ciudadano cualquiera. De Mónimo, en Corinto, de quien poco sabemos a excepción de que era empleado de la banca local, se dice también que, admirado por el ejemplo de Diógenes, simuló un brote de locura y empezó a desperdigar todo el dinero que tenía a su cargo hasta que su amo lo despidió, disponiéndose entonces a seguir al de Sinope y luego también a Crates. Hiparquia, fascinada por la personalidad de Crates, y pese a que éste pusiera todo su empeño en disuadirla a petición de los padres de ella, decidió sin embargo renunciar a todos sus privilegios como hija de una buena familia de Maronea y adoptar el estilo de vida del que desde entonces sería -Crates- su compañero de vida y de filosofía" (Pons Olivares, pp. 251, 252, 253).

Yas ©

La filosofía del perro.

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Sócrates abordó el problema de la muerte antes de beber la cicuta en El Fedón y el Alma. Se observa la influencia socrática en el cinismo con el desprecio de los bienes materiales, salvo por el disfrute de los placeres del cuerpo. Mientras Sócrates buscaba desprender el cuerpo del alma para alcanzar la verdad, los cínicos buscaban el regreso a la naturaleza al rechazar las convenciones sociales: el "Buen Salvaje" de Rousseau. No necesitas filosofía para disfrutar de los placeres epicúreos y cínicos, necesitas filosofía para aprender a morir. Sócrates: Ya es tiempo de que explique delante de vosotros, que sois mis jueces, las razones que tengo para probar que un hombre que ha consagrado toda su vida a la filosofía, debe morir con mucho valor, y con la firme esperanza de que gozará después de la muerte bienes infinitos… Los hombres ignoran que los verdaderos filósofos no trabajan durante su vida sino para prepararse para la muerte… La muerte, ¿es alguna cosa? Simmias: Lo es. Sócrates: ¿Te parece digno de un filósofo buscar el placer, como, por ejemplo, el de comer y beber?… ¿Y los placeres del amor?… Y respecto de todos los demás placeres que afectan al cuerpo, ¿crees tú que debas buscarlos y apetecerlos, por ejemplo, trajes hermosos, calzado elegante, y todos los demás adornos del cuerpo? Simmias: Me parece que un verdadero filósofo no puede menos de despreciarlos. Sócrates: Te parece entonces que todos los cuidados de un filósofo no tienen por objeto el cuerpo, y que, por el contrario, procura separarse de él cuando es posible, para ocuparse sólo en su alma. Simmias: Seguramente. Sócrates: Es evidente que lo propio y peculiar del filósofo es trabajar más particularmente que los demás hombres en desprender su alma del comercio del cuerpo. Simmias: Evidentemente, y sin embargo, la mayor parte de los hombres se figuran que el que no tiene placer en ésta clase de cosas y no las aprovecha, no sabe verdaderamente vivir, y creen que el que no disfruta de los placeres del cuerpo está bien cercano a la muerte. Daniel Pons Olivares en "Filosofía, Historia de la Filosofía y Orígenes del Pensamiento Cínico en Vidas y Opiniones de los Filósofos Ilustres de Diógenes Laercio" (UNIVERSITAT DE LES ILLES BALEARS, 2013), encuentra entre los cínicos griegos (alrededor del siglo IV a.C.) algunos de los personajes más peculiares de la historia de la filosofía. Más que Antístenes, Crates e Hiparquia y, por supuesto, por encima de otros Metrocles, Menipo, Mónimo, Menedemo u Onesícrito, el más renombrado es, sin duda alguna, Diógenes el Cínico. Asimismo, Diógenes es el protagonista de las más conocidas representaciones del filósofo cínico en la historia de la iconografía, y se le puede ver en numerosas situaciones -ciertas o no, pero reveladoras en todo caso de su carácter- ataviado únicamente con el manto característico del filósofo cínico, e instalado, a la vista de todos, en una gran tinaja, "buscando un hombre" con una linterna, o incluso dirigiéndose de forma descarada al gran Alejandro Magno para que se quitara de en medio, pues, subido a un esplendoroso caballo, le tapaba el Sol que tan plácidamente estaba tomando en el Craneo. Junto con Diógenes, cabe destacar a Antístenes, a quien se le reconoce como amigo y discípulo de Sócrates -presente junto a él incluso en sus últimas horas en prisión, antes de ser ejecutado-, al tiempo que es designado por las fuentes como el maestro o inspirador del propio Diógenes. Desde la Antigüedad se ha discutido si se debe considerar a Antístenes el iniciador del cinismo o si más bien conviene reconocer en ésto a Diógenes el Cínico. En general, se puede establecer que hay que entender a Antístenes como un antecesor del cinismo, como un pensador proto-cínico, aunque hay que advertir que se deben a él -en una fase socrática de su pensamiento- la mayoría de las aportaciones teóricas de las que posteriormente pudo derivar ésta primacía de la práctica directa en el estilo filosófico del cinismo. Las afirmaciones antisténicas, en efecto, armonizan bien con las prácticas cínicas, aunque el carácter personal de Antístenes fuera bastante más moderado que el de Diógenes el Cínico. Los cínicos aparecen en un momento en el que la polis griega comienza a acusar a marchas forzadas el principio de su propia desaparición como centro de la actividad y universo de sentido del ciudadano griego, de manera que, cada vez más, se hacen necesarias formas de regencia y credos alternativos para la vida personal. Es por éste motivo que el cinismo se ofrece como una opción distinta y se opone en gran medida a la pujanza de la religión y el misticismo que debía ser propia de su tiempo. Son muy significativas las anécdotas que ponen a Diógenes y, en especial, a Crates frente a Alejandro, como destructor de las poleis griegas en su afán imperialista. Así, por ejemplo: "A Alejandro que le preguntó (s.c. a Crates) si quería que se reconstruyera su patria, le contestó: "¿Por qué hay que reconstruirla? Pues igualmente un Alejandro la destruirá de nuevo", insistiendo en que, en verdad, "tenía por patria la mala reputación y la pobreza inexpugnable al azar y que era ciudadano de Diógenes, que no había sido insidiado por la envidia". A ésta característica condición de expatriados se suma la consecuente cualidad de extranjeros (o de mestizos, como Antístenes, hijo de un padre ateniense y probablemente de una esclava tracia). Ésta condición, común a la mayoría de los filósofos cínicos, debió de marcar profundamente la orientación de su filosofía, hasta el punto de que, frente a su situación carente de toda salvaguarda, apuestan los cínicos por la sola asistencia de la razón en una constitución integral de vida y pensamiento contra toda constitución hipócrita o inauténtica en el seno de la polis. Cuenta una anécdota que Diógenes de Sinope, exiliado en Atenas y abocado a una situación de extrema pobreza, "al observar un ratón que corría de un lado a otro y que no buscaba un sitio para dormir, ni se preocupaba por la oscuridad, ni deseaba nada de lo que se consideran goces, descubrió (s.c. Diógenes) una solución a su situación", entregándose de ésta forma a la vida sencilla que aprendió también como seguidor de Antístenes (vid. D.L. VI 21), a quien se le denomina con el sobrenombre de "Perro simple". No obstante, Diógenes tomará como paradigma de su ejemplo no tanto al ratón que, según se cuenta, le sirvió de inspiración inicial, como al perro, kyon, y de entre ellos, por motivos obvios, el perro callejero, género con el que se identificó plenamente, a juzgar por las anécdotas (muchas de ellas exageradas) que hemos conservado acerca de ésta relación; y de hecho, como "perruno" fue reconocido y vituperado muchas veces por el resto de ciudadanos. La figura del perro como símbolo de su filosofía y carácter, tanto si fue por propia elección o por voluntad de asentimiento ante la imposición de los juicios -en principios despreciativos- de la mayoría, no es, en cualquier caso, nada inoportuna. El perro, en efecto, es, de entre los animales, quizás el más próximo en convivencia y entendimiento al hombre, si bien sigue representando el referente de la naturaleza frente al contexto de la cultura y sociedad humanas en el que es escogido. El perro, en cualquier caso, orina, defeca y copula en público, prácticas, entre otras necesidades, que no sería en modo alguno toleradas por la moral tradicional de la época, como tampoco en tantos otros ámbitos sociales antiguos y modernos. Así pues, el perro es adoptado también por el filósofo cínico como el paradigma, ejemplo o simple metáfora de la correcta vida natural que debe ser aceptada, como un bien, en el seno de la polis. Que la actitud de la que hacen gala los cínicos, sustentados en el paradigma del perro, contravenga la moral popular y las costumbres y normas establecidas se debe, de forma evidente en la opinión de éstos filósofos, a que las reglas de la polis están enviciadas y, consecuentemente, no tienen ningún sentido en el desarrollo del bienestar y el potencial auténticamente humano (ni en el ámbito social ni, sobre todo, a escala tanto particular como genérica, en el progreso personal de cada individuo). Otro posible origen del nombre de la escuela cínica, que también apunta Diógenes Laercio, es que se tomara del nombre del gimnasio Cinosarges, lugar donde podían reunirse los cínicos y donde se dice que platicaba, en primer lugar, Antístenes sobre filosofía. Cinosarges significa literalmente "perro blanco", lo que justifica que algunos creyeran que el nombre "cínico" procede del nombre de éste gimnasio. Conviene apuntar además, al hilo de ésta versión, que el perro es protagonista de al menos uno de los títulos de las obras de Antístenes, en referencia directa a temática homérica y, en concreto, odiseica: Sobre Odiseo y Penélope. Todo apunta a que se hace referencia al perro de Odiseo, fiel compañero que aguardó a su amo hasta su vuelta a Ítaca y que, momentos antes de morir por la edad y la enfermedad, fue el único que reconoció a Odiseo a su llegada. En cualquier caso, entre las virtudes del perro se encuentran valores muy del gusto de los cínicos: el remarcado principio de sencillez y humildad material en las formas de vida, la autonomía, la nobleza, la lealtad, la sinceridad, la capacidad de reconocer y de denunciar de forma evidente y directa al indeseable, la falta de pudor con la fisiología (en contra de los modales de la época), la confianza en la capacidad del propio esfuerzo y la fortaleza física para gozar de una buena salud y valerse en la vida, la disposición del ánimo y la conducta conforme a la especificidad de cada situación, por penosa que sea, pero también la falta de reconocimiento de patria concreta alguna, más que, si acaso, en la forma de la amistad hacia el congénere que comparte su misma actitud y convicciones y de la cual deriva su reconocido y originario sentido del cosmopolitismo, fundacional para la historia del pensamiento occidental hasta nuestros días. Algo que tampoco pasa inadvertido en la conducta de los cínicos es la ácida acometida de algunos de ellos, principalmente Crates, hacia las prostitutas. De un lado, el cinismo presenta a la prostituta común una opción preferible a implicarse con heteras, y también como una vía de escape a los estúpidos enredos del compromiso matrimonial. El refinamiento de las heteras, unión de coquetería y elegancia en el hablar y en el vestir, no era ni mucho menos del gusto de los cínicos, sino que las reconocían como unas "buscaproblemas" para la mayoría de los hombres que, obnibulados muchas veces por un loco y ridículo concepto del amor, y debido a una desviación malsana de sus impulsos sexuales, entraban como corderos al degüello en un juego de fuerzas propio de unas complejas relaciones de dominación. Desde éste punto de vista, irse con una prostituta se observaba por parte de los cínicos como una alternativa justificable para satisfacer sencillamente los apetitos sexuales naturales. En consecuencia, parece que Crates llegó a llevar a su hijo con una prostituta para instarle a que evitara caer en el innecesario embrollo del matrimonio. Ésto se extrae también de la expresión que se le atribuye a Antístenes por la que, al ver una vez "a un adúltero que huía, exclamó: "¡Qué desgraciado! De qué gran peligro podías haber escapado por un óbolo". Por otra parte, de Diógenes el Cínico se cuenta que se masturbaba habitualmente en público y sin ningún pudor decía: "¡Ojalá que frotándome la barriga se calmase también el hambre!". En efecto, al igual que cualquier otro tipo de apetito, para un cínico las cuestiones sexuales se reducen a un problema simple de satisfacción de impulsos naturales, como sucede con la necesidad de alimento. Si no se consideran de éste modo, los apetitos sexuales pueden convertirse en foco de problemas psicológicos socialmente inducidos, puesto que el mal, para un cínico, es sólo moral (ésto es, cultural) y no algo natural. El sexo, en definitiva, es un acto al que también se le debe acompañar una máxima expresión de la libertad y sencillez de la naturaleza humana. Sin embargo, tampoco lícito propiciárselo por cualquier medio, pues parece que algunas formas de sexualidad "degenerada" son también consideradas por los cínicos un producto de la mala gestión, culturalmente inducida, de los apetitos. Así, por ejemplo, Diógenes hacía blanco de sus cáusticas reprobaciones a los pederastas corruptores de menores y de sus enseñanzas más atentas a los jovencitos en situación de riesgo. En efecto, éstos eran quienes principalmente se encontraban en el delicado punto de inflexión en el que su desarrollo natural podía doblegarse por la represión de la costumbre ciudadana y la degeneración del vicio, desviando sus impulsos hacia una compleja maraña de tortuosos enredos psicosociales: "Los primeros "cínicos" adoptaron éste nombre por el gusto de que los llamaran perros o "perrunos". El perro era, por así decir, el tótem de su escuela, pero no sólo éso, también constituía un modelo efectivo para la configuración de la conducta humana. Así también, como un perro, Diógenes el Cínico acostumbraba a satisfacer sus necesidades en cualquier lugar, y todas ellas -"las de Deméter y las de Afrodita"-, sin importarle quién estuviera presente. Sabemos también que Crates y su compañera Hiparquia copulaban en público, a la vista de todos, y que, evidentemente, no les importaba mostrar su desnudez ante cualquiera. Por otra parte, los cínicos establecían con idéntica naturalidad una equidad en las relaciones entre ambos sexos. Para empezar, Antístenes, como predecesor inmediato del cinismo y supuesto maestro de Diógenes, declara que "la virtud de un hombre y de una mujer es la misma", e Hiparquia, quien vestía y vivía del mismo modo que su compañero Crates, ejemplifica éste estado de igualdad hasta el punto de que se la cuenta, ya en su tiempo, como una auténtica "filósofo" más entre los cínicos. La figura de Hiparquia es excepcional en la historia de la filosofía griega, pues en ningún otro caso que sepamos se ha ofrecido, en la Antigüedad, una dignidad y un reconocimiento mayores a una mujer como integrante de una escuela filosófica, en igualdad de condiciones que cualquier otro miembro. En verdad, el cinismo destaca por ser una de las pocas corrientes filosóficas antiguas que hace vocación expresa de la igualdad en dignidad de hombres y mujeres. Ésta igualdad se hace efectiva como una condición natural siempre y cuando los individuos no se encuentren atrapados por los clichés que impone el inconsciente popular sobre ellos en tanto que miembros de un distinto género, sobre todo en el caso de la denigrante minusvalía que se le supone al signo de lo femenino y que hace a la mujer más sensible a la tiranía de la costumbre. Habida cuenta de ésta distinción de dignidad entre hombre y mujer, se puede entender también que a Diógenes le espantara cruzarse con emperifollados afeminados que ocultaban su condición natural, innecesariamente, bajo vestidos engalanados e intensos perfumes. Ésto, por otra parte, es algo que se puede prestar a discusión y causar extrañeza, pues hay que reconocer que el caso de Diógenes es bastante particular en éste punto. En efecto, parece que Diógenes reprobaba sistemáticamente a los afeminados. En una ocasión: "A un joven bellamente acicalado que le interrogaba, le contestó que no le diría nada antes de que, desnudándose, mostrara si era una mujer o un hombre", y en otra ocasión, al ver "a un joven afeminado, le dijo: "No te avergüenza pretender ser peor que lo que eres por naturaleza? Pues ella te hizo hombre y tú te fuerzas a ser mujer". En primer lugar, no es de extrañar que demostraran estar en contra de la ocultación de la condición natural de cada persona, pues ésto se une a una crítica general del cínico a la artificiosidad y al fingimiento, en contraposición con la honestidad del vivir y del pensar en libertad, sin estar atado por prácticas sociales de disimulo" (Pons Olivares, pp. 224, 225, 226). Los cínicos se caracterizan por despreciar todo aquello que consideran hablar por hablar, ésto es, cualquier discurso teórico que no revierta de manera clara y sencilla en la conformación de una praxis personal y un progreso vital que han de ser dirigidos por la conciencia personal. En la base de ésta actitud podemos reconocer a Antístenes en la indicación de que "la virtud está en los hechos y no necesita de grandes discursos ni conocimientos". En su expresión mordaz -concisa y contundente-, que ha servido de inspiración para dar nombre a un tipo de género "serioburlesco", el cínico se mueve entre una forma de ironía más que evidente -sobre todo en el juego de palabras que hace usando expresiones y pasajes de la literatura popular- y la sinceridad más cruda y severa, de modo que, en cualquier caso, el cínico nunca se muestra falso ni se anda con tapujos. En ésto, Diógenes es, sin duda, el prototipo de cínico, al considerar un grandísimo bien para el hombre la "libertad de palabra". En el centro de sus críticas a distintos tipos de discursos y saberes o, más bien, de su desprecio cáustico y llano a la palabrería, se encuentran ámbitos tan propios de la formación tradicional griega como la Física, la Geometría, la Lógica y la Música, además de la instrucción en el refinamiento retórico (cuyos protagonistas son objetivo de gran cantidad de ataques de los cínicos) y el adiestramiento y las competiciones atléticas (en tanto que preocupación por un cuidado exagerado del cuerpo). Así pues, atletas, músicos, astrónomos, gramáticos, rétores y otros filósofos de corte más teorético, pero también políticos y poderosos de todo tipo -muy especialmente tiranos y demagogos- y sus servidores, son blanco habitual de la atrevida y mordaz locuacidad del cínico, en su crítica general a todo lo que consideran un esfuerzo inútil o degenerado. El pensamiento cínico se concentra, como único ámbito de fundamental importancia para la constitución de una práctica de vida integral y virtuosa, en la reflexión ética. La ética de los cínicos se ofrece como alternativa a todo objeto y aspiraciones de la formación tradicional, aristocrática y especializada, que consideran innecesarios e incluso viciados. A ello le opone el cínico un interés personal y sincero por el autodesarrollo y la conformación del propio carácter, el ejercicio (también el ejercicio físico, en su justa medida) y el esfuerzo constante por mantener la armonía de vida en el manejo de un pensamiento fresco e independiente, reconocible, más que en ninguna otra escuela, por una palabra simple -que en general se ciñe a lo evidente- y por una expresión muchas veces irónica e incluso hiriente, pero reveladora y certera en su afán de denunciar lo sobrante para la naturaleza del hombre. Debido al rechazo que hacen de los estudios generales (de la Matemática, la Lógica, la Música, etc., que formaban parte de la paideia tradicional) y a su propuesta de concentración de las energías del pensamiento en el ámbito de la ética (como vía directa de consecución de la virtud y único ámbito fundamental para la filosofía), desde antiguo se ha reconocido al cinismo bajo la imagen de ser un "camino corto" o "atajo hacia la virtud". Atajo por cuanto propone, según es la experiencia efectiva de sus principales representantes, una conversión radical, rápida e incluso inmediata de la persona y de las propias formas de vida a las exigencias de la filosofía, que no todos son capaces de resistir. No existe en la propuesta cínica propedéutica alguna para un acceso a la virtud y a una forma de vida filosófica, y mucho menos en ninguna disciplina teórica, pues consiste en un acto de decisión, de compromiso vital que depende tan sólo del atrevimiento en el cambio de las propias formas de existencia, en la asunción de lo correcto, suficiente, natural y evidente a la razón humana en cada situación. Pero el modo de vida cínico constituye un "atajo" también porque, siendo fieles a ésta metáfora, la filosofía -y la filosofía cínica más que ninguna- requiere de una voluntad y de una fortaleza extraordinarias y constantes para que el camino pueda ser transitado con éxito y sin que el cuerpo y la mente desfallezcan: "A pesar de su falta de apego a la propiedad y, en especial, de su rechazo de las riquezas y los lujos, hay que advertir que no se puede considerar que los cínicos fueran contrarios a la propiedad privada. Para éstos librepensadores, que estiman ante todo y en todos los ámbitos de la vida la autarquía personal (el dominio autónomo de sí, junto con la autosuficiencia) como un bien principal, la propiedad privada es también legítima y se hace efectiva de forma natural en tanto que derecho de uso, como se deriva sobre todo de los testimonios que conservamos acerca de Diógenes el Cínico sobre ésta cuestión. En definitiva, para un cínico, nada parece ser de nadie -o mejor dicho, está ahí para cualquiera que lo necesite- mientras no sea usado o aprovechado por alguien, ya se trate de un instrumento, de comida, ropa, un terreno o un lugar donde habitar; pero en el momento en que un objeto en cuestión es de utilidad para alguien que lo aprovecha, parece evidente que con tal gesto se lo ha apropiado, si bien sólo hasta que, de nuevo, deje de usarlo. Los objetos de ésta forma no se encuentran determinados por un sentido exclusivo de la propiedad en tanto que posesión permanente de alguien y con independencia de si la usa o no. Los objetos pasan de mano en mano y son de quien de ellos se beneficia en cada momento, siendo posteriormente abandonados para cualquier otro que los necesite. Así los cínicos tampoco se prestan las cosas, sino que directamente se reclaman o son tomadas en el momento en que dejan de servir a alguien, aún cuando éste no las ceda, pues sólo mientras son usadas con utilidad pueden ser consideradas propiedad de quien las usa, y luego vuelven a quedar libres de apropiación, sin dueño alguno establecido. Por otro lado, sería un error terrible para un cínico, y muy común entre el grueso de los ciudadanos, aferrarse a algún tipo de posesión, pues ésto es para el cinismo sólo otro generador de dependencia que esclaviza al hombre al no dejar ver su auténtica autosuficiencia natural y cosmopolita. En definitiva, la posesión acaba poseyendo y haciendo dependiente al poseedor y, para un Cínico, hay que proveerse solamente de los útiles que se observan como estrictamente necesarios o, como dice Antístenes, conviene hacer de la misma manera que "para un viaje deben prepararse provisiones de tal clase que puedan flotar junto al náufrago". De éste modo, un manto, un bastón y un pequeño hatillo o zurrón, con alguna que otra cosa más, son suficientes para un cínico. En cuanto a lo demás, como dice Crates, "toda tierra es ciudad y casa/preparada para acogernos", y para Diógenes no es necesaria ni tan siquiera una copa, vaso o escudilla, como pudo comprobar al ver que un niño bebía agua con las manos y que otro comía lentejas directamente del hueco de una hogaza de pan" (Pons Olivares, pp. 254, 255, 256).

Yas ©

La filosofía del placer.

