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La nueva Edad Media.

 

Maya F. ©

Bachahs Bazis de Afganistán.

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Ali Abdi en "El Bachah afgano y sus descontentos: una introducción a la historia" (IRANIAN STUDIES, 2023), identifica que Afganistán es uno de los pocos lugares donde la categoría de bachah –el joven imberbe- ha conservado sus aspectos estéticos y eróticos en el imaginario público. Éste artículo ofrece una introducción a la historia de las diversas modalidades de relaciones entre hombres y bachah en Afganistán desde el auge del reino afgano a finales del siglo XVIII. Mediante el análisis de fuentes primarias y secundarias, junto con materiales etnográficos recopilados durante el trabajo de campo en Afganistán entre 2016 y 2021, éste artículo muestra como el contenido y las implicaciones de la categoría bachah han estado en constante evolución y estrechamente vinculados a desarrollos sociales, políticos y económicos más amplios, tanto dentro como fuera del país. Hasta siglos recientes, si no décadas recientes, los jóvenes imberbes habían sido figuras sociales distintivas en diversas sociedades y culturas. Tan sólo en el mundo islámico, durante más de un milenio, los adolescentes varones habían sido objeto de deseo para los hombres adultos, y las relaciones transgeneracionales entre hombres mayores y jóvenes no eran infrecuentes. De hecho, fue sólo tras el encuentro colonial y a través de diversos procesos de modernización que dichas figuras y relaciones comenzaron a perder su inteligibilidad social. El surgimiento de nuevos regímenes de conocimiento en torno al género y las expresiones sexuales "adecuadas" llevó las conductas homoeróticas masculinas (y femeninas) más allá del ámbito de la decencia y la respetabilidad social. A lo largo de los siglos XIX y XX, personajes ingeniosos y juguetones, como köçek, el joven bailarín de la Turquía otomana, o amrad, el bello imberbe de Irán, fueron disminuyendo gradualmente en sus sociedades o se fusionaron con otras categorías de personalidad. En cambio, Afganistán es uno de los pocos lugares donde la categoría bachah –el joven imberbe- ha sobrevivido y mantenido sus aspectos estéticos y eróticos en el imaginario público. La gran cantidad de canciones populares, chistes, historias humorísticas e insultos con bachah como tema constitutivo apunta a la vitalidad de éste personaje en el contexto cultural afgano. En éste artículo presento una introducción a la historia de las diversas posibilidades y características de las relaciones entre hombre-bachah en Afganistán desde el auge del reino afgano a finales del siglo XVIII. Al hacerlo, me pregunto: ¿Qué significados e implicaciones ha invocado el bachah en la historia reciente de Afganistán, y qué discursos y prácticas ha suscitado a lo largo de éstas turbulentas décadas? Los análisis aquí presentados se basan en fuentes primarias y secundarias de los últimos 200 años, así como en historias que recopilé durante mi trabajo de campo en Afganistán entre 2016 y 2012. Por lo tanto, éste artículo no pretende reemplazar una investigación histórica extensa, sino simplemente ofrecer esbozos de panoramas históricos, por así decirlo. Las siguientes discusiones insinúan las costumbres sexuales y de género de su época, ayudándonos a ubicar la figura del hombre imberbe en un contexto temporal más amplio y a comprender su cambiante significado. Ante la ausencia de trabajos académicos sobre la (homo)sexualidad y el homoerotismo masculino en Afganistán, éste ensayo constituye un modesto intento de generar mayor debate sobre el tema. Para ello, ésta investigación se divide en cinco partes. En primer lugar, analizo un atroz incidente ocurrido entre dos comunidades por el destino de un hombre imberbe en Kabul en 1803, del cual extraigo varios temas relevantes. En segundo lugar, examino la institución de los gholam-bachahs en la corte del emir ´Abd al-Rahman Khan (r. 1880-1901; escrito como ´Abdur Rahman Khan en fuentes inglesas), el todopoderoso gobernante de Afganistán a finales del siglo XIX y exploro sus implicaciones sociales y políticas. En tercer lugar, me centro en el espectáculo de los chicos bailarines, posiblemente la manifestación más conocida de bachah-bazi (relaciones con bachahs) en Afganistán. En cuarto lugar, analizo la vulnerabilidad de los bachahs durante la guerra muyahidín de las décadas de 1980 y 1990, a lo que sigue, en la quinta y última sección, una exploración de cómo la comunidad internacional y la elite local abordaron las relaciones entre hombres mayores y jóvenes después de 2001. Aunque las siguientes secciones están estructuradas cronológicamente, me muevo con bastante libertad a través del tiempo para destacar las continuidades y las rupturas. En términos más generales, muestro cómo el contenido y las implicaciones de la categoría de bachah han estado en constante cambio y estrechamente conectados con desarrollos sociales, políticos y económicos más amplios dentro y fuera de Afganistán. El Amrad deshonrado: una lucha sectaria. Escrito en la década de 1860 por el sultán Mohammad Khales, Tarikh-e Soltani (Historia de los Reyes) abarca la historia de los reyes afganos –sus ascensos y destituciones al trono- hasta la muerte de Shah Shoja (fallecido en 1842). El libro está escrito en prosa literaria y, hasta hace poco, fue una de las principales fuentes para los historiadores de Afganistán. Entre las historias incluidas en el libro se encuentra un relato del derrocamiento del Shah Mahmud (r. 1800-1803 y 1809-1818), cuarto gobernante del reino de Durrani, en 1803. Según Khales, un hombre chií Qizilbash atrajo a un apuesto amrad (joven imberbe) sunita tayiko a su casa e invitó a algunos amigos cercanos a bazm (evento festivo). Algunos hombres Qizilbash se reunieron y embriagaron al "indefenso" (bicharah) amrad, cometiendo a la fuerza actos inapropiados (nashayestah) y despreciables (shani) durante días. Tras su liberación, el joven acudió a su padre y le contó la historia, quien a su vez solicitó al tribunal que Shah Mahmud castigara a los perpetradores. Sin embargo, dado que los Qizilbash habían desempeñado un papel importante en la llegada al poder de los durranis, Shah Mahmud se mantuvo neutral. Insatisfechos con la postura del rey, los sunitas acudieron al prominente clérigo de la época. Mir Wa ez, quien emitió un decreto religioso contra los Qizilbash, lo que desencadenó violencia sectaria en Kabul. Según Khales, entre 3000 y 4000 personas de ambos bandos eran asesinadas cada día. Los líderes tribales opositores de Shah Mahmud aprovecharon ésta oportunidad y, por lo tanto, derrocaron al rey. No todos los historiadores coinciden con la veracidad de ésta historia, y al menos un relato apunta a una cadena de acontecimientos completamente diferente que condujo a la primera lucha sectaria entre los chiítas Qizilbash y los sunitas en Kabul. Sin embargo, más importante que la veracidad de la historia es la forma en que se narra en Tarikh-e Soltani, ya que el relato dilucida las normas sociales y culturales de la época en que se escribió el libro y de la que se deriva toda la narrativa. Para empezar, el autor presenta al joven sunita como tefl-e sadah-ozar-e amrad (un adolescente imberbe y de mejillas suaves). Se dice que su "belleza" (hons) era ejemplar e inigualable, con un rostro "tan brillante como el día de la consumación/unión (con la amada)" y un cabello "tan largo como la noche de la separación". La historia incluye un poema del poeta persa del siglo XIX Qa ani, que elogia la belleza del amrad y alaba sus "nalgas regordetas", su "cintura estrecha", sus "dulces palabras" y sus "modales rebeldes". Sólo después de que los hombres Qizilbash lo obligan, el tono de la historia cambia y el autor condena su despreciable comportamiento. Como revela la escritura de Khales, un joven imberbe de mediados del siglo XIX en Afganistán podía ser ávidamente elogiado y caracterizado por la belleza de sus labios, ojos, mejillas, cabello, rostro, cintura, etc., sin que perdiera por ello necesariamente su honor. Lo que provocó la condena no fue el elogio de su belleza ni siquiera enamorarse de su atractivo y encanto; más bien, fue la relación sexual (enérgica) y penetrante la que fue fuertemente reprendida y caracterizada como "indecorosa" y "despreciable". De ésta historia aprendemos que tales relaciones carnales estaban mal vistas y eran severamente castigadas según las leyes religiosas y las normas sociales. Quizá sea difícil para un lector contemporáneo imaginar cómo un hombre adulto podía elogiar poéticamente las "nalgas regordetas" (farbeh sorin) de un joven sin tener fantasías sexuales con él, ya que tales caracterizaciones explícitas de los órganos del cuerpo humano, cargados de erotismo, parecen tener connotaciones sexuales. Sin embargo, establecer una clara distinción entre una refinada sensibilidad estética hacia los hombres imberbes, por un lado, y el inicio del contacto sexual con ellos, por otro, ha funcionado históricamente como una excusa conveniente para la permisibilidad de las relaciones transgeneracionales entre hombres. Si bien la pederastia se ha considerado persistentemente un pecado grave en el islam y entre los musulmanes, siempre ha habido mayor indulgencia en cuanto expresar amor por varones adolescentes, especialmente si los amantes no caían en excesos y continuaban cumpliendo adecuadamente con sus demás responsabilidades sociales y familiares: "En ocasiones, expresar un amor apasionado pero casto hacia jóvenes apuestos incluso se consideraba parte de un ideal más amplio de sensibilidad refinada o, en círculos sufíes, "una forma de experimentar personalmente la abrumadora belleza de Dios". Si la relación entre los hombres de Qizilbash y el amrad sunita tayiko hubiera permanecido oculta, tal vez no habría provocado la ira pública ni la violencia subsiguiente. Lo que Stephen Murray caracteriza acertadamente como "la voluntad de no saber" –o el ethos islámico de evitar el reconocimiento público de las desviaciones de la norma- no se observó en éste caso. En todo caso, hubo una voluntad colectiva de saber más e investigar el asunto con más profundidad. De hecho, el abuso del amrad no sólo lo había deshonrado a él y a su familia inmediata. Dado que también pertenecía a comunidades tayikas y sunitas más amplias, con afiliaciones étnicas y religiosas diferentes a las de los chiítas no afganos Qizilbash, el incidente se interpretó como una violación de la dignidad de los afganos, quienes no toleraron ésta afrenta a su orgullo colectivo. El cuerpo del amrad se convirtió, por lo tanto, en un vehículo que expuso las tensiones políticas y religiosas existentes entre los Qizilbash y los rivales del rey. Si los afganos hubieran permanecido en silencio o mostrado cobardía ante tal vergüenza pública, habrían sido considerados be-ghayrat, un término controvertido que los afganos usan para referirse a los hombres incapaces de defender su honor. Penetrar el cuerpo de ése joven se interpretó, por lo tanto, como un acto de agresión, proporcionando a sus comunidades más amplias una justa excusa para penetrar en los barrios de los perpetradores en represalia. En el Afganistán actual, éstos ideales de belleza aún se pueden relacionar fácilmente con los adolescentes varones, y sigue siendo culturalmente comprensible sentirse atraído por ellos. Las relaciones homosexuales con hombres jóvenes también están ampliamente condenadas y pueden amenazar la reputación del agresor, especialmente si los aspectos carnales de la relación se hacen públicos. De hecho, rara vez se oye a un hombre con shawq (fiebre/fervor) por los bachahs admitir voluntariamente algún deseo carnal. En cambio, se enfatiza la naturaleza sociable, los modales, la belleza y el encanto de los bachahs" (Abdi, pp. 163, 164). En nuestras conversaciones, los hombres interesados en bacha-bazi solían comentar que no son bachah-gay (no penetran a los bachahs), sino bachahkhosh (les gusta socializar con ellos y disfrutar de su belleza y compañía). Hasta hace poco, los bachahs seguían representando el honor y el estatus de sus patrones, especialmente en las regiones norte y sur de Afganistán y entre ciertos grupos y comunidades de Kabul, para quienes tener un bachah atractivo era una forma de exhibir públicamente su fortuna y prestigio. Gholam-bachahs: la homoerótica de la corte afgana. Al igual que los reyes persas y otomanos, tanto antiguos como contemporáneos, los gobernantes afganos mantenían gholams en sus cortes. Gholam suele traducirse como "esclavo" en español, pero los rasgos afectivos del término se pierden en la traducción. De hecho, Gholam también denota "el apuesto adolescente" en árabe (plural: ghilman) y el "amado" en la poesía clásica y urdu, en la que el lenguaje de la esclavitud era (y sigue siendo) un tropo importante en las representaciones de la relación entre el amante y el amado. Los gholams de las cortes afganas provenían principalmente de Asia Central, India, África Oriental, y trabajaban como sirvientes imberbes (pishkhedmat), guardaespaldas reales barbudos (gholam-e shah) y eunucos castrados (khwajah). Con la expansión de las potencias coloniales hacia nuevos territorios, se volvió difícil para los notables afganos obtener gholams de las regiones cercanas, por lo que la corte afgana de finales del siglo XIX adoptó un nuevo sistema de gholams. Abdur Rahman Khan (r. 1880-1901) llenó su corte con decenas de gholam-bachahs (traducidos como "niños esclavos" o "pajes" en fuentes inglesas): un grupo de hombres apuestos, jóvenes y astutos que a veces eran secuestrados, pero que con mayor frecuencia eran obsequiados al rey por familias influyentes, adineradas y, en su mayoría, no pastunes. Quizás inspirados por los jenízaros otomanos, Abdur Rahman Khan buscó crear un cuerpo de funcionarios administrativos y militares de alto rango cuya lealtad al estado (y al propio rey) superaba su lealtad a sus respectivas regiones y tribus. En el segundo volumen de La vida de Abdur Rahman (1900), también conocida como (auto)biografía del emir, pero escrita en inglés por su secretario principal, el sultán Mohammad Khan (Sultán Mahomed, Mir Monshi), el autor ofrece más detalles sobre la práctica cortesana de mantener gholam-bachahs. A diferencia del primer volumen del libro (publicado originalmente en persa), en el que el propio emir presentó los acontecimientos de la vida de Abdur Rahman para el público general, el público al que se dirigía el segundo volumen era, sin lugar a dudas, el europeo. En un capítulo sobre la estructura de la corte y las rutinas diarias del emir, el autor analiza la situación de los gholam-bachahs, asegurándose de distinguirlos de la institución de la esclavitud, que se consideraba desconsiderada en Gran Bretaña. "A decir verdad", escribe Mir Monshi en nombre del emir, "la palabra esclavo (gholam) es sólo un nombre; el verdadero sentido de la palabra esclavo" en Afganistán durante mi reinado es éste: ellos (los gholam-bachahs) son más (…) honrados que cualquier otro funcionario del reino". Como sabemos, los gholam-bachahs eran tratados con decoro como miembros de la familia real. Bajo la tutela directa del rey, recibían asignaciones gubernamentales, vestían con la misma elegancia que los parientes del emir y se les proporcionaba alojamiento y artículos de primera necesidad. El emir incluso organizaba y cubría los gastos de la boda de sus gholam-bachahs, consolidando así aún más el floreciente estado afgano. En la (auto)biografía no se menciona la inclinación erótica del emir por los jóvenes varones. En todo caso, la naturaleza de la relación del rey con sus gholam-bachahs se caracteriza por un patrocinio completamente asexual, una relación benévola entre padre e hijo. Incluso si Abdur Rahman Khan no hubiera estado completamente al tanto de lo que escribió Mir Monshi, probablemente había coincidido con ésta caracterización paternal. En el primer volumen del libro, publicado por primera vez en 1883 bajo el título Pandnamah-ye Donya wa Din (El libro de consejos sobre la vida y la religión), el propio emir narró un incidente relevante. Según Abdur Rahman Khan, cuando cruzó el Amu Daria camino a Bujará a mediados de la década de 1860 por consejo de su padre, el rey de Bujará le pidió que le regalara tres hermosos gholams. Abdur Rahman, quien se encontraba como huésped en el territorio del rey de Bujará, declinó la petición, diciendo: "A todos éstos gholams que ves los he criado como a mis hijos". Sin embargo, como sugiere convincentemente el historiador afgano contemporáneo Mohammad Sediq Farhang, la falta de interés del emir por sus esposas se debía quizás a su preferencia por los "chicos jóvenes y apuestos" (pesaran-e jawan wa khos surat). De hecho, si bien sabemos que el emir rara vez pasaba tiempo en el harén con sus esposas, también sabemos que la "belleza, habilidad y fidelidad" de sus gholam-bachahs los ayudaban a ascender en la corte. Comprender la interacción de poder entre el harén del emir y su grupo de astutos, apuestos y jóvenes acompañantes masculinos requiere una mayor exploración, junto con comprender hasta qué punto los vínculos homoeróticos con el rey facilitaban el avance económico y político de los jóvenes en sus carreras. En cualquier caso, es evidente que los gholam-bachahs se encontraban entre los cortesanos más confiables. La (auto)biografía del emir presenta un gholam-bachah de Chitrail (una ciudad en el actual noreste de Pakistán) de la siguiente manera: "(Él) es el funcionario de mayor confianza de mi corte; guarda mi sello en sus manos para ponerlo en cualquier documento, y en mi comida y dieta; en resumen, tiene en sus manos la plena confianza de mi vida, así como de mi reino". De igual manera, no se hace referencia a la inclinación del emir por los jóvenes varones en las obras, por lo demás meticulosas, del escritor e historiador más prolífico de la época, Fayz Mohammad Kateb, quien residía en la corte del hijo del emir, el emir Habibullah Khan. En la única referencia a las relaciones homosexuales en Seraj al-Tawarikh (La luz de las Historias) de Kateb, un voluminoso relato de los acontecimientos políticos y sociales de los dos emires, se refiere a la sodomía como ejemplo de acto obsceno (fe l-e qabith) y habla con tristeza de un joven sodomizado (pesar) que perdió su honor (´ezzat) y dignidad (sharaf) tras ser penetrado a la fuerza por varios soldados durante el gobierno de Habibullah Khan (4(2): 459). Algunos de los gholam-bachahs del emir llegaron a convertirse en comandantes en jefe, señores del tesoro y guardaespaldas personales del emir. El nieto del emir, Amanullah Khan (r. 1919-1929), aparentemente puso fin a la práctica cortesana de reclutar y criar gholam-bachahs debido a su incompatibilidad con sus esfuerzos más amplios de modernización y lucha contra la esclavitud. El artículo 170 del primer Código Penal General de Afganistán, adoptado en 1921 y que preveía una multa y pena de prisión por "mantener bachahs con fines de bachah-bazi" fue la primera ley sobre bachah-bazi en la historia del Afganistán moderno. Sin embargo, en la época de Amanullah Khan, a diferencia de hoy, el significado de "bachah-bazi" tenía menos que ver con que los bachahs bailaran que con tener relaciones sexuales con ellos, ya que otro conjunto de artículos trataba sobre los jóvenes bailarines masculinos. El artículo 170 preveía una multa de 1000 a 5000 rupias y cinco años de prisión por mantener bachahs con fines sexuales, lo cual era un castigo severo en comparación con otros delitos, lo que sugiere que el legislador consideraba el bachah-bazi como un delito muy grave. Además, en el Código Penal General de 1924, que devolvió la facultad de decidir el castigo a los clérigos, se añadió la siguiente cláusula: "El amrad será condenado al mismo castigo (que el juez determine para el hombre mayor) si hubiera participado (en el encuentro sexual) voluntariamente". Sin embargo, los códigos penales afganos de la década de 1920 implicaban que se podían mantener bachahs para fines distintos a los expresamente prohibidos por la ley, y es difícil imaginar que cualquier hombre (incluido el difunto abuelo de Amanullah Khan, el propio Abdur Rahman Khan) hubiera admitido mantener varones jóvenes con fines de bachah-bazi, es decir, para satisfacer sus propios impulsos sexuales. De hecho, como atestiguan las historias orales de muchos ancianos afganos con quienes conversé, la práctica de mantener bachahs no desapareció del panorama social de Afganistán tras el derrocamiento del Amanullah Khan: "terratenientes (zamindar), jefes tribales y de clan (khan, malek y arbad), comerciantes adinerados (maldar), dueños de salones de té y restaurantes (hotaldar), carniceros (qassab), barberos (salmani), panaderos (nanwa), sastres (khayyat), músicos (sazandah), maestros sufíes (pir) y, posteriormente, camioneros (deriwar) y mecánicos de automóviles (mesteri) continuaron manteniendo a jóvenes varones como compañeros sociales y sexuales. Los socios más jóvenes, a su vez, desempeñaban el papel de sirvientes (gholam), aprendices (shagerd y paydaw), amigos (dust) o discípulos (morid y shagerd), y en ocasiones incluso eran tratados como miembros de la familia extendida del hombre, disfrutando de cuidados y educación adecuados. En ocasiones, el hombre más joven era destacado por su lealtad y devoción, y tratado como un compañero y sirviente confiable; en otras, los aspectos pedagógicos de la relación se consideraban más significativos, por lo que el socio más joven recibía cierta instrucción y formación. En todos éstos casos, no cabía duda del atractivo y la deseabilidad de los hombres más jóvenes para su patrón, ya que éstos a menudo se enorgullecían de exhibirlos en público. Sugiero que las relaciones de Abdur Rahman Khan con los gholam-bachahs se erigieron como el arquetipo real y general de los acuerdos entre hombres y bachahs en Afganistán a principios del siglo XIX. Similar a la decisión de Abdur Rahman Khan respecto a los gholam-bachahs de la corte, no era inusual que los mecenas buscaran esposas para sus bachahs después de alcanzar la edad adulta (incluso la propia hija del hombre podía convertirse en su esposa), ni tampoco era raro que los bachahs establecieran relaciones íntimas con las familias de sus mecenas. Así como la presencia de apuestos gholams en el séquito de Abdur Rahman Khan atestiguaba la riqueza y el poder del emir (frente al rey de Bujará, por ejemplo), poseer un bachah atractivo y diplomático también reflejaba el estatus y la riqueza del mecenas en su sector. Los bachahs asociados con hombres ricos y prestigiosos se ganaban el respeto y reverencia que su mecenas, ya que no honrarlos a menudo implicaba no honrar al mecenas. Mientras éstas relaciones se mantuvieran discretas en apariencia, eran socialmente comprensibles y podían durar varios años. Tales percepciones y prácticas se mantuvieron vigentes a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días" (Abdi, pp. 166, 167).

Maya F. ©

  Los chicos imberbes bailarines.

