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Bachahs
Bazis de Afganistán.
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Ali Abdi en "El
Bachah afgano y sus descontentos: una introducción a la historia" (IRANIAN
STUDIES, 2023), identifica que Afganistán es uno de los pocos lugares donde la
categoría de bachah –el joven
imberbe- ha conservado sus aspectos estéticos y eróticos en el imaginario
público. Éste artículo ofrece una introducción a la historia de las diversas
modalidades de relaciones entre hombres y bachah
en Afganistán desde el auge del reino afgano a finales del siglo XVIII.
Mediante el análisis de fuentes primarias y secundarias, junto con materiales
etnográficos recopilados durante el trabajo de campo en Afganistán entre 2016 y
2021, éste artículo muestra como el contenido y las implicaciones de la categoría
bachah han estado en constante
evolución y estrechamente vinculados a desarrollos sociales, políticos y
económicos más amplios, tanto dentro como fuera del país. Hasta siglos
recientes, si no décadas recientes, los jóvenes imberbes habían sido figuras
sociales distintivas en diversas sociedades y culturas. Tan sólo en el mundo
islámico, durante más de un milenio, los adolescentes varones habían sido
objeto de deseo para los hombres adultos, y las relaciones transgeneracionales
entre hombres mayores y jóvenes no eran infrecuentes. De hecho, fue sólo tras
el encuentro colonial y a través de diversos procesos de modernización que
dichas figuras y relaciones comenzaron a perder su inteligibilidad social. El
surgimiento de nuevos regímenes de conocimiento en torno al género y las
expresiones sexuales "adecuadas" llevó las conductas homoeróticas
masculinas (y femeninas) más allá del ámbito de la decencia y la respetabilidad
social. A lo largo de los siglos XIX y XX, personajes ingeniosos y juguetones,
como köçek, el joven bailarín de la
Turquía otomana, o amrad, el bello
imberbe de Irán, fueron disminuyendo gradualmente en sus sociedades o se
fusionaron con otras categorías de personalidad. En cambio, Afganistán es uno
de los pocos lugares donde la categoría bachah
–el joven imberbe- ha sobrevivido y mantenido sus aspectos estéticos y eróticos
en el imaginario público. La gran cantidad de canciones populares, chistes,
historias humorísticas e insultos con bachah
como tema constitutivo apunta a la vitalidad de éste personaje en el contexto
cultural afgano. En éste artículo presento una introducción a la historia de
las diversas posibilidades y características de las relaciones entre hombre-bachah en Afganistán desde el
auge del reino afgano a finales del siglo XVIII. Al hacerlo, me pregunto: ¿Qué
significados e implicaciones ha invocado el bachah
en la historia reciente de Afganistán, y qué discursos y prácticas ha suscitado
a lo largo de éstas turbulentas décadas? Los análisis aquí presentados se basan
en fuentes primarias y secundarias de los últimos 200 años, así como en
historias que recopilé durante mi trabajo de campo en Afganistán entre 2016 y
2012. Por lo tanto, éste artículo no pretende reemplazar una investigación
histórica extensa, sino simplemente ofrecer esbozos de panoramas históricos,
por así decirlo. Las siguientes discusiones insinúan las costumbres sexuales y
de género de su época, ayudándonos a ubicar la figura del hombre imberbe en un
contexto temporal más amplio y a comprender su cambiante significado. Ante la
ausencia de trabajos académicos sobre la (homo)sexualidad y el homoerotismo
masculino en Afganistán, éste ensayo constituye un modesto intento de generar
mayor debate sobre el tema. Para ello, ésta investigación se divide en cinco
partes. En primer lugar, analizo un atroz incidente ocurrido entre dos
comunidades por el destino de un hombre imberbe en Kabul en 1803, del cual
extraigo varios temas relevantes. En segundo lugar, examino la institución de
los gholam-bachahs en la corte del emir
´Abd al-Rahman Khan (r. 1880-1901; escrito como ´Abdur Rahman Khan en fuentes
inglesas), el todopoderoso gobernante de Afganistán a finales del siglo XIX y
exploro sus implicaciones sociales y políticas. En tercer lugar, me centro en
el espectáculo de los chicos bailarines, posiblemente la manifestación más
conocida de bachah-bazi (relaciones
con bachahs) en Afganistán. En cuarto
lugar, analizo la vulnerabilidad de los bachahs
durante la guerra muyahidín de las décadas de 1980 y 1990, a lo que sigue, en
la quinta y última sección, una exploración de cómo la comunidad internacional
y la elite local abordaron las relaciones entre hombres mayores y jóvenes
después de 2001. Aunque las siguientes secciones están estructuradas
cronológicamente, me muevo con bastante libertad a través del tiempo para
destacar las continuidades y las rupturas. En términos más generales, muestro
cómo el contenido y las implicaciones de la categoría de bachah han estado en constante cambio y estrechamente conectados
con desarrollos sociales, políticos y económicos más amplios dentro y fuera de
Afganistán. El Amrad deshonrado: una
lucha sectaria. Escrito en la década de 1860 por el sultán Mohammad Khales,
Tarikh-e Soltani (Historia de los
Reyes) abarca la historia de los reyes afganos –sus ascensos y destituciones al
trono- hasta la muerte de Shah Shoja (fallecido en 1842). El libro está escrito
en prosa literaria y, hasta hace poco, fue una de las principales fuentes para
los historiadores de Afganistán. Entre las historias incluidas en el libro se
encuentra un relato del derrocamiento del Shah Mahmud (r. 1800-1803 y
1809-1818), cuarto gobernante del reino de Durrani, en 1803. Según Khales, un
hombre chií Qizilbash atrajo a un apuesto amrad
(joven imberbe) sunita tayiko a su casa e invitó a algunos amigos cercanos a bazm (evento festivo). Algunos hombres
Qizilbash se reunieron y embriagaron al "indefenso" (bicharah) amrad, cometiendo a la fuerza actos inapropiados (nashayestah) y despreciables (shani) durante días. Tras su liberación,
el joven acudió a su padre y le contó la historia, quien a su vez solicitó al
tribunal que Shah Mahmud castigara a los perpetradores. Sin embargo, dado que
los Qizilbash habían desempeñado un papel importante en la llegada al poder de
los durranis, Shah Mahmud se mantuvo neutral. Insatisfechos con la postura del
rey, los sunitas acudieron al prominente clérigo de la época. Mir Wa ez, quien
emitió un decreto religioso contra los Qizilbash, lo que desencadenó violencia
sectaria en Kabul. Según Khales, entre 3000 y 4000 personas de ambos bandos
eran asesinadas cada día. Los líderes tribales opositores de Shah Mahmud
aprovecharon ésta oportunidad y, por lo tanto, derrocaron al rey. No todos los
historiadores coinciden con la veracidad de ésta historia, y al menos un relato
apunta a una cadena de acontecimientos completamente diferente que condujo a la
primera lucha sectaria entre los chiítas Qizilbash y los sunitas en Kabul. Sin
embargo, más importante que la veracidad de la historia es la forma en que se
narra en Tarikh-e Soltani, ya que el
relato dilucida las normas sociales y culturales de la época en que se escribió
el libro y de la que se deriva toda la narrativa. Para empezar, el autor
presenta al joven sunita como tefl-e
sadah-ozar-e amrad (un adolescente imberbe y de mejillas suaves). Se dice
que su "belleza" (hons) era
ejemplar e inigualable, con un rostro "tan brillante como el día de la
consumación/unión (con la amada)" y un cabello "tan largo como la
noche de la separación". La historia incluye un poema del poeta persa del
siglo XIX Qa ani, que elogia la belleza del amrad
y alaba sus "nalgas regordetas", su "cintura estrecha",
sus "dulces palabras" y sus "modales rebeldes". Sólo
después de que los hombres Qizilbash lo obligan, el tono de la historia cambia
y el autor condena su despreciable comportamiento. Como revela la escritura de
Khales, un joven imberbe de mediados del siglo XIX en Afganistán podía ser
ávidamente elogiado y caracterizado por la belleza de sus labios, ojos,
mejillas, cabello, rostro, cintura, etc., sin que perdiera por ello
necesariamente su honor. Lo que provocó la condena no fue el elogio de su
belleza ni siquiera enamorarse de su atractivo y encanto; más bien, fue la
relación sexual (enérgica) y penetrante la que fue fuertemente reprendida y
caracterizada como "indecorosa" y "despreciable". De ésta
historia aprendemos que tales relaciones carnales estaban mal vistas y eran
severamente castigadas según las leyes religiosas y las normas sociales. Quizá
sea difícil para un lector contemporáneo imaginar cómo un hombre adulto podía
elogiar poéticamente las "nalgas regordetas" (farbeh sorin) de un joven sin tener fantasías sexuales con él, ya
que tales caracterizaciones explícitas de los órganos del cuerpo humano,
cargados de erotismo, parecen tener connotaciones sexuales. Sin embargo,
establecer una clara distinción entre una refinada sensibilidad estética hacia
los hombres imberbes, por un lado, y el inicio del contacto sexual con ellos,
por otro, ha funcionado históricamente como una excusa conveniente para la
permisibilidad de las relaciones transgeneracionales entre hombres. Si bien la
pederastia se ha considerado persistentemente un pecado grave en el islam y
entre los musulmanes, siempre ha habido mayor indulgencia en cuanto expresar
amor por varones adolescentes, especialmente si los amantes no caían en excesos
y continuaban cumpliendo adecuadamente con sus demás responsabilidades sociales
y familiares: "En ocasiones, expresar un amor apasionado pero casto hacia
jóvenes apuestos incluso se consideraba parte de un ideal más amplio de
sensibilidad refinada o, en círculos sufíes, "una forma de experimentar
personalmente la abrumadora belleza de Dios". Si la relación entre los
hombres de Qizilbash y el amrad
sunita tayiko hubiera permanecido oculta, tal vez no habría provocado la ira
pública ni la violencia subsiguiente. Lo que Stephen Murray caracteriza
acertadamente como "la voluntad de no saber" –o el ethos islámico de evitar el
reconocimiento público de las desviaciones de la norma- no se observó en éste
caso. En todo caso, hubo una voluntad colectiva de saber más e investigar el
asunto con más profundidad. De hecho, el abuso del amrad no sólo lo había deshonrado a él y a su familia inmediata.
Dado que también pertenecía a comunidades tayikas y sunitas más amplias, con
afiliaciones étnicas y religiosas diferentes a las de los chiítas no afganos
Qizilbash, el incidente se interpretó como una violación de la dignidad de los
afganos, quienes no toleraron ésta afrenta a su orgullo colectivo. El cuerpo
del amrad se convirtió, por lo tanto,
en un vehículo que expuso las tensiones políticas y religiosas existentes entre
los Qizilbash y los rivales del rey. Si los afganos hubieran permanecido en
silencio o mostrado cobardía ante tal vergüenza pública, habrían sido
considerados be-ghayrat, un término
controvertido que los afganos usan para referirse a los hombres incapaces de
defender su honor. Penetrar el cuerpo de ése joven se interpretó, por lo tanto,
como un acto de agresión, proporcionando a sus comunidades más amplias una
justa excusa para penetrar en los barrios de los perpetradores en represalia.
En el Afganistán actual, éstos ideales de belleza aún se pueden relacionar
fácilmente con los adolescentes varones, y sigue siendo culturalmente
comprensible sentirse atraído por ellos. Las relaciones homosexuales con
hombres jóvenes también están ampliamente condenadas y pueden amenazar la
reputación del agresor, especialmente si los aspectos carnales de la relación
se hacen públicos. De hecho, rara vez se oye a un hombre con shawq (fiebre/fervor) por los bachahs admitir voluntariamente algún
deseo carnal. En cambio, se enfatiza la naturaleza sociable, los modales, la
belleza y el encanto de los bachahs"
(Abdi, pp. 163, 164). En nuestras conversaciones, los hombres interesados en bacha-bazi solían comentar que no son bachah-gay (no penetran a los bachahs), sino bachahkhosh (les gusta socializar con ellos y disfrutar de su
belleza y compañía). Hasta hace poco, los bachahs
seguían representando el honor y el estatus de sus patrones, especialmente en
las regiones norte y sur de Afganistán y entre ciertos grupos y comunidades de
Kabul, para quienes tener un bachah
atractivo era una forma de exhibir públicamente su fortuna y prestigio. Gholam-bachahs: la homoerótica de la corte
afgana. Al igual que los reyes persas y otomanos, tanto antiguos como
contemporáneos, los gobernantes afganos mantenían gholams en sus cortes. Gholam
suele traducirse como "esclavo" en español, pero los rasgos afectivos
del término se pierden en la traducción. De hecho, Gholam también denota "el apuesto adolescente" en árabe
(plural: ghilman) y el "amado"
en la poesía clásica y urdu, en la que el lenguaje de la esclavitud era (y
sigue siendo) un tropo importante en las representaciones de la relación entre
el amante y el amado. Los gholams de
las cortes afganas provenían principalmente de Asia Central, India, África
Oriental, y trabajaban como sirvientes imberbes (pishkhedmat), guardaespaldas reales barbudos (gholam-e shah) y eunucos castrados (khwajah). Con la expansión de las potencias coloniales hacia nuevos
territorios, se volvió difícil para los notables afganos obtener gholams de las regiones cercanas, por lo
que la corte afgana de finales del siglo XIX adoptó un nuevo sistema de gholams. Abdur Rahman Khan (r.
1880-1901) llenó su corte con decenas de gholam-bachahs
(traducidos como "niños esclavos" o "pajes" en fuentes
inglesas): un grupo de hombres apuestos, jóvenes y astutos que a veces eran
secuestrados, pero que con mayor frecuencia eran obsequiados al rey por
familias influyentes, adineradas y, en su mayoría, no pastunes. Quizás
inspirados por los jenízaros otomanos, Abdur Rahman Khan buscó crear un cuerpo
de funcionarios administrativos y militares de alto rango cuya lealtad al
estado (y al propio rey) superaba su lealtad a sus respectivas regiones y
tribus. En el segundo volumen de La vida
de Abdur Rahman (1900), también conocida como (auto)biografía del emir,
pero escrita en inglés por su secretario principal, el sultán Mohammad Khan
(Sultán Mahomed, Mir Monshi), el autor ofrece más detalles sobre la práctica
cortesana de mantener gholam-bachahs.
A diferencia del primer volumen del libro (publicado originalmente en persa),
en el que el propio emir presentó los acontecimientos de la vida de Abdur
Rahman para el público general, el público al que se dirigía el segundo volumen
era, sin lugar a dudas, el europeo. En un capítulo sobre la estructura de la
corte y las rutinas diarias del emir, el autor analiza la situación de los gholam-bachahs, asegurándose de
distinguirlos de la institución de la esclavitud, que se consideraba
desconsiderada en Gran Bretaña. "A decir verdad", escribe Mir Monshi
en nombre del emir, "la palabra esclavo (gholam) es sólo un nombre; el verdadero sentido de la palabra
esclavo" en Afganistán durante mi reinado es éste: ellos (los gholam-bachahs) son más (…) honrados que
cualquier otro funcionario del reino". Como sabemos, los gholam-bachahs eran tratados con decoro
como miembros de la familia real. Bajo la tutela directa del rey, recibían
asignaciones gubernamentales, vestían con la misma elegancia que los parientes
del emir y se les proporcionaba alojamiento y artículos de primera necesidad.
El emir incluso organizaba y cubría los gastos de la boda de sus gholam-bachahs, consolidando así aún más
el floreciente estado afgano. En la (auto)biografía no se menciona la
inclinación erótica del emir por los jóvenes varones. En todo caso, la
naturaleza de la relación del rey con sus gholam-bachahs
se caracteriza por un patrocinio completamente asexual, una relación benévola
entre padre e hijo. Incluso si Abdur Rahman Khan no hubiera estado
completamente al tanto de lo que escribió Mir Monshi, probablemente había
coincidido con ésta caracterización paternal. En el primer volumen del libro,
publicado por primera vez en 1883 bajo el título Pandnamah-ye Donya wa Din (El libro de consejos sobre la vida y la
religión), el propio emir narró un incidente relevante. Según Abdur Rahman
Khan, cuando cruzó el Amu Daria camino a Bujará a mediados de la década de 1860
por consejo de su padre, el rey de Bujará le pidió que le regalara tres
hermosos gholams. Abdur Rahman, quien
se encontraba como huésped en el territorio del rey de Bujará, declinó la
petición, diciendo: "A todos éstos gholams
que ves los he criado como a mis hijos". Sin embargo, como sugiere
convincentemente el historiador afgano contemporáneo Mohammad Sediq Farhang, la
falta de interés del emir por sus esposas se debía quizás a su preferencia por
los "chicos jóvenes y apuestos" (pesaran-e
jawan wa khos surat). De hecho, si bien sabemos que el emir rara vez pasaba
tiempo en el harén con sus esposas, también sabemos que la "belleza,
habilidad y fidelidad" de sus gholam-bachahs
los ayudaban a ascender en la corte. Comprender la interacción de poder entre
el harén del emir y su grupo de astutos, apuestos y jóvenes acompañantes
masculinos requiere una mayor exploración, junto con comprender hasta qué punto
los vínculos homoeróticos con el rey facilitaban el avance económico y político
de los jóvenes en sus carreras. En cualquier caso, es evidente que los gholam-bachahs se encontraban entre los
cortesanos más confiables. La (auto)biografía del emir presenta un gholam-bachah de Chitrail (una ciudad en
el actual noreste de Pakistán) de la siguiente manera: "(Él) es el
funcionario de mayor confianza de mi corte; guarda mi sello en sus manos para
ponerlo en cualquier documento, y en mi comida y dieta; en resumen, tiene en
sus manos la plena confianza de mi vida, así como de mi reino". De igual
manera, no se hace referencia a la inclinación del emir por los jóvenes varones
en las obras, por lo demás meticulosas, del escritor e historiador más
prolífico de la época, Fayz Mohammad Kateb, quien residía en la corte del hijo
del emir, el emir Habibullah Khan. En la única referencia a las relaciones
homosexuales en Seraj al-Tawarikh (La
luz de las Historias) de Kateb, un voluminoso relato de los acontecimientos
políticos y sociales de los dos emires, se refiere a la sodomía como ejemplo de
acto obsceno (fe l-e qabith) y habla
con tristeza de un joven sodomizado (pesar)
que perdió su honor (´ezzat) y
dignidad (sharaf) tras ser penetrado
a la fuerza por varios soldados durante el gobierno de Habibullah Khan (4(2):
459). Algunos de los gholam-bachahs del
emir llegaron a convertirse en comandantes en jefe, señores del tesoro y
guardaespaldas personales del emir. El nieto del emir, Amanullah Khan (r.
1919-1929), aparentemente puso fin a la práctica cortesana de reclutar y criar gholam-bachahs debido a su
incompatibilidad con sus esfuerzos más amplios de modernización y lucha contra
la esclavitud. El artículo 170 del primer Código Penal General de Afganistán,
adoptado en 1921 y que preveía una multa y pena de prisión por "mantener bachahs con fines de bachah-bazi" fue la primera ley
sobre bachah-bazi en la historia del
Afganistán moderno. Sin embargo, en la época de Amanullah Khan, a diferencia de
hoy, el significado de "bachah-bazi"
tenía menos que ver con que los bachahs
bailaran que con tener relaciones sexuales con ellos, ya que otro conjunto de
artículos trataba sobre los jóvenes bailarines masculinos. El artículo 170
preveía una multa de 1000 a 5000 rupias y cinco años de prisión por mantener bachahs con fines sexuales, lo cual era
un castigo severo en comparación con otros delitos, lo que sugiere que el
legislador consideraba el bachah-bazi
como un delito muy grave. Además, en el Código Penal General de 1924, que
devolvió la facultad de decidir el castigo a los clérigos, se añadió la
siguiente cláusula: "El amrad
será condenado al mismo castigo (que el juez determine para el hombre mayor) si
hubiera participado (en el encuentro sexual) voluntariamente". Sin
embargo, los códigos penales afganos de la década de 1920 implicaban que se
podían mantener bachahs para fines
distintos a los expresamente prohibidos por la ley, y es difícil imaginar que
cualquier hombre (incluido el difunto abuelo de Amanullah Khan, el propio Abdur
Rahman Khan) hubiera admitido mantener varones jóvenes con fines de bachah-bazi, es decir, para satisfacer
sus propios impulsos sexuales. De hecho, como atestiguan las historias orales
de muchos ancianos afganos con quienes conversé, la práctica de mantener bachahs no desapareció del panorama
social de Afganistán tras el derrocamiento del Amanullah Khan:
"terratenientes (zamindar),
jefes tribales y de clan (khan, malek y arbad), comerciantes adinerados (maldar), dueños de salones de té y restaurantes (hotaldar), carniceros (qassab), barberos (salmani), panaderos (nanwa),
sastres (khayyat), músicos (sazandah), maestros sufíes (pir) y, posteriormente, camioneros (deriwar) y mecánicos de automóviles (mesteri) continuaron manteniendo a
jóvenes varones como compañeros sociales y sexuales. Los socios más jóvenes, a
su vez, desempeñaban el papel de sirvientes (gholam), aprendices (shagerd
y paydaw), amigos (dust) o discípulos (morid y shagerd), y en
ocasiones incluso eran tratados como miembros de la familia extendida del
hombre, disfrutando de cuidados y educación adecuados. En ocasiones, el hombre
más joven era destacado por su lealtad y devoción, y tratado como un compañero
y sirviente confiable; en otras, los aspectos pedagógicos de la relación se
consideraban más significativos, por lo que el socio más joven recibía cierta
instrucción y formación. En todos éstos casos, no cabía duda del atractivo y la
deseabilidad de los hombres más jóvenes para su patrón, ya que éstos a menudo
se enorgullecían de exhibirlos en público. Sugiero que las relaciones de Abdur
Rahman Khan con los gholam-bachahs se
erigieron como el arquetipo real y general de los acuerdos entre hombres y bachahs en Afganistán a principios del
siglo XIX. Similar a la decisión de Abdur Rahman Khan respecto a los gholam-bachahs de la corte, no era
inusual que los mecenas buscaran esposas para sus bachahs después de alcanzar la edad adulta (incluso la propia hija
del hombre podía convertirse en su esposa), ni tampoco era raro que los bachahs establecieran relaciones íntimas
con las familias de sus mecenas. Así como la presencia de apuestos gholams en el séquito de Abdur Rahman
Khan atestiguaba la riqueza y el poder del emir (frente al rey de Bujará, por
ejemplo), poseer un bachah atractivo
y diplomático también reflejaba el estatus y la riqueza del mecenas en su
sector. Los bachahs asociados con
hombres ricos y prestigiosos se ganaban el respeto y reverencia que su mecenas,
ya que no honrarlos a menudo implicaba no honrar al mecenas. Mientras éstas
relaciones se mantuvieran discretas en apariencia, eran socialmente
comprensibles y podían durar varios años. Tales percepciones y prácticas se
mantuvieron vigentes a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días" (Abdi,
pp. 166, 167).
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Los
chicos imberbes bailarines.
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Niños (y niñas) bailando: la estética
y los peligros de un espectáculo. El espectáculo de niño bailando ha sido quizás,
durante los dos últimos siglos, la manifestación más reconocible y visualmente
estimulante de la tradición bachah-bazi
y el homoerotismo masculino, tanto en las zonas urbanas como rurales de
Afganistán. Registros históricos y etnográficos de los últimos 200 años indican
que los bailarines masculinos actuaban tanto en grupos como en solitario en
palacios, mansiones, casas de té, en las calles y para el entretenimiento de
reyes, cortesanos, terratenientes, jefes tribales, aldeanos y gente común. En
un entorno estrictamente segregado por género que generalmente prohibía la
entrada a las mujeres (y mucho menos bailar) en espacios masculinos debido a
proscripciones religiosas y normas sociales, los bachahs que sabían bailar (y cantar) tenían pocos rivales en el
entretenimiento de su público exclusivamente masculino. Como participantes
habituales y actores de la cultura del entretenimiento, los jóvenes bailarines
animaron y dinamizaron eventos tanto privados como públicos. Éstas
celebraciones eran/son parte integral del estilo de vida de los afganos, desde
el shirini khori y el toy (ceremonias de compromiso y boda),
el shawshash (la sexta noche después
del nacimiento de un niño) y el khetnah-suri
(celebraciones de la circuncisión), hasta los shaw-neshini (reuniones nocturnas), el mahfel (eventos festivos) y el melah
(círculos alegres, principalmente en el campo, a menudo con baile y música).
Los registros disponibles dan fe del frecuente reclutamiento de hombres jóvenes
para éstas ocasiones, así como de su popularidad entre personas de diferentes
niveles socioeconómicos. Por ejemplo, Lord Curzon, quien visitó la corte de
Abdur Rahman Khan a finales del siglo XIX, se refiere a los "niños
bailarines" como "una diversión muy popular en Afganistán"; y
John Alfred Gray, un médico británico que se desempeñó como cirujano del emir a
principios de la década de 1890, describe una escena de una docena de niños, "de
entre trece y catorce años", con cabello largo y vestidos de niña,
bailando en la corte. Mahmud Tarzi, un destacado intelectual de la época,
también hace una referencia no crítica (si no afirmativa) a la presencia tanto
de bazengar (bailarines) como de kanchini (bailarinas) en reuniones
públicas del Kabul de finales del siglo XIX en sus memorias. De manera similar,
Gunnar Jarring, diplomático y etnógrafo sueco que estudió los dialectos turcos
de Andkhoy a mediados de la década de 1930, escuchó de un residente de Andkhoy
hablar de una "costumbre vigente" entre los turcomanos y uzbekos
afganos de las provincias del norte: mantener a los niños en un sótano durante
unos años para enseñarles a bailar. "Si se encuentran niños", escribe
Jarring, "(los habitantes del Turkestán afgano) nunca dejan bailar a las
mujeres". Bailarinas no musulmanas de la India también habían estado
actuando en Kabul desde finales del siglo XVIII, cuando el primer grupo de
artistas y músicos indios fue invitado a Afganistán durante el reinado de Timur
Shah (r. 1773-1793), y hay informes de que actuaron en las cortes afganas de
principios del siglo XIX. También sabemos que Habibullah Khan, como muestra de
su adhesión a las normas islámicas, obligó a las bailarinas a abandonar su
barrio en el barrio de Kharabat, en Kabul, en la década de 1910. Sin embargo,
éstas artistas nunca reemplazaron a los jóvenes bailarines autóctonos de
Afganistán porque, como sugiero: siempre hubo muchas menos bailarinas que
jóvenes; las bailarinas residían principalmente en zonas urbanas, lo que
significa que no formaban parte de la cultura del entretenimiento de las aldeas
donde vivía la inmensa mayoría de los afganos; y quizás lo más importante, las
bailarinas infringían notoriamente los ideales islámicos de modestia y
respetabilidad femeninas y violaban las normas de los entornos segregados por
género. La presencia de mujeres en espacios exclusivos para hombres,
especialmente como bailarinas y objeto de la mirada masculina, siempre
conllevaba el potencial de generar malestar social y grandes objeciones (como
ocurre hoy en día). Los bailarines también se enfrentaban a restricciones
ocasionales. Quizás lo más notable sea que, según la sección sobre Prácticas
contra la Moralidad y las Buenas Costumbres Públicas (Harekat-e Mokhalef-e Akhlaq wa Adab-e Omumi) del Código Penal de
1921, tanto el bazengari (baile
juvenil masculino) como el bazengar-bazi
(bailar bazengar) conllevaba multas y
penas de cárcel. El castigo para el primero (un año de prisión) era
curiosamente igual o más severo que el del segundo (400 o 500 rupias y seis meses
de prisión), lo que sugiere que la legislatura exigía plena responsabilidad a
los jóvenes bailarines. Es posible que la prohibición del bazengari y el bazengar-bazi
(y el bachah-bazi) en la década de
1920 fuera un acto de apaciguamiento de Amanullah Khan con los clérigos
opositores. Dichos apaciguamientos se produjeron, en particular, en el contexto
de las reformas de género y familia que habían provocado inmensas tensiones y
objeciones sociales. Sin embargo, es más probable que la prohibición tuviera la
intención de ser un indicador de "modernización", ya que el bazengari y el bachah-bazi no eran prácticas populares entre los europeos de la
época, a quienes se asociaban muchas ideas modernas. Las prácticas homoeróticas
masculinas en Irán, Asia Central y el suroeste asiático otomano ya habían
recibido el reproche de viajeros, representantes y estadistas europeos, quienes
consideraban tales comportamientos como "el vicio" y hablaban de la
actuación de los jóvenes bailarines con repugnancia y desdén en sus diarios y
relatos de viajes, ampliamente leídos. Por lo tanto, es razonable sugerir que,
al igual que sus homólogos de las regiones cercanas, los jóvenes bailarines
afganos de principios del siglo XX se enfrentaron a la oposición tanto de los
conservadores locales como de los reformistas modernos, éstos últimos podrían
haber estado influenciados por las ideas europeas de mojigatería sexual y de
género, y de la respetabilidad burguesa. Sin embargo, ésa temprana prohibición
legal del bazengari resultó ineficaz,
ya que no logró eliminar a los jóvenes bailarines masculinos del panorama
social afgano. Tras su derrocamiento, las políticas de Amanullah Khan fueron
generalmente descartadas, ya que los líderes posteriores adoptaron un enfoque
más gradual, centrado en Kabul. En otras palabras, a diferencia de los
bailarines masculinos de Irán y el Asia Central Soviética, que fueron
gradualmente marginados de la cultura de la danza o reemplazados por
bailarinas, el espectáculo bazengari
en Afganistán no sufrió necesariamente un duro golpe en las décadas siguientes.
Varios etnomusicólogos y antropólogos afganos de las décadas de 1960 y 1970
incluyeron referencias pasajeras a la cultura del bazengari en sus respectivas obras; algunas de sus observaciones
merecen ser mencionadas aquí, ya que ofrecen una visión general del mundo de
los bailarines masculinos en Afganistán en la segunda mitad del siglo XX.
Hiromi Sakata, en su estudio sobre la música y los músicos de Herat a finales
de la década de 1960, vio a varios músicos en compañía de bazigars (bazengars).
Cuenta la historia de un músico pastún que se había "enamorado" de un
niño bailarín de Kandahar, a quien luego "secuestró" de su "amante"
en Kandahar y se lo llevó a Herat. John Baily, quien también trabajó con
músicos profesionales en Herat en la década de 1970, sugirió que los niños
bailarines habían sido históricamente un "importante estímulo" para
la creatividad musical. Describió un evento privado de baile en un pueblo de
los alrededores de Herat, donde un bachah
con "pechos acolchados, falda larga, pañuelo largo y cascabeles en los
tobillos" bailó al son de algunos instrumentos musicales regionales.
Además, Mark Slobin, en su estudio de la música del norte de Afganistán en ése
mismo período, observó que los estilos de baile de los niños uzbekos y tayikos
de las provincias del norte eran diferentes de los niños bailarines pastunes de
las regiones del sur y el este. Louis Dupree, en su ensayo cinematográfico
sobre una aldea del norte de Afganistán en la década de 1970, llevó a sus
lectores/espectadores a la casa de té del pueblo, donde dos jóvenes bailarines
actuaban para un público entusiasmado. Dupree sugirió que los jóvenes
bailarines eran, a veces, itinerantes, sobre todo si encontraban un amante
entre los camioneros con quien viajar de pueblo en pueblo. Los jóvenes
bailarines podían, de hecho, alcanzar la prominencia en su profesión, y su
belleza y habilidades de baile eran muy celebradas y codiciadas. En una serie
de conversaciones que tuve con un músico de 75 años en Kabul, me habló de dos
bailarines, Qand y Mo´Menah, famosos en la capital durante el reinado de Dawud
Khan (r. 1973-1978). "Eran bailarines increíblemente buenos", dijo, "sabían
bailar al son de nuestro saz
(instrumento musical). Ya no se encuentran bailarines como ellos":
"El estudio más completo sobre jóvenes bailarines en Afganistán en la
segunda mitad del siglo XX quizás pertenezca a la folclorista alemana Ingebord
Baldauf, quien estudió el bacabozlik
(bachah-bazi) entre los uzbekos del
norte. El estudio de Baldauf, publicado en 1988 en alemán bajo el título Die Knabenliebe in Mittelasien: Bacabozlik (Amor
de muchacho en Asia Central: Bachah-bazi),
que creo no se analiza adecuadamente en el mundo angloparlante, sostenía que un
porcentaje significativo de la población masculina uzbeka de las provincias del
norte de Afganistán había participado en el bachah-bazi
en algún momento de su vida, ya fuera como bachah
bailarín o como amante de bachah (o
quizás ambos a lo largo de su vida). Se esperaba que los bachahs estuvieran familiarizados con la literatura persa y
chagatai, tuvieran un buen dominio de la música, supieran cantar y bailar,
tuvieran buenos modales y acompañaran a sus amantes en eventos homosociales. A
cambio, sus amantes, o bachah-baz,
tenían que gastar generosamente para superar a sus rivales, de lo contrario, el
bachah se marcharía con un hombre más
rico. Si bien se permitía el intercambio de algunos besos y caricias entre el bachah y el bachah-baz, no se permitían las relaciones sexuales, pues la
relación terminaba abruptamente. Según Baldauf, algunos hombres incluso
arruinaron a sus familias y se arruinaron tras gastar generosamente en bachahs durante años. Una lectura
crítica de los escritos mencionados revela un punto significativo: ninguno de
éstos primeros investigadores consideró necesario justificar sus escritos sobre
la subcultura bachah-bazi. No hay
comentarios importantes sobre si los bachahs
deberían considerarse "niños" ni ninguna discusión extensa sobre la
danza de los jóvenes varones como una forma de "abuso sexual". Al
contrario, sus escritos se inspiraron en una apreciación de la estética y las
implicaciones sociales de una tradición socioerótica de larga data, como lo
ilustra la descripción de los autores sobre la apariencia extravagante de los
bailarines, sus marcas indumentarias, el uso de cosméticos, las formas de
reclutamiento en el mundo de la danza, las melodías musicales y los
instrumentos con los que bailaban, y la naturaleza y los límites de sus
relaciones con sus amantes o mecenas" (Abdi, pp. 169, 170). Éstos escritos
también nos indican que las autoridades locales prohibían esporádicamente tales
reuniones, aunque no con el objetivo de salvar a los jóvenes bailarines de la
explotación. Según Baldauf, no era el bachah-bazi
en sí el problema, sino los delitos relacionados, que iban desde el fraude en
las apuestas sobre bailarines hasta el robo, la agresión y el asesinato. De
igual manera, John Baily señala que organizar reuniones con bachahs bailarines no estaba permitido
en Herat en la década de 1970, principalmente porque en tales eventos solían
surgir peleas violentas. El enfoque sobrio y pragmático adoptado por los
primeros escritores difiere significativamente de los discursos recientes sobre
los niños bailarines que circulan entre ONG, activistas de la sociedad civil,
políticos, periodistas, artistas y académicos. Como quedará claro al final de
éste artículo, el lenguaje de las "violaciones de los derechos del niño"
y la "pedofilia" marca ahora la pauta de casi todas las
conversaciones públicas sobre el tema. Una serie de importantes acontecimientos
sociales y políticos pueden explicar un cambio tan profundo en el significado
general del bazengari y de las
relaciones entre hombres mayores y jóvenes, tanto en Afganistán como en
Occidente. En el resto de ésta investigación histórica, analizo cuáles podrían
haber sido éstos acontecimientos y cómo moldearon una nueva comprensión de la
categoría de bachah en los últimos
años. En guerra: la vulnerable
(no)masculinidad de los bachahs. Con el auge del conflicto armado en la
década de 1980, tanto el entorno laboral de los bachahs bailarines como la percepción general de las relaciones
entre hombres y bachahs cambiaron
drásticamente. El conflicto comenzó inicialmente como una resistencia armada a
la ocupación soviética, pero tras la retirada de las fuerzas soviéticas de
Afganistán en 1989 y el posterior colapso del gobierno de Najibullah en 1992,
se transformó en una guerra civil entre facciones étnicas y tribales de los
muyahidines. La guerra destruyó la infraestructura del país y creó millones de
refugiados afganos. En condiciones tan duras, el espectáculo de los bachahs bailarines no pudo sobrevivir en
su antiguo marco, ya que no había mucho entusiasmo por celebrar y reunir a
músicos ni una sensación de seguridad pública para organizar tales eventos. De
hecho, incluso la legalidad de los eventos y espectáculos musicales estaba en
duda, ya que los nuevos gobernantes islamistas habían considerado éste
entretenimiento como no islámico, asociándolo con el régimen comunista
anterior. Los bachahs que trabajaban
como bailarines antes del ascenso de los muyahidines encontraron éste nuevo
entorno inusualmente amenazante y hostil. Según Naeem, de 45 años, quien
comenzó a bailar cuando Najibullah aún estaba en el poder: "En la época
del Dr. Najib, solíamos reunirnos frente a Forushgah (en el centro de Kabul).
Nos llamábamos Goruh-e Labsirin (El Grupo del Lápiz Labial). El anfitrión de
una boda venía al parque Zarnegar, nos pagaba por adelantado y nos llevaba a
sus eventos. Bailábamos durante unas horas y luego volvíamos a nuestras casas.
Nos trataban como artistas. Los peores momentos llegaron cuando Rabbani
(Burhanuddin Rabbani, presidente de Afganistán de 1992 a 1996) llegó al poder.
Un día, uno de los grupos muyahidines me secuestró en las calles de Kabul y me
llevó a la fuerza a lo que luego supe era Gardez (una ciudad al sur de Kabul).