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La filosofía helenística tuvo una profunda deuda con su pasado griego, pero sus motivaciones habían cambiado de una manera fundamental. No sólo Atenas había sido desplazada como centro de la cultura por ciudades como Alejandría o Pérgamo, con sus grandes bibliotecas, sino que la filosofía forzosamente tuvo que adaptarse a la nueva realidad imperial. El período helenístico produjo teorías de la realeza, sobre todo con vistas a legitimar los tres reinos que sucedieron a Alejandro. La importancia de la monarquía en la teoría política griega posclásica reflejaba la decadencia de la polis y de la comunidad cívica. Ésto dio lugar a una literatura sobre la monarquía ideal que no tiene paralelo en la cultura griega clásica y que se inspiraba en ideas persas, egipcias y mesopotámicas, así como en tradiciones griegas que se remontaban a la época de Homero, sumadas a una tendencia a divinizar a los reyes. Hubo otras respuestas, más fecundas en términos filosóficos, ante el traspaso de la polis al imperio. A medida que la identidad y la acción cívica dieron paso a diferentes maneras de estar en el mundo, filósofos como los epicúreos y los estoicos se preocuparon más por el lugar que el individuo ocupaba en el cosmos que por el orden político. Epicuro, hijo de padres atenienses, nació en el año 341 a.C., en la isla de Samos. Desde pequeño experimentó los efectos de las conquistas macedonias cuando, después de la muerte de Alejandro Magno, Perdicas, el regente imperial, expulsó de Samos a los colonos atenienses. Andando el tiempo, en el 306 a.C., Epicuro se asentó en Atenas, donde fundó una escuela de la que derivó una tradición filosófica que conservaría, a lo largo de seis siglos, su popularidad e influencia. Su obra ha sobrevivido sólo en forma de fragmentos o a través de las palabras que sus discípulos y seguidores dejaron constancia. La obra clásica epicúrea más importante conservada es De Rerum Natura ("De la naturaleza de las cosas"), el poema épico que Lucrecio escribió mucho tiempo después, en el siglo I a.C., ya en época de la Roma republicana. Para Epicuro y sus seguidores, el bien supremo, incluso el propósito de la vida, es el placer (pero no en el sentido amoral y hedonista que comúnmente es atribuido a los "epicúreos") y la evitación del dolor. La felicidad, ante todo, requiere la paz que acompaña a la ausencia de miedo, un miedo que, en particular, significa miedo a la muerte y a la vida futura. Si en la filosofía epicúrea hay un propósito primordial, éste tiene que ver con su concepción de la naturaleza, que significa eliminar ésta clase de temores. Pero, para ello, primero hay que liberarse de la religión. Ésto conlleva una explicación de los procesos naturales sin necesidad de recurrir a fuerzas divinas o sobrenaturales, una explicación que descansa en la concepción de que los cuerpos materiales están compuestos por átomos y de que la psique humana está gobernada por sensaciones generadas materialmente y que, en gran medida, son fuentes certeras de conocimiento. La consecuencia de éste materialismo es que no tiene sentido temer a la muerte, porque significa la completa aniquilación. En ningún otro momento de la historia, éste tema ha sido interpretado con mayor elocuencia en el poema de Rerum Natura de Lucrecio. Su tema central no era la vida del ciudadano, sino la experiencia y la ética de la persona individual, pues ésta filosofía consideraba que la relación más elevada que puede darse entre los individuos no era la unión cívica, sino la amistad personal. Es evidente que el epicureísmo es hijo de la escuela materialista de Tales y Demócrito. Tales de Mileto creía que todo lo que existía estaba compuesto por una o más sustancias primigenias y controlado por fuerzas en interacción, noción que, en esencia, comparten los físicos de partículas. En el tiempo de Platón, el defensor más acérrimo de la filosofía materialista de Tales era un griego jónico llamado Demócrito. Para él, el universo no estaba construido con números místicos y formas geométricas, sino con partículas físicas infinitesimales que se movían eternamente por todo el vacío infinito. Demócrito llamó a éstas partículas átomos, palabra griega que significa "indivisible". Según Demócrito, lo único que existía eran los átomos y el vacío, y por lo tanto éstos eran la fuente de todas las cosas, incluso los seres vivos, sus pensamientos y percepciones sensoriales. En un universo infinito de tiempo y espacio, dijo, el incesante baile de los átomos conduciría de manera inevitable a otros infinitos mundos y sus sendas de vida, dentro de un proceso eterno de crecimiento y decadencia. No todos los mundos serían como el nuestro: algunos serían demasiado inhóspitos para albergar vida y otros serían incluso más abundantes que la Tierra. Demócrito pensaba que deberíamos sentirnos felices universalmente por la suerte que teníamos de existir en un mundo tan amable y con tantos placeres. Su júbilo constante ante la existencia tragicómica de la humanidad fue la causa de que sus contemporáneos lo llamaran "el filósofo que ríe". A través de la teoría atómica sugiere la existencia de vida extraterrestre. Al igual que Sócrates con Platón, sólo sabemos de Demócrito a través de Epicuro. La mayor parte del trabajo de Epicuro también se perdió. Lo que conocemos de su filosofía proviene principalmente de un solo poema extenso llamado De Rerum Natura, escrito en hexámetro latino por el erudito romano Tito Lucrecio Caro aproximadamente en 50 a.C. En éste poema Lucrecio alaba y resume el pensamiento epicúreo, incluso la idea de los átomos, el pensamiento infinito y la inevitabilidad de otros mundos con vida: "No parece lógico que éstos sean el único mundo y cielo creados, y que más allá de éso, los abundantes cuerpos de materia no tengan ningún propósito… Los átomos, que no tienen número en la totalidad del espacio infinito, se unirían ocasionalmente para convertirse en el principio de grandes cosas, el mar, el cielo y la raza de seres vivos… Se debe admitir que hay otros mundos en otras regiones, así como distintas razas de hombres y especies de animales salvajes. En la suma total de las cosas no hay nada que sea singular, que nazca siendo único y crezca de la misma manera y solo; en realidad pertenece a alguna clase, y hay muchos más del mismo". La escuela epicúrea del placer es un recogimiento cósmico que tiene las siguientes tesis: A) Lo único que existe son los átomos y el vacío, la fuente de todas las cosas. B) En un universo infinito de tiempo y espacio, los átomos conducirían de manera inevitable a otros infinitos mundos dentro de un proceso eterno de crecimiento y decadencia. C) Los seres humanos deben sentirse felices por vivir en un mundo con tantos placeres. El bien supremo es el placer de la existencia y la evitación del dolor (comida, bebida, sexo, amistad personal, etc.). D) El alma y el cuerpo son estructuras materiales que se desintegran con la muerte. E) La felicidad requiere la ausencia de miedo a la muerte y a la vida futura. E) La religión es innecesaria, la explicación de los procesos naturales sin necesidad de recurrir a fuerzas divinas o sobrenaturales. F) Una serie de prohibiciones que reivindican su carácter apolítico: la búsqueda de riquezas, seguridad o fama en el mundo. El llamado de la escuela epicúrea es únicamente ser feliz y estar libre de todo temor. También es obvio que, a pesar de ser el mundo tan amable en placeres, la existencia humana es producto del azar cósmico, la voluntad divina no juega ningún papel. Stephen Greenblatt en "T. LUCRECIO CARO, DE RERUM NATURA" (ALCANTILADO, 2012), ubica que el poema filosófico De Rerum Natura, escrito hacia el año 50 a.C. por Tito Lucrecio Caro, es al mismo tiempo una de las obras más grandes de la antigüedad clásica y una de las más extrañas. El poema se sitúa en una relación tensa y contrapuesta frente a los valores romanos básicos de la época. Ésos valores incluían la piedad, la disciplina militar, el gusto por los espectáculos públicos violentos, el orgullo cívico, la toma del botín y el deseo de una fama personal que sobreviviese a la breve existencia del individuo. Lucrecio alude al menos a algunos de ellos en la extravagante alabanza de su héroe, el filósofo griego Epicuro (341-270 a.C.), que, desafiando valerosamente el "cielo con su amenazante bramido" (1:68), ha proporcionado grandes beneficios a la humanidad y merece que se le considere un dios por haber vencido monstruos más temibles que los sojuzgados por Hércules. Pero ésos frutos y ésos monstruos no son en realidad lo que imaginaban ordinariamente los romanos, y el poeta deja claro que desprecia casi todos los principios básicos a los que sus contemporáneos rendían homenaje. En su opinión, el culto piadoso a los dioses era un desvarío. Anhelaba la paz, no la conquista militar. Y despreciaba la matanza insensata de animales y el derramamiento de sangre de los gladiadores en el circo. La persecución de riquezas extravagantes, para uno mismo o para la propia ciudad, le parecía una búsqueda descarriada de seguridad, de una seguridad que era imposible alcanzar. Y pensaba que ante el simple e ineludible hecho de la extinción era absurda la búsqueda ambiciosa de fama eterna. Así que tal vez debieran sorprendernos los fragmentos de admiración contemporánea de Lucrecio, en vez del velo de silencio. Por supuesto, en la época en que se inicia el predominio del cristianismo en Roma (después de la conversión del emperador Constantino en el año 312) había desaparecido ya todo rastro de admiración. Puede que los primeros cristianos compartiesen algunas actitudes de Lucrecio. Se negaban a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, menospreciaban la acumulación obsesiva de riquezas y ensalzaban el valor de la paz. Eran también los que tenían más razones para despreciar la violencia del circo. Pero sus motivos subyacentes eran muy distintos de los del poeta pagano. Los cristianos soñaban con una vida posterior (un reino de castigos y recompensas) y adoraban a un Dios creador todopoderoso cuya existencia Lucrecio negaba categóricamente. Ésa es la razón de que las alusiones a Lucrecio en la antigüedad tardía fueran muy pocas, muy distantes entre sí y en general, hostiles. Y de que debamos aplicar muchos granos de sal al único esbozo biográfico que sobrevive, una breve nota de San Jerónimo (c. 340-420), padre de la iglesia, en la entrada correspondiente al año 94 a.C. de una crónica: "Nace Tito Lucrecio, poeta. Después de que un filtro amoroso le hubiese vuelto loco, y hubiese escrito en los intervalos de su locura varios libros que Cicerón revisó, se quitó la vida a los 44 años". Las fechas que proporciona Jerónimo deben ser correctas, pero sería precipitado creer que lo demás que dice no sea una polémica ligeramente disfrazada. En la época de Jerónimo, el poema de Lucrecio se hallaba ya en proceso de ser silenciado, junto con muchas otras voces del mundo clásico: "En los siglos que siguieron, se aceleró ése silencio general, a medida que la guerra, el caos, la interrupción del comercio, la reducción del sistema educativo, las invasiones bárbaras y la indiferencia o la hostilidad de las autoridades cristianas hacia la cultura pagana fueron afectando negativamente a un orden social, político e intelectual que ya no podía defenderse. La escuela filosófica que defendió Lucrecio, el epicureísmo, resultó particularmente afectada. Había ocupado en tiempos romanos un puesto importante en los debates filosóficos, pero sus seguidores romanos, aparte de Lucrecio, representados en varios diálogos de Cicerón, habían caído en el olvido. Todas las obras de los iniciadores de ésa escuela, Demócrito y Leucipo, se habían perdido, lo mismo que, con pocas excepciones, las del maestro principal, Epicuro. Con ésas desapariciones, De Rerum Natura de Lucrecio se convirtió en la articulación más completa y matizada de una tradición filosófica importante en el pasado pero ya prácticamente olvidada. Durante la Edad Media afloraron esporádicamente indicios de la existencia continuada del poema; lo más interesante quizá sean las diversas citas que figuran en la obra del notable obispo y erudito Isidoro de Sevilla (c. 560-636), pero su presencia era tan fugaz que parecía también destinado a desaparecer. Es posible que sobreviviese sólo una copia del poema, realizada en el norte de Italia después del siglo VII, copia que parece ser copiada a su vez dos veces en el siglo IX. Un incendio, un acto de vandalismo casual, o un acto deliberado de represión habrían bastado para sepultarlo definitivamente, y sepultar con él toda una visión del universo. Pero lo cierto es que el poema sobrevivió y en 1417, de una forma completamente inesperada, volvió a circular. La persona responsable de ése retorno fue Poggio Bracciolini (1380-1459), humanista italiano y burócrata papal. Poggio era un hombre insólito, perspicaz, fascinante incluso (el cazador de libros más grande de una época obsesionada con la búsqueda de rastros textuales del pasado clásico), pero no era un gigante intelectual. Fue el agente por medio del cual sucedió algo importante. Es decir, fue un "porteador". No existe ninguna prueba de que él mismo comprendiera plenamente la importancia del poema que había localizado en una biblioteca monástica de Alemania, ni tampoco parece que lo hiciesen sus contemporáneos" (Greenblatt, pp. 7, 8, 9). No podemos estar seguros, claro, porque hemos de tener en cuenta que zambullirse demasiado profunda o entusiásticamente en el contenido del poema de Lucrecio podría haber resultado peligroso. El poema volvía a poner en circulación una serie de ideas que eran anatema para los cristianos biempensantes de la época y que, incluso ahora, tras una considerable reivindicación científica, siguen siendo sumamente polémicas. El universo, afirmaba Lucrecio, consiste en átomos y vacío y nada más (El término "átomo" viene del griego y significa "lo que no se puede dividir", pero Lucrecio por su parte utilizaba palabras latinas como "primeras cosas" y "las semillas de las cosas"). Éstas partículas elementales son invisibles, pero son puramente materiales, es decir, no hay fuerzas espirituales misteriosas operando en el mundo. Los átomos, infinitos en número aunque finitos en su variedad de formas, son eternos. Las formas particulares surgen y desaparecen, pero el material del que ésas formas están hechas perduran eternamente. Aparte de los propios átomos, nada se mantiene invariable e inalterable, pues todo, incluso los objetos que parecen perfectamente fijados e inamovibles, consisten en materia que está en constante movimiento. A menudo no podemos detectar el movimiento, lo mismo que no podemos ver los átomos por nosotros mismos, pero el movimiento existe de todos modos y se puede intuir si uno mira las motas de polvo que bailan en un rayo de luz. Y por supuesto el atomismo era hasta entonces muy recientemente sólo una teoría, una hipótesis brillante sin ninguna constatación empírica. ¿Por qué ésta teoría tendría que haber resultado perturbadora? Después de todo, el universo tiene que estar hecho de algo, y la gente podía ver por sí misma que parecía haber partículas asombrosamente pequeñas que debían de estar compuestas a su vez de otras aún más pequeñas. La respuesta es que Lucrecio, siguiendo a Epicuro, argumentaba que un universo consistente en un número infinito de partículas eternas e invisibles en constante movimiento no tenía ninguna necesidad de un creador y ninguna necesidad de un diseñador. Los dioses pueden existir (Lucrecio parece pensar que existen) pero no tienen nada que ver con cómo son las cosas. La propia naturaleza experimenta sin cesar. Lo único que hace falta es un desvío mínimo (la palabra latina de Lucrecio es clinamen) que haga que los átomos choquen entre sí. La mayoría de éstos choques no dejarán rastro, pero a lo largo de la extensión inconcebible de tiempo infinito, todo lo que vemos (y mucho más, pues el universo es más vasto de lo que nosotros podemos llegar a captar) llega a ser. Es difícil imaginar algo más ajeno a la gran historia de la creación que se cuenta en el Génesis y que se repite al principio del Evangelio de San Juan. Y Lucrecio en su cosmogonía sólo ha empezado a extraer las implicaciones de la teoría. El universo no fue creado para los humanos, argumenta, ni tiene nuestro destino como especie un significado excepcional. Llegamos a la existencia igual que llegaron todas las demás cosas, como consecuencia de una vasta cadena de experimentos casuales. Aquellos seres formados en tales experimentos que son capaces de adaptarse al entorno, de encontrar con qué alimentarse y de reproducirse continuaran existiendo como especies durante un cierto período de tiempo, hasta que cambios en el entorno o su propia estupidez conduzcan a su extinción. Antes de que nosotros llegásemos a existir hubo otras especies en el mundo, y si nuestro mundo perdura habrá otras después de que la nuestra deje de existir. Nuestra forma particular de ser (nuestra capacidad de hablar, nuestras estructuras características de familia y de comunidad, nuestra tecnología) surgieron como resultado de una evolución lenta, un afloramiento adaptativo a partir de una condición más primitiva. Pero éste afloramiento no es una señal inequívoca de progreso: hay, por el contrario, muchos indicios de que los seres humanos son peligrosamente autodestructivos, a causa sobre todo de nuestra tecnología militar y de nuestra relación agresiva y dilapidadora con el entorno. La autodestructividad se extiende, en opinión de Lucrecio, a nuestra propensión a abrazar las fantasías que proponen las religiones. Asustados por un trueno o un terremoto o una enfermedad, los humanos imaginan característicamente que las desdichas son obras de los dioses, cuando en realidad existen causas naturales de ésos fenómenos, aunque en el estado actual de nuestros conocimientos no podamos determinarlas. Los sacerdotes tientan a los creyentes con sueños de gozos eternos en otra vida como recompensa a la piedad, y les aterran con visiones de castigos eternos. Pero todo éso es un entramado de ilusiones: el alma, como el cuerpo, es una estructura material que se desintegra con la muerte, y no hay por tanto otra vida. La fe religiosa parece superficialmente una forma de esperanza, pero su estructura psicológica subyacente se compone de amenaza y angustia y sus rituales sacrificiales característicos son profundamente crueles. Es mejor pensaba Lucrecio, afrontar la verdad (que sólo tenemos ésta vida, el aquí y el ahora), aceptar los placeres que se nos ofrecen mirar sin temor a la realidad de la muerte y su carácter definitivo. Si el epicureísmo que Lucrecio expuso de forma tan elocuente se hubiese mantenido en circulación más o menos contínua a lo largo de la Edad Media, como muchas de las obras de Aristóteles, los teólogos, eruditos y artistas medievales probablemente hubiesen hallado medios de adaptar las proposiciones básicas epicúreas a su visión cristiana del mundo. Pero, al volver al mundo como lo hizo después de un silencio virtual de más de un milenio, a la mayoría de los lectores cristianos ésa filosofía de Lucrecio les pareció al principio absurda, o demente o malvada. Después de todo se había reincorporado a una cultura virtualmente obsesionada con imágenes de Cristo maltratado y sangrante y de la promesa de un gozo y una condenación eternos. Pero ante los argumentos de Lucrecio, llenos de inteligencia y de pasión, y ante la elocuencia consumada de su poesía, con sus maravillosas metáforas y su dicción sutil, resultaba imposible limitarse a ignorarle. Un pequeño número de personas, al principio en Florencia y luego ya en toda Italia y en otras partes de Europa, mostraron señales de interés, pero tenían que tener cuidado. El gran filósofo florentino del siglo XV, Marsilio Ficino empezó a escribir un comentario, que acabó quemando, claramente alarmado por el territorio peligroso al que le llevaba. Maquiavelo, que hizo laboriosamente una copia de todo el poema, tuvo la prudencia de no mencionar a Lucrecio por el nombre. El hereje dominico Giordano Bruno no fue tan prudente. Profesaba ideas del universo que estaban estrechamente relacionadas con las que había encontrado en De Rerum Natura, por lo que fue denunciado a la Inquisición, detenido y, tras años de cárcel e interrogado implacablemente, quemado en la hoguera en el Campo dei Fiori de Roma en 1600. Pero una vez puesto de nuevo en circulación, y sobre todo tras la llegada de la imprenta, no fue posible ya silenciar el poema de Lucrecio. Las muestras más interesantes de su primera recepción se encuentran en las obras de los pintores, que era menos probable que tuviesen problemas con las autoridades. La Primavera (c. 1482) de Boticelli estaba directamente inspirada en versos de De Rerum Natura, lo mismo que varios cuadros notables sobre la vida del hombre primitivo de Piero di Cosimo: "Michel de Montaigne, en sus Ensayos, halló un medio de saborear y asimilar a Lucrecio (al que cita docenas de veces) sin desafiar de forma directa la ortodoxia católica que él profesaba. Montaigne abrió el camino a la ambiciosa tentativa del sacerdote y matemático católico del siglo XVII Pierre Gasendi de conciliar el epicureísmo con la fe cristiana. Pero a finales de ése siglo surgieron voces que reflejaban una motivación menos piadosa. El atomismo de Lucrecio había interesado ya a Galileo y, pese a los ataques de los jesuitas y de otros defensores de la ortodoxia, fue resultando cada vez más convincente como teoría científica. En el lejano extremo de la compleja cadena de la especulación física que la filosofía antigua había puesto en marcha se halla Isaac Newton, y más allá de Newton, Einstein. Y también las ideas de Lucrecio sobre la psicología y la evolución humanas acabaron hallando su camino, por rutas tortuosas, en el pensamiento de Darwin, Freud y Marx. Lucrecio comprendió que a algunos de sus lectores su mensaje les parecería amargo (y se desvía de su camino para concluir el poema con una descripción aterradora de la peste de Atenas), pero su propósito global era terapéutico. Hay muchos objetivos falsos, muchos modos de perder el tiempo del que disponemos por el extraño y maravilloso accidente de nuestra existencia. En realidad, el objetivo más elevado para un ser humano es el mismo que el de cualquier otra criatura vida: la búsqueda del placer. En ésa búsqueda también hay ilusiones engañosas, entre las que se incluyen las fantasías obsesivas tejidas en torno a los gozos naturales de las relaciones sexuales. Lucrecio analiza éstas fantasías en un pasaje famoso y deplora el sueño engañoso de una penetración absoluta. Pero no repudia la búsqueda del placer, incluido el sexual. Por el contrario, como deja claro en el inicio mismo de su gran poema, utiliza como figura metafórica central de toda su obra a la diosa que une a todas las criaturas vivas de éste mundo en el deseo apasionado y en el simple y valioso placer de la propia existencia" (Greenblatt, pp. 13, 14).

Yas ©

La filosofía de la virtud.

