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Trumpilandia: Vol.1

 

Hal Hefner ©

El estatus de la ciencia.

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M. Paz Sandín Esteban en "Investigación cualitativa en educación. Fundamentos y tradiciones" (McGraw Gill, 2003), expone que en la historia cultural de Occidente anterior al siglo XVII predominó una determinada idea de ciencia, heredada en gran parte del pensamiento griego y, en parte, reelaborada por los medievales. La ciencia (llamada episteme) se consideraba un saber seguro, apoyado en demostraciones y ordenado en sus conocimientos, contrapuesto a la simple opinión (doxa). La filosofía se consideraba como la síntesis y el ordenamiento de la episteme. En la Edad Media, la teología fue la "reina de las ciencias" y la misma filosofía era una ancilla theologiae. El siglo XVII ya puede ser considerado un punto de inflexión en la historia del pensamiento, y las ideas que significó, un declive del antropocentrismo, el antropomorfismo y la teología (Barnes, 1987). Se rechaza la cosmología teológica y centrada en el hombre de Aristóteles y aparece una visión del mundo fundamentalmente impersonal y mecánica. La experiencia como fuente de conocimiento adquiere un énfasis mayor. Francis Bacon y Galileo Galilei son generadores de un nuevo método, distinto del filosófico, que une el experimento empírico al cálculo matemático. Bacon, inspirado por el Renacimiento y en contra de la lógica aristotélica y escolástica, propuso un método inductivo de descubrimiento de la verdad, expuesto en el Novum Organum, basado en la observación empírica, el análisis de los datos observados, en la inferencia para llegar a las hipótesis y en la comprobación de las mismas mediante la observación y el experimento, en lugar de explicar los fenómenos por una razón aceptada de antemano. Por su parte, los estudios de Galilei se asentaban sobre la idea de que la naturaleza se regía por leyes matemáticas precisas, y así creó su teoría del movimiento: la oscilación pendular, la caída de los cuerpos, etc. El postulado de que el mundo estaba matemáticamente organizado fue la base de toda la ciencia y la filosofía del siglo XVII. Se asienta la idea de la identificación de la ciencia con el saber seguro y demostrado, por contraposición al saber común, la religión y la especulación filosófica. Si crees ésto, no conoces la filosofía griega. En el siglo VI a.C., en la ciudad de Mileto, vivió un filósofo jónico llamado Tales. Tales era hijo de una familia fenicia noble y en su juventud pasó algún tiempo en Egipto, donde aprendió geometría y estudió registros astronómicos antiguos. Fue muy conocido en todo el mundo antiguo porque predijo un eclipse total de Sol que ocurrió sobre Anatolia Central el 28 de mayo de 585 a.C., pero su mayor legado es lo que ahora llamamos el "método científico". Tales rechazaba lo sobrenatural y, en su lugar, enseñaba que el pensamiento racional y la experimentación eran la mejor manera de encontrarle la lógica al mundo. El filósofo creía que todo lo que existía estaba compuesto por una o más sustancias primigenias y controlado por fuerzas en interacción, noción que, en esencia comparten casi todos los físicos de partículas de hoy en día. Anaximandro, el socio milesio de Tales, fue quien usó éstas ideas para formar una explicación mecánica de los cielos. Si Tales y sus discípulos fueron los primeros científicos verdaderos del mundo, entonces Pitágoras y sus seguidores fueron los primeros matemáticos puros. Pitágoras se casó con el principio de que los números, enteros e ideales, constituían la realidad más profunda; y ésa realidad no se podía investigar con los sentidos, sino solamente por el pensamiento. La preferencia de los pitagóricos por el misticismo y la metafísica estaría destinada a prevalecer por encima del empirismo de Tales como una profunda influencia en las filosofías de Platón y Aristóteles dos siglos después, aproximadamente. En el tiempo de Platón, el defensor más acérrimo de la filosofía de Tales era un griego jónico llamado Demócrito. Para él, el Universo no estaba construido con números místicos y formas geométricas, sino con partículas físicas infinitesimales que se movían eternamente por todo el vacío infinito. Demócrito llamó a éstas partículas átomos, palabra griega que significa "indivisible". Según Demócrito, lo único que existía era los átomos y el vacío, y por lo tanto éstos eran la fuente de todas las cosas, incluso los seres vivos, sus pensamientos y percepciones sensoriales. En un universo infinito de tiempo y espacio el incesante baile de los átomos conduciría de manera inevitable a otros infinitos mundos dentro de un proceso eterno de crecimiento y decadencia. Al observar el oscuro cielo egeo, Demócrito especuló que las estrellas, al igual que todo lo demás, estaban hechas de átomos, y no con una sustancia celestial. Eran, simplemente, soles que estaban mucho más lejos que el nuestro; algunos eran tan distantes que en conjunto formaban el sutil resplandor de la Vía Láctea. Casi un siglo después de la muerte de Demócrito, la idea de que las estrellas eran soles distantes volvió a resurgir en la obra de Aristarco, otro astrónomo griego que propuso que el centro de nuestro sistema planetario era el Sol, no la Tierra. Al estudiar el tamaño de la sombra de la Tierra sobre la Luna en un eclipse solar, Aristarco conjeturó que el Sol era mucho más grande que nuestro mundo, y la pareció natural que el cuerpo más pequeño orbitara al más grande. La idea de que el mundo antiguo carecía de ciencia es popular en las capas ignorantes: la religión, la filosofía, la ciencia y la ¡magia! estaban unidas en Mesopotamia, Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia, China, India, Persia, etc. Se olvida que el postulado de que el mundo estaba matemáticamente organizado fue la base de toda la ciencia y la filosofía de la Grecia clásica. Desde el punto de vista epistemológico, el termino griego epistemología consta de los vocablos episteme (conocimiento) y logos (teoría). Es el estudio del conocimiento científico. La epistemología o teoría del conocimiento es aquel conjunto de saberes que tienen a la ciencia como objeto de estudio. Las cuestiones centrales de la disciplina filosófica hacen referencia a cuáles son los criterios de demarcación para alcanzar un conocimiento científicamente aceptable. El objetivismo epistemológico sostiene que todo lo aprendido es independiente del sujeto que aprende. Ésta perspectiva epistemológica defiende que la realidad y el significado de la realidad existen independientemente de la operación de ninguna conciencia sobre ellas. Así, la verdad y el significado residen en los objetos independientemente de ninguna conciencia. Ésta idea tiene sus orígenes en la antigua filosofía griega y fue incorporada al realismo escolástico a lo largo de la Edad Media, alcanzando su cenit en la época de la ilustración. La idea de que existe una verdad objetiva que podemos conocer a través del uso adecuado de métodos de investigación y obtener determinado conocimiento de ésa verdad ha sido el fundamento epistemológico predominante de la ciencia occidental. La epistemología constructivista rechaza la idea de que existe una verdad objetiva esperando ser descubierta. La verdad, el significado, emerge a partir de nuestra interacción con la realidad. No existe el significado sin una mente. El significado no se descubre, sino que se construye. Desde ésta perspectiva, se asume que diferentes personas pueden construir diversos significados en relación a un mismo fenómeno. El conocimiento es contingente a prácticas humanas, se construye a partir de la interacción entre los seres humanos y el mundo, y se desarrolla y es transmitido en contextos esencialmente sociales. El conocimiento se construye por seres humanos cuando interaccionan con el mundo que interpretan. En ésta perspectiva, el concepto de intencionalidad que sostenía la filosofía escolástica es fundamental: el ser humano es un ser en el mundo. No cabe la famosa distinción de Descartes entre cuerpo y mente, entre cuerpo y mundo. La intencionalidad remite a una activa relación entre la conciencia del sujeto y el objeto de la conciencia del sujeto (Wright, 1993). La conciencia se dirige a un objeto; el objeto se perfila por la conciencia. En ésta forma de pensamiento que nos introduce la intencionalidad, la dicotomía: subjetivo/objetivo no se puede mantener. Sujeto y objeto, aunque pueden ser distinguidos, están siempre unidos. La epistemología subjetivista aparece en formas de pensamiento estructuralistas, posestructuralistas y posmodernas. El subjetivismo sostiene que el significado no emerge de una interacción entre el sujeto y el objeto, sino que es impuesta por aquél sobre éste. En ésta perspectiva, el objeto no realiza ninguna contribución a la generación de significado. El relativismo afirma la tesis de que toda verdad es relativa, como si fuera una situación objetiva y válida para todos los sujetos. El subjetivismo y el relativismo aspiran a la objetividad y la universalidad sin ser objetivas ni universales. René Descartes es uno los fundadores de la epistemología moderna que impulsó el espíritu científico moderno inaugurado con Kepler y Galileo. Descartes modifica el planteamiento filosófico clásico que sostiene que el pensamiento es independiente del pensar; la realidad es el fundamento del conocimiento y el primer principio: el ser. Para el pensador moderno no es el ser, sino la razón, lo que suscita el pensamiento. A partir del siglo XVII y hasta la figura de Kant, los filósofos europeos se inscriben en dos grandes corrientes que se desenvuelven de forma paralela: el racionalismo, en el que figuran los pensadores continentales, y el empirismo, representado por los autores ingleses. En sentido amplio, el racionalismo es una doctrina filosófica en la que se defiende que el criterio de verdad no es sensorial, sino intelectual y deductivo. La razón es el único principio y fundamento del conocimiento verdadero, porque sólo ésta produce ideas claras y distintas de la realidad. El saber constituido por la razón (matemáticas, metafísica, etc.) es necesario, universal y cierto, mientras que la experiencia sólo proporciona datos empíricos particulares y relativos a la persona que los recibe. Por su parte, el empirismo, desarrollado en Inglaterra en el siglo XVII, defiende como forma de conocimiento la comprobación minuciosa de los hechos naturales mediante la observación, es decir, a través de la experiencia. El verdadero conocimiento procede de la experiencia, y la razón humana antes de percibirla está vacía: la tabula rasa. Entre las características del positivismo se encuentra el principio empirista-fenomenista que defiende que sólo es posible conocer aquellos fenómenos que percibimos a través de los sentidos y se manifiestan en la experiencia. La realidad existente puede ser conocida tal y como es, siempre que seamos capaces de captarla de manera adecuada. El conocimiento está contenido en los hechos, y por lo tanto el investigador debe limitarse a comprobarlos, reunirlos y sintetizarlos por un proceso de abstracción que los haga susceptibles de un manejo eficaz. El lenguaje científico y teórico no aporta nada a los datos empíricos, es decir, los hechos no están determinados por los conceptos que utilizamos para describirlos y explicarlos. En éste planteamiento los hechos están infra-determinados por la teoría y se prima el objeto sobre el sujeto como determinante del conocimiento (Sokal, Bricmont, 1999). El principio formalista-nominalista consiste en la construcción de un lenguaje lógico formal que exprese adecuadamente la estructura de la realidad. Ésta formalización se desarrolla mediante una serie de enunciados que implican derivaciones lógicas y contrastaciones empíricas que deben poseer coherencia interna y ser concordantes con los hechos. Las ciencias empíricas deben satisfacer determinados requisitos lógicos y, en particular, deben adaptarse a las formalizaciones derivadas de la lógica matemática. Aquí el valor sintáctico del lenguaje queda asegurado por su constitución lógica y el valor semántico por su anclaje con los datos empíricos. De éstos dos principios se deduce una serie de premisas epistemológicas sobre los criterios de demarcación y las características que debe poseer el conocimiento científico que fundamentan las distintas modalidades de producción del mismo. Éstas premisas son: monismo metodológico, explicación causal, objetividad e independencia sujeto-objeto, neutralidad axiológica, universalidad de la teoría y la distinción entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación: "La perspectiva interpretativa emergió como reacción al intento de desarrollar una ciencia natural de los fenómenos sociales. Se defiende que las ciencias mentales o culturales difieren de las naturales en un objetivo fundamental: las primeras buscan la comprensión del significado, mientras que las segundas pretenden la explicación científica (Schwandt, 1994). Crotty (1998) considera tres perspectivas fundamentales que han dado lugar a su nacimiento: la hermenéutica, la fenomenología y el interaccionismo simbólico… Los rasgos epistemológicos más destacados de ésta tradición claramente diferenciados de las tesis positivistas pueden sintetizarse en los siguientes puntos. En primer lugar, desde ésta tradición se sostiene notables diferencias ontológicas entre procesos naturales y prácticas humanas. Ésas diferencias se encuentran explicitadas en los trabajos del segundo Wittgenstein (1988) que representan el giro lingüístico de la filosofía moderna. Ésos trabajos han revelado que una de las distinciones esenciales entre procesos naturales y prácticas humanas descansa en el hecho de que los primeros son relativamente independientes del lenguaje usado para describirlos, a diferencia de las prácticas humanas, que no lo son. En otras palabras, los seres humanos difieren de los objetos inanimados en su capacidad de construir y compartir significados a través del lenguaje… Así pues, la característica definitoria de la acción humana es su significado subjetivo y no tanto su consecuencia comportamental o conductual… Por un lado, desde posiciones empírico-analíticas, se ha asegurado que ésta tradición es incapaz de elaborar explicaciones generales de la realidad suficientemente objetivas para ser consideradas verdaderamente científicas. Otra línea de críticas es la formulada desde la tradición sociocrítica. Carr y Kemmis (1988) sostienen que la Ciencia social interpretativa se preocupa, de manera reduccionista, exclusivamente de clarificar las intenciones y significados de los actos sociales… Éste aspecto es considerado el principal defecto de la tradición interpretativa (Habermars, 1984). Es decir, si el enfoque interpretativo admite que la realidad social se construye a partir de los significados subjetivos de las personas, no puede eliminar las cuestiones que determinan en cierto grado tales significados, por ejemplo, la estructura social. Para Carr y Kemmis (1988) la realidad social no nace a partir de las interpretaciones de las personas, sino que ella misma determina cuáles deben ser ésas interpretaciones. La estructura social, además de ser producto de los significados y actos individuales, a su vez produce significados particulares, garantiza la continuidad de éstos y, por tanto, limita la gama de actos que los individuos pueden realizar" (Sandín Esteban, pp. 56, 57, 58, 59). El Círculo de Viena propone la verificabilidad como criterio para distinguir las ciencias empíricas de otros tipos de saber. Karl R. Popper realiza una crítica de los dos principios del inductivismo: la ciencia se inicia con la observación y la observación proporciona una base segura a partir de la cual se puede derivar un conocimiento. No hay observación sin teoría, los enunciados observacionales están saturados de teoría y por lo tanto supone la aceptación de que son falibles. Por otra parte, el falsacionismo, admitiendo que la observación está guiada por la teoría, defiende, que la condición de teorías verdaderas o probablemente verdaderas se alcanza cuando se han superado intentos de falsación. Así, la falsabilidad será la base para diferenciar la ciencia de la pseudociencia. El realismo crítico popperiano incluye tres tesis: la inducción no constituye una base suficientemente segura para explicar la validez de las teorías científicas (crítica del inductivismo); los enunciados observacionales presuponen la teoría. Los conceptos teóricos de la ciencia poseen significados que trascienden la definición de los términos observacionales (la afirmación de que la observación no está libre de presupuestos teóricos); la lógica de la ciencia no consiste en la confirmación de leyes y teorías, sino en el intento de falsación de las mismas (establecimiento de un nuevo criterio de demarcación científica, la falsabilidad). Imre Lakatos aceptó el falsacionismo metodológico de Popper y señaló con Kuhn que una teoría nunca es rechazada por la observación ni por un experimento crucial, sino por otra teoría rival. Así, Lakatos introduce un criterio de demarcación novedoso en la filosofía del siglo XX. Un criterio conceptual, basado en la comparación entre teorías, y un criterio puramente epistemológico de cientificidad sobre el cambio científico, la predicción de nuevos hechos, el progreso teórico y empírico que la ciencia genera. De ésta forma, la demarcación entre ciencia y no ciencia no está tan relacionada con la falsación experimental de hipótesis ni su confirmación cuanto con el progreso teórico y empírico que la ciencia genera. Para Larry Laudan los científicos siempre investigan dentro de una tradición de investigación en la que pueden integrarse varios programas y teorías. La aportación principal de Laudan consistió en centrar los análisis epistemológicos y metodológicos en el progreso y no en la razón, defendiendo que una teoría o una tradición en investigación son tanto más científicas cuanto más contribuyen al progreso, es decir, cuantos más problemas científicos resuelven. En las etapas establecidas por Kuhn (ciencia normal, crisis de paradigma y revolución) hay una tradición de investigación dominante, pero siempre hay otras alternativas. Lo que ocurre es que una tradición de investigación resuelve más problemas que otras, y por ello es preferida por los científicos, pasando a encarnar la ciencia oficial. La resolución de problemas se convierte en el nuevo criterio de demarcación científica. Repetimos, la religión, la filosofía, la ciencia y la magia estaban unidas en Mesopotamia, Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia, China, India, Persia, etc. Una cosa es que una comunidad de científicos-sacerdotes magos compartan creencias, valores, significados y técnicas, el conocimiento socio-históricamente construido, y otra muy distinta afirmar que es relativo. ¿Usted cree que los dueños de BlackRock, Vanguard, State Street, Google, Microsoft, YouTube, Apple, Yahoo!, Amazon, Paypal, Facebook, Instagram, X, TikTok, Only Fans y Pornhub piensan que el conocimiento verdadero es relativo? La relatividad y subjetividad es patrimonio de las ciencias sociales y humanas: "Pocos temas han despertado en el ámbito de las ciencias sociales y humanas tanto interés y polémica como el de los paradigmas. En éstos últimos años han surgido una gran variedad de "discursos científicos", sustentados en una pluralidad de posiciones epistemológicas y nuevas perspectivas de investigación que se engloban bajo el término "paradigma". Y por supuesto, aquí es de obligada mención la figura de Thomas Kuhn. Éste autor inició un giro historicista en la filosofía de la ciencia, continuado por Imre Lakatos y Larry Laudan. Desde Kuhn se acepta un evidente relativismo en los criterios de demarcación entre la ciencia y la no ciencia. Frente al aserto racionalista de que existen criterios lógicos, universales y ahistóricos para valorar la cientificidad de las teorías, surge, cada vez con más fuerza, la convicción de que el único criterio posible es la aprobación consensuada de la comunidad de científicos (Medina y Sandín, 1994)… Puede afirmarse que la noción de paradigma supone una revolución en la consideración de la ciencia, que a partir de Kuhn acepta cierta ambigüedad al incluir en su discurso la noción de relativismo. Lo importante de la aportación de Kuhn es la relevancia, hasta entonces impensable, que se da a las características psicosociales de las comunidades de científicos, en el progreso del conocimiento científico, frente a las puramente lógicas. En otras palabras, en la producción del conocimiento científico no solamente intervienen elementos intelectuales, lógicos y racionales, como se sostenía hasta los años sesenta, sino que se halla determinada por factores actitudinales, afectivos, sociales y políticos. En el seno de la ciencia, después de Kuhn, surge con todo esplendor una epistemología relativista, la cual sostiene que el conocimiento científico es relativo, histórico, socialmente construido y políticamente determinado. Así, desde el punto de vista kuhniano, la historia de las disciplinas, tal y como se presenta a sus miembros, es una falsificación. La tesis fuerte kuhniana postula que las nociones positivistas de conocimiento, objetividad y verdad presentan un modelo de investigación que no se ajusta a la realidad histórica de la Ciencia, y por ello son irrelevantes y faltas de realismo. Con Kuhn se sustituyen los modelos de explicación lógicos por los sociohistóricos, se abandona la vieja idea de la verdad como correspondencia y reflejo de una realidad estable y mecánica y se supera la visión lineal y acumulativa del progreso del conocimiento científico. El saber científico ya no es trascendental, es decir, ahistórico, abstracto y absoluto, sino más bien histórico, relativo y dependiente de contexto" (Sandín Esteban, pp. 7, 8).

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El estatus de la sociedad.

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Marx pensaba que toda teoría crítica de la sociedad debía ser una teoría emancipada de la filosofía, siguiendo los cánones de las ciencias naturales. La Escuela de Frankfurt parte de premisas opuestas. Para ellos, la emancipación de un cientificismo como ideología, como una representación falsa e interesada, es la premisa más importante para la reconstrucción de la teoría marxista como crítica. Así, en la Escuela de Frankfurt la crítica de la ciencia como ideología sustituye a la crítica de la ideología burguesa. Uno de los objetivos fundamentales de la Escuela de Frankfurt era emancipar intelectualmente al sujeto de las tenazas de la racionalidad instrumental, impulso que se estructura en la denominada Teoría Crítica. El motivo por el cual la Teoría Crítica toma como punto central de su análisis la crítica de la razón instrumental es, según Wellmer (1990: 23), la incapacidad de las tradicionales categorías marxistas para analizar las funciones ideológicas asumidas en la actualidad por la técnica y por la ciencia en el proceso reproductivo de las sociedades industriales. Los supuestos de la Teoría Crítica: Todo el conocimiento está fundamentalmente mediatizado por relaciones de poder que son de naturaleza social y están históricamente constituidas. Los hechos nunca pueden ser separados del campo de los valores y la ideología. La relación entre concepto y objeto y entre significante y significado no es estable y a menudo se encuentra mediatizada por las relaciones sociales de la producción capitalista y el consumo. El lenguaje es central en la producción de la subjetividad, tanto del conocimiento consciente como inconsciente. Que determinados grupos de la sociedad son más privilegiados que otros, constituye una opresión más enérgica cuando los subordinados aceptan su estatus como algo natural, necesario e inevitable. La opresión tiene muchas caras y la preocupación o interés por sólo una de las formas puede ser contraproducente debido a la conexión entre ellas. Las prácticas de investigación dominantes generalmente están implicadas en la reproducción de opresión de clase, raza y género. La tradición crítica no es exclusiva a los pensadores de la Escuela de Frankfurt ni constituye un grupo homogéneo de pensamiento acerca de la construcción social del conocimiento y su relación con la autoridad y la ideología. Podemos mencionar algunas corrientes y enfoques, como el estructuralismo francés, la sociología del conocimiento, el marxismo cultural y las teorías feministas. En éste contexto histórico, debe entenderse la noción de ideología, central en los discursos críticos, en sus dos acepciones clásicas: como cosmovisión o aquel conjunto de creencias y asunciones que las personas usan para dar sentido a su experiencia y como representación falseada de la realidad. Desde ésta segunda perspectiva, la Teoría Crítica intenta demostrar cómo la ciencia, ideológicamente, deforma y distorsiona la realidad social, moral y política, ocultando las causas de los conflictos y sometiendo a las personas a relaciones de poder. Si uno de los temas centrales de la teoría crítica es el estudio del lenguaje como vehículo para el control y la dominación social, la visión feminista se centra en la construcción de la conciencia como una forma de crítica de la dominación sexista (Medina, 1996). De 1970 a 1985 los límites entre las Ciencias Sociales y las Humanidades comenzaban a diluirse. Llegados a éste período, los investigadores cualitativos ya disponían de una amplia variedad de paradigmas, métodos y estrategias de investigación, y las perspectivas teóricas que fundamentaban sus estudios incluían el interaccionismo simbólico, constructivismo, positivismo y pospositivismo, fenomenología, etnometodología marxismo crítico, semiótica, estructuralismo, feminismo y diversos enfoques étnicos y socioculturales. Existía también una gran variedad de métodos de investigación, como la teoría fundamentada, los métodos históricos y biográficos, la investigación clínica y el estudio de casos. Estela Serret Bravo en "Qué es y para qué es la perspectiva de género. Libro de Texto para la asignatura: Perspectiva de género en educación superior" (Instituto de la Mujer Oaxaqueña, 2008) identifica la construcción de la categoría género en la antropología francesa y norteamericana. En 1949 se produjo un fenómeno que habría de marcar un cambio decisivo. En ése año se publica en Francia un extenso ensayo filosófico titulado: "El segundo sexo", cuya autora, Simone de Beauvoir, era una destacada integrante del grupo de existencialistas encabezado por Jean Paul Sartre. Simone se plantea dos propósitos feministas en su libro: en primer lugar, exponer cuáles son los argumentos del discurso dominante para justificar la subordinación de las mujeres. A ésto responde diciendo que a lo largo de toda la historia se considera que las mujeres, por su biología, son inferiores a los hombres y, en consecuencia, deben ser dominadas por ellos. En segundo lugar, explicar cuáles son las verdaderas razones que han generado la opresión femenina a lo largo de toda la historia. Aquí desarrolla un complejo argumento para concluir mostrando que la cercanía de la mujer con la naturaleza, a partir de su función biológica procreadora, ha generado una suerte de imagen universal de la mujer-madre-naturaleza-inferior que se opone a la identificación del hombre con la cultura. Ésto le da la posibilidad al varón de dominar a las mujeres, igual que la cultura ha dominado a la naturaleza. "El segundo sexo" expulsa al discurso feminista fuera del ámbito estricto de la crítica ética, del reclamo por la autonomía, y lo coloca en un terreno más complejo de la realidad, ya no jurídica o moral o civil o incluso política, sino cultural o simbólica. De alguna manera, la lección de éste texto parecía ser: si queremos cambiar la situación subordinada en que viven las mujeres, tenemos que cambiar la forma en que pensamos socialmente lo que somos las mujeres y los hombres. En éste sentido, aunque en su origen Simone se posiciona desde la filosofía, utiliza una serie de elementos antropológicos, de análisis histórico, sociológico y religioso que habrían de influir en el corte de la reflexión feminista a partir de la segunda mitad del siglo XX. Sobre todo, el feminismo académico iría más lejos en la búsqueda de la explicación de la subordinación: el feminismo ilustrado y socialista. En 1974 la antropóloga norteamericana Sherry Ortner da a conocer la síntesis de sus investigaciones sobre el tema en un artículo titulado: "¿Es la mujer respecto al hombre lo que la naturaleza respecto a la cultura?". Tal cual lo indica ésta pregunta, la autora sigue bastante de cerca las líneas de las preocupaciones de De Beauvoir más que las del feminismo ilustrado. Sus reflexiones, están apoyadas igual en el trabajo de campo que en un cuerpo teórico-epistemológico estructuralista. Lo que la lleva a concluir que las mujeres han estado subordinadas en todas las sociedades conocidas porque, debido a su capacidad biológica para dar a luz y amamantar, se les asocia de manera social con la naturaleza. Por oposición, a los varones, desligados de ciclos y funciones naturales reproductivas, en mucho mayor medida se les asocia con la transformación de lo natural en algo más, es decir, con la cultura. En tanto que la cultura, en éste sentido, es universal considerarla superior a la naturaleza, la asociación de cada sexo con uno de éstos espacios ha resultado históricamente en la asignación simbólica de "sitios" sociales para ellos. Entonces, lo que la antropología feminista intenta hacer es continuar el ejemplo de De Beauvoir en la crítica al biologicismo: a) hipótesis biologicista: ésta hipótesis sobre las causas de la subordinación social de las mujeres, sostendría que ésta se explica por la "inferioridad biológica", es decir, "natural", de las mujeres respecto a los hombres. Ortner desmonta ésta hipótesis mostrando, con datos etnográficos, que en las distintas sociedades los hombres y las mujeres desempeñan los más diversos roles y las que cada sociedad considera que son sus características "naturales" varían una enormidad entre sí. Ésto significa que, pese a que toda sociedad considera que hombres y mujeres desempeñan laborales diferenciadas de acuerdo con sus capacidades "naturales" (que las sociedades modernas llaman "biológicas"), éstas en realidad son asignadas siguiendo criterios culturales. b) Hipótesis histórica: en el marco del MLM (Movimiento por la Liberación de la Mujer), se multiplicaron las voces de feministas que, en parte, siguiendo las tesis de Engels, buscaron respuesta al por qué de la subordinación social de las mujeres en una tesis economicista. En efecto, Engels sostenía que las mujeres comenzaron a ser dominadas por los hombres al resultar el surgimiento de la propiedad privada y, en consecuencia, se pensaba que con el fin de la misma terminaría la dominación masculina. En sintonía con ésta idea, muchas feministas buscaron pruebas de la existencia de sociedades matriarcales para mostrar que, si en algún momento habían dominado las mujeres, podía volver a ocurrir. Ortner se basa en abundante evidencia etnográfica y arqueológica que demuestra que los matriarcados forman parte de los mitos de los orígenes con los que muchos pueblos ágrafos simbolizan el estado caótico del que logramos salir al establecerse la dominación masculina. No hay pues un momento "histórico" en el que podamos fechar el surgimiento del "patriarcado". c) Hipótesis culturalista: frente a ésto, Ortner considera que la explicación al problema de la subordinación social de las mujeres debe tener un carácter teórico: sus orígenes no son históricos sino lógicos. Por ello, se centra en explicar en qué forma se organiza la cultura humana, en tanto orden simbólico, y muestra que es la asociación imaginaria de las mujeres con la naturaleza lo que lleva a la estructuración diversa de sistemas de dominación patriarcal. En un registro similar, recuperando también algunas líneas de la antropología de Lèvi-Strauss, además de ciertas nociones de psicoanálisis lacaniano y economía política marxista, la también antropóloga Gayle Rubin da a conocer en 1975, en su texto: "El tráfico de mujeres: notas sobre la "economía política" del sexo", sus tesis sobre la subordinación. En el artículo, Rubin presenta, por primera vez, la idea de que el sexo de las personas es un fenómeno biológico sobre el que las sociedades construyen, a partir de categorías y otros elementos simbólicos, es decir, propiamente "culturales", una cierta interpretación. Ésa interpretación, que se monta sobre los cuerpos reales y que asigna valores y significados que no existen por sí mismos, da lugar a los "géneros" de las personas. Es decir, mientras que los sexos nos permitirían hablar, por ejemplo, de la existencia de personas hembras y machos, las interpretaciones y valoraciones culturales que se montan sobre ésos cuerpos, construyen los géneros: mujeres y hombres. A ésta relación estrecha, que no identidad, entre lo biológico y lo cultural, la llama Rubin "sistema sexo-género". Por sistema "sexo-género" la autora se refiere al "conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen ésas necesidades transformadas" (Rubin; 1996: 37). Es un momento reproductivo de un modo de producción e indica que la opresión se debe a que existen relaciones sociales que la organizan. A ése sistema también se le ha llamado "modo de producción" y "patriarcado", para distinguir entre sistemas económicos y sistemas sexuales. Con la idea de "patriarcado" podemos diferenciar las fuerzas que mantienen el sexismo de otras fuerzas sociales, además son "formas empíricas y observables del sistema de sexo/género" (Rubin; 1974:47) que no se supeditan a las relaciones genéticas reales y varían de una cultura a otra. Las mujeres han sido asociadas a la naturaleza por sus características fenotípicas; el sexo es equiparable a la naturaleza, es la manera en que vemos el cuerpo de una persona basándonos de modo simple en la biología. Se realiza una operación de asociaciones simbólicas por parte de la cultura donde el sexo se traduce en caracteres específicos, actitudes y roles de género. A partir de un cierto dato biológico se deduce un conjunto de elementos en la interacción social que son asociados con mujeres y hombres, imaginándose como una diferencia natural. Con la división sexual del trabajo, las sociedades generan la certeza de que aquél tiene que clasificarse según el género, pero tal división nunca es pensada en forma pragmática, sino que es considerada "natural". En tanto que es natural, existe un tabú: los hombres y las mujeres desempeñan de manera natural ciertas labores, pero tal realización y condicionamiento se enseña de modo cultural desde que se nace, y la manera en que las personas lo viven es como si fuera parte de la naturaleza, adjudicándole un origen místico, suprahumano, que garantiza su eficacia. Para la antropología feminista, entonces, el género es el conjunto de actitudes, preferencias, roles, capacidades, caracteres, propios de mujeres y hombres. Por su parte, el sexo es el conjunto de características biológicas que diferencian a los machos de las hembras. Sin embargo, dan cuenta que la variable sexual está atravesada por una interpretación cultural. Por consiguiente, es más fácil transformar la naturaleza que los procesos simbólicos que nos constituyen, el núcleo duro de nuestra identidad es el género. Así, el género es entendido como la construcción o interpretación cultural de la diferencia sexual. El concepto "género", de éste modo, fue en su inicio una herramienta teórica para explicar la causa de la subordinación social de las mujeres. Con el tiempo, sin embargo, comenzó a ser utilizado fuera del ámbito académico, a manera de herramienta política para impulsar proyectos feministas a favor de la igualdad. Aunque la Teoría Crítica proporciona inicialmente un marco conceptual que permite realizar un análisis de los mecanismos de opresión y control en la sociedad, la teoría feminista reconoce y denuncia, de manera adicional, la falta de libertad y la opresión que sufren las mujeres por razón de sexo. Si el objetivo de la Teoría Crítica es generar un conocimiento que permita la emancipación de los colectivos sociales, la teoría feminista se interesa en la génesis de un saber que permita el desarrollo de las potencialidades que cualquier mujer posee (Allan, 1993). El movimiento feminista se caracteriza por una heterogeneidad de pensamientos que imposibilita ofrecer una tipología o clasificación de sus orientaciones. Con las reservas oportunas acerca de la clasificación del pensamiento feminista, Tong (1995) considera siete formas de feminismo: liberal, marxista, radical, psicoanalítico, socialista, existencialista y posmoderno. Lather (1992) pregunta si una de las cuestiones más relevantes que centran los debates actuales acerca de los estudios sobre mujeres y el enfoque feminista es si existen métodos feministas específicos, o si el enfoque feminista simplemente añade nuevas perspectivas de género a los enfoques existentes. Es decir, si al invocar el concepto de "epistemología feminista", podemos decir que existen metodologías puramente feministas únicas para investigadores feministas. Roman y Apple (1990: 56) plantean las siguientes preguntas: ¿Es una teoría y un método de investigación "feminista" simplemente porque es desarrollado por una mujer, o tiene a ésta por sujeto de investigación? ¿Son los métodos y las teorías "feministas" porque plantean la cuestión de la subordinación de la mujer en el contexto exclusivo de las experiencias de mujeres? ¿Puede asumirse que existen similitudes suficientes en las experiencias de las mujeres, según clase, raza, edad y orientación sexual, para hablar de una experiencia compartida de subordinación? Crotty (1998: 174) sugiere que el término "epistemología feminista" puede leerse de dos formas: a) que las mujeres conocen de una forma diferente a los hombres, lo que tendría indeseables consecuencias, puesto que no podría haber diálogo entre mujeres y hombres, y b) que las mujeres teorizan el acto de conocer de forma diferente al hombre. Es decir, aunque los hombres tengan la Teoría de Género, no pueden tener la experiencia epistemológica porque el acto de conocer la condición femenina está reservado a las mujeres. Un esencialismo epistemológico. Por su parte, Hammersley (1993) identifica cuatro cuestiones clave en relación al debate epistemológico y metodológico en el ámbito de la perspectiva feminista. Onmirrelevancia del género: Un aspecto esencial de la metodología feminista es su preocupación por el género y la asimetría entre géneros. Experiencia personal versus método científico: Se enfatiza la validez de la experiencia personal frente al énfasis en el método científico tradicional que se califica como masculino. Rechazo de las jerarquías en las relaciones de investigación: La relación entre investigador e investigado debe ser recíproca, rompiéndose así las distinciones jerárquicas. Éste argumento se basa en tres razones: a) ética: las relaciones legítimas entre mujeres sólo pueden ser no jerárquicas; b) metodológica: la verdad sólo puede ser descubierta a través de relaciones auténticas, puesto que las jerarquías distorsionan los datos; c) práctica: la investigación debe potenciar la emergencia de la conciencia (emancipadora), así que es necesario que el investigador se implique en el proceso de investigación. Emancipación como objetivo de investigación: Se define como objetivo central de la investigación la emancipación de la mujer frente al énfasis en la generación de conocimiento. La Teoría de Género es una Teoría Crítica de raíz antropológica de 1975, que construye conceptos para explicar la subordinación de las mujeres. La Perspectiva de Género introduce la Teoría de Género en diversos campos y políticas públicas. El problema es que el feminismo carece de una metodología científica que garantice a las mujeres alcanzar la "igualdad de género". No hay forma de saber la cientificidad de conceptos como "género" o "patriarcado" más allá de la experiencia epistemológica feminista o su utilidad política, filosófica o cultural. La Teoría Crítica feminista no se somete al falsacionismo popperiano, tiene el mismo giro pragmático y progresista del paradigma de Kuhn. Cualquier cosa que emancipe a las mujeres, sin importar su estatus de ciencia o conocimiento, es válido porque es una bandera pragmática. El feminismo es un esencialismo y pragmatismo epistemológico que tiene más en común con la voluntad de poder que con el método científico "masculino". En cuanto a su estatus antropológico, es un relativismo epistemológico que sostiene que el conocimiento científico es relativo, histórico, político, social, cultural y sexo-genéricamente determinado. Es decir, no existe una metodología científica que garantice a las mujeres alcanzar la "igualdad de género" porque es un mito político. El determinismo biológico asume que las desigualdades son el resultado de diferencias biológicas ineludibles, entonces la eliminación de la desigualdad exige que modifiquemos los genes de la gente –o de las mujeres-. El reduccionismo cultural liberal sólo exige que cambiemos su forma de pensar o el modo en que los otros piensan sobre ellos –los hombres-. El feminismo posmoderno es una revolución axiológica que entra en el campo del lenguaje y los significados, pero dejando intactas las desigualdades materiales. El posmodernismo engloba una amplia variedad de perspectivas en la filosofía, la ciencia social, la literatura, el arte y otras esferas de la creación humana: "Asistimos así en los últimos años en el campo de las Ciencias Sociales a una fuerte confrontación entre una serie de principios que han dado sustento a nuestra época, englobados en lo que se ha denominado la modernidad, y los valores de la denominada posmodernidad o condición posmoderna (Lyotard, 1984). El pensamiento moderno nace en la ilustración con el objeto de interpretar la modernidad, fenómeno que se refiere a los cambios sociales, culturales, económicos y políticos que tuvieron lugar desde mediados del siglo XVI en el mundo occidental. La principal característica de la modernidad es la fe en la Razón, cuyo poder permitirá un desarrollo del conocimiento humano que transformará la naturaleza y logrará el progreso social. El proyecto de la modernidad pretendía emancipar y liberar al sujeto social de la superstición, el autoritarismo y todas las formas de coerción de la época premoderna (Habermars, 1991)… La posmodernidad supone un ataque frontal a la trascendencia y ahistoricidad de las categorías fundacionales del pensamiento moderno: la Razón, el Sujeto, la Totalidad y el Progreso… Asunciones básicas del posmodernismo en Bentz y Schapiro (1998: 24-25): La idea de la muerte del hombre: el sujeto racional autónomo es una ficción o constructo de un particular período de la historia cultural. La idea de la muerte de la historia: la noción de la historia como progreso es una ficción o metanarrativa. La idea de la muerte de la metafísica o fin del fundacionalismo: no es posible proporcionar una base absoluta para el conocimiento y que el conocimiento en sí mismo no representa la realidad, sino que la construye de diversas formas. Finalmente que el significado de los signos, símbolos y textos no es inequívoco, sino que es temporal e inestable dentro de un continuo proceso de interpretación, en el que tiene gran influencia el contexto y el investigador, más que aquello que los propios textos y símbolos señalen. Los hechos, significados y teorías son constructos que reflejan el poder provisional de clases sociales, grupos étnicos y géneros en un proceso continuo de lucha por definir la realidad y el conocimiento; éstos hechos, significados y teorías necesitan ser no sólo explicados, interpretados o criticados, sino deconstruidos, es decir, deben exponer sus bases culturales, históricas y de poder" (Sandín Esteban, pp. 68, 69).