Los muyahidines habían tomado una aldea y todos habían escapado. Recuerdo que
entraban en las casas de la aldea y nos daban la ropa de las mujeres que habían
huido. Éramos cinco: dos bachahs y
tres niñas. Todas las noches, los combatientes traían un saz (instrumento musical) y bailábamos para ellos. Me tuvieron allí
un mes. Varios soldados me hicieron lo mismo en Gardez (tuvieron relaciones
sexuales a la fuerza conmigo)". Muchos de los exbailarines con los que
hablé compartieron historias similares, revelando que la autonomía que
disfrutaban antes de la guerra para elegir a sus mecenas o escenarios se perdió
cuando las nuevas reglas dictadas por la guerra reorganizaron tanto la vida
privada como pública. El atractivo de los bachahs
los hacía vulnerables en las ciudades y pueblos militarizados dominados por
hombres, convertidos en zonas de guerra. A medida que el país se dividía entre
varios "señores de la guerra" que habían llegado al poder y se habían
enriquecido gracias al apoyo de estados extranjeros durante la guerra
antisoviética, los jóvenes imberbes eran cada vez más reclutados o secuestrados
y retenidos en bases militares. La amenaza era tal real que muchas familias
afganas impedían que sus hijos imberbes salieran de casa. Éstos hombres
apuestos no sólo eran objeto de deseo en el entorno homosocial de la guerra;
sus mecenas militantes los llamaban nafari
o berish (imberbes), sino que también
eran un símbolo de la autoridad de sus comandantes en las regiones bajo su
control. Nafar significa "persona"
en persa dari. En el contexto de (y después de) la guerra de la década de 1990,
cuando a un soldado imberbe se le llamaba nafari
o be-rish del comandante, a menudo
implicaba que el soldado también recibía del comandante durante las relaciones
sexuales. En el Kabul actual, nafari
significa novia (con menos frecuencia, novio) en lenguaje coloquial, y, por lo
tanto, nafari-bazi es la práctica de
tener una pareja fuera del matrimonio. Be-rish
(imberbe) a veces se usa como término de referencia, significando bachah, como en "Él es el be-rish del comandante". Similar al
simbolismo de los bachahs para sus
patrones en otros sectores en décadas anteriores, tener un berish y exhibirlo en público se convirtió gradualmente en una
muestra reconocible de la destreza masculina de los comandantes, su fuerza
militar para proteger sus propiedades y territorios, y un testimonio de su autoridad
y poder. En un contexto tan volátil, los propios bachahs preferían estar bajo el control de un hombre fuerte (más
benévolo). A través de conversaciones con hombres que bailaban en la década de
1990, me di cuenta de que cuanta más influencia y poder tenía su patrón, más
seguros se sentían bajo su protección. En algunos casos, éstos jóvenes podían
incluso ascender en la jerarquía militar, sirviendo como asistentes personales,
soldados y guardaespaldas de los comandantes. Si bien la posesión de bachahs se convirtió en un punto de
rivalidad entre los combatientes militantes, el bachah-bazi se asoció cada vez más con el abuso de poder de los
caudillos. Entre los mitos que explican el ascenso de los talibanes a mediados
de la década de 1990, una historia popular se centra en el papel de los
talibanes en la lucha contra la prevalencia del bachah-bazi entre los muyahidines. Según éste relato, el movimiento
talibán cobró impulso tras una violenta disputa entre dos comandantes
muyahidines por un bachah en Kandahar,
cuando el mulá Omar (el entonces líder de los talibanes) ordenó a sus
seguidores que intervinieran y el bachah
fue rescatado. "Empezaron a llegar llamamientos públicos para que los
talibanes ayudaran en otras disputas locales", escribe Ahmad Rashid en Taliban, lo que reforzó la imagen del
auge de los talibanes como guardianes capaces de la seguridad y el orden. Según
Rashid, ésta imagen de salvador puritano fue crucial para los esfuerzos
posteriores de los talibanes por establecer autoridad política y legitimidad en
años posteriores. Tras tomar el poder, los talibanes impusieron un conjunto de
normas y regulaciones inflexibles. Quizás la más famosa, en nombre de la
protección de la castidad y la dignidad femeninas, restringió severamente la
movilidad de las mujeres y el acceso a los espacios públicos: clausuraron las
escuelas para niñas, les prohibieron prácticamente cualquier tipo de empleo y
les prohibieron salir de sus casas a menos que estuvieran acompañadas por un
familiar masculino cercano. Éstas duras medidas para limitar la aparición de
las mujeres en público no fueron sólo resultado de la drástica interpretación
de los textos y tradiciones islámicos por parte de los talibanes. Dado que su
poder se basaba principalmente en el fervor de un gran número de jóvenes
combatientes militantes que habían recibido formación ideológica en el
aislamiento de las escuelas religiosas sólo para hombres en Afganistán, también
existía temor entre las principales figuras talibanes de que su milicia "pudiera
ser fácilmente desviada" si se exponía a las mujeres en público. Como
"árbitros de la rectitud islámica" argumenta Nancy Dupree, los
combatientes talibanes también tenían la responsabilidad de librar a la ciudad
de sus costumbres pecaminosas y veían a las mujeres como "instrumentos de
corrupción moral y agentes de anarquía sexual". Sin embargo, los talibanes
no sólo se preocupaban por controlar los cuerpos femeninos. De forma similar al
peligro que se creía que representaban las mujeres para la fortaleza moral de los
combatientes talibanes, los jóvenes imberbes también eran y son vistos como
igualmente problemáticos y amenazantes, un tema en gran medida ignorado tanto
por los círculos académicos como por los periodísticos: "En un decreto de
1995, el mulá Omar prohibió a todos los ministros, gobernadores y personal
militar reclutar a jóvenes "descarados" (berahnah-ruy) para vivir o trabajar en sus oficinas o bases
militares, incluso si dichos jóvenes eran parientes cercanos: "En éste
decreto, el mulá Omar argumentó que un musulmán piadoso debe "protegerse
de cualquier acusación", insinuando que la presencia de jóvenes descarados
entre las filas talibanes podría dar la impresión de que los combatientes
estaban involucrados en bachah-bazi o
lewatat (sodomía). El mulá Omar
emitió otro decreto en 1999, exigiendo además que los miembros del Talibán no
fueran vistos con la cara descubierta. El Código de Conducta más reciente de
los talibanes, Layehah, publicado por
primera vez en 2006, pero modificado y reeditado en 2009 y 2010, contiene un
artículo relevante. Según el artículo 69 de la versión de 2010, "Los
jóvenes cuya barba aún no ha crecido debido a su edad no pueden ser mantenidos
por los muyahidines (combatientes talibanes) en cuarteles, albergues o bases
militares". La figura de los jóvenes imberbes y el miedo a enamorarse de
uno rondaban persistentemente los espacios homosociales de los talibanes. Los
líderes talibanes expresaban con frecuencia su preocupación por los jóvenes "de
rostro descubierto", una señal inequívoca de la amenaza que la visibilidad
de éstos jóvenes representaba para el mantenimiento de la moralidad y la
rectitud públicas. La prohibición de mantener a jóvenes imberbes como
asistentes o compañeros pretendía marcar la superioridad de los talibanes sobre
los muyahidines en términos de carácter, ya que el movimiento talibán había
cobrado inicialmente impulso y apoyo público al oponerse a los "vicios"
de los muyahidines. Al expulsar tanto a las mujeres como a los jóvenes imberbes
de la esfera pública, los talibanes intentaron regular y disciplinar sus
espacios exclusivos para hombres, haciéndolos parecer homogéneos y
deserotizados. También relacionaron la promiscuidad sexual y la sodomía con la
corrupción y decadencia generalizada de sus enemigos. Sin embargo, la
prohibición talibán de los jóvenes imberbes entre sus filas tuvo una
consecuencia imprevista" (Abdi, pp. 172, 173).
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El
pánico de la pedofilia afgana.
NNNNNNNN
Si bien en
décadas anteriores la línea entre la homosocialidad y el deseo homosexual no
era fácil de trazar –ya que los bachahs
podían acomodarse mejor en espacios exclusivos para hombres sin causar malestar
social, y sus actividades sexuales no eran necesariamente motivo de
preocupación-, la prohibición talibán de los jóvenes imberbes significó que sus
espacios homosociales siempre estuvieran acechados por el espectro de la
sodomía y la sexualidad entre personas. Al prohibir a sus reclutas ser vistos o
socializar con los jóvenes imberbes, los talibanes quizás hicieron a los
jóvenes imberbes aún más visibles y atractivos. Rahim, exbailarín y padre de
cuatro hijos, compartió lo siguiente sobre su juventud y atractivo a finales de
los 90: "Vivía en Mazar-i-Sharif. Era cerca de la hora de la oración del
mediodía. Un coche se detuvo y un talibán del Departamento de Propagación de la
Virtud y Prevención del Vicio me dijo que me subiera a su coche. Tenía mucho
miedo. Pensé: "Y si descubrían que tenía relaciones sexuales con hombres
con regularidad?". Los bajistas como yo, en particular, les teníamos mucho
miedo a los talibanes. Me llevó a su oficina, me encerró en una habitación y me
hizo ésto ésta misma noche. Por la mañana, les dijo a sus compañeros que había
ido a Jalalabad, en el este de Afganistán, y que les había parecido sospechoso.
Me dejaron ir". Lo anterior demuestra no sólo hasta qué punto los jóvenes
imberbes acechan las fantasías sexuales tanto de los muyahidines como de los
combatientes talibanes; en términos más generales, los ejemplos anteriores
arrojan luz sobre cómo la creciente militarización de Afganistán en la década
de 1990 –con su énfasis en formas de masculinidad que celebran la militancia,
la musculatura, la violencia y la negación del espacio público a las mujeres-
convirtió a los adolescentes varones atractivos en presas más accesibles. Como
vimos anteriormente, incluso antes del inicio de la guerra antisoviética, la
categoría de bachah había mantenido
sus características estéticas y eróticas centenarias en Afganistán, y los bachahs eran reconocidos como
aprendices, compañeros sociales y bailarines en la sociedad afgana en general.
Sin embargo, a medida que la cultura de la guerra empujaba a las mujeres hacia
la esfera doméstica y degradaba la feminidad, los bachahs se convertían en los objetos de deseo más accesibles y
visibles, visibles públicamente por encarnar una (no)masculinidad deseada que
contrastaba con la masculinidad militante de los combatientes armados. Tanto
para los muyahidines como para los talibanes, que buscaban establecer su
dominio en las zonas bajo su control, los cuerpos sexualidades de los bachahs –similares a las mujeres- eran
fuente de placer, diversión, ansiedad y miedo que requerían disciplina y
contención mediante diversos mecanismos de poder y control. Las medidas
adoptadas por los militantes de todos los bandos incluían la retirada de éstos
cuerpos intimidantes de la escena pública, agresiones verbales y físicas,
secuestros, acoso sexual, violaciones e incluso asesinatos. Con la invasión
estadounidense y de la OTAN a Afganistán, la categoría de bachah se enfrentó a otra convulsión social y política. De hecho,
los comandantes de guerra afganos aliados de Estados Unidos se convirtieron en
algunos de los participantes e iniciadores más notorios de los eventos de danza
bacha-bazi en todo el país. Al mismo
tiempo, un régimen transformador de conocimiento entró en Afganistán; un
régimen que no conocía el "bachah"
como categoría de identidad y no mostraba comprensión de su historia ni de sus
implicaciones culturales. Analizo éste último desarrollo en la siguiente y
última parte de ésta investigación. ¿Bachah
o niño? Ansiedades por la construcción del Estado bajo la mirada occidental.
En las dos décadas posteriores a la caída del régimen talibán en 2001, el bachah bazi estuvo bajo intenso
escrutinio de occidentales y la élite afgana. Ésta mirada investigadora (y a
veces exotizadora) se tradujo en numerosos reportajes en medios de
comunicación, informes de ONG, series fotográficas, documentales
cinematográficos, artículos en revistas militares e investigaciones realizadas
por científicos sociales con influencia militar. Éstos relatos eran casi
siempre ahistóricos, con sorprendentes similitudes con las representaciones
coloniales de las relaciones entre hombres musulmanes (y otros pueblos
colonizados) en épocas anteriores. Impulsados por el contexto de la "guerra
contra el terrorismo", éstos relatos frecuentemente se referían al bachah-bazi como "una tragedia
afgana", "violación culturalmente sancionada", "esclavitud
sexual moderna y tráfico de menores" y "pedofilia afgana", entre
otros clichés. Al ignorar la historia de la categoría de "bachah",
éstos relatos invariablemente opinaban que la estricta segregación de género y
las prohibiciones religiosas contra las relaciones sexuales con mujeres fuera
del matrimonio, junto con la pobreza generalizada, la corrupción y la falta de
un estado de derecho, eran las principales "causas" de ésta práctica.
Entre los más destacados, véase Abdul-Ahad, "Dancing Boys"; Human
Terrain System, "Pashtun Sexuality"; Glinski, "Afganistán
Paedophile Network"; Londono, "Dancing Boys´Exploitation";
Mondloch, "Bacha Bazi"; Saramad et al., "Bachabazi"; y
Noman, "Bacha Bazi". Véase también el documental The Dancing Boys of Afghanistán de Qorayshi (2010). Al destacar la
incompetencia del gobierno afgano para llevar ante la justicia a los
perpetradores de bachah-bazi, algunos
relatos argumentaron que la comunidad internacional y el gobierno
estadounidense tenían la responsabilidad de intervenir en nombre de las
víctimas de bachah-bazi y "rescatarlos".
En un artículo controvertido de los últimos años, por ejemplo, el New York Times destacó a un soldado
estadounidense que fue asesinado por "uno de un gran séquito de jóvenes"
que acompañaba a un conocido comandante afgano en la provincia de Helmand. Un
sargento estadounidense citado en el informe declaró: "moralmente, ya no
podíamos quedarnos de brazos cruzados y permitir que la Policía Local Afgana
cometiera atrocidades", incluyendo tener "niños esclavos sexuales".
Por lo tanto, la imagen de un afgano racializado y sexualmente perverso se
invocaba ocasionalmente para justificar la presencia de militares extranjeros
en Afganistán. Además de la retórica de "salvar a las mujeres afganas",
una excusa moral utilizada para librar la guerra en 2001, también se imaginaba
a los soldados estadounidenses como responsables de rescatar a los niños
afganos de los hombres afganos, como si la famosa formulación de Gayatri Spivak
sobre el encuentro colonial se hubiera modificado para que dijera: "Hombres
blancos salvando a las mujeres y niño morenos de los hombres morenos".
Dada la estigmatización sin precedentes de quienes se dedican a la prostitución
en las sociedades occidentales, combatir la "pedofilia" fue un
argumento aún más convincente para vender la guerra afgana a un público
objetivo que combatir la "misoginia". La yuxtaposición de las
nociones de "pedofilia", "tradición" y "Afganistán"
en los relatos antes mencionados generó una profunda inquietud en muchos
afganos, especialmente en los urbanitas de clase media y alta, que eran
plenamente conscientes de la imagen negativa de Afganistán en el escenario
mundial y buscaban una representación diferente. Entre los funcionarios afganos
y la élite culta, era común reaccionar a las historias de bachah-bazi en los medios occidentales cuestionando su veracidad y
afirmando que el bachah-bazi no
ocurría en sus respectivas regiones. Por ejemplo, cuando un canal de televisión
ruso estrenó "Ellos no sólo bailan" (2016), un documental sobre la
práctica del bachah-bazi en la ciudad
norteña de Mazar-i-Sharif, el jefe de policía de Mazar-i-Sharif ofreció una
rueda de prensa para negar las acusaciones, afirmando que ésos "extranjeros"
(ajnabi-ha) que producen documentales
"ficticios" buscan sembrar dudas sobre "nuestra identidad afgana"
y deshonrar (bi-`ezzat) a Balkh (la
provincia donde se encuentra Mazar-i-Sharif). En otro caso revelador, cuando en
2019 apareció un artículo en The Guardian
bajo el sensacionalista título "Red de pedófilos en Afganistán podría ser
responsable del abuso de más de 500 niños (en seis escuelas de la provincia de
Logar, en el este de Afganistán)" (Glinski), el gobernador de Logar se
unió a varios parlamentarios al afirmar que ésas historias "infundadas"
eran un insulto a la población de Logar y a su honor (`ezzat). Los dos activistas locales de la sociedad civil que
investigaron el caso fueron posteriormente arrestados por las fuerzas de
seguridad y liberados sólo tras la intervención del presidente Ghani y otros
altos funcionarios, incluido el expresidente Hamid Karzai. Me enteré por los
dos periodistas que hicieron pública la historia que los dos activistas locales
habían denunciado inicialmente el caso a la Embajada de Estados Unidos en
Kabul, pues temían que sólo los estadounidenses pudieran protegerlos de posibles
amenazas. Según informes posteriores, algunas de las familias afectadas
asesinaron a sus hijos, y varias otras abandonaron Logar por vergüenza. Un
análisis exhaustivo de la historia de Logar podría arrojar luz sobre diversos
temas de la política y la cultura afganas, desde cuestiones de soberanía,
responsabilidad y construcción del Estado, hasta el activismo de la sociedad
civil, la economía de guerra y ayuda, nociones contrapuestas de justicia,
género y relaciones familiares, y cuestiones de honor y vergüenza: "En
éste sentido, la reacción defensiva de la élite afgana no fue diferente a la
visión de los primeros modernistas nativos de Asia central, suroccidental y
occidental, quienes percibían las relaciones entre hombres mayores y jóvenes
como indicadores culturales de "atraso"; indicadores que debían
abordarse en el contexto de la búsqueda de progreso y modernidad de sus
naciones. En la década de 1970, durante la investigación de Baldauf sobre el bachah-bazi en el norte de Afganistán,
éstas posturas también prevalecían entre los intelectuales afganos, quienes o
bien "negaban la existencia del fenómeno en Afganistán o entre su propio
grupo étnico" o bien lo asociaban con el analfabetismo, la segregación de
género y las limitadas posibilidades sexuales de las zonas rurales. Las
condenas públicas de las relaciones entre hombres y bachah aumentaron tras la elección de Ashraf Ghani como presidente
en 2014. Mientras que Hamid Karzai y su administración –muchos de los cuales
provenían de los muyahidines- se mantuvieron prácticamente en silencio sobre el
tema, Ghani y sus aliados, jóvenes tecnócratas y con formación occidental, se
opusieron más abiertamente a la práctica. La asociación de bachah-bazi con el caudillismo, por un lado, y la urgencia de
convencer a la comunidad internacional de que el Estado afgano estaba en vías
de integrarse en el orden económico y político global, por otro, brindaron a la
nueva generación de afganos una poderosa plataforma desde la cual condenar el bacha-bazi y distanciarse del escandaloso
pasado de los muyahidines. En un artículo para USA Today, Hamdollah Moheb, entonces embajador de Afganistán en
Estados Unidos, de 35 años, vinculó el abuso de menores con la impunidad y la
corrupción rampantes, especialmente entre los caudillos militares y los
comandantes de las milicias. Prometió a los aliados y donantes occidentales de
Afganistán que, con reformas importantes en el sector de la seguridad en los
Ministerios de Defensa y del Interior, la pedofilia no tendría cabida en el
nuevo Afganistán que su generación estaba creando bajo el liderazgo del
presidente reformista Ashraf Ghani (Moheb, "Abuso de menores")"
(Abdi, pp. 174, 175). Tras Abdur Rahman Khan (r. 1880-1901) y su
establecimiento de un estado centralizado mediante la supresión de la autonomía
de las tribus y comunidades étnicas autogobernadas y resistentes, la limitación
del poder de los dictadores (en su mayoría no pastunes) fue uno de los pilares
del proyecto de Ghani para la construcción del Estado. La postura agresiva y pública
de su administración contra el bachah-bazi
estaba en apariencia, orientada a proteger los derechos de los adolescentes
varones afganos y a satisfacer las expectativas de la sociedad civil, los
donantes y los gobiernos occidentales. Sin embargo, la postura de la
administración respecto al bachah-bazi
siempre implicó un ataque implícito a la cultura del entretenimiento de los
comandantes de guerra y los dictadores, considerados rivales, si no enemigos,
del Estado afgano. Por lo tanto, no fue sólo el resultado de varias
preocupaciones legítimas por el bienestar de los niños muy pequeños, sino
también en el contexto de rivalidades políticas y bajo una mirada
investigativa, que el Ministerio de Justicia elaboró una nueva legislación
sobre el bachah bazi en 2017. El
Código Penal de Afganistán revisado en 2017 incluía una sección sobre Delitos
contra la Moral y la Ética Públicas, cuyo quinto capítulo estaba dedicado al bachah-bazi bajo el título "inducir
a los niños a perversiones morales". Según el artículo 653 del Código
Penal, "Quien retenga a un niño con fines de gratificación sexual o para
obligarlo a bailar en un evento público o privado (…) se considera autor del
delito de bachah-bazi". Además,
la legislación contemplaba penas de prisión por celebrar o participar en "eventos
de bachah-bazi", y la pena se
agravaba si los cometían miembros del ejército, lo que refleja la prevalencia
del bacha-bazi en el ejército. Dado
que Amanullah Khan prohibió el bachah-bazi
en la década de 1920 y los talibanes lo prohibieron en la década de 1990, ésta
fue la tercera vez en la historia moderna de Afganistán que el estado introdujo
una prohibición del bachah-bazi. Sin
embargo, la descripción del bachah-bazi
en el Código Penal de 2017 era cualitativamente diferente a la de sus dos
predecesores, al menos en un aspecto importante: el sentido implícito de "bachah" sugerido en el Código Penal
de 2017 fue una innovación en la historia del bachah-bazi, una interpretación novedosa de las relaciones
transgeneracionales entre varones. Anteriormente, supimos que el Código Penal
de 1921 del período Amani se refería a los varones más jóvenes en relaciones
como bachah y amrad, y los decretos talibanes los caracterizaban como "los
descarados". Sin embargo, el Código Penal de 2017 hacía referencia a la
categoría de "niño" (tefl)
al describir al participante más joven en éstas relaciones; un niño, que, según
el mismo cuerpo legislativo, se definía como "cualquier persona menor de
dieciocho años" (artículo 95). Como ya debería estar claro, los bachahs nunca se habían definido por ser
menores de cierta edad numérica. De hecho, en el contexto de las relaciones
entre hombres y jóvenes, un joven de entre 18 y 25 años podría haber sido
percibido como un joven siempre y cuando no se hubiera dejado crecer la barba
ni se hubiera casado y establecido. Sólo después de éstos cambios en sus rasgos
faciales y su carácter social, alcanzaría la edad adulta. Además, a diferencia
del Código Penal de 1924, que responsabilizaba plenamente al hombre más joven
en caso de haber tenido un encuentro sexual a voluntad, la legislación de 2017
lo eximió de ser procesado. Por lo tanto, parece que se ha producido un cambio
ontológico en la comprensión general de las relaciones entre hombres mayores y
jóvenes, tanto en Afganistán como en Occidente. Anteriormente percibida como un
tipo de relación socioerótica entre dos hombres, a la que aún se podía oponer
la sodomía, la bachah-bazi se
considera ahora una forma grave de pedofilia, a la que se opone principalmente
en nombre de la protección de los derechos del niño. La circulación global de
la categoría jurídica de "niño" y su posterior adopción en Afganistán
aparentemente han generado un desacuerdo, una divergencia en la legislación y
la cultura respecto a "quién es un bachah"
y "qué implica la bachah-bazi".
El niño menor de dieciocho años y el deseable bachah imberbe son personajes cercanos, pero no pertenecen a la
misma categoría. La constitución de la primera, inicialmente entre los
habitantes urbanos del mundo occidental, fue el resultado de profundos cambios
en el matrimonio y las relaciones de género, en las actividades económicas de
las familias y las sociedades en general, y en los sistemas educativos
oficiales, lo que condujo a la formación de una constelación de discursos sobre
los derechos humanos y de los niños que culminó en la Convención de las Naciones
Unidas sobre los Derechos del Niño de 1989, de la que Afganistán es signatario.
El bachah imberbe, por otro lado, es
el legado vivo de un antiguo acuerdo social y sexual entre varones en las
culturas islámicas (y más allá). Por lo tanto, caracterizar las relaciones
transgeneracionales entre varones como "pedofilia culturalmente sancionada"
o una "tragedia afgana" muestra no sólo anacronismo y falta de
historicidad, sino también etnocentrismo y pensamiento orientalista. Tales
caracterizaciones han surgido de la colisión de los dos regímenes de
conocimiento antes mencionados, con su conjunto superpuesto pero distinto de
historias, valores, normas, ética y estética, dando lugar a la formación de
diferentes sujetos. Si bien los derechos humanos de los niños pequeños deben
protegerse, las recientes tensiones culturales y las protestas sociales que
surgen en torno a la práctica del bachah-bazi
en Afganistán también se deben a la inconmensurabilidad de éstas dos
percepciones de la identidad. Una breve alusión al sistema de justicia otomano
puede resultar reveladora para nuestras discusiones. Es su estudio sobre temas
de género y sexuales en los registros legales del Imperio Otomano de los siglos
XVI y XVII, Leslie Peirce muestra cómo se utilizaban diversos términos para
corresponder a las diferentes etapas del ciclo vital de un individuo. Es
importante destacar que, para reconocer las múltiples etapas transitorias desde
la infancia masculina hasta la edad adulta, el discurso jurídico otomano
contaba con términos distintivos para diversas personas, incluyendo al varón
púber (oglan), el objeto sexual
imberbe de otros hombres (emred), el
joven sexualmente maduro (ergen), el
joven socialmente disruptivo y sexualmente depredador (levend), el hombre recién casado (bennak) y el hombre adulto o cabeza de familia casado y socialmente
maduro (er). Peirce sugiere que éste
vocabulario múltiple reflejaba tanto la insignificancia de la edad para el
sistema judicial otomano como las características ambivalentes de la etapa
entre la infancia y la adultez masculina. La condición de bachah en Afganistán se encuentra quizás en un estado liminal
similar, ubicado incómodamente entre los dos polos de la infancia y la adultez.
Los bachah no son niños, pero tampoco
adultos, ya que es afectivamente agradable socializar con ellos como sujetos
deseables. Como recuerda Victor Turner: "los atributos de la liminalidad
(…) son necesariamente ambiguos, ya que ésta condición y éstas personas eluden
o se cuelan en la red de clasificación que normalmente ubica estados y
posiciones en el espacio cultural". En otras palabras, la categoría de "niño"
marcada por la edad, no puede abarcar la elusiva y escurridiza categoría de bachah, ya que la liminalidad de éste
último siempre escapa a la determinación de la primera. Sin embargo, tanto al "lograr
el cumplimiento de las normas internacionales" como al "proteger los
derechos de los niños", el anterior Estado afgano parece haber ejercido
una violencia epistémica sobre la categoría de "bachah",
reconfigurando así la realidad social a su propia imagen. Conclusión: de la pareja sociosexual al niño maltratado. Éste
artículo ha demostrado que, en épocas anteriores, diversas modalidades de
relaciones entre hombres mayores y hombres jóvenes eran comunes en la sociedad
y la cultura afganas. Éstas relaciones se formaron exclusivamente en torno a la
sexualidad, sino también en otros nodos sociales, como la pedagogía (entre
maestros sufíes y sus discípulos, por ejemplo); el aprendizaje (entre barberos,
sastres, carniceros, etc.); la alianza (en particular, en la corte de Abdur
Rahman Khan); el mecenazgo (entre los uzbekos que vivían en el norte, por
ejemplo); y la asociación y colaboración (entre bailarines-bachahs y músicos, entre muchos otros). Parece que no existía una línea
divisoria rígida entre la homosocialidad y el deseo/homosexualidad entre
personas del mismo sexo. Si bien éstos acuerdos no han desaparecido del
Afganistán actual, han desaparecido de la vista pública en los últimos tiempos,
especialmente en Kabul, donde la presencia del Estado se siente de forma más
concreta y una creciente población urbana y educada ha dado lugar a nuevas
formas de pensar sobre "quién es un niño" y "qué constituye una
amistad adecuada entre hombres": "En términos más generales, éste
debate ha revelado que la figura del hombre imberbe se ha convertido en un tema
constitutivo de un campo discursivo en el que un conjunto de categorías
binarias (y, a veces, opuestas) –Afganistán/Occidente, bárbaro/civilizado,
obsceno/decente, señor de la guerra/estadista, inculto/élite, rural/urbano,
criminal/legal y bachah/niño- se ha
negociado y materializado constantemente. Desde la escalada de violencia armada
en la década de 1980, la cultura del militarismo se ha convertido en el
principal escenario a través del cual se concibió la tradición bachah-bazi, y la sexualidad abusiva se
considera cada vez más el eje central de las relaciones entre hombres y bachah. Mientras que los dictadores
rurales "incivilizados" eran imaginados cometiendo el acto "obsceno
y criminal" del bachah-bazi, la
creciente población de la élite urbana y los estadistas educados representaban
la voz de los "derechos humanos internacionales", que se oponían a
tales "prácticas obsoletas". Tanto las políticas como la legislación
talibán y la de Ghani pusieron aún más en primer plano la sexualidad de los
adolescentes varones, convirtiendo los espacios homosociales con adolescentes
guapos e imberbes presentes en reuniones sospechosas y problemáticas. Éstos
acontecimientos se produjeron en el contexto de una guerra persistente en medio
de rivalidades políticas nacionales y bajo la mirada occidental. En éste
contexto politizado y moralista, discutir el contenido, la ética y la estética
de las relaciones entre hombres mayores y jóvenes a menudo parecía irrelevante,
por no decir apologético, ante lo que se conoce ampliamente como la "violación
de los derechos del niño". Aun así, la categoría de bachah es una parte esencial del tejido de la cultura y la sociedad
afganas, y cualquier comprensión del mundo del género y la (homo)sexualidad en
Afganistán es incompleta sin considerar ésta figura y sus implicaciones más
amplias" (Abdi, pp. 177, 178).
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El
crimen organizado asiático.
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El informe GLOBAL
ORGANIZED CRIME INDEX (2025) ubica que Afganistán sigue siendo un importante
país de origen para la trata de personas. Ciudadanos afganos, especialmente
niños, son víctimas de trata a países vecinos como Pakistán e Irán para
trabajos forzados y explotación sexual. A nivel nacional, la trata está muy
extendida, y las víctimas son sometidas a trabajados forzados, explotación
sexual y otros abusos. Entre los grupos vulnerables se encuentran las mujeres,
los niños, las minorías étnicas y religiosas y las personas LGBTQI+. La
prolongada inestabilidad del país, las altas tasas de pobreza y la falta de
oportunidades económicas contribuyen a la explotación generalizada. Los
informes indican que los niños se ven obligados a trabajar en sectores como el
tejido de alfombras, la minería, el tráfico de drogas y el cultivo de amapola.
La práctica del bachah bazi
(explotación sexual de niños) persiste, y los niños siguen siendo reclutados
ilegalmente por grupos armados. Las políticas talibanes, en particular las
restricciones a la educación y el empleo femenino, han aumentado aún más la
vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a la trata. El tráfico de personas
está muy extendido en Afganistán, impulsado por la pobreza, el desplazamiento y
la incertidumbre política. El control talibán sobre rutas clave de narcotráfico
ha facilitado el comercio, con ciudadanos afganos que buscan pasar a Irán,
Pakistán y otros países. Las redes de tráfico que operan en Afganistán se
extienden hasta Turquía y Europa, y algunos informes sugieren que grupos
afiliados al Talibán participan en la gestión de operaciones en Serbia. Quienes
intentan huir de las precarias condiciones se enfrentan a grandes riesgos, como
la explotación, accidentes mortales y la participación en otros mercados
ilícitos, como el tráfico de drogas y armas. La continua deportación de
refugiados afganos de Pakistán e Irán ha intensificado aún más la demanda de
servicios de tráfico. La extorsión y el chantaje para obtener protección son
frecuentes en Afganistán y éste mercado ilícito constituye una importante
fuente de ingresos para los grupos criminales. Los talibanes han empleado
durante mucho tiempo tácticas de extorsión, como la imposición de impuestos a
empresas, ONG y donantes internacionales, para financiar sus operaciones. Desde
su regreso al poder en 2021, éstas prácticas se han formalizado e incorporado a
los sistemas tributarios existentes y a los de reciente creación. No obstante,
las empresas, los sectores comerciales legales y las personas siguen siendo
vulnerables a la extorsión por parte de antiguos caudillos y otros actores
poderosos que buscan obtener beneficios económicos. Éstas prácticas siguen
socavando la frágil economía de Afganistán y contribuyen a la persistente
inestabilidad. Afganistán ha servido durante mucho tiempo como centro de
tráfico de armas, con redes criminales, actores estatales y grupos terroristas
profundamente involucrados en éste comercio. Las vastas y porosas fronteras del
país y su historial de almacenamiento de armas lo convierten en una fuente y
punto de tránsito de armas ilícitas. Las rutas de contrabando atraviesan
provincias clave como Nangarhar y Nimroz, extendiéndose hasta Pakistán e Irán.
Se trafica con una amplia gama de armas, desde rifles de asalto hasta equipo militar.
Aunque los talibanes han anunciado esfuerzos para frenar el tráfico de armas,
incluyendo confiscaciones y condenas públicas, se informa que algunos elementos
dentro del grupo aún se dedican a la venta de armas. Armas de conflictos
pasados y arsenales antiguos continúan cruzando fronteras, y algunas llegan a
grupos militantes. El comercio de productos falsificados está bien establecido,
y Afganistán funciona como destino y centro de tránsito para productos
farmacéuticos, alimenticios, ropa y artículos electrónicos falsificados. Grupos
criminales y redes mafiosas están activos en éste mercado, a menudo
abasteciéndose de éstos productos desde China y Pakistán. La corrupción y la
debilidad de los marcos regulatorios facilitan éste comercio, lo que plantea
graves riesgos financieros y para la salud pública. Los talibanes han tomado
medidas para frenar las importaciones mediante incautaciones periódicas, en
particular de suministros médicos de baja calidad procedentes de Pakistán, pero
la aplicación de las leyes es inconsistente. El comercio ilícito de bienes de
consumo sujetos a impuestos especiales, en particular el tabaco, está muy
extendido en Afganistán, que sirve como destino principal y punto clave de
distribución para el contrabando de cigarrillos. La demanda local de tabaco
ilícito es alta, y estimaciones anecdóticas indican que la mayoría de los
cigarrillos que se consumen en el país son ilegales. Éstos productos se
trafican principalmente a través de Pakistán e Irán y luego se envían a
mercados de Asia Central. La frontera de Torkham, cerca de Nangarhar, es un
centro clave para operaciones a pequeña escala, en las que a menudo participan
niños que transportan tabaco, productos electrónicos y otros artículos sujetos
a impuestos especiales. Las tensiones entre los talibanes y Pakistán han
interrumpido los flujos comerciales, lo que ha provocado un desplazamiento del
comercio ilícito hacia Irán y Asia Central. El tráfico de heroína ha dominado
históricamente la economía ilícita de Afganistán, siendo la producción de opio
una fuente clave de ingresos para el crimen organizado. La prohibición del
cultivo de opio impuesta por los talibanes en 2022 provocó una disminución del
95% en el cultivo de amapola. Sin embargo, las reservas de opio existentes
sugieren que la actividad de tráfico continúa. Éstas medidas de control han
elevado los precios de la heroína, beneficiando a quienes tienen acceso a
ellas. Las redes de tráfico siguen activas, utilizando rutas establecidas a
través de Pakistán, Irán y Turquía. Si bien las medidas de control han dado
como resultado incautaciones a gran escala, la corrupción, la regulación
inconsistente y la dependencia económica de los agricultores del cultivo de
opio siguen socavando la implementación de políticas y la reducción del mercado
a largo plazo. En cambio, el tráfico de heroína es prácticamente inexistente en
Afganistán, sin evidencia significativa de un mercado interno. El comercio de
cannabis es sólido, y Afganistán ha sido históricamente reconocido como
importante productor de hachís. Aunque los talibanes han impuesto prohibiciones
al cultivo de cannabis, la aplicación de la ley parece selectiva, especialmente
en las provincias orientales. Las redes criminales involucradas en el comercio
de hachís a menudo operan junto con los traficantes de heroína, utilizando
rutas de contrabando similares. El comercio interno es elevado y la demanda
externa continúa impulsando el cultivo a pesar de las prohibiciones oficiales.
La producción de drogas sintéticas, especialmente metanfetamina, se han
expandido en los últimos años. La fabricación basada en la planta de efedra ha
crecido significativamente, con grandes incautaciones reportadas tanto en el
mercado nacional como en el internacional. Si bien los talibanes prohibieron
oficialmente la producción de metanfetamina en 2022, su prevalencia sugiere la
continua participación de redes criminales. El tráfico de metanfetamina ahora
se extiende más allá de la región, a Asia Occidental, Europa y el Sudeste
Asiático, lo que pone de relieve el creciente alcance de éste mercado. Los
delitos cibernéticos, como la piratería informática y los ataques con malware, han aumentado en Afganistán,
dirigidos contra instituciones financieras y sistemas gubernamentales. La
deficiente infraestructura de ciberseguridad y la limitada capacidad de
aplicación de la ley siguen permitiendo que los actores criminales exploten
éstas vulnerabilidades. Los delitos financieros, como la malversación de fondos
y el fraude en las donaciones siguen socavando la economía de Afganistán. El
control de los talibanes sobre las instituciones financieras ha intensificado
el escrutinio de la ayuda internacional, en medio de informes sobre el desvío
de fondos a través de ONG fraudulentas y el uso de tácticas coercitivas para
redirigir la ayuda. La corrupción sigue profundamente arraigada, lo que agrava
la inestabilidad financiera. El mercado de la falsificación de moneda también
sigue activo, debilitando la ya frágil economía del país. Además, la imposición
de sanciones internacionales a los bancos afganos ha impulsado el auge de los
canales financieros alternativos, como los acuerdos bancarios regionales y
sistemas informales como la hawala.
Sin bien éstos mecanismos ayudan a mantener el flujo de transacciones, también
dificultan la supervisión de las actividades financieras y la aplicación de
medidas contra los delitos financieros. Antes del regreso de los talibanes al
poder en 2021, ciertas facciones dentro del grupo, junto con organizaciones
criminales familiares y tribales, operaban en una estructura jerárquica similar
a la de los grupos mafiosos. Desde la toma del poder, algunas se han integrado
al gobierno talibán y ahora se clasifican como actores integrados en el Estado.
Otras estructuras no talibanes siguen activas en mercados ilícitos como el
narcotráfico y el contrabando de armas. Éstos grupos suelen mantener fuertes
afiliaciones tribales, lo que les permite actuar con mínima interferencia. La
competencia entre organizaciones criminales, incluidos los remanentes de
antiguas milicias, también persiste, lo que contribuye a la violencia
localizada y la inestabilidad. Afganistán también alberga redes criminales poco
estructuradas que participan en diversas actividades ilícitas, como el
narcotráfico, el tráfico de personas y la extorsión. Éstas redes operan
frecuentemente bajo acuerdos informales con altos mandos talibanes que buscan
recursos financieros, lo que genera solapamientos entre actores estatales y
organizaciones criminales. Los vínculos transfronterizos facilitan aún más
éstas operaciones, ya que las redes afganas colaboran con actores
internacionales involucrados en el lavado de dinero, el tráfico de armas y el
narcotráfico: "Si bien los talibanes se han posicionado como una fuerza
anticorrupción, siguen dependiendo de los mercados ilícitos para obtener apoyo
financiero. Varias facciones talibanes, en particular comandantes locales y
funcionarios ministeriales, han sido vinculadas a la delincuencia organizada.
Los informes sugieren que personas anteriormente involucradas en el
narcotráfico ahora ocupan cargos oficiales bajo la actual administración. Las
divisiones internas y las presiones financieras dentro del gobierno han
permitido a los funcionarios estatales explotar sus cargos para obtener
beneficios personales. Los actores extranjeros, en particular del vecino
Pakistán, desempeñan un papel importante y arraigado en el panorama criminal de
Afganistán, operando con fluidez a través de la porosa frontera entre ambos
países. Los profundos lazos culturales, la dinámica política histórica y la
interdependencia económica han creado un entorno transfronterizo que facilita
las actividades lícitas e ilícitas. Las redes criminales, especialmente las de
la provincia pakistaní de Khyber Pakhtunkhwa, se aprovechan de la pobreza generalizada
y la vulnerabilidad de las comunidades marginadas, incluidos los refugiados
afganos. Éstos grupos utilizan diversos métodos de contrabando, como mensajeros
a pie, animales de carga, camiones en los cruces transfronterizos oficiales y
la ocultación a través del comercio textil, a la vez que recurren a la
explotación de niños como transportistas de drogas. Mientras tanto, el papel de
Afganistán como importante productor de opio sigue atrayendo a redes criminales
internacionales, con actores de Asia Central y Pakistán profundamente
involucrados en el tráfico de narcóticos afganos a los mercados globales. El
sector privado afgano es predominantemente informal, y a menudo coexisten
empresas legales y delictivas. Los informes sugieren que casi el 80% de la
actividad económica del país se desarrolla al margen de las estructuras
regulatorias formales, lo que dificulta evaluar el alcance total de la
participación del sector privado en el crimen organizado. La crisis económica y
las sanciones vigentes han restringido aún más la economía formal, obligando a
muchas empresas a recurrir a actividades ilícitas como el blanqueo de capitales
y servicios financieros informales como las redes hawala" (GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX, pp. 55, 56). El informe
GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX (2025) señala que la trata de personas está
profundamente arraigada en Pakistán, país que sirve como origen, punto de
tránsito y destino de las víctimas. El trabajo en servidumbre sigue siendo la
forma más frecuente de trata, especialmente en los sectores agrícola,
ladrillero y textil. Familias enteras quedan atrapadas en éste sistema de
explotación debido a las deudas heredadas. El trabajo forzoso y la trata sexual
están muy extendidos y afectan tanto a ciudadanos pakistaníes como a trabajadores
extranjeros. Los niños también son explotados por las redes del narcotráfico,
especialmente en centros urbanos como Karachi. Víctimas de Afganistán,
Bangladesh, Sri Lanza y China son sometidas a trabajo forzoso en Pakistán. El
papel del país como centro de tránsito se ha intensificado tras la retirada
estadounidense de Afganistán, lo que ha aumentado la vulnerabilidad de los
refugiados y apátridas, en particular los afganos, bangladesíes y rohinyás.