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Tanto el estoicismo como el epicureísmo pueden leerse como respuestas apolíticas a la decadencia de la polis o a la incertidumbre general y a la turbulencia de la época. Si bien en el estoicismo hubo espacio, sobre todo en su forma romana posterior, para el deber cívico y el activismo político, éstas dos escuelas helenísticas no situaron la felicidad humana en la polis, sino en los recursos internos del individuo. La fundación de la escuela estoica se atribuye a Zenón de Citio (333-264 a.C.), pero la Estoa sufriría toda una serie de cambios tan significativos después de su fundación que la escuela estoica suele dividirse en tres períodos: la Estoa Antigua, la Estoa Media y la Estoa Tardía o estoicismo romano. De los primeros períodos no se conservan más que algunos fragmentos, y las únicas obras completas que tenemos fueron las que se escribieron durante la última fase romana: las obras de Séneca (4 a.C.-65 d.C.), de Epícteto (h. 55-135) y las meditaciones del emperador Marco Aurelio (121-180 d.C.), que en amplia medida están dedicadas a la ética. Sólo a partir de fragmentos o de la reconstrucción llevada a cabo por pensadores posteriores, podemos recomponer algo que se asemeja a una descripción coherente de las ideas cosmológicas y epistemológicas de los primeros estoicos. Lo que se puede decir, con cierto grado de certeza, es que, a medida en que la época helenística se adentró en la época de la Roma imperial y los filósofos empezaron a responder a las necesidades de las élites romanas, en la filosofía estoica ocurrieron una serie de cambios significativos. Uno de ellos, bastante importante, tuvo lugar en algún momento de la época que transcurrió desde Zenón hasta los filósofos de la Estoa Media como Panecio de Rodas (185/180-110/108 a.C.) y Posidonio (135-51 a.C.), quienes, aunque eran de origen griego, pasaron cierto tiempo en Roma, mantuvieron buenas relaciones con las élites de ésa ciudad y fueron defensores del poder imperial. El estoicismo, al igual que el epicureísmo, básicamente se ocupó de la ética y del bienestar del individuo. El dominio de sí, incluso la renuncia completa a sí mismo, que relacionamos con el "estoicismo", la aspiración a eliminar las pasiones que son causa de la desdicha y el sufrimiento de los hombres, y el acento puesto en los bienes internos del alma, parecen ser otras tantas razones a favor de un retiro completo de la vida política. Si bien la vida cívica desempeñó un papel importante en la filosofía ética del estoicismo (al menos en algunas de sus formas), su cosmopolitismo, con el acento puesto en los vínculos universales de la humanidad frente a todas las peculiaridades sociales y políticas, puede ser calificado de apolítico. La obra política más importante que se conoce del primer estoicismo es la República, de Zenón, que sólo es posible reconstruir a partir de los comentarios que dejaron sus críticos y sucesores. Zenón nació en la colonia griega de Citio, en la isla de Chipre. Era hijo de un comerciante, y parece que él también se dedicó al comercio hasta que, después de estudiar con Crates, filósofo de la escuela cínica, fundó la suya propia: la Estoa, cuyo nombre evoca la Stoa Pikile, el pórtico pintado de la antigua ágora de Atenas donde Zenón enseñaba. En su República, describe una polis ideal, que carecía de las instituciones que eran familiares a la ciudad-estado-real, tales como los tribunales de justicia, las escuelas, los templos, la propiedad y el dinero, y cuya cohesión solamente se apoyaba en las relaciones de armonía entre individuos virtuosos. Dejando a un lado lo que Zenón hubiera pretendido o no en éste diálogo político, hay preguntas más fundamentales que plantear sobre la epistemología, la psicología y la cosmología estoicas. Y si bien sus consecuencias políticas no son evidentes por sí mismas, podemos tratar de sondearlas. En el corazón de la doctrina estoica se halla la noción de logos, la razón universal de un orden cósmico divino, el principio dinámico en la naturaleza material. El universo estoico es completamente unitario. En marcado contraste con el dualismo platónico de los mundos sensible e inteligible, de lo racional e irracional, del cuerpo y del intelecto, en la filosofía estoica, al menos en su forma originaria, no existe una división entre espíritu y materia. El espíritu impregna todas las cosas materiales y, al igual que el universo, se halla unido por el principio dinámico de la razón cósmica, el logos, que a la vez mueve el universo y lo mantiene unido. La razón humana participa de éste logos universal. Desde un punto de vista epistemológico, ésto significa que la sensación y la percepción humana (cuyos contactos con la realidad son directos) no son fuentes imperfectas de opinión, que deban distinguirse del conocimiento verdadero al que se accede sólo a través de la razón, sino fundamentos fiables del conocimiento. Asimismo, significa que, como en la psicología estoica no hay una escisión entre el espíritu y el cuerpo, su filosofía se aparta radicalmente de los principios que sustentaban la división fundamental platónica entre los elementos gobernante y gobernado. Las consecuencias éticas de éste monismo estoico son aún más significativas, aunque no resultan del todo inequívocas. Si bien todos los seres vivos y objetos inanimados pertenecen al orden cósmico racional, sólo los seres humanos poseen la capacidad racional para comprenderlo. Al mismo tiempo, y por la misma razón, el estoicismo sugiere que los seres humanos son capaces de actuar en oposición al logos, es decir, de una manera que no es racional. En ése sentido, los hombres tienen la libertad para elegir o para repudiar la virtud. La preconización de una ley natural que se aplica a todos los seres humanos, y la noción de una comunidad humana universal, puede entenderse de maneras diferentes, con efectos morales o políticos también distintos. La idea de una comunidad universal, sujeta a una ley universal, podría interpretarse como una exhortación a la compasión universal, pero, asimismo, cabría la posibilidad de que también sustentara una severa rigidez moral. Puede suscribir principios profundamente igualitarios, pero, tal y como hemos visto, también puede ser utilizada para justificar el imperio. La idea de una igualdad natural trascendente, que atribuye a todos los seres humanos un logos común, puede utilizarse para suscribir la igualdad social y política, incluso la igualdad de las mujeres y la repudiación de la esclavitud. Pero también puede servir de pretexto para aceptar la desigualdad en el mundo material, al tiempo que se relega la igualdad a un reino superior, dejando intactas, así, las jerarquías sociales y políticas existentes. Sin lugar a dudas, éste fue el efecto que tuvo la influencia estoica en Roma y en la teoría política de Cicerón, aunque también se abrió camino en el cristianismo. Tal vez conseguiremos tener una apreciación más profunda de las consecuencias políticas de la doctrina estoica si consideramos la procedencia de su filosofía tal como los propios pensadores estoicos la percibían. En su rechazo del dualismo platónico y aristotélico, los estoicos se propusieron volver a los pensadores presocráticos y, en particular, a Heráclito de Éfeso (535-475 a.C.). Heráclito fue el primer pensador conocido que dio un significado metafísico a la palabra logos, un término cuyos sentidos son muy amplios y que habitualmente se utilizaba para denotar cualquier cosa, desde la palabra escrita o proferida hasta un pensamiento o una opinión… Además, a Heráclito se le atribuye también el mérito de haber sido el primer filósofo conocido que utilizó la palabra cosmos para designar el orden del mundo. Los fragmentos que se conservan de su pensamiento siguen siendo polémicos, y los comentaristas no se ponen de acuerdo sobre si el logos universal que daba orden al cosmos tenía, para el filósofo, consecuencias epistemológicas como después las tuvo para los estoicos. En éste sentido, es significativo el hecho de que el término con el que en griego se designa la palabra, el pensamiento o la razón humana también se usara para referirse al principio universal del orden cósmico. Es razonable suponer que si el logos representaba tanto al orden cósmico como a la inteligencia humana, éso incide de algún modo en las posibilidades del conocimiento humano. Sin embargo, es posible que los estoicos sacaran éstas consecuencias epistemológicas motivados por sus propios propósitos: "Es poco probable que Heráclito, quien en más de una ocasión expresó el desprecio que le inspiraba la multitud ignorante, aceptara las consecuencias igualitarias de la psicología estoica. El logos heraclitiano era, sin duda, aquel que era común, pero el problema de la mayoría de los seres humanos, según el pensador jonio, era que vivía inmersa en la ignorancia de lo que era realmente común, como si viviera en función de su saber privado. Es posible que los estoicos, en su oposición a las doctrinas platónicas, recurriesen a la autoridad de Heráclito no porque quisieran recrear fielmente sus puntos de vista, sino, precisamente, por las objeciones que Platón habría hecho al gran filósofo presocrático. ¿Qué podemos aprender, entonces, de las objeciones de Platón? En primer lugar, que atañen a dos ideas que ocupan un lugar central en la filosofía de Heráclito y que están relacionadas entre sí: que todo está en continuo movimiento (de modo que, si bien el cosmos está sujeto a la ley, su principio operativo es una ley de cambio) y que el orden cósmico universal está constituido por opuestos en tensión, por una armonía de opuestos, de modo que la discordia y la guerra constituyen el principio universal de la naturaleza. La concepción que Heráclito tenía del cosmos, según Platón, no dejaba espacio para la dicotomía entre el cambio constante del devenir y la permanencia del ser, o para la distinción esencial entre conocimiento y opinión, y los dos niveles de realidad que le corresponden. Ésta crítica también aplica al empirismo epicúreo y estoico: la vida y la muerte son ilusiones de la materia. Platón tampoco habría aprobado las severas críticas de Heráclito a Pitágoras. Para Heráclito, Pitágoras representaba, precisamente, la idea de la paz y la armonía cósmicas a la que él se oponía; para Platón, el mundo bien ordenado, inmóvil, del ser verdadero. Aristóteles (que no podía tolerar que Heráclito hubiese quebrantado el principio de no contradicción: la unidad de los opuestos que sugería al afirmar que las cosas, inmersas en el devenir, era al mismo tiempo lo mismo y lo otro) sugirió incluso que Platón había ideado la concepción de las Formas absolutas como una reacción ante el mundo inescrutable que, tal como Platón lo veía, se seguía de las ideas de Heráclito" (Meiksins Wood, pp. 146, 147). Si bien es importante en tiempos convulsos y turbulentos, y sin duda brinda esperanzas a personas desoladas, las principales objeciones de la filosofía de la virtud son epistemológicas: A) Los primeros estoicos rechazaron el dualismo que impregnaba la cosmología, la psicología y la epistemología de sus grandes predecesores, Platón y Aristóteles. Mientras la escuela epicúrea sostiene que lo único que existe son los átomos y el vacío infinito, el estoicismo griego a través del monismo sostiene que no existe una división entre espíritu y materia. El espíritu impregna todas las cosas materiales. B) El monismo cosmológico, psicológico y epistemológico de la filosofía estoica originaria podría interpretarse como otra doctrina ultramundana sin consecuencias prácticas para la vida social cotidiana. C) La doctrina del logos que todo lo impregna podía tener consecuencias igualitarias. El principio de que, en éste cosmos unitario, la virtud es una unidad, y que los seres humanos, que participan todos del divino logos, son libres e iguales, sin duda fue utilizada para apoyar el argumento de que la esclavitud es contraria a la naturaleza, como lo es la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero a también a través del logos es posible justificar la dominación y la subordinación, las desigualdades de clase y de condición o la relación entre gobernantes y gobernados, incluso frente a la igualdad natural. D) Aunque los seres humanos tienen la capacidad racional para comprender el orden cósmico racional, no significa que lo hagan. Los seres humanos son capaces de actuar en oposición al logos racional e incluso de repudiar la virtud. E) La epistemología epicúrea y estoica se adapta a la comunidad universal de igualdad y hermandad con todas sus contradicciones: ¡los derechos humanos! Tanto el estoicismo como el epicureísmo tienen principios universalistas cosmopolitas que tienen consecuencias igualitarias y antiesclavistas, pero sus principales objeciones son las contradicciones epistemológicas de un régimen imperial de propiedad privada esclavista. El estoicismo romano al adoptar el dualismo platónico libra las contradicciones. Sólo donde el alma gobierna sobre el cuerpo es posible la esclavitud y la libertad. Por encima de los seres humanos se encontraban seres de puro espíritu en el universo, con poderes de mayor o menor magnitud y, por debajo, los animales que encarnaban la materia pura. El ser humano era el único que combinaba un cuerpo físico y un espíritu racional. En los seres humanos superiores el espíritu gobernaba el cuerpo, en los seres humanos inferiores el cuerpo gobernaba al espíritu y la esclavitud sólo oficializaba su irracionalidad. Estoy de acuerdo con la concepción romana, las personas que no se gobiernan a sí mismas en ningún lugar pueden ser libres. Los romanos no se preocupaban por la esclavitud porque era un tema moral resuelto, el mundo de las apariencias es una prisión de los sentidos y aquellos cuya mente era gobernada por su cuerpo eran esclavos. En la filosofía romana, la topografía de un mundo social modelado por un régimen peculiar de propiedad es particularmente visible en el estoicismo. En general, la transformación más evidente fue la disminución del interés por las cuestiones cosmológicas, psicológicas o epistemológicas y una creciente preocupación circunscrita a la ética. Pero antes de que el estoicismo pasara a ser verdaderamente romano, ya se habían producido distanciamientos de las doctrinas de los primeros estoicos e incluso de sus fundamentos cosmológicos y psicológicos. Posidonio de Apameia (135-51 a.C.) que fue el filósofo con que Cicerón estudió, no sólo modificó la doctrina ética estoica, sino que puso en duda el monismo psicológico y cosmológico que subyacía a la política y la ética del estoicismo; y hay pruebas que sugieren que lo mismo podría decirse del que fuera el maestro de Posidonio, Panecio de Rodas (h. 185-109 a.C.), que fue el primero en llevar el estoicismo a Roma y cuya influencia en Cicerón fue notable. En sus manos, el estoicismo se convirtió en una filosofía más acorde con los intereses de la clase dirigente romana. Si bien la primera doctrina estoica podría interpretarse como una puesta en tela de juicio de la esclavitud, del imperio y, tal vez incluso, de la propiedad misma, ésta fase "media" del estoicismo proporcionó, en cambio, los recursos filosóficos para defenderlos. Pero aunque no lo lograra, las modificaciones en la ética hicieron que el estoicismo fuera más adaptable a los valores de las élites romanas. Panecio llegó a Roma durante la época republicana tardía, después de haber estudiado con los filósofos estoicos en Grecia, donde había trabado relación con el general romano Publio Cornelio Escipión el Joven, que estudiaba también la filosofía de la Estoa. Con el tiempo, regresaría a Grecia para dirigir la Estoa de Atenas, pero mientras permaneció en Roma, siempre estuvo próximo a Escipión el Joven y presentó la ética estoica al círculo de Escipión que estaba integrado por aristócratas conservadores con inclinaciones intelectuales, que desempeñaron un papel de primer orden en la diseminación de las ideas de Panecio. La enseñanzas de Panecio resultaban especialmente atractivas para éste tipo de hombres, pues adaptaban la doctrina ética del estoicismo a las virtudes particulares que más apreciaban en sus aspiraciones de honor y gloria, dado que hacían especial hincapié "en virtudes activas como la grandeza de ánimo, o la magnanimidad, la generosidad o la liberalidad, el decoro y la propiedad, así como en el vigor y la laboriosidad, en contraposición al tradicional énfasis estoico en la fortaleza de ánimo y la justicia". De una manera más fundamental, Panecio alivió la rigidez de la ética estoica, haciendo que la doctrina fuera más adaptable a las ambigüedades éticas y los compromisos con los que se encontraba regularmente la aristocracia romana, en un mundo constituido no por sabios, sino por gente común y corriente. Asimismo, concedió una importancia mayor a los bienes menores, que no estaban a la altura de los elevados ideales estoicos. El estoicismo siempre había tenido en cuenta una distinción entre los bienes morales y los bienes que, desde un punto de vista moral, eran indiferentes pero podían ser valorados según su orden de preferencia sobre la base de otras razones. La riqueza material era un ejemplo característico de un bien que, desde un punto de vista moral, era indiferente y, pese a ello, un bien preferible. Éstos bienes secundarios eran los que, ahora, recibían una condición más elevada de la que los estoicos de la Estoa antigua les habían concedido. La justicia, en ésta manera de entender las cosas, tenía que ver más con la legalidad positiva que con las leyes morales superiores, como cabría esperar en una sociedad tan imbuida de legalismo. Ésto significaba que los estrictos principios morales debían dar paso a las prácticas romanas existentes, a las exigencias de los contratos y de la vida cotidiana en los negocios y la política, siempre y cuando se mantuvieran dentro de la ley. Pero una vez que ésta noción legalista hubo sustituido a la antigua concepción estoica de una justicia universal y absoluta que se hallaba por encima de la ley hecha por el hombre, era posible atemperar la justicia legal complementándola con principios morales de igualdad menos exaltados. Ésto tuvo importantes consecuencias para algunas de las controversias políticas más importantes de Roma. El papel de los Escipiones en Roma ilustra nítidamente la importancia política que tuvieron éstos cambios realizados en la filosofía estoica. En el año 134 a.C., Tiberio Sempronio Graco, primo de Escipión Emiliano el Joven, también un victorioso general, fue elegido para desempeñar durante el año siguiente el cargo de tribuno de la plebe. Con la ayuda de su hermano, Cayo, propuso una ley agraria radical cuya finalidad era redistribuir las tierras públicas en beneficio de los campesinos empobrecidos. La oposición que suscitaron las reformas de los Graco estuvo dirigida por su primo Escipión Emiliano el Joven. En medio de la hostilidad que levantó entre la aristocracia romana el tribunado de Tiberio, el tribuno fue asesinado en una refriega por los senadores que seguían las órdenes de Publio Escipión Nasica, miembro de otra rama de los gens de los Escipiones. En los debates que rodearon a la ley agraria de Tiberio, ambas partes quizá recurrieron a los principios estoicos. La revolución espartana, anterior en el tiempo, con su programa radical de redistribución de la tierra y cancelación de la deuda, había incorporado las ideas igualitarias del estoicismo antiguo junto con el principio de que, en un cosmos regulado por un solo logos común, todas las cosas eran fundamentalmente comunes. Puede que éstas ideas también inspiraran a Tiberio Graco. Pero tras la revolución espartana, la modificación de los principios estoicos (obra, en especial de Panecio) había debilitado la amenaza que suponían para la propiedad. Si las reformas de los Graco pueden defenderse con ideas estoicas sobre la igualdad, la justicia social y el principio de comunidad, la oposición a ésas reformas podía acogerse, y así lo hizo, al estoicismo modificado, que identificaba la justicia con la ley existente pero atemperaba la ley con nociones de equidad o imparcialidad. En razón de éstos principios estoicos posteriores, ningún criterio superior de justicia universal incidía de manera decisiva en la cuestión de la reforma agraria, mientras que su legalidad, sin duda, era un problema, porque nadie podía ser justo si era contrario a la ley (de igual modo que no puede decirse que sea injusto algo que es conforme a la ley). Es decir, que más allá de la legalidad, también había requisitos de equidad. El hecho de que los pensadores más destacados de Roma invocaran los principios de la equidad no para apoyar, sino para oponerse, a la redistribución de la tierra no deja de ser sorprendente. En De Officiis (De los deberes), una obra que, según el propio testimonio de su autor, fue escrita bajo la influencia de Panecio, Cicerón comenta los daños causados tanto por los espartanos como los Graco como ejemplo de las consecuencias que conlleva quebrantar la equidad en la redistribución de la propiedad. Después de afirmar que "la función distintiva del estado y de la ciudad es garantizar a cada hombre el libre y e imperturbable dominio de su propia propiedad particular". Cicerón pasa a censurar severamente las "ruinosas" medidas que habían adaptado los reformadores agrarios que "suprimen la equidad": "Si tenemos en cuenta las circunstancias históricas en las que la doctrina ética de la Estoa Media arraigó, incluso los intereses sociales específicos a los que servía, podemos admitir, no obstante, que sus consecuencias sociales y políticas no fueron, necesariamente, unilaterales. En éste sentido, la flexibilidad de los rigores estoicos despertó una amplia atracción. Panecio, sin embargo, no se limitó a mitigar las exigencias de la ética estoica. Las pruebas que se han conservado hasta nuestros días apuntan a que, por ejemplo, aceptaba la esclavitud de un modo que, en cambio, sus predecesores no lo habían hecho. Era algo que cabía esperar de una doctrina ética que favorecía el acomodo a las prácticas normales de Roma, pese a que distaran mucho de ser ideales. Pero también hay pruebas de un cambio más fundamental en la psicología y la cosmología destinado a proporcionar un fundamento filosófico a la defensa de la jerarquía social e, incluso, de la esclavitud. Al dividir el alma entre una razón que controla y unos apetitos subordinados a ella, Panecio revivió el antiguo dualismo que habían sustentado las filosofías jerárquicas de Platón y Aristóteles. En cuanto a la esclavitud, era posible afirmar de nuevo, tal como lo había hecho Platón, que la subordinación de algunos hombres a otros era tan buena para ambos si concordaba con el principio del control racional de los elementos más bajos. Era posible, sostener, tal como Aristóteles lo había hecho, que la esclavitud era buena para ambas partes de la relación, dado que aquellos que eran aptos para obedecer sólo podían beneficiarse del sometimiento a un amo superior. Doctrinas similares fueron aplicadas a la defensa del imperialismo romano. Si bien no queda claro si Panecio elaboró ése argumento, Cicerón, en su De la República, lo despliega, en cambio, con el propósito de justificar tanto la esclavitud como el imperio" (Meiksins Wood, pp. 171, 172). 

Yas ©

 La ciencia de la muerte.