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El estatus de la civilización.

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En la Babilonia de Hammurabi: cronología larga (1848-1806 a.C.), cronología media (1792-1750 a.C.), cronología corta (1728-1686 a.C.); existía la privatización y subcontratación: servicios bancarios y financieros, inversiones, préstamos, hipotecas, cuotas y fianzas, compañías comerciales y sociedades de negocios. Los babilonios no tenían Only Fans, pero tenían a la diosa del sexo y la guerra, una economía de la prostitución y la esclavitud de deuda. Babilonia puede parecer un vestigio arqueológico de los tiempos bíblicos, pero en el antiguo Iraq se forjaron los principios de la "economía moderna". Ésa que tanto defienden los liberales "conservadores", los demócratas liberales y el feminismo liberal. Paul Kriwaczek en "Babilonia. Mesopotamia: la mitad de la historia humana" (ARIEL, 2011) expone que tanto el progreso social, artístico y científico como el avance tecnológico se ponen de manifiesto cuando la cultura y la ideología dominantes permiten que los hombres y mujeres jueguen, ya sea con ideas, creencias, principios o materiales. Cuando una ciencia lúdica cambia la comprensión de la gente sobre la manera en que funciona el mundo físico, el cambio político, incluso la revolución, rara vez tarda en llegar. El equivalente más cercano a ésta explosión de creatividad y desarrollo que tuvo lugar en la prehistórica Unug durante el cuarto milenio a.C., pudo ser la convulsión que cambió el aspecto del planeta a finales del siglo XVIII de nuestra era. En ambos casos se derrocó un sistema de vida respetado y establecido durante tiempo; multitud de gente se desplazó del campo a la ciudad; los nuevos inventos y materiales se sucedían de inmediato, y la propia estructura de la ciudad era reformada de maneras nunca vistas hasta entonces. Mientras que se han estudiado en profundidad las ideas que estaban detrás de la creación del mundo moderno, no sabemos casi nada sobre los detalles de la adoración de la gran diosa de Unug. No sabemos qué ideología representaba en la mente de los mesopotámicos del cuarto milenio a.C. Pero sabemos que sus creencias hicieron posible la explosión del mayor progreso social, material y tecnológico conocido hasta la Revolución industrial de nuestra era. Hacia el final del cuarto milenio a.C., la ciudad de Unug ya se había extendido unas 400 hectáreas; era más grande en tamaño y población que la Atenas de Pericles o la Roma republicana de tres milenios después. Los templos, los edificios públicos, los santuarios y los lugares de reunión se agrupaban en torno a un recinto llamado Eanna, la Casa del Cielo, conocida posteriormente como la residencia terrestre de la diosa Inanna, y también cerca de otro foco religioso secundario en el que se rendía culto a Anu, el dios del Cielo. Para el hogar tenían el tonel de cerveza, el horno de cerámica y los telares textiles; para los campos, el arado, la sembradora y la carreta; para los ríos y canales, la veleta y el bote de vela; en música tenían el arpa, la lira y el laúd; en la tecnología de construcción de ladrillo cocido, tenían la bóveda y el arco. La rueda estaba en todos lados. Los estudiosos han debatido su origen con gran energía e ingenio. Algunos concluyeron que la rueda se desarrolló a partir de los rodillos de madera que se habían usado durante mucho tiempo para desplazar piezas pesadas sobre trineos para cortas distancias. Otros sugieren que la verdadera nueva idea fue el movimiento rotatorio completo en sí. Sin embargo, otros historiadores han indicado que la base conceptual del rodillo y la rueda es diferente. Los rodillos son extensiones móviles de la superficie sobre la que se mueve el peso; las ruedas forman parte del objeto móvil en sí. Éstos escritores sugieren que la idea proviene de una fuente diferente: el torno, con un pivote en su centro y usado para fabricar vasijas absolutamente redondas. Si éstos estudiosos están en lo cierto, alguien debió coger el torno para moverlo, el gran salto adelante fue darse cuenta de que cuando lo giraban, el pivote central del tablero permanecía siempre a la misma altura del suelo. Y de ahí surgió el concepto de unir una serie de tornos a la estructura de un trineo, transfiriendo el instrumento del ámbito de la cerámica al del transporte. Los antiguos mesopotámicos ya habían contado la historia del diluvio universal enviado por decreto divino para destruir a la humanidad. En seguida se descubrirían otros textos con relatos similares en distintas lenguas (sumerio, antiguo acadio, babilonio) y distintas versiones. En la más antigua, encontrada en una tablilla de la ciudad de Nippur (fechada cerca de 1800 a.C. y escrita en sumerio), el papel de Noé lo desempeña el rey de Shuruppak, llamado Ziudsura o Ziusudra, que significa "Él vio vida", porque los dioses le habían premiado con la vida eterna. En otra, escrita en acadio en el siglo XVII a.C., el protagonista se llama Athrasis, que significa "Sabio en extremo". No obstante, las versiones mesopotámicas difieren de la Biblia hebrea en un aspecto importante: los motivos por los que Dios envió el Diluvio. La razón que da el Génesis es la maldad humana. La epopeya de Athrasis, por el contrario, explica que Enlil, el dios supremo, decidió destruir a la humanidad a causa de su insomnio: "…la Tierra se extendió y las gentes se multiplicaron. La tierra bramaba como un toro, el dios se inquietó con su alboroto. Enlil oía su rumor. Y se dirigió a los grandes dioses: -El ruido de la humanidad se ha vuelto demasiado intenso para mí, con su alboroto se me arrebata el sueño". En el relato, Enlil intenta sin éxito distintas maneras de librarse de la humanidad antes de decidirse por el diluvio universal: la plaga, la salinización, la sequía y el hambre. Las investigaciones arqueológicas señalan cambios trascendentales en torno al 3.000 a.C. Parece que de repente se interrumpió el contacto entre los diversos centros de civilización distribuidos a lo largo de la cuenca mesopotámica. Se cortaron rutas comerciales, como la de las minas afganas de lapislázuli. Los puestos de avanzada de Unug desaparecieron de toda la región: de Irán, Siria, Anatolia. En la propia Unug, los campesinos se apropiaron de las tierras que pertenecían a los templos, demolieron las construcciones monumentales del área de Eanna y las reemplazaron por terrazas y construcciones de junco. Todo apunta al derrumbe de la ideología de Unug: el sistema social casi igualitario y la administración de la economía del templo que había sostenido con éxito el dominio cultural de la ciudad a lo largo de los siglos. En nuestro tiempo observamos algunas de las presiones que pueden recaer sobre sociedades supuestamente igualitarias que manejan economías controladas, vemos que lo que comienza como una ideología utópica, a menudo puede terminar en tiranía, rebelión y resistencia. En resumen, Mesopotamia tenía una civilización tecnológica superior a la que encontraron los chinos en América setenta años antes que Cristóbal Colón, en Australia y Nueva Zelanda más de un siglo antes que los navegantes europeos, incluso dieron la vuelta al mundo cien años antes que Magallanes. Cientos de años antes de que lo hicieran los europeos, los chinos desarrollaron tecnologías como la pólvora, la brújula, el papel y la imprenta, China no tuvo nada similar al Renacimiento Europeo y las consecutivas revoluciones científicas e industriales del Viejo continente. Cuando los exploradores portugueses y españoles utilizaron grandes embarcaciones capaces de cruzar océanos para descubrir América, encontraron civilizaciones indígenas que usaban tecnología de la Era de Piedra, imposible de comparar con la pólvora y el acero europeos. La capacidad humana de transformar las materias primas en energía propició la civilización moderna y definió la trayectoria de los países a lo largo de la historia. La máquina de vapor de James Watt fue la chispa que desencadenó la revolución industrial en Gran Bretaña e impulsó un período de enormes transformaciones tecnológicas, sociales y económicas. Aproximadamente un siglo después, la invención de la electricidad aceleró el capitalismo industrial y elevó a Estados Unidos a rango de potencia internacional. Los historiadores han mostrado que hubo al menos dos revoluciones industriales: la primera comenzó en el último tercio del siglo XVIII, se caracterizó por nuevas tecnologías como la máquina de vapor, la hiladora de varios usos, el proceso Cort en metalurgia y, en un sentido más general, por la sustitución de las herramientas por las máquinas; la segunda, unos cien años después, ofreció el desarrollo de la electricidad, el motor de combustión interna, la química basada en la ciencia, la fundición de acero eficiente y el comienzo de las tecnologías de la comunicación, con la difusión del telégrafo y la invención del teléfono. Ésta trayectoria se originó en Gran Bretaña, aunque se pueden seguir los rastros de sus raíces intelectuales por toda Europa, hasta el espíritu de descubrimiento del Renacimiento. Sin embargo, la segunda revolución industrial, más dependiente del nuevo conocimiento científico, cambió sus centros de gravedad hacia Alemania y Estados Unidos, donde se dieron los principales avances en química, electricidad y telefonía. Aunque pueden encontrarse precedentes científicos e industriales de las tecnologías de la información basadas en la electrónica unas décadas antes de 1940, fue durante la Segunda Guerra Mundial y el período subsiguiente cuando tuvieron lugar los principales avances tecnológicos en la electrónica: el primer ordenador programable; y el transistor, fuente de la microelectrónica, el verdadero núcleo de la Revolución de la tecnología de la información en el siglo XX. Loretta Napoleoni en "Maonomics. La amarga medicina china contra los escándalos de nuestra economía" (PAIDÓS, 2011) menciona que después de la Revolución industrial el empleo masivo de hidrocarburos reconfiguró el planeta desde todos los puntos de vista, incluidos el crecimiento demográfico y las condiciones ambientales. La industrialización puso fin a los ciclos maltusianos, los habitantes del campo dejaron de morir de hambre, la medicina dio pasos de gigante, la calidad de vida de amplios sectores de la población mejoró y el crecimiento demográfico se aceleró vertiginosamente. En el año 1000 la población mundial era de 300 millones. Durante los setecientos años siguientes, hasta los albores de la revolución industrial, se llegó hasta los 750 millones, lo que supone un crecimiento del 133 por ciento. En 1800 se alcanzaron los 1.000 millones, y transcurridos otros cien años el crecimiento demográfico prácticamente se duplicó. En 1900 éramos 1.600 millones, en 1927, 2.000 millones, y así sucesivamente. El progreso provoca una multiplicación humana. A partir de 1950 aumentamos mil millones cada diez años, lo que significa que cada trece años se suma una población equivalente a la de la China actual. Nuestra indiferencia respecto al medio ambiente iba unida también a la certeza de que los recursos de hidrocarburos eran inagotables. Sólo en el otoño de 1973, con el embargo del petróleo de los países árabes productores, que hizo del oro negro un arma económica capaz de arrastrar a la crisis a los países ricos, se empezó a hablar en serio de las fuentes energéticas alternativas y renovables. En 1949, M. King Hubbert, científico americano experto en geofísica, dio la alarma sobre el agotamiento del petróleo, calculando que la producción alcanzaría su máximo en 1970 y que a partir de ahí comenzaría a disminuir. Hasta la fecha la llamada teoría del máximo de Hubbert ha resultado acertada y ya no hay nadie que discuta que representa el mayor obstáculo al desarrollo del planeta. Si China y la India aumentasen sus necesidades pér capita de petróleo hasta los niveles de Corea del Sur, necesitarían nada menos que 119.000 millones de barriles diarios, diez veces más que toda la producción mundial de 1997. Como China se propone alcanzar un nivel de bienestar equivalente al occidental, necesariamente tendrá que encontrar fuentes energéticas alternativas al petróleo. Ahora sabemos, por ejemplo, que los principales avances demográficos y económicos del siglo pasado dependieron, en gran parte, de la ilusión de la energía barata. De hecho, un modo de concebir los combustibles fósiles, como el petróleo, consiste en compararlos con un banco de ahorro geológico que ha acumulado depósitos durante cientos de millones de años. El problema es que, desde la industrialización, hemos ido retirando ésos depósitos a una velocidad diez mil veces superior al ritmo de la reposición natural. La mayor parte de la gente nunca dilapidaría sus ahorros de una forma tan irresponsable, pero éso es exactamente lo que hacemos con el petróleo, y ya empezamos a ver las consecuencias. No sólo estamos a punto de agotar el equivalente de un antiguo fondo fiduciario geológico, sino que nuestro voraz apetito de combustibles fósiles, sucios e insostenibles, altera de forma irreversible el clima del planeta, con consecuencias potencialmente devastadoras para las décadas y los siglos venideros. Por si fuera poco, gran parte de las reservas de petróleo se encuentran en regiones ecológicamente sensibles o en zonas que emplean la riqueza petrolífera de modo inadecuado, para financiar regímenes despóticos, sociedades antidemocráticas y grupos terroristas. Dado que se prevé la duplicación de la demanda en los próximos treinta años, podemos tener la certeza de que la rebatiña global por las nuevas reservas petrolíferas se intensificará en breve. El problema es que, si continuamos por la misma senda respecto al consumo de combustibles fósiles, acabaremos extinguiendo la vida en la Tierra tal como la conocemos, y así sabotearemos las aspiraciones y esperanzas de las generaciones futuras. Lee Billings en "Cinco mil millones de años de soledad. La búsqueda de vida entre las estrellas" (CRÍTICA, 2014) explica que la alta tecnología desarrollada durante la primera mitad del siglo XX se propagó durante la segunda mitad a través de los países desarrollados que colonizaron todo el planeta. Después de dominar el poder del núcleo atómico, la ciencia volvió al estudio de la maquinaria en los núcleos de las células vivas y, de ésa manera, dio inicio a lo que prometía ser una era transformativa de la biología sintética. Impulsada por los estímulos diseñados por la bioingeniería en la productividad agrícola, los grandes logros de la medicina y toda una serie de otros incrementos en los niveles de vida -motivados por la ciencia-, la población humana del mundo creció incluso más del doble. Al mismo tiempo, los niveles de extinción de las especies naturales se dispararon debido a las perturbaciones ambientales y la destrucción de hábitats. La tierra quedó envuelta por supercarreteras, líneas de transmisión de energía eléctrica y redes de comunicación por fibra óptica; los jets transcontinentales y el brillo estelar de los satélites orbitales cuadricularon los cielos; el aire mismo se llenó de conversaciones electromágneticas provenientes de radios, televisores y teléfonos celulares, así como de crecientes cantidades de dióxido de carbono emitidas por la frenética combustión de las reservas de combustible fósil del planeta. Las rápidas y consecutivas revoluciones de la tecnología de la información provocaron que poderosas computadoras se enlazaran en redes, funcionaran de manera continua y al servicio personal de cada individuo, con lo cual surgieron distintos ámbitos virtuales que con frecuencia, estaban vinculados apenas vagamente con el universo de los átomos. Desde el último retiro glaciar a principios del Holoceno -alrededor de 10,000 a.C.-, la cantidad promedio de CO2 en la atmósfera se mantuvo constante en 275 ppm. Los núcleos de hielos glaciares muestran que ésa cifra comenzó a incrementarse a finales del siglo XIX, justamente cuando la población humana mundial llegó a los 1000 millones. No resulta una coincidencia que también haya sido el momento en que las sociedades se encontraban profundamente involucradas en la Revolución Industrial, proveyendo energía para los motores de vapor recientemente comercializados por medio de la incineración de antiguos depósitos de carbón. En todo éste tiempo desde entonces, a medida que las poblaciones crecieron y la tecnología se propagó, los niveles de CO2 continuaron aumentando pronunciadamente. Para 1950 ya había 2000 millones y medio de personas en el planeta, y los niveles atmosféricos de CO2 habían sobrepasado la cifra de 300 ppm, un nivel que ahora se considera como el umbral aproximado más allá del cual las condiciones de la era de hielo ya no podrán prevalecer. En 1980, el mundo ya tenía 4000 millones y medio de personas y el nivel atmosférico de CO2 era de 340 ppm. Para el año 2000, con más de 6000 millones de personas viviendo en el planeta, y con un nivel de CO2 de 370 ppm e incrementando 2 ppm al año, Paul Crutzen, químico atmosférico ganador del Premio Nobel, dejó de creer que seguía viviendo en el Holoceno. El Nobel que recibió en 1995 se debió a su trabajo para esclarecer la forma en que los vestigios de emisiones de gases exóticos -refrigerantes fabricados por el hombre conocidos como clorofluorocarbonos- habían devorado secciones enteras de la capa de ozono del planeta, encargada de la protección atmosférica, en la segunda mitad del siglo XX. Crutzen creía que el agujero en la capa de ozono era tan sólo una pequeña parte de una tendencia mucho más intensa. Haciendo uso de motores y turbinas, amplificados con carbono fosilizado y fertilizantes petroquímicos, los humanos incautaron enormes franjas de los flujos de energía y nutrientes del planeta, y los canalizaron hacia nuevos propósitos, alterando de ésa manera la geoquímica global. Los pasajes más oscuros de la historia geológica empezaron a hacer eco en su mente. El químico veía por todas partes la evidencia de la reconfiguración del mundo. La notó en el océano estratosférico que se disipaba, el hielo polar que desaparecía y en el permahielo de la tundra que se descongelaba. Crutzen detectó la intervención humana en los cambiantes patrones estacionales de los animales migratorios y de la floración de las plantas, en las tormentas, sequías y olas de calor que "sólo se producían una vez cada 100 años", y que ahora llegaban con cierta regularidad, en los arrecifes blanqueados que morían en las agudas demasiado calientes de mares poco profundos, en los bosques talados indiscriminadamente, en los ríos encerrados en presas y los arroyos de escorrentías atascadas. El químico se sintió obligado a escribir, junto con el ecologista acuático Eugene Stoermer, un importante artículo en el que argumentaba que los poderes planetarios encontrados recientemente nos colocaban en un período geológico totalmente nuevo. En ésta reciente "era del hombre" –éste "Antropoceno"-, el dominio humano alteraba los mares y los cielos, e incluso modificaba las mismas rocas que, a través de los eones, permanecieron como un testamento mudo de nuestra era. A finales de octubre de 2011, el CO2 atmosférico era de 390 pmm y continuaba en aumento. De acuerdo con los cálculos de la ONU, el planeta Tierra estaba a tan sólo unos días de que naciera el niño que haría que la población mundial alcanzara la cifra de 7000 millones de personas. Otros cálculos similares trazaban una tendencia que indicaba que la población llegaría a los 10 000 millones a finales del siglo XXI: "Si continuaba la propagación global de tecnología y comercio, una muy buena parte de la población del futuro trataría de tener estilos similares a los que lleva la mayoría de los estadounidenses en la actualidad. Querrían centrales eléctricas a carbón para suministrar electricidad en sus casas con tan sólo tocar un interruptor, carreteras omnipresentes y viajes aéreos, un automóvil en todos los garajes, una pantalla en cada habitación, computadoras y teléfonos inteligentes baratos y desechables, carne en cada comida y vegetales frescos transportados en avión casi hasta sus mesas desde el otro lado del mundo. Sin embargo, a menos que las infraestructuras energéticas del mundo renuncien a los combustibles fósiles con una rapidez impensable, ésos comportamientos provocarían el incremento de las concentraciones de CO2 por encima de las 500 ppm hasta alcanzar 1000 ppm e incluso más, con resultados predeciblemente desastrosos. Las temperaturas globales promedio podrían subir entre 5 y 10ºC, el hielo de los polos desaparecería por completo, los mares se adentrarían repentinamente cientos de kilómetros en la tierra interior alrededor de las costas; y éstos serían tan sólo algunos de los efectos más próximos… La información nos dice que los gases de efecto invernadero de todos los combustibles fósiles que estamos quemando tienen un impacto demasiado grande en el mundo, y éso es indiscutible. También es indiscutible que la quema de gas natural produce 30 por ciento menos CO2 por unidad de energía que el petróleo, y 40 por ciento menos que el carbón. Asimismo, las centrales eléctricas a carbón producen más de la mitad de la electricidad de Estados Unidos. La gente habla respecto a hacer una conversión al "carbón absolutamente limpio", pero no existe tal cosa en realidad; la minería de carbón es, de manera esencial, nociva para el medio ambiente. También se discute acerca del etanol producido a partir del maíz y la caña de azúcar, pero éso es una verdadera estupidez: alguien logró convencernos y nos dio gato por liebre. Si reemplazáramos una gran cantidad del carbón que quemamos con gas natural, no sólo estaríamos reduciendo el CO2, también estaríamos reduciendo las emisiones de mercurio, óxido nitroso, dióxido de azufre y material particulado" (Billings, pp.174, 176, 177).

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El ascenso de Oriente.