Pakistán sigue siendo una fuente y punto de tránsito importante para el tráfico
de personas, con miles de personas que intentan migrar irregularmente cada año,
principalmente a países occidentales. Los traficantes operan rutas terrestres a
través de Baluchistán y utilizan el transporte aéreo para facilitar la
migración no autorizada. Las plataformas de redes sociales se utilizan cada vez
más para promover y organizar éstos servicios. Baluchistán es el principal
punto de partida de las personas objeto de tráfico, con operaciones
profundamente arraigadas en la economía local. Los funcionarios fronterizos
corruptos facilitan el movimiento de personas a través de la frontera iraní,
desde donde continúan hacia Turquía y Europa. Las redes de tráfico pakistaníes
están activas a nivel internacional, las fuerzas del orden estadounidense y
europeas se centran en quienes facilitan la migración a través de América del
Sur, América Central y Los Balcanes. A pesar de las periódicas medidas
represivas, la persistencia de éstas sofisticadas redes pone de relieve las
dificultades para una aplicación de la ley. Las rutas de tráfico marítimo a
través del Mar Arábigo también han cobrado importancia, con personajes que
emprenden peligrosos viajes a los países del Golfo. La extorsión es un problema
grave en Pakistán, especialmente en Khyber Pakhtunkhwa (KP) y Karachi. Grupos
militantes como Tehrik-i-Taliban Pakistán (TTP) atacan a personas adineradas,
exigiendo rescates para financiar sus operaciones. La presencia de refugios seguros
en el Afganistán controlado por los talibanes ha envalentonado a éstos grupos,
contribuyendo al aumento de la extorsión en centros urbanos como Peshawar,
Rawalpindi y Lahore. En Karachi, la extorsión se extiende más allá de las
prácticas tradicionales, especialmente en el mercado ilícito de suministro de agua.
Redes criminales, a menudo en connivencia con actores vinculados al Estado,
como los grupos paramilitares, controlan y manipulan el suministro de agua
municipal, revendiéndolo a precios inflados. La ciudad también ha experimentado
un aumento de la delincuencia callejera relacionada con la extorsión, con
bandas organizadas que operan desde Pakistán y el extranjero. Las mafias de
tierras, en colaboración con funcionarios corruptos, se dedican a la extorsión
mediante la apropiación ilegal de propiedades y los desalojos forzosos.
Pakistán sigue desempeñando un papel central en el comercio regional de armas,
actuando como fuente y punto de tránsito de armas de fuego ilícitas. Desde la
salida de Estados Unidos de Afganistán, han aparecido armas de fuego estadounidenses
abandonadas, lo que ha reducido los precios locales de las armas de fuego de
alta potencia. Los contrabandistas aprovechan las rutas de transporte comercial
y, en ocasiones, los drones para transportar armas a través de las fronteras.
La porosa frontera entre Afganistán y Pakistán sigue siendo un corredor clave
para el contrabando de armas, lo que alimenta las insurgencias en ambos lados.
Éste comercio también apoya a grupos militantes como el TTP y los insurgentes
baluchís, que obtienen armas sofisticadas de Afganistán. A pesar de las
represiones intermitentes, las autoridades luchan por frenar el flujo. Las
armas de fabricación nacional procedentes de centros como Darra Adam Khel
también alimentan los mercados criminales, lo que contribuye a la violencia en
los conflictos entre bandas urbanas. Los productos falsificados son comunes en
Pakistán, con mercados sólidos para productos farmacéuticos, electrónicos y
autopartes. Los medicamentos falsificados representan graves riesgos para la
salud pública, mientras que la evasión fiscal generalizada agrava las pérdidas
económicas. La supervisión regulatoria sigue siendo deficiente, y sólo una
fracción de los productos de contrabando se intercepta cada año. Los mercados
digitales ahora sirven como una plataforma clave para la venta de productos
falsificados, lo que dificulta el control de la distribución. El mercado
ilícito de productos sujetos a impuestos especiales, especialmente tabaco y
autopartes, sigue siendo considerable. Aunque el contrabando de tabaco afgano
se ha desacelerado, la producción nacional ha aumentado, gran parte de ella
controlada por grupos del crimen organizado. El comercio ilícito de cigarrillos
representa casi el 40% de las ventas, privando al estado de ingresos
sustanciales. Los vehículos sin pagar la aduana también continúan cruzando a
Pakistán desde Afganistán, con la participación de funcionarios corruptos.
Pakistán sigue siendo un centro de tránsito crucial para el tráfico de heroína
desde Afganistán, con reservas que sustentan el comercio a pesar de las
prohibiciones de cultivo impuestas por los talibanes. Las tasas de adicción a
nivel nacional se encuentran entre las más altas del mundo, lo que afecta la
grave crisis de salud pública. Funcionarios policiales corruptos facilitan con
frecuencia los envíos de heroína a través de las regiones fronterizas. Si bien
Pakistán no es un mercado importante de cocaína, funciona como una ruta de
tránsito menor. El consumo de cocaína se limita a los círculos urbanos de élite
y se contrabandea principalmente por vía aérea. El país también desempeña un
papel clave en el comercio regional de cannabis, siendo Khyber Pakhtunkhwa
(PKP) una importante zona de cultivo. Pakistán actúa como canal para el
cannabis afgano con destino a Irán y otros lugares. Las recientes medidas para
legalizar la producción de cáñamo podrían alterar la dinámica del mercado
nacional. En general, el cultivo sigue siendo frecuente a pesar de la ausencia
de registros oficiales del gobierno. Pakistán también es un importante centro
para el tráfico de drogas sintéticas, tanto como país de destino como, en menor
medida, de origen. El consumo de drogas sintéticas, en particular la
metanfetamina, está en aumento, sobre todo en los jóvenes, impulsado por su
asequibilidad y accesibilidad. Si bien gran parte de la metanfetamina se
trafica desde Afganistán, también hay indicios de producción nacional en
Peshawar y Karachi. Los grupos criminales distribuyen la droga K, una droga
mezclada con metanfetamina y opioides, lo que contribuye a las tasas de
adicción. La ubicación estratégica del país y sus rutas de tráfico consolidadas
lo han convertido en un punto de tránsito clave para las drogas sintéticas con
destino a otras regiones. Poderosas redes criminales dominan el comercio y, a
pesar de los esfuerzos de las autoridades, la aplicación de la ley sigue siendo
un desafío debido a la naturaleza cambiante de la producción, los métodos de
contrabando y la dinámica transfronteriza. Los delitos cibernéticos son una
amenaza creciente en Pakistán, con un gran número de ataques de ciberseguridad
registrados en 2024. Los esquemas de piratería informática y malware se dirigen a organismos
gubernamentales, empresas y particulares. Si bien se han introducido medidas
para abordar las ciberamenazas, la aplicación de la ley es limitada y el uso
indebido de las leyes contra los delitos cibernéticos por parte de políticos es
preocupante. Los ciberataques generalmente se dirigen a infraestructuras
críticas, lo que representa riesgos para la seguridad nacional. Los delitos
financieros abarcan desde la evasión fiscal hasta el fraude cibernético. Muchos
ciudadanos han sido víctimas de estafa en línea y fraudes a través de redes
sociales, lo que refleja la creciente escala de la explotación digital. La
evasión fiscal es generalizada y afecta gravemente la recaudación de ingresos.
Sectores claves como el té, el tabaco, los productos farmacéuticos y el sector
inmobiliario contribuyen significativamente a las pérdidas anuales, y
personalidades destacadas de industrias como la textil y azucarera también se
ven implicadas mediante el uso de entidades ficticias y ventas falsificadas. La
malversación de fondos y los escándalos financieros extraterritoriales que
involucran a élites políticas y militares han erosionado aún más la confianza
pública. El sistema informal de hawala
sigue siendo un conducto para transacciones ilícitas, a pesar de las medidas represivas.
Incluso el sector bancario regulado se ha visto expuesto periódicamente al
fraude financiero y la falsificación. Pakistán alberga múltiples grupos
mafiosos que operan en diversos mercados criminales, difuminando a menudo las
fronteras entre el crimen organizado, las facciones políticas y los movimientos
extremistas. Éstas redes participan en el narcotráfico, el blanqueo de
capitales y la extorsión. Las bandas de Lyari controlan territorios específicos y llevan a cabo
operaciones violentas. Mientras que algunos grupos operan exclusivamente con
fines de lucro, otros, como el TTP, funcionan como organizaciones militantes
ideológicas que se dedican al contrabando, la extorsión y los secuestros para
pedir rescate. Su presencia es especialmente fuerte en Khyber Pakhtunkhwa y
Baluchistán, donde ejercen un considerable control territorial. La extorsión
sigue siendo una importante fuente de ingresos, y las empresas, los operadores
de transporte y los sectores informales son frecuentemente blanco de pagos a
cambio de protección, mientras que la amplia disponibilidad de armas de fuego
alimenta altos niveles de violencia, especialmente en los centros urbanos"
(GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX, pp. 44, 45).
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Pakistaníes
en Norteamérica.
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Los ismaelitas constituyen la segunda comunidad
musulmana chiíta más grande, y los nizaríes representan la rama principal de
los ismaelitas. Apenas suman 20 millones de fieles (frente a los 2 mil millones
de musulmanes, de los que un 12% son chiíes y el resto suníes), pero están
repartidos por Asia, Oriente Medio, África, Europa y Norteamérica. Las
principales congregaciones se hallan en la India, Pakistán, Afganistán e Irán,
debido a que emigraron hacia el este ante la oposición que encontraron en
Arabia a que su líder dirigiera a todos los musulmanes. También hay pequeñas
comunidades ismaelíes en Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudí, Yemen y otras
regiones de Asia Central (Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán, Turkmenistán y
Uzbekistán), y una comunidad numerosa en África oriental, a donde llegaron
desde India en el siglo XIX como mano de obra del Imperio Británico para
construir el ferrocarril: Kenia, Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, Etiopia,
Eritrea, Somalia, Sudán, Madagascar, etc. Más recientemente han emigrado a
Europa, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia. W. C. Bartlett en "Los
asesinos" (CRÍTICA, 2006) ubica que la etimología de la palabra asesino
se encontró en la raíz hashshahins
"fumador de
hachís" gracias al trabajo de un
historiador de los cismas del islam del siglo XIX, el barón Antoine Isacc
Silvestre de Sacy. En una presentación que realizó tras la publicación de un
artículo en 1818, vinculó a los nizaríes con diversas crónicas sirias del siglo
XII. En uno de sus ejemplos comentaba una crónica del historiador árabe Abu
Shama, que en un pasaje describe un intento fracasado de los nizaríes de acabar
con la vida de Saladino: "así que en
ésta ocasión Dios salvó la vida del sultán de las dagas de al-Hashishiyya". Los cronistas occidentales conocieron el término bastante pronto. Guillermo
de Tiro escribió que "tanto nuestra gente como sarracenos los llaman
"assassini", desconocemos el origen de la palabra".
No tardó en generalizarse el uso del término en el habla cotidiana de la Europa
occidental. Por ejemplo, en su famosa obra, La
divina comedia, Dante Alighieri se
refiere a un "traicionero asesino". En la misma época, otro autor
italiano, el florentino Giovanni
Milani, habla de los "assassini" del gobernador de Lucca. Había indicios, sin embargo, que dejaban entrever
una explicación más sutil del origen del término hashishiyya. De manera oblicua, el propio Sacy se refería a ellos
al citar al cronista árabe Maqrizi cuando decía "hubo un tiempo en el que sólo las personas de
la clase más baja lo comían (el hachís); e incluso ellos detestaban que los
llamaran por un nombre derivado de la droga". Por tanto, Maqrizi insinúa
que la apelación de consumidor de drogas era un insulto, e implicaba que
quienes utilizaban estimulantes como el hachís eran miembros de la casta más
baja imaginable. El islam imponía rígidas restricciones a la conducta de los musulmanes.
La observancia de los preceptos de la religión exigía, por ejemplo, el hábito
estricto de orar cinco veces al día. El consumo de drogas afectaría de forma
adversa a la disciplina de los individuos, y su incapacidad para satisfacer los
requisitos de la religión pondría en serio peligro su bienestar espiritual. En
consecuencia, el uso de drogas no podía promoverse ni aprobarse. El término hashishiyyin equivalía a llamar a los
nizaríes "chusma de clase baja". El Agá Kan I llegó a un acuerdo con los
británicos, ayudándoles en la retirada de Kandahar en 1842, y en campañas
posteriores en Sindh. El Agá Kan III fue aliado de los británicos en la Primera
Guerra Mundial, amigo de la Reina Victoria y Eduardo VII. El Agá Kan IV fue
amigo de Juan Carlos Bourbon, la infanta Cristina, Felipe VI, Máxima de
Holanda, Isabel II del Reino Unido y el ex ministro Justin Trudeau. Laraib Niaz & Sidla Nasir en "La diáspora pakistaní en Reino Unido"
(CIMRAD, 2018) ubica que el Reino Unido alberga la mayor población migrante
pakistaní de Europa. La diáspora pakistaní constituye la segunda minoría étnica
más numerosa que reside en el Reino Unido, después de los indios británicos
(ONS, 2011). Según el censo de 2011, había un total de 1.174.983 personas de
ascendencia pakistaní en el Reino Unido, una cifra que ha aumentado desde tan
sólo 5.000 en 1951. La proporción de población nacida en Pakistán con
nacionalidad británica rondaba el 69% del total (ONS, 2011). El rápido
crecimiento de la diáspora británica del sur de Asia puede verse
inextricablemente como una manifestación del colonialismo. La inmigración
laboral no era un fenómeno nuevo, ya que había comenzado incluso antes de la
independencia de Pakistán, pero la migración posterior a la partición requirió
una postura más abierta por parte de los gobiernos de ambos países (Ballard,
2002). Inicialmente, los migrantes del subcontinente antes de su partición en
1947, que llegaban a Gran Bretaña, se remontaban a hace 300 años, durante el
siglo XVIII, debido a la demanda de mano de obra barata por parte de la
Compañía Británica de las Indias Orientales. Los trabajadores reclutados eran
principalmente marineros, y los primeros migrantes residían en ciudades
portuarias (Ballard, 2002). La migración anterior a la partición era de naturaleza
temporal, y los viajeros regresaban a su país de origen después de completar
sus trabajos (Visram, 2002). Los flujos migratorios desde Pakistán después de
la independencia en 1947 fueron diferentes debido a su carácter más permanente.
De 5000 en 1951, la población aumentó a 24.900 en 1961, tras lo cual la cifra
se elevó drásticamente a 119.700 en 1966 (Chartterji y Washbrook, 2013). Ésto
marcó el final de la primera fase de la migración al Reino Unido, desencadenada
por el auge económico de la posguerra y las pérdidas durante la Segunda Guerra
Mundial. Gran Bretaña se enfrentó a la escasez de mano de obra, principalmente
en sectores intensivos como la industria textil, con condiciones laborales
inherentemente deficientes. La mayoría de éstos migrantes de primera generación
trabajaron como obreros de fábricas, ahorrando la mayor parte de sus salarios
para establecer sus propios negocios y comprar propiedades (Werbner, 2004). La
mayoría de éstos negocios dependían de una mano de obra rentable, en la mayoría
de los casos, miembros de la familia. La afluencia de un gran número de
migrantes a partir de 1954, que incluía no sólo migrantes del sur de Asia, sino
también de las Indias Occidentales y otros estados poscoloniales, así como la
serie de disturbios con tintes raciales en Notting Hill, Londres, animó al
gobierno a considerar la imposición de controles migratorios. La Ley de
Inmigración de la Commonwealth de 1962 fue el primer intento del gobierno
británico por controlar la inmigración de titulares de pasaportes, exigiendo a
los futuros inmigrantes que solicitaran vales de trabajo. Éstos avances
reforzaron el patrón de inmigración en cadena, en el que quienes ya se habían
establecido invitaban a sus familiares al Reino Unido. La Ley de Inmigración de
la Commonwealth de 1968 impuso restricciones a los futuros derechos de entrada
de los ciudadanos a quienes tuvieran al menos un padre o un abuelo nacido en el
Reino Unido o a quienes ellos mismos hubieran nacido en el Reino Unido
(Ballard, 2002). Inicialmente, la mayoría de los migrantes de primera
generación viajaron a Gran Bretaña con la intención de regresar después de un
tiempo. Sin embargo, gracias a los controles migratorios, la migración se
volvió más permanente y orientada a la familia, habiéndose desestimado por
completo el mito del retorno (Abbas, 2011). La Ley de Inmigración de la
Commonwealth de 1971 impuso mayores controles y la inmigración primaria de
ciudadanos pakistaníes prácticamente se paralizó. Sólo se permitió la entrada a
solicitantes de asilo, titulares de vales especiales y quienes deseaban entrar
a la reunificación familiar (Layton-Henry, 1992). Un patrón cíclico caracterizó
la siguiente ola migratoria al Reino Unido. Los migrantes pakistaníes
continuaron mudándose a Gran Bretaña para contraer matrimonio o con visas de
estudiante o de trabajo, las cuales requieren que las personas sean
profesionales altamente cualificados en campos profesionales (Samad, 2012). La
comunidad de la diáspora pakistaní en general aumentó de 747.285 en 2001 a 1.174.983
en 2011 (ONS, 2011). Éstos datos incorporan no sólo a los migrantes de primera
generación, sino también a sus contrapartes de segunda y tercera generación.
Sin embargo, son los pakistaníes nacidos en el Reino Unido quienes representan
más de la mitad del crecimiento de la población pakistaní desde 1991. El censo
de 2001 reveló que el 86% de los pakistaníes de 0 a 14 años nacieron en el
Reino Unido y, entre 2001 y 2011, la población total nacida en Pakistán aumentó
de 308.000 a 482.000. (The Change Institute, 2009). Si bien un porcentaje
considerable de la población (alrededor del 30%) llegó antes de 1981 y antes de
los controles migratorios más estrictos, el mayor porcentaje de llegadas
(alrededor del 40%) se registró entre 2001 y 2011. Ésto resulta sorprendente
considerando el aumento de los controles migratorios, que idealmente deberían
haber disminuido el porcentaje de llegadas. Según el censo, ésto puede deberse
en parte a la inclusión de estudiantes residentes en los datos del censo (ONS,
2013). Pakistán se encuentra entre los diez principales países emisores de
estudiantes no pertenecientes a la UE, con una cifra de 7185 y 6665 estudiantes
pakistaníes en 2012-2013 y 2013-2014, respectivamente (UKCISA, 2015). Sin
embargo, la población estudiantil no es lo suficientemente grande como para
explicar el aumento significativo del porcentaje de llegadas. La migración
familiar dentro de la comunidad pakistaní también puede explicar en parte el
aumento de la inmigración. Según una investigación del Ministerio del Interior,
de los inmigrantes que llegaron en 2004, los pakistaníes formaron el segundo
grupo más grande después de los indios que se habían establecido en 2009, donde
el 60% de ellos habían llegado a través de una ruta migratoria relacionada con la
familia. Ésto contrasta marcadamente con la cifra correspondiente del 23% para
los indios (ONS, 2011). La migración por rutas familiares, en cierta medida,
explica el drástico aumento del número de inmigrantes pakistaníes
inmediatamente antes de las leyes de inmigración. Es posible que un mayor
número de pakistaníes sintiera la necesidad de migrar debido a la precaria
situación de seguridad en el país. La migración al Reino Unido desde países no
pertenecientes a la UE, que ha aumentado considerablemente en las últimas
décadas, ha suscitado numerosos debates sobre el multiculturalismo. Dado que
una cohorte de migrantes muy diversa reside en el Reino Unido, el país ha
adoptado una política de relaciones raciales para promover el
multiculturalismo, la igualdad y la tolerancia (Favell, 2001). Sin embargo, a
partir de los disturbios de 2001 y los atentados de 2005, el gobierno ha ido
cambiando su postura respecto al multiculturalismo, con la esperanza de mejorar
la cohesión social reduciendo la segregación en las comunidades. Los
pakistaníes constituyen el segundo grupo más numeroso después de los
bangladesíes, con los niveles más altos de pobreza económica, del 55% (ONS,
2014). El censo de 2011 indicó que el 49% de los británicos pakistaníes estaban
empleados, el 9% estaban desempleados y el 42% estaban clasificados como
económicamente inactivos. En contraste, éstas cifras son inferiores a las
relativamente mejores de la India. Además, persisten las diferencias en el
nivel de vida dentro de la propia comunidad pakistaní. Las posibles razones son
diversas y, en cierta medida, las explicaciones se remontan al pasado:
"Los migrantes del valle rural de Mirpur, en Azad Cachemira, que a menudo
trabajaban en el sector textil del norte de Inglaterra o de los Midlands Occidentales,
se vieron afectados negativamente por su declive. Además, éstos migrantes
aceptaron empleos mal remunerados, lo que obligó a familias enteras a migrar y
unirse a ellos en éstos sectores de la mano de obra intensiva. Un análisis más
detallado revela tres factores impactantes que afectan los aspectos económicos
de la diáspora actual: su distribución geográfica, sus características y el
papel de la mujer en la fuerza laboral. Las características económicas y las
disparidades entre los británicos pakistaníes podrían verse reforzadas por la
división norte-sur. Quienes residen en Londres y el sudeste del Reino Unido
mantienen niveles educativos más altos y gozan de mayor movilidad social,
mientras que la población pakistaní del oeste de Midlands y el norte de
Inglaterra ha sufrido una transición hacia el sector servicios y un declive en
el sector manufacturero (Samad, 2012). Samad (2012) descubrió que la mayoría de
los profesionales pakistaníes de clase media, incluyendo profesionales de la
salud, científicos, trabajadores de los sectores de TI y financieros y
empresarios, se concentran en Londres. Las comunidades pakistaníes, en
particular los cachemires concentrados en Birmingham, Oldham y las ciudades
cercanas del norte, resultaron ser económicamente menos pudientes que las demás
minorías étnicas pakistaníes. Por lo tanto, el bienestar económico podría
depender del lugar de asentamiento de la diáspora. Por ejemplo, en Humber, West
Midlands y Yorkshire, menos de la mitad de los bangladesíes y pakistaníes tenían
empleo. En general, en términos de empleabilidad para la diáspora pakistaní,
las estadísticas presentan un panorama desalentador. El éxito económico de las
diásporas también se ve inevitablemente influenciado por las características
ocupacionales. Por ejemplo, de quienes estaban empleados, el 57% de los hombres
de origen pakistaní se dedicaban a trabajos poco cualificados. Constituían la
mayor proporción en ésta categoría, seguidos por los africanos negros (54%) y
los hombres bangladesíes (53%). La cifra era ligeramente superior para las
mujeres, alrededor del 61% (ONS, 2014)" (Niaz & Nasir, pp. 54, 55). Naimal Fatima en "La diáspora pakistaní en
Norteamérica" (CIMRAD, 2018) ubica que los pakistaníes se concentran en Nueva York, Houston
y Chicago, seguidos del norte y el sur de California. Mientras que en Canadá se
concentran principalmente en Toronto, Quebec, Alberta y Ontario. Los
pakistaníes constituyen el segundo grupo de inmigrantes asiáticos de más rápido
crecimiento en Estados Unidos. La tipología de la diáspora pakistaní en
Norteamérica se compone principalmente de migraciones laborales, trabajadores
de alto nivel, redes comerciales, nacionalistas de larga distancia y
productores culturales. La inmigración desde Pakistán comenzó cuando el gobierno
estadounidense levantó las restricciones vigentes y derogó las cuotas impuestas
por la Ley de Inmigración de 1917 y el fallo de la Corte Suprema de 1923. De
hecho, en términos reales, los flujos migratorios de Pakistán a Estados Unidos
comenzaron tras la firma de la Luce-Celler Bill por el presidente Truman en
1946. Más importante, aún ésta ley fue respaldada por la Ley de Inmigración y
Naturalización de 1965, que eliminó las cuotas de inmigración por país
específico e introdujo la inmigración basada en la experiencia profesional y la
educación. Éstas leyes cambiaron las características de la inmigración
pakistaní a Estados Unidos y las cifras aumentaron de 673 personas al año en la
década de 1960 a aproximadamente 1528 inmigrantes al año en la década de 1970.
Debido a éste aumento, los pakistaníes comenzaron a identificarse como una
entidad separada, como parte de la comunidad musulmana, en lugar de ser un
subconjunto de la diáspora del sur de Asia. Durante las décadas de 1980 y 1990,
Estados Unidos permitió la inmigración de trabajadores agrícolas y anunció el
sistema de tarjetas verdes, bajo el cual las visas se otorgaban bajo un sistema
de lotería. Muchos llegaron como trabajadores agrícolas y, como resultado, para
la década de 1980, se admitieron alrededor de 4265 inmigrantes de origen
pakistaní, cifra que para la década de 1990 aumentó a 9729. La mayoría de los
pakistaníes que migraban en ése momento provenían de Punjab (50%) y Khyber
Pakhtunkhwa, mientras que sólo un pequeño número provenía de Sindh y Baluchistán.
Quienes migraron fueron generalmente profesionales de alto nivel, como médicos,
ingenieros, técnicos de TI y científicos que se trasladaron directamente debido
a la creciente demanda de sus profesiones en Estados Unidos, o como estudiantes
que se quedaron tras obtener su titulación. Junto con éstos profesionales,
llegaron familias con menor nivel educativo que cumplían los requisitos para
obtener una visa de inmigración preferencial para familiares o a través del
sistema de lotería de visas. El sistema atrajo a solicitantes de todos los
estratos socioeconómicos y educativos, ya que no exigía requisitos previos,
salvo doce años de educación y experiencia laboral en una profesión que
requería dos años de formación. Como resultado, incluso aquellos con menos
cualificación o semicalificación migraron y encontraron empleo en pequeños
negocios como tiendas minoristas, gasolineras, servicios de taxi, etc. En
consecuencia, para el año 2000, el número de pakistaníes en Estados Unidos
aumentó considerablemente a 209.273, aunque como porcentaje de la población
total seguía siendo minúsculo. De ésta cifra, alrededor del 24,5% de los
pakistaníes nacieron en Estados Unidos y alrededor del 44,8% vivían en el país,
pero no tenían la ciudadanía. El número exacto de pakistaníes que residen en
Estados Unidos en los últimos años ha sido difícil de predecir, ya que diversas
fuentes ofrecen estimaciones diferentes. Según la Embajada de Pakistán en
Washington, había alrededor de 700.000 pakistaníes, mientras que Burki (2013)
estimó que eran 850.000 en 2012-2013. Los datos del Instituto de Política
Migratoria revelaron que había 453.000 pakistaníes en Estados Unidos en
2013-2014. Algunos analistas como Najam (2006) y Nimer (2002) han estimado que,
a lo largo de los años, los pakistaníes representan un promedio del 15% de la
población musulmana total. Según sus estimaciones, se puede deducir que, de un
total de 6,2 millones de musulmanes en Estados Unidos, había alrededor de 0,93
millones de pakistaníes en 2014-2015. Por lo tanto, las estimaciones oscilan
entre medio millón y un millón de pakistaníes en Estados Unidos; una cifra de
750.000 a 800.000 parece más probable. A diferencia de Estados Unidos, donde
había comenzado a surgir una pequeña población migrante pakistaní, no fue hasta
las décadas de 1950 y 1960 que los pakistaníes comenzaron a migrar a Canadá en
pequeñas cantidades. A principios de la década de 1960, según algunas fuentes,
sólo quedaban cinco o seis familias pakistaníes viviendo en Canadá. En 1967, se
introdujo en Canadá un sistema de puntos para regular la elegibilidad de los
inmigrantes, dando preferencia a los hablantes de francés e inglés con estudios
superiores en edad laboral. Las normas de inmigración favorecían a quienes
tenían educación superior y habilidades profesionales. Muchos de éstos
inmigrantes patrocinaron a familiares y familias extensas. Durante la década de
1970, los pakistaníes cualificados o semicualificados se mudaron a Canadá y se
establecieron en Ontario y Quebec. Los inmigrantes de Pakistán, incluidos
aquellos que habían vivido durante mucho o poco tiempo en otros lugares (por
ejemplo, en África Oriental, Gran Bretaña u Oriente Medio), continuaron
llegando a Canadá. La Ley de 1976, que priorizaba la reunificación familiar y
las preocupaciones humanitarias sobre los intereses económicos, fue reemplazada
en 2001 por la Ley de Inmigración y Protección de Refugiados, una política que
priorizaba la educación, el idioma y la adaptabilidad. Los solicitantes con
certificados profesionales y segundos títulos universitarios obtenían más
puntos. Para 2001, aprovechando éste nuevo sistema, Pakistán se convirtió en la
tercera mayor fuente de inmigrantes a Canadá, aportando el 6,1% del total. El
número de inmigrantes de Pakistán aumentó de 79.315 a 156.860 en 2011 (un
aumento del 98%) y llegó a 198.272 en 2013. El 73% de los inmigrantes
pakistaníes en 2013 residían en Ontario; la mayoría (97.065) vivía en el área
metropolitana de Toronto. Según las estimaciones de Burki, se estima que unos
250.000 pakistaníes residían en Canadá entre 2014 y 2015. Las comunidades
pakistaníes en Estados Unidos y Canadá comparten similitudes, pero difieren
drásticamente en su modo de incorporación socioeconómica. Se sabe que a los
pakistaníes les ha ido mejor en Estados Unidos que en cualquier otro lugar del
mundo, al alcanzar niveles más altos de educación y tener un empleo remunerado:
"A primera vista las diferencias entre
ambos lugares pueden explicarse por un mayor capital humano en Estados Unidos
que en Canadá. Si bien ésto es plausible, se puede argumentar que ésta
diferencia no puede explicar por completo la enorme diferencia en las tasas de
desempleo, el nivel educativo y los niveles de pobreza (casi el 50% de los
pakistaníes en Canadá viven en la pobreza relativa). Los resultados sugieren
que, contrariamente a las expectativas derivadas de estudios previos, un país
multiculturalista e inclusivo no es suficiente para garantizar la prosperidad
económica de los migrantes. Ésto nos lleva a
analizar otra dimensión de la experiencia migratoria pakistaní. Evidentemente,
una explicación podría ser que los pakistaníes están mejor establecidos e
integrados en Estados Unidos, ya que la migración comenzó hace años. La alta
tasa de pobreza de Canadá no se debe principalmente a la falta de participación
económica o de empleo, sino también a que ganan muy poco por su trabajo,
resultado de un desajuste en la fuerza laboral (estar subempleados y, por lo
tanto, mal pagados en comparación con sus cualificaciones) o de la
discriminación en el mercado laboral. Dado que la mayoría de ellos (75%) se
agrupan en empleos manuales, a diferencia de Estados Unidos, donde encuentran
fácilmente empleos de alta cualificación y, por lo tanto, mantienen un nivel de
vida más alto, la demografía de los canadienses pakistaníes plantea un desafío
adicional: sus familias son más numerosas, lo que implica mayores costos de
vivienda y de vida. Los ingresos familiares, ya de por sí bajos, se vuelven aún
más insuficientes si se comparan con el ingreso per cápita. Con más de la mitad de las mujeres de origen pakistaní
sin trabajo, la lucha de sus familias por la paridad económica sigue siendo un
objetivo difícil de alcanzar. Es preocupante que los pakistaníes se enfrenten a
graves preocupaciones sobre su futuro. Las estadísticas revelan que, en
promedio, el 19% (2013) de los niños inmigrantes en Canadá viven en la pobreza,
siendo Canadá la capital de la pobreza infantil. Cabe destacar que, dado que la
tasa de pobreza entre los pakistaníes es alta, no sería erróneo predecir que la
pobreza infantil también lo será" (Fatima, pp. 88, 89, 90).
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La
Australia Blanca: 1901-1972.