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Ricardo Jiménez Aboitis en "¿De la muerte (de)negada a la muerte reivindicada? Análisis de la muerte en la sociedad española actual" (UNIVERSIDAD DE VALLADOLID, 2012), detecta que en su análisis del epicureísmo como precursor del pensamiento científico moderno, y en especial de los teóricos de la Biología, Carse (1987:53-78) resalta una serie de presupuestos similares entre ambos que pueden ser tomados inicialmente como referentes de fondo a la hora de examinar la "manera biológica" del pensamiento sobre la vida y la muerte: A) asunción del principio de que "nada nace de la nada", de lo contrario el universo sería caótico y podría dejar de existir en cualquier momento; B) rechazo de cualquier tipo de discontinuidad dentro de la naturaleza física del universo, aunque los átomos que la componen tienen un comportamiento impredecible y son los que introducen la variabilidad en el universo material; C) visión del universo en la que aparece la vida sin necesidad de recurrir a explicaciones sobrenaturales; D) la vida es accidental, apareció por azar, no existe por una razón determinada, no tiene fin alguno; E) el agente de la muerte no es algo externo a la materia, que la dirija de una forma u otra, es la naturaleza misma de la materia, y; F) la muerte sólo puede consistir en la dispersión y redistribución de los "átomos" que han compuesto el organismo, todos ellos continúan indefinidamente. A éste marco de fondo cabe añadirle, siguiendo a Monod (1970), que todo fenómeno está sujeto simultáneamente al ciego azar y a la necesidad, y que la diferencia entre la vida y lo inerte arranca por puro azar, originándose unos organismos que se autoconstruyen, "máquinas químicas", con la propiedad (necesidad) de reproducirse, incorporando en ése proceso nuevos efectos del azar. El extraordinario desarrollo de las ciencias de la vida durante la segunda mitad del siglo XX ha permitido incrementar además el conocimiento sobre la biología de la muerte. Así, la investigación teórica y experimental sobre la biología del envejecimiento, por ejemplo en la búsqueda y control de los genes cuya "expresión" aboca al deterioro de los cuerpos, ha favorecido indirectamente una mejor comprensión de los procesos biológicos que llevan a la extinción de aquéllos. La gran complejidad de la biología de la muerte determina que el conocimiento sobre la misma sea aún "frágil" y presente numerosos puntos de controversia. No obstante, en los últimos años la discusión de alguno de ésos puntos se ha ido perfilando hasta alcanzar un consenso tan amplio sobre determinados procesos que prácticamente son asumidos por unanimidad en el ámbito de la Biología (Klarsfeld y Revah, 2002). En su análisis de la Biología de la muerte éstos dos neurobiólogos realizan un repaso histórico, desde el siglo XIX hasta hoy, de las principales aportaciones teóricas y experimentales sobre ése proceso. A efectos del presente trabajo resulta especialmente significativo mencionar, con el objetivo de explicitar la construcción social subyacente, por un lado, algunos de los condicionantes histórico-estructurales e ideológicos que han mediatizado la evolución del conocimiento científico de la biología de la muerte; por otro lado, procede subrayar algunas de las escasas "certezas" que según éstos autores son asumidas mayoritariamente por la comunidad científica biológica en la actualidad y, sobre la base de las mismas, describir las principales aportaciones teóricas de ésa rama de la ciencia sobre el por qué de la muerte. En lo relativo al primero de los ámbitos, el contexto estructural e ideológico en el que se produce el conocimiento sobre la naturaleza de la muerte, Klarsfeld y Revah (2002: 228-241) resaltan dos tipos de obstáculos que han frenado el desarrollo del mismo. El primer tipo corresponde a los obstáculos conceptuales ligados tanto a que la muerte es la materia de estudio que entraña mayor carga afectiva, lo que ha retardado su consideración como objeto de análisis favoreciendo la ignorancia científica sobre "un fantasma al que no nos atrevemos a mirar la cara", como sobre todo a la necesidad de obtener respuestas con "sentido" (un por qué) con que desde la sociedad se demanda continuamente a la ciencia, ya que, como apuntó Monod (1970), el ser humano piensa inevitablemente en términos de fines y proyectos. Afrontado desde finales del siglo XIX el primero de éstos obstáculos conceptuales, la superación del segundo ha requerido sin embargo un "esfuerzo inmenso" dado que la aprehensión que provoca la muerte, la toma de conciencia íntima sobre ella, es, como se ha señalado, uno de los pilares esenciales sobre los que se asienta la brecha antropológica de la que despega la humanización. De ésta forma, la investigación sobre materia tan sensible ha tenido que hacer frente en mayor medida aún a lo apuntado de forma genérica por Bachelard: "Ante lo real, lo que creemos saber claramente ofusca lo que deberíamos saber". Según Klarsfeld y Revah (2002: 14 y 239), la necesidad, tanto individual como social, de dotar de un sentido a la muerte no sólo ha frenado históricamente la construcción de unos cimientos intelectuales objetivos con los que mirar la realidad del proceso biológico del morir y la muerte. Por el contrario, lejos de facilitarse ésa reflexión positivista rigurosa, evitando toda tentación moralizadora, se han dispuestos los elementos científicos, incluidas las propias prácticas científicas de recopilación de datos, "al servicio de una conclusión a menudo reconfortante y las más de las veces preestablecida", buscando más justificaciones que explicaciones, e ignorando o rechazando las aportaciones más modernas de las teorías evolucionistas. A modo de ejemplos, Klarsfeld y Revah (2002:236-237) señalan que ése esfuerzo por dar sentido a la muerte, obviando las últimas aportaciones de la biología, se hace diáfano al revisar los trabajos de reputados científicos sociales, pero sobre todo de eminentes representantes de las ciencias de la vida. Entre éstos últimos citan al Premio Nobel de Medicina en 1965, François Jacob, quien escribía que la muerte es una "condición necesaria para la posibilidad en sí de una evolución…, como una necesidad impuesta, desde el huevo, por el propio programa genético… (para permitir) la desaparición de la generación que ha cumplido su función en la reproducción". Asimismo mencionan al biólogo M. Marois, presidente entre 1971 y 1987 de la "Société de Thanatologie", para quien "la muerte encuentra su lugar en la economía de la vida: está al servicio de la vida al darle nuevas oportunidades para nuevas pruebas y nuevas expresiones del protoplasma". Más ilustrativas aún de ésa mezcla teológica entre biología y moral son las conclusiones expuestas en 1975 por O. Thibalut: "la muerte, que nos parece tan atroz y tan intolerable, es, no obstante, vista desde la escala de la Evolución, una novedad, una ventaja selectiva y, en cierto modo, un "avance" (…) la muerte de los individuos garantiza no sólo la perennidad de la especie, sino su rejuvenecimiento; por lo que no sólo es una necesidad, sino también un bien. Y, al menos en ésto, encontramos un sentido biológico a la muerte (ajeno a todo sentido metafísico), sin el cual es evidente que la muerte no sería más que un verdadero escándalo". Superar desde la perspectiva de la Biología ésta ofuscación conceptual obliga a enfrentarse al segundo tipo de escollos: los epistemológicos. Klarsfeld y Revah (2002:229-235) identifican el origen de éstos obstáculos epistemológicos con la experiencia previa "indebidamente sobrevalorada siempre" (también en el caso de la muerte). Concretamente mencionan dos aspectos esenciales que, a su juicio, han perturbado el enfoque científico de la muerte natural. Por un lado, la concepción determinista de la misma como una fatalidad impuesta, involuntaria, sumamente arbitraria, e inevitable. Injusticia última que paradójicamente se percibe en mayor grado aún en las sociedades desarrolladas, dominadas en las relaciones sociales por la individualización y la elevada esperanza de vida, en las que los avances científico-técnicos han generado la ilusión de control sobre la muerte llegando a concebirla como la "última enfermedad por vencer". A ésto se añade, por otro lado, el que a la muerte se la considera un absurdo, "sin duda el más insoportable de todos". La influencia de éstos dos aspectos esenciales se ha manifestado reiteradamente en una serie de "presupuestos implícitos" que han mediatizado hasta hoy toda reflexión, también la reflexión biológica, sobre la muerte natural. Cabe destacar dos de éstos principios: el primero, y más antiguo, es el que afirma que la muerte natural es una característica intrínseca del ser vivo, que se halla inscrita en su propia constitución y, por tanto, le llega desde su interior. En la versión arcaica de éste presupuesto se concebía a la muerte como un castigo divino; en la más moderna, desde el nacimiento de la Termodinámica, se invoca la necesidad del cumplimiento de las leyes físico-químicas. Según éste último planteamiento, la vida orgánica se rige por las mismas leyes que gobiernan al mundo inanimado: "Por ello, y aunque aparentemente la evolución de las especies, cada vez más ordenada, compleja y diferenciada, choca con el Segundo Principio de la Termodinámica, que apunta hacia el aumento de la entropía, la muerte es la disolución inevitable del orden elaborado. Ésta explicación entrópica de la muerte, sin embargo, sólo es válida al ser aplicada a sistemas cerrados pero es insuficiente, como han resaltado diversos autores (Klarsfeld y Revah, 2002: 230; Kirkwood, 2000: 65-67; Hayflick, 1999:335-337) para explicar la muerte de los seres vivos, que son sistemas abiertos por los que fluye constantemente materia y energía, además de ser sistemas inestables afectados por miles de factores ambientales. El segundo presupuesto está claramente relacionado con la necesidad de que la muerte posea un sentido (un por qué) y, por tanto, deba tener una utilidad (un para qué). Sin embargo, como resaltan Klarsfeld y Revah, ésta función oculta de la muerte, real o ficticia, no sería más que una especie de placebo que aporta consuelo y permite soportar una situación en la que se es imponente para satisfacer la necesidad de buscar una razón a la propia existencia. Las interpretaciones del para qué ocurre la muerte han variado con el tiempo y, en concreto, las interpretaciones evolucionistas se centraron inicialmente en las ventajas selectivas que se derivarían de la existencia del envejecimiento y la muerte. Éstos serían, bien procesos que impedirían que la evolución se parara en seco -"teoría del bien de la especie" (Austad, 1998: 70-83)- o bien, mecanismos de control demográfico que permitirían evitar la superpoblación y la destrucción del medio ambiente. Así, desde Darwin hasta la segunda mitad del siglo XX se ha asumido de forma casi generalizada –darwinismo ortodoxo clásico- que la mortalidad individual era una condición necesaria para la perpetuación de la especie ya que la supervivencia de ésta constituía el objetivo principal de la evolución (Olshansky y Carnes, 2001: 63). Las opiniones de Jacob, Marois y Thibalut recogidas arriba serían representativas de ésta perspectiva" (Jiménez Aboitis, pp. 54, 55). Desde la dimensión biológica, la muerte de los seres humanos no difiere, en su esencia, de la del resto de los seres vivos. Los avances científicos, y en especial los provenientes de la Biología, han aportado respuestas cada vez más aquilatadas sobre las razones del porqué de la muerte. Razones que insertan la muerte individual en la evolución por selección natural. De acuerdo con ésta, los seres vivos, sobre todo los más complejos, son mortales no porque estén genéticamente programados para morir, sino porque no están "diseñados" para ser inmortales (Hayflick, 1999: 293). Es decir, los seres vivos son perecederos, y lo que es más significativo, son los propios genes lo que indirectamente "valúan" tal condición (Kirkwood, 2000:77). Ésta característica, la caducidad, es la que hace a los seres vivos vulnerables a la actuación de todo tipo de riesgos –condiciones extremas del medio, depredadores, accidentes-, a las enfermedades y, en última instancia, a ser alcanzados por la muerte. El análisis de la muerte de los organismos vivos resulta insuficiente si no se consideran los procesos que tienen lugar en las entidades vivas autónomas más pequeñas, las células. De tal forma que, antes de abordar cualquier otra cuestión, cabe preguntarse si existe algún tipo de relación entre el ciclo de vida y la muerte celular, y el ciclo de vida y la muerte de un organismo individual cualquiera. A éste respecto, Klarsfeld y Revah (2002: 31-32) resaltan la complejidad de ésas relaciones, mucho más sutiles de lo que hasta hace poco se pensaba. En efecto, si uno de los sentidos de ésa relación es axiomático –la muerte de un organismo conlleva la muerte de sus células, salvo que utilice algunos de sus órganos en trasplantes-, el sentido contrario es cuando menos incierto –la muerte de un organismo "es un fenómeno global que no reside en el funcionamiento autónomo de las células", que pueden morir y/o renovarse continuamente. Superado en la década de 1960 el dogma de la "inmortalidad celular" establecido por Carrel a principios del siglo XX, el descubrimiento en 1959 por Hayflick y Moorhead, del fenómeno conocido como "senescencia celular" abrió las puertas a otras investigaciones en las que se admitía la posibilidad de una muerte celular llegada desde dentro de la propia célula. El desarrollo de ésas investigaciones confirmó la existencia de la misma y hoy en día se admite que, fruto de la evolución de la naturaleza orgánica, existen dos clases distintas de muerte celular: A) La muerte que llega desde el exterior, a la que se conoce como necrosis o citocidio. Es la más antigua desde el punto de vista evolutivo y equivale, en el ámbito celular, a un asesinato: accidental, rápida, no prevista ni preparada, caótica, evitable y "sucia". Ocurre cuando la célula sufre un daño grave por una agresión externa como un golpe u otra circunstancia que le priva de la energía necesaria (falta de alimento, desecación u otras carencias). B) La muerte que llega desde el interior de la propia célula siguiendo instrucciones precisas del propio genoma. Es un tipo de muerte más reciente en términos evolutivos, se la denomina apoptosis o "muerte celular programada": muerte natural, ineludible, serena, "estereotipada", "limpia", que proviene de una "desprogramación programada" inscrita en los complejos mecanismos del ADN. Si en la necrosis las células son agentes pasivos, meros receptores de ataques que alteran y contaminan su entorno, en la apoptosis las células contribuyen activamente a su autodestrucción en lo que constituye un proceso esencial de adaptación para el desarrollo normal de los organismos fruto de una diferenciación primordial de funciones. La inexistencia de una relación directa y esencial entre muerte celular y muerte del organismo no excluye, sin embargo, algo que es fundamental: la existencia de otro tipo de relaciones como son las que derivan de las transformaciones celulares. En efecto, tanto el hecho de que la capacidad de multiplicación de las células de un cuerpo no sea ilimitada, como los cambios que se producen en las mismas antes de dividirse, cada vez más lentos e insuficientes, o la acumulación al azar de errores, sí que se consideran que influyen en el proceso de envejecimiento y muerte del organismo. Y ello no tanto porque exista una relación directa entre ambos procesos, sino por cuanto ésas transformaciones impiden una renovación "ad infinitum" de los tejidos deteriorados. Inevitablemente ésto provoca a su vez un "desgaste irreparable" de los órganos de los que forman parte que, finalmente, hace que el cuerpo entero sea más vulnerable a las enfermedades en la edad madura. ¿Soy epicúreo? Aunque la base del método científico es materialista, la base del universo no es la materia, sino la energía... La luz no es materia ni tiene átomos… Y si le damos el nombre de Dios a todo aquello que da vida, entonces ése Dios es la luz… Alimentadas por la luz solar, las plantas rompen los enlaces de agua y dióxido de carbono, y luego descargan oxígeno al aire. La luz solar desperdigaba todas ésas moléculas de oxígeno transportadas en el aire, provocando así que el cielo se viera azul. Los animales respiraban el oxígeno y alimentaban sus cuerpos con los hidrocarbonos, en una suerte de dependencia excesiva de éstos obsequios fotosintéticos de las plantas. Al morir, las plantas y los animales le devolvían a la tierra el carbono centrifugado por el Sol; una vez ahí, la tremenda cantidad calor, presión y tiempo lo transformaban en carbón, petróleo y gas natural… ¿Quién tiene miedo a la muerte? El canon literario sumerio estaba preocupado por el reconocimiento, la reputación póstuma y la gloria heroica: batallas aterradoras con monstruos, la búsqueda de la vida eterna, extraordinarias hazañas sobrenaturales y el desprecio de la mortalidad. El viaje fallido a la inmortalidad es retratado en el Cuento de Gilgamesh, en la versión paleobabilónica, la tabernera Siduri trata de disuadir al héroe de emprender la travesía del mar de las aguas mortales: "Gilgamesh, ¿hacia dónde corres? La vida que persigues, no la encontrarás. Cuando los dioses crearon la humanidad, le impusieron la muerte; la vida, la retuvieron en sus manos. ¡Tú Gilgamesh, llena tu vientre; día y noche vive alegre; haz de cada día un día de fiesta: diviértete y baila noche y día! Que tus vestidos estén inmaculados, lavada tu cabeza, tú mismo estés siempre bañado. Mira al niño que te tiene de la mano. Que tu esposa goce siempre en tu seno. ¡Tal es el destino de la humanidad!" (Fragmento Meissner MVAG 7/1: VAT 4105, col. III, 1-14). A los 24 años era un joven atleta, pero tuve una ruptura amorosa y empecé a desaparecer: de 86 a 64 kilos en seis meses, recuperados en tres meses con ansiolíticos y antidepresivos. Fue la única vez que los tomé ya que los síntomas fueron muy fuertes con la sensación de muerte generalizada. ¿Pensé que iba a morir? Después de un desfile de médicos de que todo estaba bien, sí. ¡Estaba muriendo a fuerza de ir bien! Así que lo más sensato en ésa situación era prepararme para la muerte. ¿Qué fue lo que hice una vez que la medicación surtió efecto? Recuperar 22 kilos en tres meses a base de dieta y ejercicio, retomar mi vida y casarme con la misma mujer. Años después a mi madre le diagnosticaron cáncer y tuvo que iniciar un tratamiento de radioterapia y quimioterapia. Durante cinco años estuvo bajo mi cuidado y tuve que ver su deterioro hasta depender de un tanque de oxígeno, así que el día en que falleció sabía que estaba descansando después de una larga agonía. Cuando te enteras de una muerte inesperada lo común es llorar, pero después de cinco años de convivir con una persona que está sufriendo aceptas la idea de que la muerte es lo mejor que le puede pasar. Durante el proceso tuve el apoyo de mi esposa, pero tuvo un costo: la separación. Luego llegó el COVID-19 y la psicosis mundial de que todos estaban en peligro de muerte porque había algo en el aire que provocaba falta de oxígeno en la sangre. He experimentado la sensación de muerte con ataques de ansiedad. Pero nada se compara con la sensación de irrealidad y despersonalización de los ataques de pánico: "Has perdido el sueño, ¿qué has sacado? En tus insomnios te has agotado, tus carnes están llenas de ansiedad, haces que tus días se acerquen a su fin… Voy a revelarte, Gilgamesh, algo que se ha mantenido oculto, un secreto de los dioses voy a contarte. Cuando los dioses decidieron desatar el Diluvio, me eligieron a mí para sobrevivir a la destrucción. ¡Derriba tu casa y construye una nave, abandona las riquezas y busca la vida, me dijeron durante un sueño, desprecia toda propiedad y mantén viva el alma!". Así que puedo decir que he experimentado durante mucho tiempo los peores temores a los que puede estar expuesto un ser humano. ¿La solución? ¡La luz solar! Eventualmente acabaremos como las plantas, perderemos agua, nos oxidaremos y tendremos problemas para metabolizar la energía hasta que sea liberada: "El mundo Arcaico fue un lugar desolado y sombrío debajo de un cielo cubierto de neblinas orgánicas parecidas al esmog que se produjeron en medio de las condiciones anóxicas de entonces… Todo indica que el lúgubre reino global de los metanógenos y otros microbios anaeróbicos duró aproximadamente 1000 millones de años. Pudo haber durado más de no ser por la repentina aparición de una nueva forma de vida: las cianobacterias fotosintéticas… Las cianobacterias definitivamente le dieron forma a la subsecuente evolución de toda la vida en la Tierra e incluso definieron el eón final del Precámbrico: el Proterozoico, un período de 2000 millones de años de vida primigenia anterior al Fanerozoico. A diferencia de la vida fotosintética de los 1000 millones de años anteriores al planeta, que hacía uso de la luz solar para obtener energía química del hidrógeno, el azufre, el hierro y varias moléculas orgánicas, las cianobacterias hicieron evolucionar un sendero metabólico para aprovechar la luz solar para dividir el agua, que era una sustancia mucho más abundante y ofrecía más energía química… Su innovación más evidente fue la clorofila, un tipo de moléculas verdes que absorbían la luz más eficientemente que los antiguos pigmentos fotosintéticos que solían ser de color rosa o morado. Después de utilizar la clorofila para canalizar la luz solar hacia el agua, las cianobacterias combinaban el hidrogeno cultivado con CO2 para sintetizar azúcares y expulsar el oxígeno restante. Las cianobacterias también poseían la peculiar capacidad de extraer nitrógeno químicamente inerte del aire para incorporarlo a los ladrillos de construcción bioquímicos del ADN y las proteínas. Como las cianobacterias tenían la capacidad de producir su propio fertilizante, podían florecer donde hubiera agua, CO2 y luz solar, y prácticamente estaban preparadas para conquistar el mundo… De hecho, algunas nuevas razas de procariotas aeróbicos se vengaron de sus conquistadores: sepultaron a las cianobacterias en sus cuerpos como esclavas celulares y, de ésta manera, hicieron su propia fotosíntesis oxigénica. Éste proceso, llamado endosimbiosis, fue lo que dio origen a las primeras eucariotas: células con núcleos neutralizados y estructuras celulares especializadas. Las plantas modernas son verdes porque sus células contienen "cloroplastos" rellenos de clorofila, unas estructuras que difícilmente se pueden distinguir de las cianobacterias. Las células de las plantas y los animales modernos también contienen estructuras cerradas llamadas mitocondrias, que son los componentes celulares que permiten que todas las eucariotas sustraigan energía metabólica del oxígeno para respirar. Los cloroplastos y las mitocondrias portan ADN independiente al de su organismo anfitrión, y con éso confirman que son descendientes cautivos de las procariotas incorporadas a las células eucariotas en la segunda mitad del Proterozoico" (Billings, pp. 181, 182, 184, 185).

Yas ©

La filosofía en el bachillerato.

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La Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE, 1990) sustituyó la Ley de 1970, donde había Filosofía en 3º del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP), tanto en Ciencias como en Letras. Si luego hacía el Curso de Orientación Universitaria (COU), cursaba como obligatoria Historia de la Filosofía. La LOGSE del Partido Socialista Obrero Español (PSOE, 1990) cambió el sistema y el Bachillerato pasó a tener dos años, la Filosofía perdió peso, pues se mantuvo como obligatoria sólo en un curso, 1º. Historia de la Filosofía pasó a ser una materia sólo de estudiantes de Humanidades y Ciencias Sociales. Aquel currículo lo firmaba entonces el ministro Alfredo Pérez Rubalcaba. Cuando llegó el Partido Popular (PP) al Gobierno en 1996 no cambió la ley educativa socialista, pero sí modificó los currículos. En 2000 cambió el currículo de Bachillerato y estableció Filosofía I como materia común de primer año y Filosofía II como materia común de segundo año para los alumnos de todas las modalidades. La ministra de Educación Pilar del Castillo y Aguirre del Partido Popular (PP) aprobó la Ley Orgánica de Universidades 6/2001 (LOU) y la Ley Orgánica de Calidad de la Educación 10/2002 (LOCE), y con ella un nuevo currículo (2003). Entre las asignaturas comunes del Bachillerato figuraban Filosofía en 1º e Historia de la Filosofía y de la Ciencia en 2º, que debían cursar todos los alumnos en cualquiera de las tres modalidades. Además, la LOCE establecía la asignatura de Ética en 4º de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), siendo la primera ley en introducir una triple enseñanza de filosofía: Ética, Filosofía e Historia de la Filosofía. También se introducía la asignatura Sociedad, Cultura y Religión en dos opciones a elegir para el alumno, una confesional y otra no confesional. La no confesional estaba destinada a ser impartida por los docentes de Filosofía. En cualquier caso, el currículo de la LOCE nunca llegó a aplicarse porque en 2004 José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) ganó las elecciones, derogó la ley educativa de José María Aznar y aprobó la LOE (2006). La Ley Orgánica 2/2006 (LOE) estableció Filosofía y Ciudadanía en 1º de Bachillerato, e Historia de la Filosofía en 2º, siendo ambas materias comunes y obligatorias para todos los estudiantes. En 4º de la ESO se enseñaba Ética y Ciudadanía, la derivada de la polémica Educación para la Ciudadanía. En pleno apogeo de la crisis económica internacional y con un paro juvenil del 50%, la Ley Orgánica de Mejora de Calidad Educativa 8/2013 (LOMCE) del ministro de Educación José Ignacio Wert Ortega (PP). La LOMCE mantuvo la materia de Filosofía como troncal de 1º en todas las modalidades de Bachillerato, pero dejó Historia de la Filosofía de 2º sólo para los que cursaban la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. Para los demás era una materia optativa. Como aquello no gustó, hubo ocho CCAA que introdujeron Historia de la Filosofía como obligatoria para todos los estudiantes de 2º de Bachillerato. Además, también la LOMCE desplazó la Ética de materia obligatoria a una alternativa de la Religión llamada Valores Éticos. Ello motivó que varias autonomías introdujeran una asignatura obligatoria de Ética en 4º de la ESO. En la práctica, el alumnado español pasaba por la educación obligatoria sin cursar Filosofía. Olga R. Sanmartín hizo un análisis de los 17 currículos autonómicos de secundaria y bachillerato: "Nueve autonomías blindan la Historia de la Filosofía en contra del espíritu de la LOMCE" (EL MUNDO, 18/07/2016). Ante la entrada en vigor de la LOMCE, los gobiernos autonómicos de Cataluña (Junts pel Sí) y Andalucía, Extremadura y Asturias (PSOE) hicieron obligatoria para todas las modalidades la Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato. En Cantabria (PSOE+PCR) la Historia de la Filosofía sólo era obligatoria en la modalidad de Ciencias y Humanidades, pero no en Artes. Baleares (PSOE+Més) la hizo obligatoria en la modalidad de Artes. En Aragón (PSOE+Cha), Murcia y La Rioja (PP) la hicieron obligatoria en Humanidades y Ciencias Sociales. Las nueve regiones representaban 140.964 estudiantes. Quienes mantuvieron la Historia de la Filosofía como la LOMCE fueron Galicia, Castilla y León, y la Comunidad de Madrid; Castilla-La Mancha (PSOE); la Comunidad Valenciana (PSOE+Compromís); Canarias (CC+PSOE); el País Vasco (PNV) y Navarra (GB+Bildu+IE). Las ocho regiones representaban 151.021 estudiantes. La mitad de los estudiantes españoles de 17 y 18 años estaban obligados a cursar Historia de la Filosofía y la otra mitad no. La Red Española de Filosofía denunciaba que la reválida de 2017 examinaba las asignaturas de todo el Bachillerato, aquellos que no llevaran Historia de la Filosofía 2º por su propia voluntad iban a llegar menos preparados para el examen. Aunque no tenía efectos académicos para obtener un título de Bachillerato, contaba para ingresar en la Universidad. La Red Estatal de Filosofía denunciaba una pérdida de interés generalizado en las Humanidades y la tendencia a agrupar las distintas áreas del conocimiento en nombre de la gestión. En Chile existía una situación similar, la eliminación de la Filosofía como asignatura obligatoria desde el 2019 para el 3º Medio y desde el 2020 para 4º Medio, además de la fusión de Física, Química e Historia en una asignatura única: "Ciencia, Naturaleza y Sociedad". En octubre de 2018 hubo un acuerdo parlamentario en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados de España entre el PP y el PSOE para que la Filosofía se estudiara en un ciclo formativo de tres años: un curso en 4º de la ESO restituyendo Ética, y en los dos años de Bachillerato. En pleno confinamiento COVID-19, la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE) de la ministra de Educación Isabel Celaá (PSOE) derogó la LOMCE y modificó la Ley Orgánica 2/2006 (LOE). La LOMCE recupera Filosofía e Historia de la Filosofía como obligatorias para todos los estudiantes de Bachillerato, cualquiera que sea la modalidad que cursen: Filosofía en 1º e Historia de la Filosofía en 2º. Sin embargo, diluye su compromiso de recuperar la Ética para la ESO en la asignatura Educación en Valores Cívicos y Éticos, que puede cursarse en cualquiera de los cursos de la etapa. El Ministerio asegura que el currículo de Valores Cívicos y Éticos tiene una parte de contenidos sobre Ética. Pero quienes reivindican la importancia de la Ética como iniciación al pensamiento crítico y lógico les parece insuficiente y poco serio. De hecho, la Ética debería ser transversal en Matemáticas, Geometría, Arquitectura, Medicina, Derecho, Filosofía y Artes Plásticas: Estética. La LOMLOE hace que la asignatura voluntaria de religión deje de contar para la nota media y suprime contenidos básicos en Historia (la Conquista de América, la Revolución Francesa), Matemáticas (logaritmos), Lengua y Literatura Castellana (historia literaria) y Economía (inflación, déficit, planes de pensiones) de la ESO. A cambio, los estudiantes cursarán Trabajo Monográfico, Servicios a la Comunidad, Formación y Orientación Personal y Profesional, Digitalización o Economía o Emprendimiento. Aparte de Educación en Valores Cívicos y Éticos, la nueva Educación para la Ciudadanía de PSOE-Unidas Podemos: "memoria democrática", "ecofeminismo", "ética de los cuidados", "derechos LGTBIQ+", las banderas políticas del Gobierno de Coalición. Los contenidos políticos de Educación en Valores Cívicos también se incluyen en Lengua Castellana y Literatura, Matemáticas, Biología, Educación Plástica, Expresión Artística, Educación Física e Historia. Es de sentido común que los Valores Cívicos y Éticos deberían estar acompañados de los grandes debates de la ciudadanía: "Por ejemplo, en la España obligada a drásticos recortes y sacrificar gran parte de su presupuesto en enjuagar su déficit con Europa, ya hay españoles que confiesan: "Ahora comprendemos cómo se las han visto los países latinoamericanos durante tantos años con la dichosa deuda externa". En efecto, ése inacabable débito bloquea el desarrollo, jibariza la protección social, aumenta la desigualdad en todos los campos (sobre todo en el fundamental de la educación) y deteriora sustancialmente la confianza en las instituciones democráticas. Y cuando éstas pierden apoyo –porque no sólo son cuestión de razón, sino también de fe, como casi todo- el vacío que deja se rellena con su caricatura, la mermelada populista. Algunos han dicho que el populismo es la democracia de los ignorantes: añadamos, para ser justos, que es también la democracia de los decepcionados… El populismo es el sueño de una democracia sin remilgos, un sistema instantáneo en el que la voluntad generosa y solidaria del pueblo se realizase sin interferencias. Pero lo malo es que precisamente son las trabas (es decir, los procedimientos, garantías y contrapoderes) las que constituyen la democracia, mientras que la pretensión de que hay una sola voluntad popular (y que por lo tanto lo que piense cada ciudadano es irrelevante o nocivo salvo que coincida con ella) es la negación misma del sistema democrático… Cuando hay elecciones, por ejemplo, quienes las ganan dirán satisfechos que "el pueblo ha hablado". ¡Ah, pero éso no convence a todos los autodenominados portavoces del pueblo! Los que no están conformes con el resultado electoral asegurarán que el pueblo ha sido engañado, traicionado, que no ha podido expresarme libremente durante la campaña previa, que sus auténticas demandas no han sido escuchadas. Unos dirán que los gobernantes electos han recibido su autoridad legítima del pueblo, otros replicarán que los políticos no representan al pueblo y desconocen sus verdades necesidades o abusan desvergonzadamente de él… El pueblo no necesita someterse a leyes, ni a controles numéricos, ni siquiera a controles de alcoholemia. Y su voz es la voz de la democracia misma, que según sus más entendidos entusiastas está por encima de cualquier ley, constitución o estatuto… El pueblo es la democracia en estado puro, asilvestrada, y aunque parezca que sostiene opciones que muchos no comparten tiene siempre la verdadera mayoría, la mayoría moral. Además es el pueblo (o sea, los chantres que hablan en su lugar) el único que decide quién es el pueblo y quién no, y dispensa y revoca los correspondientes certificados de buena conducta" (Savater, pp. 39, 40, 112, 113). El Atlantic College del United World Colleges (UWC) ofrece el Programa de Diploma de Bachillerato Internacional (16-19 años), el Programa de Orientación Profesional del Bachillerato Internacional (16-19 años) o Programa para los primeros años (2-15 años). En su página web www.uwcatlantic.org afirma que es un movimiento educativo global que hace de la educación una fuerza para unir personas, naciones y culturas por la paz y un futuro sostenible. Es la única ONG educativa global que selecciona a estudiantes de diferentes orígenes socioeconómicos, culturas, razas, religiones y nacionalidades. Un elemento central del espíritu de UWC es la creencia de que la educación puede unir a jóvenes de todos los orígenes sobre la base de su humanidad compartida, para comprometerse con la posibilidad del cambio social a través de acciones valientes, ejemplo personal y liderazgo desinteresado. Para lograr ésto, las escuelas y universidades de UWC en todo el mundo ofrecen una experiencia educativa desafiante y transformadora a un grupo deliberadamente diverso de jóvenes, inspirándolos a convertirse en agentes de cambio positivo en línea con los valores fundamentales de UWC: Entendimiento internacional e intercultural, Celebración de la diferencia, Responsabilidad e integridad personal, Responsabilidad mutua y respeto, Compasión y servicio, Respeto al medio ambiente, Un sentido de idealismo, Reto personal, Acción y ejemplo personal. La página afirma que UWC cuenta con 18 escuelas y universidades en 4 continentes, la mayoría de las cuales se centran exclusivamente en el grupo de edad de 16 a 19 años: una época en que la energía y el idealismo de los jóvenes pueden orientarse hacia la empatía, la responsabilidad y la acción a lo largo de toda la vida. Éstas Universidades imparten el Programa de Diploma de Bachillerato Internacional (IBDP) como su plan de estudios formal, una calificación en la que UWC jugó un papel importante en el desarrollo, al tiempo que enfatiza la importancia del aprendizaje experiencial, el servicio comunitario y las actividades al aire libre. Los estudiantes universitarios de UWC son seleccionados a nivel nacional, en más de 150 países, a través del exclusivo sistema de comités nacionales de UWC. La selección se basa en la promesa y el potencial demostrados. De acuerdo con el espíritu de la UWC de que la educación debe ser independiente de los medios socioeconómicos del estudiante, el 70% de los estudiantes en sus años de Diploma IB reciben asistencia financiera total o parcial, según sus necesidades. UWC fomenta un compromiso permanente con la responsabilidad social y, hasta la fecha, ha inspirado una red mundial de más de 60.000 ex alumnos que creen que es posible actuar y marcar la diferencia a nivel local, nacional e internacional: "Nuestra misión es hacer de la educación una fuerza para unir a personas, naciones y culturas por la paz y un futuro sostenible". La página web muestra la red UWC GLOBAL COLLEGES: Waterford Kamhlaba UWC of Southern Africa, Africa; UWC Costa Rica, Americas; Pearson College UWC, Americas; UWC USA, Americas, UWC Changshu China, Asia Pacific; Li Po Chun of Hong Kong, Asia Pacific; UWC ISAK Japan, Asia Pacific; UWC Mahindra College, Asia Pacific; UWC Thailand, Asia Pacific; UWC South East Asia, Asia Pacific; UWC Adriatic, Europe; UWC Dilijan, Europe; UWC Maastricht, Europe; UWC Mostar, Europe; UWC Red Cross Nordic, Europe; UWC Robert Bosch College, Europe; UWC East Africa, Africa. Los estudiantes del Programa de Diploma de Bachillerato Internacional (IBDP) escogen una asignatura de cada una de los siguientes grupos de asignaturas: Estudios de Lengua y Literatura, Adquisición de Lenguas, Individuos y Sociedades, Ciencias, Matemáticas, Artes (en vez de hacer una asignatura en las Artes, los estudiantes pueden optar por estudiar otra dentro de Ciencias, Individuos y Sociedades, o Adquisición de Lenguas). En el caso de Estudios de Lengua y Literatura, según el centro, aparecen como opciones Literatura Árabe, Lengua y Literatura Árabe, Literatura Armenia, Literatura Bosnia, Literatura China, Lengua y Literatura China, Literatura Croata, Literatura Danesa, Lengua y Literatura Holandesa, Literatura Inglesa, Lengua y Literatura Inglesa, Literatura Francesa, Lengua y Literatura Francesa, Literatura Alemana, Lengua y Literatura Alemana, Literatura Hindi, Literatura Indonesia, Literatura Italiana, Lengua y Literatura Japonesa, Literatura Koreana, Literatura Noruega, Literatura Rusa, Literatura Serbia, Literatura Siswati, Literatura Eslovena, Literatura Española, Lengua y Literatura Española, Literatura Swahili, Literatura Sueca, Lengua y Literatura Thai, Literatura y Performance, Autodidacta con Apoyo Escolar. En Adquisición de Lenguas, según el centro, Italiano desde el inicio, Italiano B, Japonés desde el inicio, Japonés B, Mandarín desde el inicio, Mandarín B, Noruego B, Ruso desde el inicio, Español desde el inicio, Español B, Swahili desde el inicio, Swahili B. En Individuos y Sociedades, según el centro, Administración de Empresas, Ciencias Económicas, Sistemas Ambientales y Sociedades, Geografía, Políticas Globales, Historia, Lengua y Cultura, Filosofía, Pensamiento Político, Psicología, Antropología Social y Cultural, Artes y Culturas Mundiales, Religiones Mundiales. En Ciencias, según el centro, Biología, Ciencias de la Computación, Química, Sistemas Ambientales y Sociedades, Tecnología de Diseño, Ciencia Marina, Física, Ciencia del Deporte, Ejercicio y Salud. En Matemáticas, según el centro, Matemáticas: Análisis y Enfoques, Matemáticas: Aplicaciones e Interpretación. En Artes, según el centro, Danza, Música, Filme, Teatro, Artes Visuales. Los estudiantes generalmente estudian tres asignaturas a nivel medio y tres asignaturas a nivel superior, en las cuales se espera que demuestren un abanico más amplio de conocimientos, comprensión y destrezas. Las asignaturas específicas que se ofrecen varían entre los diferentes colegios UWC, y a menudo reflejan su localización geográfica y zonas de interés. Además de los seis grupos de asignaturas, los estudiantes completan tres partes troncales al Programa de Diploma que son fundamentales a la filosofía del programa: Monografía, Teoría del Conocimiento (TdC), Creatividad, Actividad y Servicio (CAS). Los estudiantes investigan un tema de interés especial, y desarrollan destrezas en investigación independiente y redacción exigidas a nivel universitario. La Monografía normalmente se escribe para uno de los seis grupos de asignaturas y debe tener un máximo de 4.000 palabras. Los estudiantes tienen el apoyo de un supervisor académico durante el proceso de investigación y redacción. En Teoría del Conocimiento, el curso incentiva a reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento y la manera en la que conocemos lo que afirmamos saber. Se evalúa mediante una presentación oral y ensayo de 1.600 palabras. En Creatividad, Actividad y Servicio, asumir responsabilidades, desarrollar habilidades sociales, creativas y de relación con el entorno natural, y, aprender a acercarse a los demás con empatía. Los estudiantes participan en una serie de proyectos que tienen el objetivo de ayudarles a desarrollar éstas habilidades mientras se involucran de forma activa en su comunidad local. En resumen, en el Bachillerato Internacional (IBDP) la Filosofía y la Historia son materias optativas y no aparece la Ética ni la Estética. Es evidente que sin Matemáticas no hay Lógica, Ética ni Estética. Además, deberíamos preguntarnos por qué la Educación en Valores Cívicos y Éticos de PSOE-Unidas Podemos incluye "memoria democrática" y no "historia de la democracia" o "filosofía de la democracia". Los políticos no se contentan con manipular los mitos, la historia y el lenguaje, también asumen el derecho de desplazar la historia por la "memoria histórica" y las "reparaciones históricas" en nombre del "pueblo": "Podríamos pensar que "pueblo" es el nombre que damos al conjunto de ciudadanos, pero la cosa no es tan sencilla. Hay importantes diferencias: la primera es que los ciudadanos pueden ser buenos, malos o regulares mientras que el pueblo siempre es bueno por definición. Todo pueblo es el pueblo elegido: la comunidad de los santos. Los atropellos cometidos por los ciudadanos son delitos o crímenes, los que se cometen en nombre del pueblo y los representantes del pueblo acogen como suyos son hazañas o simples excesos de celo… Antes, en la entrada de algunas fincas lucía el cartel de "Cuidado con el perro"; ahora, en la puerta de ciertos partidos debería poner: "Cuidado con el pueblo"… Los que se han metido en el enredo de la ponencia de la paz tropiezan, entre otras cosas, con el tema de establecer institucionalmente la memoria de lo acontecido. Es un asunto extraordinario confuso, como ocurre en todos los intentos de establecer por ley una "memoria histórica". Lleva a contradicciones insolubles, éste verano me pareció oír que Patxi Zabaleta abogaba por una amnistía de los terroristas pero sin olvido de lo ocurrido, cuando resulta que "amnistía" significa precisamente "olvido", al menos para quienes recordamos un poco del griego que aprendimos en el colegio… La verdad es que la memoria y la historia no son ni mucho menos lo mismo y tratar de homogeneizarlas por decreto o por acuerdo político es estrictamente imposible y probablemente indeseable. Lo explicó bien el maestro Tony Judt, al que me permito citar en extenso porque merece la pena: "Yo creo profundamente en la diferencia entre la historia y la memoria; permitir que la memoria sustituya a la historia es peligroso. Mientras que la historia adopta necesariamente la forma de un registro, continuamente reescrito y revaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas, la memoria se asocia a unos propósitos públicos, no intelectuales: un parque temático, un memorial, un museo, un edificio, un programa de televisión, un acontecimiento, un día, una bandera. Éstas manifestaciones mnemónicas del pasado son inevitablemente parciales, insuficientes, selectivas; los encargados de elaborarlas se ven antes o después obligados a contar verdades a medias o incluso mentiras descaradas, a veces con la mejor de las intenciones, otras veces no. En todo caso, no pueden sustituir a la historia" (en Pensar el siglo XX, Editorial Taurus, 2012). Moraleja: es mejor que establecer las frágiles y dolientes verdades del pasado sea tarea de los historiadores y no resultado de conveniencias políticas. Por lo demás, la memoria que cada cual guarda de lo que ha vivido nunca puede ser sustituida por decreto" (Savater, pp. 113, 148, 149).