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Peter Frankopan en "Las nuevas rutas de la seda. Presente y futuro del mundo" (CRÍTICA, 2019) detecta que, una vez terminada la Guerra Fría, el mundo parecía un lugar diferente. Bill Clinton se reunió con Borís Yeltsin en Vancouver en 1993, señalando que Rusia estaba en el camino de la reforma y la democracia. La perspectiva de una "Rusia nueva, productiva y próspera". La situación parecía también prometedora en la península de Corea, donde, tras unas conversaciones similares a las que tuvieron lugar en 2018, Estados Unidos y Corea del Norte anunciaron con mucha fanfarria un acuerdo marco acerca de la reunificación pacífica de las dos Coreas y una hoja de ruta para la desnuclearización del país. La noticia fue acogida como un gran paso adelante para la no proliferación nuclear, así como para la seguridad de la región y del mundo en general. En 1993 China y la India también llegaron a un importante acuerdo y establecieron un marco operativo para abordar las disputas fronterizas que durante tres décadas habían alimentado la rivalidad y los rencores mutuos. Los dos países pactaron reducir el número de efectivos militares destinados a la frontera y trabajar juntos en pos de una solución que resultara aceptable para ambos. El acuerdo fue un logro clave para las dos naciones en un momento en que sus dirigentes políticos tenían entre sus prioridades la expansión y la liberalización económica. En China, Deng Xiaoping había emprendido recientemente una gira por las provincias del sur para exigir más celeridad en las reformas sociales, políticas y financieras y lidiar con los comunistas de la línea dura que se oponían a la liberalización de los mercados que en 1990 había permitido la apertura de la bolsa de valores de Shanghái. El proceso de transformación de Corea del Sur se había iniciado hacía ya tiempo, aunque conservando una historia plagada de conflictos políticos con China y Japón. Igual que China y sus conflictos fronterizos con Rusia. Situado en una posición no precisamente favorable en el extremo oriental de Asia y carente de recursos naturales, en la década de 1960 el país figuraba entre los más pobres del mundo, pero hoy es una superpotencia económica en la que han surgido compañías como Samsung, Hyundai Motor y Hanwha Corporation, cada una de las cuales posee más de cien mil millones de dólares en activos. Semejante transformación ha llevado a algunos analistas a hablar de Corea del Sur como "el país más exitoso del mundo". Al igual que en otros lugares, a principios de la década de 1990 la India adoptó medida para incentivar el crecimiento económico, pero las expectativas eran escasas acerca de una pequeña compañía de software que tuvo enormes dificultades para conseguir registrar en 1993 sus acciones en Bombay. Sin embargo, quienes fueron valientes, compraron acciones de Infosys Technologies y conservaron su participación en la compañía obtendrían un magnífico rendimiento. En el año finalizado el 31 de marzo de 2018, la empresa reportó una ganancia operativa de más de dos mil seiscientos millones de dólares. En veinticinco años, el valor de las acciones se había multiplicado por cuatro mil. La creación de una nueva aerolínea en un pequeño estado del golfo Pérsico también parecía una apuesta arriesgada. Fundada en noviembre de 1993, Qatar Airways comenzó a operar dos meses más tarde, en lo que muchos asumieron que sería un negocio modesto con unas cuantas rutas locales y una demanda mínima. En la actualidad, la aerolínea cuenta con una flota de más de doscientos aviones y tiene más de cuarenta mil empleados, vuela a más de ciento cincuenta destinos y ha merecido numerosos galardones, algo que hace dos décadas y media pocos hubieran creído posible. En abril de 2018, acordó comprar el 25% de las acciones del aeropuerto internacional de Moscú-Vnúkovo, el tercero más grande de Rusia. No hace mucho tiempo, la idea de que los principales equipos de fútbol inglés fueran propiedad de extranjeros se habría descartado como una mera fantasía. En la actualidad, en cambio, muchos de los equipos más famosos del fútbol inglés, y europeo en general, tienen propietarios extranjeros. Y muchos de ellos proceden de las tierras de las rutas de la seda. Aunque las reglas modernas del juego se codificaron Londres en 1863, el fútbol no se inventó en Inglaterra. Según la FIFA, el organismo internacional que gobierna éste deporte, los orígenes del fútbol se remontan a la China de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), donde existía un juego llamado cuju en el que, usando sólo los pies, los participantes debían meter una pelota de cuero rellena de plumas en una red sostenida por dos varas de bambú. El camino desde ése lejano precursor hasta el deporte moderno fue largo, pero hoy resulta que todos los grandes equipos de Birmingham y sus alrededores (incluidos el Aston Villa, el West Bromwich Albion, el Birmingham City y el Wolverhampton Wanderers) han sido comprados por capital chino. El corazón del mundo se publicó en 2015. Después de éso, en 2017, dos de los gigantes del fútbol italiano, el A.C. Milan y el Inter de Milán, que comparten el magnífico estadio de San Siro, también fueron adquiridos por empresarios chinos. Luego tenemos a los duelos de algunos de los mejores equipos de Inglaterra y Europa procedentes del golfo Pérsico. El Manchester City, que en la temporada 2017-2018 dominó por completo el campeonato doméstico y se alzó con la Premier League con una diferencia de puntos récord sobre el segundo clasificado, es propiedad de Mansour bin Zayed al Nayhan, el viceprimer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. El equipo tiene un paralelo en el fútbol francés, donde ésa misma temporada el Paris Saint-Germain se paseó con igual facilidad por el campeonato local, la Ligue 1, después de que el verano anterior los propietarios cataríes del club ficharan a dos nuevos jugadores (Neymar y Kylian Mbappé), por los que pagaron más de trescientos cincuenta millones de euros (sin contar salarios y bonificaciones). El accionista mayoritario del Everton F.C. es Farhad Moshiri, nacido en Irán pero residente en Mónaco, que se hizo rico trabajando junto al empresario de origen uzbeko Alisher Usmánov, cuyas inversiones en Rusia, Asia Central y otros lugares le han permitido amasar una fortuna de más de quince mil millones de dólares y, de paso, adquirir una participación significativa en el Arsenal Football Club. Durante un tiempo Usmánov intentó obtener el control de la entidad, un deseo frustrado por la compleja estructura accionarial del club. Aunque los hinchas le habían rogado que no vendiera sus acciones, el empresario se deshizo de ellas en el verano de 2018. Durante años el destino de uno de los clubes más célebres y orgullosos del fútbol inglés dependió de las decisiones de un magnate uzbeko. En otra época, los ingleses ricos viajaban por Europa en lo que se conocía como el grand tour, una gira por ciudades como Venecia, Nápoles, Florencia y Roma para admirar sus tesoros artísticos y arquitectónicos, dejarse inspirar por ellos y, en ocasiones, comprarlos: algunos viajeros regresaban a Gran Bretaña cargados con pinturas, dibujos, esculturas, manuscritos e incluso todo el contenido de una casa, el botín de la riqueza creciente y los triunfos comerciales y militares que habían convertido a la pequeña isla del Atlántico Norte en una superpotencia mundial. Hoy los trofeos que permiten presumir son la organización de la Copa Mundial de Fútbol, a la que han optado con éxito Rusia y Qatar, las Olimpiadas de Invierno (que en 2014 se celebraron en Sochi, y en 2022 en Beijing) y las magníficas galerías de arte como el nuevo Louvre, ubicado no en París sino en Abu Dabi, o el nuevo Museo de Victoria y Alberto, que no se encuentra en Londres sino en Shenzhen. Cabe mencionar también el impresionante Museo de Arte Contemporáneo Garaje en Moscú, diseñado por Rem Koolhaas, o el complejo para deportes de invierno en Asjabad (Turkmenistán), un pabellón deportivo mucho mayor que el Madison Square Garden. En el siglo XVIII, los viajeros británicos partían hacia Italia "deseando con impaciencia ver un país tan famoso en la historia, que otrora daba leyes al mundo". En la actualidad éso ha cambiado y es la historia británica la que es objeto de admiración, sus leyes y tribunales los que se utilizan para resolver disputas y negociar acuerdos de divorcio y sus trofeos los que la nueva élite mundial codicia y compra, desde los clubes de fútbol hasta tiendas de fama mundial como Harrods y Hamleys: empresas como la inmobiliaria Canary Wharf Group, edificios como el número 20 de Fenchurch Street en la City londinense (más conocido como el "walkie-talkie") o medios de comunicación como el Independent o el Evening Standard, todos los cuales tienen propietarios de China, Rusia o los Emiratos Árabes. Ocurre lo mismo en Estados Unidos, donde la franquicia de baloncesto Brooklyn Nets, el New York Post, los hoteles Waldorf Astoria y Plaza de Nueva York y el grupo Warner Music son apenas algunas de las empresas y marcas emblemáticas comprada o participadas por inversores originarios de, y vinculados estrechamente con, Rusia, Oriente Próximo y China. Otra de ésas empresas es Legendary Entertainment, una de las coproductoras de la última entrega de Jurassic Park, y hoy parte del Dalian Wanda Group de Wang Jianlin, compañía que también es propietaria de las cadenas de cine Odeon, UCI, Carmike y Hoyts en Europa, Estados Unidos y Australia (con un total de más de catorce mil salas), así como del fabricante de yates de lujo Sunseeker y de Infront Sports & Media, la empresa que posee los derechos exclusivos de retransmisión de la Copa Mundial de Fútbol de 2022. Ahora bien, si bien algunos de éstos negocios pueden entrar dentro de los pasatiempos o pasiones que los millonarios están en condiciones de permitirse, muchos de ellos constituyen inversiones serias y costosas: "Son un síntoma del gran movimiento que ha experimentado el PIB mundial en las últimas décadas, cuando sólo en China más de ochocientos millones de personas han salido de la pobreza desde la década de 1980. Los criterios empleados para definir la "pobreza" son materia de debate entre los economistas del desarrollo y otros expertos, pero no cabe duda de que el ritmo y el alcance del crecimiento del país asiático son sorprendentes. En 2001, el PIB de China era un 39% del de Estados Unidos (en términos de paridad de poder adquisitivo). Hacia 2008 el indicador había aumentado hasta un 62%; y en 2016 el PIB chino era ya, utilizando el mismo criterio, un 114% del estadounidense, y es probable que en los próximos cinco años aumente todavía más y de forma más marcada. Éste cambio no sólo ha transformado China sino también al resto del mundo. Por ejemplo, previendo el aumento de la clase media china, un empresario de Pekín ha comprado tres mil hectáreas de cultivo en el centro de Francia con el objetivo de abastecer de harina las más de mil boulangeries que planea abrir por todo el país. Hu Keqin, el empresario en cuestión, espera que el gusto de los chinos evolucione más allá de los alimentos derivados del arroz y ve en ése cambio un potencial "inmenso". Si ésta noticia genera inquietud en Francia por los efectos que la exportación de harina pueda tener sobre el precio del pan, otro tanto ocurre con la industria del vino, un ámbito en el que, sólo en 2017, las exportaciones a China aumentaron un 14% hasta rondar los doscientos veinte millones de litros. La previsión es que en los próximos cinco años las exportaciones de vino francés a China superen los veinte mil millones de dólares, una buena noticia para los viticultores franceses, pero no tanto para los consumidores locales. El hecho de que en los últimos años muchos de los viñedos más famosos de la región de Burdeos hayan sido adquiridos por celebridades como la actriz Zhao Wei o el magnate Jack Ma (que posee cuatro, incluido el famoso Château de Sours) ciertamente ha causado irritación, pero no tanto como el hecho de que, además, algunos hayan sido rebautizados con el propósito de hacerlos más atractivos a los consumidores chinos. El Château Senilhac en Médoc se llama ahora Château Antilope Tibetaine (antílope tibetano), el Château la Tour Saint-Pierre se ha convertido en Château Lapin d´Or (conejo dorado) y el Château Clos Bel-Air es ahora Château Grande Antilope (gran antílope)" (Frankopan, pp. 32, 33, 34). El que se desdeñen nombres prestigiosos que se habían forjado una reputación a lo largo de los siglos quizá resulte inaceptable para los puristas, pero el ascenso de Oriente también está teniendo otros efectos y causando cambios en aspectos aparentemente mundanos del mundo que nos rodea. Qatar Airways es sólo una de muchas aerolíneas cuyas operaciones han alimentado la demanda de aviones comerciales, una demanda que no dejará de aumentar. La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) espera que el número de pasajeros que viajan cada año en avión casi se haya duplicado en 2036, cuando, se calcula, rondará los siete mil ochocientos millones, un aumento impulsado en gran medida por la población cada vez más próspera de Asia, con China, India, Turquía y Tailandia a la cabeza. Según un análisis independiente de Boeing, éso significa que a lo largo de los próximos veinte años las compañías necesitarán medio millón de nuevos pilotos. No obstante, las consecuencias ya se están sintiendo: no hay suficientes pilotos para satisfacer la demanda actual y ésto ha hecho que los salarios se disparen. Xiamen Air, por ejemplo, ofrece sueldos de cuatrocientos mil dólares para los pilotos de Boeing 737, y ésta ni siquiera ha sido la oferta más alta: según se cuenta, algunas empresas han llegado a ofrecer a sus pilotos hasta setecientos cincuenta mil dólares al año. Una inflación salarial de éstas dimensiones tiene implicaciones obvias en los costos del transporte aéreo. La presión causada por la escasez de pilotos en todo el mundo ya ha obligado a operadores consolidados y con abundantes recursos a cancelar vuelos debido a la falta de personal. Aunque parezca difícil de creer, cuando hoy se cancela un vuelo -ya sea durante un viaje de negocios al Medio Oeste de Estados Unidos, al regresar a casa tras una escapada para esquiar en los Alpes o justo antes de unas vacaciones de ensueño en las antípodas- es posible que el ascenso de las rutas de la seda tenga algo que ver con lo ocurrido. Éstos mismos factores influirán en el aspecto de las habitaciones de hotel, en la música que suene en el vestíbulo y en las bebidas disponibles en el bar. En 1990, el número de chinos que viajaban como turistas a otros países era mínimo; quienes se desplazaban al extranjero lo hacían en su mayoría para desarrollar actividades oficiales y gastaban en total unos quinientos millones de dólares al año. En 2017, ésa cifra se había multiplicado quinientas veces hasta superar los doscientos cincuenta mil millones de dólares, aproximadamente el doble de lo que los viajeros estadounidenses gastan al año en el extranjero. Teniendo en cuenta que en la actualidad sólo un 5% de los ciudadanos chinos dispone de pasaporte, no cabe duda de que en el futuro ésas cifras se dispararán. Según algunas proyecciones, en 2020 viajarán al extranjero unos doscientos millones de chinos, y los analistas sugieren que ello creará oportunidades particularmente interesantes en los sectores del juego y los cosméticos, además de suponer un incentivo para las aerolíneas que vuelen a los lugares indicados, los hoteles que satisfagan los gustos del turismo chino y los servicios en línea que les ayuden a organizar sus viajes al extranjero, como Skyscanner, que a finales de 2016 fue adquirida por la empresa china Ctrip mediante un acuerdo que superó los mil setecientos millones de dólares. Éste mundo en plena transformación también trae consigo desafíos, a menudo en lugares inesperados y de formas igualmente inesperadas. El auge de China ha planteado problemas extraordinarios para los asnos y los criadores de asnos desde Asia Central hasta África Occidental. La piel de asno es el ingrediente básico del ejiao, una sustancia que en la medicina popular china se utiliza para aliviar el dolor, pero de la que también se dice que sirve para tratar el acné, prevenir el cáncer y aumentar la libido. En los últimos veinticinco años, la demanda de ejiao ha provocado una reducción del 50% de la población de asnos en China, lo que ha llevado a buscar nuevos proveedores en otros lugares. El precio de los asnos se ha cuadruplicado en Tayikistán, y también en África ha sufrido un acusado aumento. Ésto no es necesariamente una buena noticia. Dado que los asnos se utilizan como bestias de carga y desempeñan un papel importante en la producción agrícola y el transporte de los alimentos hasta el mercado, la marcada y repentina disminución del número de animales disponibles (sumada al aumento de su precio) amenaza con desestabilizar la economía agraria de países con un equilibrio a menudo precario. Por ése motivo, Níger, Burkina Faso y otras naciones de África han aprobado leyes para prohibir la exportación de asnos a China. Unos de los efectos del auge de las rutas de la seda ha sido la aparición de un mercado negro de pieles de asno: "Es muy probable que relacionar el comercio de asnos con las dificultades de quienes busca adquirir por primera vez una propiedad en Londres no resulte a simple vista una asociación obvia. Y, sin embargo, el flujo de dinero extranjero hacia la capital británica entre 1999 y 2014 contribuyó de forma decisiva al aumento de los precios de las viviendas caras, así como a la creación de un efecto "goteo" sobre las propiedades menos costosas. De acuerdo con los cálculos de un experto en la materia, sin la avalancha de capital extranjero los precios de la vivienda en Londres habrían sido un 19% más bajos a lo largo de ése período. Una parte sustancial de ése capital provenía de Rusia. Entre 2007 y 2014, cerca del 10% de todo el dinero gastado en bienes inmuebles en la capital del Reino Unido era de origen ruso, y la proporción aumenta a más del 20% en el caso de las viviendas con un valor superior a los diez millones de libras esterlinas. La llegada de capital chino a los mercados residenciales de otros países también ha crecido como la espuma: en 2016, los ciudadanos chinos compraron en el extranjero viviendas por más de cincuenta mil millones de dólares; y el año siguiente invirtieron otros cuarenta mil millones. Y éso sin incluir el capital destinado a la compra de inmuebles comerciales en Londres, que en 2017 representó una tercera parte de las inversiones de ése tipo en la ciudad. La historia es similar en otros lugares. En 2016, compradores chinos adquirieron propiedades en Vancouver en tales cantidades que los precios aumentaron a un ritmo del 30% mensual en comparación con el año anterior, lo que llevó a las autoridades locales a introducir un impuesto del 15% sobre los bienes inmuebles adquiridos por extranjeros en un intento de calmar el mercado. Es posible encontrar presiones semejantes en otras partes de Canadá, así como en San Francisco, Australia, Nueva Zelanda y ahora también en el Sudeste Asiático. Los problemas de quienes no pueden permitirse comprar una vivienda quizá no tengan sus raíces en las rutas de la seda, pero sí forma parte del relato de un mundo cuyo centro de gravedad económico se está alejando de Occidente. Éstas transformaciones no han pasado desapercibidas para la industria del lujo, un sector en el que las pautas de la demanda han cambiado por completo desde principios de la década de 1990: "En ésa época los clientes chinos representaban un porcentaje insignificante de los compradores de artículos de lujo, mientras que ahora constituyen una tercera parte del total mundial, y se calcula que en 2025 comprarán el 44% de todos los artículos de lujo. Ésto contribuye a explicar por qué en 2018 el Prada Group decidió abrir siete tiendas en una única ciudad: Xi´an. También explica las decisiones empresariales de Chanel, por ejemplo, que compró una serie de fabricantes de seda con el propósito de garantizar el suministro para sus productos, algo que no es sorprendente dada la popularidad de la marca en China y en otras partes del mundo. Las tendencias también resultan claras para la cadena de cafeterías Starbucks, que ha convertido la expansión en China en una de sus prioridades. La escala de la ambición de la compañía evidencia la magnitud de sus expectativas con respecto al país más poblado del planeta en un momento de cambio. En 2017, Starbucks anunció que en 2021 quería contar con dos mil locales en China, lo que equivalía a abrir una nueva cafetería cada quince horas. China no sólo es un mercado que ofrece la posibilidad de obtener grandes beneficios; es un mercado imposible de ignorar. La historia es similar en la India, Pakistán, Rusia y los países del golfo Pérsico, donde sólo los clientes de los Emiratos Árabes unidos, por ejemplo, gastan casi tres mil millones de dólares al año en coches de alta gama. Acertar en Oriente puede decidir la suerte de una marca líder. Lo mismo puede decirse de casi todos los sectores de la economía, incluida la música y la cultura. Por ejemplo, a finales de 2015, cuando el gobierno chino abandonó la política de un solo hijo, las acciones de las compañías que fabrican cochecitos para bebés, pañales y leches de fórmula aumentaron, mientras que las de las marcas de condones más populares cayeron notablemente. Un informe elaborado por Credit Suisse señalaba que el aumento de la natalidad tendría como consecuencia un gasto de cientos de miles de millones de yuanes en artículos para bebé y los niños en general. Es posible ganar mucho dinero si se está en el lugar correcto en el momento adecuado cuando los hábitos de consumo cambian, y no saber adaptarse o responder con acierto al cambio tiene consecuencias… Lo que en el futuro determinará los ganadores y perdedores del sector turístico serán los lugares, hoteles, instalaciones, menús y atracciones que resulten más llamativos para la población de Asia, que en la actualidad asciende a cuatro mil quinientos millones de habitantes y cada vez es más numerosa y rica. Para poner ésto en perspectiva, podemos acudir a los datos del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los cuales indican que ninguna de las diez economías que más deprisa crecieron en 2017 se encuentra en el hemisferio occidental, situación que se ha repetido a lo largo de la última década. Los gustos, tendencias y anhelos se decidirán en ciudades boyantes y ambiciosas en pleno crecimiento, no en metrópolis estancadas o marchitas" (Frankopan, pp. 39, 40, 41).

Hal Hefner ©

La caída de Occidente.

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Joseph E. Stiglitz en "El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita" (TAURUS, 2012), explica que la Gran Recesión de 2008 hizo la vida más difícil para la clase media estadounidense. Por ejemplo, a lo largo de las últimas tres décadas, quienes percibían salarios bajos (los que están en el 90% inferior) han visto aumentar sus salarios tan sólo en un 15 % aproximadamente, mientras que los que están en el 1 % más alto han experimentado un aumento de casi el 150%, y el 0,1% superior, de más del 300%. Incluso después de que los ricos perdieran una parte de su riqueza con la caída de los precios de las acciones durante la Gran Recesión de 2008, el 1% de familias más ricas poseía 225 veces más patrimonio que el estadunidense típico, una relación que casi duplica la que había en 1962 o en 1983. En los primeros años del nuevo milenio posteriores a la recesión (entre 2002 y 2007), el 1% más alto se llevó más del 65% del incremento de la renta nacional total. Los miembros de la clase media estadounidense sentían que llevaban mucho tiempo pasándola mal, y tenían razón. A lo largo de las tres décadas anteriores a la crisis, sus ingresos apenas habían variado. De hecho, la renta de un hombre trabajador típico ha estado estancada durante un tercio de siglo. La mediana de ingresos de las familias era, de hecho, más baja en 2010 (49.445 dólares) que en 1997, descontando la inflación (50.123 en dólares de 2010). A lo largo de un período más amplio, entre 1980 y 2010, la mediana de ingresos de las familias básicamente se estancó, ya que creció a una tasa anual de tan sólo el 0,35%. Descontando la inflación, la mediana de ingresos de los varones en 2010 fue de 32.137 dólares; en 1968 fue de 32.844 dólares. Los hombres jóvenes (de entre veinticinco y treinta y cuatro años en 2012, de veintinueve años y treinta ocho años en 2016, y de treinta y siete y cuarenta seis años en 2024, el grupo generacional tal más vez más importante y decisivo que votó por Trump) que tienen un nivel educativo menor lo están pasando todavía peor, los que acaban de terminar el bachillerato han visto como su renta real se ha reducido en más de un 25% durante los últimos veinticinco años. Pero incluso a las familias de individuos con una licenciatura universitaria o un nivel superior de estudios no les ha ido demasiado bien –su mediana de ingresos (descontando la inflación) disminuyó en un 10% entre 2000 y 2010. Los trabajos a tiempo completo disminuyeron en 8,7 millones entre noviembre de 2007 y noviembre de 2011, un período en el que normalmente se habrían incorporado a la población activa otros 7 millones más de personas –un aumento del déficit real de puestos de trabajo de más de 15 millones-. Millones de personas que consiguieron encontrar trabajo renunciaron a hacerlo y abandonaron la población activa; los jóvenes decidieron seguir en la universidad, ya que las perspectivas de empleo, incluso para los licenciados universitarios, parecían desoladoras. La Gran Recesión ha supuesto un triple golpe para muchos estadounidenses: tanto sus empleos, sus ingresos de jubilación y sus hogares se pusieron en peligro. A mediados de la década de 2000, antes de la llegada de la Gran Recesión, los integrantes del 80% inferior estaban gastando aproximadamente el 110% de sus ingresos. Entre las pérdidas en los planes de jubilación y los 6,5 billones de dólares de pérdidas en el valor de las viviendas, a los estadounidenses corrientes la crisis les ha golpeado con fuerza. Entre 2005 y 2009, una familia típica afroamericana ha perdido el 53% de su patrimonio -lo que deja sus activos en tan sólo un 5% de los de una familia blanca media- y la familia hispana media ha perdido el 66% de su patrimonio. E incluso el valor neto de la familia blanca estadounidense típica se redujo sustancialmente, hasta los 113.149 dólares en 2009, una pérdida de patrimonio del 16% respecto a 2005. Los intereses económicos consiguen lo que quieren del gobierno: convencer al 99% de que tienen intereses compartidos. El hecho de que el 1% haya condicionado con tanto éxito la percepción del público atestigua la maleabilidad de las convicciones. Cuando otros países se dedican a hacer éso, lo llamamos "lavado de cerebro". El éxito electoral de Donald Trump con 77 millones de votos en 2024 no se explica sin las tensiones económicas de la batalla cultural y las corrientes académicas dominantes que intentan convencer que los intereses del 1% son buenos para el 99%. En 2016 Donald Trump ganó la elección presidencial con 47,3% (VP) y 306 (VE) frente al 47,8% (VP) y 232 (VE) de Hillary Clinton. En 2020 perdió con 47,4% (VP) y 232 (VE) frente al 50,8% (VP) y 306 (VE) de Joe Biden. En 2024 ganó con 50,9% (VP) y 312 (VE) frente a 47,6% (VP) y 226 (VE) de Kamala Harris. Los principales votantes de Trump en 2024 son los no universitarios que representan el 58% del electorado, por lo tanto, los demócratas ya no son el partido preferido por los votantes de menor renta. En Estados Unidos las rentas más altas y los graduados universitarios votan al Partido Demócrata, por lo que la candidatura de Kamala Harris se identificaba para muchos estadounidenses con la élite económica y cultural del país. Según los sondeos de la Associated Press (AP), Trump amplió su base en prácticamente todos los perfiles de votantes, incluso en aquellos en que los demócratas son más fuertes. Kamala Harris obtuvo el voto de las mujeres (53%), los negros (83%), los hispanos (56%), otros (55%), 18-24 años (54%), 30-39 años (51%), 40-49 (50%). De forma detallada: hombres negros (74%), mujeres negras (89%), hombres hispanos (51%), mujeres hispanas (60%), mujeres de 18-29 años (58%), mujeres de 30-44 años (53%). Por el nivel de renta: universitarios (56%), 100.000 dólares o más (53%). Donald Trump obtuvo el voto de los hombres (54%), los blancos (55%), 25-29 años (49%), 50-64 años (52%), 65+ (51%). De forma detallada: hombres blancos (59%), mujeres blancas (52%), hombres de 18-29 años (55%), hombres de 30-44 años (50%). Por el nivel de renta: no universitarios (55%), 50.000 dólares (49%), 50.000-99.000 dólares (52%). En resumen, los blancos de 25-29, 30-44, 50-64 y 65+ son los que tienen menos niveles de renta y estudios universitarios por la desindustrialización en zonas tradicionalmente blancas. Los blancos son más pobres de lo que eran antes de la globalización, ganan menos que los votantes demócratas. Lo mismo podríamos decir del aumento del voto trumpista en las poblaciones negras e hispanas. El discurso trumpista de la antiglobalización, el proteccionismo y la reindustrialización de la economía de los Estados Unidos es una oferta que va en contra de los intereses de las élites culturales y económicas representadas por Kamala Harris. Si piensas que la gente no debió votar por Trump por sexismo, misoginia y homofobia, estás completamente desconectado de las realidades económicas de los jóvenes de 25-29 años, que tenían 13-17 años en la Gran Recesión de 2007-2008, y las personas mayores: (a) el crecimiento de los ingresos en Estados Unidos en los últimos años se produce principalmente en el 1% más alto de la distribución de los ingresos; (b) Como consecuencia de lo anterior, existe una desigualdad creciente; (c) Y los que están en la parte inferior y en la parte media en realidad están peor económicamente que a principios de siglo; (d) Las desigualdades en el patrimonio son aún mayores que la desigualdad en los ingresos; (e) Las desigualdades son evidentes no sólo en los ingresos, sino en diversas variables que reflejan la calidad de vida, como la inseguridad y la sanidad; (f) La vida es especialmente difícil en la parte más baja, y la recesión ha provocado que sea mucho más dura; (g) Se ha producido un vaciamiento de la clase media; (h) Existe muy poca movilidad de ingresos: el concepto de que Estados Unidos es una tierra de oportunidades es un mito; (i) Estados Unidos tiene más desigualdad que cualquier otro país industrializado, hace menos por corregir ésas diferencias y la desigualdad está aumentando más que en otros países. Stiglitz en 2012 pensaba que ésos hechos resultaban inconvenientes a la derecha estadounidense. Su análisis desmentía alguno de los mitos más queridos: que Estados Unidos es un país de oportunidades, que la mayoría de la gente se ha beneficiado de la economía de mercado, sobre todo en el período que empezó cuando el presidente Ronald Reagan desreguló la economía y redujo el tamaño del gobierno. Probablemente, ni en sus peores sueños, Stiglitz imaginó que ésos hechos ahora resultan inconvenientes a la izquierda progresista, famosa por negar las realidades materiales al grado que la clase trabajadora y los sindicalistas votan por Donald Trump. Cuando el Banco Mundial predijo la recesión global en enero de 2008 pocos ciudadanos parecían ser conscientes de la eclosión de una nueva era. La incertidumbre generalizada dio paso al malestar y al desencanto debido a los efectos de una crisis aún latente en muchos hogares y que ha dibujado sendas particulares en la política partidista de todo el continente europeo. El 15 de mayo de 2011 (15-M) los jóvenes españoles indignados salieron a protestar por una tasa de desempleo juvenil superior al 40% desde el inicio de la crisis. En Estados Unidos, el movimiento Occupy Wall Street se hicieron eco de la misma consigna. En 2012 la tasa de paro juvenil en España era del 50% y en Estados Unidos el 18%. Los parados, incluidos aquellos que habían estudiado, tenían que afrontar la dura decisión de seguir desempleados o aceptar un empleo por debajo de su nivel de cualificación. En muchos casos no existía ésa opción porque no había trabajo. En torno a ello, destaca el nacimiento de una nueva categoría social, la de la llamada generación "Nini", que pretendía hacer alusión a jóvenes que no desarrollaban ningún tipo de actividad laboral o estudiantil y que, no obstante, está fuertemente tamizada por interpretaciones individualistas que en no pocas ocasiones y a través de generalizaciones convertía culpables a los jóvenes sin hacer alusión a las deficiencias económicas estructurales. El desempleo es un fenómeno estrechamente ligado al crecimiento de la pobreza y la exclusión social. En lo referido a la etapa comprendida entre 2008 y 2014 numerosos telediarios y madrugadores programas de variedades abrían sus ediciones aludiendo a éstas realidades que, pese a existir con anterioridad, con la crisis tomaban un nuevo cariz, puesto que se rompía el relato de la marginalidad como hecho propiciatorio y se asimilaba que cualquiera podía caer en situaciones desfavorables. La Red Europea Contra la Pobreza (European Anti Poverty Network, EAPN) en el año 2011 estimó que 12.741.434 personas vivían en riesgo de pobreza en España. Tal y como señalaba la ONG, a través de los tres indicadores AROPE (población bajo el umbral de la pobreza, población con privación material severa y población con baja intensidad por hogar) en tan sólo dos años la pobreza y la exclusión había crecido en 1,5 puntos alcanzando al 27% de la población, dato que ilustra diferencias regionales: mientras que Navarra, País Vasco, Asturias, Madrid o Aragón tenían tasas inferiores al 20%, Extremadura, Castilla-La Mancha, Ceuta, Melilla, Canarias o Andalucía superaban el 30%. Por su parte, Cáritas Diocesana alertaba no sólo de la intensificación de la pobreza sino también de su cronificación, puesto que al menos un 44% de las personas que recibían asistencia llevaban en 2012 al menos tres años bajo el amparo de dicha entidad. Dos años más tarde (2014) el Informe Foessa anual confirmaba ésta tendencia y estimaba la extensión de la fractura social en un 45%, algo que se habría visto repercutido por el agotamiento del recurso de la solidaridad familiar. La gravedad del asunto, sumada al amarillismo de los medios de comunicación, provocaron el crecimiento de la exposición pública de los desahucios, los desalojos de cientos de familias de sus hogares fruto de los impagos hipotecarios a las entidades bancarias correspondientes. Como señala el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en 2011 se procesaron más de 58 mil expedientes de desahucio, una cifra récord de la historia reciente de España y que suponía un vertiginoso 22% más que el año anterior. Ésta desoladora estampa propició una grave erosión de la salud mental de la ciudadanía española, una cuestión latente durante a través de diversos fenómenos en la etapa 2008-2014. Por ejemplo, si en el año 2009 se vendieron 123,708 millones de envases de medicamentos psicofármacos, en 2012 ésta cifra aumentaba aproximadamente un 4% hasta los 128,796 millones. En el campo de los fármacos antidepresivos en 2009 se vendieron 35,1 millones y en 2012 ésta cifra fue de 38,7 millones, un aumento exponencial que iba de la mano de un cada vez más usual consumo de tranquilizantes en menores de 18 años. Éstos valores no son fruto de la casualidad, pues la crisis económica aumentó de forma significativa los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de ansiedad, los llamados trastornos somatomorfos (caracterizados por la somatización de los síntomas físicos y psicológicos que propician angustia emocional y dificultades en la vida cotidiana) y el abuso de sustancias como el alcohol. En su vertiente más cruda el sufrimiento debido a los cruentos efectos de la crisis provocó el aumento de las cifras de suicidio en España (de 7,37 por 100 mil habitantes a 7,58), una lacra que afectaba con mayor énfasis en varones desempleados con edad laboral. Para colmo, las políticas de austeridad se diseñaron para resolver la crisis de la "deuda soberana": Europa aportaba más dinero a los bancos para comprar deudas soberanas que contribuían a apoyar las deudas soberanas; y aportar más dinero a las deudas soberanas contribuía a apoyar a los bancos. Un regalo oculto a los bancos por decenas de miles de millones de dólares: "La crisis financiera de 2007-2008 y la Gran Recesión que le siguió dejaron a la deriva a un gran número de estadounidenses, en medio de los restos del naufragio de una forma de capitalismo cada vez más disfuncional. Cinco años después, uno de cada seis estadounidenses querría un trabajo a tiempo completo, pero sigue sin encontrarlo; aproximadamente ocho millones de familias han recibido la orden de abandonar sus hogares, y varios millones más prevén que van a recibir una notificación de desahucio en un futuro no demasiado lejano; una cantidad aún mayor de ciudadanos vio cómo parecían evaporarse los ahorros de toda su vida. Incluso si una parte de los brotes verdes que los optimistas no cesaban de ver hubieran sido, de verdad, el heraldo de una recuperación real, tendrían que pasar varios años –como muy pronto hasta 2018- para que la economía volviera al pleno empleo. Sin embargo, para 2012, muchos ya habían renunciado a toda esperanza: quienes perdieron sus empleos en 2008 y 2009 ya se había gastado todos sus ahorros. Los cheques del subsidio de desempleo se habían agotado. Las personas de mediana edad, que antes confiaban en reincorporarse rápidamente a la población activa, llegaron a la conclusión de que en realidad habían sido jubilados a la fuerza. Los jóvenes, recién salidos de la universidad con deudas de decenas de miles de dólares, no podían encontrar trabajo de ningún tipo. La gente que se había ido a vivir con sus amigos y familiares al principio de la crisis se había quedado sin techo. Las casas que se compraron durante el boom inmobiliario seguían a la venta, o se vendían con pérdidas; y muchas más seguían vacías. Los nefastos fundamentos del boom financiero de la década anterior quedaban finalmente en evidencia… El declive en el nivel de vida también se manifiesta en los cambios en las pautas sociales, así como en los fríos datos económicos. Un número cada vez mayor de adultos jóvenes vive con sus padres: aproximadamente un 19 por ciento de hombres de entre 25 y 34 años de edad, lo que supone un aumento frente al 14 por ciento de una fecha tan reciente como 2005. Para las mujeres en ése mismo grupo de edad, el aumento fue desde el 8 por ciento hasta el 10 por ciento. Éstos jóvenes, a los que a veces se denomina la "generación bumerán", se ven obligados a quedarse en casa, o volver a su hogar después de terminar sus estudios, porque no pueden permitirse vivir de forma independiente. Incluso una costumbre como el matrimonio se está viendo afectada, por lo menos por el momento, por la falta de ingresos y seguridad. En tan sólo un año (2010), el número de parejas que vivían juntas sin estar casadas aumentó en un 13 por ciento" (Stiglitz, pp. 47, 61). El foro 4Chan reúne las tensiones masculinas, la mayoría de los usuarios se identifican como NEET, varones desempleados o con trabajos precarios que viven en la casa de sus padres, con poca educación y nulo contacto con las mujeres. Los usuarios de 4Chan se asumen perdedores, fracasados y marginados por el sistema. A los despidos se sumaron variables como el desempleo, la precarización, los desahucios y los divorcios, y la imposibilidad de cumplir obligaciones económicas y jurídicas. ¿Qué trato recibió ésta población del Estado? Todo el insulto del moralismo progresista sufragado con recursos públicos. ¿Qué trato recibió ésta población del mercado? El pico de la propaganda gay de las principales marcas. ¿Recuerdas cuando en 2016 Facebook y Google te querían meter la banderita gay por todos lados? En lo peor de la recesión había siete solicitantes por empleo. Baste recordar que cuando McDonald´s anunció en 2012 que a iba contratar a 50.000 trabajadores, ¡se presentaron un millón de aspirantes! En épocas de recesión, la supervivencia obliga a aceptar trabajos por debajo de la cualificación o de las pretensiones económicas, ¡cuando hay trabajos disponibles! 4Chan fue la cuna de Anonymus, Q-Anon y el apoyo a la campaña de Donald Trump en 2016 por considerarlo un troll por excelencia, quien usó la rana triste Pepe de Matt Furrie para expresar su compromiso con 4Chan. El único que les puso atención. Mientras la sociedad occidental implosiona y se ven fenómenos que hasta hace pocos años eran exclusivos de sociedades tercermundistas, bananeras o latinoamericanas, como varias familias viviendo en una misma casa, en India ocurre lo contrario: el modelo tradicional basado en la cohabitación de la familia extensa está siendo reemplazado por los hogares formados por personas solteras o parejas, ya sea con o sin hijos. Ésto, por supuesto, tiene un impacto considerable en la vida familiar y conlleva desafíos importantes para el mercado de la vivienda, así como para las infraestructuras y los servicios públicos: el transporte, la electricidad, el agua, la salud y la educación. Pero al mismo tiempo supone enormes oportunidades, entre otras razones porque la investigación de mercado calcula que los hogares pequeños gastan entre un 20 y un 30% más per cápita que las familias en las que conviven varias generaciones bajo el mismo techo. Se puede acusar a los usuarios de 4Chan o ForoCoches de conspiranoicos. La respuesta es no, de hecho, coincide con el análisis del Vaticano. La crisis económica agrede a las economías occidentales. La crisis de éstas economías se refleja inevitablemente en los balances de la Iglesia. El estado de salud de las arcas vaticanas está ligado a las ofrendas y a las donaciones; si la Iglesia se empobreciera, su capacidad de influencia y evangelización quedaría reducida. Junto al empobrecimiento de la mayor parte tradicionalmente más rica del mundo, aquella de mayoría católica, asistimos a la creciente influencia de China, India y de otros países orientales que con el paso de los años son cada vez más fuertes en los mercados financieros internacionales. Sobre los riesgos respecto del futuro económico del mundo occidental, la preocupación de la curia romana es muy alta. Entre temores y preocupaciones crecientes, los análisis y las propuestas que llegan de expertos acreditados se vuelven esenciales: "Ettori Gotti Tedeschi, banquero ligado al Opus Dei, lanzó la alarma sobre el empobrecimiento de Occidente y el enriquecimiento de los países no católicos con el riesgo de perjudicar el futuro de la Iglesia, en una nota sintética reservada a monseñor Georg Gänswein en 2011: La crisis económica en curso y las consecuencias del desequilibrado proceso de globalización que ha forzado a la deslocalización acelerada de muchas actividades productivas, ha transformado el mundo en dos áreas económicas: los países occidentales (EE.UU. y Europa) consumidores y cada vez menos productores, y los países orientales (Asia e India) productores y aún no equilibradamente consumidores. Éste proceso, ha creado, en consecuencia, un conflicto entre las tres funciones económicas del hombre occidental: la de trabajador y productor de renta, la de consumidor de los bienes más convenientes, la de ahorrador e inversor donde hay mayores perspectivas de ganancia. La paradoja que se deduce es que el hombre occidental aún produce renta trabajando en empresas domésticas, pero cada vez menos competitivas y por éso con riesgo de inestabilidad. Compra los bienes más competitivos, producidos en otra parte. Invierte en empresas no domésticas, en países en que la economía crece porque se produce. En la práctica, refuerza empresas que crean ocupación en otra parte e incluso compiten con aquella donde él trabaja. Hasta que dicho hombre se queda sin trabajo, ya que no puede consumir y aún menos ahorrar. Éste conflicto, no gestionado, está provocando una crisis estructural en la economía del mundo occidental antes rico. Pero éste mundo occidental es también aquel cuyas raíces son cristianas (Europa y EE.UU.), que está evangelizado y hasta ahora ha sostenido a la Iglesia con sus recursos económicos. En la práctica, gracias al proceso de deslocalización, la riqueza se está transfiriendo del Occidente cristiano al Oriente por cristianizar, ésto conlleva: a) menor desarrollo económico (o incluso negativo), menores rentas, menores ahorros, menores rendimientos de las inversiones locales, mayores costes para sostener el envejecimiento de la población, etc. b) por consiguiente, mayor participación del Estado en la economía, mayor gasto público y mayores costos. Exigencia de mayores impuestos, menores privilegios y exenciones fiscales, mayores riesgos. En resumen, el mundo cristianizado se está empobreciendo. El mundo por evangelizar está adquiriendo autonomía y poder. Una situación que amenaza con reflejarse en las cuentas de la Iglesia" (Nuzzi, pp. 270, 271).