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Niños (y niñas) bailando: la estética y los peligros de un espectáculo. El espectáculo de niño bailando ha sido quizás, durante los dos últimos siglos, la manifestación más reconocible y visualmente estimulante de la tradición bachah-bazi y el homoerotismo masculino, tanto en las zonas urbanas como rurales de Afganistán. Registros históricos y etnográficos de los últimos 200 años indican que los bailarines masculinos actuaban tanto en grupos como en solitario en palacios, mansiones, casas de té, en las calles y para el entretenimiento de reyes, cortesanos, terratenientes, jefes tribales, aldeanos y gente común. En un entorno estrictamente segregado por género que generalmente prohibía la entrada a las mujeres (y mucho menos bailar) en espacios masculinos debido a proscripciones religiosas y normas sociales, los bachahs que sabían bailar (y cantar) tenían pocos rivales en el entretenimiento de su público exclusivamente masculino. Como participantes habituales y actores de la cultura del entretenimiento, los jóvenes bailarines animaron y dinamizaron eventos tanto privados como públicos. Éstas celebraciones eran/son parte integral del estilo de vida de los afganos, desde el shirini khori y el toy (ceremonias de compromiso y boda), el shawshash (la sexta noche después del nacimiento de un niño) y el khetnah-suri (celebraciones de la circuncisión), hasta los shaw-neshini (reuniones nocturnas), el mahfel (eventos festivos) y el melah (círculos alegres, principalmente en el campo, a menudo con baile y música). Los registros disponibles dan fe del frecuente reclutamiento de hombres jóvenes para éstas ocasiones, así como de su popularidad entre personas de diferentes niveles socioeconómicos. Por ejemplo, Lord Curzon, quien visitó la corte de Abdur Rahman Khan a finales del siglo XIX, se refiere a los "niños bailarines" como "una diversión muy popular en Afganistán"; y John Alfred Gray, un médico británico que se desempeñó como cirujano del emir a principios de la década de 1890, describe una escena de una docena de niños, "de entre trece y catorce años", con cabello largo y vestidos de niña, bailando en la corte. Mahmud Tarzi, un destacado intelectual de la época, también hace una referencia no crítica (si no afirmativa) a la presencia tanto de bazengar (bailarines) como de kanchini (bailarinas) en reuniones públicas del Kabul de finales del siglo XIX en sus memorias. De manera similar, Gunnar Jarring, diplomático y etnógrafo sueco que estudió los dialectos turcos de Andkhoy a mediados de la década de 1930, escuchó de un residente de Andkhoy hablar de una "costumbre vigente" entre los turcomanos y uzbekos afganos de las provincias del norte: mantener a los niños en un sótano durante unos años para enseñarles a bailar. "Si se encuentran niños", escribe Jarring, "(los habitantes del Turkestán afgano) nunca dejan bailar a las mujeres". Bailarinas no musulmanas de la India también habían estado actuando en Kabul desde finales del siglo XVIII, cuando el primer grupo de artistas y músicos indios fue invitado a Afganistán durante el reinado de Timur Shah (r. 1773-1793), y hay informes de que actuaron en las cortes afganas de principios del siglo XIX. También sabemos que Habibullah Khan, como muestra de su adhesión a las normas islámicas, obligó a las bailarinas a abandonar su barrio en el barrio de Kharabat, en Kabul, en la década de 1910. Sin embargo, éstas artistas nunca reemplazaron a los jóvenes bailarines autóctonos de Afganistán porque, como sugiero: siempre hubo muchas menos bailarinas que jóvenes; las bailarinas residían principalmente en zonas urbanas, lo que significa que no formaban parte de la cultura del entretenimiento de las aldeas donde vivía la inmensa mayoría de los afganos; y quizás lo más importante, las bailarinas infringían notoriamente los ideales islámicos de modestia y respetabilidad femeninas y violaban las normas de los entornos segregados por género. La presencia de mujeres en espacios exclusivos para hombres, especialmente como bailarinas y objeto de la mirada masculina, siempre conllevaba el potencial de generar malestar social y grandes objeciones (como ocurre hoy en día). Los bailarines también se enfrentaban a restricciones ocasionales. Quizás lo más notable sea que, según la sección sobre Prácticas contra la Moralidad y las Buenas Costumbres Públicas (Harekat-e Mokhalef-e Akhlaq wa Adab-e Omumi) del Código Penal de 1921, tanto el bazengari (baile juvenil masculino) como el bazengar-bazi (bailar bazengar) conllevaba multas y penas de cárcel. El castigo para el primero (un año de prisión) era curiosamente igual o más severo que el del segundo (400 o 500 rupias y seis meses de prisión), lo que sugiere que la legislatura exigía plena responsabilidad a los jóvenes bailarines. Es posible que la prohibición del bazengari y el bazengar-bazi (y el bachah-bazi) en la década de 1920 fuera un acto de apaciguamiento de Amanullah Khan con los clérigos opositores. Dichos apaciguamientos se produjeron, en particular, en el contexto de las reformas de género y familia que habían provocado inmensas tensiones y objeciones sociales. Sin embargo, es más probable que la prohibición tuviera la intención de ser un indicador de "modernización", ya que el bazengari y el bachah-bazi no eran prácticas populares entre los europeos de la época, a quienes se asociaban muchas ideas modernas. Las prácticas homoeróticas masculinas en Irán, Asia Central y el suroeste asiático otomano ya habían recibido el reproche de viajeros, representantes y estadistas europeos, quienes consideraban tales comportamientos como "el vicio" y hablaban de la actuación de los jóvenes bailarines con repugnancia y desdén en sus diarios y relatos de viajes, ampliamente leídos. Por lo tanto, es razonable sugerir que, al igual que sus homólogos de las regiones cercanas, los jóvenes bailarines afganos de principios del siglo XX se enfrentaron a la oposición tanto de los conservadores locales como de los reformistas modernos, éstos últimos podrían haber estado influenciados por las ideas europeas de mojigatería sexual y de género, y de la respetabilidad burguesa. Sin embargo, ésa temprana prohibición legal del bazengari resultó ineficaz, ya que no logró eliminar a los jóvenes bailarines masculinos del panorama social afgano. Tras su derrocamiento, las políticas de Amanullah Khan fueron generalmente descartadas, ya que los líderes posteriores adoptaron un enfoque más gradual, centrado en Kabul. En otras palabras, a diferencia de los bailarines masculinos de Irán y el Asia Central Soviética, que fueron gradualmente marginados de la cultura de la danza o reemplazados por bailarinas, el espectáculo bazengari en Afganistán no sufrió necesariamente un duro golpe en las décadas siguientes. Varios etnomusicólogos y antropólogos afganos de las décadas de 1960 y 1970 incluyeron referencias pasajeras a la cultura del bazengari en sus respectivas obras; algunas de sus observaciones merecen ser mencionadas aquí, ya que ofrecen una visión general del mundo de los bailarines masculinos en Afganistán en la segunda mitad del siglo XX. Hiromi Sakata, en su estudio sobre la música y los músicos de Herat a finales de la década de 1960, vio a varios músicos en compañía de bazigars (bazengars). Cuenta la historia de un músico pastún que se había "enamorado" de un niño bailarín de Kandahar, a quien luego "secuestró" de su "amante" en Kandahar y se lo llevó a Herat. John Baily, quien también trabajó con músicos profesionales en Herat en la década de 1970, sugirió que los niños bailarines habían sido históricamente un "importante estímulo" para la creatividad musical. Describió un evento privado de baile en un pueblo de los alrededores de Herat, donde un bachah con "pechos acolchados, falda larga, pañuelo largo y cascabeles en los tobillos" bailó al son de algunos instrumentos musicales regionales. Además, Mark Slobin, en su estudio de la música del norte de Afganistán en ése mismo período, observó que los estilos de baile de los niños uzbekos y tayikos de las provincias del norte eran diferentes de los niños bailarines pastunes de las regiones del sur y el este. Louis Dupree, en su ensayo cinematográfico sobre una aldea del norte de Afganistán en la década de 1970, llevó a sus lectores/espectadores a la casa de té del pueblo, donde dos jóvenes bailarines actuaban para un público entusiasmado. Dupree sugirió que los jóvenes bailarines eran, a veces, itinerantes, sobre todo si encontraban un amante entre los camioneros con quien viajar de pueblo en pueblo. Los jóvenes bailarines podían, de hecho, alcanzar la prominencia en su profesión, y su belleza y habilidades de baile eran muy celebradas y codiciadas. En una serie de conversaciones que tuve con un músico de 75 años en Kabul, me habló de dos bailarines, Qand y Mo´Menah, famosos en la capital durante el reinado de Dawud Khan (r. 1973-1978). "Eran bailarines increíblemente buenos", dijo, "sabían bailar al son de nuestro saz (instrumento musical). Ya no se encuentran bailarines como ellos": "El estudio más completo sobre jóvenes bailarines en Afganistán en la segunda mitad del siglo XX quizás pertenezca a la folclorista alemana Ingebord Baldauf, quien estudió el bacabozlik (bachah-bazi) entre los uzbekos del norte. El estudio de Baldauf, publicado en 1988 en alemán bajo el título Die Knabenliebe in Mittelasien: Bacabozlik (Amor de muchacho en Asia Central: Bachah-bazi), que creo no se analiza adecuadamente en el mundo angloparlante, sostenía que un porcentaje significativo de la población masculina uzbeka de las provincias del norte de Afganistán había participado en el bachah-bazi en algún momento de su vida, ya fuera como bachah bailarín o como amante de bachah (o quizás ambos a lo largo de su vida). Se esperaba que los bachahs estuvieran familiarizados con la literatura persa y chagatai, tuvieran un buen dominio de la música, supieran cantar y bailar, tuvieran buenos modales y acompañaran a sus amantes en eventos homosociales. A cambio, sus amantes, o bachah-baz, tenían que gastar generosamente para superar a sus rivales, de lo contrario, el bachah se marcharía con un hombre más rico. Si bien se permitía el intercambio de algunos besos y caricias entre el bachah y el bachah-baz, no se permitían las relaciones sexuales, pues la relación terminaba abruptamente. Según Baldauf, algunos hombres incluso arruinaron a sus familias y se arruinaron tras gastar generosamente en bachahs durante años. Una lectura crítica de los escritos mencionados revela un punto significativo: ninguno de éstos primeros investigadores consideró necesario justificar sus escritos sobre la subcultura bachah-bazi. No hay comentarios importantes sobre si los bachahs deberían considerarse "niños" ni ninguna discusión extensa sobre la danza de los jóvenes varones como una forma de "abuso sexual". Al contrario, sus escritos se inspiraron en una apreciación de la estética y las implicaciones sociales de una tradición socioerótica de larga data, como lo ilustra la descripción de los autores sobre la apariencia extravagante de los bailarines, sus marcas indumentarias, el uso de cosméticos, las formas de reclutamiento en el mundo de la danza, las melodías musicales y los instrumentos con los que bailaban, y la naturaleza y los límites de sus relaciones con sus amantes o mecenas" (Abdi, pp. 169, 170). Éstos escritos también nos indican que las autoridades locales prohibían esporádicamente tales reuniones, aunque no con el objetivo de salvar a los jóvenes bailarines de la explotación. Según Baldauf, no era el bachah-bazi en sí el problema, sino los delitos relacionados, que iban desde el fraude en las apuestas sobre bailarines hasta el robo, la agresión y el asesinato. De igual manera, John Baily señala que organizar reuniones con bachahs bailarines no estaba permitido en Herat en la década de 1970, principalmente porque en tales eventos solían surgir peleas violentas. El enfoque sobrio y pragmático adoptado por los primeros escritores difiere significativamente de los discursos recientes sobre los niños bailarines que circulan entre ONG, activistas de la sociedad civil, políticos, periodistas, artistas y académicos. Como quedará claro al final de éste artículo, el lenguaje de las "violaciones de los derechos del niño" y la "pedofilia" marca ahora la pauta de casi todas las conversaciones públicas sobre el tema. Una serie de importantes acontecimientos sociales y políticos pueden explicar un cambio tan profundo en el significado general del bazengari y de las relaciones entre hombres mayores y jóvenes, tanto en Afganistán como en Occidente. En el resto de ésta investigación histórica, analizo cuáles podrían haber sido éstos acontecimientos y cómo moldearon una nueva comprensión de la categoría de bachah en los últimos años. En guerra: la vulnerable (no)masculinidad de los bachahs. Con el auge del conflicto armado en la década de 1980, tanto el entorno laboral de los bachahs bailarines como la percepción general de las relaciones entre hombres y bachahs cambiaron drásticamente. El conflicto comenzó inicialmente como una resistencia armada a la ocupación soviética, pero tras la retirada de las fuerzas soviéticas de Afganistán en 1989 y el posterior colapso del gobierno de Najibullah en 1992, se transformó en una guerra civil entre facciones étnicas y tribales de los muyahidines. La guerra destruyó la infraestructura del país y creó millones de refugiados afganos. En condiciones tan duras, el espectáculo de los bachahs bailarines no pudo sobrevivir en su antiguo marco, ya que no había mucho entusiasmo por celebrar y reunir a músicos ni una sensación de seguridad pública para organizar tales eventos. De hecho, incluso la legalidad de los eventos y espectáculos musicales estaba en duda, ya que los nuevos gobernantes islamistas habían considerado éste entretenimiento como no islámico, asociándolo con el régimen comunista anterior. Los bachahs que trabajaban como bailarines antes del ascenso de los muyahidines encontraron éste nuevo entorno inusualmente amenazante y hostil. Según Naeem, de 45 años, quien comenzó a bailar cuando Najibullah aún estaba en el poder: "En la época del Dr. Najib, solíamos reunirnos frente a Forushgah (en el centro de Kabul). Nos llamábamos Goruh-e Labsirin (El Grupo del Lápiz Labial). El anfitrión de una boda venía al parque Zarnegar, nos pagaba por adelantado y nos llevaba a sus eventos. Bailábamos durante unas horas y luego volvíamos a nuestras casas. Nos trataban como artistas. Los peores momentos llegaron cuando Rabbani (Burhanuddin Rabbani, presidente de Afganistán de 1992 a 1996) llegó al poder. Un día, uno de los grupos muyahidines me secuestró en las calles de Kabul y me llevó a la fuerza a lo que luego supe era Gardez (una ciudad al sur de Kabul). Los muyahidines habían tomado una aldea y todos habían escapado. Recuerdo que entraban en las casas de la aldea y nos daban la ropa de las mujeres que habían huido. Éramos cinco: dos bachahs y tres niñas. Todas las noches, los combatientes traían un saz (instrumento musical) y bailábamos para ellos. Me tuvieron allí un mes. Varios soldados me hicieron lo mismo en Gardez (tuvieron relaciones sexuales a la fuerza conmigo)". Muchos de los exbailarines con los que hablé compartieron historias similares, revelando que la autonomía que disfrutaban antes de la guerra para elegir a sus mecenas o escenarios se perdió cuando las nuevas reglas dictadas por la guerra reorganizaron tanto la vida privada como pública. El atractivo de los bachahs los hacía vulnerables en las ciudades y pueblos militarizados dominados por hombres, convertidos en zonas de guerra. A medida que el país se dividía entre varios "señores de la guerra" que habían llegado al poder y se habían enriquecido gracias al apoyo de estados extranjeros durante la guerra antisoviética, los jóvenes imberbes eran cada vez más reclutados o secuestrados y retenidos en bases militares. La amenaza era tal real que muchas familias afganas impedían que sus hijos imberbes salieran de casa. Éstos hombres apuestos no sólo eran objeto de deseo en el entorno homosocial de la guerra; sus mecenas militantes los llamaban nafari o berish (imberbes), sino que también eran un símbolo de la autoridad de sus comandantes en las regiones bajo su control. Nafar significa "persona" en persa dari. En el contexto de (y después de) la guerra de la década de 1990, cuando a un soldado imberbe se le llamaba nafari o be-rish del comandante, a menudo implicaba que el soldado también recibía del comandante durante las relaciones sexuales. En el Kabul actual, nafari significa novia (con menos frecuencia, novio) en lenguaje coloquial, y, por lo tanto, nafari-bazi es la práctica de tener una pareja fuera del matrimonio. Be-rish (imberbe) a veces se usa como término de referencia, significando bachah, como en "Él es el be-rish del comandante". Similar al simbolismo de los bachahs para sus patrones en otros sectores en décadas anteriores, tener un berish y exhibirlo en público se convirtió gradualmente en una muestra reconocible de la destreza masculina de los comandantes, su fuerza militar para proteger sus propiedades y territorios, y un testimonio de su autoridad y poder. En un contexto tan volátil, los propios bachahs preferían estar bajo el control de un hombre fuerte (más benévolo). A través de conversaciones con hombres que bailaban en la década de 1990, me di cuenta de que cuanta más influencia y poder tenía su patrón, más seguros se sentían bajo su protección. En algunos casos, éstos jóvenes podían incluso ascender en la jerarquía militar, sirviendo como asistentes personales, soldados y guardaespaldas de los comandantes. Si bien la posesión de bachahs se convirtió en un punto de rivalidad entre los combatientes militantes, el bachah-bazi se asoció cada vez más con el abuso de poder de los caudillos. Entre los mitos que explican el ascenso de los talibanes a mediados de la década de 1990, una historia popular se centra en el papel de los talibanes en la lucha contra la prevalencia del bachah-bazi entre los muyahidines. Según éste relato, el movimiento talibán cobró impulso tras una violenta disputa entre dos comandantes muyahidines por un bachah en Kandahar, cuando el mulá Omar (el entonces líder de los talibanes) ordenó a sus seguidores que intervinieran y el bachah fue rescatado. "Empezaron a llegar llamamientos públicos para que los talibanes ayudaran en otras disputas locales", escribe Ahmad Rashid en Taliban, lo que reforzó la imagen del auge de los talibanes como guardianes capaces de la seguridad y el orden. Según Rashid, ésta imagen de salvador puritano fue crucial para los esfuerzos posteriores de los talibanes por establecer autoridad política y legitimidad en años posteriores. Tras tomar el poder, los talibanes impusieron un conjunto de normas y regulaciones inflexibles. Quizás la más famosa, en nombre de la protección de la castidad y la dignidad femeninas, restringió severamente la movilidad de las mujeres y el acceso a los espacios públicos: clausuraron las escuelas para niñas, les prohibieron prácticamente cualquier tipo de empleo y les prohibieron salir de sus casas a menos que estuvieran acompañadas por un familiar masculino cercano. Éstas duras medidas para limitar la aparición de las mujeres en público no fueron sólo resultado de la drástica interpretación de los textos y tradiciones islámicos por parte de los talibanes. Dado que su poder se basaba principalmente en el fervor de un gran número de jóvenes combatientes militantes que habían recibido formación ideológica en el aislamiento de las escuelas religiosas sólo para hombres en Afganistán, también existía temor entre las principales figuras talibanes de que su milicia "pudiera ser fácilmente desviada" si se exponía a las mujeres en público. Como "árbitros de la rectitud islámica" argumenta Nancy Dupree, los combatientes talibanes también tenían la responsabilidad de librar a la ciudad de sus costumbres pecaminosas y veían a las mujeres como "instrumentos de corrupción moral y agentes de anarquía sexual". Sin embargo, los talibanes no sólo se preocupaban por controlar los cuerpos femeninos. De forma similar al peligro que se creía que representaban las mujeres para la fortaleza moral de los combatientes talibanes, los jóvenes imberbes también eran y son vistos como igualmente problemáticos y amenazantes, un tema en gran medida ignorado tanto por los círculos académicos como por los periodísticos: "En un decreto de 1995, el mulá Omar prohibió a todos los ministros, gobernadores y personal militar reclutar a jóvenes "descarados" (berahnah-ruy) para vivir o trabajar en sus oficinas o bases militares, incluso si dichos jóvenes eran parientes cercanos: "En éste decreto, el mulá Omar argumentó que un musulmán piadoso debe "protegerse de cualquier acusación", insinuando que la presencia de jóvenes descarados entre las filas talibanes podría dar la impresión de que los combatientes estaban involucrados en bachah-bazi o lewatat (sodomía). El mulá Omar emitió otro decreto en 1999, exigiendo además que los miembros del Talibán no fueran vistos con la cara descubierta. El Código de Conducta más reciente de los talibanes, Layehah, publicado por primera vez en 2006, pero modificado y reeditado en 2009 y 2010, contiene un artículo relevante. Según el artículo 69 de la versión de 2010, "Los jóvenes cuya barba aún no ha crecido debido a su edad no pueden ser mantenidos por los muyahidines (combatientes talibanes) en cuarteles, albergues o bases militares". La figura de los jóvenes imberbes y el miedo a enamorarse de uno rondaban persistentemente los espacios homosociales de los talibanes. Los líderes talibanes expresaban con frecuencia su preocupación por los jóvenes "de rostro descubierto", una señal inequívoca de la amenaza que la visibilidad de éstos jóvenes representaba para el mantenimiento de la moralidad y la rectitud públicas. La prohibición de mantener a jóvenes imberbes como asistentes o compañeros pretendía marcar la superioridad de los talibanes sobre los muyahidines en términos de carácter, ya que el movimiento talibán había cobrado inicialmente impulso y apoyo público al oponerse a los "vicios" de los muyahidines. Al expulsar tanto a las mujeres como a los jóvenes imberbes de la esfera pública, los talibanes intentaron regular y disciplinar sus espacios exclusivos para hombres, haciéndolos parecer homogéneos y deserotizados. También relacionaron la promiscuidad sexual y la sodomía con la corrupción y decadencia generalizada de sus enemigos. Sin embargo, la prohibición talibán de los jóvenes imberbes entre sus filas tuvo una consecuencia imprevista" (Abdi, pp. 172, 173).

Maya F. ©

 El pánico de la pedofilia afgana.

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Si bien en décadas anteriores la línea entre la homosocialidad y el deseo homosexual no era fácil de trazar –ya que los bachahs podían acomodarse mejor en espacios exclusivos para hombres sin causar malestar social, y sus actividades sexuales no eran necesariamente motivo de preocupación-, la prohibición talibán de los jóvenes imberbes significó que sus espacios homosociales siempre estuvieran acechados por el espectro de la sodomía y la sexualidad entre personas. Al prohibir a sus reclutas ser vistos o socializar con los jóvenes imberbes, los talibanes quizás hicieron a los jóvenes imberbes aún más visibles y atractivos. Rahim, exbailarín y padre de cuatro hijos, compartió lo siguiente sobre su juventud y atractivo a finales de los 90: "Vivía en Mazar-i-Sharif. Era cerca de la hora de la oración del mediodía. Un coche se detuvo y un talibán del Departamento de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio me dijo que me subiera a su coche. Tenía mucho miedo. Pensé: "Y si descubrían que tenía relaciones sexuales con hombres con regularidad?". Los bajistas como yo, en particular, les teníamos mucho miedo a los talibanes. Me llevó a su oficina, me encerró en una habitación y me hizo ésto ésta misma noche. Por la mañana, les dijo a sus compañeros que había ido a Jalalabad, en el este de Afganistán, y que les había parecido sospechoso. Me dejaron ir". Lo anterior demuestra no sólo hasta qué punto los jóvenes imberbes acechan las fantasías sexuales tanto de los muyahidines como de los combatientes talibanes; en términos más generales, los ejemplos anteriores arrojan luz sobre cómo la creciente militarización de Afganistán en la década de 1990 –con su énfasis en formas de masculinidad que celebran la militancia, la musculatura, la violencia y la negación del espacio público a las mujeres- convirtió a los adolescentes varones atractivos en presas más accesibles. Como vimos anteriormente, incluso antes del inicio de la guerra antisoviética, la categoría de bachah había mantenido sus características estéticas y eróticas centenarias en Afganistán, y los bachahs eran reconocidos como aprendices, compañeros sociales y bailarines en la sociedad afgana en general. Sin embargo, a medida que la cultura de la guerra empujaba a las mujeres hacia la esfera doméstica y degradaba la feminidad, los bachahs se convertían en los objetos de deseo más accesibles y visibles, visibles públicamente por encarnar una (no)masculinidad deseada que contrastaba con la masculinidad militante de los combatientes armados. Tanto para los muyahidines como para los talibanes, que buscaban establecer su dominio en las zonas bajo su control, los cuerpos sexualidades de los bachahs –similares a las mujeres- eran fuente de placer, diversión, ansiedad y miedo que requerían disciplina y contención mediante diversos mecanismos de poder y control. Las medidas adoptadas por los militantes de todos los bandos incluían la retirada de éstos cuerpos intimidantes de la escena pública, agresiones verbales y físicas, secuestros, acoso sexual, violaciones e incluso asesinatos. Con la invasión estadounidense y de la OTAN a Afganistán, la categoría de bachah se enfrentó a otra convulsión social y política. De hecho, los comandantes de guerra afganos aliados de Estados Unidos se convirtieron en algunos de los participantes e iniciadores más notorios de los eventos de danza bacha-bazi en todo el país. Al mismo tiempo, un régimen transformador de conocimiento entró en Afganistán; un régimen que no conocía el "bachah" como categoría de identidad y no mostraba comprensión de su historia ni de sus implicaciones culturales. Analizo éste último desarrollo en la siguiente y última parte de ésta investigación. ¿Bachah o niño? Ansiedades por la construcción del Estado bajo la mirada occidental. En las dos décadas posteriores a la caída del régimen talibán en 2001, el bachah bazi estuvo bajo intenso escrutinio de occidentales y la élite afgana. Ésta mirada investigadora (y a veces exotizadora) se tradujo en numerosos reportajes en medios de comunicación, informes de ONG, series fotográficas, documentales cinematográficos, artículos en revistas militares e investigaciones realizadas por científicos sociales con influencia militar. Éstos relatos eran casi siempre ahistóricos, con sorprendentes similitudes con las representaciones coloniales de las relaciones entre hombres musulmanes (y otros pueblos colonizados) en épocas anteriores. Impulsados por el contexto de la "guerra contra el terrorismo", éstos relatos frecuentemente se referían al bachah-bazi como "una tragedia afgana", "violación culturalmente sancionada", "esclavitud sexual moderna y tráfico de menores" y "pedofilia afgana", entre otros clichés. Al ignorar la historia de la categoría de "bachah", éstos relatos invariablemente opinaban que la estricta segregación de género y las prohibiciones religiosas contra las relaciones sexuales con mujeres fuera del matrimonio, junto con la pobreza generalizada, la corrupción y la falta de un estado de derecho, eran las principales "causas" de ésta práctica. Entre los más destacados, véase Abdul-Ahad, "Dancing Boys"; Human Terrain System, "Pashtun Sexuality"; Glinski, "Afganistán Paedophile Network"; Londono, "Dancing Boys´Exploitation"; Mondloch, "Bacha Bazi"; Saramad et al., "Bachabazi"; y Noman, "Bacha Bazi". Véase también el documental The Dancing Boys of Afghanistán de Qorayshi (2010). Al destacar la incompetencia del gobierno afgano para llevar ante la justicia a los perpetradores de bachah-bazi, algunos relatos argumentaron que la comunidad internacional y el gobierno estadounidense tenían la responsabilidad de intervenir en nombre de las víctimas de bachah-bazi y "rescatarlos". En un artículo controvertido de los últimos años, por ejemplo, el New York Times destacó a un soldado estadounidense que fue asesinado por "uno de un gran séquito de jóvenes" que acompañaba a un conocido comandante afgano en la provincia de Helmand. Un sargento estadounidense citado en el informe declaró: "moralmente, ya no podíamos quedarnos de brazos cruzados y permitir que la Policía Local Afgana cometiera atrocidades", incluyendo tener "niños esclavos sexuales". Por lo tanto, la imagen de un afgano racializado y sexualmente perverso se invocaba ocasionalmente para justificar la presencia de militares extranjeros en Afganistán. Además de la retórica de "salvar a las mujeres afganas", una excusa moral utilizada para librar la guerra en 2001, también se imaginaba a los soldados estadounidenses como responsables de rescatar a los niños afganos de los hombres afganos, como si la famosa formulación de Gayatri Spivak sobre el encuentro colonial se hubiera modificado para que dijera: "Hombres blancos salvando a las mujeres y niño morenos de los hombres morenos". Dada la estigmatización sin precedentes de quienes se dedican a la prostitución en las sociedades occidentales, combatir la "pedofilia" fue un argumento aún más convincente para vender la guerra afgana a un público objetivo que combatir la "misoginia". La yuxtaposición de las nociones de "pedofilia", "tradición" y "Afganistán" en los relatos antes mencionados generó una profunda inquietud en muchos afganos, especialmente en los urbanitas de clase media y alta, que eran plenamente conscientes de la imagen negativa de Afganistán en el escenario mundial y buscaban una representación diferente. Entre los funcionarios afganos y la élite culta, era común reaccionar a las historias de bachah-bazi en los medios occidentales cuestionando su veracidad y afirmando que el bachah-bazi no ocurría en sus respectivas regiones. Por ejemplo, cuando un canal de televisión ruso estrenó "Ellos no sólo bailan" (2016), un documental sobre la práctica del bachah-bazi en la ciudad norteña de Mazar-i-Sharif, el jefe de policía de Mazar-i-Sharif ofreció una rueda de prensa para negar las acusaciones, afirmando que ésos "extranjeros" (ajnabi-ha) que producen documentales "ficticios" buscan sembrar dudas sobre "nuestra identidad afgana" y deshonrar (bi-`ezzat) a Balkh (la provincia donde se encuentra Mazar-i-Sharif). En otro caso revelador, cuando en 2019 apareció un artículo en The Guardian bajo el sensacionalista título "Red de pedófilos en Afganistán podría ser responsable del abuso de más de 500 niños (en seis escuelas de la provincia de Logar, en el este de Afganistán)" (Glinski), el gobernador de Logar se unió a varios parlamentarios al afirmar que ésas historias "infundadas" eran un insulto a la población de Logar y a su honor (`ezzat). Los dos activistas locales de la sociedad civil que investigaron el caso fueron posteriormente arrestados por las fuerzas de seguridad y liberados sólo tras la intervención del presidente Ghani y otros altos funcionarios, incluido el expresidente Hamid Karzai. Me enteré por los dos periodistas que hicieron pública la historia que los dos activistas locales habían denunciado inicialmente el caso a la Embajada de Estados Unidos en Kabul, pues temían que sólo los estadounidenses pudieran protegerlos de posibles amenazas. Según informes posteriores, algunas de las familias afectadas asesinaron a sus hijos, y varias otras abandonaron Logar por vergüenza. Un análisis exhaustivo de la historia de Logar podría arrojar luz sobre diversos temas de la política y la cultura afganas, desde cuestiones de soberanía, responsabilidad y construcción del Estado, hasta el activismo de la sociedad civil, la economía de guerra y ayuda, nociones contrapuestas de justicia, género y relaciones familiares, y cuestiones de honor y vergüenza: "En éste sentido, la reacción defensiva de la élite afgana no fue diferente a la visión de los primeros modernistas nativos de Asia central, suroccidental y occidental, quienes percibían las relaciones entre hombres mayores y jóvenes como indicadores culturales de "atraso"; indicadores que debían abordarse en el contexto de la búsqueda de progreso y modernidad de sus naciones. En la década de 1970, durante la investigación de Baldauf sobre el bachah-bazi en el norte de Afganistán, éstas posturas también prevalecían entre los intelectuales afganos, quienes o bien "negaban la existencia del fenómeno en Afganistán o entre su propio grupo étnico" o bien lo asociaban con el analfabetismo, la segregación de género y las limitadas posibilidades sexuales de las zonas rurales. Las condenas públicas de las relaciones entre hombres y bachah aumentaron tras la elección de Ashraf Ghani como presidente en 2014. Mientras que Hamid Karzai y su administración –muchos de los cuales provenían de los muyahidines- se mantuvieron prácticamente en silencio sobre el tema, Ghani y sus aliados, jóvenes tecnócratas y con formación occidental, se opusieron más abiertamente a la práctica. La asociación de bachah-bazi con el caudillismo, por un lado, y la urgencia de convencer a la comunidad internacional de que el Estado afgano estaba en vías de integrarse en el orden económico y político global, por otro, brindaron a la nueva generación de afganos una poderosa plataforma desde la cual condenar el bacha-bazi y distanciarse del escandaloso pasado de los muyahidines. En un artículo para USA Today, Hamdollah Moheb, entonces embajador de Afganistán en Estados Unidos, de 35 años, vinculó el abuso de menores con la impunidad y la corrupción rampantes, especialmente entre los caudillos militares y los comandantes de las milicias. Prometió a los aliados y donantes occidentales de Afganistán que, con reformas importantes en el sector de la seguridad en los Ministerios de Defensa y del Interior, la pedofilia no tendría cabida en el nuevo Afganistán que su generación estaba creando bajo el liderazgo del presidente reformista Ashraf Ghani (Moheb, "Abuso de menores")" (Abdi, pp. 174, 175). Tras Abdur Rahman Khan (r. 1880-1901) y su establecimiento de un estado centralizado mediante la supresión de la autonomía de las tribus y comunidades étnicas autogobernadas y resistentes, la limitación del poder de los dictadores (en su mayoría no pastunes) fue uno de los pilares del proyecto de Ghani para la construcción del Estado. La postura agresiva y pública de su administración contra el bachah-bazi estaba en apariencia, orientada a proteger los derechos de los adolescentes varones afganos y a satisfacer las expectativas de la sociedad civil, los donantes y los gobiernos occidentales. Sin embargo, la postura de la administración respecto al bachah-bazi siempre implicó un ataque implícito a la cultura del entretenimiento de los comandantes de guerra y los dictadores, considerados rivales, si no enemigos, del Estado afgano. Por lo tanto, no fue sólo el resultado de varias preocupaciones legítimas por el bienestar de los niños muy pequeños, sino también en el contexto de rivalidades políticas y bajo una mirada investigativa, que el Ministerio de Justicia elaboró una nueva legislación sobre el bachah bazi en 2017. El Código Penal de Afganistán revisado en 2017 incluía una sección sobre Delitos contra la Moral y la Ética Públicas, cuyo quinto capítulo estaba dedicado al bachah-bazi bajo el título "inducir a los niños a perversiones morales". Según el artículo 653 del Código Penal, "Quien retenga a un niño con fines de gratificación sexual o para obligarlo a bailar en un evento público o privado (…) se considera autor del delito de bachah-bazi". Además, la legislación contemplaba penas de prisión por celebrar o participar en "eventos de bachah-bazi", y la pena se agravaba si los cometían miembros del ejército, lo que refleja la prevalencia del bacha-bazi en el ejército. Dado que Amanullah Khan prohibió el bachah-bazi en la década de 1920 y los talibanes lo prohibieron en la década de 1990, ésta fue la tercera vez en la historia moderna de Afganistán que el estado introdujo una prohibición del bachah-bazi. Sin embargo, la descripción del bachah-bazi en el Código Penal de 2017 era cualitativamente diferente a la de sus dos predecesores, al menos en un aspecto importante: el sentido implícito de "bachah" sugerido en el Código Penal de 2017 fue una innovación en la historia del bachah-bazi, una interpretación novedosa de las relaciones transgeneracionales entre varones. Anteriormente, supimos que el Código Penal de 1921 del período Amani se refería a los varones más jóvenes en relaciones como bachah y amrad, y los decretos talibanes los caracterizaban como "los descarados". Sin embargo, el Código Penal de 2017 hacía referencia a la categoría de "niño" (tefl) al describir al participante más joven en éstas relaciones; un niño, que, según el mismo cuerpo legislativo, se definía como "cualquier persona menor de dieciocho años" (artículo 95). Como ya debería estar claro, los bachahs nunca se habían definido por ser menores de cierta edad numérica. De hecho, en el contexto de las relaciones entre hombres y jóvenes, un joven de entre 18 y 25 años podría haber sido percibido como un joven siempre y cuando no se hubiera dejado crecer la barba ni se hubiera casado y establecido. Sólo después de éstos cambios en sus rasgos faciales y su carácter social, alcanzaría la edad adulta. Además, a diferencia del Código Penal de 1924, que responsabilizaba plenamente al hombre más joven en caso de haber tenido un encuentro sexual a voluntad, la legislación de 2017 lo eximió de ser procesado. Por lo tanto, parece que se ha producido un cambio ontológico en la comprensión general de las relaciones entre hombres mayores y jóvenes, tanto en Afganistán como en Occidente. Anteriormente percibida como un tipo de relación socioerótica entre dos hombres, a la que aún se podía oponer la sodomía, la bachah-bazi se considera ahora una forma grave de pedofilia, a la que se opone principalmente en nombre de la protección de los derechos del niño. La circulación global de la categoría jurídica de "niño" y su posterior adopción en Afganistán aparentemente han generado un desacuerdo, una divergencia en la legislación y la cultura respecto a "quién es un bachah" y "qué implica la bachah-bazi". El niño menor de dieciocho años y el deseable bachah imberbe son personajes cercanos, pero no pertenecen a la misma categoría. La constitución de la primera, inicialmente entre los habitantes urbanos del mundo occidental, fue el resultado de profundos cambios en el matrimonio y las relaciones de género, en las actividades económicas de las familias y las sociedades en general, y en los sistemas educativos oficiales, lo que condujo a la formación de una constelación de discursos sobre los derechos humanos y de los niños que culminó en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño de 1989, de la que Afganistán es signatario. El bachah imberbe, por otro lado, es el legado vivo de un antiguo acuerdo social y sexual entre varones en las culturas islámicas (y más allá). Por lo tanto, caracterizar las relaciones transgeneracionales entre varones como "pedofilia culturalmente sancionada" o una "tragedia afgana" muestra no sólo anacronismo y falta de historicidad, sino también etnocentrismo y pensamiento orientalista. Tales caracterizaciones han surgido de la colisión de los dos regímenes de conocimiento antes mencionados, con su conjunto superpuesto pero distinto de historias, valores, normas, ética y estética, dando lugar a la formación de diferentes sujetos. Si bien los derechos humanos de los niños pequeños deben protegerse, las recientes tensiones culturales y las protestas sociales que surgen en torno a la práctica del bachah-bazi en Afganistán también se deben a la inconmensurabilidad de éstas dos percepciones de la identidad. Una breve alusión al sistema de justicia otomano puede resultar reveladora para nuestras discusiones. Es su estudio sobre temas de género y sexuales en los registros legales del Imperio Otomano de los siglos XVI y XVII, Leslie Peirce muestra cómo se utilizaban diversos términos para corresponder a las diferentes etapas del ciclo vital de un individuo. Es importante destacar que, para reconocer las múltiples etapas transitorias desde la infancia masculina hasta la edad adulta, el discurso jurídico otomano contaba con términos distintivos para diversas personas, incluyendo al varón púber (oglan), el objeto sexual imberbe de otros hombres (emred), el joven sexualmente maduro (ergen), el joven socialmente disruptivo y sexualmente depredador (levend), el hombre recién casado (bennak) y el hombre adulto o cabeza de familia casado y socialmente maduro (er). Peirce sugiere que éste vocabulario múltiple reflejaba tanto la insignificancia de la edad para el sistema judicial otomano como las características ambivalentes de la etapa entre la infancia y la adultez masculina. La condición de bachah en Afganistán se encuentra quizás en un estado liminal similar, ubicado incómodamente entre los dos polos de la infancia y la adultez. Los bachah no son niños, pero tampoco adultos, ya que es afectivamente agradable socializar con ellos como sujetos deseables. Como recuerda Victor Turner: "los atributos de la liminalidad (…) son necesariamente ambiguos, ya que ésta condición y éstas personas eluden o se cuelan en la red de clasificación que normalmente ubica estados y posiciones en el espacio cultural". En otras palabras, la categoría de "niño" marcada por la edad, no puede abarcar la elusiva y escurridiza categoría de bachah, ya que la liminalidad de éste último siempre escapa a la determinación de la primera. Sin embargo, tanto al "lograr el cumplimiento de las normas internacionales" como al "proteger los derechos de los niños", el anterior Estado afgano parece haber ejercido una violencia epistémica sobre la categoría de "bachah", reconfigurando así la realidad social a su propia imagen. Conclusión: de la pareja sociosexual al niño maltratado. Éste artículo ha demostrado que, en épocas anteriores, diversas modalidades de relaciones entre hombres mayores y hombres jóvenes eran comunes en la sociedad y la cultura afganas. Éstas relaciones se formaron exclusivamente en torno a la sexualidad, sino también en otros nodos sociales, como la pedagogía (entre maestros sufíes y sus discípulos, por ejemplo); el aprendizaje (entre barberos, sastres, carniceros, etc.); la alianza (en particular, en la corte de Abdur Rahman Khan); el mecenazgo (entre los uzbekos que vivían en el norte, por ejemplo); y la asociación y colaboración (entre bailarines-bachahs y músicos, entre muchos otros). Parece que no existía una línea divisoria rígida entre la homosocialidad y el deseo/homosexualidad entre personas del mismo sexo. Si bien éstos acuerdos no han desaparecido del Afganistán actual, han desaparecido de la vista pública en los últimos tiempos, especialmente en Kabul, donde la presencia del Estado se siente de forma más concreta y una creciente población urbana y educada ha dado lugar a nuevas formas de pensar sobre "quién es un niño" y "qué constituye una amistad adecuada entre hombres": "En términos más generales, éste debate ha revelado que la figura del hombre imberbe se ha convertido en un tema constitutivo de un campo discursivo en el que un conjunto de categorías binarias (y, a veces, opuestas) –Afganistán/Occidente, bárbaro/civilizado, obsceno/decente, señor de la guerra/estadista, inculto/élite, rural/urbano, criminal/legal y bachah/niño- se ha negociado y materializado constantemente. Desde la escalada de violencia armada en la década de 1980, la cultura del militarismo se ha convertido en el principal escenario a través del cual se concibió la tradición bachah-bazi, y la sexualidad abusiva se considera cada vez más el eje central de las relaciones entre hombres y bachah. Mientras que los dictadores rurales "incivilizados" eran imaginados cometiendo el acto "obsceno y criminal" del bachah-bazi, la creciente población de la élite urbana y los estadistas educados representaban la voz de los "derechos humanos internacionales", que se oponían a tales "prácticas obsoletas". Tanto las políticas como la legislación talibán y la de Ghani pusieron aún más en primer plano la sexualidad de los adolescentes varones, convirtiendo los espacios homosociales con adolescentes guapos e imberbes presentes en reuniones sospechosas y problemáticas. Éstos acontecimientos se produjeron en el contexto de una guerra persistente en medio de rivalidades políticas nacionales y bajo la mirada occidental. En éste contexto politizado y moralista, discutir el contenido, la ética y la estética de las relaciones entre hombres mayores y jóvenes a menudo parecía irrelevante, por no decir apologético, ante lo que se conoce ampliamente como la "violación de los derechos del niño". Aun así, la categoría de bachah es una parte esencial del tejido de la cultura y la sociedad afganas, y cualquier comprensión del mundo del género y la (homo)sexualidad en Afganistán es incompleta sin considerar ésta figura y sus implicaciones más amplias" (Abdi, pp. 177, 178).