Yas ©

La filosofía de la prostitución.

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Ningún hombre recibe formación doctrinal en "patriarcado" ni tramita carnet de patriarca, el patriarcado no es una categoría científica ni el feminismo es una ciencia. Los hombres a través de las instituciones reciben la influencia de distintas filosofías políticas: teoría-praxis. De hecho, la filosofía permite conocer el tipo de persona que cada uno es: el socrático está asociado a la búsqueda del conocimiento en condiciones ascéticas; el platónico, el aristotélico y el estoico romano aristocrático en condiciones privilegiadas. El grupo de los empiristas: el sofista aristocrático o democrático en condiciones privilegiadas; el cínico, el epicúreo y el estoico griego son materialistas igualitarios apolíticos. El problema es que el materialismo no es una ciencia, sino una filosofía como cualquier otra. Los sofistas son afectos a justificar la prostitución por su relativismo epistemológico y pluralismo moral, como no iban más allá de la realidad empírica, era perfectamente razonable cumplir los propios deseos carnales, incluso con una prostituta: "Más allá del bien y del mal". Los sofistas defendían mentiras o acciones inmorales con absoluto desparpajo, el origen del cinismo moderno. Los cínicos antiguos defendían con absoluta desvergüenza verdades empíricas. Para ser sofista se requiere de habilidades retóricas para dominar los giros dialécticos: el discurso teórico, el examen, la argumentación, la impugnación. La idea radical sofista de que la justicia es el "derecho del más fuerte" es aplicable hasta nuestros días. La prostitución es legal porque existen sofistas que han creado discursos jurídicos e institucionales que la justifican. Al mismo tiempo, la esclavitud ya no es legal, pero tampoco ha desaparecido. La antigua esclavitud era una relación a largo plazo, había que hacer una gran inversión que tenía que estar garantizada por una serie de documentos oficiales. La nueva esclavitud es una relación a corto plazo, la desechabilidad ha aumentado la rentabilidad de los esclavos, reduce el tiempo de esclavitud y resta importancia a la cuestión de la propiedad legal. Los nuevos esclavos son temporales y desechables, exprimidos en el menor tiempo posible. Ya no tiene sentido afirmar la propiedad legal porque implicaría hacer frente a las obligaciones. Ningún proxeneta está dispuesto a mantener prostitutas viejas, enfermas o con hijos. Ambas posturas, la promotora y la abolicionista, parten del hecho de que la prostitución infantil o problemas relacionados con la prostitución como el tráfico de mujeres, la trata de personas, el comercio con drogas, las mafias, etc. En todos éstos casos, la prostitución va unida a la comisión de delitos tipificados en los códigos penales no existiendo controversia teórica, ni dentro ni fuera del feminismo, en relación con la persecución jurídica que deben sufrir los mismos. Los defensores de la prostitución parten de la tesis de la compra venta de relaciones sexuales a cambio de un dinero entre dos personas adultas y capaces, pactadas voluntariamente por ambas. Las abolicionistas cuestionan la voluntad y la libertad de ésos intercambios. A partir de ello, haremos un recorrido por la filosofía griega, y finalmente lo contrastaremos con los argumentos de los promotores y las abolicionistas. La epistemología platónica está basada en la división entre la razón y las pasiones. El verdadero propósito de la humanidad no es el mero placer, ni el poder ni la riqueza material, sino la consumación de la esencia del hombre como un ser racional. Los platónicos buscan la liberación social del mundo de la necesidad material y la liberación epistemológica del alma respecto del mundo material de las apariencias. De la epistemología platónica se deduce que la prostitución es un ejemplo de corrupción: los apetitos más bajos del mundo material. Los platónicos son grandes amantes de la contemplación ética-estética, la unión de bondad y belleza: kalokagathía. Los platónicos son los hombres perfectos, el modelo de la aristocracia y la caballería antigua y medieval: equilibrio, proporción, simetría, armonía. Los epicúreos son afectos a la amistad personal de las mujeres, ya que su fin no es el placer carnal, sino la felicidad. Sin embargo, la doctrina epicúrea puede ser usada para justificar indirectamente la prostitución, si el último propósito de la vida es el placer y la evitación del dolor, y si los cuerpos sólo están compuestos por átomos y la psique humana sólo está gobernada por sensaciones generadas materialmente, cualquier materia serviría para alcanzar el placer… Los estoicos son afectos a la completa renuncia de sus pasiones y a los bienes internos del alma, junto con los platónicos, de los pocos que pueden ver a las mujeres como almas. Pero también es posible que las vean como esclavas si no son capaces de gobernar su propio cuerpo. Por un lado, los estoicos jamás van a consumir prostitución sin dejar de ser estoicos. También entienden que el mundo material de las apariencias es una prisión de los sentidos, la liberación de las prostitutas no puede ser material hasta que llegue la muerte, se enfocan en la liberación espiritual. Se puede usar la doctrina estoica para justificar indirectamente la prostitución. La prostituta puede asumir una dualidad entre alma y cuerpo, dando por hecho que el cuerpo siempre será esclavo y que la única liberación posible es espiritual. La prostituta estoica prostituye el cuerpo, pero no prostituye el alma. Es posible justificar que una prostituta se mantenga libre espiritualmente a diferencia de las mujeres que buscan la libertad en el mundo material de las apariencias. Los cínicos eran afectos a satisfacer sus necesidades con las prostitutas por su rechazo a los convencionalismos sociales del amor platónico y el matrimonio. Es más fácil que un platónico tenga novias y amigas bellas, que un epicúreo tenga muchas amigas carnales, que un estoico intente salvar el alma de las prostitutas, que las prostitutas usen el estoicismo para no comprometer su alma, y que los sofistas y los cínicos griegos justifiquen la prostitución. Al mismo tiempo, el empirismo de los cínicos los lleva a rechazar los simulacros de género y la pederastia: LGTBIQ+. Es evidente que la bandera arcoíris es una metafísica, que en el mundo empírico es un simulacro de género, y que en el mundo del derecho es una violación jurídica de las relaciones materiales entre mujeres y hombres. Los sofistas y los cínicos no tienen problemas para justificar la prostitución, pero acabo de demostrar que se puede usar la escuela epicúrea y estoica para justificar indirectamente la prostitución, el problema de las tesis dualistas es la inversión de sus principios con el "giro dialéctico". ¿Qué tipo de filósofos son aliados del feminismo?, ¿sofistas, platónicos, epicúreos, estoicos o cínicos? Por otro lado, el feminismo comparte el relativismo epistemológico y el pluralismo moral sofista, y el empirismo sofista, epicúreo y cínico. En los debates de la prostitución se usan argumentos filosóficos, éticos y estéticos: "Las posiciones a favor de los derechos de las trabajadoras del sexo consideran que el Estado tiene la obligación de legalizar la prostitución. Ésto significa que no debe dictar normas cuyo objetivo sea castigar a las personas implicadas en ésta práctica siempre que la misma se realice con el consentimiento de todas ellas. Por lo tanto, los grupos pro-derechos sostienen que no toda compra-venta de sexo es el resultado de una acción coactiva y que no todas las prostitutas son víctimas. Justifican ésta afirmación recogiendo las declaraciones de las propias mujeres que se dedican a ésta actividad. Según sus propias palabras, la mayoría de ellas se introdujeron en la prostitución por necesidades económicas, todas admiten que fue una decisión dura de tomar, pero muchas manifiestan en la actualidad su deseo de seguir ejerciendo la prostitución. Los motivos pueden ser muy variados, pero en gran medida son de carácter económico: la prostitución les permite ganar más dinero y en menos tiempo que si se dedicasen a otra actividad; además, les confiere la facultad de gestionar su dinero, su tiempo y la forma y el modo de desarrollarla; es una forma de ganarse la vida para poder mantenerse ellas y sus familias, etc. (Espejo, 2008); (Maqueda, 2008/2009), (Garaizábal, 2006, 2009), (López Riopedre, 2012); (Mestre, 2008), (Romalho, 2012), (Lorenzo, 2008). El grupo abolicionista, por su parte, considera que no se puede hablar en ningún caso de prostitución libremente consentida, ya que las mujeres que se dedican a ella lo han hecho debido a una necesidad imperiosa. Aducen que no hay libertad de elección cuando la situación en la que se encuentran ésas mujeres impide que haya opciones entre las cuales elegir. Una cosa, sostiene éste grupo, es hablar de prostitución voluntariamente aceptada y otra muy distinta de prostitución libremente aceptada (Falcón, 1992, 2012, 2014), (Barry, 1988), (Giménez, 2008). Ante ésta réplica, los grupos pro-derechos estiman que, si se parte de un concepto tan amplio de libertad, nada en la sociedad es libremente elegido puesto que siempre existen circunstancias condicionantes. Cuando se escoge un trabajo no siempre es el que se desea puesto que las circunstancias sociales, políticas, económicas, familiares determinan y limitan todas las decisiones posibles. Qué características debe tener una decisión para afirmar que se ha tomado libremente es una cuestión aún muy discutida en el ámbito filosófico, psicológico y jurídico. El debate sobre qué debe hacer el Estado respecto de la prostitución se tornaría inútil si no se admitiese al menos que junto a personas a las que de forma violenta y en contra de su voluntad se las coacciona para que ejerzan la prostitución, conviven otras que son plenamente conscientes de lo que hacen y deciden hacerlo sin que nadie las intimide o coaccione. Hay una parte del abolicionismo que se muestra dispuesta a aceptar ésta diferenciación, aunque señalan que, a pesar de ello, las opciones con las que cuentan las prostitutas son demasiado limitadas y a veces "sólo pueden optar entre vender su sexualidad o malvivir" (Rubio, 2008, p. 88)" (Gimeno Presa, pp. 78, 79). Resulta evidente que la escuela platónica es la que mejores argumentos presenta en contra de la prostitución, y paradójicamente, a favor de la esclavitud. La voluntad sólo puede depender de la razón, la libertad es un atributo del alma, no del cuerpo. Los promotores de ideologías irracionales son esclavistas. El debate de la prostitución tiene la ventaja de exhibir los sofismas de la democracia liberal y la obligación de buscar el verdadero conocimiento. La libertad en un mundo material es limitada, está sujeta a diversos condicionantes: el mundo de las apariencias y de la necesidad material. Ni los demócratas griegos justificaron la libertad en abstracto, ésa libertad ilimitada en el mundo empírico sólo existe en la cabecita de los liberales y los neoliberales: la eleutheria "libertad de trabajo", no la libertad respecto del trabajo; la isegoria "libertad de palabra" para buscar la felicidad en la vida pública. Que escuelas como la epicúrea, la estoica o la cínica gocen de salud en el pensamiento posmoderno indica que la gente ya no busca la felicidad en la democracia liberal. Hacer filosofía es cuestionar las contradicciones teóricas de los sistemas políticos, económicos y jurídicos. El debate de la prostitución hizo que las feministas se acordaran de que ni la voluntad ni la libertad es ilimitada en el mundo empírico. El criterio moral universal de la democracia griega era el bienestar humano, no el consentimiento privado liberal. Los discursos a favor de la prostitución se desactivan llevándolos a las discusiones políticas que son propias del Estado, como la búsqueda de mínimos básicos de bienestar para que nadie se vea en la necesidad de buscar el sustento con su sexo. En el capitalismo hay un sistema de apropiación que no depende de las desigualdades jurídicas o de la desigualdad de derechos políticos. Un sistema en el que las clases apropiadoras y productoras son libres e iguales ante la ley, en el que la relación supone un acuerdo contractual entre individuos libres e iguales, y en el que incluso es posible el sufragio universal sin que afecte a los poderes económicos del capital. El debate de la prostitución pone al descubierto el cinismo de la democracia liberal, los promotores de la prostitución no se equivocan cuando usan el argumento de la igualdad jurídica y la igualdad de derechos políticos entre clientes y prostitutas, ambos libres e iguales para llegar a acuerdos mercantiles. Detrás de éstos sofismas jurídicos, políticos e institucionales se encuentran restricciones puramente económicas: la carencia de propiedad de los trabajadores y su falta de propiedad de los medios de producción que los obliga a vender su fuerza de trabajo para obtener un sustento: "trabajo sexual". La prostitución es una exigencia del mercado que obliga a cumplir ciertos imperativos de competencia y beneficios. Sólo en el capitalismo se ha puesto gran parte de la vida humana fuera del alcance de la responsabilidad democrática, regulada por los imperativos del mercado y las exigencias del beneficio. A los liberales no los vas a sacar del discurso del consentimiento privado, libre e igualitario, pero los exhibes al cuestionar el bienestar humano como criterio moral universal de la democracia liberal y las contradicciones de la igualdad jurídica y la igualdad de derechos políticos en un régimen de propiedad privada: "Por otra parte, los grupos que abogan por la legalización piensan que las mujeres tienen derecho a disponer de su cuerpo como estimen oportuno. Ésa facultad "forma parte del ejercicio de su derecho de libertad" (Espejo, 2008, p. 138). Entre los usos que pueden darle está el de comercializar con su sexualidad. Admiten que nuestra sociedad es una sociedad de consumo, capitalista y mercantilizada, y que el sexo debe interpretarse dentro de éste contexto por lo que no se justifica que no se pueda comprar y vender. Éste argumento es discutido por la posición abolicionista que ve en la mercantilización del cuerpo un problema ético reprobable. Objetan que de igual forma que el Estado prohíbe la venta de órganos, debe prohibir la venta del cuerpo de las mujeres. Para los grupos pro-derechos incurre en un error al identificar cuerpo con sexualidad. Afirman que con la prostitución no se compran ni se venden los cuerpos de las personas, simplemente se usan para prestar un servicio. Lo que se vende es un servicio sexual y una vez finalizado éste, el cuerpo sigue perteneciendo a la prostituta. Por lo tanto, lo que las mujeres hacen cuando se prostituyen es usar su capacidad sexual para obtener una ganancia. Alegan que de igual forma que un psicólogo presta sus conocimientos, una abogada presta un servicio de defensa o un operario "arrienda" sus manos para hacer un trabajo, las prostitutas comercian con su sexo. Una vez más justifican ésta afirmación con las historias de vida de las personas que se prostituyen en la que éstas afirman que su función es similar a la que efectúan las abogadas, "con la sola diferencia de que ellas deciden a quién prestar el servicio y a quién no, mientras que las abogadas tienen que defender en muchas ocasiones a personas que son delincuentes sabiendo que son culpables" (Holgado, 2008, p. 27). El grupo pro-derechos considera que ver en el uso de la sexualidad un problema moral y no verlo en otras prácticas sociales análogas tiene sólo un origen prejuicioso frente a la sexualidad, la cual "es sacralizada de forma no justificada" (Garaizábal, 2006, p. 67). En ése sentido afirman que cada uno puede tener las creencias morales que desee, pero que no debe imponérselas a los demás (Maqueda, 2006). La obligación de los Estados democráticos es respetar y garantizar el derecho de libertad de las personas. La prohibición de la prostitución consentida impediría que las mujeres pudieran ejercerlo. Con base en éste argumento, los grupos pro derechos manifiestan que carece de fundamento la imposición de sanciones tanto a las prostitutas como a sus clientes. Sólo se debe perseguir la prostitución forzada. Para las abolicionistas, si bien las prostitutas no deben ser castigadas al ser siempre personas que sufren violencia y explotación, sí lo deben ser los compradores de sexo en cuanto que éstos llevan a cabo actos de dominación que atentan contra la dignidad de las mujeres tratándolas como cosas y no como personas" (Gimeno Presa, pp. 79, 80). En resumen, la idea de que "las que las mujeres tienen derecho a disponer de su cuerpo como estimen oportuno" parte de un concepto de voluntad y libertad ilimitada que contrasta con las condiciones materiales. Éste argumento no sólo juega en contra de los promotores de la prostitución, sino del feminismo liberal: ONU Mujeres. Los promotores se ven obligados a reconocer que la prostitución forma parte de una sociedad capitalista de consumo que ve en el sexo una mercancía como cualquier otra. Son las fuerzas del mercado y no los consentimientos libres e igualitarios los que empujan la prostitución. El punto en contra de los promotores es que la compra-venta de servicios sexuales es propia de sociedades consumidoras de humanidad, no creadoras de humanidad: ciencia, arte, literatura, religión. Bajo ésta lógica, no existe ninguna diferencia entre la prostitución y la esclavitud si el cuerpo y no la inteligencia humana es objeto de comercio. El punto a favor de las abolicionistas es el rechazo de la mercantilización del cuerpo como un problema ético, el punto en contra es que la mercantilización del cuerpo excede la prostitución: modelaje, actuación, pornografía, deporte, política. El único punto a favor de los promotores es la distinción entre la venta y la renta del cuerpo, la prostituta no vende su cuerpo. En contra, la prostitución no sólo causa daños a terceros, sino a los mismos implicados: enfermedades de transmisión sexual, enfermedades mentales. No se puede equiparar la prostitución con el ejercicio de otras profesiones y oficios, aunque sea posible hablar de prostitución moral en aquellos trabajos en que sus actores son obligados a adoptar puntos de vista contrarios a su razón soberana y a sus principios morales y éticos. Desde un punto de vista ético, la corrupción humana es más grave que la prostitución del cuerpo y nadie se alarma porque las instituciones estén en manos de prostitutas morales. La prostitución no nace en la democracia, pero es el único sistema político que la justifica en nombre de la libertad y la igualdad. La prostitución no sólo es un problema moral, es un problema económico. El hecho de que los liberales y los neoliberales usen el discurso económico para justificar la prostitución, hace evidente que no lo abordan como un problema: falta de propiedad, falta de medios, falta de mínimos básicos de bienestar: "El Estado de bienestar debe atender y reconocer las demandas legítimas de sus ciudadanos como éstos actúan de forma libre y no dañan ni perjudican a nadie. No debe entrar a valorar si éticamente es correcto o no, siempre que se cumplan los derechos reconocidos en la Constitución. Si la prostitución no viola ninguno de éstos derechos y si, además, su reconocimiento como un trabajo es beneficioso tanto para las mujeres que la ejercen como para el Estado, no existe ninguna razón jurídica que impida su consideración como una actividad laboral más (Gay, Otazo, Sanz, 2003). Es más, algunas partidarias del trabajo sexual refuerzan ésta argumentación afirmando que si el Estado no lo reconoce, lo que está haciendo es "imponer por ley el sexo gratuito", y ésto "sentaría un precedente intervencionista en la sexualidad de la ciudadanía, obligándonos, a través de la tutela estatal, a tener una supuesta y estereotipada sexualidad "correcta" (Espejo, 2008, p. 128). Frente a todos éstos argumentos las abolicionistas afirman que la consideración de la prostitución como un trabajo convierte a los Estados en proxenetas, fomenta la desigualdad entre hombres y mujeres normalizando relaciones donde las mujeres asumen un estatus de subordinación respecto de aquellos, aumenta la trata de mujeres y beneficia la proliferación de mafias (Riera, 2009), (Raymond, 2004). Si el trabajo es un deber, además de un derecho, la normalización de la prostitución como una actividad laboral la convierte en una posible opción para entrar en el mercado laboral. El problema que ésto conlleva es que en una sociedad en la que el trabajo es la llave para obtener los derechos de ciudadanía y la integración en el grupo social, tal y como reconocen los grupos pro-derechos, muchas mujeres se verán abocadas a elegir ésta opción para poder acceder a los derechos que la ciudadanía comporta y para no sentirse excluidas y marginadas en la sociedad. En épocas de crisis, y dada la falta de oportunidades que muchas mujeres tienen para encontrar un trabajo, la prostitución será una opción legítima y las mujeres que pueden optar a ella y rehúsen a hacerlo podrán ser consideradas por el Estado como ciudadanas que eluden cumplir con sus obligaciones. Además, afirmar que la no legalización de la prostitución niega la apertura a las mujeres para acceder a una parcela del mercado laboral, significa "aceptar que una de las misiones de éstas en la vida social es dar placer sexual a los hombres, y asumir ésto legitima al Estado para lleve a cabo políticas que las mantengan en éste tipo de actividad" (Fiss, 1995. p. 216)" (Gimeno Presa, pp. 85, 86).