Hal Hefner ©

El ascenso de Trump.

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Nancy Fraser en "El final del neoliberalismo progresista" (Dissent, 2017), ubica que la elección de Donald Trump es una más de una serie de insubordinaciones políticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemonía neoliberal. Entre ésas insubordinaciones, podemos mencionar, entre otras, el voto del Brexit en el Reino Unido, el rechazo de las reformas de Renzi en Italia, la campaña de Bernie Sanders para la nominación Demócrata en los EE.UU., y el apoyo creciente cosechado por el Frente Nacional en Francia. Aun cuando difieren en ideología y objetivos, ésos motines electorales comparten un blanco común: rechazan la globalización gran-empresarial, el neoliberalismo y el establishment político que los ha promovido. En todos los casos, los votantes dicen "¡No!" a la letal combinación de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado que resulta característica del actual capitalismo financiarizado. Sus votos son una respuesta a la crisis estructural de ésta forma de capitalismo, crisis que saltó por primera vez a la vista de todos con la casi fusión del orden financiero global en 2008. Sin embargo, hasta hace poco, la respuesta más común a ésta crisis era la protesta social: espectacular y vívida, desde luego, pero de carácter harto efímero. Los sistemas políticos, en cambio, parecían relativamente inmunes, todavía controlados por funcionarios de partido y elites del establishment, al menos en los estados capitalistas poderosos como los EE.UU. el Reino Unido y Alemania. Pero ahora las ondas electorales de choque reverberan por todo el planeta, incluidas las ciudadelas de las finanzas globales. Quienes votaron por Trump, como quienes votaron por el Brexit o contra las reformas italianas, se han levantado contra sus amos políticos. Burlándose de las direcciones de los partidos, han repudiado el sistema que ha erosionado sus condiciones de vida en los últimos treinta años. Lo sorprendente no es que lo hayan hecho, sino que se hayan tardado tanto. No obstante, la victoria de Trump no es solamente una revuelta contra las finanzas globales. Lo que sus votantes rechazaron no fue el neoliberalismo sin más, sino el neoliberalismo progresista. Ésto puede sonar como un oxímoron, pero se trata de un alineamiento, aunque perverso, muy real: es la clave para entender los resultados electorales en los EE.UU. y acaso también para comprender la evolución de los acontecimientos en otras partes. En la forma que ha cobrado en los EE.UU., el neoliberalismo progresista es una alianza de las corrientes principales de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGBTQ), por un lado, sectores de negocios de gama alta "simbólica" y sectores de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). En ésta alianza, las fuerzas progresistas se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente la financiarización. Aunque maldita sea la gracia, lo cierto es que las primeras prestan su carisma a éste último. Ideales como la diversidad y el "empoderamiento", que, en principio podrían servir a diferentes propósitos, ahora dan lustre a políticas que han resultado devastadoras para la industria manufacturera y para las vidas de lo que otrora era la clase media. El neoliberalismo progresista se desarrolló en los EE.UU. durante éstas tres últimas décadas y fue ratificado por el triunfo electoral de Bill Clinton en 1992. Clinton fue el principal ingeniero y portaestandarte de los "Nuevos Demócratas", el equivalente estadounidense del "Nuevo Laborismo" de Tony Blair. En vez de la coalición del New Deal entre obreros industriales sindicalizados, afroamericanos y clases medias urbanas, Clinton forjó una nueva alianza de empresarios, suburbanitas, nuevos movimientos sociales y juventud: todos proclamando orgullosos su bona fides moderna y progresista, amante de la diversidad, el multiculturalismo y los derechos de las mujeres. Aun cuando la administración Clinton hizo suyas ésas ideas progresistas, cortejó a Wall Street. Pasando el mando de la economía a Goldman Sachs, desreguló el sistema bancario y negoció Tratados de Libre Comercio que aceleraron la desindustrialización. Lo que se perdió por el camino fue el Cinturón del Óxido, otrora bastión de la democracia social del New Deal y ahora la región que ha entregado el Colegio Electoral a Donald Trump. Ésa región, junto con nuevos centros industriales del Sur, recibió un duro revés cuando la financiarización más desatada campó a sus anchas en el curso de las pasadas dos décadas. Continuadas por sus sucesores, incluido Barak Obama, las políticas de Clinton degradaron las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador, pero especialmente de los empleados en la producción industrial. Para decirlo sumariamente: Clinton tiene una pesada responsabilidad en el debilitamiento de las uniones sindicales, en el declive de los salarios reales, en el aumento de la precariedad laboral y en el auge de las familias con dos ingresos que vino a subsistir al difunto salario familiar. Como sugiere ésto último, al asalto a la seguridad social le dio lustre un barniz de carisma emancipatorio prestado por los nuevos movimientos sociales. Durante todos los años en los que se abría un cráter tras otro en su industria manufacturera, el país estaba animado y entretenido por una faramalla de "diversidad", "empoderamiento" y no "discriminación". Identificando "progreso" con meritocracia en vez de igualdad, con ésos términos se equiparaba la "emancipación" con el ascenso de una pequeña élite de mujeres "talentosas", minorías y gays en la jerarquía empresarial del quien-gana-se-queda-con-todo, en vez de con la abolición de ésta última. Ésa comprensión liberal-individualista del "progreso" vino gradualmente a reemplazar a la comprensión anticapitalista –más abarcadora, antijerárquica, igualitaria y sensible a la clase social- de la emancipación que había florecido en los años 60 y 70. Cuando la Nueva Izquierda menguó, su crítica estructural de la sociedad capitalista se marchitó, y el esquema mental liberal-individualista tradicional del país se reafirmó a sí mismo al tiempo que se contraían las aspiraciones de los "progresistas" y de los sedicentes izquierdistas. Pero lo que selló el acuerdo fue la coincidencia de ésta evolución con el auge del neoliberalismo. Un partido inclinado a liberalizar la economía capitalista encontró su compañero perfecto en un feminismo empresarial centrado en la "voluntad de dirigir" del leaning in o en "romper el techo de cristal". El resultado fue un "neoliberalismo progresista", amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización. Fue ésa amalgama la que desecharon in toto los votantes de Trump. Prominentes entre los dejados atrás en éste bravo mundo cosmopolito eran los obreros industriales, desde luego, pero también ejecutivos, pequeños empresarios y todos quienes dependían de la industria en el Cinturón Oxidado y en el Sur, así como las poblaciones rurales devastadas por el desempleo y la droga. Para ésas poblaciones, al daño de la desindustrialización se añadió el insulto del moralismo progresista, que se acostumbró a considerarlos culturalmente atrasados. Rechazando la globalización, los votantes de Trump repudiaban también el liberalismo cosmopolita identificado con ella. Algunos quedaron a un paso muy corto de culpar del empeoramiento de sus condiciones de vida a la corrección política, a las gentes de color, a los inmigrantes y los musulmanes. A sus ojos, las feministas y Wall Street eran aves de un mismo plumaje, perfectamente unidas en la persona de Hillary Clinton. Lo que hizo posible ésa combinación fue la ausencia de cualquier izquierda genuina. A pesar de los arrebatos periódicos como el movimiento Occupy Wall Street, que se rebeló efímero, no ha habido una presencia sostenida de la izquierda en los EE.UU. desde hace varias décadas. Ni se ha dado aquí una narrativa abarcadora de izquierda que pudiera vincular los legítimos agravios de los votantes de Trump con una crítica efectiva de la financiarización, por un lado, y con la visión antirracista, antisexista y antijerárquica de la emancipación, por el otro. Igualmente devastador resultó que se dejaran languidecer los potenciales vínculos entre el mundo del trabajo y los nuevos movimientos sociales. Divorciados el uno del otro, éstos indispensables polos de cualquier izquierda viable de alejaron definitivamente hasta llegar a parecer antitéticos. Los izquierdistas decepcionados de los demócratas ahora votan por Trump. Si algo demostró la elección, es que los payasos del progresismo ya no tienen el mismo nivel de influencia en la clase trabajadora americana, han perdido la batalla cultural: Taylor Swift, Christina Aguilera, Katy Perry, Lady Gaga, Ariana Grande, Billie Eilish, Cardi B, Jennifer Lawrence, Jennifer López, Beyoncé, Tina Knowles, Chappel Roan, Oprah Winfrey, Martha Stewart, Barbra Streisand, Sally Field, Jane Fonda, Anne Hathaway, Jennifer Aniston, Arnold Schwarzenegger, Leonardo Di Caprio, Robert de Niro, George Clooney, Harrison Ford, Mark Hamill, Bryan Cranston, Bad Bunny, Ricky Martin, Marc Anthony, Nicky Jam, Eminem, Bruce Springsteen, Jimmy Kimmel, LeBron James, Spike Lee. No podían faltar los Avengers con el hastag #AssembleFroDemocracy, ése mundo de superhéroes de Marvel al servicio del globalismo del 1%: Robert Downey Jr. (Iron Man), Scarlett Johansson (Black Widow), Chris Evans (Captain America), Mark Ruffalo (Bruce Banner/Hulk), Paul Bettanny (Vision), Danai Guiria (Okoye), Don Cheadle (War Machine). Si creías que era el batallón fuerte de la campaña de Kamala Harris, te equivocas. La carta Bussines Leaders for Harris refrendaba el apoyo de Roger Altman (Founder & Senior Chairman of Evercore), Shellye Archambeau (former CEO of MetricStream), Carl Bass (former CEO of Autodesk), Tom Berstein (President and Co-Founder of Chelsea Piers), Afasaneh Beschloss (Founder & CEO of Rock Creek Group), Jeff Bewkes (former CEO of Time Warner), W. Michael Blumenthal (64th U.S. Secretary of the Treasury and former CEO of both Bendix and Unisys), Rosalind Brewer (former CEO of Sam´s Club; former CEO of Walgreens Boots Alliance; former COO of Starbucks), Ursula Burns (former CEO of Xerox, Chairwoman of Teneo; Founding Partner of Integrum Holdings), Maverick Carter (CEO of The SpringHill Company), Ken Chenault (Chairman and Managing Director of General Catalyst and former Chairman and CEO of American Express), Peter Chernin (Co-Founder & Partner of The Chernin Group), Tony Coles (Chairperson & former CEO of Cerevel Therapeutics), Tim Collins (Founder, CEO, and Senior Managing Director of Ripplewood Holdings), Ron Conway (Founder & Managing Partner of SV Angel), W. Don Cornwell (Co-Founder, former Chairman & CEO of Granite Broadcasting Corporation), Robert Crandall (former President and Chairman of American Airlines), Marc Cuban (Co-Founder of costplusdrugs.com), Richelieu Dennis (Founder and Executive Chair of Sundial Group of Companies), Barry Diller (Chairman & Senior Executive of IAC and Senior Executive of Expedia; Former Chairman and CEO of Paramount Pictures and Fox, Inc.), John Doerr (Chairman of Kleiner Perkins), Arnold Donald (former CEO of Carnival Corporation), Eugene J. Duffy (Investment Banker), Blair Effron (Partner &Co-Founder of Centerview Partners), José E. Feliciano (Co-Founder and Managing Partner of Clearlake Capital Group), David P. Fialkow (Co-Founder & Managing Director of General Catalyst), Anne Finucane (former Vice Chair of Bank of Bank of America), Lynn Forester de Rothschild (Chief Executive of E.L. Rothschild), Ken Frazier (former Executive Chairman, President & CEO of Merck), Mark Gallogly (Co-Founder and Managing Principal of Three Cairns Group; Co-Founder of Centerbridge Partners), Chad Gifford (former Chairman of Bank of America), David Grain (Founder and CEO of Grain Management), Logan Green (Chairman and former CEO of Lyft), Daniel J. Halpern (Co-Founder and CEO of Jackmont Hospitality), Bruce Heyman (former U.S. Ambassador to Canada and former Managing Director of Private Wealth at Golmand Sachs), Mellody Hobson (Co-CEO and President of Ariel Investments; Chairman of Starbucks), Roger Hochschild (former CEO and President of Discover Financial Services), Reid Hoffman (Partner at Greylock Partners and Co-Founder and Executive Chairman of LinkedIn), Glenn Hutchins (Chairman of North Island or Co-Founder of Silver Lake), Blake Irving (former CEO of GoDaddy), Tony James (former President, CEO & Executive Vice Chairman of Blackstone; Founder of Jefferson River Capital), David Jacobson (Senior Advisor and former Vice Chair of BMO Financial Group; Former U.S. Ambassador to Canada), Earvin "Magic" Johnson (Chairman and CEO, Magic Johnson Enterprises), Brad Karp (Chairman of Paul, Weiss), Jeffrey Katzenberg (Founder and Managing Partner of WndrCo), Ellen Kullman (President and CEO of Carbon3; former Chair and CEO of DuPont), Todd Lachman (Founder of Sovos Brands), Chris Larsen (Co-Founder and Executive Chairman of Ripple), Jeff Lawson (former CEO of Twilio), Ted Leonsis (CEO of Monumental Sports & Entertainment), Aaron Levie (Co-Founder & CEO of Box), Ed Lewis (former Chairman and CEO of Essence Communications, Co-Founder Essence Magazine), William M. Lewis Jr, Michael Lynton (Chairman of Snap, Inc., former CEO of Sony Entertainment), Tracy V. Maitland (President and Chief Investment Officer of Advent Capital Management), Helena Maus (CEO of Archetype and Marker Collective), Marissa Mayer (Co-Founder and CEO of Sunshine Products, former CEO of Yahoo!), T.J. McGill (Co-Founder of Evergreen Pacific Partners and Suzanne Sinegal McGill, Co-Founder of Rwanda Girls Initiative), Danny Meyer (Founder &Executive Chairman of Union Square Hospitality Group), Raymond J. McGuire (President of Lazard), Dustin Moskowitz (Co-Founder and CEO of Asana), Alan Mulally (former CEO of Ford), Anne Mulcahy (former Chairman and CEO of Xerox), James Murdoch (Founder & CEO of Lupa Systems; former CEO of 21st Century Fox), Laxman Narasimhan (former CEO of Starbucks), Indra Nooyi (former Chairman and CEO of PepsiCo), Peter Orszag (former Director of the United States Office of Management and Budget and CEO of Lazard), Deven J. Parekh (Managing Director of Insight Partners), Sean Parker (Founder of Napster; Founder and Chairman of Parker Institute for Cancer Immunotherapy), Charles Phillips (Co-Founder and Managing Partner of Reconized; former President of Oracle and former CEO of Infor), Laurene Powell Jobs (Founder and President of Emerson Collective), Penny Pritzker (38th U.S. Secretary of Commerce; Founder and Chairman of PSP Partners), Vasant Prabhu (former CFO and Vice Chair of Visa), Spencer Rascoff (Founder and CEO of 75 &Sunny Ventures; Co-Founder and former CEO of Zillow), Punit Renjen, Rachel Romer (Founder of Guild Education), Robert Rubin (former U.S. Treasury Secretary; Senior Counselor at Centerview Partners), Kevin P. Ryan (Co-Founder, MongoDB, Bussines Insider, GILT Groupe, Zola, Pearl Health, Affect Therapeutics, and Transcend Therapeutics), Faiza J. Saeed, Dan Schulman (former President & CEO of Paypal), Jim Sinegal (Co-Founder and former CEO of Costco), Dan Springer (former CEO of Docusign), Tom Steyer (Founder and former Co-Senior-Managing-Partner of Farallon Capital), Jeremy Stoppelman (CEO of Yelp), Scott Stuart (Founding & Managing Partner of Sageview Capital), Larry Summers (71st Unites States Secretary of the Treasury and President Emeritus of Harvard University), Hamdi Ulukaya (Founder & CEO of Chobani), Daniel Weiss (Co-Founder and Managing Partner of Angeleno Group), Steve Westly (Founder and Managing Partner of The Westly Group), Ron Williams (former CEO of Aetna), Robert Wolf (former CEO of USB Americas). La historia del financiamiento electoral es un relato de la derrota de lo público y el principio de cada ciudadano es un voto. La primera reforma llegó en 1907 con la prohibición de las donaciones de empresas y bancos a las campañas al Congreso (Cámara de Representantes y Senado) y la presidencia. En 1910 se aprobaría la ley de Prácticas Corruptas que estableció medidas de transparencia y límites a las contribuciones individuales y el gasto de los partidos políticos. En 1943, la prohibición de donar dinero se amplió a los sindicatos, que reaccionaron creando Comités de Acción Política (PAC) para recaudar fondos con fines electorales. En 1971 el Congreso aprobó la ley de Campañas Electorales. Ésta instituyó nuevas limitaciones, la financiación pública de los comicios presidenciales y un ente regulador, el Comité Electoral Federal. Pero en 1976, el Tribunal Supremo la neutralizó, al fallar que los ciudadanos no pueden gastar sin límites en las campañas, pero sí en las elecciones, en ejercicio de su libertad de expresión. Por éste motivo, la regulación no afecta a los anuncios que evitan pedir el voto directamente. De ahí que las empresas fundaran sus propios PAC y los grupos independientes se lanzaran a defender o atacar candidatos. Un nuevo resquicio, fruto de una enmienda de 1979, permitió las donaciones ilimitadas de empresas y sindicatos para gastos ajenos a las campañas. El auge descontrolado de éste dinero y de la actividad de los grupos de interés llevó a la aprobación de una norma de transparencia en el año 2000, pero muchos la sortearon convirtiéndose en entidades civiles. Más importantes aún son los SuperPACs, surgidos en 2010 a raíz de un fallo del Tribunal Supremo que tumbó parcialmente una ley consensuada por McCain y el demócrata Russ Feingold ocho años antes. El texto limitaba la recaudación y el gasto que empresas, sindicatos y otros grupos de interés podían realizar con fines políticos y por iniciativa propia, no coordinada con las campañas. El Supremo anuló ésta restricción argumentando que vulneraba la Primera Enmienda de la Constitución, la que consagra la libertad de expresión, equiparando así los derechos corporativos a los individuales. FORBES hizo una lista en 2022 de los principales donantes de la política estadounidense: 1) Michael Bloomberg (Bloomberg L.P.), 1,4 mil millones de dólares al Partido Demócrata (incluidos 1,1 mil millones a su campaña); 2) Tom Steyer (Farallon Capital), 635 millones de dólares al Partido Demócrata (incluidos 318 millones a su campaña); Sheldon & Miriam Adelson (Las Vegas Stand), 537 millones al Partido Republicano; 4) Richard & Elizabeth Uihlein (Uline), 194 millones de dólares al Partido Republicano; (5) George Soros (Soros Fund Management Llc), 189 millones de dólares al Partido Demócrata. La página web Open Secrets muestra los 10 principales donantes de Kamala Harris: Dustin & Cari Tuna Moskovitz (cofundador de Facebook, Asana): 38M, Michael Bloomberg (Bloomberg L.P.): 19M, Reid Garrett Hoffman (LinkedIn, Inflection AI, trabajador de PayPal): 12.5M, Christian Larsen (Ripple): 11.6M, James & Marilyn Simons (Euclidean Capital): 9.6M, Michael Moritz (Sequoia Capital, inversor de PayPal): 8.8M, Fred Eychaner (Newsweb Corporation): 8M, Stephen Frank Jr. & Susan Mandel (Lone Pine Capital): 7M, Deborah Simon (Simon Property Group): 6.5M, James & Mary Pritzker (Hyatt Hotels Corporation): 5M. Entre los donantes anónimos: Bill Gates (Microsoft) y George Soros (Soros Fund Management Llc). Los 10 principales donantes de Trump: Timothy & Patricia Mellon (magnate de los ferrocarriles y nieto del magnate bancario Andrew Mellon): 150M, Elon Musk (Tesla Motors, SpaceX, XCorp, SolarCity, The Boring Company, Starlink, Neuralink): 118.6M, Sheldon & Miriam Adelson (los casinos Las Vegas Stand): 100M, Keneth & Diane Hendricks (ex conejita de Playboy, dueña de ABC Supply fact y Hendricks Holdings): 25M, Isaac & Laura Perlmutter (Marvel Entertainment): 25 M, Linda & Vincent McMahon (World Wrestling Entertaiment): 20M, Robert Bigelow (Budget Suites of America, Bigelow Aerospace): 14.2M, Richard & Elizabeth Uihlein (Uline): 10M, Kelcy & Amy Warren (Energy Transfer): 10M, Anthony & Lynda Lomangino (Southern Waste Systems): 8.3M: "El veredicto en el caso Citizen United contra la Comisión Electoral Federal de 2010, donde el Tribunal Supremo básicamente aprobaba un gasto ilimitado de las grandes empresas para contribuir a financiar las campañas electorales de los partidos, supuso un hito en la privación del poder de los estadounidenses corrientes. La decisión permite que las grandes empresas y los sindicatos ejerzan su "libertad de expresión" a la hora de apoyar a los candidatos y a las causas en las elecciones en la misma medida en que pueden hacerlo las personas físicas. Dado que las grandes empresas disponen de muchísimos más recursos que la inmensa mayoría de los ciudadanos estadounidenses, la decisión plantea la posibilidad de crear una clase de agentes electorales superricos con un interés político unidimensional: incrementar sus beneficios. Resulta difícil justificar la decisión del Tribunal en términos filosóficos. Las corporaciones son personas jurídicas, creadas para un cometido específico y dotadas, a través de unas leyes creadas por el hombre, de unos derechos y unos deberes específicos. Tienen la ventaja, por ejemplo, de la responsabilidad limitada, pero en determinados casos puede levantarse el velo societario. Sigue existiendo la culpabilidad individual para los actos criminales. Pero las grandes empresas no son personas, y carecen de ningún tipo de derechos inalienables. El Tribunal Supremo, al darles carta blanca para influir en el poder y en nuestro sistema político, parecía opinar lo contrario… La decisión del tribunal fue, en cierto sentido, tan sólo un reflejo más del éxito de los intereses económicos a la hora de crear un sistema de "un dólar, un voto": habían conseguido elegir unos políticos que a su vez nombraron a unos jueces que iban a consagrar el derecho de las grandes corporaciones a gastar dinero sin ningún tipo de trabas en el ámbito de la política… En éste capítulo demos descrito la construcción de un sistema político que, aunque nominalmente se basa en el principio de "una persona, un voto", ha resultado estar al servicio de los intereses de los de arriba. Se ha puesto en marcha otro círculo vicioso. Las reglas políticas del juego no sólo han beneficiado directamente a los de arriba, garantizando que tengan una voz desproporcionada, sino que también han creado un proceso político que indirectamente les otorga más poder… Los intentos de privación de derecho del voto, la constatación de que nuestros sistemas político y económico son injustos, la conciencia de que el flujo de información está controlado por unos medios que a su vez están controlados por los de arriba y el evidente papel que desempeña el dinero en la política, que se refleja en unas contribuciones sin trabas a las campañas, no han hecho sino incrementar la desilusión con nuestro sistema político" (Stiglitz, pp. 187, 188, 189).

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La traición progresista.