Maya F. ©

El crimen organizado asiático.

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El informe GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX (2025) ubica que Afganistán sigue siendo un importante país de origen para la trata de personas. Ciudadanos afganos, especialmente niños, son víctimas de trata a países vecinos como Pakistán e Irán para trabajos forzados y explotación sexual. A nivel nacional, la trata está muy extendida, y las víctimas son sometidas a trabajados forzados, explotación sexual y otros abusos. Entre los grupos vulnerables se encuentran las mujeres, los niños, las minorías étnicas y religiosas y las personas LGBTQI+. La prolongada inestabilidad del país, las altas tasas de pobreza y la falta de oportunidades económicas contribuyen a la explotación generalizada. Los informes indican que los niños se ven obligados a trabajar en sectores como el tejido de alfombras, la minería, el tráfico de drogas y el cultivo de amapola. La práctica del bachah bazi (explotación sexual de niños) persiste, y los niños siguen siendo reclutados ilegalmente por grupos armados. Las políticas talibanes, en particular las restricciones a la educación y el empleo femenino, han aumentado aún más la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a la trata. El tráfico de personas está muy extendido en Afganistán, impulsado por la pobreza, el desplazamiento y la incertidumbre política. El control talibán sobre rutas clave de narcotráfico ha facilitado el comercio, con ciudadanos afganos que buscan pasar a Irán, Pakistán y otros países. Las redes de tráfico que operan en Afganistán se extienden hasta Turquía y Europa, y algunos informes sugieren que grupos afiliados al Talibán participan en la gestión de operaciones en Serbia. Quienes intentan huir de las precarias condiciones se enfrentan a grandes riesgos, como la explotación, accidentes mortales y la participación en otros mercados ilícitos, como el tráfico de drogas y armas. La continua deportación de refugiados afganos de Pakistán e Irán ha intensificado aún más la demanda de servicios de tráfico. La extorsión y el chantaje para obtener protección son frecuentes en Afganistán y éste mercado ilícito constituye una importante fuente de ingresos para los grupos criminales. Los talibanes han empleado durante mucho tiempo tácticas de extorsión, como la imposición de impuestos a empresas, ONG y donantes internacionales, para financiar sus operaciones. Desde su regreso al poder en 2021, éstas prácticas se han formalizado e incorporado a los sistemas tributarios existentes y a los de reciente creación. No obstante, las empresas, los sectores comerciales legales y las personas siguen siendo vulnerables a la extorsión por parte de antiguos caudillos y otros actores poderosos que buscan obtener beneficios económicos. Éstas prácticas siguen socavando la frágil economía de Afganistán y contribuyen a la persistente inestabilidad. Afganistán ha servido durante mucho tiempo como centro del tráfico de armas, con redes criminales, actores estatales y grupos terroristas profundamente involucrados en éste comercio. Las vastas y porosas fronteras del país y su historial de almacenamiento de armas lo convierten en una fuente y punto de tránsito de armas ilícitas. Las rutas de contrabando atraviesan provincias clave como Nangarhar y Nimroz, extendiéndose hasta Pakistán e Irán. Se trafica con una amplia gama de armas, desde rifles de asalto hasta equipo militar. Aunque los talibanes han anunciado esfuerzos para frenar el tráfico de armas, incluyendo confiscaciones y condenas públicas, se informa que algunos elementos dentro del grupo aún se dedican a la venta de armas. Armas de conflictos pasados y arsenales antiguos continúan cruzando fronteras, y algunas llegan a grupos militantes. El comercio de productos falsificados está bien establecido, y Afganistán funciona como destino y centro de tránsito para productos farmacéuticos, alimenticios, ropa y artículos electrónicos falsificados. Grupos criminales y redes mafiosas están activos en éste mercado, a menudo abasteciéndose de éstos productos desde China y Pakistán. La corrupción y la debilidad de los marcos regulatorios facilitan éste comercio, lo que plantea graves riesgos financieros y para la salud pública. Los talibanes han tomado medidas para frenar las importaciones mediante incautaciones periódicas, en particular de suministros médicos de baja calidad procedentes de Pakistán, pero la aplicación de las leyes es inconsistente. El comercio ilícito de bienes de consumo sujetos a impuestos especiales, en particular el tabaco, está muy extendido en Afganistán, que sirve como destino principal y punto clave de distribución para el contrabando de cigarrillos. La demanda local de tabaco ilícito es alta, y estimaciones anecdóticas indican que la mayoría de los cigarrillos que se consumen en el país son ilegales. Éstos productos se trafican principalmente a través de Pakistán e Irán y luego se envían a mercados de Asia Central. La frontera de Torkham, cerca de Nangarhar, es un centro clave para operaciones a pequeña escala, en las que a menudo participan niños que transportan tabaco, productos electrónicos y otros artículos sujetos a impuestos especiales. Las tensiones entre los talibanes y Pakistán han interrumpido los flujos comerciales, lo que ha provocado un desplazamiento del comercio ilícito hacia Irán y Asia Central. El tráfico de heroína ha dominado históricamente la economía ilícita de Afganistán, siendo la producción de opio una fuente clave de ingresos para el crimen organizado. La prohibición del cultivo de opio impuesta por los talibanes en 2022 provocó una disminución del 95% en el cultivo de amapola. Sin embargo, las reservas de opio existentes sugieren que la actividad de tráfico continua. Éstas medidas de control han elevado los precios de la heroína, beneficiando a quienes tienen acceso a ellas. Las redes de tráfico siguen activas, utilizando rutas establecidas a través de Pakistán, Irán y Turquía. Si bien las medidas de control han dado como resultado incautaciones a gran escala, la corrupción, la regulación inconsistente y la dependencia económica de los agricultores del cultivo de opio siguen socavando la implementación de políticas y la reducción del mercado a largo plazo. En cambio, el tráfico de heroína es prácticamente inexistente en Afganistán, sin evidencia significativa de un mercado interno. El comercio de cannabis es sólido, y Afganistán ha sido históricamente reconocido como importante productor de hachís. Aunque los talibanes han impuesto prohibiciones al cultivo de cannabis, la aplicación de la ley parece selectiva, especialmente en las provincias orientales. Las redes criminales involucradas en el comercio de hachís a menudo operan junto con los traficantes de heroína, utilizando rutas de contrabando similares. El comercio interno es elevado y la demanda externa continúa impulsando el cultivo a pesar de las prohibiciones oficiales. La producción de drogas sintéticas, especialmente metanfetamina, se han expandido en los últimos años. La fabricación basada en la planta de efedra ha crecido significativamente, con grandes incautaciones reportadas tanto en el mercado nacional como en el internacional. Si bien los talibanes prohibieron oficialmente la producción de metanfetamina en 2022, su prevalencia sugiere la continua participación de redes criminales. El tráfico de metanfetamina ahora se extiende más allá de la región, a Asia Occidental, Europa y el Sudeste Asiático, lo que pone de relieve el creciente alcance de éste mercado. Los delitos cibernéticos, como la piratería informática y los ataques con malware, han aumentado en Afganistán, dirigidos contra instituciones financieras y sistemas gubernamentales. La deficiente infraestructura de ciberseguridad y la limitada capacidad de aplicación de la ley siguen permitiendo que los actores criminales exploten éstas vulnerabilidades. Los delitos financieros, como la malversación de fondos y el fraude en las donaciones siguen socavando la economía de Afganistán. El control de los talibanes sobre las instituciones financieras ha intensificado el escrutinio de la ayuda internacional, en medio de informes sobre el desvío de fondos a través de ONG fraudulentas y el uso de tácticas coercitivas para redirigir la ayuda. La corrupción sigue profundamente arraigada, lo que agrava la inestabilidad financiera. El mercado de la falsificación de moneda también sigue activo, debilitando aún más la ya frágil economía del país. Además, la imposición de sanciones internacionales a los bancos afganos ha impulsado el auge de los canales financieros alternativos, como los acuerdos bancarios regionales y sistemas informales como la hawala. Sin bien éstos mecanismos ayudan a mantener el flujo de transacciones, también dificultan la supervisión de las actividades financieras y la aplicación de medidas contra los delitos financieros. Antes del regreso de los talibanes al poder en 2021, ciertas facciones dentro del grupo, junto con organizaciones criminales familiares y tribales, operaban en una estructura jerárquica similar a la de los grupos mafiosos. Desde la toma del poder, algunas se han integrado al gobierno talibán y ahora se clasifican como actores integrados en el Estado. Otras estructuras no talibanes siguen activas en mercados ilícitos como el narcotráfico y el contrabando de armas. Éstos grupos suelen mantener fuertes afiliaciones tribales, lo que les permite actuar con mínima interferencia. La competencia entre organizaciones criminales, incluidos los remanentes de antiguas milicias, también persiste, lo que contribuye a la violencia localizada y la inestabilidad. Afganistán también alberga redes criminales poco estructuradas que participan en diversas actividades ilícitas, como el narcotráfico, el tráfico de personas y la extorsión. Éstas redes operan frecuentemente bajo acuerdos informales con altos mandos talibanes que buscan recursos financieros, lo que genera solapamientos entre actores estatales y organizaciones criminales. Los vínculos transfronterizos facilitan aún más éstas operaciones, ya que las redes afganas colaboran con actores internacionales involucrados en el lavado de dinero, el tráfico de armas y el narcotráfico. Si bien los talibanes se han posicionado como una fuerza anticorrupción, siguen dependiendo de los mercados ilícitos para obtener apoyo financiero:  "Varias facciones talibanes, en particular comandantes locales y funcionarios ministeriales, han sido vinculadas a la delincuencia organizada. Los informes sugieren que personas anteriormente involucradas en el narcotráfico ahora ocupan cargos oficiales bajo la actual administración. Las divisiones internas y las presiones financieras dentro del gobierno han permitido a los funcionarios estatales explotar sus cargos para obtener beneficios personales. Los actores extranjeros, en particular del vecino Pakistán, desempeñan un papel importante y arraigado en el panorama criminal de Afganistán, operando con fluidez a través de la porosa frontera entre ambos países. Los profundos lazos culturales, la dinámica política histórica y la interdependencia económica han creado un entorno transfronterizo que facilita las actividades lícitas e ilícitas. Las redes criminales, especialmente las de la provincia pakistaní de Khyber Pakhtunkhwa, se aprovechan de la pobreza generalizada y la vulnerabilidad de las comunidades marginadas, incluidos los refugiados afganos. Éstos grupos utilizan diversos métodos de contrabando, como mensajeros a pie, animales de carga, camiones en los cruces transfronterizos oficiales y la ocultación a través del comercio textil, a la vez que recurren a la explotación de niños como transportistas de drogas. Mientras tanto, el papel de Afganistán como importante productor de opio sigue atrayendo a redes criminales internacionales, con actores de Asia Central y Pakistán profundamente involucrados en el tráfico de narcóticos afganos a los mercados globales. El sector privado afgano es predominantemente informal, y a menudo coexisten empresas legales y delictivas. Los informes sugieren que casi el 80% de la actividad económica del país se desarrolla al margen de las estructuras regulatorias formales, lo que dificulta evaluar el alcance total de la participación del sector privado en el crimen organizado. La crisis económica y las sanciones vigentes han restringido aún más la economía formal, obligando a muchas empresas a recurrir a actividades ilícitas como el blanqueo de capitales y servicios financieros informales como las redes hawala. Además, la participación del Estado en el sector privado dificulta la distinción entre actores estatales y privados" (GLOBAL ORGANIZE CRIME INDEX, pp. 55, 56). El informe GLOBAL ORGANIZED CRIME INDEX (2021) señala que en Pakistán la trata de personas es un problema importante y se da principalmente en forma de trabajo forzoso, explotación sexual y mendicidad forzada, aunque también se sabe que existe tráfico de órganos. El trabajo forzoso es frecuente en los sectores agrícola, de la construcción, pesquero y textil. Si bien la mayoría de los casos de trata de personas son internos, también se ha visto a pakistaníes siendo víctimas de trata en el extranjero y sometidos a trabajo forzoso en Oriente Medio y Europa. Mujeres y niñas pakistaníes también han sido víctimas de la trata para matrimonios forzados en China, y niños pakistaníes han sido víctimas de la práctica de explotación sexual conocida como bachah bazi, tanto en el país como en Europa. Los niños también son explotados en el trabajo doméstico, como sirvientes, en minas y en el tráfico de drogas. Los refugiados, los desplazados internos, los migrantes y las minorías marginadas en Pakistán son particularmente vulnerables a la trata de personas, y las víctimas son, en gran medida, blanco de la publicidad engañosa o la ejecución de deudas. El mercado de tráfico de personas en Pakistán también está en auge, ya que muchos pakistaníes recurren a los servicios de traficantes para viajar a países occidentales. Además, refugiados de otros países del sur y sudeste asiático, principalmente de estados vecinos, han sido introducidos ilegalmente a través de Pakistán y posteriormente a otros países. Éste mercado se ve facilitado en gran medida por funcionarios gubernamentales corruptos. El tráfico de personas es particularmente frecuente en la provincia de Baluchistán, impulsando la economía y, para algunas aldeas, representando la mayor fuente de ingresos. La mayoría de los casos de tráfico de personas, tanto dentro como fuera de Pakistán, ocurren a lo largo de las fronteras de Baluchistán. Sin embargo, también se han introducido personas por rutas marítimas hacia países vecinos. Las personas objeto de tráfico son particularmente vulnerables durante sus viajes, especialmente a través de Baluchistán, donde muchas han sido víctimas de violencia y explotación. El tráfico de armas es un problema grave en Pakistán. Las armas ilícitas están ampliamente disponibles y a menudo se trafican desde Pakistán a países vecinos. Más de tres cuartas partes de armas de propiedad privada en Pakistán no están registradas. La falta de transparencia en torno a las exportaciones legales de armas también sugiere la existencia de actividades ilícitas. Uno de los centros de armas más importantes del país se encuentra en Darra Adam Khel, donde se producen armas de baja calidad para diversos fines, lo que facilita el acceso a los delincuentes. Las armas producidas en Darra Adam Khel también se han utilizado en casos de terrorismo. Por otro lado, en Peshawar se producen armas de alta calidad, destinadas tanto al mercado nacional como al extranjero. Sin embargo, los grupos insurgentes suelen adquirir armas en los campos de batalla o comprar armas ilícitas a las fuerzas estatales o a traficantes de armas. En general, la proliferación de armas ha provocado un aumento de la violencia por parte de grupos delictivos organizados, insurgentes y extremistas violentos en todo Pakistán. Debido a los crecientes esfuerzos para contener la militancia interna y el crimen organizado en los últimos años, el mercado de tráfico de armas en Pakistán parece estar en declive. A pesar de ello, el mercado sigue representado una amenaza significativa para la estabilidad del país. El tráfico de cannabis y heroína prospera en Pakistán. El consumo de cannabis está muy extendido, especialmente en Karachi, donde se cree que se encuentra la segunda tasa más alta de consumo de cannabis a nivel mundial. En algunas zonas de Pakistán, el cannabis también se utiliza con fines medicinales o se administra a animales como golosinas. Pakistán tiene una de las tasas de incautación de cannabis más altas del mundo. La producción de cannabis se concentra principalmente en Khyber Pakhtunkhwa, abasteciendo tanto a los mercados nacionales como a los del suroeste de Asia y Oriente Medio. El cannabis procedente de países vecinos también se trafica a través de Pakistán hacia Oriente Medio. Dado que muchos grupos armados dependen del comercio de cannabis para obtener ingresos, los campos de cannabis han sido atacados e incendiados en operaciones de contrainsurgencia. La heroína que se trafica a Pakistán desde el vecino Afganistán se dirige principalmente al sur de Asia, así como a África Oriental o Meridional. Casi la mitad de la heroína producida en Afganistán transita por Pakistán. En consecuencia, el fácil acceso a la heroína ha provocado un aumento en las tasas de adicción. Grupos mafiosos y redes criminales, con sede principalmente en Karachi, están fuertemente involucrados en el tráfico de heroína y cooperan con grupos insurgentes como los talibanes. Funcionarios gubernamentales corruptos también facilitan el tráfico de heroína, lo que permite que grupos mafiosos que contribuyen a objetivos de política nacional e internacional se dediquen libremente al comercio. Sin embargo, la represión gubernamental contra la militancia nacional y el crimen organizado en los últimos años ha provocado la contracción del mercado. El tráfico de drogas sintéticas en Pakistán también está en expansión, y el consumo de metanfetamina, en particular, se está volviendo popular entre los jóvenes. La metanfetamina se trafica a Pakistán desde países vecinos y, en menor medida, desde el sudeste asiático. Las tabletas K también se producen en Pakistán y se trafican a países vecinos. Al igual que el tráfico de heroína, el tráfico de drogas sintéticas está controlado principalmente por grupos mafiosos. Sin embargo, el comercio de cocaína en Pakistán es negligente y, debido a sus altos precios, la droga sólo la consume la élite. No obstante, los traficantes de heroína venden cocaína de forma paralela. Tanto los grupos mafiosos como las redes criminales participan en diversas formas de delincuencia organizada en Pakistán, como el tráfico de heroína, la minería ilegal, la tala ilegal y el tráfico de personas. Los grupos mafiosos más conocidos son el Comité Aman del Pueblo, la Compañía D y la organización de lavado de dinero de Altaf Khanani. Grupos terroristas designados, como los talibanes, también se dedican a la delincuencia como fuente de ingresos. La afiliación a grupos mafiosos es alta, especialmente en regiones como Khyber Pakhtunklwa, Baluchistán y Karachi, y muchos grupos están vinculados a funcionarios gubernamentales o partidos políticos corruptos. Por lo tanto, las fronteras entre grupos mafiosos, grupos terroristas y partidos políticos suelen ser difusas. Por ello, los grupos mafiosos ejercen un poder significativo sobre el proceso democrático y también influyen en el sistema penitenciario. Debido a ésta influencia, existen zonas controladas por pandillas donde la policía no puede entrar. Tanto los grupos mafiosos como las redes criminales participan en actividades como el crimen organizado, la extorsión y el secuestro. Éstas últimas están extendidas por todo el país, son clave para debilitar el sistema de gobierno formal, ya que mantienen estrechos vínculos con diferentes estructuras estatales: organismos policiales, departamentos locales de aduanas e impuestos, etc. Funcionarios gubernamentales corruptos cooperan tanto con grupos mafiosos como con redes criminales que contribuyen a las ambiciones de política interna o externa del país, incluyendo la represión de la insurgencia de Baluchistán o la oposición a la India. Por ello, actores con influencia estatal participan en diversos mercados delictivos. Los delincuentes locales también cooperan con delincuentes extranjeros en mercados delictivos transnacionales como el tráfico de heroína o la trata de personas: "Las bandas criminales chinas son particularmente activas en la trata de personas en Pakistán, y se cree que los insurgentes baluchís tienen múltiples vínculos transnacionales. Además, los narcotraficantes afganos e iraníes desempeñan un papel considerable en los mercados nacionales de drogas, tanto minoristas como mayoristas y de exportación. Sin embargo, los actores extranjeros ejercen una influencia moderada sobre la actividad delictiva organizada en Pakistán. El gobierno pakistaní exhibe fuertes tendencias autoritarias. Los limitados esfuerzos para responder al crimen organizado son en gran medida superficiales y están impulsados por objetivos políticos. En particular, el gobierno pakistaní muestra tolerancia hacia los grupos antiindios que se alinean con sus objetivos de política exterior. Además, el sector judicial y de seguridad son en gran medida corruptos y carecen de independencia política debido a la influencia militar. El fracaso de las medidas anticorrupción genera altos índices de impunidad, y las acusaciones anticorrupción a menudo son meros ataques políticos, lo que obstaculiza tanto el estado de derecho como la democracia. La oposición al gobierno, especialmente en Baluchistán y Cachemira, también obstaculiza el derecho y aumenta los índices de violencia. Por ello, Pakistán es uno de los estados más frágiles y corruptos del mundo. Sin embargo, el gobierno es bastante transparente y el acceso a la información está garantizado… El Estado de derecho en Pakistán es extremadamente débil. La corrupción y la impunidad proliferan, y la confianza pública en los sistemas judicial y policial es escasa. Además, las investigaciones penales carecen de financiación adecuada. El sistema penitenciario también sufre de hacinamiento, falta de personal y falta de atención médica, y se basa más en un enfoque punitivo que rehabilitador, como lo demuestra la participación de funcionarios penitenciarios en las palizas físicas y la tortura mental de los presos. Los grupos mafiosos también ejercen una influencia significativa en el sistema penitenciario, lo que convierte la radicalización y el reclutamiento de terroristas en problemas importantes" (GLOBAL ORGANIZE CRIME INDEX, pp. 44, 45).

Maya F. ©

Pakistaníes en Norteamérica. 