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Hanifa Deen en "Excavando en el pasado: musulmanes australianos" (LA TROBE JOURNAL, 2012), ubica que la presencia musulmana en Australia entre 1901 y 1975 es una historia muy fragmentada. Durante los primeros cincuenta años, aproximadamente, la característica principal fue la impermanencia, provocada por las leyes que dictaban quién podía establecerse en Australia y quién no. Éste fue el legado de una relación a menudo tensa con la burocracia de la Commonwealth, que formuló, implementó y supervisó la Ley de Restricción de la Inmigración de 1901, lo que resultó en una "Política de Australia Blanca" y graves repercusiones para cualquier persona no blanca que quisiera entrar en Australia durante éste período. A lo largo de siete décadas, musulmanes de diversos orígenes étnicos dejaron un rastro documental que culminó en miles de registros, todos con una historia, o fragmentos de ella, que contar, como descubrí durante mi investigación en los Archivos Nacionales de Australia en Camberra en 2006. La presencia de "mahometanos", como se llamaba a los primeros musulmanes, coincidió con el surgimiento de Australia como nación recién independizada, estableciendo su nueva y a menudo inexperta burocracia, formulando e implementando leyes y regulaciones. También fue una época histórica sin tecnología, en la que las comunicaciones departamentales eran lentas y laboriosas, y los estados se resistían a someterse a las órdenes del nuevo Parlamento Federal. La experiencia inicial de asentamiento musulmán tuvo lugar en éste contexto difícil e inusual de la historia australiana, ya que, en la época de la Política Australiana Blanca, la entrada estaba restringida por el color de la piel. La teoría del darwinismo social estaba en boga: se creía que los genes blancos eran muy superiores a los de otras razas. El 9 de junio de 1860, tres camelleros afganos de aspecto exótico desembarcaron en Port Melbourne desde Karachi con una veintena de animales para participar en la (finalmente trágica) expedición de Burke y Wills, organizada por la Real Sociedad de Victoria. Sin embargo, el desafortunado viaje demostró la superioridad del camello sobre el caballo y el buey. Durante los diez años siguientes, empresarios británicos importaron cantidades significativas de camellos con sus cuidadores, y se descargaron más animales en Derby y Fremantle, en Australia Occidental; Port Augusta, en Australia Meridional; y Port Melbourne. Gracias a su movilidad y resistencia, los camellos pronto demostraron su valía y se utilizaron cada vez más, acompañando a grupos de exploración, descubriendo zonas remotas del interior y prestando servicios esenciales. El animal estaba hecho para el desierto. Caballos y búfalos murieron por falta de agua, pero los camellos sobrevivieron, capaces de transportar una carga de 600 kilos. Sin embargo, si se utilizaban, era indispensable contar con personal experimentado, aunque en una década éstos hombres afganos se convirtieron en una presencia indeseable. Entre 1870 y 1920, aproximadamente 20.000 camellos y entre 2.000 y 4.000 camelleros desembarcaron en los puertos y una vasta red de rutas de camellos se extendió por el interior de Australia. Los camellos provenían de Karachi, Bombay y Calcuta, y multitudes emocionadas acudían a los muelles para ver a los descontentos –y ciertamente desorientados- dromedarios suspendidos en el aire y bajados a los muelles, listos, junto con sus cuidadores, para afrontar un período de cuarentena antes de continuar con sus nuevas vidas. Maree, o Hergott Springs, como se le llamó inicialmente, fue una importante estación de descanso en el centro de la red interestatal de comunicación de camellos, antiguamente llamada Carretera de Queensland y, años más tarde, Vía Birdsville. Las cuadrillas de camellos que viajaban de un estado a otro convergían en la polvorienta estación de la concurrida terminal ferroviaria, donde se cargaba y descargaban las mercancías. En su época de apogeo, Maree contaba con un asentamiento blanco, un campamento aborigen y un campamento afgano, como señala Bilal Cleland en su obra fundamental The Muslims in Australia: a brief history. Tras los camelleros, llegaron los jóvenes vendedores ambulantes, comerciantes y pequeños empresarios indios con grandes ideas. Mis abuelos entre ellos. Para la década de 1890, los camelleros musulmanes y, a su vez, los vendedores ambulantes eran comunes en los caminos rurales y rutas interiores, desde Kalgoorlie hasta Broken Hill y más allá. Un pequeño número de sijs e hindúes también fueron agrupados con los "afganos". La mayoría desconocía sus diferencias religiosas y, como los sijs y muchos hindúes eran punyabíes, hablaban el mismo idioma y compartían ciertas costumbres con los musulmanes punyabíes. Ésto ocurrió unos cincuenta años antes de la partición de la India británica en 1947 y la posterior violencia desatada por todos los bandos de las nuevas naciones de India y Pakistán. "Afgano" o "ghan" se convirtió en un término genérico para describir a cualquier asiático involucrado en el negocio de los camellos, independientemente de si provenía de India, Afganistán, Egipto o Siria. ¿De verdad importaba? No para la mayoría de los australianos. En realidad, los hombres pertenecían a diferentes grupos étnicos, tribales y lingüísticos, lo cual resultó incomprensible para los australianos europeos, salvo un pequeño número de exoficiales y funcionarios del ejército inglés, irlandés y escocés que habían servido lealmente a la Reina y a la Patria en la India Británica, pero que, al final de su servicio, emigraron de la "Madre Patria" a Australia. La mayoría de los conductores provenía de diferentes provincias de lo que posteriormente se convertiría en Pakistán (Baluchistán, Punyab, Sindh, la Provincia de la Frontera Noroeste) y del protectorado Reino de Afganistán. Mantuvieron su identidad a través de sus idiomas, dialectos y costumbres, incluyendo las diferentes formas de peinarse la barba, el bigote y el turbante. Sin embargo, éstos matices pasaron desapercibidos para los australianos caucásicos, quienes, ingenuamente, añadieron sal a la herida intercalando los habituales calificativos torpes con términos como "hindúes" y "cipayos". Gracias a los marineros visitantes, los artículos periodísticos y el boca-boca, los colonos de las colonias australianas estaban al tanto del "motín indio" de 1857 y de los cipayos "traidores". Éstas sospechas se vieron reforzadas cuarenta años después en algunos sectores por las acusaciones de que los mulás que entraban en Australia recaudaban suscripciones para las tribus afganas que luchaban contra sus enemigos, los soldados británicos, en las guerras afganas de finales del siglo XIX. El problema afgano a finales del siglo XIX fue tan discutido en Australia y tan acaloradamente debatido como lo es hoy el tema de los solicitantes de asilo y los inmigrantes ilegales. Los indios y afganos que entraron en Australia como camelleros en las décadas de 1880 y 1890 pronto perdieron su bienvenida, junto con los chinos, malayos y otros etiquetados como "asiáticos"; el afán de conservar Australia para el hombre blanco aumentó a medida que las colonias se dirigían hacia la Federación. Las razas no caucásicas podían ser utilizadas para tareas domésticas, pero nunca debían amenazar las condiciones laborales de los australianos blancos. ¿Quién podría haber imaginado, al inicio de la primera conexión afgano-australiana, que los camelleros y los vendedores ambulantes se quedarían? Políticos, funcionarios o el ciudadano de a pie (si es que éste último lo pensaba) asumían que los camelleros algún día regresarían a su lugar de origen. Ciertamente, algunos afganos vivieron la aventura de su vida, ahorraron su dinero, fueron a La Meca y luego regresaron a su tierra natal, transformados en hajjis, hombres adinerados y con estatus social, con historias exóticas que contar sobre animales y personas extrañas en Australia. Los camelleros se encargaron de lo necesario durante la apertura del país. Acompañaron expediciones para cartografiar el continente; transportaron lana a los puertos y barriles de agua a las zonas afectadas por la sequía; y transportaron correo, equipo y provisiones en una época en que la construcción del ferrocarril estaba en sus inicios. Hoy en día se reconoce el importante papel que desempeñaron al facilitar la construcción de la Línea Telegráfica Terrestre entre 1870 y 1872 y la conexión ferroviaria de Port Augusta a Alice Springs, transportando equipo, materiales y suministros. Sin sus servicios, el desarrollo del interior de Australia se habría retrasado considerablemente hasta que la era de las mejoras en las carreteras, los camiones y los servicios ferroviarios condujo a que la fuerza de las máquinas sustituyera a la fuerza animal. Los afganos más astutos se adentraron en el negocio de los camellos como empresarios involucrados en la compraventa de camellos, expandiendo sus negocios de acarreo, a veces asociándose con europeos. A su vez, los musulmanes urbanos pertenecientes a la clase mercantil más educada invirtieron su capital en propiedades y recaudaron dinero para construir mezquitas en Adelaide y Perth: "El negocio del transporte de camellos alcanzó su apogeo entre mediados de la década de 1890 y 1905, dirigido por hombres que habían residido en Australia entre diez y veinte años. Por ejemplo, hombres como Abdul Wade poseían 400 camellos y empleaban a sesenta hombres; los hermanos Faiz Mahomet, Tagh Mahomet y Gunny Khan eran muy conocidos en el sector. Empleaban a sus compatriotas menos educados, menos adinerados (y, sin duda, peor pagados) para trabajar en las plataformas de camellos a lo largo de vastas extensiones de Australia. Pero una vez que afganos e indios entraron en el negocio del transporte como dueños de negocios por derecho propio y dejaron de ser meros trabajadores, comenzaron a atraer la animosidad de funcionarios, sindicatos y trabajadores con aspiraciones propias. De repente, se convirtieron en un problema. Los informes sobre conflictos entre camelleros y carreteros australianos aparecían con frecuencia en la prensa: se acusaba a los camelleros de monopolizar abrevaderos y tanques mientras caballos y bueyes sedientos, junto con sus cuidadores, esperaban durante horas con la esperanza de que el agua no se agotara y que no quedaran excrementos de camello que contaminaran los abrevaderos. Detrás de muchas de éstas acusaciones se escondía el temor a la competencia económica en el transporte y los oficios y negocios afines. En los yacimientos de oro de Australia Occidental, jóvenes instruidos con talento para escribir panfletos polémicos y pronunciar discursos apasionados se encontraron en su elemento como agitadores profesionales. En 1894, Frederick Vospers y John Marshalls fundaron la Liga Antiasiática. Vospers, un talentoso editor de periódico, obtuvo un apoyo considerable por sus opiniones sobre el republicanismo, la inmigración asiática y los derechos de los trabajadores… Las colonias se acercaban a la Federación y el floreciente movimiento obrero australiano culminó con la fundación del Partido Laborista Australiano en 1891. Inevitablemente, junto con los chinos, los afganos se convirtieron en una amenaza para los hombres de la clase trabajadora y fueron blanco de un racismo feroz, especialmente en Australia Occidental, Australia Meridional y Queensland" (Deen, pp. 66, 67). Empresas que antes prosperaban ahora comenzaban a fracasar, a menudo por razones ajenas a su control. Se dieron casos en los que las autoridades portuarias denegaron el permiso para descargar su carga de animales y los sindicatos afganos quebraron. Para quienes así lo deseaban, era fácil encontrar razones para resentirse con éstos "extranjeros", como se les llamaba oficialmente: cualquier éxito empresarial que pudieran disfrutar, sobre todo si los tiempos eran difíciles y uno mismo vivía en la ruina. Además, se sentía un fuerte antagonismo, a veces expresado y a veces tácito, pero expresado con desprecio o una mirada dura, hacia los hombres de piel oscura que se casaban o entablaban relaciones con mujeres blancas. El mestizaje, si bien no era ilegal, condujo a celos sexuales en una época en la que los hombres superaban ampliamente en número a las mujeres en Australia: la proporción de hombres a mujeres en Australia Occidental en 1897 era de 10:1; en Nueva Gales del Sur, incluso en 1938, había cuatro hombres por cada mujer y en las zonas rurales el desequilibrio se extendía a 20:1. Muchos de éstos "intrusos" eran hombres jóvenes y apuestos, en la flor de la vida. Desde la perspectiva australiana, la intención de los camelleros nunca fue quedarse, echar raíces ni formar una familia. Incluso a quienes permanecieron en Australia después de 1901 no se les permitió traer a sus esposas o hijos de su país de origen, una prohibición que no se levantó hasta alrededor de 1923. Al finalizar sus contratos, se asumió que regresarían al subcontinente indio. Hoy los describiríamos como "trabajadores invitados", pero si eran nuestros invitados, Australia era un mal anfitrión. La venta ambulante era una ocupación común en la India rural y encontró su lugar natural en la Australia rural. Los acuerdos de crédito y una peculiar cadena de dependencia mutua entre mayoristas australianos y vendedores ambulantes formaban la base de la venta ambulante: los mayoristas vendían productos a crédito a pequeños mayoristas indios y sirios, quienes, a su vez, abastecían a sus compatriotas con productos para vender en el campo, también a crédito. Camisas de trabajo, pantalones, imperdibles, paños de cocina, agujas de coser, dulces y muchos otros artículos eran sólo algunos de los artículos esenciales que vendían. En aquellos tiempos, un granjero o sus peones podían tardar hasta seis meses o un año en pagar una factura de 6 chelines y 6 peniques. Algunos agricultores mantenían a los vendedores ambulantes a distancia, obligándolos a acampar lejos de su granja, pero otros eran más acogedores y forjaron amistades duraderas. Muchos obstáculos burocráticos obstaculizaron el camino de la primera generación, ya que la Ley de Restricción de la Inmigración de 1901 seguía proyectando su sombra sobre sus vidas. La omnipresente Exención del Examen de Dictado (EDT), adoptada en Natal, Sudáfrica, implicaba que, siempre que un no europeo residente en Australia saliera del país, ya fuera por corto o largo plazo, debía obtener un certificado (con foto y huella dactilar) que acreditara su entrada al país antes de 1901. Ésto eximía al titular del examen de dictado. Sin embargo, el examen, que podía realizarse en cualquier idioma europeo, impedía la entrada de nuevas personas de color. Se podría argumentar que los asiáticos estaban excluidos, no por su raza, sino por no aprobar el examen de dictado. Los primeros hombres que llegaron a Australia antes de 1901 provenían de sociedades sin papel, donde los nacimientos, defunciones y matrimonios a menudo no se registraban; algunos eran analfabetos en su propio idioma. Cientos de documentos y solicitudes almacenados en archivos estatales, muchos marcados con una huella dactilar en lugar de una firma, lo revelan. Los hombres se encontraban lidiando con una sociedad basada en el papel y con funcionarios públicos incorruptibles (pero no imparciales). Debido a su bajo nivel de inglés, solían necesitar intermediarios (a menudo abogados o respetables empresarios australianos) que intercedieran en su nombre. Las historias revelan una historia sombría de hombres que vivían al margen de una sociedad que los miraba con recelo, pero los documentos también muestran la decencia de muchos australianos que estaban dispuestos a avalar a "Ali" o "Mahoma" incluso ante los tribunales, como en el caso de Ali Abdul, el comerciante de Redfern a quien "descubrí" en los Archivos Nacionales. Durante la Primera Guerra Mundial, los afganos debían registrarse como extranjeros en virtud de la Ley de Precauciones de Guerra (Ley de Registro de Extranjeros) de 1916. Afganistán era un reino anexado por los británicos, quienes estaban obligados a registrarse sin importar cuánto tiempo hubieran residido en Australia. Los indios, como súbditos británicos, no lo estaban. Sin embargo, a diferencia de los alemanes y los turcos, los afganos no eran "extranjeros enemigos" ni eran internados. No obstante, debían notificar a las autoridades y completar un formulario de cambio de domicilio cada vez que se mudaban. Dado que muchos eran camelleros y vendedores ambulantes que se desplazaban de una ciudad a otra, ésto a menudo era impracticable. Los extranjeros debían completar un formulario en un plazo de siete días en una comisaría cada vez que cambiaban de residencia. Si se alojaban en hoteles o pensiones, como muchos hacían, debían proporcionar información a los propietarios de éstos establecimientos para que pudieran registrarse. Muchos de los formularios muestran que afganos e indios a menudo confundían su fecha de nacimiento y su fecha de llegada a Australia. Los nombres de los camelleros y vendedores ambulantes solían ser anglicanizados. Ésto generaba confusión al momento de su registro oficial. "Muhammad", por ejemplo, podía escribirse de media docena de maneras diferentes; "Akbar" podía escribirse mal como "Ackubar"; "Deen" podía ser "Din" o "Dean", y así sucesivamente… Éste período temprano es una historia masculina, ya que hasta aproximadamente 1928, las esposas y familiares de hombres indios y afganos no podían entrar en Australia. El tema se planteó en las Conferencias Imperiales posteriores a la Primera Guerra Mundial a la luz de la magnífica contribución bélica de la india. Los maharajás se alistaron y lucharon codo con codo con sus hijos; enviaron camellos, caballería, rifles y dinero. El Dalai Lama contribuyó con hombres y oraciones. Incluso el Partido del Congreso Indio y la Liga Musulmana enviaron mensajes de lealtad en un momento en que el nacionalismo y la independencia de la India estaban en el aire. Tras la guerra, en las conferencias imperiales a las que asistieron los dominios, aumentaron las demandas de un mejor trato para los indios residentes en Australia, Sudáfrica y Canadá. Algunos cambios se negociaron e implementaron (aunque lentamente) a mediados de la década de 1920. El Dr. Sastri, eminente político indio, visitó Australia en 1923, recorrió el país, escuchó a indios y afganos y ejerció su considerable influencia a su favor. Sin embargo, los cambios de actitud, tanto de los australianos comunes como de los funcionarios gubernamentales, aún estaban rezagados. Muchos hombres regresaron con sus familias, pues su hogar significaba el subcontinente indio. Algunos se quedaron en Australia y se casaron con mujeres australianas blancas, a veces legalmente bajo la ley australiana, a veces consagrada religiosamente mediante una ceremonia islámica. La mayoría de los hijos de matrimonios con "mujeres blancas", con algunas excepciones, se integraron a la sociedad mayoritaria y no practicaron el islam. Las uniones con mujeres indígenas y sus descendientes rara vez se registraban en documentos oficiales. Sin embargo, recientemente, los investigadores han redescubierto éstas conexiones del pasado. Publicaciones, documentales y exposiciones itinerantes que celebran la herencia de los camelleros han recuperado ésta historia. El término "malayo" se usaba de forma imprecisa para describir a los hombres que trabajaban en la industria del buceo, incluyendo a los indonesios y singapurenses. Los malayos (enviados por los colonialistas holandeses) llegaron como trabajadores contratados y tripulantes de la industria perlera en la isla Thursday, Port Darwin y Broome, en Australia Occidental. A finales del siglo XIX, Broome era el principal centro perlero del mundo y continuó empleando malayos mucho después de que otros centros comenzaran a emplear buzos japoneses. Cualquier hombre casado estaba obligado a dejar atrás a su esposa y familia. Los hombres trabajaban no sólo como buzos, sino también como cocineros, operarios de bombas, tripulantes y obreros. Huelga decir que sus condiciones de vida y salarios eran a menudo deplorables. En 1901 había aproximadamente 1600 malayos en Australia; en 1910, 2191 y en 1921, 1860. Después de la Primera Guerra Mundial, la mayoría de los buscadores de perlas se encontraban en Broome, pero para entonces su número había disminuido a unos 700. La Asociación de Maestros Perleros de Australia Occidental estaba deseosa de seguir empleando a buzos malayos y obtuvo una excepción de la Ley de Inmigración de 1901 y del edicto del Gobierno de la Commonwealth que pretendía eliminar gradualmente el trabajo forzado asiático y capacitar a trabajadores australianos para que ocuparan éstos puestos: "Años más tarde, los esfuerzos de varios buzos malayos por sindicalizar a sus compañeros malayos y mejorar sus condiciones laborales llevaron a su deportación en 1947 y 1948 por un tecnicismo legal. Samsudin ibn Katib, cabo del Ejército Australiano en la "Unidad Z" (un cuerpo de inteligencia desplegado en Borneo), quien fue dado de baja con honores en 1948, demuestra lo que podía ocurrirle a cualquier líder que intentara enfrentarse a los Maestros Perleros. A finales de la década de 1950, muchos australianos comenzaron a considerar la Política de Australia Blanca moralmente repugnante y desafiaron éstas deportaciones. En 1961, se celebraron manifestaciones públicas en toda Australia en apoyo a tres buzos. Sindicalistas, estudiantes y otros realizaron protestas y marchas en Darwin y otros lugares hasta que se revocó la orden. La industria decayó gradualmente y pronto dejó de ser necesaria la mano de obra extranjera. Para la década de 1960, la inmigración se relajó. El Ministro de Inmigración estaba dispuesto a ejercer su discreción para permitir la entrada a Australia de ciertos asiáticos (generalmente empresarios o profesionales), pero la Ley de Restricción de la Inmigración de 1901 permaneció vigente hasta 1972, cuando fue derogada por una ley del Parlamento. Una década después de deportar a los "alborotadores" malayos e indonesios, Australia impulsó un programa educativo pionero llamado "Plan Colombo". Iniciado en 1950, estudiantes de Malasia, Singapur, Indonesia, Pakistán e India llegaron a Australia para estudiar en nuestras instituciones de educación superior. Muchos estudiantes eran musulmanes y las carreras de enfermería, ingeniería, administración de empresas y economía eran opciones populares. Al regresar a sus países de origen, muchos de éstos estudiantes se convirtieron posteriormente en "líderes" en sus propias sociedades: altos funcionarios públicos, políticos, planificadores económicos, empresarios y educadores" (Deen, pp. 70, 71).
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La
Australia Multicultural…
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El Plan Colombo
marcó el principio del fin de la Política de Australia Blanca y jugó un papel
importante en la disipación de antiguas actitudes arraigadas. Los estudiantes
fueron cuidadosamente seleccionados: jóvenes inteligentes, con buen inglés,
amigables, encantadores y bien parecidos. Se forjaron amistades y muchos
hogares angloaustralianos "blancos" acogieron a los recién llegados y
los "adoptaron". Quizá por primera vez en la historia de Australia,
se rompió la distancia social entre la comunidad anfitriona australiana y los "otros".
Los australianos se comportaron como anfitriones tradicionales con sus nuevos
huéspedes. Los estudiantes estaban encantados de mostrar sus respectivas
culturas y asistían a barbacoas y bailes, aunque los estudiantes musulmanes
evitaban el alcohol. Se integraron bien con los australianos apasionados por
los deportes. Algunos que eran aficionados al fútbol formaron sus propios
equipos y se unieron a las ligas locales. El bádminton y el tenis de mesa
fueron otros deportes en los que destacaron. Los estudiantes asistían a su
mezquita local, ayunaban y celebraban los días especiales del Eid. Los jóvenes
estudiantes, la mayoría de las cuales se formaban como enfermeras, vestían la
modesta vestimenta malaya de sarong y
kebaya con un pañuelo fino sobre un
hombro, pero no usaban velo ni el hiyab
que se suele asociar con las mujeres musulmanas de hoy. La mayoría de los
estudiantes regresaban a casa tras finalizar sus estudios y, con el paso de los
años, continuaban visitando Australia, incluso enviando a sus hijos a estudiar
allí. Algunos estudiantes varones se casaron con australianas y se
establecieron aquí. Ésta generación de líderes contribuyó al desarrollo de
vínculos comerciales y diplomáticos con Australia y a disipar las opiniones
negativas sobre Australia que se extendían en el Sudeste Asiático debido a la
Política de la Australia Blanca. Su presencia también despertó el interés de
los australianos por el Sudeste Asiático. Un pequeño número de albaneses llegó
a Australia en la década de 1920, cuando llegaron más de mil, principalmente
hombres solteros. A finales de la década de 1930, algunos hombres con
antecedentes agrícolas se mudaron a Shepparton, en Victoria, y trabajaron en
los huertos. Shepparton se convirtió posteriormente en la comunidad musulmana
albanesa más grande de Australia. En 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, una
mayor cantidad de personas emigraron siguiendo un patrón típico en cadena.
Hombres emparentados o de la misma aldea que los que ya estaban en Australia
entraron y encontraron trabajo en zonas agrícolas realizando labores menos
favorecidas por los angloaustralianos. Al principio, trabajaron en plantaciones
de caña de azúcar en Cairns, en plantaciones de algodón y tabaco cerca de
Brisbane y en zonas de cultivo de trigo en Northam y York, Washington. Más
tarde, en la década de 1960, la segunda generación comenzó a incorporarse a
ocupaciones profesionales. Siempre han sido una comunidad tranquila y de perfil
bajo. Una de las primeras mezquitas de Melbourne fue la de Albania, un pequeño
edificio en Drummond Street, Carlton, construido en 1963. Los jóvenes albaneses
pudieron entrar en Australia en las décadas de 1920 y 1930 porque cumplían los
criterios raciales y porque había escasez de inmigrantes británicos. Los
albaneses eran clasificados como "arios", no "asiáticos";
eran claramente de piel blanca. Sin embargo, los hombres, generalmente no
cualificados, semicualificados y solteros seguían siendo la categoría
preferida. En la década de 1920, muchos entraron en Australia al amparo de la
Ley de Personas Desplazadas tras la Primera Guerra Mundial. Más tarde, en la
década de 1930, se permitió la entrada a los hombres albaneses bajo un estricto
sistema de cuotas. Aunque los albaneses cumplían los criterios raciales,
algunos funcionarios temían que entraran demasiados a expensas de otras
nacionalidades, por lo que se dieron instrucciones para limitar su número. En
1929, sólo se permitió la entrada a diez entre los meses de agosto y diciembre.
En ésa época, los inmigrantes británicos no entraban en Australia en grandes
cantidades, lo que explica por qué se permitió la entrada a los europeos del
sur, incluidos los albaneses, en lugar de los británicos. La mezquita albanesa
de Shepparton, Victoria, recuerda a los hombres que, tras años de duro trabajo
en los campos azucareros de Queensland, se mudaron a Shepparton, trabajaron la
tierra y, en los años siguientes, fundaron sus propias granjas. En Australia
Occidental, los albaneses se asentaron como agricultores en las zonas de trigo
y ovejas de York y Northam. Éstos jóvenes mandaban a buscar a sus prometidas o
esposas para que se unieron a ellos (los matrimonios concertados seguían siendo
tradicionales). Para las festividades del Eid, los hombres y sus familias
conducían hasta la mezquita de Perth, fundada en 1905. La segunda oleada de
albaneses llegó a Australia después de la Segunda Guerra Mundial. Durante la
guerra, los partisanos albaneses lucharon contra los italianos y los alemanes,
y su país fue ocupado, en diferentes momentos, por ambas potencias del Eje. Al
final de la guerra, algunas partes de Albania pasaron a formar parte de la
República de Macedonia en Yugoslavia, con los musulmanes como minoría y los
cristianos ortodoxos como la comunidad religiosa dominante. Ésta redefinición
de fronteras tras la guerra separó a las familias que se quedaron en Albania de
sus parientes que ahora se encontraban en Yugoslavia, aunque siempre había
existido una minoría albanesa en Yugoslavia. Algunos albaneses entraron en
Australia desde campamentos en Siria y Líbano bajo la categoría de desplazados
en 1949, tras someterse a rigurosos exámenes médicos y vacunación. "Apto
para la migración a Australia; requiere atención dental", decía a mano un
médico forense en el formulario de un solicitante. Las autoridades australianas
examinaban cuidadosamente a los migrantes albaneses para garantizar que no
tuvieran vínculos comunistas, especialmente aquellos cuyas familias pertenecían
al Movimiento de Resistencia Albanesa, que luchaba contra las fuerzas de
ocupación fascista. Las personas desplazadas debían firmar el siguiente
formulario: "Entiendo plenamente que debo permanecer en el empleo que se
me ha asignado por un período máximo de dos años y que no se me permitirá
cambiar de empleo sin el consentimiento del Departamento de Inmigración".
Tras el fin de la guerra en 1918, se debatió entre políticos y funcionarios
quiénes eran turcos asiáticos y quiénes eran turcos europeos. La cuestión de si
Turquía es asiática o europea sigue presente en los debates de su ingreso a la
Unión Europea en el siglo XXI. Incluso en 1919, los extranjeros turcos seguían
estando obligados a notificar su cambio de domicilio en la Oficina de Registro
de Extranjeros. Los musulmanes turcochipriotas se asentaron por primera vez en
Australia a finales de la década de 1940. Antes de ésto, el censo de 1947
registraba sólo 252 residentes nacidos en Turquía. Sin embargo, como residentes
del territorio británico, en la isla de Chipre, los turcos poseían pasaportes
británicos. Ésto les permitió eludir la política de Australia Blanca, que
consideraba a los demás turcos "asiáticos". Los turcochipriotas que
llegaron en ésa época eran principalmente comerciantes cualificados que
entraron a finales de las décadas de 1940 y 1950, y ya estaban asentados cuando
llegó la primera oleada de turcos procedentes de Turquía. El primer grupo de
musulmanes turcochipriotas había desarrollado relaciones comunitarias
armoniosas con la sociedad angloaustraliana y se había integrado
satisfactoriamente. Por lo tanto, pudieron apoyar a los turcos que llegaron
posteriormente bajo el Programa de Paso Asistido Turco-Australia de 1968. El
conocido líder comunitario de Melbourne, Ibrahim Dellal, era un turcochipriota
que emigró en 1950. A lo largo de sesenta años, ha sido testigo de la historia
de la comunidad turca de Australia y ayudó a impulsar la creación de mezquitas,
escuelas turcas, periódicos, programas de radio y organizaciones comunitarias. La
inmigración oficial desde la parte continental de Turquía no comenzó hasta
1968, tras la llegada del Plan de Asistencia para el Pasaje entre Australia y
Turquía, un acuerdo bilateral firmado en 1967. La economía australiana
necesitaba trabajadores migrantes para sus industrias manufactureras en
expansión en Melbourne y Sídney, y la inmigración británica había disminuido.
El nuevo plan representó un punto de inflexión importante en la historia de la
migración musulmana. Se permitió la entrada de familias turcas en Australia
para establecerse permanentemente. A diferencia de otros programas de
trabajadores invitados en Europa, se animó a las esposas e hijos a formar una
unidad familiar y a quedarse permanentemente. Se animó a las esposas a trabajar
fuera del hogar en fábricas locales. Las categorías ocupacionales reclutadas
fueron principalmente trabajadores semicalificados, artesanos y de procesos de
producción, y obreros no cualificados: "Si bien el acuerdo pretendía una
admisión del 30% de trabajadores cualificados y del 70% de no cualificados, en
los primeros años del programa, la mayoría de los trabajadores que llegaron
eran no cualificados. Los intentos de atraer profesionales turcos como parte de
los acuerdos de Paso Asistido tuvieron un éxito parcial. Se informó que la
"pérdida de casta" era una de las razones por las que los
profesionales se mostraban reacios a solicitar el ingreso, y hubo hábiles
maniobras estadísticas por parte de los funcionarios australianos para trabajar
"por la puerta trasera". Naturalmente, el gobierno turco no estaba
dispuesto a facilitar la fuga de cerebros. Los solicitantes con "buena
actitud" eran favorecidos en las entrevistas de selección: familias
jóvenes con esposos dispuestos a aceptar cualquier trabajo, "incluido el
trabajo manual o industrial pesado con salarios mínimos". Por primera vez
en la historia de Australia, el gobierno animó a las familias musulmanas
(familias turco-musulmanas) a establecerse en Australia de forma permanente, lo
que marcó el inicio del desmantelamiento de la Ley de Restricción de la
Inmigración. Según el censo de 1961, había 1544 inmigrantes nacidos en Turquía
viviendo en Australia; para 1971, la cifra había ascendido a 11.589. Los kurdos
turcos perseguidos en Turquía como disidentes debido a su sueño de nacionalismo
kurdo también entraron en Australia entre 1965 y 1985. Los musulmanes de Bosnia
y Sarajevo también entraron en la década de 1960 y trabajaron en el Programa de
las Montañas Nevadas. En la década de 1980, los turcos pudieron entrar bajo la
categoría de inmigración independiente y la política de reunificación familiar.
A finales de la década de 1990, la inmigración desde Turquía prácticamente
había cesado, excepto los inmigrantes kurdos que entraban bajo el programa
humanitario. Debido al respeto entre los soldados turcos y australianos y neozelandeses,
surgido de sus encuentros en tiempos de guerra, y a la posterior tradición de
Galípoli/ANZAC, los inmigrantes turcos en Australia no han sido considerados,
en general, como "musulmanes típicos" (Deen, pp. 74, 75). Sin
embargo, los inmigrantes turcos de primera generación experimentaron los mismos
problemas de asentamiento que todos los inmigrantes de origen no angloparlante:
falta de vivienda, dificultades laborales, un inglés deficiente y normas
culturales desconocidas. El cuidado de los niños era un problema especial, ya
que el matrimonio trabajaba fuera, a menudo en turnos, dejando a los niños en
edad escolar al cuidado de sus hermanos menores. Muchos padres, especialmente
los varones, sintieron una pérdida de autoestima al verse repentinamente
dependientes de sus hijos, quienes aprendían inglés en la escuela y actuaban
como intérpretes para sus padres no angloparlantes. Al final de una larga
jornada de trabajo en la cadena de montaje, los padres estaban demasiado cansados
para asistir a las pocas clases de inglés disponibles. Aprender inglés en el
trabajo no existía en ésa época. Muchos padres pagaron un alto precio por la
prosperidad de sus hijos en la nueva tierra. No era inusual que los niños
fueran enviados de regreso a Turquía para que sus abuelos los cuidaran hasta
que fueran mayores. A su regreso, los lazos de respeto filial y obediencia a
veces se debilitaban. A los padres también les preocupaba que, en una sociedad
cristiana, los niños adoptaran costumbres occidentales y se alejaran del islam;
éstas siempre han sido las preocupaciones de las generaciones posteriores de
padres musulmanes, independientemente de su etnia y país de origen. A la
migración turca le siguió la primera fase de la migración libanesa-musulmana,
que comenzó a principios de la década de 1970 durante la guerra civil del
Líbano. Durante éste período, también comenzaron a llegar parejas de jóvenes
profesionales de Egipto, Pakistán e India a principios de la década de 1970, ya
que los requisitos de visado se suavizaron tras la abolición de la política de
la "Australia Blanca" en 1972. Los libaneses tienen una larga
historia de migración a Australia, pero antes de 1975, la gran mayoría de los
libaneses que entraban eran libaneses cristianos, aunque durante algún tiempo
se les siguió clasificando como "asiáticos". El Líbano, tal como lo
conocemos hoy, estuvo bajo el control del Imperio Otomano; primero como
provincia desde el siglo XVI hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, y
posteriormente bajo su dominio directo hasta 1919. En 1920, el Líbano quedó
bajo el mandato de Francia hasta su independencia en 1943. Antes de la Primera
Guerra Mundial, a los inmigrantes libaneses que llegaban a Australia se les
expidieron documentos turcos. Ésto confundió a los funcionarios australianos y
enfureció a muchos libaneses que huían de la persecución turca. En ocasiones,
se utilizaba el término "sirio", lo que agravó la confusión. Los
pasaportes libaneses comenzaron a utilizarse alrededor de 1926, ya que llegó un
momento en que los sirios comenzaron a llamarse a sí mismos "libaneses",
y la nomenclatura empezó a cambiar después de la Segunda Guerra Mundial. A
principios de la década de 1950, un pequeño número de familias musulmanas llegó
del norte del Líbano. Pero la primera ola real de migración libanesa-musulmana
comenzó en la década de 1960 tras la invasión turca y, posteriormente, con el
estallido de la guerra civil en Beirut en 1975. Cuando la guerra se
intensificó, un número significativamente mayor de musulmanes llegó con estatus
de cuasi refugiados, patrocinado por sus familiares que ya vivían en Australia.
Durante el período de la guerra civil, muchos de los requisitos habituales para
ingresar a Australia (como los controles de salud y seguridad) se suspendieron
o se eximieron, y los libaneses fueron tratados como cuasi refugiados. Quienes
llegaban a Australia debían tener familiares residentes. Éste sistema de
patrocinio familiar se generalizó especialmente en la década de 1970, abarcando
el sesenta por ciento (se estima que 14.000) del total de llegadas entre 1975 y
1977. Los libaneses trabajaban en cadenas de montaje con sus compañeros turcos
en fábricas de automóviles como Ford y Leyland. Los musulmanes libaneses
llegaron a Australia en una etapa tardía de la inmigración libanesa y carecían
de las estructuras y organizaciones religiosas que les ayudaran a asentarse, a
diferencia de los libaneses cristianos, que para entonces constituían una
comunidad consolidada. Los libaneses musulmanes se asentaron en Canterbury, al
oeste de Sídney, que posteriormente se convirtió en un enclave libanés: la zona
donde los musulmanes sunitas establecieron por primera vez su mezquita, una
modesta casa en Lakemba, muy diferente en tamaño y arquitectura a la magnífica mezquita
de Lakemba. Situada en Wangee Road, construida posteriormente en la década de
1980. La gran mayoría son musulmanes sunitas, pero también hay un número
considerable de chiítas con sus propias mezquitas y organizaciones. La mayoría
de los sunitas de la zona de Bankstown rezan en la mezquita del Imán Alí, más
conocida como la mezquita Lakemba. La mezquita chiíta de Arncliffe se llama
mezquita Al-Zahra; las relaciones entre ambas sectas islámicas son amistosas en
Australia. En Melbourne, la mayoría de los libaneses viven actualmente en los
suburbios de Brunswick, Coburg, Preston, Northcote, Williamstown y Newport.
Bajo el liderazgo del principal imán, el jeque Fehmi, los libaneses siempre
estuvieron bien representados en el Consejo Islámico de Victoria (ICV) y en la
Federación Australiana de Sociedades Islámicas (AFIS) en 1968, que
posteriormente se convirtió en la Federación Australiana de Consejos Islámicos
(AFIC), de mucho mayor tamaño. Hoy en día, la comunidad libanesa cuenta con una
proliferación de organizaciones y sociedades, y las mujeres libanesas ocupan un
lugar destacado en las sociedades de mujeres musulmanas. Las generaciones
posteriores nacidas en Australia se han convertido en profesionales con
cualificación universitaria, aprovechando los sacrificios de sus padres
inmigrantes y haciendo realidad sus sueños. Para 1981, había 17.000 musulmanes
libaneses viviendo en Australia. Con la llegada del liderazgo turco y libanés a
finales de la década de 1970, el islam institucional se afianzó en Australia
mediante la construcción de mezquitas, escuelas islámicas y una plétora de
sociedades religiosas y organizaciones culturales, algunas étnicamente
específicas, otras multiculturales. Gran parte de ésto ocurrió balo el
liderazgo de las comunidades turca y libanesa, quienes, como ciudadanos
australianos, ahora estaban en condiciones de ejercer presión política. Shaykh
Fehmi El-Imam llegó a Melbourne en 1951, a los veintitrés años, procedente de
Trípoli, en el norte del Líbano. Cuando el joven, antiguo estudiante de
teología en su país natal, llegó a Melbourne, se encontró en otro mundo y
trabajó primero como electricista. En aquella época, no había mezquitas en
Melbourne ni prácticamente instituciones islámicas dignas de mención. Seguir el
islam era un asunto privado, llevado a cabo en el propio hogar. Las
festividades se celebraban en casa, donde las familias se reunían y, de ser
necesario, se alquilaba un salón comunitario por la noche. A diferencia de
Perth y Adelaide, donde la mezquita siempre era el centro de oraciones y
celebraciones, no había nada comparable en Melbourne. En los años siguientes,
se construirían más mezquitas, pero no sin luchas legales y políticas con las
autoridades locales, muchas de las cuales fueron encarnizadas, costosas y prolongadas.
El espíritu de la Australia Blanca seguía siendo fuerte, recordaba el jeque
Fehmi. Si te sentabas en un tranvía o autobús y hablabas con un compatriota
libanés recién llegado del avión en tu propio idioma, probablemente te
recordaría: "Ya estás en Australia! ¡Habla inglés!". El jeque Fehmi
ha sido testigo de una transformación notable. Los musulmanes victorianos
tienen una fuerte presencia en el estado, como lo demuestra la cantidad de
mezquitas, escuelas y organizaciones religiosas. Las prácticas musulmanas para
enterrar a los muertos eran un problema. Tras algunos casos judiciales, los
imanes y las autoridades sanitarias llegaron a un acuerdo. Finalmente, en la
mayoría de los estados se autorizó el entierro de los muertos musulmanes en un
sudario sin ataúd. La mezquita victoriana de Preston, a mediados de la década
de 1970, fue una de las primeras mezquitas en construir su propio depósito de
cadáveres. Otro problema surgió en 1963 cuando la Fiscalía General anunció que
las leyes estatales sobre matrimonio serían sustituidas por una nueva
legislación federal. En pocas palabras, la nueva Ley Federal de Matrimonio de
1961 prevalecería sobre el islam, que no estaba reconocido a efectos de la ley.
En aquel entonces, el Fiscal General Federal Sneddon estaba preocupado por la
poligamia. Ibrahim Dellal era entonces presidente de la Sociedad Islámica de
Victoria y, junto con el jeque Fehmi y otros miembros del comité, organizaron
con éxito una campaña para lograr un cambio en ésta norma, de modo que los imanes,
como el jeque, pudieran casar a parejas musulmanas en ceremonias religiosas
reconocidas legalmente por la legislación australiana. El jeque Fehmi se
convirtió en el primer celebrante de matrimonios islámicos registrado en
Victoria en 1967. A otros imanes de otras sociedades islámicas de otros estados
también se les concedió el mismo derecho. Ibrahim Dellal recuerda que el
ministro de Inmigración, Don Chipp, se mostraba más comprensivo con el
reconocimiento legal de una ceremonia islámica bajo ciertas condiciones: "El
jeque Fehmi celebró la primera ceremonia islámica como celebrante registrado en
1967, con Ibrahim Dellal como testigo e intérprete para la pareja turca. En
1957, el jeque Fehmi y un pequeño grupo formaron la Sociedad Islámica de
Victoria (ISV). Más tarde, en 1976, se convirtió en el imán a tiempo completo
de la organización, donde inició el ambicioso proyecto de construir un gran
Centro Islámico en Preston. Al igual que la primera generación de musulmanes a
principios del siglo XX, el jeque Fehmi y sus amigos se dedicaron a recaudar
fondos. La mezquita de Preston se completó en 1976 con donaciones del gobierno
saudí. En septiembre de 2011, el jeque Fehmi, considerado durante mucho tiempo
uno de los líderes religiosos más influyentes de Australia, se retiró de su
cargo de muftí de Australia. Parejas jóvenes profesionales de Egipto, Pakistán
e India llegaron poco a poco a principios de la década de 1970, a medida que
los requisitos de visado se suavizaban. Posteriormente, bajo la política de
reunificación familiar, más musulmanes de habla árabe entraron a Australia.
Refugiados musulmanes llegaron a Australia en la década de 1980 desde países
del Cuerno de África, como Somalia, Sudán, Etiopía y Eritrea. En la década de
1990, musulmanes bosnios también solicitaron el estatus de refugiados, huyendo
de los horrores de Sarajevo. Antes de ésta afluencia, sólo un pequeño número de
musulmanes bosnios había llegado a Australia. Hoy en día, Australia alberga
musulmanes de todo el mundo. Las dos comunidades principales son los turcos y
los musulmanes de habla árabe, predominantemente del Líbano. Según el censo de
2006, 340.392 personas se identificaron como musulmanas. De ésta cifra,
aproximadamente un tercio nació en Australia. Durante la última década, también
ha habido un aumento en el número de conversos al islam, aunque se desconocen
sus cifras" (Deen, pp. 79, 80).
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La Dama Neoliberal: 1973.
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Loretta
Napoleoni en "Maonomics. La
amarga medicina china contra los escándalos de nuestra economía" (PAIDÓS, 2011) expone las
consecuencias de la desindustrialización de la economía inglesa de Thatcher. En
los años 80, el cómico inglés Harrey Enfield creó para Channel 4 unos
personajes típicos de éste cambio. Uno es Stavros, el griego propietario de un restaurante
que vende kebabs, y el otro, un joven tory conservador que saluda
agitando fajos de libras esterlinas y gritando alegremente "Lods-a-money", jerga de "a lot of money" ("dinero
por un tubo"), que se convierte en su apodo. Stavros es de origen griego
pero, nombre aparte, representa el estereotipo del inglés perteneciente a la
clase obrera, la misma de la que procede Loads-a-money.