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Alejo Schapire en "La traición progresista" (PENÍNSULA ATALAYA, 2021) explica que es tan difícil encontrar a un corresponsal en Washington que no aborrezca a Donald Trump como a uno que no hubiera sucumbido durante la presidencia anterior a los encantos de Barack Obama. Pero ésta no es una tendencia particular del antiimperialismo de los periodistas extranjeros. En 2016, el 90% de la prensa estadounidense hizo explícito su respaldo a la candidata demócrata Hillary Clinton y llamó a bloquear la llegada del republicano a la Casa Blanca. En vísperas de la elección presidencial, de los cien diarios de mayor difusión en Estados Unidos, 57 publicaron su endorsement a la ex primera dama, mientras que Trump sólo obtuvo el de dos diarios, lo que constituyó el récord de la menor cantidad de apoyos en la historia norteamericana para uno de los dos grandes partidos. Y se trataba de los responsables editoriales de los diarios; probablemente, si éste respaldo se hubiese resuelto por votación en las redacciones, el desequilibro habría sido aún mucho mayor. En cualquier caso, el resultado final de la contienda dejó expuesto un claro divorcio entre la visión de quienes confeccionan el relato informativo, que además fallaron a la hora de anticipar la victoria republicana, y los electores. En marzo de 2017, el afamado estadístico Nate Silver, quien supo predecir con gran precisión la victoria de Barack Obama en 2008 (acertó el resultado en 49 de los 50 estados) pero falló a la hora de anunciar el triunfo de Trump, propuso una serie de artículos para analizar la cobertura de la campaña electoral de 2016 y por qué los grandes medios estadounidenses subestimaron las chances del outsider republicano. En la novena entrega de la serie, titulada "There Really Was a Liberal Media Bubble" (Había realmente una burbuja liberal mediática), el autor cuestionó la falta de diversidad ideológica de quienes trabajan en los diversos soportes de la prensa y recordó que "en 2013 sólo el 7% de los periodistas norteamericanos se identificaban como republicanos", mientras que en 1971 eran el 25,7%, más del triple. A éste sesgo ideológico, se le agregaba un fenómeno social: si en 1971 sólo el 58,2% tenía un título universitario, en 2013 la cifra trepaba al 92,1%. Ésta homogeneidad sociológica se agravó con la crisis de la prensa de papel y la huida de los anunciantes a la web. En los años noventa, los diarios y semanarios empleaban a alrededor de 455.000 periodistas, vendedores o diseñadores, según estadísticas oficiales del US Bureau of Labor Statistics. En enero de 2017, ésta cifra se redujo a 173.900 personas. La producción periodística se transformó por los imperativos editoriales de internet (reactividad, viralidad, tiranía del clic), pero además por una cuestión física y geográfica: la localización de los sitios de fabricación de contenidos. Los principales periódicos ya estaban situados en Washington, Nueva York o Los Ángeles; los medios online también optaron por instalarse allí donde estaban sus lectores, así como el poder político, económico y del entretenimiento. Éstas urbes con poblaciones cosmopolitas, marcadas por la alta concentración del poder adquisitivo y el acceso a estudios terciarios, muestra asimismo una particularidad: votan masivamente por los demócratas. Mientras los periódicos pequeños y medianos de papel tuvieron peso en las áreas rurales de Estados Unidos, existía cierto equilibrio frente a los referentes periodísticos progresistas, pero éste se esfumo con la crisis del sector y el fortalecimiento de los polos liberales sitiados en las costas Este y Oeste de Estados Unidos. De éste modo, se produjo un ecosistema en el que el sesgo del periodista, el entorno urbano liberal, el lector de alto poder adquisitivo y con altos estudios fabrican una burbuja ideológica que se retroalimenta, mirándose al espejo al tiempo que ignoran lo que no pasa por su radar o lo descartan para no contrariar a su campo. El fenómeno, amplificado por el modo de funcionamiento de las redes sociales exacerbado por los algoritmos, es conocido como "cámara de eco". El problema, tanto para la prensa como para su audiencia, es que Trump ganó, y los cronistas, analistas y agoreros que lo ridiculizaron y subestimaron el fenómeno que representaba no supieron anticiparlo. Instalar que la suerte estaba echada y que Hillary Clinton sería la sucesora natural de Obama no sólo infravaloró la capacidad de Trump, sino que además dio alas a los seguidores de Bernie Sanders, quienes se sintieron a sus anchas para torpedear a la archifavorita, una exsecretaria de Estado atacada tanto por derecha como por izquierda, lo que sirvió en definitiva a la estrategia de los republicanos. Algunos periódicos, al menos durante algunos días en los que seguían amargados y aturdidos por el resultado electoral, ensayaron un mea culpa. Fue el caso de The York Times, que en el editorial del 13 de noviembre de 2016 se preguntaba si éste medio, como otros, había subestimado el apoyo a Trump entre los votantes estadounidenses. "¿Qué fuerzas y tensiones condujeron ésta elección divisiva y su resultado?", preguntaba angustiado el diario de referencia de Estados Unidos. ¿Estaba dispuesta la prensa mainstream a un autoexamen de conciencia? ¿Estaban sus lectores listos para enfrentar una visión del mundo distinta que, a través de las urnas, les había arrebatado el poder sin lo que vieran venir? En noviembre de 2017, el Times publicó "A Voice of Hate in America´s Heartland" (Una voz de odio en el corazón de Estados Unidos), el perfil de Tony Hovater, un joven de veinticinco años, de Ohio, amante de Twin Peaks, Seinfeld y Adolf Hitler. El artículo, lejos de ser condescendiente, exponía como un estadounidense blanco promedio podía abrazar la cultura pop de su época, tener un lado hipster, mientras se suscribía a tesis neonazis, negacionistas y todos los clichés antisemitas. "Es el simpatizante nazi que vive en la casa de al lado, cortés y de bajo perfil en una época donde las viejas fronteras del activismo político parecen estar en un cambio constante que genera alarma", advertía Richard Fausset, quien había esbozado un retrato de ése Estados Unidos que había llevado a Trump al poder. Podría pensarse que la iniciativa del Times de tratar de comprender qué estaba pasando con un informe de campo sería celebrada por un lectorado ávido de entender y conocer mejor al enemigo. Error. La iniciativa desató, en cambio, un torrente de indignación. "¿Qué diablos es ésto, New York Times? Éste artículo hace mucho más por normalizar el neonazismo que cualquier cosa que haya leído en mucho tiempo", se indignó Nate Silver, el mismo estadístico que no había visto venir el triunfo de Trump… La lluvia de críticas al artículo pasó por denunciar una banalización del mal o decir que ya se sabía que el mal podía ser banal, que se daba una plataforma a los neonazis y, por supuesto, amenazas de interrumpir la suscripción a The York Times, que había experimentado un salto récord en las suscripciones (308.000 nuevos abonados en el primer cuatrimestre del 2017). La nota creó tal desazón que el diario se vio obligado a poner un aviso en la edición digital de ése texto, indicando que "el artículo había recibido una reacción significativa, sobre todo pronunciadamente crítica". Al encabezado le seguían dos enlaces a aclaraciones del editor y el autor de la nota, tratando de hacer una defensa. Al parecer, la ola de suscripciones a The New Yor Times no tenía tanto que ver con la sed de estar mejor informado para prevenir otra mala sorpresa, sino más bien con un modo de militar junto al diario denostado por el presidente estadounidense. Los medios que Trump ama detestar mordieron el anzuelo tendido por el mandatario: entraron en modo "resistencia" –en la home de su sitio web, el Washington Post izó un banner que reza "Democracy Dies in Darkness"-, renunciando de facto a la pretensión de brindar información que aspire a la imparcialidad. Perder la sangre fría fue puro negocio para Trump, que consiguió la prueba de que existe un sesgo asumido contra su campo y se puso de moda la expresión "Fake News". También fue negocio para los medios progresistas, que vieron estallar el número de abonados. Que la calidad informativa o del nivel de debate de ideas se haya beneficiado con ésta polarización es menos evidente. Otro intento por escuchar al adversario, aunque no sea más que para denunciar sus ideas, naufragó en el otoño boreal de 2018. The New Yorker había invitado a participar a Steve Bannon, el estratega de la exitosa campaña electoral de Trump, en un debate de su Octuber Festival. La idea del editor de la prestigiosa revista del progresismo intelectual neoyorquino, David Remnick, era interrogar ante el público a Bannon "con la intención muy clara de hacer preguntas difíciles y llevarlo a mantener una conversación muy seria y combativa", según sus propias palabras. Sin embargo, una campaña desde la propia redacción de la revista y las redes sociales, así como la amenaza del actor Jim Carrey y el director Judd Apatow de no presentarse en el festival en caso de que Bannon concurriese al evento, llevaron a la publicación a "desinvitar" al artífice de la victoria republicana. Ésto le permitió además a Bannon posar como víctima de la censura. "Mi razón para aceptar (la invitación) era simple: quería enfrentar a uno de los periodistas más temerarios de su generación. En lo que calificaría de momento decisivo, David Remnick demostró que no tenía agallas cuando debía enfrentar los aullidos de una turba online", replicó. ¿Acaso no hubiera sido beneficioso rebatir en público las ideas del hombre que llevó a Trump a la Casa Blanca y hoy, instalado en Europa, busca allanar el camino de los populismos de extrema derecha al poder? Es difícil esgrimir que ésto le hubiese dado demasiada visibilidad a sus ideas; ya la tenían y ocupaban la cima. ¿Tan poca fe se tenían en debatir, acostumbrados a los falsos debates donde todos están de acuerdo? ¿Han perdido la costumbre de enfrentarse a una argumentación estructurada o tienen escasa confianza en sus propias ideas y en su capacidad de persuasión? El divorcio entre la élite progresista y el electorado, entre la palabra autorizada y la que no debe expresarse –como si el hecho de silenciarla anulara su existencia- no es algo exclusivo de Estados Unidos. El caso norteamericano puede ilustrarse más fácilmente por la sobreabundancia de estadísticas disponibles, pero su distorsión y los mecanismos que utiliza pueden extrapolarse sin dificultad a otros países. El sorpresivo triunfo de Trump fue precedido por la victoria, tampoco anticipada, del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una vez más, los medios conducidos y localizados en los centros urbanos que se habían beneficiado con la globalización se veían sorprendidos por una opinión de la periferia recelosa del mundo sin fronteras que le proponían, infrarrepresentada en la prensa. "No conozco a nadie que haya votado por el Brexit", decían sorprendidos los periodistas londinenses. Por la misma época, la falsa representación de la unanimidad era desmentida en Colombia, con la victoria del No en el referéndum sobre los acuerdos de paz del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El problema para el progresismo es que a veces la gente se expresa sin pasar el filtro de sus medios. Cuando el elector no se reconoce en la representación de la realidad que le ofrece el relato dominante, canaliza su frustración pateando el tablero con un voto en forma de dedo mayor levantado o buscando un reflejo de sus inquietudes en la prensa de demagogos de extrema derecha a quienes hace rato no les importa nada el qué dirán. Porque una de las consecuencias de la burbuja, del no dar informaciones que "le hacen el juego a la derecha", es que dejan una avenida libre a quienes no se sienten intimidados e instrumentalizan los hechos inconvenientes a la vista en la vida cotidiana para tejer su relato alternativo. Es válido para explicar en parte el ascenso de las extremas derechas populistas en Europa, de la emergencia de partidos como el Alternative für Deutschland (AfD) en Alemania, pero también el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil. En el plano periodístico, la monocromía de la prensa mainstream alimenta el éxito del fenómeno alt right (derecha alternativa), que se apropia de los códigos de la izquierda contestataria impulsando plataformas conspiracionistas como Infowars (censurada por Facebook, YouTube o Apple para los podcast) o Breitbart News (dirigidos de 2012 a 2016 por Bannon) y todos los polemistas conservadores y ultraderechistas, que pueden darse el lujo de posar como rebeldes ante un sistema dominante enfrascado en sus certezas y alejado de las realidades de la calle y las áreas rurales: "La frustración de las élites progresistas frente al desaire de las urnas no produjo un autoexamen sincero del modo de producción de la información, sino que está conduciendo a un cuestionamiento mismo del sistema representativo. Si el pueblo vota "mal", incluso cuando se le explica cómo votar "bien", tal vez habría que restringir el sufragio sólo a los que piensan adecuadamente. Si votaron a favor del Brexit, no sabían lo que hacían los muy tontos, hagamos que voten de nuevo hasta que lo hagan bien, o si no, digamos que hacemos el Brexit sin que éste en realidad se materialice. ¿Los colombianos rechazaron el acuerdo de paz con las FARC? No importa, hagamos como si no se hubiesen pronunciado, se dijo el entonces presidente Juan Manuel Santos, y lo firmó igual. El resultado fue que le siguió una campaña presidencial donde la frustración por el mandato de las urnas traicionado se volcó al candidato de la derecha dura uribista encarnada por Iván Duque, que había prometido modificar el acuerdo firmado a espaldas de la voluntad popular. En los días que sucedieron a las victorias de Trump, el Brexit, el No en Colombia y más recientemente el ascenso de Bolsonaro, los editoriales de los diarios mainstream descubrían una palabra: "epistocracia", que es el concepto de gobierno de los sabios defendido por el filósofo Jason Brennan (1979) en su ensayo Contra la democracia. Allí, postula que la gente suele votar de manera irracional y víctima de manipulaciones, por lo que el sufragio debería quedar en manos de quienes están mejor calificados por su educación a tomar las decisiones importantes. En otras palabras, a falta de ganar por la persuasión, incluso teniendo las herramientas para construir el discurso hegemónico, habría que cambiar las reglas del juego democrático representativo regresando a una concepción aristocrática de la república. Mientras algunos barajan la idea de volver al voto calificado ante un electorado desobediente, desde el progresismo también se busca que las ideas que considera incorrectas no puedan circular, ampliando cada día más el perímetro de lo que no se puede decir para no ofender. Si hasta ayer la lucha por la libertad de expresión era uno de los valores históricamente asociados a la izquierda democrática, hoy el progresismo exige cada día mayores restricciones al considerarla como un peligro para la sociedad" (Schapire, pp. 30, 31). La censura progresista no se limita al ámbito de los medios de comunicación. Harper´s Magazine en la edición del 8 de julio de 2020 presenta la carta A Letter on Justice and Open Debate "Una carta sobre justicia y debate abierto" contra la intimidación intelectual de la izquierda progresista, firmado por 150 personalidades (escritores, intelectuales, periodistas, educadores, activistas e historiadores) como Noam Chomsky, Gloria Steinem, Margaret Atwood, Francis Fukuyama, Salman Rushdie y J.K. Rolling: "Nuestras instituciones culturales afrontan un momento decisivo. Poderosas protestas por la justicia racial y social conducen a demandas largamente esperadas de reforma policial, junto a llamamientos más amplios en pos de mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, y también en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero ésta revisión necesaria también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y tolerancia de las diferencias en favor de la conformidad ideológica. Mientras aplaudimos el primer elemento, también alzamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del iliberalismo ganan terreno en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, que representa una verdadera amenaza a la democracia. Pero no se puede permitir que la resistencia se convierta en su propia forma de dogma o coerción, algo que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos sólo puede alcanzarse si hablamos en contra del clima intolerante que se ha instalado en todas partes". El intercambio libre de información e ideas, el fluido vital de una sociedad liberal, está cada día más constreñido. Si hemos llegado a esperar éso de la derecha radical, el espíritu censor también se extiende de forma más amplia en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda de la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver complejos asuntos políticos en una certeza moral cegadora. Defendemos el valor del discurso contrario robusto e incluso cáustico. Pero ahora es demasiado frecuente oír llamamientos a una retribución rápida y severa en respuesta a lo que se percibe como transgresiones de discurso y pensamiento. Todavía resulta más perturbador que los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños atenazado por el pánico, estén entregando apresurados y desproporcionados castigos en vez de reformas meditadas. Se despide a editores por publicar textos polémicos; se retiran libros por una supuesta falta de autenticidad; se impide que los periodistas escriban de algunos temas; se investiga a profesores por citar obras literarias en clase; se despide a un investigador por difundir un estudio académico con revisión de pares; y se expulsa a dirigentes de organizaciones por lo que a veces solo son torpes errores. Sean cuales sean los argumentos en torno a cada incidente particular, el resultado ha sido una constante constricción de los límites de lo que puede decirse sin la amenaza de sufrir represalias. Ya estamos pagando el precio en una mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su forma de vida si se alejan del consenso, o incluso si carecen del celo suficiente a la hora de sumarse a él. Ésta atmósfera sofocante acabará por dañar las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, sea a manos de un gobierno represivo o de una sociedad intolerante, daña invariablemente a aquellos que carecen de poder y hace a todos menos capaces de la participación democrática. La forma de derrotar las malas ideas es a través de la exposición, el argumento y la persuasión, no intentando silenciarlas o deseando que no existieran. Rechazamos cualquier falsa elección entre la justicia y la libertad, que no pueden existir la una sin la otra. Como escritores necesitamos preservar la posibilidad de un desacuerdo de buena fe sin terribles consecuencias profesionales. Si no defendemos aquello de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el Estado o el público lo defiendan por nosotros". El 20 de julio de 2020 apareció "Una carta española contra la censura y la cultura de la cancelación" en apoyo al Manifiesto de Harper´s. Firmada por personajes como Mario Vargas Llosa, Adela, Cortina, Fernando Savater y Carmen Posadas: "Somos de la opinión que la carta remitida a HARPER´S por escritores e intelectuales de diversas procedencias y tendencias políticas, dentro de una corriente liberal, progresista y democrática, contiene un mensaje importante. Queremos dejar en claro que nos sumamos a los movimientos que luchan no sólo en Estados Unidos sino globalmente contra lacras de la sociedad como son el sexismo, el racismo o el menosprecio al inmigrante, pero manifestamos asimismo nuestra preocupación por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a las personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente. Desafortunadamente, en la última década hemos asistidos a la irrupción de unas corrientes ideológicas, supuestamente progresistas, que se caracterizan por una radicalidad, y que apela a tales causas para justificar actitudes y comportamientos que consideramos inaceptables. Así, lamentamos que se hayan producido represalias en los medios de comunicación contra intelectuales y periodistas que han criticado los abusos oportunistas del #MeToo o del antiesclavismo "new age"; represalias que se han hecho también patentes en nuestro país mediante maniobras discretas o ruidosas de ostracismo y olvido contra pensadores libres tildados injustamente de machistas o racistas y maltratados en los medios, cuando no linchados en las redes. De todo ello (despidos, cancelación de congresos, boicot a profesionales) tienen especial responsabilidad líderes empresariales, representantes institucionales, editores y responsables de redacción, temerosos de la repercusión negativa que para ellos pudieran tener las opiniones discrepantes con los planteamientos hegemónicos en ciertos sectores. La conformidad ideológica que trata de imponer la nueva radicalidad –que tanto parecido tiene con la censura supersticiosa o de la extrema derecha- tiene un fundamento antidemocrático e implica una actitud de supremacismo moral que creemos inapropiada y contraria a los postulados de cualquier ideología que se reclame "de la justicia y del progreso". Por si fuera poco, la intransigencia y el dogmatismo que se han ido abriendo paso entre cierta izquierda, no harán más que reforzar las posiciones políticas conservadoras y nacionalpopulistas y, como un bumerán, se volverán contra los cambios que muchos juzgamos inaplazables para lograr una convivencia más justa y amable. Desde éstas líneas recabamos el apoyo de quienes comparten la preocupación por la censura que se ejerce sobre el debate acerca de determinadas cuestiones que quedan convertidas en nuevos tabúes ideológicos, que se suponen intocables e indiscutibles. La cultura libre no es perjudicial para los grupos sociales desfavorecidos: al contrario, creemos que la cultura es emancipadora y la censura, por bienintencionada que quiera presentarse, contraproducente. Tal como opinan los firmantes del manifiesto Harper´s, "la superación de las malas ideas se consigue mediante el debate abierto, la argumentación y la persuasión y no silenciándolas o repudiándolas".

Hal Hefner ©

Reaganomics.

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Ellen Meiksins Wood en "De ciudadanos a señores feudales. Historia social del pensamiento político desde la Antigüedad a la Edad Media" (PAIDÓS, 2011), identifica que Atenas era una democracia en el sentido de que los griegos entendían el término que habían inventado. Tenía que ver con el poder del demos, no sólo como una categoría política, sino como una categoría social: la gente común y la gente pobre. Aristóteles definió la democracia como una constitución en la que "los nacidos libres y los pobres controlan el gobierno, siendo, al mismo tiempo, una mayoría", y la distinguió de la oligarquía, en la que "los ricos y los mejor nacidos controlan el gobierno, siendo al mismo tiempo, una minoría". Los criterios sociales desempeñan un papel fundamental en éstas definiciones, y al final adquieren un peso mucho mayor que el simple criterio numérico: la pobreza en un caso, la riqueza y el linaje noble en el otro. Los enemigos de la democracia la odiaban sobre todo porque confería poder político a los trabajadores y a los pobres. La cuestión que los críticos de la democracia plantean no es sólo si la gente que tenía que trabajar para ganarse la vida disponía de tiempo para dedicarse a la reflexión política, sino si aquellos que estaban obligados por la necesidad de trabajar para sobrevivir podían ser lo bastante libres de espíritu y mentalidad para hacer juicios políticos. En el caso de los demócratas atenienses, la respuesta, sin lugar a dudas, es afirmativa. Para ellos, uno de los principios fundamentales de la democracia era la capacidad y el derecho de éste tipo de gente de hacer juicios políticos y hablar sobre ellos en las asambleas públicas. Los atenienses incluso se servían de un término concreto para designarlo, la isegoria, que no sólo significaba libertad de expresión en el sentido en que entendemos éste derecho en las democracias modernas, sino igualdad en el hablar público. La libertad de expresión, tal como la entendemos, tiene que ver con la ausencia de interferencia en nuestro derecho a hablar. La igualdad de expresión, tal como los atenienses la entendían, tenía que ver con el ideal de la participación política activa de los pobres y los trabajadores. Meiksins Wood señala que sólo podemos estimar la importancia de la definición ateniense si la comparamos con la democracia tal como la entendemos actualmente. Si bien debemos reconocer las severas limitaciones que pesaban sobre la democracia ateniense, hubo algunos sentidos, asimismo, que también superaban, de lejos, a nuestra democracia actual. Ésto es cierto en el caso de procedimientos como el sorteo o la democracia directa, en la que los ciudadanos ordinarios, y no sólo los representantes, tomaban las decisiones en asambleas y jurados. Pero es aún más importante el efecto de la democracia en las relaciones de clase. Cierto es que la democracia moderna, al igual que la antigua, es un sistema en el que los individuos son ciudadanos con independencia de cuál sea su condición o clase social. Pero si la clase no supone ninguna diferencia legal para el ejercicio de la ciudadanía en un caso o en el otro, en la democracia moderna lo inverso es cierto: la ciudadanía afecta muy poco a la clase. En cambio, no era así en la Grecia antigua ni podía serlo, pues los derechos políticos tenían efecto de gran calado en las relaciones entre ricos y pobres. Aquí radica la gran diferencia entre la democracia antigua y la moderna. En la actualidad, hay un sistema de apropiación que no depende de las desigualdades jurídicas o de la desigualdad de derechos políticos. Se trata del sistema que denominamos capitalismo, un sistema en el que las clases apropiadoras y productoras son libres e iguales ante la ley, en el que la relación entre ellas, es, se supone, un acuerdo contractual entre individuos libres e iguales, y en el que incluso es posible el sufragio universal sin que afecte, de manera fundamental, a los poderes económicos del capital. El poder de explotación del capitalismo coexiste con la democracia liberal, algo que hubiera sido imposible en cualquier sistema en el que la explotación dependiera de un monopolio de los derechos políticos. La razón de que sea posible es que el capitalismo ha creado nuevas constricciones puramente económicas: la carencia de propiedad de los trabajadores –o, más en concreto, su falta de propiedad de los medios de producción, los medios de trabajo- que los obliga a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para simplemente acceder a los medios laborales y obtener los medios de subsistencia, y, asimismo, las exigencias del mercado, que regulan la economía y hacen cumplir ciertos imperativos de competencia y maximización de los beneficios. Así, tanto el capital como el trabajo tienen derechos democráticos en la esfera de lo político, sin que ello suponga una transformación completa de la relación que existe entre ellos en una esfera económica separada. De hecho, únicamente en el capitalismo existe una esfera económica separada, con sus propios imperativos y, por tanto, sólo en el capitalismo la democracia puede ser confinada a una esfera política separada. Asimismo, sólo en el capitalismo se ha puesto gran parte de la vida humana fuera del alcance de la responsabilidad democrática, regulada en cambio por los imperativos del mercado y las exigencias del beneficio. La ciudadanía actual, en las condiciones del capitalismo, puede que sea más inclusiva, pero sin duda no alcanza a significar tanto para los ciudadanos comunes y corrientes de nuestros días como llegó a significar para los artesanos y los campesinos atenienses. En resumen, el dualismo capitalista entre la esfera política y la esfera económica. La igualdad política no se transforma en igualdad económica, ni la igualdad jurídica se transforma en igualdad de oportunidades y resultados, al contrario, la esfera económica presiona a la esfera político-jurídica. El derecho al voto de los pobres, los trabajadores y las mujeres pierde su sentido porque sólo afecta a la esfera política, dejando intactas las desigualdades económicas. La izquierda y la derecha son formas de gestionar la igualdad política y la desigualdad económica. Mark Hertsgaard en "La sombra del águila. Por qué Estados Unidos suscita odios y pasiones en el mundo" (PAIDÓS, 2003) muestra las grandes brechas de desigualdad de la primera economía. Los datos sobre ingresos en Estados Unidos indican que la década de los noventa fue gratificante para el 20% de los estadounidenses con mayor renta (especialmente para el 5% superior) porque se hicieron con la mayor parte de los ingresos generados por el "boom" bursátil. Los ingresos de otros grupos de renta también aumentaron, pero en mucha menor medida. El 80% restante (la mayoría pobre, obrera y de clase media en Estados Unidos) no llegó ni siquiera a recuperar el terreno económico que habían perdido durante las dos décadas anteriores. A finales de los noventa, los trabajadores estadounidenses aún ganaban menos en términos reales que cuando Richard Nixon dejó la Casa Blanca en 1973, a pesar de que su productividad se había incrementado en una tercera parte desde entonces. El gobierno de los Estados Unidos ha estado dominado por personas y políticas que favorecen a los sectores pudientes más que a los demás. Bajo el liderazgo de los republicanos, pero con los demócratas siguiendo sus pasos muy de cerca, los legisladores han aprobado un aluvión de recortes fiscales para los más ricos al mismo tiempo, incluso, que aprobaban recortes en el gasto destinado a los más pobres; se han resistido a aprobar incrementos significativos del salario mínimo, pero, al mismo tiempo, han acumulado billones de dólares en contratos militares con compañías privadas, algunas de las cuales han sido repetidamente sorprendidas presupuestando precios ridículamente inflados; han contribuido a impulsar a la baja los salarios de la clase media y de la clase obrera promoviendo Tratados denominados de Libre Comercio que se llevan puestos de trabajo a otros países; han fomentado "megafusiones" empresariales que comportan despidos y aumentos de precios, y han relajado o eliminado regulaciones destinadas a proteger al público del fraude y la codicia empresarial. El triunfo de los mercados sobre la moralidad se remonta a la elección de Ronald Reagan como presidente en 1980. El incremento de la desigualdad está en estrecha relación con su ascensión al poder. Entre los trece años anteriores a la presidencia de Reagan, según los datos de la Oficina Federal del Censo, la quinta parte más pobre de los hogares del país aumentó su participación en la renta nacional en un 6,5%, mientras que la parte más rica la disminuyó en casi el 10%. Ésta tendencia reflejaba, en parte, los efectos de las políticas de la Gran Sociedad aprobadas bajo la presidencia de Lyndon Johnson en los años sesenta, que habían incrementado el acceso de las personas pobres a los programas de alimentación, sanidad e igualdad de oportunidades. En los ochenta, sin embargo, el péndulo osciló nuevamente hacia la desigualdad: la cuota de la renta nacional que fue a parar a la quinta parte más pobre de estadounidenses cayó un 11,6%, mientras que la quinta parte más rica se rehizo en casi un 20%.  Ésta inversión de tendencias no fue causada por la política de Reagan exclusivamente. La mayor integración de la economía mundial hizo que la industria manufacturera estadounidense fuese vulnerable a la competencia en bajos salarios del exterior, algo que, a su vez, otorgó una mayor capacidad de influencia a las empresas americanas para impulsar los salarios a la baja en el propio país mediante amenazas de la producción al extranjero. Pero Reagan no hizo nada para contrarrestar ésas tendencias ni por mitigar sus consecuencias. Todo lo contrario: declaró que toda inversión del Estado en las fuerzas del mercado era equivocada y contraproducente. Inspirándose en las raíces calvinistas del país, Reagan mostró especial menosprecio por la asistencia federal a los pobres, considerándola una derrochadora y destructiva forma de socialismo que fomentaba conductas inmorales. A pesar de su muerte, Ronald Reagan sigue siendo el político más influyente de Estados Unidos: el hombre cuya ideología anti-Estado y pro empresa privada sigue modelando los supuestos y las políticas que imperan en Washington. De hecho, es como si Reagan todavía fuera presidente, a la vista de lo poco que el país se ha desviado de su forma de ver las cosas desde que abandonó el cargo, especialmente en política interior. En 2001, la gran iniciativa de George W. Bush como presidente copió directamente la pieza central de la estrategia económica de Reagan: un amplio recorte fiscal cuyos beneficios iban a parar casi sin excepción a los ciudadanos más ricos de la nación. Aún más revelador resulta cómo Bill Clinton, a pesar de ser nominalmente demócrata, se dedicó durante sus dos mandatos como presidente a limitar el gasto social, desregular empresas, tomar medidas drásticas contra las prestaciones sociales y gobernar, en líneas generales, como un republicano (algo admitido, con envidia, por los mismos republicanos). Aparte de su propio oportunismo, el motivo de que Clinton apostatara de los principios tradicionales de su propio partido es que el legado de Reagan no le dejó otra opción. Reagan ha sido sin duda el presidente más importante de los últimos cincuenta años y, posiblemente el más importante desde Franklin Roosevelt. Si Roosevelt había inaugurado en los años treinta una nueva era en la historia estadounidense con las políticas del New Deal, que habían establecido un Estado del bienestar limitado, Reagan clausuró ésa era atacando al Estado del Bienestar y entregando las riendas nuevamente al mercado. Empezó por inutilizar programas específicos a base de recortes en el gasto, pero su mayor logro fue ideológico: desacreditó la idea misma de que el gobierno debe intervenir en la economía para ayudar a los pobres y a los desfavorecidos, regular el comportamiento empresarial o, en cualquier caso, velar por una concepción del interés público diferente de lo que sería la iniciativa privada incontrolada. Reagan se erigió en adalid de una versión del capitalismo en la que el papel que se reservaba al Estado a la hora de limitar las asperezas del mercado (proporcionando cupones de comida, protegiendo el derecho de los trabajadores a organizarse para conseguir un mejor trato, impidiendo que las empresas engañaran a sus clientes y a sus inversores o que contaminaran el medio ambiente) se veía drásticamente reducido. Las victorias que cimentaron el dominio de Reagan sobre la política americana se produjeron durante sus primeros seis meses en el cargo. Invocando el principio de "menos Estado", efectuó recortes en prácticamente todas las modalidades del gasto destinado a los estadounidenses pobres y de la clase trabajadora (incluidos los subsidios de desempleo, la formación ocupacional, los cupones de comida, la nutrición infantil y la vivienda subvencionada). Aumentó considerablemente el gasto militar (el principio de Estado limitado dejaba de ser válido frente a la amenaza soviética, según el mismo explicaba) a base de incrementos que, en cuatro años, duplicaron la financiación del Pentágono hasta alcanzar cerca de 300.000 millones de dólares anuales. Por último, redujo los impuestos un 10% para todos los niveles de renta. Caracterizando éstos recortes como "generales" se conseguía que parecieran justos, pero, en realidad, reportaban enormes ganancias caídas del cielo para los ricos, cuyas mayores rentas recibían así mayores reducciones fiscales. Al mismo tiempo, la tasa efectiva del impuesto de sociedades descendió desde el 33 hasta el 16% y se establecieron normas sobre depreciación tan generosas que muchas compañías, incluida la anterior empresa del propio Reagan, General Electric, acabaron por no pagar ningún impuesto sobre sus rentas (algunas incluso recibieron reembolsos). Los recortes fiscales fueron un golpe de ingenio involuntario de parte de Reagan, ya que blindaron para los años siguientes sus prioridades en política interior. ¿Por qué? Porque vaciaron la hacienda estadounidense de tal manera que incapacitaron a los sucesores de Reagan para restablecer el gasto social (aunque quisieran). Creer que el propio Reagan pretendía ése resultado (algo de lo que le han acusado algunos de sus críticos) sería atribuirle demasiada astucia maquiavélica; es más probable que él creyera realmente que sus recortes fiscales "por el lado de la oferta" desatarían un torrente de nuevas inversiones por parte de los ricos y de las empresas. Éstos, sin embargo, se gastaron el dinero en las especulaciones financieras y el consumo ostentoso tan característicos de los extravagantes años ochenta (una década en la que hubo el cuádruplo de fusiones empresariales que durante los setenta), al tiempo que los ingresos perdidos se tradujeron en los mayores déficits presupuestarios federales de la historia estadounidense. Con un Estado tan profundamente endeudado, cualquier esfuerzo por restablecer el gasto social se enfrentaba a una batalla imposible. Durante el resto de la presidencia de Reagan, los congresistas demócratas se limitaron fundamentalmente a bloquear posibles recortes adicionales. Cuando Reagan dejó el cargo, en 1989, el déficit había crecido tanto que los mercados de bonos, dominados por republicanos, exigían algún tipo de medida. De ahí que George Bush se viera obligado a romper una promesa electoral para aumentar los impuestos, algo que liquidó sus posibilidades de reelección en 1992. Bill Clinton tomó el relevo en la batalla por la reducción del déficit (en privado se quejaba de lo mucho que ésto hacía que se pareciera a Herbert Hoover, el presidente republicano cuyas duras políticas fiscales habían contribuido a precipitar la Gran Depresión). La propuesta social más ambiciosa de Clinton fue la de implantar un sistema sanitario nacional en Estados Unidos, una iniciativa que se vio fatalmente comprometida por su temor a desafiar el dogma de la era Reagan sobre la inviolabilidad de la iniciativa privada: las aseguradoras (no el Estado) eran las que se iban a hacer cargo del sistema sanitario de Clinton. Aparte de éso, en su primer mandato no promulgó ninguno de los programas sobre empleo, educación u otros contenidos sociales, que serían de esperar de un demócrata: sólo un aumento de las deducciones fiscales por rendimientos del trabajo, que implicó una disminución en los impuestos de las familias pobres y trabajadoras con hijos de una media de 540 dólares al año. En 1995, Clinton hizo oficial su adopción del legado ideológico de Reagan al declarar que "la era de las grandes administraciones estatales se ha terminado". Pero cuando tuvo que afrontar la reelección en 1996, refrendó implícitamente la mala opinión que le merecía a Reagan las personas pobres (a las que consideraba unos parásitos indignos) firmando un proyecto de ley de "reforma" del sistema de prestaciones sociales que obligaría a millones de madres a buscar un puesto de trabajo, aunque no pudiesen permitirse una guardería para sus hijos. En su segundo mandato, siguió haciendo suyas las prioridades de Reagan por medio tanto de recortes fiscales sesgados a favor de los ricos como de una agresiva desregulación empresarial. Su vigilancia de las leyes antimonopolio fue aún más laxa que la de Reagan. Se mantuvo al margen mientras un número cada vez mayor de sectores económicos caía bajo el control de cada vez menos empresas. La educación fue la única área en la que sí cumplió Clinton con la clase trabajadora, al aprobar deducciones fiscales que ayudaron a que unos diez millones de estadounidenses pudieran ir a la universidad. No obstante, al mismo tiempo que se enorgullecía del número de empleos que se estaban creando en Estados Unidos, hacía caso omiso del hecho de que la cuarta parte de los mismos recibía sueldos inferiores al umbral de la pobreza. Rechazó todas las sugerencias que se le hicieron en el sentido de que luchara por un aumento significativo del salario mínimo interprofesional. Al igual que Reagan en los ochenta, Clinton presidió una época, la de los noventa, que fue celebrada por su bonanza económica. Era el mercado bursátil el que impulsaba la economía en lugar de ser al revés, con lo cual las compañías se veían empujadas a "reajustarse", desprendiéndose de trabajadores y recortando costes para impresionar a los analistas de Wall Street. Incluso los trabajadores que tenían la fortuna de mantener sus puestos de trabajo veían como éstos eran convertidos en empleos a tiempo parcial que no daban derecho a ningún seguro médico ni pensión. Para millones de trabajadores pobres, disponer de un salario fijo no les garantizaba una vida aceptable. El hambre acechaba a los ciudadanos más pobres de la primera nación del mundo en producción de alimentos. La estrella de WWF, Roddy Piper protagonizó una sátira extraterrestre sobre el globalismo y los medios en el período de Reagan (1981-1989). They Live (1988): "Los ves en la calle. Los ves en la TV. Quizá voten por uno éste otoño. Usted piensa que es gente como usted. Está equivocado. Muy equivocado". El albañil John Nada migra a la ciudad en busca del sueño americano hasta que experimenta la pobreza neoliberal y encabeza una insurrección urbana en una Iglesia contra el canal local. Que John Carpenter haya elegido a Piper fue un acierto, la película de bajo presupuesto fue un fracaso de taquilla, pero el mensaje iba dirigido a la audiencia que representa Piper: los John Nada: "La cinta cinematográfica entra dentro de los géneros thriller y ciencia ficción (como se ha adelantado, puede percibirse de un modo explícito el carácter distópico del relato). Se trata de una historia basada en el relato de Ray Nelson llamado Eight O´clock in the Morning (1963) y en la historieta Nada (1986), una adaptación del relato anterior que se puede ver en el número 6 de la saga de comic Alien Encounters. La historia del film se centra en la figura de John Nada, su protagonista interpretado por Roddy Piper. Llama la atención el apellido del personaje principal, Nada (se utiliza el apelativo en español en la versión original, quizá para encubrir de algún modo el significado explícito), que hace alusión a la inexistencia de criterio crítico en la mayoría de los ciudadanos contemporáneos. Todo el argumento se centra en las vivencias de John Nada, una persona que no tiene trabajo ni casa donde vivir, un paria del mundo posmoderno. La trama comienza cuando Nada encuentra un trabajo de albañil en el Oeste de Estados Unidos, en Los Ángeles. El núcleo dramático se desencadena cuando John Nada se pone unas gafas que encuentra en una caja abandonada. Pronto se percata que dichas gafas descubren el velo ideológico que cubre el pensamiento de las personas, el modo de conocer el mundo. La visión que proporcionan las gafas dejan ver la intención de los poderes hegemónicos de la sociedad: el interés cremástico. Además, con ellas John Nada se da cuenta de que quienes manejan los hijos de la economía y de la política son, en realidad, extraterrestres. Nada se erige en un disidente activista sociocultural. La cosmovisión de Nada se ve alterada por las gafas y ya no podrá creer en el statu quo. El protagonista siente la necesidad de abrir los ojos a los demás ciudadanos, quienes están encandilados por los mensajes publicitarios que inundan la ciudad. De hecho, toda manifestación cultural contiene un mensaje publicitario oculto relacionado con la producción y el consumo crecientes. Los extraterrestres ambicionan convertirse en una especie superior en la Tierra y para ello necesitan hacer dóciles a los humanos, precisan generar un individualismo extremo que produzca mentes planas, cerebros esclavos" (García López, p. 189).