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Los ismaelitas constituyen la segunda comunidad musulmana chiíta más grande, y los nizaríes representan la rama principal de los ismaelitas. Apenas suman 20 millones de fieles (frente a los 2 mil millones de musulmanes, de los que un 12% son chiíes y el resto suníes), pero están repartidos por Asia, Oriente Medio, África, Europa y Norteamérica. Las principales congregaciones se hallan en la India, Pakistán, Afganistán e Irán, debido a que emigraron hacia el este ante la oposición que encontraron en Arabia a que su líder dirigiera a todos los musulmanes. También hay pequeñas comunidades ismaelíes en Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudí, Yemen y otras regiones de Asia Central (Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán, Turkmenistán y Uzbekistán), y una comunidad numerosa en África oriental, a donde llegaron desde India en el siglo XIX como mano de obra del Imperio Británico para construir el ferrocarril: Kenia, Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, Etiopia, Eritrea, Somalia, Sudán, Madagascar, etc. Más recientemente han emigrado a Europa, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Australia. W. C. Bartlett en "Los asesinos" (CRÍTICA, 2006) ubica que la etimología de la palabra asesino se encontró en la raíz hashshahins "fumador de hachís" gracias al trabajo de un historiador de los cismas del islam del siglo XIX, el barón Antoine Isacc Silvestre de Sacy. En una presentación que realizó tras la publicación de un artículo en 1818, vinculó a los nizaríes con diversas crónicas sirias del siglo XII. En uno de sus ejemplos comentaba una crónica del historiador árabe Abu Shama, que en un pasaje describe un intento fracasado de los nizaríes de acabar con la vida de Saladino: "así que en ésta ocasión Dios salvó la vida del sultán de las dagas de al-Hashishiyya". Los cronistas occidentales conocieron el término bastante pronto. Guillermo de Tiro escribió que "tanto nuestra gente como sarracenos los llaman "assassini", desconocemos el origen de la palabra". No tardó en generalizarse el uso del término en el habla cotidiana de la Europa occidental. Por ejemplo, en su famosa obra, La divina comedia, Dante Alighieri se refiere a un "traicionero asesino". En la misma época, otro autor italiano, el florentino Giovanni Milani, habla de los "assassini" del gobernador de Lucca. Había indicios, sin embargo, que dejaban entrever una explicación más sutil del origen del término hashishiyya. De manera oblicua, el propio Sacy se refería a ellos al citar al cronista árabe Maqrizi cuando decía "hubo un tiempo en el que sólo las personas de la clase más baja lo comían (el hachís); e incluso ellos detestaban que los llamaran por un nombre derivado de la droga". Por tanto, Maqrizi insinúa que la apelación de consumidor de drogas era un insulto, e implicaba que quienes utilizaban estimulantes como el hachís eran miembros de la casta más baja imaginable. El islam imponía rígidas restricciones a la conducta de los musulmanes. La observancia de los preceptos de la religión exigía, por ejemplo, el hábito estricto de orar cinco veces al día. El consumo de drogas afectaría de forma adversa a la disciplina de los individuos, y su incapacidad para satisfacer los requisitos de la religión pondría en serio peligro su bienestar espiritual. En consecuencia, el uso de drogas no podía promoverse ni aprobarse. El término hashishiyyin equivalía a llamar a los nizaríes "chusma de clase baja". El Agá Kan I llegó a un acuerdo con los británicos, ayudándoles en la retirada de Kandahar en 1842, y en campañas posteriores en Sindh. El Agá Kan III fue aliado de los británicos en la Primera Guerra Mundial, amigo de la Reina Victoria y Eduardo VII. El Agá Kan IV fue amigo de Juan Carlos Bourbon, la infanta Cristina, Felipe VI, Máxima de Holanda, Isabel II del Reino Unido y el ex ministro Justin Trudeau. Laraib Niaz & Sidla Nasir en "La diáspora pakistaní en Reino Unido" (CIMRAD, 2018) ubica que el Reino Unido alberga la mayor población migrante pakistaní de Europa. La diáspora pakistaní constituye la segunda minoría étnica más numerosa que reside en el Reino Unido, después de los indios británicos (ONS, 2011). Según el censo de 2011, había un total de 1.174.983 personas de ascendencia pakistaní en el Reino Unido, una cifra que ha aumentado desde tan sólo 5.000 en 1951. La proporción de población nacida en Pakistán con nacionalidad británica rondaba el 69% del total (ONS, 2011). El rápido crecimiento de la diáspora británica del sur de Asia puede verse inextricablemente como una manifestación del colonialismo. La inmigración laboral no era un fenómeno nuevo, ya que había comenzado incluso antes de la independencia de Pakistán, pero la migración posterior a la partición requirió una postura más abierta por parte de los gobiernos de ambos países (Ballard, 2002). Inicialmente, los migrantes del subcontinente antes de su partición en 1947, que llegaban a Gran Bretaña, se remontaban a hace 300 años, durante el siglo XVIII, debido a la demanda de mano de obra barata por parte de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Los trabajadores reclutados eran principalmente marineros, y los primeros migrantes residían en ciudades portuarias (Ballard, 2002). La migración anterior a la partición era de naturaleza temporal, y los viajeros regresaban a su país de origen después de completar sus trabajos (Visram, 2002). Los flujos migratorios desde Pakistán después de la independencia en 1947 fueron diferentes debido a su carácter más permanente. De 5000 en 1951, la población aumentó a 24.900 en 1961, tras lo cual la cifra se elevó drásticamente a 119.700 en 1966 (Chartterji y Washbrook, 2013). Ésto marcó el final de la primera fase de la migración al Reino Unido, desencadenada por el auge económico de la posguerra y las pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial. Gran Bretaña se enfrentó a la escasez de mano de obra, principalmente en sectores intensivos como la industria textil, con condiciones laborales inherentemente deficientes. La mayoría de éstos migrantes de primera generación trabajaron como obreros de fábricas, ahorrando la mayor parte de sus salarios para establecer sus propios negocios y comprar propiedades (Werbner, 2004). La mayoría de éstos negocios dependían de una mano de obra rentable, en la mayoría de los casos, miembros de la familia. La afluencia de un gran número de migrantes a partir de 1954, que incluía no sólo migrantes del sur de Asia, sino también de las Indias Occidentales y otros estados poscoloniales, así como la serie de disturbios con tintes raciales en Notting Hill, Londres, animó al gobierno a considerar la imposición de controles migratorios. La Ley de Inmigración de la Commonwealth de 1962 fue el primer intento del gobierno británico por controlar la inmigración de titulares de pasaportes, exigiendo a los futuros inmigrantes que solicitaran vales de trabajo. Éstos avances reforzaron el patrón de inmigración en cadena, en el que quienes ya se habían establecido invitaban a sus familiares al Reino Unido. La Ley de Inmigración de la Commonwealth de 1968 impuso restricciones a los futuros derechos de entrada de los ciudadanos a quienes tuvieran al menos un padre o un abuelo nacido en el Reino Unido o a quienes ellos mismos hubieran nacido en el Reino Unido (Ballard, 2002). Inicialmente, la mayoría de los migrantes de primera generación viajaron a Gran Bretaña con la intención de regresar después de un tiempo. Sin embargo, gracias a los controles migratorios, la migración se volvió más permanente y orientada a la familia, habiéndose desestimado por completo el mito del retorno (Abbas, 2011). La Ley de Inmigración de la Commonwealth de 1971 impuso mayores controles y la inmigración primaria de ciudadanos pakistaníes prácticamente se paralizó. Sólo se permitió la entrada a solicitantes de asilo, titulares de vales especiales y quienes deseaban entrar a la reunificación familiar (Layton-Henry, 1992). Un patrón cíclico caracterizó la siguiente ola migratoria al Reino Unido. Los migrantes pakistaníes continuaron mudándose a Gran Bretaña para contraer matrimonio o con visas de estudiante o de trabajo, las cuales requieren que las personas sean profesionales altamente cualificados en campos profesionales (Samad, 2012). La comunidad de la diáspora pakistaní en general aumentó de 747.285 en 2001 a 1.174.983 en 2011 (ONS, 2011). Éstos datos incorporan no sólo a los migrantes de primera generación, sino también a sus contrapartes de segunda y tercera generación. Sin embargo, son los pakistaníes nacidos en el Reino Unido quienes representan más de la mitad del crecimiento de la población pakistaní desde 1991. El censo de 2001 reveló que el 86% de los pakistaníes de 0 a 14 años nacieron en el Reino Unido y, entre 2001 y 2011, la población total nacida en Pakistán aumentó de 308.000 a 482.000. (The Change Institute, 2009). Si bien un porcentaje considerable de la población (alrededor del 30%) llegó antes de 1981 y antes de los controles migratorios más estrictos, el mayor porcentaje de llegadas (alrededor del 40%) se registró entre 2001 y 2011. Ésto resulta sorprendente considerando el aumento de los controles migratorios, que idealmente deberían haber disminuido el porcentaje de llegadas. Según el censo, ésto puede deberse en parte a la inclusión de estudiantes residentes en los datos del censo (ONS, 2013). Pakistán se encuentra entre los diez principales países emisores de estudiantes no pertenecientes a la UE, con una cifra de 7185 y 6665 estudiantes pakistaníes en 2012-2013 y 2013-2014, respectivamente (UKCISA, 2015). Sin embargo, la población estudiantil no es lo suficientemente grande como para explicar el aumento significativo del porcentaje de llegadas. La migración familiar dentro de la comunidad pakistaní también puede explicar en parte el aumento de la inmigración. Según una investigación del Ministerio del Interior, de los inmigrantes que llegaron en 2004, los pakistaníes formaron el segundo grupo más grande después de los indios que se habían establecido en 2009, donde el 60% de ellos habían llegado a través de una ruta migratoria relacionada con la familia. Ésto contrasta marcadamente con la cifra correspondiente del 23% para los indios (ONS, 2011). La migración por rutas familiares, en cierta medida, explica el drástico aumento del número de inmigrantes pakistaníes inmediatamente antes de las leyes de inmigración. Es posible que un mayor número de pakistaníes sintiera la necesidad de migrar debido a la precaria situación de seguridad en el país. La migración al Reino Unido desde países no pertenecientes a la UE, que ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, ha suscitado numerosos debates sobre el multiculturalismo. Dado que una cohorte de migrantes muy diversa reside en el Reino Unido, el país ha adoptado una política de relaciones raciales para promover el multiculturalismo, la igualdad y la tolerancia (Favell, 2001). Sin embargo, a partir de los disturbios de 2001 y los atentados de 2005, el gobierno ha ido cambiando su postura respecto al multiculturalismo, con la esperanza de mejorar la cohesión social reduciendo la segregación en las comunidades. Los pakistaníes constituyen el segundo grupo más numeroso después de los bangladesíes, con los niveles más altos de pobreza económica, del 55% (ONS, 2014). El censo de 2011 indicó que el 49% de los británicos pakistaníes estaban empleados, el 9% estaban desempleados y el 42% estaban clasificados como económicamente inactivos. En contraste, éstas cifras son inferiores a las relativamente mejores de la India. Además, persisten las diferencias en el nivel de vida dentro de la propia comunidad pakistaní. Las posibles razones son diversas y, en cierta medida, las explicaciones se remontan al pasado: "Los migrantes del valle rural de Mirpur, en Azad Cachemira, que a menudo trabajaban en el sector textil del norte de Inglaterra o de las Midlands Occidentales, se vieron afectados negativamente por su declive. Además, éstos migrantes aceptaron empleos mal remunerados, lo que obligó a familias enteras a migrar y unirse a ellos en éstos sectores de la mano de obra intensiva. Un análisis más detallado revela tres factores impactantes que afectan los aspectos económicos de la diáspora actual: su distribución geográfica, sus características y el papel de la mujer en la fuerza laboral. Las características económicas y las disparidades entre los británicos pakistaníes podrían verse reforzadas por la división norte-sur. Quienes residen en Londres y el sudeste del Reino Unido mantienen niveles educativos más altos y gozan de mayor movilidad social, mientras que la población pakistaní del oeste de Midlands y el norte de Inglaterra ha sufrido una transición hacia el sector servicios y un declive en el sector manufacturero (Samad, 2012). Samad (2012) descubrió que la mayoría de los profesionales pakistaníes de clase media, incluyendo profesionales de la salud, científicos, trabajadores de los sectores de TI y financieros y empresarios, se concentran en Londres. Las comunidades pakistaníes, en particular los cachemires concentrados en Birmingham, Oldham y las ciudades cercanas del norte, resultaron ser económicamente menos pudientes que las demás minorías étnicas pakistaníes. Por lo tanto, el bienestar económico podría depender del lugar de asentamiento de la diáspora. Por ejemplo, en Humber, West Midlands y Yorkshire, menos de la mitad de los bangladesíes y pakistaníes tenían empleo. En general, en términos de empleabilidad para la diáspora pakistaní, las estadísticas presentan un panorama desalentador. El éxito económico de las diásporas también se ve inevitablemente influenciado por las características ocupacionales. Por ejemplo, de quienes estaban empleados, el 57% de los hombres de origen pakistaní se dedicaban a trabajos poco cualificados. Constituían la mayor proporción en ésta categoría, seguidos por los africanos negros (54%) y los hombres bangladesíes (53%). La cifra era ligeramente superior para las mujeres, alrededor del 61% (ONS, 2014)" (Niaz & Nasir, pp. 54, 55). Naimal Fatima en "La diáspora pakistaní en Norteamérica" (CIMRAD, 2018) ubica que los pakistaníes se concentran en Nueva York, Houston y Chicago, seguidos del norte y el sur de California. Mientras que en Canadá se concentran principalmente en Toronto, Quebec, Alberta y Ontario. Los pakistaníes constituyen el segundo grupo de inmigrantes asiáticos de más rápido crecimiento en Estados Unidos. La tipología de la diáspora pakistaní en Norteamérica se compone principalmente de migraciones laborales, trabajadores de alto nivel, redes comerciales, nacionalistas de larga distancia y productores culturales. La inmigración desde Pakistán comenzó cuando el gobierno estadounidense levantó las restricciones vigentes y derogó las cuotas impuestas por la Ley de Inmigración de 1917 y el fallo de la Corte Suprema de 1923. De hecho, en términos reales, los flujos migratorios de Pakistán a Estados Unidos comenzaron tras la firma de la Luce-Celler Bill por el presidente Truman en 1946. Más importante, aún ésta ley fue respaldada por la Ley de Inmigración y Naturalización de 1965, que eliminó las cuotas de inmigración por país específico e introdujo la inmigración basada en la experiencia profesional y la educación. Éstas leyes cambiaron las características de la inmigración pakistaní a Estados Unidos y las cifras aumentaron de 673 personas al año en la década de 1960 a aproximadamente 1528 inmigrantes al año en la década de 1970. Debido a éste aumento, los pakistaníes comenzaron a identificarse como una entidad separada, como parte de la comunidad musulmana, en lugar de ser un subconjunto de la diáspora del sur de Asia. Durante las décadas de 1980 y 1990, Estados Unidos permitió la inmigración de trabajadores agrícolas y anunció el sistema de tarjetas verdes, bajo el cual las visas se otorgaban bajo un sistema de lotería. Muchos llegaron como trabajadores agrícolas y, como resultado, para la década de 1980, se admitieron alrededor de 4265 inmigrantes de origen pakistaní, cifra que para la década de 1990 aumentó a 9729. La mayoría de los pakistaníes que migraban en ése momento provenían de Punjab (50%) y Khyber Pakhtunkhwa, mientras que sólo un pequeño número provenía de Sindh y Baluchistán. Quienes migraron fueron generalmente profesionales de alto nivel, como médicos, ingenieros, técnicos de TI y científicos que se trasladaron directamente debido a la creciente demanda de sus profesiones en Estados Unidos, o como estudiantes que se quedaron tras obtener su titulación. Junto con éstos profesionales, llegaron familias con menor nivel educativo que cumplían los requisitos para obtener una visa de inmigración preferencial para familiares o a través del sistema de lotería de visas. El sistema atrajo a solicitantes de todos los estratos socioeconómicos y educativos, ya que no exigía requisitos previos, salvo doce años de educación y experiencia laboral en una profesión que requería dos años de formación. Como resultado, incluso aquellos con menos cualificación o semicalificación migraron y encontraron empleo en pequeños negocios como tiendas minoristas, gasolineras, servicios de taxi, etc. En consecuencia, para el año 2000, el número de pakistaníes en Estados Unidos aumentó considerablemente a 209.273, aunque como porcentaje de la población total seguía siendo minúsculo. De ésta cifra, alrededor del 24,5% de los pakistaníes nacieron en Estados Unidos y alrededor del 44,8% vivían en el país, pero no tenían la ciudadanía. El número exacto de pakistaníes que residen en Estados Unidos en los últimos años ha sido difícil de predecir, ya que diversas fuentes ofrecen estimaciones diferentes. Según la Embajada de Pakistán en Washington, había alrededor de 700.000 pakistaníes, mientras que Burki (2013) estimó que eran 850.000 en 2012-2013. Los datos del Instituto de Política Migratoria revelaron que había 453.000 pakistaníes en Estados Unidos en 2013-2014. Algunos analistas como Najam (2006) y Nimer (2002) han estimado que, a lo largo de los años, los pakistaníes representan un promedio del 15% de la población musulmana total. Según sus estimaciones, se puede deducir que, de un total de 6,2 millones de musulmanes en Estados Unidos, había alrededor de 0,93 millones de pakistaníes en 2014-2015. Por lo tanto, las estimaciones oscilan entre medio millón y un millón de pakistaníes en Estados Unidos; una cifra de 750.000 a 800.000 parece más probable. A diferencia de Estados Unidos, donde había comenzado a surgir una pequeña población migrante pakistaní, no fue hasta las décadas de 1950 y 1960 que los pakistaníes comenzaron a migrar a Canadá en pequeñas cantidades. A principios de la década de 1960, según algunas fuentes, sólo quedaban cinco o seis familias pakistaníes viviendo en Canadá. En 1967, se introdujo en Canadá un sistema de puntos para regular la elegibilidad de los inmigrantes, dando preferencia a los hablantes de francés e inglés con estudios superiores en edad laboral. Las normas de inmigración favorecían a quienes tenían educación superior y habilidades profesionales. Muchos de éstos inmigrantes patrocinaron a familiares y familias extensas. Durante la década de 1970, los pakistaníes cualificados o semicualificados se mudaron a Canadá y se establecieron en Ontario y Quebec. Los inmigrantes de Pakistán, incluidos aquellos que habían vivido durante mucho o poco tiempo en otros lugares (por ejemplo, en África Oriental, Gran Bretaña u Oriente Medio), continuaron llegando a Canadá. La Ley de 1976, que priorizaba la reunificación familiar y las preocupaciones humanitarias sobre los intereses económicos, fue reemplazada en 2001 por la Ley de Inmigración y Protección de Refugiados, una política que priorizaba la educación, el idioma y la adaptabilidad. Los solicitantes con certificados profesionales y segundos títulos universitarios obtenían más puntos. Para 2001, aprovechando éste nuevo sistema, Pakistán se convirtió en la tercera mayor fuente de inmigrantes a Canadá, aportando el 6,1% del total. El número de inmigrantes de Pakistán aumentó de 79.315 a 156.860 en 2011 (un aumento del 98%) y llegó a 198.272 en 2013. El 73% de los inmigrantes pakistaníes en 2013 residían en Ontario; la mayoría (97.065) vivía en el área metropolitana de Toronto. Según las estimaciones de Burki, se estima que unos 250.000 pakistaníes residían en Canadá entre 2014 y 2015. Las comunidades pakistaníes en Estados Unidos y Canadá comparten similitudes, pero difieren drásticamente en su modo de incorporación socioeconómica. Se sabe que a los pakistaníes les ha ido mejor en Estados Unidos que en cualquier otro lugar del mundo, al alcanzar niveles más altos de educación y tener un empleo remunerado: "A primera vista las diferencias entre ambos lugares pueden explicarse por un mayor capital humano en Estados Unidos que en Canadá. Si bien ésto es plausible, se puede argumentar que ésta diferencia no puede explicar por completo la enorme diferencia en las tasas de desempleo, el nivel educativo y los niveles de pobreza (casi el 50% de los pakistaníes en Canadá viven en la pobreza relativa). Los resultados sugieren que, contrariamente a las expectativas derivadas de estudios previos, un país multiculturalista e inclusivo no es suficiente para garantizar la prosperidad económica de los migrantes. Ésto nos lleva a analizar otra dimensión de la experiencia migratoria pakistaní. Evidentemente, una explicación podría ser que los pakistaníes están mejor establecidos e integrados en Estados Unidos, ya que la migración comenzó hace años. La alta tasa de pobreza de Canadá no se debe principalmente a la falta de participación económica o de empleo, sino también a que ganan muy poco por su trabajo, resultado de un desajuste en la fuerza laboral (estar subempleados y, por lo tanto, mal pagados en comparación con sus cualificaciones) o de la discriminación en el mercado laboral. Dado que la mayoría de ellos (75%) se agrupan en empleos manuales, a diferencia de Estados Unidos, donde encuentran fácilmente empleos de alta cualificación y, por lo tanto, mantienen un nivel de vida más alto, la demografía de los canadienses pakistaníes plantea un desafío adicional: sus familias son más numerosas, lo que implica mayores costos de vivienda y de vida. Los ingresos familiares, ya de por sí bajos, se vuelven aún más insuficientes si se comparan con el ingreso per cápita. Con más de la mitad de las mujeres de origen pakistaní sin trabajo, la lucha de sus familias por la paridad económica sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar. Es preocupante que los pakistaníes se enfrenten a graves preocupaciones sobre su futuro. Las estadísticas revelan que, en promedio, el 19% (2013) de los niños inmigrantes en Canadá viven en la pobreza, siendo Canadá la capital de la pobreza infantil. Cabe destacar que, dado que la tasa de pobreza entre los pakistaníes es alta, no sería erróneo predecir que la pobreza infantil también lo será" (Fatima, pp. 88, 89, 90). 

Maya F. ©

El neoliberalismo británico.