Inglés, gran bebedor de cerveza, éste último habla un incomprensible dialecto
de Essex, provincia al este de Londres de la que tradicionalmente proceden los
trabajadores no profesionales de la City, e, igual que Stavros, ha nacido en un
barrio popular del este de la capital, destino tras la posguerra de quienes
vivían en zonas bombardeadas por la aviación nazi. Gracias a las reformas de
Thatcher, Stavros se hace rico vendiendo kebabs y Loads-a-money hace negocios aquí y allá. El primero paga pocos
impuestos porque desarrolla una actividad privada; ninguno de los dos tiene
hijos y ambos disponen ahora de mayores rentas. Los jóvenes yuppies de los años
ochenta de Occidente que trabajaban en la City pertenecían a la generación de
Stavros y de Loads-a-money; eran
bulliciosos, arrogantes, vulgares, pero trabajaban duro y sobre todo carecían
de escrúpulos. Para ellos el fin justificaba los medios y vivían con un único
objetivo: ganar mucho dinero. Eran los hijos de Maquiavelo y de la industria
financiera, la que más se benefició de las reformas neoliberales, y
cristalizaron como clase. El bienestar que les regaló la Dama de Hierro
permitió que muchos de ellos mejoraran su estatus social: se compraron coches
caros, se mudaron a barrios finos que hasta entonces sólo habitaban las clases
altas, y frecuentaron restaurantes y locales de lujo. El dinero devino el
afrodisíaco de toda una generación, que hacía ostentación de riqueza, olvidando
el ahorro por un consumismo desenfrenado. Stavros y Loads-a-money nos recuerdan que, gracias a Thatcher, por primera
vez la movilidad social se hizo realidad en Inglaterra y la clase obrera tuvo
acceso al éxito no gracias a la instrucción sino a los negocios. Hija de un
frutero, Maggie Thatcher favorecía abiertamente a la clase de los comerciantes,
de los hombres de negocios y de los banqueros de la City. Mal vista por la
nobleza, en abierta oposición con la monarquía, fustigadora de los
intelectuales, animó al populacho a ir con la cabeza bien alta y a buscar en el
dinero la redención social que se le había negado durante siglos en el reino de
Su Majestad británica. Pero ésta revolución social no trajo un bienestar
duradero ni modernizó el país tal como se había prometido, sino que acrecentó
las desigualdades. Stavros y Loads-a-money
sólo representan una minoría, la de los afortunados que aplicando el método
maquiavélico acaban en el lado correcto de la barricada. Pero quien no logra
salvar la valla se hunde en el barro. Entre 1979 y 1994-1995 la tasa de
crecimiento de renta de los ingleses pobres fue la más baja después de la
guerra, mientras que la del 10 por ciento de la población, es decir, los más
ricos, registró la más alta. Si además tenemos en cuenta el coste de la
vivienda, que se multiplicó por diez, la diferencia es aún mayor. Para el 10
por ciento de los más pobres la renta neta per cápita se contrajo. Éstas
desigualdades fueron olímpicamente ignoradas por la nueva generación de
yuppies, pero también por el partido de la oposición, convertido en virtud de
la metamorfosis operada por Tony Blair en el Nuevo Laborismo. Para ganar las
elecciones, el futuro primer ministro no dudó en proponer a ésta nueva clase
acomodada condiciones fiscales y económicas mejores que las ofrecidas por los tory, sin que nadie mencionara los
problemas socioeconómicos que atribulaban a un segmento cada vez más amplio de
la población. Al contrario, lo que siguió primando fue el modelo de Thatcher y
ésta versión más modernizada de Blair acabó exportada al resto de Europa. Hasta
la crisis del crédito y la recesión, por supuesto. En inglés, la expresión full
monty significa llegar hasta el final. Es un giro acuñado durante la
segunda guerra mundial para describir el enorme apetito del general Montgomery,
apodado Monty, que todas las mañanas devoraba un desayuno a la inglesa completo
sin dejar una brizna en el plato, aun en plena batalla de El Alamein. Pero The
Full Monty también es el título de una película inglesa de gran éxito de la
que todos conocemos la historia que transcurre en Sheffield, al norte de
Inglaterra, en los primeros años noventa y que narra las vicisitudes de unos
parados de la industria del acero –orgullo de los Midlands- totalmente
desmantelada en los años ochenta por la política neoliberal de la señora
Thatcher. Los seis personajes de la película, desesperados, deciden convertirse
en estríperes y llegar hasta el final, es decir, desnudarse completamente. Pero
para quien viviera en el norte de Inglaterra durante el régimen de Thatcher, "llegar hasta el final" remite al belicoso lema de
la Dama de Hierro de hacer tabula rasa de la industria estatal. Es
sabido que el norte, cuna de la Revolución industrial, vivió el choque entre el
gobierno conservador y los trabajadores, precisamente en los Midlands. La
batalla más larga y dramática de Thatcher fue la que emprendió contra los
mineros, guardia pretoriana de los sindicatos dirigidos por Arthur Scargill,
último fósil de la extrema izquierda inglesa. Fueron años dramáticos en los que
el gobierno diezmó al pueblo trabajador y que marcaron un futuro sin chimeneas
humeantes, ni industria, ni astilleros, ni pubs atiborrados de obreros, un
futuro de paro y vida precaria. Todo ello mientras en China ocurría exactamente
lo contrario: el desmantelamiento de la industria del Estado fue acompañada del
nacimiento de fábricas y laboratorios particulares, se inauguraron altos hornos
y la emigración rural hizo cuerpo en una nueva clase obrera. Con el petróleo a
18 dólares el barril y cientos de millones de chinos dispuestos a trabajar por
un salario equivalente a una fracción del inglés, la producción industrial en
los Midlands no tenía sentido, fue el razonamiento de Thatcher. La mujer que ha
pasado a la historia como la Dama de Hierro por su intransigencia frente a los
mineros, plantó cara, en realidad, a un adversario bien débil: una clase obrera
lógicamente abatida por la abierta hostilidad del gobierno, supuestamente
paladín del país frente a la competencia extranjera; una clase obrera que no
entendía por qué ya no servía y que no sabía qué hacer ante el hecho de
quedarse sin trabajo. En resumen: la primera ministra británica desafió
precisamente a quienes debía proteger. El error de Thatcher fue, además,
ignorar una realidad peculiar de Gran Bretaña: la reticencia de la clase obrera
a la movilidad social. La Dama de Hierro no comprendió que la resistencia a
ultranza de los mineros nada tenía que ver con el estalinismo de Arthur
Scargill, sino más bien con el fuerte sentido de la identidad de los mineros.
El trabajo en la mina era la única existencia que habían conocido y estaban
dispuestos a luchar por él. Fue un error rasgar el tejido social del país; por
ello, los proyectos de reconversión, acabaron fracasando. La consecuencia del
desmantelamiento de la industria estatal fue el nacimiento de una clase de
proletariado derrotado, relegado a guetos urbanos castigados por el paro y en
los que la delincuencia menor favorece la formación de las bandas que hoy
aterrorizan al país. Aún son muy visibles en los Midlands los signos de la
decadencia socio-económica; el puerto de Hull en la costa este, antaño uno de
los más importantes de la Gran Bretaña para la industria pesquera y naval, es
una landa desierta en la que merodean zorros y perros vagabundos. Quien quiera
ver una imagen más cruda y realista del legado de la liquidadora británica que
se acerque a sus muelles en ruinas y a sus tinglados derruidos, instantánea
alegórica de la revolución neoliberal en Inglaterra y testimonio irrefutable de
la incapacidad del mercado para sustituir al Estado como núcleo principal de la
sociedad. Pero el principal error económico y político de Thatcher, y de
Reagan, fue otro: no haber intuido que la deslocalización en Asia de un gran
sector de la producción, ya privatizada, pondría fin a la primacía de
Occidente, y particularmente a la de Inglaterra, una posición puntera a la que
había accedido merced a la Revolución industrial. La verdadera revolución debía
haber sido otra, que entre 1973 y 1974 hizo desvanecerse los beneficios de la
industria estatal, debía haberse acometido una reconversión energética que a
largo plazo hubiera incrementado la competitividad occidental. La Dama de
Hierro debería haber mirado al futuro, como lo hizo Deng Xiaoping. Pero
Margaret Thatcher, y no ella exclusivamente, era miope y no comprendió que no
basta con demoler un sistema para revolucionar el país, sino que hay que crear
una estructura nueva. Y aunque la reconversión energética no hubiera salvado a
los mineros, sí que habría evitado la destrucción de la estructura industrial
británica y de gran parte de la occidental: "La perplejidad de los mineros ante el ataque
frontal de Thatcher y la absoluta inflexibilidad de Arthur Scargill no es de
extrañar: Inglaterra fue la cuna del movimiento obrero y es una especie de
justicia poética que haya acabado por ser su lecho de muerte. El arma del
delito es, naturalmente, la privatización. Entre 1979 y 1993 el gobierno
británico vendió al sector privado dos tercios de la industria pública. Al
principio, el experimento se circunscribió a las líneas aéreas, recientemente
nacionalizadas, y a la industria naval, pero no tardó en ampliarse a los grandes
monopolios estatales, entre ellos servicios básicos como la electricidad y la
telefonía. La política de privatización tuvo un enorme éxito porque la acompañó
la revolución social de la generación Loads-a-money. En 1984 dos
millones de personas, equivalentes al 5 por ciento de la población adulta,
suscribieron la venta de British Telecom, y de un
día para otro se multiplicó por dos el número de accionistas del país. En una
sola década el gobierno se desembarazó de los pilares industriales del Estado-nación:
British Aerospace (1981), Cable and Wireless (1981), Amersham International
(1982), Associated British Ports (1983), Enterprise Oil (1984), Jaguar (1984),
British Telecom (1984), British Gas (1986), British Airways (1987), Roll Royce
(1987), British Airports Authority (1987), British Steel (1988) y todas las
empresas regionales de servicios de aguas (1989). Las privatizaciones
realizadas bajo la mirada embelesada de los supply-siders
pasaron a la historia como un legado de la señora Thatcher y algunos
historiadores dirían que el objetivo no era exclusivamente reducir el Estado al
esqueleto y emplear lo recaudado en crear una nueva clase empresarial sin
prejuicios, sino bloquear de una vez para siempre el recurso de los sindicatos
al acceso al gasto público, hasta entonces su fuente de ingresos, para minar su
poder. El motivo era que el partido conservador veía en el sindicato el mayor
obstáculo a la recuperación económica, pero también al triunfo del
neoliberalismo. ¿Por qué? Porque un movimiento sindical fuerte podría haber
puesto trabas a la deslocalización" (Napoleoni, pp. 225, 226). Volvamos a la pregunta de Krugman: ¿cómo es
posible que un pueblo elija a quien con toda evidencia sirve a los intereses de
una élite? Pues bien, en el caso de Gran Bretaña, particularmente afectada por
la crisis energética, un país paralizado por huelgas salvajes, una inflación
galopante y un crecimiento negativo, el gobierno laborista acabó siendo
detestado por un electorado que no entendía lo que sucedía y que pagaba impuestos
elevados por servicios mediocres. Cuando Thatcher apuntó con el dedo a los
sindicatos y a las industrias de alto consumo energético, como la del acero, y
de bajo rendimiento, como la minería, el electorado exasperado se sintió
satisfecho creyendo que eran realmente los culpables. La gente no sabía que la
excepcional competitividad de la industria occidental de después de la guerra
era un fenómeno extraordinario, ligado sobre todo al bajísimo coste del
petróleo, en torno a cuatro dólares el barril, mantenido durante treinta años.
Ningún político tuvo el valor de revelar a los obreros, pero también
particularmente a los industriales, que un acuerdo tácito entre Estados Unidos
y Arabia Saudita era la causa de ésta anomalía, pero el pacto tocaba a su fin. Ciertamente, tanto los sindicatos como los
partidos tuvieron una grave responsabilidad en la crisis de los años setenta, y
en todo Occidente, pues también ellos abusaron del Estado del Bienestar por
seguir ordeñando una vaca que ya no daba para más. Sin embargo, la solución al
problema no era ése choque directo entre el capital y el trabajo, ni la
pulverización de uno de los principales canales de comunicación entre los
obreros y los empresarios, el sindicato. Y fue precisamente lo que ocurrió.
Mientras en China Deng ponía en marcha las primeras reformas y se iniciaba el
debate en el seno del Partido, a puerta cerrada y enconado a veces, sobre cómo
estructurarlas, en Europa, la lucha ideológica entre los conservadores y los
laboristas, los republicanos y los demócratas, entre derechas e izquierdas,
hacía su entrada en los hogares a través de los medios de comunicación. No hubo
arbitraje ni comprensión entre ambos bandos y fue una lástima porque ésta clase
de política-propaganda no sólo daña al país sino que descompone las
instituciones del Estado democráticos: los sindicatos y los partidos.
Calificados los sindicatos de "enemigo", nadie se opuso en el Reino Unido a una serie
de leyes laborales que fueron acabando paulatinamente con la libertad de intervención
sindical. Por una ley de 1980 se prohibieron los piquetes fuera de la zona de
trabajo; por otra de 1982, que lleva la firma de Norman Tebbit, mano derecha de
Thatcher, se concedió a los empresarios el despido libre, declarando ilegal la
ocupación y eliminando los convenios colectivos; una de 1984, obra de Tom King,
en aquel momento secretario de Estado del gobierno de Thatcher, amplía el
número de motivos que permiten llevar a juicio a los sindicatos, impone la
votación secreta de los afiliados y restringe el empleo de fondos sindicales en
las elecciones. Fueron las leyes que en los años noventa sirvieron de pauta a
la legislación europea. Paradójicamente, las críticas más feroces de Occidente
al régimen chino se centran en la dejadez del gobierno para introducir
convenios colectivos y hacerlos respetar. Una curiosa posición si consideramos
que, en los años ochenta, en la democrática Gran Bretaña la señora Thatcher
anuló de facto la contratación colectiva. La raíz de la retórica neoliberal no
es otra cosa que compensar el aumento del coste de capital, debido al recargo
energético, con la reducción de costes de trabajo. Pero ni Reagan ni Thatcher
preveían que las políticas antisindicales propiciarían el alejamiento de
nuestra economía de la esfera productiva, abriendo nuevos cauces a la
competencia asiática. ¿Por qué? Estudios realizados en los años ochenta y
noventa por dos de los principales partidos ingleses muestran que en Occidente
disminuye la presencia de los sindicatos entre 1980 y 1990, un período en el
que la contratación colectiva se reduce al punto de ser, como actualmente
sucede en el sector privado, la excepción a la regla. Con ello desaparece un
método de relaciones colectivas que ofrecía al capital y al trabajo por medio
de la representación sindical, un sistema de reglas y un lenguaje común. De
éste modo, al llegar la globalización como una ola imparable, nos pilló
desprevenidos. Nuestra verdadera fuerza era la combinación de capitalismo
avanzado y clase trabajadora experimentada. Interrumpido el diálogo, la
industria se disgregó y con ella el tejido productivo. Occidente se convirtió
en suministrador de servicios mientras en Oriente humeaban las chimeneas de las
fábricas. Pero la deslocalización únicamente dio a las empresas una breve pausa
de respiro, ya que las expuso a largo plazo a la competencia brutal de países
como China. Hoy se sabe, pero hay quien todavía se hace ilusiones creyendo que
nos salvarán el diseño y la creatividad por ser, en éstos ámbitos, superiores a
los chinos. No es así, y si no logramos cambiar el curso actual de la historia
corremos el peligro de acabar pidiendo limosna a los turistas asiáticos que
viajen a nuestras ciudades-museo. El experimento británico fue exportado a toda
Europa, donde una nueva clase de políticos se dedicó a demoler el Estado de
Bienestar sustituyéndolo por el mercado. Cómplice de ello fue la caída del muro
de Berlín, que puso fin a la oposición derecha-izquierda dejando ocupar al
mercado el vacío creado por el final de las ideologías. La democracia se
empobreció, como puede verse en las tristes historias del declive de la
democracia representativa en el este, en la que los partidos de derecha e
izquierda empiezan a parecerse entre ellos, el escaso electorado que vota en
las elecciones cada vez es menor y la influencia de las empresas sobre el
gobierno cada vez es mayor. Nacidos en el proceso de democratización, los
sistemas bipartidistas y pluripartidista fueron los medios de comunicación
entre la base y el vértice de la pirámide. El bipartidismo y el pluripartidismo
se han convertido en sinónimo de democracia porque éste régimen político se
basaría en la alternancia de gobiernos, fomentando en los electores la idea de
que, aunque el partido al que votan pierda unas elecciones puede ganar las
siguientes, considerando la alternancia la mejor defensa frente a la violencia
política y el autoritarismo. En Italia, los grupos armados de los años sesenta
y setenta justificaban el uso de la pistola para resolver las controversias
políticas como rebelión contra una democracia bloqueada, es decir, un país
gobernado siempre por el mismo partido o por coaliciones dominadas por él. Pero
la revolución neoliberal de Thatcher y Reagan activó precisamente el proceso de
disgregación de los partidos, que poco a poco fueron perdiendo su composición
popular para convertirse en máquinas dirigidas por una exigua élite, y se
produjo un cambio de dimensión por su merma en la base y el aumento en la
cúpula. En los años ochenta, cómo explica Leonardo Morlino, ésta metamorfosis
arraigó en todo Occidente: "Asistimos en todas las democracias europeas a la contracción del
número de afiliados a los partidos. Los franceses, por ejemplo, perdieron entre
1978 y 1999 el 64,5 por ciento, casi cinco millones de personas. La participación
política en Italia y Gran Bretaña se redujo más del 50 por ciento. Entre 1984 y
1994 la pérdida conjunta de afiliación del Partido Comunista Italiano y de la
Democracia Cristiana fue de dos millones ". Aquí entran en escena los
"financieros privados", los patrocinadores, individuos ricos que
apoyan la "causa" política de una agrupación determinada, y que
fomentan en el partido al que favorecen la perspectiva de mercado que más les
conviene y no exclusivamente porque haya muerto la ideología. Fue también
Inglaterra, con el Nuevo Laborismo, quien abrió camino a éste cambio. En 2004,
apenas el 1,8 por ciento de los ingresos del partido laborista procedían de
aportaciones de sus afiliados, frente al 49 por ciento en los años setenta.
Entre 2001 y 2005 las contribuciones de 37 personas, entre ellas el magnate del
acero Lakshmi Mittal, cubrieron la cuarta parte de las necesidades del Nuevo
Laborismo. Por ello, en Occidente abunda el clientelismo en los aledaños del
poder. Enron "pagó" gran parte de la campaña electoral de Bush hijo
para que, a cambio de ello, liberalizase el mercado de la electricidad. En
2006, estalló en Londres el escándalo de los títulos nobiliarios como pago a
financiación electoral, al descubrirse que un grupo de ricos contribuyentes había
prestado al partido casi 14 millones de libras de los 18 necesarios para la
campaña electoral de 2005 y que muchos de éstos donantes recibieron el título
de baronet de manos del gobierno de Blair, ganador de las elecciones. La
escualidez de la base popular ha acabado por reducir los partidos a organismos
esqueléticos al servicio de líderes cada vez más ricos y carismáticos, y a
convertir a muchos al nuevo credo de la revolución neoliberal que elogia las
maravillas del mercado: "La máquina política funciona como un banco
financiero cualquiera, que periódicamente da cuenta ante el consejo de
administración de los dividendos que generan sus operaciones para los
accionistas mayoritarios, quienes, evidentemente, imponen sus condiciones, que
bien valen un título nobiliario, como nos recuerda el caso del Nuevo Laborismo.
En éste contexto, el triunfo electoral está fundamentalmente hipotecado a la
satisfacción de los generosos financiadores para que no abandonen la empresa; y
la permanencia en el poder se convierte en una cuestión de vida o muerte para
el partido que ya no puede contar con la lealtad prolongada de las viejas
ideologías y de los afiliados. Muchas veces, como en el caso del Nuevo
Laborismo y de muchos otros partidos europeos derivados de la vieja izquierda,
los intereses del patrocinador son contrapuestos a los de los afiliados y de
los votantes. Por ello es necesario reducir el mecanismo democrático interno
como paradójico imperativo para afianzar su supervivencia en la democracia… La
batalla política en Occidente ya no es una guerra de trincheras, se parece más
bien a ésas virtuales de los videojuegos entre adversarios con muy poca
diferencia ideológica y cuya victoria depende en gran parte del dinero que se
disponga para comprar armas especiales que no puede adquirir el adversario. Los
contendientes son el avatar del partido, fundaciones e institutos de
investigación de los políticos, gestionados y financiados por admiradores
anónimos. Las secretarías generales, mientras tanto, se han convertido en verdaderas
máquinas bélicas al servicio de la nueva generación de líderes políticos,
hombres y mujeres carismáticos cuya personalidad ha sustituido a la ideología e
incluso a los programas. Es con ellos con quien se identifican los electores y
no con el partido o con las ideas que representan. El arma más poderosa es, por
supuesto, la de la fabricación mediática, alquimia de los brujos de la noticia…
En la democracia, el consenso se fabrica manipulando los medios de
comunicación, canal a través del cual los políticos transmiten su imagen al
electorado. Reagan y Thatcher fueron de los primeros en utilizar gurús de la
información que, a modo de directores de Hollywood, configuran los personajes
con arreglo a encuestas de opinión muy concretas" (Napoleoni, pp. 231,
232, 233).
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Chungking
Mansions: 1962.
NNNNNNNN
Gordon Mathews en "Chungking
Mansions, Hong Kong. Ghetto en el
centro del mundo" (UNIVERSIDAD DE CHICAGO, 2011) identifica que las Mansiones Chungking son el lugar predilecto de
comerciantes del sur de Asia, empresarios africanos, trabajadores temporales
indios, solicitantes de asilo africanos y del sur de Asia, y viajeros con
recursos limitados de todo el mundo. Como explico en las páginas siguientes, se
trata de un edificio destartalado en el distrito turístico de Hong Kong,
epicentro de la "globalización
de bajo coste", estrechamente vinculado a los mercados de Calcuta, Lagos y
Dar es Salaam, entre otras ciudades del mundo. Aunque muchos en Hong Kong
consideran las Mansiones Chungking como un misterioso mundo de alteridad
extrañamente ubicado en el corazón mismo de Hong Kong, no obstante, están
claramente influenciadas por Hong Kong. Para situar adecuadamente las Mansiones
Chungking, esbozaré brevemente la historia y la geografía de Hong Kong en
relación con ellas. Hong Kong fue una colonia de Gran Bretaña desde 1841 hasta
su regreso a China en 1997. A lo largo de su historia colonial, sirvió como
punto de intercambio entre China y el resto del mundo: primero como
asentamiento donde las empresas británicas gestionaban sus envíos de opio a
China y, posteriormente, a lo largo de gran parte de su historia, como centro
de libre comercio, con aranceles aduaneros mínimos. A lo largo de su historia,
su población fue una mezcla global, una gran mayoría era chinos, pero también
incluían una variedad de otros pueblos. Una fuente de finales del siglo XIX
habla de una calle del centro como "llena de británicos, alemanes, angloindios,
chinos de Cantón, armenios de Calcuta, parsis de Bombay y judíos de
Bagdad", una mezcla no del todo diferente de la que se encuentra en un
pasillo de las Mansiones Chungking hoy en día. Otro relato de finales del siglo
XIX analiza cómo Hong Kong se ha convertido en la ciudad más cosmopolita del
mundo. Representantes de razas muy superiores a las del catálogo pentecostal se
pueden encontrar en sus calles a cualquier hora de paseo; hombres de todos los
matices de color y de todos los credos religiosos conviven aquí en aparente
perfecta armonía. Éste es también el caso de las Mansiones Chungking hoy en
día, aunque entonces, como ahora, existían tensiones étnicas y discriminación
étnica. Hong Kong, a lo largo de gran parte de su historia, fue un lugar
empobrecido para la mayoría de sus residentes. En 1949, se fundó la República
Popular China. Durante ésta época, un gran número de chinos huyeron del
continente y llegaron a Hong Kong, lo que provocó una explosión demográfica
masiva en el territorio. Para la década de 1970, Hong Kong se había consolidado
como un centro manufacturero y, desde finales de la década de 1980, como un
centro para el envío de productos chinos a todo el mundo. Al mismo tiempo, se
fue consolidando gradualmente una identidad propia de Hong Kong, distinta de la
de China. Para la década de 1990, Hong Kong se había vuelto rico: mucho más
rico en renta per cápita que China y, según ésta medida, más rico también que
su colonizador, Gran Bretaña. En 2007, Hong Kong tenía una renta per cápita en
poder adquisitivo real que era el 93% de la de Estados Unidos,
considerablemente superior a la de la mayoría de las naciones europeas y unas
ocho veces superior a la de China continental, aunque la brecha entre ricos y
pobres es una de las mayores del mundo. Ésto hace que el papel de Chungking
Mansions, como hogar destartalado del mundo en desarrollo en Hong Kong, parezca
incongruente. Gran parte del desprecio y el miedo que muchos chinos de Hong
Kong sienten hacia Chungking Mansions, como comentaré más adelante, proviene de
la sensación subliminal de que "Nosotros, los hongkoneses, hemos
abandonado recientemente el mundo en desarrollo y nos hemos enriquecido. ¿Por
qué deberían éstos africanos y sudasiáticos quedarse en medio de nuestro nuevo
hogar de riqueza?". Del mismo modo, el desprecio hacia la China
continental expresado por algunos comerciantes de las Chungking Mansions en
éste libro, ya sean africanos, del sur de Asia o chinos de Hong Kong, refleja
una sensación más general de malestar en Hong Kong hacia sus conciudadanos del
norte. Muchos consideran a los chinos continentales como los amos políticos no
elegidos de Hong Kong y también como inferiores económicamente, aunque la
presencia de los ricos continentales en Hong Kong cada vez es más visible en
los últimos años y China continental parece estar superando, e incluso
mejorando, a Hong Kong como la tierra del futuro. Las Chungking Mansions, una
isla de otredad en Hong Kong, forman parte integral de Hong Kong, a juzgar por
las actitudes de sus habitantes. De hecho, quienes huyeron de China para
mejorar su vida en Hong Kong tienen valores notablemente similares a los de
quienes recientemente abandonaron el sur de Asia y África para buscar una vida
mejor en Chungking Mansions, a pesar de que ambos grupos prácticamente no se
comprenden ni se compadecen. Los 150 años de Hong Kong como colonia británica
han tenido un gran impacto en la formación de Chungking Mansions. La más
importante es la destacada presencia de sudasiáticos en Hong Kong desde los inicios
de su historia colonial y su permanencia desde entonces. De no haber sido por
la presencia inicial de sudasiáticos en Chungking Mansions, cuando se inauguró
el edificio en 1962, es casi seguro que no se habrían convertido en el mercado
global que ahora son. Un astuto periodista que me acompañó a Chungking Mansions
comentó que lo que vio, entre sus diversas etnias y nacionalidades, no era sólo
globalización, sino también un eco del colonialismo británico. De hecho, si
bien muchos de los diferentes grupos en el edificio nunca fueron víctimas ni
beneficiarios del colonialismo británico, los africanos orientales y los
asiáticos meridionales tienen una representación muy destacada. Ésto se debe en
parte a que éstas personas son más propensas a hablar inglés, la lengua franca
de las Chungking Mansions, y en parte a que la entrada sin visado durante un
período prolongado es, incluso hoy en día, más fácil de obtener para los
miembros de éstas sociedades que para los de otras. La época colonial de Hong
Kong perdura en éste sentido. Muchos lectores no hongkoneses podrían asumir
que, desde la entrega de Hong Kong a China en 1997, todo en Hong Kong ha
cambiado: China ahora controla Hong Kong. Sin duda, los medios de comunicación
globales de las últimas décadas se han centrado en la salida de Hong Kong del
control colonial británico y su regreso a China como el tema principal de la
historia de Hong Kong. Ésto es importante, pero también es esencial recordar
que, tras la entrega, la vida en Hong Kong se ha mantenido notablemente
estable. Los medios de comunicación siguen criticando libremente a China,
aunque persiste la preocupación por la autocensura, y la libertad de expresión
sigue firmemente arraigada. Hong Kong conserva su propio sistema legal y
controles de inmigración. Aunque ahora forma parte de China, su administración
interna es en gran medida independiente. Existen importantes problemas en Hong
Kong, entre ellos el hecho de que el gobierno parece estar en gran medida en
manos de magnates, especialmente promotores inmobiliarios. Sin embargo, ésto
era tan cierto tanto antes como después de la entrega. Para Chungking Mansions,
la devolución de Hong Kong a China ha tenido muy poco impacto. De hecho, el
edificio ha experimentado cambios importantes desde 1997: la llegada de
comerciantes africanos, que comenzó alrededor del año 2000; el aumento de
solicitantes de asilo; la mejora del mantenimiento y la seguridad del edificio;
y el aumento de turistas de China continental. Pero éstos, incluso el último,
tienen poco que ver con el regreso de Hong Kong a China, que fue un suceso
insignificante. Chungking Mansions, como me han repetido ocasionalmente los
comerciantes, "sigue igual que siempre". Chungking Mansions se
encuentra en Tsim Sha Tsui, el principal distrito turístico de Hong Kong, en la
punta de la península de Kowloon. Hong Kong consta de cuatro zonas principales:
las islas periféricas, incluyendo Lantau, donde se encuentra el aeropuerto; la
isla de Hong Kong, donde se encuentra el centro financiero de Hong Kong, así
como muchos de sus edificios más antiguos; Kowloon, algo menos exclusivo que la
isla de Hong Kong, pero más poblado y que alberga el corazón turístico de Hong
Kong, así como sus distritos más concurridos; y los Nuevos Territorios, más
cerca de la frontera con China, donde vive actualmente más de la mitad de la
población de Hong Kong. Todo ésto ocurre en un área relativamente pequeña de
poco más de 600 kilómetros cuadrados. Debido a que Hong Kong en su conjunto
está tan estrechamente conectado por el transporte público, éstas diferentes
zonas suelen ser accesibles en menos de una hora y son bien conocidas por
muchos de los residentes de Chungking Mansions: "Por mencionar algunos
barrios de Hong Kong, está Sham Shui Po, una zona obrera a unos 3 kilómetros al
norte de Chungking Mansions, llenas de tiendas de artículos baratos donde los
comerciantes africanos suelen comprar ropa especialmente diseñada y fabricada
para el mercado africano, y donde otros, como los solicitantes de asilo,
compran artículos usados sin hacer preguntas, a precios inferiores incluso a
los de Chungking Mansions. También está Wan Chai, un conocido distrito de vida
nocturna al otro lado del puerto de Tsim Shai Tsui, donde algunos residentes de
Chungking Mansions van en busca de vino y mujeres, y muchos más, intimidados
por los precios, sólo sueñan con ir. Allí está Kam Tin, un pueblo en los Nuevos
Territorios al que acuden los turistas por su pueblo amurallado, pero a donde
los comerciantes de Chungking Mansions acuden para comprar piezas de autos
usados de los automóviles desechados por sus dueños en Hong Kong. Y está Lo Wu,
en la frontera entre Hong Kong y China, donde los comerciantes se dirigen a los
mercados y fábricas del sur de China y donde los trabajadores temporales
renuevan sus visas por unas semanas más. Los comerciantes de Chungking Mansions
viven por todo Hong Kong, pero los lugares que acabamos de describir son
conocidos por la mayoría de los residentes, independientemente del motivo de su
estancia en el edificio o lo que hagan allí. En el Capítulo 1 describo la
situación específica de las Chungking Mansions con más detalle, pero permítanme
ofrecerles un breve resumen. Chungking Mansions se encuentra en Nathan Road,
36-44, la principal avenida turística de Hong Kong. El edificio está junto a un
Holiday Inn y a una manzana del Hotel Península, quizás el más elegante de Hong
Kong. Se encuentra a poco más de cien metros de dos de los centros comerciales
más nuevos y deslumbrantes de Hong Kong, y a sólo diez minutos a pie del famoso
Star Ferry, un icono turístico de Hong Kong, que transporta pasajeros a través
del puerto de Hong Kong cada pocos minutos. Está rodeado de entradas al MTR,
los trenes de transporte público de Hong Kong, que transportan pasajeros a la
frontera con China cada cinco minutos aproximadamente, un trayecto de cuarenta
minutos. Chungking Mansions, cómo revela ésta breve descripción, se encuentra
en pleno centro de Hong Kong, entre hoteles, centros comerciales y rascacielos,
algunas de las propiedades más caras del mundo" (Mathews, pp. 5, 6). Su
ubicación en el corazón de Hong Kong es lo que hace que la reputación del
edificio como "un corazón de tinieblas" sea tan extraordinaria.
Chungking Mansions es una ruinosa estructura de diecisiete pisos llena de
pensiones baratas y negocios de bajo coste en pleno distrito turístico de Hong
Kong. Es quizás el edificio más globalizado del mundo. En Chungking Mansions,
empresarios y trabajadores temporales del sur de Asia, el África subsahariana y
de todo el mundo acuden a buscar fortuna, junto con solicitantes de asilo que
busca refugio y turistas en busca de alojamiento barato y aventuras. Personas
de una extraordinaria variedad de sociedades duermen en sus camas, se apiñan en
sus puestos de comida, regatean en sus mostradores de telefonía móvil y
deambulan por sus pasillos. Unas 4.000 personas se alojan en Chungking Mansions
cada noche. He contado 129 nacionalidades diferentes en los registros de sus
pensiones y en mis propias reuniones con personas de Argentina a Zimbabue, pasando
por Bután, Irak, Jamaica, Luxemburgo, Madagascar y las Islas Maldivas.
Chungking Mansions se encuentra en la milla de Oro de Nathan Road, famosa,
según las guías turísticas, por su capacidad para sacarle dinero a los
turistas. Si te acercas a Chungking Mansions desde el otro lado de Nathan Road,
verás una hilera de ostentosos edificios que se alzan al otro lado de la calle
con una gran variedad de tiendas, incluyendo un Holiday Inn, muchas tiendas de
electrónica, varias entradas a galerías comerciales, varias tiendas de ropa de
moda, un par de asadores y varios bares. Parece el Hong Kong de las postales,
sobre todo si te acercas de noche y te ves bañado por el llamativo mar de neón
que hace famosa a Nathan Road. Sin embargo, en medio de éstos elegantes edificios
hay uno que parece más sobrio, desaliñado y decrépito. Sus plantas bajas,
vistas desde el otro lado de la calle, apenas parecen parte del edificio, ya
que también son tiendas y centros comerciales de lujo, físicamente parte del
edificio, pero inaccesibles excepto desde fuera y a un mundo de distancia. Pero
entonces, en medio de éstas tiendas, se ve una entrada oscura y anodina que
parece pertenecer a otro lugar. Al cruzar Nathan Road por un paso de peatones
en forma de mariposa y acercarse a ésta entrada, notará que las personas que se
encuentran cerca de la entrada de éste edificio no se parecen a la mayoría de
las demás personas en Hong Kong, y ciertamente no a las multitudes de
compradores en otras partes de Nathan Road. Al entrar al edificio, si eres
chino, podrías sentirte como miembro de una minoría y preguntarse en qué parte
del mundo estás. Si eres blanco, podrías instintivamente agarrar tu cartera con
inquietud y quizás un toque de culpa. Si eres una mujer joven, podrías sentir,
muy incómodamente, la mirada fija de cien pares de hombres. Si te acercas a
Chungking Mansions por el mismo lado de Nathan Road, caminando desde la salida
del metro más cercana en Mody Road, justo a la vuelta de la esquina del
edificio, tendrás una introducción algo más completa del lugar. Primero verás
un 7-Eleven que por las noches puede estar lleno de africanos bebiendo cerveza
en sus pasillos y desparramándose en la entrada. También podrás ver una docena
de mujeres indias resplandecientes con sus saris que, si eres hombre y las
miras, te ofrecerán un precio y luego te seguirán de cerca durante unos pasos
para asegurarse de que realmente no estás interesado en sus servicios sexuales.
Después de pasar el 7-Eleven, si eres hombre, podrías ser abordado en la
esquina de Nathan Road por otras mujeres jóvenes de Mongolia, Malasia,
Indonesia y otros lugares. También te abordarán varios hombres del sur de Asia
que te ofrecerán un traje: "Una oferta especial sólo para ti". A
ellos podrían unirse vendedores de relojes de imitación, que ofrecen relojes de
varias marcas por una pequeña fracción del precio del original. Si dudas y
muestras interés, te llevarán a cualquiera de los numerosos y sombríos emporios
en los edificios cercanos. Una vez que cruces Mody Road y estés en la misma
cuadra que Chungking Mansions (cuya entrada está ahora a unos treinta metros),
los revendedores de restaurantes podrían estar esperando si es el momento
adecuado, ofreciendo media docena de diferentes restaurantes de curry en
Chungking Mansions. Debes ignorarlos o decidir seguir a un revendedor hasta su
restaurante; de lo contrario, te acosarán. También podrías, especialmente si
eres blanco, encontrarte con un joven que se acerca sigilosamente a ti y
susurra: "¿Hachís?". Y si preguntas más, también con muchas otras
sustancias. Una vez que llegues a la entrada de Chungking Mansions, los
revendedores de las pensiones te acosarán si es tarde o noche, con un hombre
del sur de Asia diciéndote: "Puedo darte una buena habitación por 150
dólares de Hong Kong" (9 dólares estadounidenses), y un hombre chino
diciendo, casi fuera del alcance del oído del hombre del sur de Asia:
"¡Ésos sitios indios son asquerosos! ¡Ven a mi casa! Está limpia". Es
posible, pero a un precio considerablemente más alto. Después de pasar por ésta
maraña de atención, te encontrarás en medio del torbellino de Chungking
Mansions, a veces con más gente apiñada en un solo lugar de la que hayas visto
en toda tu vida. Es una extraordinaria variedad de gente: africanos con túnicas
brillantes, moda hip-hop o trajes que no te quedan bien; hombres pakistaníes
piadosos con kipás; mujeres indonesias con jilbab, velos islámicos; hombres
blancos mayores con barrigas cerveceras en bermudas; Hippies que parecían
refugiados de una época anterior; nigerianos discutiendo con confianza y en voz
muy alta; jóvenes indios bromeando y bromeando abrazados; y chinos
continentales con aspecto reservado o aturdido. Probablemente encontrará
sudasiáticos cargando tres o cuatro cajas enormes en sus carritos con la palabra
"Lagos" o "Nairobi" garabateada en los laterales, africanos
saliendo del edificio con maletas abarrotadas de teléfonos móviles, y
comerciantes vendiendo de todo: desde samosas hasta tarjetas telefónicas,
cortes de pelo, whisky, bienes raíces, enchufes, consoladores y zapatos.
También verá una larga fila de personas de todos los colores de piel esperando
en el ascensor, con destino a cien pensiones diferentes. Al ver todo ésto, se
preguntará: "¿Qué está pasando aquí? ¿Qué ha traído a tanta gente a Chungking
Mansions? ¿Cómo viven? ¿Por qué existe éste lugar?". Éstas son las
preguntas que me llevaron a comenzar mi investigación en Chungking Mansions.
Llegué por primera vez a Chungking Mansions en 1983 como turista, quedándome
unas noches antes de irme. Llegué a vivir a Hong Kong en 1994, visitando
Chungking Mansions cada dos meses para comer curry y disfrutar del mundo. En
2006, comencé a realizar investigaciones antropológicas formales en Chungking
Mansions, averiguando todo lo posible sobre el lugar y sus habitantes, y
buscando comprender el papel de Chungkins Mansions en la globalización. He
estado viviendo en Chungking Mansions una o más noches a la semana durante los
últimos tres años y medio y he pasado allí cada momento disponible (está a
treinta minutos en tren de la universidad donde vivo), buscando responder a las
preguntas planteadas y, más aún, comprender la importancia de Chungking
Mansions en el mundo. En los últimos años he encontrado algunas respuestas.
Permítanme describir un paseo típico últimamente desde la salida de la estación
de tren hasta Chungking Mansions. Las trabajadoras sexuales indias ya han
salido ésta tarde, pero saben que no soy un cliente, así que me ignoran,
excepto las nuevas que ven en una cara blanca la oportunidad de ganar mucho
dinero; sus superiores les dicen que no se molesten. Un amigo vendedor de
relojes de imitación me saluda con la mano desde detrás de sus gafas oscuras.