Hal Hefner ©

Lies Wide Shut.

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Los vídeos de The Dor Brothers generados por IA, que muestran a figuras políticas cometiendo crímenes ficticios, han provocado acalorados debates sobre la ética, la manipulación de los medios y el futuro de la IA en el entretenimiento y la comunicación. En su canal de YouTube aparece el vídeo Lies Wide Shut (2024), una parodia deepfake de Eyes Wide Shut (1999) de Stanley Kubrick. La invitación masónica a la Mansión Somerton inicia con una imagen de la limusina de Donald Trump, de antifaz rojo, y su acompañante, de antifaz negro, con la composición de Jocelyn Pook. Adentro explica a un grupo de invitados el tipo de arma que se usó para disparar su oreja. Llega Hillary Clinton con empleados de Domino´s llevando las pizzas. Aparece Barack Obama dando de probar a Joe Biden de su helado y Michelle Obama arrastrando con una cadena a Barack. Vladímir Putin con su acompañante de máscara de caballo, a quien le da a una zanahoria. Adentro con el torso desnudo, ushanka negra con estrella roja comunista y un antifaz blanco montando un oso. Mark Zuckerberg con disfraz de reptiliano acompañado de una iguana, Kim Jong-un con su acompañante comiendo hamburguesas, Elon Musk acompañado de Doge con su playera antiTwitter probando el Neuralink, Puff Daddy en calzoncillos. Kamala Harris con su traje de comunista y un mapa donde planea las nuevas guerras neocons, George W. Bush en un círculo de monjes de capucha roja quemando un obelisco egipcio con combustible de aviones, y con un grupo de enmascarados de capucha negra y una maqueta de la muerte de John F. Kennedy con la leyenda "Dallas 1963", Trump con capucha roja colocando la última piedra de la pirámide. Joe Biden con traje blanco y antifaz negro tocando el piano, Barack Obama con capucha negra agarrando un dron, Bill Gates llevando vacunas del COVID-19, Anthony Fauci supervisando a los enfermos, y finalmente Tom Cruise con una invitación de The Silent Order "La Orden Silenciosa". A. Zapatero Gaviria y R. Barba Martin en "¿Qué sabemos del origen del COVID-19 tres años después?" (ELSEVIER, 2023), explican que han pasado más de tres años desde el primer caso de infección por un nuevo coronavirus (Cov) (Sars-CoV-2) en la ciudad de Wuhan (Hubei). En ésta misma ciudad se fundó en 1956 el Instituto de Virología de Wuhan y en 2015 abrieron en éste centro el primer laboratorio de bioseguridad de nivel 4 del país. La coincidencia de ciudad entre los primeros casos de infección y la sede del instituto de virología, sumados a la fallida identificación del ARN del virus a 100% en ninguno de los CoV aislados en murciélagos, junto con la falta de evidencia sobre el posible animal intermediario en la transmisión del contagio, hacen que en la actualidad surjan dudas sobre el origen real del SARS-CoV-2. Todos los CoV tiene origen zoonótico, es decir, contagian diferentes especies de animales, dando lugar a una infección respiratoria y también intestinal. Hay cuatro géneros de CoV: alfa, beta, gamma y delta. La primera vez que se identificó el CoV como responsable de una infección respiratoria fue en 1937, afectando a aves de corral con un efecto devastador. En 1965 se evidenció que los CoV eran responsables de aproximadamente 15-30% de los cuadros de catarro común en humanos. Pero fue a principios de éste siglo cuando se recibieron dos avisos de cuadros clínicos con mayor gravedad producidos por ésta familia de virus. El primer aviso relacionado con la sintomatología más grave de ésta infección se dio en 2002 en la ciudad de Guangdong, zona sur de China. Ésta infección se denominó SARS-CoV, haciendo referencia a las iniciales de SARS: síndrome de distrés respiratorio, y dio lugar a cuadros clínicos muy graves, con una mortalidad en torno a 10%. Se infectaron unos 8.000 pacientes en 28 países diferentes; 10 años después, en 2012, surge otro brote pandémico en Oriente Medio, fundamentalmente en Arabia Saudí, que se denominó MERS-CoV, y afectó alrededor de 2.500 personas. Las siglas MERS corresponden al síndrome respiratorio de Oriente Medio, en inglés. Aproximadamente 35% de los pacientes notificados a la Organización Mundial de la Salud (OMS) fallecieron. En éste último caso en Arabia Saudí se comprobó que aproximadamente 80% de los casos de infección en seres humanos fueron consecuencia de un contacto directo o indirecto con dromedarios o personas infectadas, siendo éstos dos últimos trabajadores sanitarios en su mayor parte. En el caso del MERS era necesario un contacto estrecho y próximo con el infectado, a diferencia de lo que ocurrió posteriormente con el SARS-CoV-2. Éstos dos CoV (SARS-CoV y MERS-CoV) son del género beta y genéticamente diferentes entre sí. A finales de noviembre de 2019, cerca del mercado de Huanan, en Wuhan, provincia de Hubei (China) se describe el primer caso de neumonía por un nuevo CoV, también del género beta, que inicialmente fue designado 2019-nCoV por investigadores en China. El 11 de febrero de 2020 fue nombrado como SARS-CoV-2 y la enfermedad se denominó COVID-19. Todos los CoV que afectan al ser humano tienen su origen en diferentes animales, que a su vez pueden infectar a otros animales domésticos y desde ahí contagiar a un ser humano. Ésto se ha demostrado mediante la presencia de anticuerpos en dichos animales. En el caso del SARS-CoV, el murciélago en herradura, familia Rhinolophidae, se consideró huésped natural y principal reservorio. En el caso del MERS los dromedarios jugaron el papel de huésped principal. Los estudios iniciales compararon el primer genoma del COVID-19 con el CoV del murciélago y comprobaron una secuencia idéntica en 96,2%, porcentaje muy alto pero sin llegar a 100%. Además, hasta la fecha no se ha señalado con claridad cuál pudo haber sido el animal intermediario. En los inicios se mantuvo como posible responsable al pangolín, de la familia Manidae, conocidos como pangolines. Éstos mamíferos se encuentran en las zonas tropicales de Asia y África. Actualmente, no se ha podido demostrar, incluyendo diferentes estudios como la detección de anticuerpos, que ésta especie haya podido ser el huésped intermediario. En 1956 se fundó el laboratorio de Microbiología de Wuhan bajo la Academia de Ciencias de China (CAS). En 1961 se convirtió en el Instituto de Microbiología de la zona sur de China y en 1962 pasó a llamarse Instituto de Microbiología de Wuhan. Posteriormente en 1970 se convirtió en el Instituto de Microbiología de Hubei cuando la Comisión de Ciencia y Tecnología de la provincia de Hubei se hizo cargo de la administración, pero ocho años después fue devuelto al CAS y pasó a llamarse Instituto de Virología de Wuhan. Asimismo, en 2015 se abrió en éste instituto el primer laboratorio de bioseguridad de nivel 4 (el más alto existente) de China. Cabe destacar que sólo existen 50 laboratorios con éste nivel de seguridad en el mundo. Más adelante, en febrero de 2020, el equipo dirigido por la profesora Shi Zengli en éste instituto fue el primero en identificar, analizar y nombrar la secuencia genética del nuevo CoV. Ésta coincidencia en la detección de los primeros casos y la presencia del laboratorio en la misma ciudad ha dado lugar a un número de autores escépticos del origen de la pandemia, señalando el verdadero origen como un "escape" dentro de las normas estrictas de seguridad que rigen éstas instituciones. ¿En qué se basan éstos autores? En primer lugar, el genoma viral no coincide a 100% con el CoV del murciélago como hemos comentado previamente. Tampoco se ha identificado qué animal pudo haber sido el huésped intermediario y los laboratorios de nivel 4 suelen trabajar con patógenos peligrosos que no cuentan con vacunas ni tratamientos disponibles. Además, éstos centros investigan animales como murciélagos y virus con potencial de futuras pandemias. Por último, en los laboratorios suele aplicarse una técnica de investigación que lleva tiempo preocupando a parte de la comunidad científica. Se trata de la ganancia de función, una técnica que consiste en modificar funciones mediante la genética inversa de un virus para estudiarlo a fondo. La ganancia de función incrementa las habilidades del patógeno, así como su transmisibilidad, letalidad o habilidad para superar una respuesta inmune o vacunas y medicamentos y pueden crear nuevos patógenos, que no existen en la naturaleza, y que representan un riesgo a la hora de generar nuevas enfermedades ya sea accidental o deliberadamente. De hecho, en 2015 se publicaba un estudio en la revista Nature advirtiendo de una posible pandemia relacionada con los murciélagos. En la investigación participaba la profesora Shi Zhengli, conocida por su trabajo de campo con murciélagos para predecir y prevenir nuevos brotes de CoV. Éste tipo de investigaciones, realizadas por grupos multinacionales de al menos 15 científicos, algunas llevadas a cabo en el Instituto de Virología de Wuhan, buscaban prevenir futuras pandemias, desarrollo de vacunas y servir de base para posibles tratamientos, pero generaron mucha polémica entre la comunidad científica, alertando del peligro de crear amenazas víricas. Por tanto, cabe la posibilidad de que éstas investigaciones dieran lugar a una nueva versión del virus a partir de dos CoV diferentes, lo que se conoce como un virus quimera, y el resultado podría haber sido una versión más peligrosa del virus con alto potencial de riesgo. Para añadir más confusión, el Wall Street Journal publicó en mayo de 2021 un artículo donde se afirmaba que tres investigadores del Instituto de Virología de Wuhan habían enfermado en noviembre de 2019, con síntomas similares a los del COVID-19, poco antes de que estallara la pandemia. Lo que sembró de nuevo más dudas sobre la procedencia del mortífero virus: "En ese mismo mes de mayo de 2021, 18 de los más reputados virólogos a nivel mundial solicitaron una "investigación pormenorizada" para determinar el posible origen artificial del CoV SARS-CoV-2. A través de una carta a la prestigiosa revista Science, pedían que se investigara su origen, pues no descartaban la casualidad afirmando: "Las teorías de la liberación accidental desde un laboratorio y de la propagación zoonótica siguen siendo viables". Entre los firmantes del documento destaca Ralph S. Baric, importante microbiólogo de la Universidad de Carolina del Norte. Asimismo, Baric había sido uno de los investigadores que había trabajado con la profesora Shi Zengli anteriormente. Igualmente, ya existen situaciones previas con incidentes de "escapes" de virus de laboratorio, incluso con el SARSCoV en 2004, que dio lugar a una cadena de transmisión transitoria. Un caso más conocido fue el virus de Marburgo, ciudad de Alemania. Éste virus produce una enfermedad hemorrágica similar al ébola y los casos se limitaron inicialmente a África. Pero en 1967, trabajadores del laboratorio de ésta ciudad cercana a Frankfurt empezaron a encontrarse mal y tener problemas de coagulación en la sangre. Prácticamente a la vez, en otro laboratorio de Belgrado (Serbia), empezaron a reportar los mismos síntomas. En total, 31 personas afectadas con una fiebre hemorrágica que terminó matando a siete de ellos. Los dos laboratorios, el de Marburg y el de Belgrado, tenían en común el trabajo con primates importados de Uganda y se pudo demostrar que los afectados habían entrado en contacto con fluidos corporales y tejidos de los animales. El virus fue bautizado como "enfermedad por el virus de Marburgo". Otro caso similar es el virus de influenza A (H1N1), en el que se cree que otro laboratorio en 1977 podía haber tenido un "escape" trabajando para elaborar una vacuna" (Zapatero Gaviria & Barba Martin, pp. 241, 242). Lo que sí sabemos es que la vacuna del COVID-19 de Pfizer (Comirnaty) fue el medicamento más vendido del mundo en 2022: 35.400 millones. Por encima del inmunológico Humira de AbbVie (19.888 millones) y el oncológico Keytruda de Merck (19.607 millones). Seguido de otro producto de Pfizer, el antiviral COVID-19 Paxlovid (17.731 millones). ¿Qué otro elemento perturbador aparece en el vídeo Lies Wide Shut de The Dor Brothers? Aunque sólo el 2% de la población estadounidense participa en fraternidades, el 80% de los ejecutivos de Fortune 500, el 76% de los senadores y congresistas estadounidenses, el 85% de los jueces de la Corte Suprema y todos menos dos presidentes desde 1825 han sido hombres de fraternidad. La importancia de la masonería en la Declaración de Independencia y en la Constitución de Estados Unidos, introducida por los primeros colonos ingleses y franceses. Cuando George Washington, Benjamin Franklin, James Madison, Thomas Jefferson y los demás fundadores de Estados Unidos afirmaron en la Declaración de Independencia que "todos los hombres son creados iguales", señalaron una ruptura radical con el pasado. En 1776, Europa todavía estaba gobernada por reyes, príncipes y papas y, salvo una reducidísima oligarquía, el público no era libre de la coacción ni participaba en las cuestiones comunales. Las libertades políticas, religiosas y legales que corresponden por nacimiento a todo estadounidense son justa fuente de orgullo nacional y de admiración en el exterior. Pero la realidad de la libertad estadounidense es más compleja. El historiador Max Lerner señala que "Estados Unidos es la única gran nación de la era moderna cuya historia es también la historia de las tres fuerzas determinantes del mundo occidental moderno: el industrialismo como tecnología, el capitalismo como modo de organizarla y la democracia como modo de dirigir ambos". Estados Unidos es una mezcla de las contradicciones de las fuerzas motoras: el industrialismo tiende a un tecnofascismo, el capitalismo al monopolio y oligopolio, la democracia liberal a la oligarquía y las fraternidades a los lobbys. Estados Unidos es producto del dinero nuevo, pero en la fase de acumulación globalista los New Rich sienten ansiedad del origen plebeyo igualitario y tratan de estrechar sus orígenes con las casas europeas, los Old Rich. Max Otte en "La crisis rompe las reglas. ¿Cómo afrontar las nuevas amenazas de la economía mundial?" (ARIEL, 2011) explica la tesis del economista Werner Sombart sobre los tres tipos de competencia. Por un lado, la competencia de resultados, donde el rendimiento se puede medir. En segundo lugar, la competencia de sugestión, donde interviene la mercadotécnica, el espectáculo: ¿Quién causa la mejor impresión? Y en tercer lugar, la competencia de aniquilación, es decir, la lucha de los monopolios y oligopolios por las cuotas de mercado. En éste último caso se trata de expulsar al otro para quedarse luego con su terreno. Así fue como John D. Rockefeller acaparó alrededor de 1900 su fortuna en el negocio del petróleo y Andrew Carnegie la suya en la siderurgia. Cuando los mercados arrasaron con las barreras y las fronteras, se formaron conglomerados cada vez más grandes y poderosos, que procedieron a repartirse la tarta entre ellos y obtuvieron enormes beneficios. De otra manera no podrían haberse formado ésas gigantescas fortunas. La promulgación de la legislación antimonopolio en Estados Unidos puso coto a ésta evolución, pero desde hace unos cuarenta años vemos que los límites que se impusieron vuelven a caer, que los grupos de empresas vuelven a aumentar de tamaño y de poder. Estamos asistiendo de nuevo a una lucha brutal de aniquilación, que no tienen nada que ver con la competencia de resultados. Aspiran a formar oligopolios y monopolios locales, regionales, nacionales y mundiales. Actualmente existe un nuevo precariado que depende en gran medida de subsidios y ayudas, personas con empleo en apuros y clases medias que desaparecen, mientras los ricos forman una nueva oligarquía. El nuevo feudalismo se caracteriza por un sector financiero ejerciendo de señor y los ciudadanos de vasallos. Antiguamente los feudos se delimitaban en sentido territorial, hoy se hace en el terreno jurídico. Los caballeros de la época actual son los bufetes de abogados, las agencias de relaciones públicas y los grupos de presión. Y los vasallos son los ciudadanos, ya no tan libres, que tienen que pasar por caja. Las luchas de reparto se libran en el nivel de los grupos de presión, que consiguen redactar las leyes de tal manera que beneficien a los monopolios y oligopolios. A menudo, el ciudadano normal ni siquiera se entera. Algunos simplemente se percatan de que lo que ganan ya no llega para el día a día. En la nueva economía feudal los grandes agentes, las multinacionales y las oligarquías financieras establecen hoy sus propias pautas. Nadie los controla ni limita de alguna manera su avidez de influencia y crecimiento, mientras que los ciudadanos se ven degradados a una masa dócil de corte neofeudal. El mercado que por sí mismo equilibra los intereses contradictorios es una ficción. No existe más que en la propaganda amable que divulgan algunos círculos interesados. La nueva forma de la economía feudal o de saqueo no es un riesgo abstracto, sino un hecho real desde hace tiempo. Los grandes señores –empresas multinacionales o grandes inversores individuales- otorgan sus feudos a fieles vasallos para que los exploten. Entre ellos batallan continuamente por sus zonas de influencia. Mientras, sus "heraldos", ya sean políticos, institutos científicos o asociaciones sectoriales, pregonan las verdaderas del momento. Las grandes empresas lanzan constantemente nuevas ofensivas de productos y precios, concentran mercados mediante fusiones y adquisiciones para ampliar su poder, inventan en una sucesión cada vez más rápida nuevos temas para el consumo y el ocio que absorben el tiempo, la energía y los ingresos de los ciudadanos. Incluso el Estado se pone al servicio de los señores feudales modernos: los colegios de médicos y el lobby de la industria farmacéutica han logrado hasta ahora impedir cualquier reforma del sistema sanitario, y los ciudadanos explotados se ven obligados a pagar cantidades cada vez mayores a éste complejo industrial. Los habitantes de los feudos –trabajadores y consumidores- han de considerarse cada vez más como una masa a disposición de los intereses neofeudales, que su vez son declarados temas tabú por los poderosos lobbys. Joseph Stiglitz distingue que tanto la globalización del comercio (la circulación de bienes y servicios) como la globalización de los mercados de capitales (la integración internacional de los mercados financieros) han contribuido al aumento de la desigualdad. A lo largo de las últimas cuatro décadas, las instituciones financieras estadounidenses han propugnado enérgicamente la libre movilidad de capitales. De hecho, se han convertido en paladines de los derechos del capital, por encima de los derechos de los trabajadores e incluso por encima de los derechos políticos. Los derechos simplemente especifican a qué tienen derecho los distintos agentes económicos: entre los derechos que han reivindicado los trabajadores están, por ejemplo, el derecho a asociarse, a afiliarse a un sindicato, a la negociación colectiva y a la huelga. Muchos gobiernos no democráticos restringen drásticamente éstos derechos, pero incluso los gobiernos democráticos los limitan. Así pues, también los dueños del capital pueden tener derechos. Las grandes empresas, tras conseguir que los gobiernos establezcan las normas de la globalización de forma que se refuerce su poder de negociación frente a los trabajadores, pueden accionar las palancas de la política y exigir una fiscalidad menor. No argumentan a favor de la globalización –a favor de la libre circulación de capital y de las medidas de protección a las inversiones- diciendo que con éso ellos se van a enriquecer a expensas del resto de la sociedad. Más bien esgrimen argumentos engañosos sobre cómo se va a beneficiar todo el mundo. Ésta pretensión tiene dos aspectos cruciales. El primero es que la globalización aumenta la producción total del país, tal y como se mide, por ejemplo, en términos del PIB. El segundo es que si el PIB aumenta, la teoría económica del goteo hacia abajo garantiza que todo el mundo sale ganando. Ninguno de los dos aspectos es correcto. Es cierto que cuando los mercados funcionan perfectamente, el libre comercio permite que la gente se traslade de sectores protegidos a sectores más eficientes, no protegidos y dedicados a la exportación. Pero a menudo los mercados no funcionan así de bien. Por ejemplo, los trabajadores desplazados por las importaciones a menudo no consiguen encontrar otro empleo. Se convierten en parados. Pasar de tener un empleo de baja productividad en un sector protegido a estar desempleado reduce la producción nacional. Ésto es lo que ha venido ocurriendo en Estados Unidos. Hay otra razón por la que la globalización puede reducir la producción total; normalmente aumenta los riesgos a los que hacen frente los países. Abrir las fronteras de un país puede exponerlo a todo tipo de riesgos, desde la volatilidad de los mercados de capitales hasta la de los mercados de materias primas. Una mayor volatilidad induce a las empresas a trasladarse a otras actividades menos arriesgadas, y ésas actividades más seguras a menudo tienen una rentabilidad menor. En algunos casos, el efecto de la evitación del riesgo puede ser tan acusado que todo el mundo sale perjudicado económicamente. Pero incluso si la liberación del comercio da lugar a una producción total en una determinada economía, es posible que existan amplios sectores de la población que salgan perdiendo: "Consideremos por un momento lo que implicaría una economía global totalmente integrada (con una libre circulación por todo el mundo tanto del conocimiento como del capital): todos los trabajadores (de un determinado nivel de cualificación) percibirían el mismo salario en cualquier lugar del mundo. Los trabajadores no cualificados de Estados Unidos cobrarían lo mismo que un trabajador no cualificado en China. Y a su vez, éso significaría que los salarios de los trabajadores de Estados Unidos caerían en picado. El salario que se impondría sería la media del salario de Estados Unidos y del resto del mundo, y, por desgracia, resultaría mucho más próximo a los salarios más bajos que predominan en otros lugares. No es de extrañar que los defensores de una liberalización total, que normalmente creen que los mercados funcionan bien, no proclamen ésa consecuencia a los cuatro vientos. De hecho, los trabajadores no cualificados de Estados Unidos ya se han llevado varios varapalos. A medida que avance la globalización, habrá ulteriores presiones a la baja sobre sus salarios. El problema es particularmente grave hoy en día en Estados Unidos y en Europa: al mismo tiempo que los cambios tecnológicos que ahorran mano de obra han reducido la demanda de muchos de los "buenos" empleos de "cuello azul" de la clase media, la globalización ha creado un mercado mundial que ha puesto a ésos mismos trabajadores en competencia directa con los trabajadores homólogos del extranjero. Ambos factores empujan a la baja de los salarios. Así pues, ¿cómo es posible que los defensores de la globalización aleguen que todo el mundo va a salir ganando? Lo que dice la teoría es que todo el mundo podría salir ganando. Es decir, los ganadores podrían compensar a los perdedores. Pero no dice que vayan a hacerlo –y habitualmente no lo hacen-. De hecho, los defensores de la globalización a menudo alegan que los ganadores no pueden ni deberían hacerlo. Los impuestos que habría que recaudar para ayudar a los perdedores, según ellos, harían que el país fuera menos competitivo, y en nuestro mundo globalizado, altamente competitivo, los países sencillamente no pueden permitirse ése lujo. En efecto, la globalización perjudica a los de abajo, no sólo directamente, sino también indirectamente, debido a que induce a recortar el gasto social y la fiscalidad progresiva" (Stiglitz, pp. 112, 113).

Hal Hefner ©

#Pizzagate & #Epstein.