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Loretta Napoleoni en "Maonomics. La amarga medicina china contra los escándalos de nuestra economía" (PAIDÓS, 2011) expone las consecuencias de la desindustrialización de la economía inglesa de Thatcher. En los años 80, el cómico inglés Harrey Enfield creó para Channel 4 unos personajes típicos de éste cambio. Uno es Stavros, el griego propietario de un restaurante que vende kebabs, y el otro, un joven tory conservador que saluda agitando fajos de libras esterlinas y gritando alegremente "Lods-a-money", jerga de "a lot of money" ("dinero por un tubo"), que se convierte en su apodo. Stavros es de origen griego pero, nombre aparte, representa el estereotipo del inglés perteneciente a la clase obrera, la misma de la que procede Loads-a-money. Inglés, gran bebedor de cerveza, éste último habla un incomprensible dialecto de Essex, provincia al este de Londres de la que tradicionalmente proceden los trabajadores no profesionales de la City, e, igual que Stavros, ha nacido en un barrio popular del este de la capital, destino tras la posguerra de quienes vivían en zonas bombardeadas por la aviación nazi. Gracias a las reformas de Thatcher, Stavros se hace rico vendiendo kebabs y Loads-a-money hace negocios aquí y allá. El primero paga pocos impuestos porque desarrolla una actividad privada; ninguno de los dos tiene hijos y ambos disponen ahora de mayores rentas. Los jóvenes yuppies de los años ochenta de Occidente que trabajaban en la City pertenecían a la generación de Stavros y de Loads-a-money; eran bulliciosos, arrogantes, vulgares, pero trabajaban duro y sobre todo carecían de escrúpulos. Para ellos el fin justificaba los medios y vivían con un único objetivo: ganar mucho dinero. Eran los hijos de Maquiavelo y de la industria financiera, la que más se benefició de las reformas neoliberales, y cristalizaron como clase. El bienestar que les regaló la Dama de Hierro permitió que muchos de ellos mejoraran su estatus social: se compraron coches caros, se mudaron a barrios finos que hasta entonces sólo habitaban las clases altas, y frecuentaron restaurantes y locales de lujo. El dinero devino el afrodisíaco de toda una generación, que hacía ostentación de riqueza, olvidando el ahorro por un consumismo desenfrenado. Stavros y Loads-a-money nos recuerdan que, gracias a Thatcher, por primera vez la movilidad social se hizo realidad en Inglaterra y la clase obrera tuvo acceso al éxito no gracias a la instrucción sino a los negocios. Hija de un frutero, Maggie Thatcher favorecía abiertamente a la clase de los comerciantes, de los hombres de negocios y de los banqueros de la City. Mal vista por la nobleza, en abierta oposición con la monarquía, fustigadora de los intelectuales, animó al populacho a ir con la cabeza bien alta y a buscar en el dinero la redención social que se le había negado durante siglos en el reino de Su Majestad británica. Pero ésta revolución social no trajo un bienestar duradero ni modernizó el país tal como se había prometido, sino que acrecentó las desigualdades. Stavros y Loads-a-money sólo representan una minoría, la de los afortunados que aplicando el método maquiavélico acaban en el lado correcto de la barricada. Pero quien no logra salvar la valla se hunde en el barro. Entre 1979 y 1994-1995 la tasa de crecimiento de renta de los ingleses pobres fue la más baja después de la guerra, mientras que la del 10 por ciento de la población, es decir, los más ricos, registró la más alta. Si además tenemos en cuenta el coste de la vivienda, que se multiplicó por diez, la diferencia es aún mayor. Para el 10 por ciento de los más pobres la renta neta per cápita se contrajo. Éstas desigualdades fueron olímpicamente ignoradas por la nueva generación de yuppies, pero también por el partido de la oposición, convertido en virtud de la metamorfosis operada por Tony Blair en el Nuevo Laborismo. Para ganar las elecciones, el futuro primer ministro no dudó en proponer a ésta nueva clase acomodada condiciones fiscales y económicas mejores que las ofrecidas por los tory, sin que nadie mencionara los problemas socioeconómicos que atribulaban a un segmento cada vez más amplio de la población. Al contrario, lo que siguió primando fue el modelo de Thatcher y ésta versión más modernizada de Blair acabó exportada al resto de Europa. Hasta la crisis del crédito y la recesión, por supuesto. En inglés, la expresión full monty significa llegar hasta el final. Es un giro acuñado durante la segunda guerra mundial para describir el enorme apetito del general Montgomery, apodado Monty, que todas las mañanas devoraba un desayuno a la inglesa completo sin dejar una brizna en el plato, aun en plena batalla de El Alamein. Pero The Full Monty también es el título de una película inglesa de gran éxito de la que todos conocemos la historia que transcurre en Sheffield, al norte de Inglaterra, en los primeros años noventa y que narra las vicisitudes de unos parados de la industria del acero –orgullo de los Midlands- totalmente desmantelada en los años ochenta por la política neoliberal de la señora Thatcher. Los seis personajes de la película, desesperados, deciden convertirse en estríperes y llegar hasta el final, es decir, desnudarse completamente. Pero para quien viviera en el norte de Inglaterra durante el régimen de Thatcher, "llegar hasta el final" remite al belicoso lema de la Dama de Hierro de hacer tabula rasa de la industria estatal. Es sabido que el norte, cuna de la Revolución industrial, vivió el choque entre el gobierno conservador y los trabajadores, precisamente en los Midlands. La batalla más larga y dramática de Thatcher fue la que emprendió contra los mineros, guardia pretoriana de los sindicatos dirigidos por Arthur Scargill, último fósil de la extrema izquierda inglesa. Fueron años dramáticos en los que el gobierno diezmó al pueblo trabajador y que marcaron un futuro sin chimeneas humeantes, ni industria, ni astilleros, ni pubs atiborrados de obreros, un futuro de paro y vida precaria. Todo ello mientras en China ocurría exactamente lo contrario: el desmantelamiento de la industria del Estado fue acompañada del nacimiento de fábricas y laboratorios particulares, se inauguraron altos hornos y la emigración rural hizo cuerpo en una nueva clase obrera. Con el petróleo a 18 dólares el barril y cientos de millones de chinos dispuestos a trabajar por un salario equivalente a una fracción del inglés, la producción industrial en los Midlands no tenía sentido, fue el razonamiento de Thatcher. La mujer que ha pasado a la historia como la Dama de Hierro por su intransigencia frente a los mineros, plantó cara, en realidad, a un adversario bien débil: una clase obrera lógicamente abatida por la abierta hostilidad del gobierno, supuestamente paladín del país frente a la competencia extranjera; una clase obrera que no entendía por qué ya no servía y que no sabía qué hacer ante el hecho de quedarse sin trabajo. En resumen: la primera ministra británica desafió precisamente a quienes debía proteger. El error de Thatcher fue, además, ignorar una realidad peculiar de Gran Bretaña: la reticencia de la clase obrera a la movilidad social. La Dama de Hierro no comprendió que la resistencia a ultranza de los mineros nada tenía que ver con el estalinismo de Arthur Scargill, sino más bien con el fuerte sentido de la identidad de los mineros. El trabajo en la mina era la única existencia que habían conocido y estaban dispuestos a luchar por él. Fue un error rasgar el tejido social del país; por ello, los proyectos de reconversión, acabaron fracasando. La consecuencia del desmantelamiento de la industria estatal fue el nacimiento de una clase de proletariado derrotado, relegado a guetos urbanos castigados por el paro y en los que la delincuencia menor favorece la formación de las bandas que hoy aterrorizan al país. Aún son muy visibles en los Midlands los signos de la decadencia socio-económica; el puerto de Hull en la costa este, antaño uno de los más importantes de la Gran Bretaña para la industria pesquera y naval, es una landa desierta en la que merodean zorros y perros vagabundos. Quien quiera ver una imagen más cruda y realista del legado de la liquidadora británica que se acerque a sus muelles en ruinas y a sus tinglados derruidos, instantánea alegórica de la revolución neoliberal en Inglaterra y testimonio irrefutable de la incapacidad del mercado para sustituir al Estado como núcleo principal de la sociedad. Pero el principal error económico y político de Thatcher, y de Reagan, fue otro: no haber intuido que la deslocalización en Asia de un gran sector de la producción, ya privatizada, pondría fin a la primacía de Occidente, y particularmente a la de Inglaterra, una posición puntera a la que había accedido merced a la Revolución industrial. La verdadera revolución debía haber sido otra, que entre 1973 y 1974 hizo desvanecerse los beneficios de la industria estatal, debía haberse acometido una reconversión energética que a largo plazo hubiera incrementado la competitividad occidental. La Dama de Hierro debería haber mirado al futuro, como lo hizo Deng Xiaoping. Pero Margaret Thatcher, y no ella exclusivamente, era miope y no comprendió que no basta con demoler un sistema para revolucionar el país, sino que hay que crear una estructura nueva. Y aunque la reconversión energética no hubiera salvado a los mineros, sí que habría evitado la destrucción de la estructura industrial británica y de gran parte de la occidental: "La perplejidad de los mineros ante el ataque frontal de Thatcher y la absoluta inflexibilidad de Arthur Scargill no es de extrañar: Inglaterra fue la cuna del movimiento obrero y es una especie de justicia poética que haya acabado por ser su lecho de muerte. El arma del delito es, naturalmente, la privatización. Entre 1979 y 1993 el gobierno británico vendió al sector privado dos tercios de la industria pública. Al principio, el experimento se circunscribió a las líneas aéreas, recientemente nacionalizadas, y a la industria naval, pero no tardó en ampliarse a los grandes monopolios estatales, entre ellos servicios básicos como la electricidad y la telefonía. La política de privatización tuvo un enorme éxito porque la acompañó la revolución social de la generación Loads-a-money. En 1984 dos millones de personas, equivalentes al 5 por ciento de la población adulta, suscribieron la venta de British Telecom, y de un día para otro se multiplicó por dos el número de accionistas del país. En una sola década el gobierno se desembarazó de los pilares industriales del Estado-nación: British Aerospace (1981), Cable and Wireless (1981), Amersham International (1982), Associated British Ports (1983), Enterprise Oil (1984), Jaguar (1984), British Telecom (1984), British Gas (1986), British Airways (1987), Roll Royce (1987), British Airports Authority (1987), British Steel (1988) y todas las empresas regionales de servicios de aguas (1989). Las privatizaciones realizadas bajo la mirada embelesada de los supply-siders pasaron a la historia como un legado de la señora Thatcher y algunos historiadores dirían que el objetivo no era exclusivamente reducir el Estado al esqueleto y emplear lo recaudado en crear una nueva clase empresarial sin prejuicios, sino bloquear de una vez para siempre el recurso de los sindicatos al acceso al gasto público, hasta entonces su fuente de ingresos, para minar su poder. El motivo era que el partido conservador veía en el sindicato el mayor obstáculo a la recuperación económica, pero también al triunfo del neoliberalismo. ¿Por qué? Porque un movimiento sindical fuerte podría haber puesto trabas a la deslocalización" (Napoleoni, pp. 225, 226). Volvamos a la pregunta de Krugman: ¿cómo es posible que un pueblo elija a quien con toda evidencia sirve a los intereses de una élite? Pues bien, en el caso de Gran Bretaña, particularmente afectada por la crisis energética, un país paralizado por huelgas salvajes, una inflación galopante y un crecimiento negativo, el gobierno laborista acabó siendo detestado por un electorado que no entendía lo que sucedía y que pagaba impuestos elevados por servicios mediocres. Cuando Thatcher apuntó con el dedo a los sindicatos y a las industrias de alto consumo energético, como la del acero, y de bajo rendimiento, como la minería, el electorado exasperado se sintió satisfecho creyendo que eran realmente los culpables. La gente no sabía que la excepcional competitividad de la industria occidental de después de la guerra era un fenómeno extraordinario, ligado sobre todo al bajísimo coste del petróleo, en torno a cuatro dólares el barril, mantenido durante treinta años. Ningún político tuvo el valor de revelar a los obreros, pero también particularmente a los industriales, que un acuerdo tácito entre Estados Unidos y Arabia Saudita era la causa de ésta anomalía, pero el pacto tocaba a su fin. Ciertamente, tanto los sindicatos como los partidos tuvieron una grave responsabilidad en la crisis de los años setenta, y en todo Occidente, pues también ellos abusaron del Estado del Bienestar por seguir ordeñando una vaca que ya no daba para más. Sin embargo, la solución al problema no era ése choque directo entre el capital y el trabajo, ni la pulverización de uno de los principales canales de comunicación entre los obreros y los empresarios, el sindicato. Y fue precisamente lo que ocurrió. Mientras en China Deng ponía en marcha las primeras reformas y se iniciaba el debate en el seno del Partido, a puerta cerrada y enconado a veces, sobre cómo estructurarlas, en Europa, la lucha ideológica entre los conservadores y los laboristas, los republicanos y los demócratas, entre derechas e izquierdas, hacía su entrada en los hogares a través de los medios de comunicación. No hubo arbitraje ni comprensión entre ambos bandos y fue una lástima porque ésta clase de política-propaganda no sólo daña al país sino que descompone las instituciones del Estado democráticos: los sindicatos y los partidos. Calificados los sindicatos de "enemigo", nadie se opuso en el Reino Unido a una serie de leyes laborales que fueron acabando paulatinamente con la libertad de intervención sindical. Por una ley de 1980 se prohibieron los piquetes fuera de la zona de trabajo; por otra de 1982, que lleva la firma de Norman Tebbit, mano derecha de Thatcher, se concedió a los empresarios el despido libre, declarando ilegal la ocupación y eliminando los convenios colectivos; una de 1984, obra de Tom King, en aquel momento secretario de Estado del gobierno de Thatcher, amplía el número de motivos que permiten llevar a juicio a los sindicatos, impone la votación secreta de los afiliados y restringe el empleo de fondos sindicales en las elecciones. Fueron las leyes que en los años noventa sirvieron de pauta a la legislación europea. Paradójicamente, las críticas más feroces de Occidente al régimen chino se centran en la dejadez del gobierno para introducir convenios colectivos y hacerlos respetar. Una curiosa posición si consideramos que, en los años ochenta, en la democrática Gran Bretaña la señora Thatcher anuló de facto la contratación colectiva. La raíz de la retórica neoliberal no es otra cosa que compensar el aumento del coste de capital, debido al recargo energético, con la reducción de costes de trabajo. Pero ni Reagan ni Thatcher preveían que las políticas antisindicales propiciarían el alejamiento de nuestra economía de la esfera productiva, abriendo nuevos cauces a la competencia asiática. ¿Por qué? Estudios realizados en los años ochenta y noventa por dos de los principales partidos ingleses muestran que en Occidente disminuye la presencia de los sindicatos entre 1980 y 1990, un período en el que la contratación colectiva se reduce al punto de ser, como actualmente sucede en el sector privado, la excepción a la regla. Con ello desaparece un método de relaciones colectivas que ofrecía al capital y al trabajo por medio de la representación sindical, un sistema de reglas y un lenguaje común. De éste modo, al llegar la globalización como una ola imparable, nos pilló desprevenidos. Nuestra verdadera fuerza era la combinación de capitalismo avanzado y clase trabajadora experimentada. Interrumpido el diálogo, la industria se disgregó y con ella el tejido productivo. Occidente se convirtió en suministrador de servicios mientras en Oriente humeaban las chimeneas de las fábricas. Pero la deslocalización únicamente dio a las empresas una breve pausa de respiro, ya que las expuso a largo plazo a la competencia brutal de países como China. Hoy se sabe, pero hay quien todavía se hace ilusiones creyendo que nos salvarán el diseño y la creatividad por ser, en éstos ámbitos, superiores a los chinos. No es así, y si no logramos cambiar el curso actual de la historia corremos el peligro de acabar pidiendo limosna a los turistas asiáticos que viajen a nuestras ciudades-museo. El experimento británico fue exportado a toda Europa, donde una nueva clase de políticos se dedicó a demoler el Estado de Bienestar sustituyéndolo por el mercado. Cómplice de ello fue la caída del muro de Berlín, que puso fin a la oposición derecha-izquierda dejando ocupar al mercado el vacío creado por el final de las ideologías. La democracia se empobreció, como puede verse en las tristes historias del declive de la democracia representativa en el este, en la que los partidos de derecha e izquierda empiezan a parecerse entre ellos, el escaso electorado que vota en las elecciones cada vez es menor y la influencia de las empresas sobre el gobierno cada vez es mayor. Nacidos en el proceso de democratización, los sistemas bipartidistas y pluripartidista fueron los medios de comunicación entre la base y el vértice de la pirámide. El bipartidismo y el pluripartidismo se han convertido en sinónimo de democracia porque éste régimen político se basaría en la alternancia de gobiernos, fomentando en los electores la idea de que, aunque el partido al que votan pierda unas elecciones puede ganar las siguientes, considerando la alternancia la mejor defensa frente a la violencia política y el autoritarismo. En Italia, los grupos armados de los años sesenta y setenta justificaban el uso de la pistola para resolver las controversias políticas como rebelión contra una democracia bloqueada, es decir, un país gobernado siempre por el mismo partido o por coaliciones dominadas por él. Pero la revolución neoliberal de Thatcher y Reagan activó precisamente el proceso de disgregación de los partidos, que poco a poco fueron perdiendo su composición popular para convertirse en máquinas dirigidas por una exigua élite, y se produjo un cambio de dimensión por su merma en la base y el aumento en la cúpula. En los años ochenta, cómo explica Leonardo Morlino, ésta metamorfosis arraigó en todo Occidente: "Asistimos en todas las democracias europeas a la contracción del número de afiliados a los partidos. Los franceses, por ejemplo, perdieron entre 1978 y 1999 el 64,5 por ciento, casi cinco millones de personas. La participación política en Italia y Gran Bretaña se redujo más del 50 por ciento. Entre 1984 y 1994 la pérdida conjunta de afiliación del Partido Comunista Italiano y de la Democracia Cristiana fue de dos millones ". Aquí entran en escena los "financieros privados", los patrocinadores, individuos ricos que apoyan la "causa" política de una agrupación determinada, y que fomentan en el partido al que favorecen la perspectiva de mercado que más les conviene y no exclusivamente porque haya muerto la ideología. Fue también Inglaterra, con el Nuevo Laborismo, quien abrió camino a éste cambio. En 2004, apenas el 1,8 por ciento de los ingresos del partido laborista procedían de aportaciones de sus afiliados, frente al 49 por ciento en los años setenta. Entre 2001 y 2005 las contribuciones de 37 personas, entre ellas el magnate del acero Lakshmi Mittal, cubrieron la cuarta parte de las necesidades del Nuevo Laborismo. Por ello, en Occidente abunda el clientelismo en los aledaños del poder. Enron "pagó" gran parte de la campaña electoral de Bush hijo para que, a cambio de ello, liberalizase el mercado de la electricidad. En 2006, estalló en Londres el escándalo de los títulos nobiliarios como pago a financiación electoral, al descubrirse que un grupo de ricos contribuyentes había prestado al partido casi 14 millones de libras de los 18 necesarios para la campaña electoral de 2005 y que muchos de éstos donantes recibieron el título de baronet de manos del gobierno de Blair, ganador de las elecciones. La escualidez de la base popular ha acabado por reducir los partidos a organismos esqueléticos al servicio de líderes cada vez más ricos y carismáticos, y a convertir a muchos al nuevo credo de la revolución neoliberal que elogia las maravillas del mercado: "La máquina política funciona como un banco financiero cualquiera, que periódicamente da cuenta ante el consejo de administración de los dividendos que generan sus operaciones para los accionistas mayoritarios, quienes, evidentemente, imponen sus condiciones, que bien valen un título nobiliario, como nos recuerda el caso del Nuevo Laborismo. En éste contexto, el triunfo electoral está fundamentalmente hipotecado a la satisfacción de los generosos financiadores para que no abandonen la empresa; y la permanencia en el poder se convierte en una cuestión de vida o muerte para el partido que ya no puede contar con la lealtad prolongada de las viejas ideologías y de los afiliados. Muchas veces, como en el caso del Nuevo Laborismo y de muchos otros partidos europeos derivados de la vieja izquierda, los intereses del patrocinador son contrapuestos a los de los afiliados y de los votantes. Por ello es necesario reducir el mecanismo democrático interno como paradójico imperativo para afianzar su supervivencia en la democracia… La batalla política en Occidente ya no es una guerra de trincheras, se parece más bien a ésas virtuales de los videojuegos entre adversarios con muy poca diferencia ideológica y cuya victoria depende en gran parte del dinero que se disponga para comprar armas especiales que no puede adquirir el adversario. Los contendientes son el avatar del partido, fundaciones e institutos de investigación de los políticos, gestionados y financiados por admiradores anónimos. Las secretarías generales, mientras tanto, se han convertido en verdaderas máquinas bélicas al servicio de la nueva generación de líderes políticos, hombres y mujeres carismáticos cuya personalidad ha sustituido a la ideología e incluso a los programas. Es con ellos con quien se identifican los electores y no con el partido o con las ideas que representan. El arma más poderosa es, por supuesto, la de la fabricación mediática, alquimia de los brujos de la noticia… En la democracia, el consenso se fabrica manipulando los medios de comunicación, canal a través del cual los políticos transmiten su imagen al electorado. Reagan y Thatcher fueron de los primeros en utilizar gurús de la información que, a modo de directores de Hollywood, configuran los personajes con arreglo a encuestas de opinión muy concretas" (Napoleoni, pp. 231, 232, 233).

Maya F. ©

Las nuevas rutas de la seda.

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Peter Frankopan en "Las nuevas rutas de la seda. Presente y futuro del mundo" (CRÍTICA, 2019) detecta que hace veinticinco años el mundo parecía un lugar diferente. La Guerra Fría había terminado, lo que alimentaba la esperanza de paz y prosperidad. Bill Clinton se reunió con Borís Yeltsin en Vancouver en 1993, señalando que Rusia estaba en el camino de la reforma y la democracia. La perspectiva de una "Rusia nueva, productiva y próspera" era buena para todos. La situación parecía igualmente prometedora en la península de Corea, donde, tras unas conversaciones similares a las que tuvieron lugar en 2018, Estados Unidos y Corea del Norte anunciaron con mucha fanfarria un acuerdo marco acerca de la reunificación pacífica de las dos Coreas y una hoja de ruta para la desnuclearización del país. La noticia fue acogida como un gran paso adelante para la no proliferación nuclear, así como para la seguridad de la región y del mundo en general. En 1993 China y la India también llegaron a un importante acuerdo y establecieron un marco operativo para abordar las disputas fronterizas que durante tres décadas habían alimentado la rivalidad y los rencores mutuos. Los dos países pactaron reducir el número de efectivos militares destinados a la frontera y trabajar juntos en pos de una solución que resultara aceptable para ambos. El acuerdo fue un logro clave para las dos naciones en un momento en que sus dirigentes políticos tenían entre sus prioridades la expansión y la liberalización económica. En China, Deng Xiaoping había emprendido recientemente una gira por las provincias del sur para exigir más celeridad en las reformas sociales, políticas y financieras y lidiar con los comunistas de la línea dura que se oponían a la liberalización de los mercados que en 1990 había permitido la apertura de la bolsa de valores de Shanghái. El proceso de transformación de Corea del Sur se había iniciado hacía ya tiempo. Situado en una posición no precisamente favorable en el extremo oriental de Asia y carente de recursos naturales, en la década de 1960 el país figuraba entre los más pobres del mundo, pero hoy es una superpotencia económica en la que han surgido compañías como Samsung, Hyundai Motor y Hanwha Corporation, cada una de las cuales posee más de cien mil millones de dólares en activos. Semejante transformación ha llevado a algunos analistas a hablar de Corea del Sur como "el país más exitoso del mundo". Al igual que en otros lugares, a principios de la década de 1990 la India adoptó medidas para incentivar el crecimiento económico, pero las expectativas eran escasas acerca de una pequeña compañía de software que tuvo enormes dificultades para conseguir registrar en 1993 sus acciones en Bombay. Sin embargo, quienes fueron valientes, compraron acciones de Infosys Technologies y conservaron su participación en la compañía obtendrían un magnífico rendimiento. En el año finalizado el 31 de marzo de 2018, la empresa reportó una ganancia operativa de más de dos mil seiscientos millones de dólares. En veinticinco años, el valor de las acciones se había multiplicado por cuatro mil. La creación de una nueva aerolínea en un pequeño estado del golfo Pérsico también parecía una apuesta arriesgada. Fundada en noviembre de 1993, Qatar Airways comenzó a operar dos meses más tarde, en lo que muchos asumieron que sería un negocio modesto con unas cuantas rutas locales y una demanda mínima. En la actualidad, la aerolínea cuenta con una flota de más de doscientos aviones y tiene más de cuarenta mil empleados, vuela a más de ciento cincuenta destinos y ha merecido numerosos galardones, algo que hace dos décadas y media pocos hubieran creído posible. En abril de 2018, acordó comprar el 25% de las acciones del aeropuerto internacional de Moscú-Vnúkovo, el tercero más grande de Rusia. Veinticinco años después, la final entre Chelsea y el Manchester United resultó igual de decepcionante, pero la composición de los equipos era radicalmente diferente: sólo seis de los veintisiete futbolistas que jugaron en Wembley habían nacido en el Reino Unido. Los demás habían llegado al futbol inglés procedentes de todas partes del mundo, incluyendo España, Francia, Nigeria y Ecuador. Si ésto ya nos dice algo sobre el ritmo de la globalización en el transcurso de una generación, más asombroso aún resulta el espectacular cambio que se ha producido durante éste mismo período en la propiedad de los clubes. No hace mucho tiempo, la idea de que los principales equipos de fútbol inglés fueran propiedad de extranjeros se habría descartado como una mera fantasía. En la actualidad, en cambio, muchos de los equipos más famosos del fútbol inglés, y europeo en general, tienen propietarios extranjeros. Y muchos de ellos proceden de las tierras de las rutas de la seda. En cierto sentido, éso no resulta sorprendente. A fin de cuentas, aunque las reglas modernas del juego se codificaron Londres en 1863, el fútbol no se inventó en Inglaterra. Según la FIFA, el organismo internacional que gobierna éste deporte, los orígenes del fútbol se remontan a la China de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), donde existía un juego llamado cuju en el que, usando sólo los pies, los participantes debían meter una pelota de cuero rellena de plumas en una red sostenida por dos varas de bambú. El camino desde ése lejano precursor hasta el deporte moderno fue largo, pero hoy resulta que todos los grandes equipos de Birmingham y sus alrededores (incluidos el Aston Villa, el West Bromwich Albion, el Birmingham City y el Wolverhampton Wanderers) han sido comprados por capital chino. El corazón del mundo se publicó en 2015. Después de éso, en 2017, dos de los gigantes del fútbol italiano, el A.C. Milan y el Inter de Milán, que comparten el magnífico estadio de San Siro, también fueron adquiridos por empresarios chinos. Luego tenemos a los dueños de algunos de los mejores equipos de Inglaterra y Europa procedentes del golfo Pérsico. El Manchester City, que en la temporada 2017-2018 dominó por completo el campeonato doméstico y se alzó con la Premier League con una diferencia de puntos récord sobre el segundo clasificado, es propiedad de Mansour bin Zayed al Nayhan, el viceprimer ministro de los Emiratos Árabes Unidos. El equipo tiene un paralelo en el fútbol francés, donde ésa misma temporada el Paris Saint-Germain se paseó con igual facilidad por el campeonato local, la Ligue 1, después de que el verano anterior los propietarios cataríes del club ficharan a dos nuevos jugadores (Neymar y Kylian Mbappé), por los que pagaron más de trescientos cincuenta millones de euros (sin contar salarios y bonificaciones). El accionista mayoritario del Everton F.C. es Farhad Moshiri, nacido en Irán pero residente en Mónaco, que se hizo rico trabajando junto al empresario de origen uzbeko Alisher Usmánov, cuyas inversiones en Rusia, Asia Central y otros lugares le han permitido amasar una fortuna de más de quince mil millones de dólares y, de paso, adquirir una participación significativa en el Arsenal Football Club. Durante un tiempo Usmánov intentó obtener el control de la entidad, un deseo frustrado por la compleja estructura accionarial del club. Aunque los hinchas le habían rogado que no vendiera sus acciones, el empresario se deshizo de ellas en el verano de 2018. Durante años el destino de uno de los clubes más célebres y orgullosos del fútbol inglés dependió de las decisiones de un magnate uzbeko. En otra época, los ingleses ricos viajaban por Europa en lo que se conocía como el grand tour, una gira por ciudades como Venecia, Nápoles, Florencia y Roma para admirar sus tesoros artísticos y arquitectónicos, dejarse inspirar por ellos y, en ocasiones, comprarlos: algunos viajeros regresaban a Gran Bretaña cargados con pinturas, dibujos, esculturas, manuscritos e incluso todo el contenido de una casa, el botín de la riqueza creciente y los triunfos comerciales y militares que habían convertido a la pequeña isla del Atlántico Norte en una superpotencia mundial. Hoy los trofeos que permiten presumir son la organización de la Copa Mundial de Fútbol, a la que han optado con éxito Rusia y Qatar, las Olimpiadas de Invierno (que en 2014 se celebraron en Sochi y en 2022 en Beijing) y las magníficas galerías de arte como el nuevo Louvre, ubicado no en París sino en Abu Dabi, o el nuevo Museo de Victoria y Alberto, que no se encuentra en Londres sino en Shenzhen. Cabe mencionar también el impresionante Museo de Arte Contemporáneo Garaje en Moscú, diseñado por Rem Koolhaas, o el complejo para deportes de invierno en Asjabad (Turkmenistán), un pabellón deportivo mucho mayor que el Madison Square Garden. En el siglo XVIII, los viajeros británicos partían hacia Italia "deseando con impaciencia ver un país tan famoso en la historia, que otrora daba leyes al mundo". En la actualidad éso ha cambiado y es la historia británica la que es objeto de admiración, sus leyes y tribunales los que se utilizan para resolver disputas y negociar acuerdos de divorcio y sus trofeos los que la nueva élite mundial codicia y compra, desde los clubes de fútbol hasta tiendas de fama mundial como Harrods y Hamleys: empresas como la inmobiliaria Canary Wharf Group, edificios como el número 20 de Fenchurch Street en la City londinense (más conocido como el "walkie-talkie") o medios de comunicación como el Independent o el Evening Standard, todos los cuales tienen propietarios originarios de China, Rusia o los Emiratos Árabes. Ocurre lo mismo en Estados Unidos, donde la franquicia de baloncesto Brooklyn Nets, el New York Post, los hoteles Waldorf Astoria y Plaza de Nueva York y el grupo Warner Music son apenas algunas de las empresas y marcas emblemáticas comprada o participadas por inversores originarios de, y vinculados estrechamente con, Rusia, Oriente Próximo y China. Otra de ésas empresas es Legendary Entertainment, una de las coproductoras de la última entrega de Jurassic Park, y hoy parte del Dalian Wanda Group de Wang Jianlin, compañía que también es propietaria de las cadenas de cine Odeon, UCI, Carmike y Hoyts en Europa, Estados Unidos y Australia (con un total de más de catorce mil salas), así como del fabricante de yates de lujo Sunseeker y de Infront Sports & Media, la empresa que posee los derechos exclusivos de retransmisión de la Copa Mundial de Fútbol de 2022. Ahora bien, si bien algunos de éstos negocios pueden entrar dentro de los pasatiempos o pasiones que los millonarios están en condiciones de permitirse, muchos de ellos constituyen inversiones serias y costosas: "Son un síntoma del gran movimiento que ha experimentado el PIB mundial en las últimas décadas, cuando sólo en China más de ochocientos millones de personas han salido de la pobreza desde la década de 1980. Los criterios empleados para definir la "pobreza" son materia de debate entre los economistas del desarrollo y otros expertos, pero no cabe duda de que el ritmo y el alcance del crecimiento del país asiático son sorprendentes. En 2001, el PIB de China era un 39% del de Estados Unidos (en términos de paridad de poder adquisitivo). Hacia 2008 el indicador había aumentado hasta un 62%; y en 2016 el PIB chino era ya, utilizando el mismo criterio, un 114% del estadounidense, y es probable que en los próximos cinco años aumente todavía más y de forma más marcada. Éste cambio no sólo ha transformado China sino también al resto del mundo. Por ejemplo, previendo el aumento de la clase media china, un empresario de Pekín ha comprado tres mil hectáreas de cultivo en el centro de Francia con el objetivo de abastecer de harina las más de mil boulangeries que planea abrir por todo el país. Hu Keqin, el empresario en cuestión, espera que el gusto de los chinos evolucione más allá de los alimentos derivados del arroz y ve en ése cambio un potencial "inmenso". Si ésta noticia genera inquietud en Francia por los efectos que la exportación de harina pueda tener sobre el precio del pan, otro tanto ocurre con la industria del vino, un ámbito en el que, sólo en 2017, las exportaciones a China aumentaron un 14% hasta rondar los doscientos veinte millones de litros. La previsión es que en los próximos cinco años las exportaciones de vino francés a China superen los veinte mil millones de dólares, una buena noticia para los viticultores franceses, pero no tanto para los consumidores locales. El hecho de que en los últimos años muchos de los viñedos más famosos de la región de Burdeos hayan sido adquiridos por celebridades como la actriz Zhao Wei o el magnate Jack Ma (que posee cuatro, incluido el famoso Château de Sours) ciertamente ha causado irritación, pero no tanto como el hecho de que, además, algunos hayan sido rebautizados con el propósito de hacerlos más atractivos a los consumidores chinos. El Château Senilhac en Médoc se llama ahora Château Antilope Tibetaine (antílope tibetano), el Château la Tour Saint-Pierre se ha convertido en Château Lapin d´Or (conejo dorado) y el Château Clos Bel-Air es ahora Château Grande Antilope (gran antílope)" (Frankopan, pp. 32, 33, 34). El que se desdeñen nombres prestigiosos que se habían forjado una reputación a lo largo de los siglos quizá resulte inaceptable para los puristas, pero el ascenso de Oriente también está teniendo otros efectos y causando cambios en aspectos aparentemente mundanos del mundo que nos rodea. Qatar Airways es sólo una de muchas aerolíneas cuyas operaciones han alimentado la demanda de aviones comerciales, una demanda que no dejará de aumentar. La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) espera que el número de pasajeros que viajan cada año en avión casi se haya duplicado en 2036, cuando, se calcula, rondará los siete mil ochocientos millones, un aumento impulsado en gran medida por la población cada vez más próspera de Asia, con China, India, Turquía y Tailandia a la cabeza. Según un análisis independiente de Boeing, éso significa que a lo largo de los próximos veinte años las compañías necesitarán medio millón de nuevos pilotos. No obstante, las consecuencias ya se están sintiendo: no hay suficientes pilotos para satisfacer la demanda actual y ésto ha hecho que los salarios se disparen. Xiamen Air, por ejemplo, ofrece sueldos de cuatrocientos mil dólares para los pilotos de Boeing 737, y ésta ni siquiera ha sido la oferta más alta: según se cuenta, algunas empresas han llegado a ofrecer a sus pilotos hasta setecientos cincuenta mil dólares al año. Una inflación salarial de éstas dimensiones tiene implicaciones obvias en los costos del transporte aéreo. La presión causada por la escasez de pilotos en todo el mundo ya ha obligado a operadores consolidados y con abundantes recursos a cancelar vuelos debido a la falta de personal. Aunque parezca difícil de creer, cuando hoy se cancela un vuelo -ya sea durante un viaje de negocios al Medio Oeste de Estados Unidos, al regresar a casa tras una escapada para esquiar en los Alpes o justo antes de unas vacaciones de ensueño en las antípodas- es posible que el ascenso de las rutas de la seda tenga algo que ver con lo ocurrido. Éstos mismos factores influirán en el aspecto de las habitaciones de hotel, en la música que suene en el vestíbulo y en las bebidas disponibles en el bar. En 1990, el número de chinos que viajaban como turistas a otros países era mínimo; quienes se desplazaban al extranjero lo hacían en su mayoría para desarrollar actividades oficiales y gastaban en total unos quinientos millones de dólares al año. En 2017, ésa cifra se había multiplicado quinientas veces hasta superar los doscientos cincuenta mil millones de dólares, aproximadamente el doble de lo que los viajeros estadounidenses gastan al año en el extranjero. Teniendo en cuenta que en la actualidad sólo un 5% de los ciudadanos chinos dispone de pasaporte, no cabe duda de que en el futuro ésas cifras se dispararán. Según algunas proyecciones, en 2020 viajarán al extranjero unos doscientos millones de chinos, y los analistas sugieren que ello creará oportunidades particularmente interesantes en los sectores del juego y los cosméticos, además de suponer un incentivo para las aerolíneas que vuelen a los lugares indicados, los hoteles que satisfagan los gustos del turismo chino y los servicios en línea que les ayuden a organizar sus viajes al extranjero, como Skyscanner, que a finales de 2016 fue adquirida por la empresa china Ctrip mediante un acuerdo que superó los mil setecientos millones de dólares. Éste mundo en plena transformación también trae consigo desafíos, a menudo en lugares inesperados y de formas igualmente inesperadas. El auge de China ha planteado problemas extraordinarios para los asnos y los criadores de asnos desde Asia Central hasta África Occidental. La piel de asno es el ingrediente básico del ejiao, una sustancia que en la medicina popular china se utiliza para aliviar el dolor, pero de la que también se dice que sirve para tratar el acné, prevenir el cáncer y aumentar la libido. En los últimos veinticinco años, la demanda de ejiao ha provocado una reducción del 50% de la población de asnos en China, lo que ha llevado a buscar nuevos proveedores en otros lugares. El precio de los asnos se ha cuadruplicado en Tayikistán, y también en África ha sufrido un acusado aumento. Ésto no es necesariamente una buena noticia. Dado que los asnos se utilizan como bestias de carga y desempeñan un papel importante en la producción agrícola y el transporte de los alimentos hasta el mercado, la marcada y repentina disminución del número de animales disponibles (sumada al aumento de su precio) amenaza con desestabilizar la economía agraria de países con un equilibrio a menudo precario. Por ése motivo, Níger, Burkina Faso y otras naciones de África han aprobado leyes para prohibir la exportación de asnos a China. Unos de los efectos del auge de las rutas de la seda ha sido la aparición de un mercado negro de pieles de asno: "Es muy probable que relacionar el comercio de asnos con las dificultades de quienes buscan adquirir por primera vez una propiedad en Londres no resulte a simple vista una asociación obvia. Y, sin embargo, el flujo de dinero extranjero hacia la capital británica entre 1999 y 2014 contribuyó de forma decisiva al aumento de los precios de las viviendas caras, así como a la creación de un efecto "goteo" sobre las propiedades menos costosas. De acuerdo con los cálculos de un experto en la materia, sin la avalancha de capital extranjero los precios de la vivienda en Londres habrían sido un 19% más bajos a lo largo de ése período. Una parte sustancial de ése capital provenía de Rusia. Entre 2007 y 2014, cerca del 10% de todo el dinero gastado en bienes inmuebles en la capital del Reino Unido era de origen ruso, y la proporción aumenta a más del 20% en el caso de las viviendas con un valor superior a los diez millones de libras esterlinas. La llegada de capital chino a los mercados residenciales de otros países también ha crecido como la espuma: en 2016, los ciudadanos chinos compraron en el extranjero viviendas por más de cincuenta mil millones de dólares; y el año siguiente invirtieron otros cuarenta mil millones. Y éso sin incluir el capital destinado a la compra de inmuebles comerciales en Londres, que en 2017 representó una tercera parte de las inversiones de ése tipo en la ciudad. La historia es similar en otros lugares. En 2016, compradores chinos adquirieron propiedades en Vancouver en tales cantidades que los precios aumentaron a un ritmo del 30% mensual en comparación con el año anterior, lo que llevó a las autoridades locales a introducir un impuesto del 15% sobre los bienes inmuebles adquiridos por extranjeros en un intento de calmar el mercado. Es posible encontrar presiones semejantes en otras partes de Canadá, así como en San Francisco, Australia, Nueva Zelanda y ahora también en el Sudeste Asiático. Los problemas de quienes no pueden permitirse comprar una vivienda quizá no tengan sus raíces en las rutas de la seda, pero sí forma parte del relato de un mundo cuyo centro de gravedad económico se está alejando de Occidente. Éstas transformaciones no han pasado desapercibidas para la industria del lujo, un sector en el que las pautas de la demanda han cambiado por completo desde principios de la década de 1990: "En ésa época los clientes chinos representaban un porcentaje insignificante de los compradores de artículos de lujo, mientras que ahora constituyen una tercera parte del total mundial, y se calcula que en 2025 comprarán el 44% de todos los artículos de lujo. Ésto contribuye a explicar por qué en 2018 el Prada Group decidió abrir siete tiendas en una única ciudad: Xi´an. También explica las decisiones empresariales de Chanel, por ejemplo, que compró una serie de fabricantes de seda con el propósito de garantizar el suministro para sus productos, algo que no es sorprendente dada la popularidad de la marca en China y en otras partes del mundo. Las tendencias también resultan claras para la cadena de cafeterías Starbucks, que ha convertido la expansión en China en una de sus prioridades. La escala de la ambición de la compañía evidencia la magnitud de sus expectativas con respecto al país más poblado del planeta en un momento de cambio. En 2017, Starbucks anunció que en 2021 quería contar con dos mil locales en China, lo que equivalía a abrir una nueva cafetería cada quince horas. China no sólo es un mercado que ofrece la posibilidad de obtener grandes beneficios; es un mercado imposible de ignorar. La historia es similar en la India, Pakistán, Rusia y los países del golfo Pérsico, donde sólo los clientes de los Emiratos Árabes unidos, por ejemplo, gastan casi tres mil millones de dólares al año en coches de alta gama. Acertar en Oriente puede decidir la suerte de una marca líder. Lo mismo puede decirse de casi todos los sectores de la economía, incluida la música y la cultura… Lo que en el futuro determinará los ganadores y perdedores del sector turístico serán los lugares, hoteles, instalaciones, menús y atracciones que resulten más llamativos para la población de Asia, que en la actualidad asciende a cuatro mil quinientos millones de habitantes y cada vez es más numerosa y rica. Para poner ésto en perspectiva, podemos acudir a los datos del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los cuales indican que ninguna de las diez economías que más deprisa crecieron en 2017 se encuentra en el hemisferio occidental, situación que se ha repetido a lo largo de la última década. Los gustos, tendencias y anhelos se decidirán en ciudades boyantes y ambiciosas en pleno crecimiento, no en metrópolis estancadas o marchitas" (Frankopan, pp. 39, 40, 41).