Me contó que la policía de su país del sur de Asia lo dejó parcialmente ciego
cuando le vendaron los párpados y lo obligaron a mirar el sol todo el día. Pero
le preocupa que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
(UNHCR), árbitro de su caso y su destino, no le crea, porque no puede presentar
pruebas. Así que trabaja ilegalmente, intentando ahorrar suficiente dinero para
poder recibir trasplantes de córnea. Mientras tanto, vigila lo mejor que puede
a la policía encubierta y acosa a todo posible cliente: "Los blancos son
los mejores. Compran más que nadie". Pero las ventas van mal éste mes, y
apenas puede pagar el alquiler, y mucho menos ahorrar para sus ansiados
trasplantes. Si la policía de su país lo dejó ciego, o por un problema
congénito o un accidente, es una incógnita; no me corresponde a mí juzgar
cuánto de cierto hay en su relato. Pero es un placer volver a encontrármelo: "Unos
pasos después, un recepcionista me saluda efusivamente. No lo he visto en dos
meses porque ha vuelto a Calcuta, su hogar; está trabajando ilegalmente en Hong
Kong como turista. Me muestra con orgullo una foto de su bebé, nacido el mes
pasado, pero dice que está feliz de estar de vuelta en Hong Kong. "¡Tengo
que mantener a mi familia!... Extraño a mi familia, pero aquí en Hong Kong se
gana mucho mejor, así que…". Pero gasta una parte importante de su dinero
llamando a casa con el móvil, me dice con tristeza. En la entrada de Chungking
Mansions, me encuentro con un comerciante nigeriano al que no veía desde hacía
seis meses. Dice que no podía volver a Hong Kong porque los tipos de cambio en
su país eran exorbitantes y no conseguía los dólares que necesitaba.
"Ahora por fin puedo volver. Tenía un pedido de 4.000 teléfonos, pero no
pude venir a recogerlos. Ahora puedo hacerlo. Puedo volver a ganar
dinero". Vuela de vuelta a su casa pasado mañana, después de revisar los
teléfonos con la mayor atención posible. Su amigo, a quien conozco por primera
vez, irá al sur de China pasado mañana: "Ahora es mejor comprar ropa allí
que en Hong Kong. Puedo encargar 30.000 camisas a mi estilo", después de
recoger su visado. Ambos están preocupados de que las fluctuaciones del tipo de
cambio puedan acabar con cualquier posibilidad de obtener beneficios, por no
hablar de las vicisitudes de las aduanas en su país y los peligros de ser
estafados en China y en Chungking Mansions.
"Es tan difícil ganar dinero", dicen, la constante cantinela
de tantos comerciantes con los que he hablado. Unos pasos más adelante, me
encuentro con un amigo indio cerca del puesto de guardia. Trabaja para una gran
corporación de Hong Kong de día y por la noche regresa para ayudar a su familia
en la casa de huéspedes. Su agonía actual no sólo es la falta de tiempo, sino
más bien tener una novia china de Hong Kong a la que sus padres se niegan a
reconocer. Se pregunta qué debería hacer: elegir a su novia o a sus padres,
pero por ahora no puede decidirse y sólo espera" (Mathews, pp. 11, 12).
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La
globalización de gama baja.
NNNNNNNN
Entonces me
encuentro con un amigo de África Occidental que hasta hace poco tenía un
negocio en el sur de China. Él, a diferencia de casi todos los demás
comerciantes africanos que he conocido, ha tenido el capital para obtener un
documento de identidad de Hong Kong a cambio de una inversión de 200.000
dólares estadounidenses, que ha realizado alquilando y equipando una tienda de
electrónica en Chungking Mansions, una tienda que sus compatriotas africanos y
musulmanes frecuentarán, según espera. Su esposa e hijos han llegado
recientemente a Hong Kong, y espera comenzar una nueva vida para ellos aquí, en
contraposición a lo que él considera la anarquía de China. "Puedes confiar
en Hong Kong". Por supuesto, aún está por verse si podrá ganar dinero,
especialmente con la crisis económica que ha afectado a Chungking Mansions
tanto como a cualquier otro lugar del mundo; pero cree que, siendo un
comerciante musulmán honesto, puede tener éxito en la construcción. Unos pasos
más adelante, me encuentro con un joven sudasiático al que sólo había visto una
vez. Me dice que ha perdido su trabajo y está desesperado. "¿Qué voy a
hacer? ¡No tengo dinero! ¡Toda mi familia depende de mí!". No sé si dice
toda la verdad, pero parece desesperado. No lo conozco, así que sólo le doy 100
dólares de Hong Kong y le deseo suerte. Odio jugar a ser Dios de ésta manera,
pero ¿qué puedo hacer? Hay tantos como él. La siguiente vez que vuelvo a
Chungking Mansions, no lo veo; de hecho, nunca lo he vuelto a ver. Todas éstas
personas son habitantes de Chungkins Mansions, tema de éste libro. En el primer
capítulo, exploro Chungking Mansions como lugar: sus razones de ser, su
importancia, su arquitectura, historia y organización. En el segundo capítulo,
describo a los diferentes grupos de personas que habitan Chungking Mansions,
desde comerciantes africanos hasta propietarios chinos, pasando por
comerciantes del sur de Asia, solicitantes de asilo, trabajadoras sexuales,
heroinómanas y turistas, así como mis entrevistas y viajes por todo el mundo
con varias de éstas personas. En el tercer capítulo, describo las mercancías
que transitan por el edificio y a los comerciantes que compran y venden éstas
mercancías en sus rutas globales. En el cuarto capítulo, examino la red de
leyes que restringen a todos los que viven en el edificio, y considero
especialmente a los solicitantes de asilo, cuyas vidas están en el limbo.
Finalmente, en el quinto capítulo, exploro la importancia del edificio, tanto
para quienes lo habitan como para el mundo en su conjunto, y especulo sobre su
futuro. Éste libro trata sobre Chungking Mansions y sus habitantes, pero
también sobre la "globalización de gama baja", una forma de
globalización para la que Chungking Mansions es un nodo central, que conecta
con una serie de nodos en todo el mundo, desde Bangkok hasta Dubái, Calcuta,
Katmandú, Kampala, Lagos y Nairobi. La globalización de gama baja es muy diferente
de lo que la mayoría de los lectores pueden asociar con el término
globalización: no se trata de las actividades de Coca-Cola, Nokia, Sony,
McDonald´s y otras grandes corporaciones, con sus oficinas en rascacielos, sus
numerosos abogados y sus enormes presupuestos publicitarios. En cambio, se
trata de comerciantes que transportan sus mercancías en maletas, contenedores o
camiones a través de continentes y fronteras con mínima interferencia de las
leyes y los derechos de autor, en un mundo gobernado por el dinero. También se
trata de personas que buscan una vida mejor huyendo de sus países de origen en
busca de oportunidades en otros lugares, ya sea como trabajadores temporales,
solicitantes de asilo o trabajadoras sexuales. Ésta es la forma dominante de globalización
que se experimenta hoy en gran parte del mundo en desarrollo. Chungking
Mansions prospera en un espacio reducido por el que fluyen enormes cantidades
de energía, personas y bienes, pero su volumen es, sin embargo, minúsculo
comparado con la escala de la economía del mundo desarrollado que lo rodea. Es
un edificio ruinoso comparado con todos los rascacielos financieros de Tsim Sha
Tsui y, especialmente, al otro lado del puerto de Hong Kong, en el Distrito
Central, la riqueza concentrada de Hong Kong como centro de la globalización de
alta gama a diez minutos en tren y a un universo de distancia. Éste libro trata
sobre Chungking Mansions, pero también sobre el mundo entero, con sus vínculos,
sus desigualdades y sus maravillas. Chungking Mansions es el único lugar en el
que he estado donde se puede comprar un dispositivo sexual, un CD pirata de Jay
Chou y un Corán nuevo encuadernado de cuero, todo del mismo propietario
cachemir con gafas, quien puede dar cambio por la compra en cinco divisas.
También es posible, mientras se pasea por los callejones, pasillos y escaleras
de Chungking Mansions, comprar un billete con descuento a Bombay, adquirir 2000
relojes Tag Heuer de imitación o conseguir una tarjeta telefónica falsificada
con llamadas ilimitadas a Lagos, Nigeria. Aquí se puede desaparecer. Miles lo
han hecho. La mayoría a propósito. Chungking Mansions ofrece alojamiento muy
barato para mochileros y son un escondite para inmigrantes ilegales, como
aquellos que han excedido el plazo de sus visados. Es un antro de delincuencia,
narcotráfico, prostitución y, en general, toda la maldad que ocurre en el mundo
lo puedes encontrar en Chungking Mansions… personalmente, voy allí por el
curry. Ésta dudosa reputación data de la década de 1970, cuando Chungking Mansions
surgió como un lugar de reunión para hippies y mochileros occidentales. Creció
durante la década de 1980 y principios de la de 1990, como lo confirma la
oscura representación de una famosa película de Wong Karwa de 1994, Chungking Express, una película sobre un
romance posmoderno entre chinos de Hong Kong que se desarrolla, en parte, en
Chungking Mansions. La película presentaba Chungking Mansions de forma
engañosa. Los chinos de Hong Kong no solían visitar Chungking Mansions a
principios de la década de 1990, y quienes lo hacían destacaban tanto que
probablemente no podrían haber participado en el tipo de actividades que la
película retrata. No obstante, la película transmite con precisión la atmosfera
sórdida del lugar en aquella época. Ésta dudosa reputación de Chungking
Mansions continúa hoy en día, en gran parte debido a la masiva presencia de
sudasiáticos y africanos en el edificio, como se ve a través de la perspectiva
casi racista de los chinos de Hong Kong y otros pueblos del mundo rico que no
saben muy bien cómo interactuar con sus hermanos del mundo pobre. La principal
razón por la que tanta gente en Hong Kong y en el mundo desarrollado le teme a
Chungking Mansions es simplemente porque temen al mundo en desarrollo y a las
masas de pobres que llegan a éste último para obtener una pequeña parte de su
riqueza. Las citas anteriores exageran los peligros de Chungking Mansions;
oficiales de policía me han dicho que hay menos delincuencia en Chungking
Mansions que en otros edificios de su tamaño en Hong Kong, debido a su
ubicación céntrica y a la prominente presencia de guardias de seguridad y
policías. Sin embargo, reflejan una verdad fundamental del lugar. Chungking
Mansions está en Hong Kong, pero no es de Hong Kong. Es una isla ajena al mundo
en desarrollo, enclavada en el corazón de Hong Kong. Ésta, no su delincuencia
ni su vicio, es la principal razón por la que se le ha temido tanto. Y por éso
he titulado éste libro "Ghetto en el centro del mundo". Un gueto se
define como "un barrio de una ciudad donde viven miembros de un grupo
minoritario, especialmente debido a presiones sociales, legales o
económicas". Chungking Mansions es un edificio, no un barrio de una
ciudad; sus residentes no pertenecen a un solo grupo minoritario, sino a una
multitud de ellos. No obstante, Chungkins Mansions es, de hecho, un gueto en el
sentido de que los grupos minoritarios que residen allí (todos excepto los
blancos y los chinos de Hong Kong) se ven, al menos en cierta medida, excluidos
económicamente de Hong Kong en su conjunto y sufren discriminación racial por
racismo o miedo a lo desconocido del mundo en desarrollo. Chungking Mansions es
visto por muchos, como los autores de nuestras citas anteriores, como un lugar
transgresor en el corazón de Hong Kong. Para muchos chinos de Hong Kong, que
viven en una de las ciudades más ricas del mundo, Chungking Mansions es
"un corazón de tinieblas". Pero si Chungking Mansions puede
describirse como un gueto, se trata de un tipo inusual. La mayoría de los
habitantes del edificio, operadores de los diversos engranajes de la
globalización de bajo nivel, tienen una visión de la vida notablemente
burguesa. Representan a la pujante clase media del mundo en desarrollo del sur
de Asia y África. Los hongkoneses pueden ver Chungking Mansions como un
infierno de peligro y vicio, al igual que algunos turistas, pero para la
mayoría de quienes residen o trabajan en Chungking Mansions, éste "gueto
en el centro del mundo" es un faro de esperanza. Es su mejor oportunidad para
salir de la pobreza del mundo en desarrollo y forjarse una vida próspera. Entre
muchos musulmanes, hindúes, sijs y cristianos evangélicos del sur de Asia y
África que trabajan o comercian en Chungking Mansions, la "ética
protestante" de Max Webber sigue vigente: el trabajo duro y el ahorro, así
como un poco o mucha suerte, puede comprarles un billete a una vida mejor. ¿Por
qué, entonces, existe Chungking Mansions, éste "gueto en el centro del
mundo", ésta isla del mundo en desarrollo en el corazón de Hong Kong? Hay
tres razones para Chungking Mansions: (1) el bajo precio del edificio, (2) la
facilidad de entrada a Hong Kong para muchos en países en desarrollo, y (3) el
surgimiento del sur de China como potencia manufacturera. La primera y más
práctica razón de la existencia de Chungking Mansions es simplemente que la
comida y el alojamiento allí cuestan muy poco. Incluso las personas adineradas
de países en desarrollo pueden quedar impactadas por los precios de una ciudad
como Hong Kong. Pero Chungking Mansions en sí es notablemente económico, con
habitaciones individuales que cuestan tan sólo HK$100 (US$13) por noche y con
precios de comidas y productos entre los más bajos de Hong Kong. ¿A qué se debe
ésta discrepancia? En primer lugar, no ha habido una verdadera propiedad
unificada de Chungking Mansions. Hasta hace poco, la organización de la
propiedad ha sido notablemente débil y el edificio se ha deteriorado
constantemente. Pero ésta explicación es insuficiente: hay muchos edificios en
Hong Kong que carecen de una estructura de propiedad unificada, pero ninguno se
ha deteriorado tan espectacularmente como Chungking Mansions a lo largo de las
décadas. La razón principal del bajo precio reside en circunstancias históricas
particulares: "Más adelante hablaré de la historia de Chungking Mansions,
pero permítanme exponer algunos factores. El edificio comenzó con una
importante presencia sudasiática, que aumentó con los años. En un Hong Kong con
demasiados prejuicios sudasiáticos, ésto sirvió como una mancha negra para que
muchos chinos en Hong Kong, manteniendo a la mayoría fuera y manteniendo bajo
el valor de las propiedades del edificio. En la década de 1970, el edificio se
hizo famoso, a través de Lonely Planet,
por sus hippies y mochileros que se alojaban en sus pensiones a precios
bajísimos, y muchos chinos que vivían en apartamentos del edificio comenzaron a
convertirlos en pensiones con una docena de habitaciones minúsculas. En la
década de 1980 y principios de la de 1990, se produjeron incendios y apagones
prolongados. A principios de la década de 2000, los comerciantes africanos se
convirtieron en una presencia destacada en Chungking Mansions, generalmente
buscando, como sus antepasados hippies, los precios más bajos posibles. Éstos
factores propiciaron una situación en la que los propietarios podían maximizar
sus ganancias manteniendo los precios bajos. Chungking Mansions, precisamente
por su decrépita ubicación y, por lo tanto, su bajo precio, siguen siendo un
atractivo en gran parte del mundo desarrollado. Mencionen Hong Kong en
Katmandú, Calcuta o Dar es Salaam, como yo mismo he hecho, y es muy probable
que escuchen como respuesta: "Chungking Mansions". Una segunda razón
por la que Chungking Mansions existe como una isla del mundo en desarrollo en
Hong Kong es la normativa de visa relativamente laxa del territorio. En la
mayoría de los países desarrollados, los visitantes de países en desarrollo
deben obtener un visado antes de llegar; de lo contrario, no se les permitirá
abordar el avión. Si, al llegar, se descubre que no tienen visado, se les
enviará directamente a casa. En Hong Kong, a los visitantes de muchos países en
desarrollo se les permite entrar sin visado por períodos de catorce, treinta o
noventa días. Ésto permite a los empresarios de muchos países de África y Asia
venir a Hong Kong sin trámites previos. Con un período sin visado de treinta o
incluso catorce días, pueden venir a Chungking Mansions, inspeccionar diversos
productos, realizar sus negocios, realizar sus compras y regresar a casa con
tiempo" (Mathews, pp. 17, 18). Muchos de éstos empresarios permanecen en
Hong Kong, pero muchos más buscan entrar a China. En Hong Kong, especialmente a
través de agencias de viaje expeditas en Chungking Mansions y sus alrededores,
las visas para China generalmente se pueden obtener rápidamente. Por
consiguiente, los empresarios de países en desarrollo pueden viajar a China
para visitar a mayoristas, regresar a Hong Kong y partir con sus productos en
su equipaje, en avión o en contenedor, dependiendo de los bienes adquiridos y
el nivel de ingresos del empresario, en cuestión de días o semanas. Dado que
los vuelos a Hong Kong son más frecuentes y convenientes que los vuelos a la
mayoría de las ciudades de China, es más fácil para muchos empresarios y otros
visitantes llegar primero a Hong Kong, aunque en los últimos años han ido más
directamente a China. Debido a su bajo coste y a que sirve como centro de
intercambio de información de facto, Chungking Mansions es el lugar al que
acuden. En los últimos años, el gobierno de Hong Kong ha endurecido las
restricciones de entrada. Los ciudadanos de Nigeria, Pakistán, Bangladesh,
Ghana y Nepal, entre otros países, ahora deben obtener visas, algo que no
ocurría antes. En algunos casos, ésto se debe a un aparente aumento en el tráfico
de drogas y otros delitos entre los ciudadanos que llegan a Hong Kong. En otros
casos, se debe a un aumento en el número de ciudadanos de éstos países que
solicitan asilo. Éstas restricciones han tenido un efecto significativo en
Chungking Mansions, ya que la presencia de nigerianos, ghaneses y bangladesíes,
entre otros, ha disminuido en los últimos años. Sin embargo, al permanecer más
tiempo del permitido por sus visas o, como suele ocurrir con quienes se
encuentran en Chungking Mansions, al solicitar asilo a través del UNHCR o del
gobierno de Hong Kong, quienes ya se encuentran en Hong Kong a menudo pueden
prolongar su estancia indefinidamente. Debido al aumento de solicitantes de
asilo en Hong Kong, el gobierno está bajo presión para endurecer aún más las
restricciones de entrada. Sin embargo, al momento de escribir éste libro, ésto
no ha sucedido, al menos no formalmente, por lo que Chungking Mansions sigue
beneficiándose de una política inusual: un gobierno en el mundo desarrollado
que permite la entrada sin impedimentos a muchas personas procedentes de países
en desarrollo, al menos durante un período limitado. Ésto permite la existencia
de Chungking Mansions. Una tercera razón es el surgimiento de China, y
especialmente del sur de China, como centro manufacturero mundial.
Emprendedores de todo el mundo en desarrollo acuden en masa a Chungking
Mansions para comprar productos chinos, ya sea en Hong Kong o al otro lado de
la frontera con China. Éstos productos van desde teléfonos móviles, usados o copiados,
hasta prendas de vestir, relojes, materiales de construcción, muebles y
productos tan exóticos como bañeras de hidromasaje (compradas por ricos
africanos orientales, como ministros, según me han dicho) y ópalos engastados
(extraídos de Australia, enviados a través de Chungking Mansions al sur de
China para ser engastados y luego devueltos a Australia para su venta a
turistas chinos). Hong Kong, como lo ha sido a lo largo de su historia, sigue
siendo la puerta de entrada a China para éstos empresarios, quienes pueden
aventurarse en el sur de China ellos mismos para realizar sus pedidos o
recurrir a intermediarios de Hong Kong para venderles productos fabricados en
China. Éstos productos suelen ser baratos y de baja calidad, pero ésto es lo
que los consumidores del mundo en desarrollo pueden permitirse. Defino la
globalización de bajo nivel como el flujo trasnacional de personas y bienes que
implica cantidades relativamente pequeñas de capital y transacciones
informales, a veces semilegales o ilegales, comúnmente asociadas con el mundo
en desarrollo. Se trata de la globalización de los comerciantes africanos que
regresan a sus países de origen con cientos de teléfonos en su equipaje, y de
los trabajadores temporales del sur de Asia que traen a casa a sus familias
cientos de dólares de dinero necesario e historias extraordinarias de un mundo
que sus familias sólo pueden imaginar. Las corporaciones multinacionales y, de
hecho, gran parte del debate de las páginas financieras de los periódicos
nacionales, tienen un impacto limitado en la conciencia de gran parte de la
población mundial. Para éstas personas, la globalización consiste, en gran
parte, en los bienes, ideas y medios de comunicación que traen los pequeños
comerciantes y los trabajadores ilegales, como los que viven y trabajan en
Chungking Mansions. Se pueden encontrar mercados de globalización de bajo nivel
en sitios de todo el mundo. Se pueden encontrar en Bangkok, Calcuta y Nairobi,
así como en París, Londres y Nueva York. También se pueden encontrar en lugares
como Ciudad del Este, en la confluencia de Argentina, Brasil y Paraguay, y,
geográficamente más cerca de Chungking Mansions, los distritos de Yuexiu y
Sanyuanli de Guangzhou, en el sur de China, y en ciudades chinas como Yiwu.
Chungking Mansions es inusual porque, en lugar de ser un barrio global, se
trata de un edificio único global. Los antropólogos rara vez han estudiado los
edificios. Gelberto Velho describe un edificio en Copacabana, Río de Janeiro, y
los esfuerzos de los residentes de cuello blanco por escapar de la
estigmatización; Laura Ring explora cómo se mantiene la "paz
cotidiana" entre las familias que viven en un edificio de apartamentos en
Karachi, Pakistán; y Theodore Bestor describe un edificio en algunos aspectos
paralelo a Chungking Mansions, el Mercado de Pescado de Tsukiji en Tokio,
Japón, en todos sus vínculos globales. A pesar de éstas notables excepciones,
los antropólogos generalmente han descuidado los edificios, simplemente porque
es inusual que un sólo edificio sea analíticamente destacable. Al igual que los
edificios mencionados anteriormente, Chungking Mansions es una excepción. El
edificio tiene una primera y una segunda planta-o planta baja y primer piso,
como se suele decir en Hong Kong (de ahora en adelante usaré ésta expresión
británica)- de 85 por 58 metros, que son zonas comerciales minoristas y
mayoristas. En la segunda planta de Chungking Mansions hay un centro comercial
llamado "Chungking Express", compuesto por varias boutiques, que
físicamente forman parte del edificio, pero en todos los demás sentidos es un
mundo aparte. Los compradores acceden a él por una escalera mecánica desde las
concurridas aceras de Nathan Road. Está conectado al resto de Chungking
Mansions únicamente a través de puertas traseras siempre cerradas. Un centro
comercial de lujo en un sótano, inaugurado en 2009, también forma parte de
Chungking Mansions, aunque está aislado. A partir del tercer piso, hay tres
bloques que se elevan hasta el decimoséptimo piso, accesibles. En el capítulo
3, me centro en los bienes y en quienes comercian con ellos, pero permítanme
describir brevemente quiénes son éstos comerciantes y a qué se dedican: "Durante
la mayor parte del año, los comerciantes constituyen la mayoría de las personas
que se ven en Chungking Mansions. En su apogeo, durante las ferias comerciales
de octubre y abril en Hong Kong y Guangzhou, ocupan casi todas las camas
disponibles del edificio. La mayoría de los comerciantes, en la mayor parte del
año, excepto en enero y febrero, la temporada del Año Nuevo chino, durante la
cual las fábricas del sur de China están cerradas, provienen del África
subsahariana. Durante la última década, ha habido un aumento masivo en el
número de comerciantes africanos que viajan al sur de China. Compran bienes en
Hong Kong o en China y los venden, por lo general, en sus países de origen,
comercian con una amplia gama de productos: los teléfonos móviles y la ropa son
los más destacados, pero también relojes, artículos electrónicos, ordenadores,
consolas de videojuegos, materiales de construcción, coches usados y recambios,
entre otros innumerables productos. Una pequeña minoría comercia en la
dirección opuesta, trayendo piedras preciosas desde sus hogares a Hong Kong y
China para venderlas. Los precios en Hong Kong son más caros, pero los
productos adquiridos allí, especialmente los productos electrónicos y los
teléfonos móviles, suelen considerarse más fiables, aunque ésto ha ido
cambiando poco a poco a medida que los productos y las prácticas comerciales
chinas mejoran y más comerciantes se trasladan a China. Casi todos los
productos que se venden en Chungking Mansions, con la excepción de muchos
teléfonos móviles, se fabrican en China, aunque sus etiquetas a veces indiquen
que se fabricaron en otro lugar. Éstos comerciantes a veces llegan a Hong Kong
con visas de negocios obtenidas en sus países de origen (necesarias para
aquellos países a los que se les ha denegado el acceso sin visa a Hong Kong),
pero con mayor frecuencia se les admite en el aeropuerto de Hong Kong. Pueden
ser admitidos por catorce, treinta o noventa días sin visa, como se explica en
el capítulo 1, dependiendo de su país de origen, del efectivo disponible y de
su experiencia previa en Hong Kong" (Mathews, pp. 57, 58).
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¿El
nuevo modelo de mundo?
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Quienes han
llegado previamente a Hong Kong y no han excedido el límite de estancia
permitido suelen recibir un trato más flexible por parte de inmigración que
quienes lo visitan por primera vez. Algunos comerciantes permanecen en Hong
Kong y en Chungking Mansions durante el tiempo que requiere su negocio; un
comprador de teléfonos móviles difícilmente podría salir del edificio durante
una semana. Otros comerciantes permanecen en Hong Kong sólo el tiempo
suficiente para obtener una visa para China, tras lo cual pueden tomar un tren
directamente desde Chungking Mansions hasta la frontera china. Algunos
comerciantes vienen a Hong Kong o China sólo unas pocas veces al año o menos,
mientras que otros parecen estar en constante movimiento, yendo entre Hong Kong,
China y sus países de origen cada una o dos semanas. El atractivo para los
comerciantes es China, con su abundancia de productos manufacturados baratos.
Éstos comerciantes compran productos fabricados en China para transportarlos de
regreso a sus países de origen porque éstos no los fabrican, al menos no a
precios competitivos. Algunos de los productos que compran éstos comerciantes,
como teléfonos móviles, se llevan de vuelta a casa en su propio equipaje, a
menudo de 32 kilos por maleta, permitidos por aerolíneas como Ethiopian y
Emirates, con kilos adicionales permitidos si el comerciante pertenece a un
programa de viajero frecuente, como muchos hacen. Los comerciantes más grandes
también pagan los costos adicionales del flete aéreo por las maletas adicionales.
Éstos comerciantes traen de vuelta teléfonos móviles o aparatos electrónicos
especialmente delicados, o ropa, especialmente ligera, sobre todo envasada al
vacío. Otros comerciantes alquilan o comparten contenedores, costosos pero
necesarios para productos como azulejos o piezas de automóviles. Éstos
comerciantes deben decidir si se aventuran en China, potencialmente lucrativo
pero arriesgado, o si operan en Hong Kong, percibido como más seguro y fiable.
Sin embargo, las actividades empresariales de éstos comerciantes conllevan un
alto riesgo, no sólo en China, sino en todos sus circuitos globales. Un riesgo
es que sean engañados en China o Hong Kong, comprando productos que les han
sido malinterpretados y que no pueden vender en su país. Alternativamente,
pueden simplemente calcular mal y comprar productos que no se venderán en su
país. Otro riesgo es que las imitaciones que los comerciantes compran en China
(muchos productos que compran son auténticos, pero muchos no lo son) pueden ser
confiscados por las autoridades de China o Hong Kong. Un riesgo aún mayor
reside en las aduanas de sus propios países, que pueden representar una gran
barrera, que pueden superar mediante pagos legales, suerte o sobornos. Un
comerciante nigeriano me comentó que puede obtener un 60% de beneficio bruto
con las mercancías que trae consigo, pero debe devolver la mitad como sobornos
a diversos funcionarios gubernamentales. Ésto varía de un país a otro, pero
dado que la corrupción es común y las regulaciones aduaneras a menudo no son
claras para los comerciantes, sus traslados de regreso a sus países de origen
están plagados de peligros. Dado que muchos bancos de países africanos y del
sur de Asia no ofrecen cartas de crédito ni otros instrumentos financieros
aceptados en bancos de Hong Kong o China, muchos comerciantes llevan decenas de
miles de dólares en efectivo, hasta 50.000 o incluso 100.000 dólares
estadounidenses. Como me dijo un comerciante de África Oriental: "¡Todos
éstos comerciantes llevan efectivo, por supuesto! Hong Kong es el lugar más
seguro de Asia para hacer negocios. Nunca he conocido a nadie que haya sido
robado". Algunos de los comerciantes africanos con los que me he topado
llevan más efectivo en sus manos a la vez que muchos estadunidenses podrían haber
tenido en toda su vida y se sienten seguros haciéndolo en lo que perciben como
la seguridad de Chungking Mansions y Hong Kong (aunque desde 2009, más
comerciantes transferían dinero o enviaban remesas). No es raro ver a
comerciantes dejar miles de dólares en efectivo en un mostrador de Chungking
Mansions. Aunque pueden ser estafados de maneras más sutiles, su dinero está
seguro, salvo en momentos de descuido. Una historia popular que circula en
Chungking Mansions (quizás cierta, aunque todavía no he encontrado a nadie que
admita ser víctima) es la de un comerciante africano que esconde 50.000 dólares
en su ropa interior y que acompaña a una trabajadora sexual china a su
habitación. Se ducha y ella, al encontrar una fortuna en sus cajones que podría
alimentar a su familia durante una década, huye en el tren que sale cada cinco
minutos hacia la frontera con China. Él ve su pérdida y la persigue
furiosamente, pero nunca vuelve a verla ni a su dinero. La gran mayoría de
éstos comerciantes son hombres, aunque también hay mujeres que se dedican a la
confección. Éstos comerciantes suelen pertenecer a las clases más adineradas de
sus sociedades de origen. Como se mencionó anteriormente, no todos los
empresarios son africanos, aunque la gran mayoría sí lo son. Muchos son indios,
a menudo dedicados al comercio textil, y otros son de Europa del Este o rusos,
a menudo dedicados a la telefonía móvil o la electrónica. También hay yemeníes,
filipinos, saudíes y franceses; he conocido a gente de diversos países
involucrados en una asombrosa variedad de comercios. Pero los empresarios
africanos son los más destacados de Chungking Mansions y, de hecho, también en
el sur de China. En ocasiones, me he reunido con comerciantes africanos que
visitan Hong Kong por primera vez. Realicé una visita informal nocturna a Hong
Kong para dos comerciantes tanzanas, quienes expresaron su asombro ante los
altos edificios y los trenes. Una dijo: "Nunca había estado en un tren
eléctrico. De donde vengo, los trenes funcionan con petróleo". También
habló con asombro de todas las "escaleras mecánicas" que sólo había
visto una vez en el aeropuerto de su país. Pero éstos comerciantes no eran
ajenos a la tecnología del mundo contemporáneo. Durante gran parte de nuestro
recorrido, estuvieron con sus teléfonos móviles llamando a sus amigos en Dar es
Salaam. Como me explicó uno de ellos: "Sí, les contaba a mis amigos de
casa sobre lo que veía, sobre las escaleras corredizas y los centros
comerciales. ¿Pero cómo puede haber tantos centros comerciales? ¿Por qué la gente
de Hong Kong compra tantas cosas?" –una pregunta sabia que no pude
responder-, tras lo cual tuvimos una animada discusión sobre la naturaleza del
capitalismo. Una historia que he escuchado de varias personas se refiere al Día
Nacional de China en Hong Kong, que incluye una exhibición de fuegos
artificiales sobre el puerto de Hong Kong para emocionar a las multitudes de
decenas de miles. Al parecer, varios comerciantes africanos oyeron las
explosiones, vieron a toda la gente fuera y corrieron a los ascensores en busca
de refugio, pensando que había comenzado una guerra y que Hong Kong estaba
siendo bombardeado. Éstos empresarios africanos tienen poca conexión con Hong
Kong, en su mayoría, excepto, por sus incursiones comerciales en Sham Shui Po u
otros barrios de Hong Kong donde se venden productos al por mayor. El racismo
sutil a veces es evidente en el 7-Eleven que está a la vuelta de la esquina de
Chungking Mansions. He visto a hongkoneses entrar al 7-Eleven para simplemente
quedarse mirando a los africanos durante treinta segundos antes de salir sin
comprar nada. Muchos comerciantes jóvenes han intentado ligar con mujeres
hogkonesas, pero con poco éxito. Algunos han aprendido por amarga experiencia
que, además del racismo, la forma en que suelen abordar a las mujeres en África
se considera agresiva en Hong Kong, lo que quizás aumenta el miedo con el que
muchos hongkoneses los ven. En resumen, es difícil para los comerciantes
africanos en Hong Kong. Inevitablemente, destacan en una ciudad con un 95% de población
china y son, si bien no necesariamente víctimas de discriminación racial, sin
duda el "otro" extraño y temido en el contexto hogkonés. Por éso los
africanos tienden a reunirse en Chungking Mansions y en lugares como el cercano
7-Eleven. Sólo en éstos lugares pueden encontrar seguridad gracias a la
cantidad y a estar con gente como ellos. Algunos de éstos comerciantes
africanos son ingenuos al no saber exactamente en qué se están metiendo, pero
todos son valientes al dejar sus hogares para buscar fortuna en un país
extranjero. Muchos perderán hasta la camisa y nunca regresarán. Algunos
obtendrán buenas ganancias y se convertirán en comerciantes habituales, pasando
por Chungking Mansions una media docena o una docena de veces al año. Unos
pocos inteligentes y afortunados amasarán fortunas. Los comerciantes africanos
que he conocido en Hong Kong tienen vínculos globales que se extienden mucho
más allá de Hong Kong; éstos comerciantes a menudo siguen un largo y complejo
recorrido, que va desde su hogar y países vecinos en África, hasta Dubái.
Bangkok y otros destinos del sudeste asiático, Hong Kong, el sur de China, y
viceversa: "Como se mencionó en el capítulo anterior, mis asistentes de
investigación y yo acompañamos a los comerciantes en partes de sus giras
globales desde Chungking Mansions. Muchos de los comerciantes africanos que se
alojan en Chungking Mansions se dirigen a la provincia de Guangdong, la zona
industrial del sur de China con mayor acceso a Hong Kong, así como a otras
ciudades de China, como Yiwu. Los comerciantes africanos de Guangzhou, capital
de la provincia de Guangdong, están presentes en varios barrios diferentes.
Está el edificio Tianxiu y sus alrededores, un rascacielos dedicado
exclusivamente a la venta de mercancías a comerciantes africanos y de Oriente
Medio, una zona frecuentada por numerosos comerciantes musulmanes. También está
la zona de Sanyuanli, frecuentada por igbos nigerianos, entre otros, que
celebran servicios católicos regulares en igbo en la Catedral del Sagrado Corazón
de Guangzhou. En Guangzhou, a diferencia de Chungking Mansions, los
comerciantes de diferentes orígenes suelen desplazarse a distintas zonas de la
ciudad para realizar sus negocios y suelen dormir en apartamentos u hoteles en
las afueras; no existe un lugar donde todos vivan y se relacionen, como
Chungking Mansions. A diferencia de Chungking Mansions, muchos comerciantes de
Guangzhou no hablan inglés. Se las arreglan con su conocimiento de algunas
palabras de mandarín o contratando a una de las docenas de jóvenes chinas
–estudiantes universitarias, me han dicho- que ofrecen sus servicios como
intérpretes en los mercados de Guangzhou. En Guangzhou, más que en Hong Kong,
existen extremos de pobreza y riqueza, así como una división entre legalidad y
la ilegalidad. Entre los comerciantes africanos, por un lado, hay nigerianos y
otros africanos que viven ilegalmente y que a veces participan en el tráfico de
drogas, ya sea transportándolas de África a China o vendiéndolas en la calle de
Guangzhou, pero ésto es poco común en Hong Kong. Debido a la gran cantidad de
africanos en Guangzhou –una estimación de 20.000, otras estimaciones son mucho
mayores-, pueden pasar desapercibidos si exceden el tiempo permitido por sus
visas" (Mathews, pp. 61, 62). Por otro lado, en Guangzhou hay muchos
empresarios africanos y de Oriente Medio, consolidados y adinerados. Algunos
han tenido el capital para evitar Chungking Mansions y encargar directamente a
fábricas del sur de China, con las que han establecido relaciones, generalmente
durante años. Pueden tener visas de trabajo de larga duración en China. Otros
son agentes, o "reparadores", algunos de los cuales hablan mandarín
con fluidez, que negocian acuerdos para sus compatriotas africanos. Estuve en
un elegante restaurante de barbacoa brasileña en Guangzhou, donde se celebraban
unas fiestas de sábado por la noche con cien o más empresarios y agentes
africanos. También me alojé con un agente congoleño en su apartamento de un
rascacielos en Guangzhou, un lugar que, con todos sus accesorios, habría sido
la envidia de prácticamente todos los chinos que viven en la ciudad. Algunas de
éstas personas han logrado permanecer legalmente en China, gracias a visas
favorables o a su matrimonio con una mujer china, pero sus visas aún pueden requerir
renovación periódica. A menudo hacen un ciclo regular de ida y vuelta entre
Guangzhou y Chungking Mansions para renovar sus visas cada treinta días. Otros,
especialmente aquellos con menos que perder, optan por el camino más arriesgado
de quedarse más tiempo del permitido por sus visas, lo que les permite
permanecer en Guangzhou indefinidamente, pero los somete, si son descubiertos
(y si no pueden pagar el soborno requerido, me han dicho), a penas de cárcel y
deportación. Además de Guangzhou, muchos de los comerciantes africanos en
Chungking Mansions hablan de Dubái, y en particular del barrio dubaití de
Deira, como un lugar de comercio. Los comerciantes africanos que conocí en
Dubái en 2009 a veces viajaban desde África Oriental hasta Hong Kong y China, y
viceversa. Como me contó un comerciante zambiano, a menudo se encuentra con
otros comerciantes africanos que conoce de Chungking Mansions en las calles de
Deira, y viceversa. Cada lugar tiene sus ventajas y desventajas. Como dijo un
comerciante tanzano: "Normalmente, los productos son más baratos en China,
ya que todos los productos fabricados en China tienen que enviarse desde China
hasta aquí (Dubái). Pero a veces se encuentran ofertas aquí, aunque los hoteles
son muy caros en comparación con Chungking Mansions". Un comerciante de
teléfonos nigeriano señaló que, si bien Dubái tiene muchos teléfonos europeos
almacenados que se venden a precios reducidos (conocidos como teléfonos de
catorce días), los teléfonos fabricados en China son más baratos en Hong Kong y
China. Los comerciantes africanos eligen Dubái por varias razones. Algunos
vienen por los problemas que encuentran para obtener visas para China. Otros no
están en ése circuito global, al menos no todavía. Hong Kong y China son
lugares con los que sueñan para hacer negocios, pero por ahora se han
conformado con el mundo geográficamente más cercano y culturalmente más
familiar de Dubái, con su fuerte presencia del islam y sus numerosos
comerciantes somalíes. "Sí, quiero ir a China, pero he oído que se puede
perder todo en China", me dijo un comerciante. "Hay que tener mucho
cuidado allí". Pasé una tarde en un cibercafé en Dubái con un comerciante
zambiano que buscaba llegar al origen chino de las copias de productos
electrónicos que estaba comprando, para poder eliminar al intermediario.