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La Casa Blanca está repleta de escándalos con becarias: Marion Alford de 19 años con John F. Kennedy de 45 años (1962-1963), Mónica Lewinsky de 22 años con Bill Clinton de 49 años (1995-1997). El caso de Hillary fue patético porque apareció en TV denunciando la "gran conspiración de la derecha", pero Bill aceptó el hecho ante un gran jurado. Los affaires de John F. Kennedy incluyen a Marilyn Monroe, Anita Ekberg, Gene Tierney, Judith Campbell Exner, Mary Pinchot Meyer, Gunilla von Post, Marlene Dietrich y dos secretarias apodadas "Fiddle" y "Faddle": Priscilla Wear y Jill Cowen. Marion Alford, aprovechando una conexión escolar, escribió a Jackie Kennedy y consiguió trabajo como becaria. En su cuarto día se encontró en la piscina de la Casa Blanca con "Fiddle", "Faddle", JFK y Dave Powers. La aventura de 18 meses la redujo al estatus de juguete presidencial. JFK nunca la besó en la boca. Un día, en la piscina, Kennedy decidió que Dave Powers se veía tenso y ordenó a Alford realizarle una felación. Durante un acto de recaudación de fondos del partido demócrata, Kennedy le sugirió realizar una felación a su hermano Ted, rechazando la petición. La historia es consistente con el vídeo de Marilyn Monroe practicando una felación a John F. Kennedy. Bill Clinton recibió nueve felaciones de la becaria Mónica Lewinsky de 22 años, ocho en la Casa Blanca (el estudio privado del Despacho Oval o sus inmediaciones). Pero sólo en sus dos últimas felaciones de 1997 eyaculó en su boca. En todas ellas, Clinton le acariciaba y le besaba los pechos desnudos. También le tocaba los genitales, a través de la ropa interior y directamente, llevándola al orgasmo en dos ocasiones. En una ocasión, el presidente le introdujo un habano en la vagina. Emily Chang en "Brotopia: Breaking Up the Boys´Club of Silicon Valley" (Penguin Random House, 2018) relata que muchas de las celebridades de Silicon Valley tienen algo en común: una adolescencia solitaria y sin contacto con el sexo opuesto, hasta que adquieren poder y riqueza. Algunos de los hombres más poderosos de Silicon Valley son asiduos a bacanales que pueden durar fines de semanas enteros, celebradas en distintas locaciones: una mansión épica en Pacific Heights de San Francisco; una casa lujosa en las estribaciones de Atherton o Hillsborought; un castillo en Valle de Napa; una propiedad privada frente a la playa de Malibú o en un barco frente a la costa de Ibiza. Los invitados y anfitriones incluyen poderosos inversores de primera ronda, empresarios de renombre y altos ejecutivos. Las invitadas femeninas tienen calificaciones diferentes. Si es atractiva y joven, no necesita preocuparse por su currículum ni su cuenta bancaria: mujeres que trabajan en tecnología en el Área de la Bahía o de Los Ángeles, y que trabajan en industrias como bienes raíces, entrenamiento personal y relaciones públicas. En algunos escenarios, la proporción entre mujeres y hombres ricos es aproximadamente de dos a uno, por los que los hombres tienen suficientes mujeres para elegir. En el mundo ordinario muchos hombres reciben felaciones de mujeres que no son sus parejas o tienen relaciones con mujeres a las que les doblan o triplican la edad. No necesitas formar parte del 1% ni de una logia secreta para tener acceso a éste tipo de experiencias. ¿Cuál es la diferencia? Éstos personajes reciben mayor atención mediática y sus excesos son objeto del escrutinio público, especialmente cuando se vinculan con personajes siniestros. Paul Bleakley en "Panic, pizza and mainstreaminh the alt-right: A social media analysis of Pizzagate ante de rise of the QAnon conspiracy" o "Pánico, pizza y corriente principal de la derecha alternativa: un análisis de las redes sociales del Pizzagate antes del surgimiento de la conspiración QAnon" (Universidad de Middlesex, 2021), explica que Internet es un lugar donde abundan las teorías de conspiración, pero ha habido pocos casos en los últimos tiempos que puedan igualar la prolífica difusión del Pizzagate, una narrativa que incorpora adoración al diablo, abuso sexual infantil ritual y asesinato que tiene lugar bajo la protección de un "Estado profundo". Lo que comenzó como una interpretación especulativa de los correos electrónicos filtrados, alimentada por noticias no objetivas, han evolucionado en los cuatro años transcurridos entre 2016 y 2020 hasta convertirse en una explicación resistente y persuasiva de los acontecimientos recientes. Incorporado al mito más amplio de QAnon desde 2017, Pizzagate es sólo un componente de un mundo imaginario en el que la pandemia de COVID-19 es un ataque fraudulento a la libertad estadounidense y las torres de telefonía celular 5G pueden usarse para lavar el cerebro del público (Rudgard, 2020). El término "cámara de eco" se refiere a plataformas polarizadas donde la información o el discurso alineado con las opiniones de la mayoría se refuerzan y repiten, mientras que las perspectivas en competencia o disidentes se reprimen activamente (Nguyen, 2019). Existen características técnicas en plataformas de redes sociales como Twitter y TikTok que ayudan en la construcción de éstas cámaras de eco. El propósito de los hashtags es, en gran medida, etiquetar y categorizar conversaciones en línea de manera consistente, permitiendo a los usuarios que buscan información sobre ciertos temas filtrar el contenido de Twitter de manera efectiva (Zappavigna, 2015). Por definición, la búsqueda de un hashtag específico crea una cámara de eco digital en la que cada publicación ubicada utiliza la misma etiqueta. Cuando ésto se utiliza para etiquetar debates sobre un programa de televisión popular o un evento deportivo, se trata de un proceso de filtración útil e inocuo. Sin embargo, cuando se utiliza como una forma de identificar la afiliación con una teoría de la conspiración como QAnon, los resultados son muy diferentes. En lugar de simplemente identificar la discusión sobre QAnon, la búsqueda del hashtag generalmente excluye los tweets de aquellos que no están comprometidos con la teoría de la conspiración fundamental del grupo. Dado que QAnon apoya en general a Trump, es lógico que las discusiones que utilizan el hashtag también reflejen una mayor proporción de tuits que minimizan los vínculos de Trump con Epstein o, más comúnmente, desvían la culpa hacia los enemigos de Trump en la izquierda política. La creación de cámaras de eco digitales ha sido identificada como un factor clave en el proceso de adoctrinamiento de la derecha alternativa. Anteriormente, éstas cámaras de eco se formaban en foros dominados por la derecha alternativa como 4chan o, más tarde, 8chan (Bleakley, 2020; Margetts, 2017). Sin embargo, con los hashtag populares como QAnon ganando terrero, ha sido posible construir pseudocámaras de eco en las principales plataformas de redes sociales como Twitter, manipulando la filtración de datos para reflejar únicamente las perspectivas de la derecha alternativa, cuando se utiliza el hashtag. La teoría del Pizzagate surgió antes de las elecciones de 2016. El Pizzagate sugería que una camarilla de líderes del Partido Demócrata, entre ellos Hillary Clinton y el director de campaña John Podesta, estaban involucrados en abusos rituales satánicos de niños en una pizzería en Washington, D.C. El Pizzagate, que comenzó como una teoría marginal más difundida en Internet por la derecha alternativa, ha demostrado ser particularmente resistente a ser desacreditado. Un resurgimiento del interés en la teoría del Pizzagate a principios de 2020 dio nueva vida a la aceptación general de la legitimidad del Pizzagate, respaldada en parte por el sonado suicidio del traficante sexual de niñas Jeffrey Epstein y sus vínculos con el establishment político (Consetino, 2020). Lo más interesante es que ya no son sólo la derecha alternativa o los partidarios de Donald Trump quienes propagan el mito del Pizzagate. El movimiento conspiracionista ha crecido más allá de sus orígenes, expandiéndose al discurso de la izquierda esotérica, así como a las plataformas de redes sociales populares entre los jóvenes que de otra forma serían apolíticos como TikTok: "Con ésto en mente, el análisis de las publicaciones de Twitter que utilizan la etiqueta "#Pizzagate" se construyó de una manera diseñada para controlar tanto (a) el período de tiempo como (b) los términos o conceptos clave. Para el primero, se seleccionó un conjunto limitado de cinco eventos entre 2016 y 2020 en función de su relevancia para la teoría del Pizzagate. Los eventos elegidos incluyen: la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos en 2016 (8 de noviembre de 2016); el ataque de Edgard Maddison Welch a la pizzería Comet Ping Pong en Washington, D.C. (4 de diciembre de 2016); la fecha prevista por QAnon para que se produjera el "golpe" de Trump, cuando muchos miembros de la élite corrupta serían arrestados (5 de diciembre de 2018); el suicidio de Jeffrey Epstein (10 de agosto de 2019) y; la prohibición de la etiqueta #Pizzagate por parte de la plataforma de redes sociales TikTok para limitar la difusión de información errónea (24 de junio de 2020 Como muchas teorías de conspiración de la era de Internet, el Pizzagate se originó a través de una confluencia de denuncias legítimas y difusión intencionada de información falsa. En marzo de 2016, la cuenta no segura de Gmail del presidente de la campaña presidencial de Hillary Clinton, John Podesta, fue pirateada en un ciberataque supuestamente realizado por una agencia de inteligencia militar rusa (Cosentino, 2020). Posteriormente, más de 20.000 páginas de correos electrónicos supuestamente enviados y recibidos por Podesta fueron entregados a la organización hacktivista WikiLeaks, quien, a su vez, publicó el material en línea durante octubre y noviembre de 2016, justo antes de las elecciones presidenciales de 2016. El volcado de información de WikiLeaks coincidió con noticias no objetivas difundidas a través de Twitter por grupos de derecha alternativa que afirmaban, de manera similar, que el Departamento de Policía de Nueva York descubrió evidencia de una red de pedofilia de élite operando en el Partido Demócrata en la computadora del político Anthony Weiner, esposo de la diputada de Podesta, Huma Abedin (Gillin, 2016). Juntos, éstos eventos separados (aunque interconectados) dieron origen al Pizzagate: impulsados por las noticias no objetivas sobre la evidencia encontrada en la computadora de Weiner, los conspiradores de la derecha alternativa en línea buscaron en los correos electrónicos de Podesta evidencia de que existía una red de pedofilia dentro del Partido Demócrata. La búsqueda de correos electrónicos de Podesta estuvo sujeta a un sesgo de confirmación extremo, donde los "investigadores" aficionados en sitios web como 4chan y Reddit se propusieron no encontrar evidencia de irregularidades, sino información que se ajustara a la narrativa ya existente (Acks, 2019; Aisch et al., 2016)" (Bleakley, pp. 511, 516). También se ha especulado que la construcción de la conspiración Pizzagate (y, más tarde, QAnon) es una forma de juego de roles de acción en vivo (o LARPing) en el que, al menos inicialmente, el escenario ficticio de una "conspiración del Estado profundo" se creó por primera vez como un rompecabezas que los miembros de la comunidad en línea debían resolver, y, con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en una creencia legítima (QAnon: The Search for Q, 2021). Como era de esperar, con el refuerzo de otros seguidores de la derecha alternativa, se desarrolló una teoría de que los correos electrónicos enviados por Podesta en los que parecía estar haciendo planes para cenar y comprar pizza fueron reinterpretados por la derecha alternativa como mensajes codificados que se referían al tráfico sexual de niños, que los primeros defensores del Pizzagate creían que se estaba llevando a cabo en la pizzería Comet Ping Pong en Washington, D.C, propiedad del asociado de Podesta, James Alefantis (Gillin, 2016). Poco después, el 4 de diciembre de 2016, la pizzería fue atacada a tiros por Edgard Maddison Welch, un creyente del Pizzagate que disparó contra el restaurante en un intento equivocado de "salvar" a las víctimas infantiles que creía que estaban retenidas allí. Aunque desde entonces ambas se han entrelazado, la teoría de QAnon no surgió hasta casi un año después del Pizzagate en octubre de 2017. Al principio, QAnon estaba principalmente preocupado por elaborar la narrativa de que el presidente recientemente electo Donald Trump tenía en secreto la misión de desmantelar la élite liberal que controlaba clandestinamente el país, incluidas familias políticas como los Clinton y dinastías ricas (en su mayoría judías) como los Rothschild (Amarasingam y Argentino, 2020). Como muestran los resultados del análisis de Twitter, la conexión entre Pizzagate y Trump como protagonista designado por QAnon siguió siendo débil en diciembre de 2018, un momento poco después de las primeras elecciones legislativas de mitad de mandato, cuando QAnon predijo que Trump purgaría el Estado profundo (Chapman, 2018). Mientras que "#Pizzagate" y "#QAnon" se usaron juntos 47 veces, "#Pizzagate" y "#Trump" sólo se usaron juntos seis veces, todas ellas negativas o críticas hacia el presidente, o críticas hacia Trump por la falta de acción sobre el Pizzagate o el desprecio total de la teoría. La muerte del financiero y traficante sexual de niñas Jeffrey Epstein, asociado tanto de Trump como de los Clinton, alimentó aún más el debate sobre el Pizzagate en agosto de 2019, de una manera que pareció señalar el fin de la narrativa de Trump como salvador: de las publicaciones que vinculan a "Trump" a "#Pizzagate", poco más de la mitad se refirió a Trump como un delincuente potencial, no a los miembros del Partido Demócrata originalmente implicados en la conspiración del Pizzagate. Ésto se debió en parte a las conexiones a largo plazo entre Trump y Epstein en la escena social de la ciudad de Nueva York; sin embargo, ésto no explica completamente la reacción contra Trump. Así como Epstein estaba vinculado con Trump, también estaba estrechamente vinculado con el ex presidente Bill Clinton, que fue el foco de muchas críticas dentro de la derecha alternativa. Ésto es significativo, ya que sugiere que (en éste punto) el movimiento Pizzagate no estaba tan estrechamente conectado con el movimiento Trump como para que eventos persuasivos, como las revelaciones de Epstein, no tuvieran el potencial de descarrilar su narrativa explícita pro-Trump. La reacción contra Trump también puede atribuirse a su aparente incapacidad para actuar sobre el Pizzagate y el Estado profundo después de casi tres años en el poder, lo que se ve cada vez más como una señal de que la idea salvadora de QAnon puede haber sido incorrecta (Chapman, 2018; Rothschild, 2018). Sin embargo, en los primeros meses de 2020 se invirtió la tendencia contra Trump: a mediados de 2020, el Pizzagate había resurgido como una teoría de la conspiración popular en plataformas de redes sociales alternativas como TikTok, convirtiéndose en tan prolífico que la empresa prohibió el uso de "#Pizzagate" el 24 de junio de 2020 (Ovide, 2020). Otras plataformas han seguido su ejemplo: Reddit prohibió las discusiones sobre Pizzagate antes de la prohibición de TikTok y Facebook eliminó varios grupos relacionados con QAnon en agosto de 2020 (Frenkel, 2020). Twitter también prohibió a varios usuarios identificados como teóricos de QAnon en julio de 2020, aunque no llegó a prohibir el hastag por completo. A pesar de éstas medidas enérgicas en toda la empresa, la teoría del Pizzagate sigue siendo popular en las comunidades de la derecha alternativa en línea, así como en plataformas convencionales como Twitter. La inclusión de conceptos y motivos satánicos en el mito del Pizzagate es algo inusual, pero no elemento sin precedentes de la teoría de la trata de niños. La idea de que la red de pedofilia de élite revelada en los correos electrónicos de Podesta estaba sustentada por el satanismo quedó clara desde el desarrollo más temprano de la conspiración. Incluso antes del ataque de Welch al Comet Ping Pong, figuras prominentes de la derecha alternativa y del entorno de Trump afirmaban abiertamente que la adoración al diablo estaba involucrada en el Pizzagate. En noviembre de 2016, poco después de la elección de Trump, el candidato del presidente para Asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, tuiteó afirmaciones sin fundamento de que John Podesta estuvo involucrado en abuso sexual ritual en el que alegó que Podesta estaba involucrado en una práctica llamada "#spiritcooking" en la que "consumía sangre y otros fluidos corporales" de los niños que fueron abusados y traficados (Bender y Hanna, 2016). El perfil público de Flynn dio lugar a los tweets que acusaban a Podesta de volverse viral entre la derecha alternativa, y se les ha atribuido haber catapultado al Pizzagate al canon de las conspiraciones de la derecha alternativa. Los orígenes de la acusación de Flynn no están claros, pero parecen derivar del mismo tipo de artículo de noticias no fáctico que afirmaba (falsamente) que se descubrieron pruebas de un escándalo de pedofilia del Partido Demócrata en la computadora de Weiner. Sin embargo, las acusaciones de abuso satánico no fueron enteramente una invención de los productores de noticias contemporáneos. Hay una larga historia en los Estados Unidos y a nivel mundial, de abuso infantil organizado vinculado a rituales satánicos, que se remonta al menos a principios de la década de 1980 (Nathan y Snedeker, 1995). Aunque la mayoría de los casos de abuso ritual en ésta época finalmente fueron desacreditados, el resurgimiento de las acusaciones de pedofilia satánica con el Pizzagate avivó temores establecidos que racionalizaron el abuso sexual infantil como obra del Diablo y, a su vez, exacerbó las concepciones existentes de los liberales como amenazas ateas a Estados Unidos de los fundamentos judeocristianos de América. Como se señaló, el concepto de abuso satánico fue fundamental para la construcción inicial de la teoría del Pizzagate después del tuit de Flynn de noviembre de 2016. Los datos lo confirman: alrededor del día de las elecciones de 2016, sólo había dos publicaciones que sugerían que el Pizzagate estaba vinculado al satanismo pero, después de que Flynn popularizara la teoría, las referencias a la adoración satánica del diablo junto con el Pizzagate alcanzaron su punto más alto con 99 tweets individuales, una tasa de 46,5 veces mayor que el día de las elecciones. Después del tiroteo en Comet Ping Pong en diciembre de 2016, la correlación con el satanismo se disipó en gran medida: sólo tres tweets hicieron referencia a conceptos satánicos en diciembre de 2018, y sólo tres tweets de ésta naturaleza en el momento de la muerte de Epstein en agosto de 2019. Si bien hubo un aumento aparente a 25 tweets relacionados con satanismo en junio de 2020, éste número mayor fue sólo una fracción del total durante el período muestreado (7,1% menos que el 47,6% en torno al ataque de Welch en diciembre de 2016). La tendencia a la baja en referencias satánicas desde un pico inicial coincide con la entrada de QAnon en el discurso del Pizzagate en 2017. Antes del tiroteo de Welch, QAnon no existía, y el Pizzagate era una teoría que se desarrolló de forma independiente y orgánica en foros de Internet de derecha alternativa. Al incorporar el Pizzagate a su propia narrativa, QAnon parece haber minimizado la conexión satánica para centrarse en un Estado profundo secular, tal vez preocupado de que la referencia al satanismo impidiera la aceptación generalizada de la teoría y, al final, socavara el objetivo final de reforzar la agenda de la derecha alternativa a través de Trump (Berger, 2018). Cualquiera que sea el motivo, los datos muestran que los tweets que citan #QAnon después del ataque de Welch crecieron constantemente, la proporción del total de tweets que hacían referencia a temas satánicos cayeron exponencialmente. Si bien ésto sólo puede descartarse como una correlación, la implicación es que se produjo un cambio concertado durante éste período, con concepciones del Pizzagate cambiando durante un período que coincidió con la adopción e incorporación de la conspiración por parte de QAnon en su propia narrativa, más abiertamente partidista. El escándalo en torno a los crímenes del traficante sexual de niñas Jeffrey Epstein ha transcurrido paralelo al Pizzagate durante gran parte de la existencia de la teoría de la conspiración. La participación de Epstein en el abuso sexual de niñas menores de edad había sido un registro público desde que se declaró culpable de los cargos de procurar la prostitución a una menor en 2008 (Whyte, 2019). Epstein cumplió sólo 13 meses antes de ser liberado y, supuestamente, reanudar su conducta ilegal. Su caso volvió a entrar en el discurso público en 2014, cuando varias víctimas anteriores se unieron para demandar al gobierno de Estados Unidos por mala conducta en sus acuerdos de declaración de culpabilidad con Epstein. A medida que comenzaron a surgir más víctimas de Epstein a raíz de ésta demanda, se reanudó la investigación formal sobre los delitos sexuales de Epstein y, el 6 de julio de 2019, fue arrestado y acusado de tráfico sexual de menores. Estuvo en prisión preventiva donde, el 19 de agosto de 2019, fue encontrado muerto por aparente suicidio en su celda (Helmore, 2019). En muchos aspectos, los crímenes de los que se acusó a Epstein eran generalmente comparables a los que estaban en el centro de la teoría del Pizzagate: si bien no había ninguno de los elementos más fantásticos del satanismo y la cocina espiritual en las acusaciones, sí hubo afirmaciones de que Epstein procuró niñas menos de edad para sexo en nombre de hombres prominentes y ricos. Como tal, las revelaciones de Epstein pronto se recuperaron en la narrativa general de Pizzagate/QAnon: "La recuperación es, tradicionalmente, un proceso en el que las ideas radicales son cooptadas y absorbidas por la cultura dominante y, como resultado, se convierte en una visión más convencional y fundamentalmente neutralizada (Bleakley, 2018; Bonnet, 1999). En éste sentido, la incorporación de la narrativa de Epstein al Pizzagate podría tratarse como una forma de recuperación inversa: en lugar de transformar una idea radical en una convencional, en éste caso las acusaciones contra Epstein que estaban basadas en pruebas contundentes fueron adoptadas por los teóricos de la conspiración que las fusionaron en una teoría marginal existente. La incorporación de acusaciones basadas en evidencia contra Epstein en la fantástica teoría del Pizzagate no sólo fortaleció el Pizzagate, sino que también corría el riesgo de tener el efecto inverso de provocar que el público cuestionara las acusaciones legítimas, no muy diferente de la duda pública que surgió después de las falsas acusaciones del pánico satánico de los años 80 (Nathan y Snedeker, 1995). Dado que su muerte se produjo tan pronto después de ser encarcelado, el suicidio de Epstein atrajo especulaciones dentro de QAnon. La creencia de que Epstein fue asesinado cruzó las líneas partidistas, y los de derecha lo atribuyeron al siempre creciente "recuento de cadáveres de Clinton", una creencia conspirativa de que los denunciantes contra la familia Clinton eran rutinariamente asesinados para asegurar su silencio (Weill, 2019). Sin embargo, a diferencia de la retórica predominantemente anti-Partido Demócrata de puntos de discusión anteriores sobre el Pizzagate, la muerte de Epstein añadió un nuevo elemento al discurso de Twitter. Así como Epstein era socio del expresidente Bill Clinton, también disfrutó de una relación de larga data con el presidente en ejercicio Donald Trump, quien también había sido acusado de conducta sexual inapropiada. Los datos sobre el Pizzagate en los días previos a la muerte de Epstein indican un claro cisma centrado en la complicidad de Trump en la pedofilia organizada, incluso en el propio Pizzagate. Hubo un total de 137 tweets que utilizaron la etiqueta "#Pizzagate" entre el 18 y el 20 de agosto de 2019, en torno a la muerte de Epstein. De ellos, sólo tres hicieron referencia a ideas satánicas, y los otros 134 participaron en algún nivel de discusión partidista atribuyendo la culpa a la supuesta camarilla de abusadores sexuales de niños en el Partido Demócrata o, en un giro retórico, al propio Trump" (Bleakley, pp. 519, 520).

Hal Hefner ©

La mentira verdadera.

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John Gray en "Misa Negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía" (PAIDÓS, 2008), explica que Estados Unidos es el último régimen ilustrado militante y el único país avanzado que continúa siendo predominantemente cristiano. Ésas dos características ayudan a explicar las cualidades del neoconservadurismo y su ascenso al poder. Pese a su nombre, el neoconservadurismo es una ideología que se originó en la izquierda. Ha conseguido acceder al poder en Estados Unidos gracias a su alianza con la derecha cristiana y con varios sectores de la opinión liberal. Aliándose al mismo tiempo con la religión apocalíptica y con la fe laica en el progreso humano, el movimiento neoconservador logró movilizar dos poderosas tradiciones estadounidenses. Como tantas otras etiquetas políticas habituales, el término neoconservador fue acuñado originalmente como un insulto. Al parecer, el primero en utilizarlo allá por los años setenta del siglo XX fue el socialista estadounidense Michael Harrington y con el pretendía designar –y criticar- a un pequeño grupo de antiguos izquierdistas que estaban adoptando posturas en materia de política exterior que, hasta entonces, habían sido exclusivas de la derecha. Como ha escrito el autor neoconservador (y teólogo católico) Michael Novak: merece la pena recordar que los primeros neocons a los que se conoció por ése nombre formaban un reducidísimo grupo cuya lista de miembros se leía en un santiamén: estaban Irving Kristol, Gertrude Himmelfarb, Daniel Bell, Daniel Moynihan, Norman Podhoretz, Midge Decter y otros pocos (muy pocos) de sus amigos intelectuales. La práctica totalidad de éste conjunto habían sido hombres y mujeres de la izquierda, y más concretamente, de los sectores que se situaban más a la izquierda que el Partido Demócrata, quizás entre el 2 o el 3% más izquierdista del electorado estadounidense. Algunos eran socialistas económicos, otros eran socialdemócratas políticos. Los orígenes izquierdistas del neoconservadurismo explican algunas de sus cualidades más constantes. Muchos de los miembros de la primera generación de neoconservadores empezaron encuadrados en la extrema izquierda antiestalinista (Irving Kristol, padrino político del movimiento, escribió un artículo autobiográfico titulado "Memorias de un trotskista"). El estilo intelectual de aquel entorno sectario ha marcado el movimiento neoconservador a lo largo de toda su trayectoria. Las principales figuras que han ido conformando dicho movimiento no se nutrieron intelectualmente de pensadores conservadores: como Irving Kristol, el sociólogo de Harvard Daniel Bell, el director de la revista Encouter Melvin Lasky, el autor y director de Public Interest Nathan Glazer, el politólogo Seymour Martin Lipset o el político demócrata Patrick Moynihan. Frente a ése punto de vista, los neoconservadores creen que la política es una forma de guerra en la que la ideología constituye un arma esencial. Fue ésa concepción de la política –y no unas determinadas doctrinas concretas- lo que los neoconservadores llevaron consigo desde su época izquierdista. Muy pocos de los más destacados intelectuales neoconservadores habían sido trotskistas en algún momento, pero, si alguna lección política habían extraído de Trotsky, era la constatación del carácter profundamente represor del régimen soviético. Con ellos, los neoconservadores no hicieron más que ser un reflejo de la evolución de la izquierda durante el período de la posguerra. Muchos marxistas (como Sidney Hook) y trotskistas (como Max Shachtman) evolucionaron hacia posiciones socialdemócratas y anticomunistas, y parecida trayectoria siguieron algunos ex comunistas que acabaron situándose entre los más intrépidos luchadores de la Guerra Fría durante los años cincuenta en Europa. Como otros muchos, éstos pensadores de izquierda rechazaron el marxismo en la Guerra Fría. Sería un simplismo exagerado considerar que los neoconservadores se limitaron a reformular las teorías trotskistas en términos derechistas, pero no se puede negar la influencia formativa que sobre ellos tuvieron los hábitos de pensamiento de la extrema izquierda. Lo que los neoconservadores han reproducido no es el contenido de la teoría de Lenin, sino el estilo leninista de pensar. La teoría de la revolución permanente propugnada por Trotsky sugiera la necesidad de demoler las instituciones existentes para crear un mundo nuevo sin opresión. Ésa especie de optimismo catastrófico que inspiró gran parte del ideario trotskista es también el que subyace a la política neoconservadora de exportación de la democracia. Unos y otros apoyan el uso de la violencia como condición necesaria para el progreso e insisten en que la revolución ha de ser mundial. Además de un conjunto de ideas, el neoconservadurismo representa un posicionamiento determinado con respecto a la orientación de la política del gobierno estadounidense. Sus orígenes como tal movimiento político se remontan a los conflictos que rodearon a las políticas estadounidenses de defensa durante los años setenta y ochenta del siglo XX. La red neoconservadora que tan honda influencia ha tenido sobre George W. Bush es un subproducto de la Guerra Fría. Muchos de sus errores han sido el resultado de aplicar a las condiciones diferentes que imperan hoy en día unos hábitos de pensamiento adquiridos durante aquella época pasada. Los auténticos inicios del neoconservadurismo se dejaban entrever en la alarma que sintieron figuras como Patrick Moynihan y Norman Podhoretz durante la Guerra de Vietnam. Preocupados por la falta de patriotismo que, según ellos, evidenciaban los manifestantes contrarios a la contienda, se resistían a creer que Estados Unidos fuese malo en ningún sentido del término. El gigante norteamericano tenía sus defectos, sin duda, pero seguía siendo la mejor sociedad que jamás había existido. La idea de que Estados Unidos es el mejor régimen de la historia (y el tal vez el único verdaderamente legítimo) continúa constituyendo un puntal del ideario neconservador. Pero el neoconservadurismo como fuerza política identificable surgió más tarde, en un intento dirigido a variar las políticas estadounidenses en materia de defensa. La figura clave de ése proyecto fue la de Albert Wohlstetter, quien, como Leo Strauss, era profesor en la Universidad de Chicago (y que acabaría siendo mucho más importante en la génesis del neoconservadurismo que el propio Strauss). Wohlstetter, un matemático que había trabajado como analista de defensa en la RAND Corporation, encabezó una poderosa ofensiva contra las políticas de control de armamentos y distensión que se habían seguido durante la administración de Nixon. Consciente de la importancia de las armas de precisión que las nuevas tecnologías estaban haciendo posibles, Wohlstetter criticó las teorías de disuasión aceptadas por entonces y apoyó activamente la política de incremento del arsenal armamentístico que tanto impulso adquirió durante la era Reagan. Wohlstetter fue una figura capital en la red neoconservadora que se desarrolló a partir de la década de 1970. Entre sus protegidos se encontraban Paul Wolfowitz y Richard Perle (quien dedicó al propio Wohlstetter un libro titulado An End to Evil, del que fue coautor). Wohlstetter presentó a Perle al senador demócrata "Scoop" Jackson, un firme anticomunista, que, en 1974, fue uno de los impulsores de una ley que prohibía el establecimiento de relaciones comerciales normalizadas con países que restringieran la libertad de emigración (como la Unión Soviética restringía la de los judíos que deseaban emigrar a Israel). Con la ayuda de Perle, Jackson también llevó a cabo una enérgica campaña de presión política contra el tratado SALT II de control de armamentos. A mediados de los años setenta, Wohlstetter colocó a uno de sus alumnos, Zalmay Khalilzad, en un think tank que había formado para asesorar al gobierno estadounidense. Con la ayuda de su mentor, Khalilzad no tardó en establecer contactos muy útiles en Washington. En 1984, ya trabajaba para Paul Wolfowitz en el Departamento de Estado y, a principios de los años noventa, ocupaba un alto cargo en el Departamento de Defensa junto a Donald Rumsfeld. Khalilzad había argumentado hace tiempo que, si Estados Unidos prestaba asistencia a los muyahadines, sería posible derrotar a las fuerzas soviéticas en Afganistán. Tras la retirada soviética de aquel país, él fue uno de los altos funcionarios del departamento que consideraba al régimen talibán como favorable a los intereses estadounidenses. Cambió de opinión tras los atentados del 11-S, momento en que fue nombrado embajador de Estados Unidos en Kabul, cargo que luego abandonaría por el de embajador en Irak. En 1985, Wohlstetter presentó a Perle (a la sazón subsecretario de Seguridad Internacional de la administración Reagan) a Ahmed Chalabi, un chií iraquí laico perteneciente a una rica familia de banqueros y colega matemático que había tenido como profesor al propio Wohlstetter en Chicago. Desde su cargo como presidente del Congreso Nacional Iraquí (CNI), un partido patrocinado por el gobierno estadounidense, Chalabi fue un actor clave en el período previo a la guerra de Irak que contó, además, con la recomendación el beneplácito de los neoconservadores como potencial líder del Irak posterior a Sadam. Chalabi se significó también como fuente suministradora de información de inteligencia que contradecía a la que estaban produciendo en aquel momento la CIA y otros servicios secretos estadounidenses. La red que emergió en torno a Wohlstetter ha perdurado hasta nuestros días. Muchos de sus miembros fueron signatarios del Proyecto para Un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), un laboratorio de ideas fundado en Washington en 1997 desde la convicción de que Estados Unidos debe actuar para retener su primacía mundial. Presidido por William Kristol, hijo de Irving Kristol y director de Weekly Standard (semanario propiedad de Rupert Murdoch), y Gary Schmitt (un titulado por la Universidad de Chicago que había trabajado como asesor de Patrick Moynihan) como director general, el PNAC propugnaba fuertes incrementos en el gasto del gobierno estadounidense a fin de mantener el carácter insuperable de la preeminencia militar estadounidense. Varios miembros del PNAC ocuparon cargos en la administración Bush, entre ellos Dick Cheney, Zalmay Khalilzad, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz e I. Lewis "Scooter" Libby. La tesis central que el PNAC presentó en un informe sobre la reconstrucción de las defensas estadounidenses (Rebuilding America´s Defenses) publicado en 2000 no era ninguna novedad. La noción de que Estados Unidos debe retener su supremacía global estaba ya presente en algunos documentos anteriores -entre ellos, algunos de los publicados a comienzos de los años noventa por el entonces secretario de Defensa Dick Cheney- y daba continuidad a ciertas ideas sobre la seguridad nacional estadounidense desarrolladas por Wohlstetter al inicio de aquella década. El detalle fundamental que compartían los intelectuales de la defensa que formaron la red gubernamental neoconservadora a partir de los años setenta fue su oposición a las doctrinas militares de aquel entonces. Si alguna figura encarnaba todo aquello que ellos aborrecían de la política exterior estadounidense, ésa era la de Henry Kissinger y su estilo de realpolitik. Kissinger sostenía que, pese a sus orígenes ideológicos, la Unión Soviética se había convertido con el tiempo en un Estado más o menos normal y caracterizado por unos intereses propios que no tenían que estar siempre en confrontación con los de Estados Unidos. Frente a ésa idea, los neoconservadores insistían en que, por su misma estructura totalitaria, la URSS siempre sería hostil: "A juicio de los neoconservadores, la posibilidad de una colaboración entre estadounidenses y soviéticos en la que Kissinger creía era más un deseo que una realidad. Según Wohlstetter, la CIA padecía una propensión crónica a malinterpretar el régimen soviético. En un artículo publicado en 1974, Wohlstetter acusó a la Agencia Central de Inteligencia de haber infravalorado sistemáticamente la capacidad misilística de la URSS, lo que había acabado concediendo a ésta una superioridad militar con respecto a Estados Unidos. El artículo de Wohlstetter fue el disparo de salida para un ataque concertado contra la CIA desde la derecha, que acabó dando como resultado la constitución en 1976 del que se daría en llamar Equipo B. Fundado como una fuente rival de información de inteligencia (la CIA era el equipo A), el Equipo B operaba a través del Consejo Asesor de Inteligencia Exterior del presidente y estaba organizado en tres secciones, dedicadas cada una de ellas a las capacidades soviéticas de defensa aérea a baja altitud, a los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) soviéticos y a la estrategia soviética, respectivamente. La formación de ése Equipo B contó con la oposición de William Colby, director de la CIA, pero cuando George Bush padre accedió a la dirección de la Agencia en 1976, el equipo fue puesto en marcha con el respaldo del presidente Gerald Ford. El Equipo B estaba compuesto por miembros de la línea dura de oposición a la distensión y al control de armamentos. Entre sus miembros clave se encontraban Paul Wolfowitz, Richard Pipes (historiador de Harvard experto en Rusia) y Edward Teller (físico nuclear, llamado a veces "padre de la bomba H" por su participación en el Proyecto Manhattan en el que se desarrollaron las primeras armas nucleares, que se convertiría posteriormente en firme defensor de la Iniciativa de Defensa Estratégica conocida como "Guerra de las Galaxias"). El Equipo B evidenció algunos de los rasgos perdurables del pensamiento neoconservador. Desconfiaba de las investigaciones empíricas, por los que rechazaba análisis como las que llevaban a cabo la CIA y otras agencias de inteligencia estadounidenses alegando que las pruebas disponibles -tanto las obtenidas a partir de fuentes públicas como las adquiridas a través de canales encubiertos- eran susceptibles de constituir fuentes de desinformación y no podían utilizarse como una guía fiable de las capacidades o las intenciones soviéticas" (Gray, pp. 185, 186). Aquél bien podía ser un eco de la visión paranoica del mundo que se atribuyó a James Jesus Angleton, quien fuera durante un tiempo jefe de contrainteligencia de la CIA. Influido por el desertor de la KGB Anatoli Golitsin, Angleton se convenció de que la Unión Soviética llevaba años embarcada en una campaña mundial de engaño estratégico mediante la que pretendía proyectar una falsa imagen de debilidad propia. Para Angleton la información de inteligencia constituía una rama de la epistemología. De lo que se trataba, según él, era de descubrir la verdad sobre las auténticas condiciones soviéticas, pero, en vista del dilatado historial de desinformación sobre la URSS, se hacía necesario dejar en suspenso las reglas normales de evaluación de las pruebas. Cualquier intento de valoración de la conducta soviética utilizando métodos empíricos convencionales no haría más que conducir a una "selva de espejos". En ése ámbito, pues, era imposible dar crédito a nada, ya que hasta los propios hechos podían haber sido puestos allí a propósito. Partiendo de semejante convicción, Angleton instigó unas lacerantes cazas de topos dentro de la propia Agencia y efectuó acusaciones descabelladas contra varios máximos dirigente occidentales. Desacreditado dentro de la CIA, Angleton acabó dimitiendo en diciembre de 1974. A consecuencia del menosprecio que sentían por la investigación empírica, el Equipo B carecía de procedimientos para comprobar sus valoraciones. De resultas de ello, distaban mucho de acertar en sus apreciaciones. La doctora Anne Cahn, que trabajó en la Agencia Estadounidense de Desarme y Control de Armamentos entre 1977 y 1980, y que, tras examinar las evaluaciones realizadas por el equipo, las consideró "totalmente equivocadas", ha explicado que el Equipo B llegó a creer que el hecho de no haber detectado que los soviéticos tuvieran algún sistema antisubmarino no acústico suponía una prueba de la alta posibilidad de que tal sistema existiera. Una metodología así no contempla ningún medio alguno de detectar la desinformación real. El Equipo B era pues vulnerable por ése flanco y su creencia en la superioridad militar de los soviéticos respondía en parte al engaño en el que vivían por culpa de la leyenda negra promovida por la propia CIA. No hay duda de que el complejo militar-industrial soviético existía y era enorme, pero estaba formado, en su mayor parte, por una industria envejecida y "oxidada", como el resto de la economía soviética. La realidad revelada tras la caída del comunismo en la URSS se reveló más cercana a las estimaciones serias de la CIA que a las historias que la propia CIA había fabricado en su momento para el consumo público. Los teóricos del engaño estratégico que formaban el Equipo B estaban entre las propias víctimas de dicho engaño. La desconsideración por las pruebas mostrada por el Equipo B era el reflejo de un rechazo sistemático del empirismo, y es aquí donde encontramos una conexión con Strauss. Abram Shulsky y Gary Schmitt han atacado continuamente las agencias de inteligencia estadounidenses invocando el método de interpretación hermenéutica practicado por Leo Strauss, por considerarlo una alternativa superior a los métodos empíricos. Shulsky fue alumno de Strauss y, en un artículo del que él y Schmitt fueron autores sobre "Leo Strauss y el mundo de la "inteligencia" (con la que no nos referimos al nous)", sugirió que la doctrina de Strauss sobre el significado oculto de los textos "nos alerta de la posibilidad de que la vida política esté muy ligada al engaño, De hecho, da a entender que éste, el engaño, constituye la norma". Pese a advertir que Strauss no había escrito nada sobre los servicios o la información de inteligencia, sostenían que la perspicacia de éste en su análisis de las formas de funcionamiento de diferentes sistemas políticos demostraba la limitada utilidad de la ciencia social en las labores de inteligencia. Según Schmitt y Shulsky, Strauss descartaba que la política pudiera ser entendida a través de "un método empírico que observara el comportamiento, lo computara, calculara correlaciones entre acciones concretas y rasgos concretos del contexto en el que aquéllas se había producido, etc.", porque afirmaba que "el régimen moldea la acción política de un modo tan fundamental que hasta las almas de las personas parecen diferir en función del sistema". Los autores del artículo también sostenían que no entender ésto había perjudicado la política desarrollada por Estados Unidos durante la Guerra Fría: cuando "los analistas de la inteligencia estadounidense eran en general reacios a creer que la Unión Soviética o cualquier otro Estado comunista pudiera engañarlos sobre ninguna cuestión de importancia más o menos crítica. La historia ha demostrado que ésa era una perspectiva extremadamente ingenua". Desde ése punto de vista, sólo un método que permita a los analistas escudriñar el alma puede proporcionar la orientación necesaria para desarrollar políticas eficaces. Cuando Schmitt y Shulsky decían rechazar la investigación empírica, en realidad estaban confundiendo la crítica del cientificismo con el rechazo de las pruebas en sí. El ataque de Strauss contra quienes creían que era posible estudiar la sociedad con los métodos de la ciencia natural estaba bien fundado: "Las diferencias entre culturas, la singularidad de los procesos históricos y la amalgama que forman hechos y valores siempre harán que el estudio de la sociedad sea distinto de cualquier ciencia natural. Pero éso no significa que se pueda prescindir de los hechos sin más. Al inicio de su artículo sobre Strauss y la información de inteligencia, los autores admiten que su tema "debe de parecer muy extraño a primera vista", y que el vínculo entre el tumultuoso mundo de las espías y la parafernalia de los servicios secretos, por un lado, y la calmada vida de la academia y la inmersión en los textos antiguos, por el otro", dista mucho de ser evidente. Desde luego, no parece muy probable que tan excéntrica técnica de interpretación textual pueda ayudar en la recopilación de información de inteligencia. Y, sin embargo, un método muy parecido fue el que se usó en los más altos niveles del gobierno estadounidense. El asesor de Bush que tanto se burló de la que él llamaba "comunidad basada en la realidad" que cree que "las soluciones van a surgir estudiando con criterio la realidad perceptible como quien no quiere la cosa" -el mismo que alardeó de que "el mundo ya no funciona así; ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad"- no hizo otra cosa posiblemente que dar rienda suelta al estúpido triunfalismo que tan habitual fue entre los neoconservadores en un determinado momento. Pero, por otra parte, sus palabras también evidenciaban una visión de la verdad que condicionó muy directamente algunas de las políticas más desacertadas de la administración estadounidense y que tanto Schmitt como Shulsky compartían. Es imposible facilitar una relación completa de la desinformación que ha rodeado y rodea la guerra de Irak. Tal vez tardemos muchos años en conocer toda la historia. Lo que sí podemos hacer es ilustrar la actitud (hierática e instrumental al mismo tiempo) frente a la verdad que inspiró algunos de los más importantes episodios de engaño. Quienes planearon y organizaron la guerra de Irak estaban convencidos de que sabían la verdad y de que, mintiendo a los demás, no hacían más que favorecer ésa verdad. Pero la fe que tenían en su propia capacidad para descifrar el significado oculto de los hechos era un engatusamiento que muy posiblemente les llevó a engañarse a sí mismos. Podemos ver ése proceso en el funcionamiento de un órgano que se estableció bajo la dirección de Abram Shulsky con el fin de proporcionar información de inteligencia que respaldara la decisión de ir a la guerra de Irak" (Gray, pp. 188, 189, 190).