Maya F. ©

Chungking Mansions: 1962.

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Gordon Mathews en "Chungking Mansions, Hong Kong. Ghetto en el centro del mundo" (UNIVERSIDAD DE CHICAGO, 2011) identifica que las Mansiones Chungking son el lugar predilecto de comerciantes del sur de Asia, empresarios africanos, trabajadores temporales indios, solicitantes de asilo africanos y del sur de Asia, y viajeros con recursos limitados de todo el mundo. Como explico en las páginas siguientes, se trata de un edificio destartalado en el distrito turístico de Hong Kong, epicentro de la "globalización de bajo coste", estrechamente vinculado a los mercados de Calcuta, Lagos y Dar es Salaam, entre otras ciudades del mundo. Aunque muchos en Hong Kong consideran las Mansiones Chungking como un misterioso mundo de alteridad extrañamente ubicado en el corazón mismo de Hong Kong, no obstante, están claramente influenciadas por Hong Kong. Para situar adecuadamente las Mansiones Chungking, esbozaré brevemente la historia y la geografía de Hong Kong en relación con ellas. Hong Kong fue una colonia de Gran Bretaña desde 1841 hasta su regreso a China en 1997. A lo largo de su historia colonial, sirvió como punto de intercambio entre China y el resto del mundo: primero como asentamiento donde las empresas británicas gestionaban sus envíos de opio a China y, posteriormente, a lo largo de gran parte de su historia, como centro de libre comercio, con aranceles aduaneros mínimos. A lo largo de su historia, su población fue una mezcla global, una gran mayoría era chinos, pero también incluían una variedad de otros pueblos. Una fuente de finales del siglo XIX habla de una calle del centro como "llena de británicos, alemanes, angloindios, chinos de Cantón, armenios de Calcuta, parsis de Bombay y judíos de Bagdad", una mezcla no del todo diferente de la que se encuentra en un pasillo de las Mansiones Chungking hoy en día. Otro relato de finales del siglo XIX analiza cómo Hong Kong se ha convertido en la ciudad más cosmopolita del mundo. Representantes de razas muy superiores a las del catálogo pentecostal se pueden encontrar en sus calles a cualquier hora de paseo; hombres de todos los matices de color y de todos los credos religiosos conviven aquí en aparente perfecta armonía. Éste es también el caso de las Mansiones Chungking hoy en día, aunque entonces, como ahora, existían tensiones étnicas y discriminación étnica. Hong Kong, a lo largo de gran parte de su historia, fue un lugar empobrecido para la mayoría de sus residentes. En 1949, se fundó la República Popular China. Durante ésta época, un gran número de chinos huyeron del continente y llegaron a Hong Kong, lo que provocó una explosión demográfica masiva en el territorio. Para la década de 1970, Hong Kong se había consolidado como un centro manufacturero y, desde finales de la década de 1980, como un centro para el envío de productos chinos a todo el mundo. Al mismo tiempo, se fue consolidando gradualmente una identidad propia de Hong Kong, distinta de la de China. Para la década de 1990, Hong Kong se había vuelto rico: mucho más rico en renta per cápita que China y, según ésta medida, más rico también que su colonizador, Gran Bretaña. En 2007, Hong Kong tenía una renta per cápita en poder adquisitivo real que era el 93% de la de Estados Unidos, considerablemente superior a la de la mayoría de las naciones europeas y unas ocho veces superior a la de China continental, aunque la brecha entre ricos y pobres es una de las mayores del mundo. Ésto hace que el papel de Chungking Mansions, como hogar destartalado del mundo en desarrollo en Hong Kong, parezca incongruente. Gran parte del desprecio y el miedo que muchos chinos de Hong Kong sienten hacia Chungking Mansions, como comentaré más adelante, proviene de la sensación subliminal de que "Nosotros, los hongkoneses, hemos abandonado recientemente el mundo en desarrollo y nos hemos enriquecido. ¿Por qué deberían éstos africanos y sudasiáticos quedarse en medio de nuestro nuevo hogar de riqueza?". Del mismo modo, el desprecio hacia la China continental expresado por algunos comerciantes de las Chungking Mansions en éste libro, ya sean africanos, del sur de Asia o chinos de Hong Kong, refleja una sensación más general de malestar en Hong Kong hacia sus conciudadanos del norte. Muchos consideran a los chinos continentales como los amos políticos no elegidos de Hong Kong y también como inferiores económicamente, aunque la presencia de los ricos continentales en Hong Kong cada vez es más visible en los últimos años y China continental parece estar superando, e incluso mejorando, a Hong Kong como la tierra del futuro. Las Chungking Mansions, una isla de otredad en Hong Kong, forman parte integral de Hong Kong, a juzgar por las actitudes de sus habitantes. De hecho, quienes huyeron de China para mejorar su vida en Hong Kong tienen valores notablemente similares a los de quienes recientemente abandonaron el sur de Asia y África para buscar una vida mejor en Chungking Mansions, a pesar de que ambos grupos prácticamente no se comprenden ni se compadecen. Los 150 años de Hong Kong como colonia británica han tenido un gran impacto en la formación de Chungking Mansions. La más importante es la destacada presencia de sudasiáticos en Hong Kong desde los inicios de su historia colonial y su permanencia desde entonces. De no haber sido por la presencia inicial de sudasiáticos en Chungking Mansions, cuando se inauguró el edificio en 1962, es casi seguro que no se habrían convertido en el mercado global que ahora son. Un astuto periodista que me acompañó a Chungking Mansions comentó que lo que vio, entre sus diversas etnias y nacionalidades, no era sólo globalización, sino también un eco del colonialismo británico. De hecho, si bien muchos de los diferentes grupos en el edificio nunca fueron víctimas ni beneficiarios del colonialismo británico, los africanos orientales y los asiáticos meridionales tienen una representación muy destacada. Ésto se debe en parte a que éstas personas son más propensas a hablar inglés, la lengua franca de las Chungking Mansions, y en parte a que la entrada sin visado durante un período prolongado es, incluso hoy en día, más fácil de obtener para los miembros de éstas sociedades que para los de otras. La época colonial de Hong Kong perdura en éste sentido. Muchos lectores no hongkoneses podrían asumir que, desde la entrega de Hong Kong a China en 1997, todo en Hong Kong ha cambiado: China ahora controla Hong Kong. Sin duda, los medios de comunicación globales de las últimas décadas se han centrado en la salida de Hong Kong del control colonial británico y su regreso a China como el tema principal de la historia de Hong Kong. Ésto es importante, pero también es esencial recordar que, tras la entrega, la vida en Hong Kong se ha mantenido notablemente estable. Los medios de comunicación siguen criticando libremente a China, aunque persiste la preocupación por la autocensura, y la libertad de expresión sigue firmemente arraigada. Hong Kong conserva su propio sistema legal y controles de inmigración. Aunque ahora forma parte de China, su administración interna es en gran medida independiente. Existen importantes problemas en Hong Kong, entre ellos el hecho de que el gobierno parece estar en gran medida en manos de magnates, especialmente promotores inmobiliarios. Sin embargo, ésto era tan cierto tanto antes como después de la entrega. Para Chungking Mansions, la devolución de Hong Kong a China ha tenido muy poco impacto. De hecho, el edificio ha experimentado cambios importantes desde 1997: la llegada de comerciantes africanos, que comenzó alrededor del año 2000; el aumento de solicitantes de asilo; la mejora del mantenimiento y la seguridad del edificio; y el aumento de turistas de China continental. Pero éstos, incluso el último, tienen poco que ver con el regreso de Hong Kong a China, que fue un suceso insignificante. Chungking Mansions, como me han repetido ocasionalmente los comerciantes, "sigue igual que siempre". Chungking Mansions se encuentra en Tsim Sha Tsui, el principal distrito turístico de Hong Kong, en la punta de la península de Kowloon. Hong Kong consta de cuatro zonas principales: las islas periféricas, incluyendo Lantau, donde se encuentra el aeropuerto; la isla de Hong Kong, donde se encuentra el centro financiero de Hong Kong, así como muchos de sus edificios más antiguos; Kowloon, algo menos exclusivo que la isla de Hong Kong, pero más poblado y que alberga el corazón turístico de Hong Kong, así como sus distritos más concurridos; y los Nuevos Territorios, más cerca de la frontera con China, donde vive actualmente más de la mitad de la población de Hong Kong. Todo ésto ocurre en un área relativamente pequeña de poco más de 600 kilómetros cuadrados. Debido a que Hong Kong en su conjunto está tan estrechamente conectado por el transporte público, éstas diferentes zonas suelen ser accesibles en menos de una hora y son bien conocidas por muchos de los residentes de Chungking Mansions: "Por mencionar algunos barrios de Hong Kong, está Sham Shui Po, una zona obrera a unos 3 kilómetros al norte de Chungking Mansions, llenas de tiendas de artículos baratos donde los comerciantes africanos suelen comprar ropa especialmente diseñada y fabricada para el mercado africano, y donde otros, como los solicitantes de asilo, compran artículos usados sin hacer preguntas, a precios inferiores incluso a los de Chungking Mansions. También está Wan Chai, un conocido distrito de vida nocturna al otro lado del puerto de Tsim Shai Tsui, donde algunos residentes de Chungking Mansions van en busca de vino y mujeres, y muchos más, intimidados por los precios, sólo sueñan con ir. Allí está Kam Tin, un pueblo en los Nuevos Territorios al que acuden los turistas por su pueblo amurallado, pero a donde los comerciantes de Chungking Mansions acuden para comprar piezas de autos usados de los automóviles desechados por sus dueños en Hong Kong. Y está Lo Wu, en la frontera entre Hong Kong y China, donde los comerciantes se dirigen a los mercados y fábricas del sur de China y donde los trabajadores temporales renuevan sus visas por unas semanas más. Los comerciantes de Chungking Mansions viven por todo Hong Kong, pero los lugares que acabamos de describir son conocidos por la mayoría de los residentes, independientemente del motivo de su estancia en el edificio o lo que hagan allí. En el Capítulo 1 describo la situación específica de las Chungking Mansions con más detalle, pero permítanme ofrecerles un breve resumen. Chungking Mansions se encuentra en Nathan Road, 36-44, la principal avenida turística de Hong Kong. El edificio está junto a un Holiday Inn y a una manzana del Hotel Península, quizás el más elegante de Hong Kong. Se encuentra a poco más de cien metros de dos de los centros comerciales más nuevos y deslumbrantes de Hong Kong, y a sólo diez minutos a pie del famoso Star Ferry, un icono turístico de Hong Kong, que transporta pasajeros a través del puerto de Hong Kong cada pocos minutos. Está rodeado de entradas al MTR, los trenes de transporte público de Hong Kong, que transportan pasajeros a la frontera con China cada cinco minutos aproximadamente, un trayecto de cuarenta minutos. Chungking Mansions, cómo revela ésta breve descripción, se encuentra en pleno centro de Hong Kong, entre hoteles, centros comerciales y rascacielos, algunas de las propiedades más caras del mundo" (Mathews, pp. 5, 6). Su ubicación en el corazón de Hong Kong es lo que hace que la reputación del edificio como "un corazón de tinieblas" sea tan extraordinaria. Chungking Mansions es una ruinosa estructura de diecisiete pisos llena de pensiones baratas y negocios de bajo coste en pleno distrito turístico de Hong Kong. Es quizás el edificio más globalizado del mundo. En Chungking Mansions, empresarios y trabajadores temporales del sur de Asia, el África subsahariana y de todo el mundo acuden a buscar fortuna, junto con solicitantes de asilo que busca refugio y turistas en busca de alojamiento barato y aventuras. Personas de una extraordinaria variedad de sociedades duermen en sus camas, se apiñan en sus puestos de comida, regatean en sus mostradores de telefonía móvil y deambulan por sus pasillos. Unas 4.000 personas se alojan en Chungking Mansions cada noche. He contado 129 nacionalidades diferentes en los registros de sus pensiones y en mis propias reuniones con personas de Argentina a Zimbabue, pasando por Bután, Irak, Jamaica, Luxemburgo, Madagascar y las Islas Maldivas. Chungking Mansions se encuentra en la milla de Oro de Nathan Road, famosa, según las guías turísticas, por su capacidad para sacarle dinero a los turistas. Si te acercas a Chungking Mansions desde el otro lado de Nathan Road, verás una hilera de ostentosos edificios que se alzan al otro lado de la calle con una gran variedad de tiendas, incluyendo un Holiday Inn, muchas tiendas de electrónica, varias entradas a galerías comerciales, varias tiendas de ropa de moda, un par de asadores y varios bares. Parece el Hong Kong de las postales, sobre todo si te acercas de noche y te ves bañado por el llamativo mar de neón que hace famosa a Nathan Road. Sin embargo, en medio de éstos elegantes edificios hay uno que parece más sobrio, desaliñado y decrépito. Sus plantas bajas, vistas desde el otro lado de la calle, apenas parecen parte del edificio, ya que también son tiendas y centros comerciales de lujo, físicamente parte del edificio, pero inaccesibles excepto desde fuera y a un mundo de distancia. Pero entonces, en medio de éstas tiendas, se ve una entrada oscura y anodina que parece pertenecer a otro lugar. Al cruzar Nathan Road por un paso de peatones en forma de mariposa y acercarse a ésta entrada, notará que las personas que se encuentran cerca de la entrada de éste edificio no se parecen a la mayoría de las demás personas en Hong Kong, y ciertamente no a las multitudes de compradores en otras partes de Nathan Road. Al entrar al edificio, si eres chino, podrías sentirte como miembro de una minoría y preguntarse en qué parte del mundo estás. Si eres blanco, podrías instintivamente agarrar tu cartera con inquietud y quizás un toque de culpa. Si eres una mujer joven, podrías sentir, muy incómodamente, la mirada fija de cien pares de hombres. Si te acercas a Chungking Mansions por el mismo lado de Nathan Road, caminando desde la salida del metro más cercana en Mody Road, justo a la vuelta de la esquina del edificio, tendrás una introducción algo más completa del lugar. Primero verás un 7-Eleven que por las noches puede estar lleno de africanos bebiendo cerveza en sus pasillos y desparramándose en la entrada. También podrás ver una docena de mujeres indias resplandecientes con sus saris que, si eres hombre y las miras, te ofrecerán un precio y luego te seguirán de cerca durante unos pasos para asegurarse de que realmente no estás interesado en sus servicios sexuales. Después de pasar el 7-Eleven, si eres hombre, podrías ser abordado en la esquina de Nathan Road por otras mujeres jóvenes de Mongolia, Malasia, Indonesia y otros lugares. También te abordarán varios hombres del sur de Asia que te ofrecerán un traje: "Una oferta especial sólo para ti". A ellos podrían unirse vendedores de relojes de imitación, que ofrecen relojes de varias marcas por una pequeña fracción del precio del original. Si dudas y muestras interés, te llevarán a cualquiera de los numerosos y sombríos emporios en los edificios cercanos. Una vez que cruces Mody Road y estés en la misma cuadra que Chungking Mansions (cuya entrada está ahora a unos treinta metros), los revendedores de restaurantes podrían estar esperando si es el momento adecuado, ofreciendo media docena de diferentes restaurantes de curry en Chungking Mansions. Debes ignorarlos o decidir seguir a un revendedor hasta su restaurante; de lo contrario, te acosarán. También podrías, especialmente si eres blanco, encontrarte con un joven que se acerca sigilosamente a ti y susurra: "¿Hachís?". Y si preguntas más, también con muchas otras sustancias. Una vez que llegues a la entrada de Chungking Mansions, los revendedores de las pensiones te acosarán si es tarde o noche, con un hombre del sur de Asia diciéndote: "Puedo darte una buena habitación por 150 dólares de Hong Kong" (9 dólares estadounidenses), y un hombre chino diciendo, casi fuera del alcance del oído del hombre del sur de Asia: "¡Ésos sitios indios son asquerosos! ¡Ven a mi casa! Está limpia". Es posible, pero a un precio considerablemente más alto. Después de pasar por ésta maraña de atención, te encontrarás en medio del torbellino de Chungking Mansions, a veces con más gente apiñada en un solo lugar de la que hayas visto en toda tu vida. Es una extraordinaria variedad de gente: africanos con túnicas brillantes, moda hip-hop o trajes que no te quedan bien; hombres pakistaníes piadosos con kipás; mujeres indonesias con jilbab, velos islámicos; hombres blancos mayores con barrigas cerveceras en bermudas; Hippies que parecían refugiados de una época anterior; nigerianos discutiendo con confianza y en voz muy alta; jóvenes indios bromeando y bromeando abrazados; y chinos continentales con aspecto reservado o aturdido. Probablemente encontrará sudasiáticos cargando tres o cuatro cajas enormes en sus carritos con la palabra "Lagos" o "Nairobi" garabateada en los laterales, africanos saliendo del edificio con maletas abarrotadas de teléfonos móviles, y comerciantes vendiendo de todo: desde samosas hasta tarjetas telefónicas, cortes de pelo, whisky, bienes raíces, enchufes, consoladores y zapatos. También verá una larga fila de personas de todos los colores de piel esperando en el ascensor, con destino a cien pensiones diferentes. Al ver todo ésto, se preguntará: "¿Qué está pasando aquí? ¿Qué ha traído a tanta gente a Chungking Mansions? ¿Cómo viven? ¿Por qué existe éste lugar?". Éstas son las preguntas que me llevaron a comenzar mi investigación en Chungking Mansions. Llegué por primera vez a Chungking Mansions en 1983 como turista, quedándome unas noches antes de irme. Llegué a vivir a Hong Kong en 1994, visitando Chungking Mansions cada dos meses para comer curry y disfrutar del mundo. En 2006, comencé a realizar investigaciones antropológicas formales en Chungking Mansions, averiguando todo lo posible sobre el lugar y sus habitantes, y buscando comprender el papel de Chungkins Mansions en la globalización. He estado viviendo en Chungking Mansions una o más noches a la semana durante los últimos tres años y medio y he pasado allí cada momento disponible (está a treinta minutos en tren de la universidad donde vivo), buscando responder a las preguntas planteadas y, más aún, comprender la importancia de Chungking Mansions en el mundo. En los últimos años he encontrado algunas respuestas. Permítanme describir un paseo típico últimamente desde la salida de la estación de tren hasta Chungking Mansions. Las trabajadoras sexuales indias ya han salido ésta tarde, pero saben que no soy un cliente, así que me ignoran, excepto las nuevas que ven en una cara blanca la oportunidad de ganar mucho dinero; sus superiores les dicen que no se molesten. Un amigo vendedor de relojes de imitación me saluda con la mano desde detrás de sus gafas oscuras. Me contó que la policía de su país del sur de Asia lo dejó parcialmente ciego cuando le vendaron los párpados y lo obligaron a mirar el sol todo el día. Pero le preocupa que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), árbitro de su caso y su destino, no le crea, porque no puede presentar pruebas. Así que trabaja ilegalmente, intentando ahorrar suficiente dinero para poder recibir trasplantes de córnea. Mientras tanto, vigila lo mejor que puede a la policía encubierta y acosa a todo posible cliente: "Los blancos son los mejores. Compran más que nadie". Pero las ventas van mal éste mes, y apenas puede pagar el alquiler, y mucho menos ahorrar para sus ansiados trasplantes. Si la policía de su país lo dejó ciego, o por un problema congénito o un accidente, es una incógnita; no me corresponde a mí juzgar cuánto de cierto hay en su relato. Pero es un placer volver a encontrármelo: "Unos pasos después, un recepcionista me saluda efusivamente. No lo he visto en dos meses porque ha vuelto a Calcuta, su hogar; está trabajando ilegalmente en Hong Kong como turista. Me muestra con orgullo una foto de su bebé, nacido el mes pasado, pero dice que está feliz de estar de vuelta en Hong Kong. "¡Tengo que mantener a mi familia!... Extraño a mi familia, pero aquí en Hong Kong se gana mucho mejor, así que…". Pero gasta una parte importante de su dinero llamando a casa con el móvil, me dice con tristeza. En la entrada de Chungking Mansions, me encuentro con un comerciante nigeriano al que no veía desde hacía seis meses. Dice que no podía volver a Hong Kong porque los tipos de cambio en su país eran exorbitantes y no conseguía los dólares que necesitaba. "Ahora por fin puedo volver. Tenía un pedido de 4.000 teléfonos, pero no pude venir a recogerlos. Ahora puedo hacerlo. Puedo volver a ganar dinero". Vuela de vuelta a su casa pasado mañana, después de revisar los teléfonos con la mayor atención posible. Su amigo, a quien conozco por primera vez, irá al sur de China pasado mañana: "Ahora es mejor comprar ropa allí que en Hong Kong. Puedo encargar 30.000 camisas a mi estilo", después de recoger su visado. Ambos están preocupados de que las fluctuaciones del tipo de cambio puedan acabar con cualquier posibilidad de obtener beneficios, por no hablar de las vicisitudes de las aduanas en su país y los peligros de ser estafados en China y en Chungking Mansions.  "Es tan difícil ganar dinero", dicen, la constante cantinela de tantos comerciantes con los que he hablado. Unos pasos más adelante, me encuentro con un amigo indio cerca del puesto de guardia. Trabaja para una gran corporación de Hong Kong de día y por la noche regresa para ayudar a su familia en la casa de huéspedes. Su agonía actual no sólo es la falta de tiempo, sino más bien tener una novia china de Hong Kong a la que sus padres se niegan a reconocer. Se pregunta qué debería hacer: elegir a su novia o a sus padres, pero por ahora no puede decidirse y sólo espera" (Mathews, pp. 11, 12).

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La globalización de gama baja.