Insistió en que la empresa debía tener un sitio web, pero, por supuesto, sólo
encontramos el sitio web de la empresa europea real, no el de la empresa que
fabrica copias con el nombre de la empresa real. Me llevó horas convencerlo de
que es improbable que una empresa que fabrica productos de imitación se anuncie
en internet, y que, en lugar de buscar el origen oculto de ésta empresa, sería
mejor que se quedara a comprar en Dubái (aunque algunos de sus proveedores en Dubái
podrían saber exactamente de dónde provienen ésos productos), o tal vez ir a
Chungking Mansions o a Guangzhou, lo más cerca que podría estar del origen de
ésos productos. Chungking Mansions es un nodo importante en la economía del
mundo en desarrollo, pero nadie sabe exactamente en qué medida. En todo el
mundo, el tránsito de mercancías escapa en gran medida al control
gubernamental; menos del cinco por ciento de las mercancías que pasan por los
puertos mundiales son inspeccionadas. En el mundo en desarrollo, ésta falta de
control gubernamental sobre el tránsito de mercancías se debe a que los
gobiernos carecen de la capacidad de controlar plenamente la economía. El
Estado intenta ejercer control, pero no puede; excede su alcance, porque sus
ciudadanos pueden evadirlo fácilmente. En Hong Kong, ésto ocurre en parte no
sólo porque el Estado no puede controlarlo, sino porque no quiere. Hong Kong
calificado constantemente como la economía más libre del mundo, la economía más
libre de las restricciones de la burocracia estatal, por la Heritage Foundation
y el Wall Street Journal. La libertad
de la economía de Hong Kong es hasta cierto punto mítica: los promotores
inmobiliarios y otros magnates, de hecho, tienen una influencia desmesurada en
la política gubernamental. No obstante, la libertad económica ha sido durante
mucho tiempo la ideología dominante de Hong Kong. Si bien el Estado controla
parcialmente la economía en muchas áreas –por ejemplo, en su regulación de los
vendedores ambulantes, así como en su represión de la producción a gran escala
de imitaciones-, es justo decir que, en general, el gobierno de Hong Kong es la
encarnación del laissez-faire y del
neoliberalismo, la doctrina de que el gobierno debe hacerse a un lado y dejar
que mercado tenga rienda suelta. Utilizando el lenguaje de una época anterior,
Hong Kong es una isla del primer mundo entre dos bloques económicos del tercer
mundo: China, que se desarrolla rápidamente pero aún carece de un estado de
derecho pleno en sus actividades económicas, y África. Chungking Mansions, a su
vez, encarna una economía informal del tercer mundo, posibilitada por el
neoliberalismo del primer mundo de la sociedad en la que se ubica. Chungking
Mansions no existiría hoy si no fuera por el flujo de mercancías que entran y
salen de sus puertas, como acabamos de ver. Pero éstas mercancías se
comercializan en el contexto de un entramado de leyes que sólo pueden
transgredirse asumiendo cierto riesgo. Éste contexto legal no sólo afecta a los
comerciantes. Ya sea el dueño de un restaurante preocupado por la imagen ilegal
de Chungking Mansions, el trabajador temporal que buscar ser visto sólo como un
turista, el comerciante con productos de imitación que podrían ser confiscados,
el viajero preocupado por la seguridad de su dinero o, un tema central de éste
capítulo, el solicitante de asilo que sueña con un hogar en un nuevo país, la
ley, encarnada por la policía en Chungking Mansions, está siempre presente e
ineludible. La mayoría de las personas en Chungking Mansions deben preocuparse
por la ley al menos en algunos aspectos de su sustento. Muchos comerciantes
declaran ventas inferiores a las reales en sus impuestos anuales sobre la renta
(como sucede en todo Hong Kong). Muchas tiendas venden productos de imitación
que siempre pueden, al menos en teoría, ser confiscados. Muchos negocios
contratan trabajadores ilegales, lo que, de ser descubierto, podrían someterlos
a severas sanciones legales, y éstos mismos trabajadores viven una existencia
legamente precaria: sus vidas podrían verse completamente perturbadas en
cualquier momento por la policía. En general, todas éstas personas están a
salvo de ser procesadas: todo ésto se tolera en mayor o menor medida. Los
traficantes de drogas suelen ser procesados; los ladrones declarados son
procesados; quienes se quedan más tiempo del permitido con su visa pueden ser
capturados y encarcelados; y los vendedores de imitaciones que ofrecen sus
productos en la acera frente a Chungking Mansions son ocasionalmente
procesados; al igual que las trabajadoras sexuales. Pero en general, Hong Kong
es un lugar relativamente seguro para que éstos negocios y trabajadores
realicen sus actividades al margen de la ley. Para la mayoría de los
comerciantes de bajo nivel, el cumplimiento absoluto de la ley en todas sus
diferentes manifestaciones a nivel mundial es económicamente suicida: la ley
limita a los comerciantes en cada etapa de su trayectoria. Pero para los
comerciantes de Chungking Mansions, como para cualquier otro grupo ocupacional
del edificio, la ley puede ser ignorada, al menos parcialmente. Un ejemplo me
enseñó cuánto de la ley se encuentra en Chungking Mansions. Al principio de mi
investigación, me contactó una periodista que buscaba entrevistar algunas de
las personas que trabajaban en Chungking Mansions. Después de medio hora de
conversación confíe en ella y busqué ayuda, pero entonces me di cuenta de que
ninguna de las doce personas que mejor conocía en Chungking Mansions estaría
disponible para que ella las entrevistara, al menos no si sus nombres se hacían
públicos: "Varios eran solicitantes de asilo, cuyos nombres e identidades
no pueden publicarse. Varios otros eran trabajadores temporales. Otros eran
gerentes de restaurantes o pensiones que empleaban a trabajadores ilegales u
operaban locales sin licencia o con diversas infracciones que pudieran salir a
la luz, por lo que procuraban permanecer en el anonimato. Nadie quiso hablar
oficialmente, lo que quizás confirma la impresión de éste reportero de que
Chungking Mansions es, en efecto, un antro de iniquidad. Chungking Mansions no
es un antro de iniquidad, como ya debería estar claro; las infracciones legales
de mis informantes generalmente eran menos cuestiones de moralidad que de
tecnicismos legales. Existe una gran explotación de trabajadores pobres y de
bajo nivel por parte de propietarios y gerentes adinerados, pero ésto no es una
característica exclusiva de Chungking Mansions, sino de Hong Kong y del mundo
capitalista en su conjunto. Se cometen graves injusticias en los rincones de
Chungking Mansions. Vi, antes de comprender qué sucedía, cómo una empleada doméstica
indonesia que había perdido su trabajo era sorteada al mejor postor por sexo.
Hablé brevemente, antes de que me llevaran a toda prisa, con un solicitante de
asilo pakistaní obligado a trabajar como esclavo para su empleador, bajo pena
de ser entregado a la policía y deportado si hablaba. Vi a un africano,
desmayado por la bebida, recibir repetidas patadas en la cabeza por nepaleses
que sentían que los había insultado. Pero éstas son excepciones: Chungking
Mansions es, en general, un lugar civilizado, pacífico e incluso moral. Creo
que ésto se debe al islam, con sus estrictos códigos morales que rigen a
aproximadamente la mitad de los habitantes de Chungking Mansions, sumado a la
propia tolerancia de Hong Kong hacia la diversidad humana, que impide que la
intolerancia hacia los no creyentes, a veces evidente en lugares como Pakistán,
se introduzca en Chungking Mansions" (Mathews, pp. 152, 153).
![]() |
El
crimen organizado mexicano.
NNNNNNNN
Las Caravanas Migrantes fueron detenidas con la COVID-19,
el confinamiento mundial y la militarización de las fronteras: Honduras,
Salvador, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Haití, Ecuador, Colombia, Venezuela, República
Dominicana. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias de la
Unión Europea ha empujado una migración hacia Estados Unidos y Canadá desde las
repúblicas exsoviéticas: Rusia, Ucrania, Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán y
Uzbekistán. Y otra migración hacia Estados Unidos y Canadá por el mismo motivo:
China, India, Egipto, Bangladesh, Afganistán, Pakistán, Arabia Saudí, Nepal,
Filipinas, Turquía, Angola, Mauritania, Congo, Camerún, Ghana, Nigeria. En
febrero de 2025 el Departamento de Estado de los Estados Unidos (DOS) designó como organizaciones
terroristas extranjeras al Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación
(CJNG), Cártel del Noreste (CDN), Nueva Familia de Michoacán, Cárteles Unidos,
Cártel del Golfo, Mara Salvatrucha (MS-13), Tren de Aragua. México se ha convertido en país de refugio, lo cual es irónico, ya que la mayoría
viene huyendo de la violencia, el desempleo y la pobreza: 38,5 millones
de pobres, una tasa de pobreza laboral del 33.9%, una tasa de desocupación del
3.0%, una tasa de informalidad del 54.8% y una tasa de crecimiento anual del
0.6%. Antes del COVID-19 el primer lugar mundial en consumo de pornografía
infantil (PCF, 2018), el segundo lugar en producción y distribución mundial y
el primer lugar en América Latina (ECPAT, 2019). También es posible observar una migración irregular
al revés, personas de origen estadounidense en condiciones de pobreza extrema
haciendo malabares en algún crucero, durmiendo en plazas públicas o pidiendo
limosna afuera de establecimientos comerciales del precariado local: Chedraui,
Bodega Aurrera, Soriana. La precariedad
adquiere tintes medievales. Si las Caravanas
Migrantes de Centroamérica y Sudamérica se distinguen por el cristianismo
suicida de personas mayores, embarazadas, adolescentes, niñas y niños en
condiciones de extrema vulnerabilidad a la explotación sexual. Los flujos
migratorios de Asia, Europa del Este, Oriente Medio y África se distinguen por
el islam. El informe GLOBAL
ORGANIZED CRIME INDEX (2023) de México ubica que desempeña un papel crucial en
la trata de seres humanos entre América Central y América del Norte, ya que
actúa como centro de tránsito principalmente para las víctimas centroamericanas
que se dirigen al norte y que pueden sufrir diversas formas de explotación,
como el trabajo y el trabajo sexual forzados. El tráfico sexual está muy
extendido cerca de las fronteras entre México y Estados Unidos y entre
Guatemala y México, mientras que el trabajo agrícola forzado es más común en
Guerrero y Oaxaca, donde se explota a las comunidades indígenas y los
afrodescendientes. Los extranjeros irregulares vulnerables y los mexicanos de
clase media corren el riesgo de ser víctimas de trata y las consecuencias
socioeconómicas de la pandemia de la COVID-19 exacerban éstos riesgos. El
aumento del control territorial de la delincuencia en todo México, combinado
con la corrupción cada vez más rampante, la impunidad y la debilidad
institucional de los organismos mexicanos encargados de hacer cumplir la ley,
han facilitado la expansión del mercado de la trata de personas en México en
los últimos años. El mercado del tráfico de personas sigue activo, impulsado
por la pobreza, la inseguridad y la delincuencia en toda América Central,
especialmente en los países del Triángulo Norte: Guatemala, Honduras y El
Salvador. El impacto de la pandemia de la COVID-19 ha agravado éstos factores,
provocando un nuevo aumento de la migración irregular hacia el norte, en
dirección a Estados Unidos, a través de México. Aunque los contrabandistas del
noreste de México están vinculados a grupos de delincuencia organizada
transnacional, cárteles de la droga y funcionarios corruptos, los del sur
suelen ser lugareños que viven a lo largo de las principales rutas de
contrabando. Las mujeres y los niños también participan en la facilitación de
la migración irregular. El impacto del mercado del tráfico de personas en
México es localizado, con una demanda notable en las superpobladas ciudades
fronterizas mexicanas y en ciudades del sur, como Villahermosa, Palenque,
Tenosique, Comitán y Tapachula. Los grupos delictivos mexicanos recurren en
gran medida a la extorsión como fuente de ingresos, dirigida tanto a
particulares como a pequeñas, medianas y grandes empresas. El índice de
extorsión ha aumentado sustancialmente en algunos estados mexicanos, mientras
que en otros ha disminuido. La extorsión también puede implicar a ciudadanos
particulares, que afirman falsamente pertenecer a grupos criminales para
obtener pequeños pagos de extorsión. La extorsión territorial, conocida como "cobro
de piso", se ha convertido en una fuente de ingresos de bajo coste para
los grupos delictivos. La industria alimentaria se ha convertido en un objetivo
cada vez más frecuente, lo que ha provocado crisis alimentarias e
interrupciones en las cadenas de suministro. La extorsión sigue siendo un problema
importante en casi todas las ciudades mexicanas y los municipios de los estados
de Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Morelos, Nuevo Laredo y México son los que
registran los índices más elevados. El mercado mexicano de tráfico de armas
está muy consolidado, impulsado por una legislación de armas ineficaz y por la
entrada de armas procedentes de Estados Unidos. Aunque la gran mayoría de las
armas ilícitas incautadas pueden rastrearse hasta fabricantes estadounidenses,
existe un notable flujo de granadas y RPG-7 procedentes de América Central. Las
compras legales de armas de fuego en EUA, por parte de entidades criminales y
civiles, contribuyen a la accesibilidad de las armas y a los altos niveles de
violencia y criminalidad en México. Aunque las autoridades mexicanas están
trabajando para combatir éste problema, existe una falta de política integral y
de coordinación entre las fuerzas de seguridad estatales y federales con las
autoridades estadounidenses, lo que puede permitir que el mercado de tráfico de
armas siga expandiéndose a nivel nacional y regional. Ésta cuestión ha sido un
punto de discordia en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y México
y las autoridades mexicanas han iniciado demandas civiles contra los
fabricantes de armas estadounidenses. Aunque se ha producido un aumento de las
incautaciones de armas a lo largo de la frontera entre EUA y México, ésto no ha
reducido significativamente el vasto suministro de armas ilícitas a los grupos
criminales nacionales en México. La falsificación y la piratería se han
convertido en algunos de los delitos más rentables en México y el país es uno
de los mayores productores y consumidores de productos falsificados y
pirateados, tanto en América Latina como en el mundo. La venta de productos
falsificados baratos está muy extendida en todo el país. Se calcula que más del
10% de los productos falsificados y pirateados de origen estadounidense que se
venden en el mundo tienen como destino los mercados mexicanos. A pesar de los
graves daños causados a la economía mexicana por la pandemia de la COVID-19, la
distribución de productos farmacéuticos falsificados no se vio afectada e
incluso se vio agravada por el aumento de la demanda. Sin embargo, a pesar de
algunos esfuerzos realizados, la convergencia de grupos criminales y
autoridades aduaneras en diversos puntos de entrada sigue complicando la lucha
contra éste delito. Además, el cambio de etiquetas en el comercio ilícito de
productos textiles plantea dificultades a las autoridades a la hora de detectar
mercancías falsificadas. México se ha convertido en un destino clave para el
comercio mundial de cigarrillos ilícitos y los de origen chino representan la
mayor parte del consumo de cigarrillos ilícitos no producidos en el país. La
pandemia de la COVID-19 empeoró la situación, ya que el descenso de los
ingresos y de las tasas de interacción social entre los ciudadanos mexicanos
provocó un notable descenso de las ventas de cigarrillos legales y un aumento
de las marcas de cigarrillos de bajo precio. Ésta tendencia proporcionó a los
actores del crimen organizado una fuente adicional de ingresos y un medio para
blanquear otras ganancias delictivas. El comercio ilícito de productos sujetos
a impuestos especiales va más allá de los cigarrillos, ya que más allá de un
tercio de las bebidas alcohólicas que se consumen en México se introducen de
contrabando en el país. Es habitual el robo de recursos no renovables, como
petróleo y minerales, y los grupos delictivos y los funcionarios corruptos de
las empresas estatales desempeñan un papel importante. Los esfuerzos del
Gobierno mexicano para combatir el comercio ilícito de petróleo han sido
mínimamente eficaces y el robo de petróleo sigue siendo una fuente de ingresos
muy lucrativa para los grupos delictivos: "El robo de combustible se ha
vinculado a la evasión fiscal y el contrabando de combustible de origen
extranjero en México se ha convertido en una práctica común. La implicación de
grupos delictivos en el robo de combustible ha desencadenado un aumento de la
violencia en todo el país, especialmente en estados como Guanajuato y Puebla.
Además del robo de petróleo, los grupos delictivos se han dedicado a la
extracción ilícita de minerales, en particular oro, plata, cobre, plomo, zinc y
hierro. Las disputas territoriales entre cárteles han creado un clima de
violencia para las empresas mineras legítimas y las comunidades locales. Las
organizaciones mexicanas de narcotraficantes también se han implicado en el
tráfico de mercurio de origen mexicano a países sudamericanos que cuentan con
mercados predominantes de extracción ilícita de oro. Las organizaciones
mexicanas de narcotraficantes dominan el mercado estadounidense de heroína y
casi toda la heroína incautada y analizada en EUA procede de México. La
producción y el tráfico de heroína tienen lugar principalmente en el noroeste
de México, en estados como Baja California, Sonora, Jalisco, Guanajuato,
Querétaro, Colima, Michoacán y Guerrero. Sin embargo, en los últimos años, los
grupos de narcotraficantes se han centrado en el tráfico de fentanilo, ya que
su producción es más barata y requiere menos mano de obra que la de heroína.
Las organizaciones mexicanas de narcotraficantes son actores importantes en el
comercio mundial de cocaína y actúan como intermediarios y transportistas de la
droga en todo el mundo. México es un importante país de tránsito de la cocaína
procedente de América del Sur hacia Estados Unidos y, cada vez más, hacia la
Unión Europea. Los grupos delictivos se han vuelto más activos en los mercados
de tráfico de cocaína de América Central y de Colombia y las disputas
territoriales entre ellos por el control de las rutas de envío de cocaína hacia
el norte, con destino a EUA, han dado lugar a altos niveles de violencia en
todo México" (GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX, pp. 44, 45). A pesar de la
legalización del cannabis en varios estados de EUA y Canadá, México sigue
siendo el mayor proveedor extranjero de cannabis de EUA. Además, las
organizaciones de narcotraficantes están muy implicadas en la producción y el
transporte de drogas sintéticas, como el fentanilo y la metanfetamina. Aunque
el fentanilo puede obtenerse directamente de China, a través de plataformas
clandestinas en línea, y posteriormente traficarse a EUA, los grupos mexicanos
han incrementado sus actividades de producción de fentanilo en el país. Además,
la creciente demanda de diversas formas de opiáceos sintéticos entre los
consumidores de drogas estadounidenses ha provocado un aumento considerable de
la importación de componentes de opiáceos sintéticos en México, principalmente
introducidos de contrabando en el país a través de los puertos marítimos de
Michoacán, Campeche y Sinaloa. Los cárteles mexicanos están implicados en el
tráfico de mentanfetamina a puertos de la Unión Europea para su posterior distribución
dentro y fuera de ésta zona. México se enfrenta actualmente a una oleada de
delitos ciberdependientes, con un gran número de ciberataques lanzados a través
de programas de software maliciosos,
detectados por la Guardia Nacional. En los últimos años, las instituciones
federales han sufrido ciberataques, con sus sistemas de información
comprometidos o secuestrados por actores criminales. Éstos ataques han tenido
un impacto negativo en la reputación de éstas instituciones y han dado lugar a
la filtración de terabytes de
información confidencial. Dado el creciente uso de la tecnología y de internet,
es muy probable que el cibercrimen continúe creciendo en México. Los delitos
financieros son un problema importante en México, que afecta a instituciones estatales,
empresas privadas y ciudadanos. Las instituciones estatales están presuntamente
implicadas en delitos financieros, como la evasión fiscal, asociada a la
malversación de las exportaciones y/o importaciones de hidrocarburos. Las
empresas privadas son a menudo víctimas de fraude y corrupción, lo que se
traduce en importantes pérdidas financieras. La ciberdelincuencia relacionada
con las finanzas ha aumentado significativamente desde el inicio de la pandemia
de la COVID-19. Existen acusaciones de prácticas corruptas relacionadas con la
adjudicación de contratos públicos, a nivel del Gobierno tanto federal como
local, lo que eleva el riesgo de malversación y de otros delitos financieros.
Las organizaciones de narcotraficantes en México son algunos de los grupos
mafiosos más sofisticados del mundo. Ejercen un importante control territorial
en todo el país y cooptan las instituciones del Estado mediante el soborno y la
intimidación. Además del narcotráfico, éstas organizaciones se dedican a otras
actividades delictivas, como el robo de petróleo, la trata de personas, el
secuestro y la extorsión, con las cuales obtienen miles de millones de dólares
al año. Las organizaciones mexicanas de narcotraficantes alimentan la violencia
en todo el país, utilizando diversas armas de fuego, incluidas las de uso
militar, lo que provoca brutales conflictos territoriales con organizaciones de
narcotraficantes rivales y entidades de seguridad del Estado. La política de no
confrontación del Estado y la impunidad percibida exacerban los ataques de
represalia contra las iniciativas de aplicación de la ley. A pesar de que la
fragmentación interna reduce el número de organizaciones de narcotraficantes
que participan en formas transnacionales de delincuencia organizada, las
restantes siguen ejerciendo una influencia significativa en todo el continente
americano, colaborando con sus homólogos extranjeros en Asia, América del Sur,
América del Norte y Europa. Las redes criminales mexicanas más pequeñas han
surgido principalmente de crisis de violencia y tienden a cooperar con grupos
más grandes de tipo mafioso. La fragmentación interna de las organizaciones
mexicanas de narcotraficantes ha dado lugar a la creación de numerosas redes
delictivas poco estructuradas, lo que dificulta su seguimiento. En los últimos
años, han aumentado los esfuerzos del Estado por capturar y asesinar a los
líderes criminales, debido a la aparición de grupos de autodefensa comunitaria
en Guerrero y Michoacán. Éstas redes criminales se dedican a diversas formas de
actividad delictiva local, como la extorsión, el robo de automóviles, el robo
de petróleo, la trata de personas, el contrabando de personas, la minería
ilícita y la venta de drogas. También se cree que las facciones del crimen
organizado son, en parte, responsables del repunte de las desapariciones
observado en los últimos años. Además, siguen desempeñando un papel crucial en
el mercado transnacional del narcotráfico, al prestar servicios de transporte y
seguridad a organizaciones de narcotraficantes bien establecidas y al
participar en guerras de poder entre los grupos dominantes. México está plagado
de corrupción incrustada en el Estado, con funcionarios de diversos niveles que
facilitan actividades delictivas organizadas, como el narcotráfico, el robo de
petróleo y la extorsión. Ésta connivencia no sólo canaliza cantidades
sustanciales de ingresos ilícitos hacia funcionarios de alto rango, sino que
también debilita a los organismos encargados de hacer cumplir la ley,
obstaculizando la lucha del país contra el crimen organizado. También hay
informes que sugieren la persistencia de prácticas corruptas dentro de las
instituciones federales encargadas de combatir el crimen organizado. Sin
embargo, la corrupción a nivel local, como la que existe entre los funcionarios
estatales y municipales, sigue siendo una preocupación más significativa,
debido al menor coste financiero de la colusión con funcionarios de bajo nivel
y su conocimiento más profundo de los territorios que gobiernan. Las
organizaciones de narcotraficantes han logrado ejercer una influencia notable
en el proceso democrático de México, supuestamente haciendo todo lo posible
para garantizar la elección y/o la relección de aliados políticos claves,
incluido el asesinato de políticos percibidos como amenazas. Los actores del
sector privado en México, grandes y pequeñas empresas, participan en
actividades delictivas como el fraude fiscal y el blanqueo de dinero para
generar ingresos ilícitos. El fraude interno es frecuente entre las empresas
del sector privado. Éstos actores también cometen delitos contra el medio
ambiente, incluida la minería ilícita. Se sabe que los actores del sector
privado incurren en prácticas corruptas para obtener servicios, permisos y
licencias o para evitar sanciones. Los actores criminales extranjeros tienen
una presencia limitada en México, en gran parte debido a la extrema
territorialidad entre los grupos criminales mexicanos. Los que están presentes
se dedican principalmente a negocios y otras formas de colaboración con los
cárteles de la droga mexicanos. Sin embargo, en los últimos años se ha detenido
en la Riviera Maya y en la península de Yucatán a un número notable de
delincuentes procedentes de Europa del Este, Italia y Asia y se sabe que
algunos líderes de la mafia salvadoreña que buscaban refugio en El Salvador
para eludir las estrictas normas han operado desde el interior de México. El
Gobierno de México ha recurrido a la militarización para combatir el crimen
organizado, pero con escaso éxito. Sus esfuerzos para combatir la corrupción y
el crimen organizado han sido simbólicos y no existe una estrategia integral
contra el crimen organizado. La corrupción y la connivencia entre los grupos
delictivos y los agentes estatales agravan la impunidad de los delincuentes y
las iniciativas estatales para combatir la delincuencia y la violencia en todo
el país no han tenido éxito. La tasa de homicidios del país sigue siendo alta y
han aumentado los casos de feminicidio, violencia contra los periodistas y
otros delitos. La violencia política también se ha vuelto habitual, con grupos
criminales que amenazan y asesinan a candidatos políticos. Los actuales
dirigentes (Obrador, Sheinbaum) ganaron las elecciones con una campaña contra
la corrupción, pero desde entonces han consolidado el poder, reduciendo la
transparencia y la rendición de cuentas del Estado. Aunque las leyes y las
políticas pretenden frenar la corrupción, persisten la criminalidad y la
impunidad y la aplicación de la legislación federal sobre transparencia es un
reto considerable. El control militar de los puertos y las actividades
aduaneras han levantado preocupaciones sobre corrupción y autonomía. Han
surgido conflictos entre los organismos autónomos y las instituciones
estatales, por la falta de información de éstas últimas sobre el uso excesivo
de la fuerza y las violaciones de los derechos humanos cometidas por sus
oficiales. México tiene un historial de cooperación con Estados Unidos en la
lucha contra el crimen organizado a lo largo de la frontera. La administración
actual ha continuado ésta colaboración, trabajando con las autoridades
estadounidenses para combatir problemas como la inmigración irregular. Sin
embargo, la incertidumbre rodea el enfoque del Gobierno respecto al crimen
organizado y la seguridad: "La detención de un exsecretario de la
Secretaría de la Defensa Nacional, por presunta colusión con el crimen
organizado en Estados Unidos, llevó a la Administración a imponer límites
estrictos a las interacciones de los agentes extranjeros con las autoridades
mexicanas y se impidió operar en el país a los agentes de la Agencia Antidrogas
estadounidense (DEA)… El sistema judicial mexicano está plagado de corrupción e
ineficiencia, lo que ha debilitado los esfuerzos contra el crimen organizado.
Los elevados niveles de prisión preventiva y los importantes retrasos judiciales
son consecuencia de la ineficacia en la tramitación de los asuntos judiciales.
También preocupa la autonomía judicial, dado el nombramiento de jueces del
Tribunal Supremo de Justicia con estrechos vínculos políticos con el Ejecutivo.
Además, el país tiene dificultades para investigar y enjuiciar delitos graves,
a pesar de las recientes reformas judiciales. La excesiva confianza en los
testimonios de testigos oculares hace que los resultados de los casos penales
sean relativamente fáciles de manipular… En algunas regiones, el crimen
organizado ha sustituido por completo la soberanía territorial del Estado, lo
que ha provocado la ausencia del Estado de derecho. La Guardia Nacional de
México ha desplazado su atención hacia la contención de los flujos migratorios,
descuidando los esfuerzos para combatir a los elementos del crimen organizado
que explotan los patrones migratorios y la porosidad fronteriza… El marco
legislativo mexicano contra el blanqueo de capitales ha resultado ineficaz,
debido a la corrupción y a la falta de capacidad institucional. Las
investigaciones y los enjuiciamientos de casos de blanqueo de capitales, en
particular los de carácter transnacional, son escasos, lo que se traduce en un
bajo índice de condenas. Se alega que el conflicto entre la Unidad de
Inteligencia Financiera de México y el Fiscal General ha obstaculizado el
desarrollo de un marco global de lucha contra el blanqueo de capitales. Los
ingresos ilícitos generados por el transporte de drogas a través de la frontera
entre México y Estados Unidos son una fuente clave de ingresos delictivos y los
fondos blanqueados pasan por instituciones financieras mexicanas. Los grupos de
delincuencia organizada invierten en activos financieros y físicos,
como propiedades y empresas, utilizando diversas estrategias, como la
falsificación de facturas o la tergiversación del valor de bienes o servicios,
para facilitar el blanqueo de capitales" (GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX,
pp. 66, 67).
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La
desigualdad neomedieval.
NNNNNNNN
Es molesto ver
actores políticos neoliberales cuestionando el fin de la democracia liberal por
los populismos, como si fuera un problema de formación ciudadana, educación en
ciudadanía o manipulación digital y no producto de las políticas neoliberales
de las últimas cinco décadas que han descentralizado, desregulado y privatizado
el poder y la riqueza: el bipartidismo neoliberal demócrata-republicano en
Estados Unidos, quien ha encontrado en Trump la reforma del globalismo
neoliberal: proteccionismo, relocalización, remigración. El globalismo
neoliberal en clave de Edad Media es la balcanización de la soberanía por los
capitales internacionales, los organismos supranacionales de gobernanza y la
mano de obra barata global. El neoliberalismo en clave de Edad Media es la privatización
del Estado por los monopolios, las rentas y las servidumbres corporativas. El
capitalismo cognitivo en clave de Edad Media es el monopolio del algoritmo y la
extracción del trabajo gratuito y de los medios de producción digitales. El capitalismo de vigilancia en clave de Edad Media
es la extracción de los datos biométricos y la recopilación de la vida pública
y privada. El trumpismo en clave de Edad Media es el debilitamiento de los
feudos supranacionales y el fortalecimiento de los feudos regionales, donde la
Unión Europea es la gran perdedora: Asia para China, Eurasia para Rusia,
América para Estados Unidos. En clave de Edad Antigua a los reyes de la
Totalidad y de las "Cuatro Regiones del Universo". Las tensiones
internacionales entre Trump, la Unión Europea, la ONU o el papa son similares a
las tensiones medievales entre los papas, reyes y emperadores del Sacro Imperio
Romano. Es cómico que los liberales pensaran que Trump iba a ceder el poder a
María Corina Machado en Venezuela en nombre de la "democracia liberal",
ya que éso implica dos cosas falsas, que el trumpismo es liberal y que los
liberales le asignan a EUA el papel supranacional de la ONU. John Gray en "Misa
Negra: la religión apocalíptica y la muerte de la utopía" (PAÍDOS, 2008),
nos recuerda que los liberales insisten en que la legitimidad del Estado
depende de su respeto por los derechos del conjunto de sus ciudadanos. Si un
gobierno no cumple ésa condición, es legítimo que sea combatido y depuesto, ya
sea por su propia ciudadanía o por una fuerza externa. Los derechos humanos
limitan el ejercicio de la autoridad de los Estados soberanos y si tales
derechos son gravemente vulnerados, otros Estados tienen ya no el derecho, sino
incluso el deber de intervenir para proteger ésas garantías: la "comunidad
internacional". Pero ésa clase de intervenciones constituyen el
equivalente de una versión liberal del imperialismo. Una hegemonía global
aderezada por los mercados libres, los derechos humanos y la democracia. Es
decir, el liberalismo legitima la violencia como un medio para la creación de
un nuevo orden mundial. La creencia de que América ha sido elegida por Dios
para un destino especial en el mundo ha sido el centro neurálgico de las
ceremonias sagradas estadounidenses, de los discursos de toma de posesión y de
las sagradas escrituras de la religión civil. Desde que arribaron a aquellas costas los primeros
colonos procedentes de Inglaterra hasta que el país obtuvo su independencia,
las colonias se concibieron a sí mismas a través de la religión. La
interpretación de su historia y la visión de su futuro estuvieron condicionadas
tanto por el pensamiento posmilenarista como por ciertas creencias de carácter
más quiliasta que hacían vaticinar inminentes conflictos en forma de
cataclismo. Cada una de éstas corrientes atribuyó a Estados Unidos un papel
singular en la historia. El resultado fue la americanización de un mito
apocalíptico. La creencia en un "destino manifiesto", formulada a mediados
del siglo XIX, formó parte de éste proceso. La idea de un salvador mesiánico
–elemento esencial del cristianismo primitivo- se materializó en el concepto de
una "nación redentora", o lo que es lo mismo, en la creencia de que
Estados Unidos es la tierra de un "pueblo elegido". Ésa noción ha
hecho que históricamente Estados Unidos se conciba a sí mismo como liberador y
salvador del mundo, pero ésa misma noción ha legitimado el intervencionismo y
el imperialismo en nombre de la filantropía liberal. Una filantropía que
conlleva grandes beneficios para el complejo militar industrial. El liberalismo en clave de Edad Media
ha degenerado en un apocalipsis liberal: Guerra del Golfo (1990-1991), Guerra
de Bosnia (1995), Intervención en Panamá (1989), Guerra de Kosovo (1999),
Intervención en Somalia (1993-1995), Guerra de Afganistán (2001-2021), Guerra
de Irak (2003-2011), Intervención en Libia (2011), etc. La "comunidad internacional"
quiere a Estados Unidos en la guerra entre Ucrania y Rusia, pero un conflicto
con Rusia es una Tercera Guerra Mundial. El liberalismo es un fundamentalismo
apocalíptico en horas bajas. ¿Por qué es cómico? Porque la derecha populista es
iliberal, en éste nuevo paradigma EUA no es responsable del tipo de gobierno de
Venezuela, o de China o Rusia, ni la democracia ni los derechos humanos forman
parte de su política interior y exterior. Y la gran noticia es que no es
noticia: el fin de las políticas DEI (Diversidad, Equidad, Inclusión), la
suspensión de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
(USAID), la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Consejo
de Derechos Humanos de la ONU (CDHNU), la revisión de su permanencia en la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO), el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para
los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS). Por otro lado, las
creencias religiosas han inspirado las relaciones exteriores de Estados Unidos
tanto en momentos de aislamiento como en períodos de intervención a gran escala
en el extranjero. No sería correcto entender ésos dos estados como opuestos: en
Estados Unidos, incluso el aislacionismo tiene un carácter evangélico. El
aislamiento y la intervención en el ámbito global no son más que fases de una
implicación estadounidense con el mundo que siempre ha estado basado en la fe.
Ésa fe ha ido variando en su forma: en ocasiones, se ha vuelto militante y
proselitista, y, en otros momentos, se ha manifestado como un nacionalismo
introspectivo que teme verse involucrado en las maquinaciones corruptas del
Viejo Mundo. Durante gran parte de la historia de Estados Unidos la segunda
variante es la que ha prevalecido. Para muchos estadounidenses, la conciencia
de misión nacional no se ha traducido automáticamente en un apoyo activo a las
intervenciones militares en el extranjero (de ahí que hubiera que persuadir a
la población para entrar en las dos guerras mundiales), pero aquella fe en una
misión especial que inspirara a los colonos puritanos se ha mantenido en el
tiempo. Trump como
presidente de la paz garantiza estabilidad al neutralizar el apocalipsis
liberal. En la
globalización el aislacionismo de Trump es evangélico. En resumen, la democracia
liberal depende de una clase media para su sostenimiento. La precarización, la
contracción y la privatización neoliberal facilita que amplios sectores de la
población que no se ven representados por las instituciones democráticas las
destruyan. La lección es que las instituciones democráticas sin clase media
sirven para muy poco: esfera pública crítica, habilidades retóricas, lenguaje
deliberativo. En la práctica, la democracia liberal tiene tintes escatológicos
y apocalípticos que contradicen la "comunidad internacional". En lo
que a mí respecta, comparto la noción de Aristóteles, la comunidad política
sólo es posible entre iguales, lo mismo que ocurre con la verdadera amistad. En
una comunidad donde hay personas demasiado poderosas y personas demasiado
débiles, la igualdad jurídica y los derechos políticos devienen en relaciones
de vasallaje. Si los señores feudales y los siervos de la gleba hubieran sido
iguales en términos políticos y jurídicos, no hubieran sido, por definición,
señores y siervos de la gleba, y no habría habido feudalismo. Peter Heather en "La
caída del imperio romano" (CRITICA, 2012), identifica que algunos
estudiosos han llegado a la conclusión de que, en la sociedad germánica del
siglo IV, lo único que tenía importancia era una reducida clase aristocrática,
bien provista de partidarios armados. Dejando a un lado los más suntuosos,
existen, sin embargo, muchos enterramientos de los siglos III y IV que
contienen algunos objetos funerarios: hombres con armas y mujeres con colecciones
muy refinadas de joyas personales. Éstos enterramientos eran excesivamente
numerosos para pertenecer únicamente a los reyes y a la nobleza feudal. En
épocas posteriores, las pruebas escritas ofrecen indicaciones sólidas sobre
quiénes podían ser los personajes enterrados en ésas tumbas. A finales del
siglo V y principios del VI, los estados germánicos que sucedieron al imperio
romano de Occidente generaron un gran número de textos legales. En fecha tan
tardía, las sociedades germánicas (y las sometidas al dominio de los germanos)
que retratan invariablemente éstos textos estaban integradas esencialmente por
tres castas: hombres libres, libertos y esclavos. A diferencia de lo que
sucedía en el ámbito romano, donde los hijos de los libertos gozaban de completa
libertad –y eran por ello hombres libres-, la condición de liberto en el mundo
germánico tenía carácter hereditario. Los matrimonios mixtos entre miembros de las
tres castas estaban prohibidos, y para que algún individuo cruzara alguna de
las líneas divisorias se requería la celebración de una compleja ceremonia
pública. Ésta modalidad de clasificación social estaba muy difundida entre los
godos, los lombardos, los francos y los anglosajones. También se aprecia que la
clase que desempeña unos importantes roles políticos y militares en el reino
ostrogodo de Italia, así como relevantes roles políticos, militares y de
tenencias de tierras en los reinos francos y lombardos es, antes que la pequeña
nobleza feudal, una clase relativamente amplia de hombres libres. Es probable
que los hombres libres fueran también los individuos asociados a los
enterramientos de armas de la Inglaterra anglosajona de los siglos V y VI, cuya
función estaba vinculada con la reivindicación de una posición social más que
con el simple deseo de indicar que el individuo había sido un guerrero. Por lo
tanto, si en el siglo VI seguía existiendo una clase relativamente numerosa de
libertos, seguramente habría existido también doscientos años antes. En otras
palabras, la aristocracia militar casi feudal no dominaba Germania a finales de
la época romana. Y las fuentes romanas, pese a que no muestren interés por el
funcionamiento interno de las sociedades germánicas, nos proporcionan pruebas
suficientes para confirmar éste argumento. Los reyes godos del siglo IV, por
ejemplo, no podían dictar órdenes sin más, sino que debían persuadir del
interés de sus políticas a un público relativamente amplio, y los ejércitos
góticos que existían hacia el año 400 a.C., estaban integrados por un gran número
de combatientes de élite –o, en otras palabras, de hombres libres-, y no por
unos cuántos guerreros aristócratas. Éstos guerreadores de élite disponían de
su propia servidumbre en el combate: los últimos códices legales afirman que
los libertos combatían (no así los esclavos), y que lo hacían, presumiblemente,
junto a los hombres libres a quienes servían. Ésto no quiere decir que todos
los hombres libres sean iguales: algunos eran mucho más ricos que otros,
especialmente si ocupaban un lugar elevado en favor del rey. Sin embargo, el
poder social no se hallaba aún confinado en los límites de un pequeño círculo
de nobles. La sociedad germánica seguía siendo, por tanto, una oligarquía de
amplia base en la que una élite aún numerosa de hombres libres poseía mucho
poder. Aún tendría que recorrer un buen trecho para alcanzar la condición de
estado feudal que tuvo en la época carolingia. Durante el siglo X se constituye
en los Estados europeos una nueva clase jurídica: la nobleza. Para apreciar su
importancia basta con señalar que, sólo ella posee, en la sociedad laica,
derechos políticos. Más tarde, la burguesía se hará un lugar junto a ella, un
lugar cada vez más grande, pero que, sin embargo, hasta el fin del antiguo
régimen, no dejará de ser considerado un lugar de segundo orden. En la historia
de Europa la nobleza desempeña el papel de los patricios en la historia romana,
y la burguesía el de los plebeyos. Sólo en el Estado moderno se confunden en la
masa de ciudadanos, casi como en el imperio la generalización de los derechos
de ciudadanía hizo desaparecer la vieja diferencia entre el patriciado y la
plebe: "Dos causas contribuyeron a la formación de la nobleza: la
disminución constante del número de hombres libres y el servicio militar bajo
la forma feudal… El sistema dominial, al extenderse, envileció jurídicamente a
la población rural y la redujo a la servidumbre más o menos completa. Los que
conservaron la libertad se encuentran en una situación privilegiada, y desde el
siglo X la palabra liber toma la significación
de nobilis… El derecho de familia
acaba por no ser más que el patrimonio de un pequeño número de hombres, como la
propiedad libre hereditaria (alodio).