Yas ©

Las discusiones escolásticas.

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Francisco Carpintero Benítez en "Los escolásticos sobre la prostitución" (UNIVERSIDAD DE CÁDIZ, 2006) expone distintas posturas sobre una actividad de naturaleza pecaminosa. Según la doctrina más extendida en el siglo XIII, el hombre posee dos naturalezas, una sensitiva y otra racional. Las exigencias de la naturaleza sensitiva han de ser satisfechas, aunque cara a Dios eran más relevantes por su mortificación que no por su plenitud. ¿Por qué han de ser cumplidas las exigencias de la naturaleza sensual humana? Ésta hubiera sido una pregunta boba: el género humano necesita reproducirse, todos necesitamos conservarnos y hemos de comer y beber todos los días y, desde un punto de vista político, la gente necesita estar contenta para no dar lugar a alborotos y sediciones. Diríamos hoy que se toleraban las exigencias de la sensualidad. Ésta visión del hombre cambió a partir de Tomás de Aquino, que aunque escribía en Latín pensaba en Griego, ya hacía suya la doctrina de la praxis como fundamento de toda moral. Pues para Tomás no podían dejar de tener relevancia propiamente sobrenatural todas las realidades que formaran parte del homo viator, y por éso se opuso a la doctrina del doble fin, o doble naturaleza, en la vida del hombre, que se designaba entonces como puris naturalibus. De hecho, cuando el de Aquino explica que los preceptos de la ley natural siguen al orden de las inclinaciones naturales del hombre, se refiere en primer lugar a lo que es común a todos los seres, que es conservar su vida, en segundo lugar a las inclinaciones de la sensibilidad, como es la unión del varón con la hembra (coniunctio maris et foeminae), y un tercer momento a las inclinaciones que provienen desde la racionalidad humana, como es el afán de conocimiento. De todas formas, y en lo que hacía al sexo, faltaba una Teología que lo integrara en el conjunto de la vida cristiana, aunque Tomás de Aquino dio un paso decisivo al reconocer que las inclinaciones naturales o sensitivas del ser humano ocupan un lugar destacado en el momento de conocer lo que pertenece a la ley natural. Los papas siempre tuvieron presente que el matrimonio era un sacramento instituido por Cristo. En el Corpus Juris Canonici encontramos abundantes Decretales de los Papas que explican que el bautismo disuelve los lazos del pecado, pero no los del matrimonio; pues debían ser muchos los que creían que, al bautizarse, quedaban exentos de los compromisos contraídos según los ritos paganos. Los sacerdotes tenían más difícil casarse, pues varias decretales prohibían que lo hicieran con viudas, concubinas y prostitutas; el problema, de todos modos, desapareció cuando la Iglesia les prohibió el matrimonio. Pero son interesantes las distinciones entre las mujeres, según que fueran solteras, viudas, prostitutas o concubinas. Si nos adentramos en el segundo milenio, vemos como Alejandro de Alés –uno de los pilares de la Escolástica- explicaba que, según las leyes divinas y humanas, existen diferencias entre la esposa, la concubina y la prostituta: pues la esposa es la mujer que se toma para compartir la vida; concubina es la mujer que se tiene por algún tiempo para tener prole; y la prostituta sólo está ad explendam libidinem. Ha quedado apuntado que el de Aquino inaugura otro talante porque él no observa dos naturalezas en el hombre, de forma que el ser humano se compusiera un mixtum compositum de racionalidad y sensibilidad, sino que entiende que la forma del hombre, y su materia, forman una tercera realidad que no es pura racionalidad ni pura sensitividad: Es el hombre. Él llama a la ley natural "la ley del hombre", en parte porque la conocemos mediante algunos "primeros principios de la razón práctica", que componen una participación en la razón de Dios, y en parte porque hemos de inducirla desde lo que observamos en las respuestas históricas del ser humano ante sus necesidades. Aquino mantiene que si una persona descuida su sensibilidad hasta el punto de volverse insensible, ésa persona peca gravemente. La insensibilidad era un pecado grave entre éstos escolásticos, y Tomás de Vío, más conocido como el Cardenal Cayetano, que ha sido el más extenso comentador de Tomás de Aquino, publicó un manual de pecados, ordenados por orden alfabético, que recibió muchas ediciones. En la voz Insensibilitas explica que éste pecado es muy raro, y consiste en que alguien, sin causa razonable, huya de las delectaciones sensibles naturales; éste pecado es mortal. Al filo de ésta actitud, Aquino considera que no es buena la poligamia, porque si un hombre dispone de varias mujeres, ésto implica que no hay amistad liberal entre hombre y mujer, sino algún tipo de sujeción servil. En realidad, manifiesta en otra ocasión, la poligamia demuestra la falta de amor a la mujer. Porque nadie comienza a amar a una mujer si primero no se recrea en su belleza; y ni siquiera se puede decir que la ama porque se alegre de su presencia; hay amor completo cuando, al estar ella ausente, la desea, como si llevara mal su ausencia y deseara su presencia. El Cardenal Cayetano nos explica que el pensamiento deleitoso de una mujer bella que hemos visto no constituye ningún pecado a menos que lo dirijamos a un mal fin. Tomás de Aquino, al tratar el sexo no se detiene en su función procreadora, ni tampoco en el placer; tiene presentes ambos momentos. Ésto lo vemos claramente cuando se plantea si en el estado de inocencia, ésto es, antes del pecado original, los hombres se reproducían por coitos. Explica que sí, "porque lo que es natural al hombre ni se le da ni se le quita por el pecado". En otro momento explica que en el estado de inocencia, el placer por coito sería mayor que el de ahora, que estamos dañados por el pecado. Debía ser más grande el placer en el estado de inocencia, porque en la Prima Pars de la Suma teológica estudia si el coito es lícito, dado que ahora el varón pierde el conocimiento durante la eyaculación. Es posible que el hombre del siglo XIII disfrutara mucho más del sexo que el hombre del erotizado siglo XXI. Por lo que hace a la prostitución, apenas se detiene en éste tema. Se trataba de una quaestio clásica sobre la que debían hablar y decidir, de hecho, todos los teólogos, para mostrar su ingenio al tratar de cohonestar una conducta inmoral con su permisión por la autoridad pública. Tomás de Aquino dice, simplemente, sobre ella, que se debe ser permitida, porque si prohibiéramos todas las cosas malas perderíamos demasiadas cosas buenas. Ésta última línea, la de considerar que la prostitución había de ser tolerada civilmente, fue la absolutamente dominante en las filas escolásticas. Ricardo de Mediavilla, que además de teólogo fue conocido por ser General de los Franciscanos, a finales del siglo XIII, explicaba que los príncipes que permitían la prostitución pública no pecaban contra el tercer precepto de la segunda tabla. Le mueve a pensar así el considerar que la ley humana puede prohibir todos los vicios, porque a los hombres les resulta demasiado difícil, a causa de su corrupción, abstenerse de las voluptuosidades de la carne; si prohibiera éstos vicios la república caería en males peores, como son los adulterios; y es preferible que haya simples fornicaciones que no adulterios. Las discusiones recayeron frecuentemente más en detalles accidentales que no en el núcleo de la cuestión. Así, por ejemplo, a pesar de que el talante de los tomistas fue más abierto, y Tomás de Aquino aprobaba los afeites de las mujeres, Pedro de Alvernia, obispo de París y uno de los pocos teólogos que siguió al de Aquino en el siglo XIII, entendía que las pinturas y afeites de las mujeres constituían un mos meretricum. El siglo XV fue coto privado de Gerson, Almain, Conrado, Biel, etc. Tocados ante todo por el agustinismo que tenía en mala opinión la sensitividad humana. De todas formas, todos entienden que la prostitución debe ser tolerada, y en éste tiempo las discusiones no se planteaban sobre la tolerancia de las prostitutas como sobre si las prostitutas podían exigir sus honorarios, ésto es, si sus clientes tenían el deber en conciencia de pagar éstos honorarios: "Las opiniones fueran otra vez unánimes. Escribía Conrado de Summenhart que, aunque la meretriz adquiera la propiedad del dinero por un acto injusto, ésto es, por fornicar, sin embargo, no recibe ése precio injustamente, de forma que recibiendo tal dinero no peca. Tres eran las cuestiones que se plantearon en la Baja Edad Media: Si el poder público debería tolerar la prostitución; si la prostituta podía lícitamente, en conciencia, exigir sus honorarios; y si los clientes estaban obligados en conciencia a pagar éstos honorarios. La mayor parte de los teólogos y juristas contestaron positivamente a éstas tres cuestiones, de modo que ésta época entendía que si un hombre no pagaba a la prostituta cometía dos pecados, uno primero contra la castidad, y otro posterior contra la justicia. Los tomistas fueron por lo general más comprensivos ante las debilidades de la carne. Además, Santo Tomás de Aquino había sentado que era finalidad del poder político hacer posible una vida virtuosa para sus ciudadanos, pero sin caer en actitudes moralizantes, pues la virtud es un asunto muy personal… Quizá el tomista más complejo y conocido del siglo XVI fue Domingo de Soto. Trata de éste tema en su De justitia et jure, L. IV, quaestio 7, a propósito de la restitución, en donde plantea dos dificultades usuales en éste tema. De acuerdo con la concepción patrimonialista e individualista del derecho Soto explica que no es lícito argumentar que nadie tiene derecho a pecar, éste pide su dinero para pecar, no lo pide para hacer uso de su derecho. La verdad es que pide para dar, que sí es una conducta a la que tiene derecho, aunque no tenga derecho al pecado al que va unido. Parece que sigue pensando en el supuesto de simonía, y añade que, al no haber derecho a pecar, no hay derecho a dar, si la dación misma constituye un pecado. Pero otra cosa es la merced de la prostituta, que es un caso en el que no constituye pecado pagar por lo hecho, aunque el mismo acto constituya pecado. El tema es complicado, y Soto propone distinguir dos acepciones de la palabra derecho. Según una, el derecho es lo mismo que la ley, y en tal caso es evidente que nadie tiene derecho a pecar, porque la ley no permite pecar a nadie. Pero si entendemos el derecho como aquello que es propio de cada uno, de lo que cada cual puede hacer uso sin hacer injusticia a nadie, en éste caso el sujeto hace uso de su derecho, sea para sobornar a un juez, o para una simonía" (Carpintero Benítez, pp. 232, 233, 234, 235). Santo Tomás –sigue explicando Domingo de Soto- indica que si se da algo para actuar contra la ley, ésto es ilícito, como sucede en el caso de simonía, y es preciso restituir, no al mismo que dio, sino a los pobres. Pero si el mismo acto de dar no es ilícito en sí mismo, sino que es simplemente la causa por la que se da, como pagar a una prostituta, no procede la restitución. Dice Soto que una objeción de éste tipo la expone Juan de Medina en De restituione et contractibus, que impugna a Santo Tomás y con él a casi todos los teólogos, y que mantiene que la meretriz ni puede recibir nada como precio o merced de su fornicación, y que en todo caso sólo puede recibir a modo de donación, porque si lo recibiera como precio debería restituir. Ésta solución no convence a Soto, que entiende que únicamente hay dos tipos de realidades que no se pueden vender, porque no tienen precio: Las espirituales, y los delitos. Pasa a examinar por qué no son venales las cosas espirituales, y tras un breve exordio remite a un capítulo posterior. Por los pecados, aunque en razón de su culpa no sólo son viles e indignos de cualquier precio, sino que hay que abominarlos, sin embargo hay que admitir que, a través del consentimiento, cualquiera puede alquilar sus obras, también las voluptuosas, que pueden ser adquiridas por precio o dinero. Y ésta es la razón por la que la mujer que entrega su cuerpo, puede recibir dinero por el placer que recibe el varón quien, además, puede que procree prole con ella. Y que no se trata de una donación, sino de un precio, y ésto lo probamos manifiestamente porque la república no solamente permite a éstas míseras mujeres, sino que les tasa el precio, y de aquí viene el nombre de meretriz, dicitur enim a merendo. Y quien no les pague debe ser llevado ante los jueces, lo que no sucedería si se trata de una donación. Repite la frase clásica que encontramos en éstos autores, tomada de un jurista romano: Meretrix turpiter facit, quod sit meretrix: non tamen turpiter accipi, cum sit meretrix. Mayor duda le asalta con las mujeres que no ejercen la prostitución públicamente: ¿Pueden recibir lícitamente su precio? Porque la ley no permite sino las que trabajan en lupanares públicos, y aquellas otras ni siquiera se les tasa el precio. Pero es mucho más justo entender que han de recibir su precio y más si tenemos en cuenta que, por ser más honestas, hay que estimarlas en más. En lo que hacer a las vírgenes y a las casadas, que pueden ser acusadas de estupro o adulterio, ellas también pueden recibir su precio, estaría obligado en conciencia a pagarlo quien se lo hubiera prometido, a no ser que excediera de la estimación que corresponde a la condición de sus personas. "Pues por derecho natural la concesión del cuerpo es estimable en dinero". Aunque, cara a su exigencia legal ante los jueces, sí hay diferencias entre éstas personas; pues las prostitutas pueden exigir ante los tribunales su precio, y ésto se les niega a las que no son públicas. Y las vírgenes y casadas tienen prohibido acudir a los tribunales, y si la ley se entera de lo sucedido, ha de castigarlas, y serán privadas de lo que han cobrado; aunque el derecho natural exige que se les pague antes de dictar sentencia. Si no llega el asunto a los tribunales, no están obligadas a devolver lo recibido. El aristotelismo tomista había resurgido muy a finales del siglo XV y comienzos del siglo entre las manos del Cardenal Cayetano, Juan Capreolus, Pablo Soncinas o Conrad Koellin. Tomás de Aquino tuvo un éxito especial en España porque lo introdujo Francisco de Vitoria, a comienzos del siglo XVI, en la Universidad de Salamanca, y tuvo una larga escuela que fue la dominante hasta finales de siglo. La tolerancia estuvo unida al destino del tomismo, porque hacia 1590 se impusieron las Conimbricenses, y aunque no condenaron la prostitución, su actitud general ante las realidades sensitivas fue muy distinta. Así, Tomás de Aquino había establecido que el orden de los preceptos de la ley natural sigue el orden de las inclinaciones comunes con los animales, la primera que menciona es la coniunctio maris et foeminae. El teólogo que se ocupó más extensamente del tratamiento moral y jurídico de la prostitución fue Luis de Molina (el más jurista de los teólogos españoles de ésta época), que dedicó toda la disputatio 94 de su De justitia et jure al tema. Sigue estrechamente a Diego de Covarrubias. Su actitud puede quedar resumida en lo que expone en el Index Rerum et Materiarum, en donde escribe que "la prostituta pública no solamente recibe lícitamente por la fornicación hecha, sino que se le concede acción en el foro civil para exigir el pago. Y si no ha sido fijado, puede exigir lo que sea costumbre". El tema lo conecta inmediatamente con lo que llamaban obligación natural, pues la quaestio 94 trata de la licitud de la restitución si recibe por causa torpe, y hasta qué punto se puede denegar en éstos casos la posibilidad de repetir el pago. Expone varios argumentos sobre la imposibilidad de exigir los honorarios, que los toma de Juan de Medina, que pueden quedar resumidos en el que ya conocemos. Que nadie tiene derecho a exigir algo por una torpeza gratuita. Molina mantiene, al contrario, que recibir un precio por una acción deshonesta o prohibida es posible, no en razón de la deformidad y por ser ofensa a Dios, que es por lo que se constituye en pecado, sino por razón de la delectación que lleva unida, o por el peligro, o por el daño que sufre una persona por hacer una merced a otra, y así lo estiman comúnmente los doctores. Covarrubias ha indicado –prosigue Molina- que no puede recibir el precio precisamente porque el pacto es injusto: De lo que resulta que no tiene precio estimable. "Pero veo yo las cosas de otro modo, porque entiendo que el precio puede ser estimado no porque sea un acto injusto (que implicaría que está hecho contra alguien), sino porque quien lo hace se expone a peligros y discriminaciones". Como primera tesis, concluye Luis de Molina que lo adecuado al derecho natural es sostener que quien recibe un precio moderado y equivalente por una causa torpe, ni comete una injusticia, ni está obligado a restituir. La segunda conclusión es la siguiente: Pactar y recibir el precio antes del acto deshonesto es pecado. Pero una vez que todo ha sucedido, ya sí se puede exigir lo prometido. Pues antes de cometer el acto, una de las partes puede echarse para atrás, y ésto es lícito; pero una vez que se ha cumplido, por derecho natural hay que pagar. Y así el pecado que aparece en el pacto, en la entrega y en la recepción del precio antes de la conducta injusta pactada, no es pecado, hablando en justicia, si todo ha pasado… Sea ésta la tercera conclusión: La prostituta pública no solamente retiene lícitamente lo que recibió como precio justo, o incluso lo que se le dio como donación gratuita por la fornicación, sino que una vez realizado el acto, se le ha de conceder acción externa o civil para que pueda pedir el precio moderado que fue convenido antes de fornicar. Y si no convinieron nada, el fornicario ha de pagar lo que sea costumbre, porque hay que suponer que ella no lo hizo gratis, sino para recibir el precio habitual. Y ésta conclusión es común: Que la prostituta actúa deshonestamente, porque es prostituta, y ésto es contra el derecho natural; pero no recibe deshonestamente, precisamente porque es prostituta… Aunque también es evidente que si se ha convenido con la meretriz cometer un pecado en el futuro, el pacto puede y debe ser rescindido, y de hecho es nulo antes que la torpeza haya sido cometida, de modo que los que han pactado no se han obligado a nada; y si alguien ha recibido por un pecado futuro, queda obligado a restituir lo que se le dio. Todo ésto vale para la prostituta pública, pero es dudoso que se le pueda ser aplicado a la occulta fornicaria. Algunos que cita Covarrubias han estimado que no se le debe en conciencia el precio, y Molina se opone a ésta opinión, entre otras cosas porque entiende que lo que da una mujer que no es pública meretrix es de mucho más valor que lo que da la prostituta pública, y no existe ley positiva que la vuelva incapaz de recibir precio si lo recibe por ésta causa. Lo mismo hay que decir del precio que recibe una virgen por hacer entrega de su cuerpo. Desde luego, está claro que si el fornicario, o la fornicaria, recibe algo de alguien que no tiene capacidad de alienar, debe restituir. Y de éste tema hay que examinar a éstas personas, aunque sean meretrices: "Juan de Medina, Doctor en Teología de la Universidad Complutense, activo hacia 1550, aportó también sus opiniones. Él, en un tratado dedicado a la restitución, que dominó ampliamente buena parte del siglo XVI y del XVII, entendía que no existe el deber de pagar a los chulos, aduladores, estafadores y demás personas que contribuían a hacer obras nefandas, como matar, golpear, infamar; a éstos no les había de pagar por vía de precio, sino solamente "per viam donationis"… Así, el que paga a la prostituta sabiendo que el acto fornicario es ilícito, y que nada aprovecha a su alma, sino que la introduce en la muerte, si sabe y quiere dar algo que excede del valor de ésta cosa torpe, se entiende que lo regala, y de éste modo la meretriz puede recibir de forma lícita, y retener lo recibido, pero no de modo que parezca que recibe un precio por el acto de fornicación. Y por ésto, si el mismo fornicario no trata de regalar, sino pagar como precio porque entiende que ése precio lo debe a la meretriz por la torpeza que han cometido, la prostituta no puede recibir ni retener si falta la donación o cualquier otro título honesto. Además, hay que mirar si la donación ha sido hecha por un menor o por alguien que tiene captada la mente –por la prostituta-, que éstas son personas que no pueden donar… Lo mismo sucede si el cliente se ha enamorado de la meretriz movido por los engaños de ésta, que no menos obceca al hombre el amor excesivo que el vino, y en éstos casos no parece que la donación sea libre o voluntaria. Y quizá por ésta razón fue por la que muchos doctores entienden que la meretriz pública, que entrega su cuerpo no por una merced, sino por la libido, está obligada a restituir: Porque los hombres, como enseña la experiencia, no se obcecan tanto por el amor de una prostituta pública como por el de una que lo es ocultamente… Si la meretriz recibe según derecho, más si recibe por una donación no prohibida por las leyes, no recibe torpemente. Lo mismo podemos decir de la mujer casada, que no puede exigir precio ni a otros ni a su marido, (al contrario de lo que sucede con las prostitutas, y ésto es bueno, porque así se evitan adulterios) y si la casada se niega a entregar su cuerpo si no hay precio, ésto es extorsión y queda obligada a restituir, salvo que el marido quiera donar. Pero es preciso repetir que si se trata de un simple contrato de alquiler y no interviene ninguna donación, entonces la prostituta no puede recibir precio por éste acto pecaminoso, ni puede retener el dinero que ha recibido. Si se trata de una meretriz oculta y no pública, las leyes distinguen entre una y otra, y la que es pública pierde lo que adquiere y habrá de ir al fisco: aunque antes que haya sentencia, el lucro es para ellas. La razón de que el derecho distinga entre las prostitutas públicas y las ocultas reside en que, si se permiten las que no son públicas, podrían surgir muchas incomodidades en la vida civil, como son las risas y las burlas, tal como nos muestra la experiencia" (Carpintero Benítez, pp. 246, 247, 248, 249, 250).