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Entonces me encuentro con un amigo de África Occidental que hasta hace poco tenía un negocio en el sur de China. Él, a diferencia de casi todos los demás comerciantes africanos que he conocido, ha tenido el capital para obtener un documento de identidad de Hong Kong a cambio de una inversión de 200.000 dólares estadounidenses, que ha realizado alquilando y equipando una tienda de electrónica en Chungking Mansions, una tienda que sus compatriotas africanos y musulmanes frecuentarán, según espera. Su esposa e hijos han llegado recientemente a Hong Kong, y espera comenzar una nueva vida para ellos aquí, en contraposición a lo que él considera la anarquía de China. "Puedes confiar en Hong Kong". Por supuesto, aún está por verse si podrá ganar dinero, especialmente con la crisis económica que ha afectado a Chungking Mansions tanto como a cualquier otro lugar del mundo; pero cree que, siendo un comerciante musulmán honesto, puede tener éxito en la construcción. Unos pasos más adelante, me encuentro con un joven sudasiático al que sólo había visto una vez. Me dice que ha perdido su trabajo y está desesperado. "¿Qué voy a hacer? ¡No tengo dinero! ¡Toda mi familia depende de mí!". No sé si dice toda la verdad, pero parece desesperado. No lo conozco, así que sólo le doy 100 dólares de Hong Kong y le deseo suerte. Odio jugar a ser Dios de ésta manera, pero ¿qué puedo hacer? Hay tantos como él. La siguiente vez que vuelvo a Chungking Mansions, no lo veo; de hecho, nunca lo he vuelto a ver. Todas éstas personas son habitantes de Chungkins Mansions, tema de éste libro. En el primer capítulo, exploro Chungking Mansions como lugar: sus razones de ser, su importancia, su arquitectura, historia y organización. En el segundo capítulo, describo a los diferentes grupos de personas que habitan Chungking Mansions, desde comerciantes africanos hasta propietarios chinos, pasando por comerciantes del sur de Asia, solicitantes de asilo, trabajadoras sexuales, heroinómanas y turistas, así como mis entrevistas y viajes por todo el mundo con varias de éstas personas. En el tercer capítulo, describo las mercancías que transitan por el edificio y a los comerciantes que compran y venden éstas mercancías en sus rutas globales. En el cuarto capítulo, examino la red de leyes que restringen a todos los que viven en el edificio, y considero especialmente a los solicitantes de asilo, cuyas vidas están en el limbo. Finalmente, en el quinto capítulo, exploro la importancia del edificio, tanto para quienes lo habitan como para el mundo en su conjunto, y especulo sobre su futuro. Éste libro trata sobre Chungking Mansions y sus habitantes, pero también sobre la "globalización de gama baja", una forma de globalización para la que Chungking Mansions es un nodo central, que conecta con una serie de nodos en todo el mundo, desde Bangkok hasta Dubái, Calcuta, Katmandú, Kampala, Lagos y Nairobi. La globalización de gama baja es muy diferente de lo que la mayoría de los lectores pueden asociar con el término globalización: no se trata de las actividades de Coca-Cola, Nokia, Sony, McDonald´s y otras grandes corporaciones, con sus oficinas en rascacielos, sus numerosos abogados y sus enormes presupuestos publicitarios. En cambio, se trata de comerciantes que transportan sus mercancías en maletas, contenedores o camiones a través de continentes y fronteras con mínima interferencia de las leyes y los derechos de autor, en un mundo gobernado por el dinero. También se trata de personas que buscan una vida mejor huyendo de sus países de origen en busca de oportunidades en otros lugares, ya sea como trabajadores temporales, solicitantes de asilo o trabajadoras sexuales. Ésta es la forma dominante de globalización que se experimenta hoy en gran parte del mundo en desarrollo. Chungking Mansions prospera en un espacio reducido por el que fluyen enormes cantidades de energía, personas y bienes, pero su volumen es, sin embargo, minúsculo comparado con la escala de la economía del mundo desarrollado que lo rodea. Es un edificio ruinoso comparado con todos los rascacielos financieros de Tsim Sha Tsui y, especialmente, al otro lado del puerto de Hong Kong, en el Distrito Central, la riqueza concentrada de Hong Kong como centro de la globalización de alta gama a diez minutos en tren y a un universo de distancia. Éste libro trata sobre Chungking Mansions, pero también sobre el mundo entero, con sus vínculos, sus desigualdades y sus maravillas. Chungking Mansions es el único lugar en el que he estado donde se puede comprar un dispositivo sexual, un CD pirata de Jay Chou y un Corán nuevo encuadernado de cuero, todo del mismo propietario cachemir con gafas, quien puede dar cambio por la compra en cinco divisas. También es posible, mientras se pasea por los callejones, pasillos y escaleras de Chungking Mansions, comprar un billete con descuento a Bombay, adquirir 2000 relojes Tag Heuer de imitación o conseguir una tarjeta telefónica falsificada con llamadas ilimitadas a Lagos, Nigeria. Aquí se puede desaparecer. Miles lo han hecho. La mayoría a propósito. Chungking Mansions ofrece alojamiento muy barato para mochileros y son un escondite para inmigrantes ilegales, como aquellos que han excedido el plazo de sus visados. Es un antro de delincuencia, narcotráfico, prostitución y, en general, toda la maldad que ocurre en el mundo lo puedes encontrar en Chungking Mansions… personalmente, voy allí por el curry. Ésta dudosa reputación data de la década de 1970, cuando Chungking Mansions surgió como un lugar de reunión para hippies y mochileros occidentales. Creció durante la década de 1980 y principios de la de 1990, como lo confirma la oscura representación de una famosa película de Wong Karwa de 1994, Chungking Express, una película sobre un romance posmoderno entre chinos de Hong Kong que se desarrolla, en parte, en Chungking Mansions. La película presentaba Chungking Mansions de forma engañosa. Los chinos de Hong Kong no solían visitar Chungking Mansions a principios de la década de 1990, y quienes lo hacían destacaban tanto que probablemente no podrían haber participado en el tipo de actividades que la película retrata. No obstante, la película transmite con precisión la atmosfera sórdida del lugar en aquella época. Ésta dudosa reputación de Chungking Mansions continúa hoy en día, en gran parte debido a la masiva presencia de sudasiáticos y africanos en el edificio, como se ve a través de la perspectiva casi racista de los chinos de Hong Kong y otros pueblos del mundo rico que no saben muy bien cómo interactuar con sus hermanos del mundo pobre. La principal razón por la que tanta gente en Hong Kong y en el mundo desarrollado le teme a Chungking Mansions es simplemente porque temen al mundo en desarrollo y a las masas de pobres que llegan a éste último para obtener una pequeña parte de su riqueza. Las citas anteriores exageran los peligros de Chungking Mansions; oficiales de policía me han dicho que hay menos delincuencia en Chungking Mansions que en otros edificios de su tamaño en Hong Kong, debido a su ubicación céntrica y a la prominente presencia de guardias de seguridad y policías. Sin embargo, reflejan una verdad fundamental del lugar. Chungking Mansions está en Hong Kong, pero no es de Hong Kong. Es una isla ajena al mundo en desarrollo, enclavada en el corazón de Hong Kong. Ésta, no su delincuencia ni su vicio, es la principal razón por la que se le ha temido tanto. Y por éso he titulado éste libro "Ghetto en el centro del mundo". Un gueto se define como "un barrio de una ciudad donde viven miembros de un grupo minoritario, especialmente debido a presiones sociales, legales o económicas". Chungking Mansions es un edificio, no un barrio de una ciudad; sus residentes no pertenecen a un solo grupo minoritario, sino a una multitud de ellos. No obstante, Chungkins Mansions es, de hecho, un gueto en el sentido de que los grupos minoritarios que residen allí (todos excepto los blancos y los chinos de Hong Kong) se ven, al menos en cierta medida, excluidos económicamente de Hong Kong en su conjunto y sufren discriminación racial por racismo o miedo a lo desconocido del mundo en desarrollo. Chungking Mansions es visto por muchos, como los autores de nuestras citas anteriores, como un lugar transgresor en el corazón de Hong Kong. Para muchos chinos de Hong Kong, que viven en una de las ciudades más ricas del mundo, Chungking Mansions es "un corazón de tinieblas". Pero si Chungking Mansions puede describirse como un gueto, se trata de un tipo inusual. La mayoría de los habitantes del edificio, operadores de los diversos engranajes de la globalización de bajo nivel, tienen una visión de la vida notablemente burguesa. Representan a la pujante clase media del mundo en desarrollo del sur de Asia y África. Los hongkoneses pueden ver Chungking Mansions como un infierno de peligro y vicio, al igual que algunos turistas, pero para la mayoría de quienes residen o trabajan en Chungking Mansions, éste "gueto en el centro del mundo" es un faro de esperanza. Es su mejor oportunidad para salir de la pobreza del mundo en desarrollo y forjarse una vida próspera. Entre muchos musulmanes, hindúes, sijs y cristianos evangélicos del sur de Asia y África que trabajan o comercian en Chungking Mansions, la "ética protestante" de Max Webber sigue vigente: el trabajo duro y el ahorro, así como un poco o mucha suerte, puede comprarles un billete a una vida mejor. ¿Por qué, entonces, existe Chungking Mansions, éste "gueto en el centro del mundo", ésta isla del mundo en desarrollo en el corazón de Hong Kong? Hay tres razones para Chungking Mansions: (1) el bajo precio del edificio, (2) la facilidad de entrada a Hong Kong para muchos en países en desarrollo, y (3) el surgimiento del sur de China como potencia manufacturera. La primera y más práctica razón de la existencia de Chungking Mansions es simplemente que la comida y el alojamiento allí cuestan muy poco. Incluso las personas adineradas de países en desarrollo pueden quedar impactadas por los precios de una ciudad como Hong Kong. Pero Chungking Mansions en sí es notablemente económico, con habitaciones individuales que cuestan tan sólo HK$100 (US$13) por noche y con precios de comidas y productos entre los más bajos de Hong Kong. ¿A qué se debe ésta discrepancia? En primer lugar, no ha habido una verdadera propiedad unificada de Chungking Mansions. Hasta hace poco, la organización de la propiedad ha sido notablemente débil y el edificio se ha deteriorado constantemente. Pero ésta explicación es insuficiente: hay muchos edificios en Hong Kong que carecen de una estructura de propiedad unificada, pero ninguno se ha deteriorado tan espectacularmente como Chungking Mansions a lo largo de las décadas. La razón principal del bajo precio reside en circunstancias históricas particulares: "Más adelante hablaré de la historia de Chungking Mansions, pero permítanme exponer algunos factores. El edificio comenzó con una importante presencia sudasiática, que aumentó con los años. En un Hong Kong con demasiados prejuicios sudasiáticos, ésto sirvió como una mancha negra para que muchos chinos en Hong Kong, manteniendo a la mayoría fuera y manteniendo bajo el valor de las propiedades del edificio. En la década de 1970, el edificio se hizo famoso, a través de Lonely Planet, por sus hippies y mochileros que se alojaban en sus pensiones a precios bajísimos, y muchos chinos que vivían en apartamentos del edificio comenzaron a convertirlos en pensiones con una docena de habitaciones minúsculas. En la década de 1980 y principios de la de 1990, se produjeron incendios y apagones prolongados. A principios de la década de 2000, los comerciantes africanos se convirtieron en una presencia destacada en Chungking Mansions, generalmente buscando, como sus antepasados hippies, los precios más bajos posibles. Éstos factores propiciaron una situación en la que los propietarios podían maximizar sus ganancias manteniendo los precios bajos. Chungking Mansions, precisamente por su decrépita ubicación y, por lo tanto, su bajo precio, siguen siendo un atractivo en gran parte del mundo desarrollado. Mencionen Hong Kong en Katmandú, Calcuta o Dar es Salaam, como yo mismo he hecho, y es muy probable que escuchen como respuesta: "Chungking Mansions". Una segunda razón por la que Chungking Mansions existe como una isla del mundo en desarrollo en Hong Kong es la normativa de visa relativamente laxa del territorio. En la mayoría de los países desarrollados, los visitantes de países en desarrollo deben obtener un visado antes de llegar; de lo contrario, no se les permitirá abordar el avión. Si, al llegar, se descubre que no tienen visado, se les enviará directamente a casa. En Hong Kong, a los visitantes de muchos países en desarrollo se les permite entrar sin visado por períodos de catorce, treinta o noventa días. Ésto permite a los empresarios de muchos países de África y Asia venir a Hong Kong sin trámites previos. Con un período sin visado de treinta o incluso catorce días, pueden venir a Chungking Mansions, inspeccionar diversos productos, realizar sus negocios, realizar sus compras y regresar a casa con tiempo" (Mathews, pp. 17, 18). Muchos de éstos empresarios permanecen en Hong Kong, pero muchos más buscan entrar a China. En Hong Kong, especialmente a través de agencias de viaje expeditas en Chungking Mansions y sus alrededores, las visas para China generalmente se pueden obtener rápidamente. Por consiguiente, los empresarios de países en desarrollo pueden viajar a China para visitar a mayoristas, regresar a Hong Kong y partir con sus productos en su equipaje, en avión o en contenedor, dependiendo de los bienes adquiridos y el nivel de ingresos del empresario, en cuestión de días o semanas. Dado que los vuelos a Hong Kong son más frecuentes y convenientes que los vuelos a la mayoría de las ciudades de China, es más fácil para muchos empresarios y otros visitantes llegar primero a Hong Kong, aunque en los últimos años han ido más directamente a China. Debido a su bajo coste y a que sirve como centro de intercambio de información de facto, Chungking Mansions es el lugar al que acuden. En los últimos años, el gobierno de Hong Kong ha endurecido las restricciones de entrada. Los ciudadanos de Nigeria, Pakistán, Bangladesh, Ghana y Nepal, entre otros países, ahora deben obtener visas, algo que no ocurría antes. En algunos casos, ésto se debe a un aparente aumento en el tráfico de drogas y otros delitos entre los ciudadanos que llegan a Hong Kong. En otros casos, se debe a un aumento en el número de ciudadanos de éstos países que solicitan asilo. Éstas restricciones han tenido un efecto significativo en Chungking Mansions, ya que la presencia de nigerianos, ghaneses y bangladesíes, entre otros, ha disminuido en los últimos años. Sin embargo, al permanecer más tiempo del permitido por sus visas o, como suele ocurrir con quienes se encuentran en Chungking Mansions, al solicitar asilo a través del UNHCR o del gobierno de Hong Kong, quienes ya se encuentran en Hong Kong a menudo pueden prolongar su estancia indefinidamente. Debido al aumento de solicitantes de asilo en Hong Kong, el gobierno está bajo presión para endurecer aún más las restricciones de entrada. Sin embargo, al momento de escribir éste libro, ésto no ha sucedido, al menos no formalmente, por lo que Chungking Mansions sigue beneficiándose de una política inusual: un gobierno en el mundo desarrollado que permite la entrada sin impedimentos a muchas personas procedentes de países en desarrollo, al menos durante un período limitado. Ésto permite la existencia de Chungking Mansions. Una tercera razón es el surgimiento de China, y especialmente del sur de China, como centro manufacturero mundial. Emprendedores de todo el mundo en desarrollo acuden en masa a Chungking Mansions para comprar productos chinos, ya sea en Hong Kong o al otro lado de la frontera con China. Éstos productos van desde teléfonos móviles, usados o copiados, hasta prendas de vestir, relojes, materiales de construcción, muebles y productos tan exóticos como bañeras de hidromasaje (compradas por ricos africanos orientales, como ministros, según me han dicho) y ópalos engastados (extraídos de Australia, enviados a través de Chungking Mansions al sur de China para ser engastados y luego devueltos a Australia para su venta a turistas chinos). Hong Kong, como lo ha sido a lo largo de su historia, sigue siendo la puerta de entrada a China para éstos empresarios, quienes pueden aventurarse en el sur de China ellos mismos para realizar sus pedidos o recurrir a intermediarios de Hong Kong para venderles productos fabricados en China. Éstos productos suelen ser baratos y de baja calidad, pero ésto es lo que los consumidores del mundo en desarrollo pueden permitirse. Defino la globalización de bajo nivel como el flujo trasnacional de personas y bienes que implica cantidades relativamente pequeñas de capital y transacciones informales, a veces semilegales o ilegales, comúnmente asociadas con el mundo en desarrollo. Se trata de la globalización de los comerciantes africanos que regresan a sus países de origen con cientos de teléfonos en su equipaje, y de los trabajadores temporales del sur de Asia que traen a casa a sus familias cientos de dólares de dinero necesario e historias extraordinarias de un mundo que sus familias sólo pueden imaginar. Las corporaciones multinacionales y, de hecho, gran parte del debate de las páginas financieras de los periódicos nacionales, tienen un impacto limitado en la conciencia de gran parte de la población mundial. Para éstas personas, la globalización consiste, en gran parte, en los bienes, ideas y medios de comunicación que traen los pequeños comerciantes y los trabajadores ilegales, como los que viven y trabajan en Chungking Mansions. Se pueden encontrar mercados de globalización de bajo nivel en sitios de todo el mundo. Se pueden encontrar en Bangkok, Calcuta y Nairobi, así como en París, Londres y Nueva York. También se pueden encontrar en lugares como Ciudad del Este, en la confluencia de Argentina, Brasil y Paraguay, y, geográficamente más cerca de Chungking Mansions, los distritos de Yuexiu y Sanyuanli de Guangzhou, en el sur de China, y en ciudades chinas como Yiwu. Chungking Mansions es inusual porque, en lugar de ser un barrio global, se trata de un edificio único global. Los antropólogos rara vez han estudiado los edificios. Gelberto Velho describe un edificio en Copacabana, Río de Janeiro, y los esfuerzos de los residentes de cuello blanco por escapar de la estigmatización; Laura Ring explora cómo se mantiene la "paz cotidiana" entre las familias que viven en un edificio de apartamentos en Karachi, Pakistán; y Theodore Bestor describe un edificio en algunos aspectos paralelo a Chungking Mansions, el Mercado de Pescado de Tsukiji en Tokio, Japón, en todos sus vínculos globales. A pesar de éstas notables excepciones, los antropólogos generalmente han descuidado los edificios, simplemente porque es inusual que un sólo edificio sea analíticamente destacable. Al igual que los edificios mencionados anteriormente, Chungking Mansions es una excepción. El edificio tiene una primera y una segunda planta-o planta baja y primer piso, como se suele decir en Hong Kong (de ahora en adelante usaré ésta expresión británica)- de 85 por 58 metros, que son zonas comerciales minoristas y mayoristas. En la segunda planta de Chungking Mansions hay un centro comercial llamado "Chungking Express", compuesto por varias boutiques, que físicamente forman parte del edificio, pero en todos los demás sentidos es un mundo aparte. Los compradores acceden a él por una escalera mecánica desde las concurridas aceras de Nathan Road. Está conectado al resto de Chungking Mansions únicamente a través de puertas traseras siempre cerradas. Un centro comercial de lujo en un sótano, inaugurado en 2009, también forma parte de Chungking Mansions, aunque está aislado. A partir del tercer piso, hay tres bloques que se elevan hasta el decimoséptimo piso, accesibles. En el capítulo 3, me centro en los bienes y en quienes comercian con ellos, pero permítanme describir brevemente quiénes son éstos comerciantes y a qué se dedican: "Durante la mayor parte del año, los comerciantes constituyen la mayoría de las personas que se ven en Chungking Mansions. En su apogeo, durante las ferias comerciales de octubre y abril en Hong Kong y Guangzhou, ocupan casi todas las camas disponibles del edificio. La mayoría de los comerciantes, en la mayor parte del año, excepto en enero y febrero, la temporada del Año Nuevo chino, durante la cual las fábricas del sur de China están cerradas, provienen del África subsahariana. Durante la última década, ha habido un aumento masivo en el número de comerciantes africanos que viajan al sur de China. Compran bienes en Hong Kong o en China y los venden, por lo general, en sus países de origen, comercian con una amplia gama de productos: los teléfonos móviles y la ropa son los más destacados, pero también relojes, artículos electrónicos, ordenadores, consolas de videojuegos, materiales de construcción, coches usados y recambios, entre otros innumerables productos. Una pequeña minoría comercia en la dirección opuesta, trayendo piedras preciosas desde sus hogares a Hong Kong y China para venderlas. Los precios en Hong Kong son más caros, pero los productos adquiridos allí, especialmente los productos electrónicos y los teléfonos móviles, suelen considerarse más fiables, aunque ésto ha ido cambiando poco a poco a medida que los productos y las prácticas comerciales chinas mejoran y más comerciantes se trasladan a China. Casi todos los productos que se venden en Chungking Mansions, con la excepción de muchos teléfonos móviles, se fabrican en China, aunque sus etiquetas a veces indiquen que se fabricaron en otro lugar. Éstos comerciantes a veces llegan a Hong Kong con visas de negocios obtenidas en sus países de origen (necesarias para aquellos países a los que se les ha denegado el acceso sin visa a Hong Kong), pero con mayor frecuencia se les admite en el aeropuerto de Hong Kong. Pueden ser admitidos por catorce, treinta o noventa días sin visa, como se explica en el capítulo 1, dependiendo de su país de origen, del efectivo disponible y de su experiencia previa en Hong Kong" (Mathews, pp. 57, 58).

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¿El nuevo modelo de mundo?