Ésos hombres libres, conservan naturalmente el derecho de portar armas. Su
propiedad les permitía mantener un caballo de guerra. Ante todo, son guerreros.
Pero al lado de ellos, y mucho más numerosa, por lo menos en Francia, existe
otra clase de hombres libres: los vasallos. Éstos viven no de su propiedad
personal, de su alodio, sino del feudo que, en ésa época agrícola, les
facilita un salario. Como los otros, son gente de armas. A diferencia de los
primeros, no son hereditarios, porque el feudo
sólo se transmite de padres a hijos cuando el hijo es apto para la guerra…
Junto a éstos hombres libres, unos propietarios de alodios, otros poseedores de feudos,
existen hombres no libres. Son siervos robustos y fieles que los señores
escogen en tiempos de guerra como guardias de corps y que colocan en tiempos de paz en los puestos de confianza…
Todos, libres o no, están unidos por la comunidad de una misma profesión, la de
las armas, y gozan por parte del resto de la población de unas consideraciones
singulares. Porque perteneciendo al clero todas las funciones intelectuales,
únicamente el oficio de las armas puede conseguir al laico un sitio
privilegiado… La importancia de la nobleza se apoya en su papel social. Elevada
por sus funciones militares por encima del resto de la población, en relaciones
continuas con los príncipes, ella y sólo ella suministra el personal
administrativo, los alcaldes y todos los agentes de la administración
territorial. Aparece pues, no solamente como casta militar, sino también como
casta política. Junto a ella está el clero. Ya bajo ellos la masa de los
pecheros, de cuyo trabajo viven, y de los que, en cambio, se ocupan, uno en
dirigir las almas, el otro en proteger los cuerpos" (Pirenne, pp. 115,
116, 117). Ellen Meiksins Wood en "De ciudadanos a señores feudales:
Historia social del pensamiento político desde la Antigüedad a la Edad Media"
(CRÍTICA, 2011) explica que, en la democracia moderna, al igual que la antigua,
es un sistema en el que los individuos son ciudadanos con independencia de cuál
sea su condición o su clase social. Pero si la clase no supone ninguna
diferencia (legal) para el ejercicio de la ciudadanía en un caso o en el otro,
en la democracia moderna lo inverso es, asimismo cierto: la ciudadanía afecta
muy poco a la clase. En cambio, no era así en la Grecia antigua, pues los
derechos políticos tenían efectos de gran calado en las relaciones entre ricos
y pobres. Aquí radica la gran diferencia entre la democracia antigua y la
moderna. En la actualidad hay un sistema de apropiación que no depende de las
desigualdades jurídicas o de la desigualdad de derechos políticos. Se trata del
sistema que denominamos capitalismo, un sistema en el que las clases
apropiadoras y productoras son libres e iguales ante la ley, en el que la
relación entre ellas es un acuerdo contractual entre individuos libres e
iguales, y en el que incluso es posible el sufragio universal sin que afecte,
de manera fundamental, a los poderes económicos del capital. El poder de
explotación en el capitalismo coexiste con la democracia liberal, algo que
hubiera sido imposible en cualquier sistema en el que la explotación dependiera
de un monopolio de los derechos políticos. La razón de que sea posible es que
el capitalismo ha creado nuevas constricciones puramente económicas: la
carencia de propiedad de los trabajadores que los obliga a vender su fuerza de
trabajo a cambio de un salario simplemente para acceder a los medios laborales
y obtener los medios de subsistencia, y, asimismo, las exigencias del mercado,
que regulan la economía y hacen cumplir ciertos imperativos de competencia y
maximización de los beneficios. Asimismo, sólo en el capitalismo se ha puesto
gran parte de la vida humana fuera del alcance de la responsabilidad
democrática, regulada en cambio por los imperativos del mercado y las
exigencias del beneficio. La Edad Media se distingue por la balcanización del
Imperio Romano de Occidente o la privatización de las funciones estatales. En
lugar de una autoridad pública centralizada, el estado feudal era una red de
"soberanías parceladas", gobernadas por una compleja jerarquía de
relaciones y jurisdicciones rivales, en manos no sólo de señores y reyes, sino
también de diversas corporaciones autónomas, por no hablar de los emperadores y
papas del Sacro Imperio romano. Las relaciones feudales eran a la vez, una
relación política y una forma de propiedad: entre el rey y los señores, entre
los señores y los vasallos, entre los señores y los campesinos. La condición de
señor feudal significaba, junto con el control de la mano de obra legalmente
dependiente, el dominio de la propiedad. Al mismo tiempo, era una pieza del
estado, un fragmento del imperio político y militar. La resolución feudal de la
tensión entre propiedad y estado no podía durar siempre. En sus relaciones con
el campesinado, lo señores recurrieron al estado en busca de apoyo, y la
soberanía parcelada, a su vez, dio paso de nuevo a la centralización estatal.
No sólo hubo varios feudalismos europeos, sino que la disolución del feudalismo
dio lugar a varias transformaciones diferentes, que produjeron, a su vez,
formas tan distintas como las ciudades-estado en el norte de Italia, los
principados en Alemania, el estado absolutista en Francia y las repúblicas de
mercaderes en los Países Bajos, mientras que la llamada "transición del
feudalismo al capitalismo" tuvo lugar sólo en Inglaterra. Los tributos del
estado dieron lugar a impuestos que los señores feudales se encargaban de
recaudar y a la apropiación en forma de rentas. En su señorío, el señor feudal
combinaba el poder de la apropiación individual con la posesión de un fragmento
del poder estatal. El señorío feudal, que constituía una relación personal de
propiedad y de dominio de los campesinos que la trabajaban, asumió muchas de
las funciones que en otros tiempos y lugares había cumplido el estado. El
efecto fue que la explotación privada del trabajo se combinó con el papel
público que desempeñaban la administración, la jurisdicción y la vigilancia del
cumplimiento de la ley. Las monarquías dependían, en grados diferentes, pero
siempre de manera inevitable, de las aristocracias territoriales cuyas
funciones –judicial, administrativa y militar- pertenecían antes al estado. La
desintegración de la autoridad franca en Occidente en el siglo X dejó al mando
a los señores de los castillos locales, mientras que las regiones que estaban
más al este, y Germania en particular, quedaron bajo el control de poderosos
ducados. A principios del siglo XII, inclusive las funciones que venían
cumpliendo los tribunales públicos pasaron a menos de los señores locales, y
los condes regionales se adueñaron de las jurisdicciones no como cargos
públicos, sino como propiedades privadas. Dicho con otras palabras, la esfera
de lo público o de lo cívico desapareció por completo. Y ésto fue así no sólo
en el sentido de que el aparato estatal se desintegró, sino también porque las
asambleas públicas, en la que los hombres libres podían participar (un tipo de
asamblea que había sobrevivido en todo el reino carolingio), habían dejado de
existir. Las claras distinciones entre hombres libres y esclavos dieron paso a
un complejo continuo de condiciones de dependencia. Efectivamente, la categoría
de hombre "libre" desapareció en el antiguo imperio franco, donde los
dueños de la tierra incluso podían estar sujetos a la jurisdicción señorial y a
obligaciones feudales, en tanto que el concepto de esclavitud se vio superado
por una relación de dependencia entre los señores feudales y "sus"
hombres: "En el siglo XIII, las monarquías feudales más firmemente
establecidas rehabilitaron sistemas efectivos de administración. Asimismo,
durante éste período, el Sacro Imperio romano, dirigido ya por reyes
germánicos, alcanzó su mayor poder como estado centroeuropeo, en tanto que el
papado afirmaba su propia autoridad en el dominio temporal… Cuando
reaparecieron las esferas de participación cívica y el dominio público, lo
hicieron adoptando la forma de corporaciones, las cuales, aunque se
autogobernaban internamente, seguían vinculadas, según los fueros que regían en
relación corporativa, a las autoridades superiores. No obstante, lejos de
resolver los viejos conflictos jurisdiccionales, la nueva configuración del
poder a fines de la Edad Media dio lugar a enfrentamientos y querellas más
virulentos, en los que las corporaciones y los señoríos alegaban tener fueros y
jurisdicciones autónomos que rivalizaban con los poderes de papas y
emperadores… Mientras las élites imperiales habían sido, en su inmensa mayoría,
clases hacendadas, en la Italia medieval surgió un poderoso patriciado urbano.
Algunas de las comunas urbanas se convirtieron en prósperos centros de
comercio, con clases dominantes que se enriquecían a través de la actividad
comercial y los servicios financieros que prestaban a reyes, emperadores y
papas… Puede que los pujantes centros del comercio en el norte de Italia se
hayan mantenido, en cierto modo, apartados del sistema señorial, pero cumplían
una función vital en la gran red feudal europea, pues actuaban como eslabones comerciales
entre los segmentos de éste orden fragmentado y como medios de acceso al mundo
que estaba fuera de Europa. Éstas ciudades tampoco escaparon a la
parcelarización de la soberanía. Si bien en otras partes de Europa estaba
viviéndose la experiencia feudal, la administración municipal sufría su propia
fragmentación. Las comunas se convirtieron en asociaciones flexibles de
familias patricias, partidos, comunidades y entidades corporativas con sus
propios poderes semiautónomos, con sus estructuras organizativas y
jurisdicciones, tanto seculares como eclesiásticas, que a menudo se hallaban
inmersas en una encarnizada pugna y sumidas en la lucha entre facciones cívicas
enfrentadas" (Meiksins Wood, pp. 222, 223, 224).
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¿El
salvajismo medieval?
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Podemos ver
varios signos de la Edad Media en la actualidad, los pobres del "mundo en
desarrollo" o Tercer Mundo puede que no hayan tenido una formación para
saber lo que era exactamente la Edad Media, pero sin duda sus condiciones
preindustriales recuerdan el modo de vida medieval y antiguo. Todo habitante
del "mundo en desarrollo" está acostumbrado al conflicto
preindustrial, los mercados artesanales, las limpias espirituales, la medicina
tradicional, la música y los bailes folclóricos, las tradiciones y costumbres y
las ferias de temporada. Así como a un sinnúmero de creencias que, o bien se
consideran desfasadas, o hacen sincretismo con otros mitos posindustriales. Es
un lugar común que en América Latina no podía haber posmodernidad porque no
hubo modernidad, pero éso no impidió al activismo fraudulento vender la
posmodernidad como si los latinoamericanos tuvieran las preocupaciones
metafísicas de los europeos. Sin importar la tecnología, las desigualdades
estructurales preservan ésos guetos culturales, que sirven como refugio de las sociedades
altamente industrializadas. La Edad Media era un mundo de príncipes, reyes, emperadores,
papas y banqueros; pero también de bufones, juglares, saltimbanquis, cenobitas,
anacoretas, sarabaítas, giróvagos, goliardos, mendicantes, flagelantes,
verdugos, falsificadores, blasfemos, brujas, magos negros, herejes, incestuosos
y sodomitas. Ahora de príncipes, reyes, papas, presidentes, banqueros y
multimillonarios; pero también de desplazados, deportados, desempleados,
subempleados, criminales y quebrados: bufones stand up, juglares Spotify, saltimbanquis WWE/AEW, cenobitas Uber,
anacoretas Dark Web, flagelantes Pornhub, mendicantes Patreon, giróvagos
YouTube, goliardos TED, mancebas OnlyFans, pedófilos Telegram, incestuosos
WhatsApp, niñas TikTok, cleptómanos Bitcoin, satanistas, feministas y LGBTQ+. Sean McGlynn en "A hierro y
fuego. Las atrocidades de la guerra en la Edad Media" (CRÍTICA, 2009),
ubica que el período se distinguía por la guerra, la peste, las enfermedades, las
hambrunas, la precariedad y el analfabetismo. Una Europa medieval de leprosos y mendigos
deformes, de procesiones de individuos que se flagelan a sí mismos y
ejecuciones públicas anunciadas con fanfarria y pompa ceremonial. Los cadáveres
de los criminales se dejaban públicamente expuestos muchos después de que se
hubiera ejecutado la sentencia a fin de frenar a otros patibularios en
potencia. Unas veces se conservaban los cuerpos suspendidos de la soga y otras
se exhibían las cabezas en lo alto de una pica o se exponían las partes
desmembradas, de forma bien visible, en distintos puntos del reino o de la
ciudad: en todo caso se ponía el máximo cuidado en mostrar que el precio del
delito era muy alto, extremo que se recordaba continuamente al conjunto de las
masas. Era frecuente que los cadáveres de los criminales ejecutados se
convirtieran en juguetes de la multitud, sobre todo para los más jóvenes, que
los paseaban a rastras, les propinaban patadas y golpes, o les arrancaban
pedazos. Bárbara Tuchman en A Distant
Mirror: The Calamitous Fourteenth Century (1978) explica que en los
tormentos y castigos de la justicia civil se tenía la costumbre de cortar las
manos y las orejas, además de someter al cuerpo del reo al potro de la tortura,
o de quemarlo, desollarlo o descuartizarlo. En la vida cotidiana, era habitual
que los transeúntes contemplaran la flagelación de algún criminal con una
cuerda de nudos, o que le vieran de pie, cargado de cadenas y preso en un
collar de hierro. Pasaban frente a los cadáveres que pendían de la horca y
junto a las cabezas decapitadas y los cuerpos desgarrados empalados en estacas
fijadas a las murallas de la ciudad. En todas las iglesias podían observar
cuadros de santos y santas sometidos a distintas clases de horrendos martirios
en los que era frecuente ver chorrear sangre: asaeteados, traspasados por
lanzas, abrasados o con los pechos cortados. El rey se hallaba al frente de los sistemas de la
justicia y la gobernación medievales. Él poseía el supremo poder de decisión:
la autoridad para declarar la guerra o firmar la paz, y la facultad de ordenar
la muerte o perdonar la vida a sus súbditos, del más humilde al más encumbrado.
De él se esperaba que blandiera la espada –y se le alentaba a hacerlo- para
proteger al pueblo de los criminales y los enemigos. Él era el primer caballero
y el árbitro de la justicia último, y en cualquiera de ésas dos facetas, él era
asimismo el más poderoso árbitro de la vida y la muerte del país; era soldado,
juez y verdugo. La paz del reino era la paz del rey. Si un rey se mostraba muy
riguroso, se elogiaba su severidad. De modo muy similar a lo que sucede hoy, o
en cualquier otra época, si existe la sensación de que se están produciendo
desgarros en el tejido social, las gentes de la Edad Media retrotraían la vista
a tiempos pretéritos, considerando que en ellos resplandecía un orden basado en
el cumplimiento de la ley y que habían constituido una edad de oro firmemente
dirigida por un gobernante que respetaba la tradición y al que no le temblaba
la mano cuando era menester dictar la más dura de las sentencias contra los
infractores. Para defender a la nación de sus enemigos, la capacidad
legislativa y jurídica del monarca debía correr pareja a su intrepidez
guerrera, ya que no sólo era la máxima instancia judicial del país, sino
también el comandante en jefe del ejército nacional. Ésos dos roles –el de juez
y capitán- se unían a un tercero: el de sacerdote, ésto es, sus dos primeras
funciones aparecían vinculadas a la naturaleza sacerdotal de la corona. Según
las teorías medievales (y también de épocas posteriores), se creía que el
gobernante había recibido de mano de Dios su autoridad temporal, razón por la
que reinaba por derecho divino. Por consiguiente, su deber, consistente en
hacer cumplir las leyes del país, mantener la paz y proteger a su pueblo de los
enemigos mortales, era un deber sagrado. Quebrar la paz del rey constituía una
ofensa al pueblo, al rey y a Dios; era incumbencia del soberano impedir ésas
inversiones del orden natural de la sociedad. De éste modo, la responsabilidad
del rey no se ceñía únicamente a su deber para con el pueblo, sino que le
empujaba a rendir cuentas directamente a Dios. Ésta jerarquía divina concedía
al monarca grandes poderes, tanto políticos como místicos –y en éste último
sentido poseía la facultad de conseguir curaciones milagrosas-. Los primeros
renglones de una carta o una orden regia recordaban a todo el mundo que el
soberano era "rey por la gracia de Dios"; no se trataba de una
fórmula vacía, sino de una frase cargada de autoridad –una autoridad sin
límites- en la que se proclamaba que Dios era la fuente última del poder del
rey. Hiciera lo que hiciese, el monarca podía teóricamente reivindicar que
actuaba en nombre de Dios. Ésta faceta sacerdotal de la monarquía se establecía
en la ceremonia de coronación. Fundándose en precedentes del Antiguo Testamento,
el ritual investía al rey con la doble autoridad de una axiomática supremacía
en las esferas laica y clerical. El papado trataba de minimizar la semejanza de
la coronación con el sacramento de las sagradas órdenes, aunque sin éxito. En
Inglaterra y Francia, la ceremonia de investidura iba acompañada de la unción
con el crisma, el santo óleo empleado en las consagraciones de los obispos. En
las coronaciones francesas también era costumbre administrar los santos óleos,
convenientemente "enviados" en éste caso del Cielo, y también se
utilizaron en el bautismo de Clodoveo en el año 496. Para no ser menos, en el
siglo XIV los ingleses "descubrieron" prodigiosamente una redoma de
aceite que santo Tomás Becket había recibido de la Virgen María; a partir de aquel
momento el recién hallado óleo se convirtió en elemento obligado de las
coronaciones inglesas. Ésta fusión de poderes dominó las ideas medievales sobre
la monarquía y ha sido objeto de muchos estudios desde entonces (Y de modo muy
particular en el libro de Ernst Kantorowicz titulado The King´s Two Bodies. A Study in Medieval Political Theology). Los
teólogos y los observadores políticos de la Edad Media, educados en creencias
como la de la Santísima Trinidad, sólo tenían que dar un paso más para ver en
el rey el engarce de dos formas en una: el cuerpo físico (mortal) y la entidad
política, el decir, al estado mismo (inmortal y divino). El emperador Federico
II no era el único que pretendía que el hecho de no atender los deseos del rey
equivalía a una blasfemia, extremo que será preciso tener presente cuando
veamos que los soldados efectúan sin rechistar las órdenes del rey, que podía
haberles pedido exterminar a los prisioneros o regodearse en otras salvajadas.
Como vicario de Cristo (título que también adoptó el papa Inocencio III a
principios del siglo XIII, en un período marcado por la competencia entre el
poder temporal y el espiritual), y en tanto que vicegobernador del poder
teocrático, el primer objetivo del monarca consistía en mantener la paz del
reino, entre otras razones, por el nada secundario interés de que los fieles
pudieran concentrar sus energías en servir a Dios. Si un delito no sólo
representaba un atentado contra el pueblo o el rey, sino que se acompañaba de
una ofensa añadida, la que afligía a Dios, entonces lo que se imponía era que
el rey cumpliera el arduo deber de asegurarse de materializar la Paz de Dios.
Del argumento se seguía por tanto que la aplicación de una violenta justicia
regia contaba con la aprobación divina. Un rey con las manos manchadas de
sangre podía mostrarlas al pueblo como prueba de los afanes a que debía
entregarse por el bien de sus súbditos y en nombre de Dios; y como
contrapartida de sus esfuerzos se hacía acreedor a la general aclamación.
Enrique I de Inglaterra recibió ésos vitores. Éste rey no tenía una gran
reputación de arrojo bélico. A él no se le adjudicó ningún sonoro apodo regio
como "Corazón de León", "Martillo de escoceses" o "Conquistador";
Enrique, en cambio, tuvo que conformarse con la más modesta denominación de "Beauclerc",
un testimonio de la eficiencia de su administración y su burocracia. No
obstante, como ha mostrado Warren Hollister, Enrique se ganó, tanto entre sus
contemporáneos como a ojos de las generaciones posteriores, la reputación de
ser un temible defensor de la ley, ya que garantizaba la seguridad de sus
súbditos mediante la imposición de medidas muy rigurosas contra los
malhechores. Desde el punto de vista moderno, dichas disposiciones revisten un
carácter extremo: son varios los historiadores que condenan a Enrique, a quien
describen como un "hombre cruel y despiadado", "conocido por su
brutalidad" y por haber regido un "reino de calculado terror",
de "terrible y bárbara" naturaleza… Sin embargo, en la Inglaterra del
siglo XII la divina inspiración de su política de tolerancia cero era recibida
de forma mucho más favorable: "El término "feudalismo", pese a
la gran reducción de significado que ha sufrido tras el paso del deconstructivismo
moderno, sigue siendo útil para designar lo esencial del pacto que constituía
el núcleo de la sociedad, una sociedad notablemente jerarquizada. El acuerdo
personal y político que unía al señor y al amo requería "buena fe" (bona fides) por ambas partes. De éste
modo, si un rey, en especial en un estado como el de Inglaterra, desatendía
aquello a lo que se había comprometido en virtud de ése pacto –el mantenimiento
de la ley y el orden, la procura del buen gobierno, la defensa del reino, etcétera-,
corría el riesgo de que se le pidieran cuentas en un sentido muy práctico por
no haber respetado su parte del trato… Uno de los detonantes de las sangrientas
enemistades surgidas en el seno de las familias provenía en buena medida de los
árboles genealógicos. La mayoría de las familias establecían sus vínculos de
pertenencia en función de la consanguinidad inmediata y del parentesco
político, lo que permitía la formación de grandes grupos familiares, agrandados
más aún por la frecuente costumbre de contraer nuevas nupcias. Bastaba con que
uno solo de los miembros de éste amplio clan familiar se enzarzara en una
disputa para que el colectivo del linaje entero se viera fácilmente arrastrado
a un embrollo de dimensiones cada vez mayores… Entre las interminables disputas
que enfrentaban a los poderosos cabe mencionar las que enemistaron a los duques
de Baviera con los arzobispos de Salzburgo; a los condes de Tirol con los
obispos de Bixen y Trento; a los condes de Holanda y Güeldres con los obispos
de Osnabrück; a los margraves de Brandenburgo con los arzobispos de Magdeburgo;
o a los duques de Brunswick con los obispos de Bremen, Hildesheim y Halberstadt
(Dado éste nivel de conflicto entre las esferas laica y eclesiástica
difícilmente podrá sorprendernos que la Reforma se iniciara en Alemania.)… Los odios entre familias y clanes podían terminar
con la total aniquilación del enemigo, aunque lo más frecuente era que se
zanjaran mediante compensaciones, o incluso por intervención del rey. En la
época altomedieval, la recompensa económica era la solución menos honorable, ya
que venía a constituir una indicación, al menos en el plano simbólico, de que
no se tenía la capacidad o el interés precisos para saldar plenamente la deuda
de honor, un tipo de afrenta que únicamente podía lavarse con sangre"
(McGlynn, pp. 87, 92, 94, 98). Kevin Bales en "La nueva esclavitud en la
economía global" (SIGLO XXI, 2000) ubica
que la "libertad"
es un concepto maleable en el Pakistán actual. En
los siglos XVII y XVIII en Europa, el libre movimiento de trabajadores formaba
parte del paso del feudalismo al capitalismo. Otro cambio importante fue la
desintegración de las rígidas jerarquías que estructuraban y controlaban la
vida de los ciudadanos. Terrateniente y campesino, aristócrata y artesano: en
el mundo feudal todos estaban unidos por fuertes vínculos personales que
correspondía a un estricto sistema vertical de clases sociales. En Pakistán,
éstas jerarquías nunca llegaron a desaparecer. Es un país feudal con una
finísima capa de capitalismo moderno. Muchos historiadores consideran que la
sociedad moderna surgió cuando una serie de organizaciones burocráticas
impersonales, aunque aparentemente racionales, sustituyó el poder de los
hombres fuertes o de los clanes. Cuando se vive en Europa o en Norteamérica, es
fácil olvidar que no hace mucho tiempo, en el mundo feudal, la justicia la
administraba un jefe local u hombre fuerte, con un sistema estructurado de
leyes, que aquella "justicia"
podía ser arbitraria, injusta, cruel y más dada a satisfacer los intereses del
hombre fuerte que a defender ideas tan abstractas como la imparcialidad. El
punto de vista histórico nos ayuda a comprender el contexto de la servidumbre
por endeudamiento: en Pakistán el feudalismo está vivito y coleando. Imaginemos que un cambio fundamental sacude la ciudad en la que
vivimos, y que el poder de la policía y el gobierno local, del sistema de salud
pública, e incluso el gobierno nacional desaparecen de la noche a la mañana.
¿Quién queda al frente? Si usted es comerciante. ¿Cómo impide que la gente
entre en su establecimiento y se lleve sus productos? ¿Cómo impiden que entren
a su casa? ¿Quién garantiza que se respeten las reglas básicas del comercio?
Tenemos que confiar en el poder y en nuestra relación personal con los
poderosos. En Pakistán, los comerciantes suelen tener un guardia armado a la
puerta de su tienda, e incluso los vendedores ambulantes se unen para contratar
vigilantes con ametralladoras para vigilar las aceras donde tienen instalados
sus puestos. Pero la guardia armada ofrece escasa protección. El poder real
está en manos del jefe que controla muchos hombres armados, que puede movilizar
una fuerza abrumadora cuando le hace falta. Y cuando todo el poder de una
sociedad está repartido entre tales cabecillas, la única seguridad consiste en
estar en buenas relaciones con algunos de ellos. Las relaciones personales son
esenciales en un mundo así. Son tu protección y tu sustento, y te proporcionan
perspectivas y seguridad. En Pakistán, sobre todo en las zonas rurales, tales
relaciones son de una de importancia fundamental. Si te estafan o te maltratan,
acudir a la policía suele servir de nada. La policía no es más que otra banda
armada que atiende a sus propios intereses y que por lo general se vende al
mejor postor. Si han sido injustos contigo tienes que acudir a tu cabecilla, al
hombre cuyo poder y reputación puede conseguir que se repare el mal que te han
hecho. Pero, ¿cómo consigues un cabecilla? ¿Cómo te conviertes en cliente o
vasallo de un hombre fuerte que te proteja? Ésta es una de las grandes semejanzas
entre el Pakistán y el México neofeudal. Muchas personas nacen ya bajo la
protección de un jefe. Cuando el poder es personal, la familia se convierte en
un elemento de importancia capital. Los lazos de sangre son la primera división
entre nosotros y ellos. En Pakistán uno conoce realmente a su familia, desde los
primos en tercer grado hasta los tíos bisabuelos. Uno sabe quién tiene poder en
la familia y quién no lo tiene, y uno mira hacia los que tienen poder para
buscar un trato preferente, un empleo y, sobre todo, protección. Por otra
parte, por encima de éstas relaciones de poder en el seno de las familias,
existen distinciones de casta y de religión. La posición en la casta implica
poder social independientemente del status económico, y cada pakistaní conoce
perfectamente su posición en la casta. Los sayids,
descendientes directos del profeta Mahoma, están en la cima de la sociedad y a
menudo comparten el apellido Sha. La
clasificación de las castas va descendiendo desde los granjeros y campesinos,
mercaderes y artesanos, hasta las castas más bajas, relacionadas con trabajos
desagradables como enterrar a los muertos y limpiar las calles. Ésos trabajos
se asignan por lo general a grupos que se han convertido recientemente al Islam
o que no son musulmanes. La gente que está en la parte más baja del sistema de
castas es la más pobre e inculta. En los hornos de ladrillos, todos los
trabajadores proceden de dos de las castas más bajas de Pakistán: los sheikhs
musulmanes y los cristianos. Los sheikhs musulmanes y los cristianos carecen
por lo general del importantísimo vínculo con un jefe. Como no pueden estar
emparentados con hombres poderosos, la única forma que tienen de entrar en un
círculo protector es haciéndose clientes de un hombre importante. No me refiero
a la palabra cliente en su sentido
moderno, como cuando se usa para definir las partes de la relación entre un
abogado y su cliente. La antigua palabra feudal para un cliente feudal era vasallo, y ésto se aproxima mucho más a
la realidad pakistaní. Ser un vasallo es tener obligaciones con el jefe, del
que se espera, como mínimo, protección física. En Pakistán se nota una incómoda
tensión a medida que se mezclan las relaciones feudales con el capitalismo
moderno. Los medios de comunicación extranjeros saturan el país, especialmente
en forma de programas de televisión transmitidos vía satélite, creando enojo y
frustración entre la población conservadora musulmana. Mientras que algunos
políticos e intelectuales intentan arrastrar a Pakistán hacia el mundo moderno,
los fundamentalistas achacan todos los problemas del país a la corruptora
influencia de las potencias occidentales, materialistas y ateas. Según los
tradicionalistas, los bailarines giróvagos de la MTV difunden un mensaje de rebelión
y consumismo que contamina las mentes de los jóvenes. Los conflictos en
Pakistán suelen ser intensamente personales o impersonalmente políticos. Para
la mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, la sombra de la violencia va
unida a contiendas familiares. Leer un periódico pakistaní es una experiencia
desconcertante. Todos los días hay noticias de asesinatos, de bandas armadas
que atacan a familias enteras, de secuestros y violaciones… y siempre se
esgrime el mismo motivo: una "vieja enemistad". Una de
las consecuencias más terribles de éstas luchas es la gran cantidad de
violaciones y torturas cometidas con las mujeres. Una forma segura de devolver
un insulto y desprestigiar al enemigo es violar a una mujer de su familia.
Junto a las noticias de asesinatos en los periódicos se encuentran las noticias
de secuestros y violaciones de mujeres por parte de grupos de hombres. Aunque
la prensa no suele atribuir éstos delitos a una vieja enemistad, algunas
personas me aseguraron que éstos ataques eran la continuación de la eterna
rivalidad: "¿Dónde están las instituciones sociales que debían poner fin a éste
ciclo de violencia? Desgraciadamente, también ellas tienen sus pequeñas guerras
particulares. En ésta república islámica, donde la religión estatal tiene un
tremendo poder, los líderes religiosos muestran muy poco interés en colaborar
para conseguir la armonía. Entremezcladas con las luchas familiares están las
guerras entre facciones y sectas islámicas. En algunos barrios, mezquitas con
distintas interpretaciones del Corán compiten con altavoces desde los
alminares. Día y noche, por los sistemas de sonido resuenan plegarias y
sermones a todo volumen, vilipendiando a sus oponentes religiosos e incitando a
los "fieles" a rechazarlos e incluso atacarlos… En la lucha entre las sectas chiíta y suní el número
de víctimas mortales ronda anualmente las cuatrocientas. En 1996, en una zona
rural, una serie de insultos pintarrajeados en una pared dio lugar a una
batalla de diez días. Las comunicaciones con el resto del país quedaron
cortadas porque ambos bandos se atacaron con morteros y lanzacohetes. El parte
oficial del gobierno habló de 97 muertos y 89 heridos; miembros de
organizaciones pro derechos humanos situaron el número de víctimas mortales en
más de 200. Tales batallas campales son la punta del iceberg sectario. Una
serie continua de asesinatos tiene lugar cada vez que los grupos intentan
liquidar a los líderes enemigos. En 1996 fueron asesinados 22 líderes y
funcionarios chiítas. Como represalia por ésos asesinatos, bandas armadas
llevan a cabo ataques indiscriminados, ametrallando congregaciones de fieles o
reuniones religiosas. En 1997, tres incidentes de ésa índole dejaron un saldo
de 53 muertos y 312 heridos en dos meses. Cada año se bombardean seis o siete
mezquitas. Un escuadrón de la muerte suní arrestado en Lahore confesó haber
cometido 21 asesinatos en dos años. Con tantas bajas, las sectas han tenido que
buscar nuevas formar de reclutar partidarios. Dado que Pakistán carece de un
sistema educativo eficaz, las sectas militantes han creado sus propias
escuelas. Sólo en el estado de Punyab, hay más de 2.500 deeni madressahs, o seminarios religiosos. Según datos del
gobierno, asisten a éstas escuelas 219.000 niños" (Bales, pp. 186, 187).
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Autor del texto: Armando Ossorio ©
※ XPOFERENS ※
"Hace
alrededor de sesenta años, Habermars realizó un trabajo pionero en éste campo
en The Transformations of the Public
Sphere (1962). Según su relato, no exento de polémica, la esfera pública de
la primera burguesía podía apreciarse en los cafés londinenses, lugares
importantes para el desarrollo del discurso emancipador. Domesticada por los
capitalistas, los imperativos de aquella esfera quedaron ligados a los de la
industria cultural y su complejo publicitario. En consecuencia, las estructuras
de poder y las jerarquías privadas anteriores a la modernidad resurgieron en lo
que él denominó la "refeudalización de la esfera pública", dando a
entender por ello la dinámica de la modernidad. Aunque Habermas acabó
distanciándose del concepto de "refeudalización" para optar en su
lugar por el de "colonización del mundo de la vida", hay quien en
Alemania lo ha recuperado recientemente. En la última década, el sociólogo
radicado en Hamburgo Sighard Neckel ha realizado un impresionante trabajo que
documenta cómo el despliegue del neoliberalismo ha traído consigo el
resurgimiento de formas sociales premodernas, como son la precarización del
trabajo, la distribución desigual de la riqueza y la aparición de nuevos
oligarcas".
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"Aunque Neckel cita con frecuencia las
advertencias de Thomas Piketty sobre el retorno del "capitalismo patrimonial",
es la noción habermasiana de "refeudalización" la que permite unir
éstas diversas vertientes. Fusionando de forma creativa perspectivas marxistas
y no marxistas, Neckel sostiene que podemos estar asistiendo a la aparición de "un
capitalismo moderno sin estructuras burguesas", y que la ausencia de éstas
últimas podría ser "la condición cultural previa para la marcha triunfal
del capitalismo del siglo XXI". La modernización neoliberal no debe pues
leerse en términos de progreso ni de involución, sino como paradójica. En
opinión de Neckel, la refeudalización no conduce al pasado, sino que hace
referencia a "una dinámica social del presente en la que la modernización
toma la forma de un rechazo de las máximas de un orden social burgués". En
éste sentido, Neckel se une a destacados sociólogos alemanes en el
cuestionamiento de los relatos de inspiración teleológica sobre la
modernización. Un empleo curioso del término "refeudalización" puede
verse en la obra del jurista francés Alain Supiot. En su obra Homo Juridicus (2005) y La gouvernance par les nombres (2015),
Supiot presenta la neoliberalización y la digitalización como dos de los
principales impulsores de la "refeudalización".
![]() |
"Aunque el
mundo no está volviendo a la Edad Media, escribe Supiot, "los conceptos
jurídicos del feudalismo proporcionan herramientas excelentes para analizar las
enormes alteraciones que están teniendo lugar bajo la acrítica noción de "globalización".
La clave de la filosofía jurídica de Supiot es la distinción entre el gobierno
por los hombres –típico de la época feudal, con sus lealtades personales y sus
vínculos de dependencia- y el gobierno por la ley, el logro del Estado burgués,
que se establece como tercer objetivo, garante de los derechos y ejecutor de
las normas. En la medida en que el Estado había declarado que ciertas áreas
quedaban fuera de los límites del contrato privado, así como al margen de los
cálculos de utilidad, todos los ciudadanos podían disfrutar de un mínimo de
dignidad en el lugar de trabajo y fuera de él, independientemente de sus
diferencias de poder y de riqueza. El neoliberalismo, al someter al Estado a
los imperativos de maximización de la utilidad y la eficiencia, lo abre de
nuevo, sin embargo, a la contratación privada. Para Supiot, la digitalización
también acelera el proceso de "refeudalización" al vincular a las
personas en redes en las que su poder y autonomía dependen de sus posiciones
frente a otros nodos".
![]() |
"En
principio, los ciudadanos del Estado burgués son titulares de todos sus derechos,
independientemente de las comunidades a las que pertenezcan. Pero, ¿sigue
siendo éste el caso de los ciudadanos de la sociedad en red, cuya reputación y
puntuaciones digitales en línea configuran sus interacciones con las
instituciones de un modo que tal vez ni siquiera sospechan? Los capitalistas de
hoy se limitan a establecer el control sobre los derechos de propiedad
intelectual, al tiempo que tratan de limitar lo que la multitud rebelde puede
hacer con sus nuevas libertades comunicativas. Ya no se trata de aquellos
capitalistas obsesionados por la innovación de la era fordista: son rentistas
perezosos, totalmente parasitarios de la creatividad de las masas. Partiendo de
éstas premisas, es fácil pensar que una especie de tecnofeudalismo se cierne ya
sobre nosotros: si los miembros de la multitud son realmente los que hacen todo
el trabajo e incluso utilizan sus propios medios de producción (ordenadores y software de código abierto), entonces
hablar de capitalismo parece una broma cruel… Los teóricos del tecnofeudalismo
comparten la hipótesis del capitalismo cognitivo en virtud de la cual hay algo
en la naturaleza de las redes de información y datos que empuja a la economía
digital en la dirección de la lógica feudal de la renta y la desposesión".
![]() |
"¿De qué se trata? Una explicación obvia apunta al tremendo crecimiento de los derechos de propiedad intelectual y las peculiares relaciones de poder que éstos instituyen. Ya en 1995 Peter Drahos, un jurista australiano, advirtió sobre el "feudalismo de la información" que se avecinaba. Tras imaginar el mundo de 2015 en la primera mitad de su artículo (acertó prácticamente en todo), Drahos argumentaba en la segunda que la ampliación de las patentes a objetos abstractos como los algoritmos, daría lugar a la proliferación de un poder privado y arbitrario. (De forma análoga, la crítica de Supiot a la feudalización afirma que los derechos de propiedad intelectual permitirían separar formalmente la propiedad de los objetos de su control, lo que suponía un retroceso al pasado). Otro rasgo de la economía digital que parece adecuarse a los modelos feudales –especialmente a la variedad marxista del modo de producción- es la forma extraña, casi subrepticia, en que se obliga a los usuarios de los servicios digitales a desprenderse de sus datos… Podríamos argumentar, con los teóricos del capitalismo cognitivo, que los usuarios son en realidad trabajadores y que las plataformas tecnológicas viven de nuestro "trabajo digital gratuito", ya que sin nuestra interacción con todos éstos objetos digitales no habría mucha publicidad digital que vender y la fabricación de productos de inteligencia artificial sería más cara".
Evgeny Morozov.
CRÍTICA DE LA RAZÓN TECNOFEUDAL.
New Left Review.
Marzo-Junio, 2022.
"Non nobis
Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".
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