Yas ©

El México Bárbaro.

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México Bárbaro es una obra de John Kenneth Turner publicada inicialmente como artículos en The American Magazine (1909) que describe las condiciones de esclavitud durante el gobierno de Porfirio Díaz en México. La obra sigue siendo actual, tanto por las condiciones en las que se ha desarrollado el neoliberalismo en México, como por la imagen mundial del mexicano: "¿Qué es México? Los norteamericanos comúnmente llaman a México "nuestra república hermana". La mayoría de nosotros la describimos vagamente como una república muy parecida a la nuestra, habitada por gente un poco diferente en temperamento, un poco más pobre y un poco menos adelantada, pero que disfruta de la protección de leyes republicanas; un pueblo libre en el sentido en que nosotros somos libres… Yo encontré que México es un país con una Constitución y leyes escritas tan justas en general y democráticas como las nuestras; pero donde ni la Constitución ni las leyes se cumplen. México es un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos, sin ninguna de nuestras queridas garantías individuales, sin libertad para conseguir la felicidad. Es una tierra donde durante más de una generación no ha habido lucha electoral para ocupar la Presidencia; donde el Poder Ejecutivo lo gobierna todo por medio de un ejército permanente, donde los puestos políticos se venden a precio fijo. Encontré que México es una tierra donde la gente es pobre porque no tiene derechos; donde el peonaje es común para las grandes masas y donde existe esclavitud efectiva para cientos de miles de hombres. Finalmente, encontré que el pueblo no adora a su presidente, que la marea de la oposición, hasta ahora contenida y mantenida a raya por el ejército y la policía secreta, llegará pronto a rebasar éste muro de contención. Los mexicanos de todas clases y filiaciones se hallan acordes en que su país está a punto de iniciar una revolución en favor de la democracia… Mi interés especial en el México político se despertó por primera vez a principios de 1908, cuando establecí contacto con cuatro revolucionarios mexicanos que entonces se hallaban encerrados en la cárcel municipal de Los Angeles, California. Eran cuatro mexicanos, inteligentes, universitarios todos ellos, que estaban detenidos por las autoridades de los Estados Unidos bajo la acusación de planear la invasión de una nación amiga, México, con una fuerza armada desde territorio norteamericano. ¿Por qué unos hombres cultos querían tomar las armas contra una república? ¿Por qué necesitaron venir a los Estados Unidos a preparar sus maniobras militares? Hablé con ésos detenidos mexicanos. Me aseguraron que durante algún tiempo habían agitado pacíficamente en su propio país para derrocar sin violencia y dentro del marco constitucional a las personas que controlaban el Gobierno. Pero por ésto mismo habían sido encarcelados y sus bienes destruidos. La policía secreta había seguido sus pasos, sus vidas fueron amenazadas y se habían empleado toda clase de métodos para impedirles continuar su trabajo. Por último, perseguidos como delincuentes más allá de los límites nacionales, privados de los derechos de libertad de palabra y de reunión, de organizarse pacíficamente para promover cambios políticos, habían recurrido a la única alternativa: las armas. ¿Por qué deseaban derrocar a su gobierno? Porque éste había dejado de lado la Constitución, porque había abolido los derechos cívicos que, según consenso de todos los hombres ilustrados, son necesarios para el desarrollo de una nación; porque habían desposeído al pueblo de sus tierras; porque habían convertido a los trabajadores libres en siervos, peones de ellos en verdaderos esclavos". En el fondo sigue existiendo ése México Bárbaro que determina el carácter del mexicano, inmerso en relaciones de dependencia y servilismo que lo excluyen de la ciudadanía libre en una economía de tienda de raya, la economía "Mamá Lucha": inflación, devaluación, deuda pública. Las películas de Luis Estrada son una radiografía de la "República feudal" criminal, primero al servicio de la clase revolucionaria, después de los capitales internacionales en la globalización neoliberal, y finalmente al servicio del crimen global: La Ley de Herodes (1999) retrata al viejo PRI corporativo en el gobierno neoliberal de Ernesto Zedillo, Un Mundo Maravilloso (2006) al PAN neoliberal de Vicente Fox, El Infierno (2010) al PAN neoliberal de Felipe Calderón, La dictadura perfecta (2014) al PRI neoliberal de Enrique Peña Nieto. Si Luis Estrada no pudo sacar ninguna película de Morena fue por la censura del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. De las películas de Luis Estrada destacan dos actores: Damián Alcázar Castello ("Juan Vargas", "Juan Pérez", "Benjamín García", "Carmelo Vargas") y Joaquín Cosío Osuna ("El Cochiloco" Mata, "Agustín Morales"), el "Benny" se vendió a Morena como uno de los 100 diputados de la primera Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, destacando por presentarse únicamente a la instalación para tomar protesta y sólo a 4 de 16 sesiones por compromisos: la tercera temporada de "Narcos" ("Gilberto Rodríguez", líder del cártel de Cali), y una obra de teatro. El caso de Damián Alcázar (Morena), Bruno Bichir (Morena), Héctor Bonilla (Morena), Sergio Mayer (Morena), María Rojo (PRD) o Carmen Salinas (PRI), ejemplifica la tesis de Platón y Aristóteles: en la democracia nadie considera que la política sea un arte especializado, en una república de zapateros y herreros siempre van a faltar a las Asambleas. Joaquín Cosío es el único que mantiene su visión crítica de la política. O series como El señor de los cielos (2013-2024), La Reina del Sur (2013-2023) o Rosario Tijeras (2016-2025). El general Porfirio Díaz había encontrado el secreto de la única forma efectiva de ejercer un gobierno en México: una monarquía absoluta revestida de ropajes republicanos. Su gran falla fue que no creó un sistema político institucional, sino basado exclusivamente en su persona. Para Francisco I. Madero el objeto de la Revolución Mexicana era la implantación de un sistema democrático de gobierno, convertir en realidad los postulados de la Constitución de 1857, que tan sólo estaban vigentes en teoría. Para el general Francisco Villa era el medio de vengar los agravios sufridos por los pobres y de alcanzar para éstos justicia e igualdad. Para el general Emiliano Zapata era recuperar la mística vinculación que habían tenido en la época prehispánica los seres humanos con la tierra y todo lo existente. En los tres casos se trataba de aspiraciones idealistas. Por ello el grupo que salió triunfante de las luchas entre las distintas facciones revolucionarias fue el encabezado por Venustiano Carranza y el general Álvaro Obregón. Ellos eran los únicos que tenían los pies en la tierra. No se manifestaron en contra de los ideales que animaban a los otros grupos; al contrario, los incorporaron primero a sus proclamas y luego a la Constitución de 1917, pero lo hacen con un sentido pragmático, comprendiendo que muchos de ésos ideales eran utópicos y que ellos siempre debían sustentan sus acciones en realidades. La necesidad de restablecer la paz y el orden que se habían perdido como resultado de la Revolución, generando una anarquía que amenazaba con producir la desintegración del país o su anexión a los Estados Unidos. El general Obregón logró imponerse a todos los caudillos revolucionarios convirtiéndose, a semejanza de don Porfirio, en un monarca con disfraz presidencial, pero al igual que el general Díaz cometió el error de erigir un gobierno personalista y no basado en instituciones. La difícil tarea de iniciar la creación de un sistema político institucional le correspondería al general Calles. Obregón es asesinado en 1928 y el Partido Nacional Revolucionario (PNR) se funda el 4 de marzo de 1929. El general Calles fue preparando con toda anticipación la creación del Partido sin que el general Obregón se diese cuenta, quitándole fuerza durante su mandato presidencial a las dos únicas instituciones que en ése tiempo tenían un poder real, para que así, cuando se crease el Partido, éste pudiera tener en sus manos un efectivo control de los hilos del poder: la iglesia católica y el ejército. La Iglesia porque tenía una importante organización en el sector campesino, a través de toda una clase de agrupaciones que en cualquier momento podían convertirse en actores políticos. El ejército porque tenía las armas, que decidían en última instancia quien se quedaba en la silla. Sin anunciarlo, el general Calles va poniendo durante los cuatro años de su gobierno las bases para crear un partido que controlase a todas las fuerzas sociales del país. Desmantela las organizaciones campesinas de la Iglesia, lo que dio origen a un conflicto religioso que ensangrentó a la nación, va impulsando la creación de sindicatos agrupados en una central obrera controlada por el Estado y se va ganando, sin que el general Obregón se dé cuenta, la lealtad incondicional de un creciente número de generales. Así cuando Obregón es asesinado, aun cuando los más destacados generales obregonistas se levantan en armas, impulsados por la fundada sospecha de que el general Calles fue el autor intelectual del crimen, son derrotados y Calles asume el total control del Ejército. Puede entonces anunciar el 1 de septiembre de 1928, en su último informe de gobierno, que México ha dejado de ser una nación de caudillos para convertirse en una nación de instituciones. Al año siguiente funda el Partido Nacional Revolucionario y a partir de entonces será dentro de los cauces del Partido y no en los campos de batalla donde habrán de dirimirse las controversias políticas. En 1938 el general Cárdenas transforma al PNR en PRM, Partido de la Revolución Mexicana. No fue un mero cambio de siglas: el cambio en la denominación correspondía a un cambio real en los objetivos y en la estructura del Partido. En lo que se refiere a los objetivos, el general Cárdenas intenta hacer realidad los ideales de la Revolución y en alguna medida lo logra, como en el caso de la expropiación petrolera. Y en lo que respecta a la nueva organización del Partido, éste queda integrado por tres sectores: obrero, campesino y militar. Cárdenas es el primero en rechazar cualquier tentación de reelegirse o de continuar ejerciendo el poder a través de un presidente títere. El general Ávila Camacho, su sucesor, era la antítesis del caudillo, sin ningún carisma. Surgió un aspirante a caudillo, el general Almazán, que se postuló en las elecciones de ése año como candidato de la oposición. Lo más probable es que haya ganado las elecciones, pero le resultó imposible tomar el poder. El partido tenía ya el control de todas las fuerzas sociales del país y el general Almazán no pudo promover una revolución. El general Calles sentó las bases que permitirían transitar de la monarquía personal que representaba el caudillo a una monarquía institucional, y el general Cárdenas y el general Ávila Camacho fueron los que llevaron a feliz término la transición, que terminó con la creación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) el 18 de enero de 1946.  Continuando con una práctica ritual iniciada por Porfirio Díaz en 1896, el toque de la Campana de Dolores que se efectúa todas las noches del 15 de septiembre durante la ceremonia de "El Grito". El pueblo comprendió que dentro del sistema político imperante las elecciones no contaban para nada y dejó de prestarles atención durante años. Ésto permitió que pudieran realizarse sin mayores incidentes elecciones en todos los niveles, pues ya sólo los muy tontos continuarían votando por candidatos de la oposición y el PRI ganaría siempre con una amplia mayoría, requisito que, si bien no era necesario para conservar el poder, no dejaba de proporcionar una adecuada imagen ante el extranjero. Varios analistas han considerado al sistema político mexicano como una monarquía absoluta, la ilusión que generaban los ropajes republicanos que vestía el monarca habían logrado mantener la ficción de un régimen presidencial y democrático: "la presidencia imperial" (Enrique Krauze), "la dictadura perfecta" (Mario Vargas Llosa). Conclusiones semejantes podían aplicarse a la institución del Partido. El PRI no había operado nunca como un partido político, participado en auténticas contiendas democráticas, sino funcionando como un órgano del Estado, encargado de controlar a las distintas fuerzas del país para ponerlas bajo el mundo irrestricto del monarca. El Estado controlaba la mayor parte de la vida de los habitantes del país. La revolución institucionalizada basaba la estabilidad política en la incorporación orgánica de los tres sectores: la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que controlaba a la clase obrera; la Confederación Nacional Campesina (CNC), que controlaba a los campesinos, en su mayoría en un sistema de uso comunal de la tierra de propiedad estatal; la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), que trataba de organizar a sectores populares. Un sistema de clientelismo corporativo basado en la entrega de puestos de trabajo, salarios, subsidios, bienes y servicios en un amplio plan populista. Si un bolero o un vendedor de billetes de lotería querían cambiar la esquina en la que trabajaban por otra más redituable, tenían que pertenecer a la CNOP y hacer méritos para conseguir su cambio de esquina, acudiendo de acarreados a las manifestaciones de apoyo a los candidatos del PRI. Los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo mantuvieron una misma política económica, caracterizada por la más absoluta inconciencia, que produjo una galopante inflación, una corrupción generalizada y una deuda impagable. Al final del gobierno de Echeverría se devaluó la moneda y la nación quedó hundida en una grave crisis. En el gobierno de López Portillo, justo en una época en que el precio del petróleo no dejaba de subir se descubrieron grandes yacimientos. Los organismos financieros internacionales abrieron las compuertas del crédito para que México se endeudara al máximo. El gobierno gastaba sin límites intentando promover un acelerado desarrollo económico, pero la mayor parte del dinero se perdía por corrupción, por invertir en proyectos mal planeados o ejecutados y en el pago de una gigantesca e ineficiente burocracia. El sueño terminó cuando repentinamente el precio del petróleo se vino abajo, provocando de nueva cuenta una crisis económica con su consiguiente devaluación monetaria. Hubo tres factores que marcaron la decadencia del PRI. La matanza de Tlatelolco en la capital del país, a la vista de incontables testigos, incluyendo periodistas nacionales y extranjeros. No hubo ni un solo senador, diputado, juez o magistrado que expresase la más leve crítica, como tampoco la hubo de ninguno de los representantes de la iniciativa privada. Los doce años de despilfarro económico que llevaron al país a la quiebra y lo convirtieron en rehén de los organismos internacionales. El gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado que abarcó de 1982 a 1988. El cambió se manifestó primero en el lenguaje. Por primera vez desde 1910 los políticos dejaron de hacer mención en sus discursos de la Revolución Mexicana, cuyos ideales y postulados habían constituido la ideología oficial de todos los gobiernos revolucionarios a partir de ésa fecha, los cuales sustentaban su legitimidad en el hecho de estar laborando para dar cumplimiento a ésos ideales y postulados. Fue durante ése régimen que se comenzó a implantar en México la denominada política neoliberal, surgida en Inglaterra y Estados Unidos: Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Dicha política, consiste en un libre juego de fuerzas económicas, en privatizar casi todas las actividades y en reducir al máximo la intervención del Estado, es del todo contraria a la derivada de los ideales de la Revolución Mexicana. Fue un brusco cambio de rumbo que tenía que conducir a polarizar a la sociedad, empobreciendo a la gran mayoría de la población y concentrando la riqueza en unas cuantas manos. En agosto de 1986 surgió dentro del PRI la "Corriente Democrática" encabezada por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas, la cual buscaba que el partido retornase a sus antiguos ideales y propósitos. No lo consiguieron y sus integrantes optaron por salirse del PRI, formar un Frente Democrático Nacional y participar en las elecciones de 1988 con su propio candidato, el ingeniero Cárdenas. Las elecciones fueron una desagradable sorpresa para el partido. El ingeniero Cárdenas las ganó por un amplio margen, el segundo lugar lo ocupó el candidato del PAN, el ingeniero Clouthier, y en un tercer lugar quedó el candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari. El gobierno se vio obligado a efectuar un descarado fraude electoral. Inventó que se había caído el sistema de cómputo y luego, sin ningún fundamento, declaró ganador a Salinas. El presidente logró abatir la inflación que venía empobreciendo cada vez más a la gente. Echeverría había recibido el dólar a un tipo de cambio de 12.50 y cuando llegó Salinas ya estaba a varios miles de pesos. La recuperación económica durante el gobierno fue notable. El déficit fiscal se convirtió en superávit y se renegoció la enorme deuda externa en términos favorables. Pero la mejoría de las finanzas públicas significó un daño patrimonial. Todas las empresas que el gobierno había adquirido a lo largo de los años con el dinero de los contribuyentes, pasaron a ser propiedad de unos cuantos supermillonarios asociados a grandes inversionistas extranjeros. Las empresas estatales más redituables pasaron a ser propiedad de Salinas de Gortari y su grupo de allegados, que de ésta forma se hicieron de enormes fortunas. Algo muy semejante a lo que sucedió en Rusia después del derrumbe del comunismo. Los burócratas que dirigían las empresas estatales utilizaron el dinero que habían venido robando para quedarse con ellas comprándolas a precio de ganga. Fue en ésta época cuando los tecnócratas del PRI comenzaron una campaña en los medios para calificar a la vieja guardia revolucionaria del Partido como "dinosaurios". Todo empezó con el asesinato del cardenal Posadas en mayo de 1993, realizado por los narcotraficantes para impedir que el prelado promoviese en el Vaticano una campaña en contra de los rituales satánicos que estaban practicando. Luego la ofensiva en contra de los Niños Héroes que los sacó transitoriamente de los libros de texto de primaria, pero el ataque se frustró gracias a que de muchas partes del país los niños comenzaron a regresar sus libros a la Secretaría de Educación y ésta tuvo que echar marcha atrás y reincorporar a los Niños Héroes en los textos. Era evidente que se estaba fraguando un complot que buscaba destruir la existencia misma de México como nación independiente. El 1 de enero de 1994 inició en Chiapas un levantamiento armado con la declaración de guerra del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El 23 de marzo es asesinado en Lomas Taurinas el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta. El 19 de diciembre de 1994 estalló la peor crisis económica de la historia. Ése día se produjo una masiva retirada de inversiones extranjeras, lo que originó una reacción de pánico en los mercados financieros que se tradujo en una generalizada huida de capitales, cierre de empresas, desempleo, miseria y delincuencia. Ésta crisis ocasionó un cambio radical en lo que respecta a los factores reales del poder político. Las organizaciones del Partido que controlaban a las fuerzas sociales perdieron gran parte de su importancia. En el sector obrero hubo despidos masivos, en el campesino abandono de tierras y migración y en el popular la falta de oportunidades y de crecimiento. Los factores determinantes de poder no eran ya las organizaciones del Partido, sino los organismos financieros internacionales. El monarca se convirtió en un empleado de ésos organismos extranjeros. La nación había perdido su soberanía. En las elecciones de 1997 el PRI perdió el control de la Cámara de Diputados y la Jefatura del Gobierno de la Capital de la República. El sistema inició su agonía, ya el monarca no podía decretar las leyes pertinentes y ni siquiera mandar en la ciudad donde residía. 1998 es la muerte del sistema político concebido en 1929 y nacido en 1946. El año 2000 fue el año de su entierro, al perder el PRI la presidencia de la República. Sólo ha habido dos elecciones que no han sido consideradas de Estado: el triunfo de Vicente Fox en el gobierno de Ernesto Zedillo, y el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tanto la elección de Felipe Calderón en el gobierno de Fox como la de Claudia Sheinbaum en el gobierno de Obrador son consideradas de Estado. Una nación sin soberanía donde cada mexicano debe 151 mil pesos por concepto de deuda externa: "¿Esclavitud? … Quieren decir "esclavitud del asalariado", o esclavitud de condiciones de vida miserables. No querrán significar esclavitud humana. Pero aquellos cuatro mexicanos desterrados insistieron: -Sí, esclavitud, dijeron-… Los hacendados no llaman esclavos a sus trabajadores, se refieren a ellos como "gente" u "obreros", especialmente cuando hablan con forasteros; pero cuando lo hicieron confidencialmente conmigo me dijeron; "Sí, son esclavos". Sin embargo, yo no acepté ése calificativo a pesar de que la palabra esclavitud fue pronunciada por los propios dueños de los esclavos. La prueba de cualquier hecho hay que buscarla no en las palabras, sino en las condiciones reales. Esclavitud quiere decir propiedad sobre el cuerpo de un hombre, da al poseedor el derecho de aprovechar lo que produzca ése cuerpo, matarlo de hambre, castigarlo a voluntad, asesinarlo impunemente. Tal es la esclavitud llevada al extremo; tal es la esclavitud que encontré en Yucatán. Los hacendados yucatecos no llaman esclavitud a su sistema; lo llaman servicio forzoso por deudas… El precio corriente de cada hombre era de $400 y ésta cantidad me pedían los hacendados. Muchas veces me dijeron: Si compra usted ahora, es una buena oportunidad. La crisis ha hecho bajar el precio. Hace un año era de mil pesos por cada hombre… No importa el monto del adeudo; lo principal es que éste exista, y la pequeña operación se realiza por medio de personas que combinan las funciones de prestamistas y negreros. Algunos de ellos tienen oficinas en Mérida y logran que los trabajadores libres, los empleados y las clases más pobres de la población contraigan deudas con ellos, del mismo modo que los "tiburones" agiotistas de los Estados Unidos convierten en deudores a dependientes, mecánicos y oficinistas, aprovechándose de sus necesidades, y haciéndoles caer en la tentación de pedir prestado. Si éstos dependientes, mecánicos y oficinistas residieran en Yucatán, en vez de verse perseguidos por uno de ésos "tiburones", serían vendidos como esclavos por tiempo indefinido, ellos y sus hijos, y los hijos de sus hijos, hasta la tercera o cuarta generación, o más allá, hasta que llegara el tiempo en que algún cambio político pusiera fin a todas las condiciones de esclavitud existentes en México" (Kenneth Turner, pp. 12, 13, 15).

Yas ©

Liberalismo & Neoliberalismo.