Hal Hefner ©

Los neocons con Kamala.

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Abram Shulsky había sido miembro del Comité del Senado sobre Servicios de Inteligencia a principios de la década de 1980 y había ocupado un puesto en el Pentágono durante la administración Reagan a las órdenes de Richard Perle. En 2002 fue nombrado director de la Oficina de Planes Especiales (OSP), una unidad del Pentágono creada por Paul Wolfowitz y Donald Rumsfeld que respondía directamente ante el subsecretario de Defensa de Bush, Douglas Feith (un protegido de Richard Pipes y de Richard Perle). Aún hoy se conoce muy poco de la labor llevada a cabo en dicha Oficina de Planes Especiales. George Packer, autor de un examen exhaustivo de las maquinaciones que condujeron a la guerra, ha escrito que, "para la Oficina de Planes Especiales, el secretismo era más que conveniente. Podría decirse incluso que era algo metafísicamente necesario". Siguiendo los herméticos métodos de Shulsky, la OSP rechazó los procedimientos establecidos para la evaluación de información de inteligencia y "cocinó" su propia versión de los hechos para consumo directo de la Casa Blanca. Como otrora sucediera con el Equipo B, la OSP tenía una agenda bien definida en la que destacaba el descrédito y la sustitución de la información de inteligencia suministrada por la CIA y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA). La OSP se convirtió en la principal fuente de las alegaciones (referidas al peligro de las armas de destrucción masiva de Sadam y a los vínculos de éste con Al Qaeda) que Bush utilizó para justificar el ataque contra Irak. Respondiendo, en parte, a las críticas recibidas por su papel en la guerra, la unidad cambió de nombre en julio de 2003, cuando recuperó su denominación original de Oficina de Asuntos del Golfo Norte. La OSP parece haber cobrado nueva vida recientemente. A mediados del 2006, el Pentágono creó una "Dirección General para Asuntos Iraníes" de la que se encargan varios veteranos de la OSP, incluido el ex director de ésta, Abram Shulsky. "Más o menos por ésas mismas fechas, la "sección iraní" del Departamento de Estado -que está directamente bajo las órdenes de Elizabeth Cheney, hija del vicepresidente del país- incrementó su personal hasta alcanzar la categoría de grupo de trabajo. Los rasgos distintivos de la OSP era su adhesión a una visión del mundo fijada con anterioridad a la indagación empírica, su elevada dependencia de la información proporcionada por el CNI de Chalabi y su estrecha vinculación con el vicepresidente Dick Cheney. El principal resultado de todo ello fue que la política exterior estadounidense quedó a merced de la información de inteligencia no verificada que suministraban las fuentes del CNI. El CNI presentó a varios desertores iraquíes que, en sus extensos testimonios, alegaron que Sadam estaba en posesión de armas de destrucción masiva. Tales alegaciones no sólo fueron rebatidas por la CIA, sino que también contradecían las pruebas obtenidas por los inspectores de armamento de la ONU en aquel país. Pero fueron empleadas reiteradamente por Cheney y el presidente Bush para justificar la necesidad de ir a la guerra hasta que fue ya imposible negar durante más tiempo la ausencia de ADM en Irak. La Casa Blanca estaba informada por la CIA de que jamás había habido encuentro alguno en Praga entre Mohamed Atta y la inteligencia iraquí. La Agencia Internacional de la Energía Atómica y el Departamento de Energía estadounidense ya habían explicado que los tubos de aluminio mencionados "no eran directamente apropiados" para el enriquecimiento de uranio. Lo que el vicepresidente hacía en aquel momento, pues, no era seleccionar entre las diversas informaciones de los servicios de inteligencia, sino rechazarlas y sustituirlas por cualquier otro rumor interesado que pudiera servir mejor a su versión de los hechos. Como Bush, el vicepresidente desestimó datos conocidos porque no apoyaban una decisión –la de ir a la guerra- que ya estaba tomada. Cuando Bush y Cheney rechazaban informaciones de inteligencia que contradecían los motivos que ellos habían dado para ir a la guerra, ni ellos ni sus asesores de la OSP entendían que estuviesen ocultando la verdad. Al igual que Blair, cuando defendió la necesidad de ir a la guerra sobre la base de la desinformación existente en Gran Bretaña, aquellos hombres estaban promoviendo la que consideraban una verdad más elevada. En su libro Silent Warfare, Schmitt y Shulsky dejaron muy claro que "la verdad no es el fin de las labores de inteligencia", sino la "victoria". En el fondo, a sus ojos la victoria era lo mismo que la verdad: no la verdad que habitualmente entendemos como tal, sino la verdad esotérica que se oculta tras el engañoso espejo de los hechos. El problema de semejante metodología es que dejaban a quienes la practicaban a merced del engaño contra el que ellos mismos advertían. Imagina que eres un agente de inteligencia y que tienes todas las facultades del gobierno para sacar información de la manera que prefieras, ¿ésa información es la verdad? No, la verdad es un problema epistemológico y la información sólo es inteligencia procesable, aunque una persona tenga la intención de decir voluntariamente la verdad, sólo será una representación de la verdad; igual que cuando una persona de forma voluntaria genera una representación de la mentira. La verdad científica se somete a un método que descarta una falsación. La verdad filosófica se somete a su propio método filosófico y queda constreñido en su tradición epistemológica. En resumen, una persona puede vivir en la mentira si no cuestiona sus representaciones. En las elecciones de 2016 y 2024, Donald Trump tenía en contra a Hillary Clinton, Bill Clinton, Joe Biden, Kamala Harris, George Bush, Barack Obama, Michelle Obama, Michael Bloomberg, Bill Gates, George Soros, Colin Powell, Condoleezza Rice, Dick Cheney, Liz Cheney, Barbara Pierce Bush, Arnold Schwarzenegger, MSNBC, CNN, CBS, ABC, la academia progresista, el aparato industrial-militar y Hollywood. Trump movió la agenda política a tal grado que la clase trabajadora y los sindicalistas abandonados por los demócratas y los medios progresistas lo apoyaron y más de 100 exfuncionarios de la era Ronald Reagan, Bill Clinton, George H. W. Bush, George W. Bush, Barack Obama y Trump apoyaban a Kamala. Carta: Declaración de apoyo de exlíderes republicanos de seguridad nacional a la vicepresidenta Kamala Harris: "Somos ex funcionarios de seguridad nacional y política exterior que prestamos servicios en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan, George H. W. Bush, George W. Bush y/o Donald Trump, o como miembros republicanos del Congreso. Hemos trabajado en la Casa Blanca, los Departamentos de Defensa, Tesoro, Estado, Justicia, Seguridad Nacional, Comercio y otras agencias, y en el Congreso. Creemos que el presidente de los Estados Unidos debe ser un líder serio, firme y con principios que pueda promover y defender la seguridad y los valores estadounidenses, fortalecer nuestras alianzas y proteger nuestra democracia. Esperamos estar en desacuerdo con Kamala Harris en muchas cuestiones de política interior y exterior, pero creemos que ella posee las cualidades esenciales para ejercer como presidenta y Donald Trump no. Por lo tanto, apoyamos su elección como presidenta. Nos oponemos firmemente a la elección de Donald Trump. Como presidente, promovió el caos diario en el gobierno, elogió a nuestros enemigos y socavó a nuestros aliados, politizó a las fuerzas armadas y menospreció a nuestros veteranos, priorizo su interés personal por encima de los intereses estadounidenses y traicionó nuestros valores, la democracia y los documentos fundacionales de éste país. En nuestra opinión, al incitar al violento ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021 y defender a quienes lo cometieron, ha violado su juramento de cargo y ha puesto en peligro a nuestro país. Como ha dicho el ex vicepresidente Pence, "cualquiera que se ponga a sí mismo por encima de la Constitución nunca debería ser presidente de los Estados Unidos". La susceptibilidad de Donald Trump a los halagos y la manipulación de Vladimir Putin y Xi Jinping, su inusual afinidad con otros líderes autoritarios, su desprecio por las normas de conducta decente, ética y legal y su caótica toma de decisiones en materia de seguridad nacional son cualidades peligrosas, como han testificado con frecuencia muchos honorables colegas republicanos y oficiales militares que ocuparon altos cargos en materia de seguridad nacional durante su administración. Trump no está en condiciones de volver a ser presidente ni de ocupar ningún cargo de confianza pública. La vicepresidenta Harris ha demostrado su compromiso con la defensa de los ideales que definen a nuestra nación: la libertad, la democracia y el estado de derecho. Su experiencia como fiscal general de California y su liderazgo en el Comité Selecto de Inteligencia del Senado y como vicepresidenta la han ayudado a prepararse para ser presidenta. Estamos dispuestas a apoyarla como Presidenta porque ella: 1) Defendió constantemente el estado de derecho, la democracia y nuestros principios constitucionales; 2) Se comprometió a "garantizar que Estados Unidos siempre tenga la fuerza de combate más poderosa y letal del mundo" y a honrar y respetar a quienes visten el uniforme; 3) Se comprometió a firmar el paquete bipartidista de seguridad fronteriza, elaborado bajo el liderazgo del senador republicano James Lankford y otros republicanos, que contrataría a 1.500 nuevos agentes de Aduanas y Protección Fronteriza y proporcionaría más recursos para la aplicación de la ley, pero que fue rechazado por Donald Trump para evitar darle al presidente Biden cualquier ventaja política; 4) Apoyó una OTAN fuerte para hacer frente a Rusia y proteger la seguridad europea y estadounidense y se mantuvo firme en su apoyo a Ucrania; 5) Declaró su intención de garantizar que Estados Unidos esté a la altura de la competencia económica y militar con China; 6) Declaró su intención de "defender siempre el derecho de Israel a defenderse" y "tomar todas las medidas que sean necesarias para defender nuestras fuerzas y nuestros intereses contra Irán y los terroristas respaldados por Irán"; 7) Demostró que puede participar en la toma ordenada de decisiones sobre seguridad nacional, sin el drama constante y la rotación del Gabinete de la administración Trump; y 8) Se comprometió a nombrar a un republicano en su gabinete para fomentar la diversidad de opiniones y restablecer una medida de bipartidismo y cortesía en nuestra política interna. Entendemos que muchos republicanos prefieren a Donald Trump antes que a Kamala Harris por diversas razones. Reconocemos y no desestimamos sus posibles preocupaciones, incluidas algunas de las posiciones defendidas por el ala izquierda del Partido Demócrata. Pero cualquier posible preocupación palidece en comparación con el comportamiento caótico y poco ético demostrado por Donald Trump y su desprecio por los principios probados de gobernanza constitucional de nuestra República. Su naturaleza impredecible no es la virtud negociadora que ensalza. Por el contrario, en materia de seguridad nacional, su comportamiento invita a un comportamiento igualmente errático de nuestros adversarios, lo que amenaza irresponsablemente con consecuencias globales temerarias y peligrosas. En resumen, no se puede confiar en que Donald Trump "apoye y defienda la Constitución de los Estados Unidos contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales… y mantenga una verdadera fe y lealtad hacia ella". Creemos que Kamala Harris puede hacerlo, e instamos a otros estadounidenses a que se unan con nosotros para apoyarla": Admiral Steve Abbot (USN, Former Deputy Homeland Security Advisor, George W. Bush); Kenneth Adelman (Former Director, Arms Control and Disarmament Agency, Reagan Administration); Dr. Carol C. Adelman (Former Assistant Aministrator, United States Agency for International Development, Reagan Administration); Major General John Barry (USAF, Former Military Assistant to the Secretary of Defense); Richard C. Barth (Former Assistant Secretary, Department of Homeland Security, George W. Bush Administration); Cristopher Barton (Former Director, National Security Council Staff); John Bellinger (Former Legal Adviser, National Security Council, George W. Bush Administration); Admiral Kenneth Bernard (Former Special Assistant to the President, George W. Bush Administration); Mark E. Bitterman (Former Special Assistant to the Secretary of Defense, George H. W. Bush Administration); Robert D. Blackwill (Former Deputy National Security Advisor and Ambassador to India, George W. Bush Administration); William Bodie (Former Assistant to the Air Force, George H. W. Bush Administration); Christian ML Bonat (Former Deputy General Counsel, Dept. of Defense, George W. Bush Administration and Barack Obama Administration); Richard Boucher (Former Assistant Secretary of State, George W. Bush Administration); Charles W. Boustany, Jr. (Former Member of Congress, Louisiana); Charles R. Bowers (Former U.S. Ambassador to Bolivia, George H. W. Bush Administration); Greg Bower (Former Assistant Director, Federal Bureau of Investigation, Obama and Trump Administrations); Christopher Bucley (Former Chief Speechwrite, Office of Vice President George W. Bush); James R. Bullington (Former U.S. Ambassador to Burundi, Reagan Administration); Richard Burt (Former U.S. Ambassador to Germany, Reagan Administration); Gahl Hodges Burt (Former Assistant to the Secretary of State, Reagan Administration); Rear Admiral Fred Byus (U.S. Navy); Kevin Carroll (Senior Counselor to the Secretary of Homeland Security, Donald Trump Administration); Jack C. Chow (Former Deputy Assistant Secretary of State, George W. Bush Administration); James W. Cicconi (Former Assistant to the President & Deputy to the Chief of Staff, The White House, George H. W. Bush Administration); Peggy Cifrino (Former Deputy Chief of Staff to Secretary of State Colin L. Powell, George W. Bush Administration); Eliot A. Cohen (Former Counselor of the Dept. of State, George W. Bush Administration); Benedict S. Cohen (Former General Counsel, Dept. of the Army, George W. Bush Administration); William Cohen (Former Secretary of Defense, Clinton Administration, and U.S. Senator, Maine); Joseph J. Collins (Former Deputy Assistant Secretary of Defense, George W. Bush Administration); Barbara Comstock (Former Member of Congress, Virginia); Cindy Courville (Former Ambassador to the African Union and Special Assistant to the President for National Security Affairs for Africa, George W. Bush Administration); Chester A. Crocker (Former Assistant Secretary of State, Reagan Administration); Patrick M. Cronin (Former Assistant Administrator, United States Agency for International Development, George W. Bush Administration); Stephen W. De Vine (Former Deputy Legal Advisor, National Security Council, George W. Bush Administration); Charles Djou (Former Member of Congress, Hawaii); Michael Donley (Former Secretary of the Air Force, George W. Bush Administration and Barack Obama Administration); Raymond F. DuBois (Former Acting Under Secretary of the Army, George W. Bush Administration); Martha E. Duncan (Former Senior Executive Service, Dept. of Defense, George W. Bush Administration and Barack Obama Administration); Lewis A. Dunn (Former Assistant Director, Arms Control and Disarmament Agency, Reagan Administration); Eric S. Edelman (Former Under Secretary of Defense, George W. Bush Administration); Mickey Edwards (Former Member of Congress, Oklahoma); Richard A. Falkenrath (Former Deputy Assistant to the President, George W. Bush Administration); Jendayi E. Frazer (Former Ambassador to South Africa and Assistant Secretary of State for African Affairs, George W. Bush Administration); Aaron L. Friedberg (Former Deputy Assistant to the Vice President, George W. Bush Administration); William Gaches (Former Director of Counterterrorism, National Security Agency, George W. Bush Administration); Janice Gardner (Former Assistant Secretary of the Treasury, George W. Bush Administration); Stuart M. Gerson (Former Acting Attorney General of the United States, George W. Bush Administration); James K. Glassman (Former Under Secretary of State, George W. Bush Administration); Jon D. Glassman (Former Deputy National Security Advisor to the Vice President and Ambassador to Paraguay, George H. W. Bush Administration); David Gordon (Former Director, State Dept. Policy Planning, George W. Bush Administration); Sen. Chuck Hagel (Former Secretary of Defense, Obama Administration, and former U.S. Senator, Nebraska); Christopher Hankin (Former Deputy Assistant Secretary of State; Reagan, George H. W. Bush, and Clinton Administrations); Mark Harvey (Former Special Assistant to the President, Trump Administration); General Michael V. Hayden (Former Director of the Central Intelligence Agency and the National Security Agency, George H. W. Bush Administration and Barack Obama Administrations); Carla Hills (Former U.S. Trade Representative, George H. W. Bush Administration); Seth Hurwitz (Former Counsel, President´s Intelligence Oversight Board, George H. W. Bush Administration); Peter Keisler (Former Acting Attorney General of The United States, George W. Bush Administration); James A. Kelly (Former Assistant Secretary of State, George W. Bush Administration); Adam Kinzinger (Former Member of Congress, Illinois); Sofia Kinzinger (Former Deputy Assistant Secretary, Dept. of Homeland Security, Trump); Michael V. Kostiw (Senior Advisor to the Directional of National Intelligence, Trump Administration; Republican Staff Director, Senate Armed Services Committee; Senior Advisor to the Director of the Central Intelligence Agency, George W. Bush Administration); Kenneth J. Krieg (Former Under Secretary of Defense, George W. Bush Administration); James R. Kunder (Former Deputy Administrator, United States Agency for International Development, George W. Bush Administration); Brigadier General George Landis, USA (Former Commander, United States Personnel Information Systems Command); Frank Lavin (Former Ambassador to Singapore and Former Under Secretary of Commerce, George W. Bush Administration); Peter Lichtenbaum (Former Assistant Secretary of Commerce, George W. Bush Administration); Rear Admiral David M. Lichtman, MD, USN (Former Commander, National Naval Medical Center, Bethesda, George H. W. Bush and Clinton Administrations); Winston Lord (Former U.S. Ambassador to China, Reagan and George H. W. Bush Administrations); Steven R. Mann (Former Ambassador to Turkmenistan and Former Principal Deputy Assistant Secretary in the State Dept., Clinton and George W. Bush Administrations); Walter B. McCormick, Jr. (General Counsel, Department of Transportation; Chief Legal Officer and Judge Advocate General, U.S. Coast Guard, George H. W. Bush Administration); Colonel John W. McDonald (Former Deputy Under Secretary of the Army); P. Michael McKinley (Former Ambassador to Peru, George W. Bush Administration; Former Ambassador to Colombia and Afghanistan, Barack Obama Administration; Former Ambassador to Brazil, Donald Trump Administration); Dan Miller (Former Member of Congress, Florida); John M. Mitnick (Former General Counsel, Dept. of Homeland Security, Trump Administration); Allen Moore (Former Under Secretary of Commerce, Reagan Administration); Alberto Mora (Former General Counsel, U.S. Information Agency, George H. W. Bush Administration; Former General Counsel, Dept. of the Navy, George W. Bush Administration); Kenneth Mortensen (Former Associate Deputy Attorney General, George W. Bush Administration); Vice Admiral Charles L. Munns (U.S. Navy, George W. Bush Administration); John D. Negroponte (Former Director of National Intelligence and Former Deputy Secretary of State, George W. Bush Administration); Elizabeth Neumann (Former Assistant Secretary of Homeland Security, Trump Administration); Sean O´ Keefe (Former Secretary of the Navy, George H. W. Bush Administration; Former NASA Administrator, George W. Bush Administration); Bill Paxon (Former Member of Congress, New York); William R. Pekney (Former CIA Chief of Station, Reagan Administration); Daniel M. Price (Former Deputy National Security Advisor, George W. Bush Administration); Alan Charles Raul (Former Vice Chairman, White House Privacy and Civil Liberties Oversight Board, George W. Bush Administration); Victor Reis (Former Director, Defense Advanced Research Projects Agency, George H. W. Bush Administration); Robert Annan Riley (Former Ambassador to Micronesia, Trump Administration); Paul Rosenzweig (Former Deputy Assistant Secretary of Homeland Security, George W. Bush Administration); Charles O. Rossotti (Former Principal Deputy Assistant Secretary of Defense; Former Commissioner of the Internal Revenue Service, Clinton and George W. Bush Administrations); Nicholas Rostow (Former National Security Council Legal Adviser, Reagan and George H. W. Bush Administration); Kori Schake (Former Deputy Director of Policy Planning, State Dept., George W. Bush Administration); Dr. Wayne A. Schroeder (Former Deputy Under Secretary of Defense, George W. Bush Administration); Gregory L. Schulte (Former Senior Director, National Security Council Staff and Ambassador to the International Atomic Energy Agency, George W. Bush Administration); Robert Shanks (Former Deputy Assistant Attorney General, Reagan Administration); Rep. Christopher Shays (Former Member of Congress, Connecticut); John Simon (Former Senior Director, National Security Council Staff and Ambassador to the Africa Union, George W. Bush Administration); Stephen Slick (Former Senior Director, National Security Council Staff, George W. Bush Administration); Mark C. Storella (Former U.S. Ambassador to Zambia, Obama Administration); William H. Taft IV (Former Deputy Secretary of Defense and Ambassador to NATO, George W. Bush Administration); Miles Taylor (Former Chief of Staff, Dept., of Homeland Security, Trump Administration); Larry D. Thompson (Former Deputy Attorney General, George W. Bush Administration); Jack Thomas Tomarchio (Former Principal Deputy Under Secretary of Homeland Security, George W. Bush Administration); Olivia Troye (Former Special Advisor to the Vice President, Trump Administration); Robert Tuttle (Former U.S. Ambassador to the United Kingdom, George W. Bush Administration); John K, Veroneau (Former Deputy U.S. Trade Representative and Former Assistant Secretary of Defense, George W. Bush and Clinton Administrations); Colonel Terry Virts, USAF (Former NASA Astronaut, Former Commander of the International Space Station); Dr. Thomas G. Ward, Jr. (Former Director of Threats, Ballistic Missile Defense Organization, Reagan and Clinton Administrations); Matthew C. Waxman (Former Principal Deputy Director, State Dept. Policy Planning, George W. Bush Administration): William H. Webster (Former Director of the Central Intelligence Agency and Federal Bureau of Investigations, Reagan and George H. W. Bush Administrations); William F. Weld (Former Assistant Attorney General, Criminal Division, Reagan Administration); J. Robinson West (Former Assistant Secretary of Interior, Reagan Administration); Wendell L. Willkie II (Former General Counsel, Dept. of Commerce, George H. W. Bush Administration); Philip Zelikow (Former Counselor of the Dept. of State, George W. Bush Administration); Robert B. Zoellick (Former Deputy Secretary of State and U.S. Trade Representative, George W. Bush Administration; White House Deputy Chief of Staff and Under Secretary of State, George H. W. Bush Administration; Counselor to Secretary James Baker, Treasury Department, Ronald Reagan Administration).

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Autor del texto: Armando Ossorio ©

XPOFERENS

 

"Pero ¿cómo va a ser transgresor vender calzado deportivo? Para comprender la respuesta, conviene fijarse bien en la primera entrega de la trilogía Matrix. Se ha escrito mucho sobre la "filosofía Matrix", casi siempre erróneamente. Para entender la doctrina central hay que acudir a la escena de la primera película en que el personaje Neo ve al Conejo blanco. Cuando da un libro a su amigo, en el lomo aparece el título Simulacra and Simulation, de Jean Baudrillard. Muchos críticos creyeron ver ahí la idea central de Matrix. La película retrata un complejo mundo ilusorio que engaña a nuestro cerebro mediante unas máquinas sensoriales que nos convencen de que vivimos e interactuamos en un mundo de objetos físicos, es decir, un experimento mental que sería una versión actualizada del escéptico "¿Cómo sabemos que no lo estamos soñando?", de René Descartes. Ésta interpretación es errónea. Matrix no pretende ser una representación de un dilema epistemológico. Es una metáfora de una idea política que tiene sus orígenes en la década de 1960. Parte de una idea que tuvo su máxima expresión en la obra de Guy Debord, el fundador no oficial de la Internacional Situacionista, y en la de su discípulo Jean Baudrillard. El marxista radical Debord escribió La sociedad del espectáculo y fue uno de los principales instigadores del mayo del 68 francés. Su tesis era sencilla: el mundo en el que vivimos no es real. El capitalismo consumista fagocita todas las experiencias humanas auténticas, las transforma en un producto consumible y nos la revende a través de la publicidad y los medios de comunicación. Convierte todos los componentes de la vida humana en un "espectáculo" en sí mismo, es decir, un sistema de símbolos y representaciones gobernado por su propia lógica interna. "El espectáculo sufre tal grado de acumulación que se convierte en una imagen", escribió Debord".


Hal Hefner ©

"En otras palabras, vivimos en un mundo de ideología total en el que estamos totalmente alienados de nuestra naturaleza esencial… En semejante mundo, la tradicional preocupación por la igualdad y la abolición de la sociedad de clases se queda pasada de moda. En la sociedad del espectáculo, el nuevo revolucionario debe buscar dos cosas: "la conciencia del deseo y el deseo de la conciencia". Es decir, debemos hallar formas de placer independientes de las necesidades que nos impone el sistema y debemos despertar de la pesadilla del "espectáculo". Como hace Neo, tenemos que elegir la píldora roja. En resumen, tratándose de rebeldía y activismo político, es inútil intentar cambiar los pequeños detalles del sistema. ¿Qué importa quién sea rico y quién sea pobre? ¿Qué importa quién tenga derecho al voto y quién no? ¿Qué importa quién tenga un mayor acceso a los empleos y las oportunidades? Todo ello es sólo una ilusión efímera. Y si los productos son sólo imágenes, ¿a quién le importan que unas personas tengan más y otras menos? Lo importante es reconocer que toda la cultura, toda la sociedad, es una pesadilla que debemos rechazar por completo. Evidentemente, ésta idea tiene poco de original. En La República, Platón comparaba nuestra vida terrenal con una cueva llena de prisioneros que, encadenados al suelo, sólo ven sombras reflejadas en la pared a la luz de una hoguera. Cuando uno de los prisioneros escapa y sale a la superficie, descubre que el mundo en que había vivido era una pura ilusión. Regresa a la cueva para dar la buena nueva a sus compañeros, pero éstos siguen enzarzados en sus mezquinas discusiones. Desconcertado, al recién liberado le resulta difícil tomarse en serio todos éstos tejemanejes "políticos". Siglos después, los primeros cristianos se valdrían de ésta historia para explicar la Crucifixión de Jesús".


Hal Hefner ©

"Antes de éste suceso, se daba por ello que la llegada del Mesías supondría la creación del reino de Dios en la Tierra. Como es de suponer, la muerte de Jesucristo acabó con éstas expectativas. Por tanto, algunos de sus seguidores optaron por reinterpretar éstos hechos como una señal de que el verdadero reino no debía estar en éste mundo, sino en el más allá. Mantenían que Jesucristo había resucitado para comunicar ésta noticia, como el prisionero de Platón que regresaba a la cueva. Así que la idea de que vivimos en un mundo ilusorio no es nueva. Lo que sí cambia, sin embargo, es la mentalidad popular a la hora de afrontar éste engaño. Platón no tenía ninguna duda de que liberarse implicaba décadas de estudio y reflexión filosófica. Para los cristianos era aún más difícil: sólo la muerte nos daba acceso al "verdadero" mundo ulterior. Sin embargo, Debord y los situacionistas opinaban que el velo de la ilusión se podía traspasar mucho más fácilmente. Bastaría con una ligera disonancia cognitiva, una señal de que algo no funcionaba en el mundo que nos rodea. Ésto lo podía producir una obra de arte, un acto de protesta o incluso una prenda de ropa. Y precisamente de aquí surge la idea del bloqueo cultural. El activismo político tradicional es inútil. Dado que la cultura no es más que ideología, la única manera de liberarse y liberar a los demás es resistirse a la cultura en su totalidad. De ahí nace la idea de la contracultura. En la película Matrix, los habitantes de Sión son la versión actual del rebelde contracultural de la década de 1960. Son ellos los que han "despertado", los que se han liberado de la tiranía de las máquinas. Y, desde éste punto de vista, el enemigo es todo aquel que se niegue a despertar, que insista en someterse a la cultura. En otras palabras, el enemigo es la sociedad convencional".

 

Joseph Heath & Andrew Potter.

Rebelarse vende. El negocio de la contracultura.

TAURUS.


 "Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".



Okita Rinka ©

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