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Jean-Pierre Vernant en "los orígenes del pensamiento griego" (PAÍDÓS, 2011), distingue que mythos quiere decir "palabra", "narración". No se opone, en principio, a logos, cuyo sentido primero también es "palabra, discurso", antes de designar la inteligencia y la razón. Solamente es en el marco de la exposición filosófica que, a partir del siglo V, mythos, puesto en oposición a logos, podrá cargarse de un matiz peyorativo y designar una afirmación vana, desprovista de fundamento al no poder apoyarse sobre una demostración rigurosa o un testimonio fiable. Pero incluso en éste caso mythos, descalificado desde el punto de vista de lo verdadero en su contraste con logos, no se aplica a una categoría precisa de narraciones sagradas relativas a los dioses o a los héroes. Designa diversas realidades: teogonías y cosmogonías, fábulas, genealogías, cuentos infantiles, proverbios, moralejas, sentencias tradicionales: en resumen, todo los se-dice que se transmiten espontáneamente de boca en boca. El mythos se presenta, por consiguiente, en el contexto griego, no como una forma particular de pensamiento, sino como el conjunto que vehicula y difunde al azar de los contactos, los encuentros, las conversaciones, ése poder sin rostro que Platón llama Pheme: el Rumor. Los medios de comunicación y las redes sociales son un vehículo de los rumores, entendidos como los saberes comunes de los miembros del grupo. Así que cualquier aproximación a la opinión pública tiene la categoría de rumor. Los mitos políticos o del mercado no responden a la categoría de verdad, sino al pragmatismo de satisfacer las necesidades humanas concretas o los deseos colectivos insatisfechos. ¿Alguien pondría a sus mitos el calificativo de rumores sólo porque la masa piensa lo mismo? Obviamente no. ¡Todos apelarían a que sus mitos tienen algún fundamente verdadero! ¡Ya que, en caso contrario, sus creencias no tendrían ningún fundamente más que la opinión democrática! ¿Y qué es la posmodernidad sino el pragmatismo de la verdad como voluntad de poder? Si alguien pregunta si el papel de los medios es buscar la verdad, la respuesta sensata sería que no es su obligación, sino de la academia. Si alguien pregunta si el papel de la política o el mercado es buscar la verdad, la respuesta sensata sería que no es su obligación, sino de la academia. El papel de los medios es forjar la opinión pública, el papel de la política es la obtención del poder y el papel del mercado la obtención de la riqueza. El feminismo es político porque busca satisfacer un conjunto de demandas a través de la obtención del poder, que no es lo mismo que buscar la verdad. ¡En la posmodernidad, la verdad es una expresión de la voluntad! ¡La verdad de los medios es la opinión pública, la verdad de la política es el poder y la verdad del mercado es la riqueza! Así que si perteneces a un grupo lo suficientemente numeroso puedes reclamar el argumento de autoridad: los lobbies o grupos de presión. ¡Incluso puedes forjar una carrera política desde la academia y cambiar el currículo para que promueva tus narraciones! Nadie sensato aceptaría la definición de verdad como voluntad de poder desde un punto de vista epistemológico, pero es lo que ocurre todos los días en la academia, la política y el mercado. Lo que diga un sofista tiene el mismo valor epistemológico que lo que diga un borracho, no es más verdadero porque aparezca en la televisión, en YouTube, en Facebook, en X, en un agónico periódico, en un portal electrónico o en una encuesta. En todo caso, la responsabilidad de la amplificación de los rumores en el sentido platónico es de los académicos, ya que ellos sí están obligados epistemológicamente a ser árbitros de la verdad. En caso contrario, llamarlos por el nombre de su innoble oficio: prostitutas. Aunque los defensores del morenismo rechazan las acusaciones de narcoterrorismo del gobierno de Estados Unidos, el gobierno de Felipe Calderón fue el primero que recibió ése calificativo. En el verano de 2008 empezó a tomar forma en los círculos de poder de Washington una corriente convencida de los vínculos entre narcotráfico y terrorismo. Dos tanques de pensamiento comenzaron a hablar de Estado fallido, insurgencia y narcoterrorismo en México, apoyados en informes y ensayos publicados por Stratfor, un centro de inteligencia global conformado por expertos y analistas que se dedican a realizar estudios y predicciones sobre distintos fenómenos y escenarios, utilizando lógica e inferencias. El gobierno mexicano estaba horrorizado ante la posibilidad de que Estados Unidos terminara por clasificar a las bandas del narcotráfico mexicanas como terroristas y de incorporar a México en su lista de países bajo la sombra del terrorismo. Es significativo que Luis Estrada estrenara El Infierno (2010) en el gobierno de Felipe Calderón en pleno Bicentenario de la Independencia: 1810-2010. La "Cuarta Transformación" de Morena evoca las tres anteriores: la Independencia (1810), la Reforma (1855-1863) y la Revolución (1910). Aparentemente México no tuvo otra Revolución en 2010, pero sí la tuvo: la narco-insurgencia neoliberal. Al desaparecer el control de los sectores obrero, campesino y militar y los ideales y propósitos revolucionarios, se produjo un proceso de descomposición neoliberal que dejaba a su suerte a millones de mexicanos. Francisco I. Madero, Francisco Villa y Emiliano Zapata fueron desplazados por los capos. El Blog del Narco se convirtió en el registro del México Bárbaro del siglo XXI: altares de la Santa Muerte, antropofagia, narcofosas, decapitaciones, desollaciones, desmembramientos. En México la democracia sólo existe para los tontos o para los cínicos: Comisión Federal de Vigilancia Electoral (CFVE, 1946), Comisión Federal Electoral (CFE, 1988), Instituto Federal Electoral (IFE, 1996), Instituto Nacional Electoral (INE, 2014). Gran parte de la mitología mexicana inicia con el origen de la Independencia. Desde el siglo XVI se tiene noticia de los bandoleros y contrabandistas, que en el marco de las guerras napoleónicas europeas y americanas del siglo XIX se convertirán en guerrilleros, revolucionarios e independentistas: España, México, Venezuela, Colombia, Chile, Argentina, Ecuador y Perú. ¡Sólo le tenemos que agregar la variable del narcotráfico y Canal Red América Latina! Visto de ésa manera, el Estado nación es una asociación de bandidos de ideología liberal, superados por los bandidos neoliberales al servicio de los organismos supranacionales de gobernanza global. John Gray en "Misa Negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía" (PAIDÓS, 2008) identifica que las ideas neoliberales han conformado las políticas aprobadas y aplicadas en Gran Bretaña y en muchos otros países desde finales de 1980 y hasta la actualidad. El neoliberalismo abarca varias corrientes de pensamiento, pero todas ellas comparten ciertas creencias fundamentales. Los neoliberales están convencidos de que la condición más importante para la libertad individual es el libre mercado. De ahí que el ámbito de actuación del Estado debe quedar rigurosamente limitado. La democracia puede ser deseable, sí, pero ha de ser restringida a fin de proteger las libertades de mercado. Los mercados sin trabas no sólo son el modo más eficiente de organizar la economía, sino también el más pacífico. En un mercado libre globalizado, la guerra y la tiranía desaparecerán. Con alguna que otra variación menor, Friedrich Hayek, Milton Friedman y un elenco de figuras menores suscribieron tales creencias. Todos ellos fueron exponentes de una ideología ilustrada de finales del siglo XX cuyos principios básicos –pese a ser presentados como resultado de la investigación científica- tienen profundas raíces religiosas. El neoliberalismo fue una versión paródica en pleno final del siglo XX de la economía política clásica. Los economistas clásicos del siglo XVIII creían que todas las sociedades atravesaban unos estadios concretos de desarrollo que conducían a un mismo destino: una civilización comercial basada en el intercambio mercantil. Pero eran muy conscientes de las deficiencias de las sociedades de mercado. Sin ésa conciencia, los neoliberales transformaron la economía clásica en una ideología utópica. Los propios economistas clásicos albergaban serias dudas acerca de la sociedad comercial que veían surgir a su alrededor. Para Adam Smith la sociedad comercial era la mejor forma de asociación humana, pero no dejaba de ser sumamente imperfecta. Aunque le impresionaba la productividad de los mercados libres, Smith temía los riesgos morales de éstos. Los trabajadores no tenían que estar bien educados para realizar las tareas simples y repetitivas que se les ordenaban en las factorías que empezaban a instalarse en el norte de Inglaterra, donde las ciudades anónimas que surgían en torno a aquellas fábricas no favorecían la virtud. Y, a largo plazo, éso plantearía un riesgo para la propia civilización comercial. Las preocupaciones de Smith evocaban las de otros pensadores anteriores de la tradición republicana cívica e influyeron en críticos posteriores del capitalismo. La teoría de Marx sobre los efectos alienantes del trabajo asalariado debe mucho a las ideas de Smith sobre los defectos de las sociedades comerciales: "Caricaturizado por los ideólogos del siglo XX como un misionero del mercado, Adam Smith fue, en realidad, un teórico temprano de las contradicciones culturales del capitalismo. La utopía de Smith es "una utopía imperfecta o, por decirlo de otro modo, una utopía adaptada para criaturas imperfectas". Pero pese a su imperfección, el sistema de libertad natural no es tan fácil de alcanzar. A diferencia de los neoliberales del tramo final del siglo XX, Smith no creía en la efectividad de los planes de reforma liberalizadora. La esperanza que tenía de que su utopía se hiciera realidad descansaba sobre sus propias creencias religiosas. Smith tenía poco en común con ciertos evangelistas laicos del libre mercado como Friedrich Hayek y Milton Friedman. Para él, el surgimiento de la sociedad comercial sería obra de la divina providencia. Su concepto de la "mano invisible" –un sistema de ajustes ocultos por el que los intercambios del mercado acaban promoviendo el bien común- estaba expuesto en términos inequívocamente teístas. La mano invisible era la de Dios, que obraba a través de los sentimientos humanos; la razón humana desempeñaba un papel muy reducido en todo ése proceso. El mercado no se desarrollaba porque las personas entendieran sus ventajas, sino que surgía como un producto derivado de los instintos que Dios había implantado en ellas. Como otros pensadores de la ilustración escocesa, Smith entendía que el comportamiento humano se regía por la emoción y la convención en mucha mayor medida que por la razón, y como ellos, sospechaba del intelecto cuando obraba sin considerar el sentimiento. La idea del sistema natural de libertad propuesta por Smith se sustentaba sobre una determinada concepción de la providencia, y el pensamiento liberal en su conjunto está condicionado por las creencias cristianas. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando el liberalismo empezó a vincularse al pensamiento laico. Desde entonces, muchos han sido los intentos que han tenido por objeto separarlo de sus orígenes, pero el liberalismo continúa siendo un vástago del cristianismo" (Gray, pp. 120, 121, 122). A comienzos del siglo XIX, el principal argumento a favor del libre comercio era que los aranceles frustraban los designios divinos. Según la fórmula más habitual de dicha idea, Dios había esparcido recursos por todo el mundo para que pueblos que se hallaban muy separados entre sí pudieran entablar relaciones más estrechas a través del comercio y, de ése modo, acabaran reconociéndose mutuamente como hermanos. El libre comercio constituía, pues, un medio para alcanzar la hermandad bajo la ley de Dios. En la década de 1840, Richard Cobden impulsó una exitosa campaña contra las Leyes del Maíz, principal símbolo del proteccionismo en Gran Bretaña, con el lema "El comercio libre es la ley internacional de Dios". Para él ésta no es una simple metáfora, sino una verdad literal. Otros economistas posteriores han tratado de reformular los argumentos a favor del libre comercio universal en términos laicos centrándolos en la llamada ventaja comparativa, pero nunca han tenido mucho éxito. Gran parte de la teoría económica está constituida por una serie de reiterados intentos de deducir la necesidad de los mercados libres a partir de unos dudosos axiomas de elección racional. El ideario resultante es acusadamente más dogmático que la economía política de Smith, pese a la base religiosa de ésta. El libre mercado se convirtió en una religión en el momento mismo en que negó su fundamento confesional. La idea de que el libre mercado es un concepto fundamentado en la ciencia es esencial en el pensamiento de Herbert Spencer (1820-1903). Nacido en una familia metodista disidente que era rotundamente anticlerical (con alguna que otra conexión cuáquera), pero firmemente cristiana en sus creencias, Spencer se hizo agnóstico y dedicó su vida a intentar reformular en términos científicos una versión del sistema de libertad natural de Smith. Personalidad excéntrica que produjo parte de su extensa obra durante sus frecuentes travesías a bordo del transbordador del canal de la Mancha, Spencer llegó a ser uno de los pensadores más influyentes del tramo final del siglo XIX y contaba con un nutrido grupo de seguidores en Estados Unidos. Fue fundamentalmente su idea de la evolución social la que le dio renombre. En su búsqueda de una base científica para la ética, Spencer estuvo muy influido por Comte, pero mientras éste invocó la ciencia para atacar los valores liberales, Spencer utilizó la ciencia para defenderlos. En ambos casos, la ciencia citada era falaz. Spencer fue el exponente más influyente del darwinismo social, un sistema de ideas que tiene muy poco que ver con Charles Darwin: fue Spencer (y no Darwin) quien acuñó la expresión "la supervivencia de los más aptos". Para Spencer, la sociedad evoluciona y dicha evolución sólo puede tener un fin: el libre mercado (o, como él lo llamó parafraseando a Comte, el industrialismo). Las sociedades "industriales" se enfrentaban a la competencia de las sociedades "militantes" (los regímenes socialistas y nacionalistas) que trataban de organizar la economía sobre la base del control. Spencer no tenía ninguna duda de que el libre mercado vencería, pero nunca concretó mecanismo alguno que garantizara ése resultado final. El silencio de Spencer no era de extrañar. Las sociedades basadas en el mercado pueden ser más productivas que otras. Pero éso no significa que vayan a ser adoptadas en todas partes. Incluso podrían ser abandonadas allí donde se encuentran actualmente implantadas (el propio Spencer comentó apenado que, al acabar el siglo XIX, el laissez faire ya era historia en Gran Bretaña, donde había sido reemplazado por una especie de dirigismo). Su teoría de la evolución social tenía graves problemas para explicar ésa realidad, y éso planteaba un serio interrogante a propósito del conjunto de su sistema de ideas. Durante la mayor parte de su vida, Spencer fue capaz de convencerse a sí mismo de que la historia estaba siguiendo el curso por él previsto. Pero el auge del imperialismo y del proteccionismo de finales del siglo XIX, le invadió la desesperanza. Algunos de sus discípulos no fueron tan sensibles. Sidney y Beatrice Webb opinaban, como Spencer, que los sistemas económicos más productivos vencen sobre los menos productivos. Y, como él, tampoco se les escapó que el laissez faire se hallaba en franco retroceso. Así que llegaron a la conclusión de que el colectivismo soviético era más productivo que el capitalismo occidental. La adhesión de los Webb al estalinismo ejemplifica uno de los mayores defectos de todas las teorías evolucionistas de la sociedad: en ellas casi siempre se cree que la evolución social conduce a un único tipo de sociedad, pero la historia (como la selección natural) no tiene una dirección general ni un estado final determinados. En la práctica, los teóricos de la evolución social acaban respaldado las tendencias imperantes en su momento, lo que, básicamente, equivale a equiparar fuerza y razón. Y ésa suele ser una apuesta equivocada. Hacia el final del siglo XX, era el colectivismo el que se hallaba en retroceso. Los neoliberales creyeron atisbar un mercado libre global en el horizonte; también pensaban que, cuando éste triunfara, la paz y la prosperidad serían universales. Ése había sido también en su momento el mensaje de defensores religiosos del libre comercio como Richard Cobden y John Bright. Pero los neoliberales lo presentaron como un hecho demostrado por las ciencias sociales, más concretamente, por la supuesta ciencia de la economía. En el movimiento neoliberal se hallaban representadas diversas escuelas diferentes de la teoría económica. Fuertemente influida por el positivismo, la Escuela de Chicago sostenía que la economía era una ciencia que contenía leyes universales como las de las ciencias naturales, mientras que la Escuela Austríaca propugnaba que los métodos de la ciencia natural no eran aplicables a la sociedad. Ése fue un punto fundamental de desacuerdo entre ambas, pero no enfrió lo más mínimo el entusiasmo de la una y de la otra por el libre mercado: éste último era el principio de su credo que no podía ser cuestionado. El cómo se justificara no tenía importancia. El ideólogo neoliberal más ambicioso e influyente fue F. A. Hayek (1899-1992). Hayek creció en los años finales del imperio de los Habsburg, un régimen que el mismo consideraba como un modelo de sistema liberal en ciertos sentidos. Odiaba el nacionalismo, en el que veía una fuerza con un enorme poder de destrucción, pero que desaprobaba por entender que se trataba de una regresión al tribalismo. No supo apreciar que el nacionalismo –al igual que el nazismo, el comunismo y el jacobinismo- es un fenómeno moderno. También se oponía enconadamente al cientificismo (la equivocada aplicación de los métodos de las ciencias naturales a las cuestiones humanas). Y, sin embargo, su propia defensa del libre mercado era una forma de cientificismo. En la década de 1930, mantuvo un prolongado debate acerca de los orígenes de la Gran Depresión con J. M. Keynes que éste último ganó sin dificultad. En los años cuarenta, dejó la economía para dedicarse a la filosofía social, pero no sin antes elaborar una enérgica crítica de la planificación central. La corriente dominante de la economía en aquella época postulaba que, dada las condiciones apropiadas, la planificación central podía resultar muy productiva. Contra aquel consenso, Hayek argumentó que se trataba de una política inherentemente inviable. En esencia, el argumento de Hayek partía de la base de que los planificadores jamás podrían poseer la información necesaria para organizar la vida de forma eficiente. Él sostenía que la información de la sociedad está plasmada en sus prácticas. Hayek pasó por alto las distorsiones a las que son proclives los mercados libres y exageró cuando sugirió que la planificación económica centralizada era imposible: la economía dirigida británica funcionó bastante bien durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Pero sí detectó un obstáculo insuperable que en su día defendió Marx y que se intentó llevar a la práctica en el bloque soviético, la China maoísta, Cuba y otros países comunistas: aunque se cumplieren algunos de los objetivos fijados por los planificadores (como de hecho sucedió en algunos sectores del complejo militar-industrial soviético), sólo sería a costa de un colosal despilfarro. En una época en que la mayoría de los economistas no tenían duda de que la planificación económica central podía producir un nivel de prosperidad comparable al de los sistemas basados en el mercado, Hayek mostró que, tarde o temprano, acababa resultando mucho menos productiva. Su postura terminaría siendo ratificada por los datos y el historial de las economías planificadas, del que no se tuvo conocimiento pleno hasta después del colapso de éstas. Y es precisamente como crítico profético del socialismo de Estado como será recordado. Por desgracia, como más se dejó sentir su influencia fue en su calidad de teórico del libre mercado: "Su impacto sobre los líderes políticos fue escaso, pero sí se hizo notar en tanto que contribuyó a difundir una forma especialmente dañina de concebir la economía. Y es que Hayek arrojó luz sobre la irracionalidad de la planificación central, pero paso por alto la de los procesos de mercado. Los mercados son propensos a experimentar ciclos de ascenso y de caída, así como colapsos recurrentes. Keynes y otros teóricos argumentaron que la Gran Depresión se debió a la creencia errónea de que el mercado libre tiende a la autoestabilización… Aunque los gobiernos agravaran el colapso económico durante la década de 1930 con sus propias políticas (como sostenía Hayek), no cabe deducir de ello que los mercados sean de fiar. No hay nada en los procesos de mercado que indique que éstos pueden ajustarse por sí solos. Hayek logró mostrar que la idea de una economía planificada con éxito es una utopía. Pero olvidó señalar que lo mismo se puede decir del concepto de mercado autorregulado… El mercado libre en la Gran Bretaña de mediados del siglo XIX fue obra del poder estatal. Lo mismo se puede decir de lo sucedido a finales del siglo XX: reinventar el mercado supuso poner freno a las instituciones que habían evolucionado espontáneamente en su momento, como los sindicatos y los monopolios empresariales. Y ésto sólo pudo conseguirse a través de un Estado fuertemente centralizado… Que Hayek estaba equivocado al creer que el libre mercado se desarrolla de forma espontánea quedó patente en la Rusia de la era Yeltsin. Los gobiernos occidentales pensaron que, una vez desmantelado el sistema de planificación central, el capitalismo crecería allí de manera automática. Y ciertamente surgió una economía de mercado, pero dominada por el crimen organizado. Con Putin en el poder, el anarcocapitalismo ruso fue sustituido por un nuevo sistema –igualmente ligado al crimen, pero aparentemente más organizado y más legitimado popularmente que el anterior- que se ha mostrado más eficiente que la planificación central, pero que está muy lejos del libre mercado. El resultado de fiarlo todo a los procesos espontáneos ha acabado siendo un nuevo tipo de economía planificada" (Gray, pp. 126, 127).

Yas ©

Autor del texto: Armando Ossorio ©

XPOFERENS

 

"En China, la democracia de corte occidental va asociada a tres grandes catástrofes políticas: la desintegración del bloque soviético consiguiente a la apertura de Gorbachov; la democracia popular de la Revolución cultural china, impulsada por Mao con las purgas, y la independencia de Taiwán tras la huida de Chiang Kai-shek de China. Por tanto, la democracia es sinónimo de caos, de ausencia de control, y ésa visión apocalíptica ha contribuido a cimentarla el PCCh. Retrocedamos al fatídico año de 1989, marcado por dos acontecimientos en apariencia opuestos: la represión de la plaza de Tiananmen y la caída del Muro de Berlín. Son éstos dos sucesos los que marcan la pauta del proceso de globalización e influyen sobre las futuras políticas económicas mundiales. La izquierda occidental se rompe en pedazos y el neoliberalismo se impone como único modelo triunfante. En la euforia de la victoria, muy pocos intuyen que la globalización representa para Occidente el final de su primacía económica. Occidente aún ve la respuesta armada de Pekín en la plaza de Tiananmen como una represión violenta a la democracia de corte occidental, y la demolición del Muro de Berlín como una señal de su triunfo sobre el mundo comunista. Interpreta el final de la guerra fría como una victoria evidente del sistema democrático y considera que los soviéticos han sido afortunados por abrazar ese sistema y a los chinos desgraciados por haber seguido siendo comunistas".


Yas ©

"China acaba sustituyendo así, en el imaginario colectivo occidental, al enemigo soviético. Un régimen dictatorial que no respeta los derechos humanos, un país hipócrita que falsea datos económicos y explota perversamente a los trabajadores, una nación que dista mucho de poder aspirar al papel de primera superpotencia del mundo globalizado. A la luz de los objetivos económicos alcanzados en los últimos treinta años, China ha gestionado el proceso de globalización mejor que las democracias occidentales. Desde aquel lejano 1989, las condiciones medias de vida de los chinos han mejorado radicalmente, mientras que en la Europa del Este y en los territorios de la vecina Unión Soviética, donde ha arraigado la democracia de tipo de occidental, la pobreza y el analfabetismo están a la orden del día. Por no hablar de Irak y Afganistán, donde la exportación bélica de la democracia ha desencadenado una guerra civil. En Occidente existe un reality show político que se llama "superdemocracia". Los personajes son los políticos de los países del antiguo bloque comunista, concursantes con escaso talento democrático pero que calcan los modelos de comportamiento de los políticos occidentales, también de escaso talento. La Rusia democrática ha llevado al poder a gente que ha vuelto a generar pobreza, desigualdad, corrupción y que ha favorecido la extensión del crimen organizado".


Yas ©

"A partir de 2001, pronto se hizo evidente a nivel mundial el desastre de exportar la democracia occidental con las imágenes del "Irak democrático" en llamas, la explosión de la producción de opio en Afganistán y las acusaciones de fraude en las elecciones afganas de Hamid Karzai, bajo cuyo mandato aumentó la corrupción y la criminalidad. Y es que la democracia liberal más allá de los defectos conceptuales que tenga como sistema político, ha servido para expandir la corrupción, el desastre y el crimen organizado. Los chinos no tienen interés en exportar nuestra democracia porque no se adapta a la realidad china. Pekín es perfectamente consciente de que el sufragio universal se puede introducir con relativa facilidad en un país en transición, pues basta con convocar elecciones. Pero no es tan fácil respetando las leyes. En el reality show de la superdemocracia es fácil votar al candidato con quien nos identificamos, pero es casi imposible evaluar si posee realmente los valores que nosotros, y no nuestros políticos, consideramos indispensables. ¿Será de verdad como dice? ¿Cederá a la corrupción?… Visto desde Pekín, no tiene importancia que se vote o no en Irak o Afganistán, naciones paralizadas por guerras que han destruido la estructura misma de la sociedad civil, países en los que cientos de miles de personas han sido asesinadas y muchas más han sido desplazadas".


Yas ©

"En éstas democracias no hay respeto por la ley, que es el único instrumento que limita el poder que el pueblo deposita en manos de sus representantes. La democracia dicta las reglas y la ley las hace respetar; es el principio del buen gobierno. Sin ley las reglas no son más que palabras. Pero mientras que la democracia como "técnica" puede exportarse, el espíritu del respeto a la ley es una conquista cultural imposible de importar a un pueblo… Así pues, China se inspira en el éxito de algunos países asiáticos, los llamados Tigres: Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur, que no son países democráticos, sino sociedades en las que está arraigado el respeto a la ley. Los Tigres asiáticos han sabido crear un nuevo tipo de gobierno, el Estado del desarrollo, en el que la legitimidad no va ligada a elecciones democráticas, sino a la habilidad de quien dirige y sostiene un crecimiento económico constante. Deng los tomó como ejemplo desde el momento de que se convenció de que el Partido Comunista, si quería sobrevivir, tenía que modernizar el país. El primer paso fue el de reintegrar el beneficio al centro de la economía. A finales de los años setenta, Deng sabía bien que la lucha de clases pertenece al pasado, al maoísmo que la utilizó como medio para reconfigurar la identidad nacional… No sabiendo qué hacer con ésa arma, recurrió a los distintos instrumentos de la economía de mercado. Ésta es, pues, la receta de la nouvelle cuisine china de Deng: marxismo con salsa capitalista".


Loretta Napoleoni.

Maonomics.


PAIDÓS.


"Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".

Yas ©

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