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Quienes han llegado previamente a Hong Kong y no han excedido el límite de estancia permitido suelen recibir un trato más flexible por parte de inmigración que quienes lo visitan por primera vez. Algunos comerciantes permanecen en Hong Kong y en Chungking Mansions durante el tiempo que requiere su negocio; un comprador de teléfonos móviles difícilmente podría salir del edificio durante una semana. Otros comerciantes permanecen en Hong Kong sólo el tiempo suficiente para obtener una visa para China, tras lo cual pueden tomar un tren directamente desde Chungking Mansions hasta la frontera china. Algunos comerciantes vienen a Hong Kong o China sólo unas pocas veces al año o menos, mientras que otros parecen estar en constante movimiento, yendo entre Hong Kong, China y sus países de origen cada una o dos semanas. El atractivo para los comerciantes es China, con su abundancia de productos manufacturados baratos. Éstos comerciantes compran productos fabricados en China para transportarlos de regreso a sus países de origen porque éstos no los fabrican, al menos no a precios competitivos. Algunos de los productos que compran éstos comerciantes, como teléfonos móviles, se llevan de vuelta a casa en su propio equipaje, a menudo de 32 kilos por maleta, permitidos por aerolíneas como Ethiopian y Emirates, con kilos adicionales permitidos si el comerciante pertenece a un programa de viajero frecuente, como muchos hacen. Los comerciantes más grandes también pagan los costos adicionales del flete aéreo por las maletas adicionales. Éstos comerciantes traen de vuelta teléfonos móviles o aparatos electrónicos especialmente delicados, o ropa, especialmente ligera, sobre todo envasada al vacío. Otros comerciantes alquilan o comparten contenedores, costosos pero necesarios para productos como azulejos o piezas de automóviles. Éstos comerciantes deben decidir si se aventuran en China, potencialmente lucrativo pero arriesgado, o si operan en Hong Kong, percibido como más seguro y fiable. Sin embargo, las actividades empresariales de éstos comerciantes conllevan un alto riesgo, no sólo en China, sino en todos sus circuitos globales. Un riesgo es que sean engañados en China o Hong Kong, comprando productos que les han sido malinterpretados y que no pueden vender en su país. Alternativamente, pueden simplemente calcular mal y comprar productos que no se venderán en su país. Otro riesgo es que las imitaciones que los comerciantes compran en China (muchos productos que compran son auténticos, pero muchos no lo son) pueden ser confiscados por las autoridades de China o Hong Kong. Un riesgo aún mayor reside en las aduanas de sus propios países, que pueden representar una gran barrera, que pueden superar mediante pagos legales, suerte o sobornos. Un comerciante nigeriano me comentó que puede obtener un 60% de beneficio bruto con las mercancías que trae consigo, pero debe devolver la mitad como sobornos a diversos funcionarios gubernamentales. Ésto varía de un país a otro, pero dado que la corrupción es común y las regulaciones aduaneras a menudo no son claras para los comerciantes, sus traslados de regreso a sus países de origen están plagados de peligros. Dado que muchos bancos de países africanos y del sur de Asia no ofrecen cartas de crédito ni otros instrumentos financieros aceptados en bancos de Hong Kong o China, muchos comerciantes llevan decenas de miles de dólares en efectivo, hasta 50.000 o incluso 100.000 dólares estadounidenses. Como me dijo un comerciante de África Oriental: "¡Todos éstos comerciantes llevan efectivo, por supuesto! Hong Kong es el lugar más seguro de Asia para hacer negocios. Nunca he conocido a nadie que haya sido robado". Algunos de los comerciantes africanos con los que me he topado llevan más efectivo en sus manos a la vez que muchos estadunidenses podrían haber tenido en toda su vida y se sienten seguros haciéndolo en lo que perciben como la seguridad de Chungking Mansions y Hong Kong (aunque desde 2009, más comerciantes transferían dinero o enviaban remesas). No es raro ver a comerciantes dejar miles de dólares en efectivo en un mostrador de Chungking Mansions. Aunque pueden ser estafados de maneras más sutiles, su dinero está seguro, salvo en momentos de descuido. Una historia popular que circula en Chungking Mansions (quizás cierta, aunque todavía no he encontrado a nadie que admita ser víctima) es la de un comerciante africano que esconde 50.000 dólares en su ropa interior y que acompaña a una trabajadora sexual china a su habitación. Se ducha y ella, al encontrar una fortuna en sus cajones que podría alimentar a su familia durante una década, huye en el tren que sale cada cinco minutos hacia la frontera con China. Él ve su pérdida y la persigue furiosamente, pero nunca vuelve a verla ni a su dinero. La gran mayoría de éstos comerciantes son hombres, aunque también hay mujeres que se dedican a la confección. Éstos comerciantes suelen pertenecer a las clases más adineradas de sus sociedades de origen. Como se mencionó anteriormente, no todos los empresarios son africanos, aunque la gran mayoría sí lo son. Muchos son indios, a menudo dedicados al comercio textil, y otros son de Europa del este o rusos, a menudo dedicados a la telefonía móvil o la electrónica. También hay yemeníes, filipinos, saudíes y franceses; he conocido a gente de diversos países involucrados en una asombrosa variedad de comercios. Pero los empresarios africanos son los más destacados de Chungking Mansions y, de hecho, también en el sur de China. En ocasiones, me he reunido con comerciantes africanos que visitan Hong Kong por primera vez. Realicé una visita informal nocturna a Hong Kong para dos comerciantes tanzanas, quienes expresaron su asombro ante los altos edificios y los trenes. Una dijo: "Nunca había estado en un tren eléctrico. De donde vengo, los trenes funcionan con petróleo". También habló con asombro de todas las "escaleras mecánicas" que sólo había visto una vez en el aeropuerto de su país. Pero éstos comerciantes no eran ajenos a la tecnología del mundo contemporáneo. Durante gran parte de nuestro recorrido, estuvieron con sus teléfonos móviles llamando a sus amigos en Dar es Salaam. Como me explicó uno de ellos: "Sí, les contaba a mis amigos de casa sobre lo que veía, sobre las escaleras corredizas y los centros comerciales. ¿Pero cómo puede haber tantos centros comerciales? ¿Por qué la gente de Hong Kong compra tantas cosas?" –una pregunta sabia que no pude responder-, tras lo cual tuvimos una animada discusión sobre la naturaleza del capitalismo. Una historia que he escuchado de varias personas se refiere al Día Nacional de China en Hong Kong, que incluye una exhibición de fuegos artificiales sobre el puerto de Hong Kong para emocionar a las multitudes de decenas de miles. Al parecer, varios comerciantes africanos oyeron las explosiones, vieron a toda la gente fuera y corrieron a los ascensores en busca de refugio, pensando que había comenzado una guerra y que Hong Kong estaba siendo bombardeado. Éstos empresarios africanos tienen poca conexión con Hong Kong, en su mayoría, excepto, por sus incursiones comerciales en Sham Shui Po u otros barrios de Hong Kong donde se venden productos al por mayor. El racismo sutil a veces es evidente en el 7-Eleven que está a la vuelta de la esquina de Chungking Mansions. He visto a hongkoneses entrar al 7-Eleven para simplemente quedarse mirando a los africanos durante treinta segundos antes de salir sin comprar nada. Muchos comerciantes jóvenes han intentado ligar con mujeres hogkonesas, pero con poco éxito. Algunos han aprendido por amarga experiencia que, además del racismo, la forma en que suelen abordar a las mujeres en África se considera agresiva en Hong Kong, lo que quizás aumenta el miedo con el que muchos hongkoneses los ven. En resumen, es difícil para los comerciantes africanos en Hong Kong. Inevitablemente, destacan en una ciudad con un 95% de población china y son, si bien no necesariamente víctimas de discriminación racial, sin duda el "otro" extraño y temido en el contexto hogkonés. Por éso los africanos tienden a reunirse en Chungking Mansions y en lugares como el cercano 7-Eleven. Sólo en éstos lugares pueden encontrar seguridad gracias a la cantidad y a estar con gente como ellos. Algunos de éstos comerciantes africanos son ingenuos al no saber exactamente en qué se están metiendo, pero todos son valientes al dejar sus hogares para buscar fortuna en un país extranjero. Muchos perderán hasta la camisa y nunca regresarán. Algunos obtendrán buenas ganancias y se convertirán en comerciantes habituales, pasando por Chungking Mansions una media docena o una docena de veces al año. Unos pocos inteligentes y afortunados amasarán fortunas. Los comerciantes africanos que he conocido en Hong Kong tienen vínculos globales que se extienden mucho más allá de Hong Kong; éstos comerciantes a menudo siguen un largo y complejo recorrido, que va desde su hogar y países vecinos en África, hasta Dubái. Bangkok y otros destinos del sudeste asiático, Hong Kong, el sur de China, y viceversa: "Como se mencionó en el capítulo anterior, mis asistentes de investigación y yo acompañamos a los comerciantes en partes de sus giras globales desde Chungking Mansions. Muchos de los comerciantes africanos que se alojan en Chungking Mansions se dirigen a la provincia de Guangdong, la zona industrial del sur de China con mayor acceso a Hong Kong, así como a otras ciudades de China, como Yiwu. Los comerciantes africanos de Guangzhou, capital de la provincia de Guangdong, están presentes en varios barrios diferentes. Está el edificio Tianxiu y sus alrededores, un rascacielos dedicado exclusivamente a la venta de mercancías a comerciantes africanos y de Oriente Medio, una zona frecuentada por numerosos comerciantes musulmanes. También está la zona de Sanyuanli, frecuentada por igbos nigerianos, entre otros, que celebran servicios católicos regulares en igbo en la Catedral del Sagrado Corazón de Guangzhou. En Guangzhou, a diferencia de Chungking Mansions, los comerciantes de diferentes orígenes suelen desplazarse a distintas zonas de la ciudad para realizar sus negocios y suelen dormir en apartamentos u hoteles en las afueras; no existe un lugar donde todos vivan y se relacionen, como Chungking Mansions. A diferencia de Chungking Mansions, muchos comerciantes de Guangzhou no hablan inglés. Se las arreglan con su conocimiento de algunas palabras de mandarín o contratando a una de las docenas de jóvenes chinas –estudiantes universitarias, me han dicho- que ofrecen sus servicios como intérpretes en los mercados de Guangzhou. En Guangzhou, más que en Hong Kong, existen extremos de pobreza y riqueza, así como una división entre legalidad y la ilegalidad. Entre los comerciantes africanos, por un lado, hay nigerianos y otros africanos que viven ilegalmente y que a veces participan en el tráfico de drogas, ya sea transportándolas de África a China o vendiéndolas en la calle de Guangzhou, pero ésto es poco común en Hong Kong. Debido a la gran cantidad de africanos en Guangzhou –una estimación de 20.000, otras estimaciones son mucho mayores-, pueden pasar desapercibidos si exceden el tiempo permitido por sus visas" (Mathews, pp. 61, 62). Por otro lado, en Guangzhou hay muchos empresarios africanos y de Oriente Medio, consolidados y adinerados. Algunos han tenido el capital para evitar Chungking Mansions y encargar directamente a fábricas del sur de China, con las que han establecido relaciones, generalmente durante años. Pueden tener visas de trabajo de larga duración en China. Otros son agentes, o "reparadores", algunos de los cuales hablan mandarín con fluidez, que negocian acuerdos para sus compatriotas africanos. Estuve en un elegante restaurante de barbacoa brasileña en Guangzhou, donde se celebraban unas fiestas de sábado por la noche con cien o más empresarios y agentes africanos. También me alojé con un agente congoleño en su apartamento de un rascacielos en Guangzhou, un lugar que, con todos sus accesorios, habría sido la envidia de prácticamente todos los chinos que viven en la ciudad. Algunas de éstas personas han logrado permanecer legalmente en China, gracias a visas favorables o a su matrimonio con una mujer china, pero sus visas aún pueden requerir renovación periódica. A menudo hacen un ciclo regular de ida y vuelta entre Guangzhou y Chungking Mansions para renovar sus visas cada treinta días. Otros, especialmente aquellos con menos que perder, optan por el camino más arriesgado de quedarse más tiempo del permitido por sus visas, lo que les permite permanecer en Guangzhou indefinidamente, pero los somete, si son descubiertos (y si no pueden pagar el soborno requerido, me han dicho), a penas de cárcel y deportación. Además de Guangzhou, muchos de los comerciantes africanos en Chungking Mansions hablan de Dubái, y en particular del barrio dubaití de Deira, como un lugar de comercio. Los comerciantes africanos que conocí en Dubái en 2009 a veces viajaban desde África Oriental hasta Hong Kong y China, y viceversa. Como me contó un comerciante zambiano, a menudo se encuentra con otros comerciantes africanos que conoce de Chungking Mansions en las calles de Deira, y viceversa. Cada lugar tiene sus ventajas y desventajas. Como dijo un comerciante tanzano: "Normalmente, los productos son más baratos en China, ya que todos los productos fabricados en China tienen que enviarse desde China hasta aquí (Dubái). Pero a veces se encuentran ofertas aquí, aunque los hoteles son muy caros en comparación con Chungking Mansions". Un comerciante de teléfonos nigeriano señaló que, si bien Dubái tiene muchos teléfonos europeos almacenados que se venden a precios reducidos (conocidos como teléfonos de catorce días), los teléfonos fabricados en China son más baratos en Hong Kong y China. Los comerciantes africanos eligen Dubái por varias razones. Algunos vienen por los problemas que encuentran para obtener visas para China. Otros no están en ése circuito global, al menos no todavía. Hong Kong y China son lugares con los que sueñan para hacer negocios, pero por ahora se han conformado con el mundo geográficamente más cercano y culturalmente más familiar de Dubái, con su fuerte presencia del islam y sus numerosos comerciantes somalíes. "Sí, quiero ir a China, pero he oído que se puede perder todo en China", me dijo un comerciante. "Hay que tener mucho cuidado allí". Pasé una tarde en un cibercafé en Dubái con un comerciante zambiano que buscaba llegar al origen chino de las copias de productos electrónicos que estaba comprando, para poder eliminar al intermediario. Insistió en que la empresa debía tener un sitio web, pero, por supuesto, sólo encontramos el sitio web de la empresa europea real, no el de la empresa que fabrica copias con el nombre de la empresa real. Me llevó horas convencerlo de que es improbable que una empresa que fabrica productos de imitación se anuncie en internet, y que, en lugar de buscar el origen oculto de ésta empresa, sería mejor que se quedara a comprar en Dubái (aunque algunos de sus proveedores en Dubái podrían saber exactamente de dónde provienen ésos productos), o tal vez ir a Chungking Mansions o a Guangzhou, lo más cerca que podría estar del origen de ésos productos. Chungking Mansions es un nodo importante en la economía del mundo en desarrollo, pero nadie sabe exactamente en qué medida. En todo el mundo, el tránsito de mercancías escapa en gran medida al control gubernamental; menos del cinco por ciento de las mercancías que pasan por los puertos mundiales son inspeccionadas. En el mundo en desarrollo, ésta falta de control gubernamental sobre el tránsito de mercancías se debe a que los gobiernos carecen de la capacidad de controlar plenamente la economía. El Estado intenta ejercer control, pero no puede; excede su alcance, porque sus ciudadanos pueden evadirlo fácilmente. En Hong Kong, ésto ocurre en parte no sólo porque el Estado no puede controlarlo, sino porque no quiere. Hong Kong calificado constantemente como la economía más libre del mundo, la economía más libre de las restricciones de la burocracia estatal, por la Heritage Foundation y el Wall Street Journal. La libertad de la economía de Hong Kong es hasta cierto punto mítica: los promotores inmobiliarios y otros magnates, de hecho, tienen una influencia desmesurada en la política gubernamental. No obstante, la libertad económica ha sido durante mucho tiempo la ideología dominante de Hong Kong. Si bien el Estado controla parcialmente la economía en muchas áreas –por ejemplo, en su regulación de los vendedores ambulantes, así como en su represión de la producción a gran escala de imitaciones-, es justo decir que, en general, el gobierno de Hong Kong es la encarnación del laissez-faire y del neoliberalismo, la doctrina de que el gobierno debe hacerse a un lado y dejar que mercado tenga rienda suelta. Utilizando el lenguaje de una época anterior, Hong Kong es una isla del primer mundo entre dos bloques económicos del tercer mundo: China, que se desarrolla rápidamente pero aún carece de un estado de derecho pleno en sus actividades económicas, y África. Chungking Mansions, a su vez, encarna una economía informal del tercer mundo, posibilitada por el neoliberalismo del primer mundo de la sociedad en la que se ubica. Chungking Mansions no existiría hoy si no fuera por el flujo de mercancías que entran y salen de sus puertas, como acabamos de ver. Pero éstas mercancías se comercializan en el contexto de un entramado de leyes que sólo pueden transgredirse asumiendo cierto riesgo. Éste contexto legal no sólo afecta a los comerciantes. Ya sea el dueño de un restaurante preocupado por la imagen ilegal de Chungking Mansions, el trabajador temporal que buscar ser visto sólo como un turista, el comerciante con productos de imitación que podrían ser confiscados, el viajero preocupado por la seguridad de su dinero o, un tema central de éste capítulo, el solicitante de asilo que sueña con un hogar en un nuevo país, la ley, encarnada por la policía en Chungking Mansions, está siempre presente e ineludible. La mayoría de las personas en Chungking Mansions deben preocuparse por la ley al menos en algunos aspectos de su sustento. Muchos comerciantes declaran ventas inferiores a las reales en sus impuestos anuales sobre la renta (como sucede en todo Hong Kong). Muchas tiendas venden productos de imitación que siempre pueden, al menos en teoría, ser confiscados. Muchos negocios contratan trabajadores ilegales, lo que, de ser descubierto, podrían someterlos a severas sanciones legales, y éstos mismos trabajadores viven una existencia legamente precaria: sus vidas podrían verse completamente perturbadas en cualquier momento por la policía. En general, todas éstas personas están a salvo de ser procesadas: todo ésto se tolera en mayor o menor medida. Los traficantes de drogas suelen ser procesados; los ladrones declarados son procesados; quienes se quedan más tiempo del permitido con su visa pueden ser capturados y encarcelados; y los vendedores de imitaciones que ofrecen sus productos en la acera frente a Chungking Mansions son ocasionalmente procesados; al igual que las trabajadoras sexuales. Pero en general, Hong Kong es un lugar relativamente seguro para que éstos negocios y trabajadores realicen sus actividades al margen de la ley. Para la mayoría de los comerciantes de bajo nivel, el cumplimiento absoluto de la ley en todas sus diferentes manifestaciones a nivel mundial es económicamente suicida: la ley limita a los comerciantes en cada etapa de su trayectoria. Pero para los comerciantes de Chungking Mansions, como para cualquier otro grupo ocupacional del edificio, la ley puede ser ignorada, al menos parcialmente. Un ejemplo me enseñó cuánto de la ley se encuentra en Chungking Mansions. Al principio de mi investigación, me contactó una periodista que buscaba entrevistar algunas de las personas que trabajaban en Chungking Mansions. Después de medio hora de conversación confíe en ella y busqué ayuda, pero entonces me di cuenta de que ninguna de las doce personas que mejor conocía en Chungking Mansions estaría disponible para que ella las entrevistara, al menos no si sus nombres se hacían públicos: "Varios eran solicitantes de asilo, cuyos nombres e identidades no pueden publicarse. Varios otros eran trabajadores temporales. Otros eran gerentes de restaurantes o pensiones que empleaban a trabajadores ilegales u operaban locales sin licencia o con diversas infracciones que pudieran salir a la luz, por lo que procuraban permanecer en el anonimato. Nadie quiso hablar oficialmente, lo que quizás confirma la impresión de éste reportero de que Chungking Mansions es, en efecto, un antro de iniquidad. Chungking Mansions no es un antro de iniquidad, como ya debería estar claro; las infracciones legales de mis informantes generalmente eran menos cuestiones de moralidad que de tecnicismos legales. Existe una gran explotación de trabajadores pobres y de bajo nivel por parte de propietarios y gerentes adinerados, pero ésto no es una característica exclusiva de Chungking Mansions, sino de Hong Kong y del mundo capitalista en su conjunto. Se cometen graves injusticias en los rincones de Chungking Mansions. Vi, antes de comprender qué sucedía, cómo una empleada doméstica indonesia que había perdido su trabajo era sorteada al mejor postor por sexo. Hablé brevemente, antes de que me llevaran a toda prisa, con un solicitante de asilo pakistaní obligado a trabajar como esclavo para su empleador, bajo pena de ser entregado a la policía y deportado si hablaba. Vi a un africano, desmayado por la bebida, recibir repetidas patadas en la cabeza por nepaleses que sentían que los había insultado. Pero éstas son excepciones: Chungking Mansions es, en general, un lugar civilizado, pacífico e incluso moral. Creo que ésto se debe al islam, con sus estrictos códigos morales que rigen a aproximadamente la mitad de los habitantes de Chungking Mansions, sumado a la propia tolerancia de Hong Kong hacia la diversidad humana, que impide que la intolerancia hacia los no creyentes, a veces evidente en lugares como Pakistán, se introduzca en Chungking Mansions" (Mathews, pp. 152, 153).

Maya F. ©

Los musulmanes en México.

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Las Caravanas Migrantes fueron detenidas con el COVID-19, el confinamiento mundial y la militarización de las fronteras: Honduras, Salvador, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Haití, Ecuador, Colombia, Venezuela, República Dominicana. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias de la Unión Europea ha empujado una migración hacia Estados Unidos y Canadá desde las repúblicas exsoviéticas: Rusia, Ucrania, Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán. Y otra migración hacia Estados Unidos y Canadá por el mismo motivo: China, India, Egipto, Bangladesh, Afganistán, Pakistán, Arabia Saudita, Nepal, Filipinas, Turquía, Angola, Mauritania, Congo, Camerún, Ghana, Nigeria. En febrero de 2025 el Departamento de Estado de los Estados Unidos (DOS) designó como organizaciones terroristas extranjeras al Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel del Noreste (CDN), Nueva Familia de Michoacán, Cárteles Unidos, Cártel del Golfo, Mara Salvatrucha (MS-13), Tren de Aragua. México se ha convertido en país de refugio, lo cual es irónico, ya que la mayoría viene huyendo de la violencia, el desempleo y la pobreza: 38,5 millones de pobres, una tasa de pobreza laboral del 33.9%, una tasa de desocupación del 3.0%, una tasa de informalidad del 54.8% y una tasa de crecimiento anual del 0.6%. Antes del COVID-19 el primer lugar mundial en consumo de pornografía infantil (PCF, 2018), el segundo lugar en producción y distribución mundial y el primer lugar en América Latina (ECPAT, 2019). Felipe Gaytán Alcalá en "El miedo a lo distinto y lo distante. La representación social estigmatizada de los musulmanes en México" (UNIVERSIDAD LA SALLE, 2020), identifica que el crecimiento de las comunidades musulmanas en México no sólo ha tenido un relativo impacto cultural en el panorama de la diversidad religiosa debido a la creciente inmigración árabe musulmana y la conversión de mexicanos al islam, también éste crecimiento ha sido parte de la agenda hemisférica con Estados Unidos, particularmente después del levantamiento zapatista en Chiapas en 1994 y la presencia de musulmanes españoles, supuestamente ligados a Hezbolá, tratando de vincularse al movimiento armado. Después de los atentados al World Trade Center (WTC) en Nueva York en 2001, los migrantes musulmanes que llegaban al Aeropuerto de la Ciudad de México, particularmente los provenientes de países árabes, temían que les fuera negada su entrada al país o que fueran exhaustivamente interrogados por su adscripción religiosa al islam. Muchos de ellos preferían decir que eran cristianos ortodoxos, coptos o simplemente cristianos. Las medidas de seguridad no fueron iniciativas de México como país soberano, en realidad fue una política de colaboración con Estados Unidos a raíz de dichos atentados. Basta señalar que, en 2001, México manifestó un apoyo irrestricto a éste país en su lucha contra el terrorismo, asumiendo las medidas estrictas de control aduanal y migración fijadas por el Departamento de Estado, y lo que antes no aceptaba abiertamente, que la seguridad nacional estaba bajo un esquema de seguridad hemisférica tutelada por Estados Unidos. Anterior al episodio de 2001 ya había un registro de alerta de seguridad nacional entre ambos países, por la supuesta presencia de células radicales de Medio Oriente, específicamente en 1994, durante el levantamiento insurgente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas. En el contexto del conflicto armado de ése año, las autoridades mexicanas registraron la presencia de un grupo de musulmanes de origen español encabezados por Aureliano Pérez Yruela cuyo objetivo, según las autoridades mexicanas, era vincular la lucha armada zapatista con los movimientos de liberación como Hezbolá. Aureliano y su grupo no tuvieron éxito en su empresa, los líderes zapatistas nunca respondieron a los mensajes, pero el suceso alertó a las agencias de seguridad de ambos países. El Estado mexicano fijó entonces una política migratoria selectiva respecto a los árabes musulmanes que llegaban a territorio nacional, ya sea en tránsito o para residir aquí, ésto porque cuando uno o varios individuos radicalizados (extremistas) de origen árabe y musulmán reivindicaron el atentado de Nueva York, el estigma se extendió a todo el grupo, aunque éstos últimos no lo fueran. México negó que su política migratoria se hubiera centrado en ésas personas por su origen o creencia. Pero sus acciones apuntaban a lo contrario, al ser mayores los requisitos administrativos y de seguridad para éste grupo que para otros. Para los estadounidenses, el islam y sus comunidades se convirtieron en un tema de política interna, cuanto más sería un tema de seguridad nacional para México debido a que los servicios de inteligencia estadounidenses temían que por la extensa frontera entre ambos países llegaran a cruzar miembros de Al Qaeda y otros grupos islámicos radicales. De ésta forma, la creciente presencia de musulmanes en México, ya sea por migración o por conversión, no era un problema cultural o de convivencia con otras religiones e iglesias, tampoco una preocupación reducida a la construcción del estigma cultural social, como lo definió Goffman. Antes bien fue un tema considerado estratégico para la política interna de Estados Unidos, en la que se incluía la política fronteriza hacia su vecino del sur, sin soslayar por supuesto que en ello existe una representación social de la figura e imagen del árabe-musulmán traducido en el estigma de ser proclives a la violencia y el fundamentalismo religioso, señalándolos como una amenaza potencial. La política de seguridad nacional ha construido una representación social del musulmán en la objetivación de la imagen fundamentalista y anclada en la violencia potencial que éstos pueden ejercer contra los denominados infieles, imagen extendida de Estados Unidos hacia México. Para la teoría de las representaciones sociales, la objetivación refiere a la selección arbitraria y descontextualizada de sucesos, objetos o personas de acuerdo con criterios culturales que sintetizan todo en una imagen y la normalizan como conocimiento de sentido común. En ése mismo sentido, el anclaje fija la representación social en una serie de conocimientos y juicios de valor pre-existentes. El ataque del 11 de septiembre de 2001 dibujó la representación social del árabe musulmán como fanático religioso, sin separar la acción individual o grupal de unos cuantos militantes de Al Qaeda con la identidad de todo un conjunto de creyentes del islam que habitan el Medio Oriente; de ésta manera, en la percepción de la opinión pública y de las agencias se construyó una idea homogénea y monolítica del musulmán, idéntico a Osama Bin Laden, sin concesiones. De manera selectiva se construyó una imagen extendida del terrorismo como una acción potencial de todos los creyentes del islam contra los ciudadanos estadounidenses y sus vecinos. El anclaje fijó la representación de considerar que todos los árabes musulmanes tendrían motivos para atacar Estados Unidos y de ahí el estigma de considerarlos radicales y potencialmente violentos. Éste proceso de objetivación y anclaje ha sido claro en las distintas notas periodísticas y en las declaraciones de funcionarios de seguridad, en incluso en los informes oficiales de las agencias. Pero cabe mencionar los errores de dichas notas, funcionarios y agencias asumen y tergiversan la información. Primero, no todos los árabes son musulmanes, existen árabes cristianos de diferente signo y otras adscripciones religiosas; segundo, los musulmanes son las personas que profesan la religión del islam, orientada a un sistema de vida cuyos cimientos espirituales se enmarcan en el Corán; tercero, los islamistas refieren a una posición política que busca re-islamizar el mundo social contra la cultura colonial, es una estrategia de politizar el islam en el mundo contemporáneo; cuarto, el integrismo islámico es un movimiento que busca someter todo el entramado político, social y económico a una concepción totalitaria del derecho religioso; quinto, el terrorismo (que puede ser no sólo musulmán sino cristiano, católico, judío o de cualquier otra identidad moral o religiosa) es un tipo especial de organización caracterizada por su naturaleza clandestina, su tamaño reducido, que busca afectar el poder de una sociedad mediante actos violentos que provoquen miedo entre los ciudadanos. A partir de tales representaciones y estereotipos, el presente texto aborda cómo –desde diferentes agencias de seguridad e inteligencia militares y civiles- se percibe el problema de seguridad nacional que representan los árabes musulmanes en tránsito y las comunidades musulmanas en México ubicadas en las fronteras mexicanas, tanto la que colinda al sur con Guatemala como la del norte con Texas y California, Arizona y Nuevo México: "Cabe señalar que si bien los acontecimientos de 2001 en Nueva York detonaron el seguimiento y vigilancia a éstos migrantes y comunidades en nuestro país, también es cierto que las primeras alertas identifican, durante el levantamiento insurgente zapatista de 1994 en Chiapas, un grupo de musulmanes españoles ligados al Movimiento Mundial Murabitum, supuestamente ligado a grupos como Hezbolá, que hizo llegar una carta al subcomandante Marcos expresando que la lucha por la liberación de los pueblos debía hacerse bajo la bandera del islam, pues es la fuerza de la fe y la verdad que emana de ella la que habrá de guiar al éxito de la campaña. Carlos Martínez Assad ha insistido que tales vínculos con Hezbolá no existieron, y que fue ante todo un grupo español –radicalizado en su postura de contribuir a la revolución bajo la bandera del islam- que se quedó en San Cristóbal de Las Casas e inició una cruzada de conversión entre los indígenas de la zona que habían sido expulsados de sus comunidades y vivían en situaciones precarias. Se ha documentado que los simpatizantes de diversos movimientos realizaron propaganda en la zona, aprovechando la caja de resonancia mediática que ofrecía la atención de los medios y el activismo social de lo que representaba el movimiento zapatista en el mundo. Se muestra la representación, a veces disonante entre agencias, sobre el hecho musulmán en México, partiendo de algunos estereotipos y estigmas, de las comunidades musulmanas en México y de musulmanes en tránsito. Adelantando algunas cuestiones se suele señalar que regularmente los reportes hacen hincapié en el estereotipo de los migrantes o viajeros musulmanes de origen árabe y no en aquellos provenientes de África subsahariana: Níger, Nigeria, Somalia y Libia. De igual manera, los mecanismos de seguridad han dado seguimiento a los turistas y viajeros adscritos al islam. Sólo entre 2005 y 2010 se identificaron más de 10.000 turistas o visitantes provenientes de países árabes con mayoría musulmana en los puntos de arribo en el país (vía marítima, aérea o terrestre)" (Gaytán Alcalá, pp. 164, 165). Cabe destacar que los datos de los viajeros del Instituto Nacional de Migración (INM) no revelan la adscripción religiosa de los viajeros, también es cierto que la objetivación y anclaje de la representación política del musulmán los convierte automáticamente en sospechosos al simplificar la identidad entre país de origen y creencia religiosa, aunque muchos de ellos quizá sean cristianos en alguna de sus versiones. Existe también una cifra negra o desconocida de los migrantes árabes ilegales detenidos en la frontera México-Estados Unidos y que no ha sido reportada en las estadísticas públicas, pero existen cifras e historias en la prensa. Por último, las alertas emitidas sobre posibles ataques de movimientos radicales islámicos en México, han sido registradas en los informes de organizaciones y en las columnas periodísticas; la mayor parte han sido desestimadas por la falta de información o la imprecisión en los datos. México no representa un escenario propagandístico para escenarios terroristas, como tampoco los integrantes de grupos radicales encontrarían una red de apoyo en las comunidades musulmanes locales, no por su tamaño o influencia sino por la falsa representación de que los musulmanes son una única comunidad, sin reparar en los diferentes grupos que proceden de tradiciones distintas y a veces distantes. Además, las propias comunidades han señalado que la presencia de cualquier integrante de éstos grupos no pasaría desapercibida y que sería casi imposible mantenerse en el anonimato y menos en la clandestinidad. Históricamente, México ha sido un país de mayoría católica, aunque en las últimas décadas el porcentaje de los que se han declarado católicos ha disminuido, y en sentido inverso ha aumentado la presencia de otras iglesias cristianas, así como los denominados "sin religión". Mientras en el año 2000 el porcentaje de católicos era de 88%, para el 2010 bajó a 82.9%. El conjunto de personas adscritas a las comunidades evangélicas, cristianas y bíblicas pasaron de representar 6.1% en 2000 a 9.8% en 2010. Ha sido notable el crecimiento de iglesias cristianas de distinta denominación y en menor grado lo ha sido la expansión de otras adscripciones religiosas fuera del cristianismo. En el mismo período (2000-2010) la población que se adscribe al islam pasó de 1.500 personas en el 2000, mientras que en 2010 fueron 3.760 y par 2015 un total de 5.260. Aunque el aumento en porcentajes puede ser espectacular (100% cada cinco años) en números totales es una cantidad pequeña comparada con la población total de 120 millones de habitantes e ínfimo respecto al total de católicos y cristianos del país. Algunas comunidades musulmanas en México difieren de los datos oficiales y estiman que en el país hay un subregistro y el total de la comunidad alcanza las 12.000 personas. Algunas cifras mencionadas por otras organizaciones rebasan por mucho cualquier cifra oficial, aunque no parecen tener soporte alguno como la señalada por la Organización Islámica para América Latina, que supone 17 millones de musulmanes e la región y 11.000 en México entre migrantes y conversos. Lo que resulta interesante cuando hablamos de las cifras oficiales, es la ausencia de una definición del islam en el glosario de términos y conceptos de las religiones, utilizado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) para el Censo de población 2010. A diferencia de definiciones sobre catolicismo, protestantismo, judaísmo y muchos más, el glosario no establece una definición como tal, limitándose en caracterizar los grupos y comunidades en cuatro grandes grupos étnicos religiosos (chiíes, jariyismo, sunníes, sufismo) y una categoría genérica indiciada como grupo islámico, aquí la semántica de las palabras tiene una representación política importante, pues para indicar como islámico a un grupo puede confundirse en la opinión pública o en la forma en que los medios de comunicación pueden leer grupo islamista. La diferencia en el significado es profunda, pues no significa lo mismo islámico que islamista. El primero adscribe a una fe mientras que el segundo define una postura radical de rechazo frente al mundo, y la vuelta a las fuentes señaladas por el profeta. En éste punto puede observarse la dificultad en la construcción de la representación social de traducir una imagen abstracta y lejana, por otra concreta, próxima y cercana como lo ha sido la imagen del musulmán en México. En todo caso, el camino más corto ha sido el estereotipo y, derivado de los sucesos históricos de conflicto, con el estigma de la fe que se profesa. Para la teoría de las representaciones sociales, la dificultad de construir una imagen del islam y del musulmán en México radicaría en una limitada interacción de éstos en la vida cotidiana y en espacios sociales más amplios, incluidos los espacios informativos. Es notable la cuasi-ausencia de un horizonte de conversaciones compartidas entre los individuos que pertenecen a dichas comunidades y el resto de los ciudadanos en las ciudades donde radican. Parece que sólo son visibles las posturas institucionales, mediadas por voces autorizadas y nos los puentes de palabras entre los individuos que por su fe se caracterizan por prácticas particulares ajenas, distintas y distantes de otras interacciones sociales. Ésto incluye el esfuerzo que el Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación ha hecho para dar voz y reconocimiento a todas las denominaciones religiosas, en un consejo de encuentro de los representantes religiosos en el marco de un Estado laico. Frente a la indefinición del islam en el catálogo de religiones en México del Inegi, y la categorización de éstas comunidades como iglesia en el Censo 2010, los líderes de los grupos rechazaron ser una iglesia, para ellos el islam y sus formas de adhesión son una religión, una forma de vida y no una estructura eclesiástica o pastoral como ocurre en el cristianismo, distinción que no es del todo comprendida en el Estado mexicano. Señalan de manera insistente que ésto ha derivado en un conjunto de estereotipos y estigmas que impide mostrar el complejo mundo del islam, así como difundir los textos del Corán y otros documentos más allá de sus centros. Según Omar Weston, líder del Centro Cultural Islámico en México, hace falta un mayor entendimiento del islam en el país. Reconoce que, aunque son una comunidad pequeña, ésto no los han exentado de lidiar con los estereotipos para alcanzar una representación social que lleve la voz de todas las comunidades a la opinión pública, sumando a ello diversas divisiones y conflictos entre comunidades y centros culturales que dificultan aún más tener una voz unificada hacia el exterior. En total se han creado 14 centros culturales, algunos de ellos salafíes vinculados con Arabia Saudí. De hecho, en la década de 1980, mediante el financiamiento de las embajadas de la región del Medio Oriente, se hizo visible la conformación de grupos y espacios para la oración y el encuentro de los musulmanes en México, la Embajada de Arabia Saudí fue una de las que financiaron la impresión y traducción del Corán al español, así como la construcción de musallas (espacios de oración) buscando impulsar la expansión del wahabismo en varias partes del país, particularmente en la Ciudad de México. Otros centros culturales de carácter más pragmático y vinculados con los grupos chiíes señalan adaptarse a la realidad mexicana para hacer llegar el mensaje religioso. Entre los 14 centros que resaltan por su presencia y número de integrantes, están el Centro Cultural Islámico, el Centro de Estudios Ibn Jaldún, el Centro Ahlel Bayt y el Centro Salafí México, entre otros. Pero su reconocimiento legal por parte del Estado mexicano no ha sido fácil; en algunos casos, la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación les ha negado el registro como asociaciones religiosas, el cual, a diferencia de otros países como Perú y Argentina, en México es voluntario y otorga algunas facilidades fiscales y jurídicas; en 2003 sólo se habían otorgado dos registros de asociaciones religiosas que tienen por credo el islam: la Comunidad Islámica de La Laguna y la Organización Sufí Salveti Yerrajid. En ése mismo año, argumentando tecnicismos legales, se les negó el registro a la Organización Islámica de México y al Centro Cultural Islámico de México. Para 2020, el panorama no cambió, pues según la base de datos de la página de la Secretaría de Gobernación, apenas son tres asociaciones registradas como islámicas, lo que ha dificultado sus actividades como asociaciones religiosas, aunque han llevado a cabo sus actividades como asociaciones civiles. Otro obstáculo para su visibilidad en la sociedad mexicana han sido las divisiones internas de los grupos y centros, lo que ha impedido tener una estrategia común para contrarrestar los estigmas y estereotipos fijados en los medios de comunicación construidos en torno a su religión, sus prácticas y creencias. Éso quizás ha contribuido a que en el país existan sólo algunas mezquitas monumentales o centros que simbólicamente sean referente en el espacio público, como lo han sido las sinagogas, centros budistas, o los mismos templos evangélicos, los cuales antes no existían en el paisaje urbano. Existen sólo algunas grandes mezquitas como la de San Cristóbal de Las Casas, Tequesquitengo, Morelos, y una en proceso de construcción desde 2019 en Campeche, obra financiada por el millonario pakistaní Yusuf Amdani: "Es importante señalar que la mayor parte de los musulmanes migrantes que trajeron consigo su fe, llegaron después de la década de1990; pero en la última década el número de conversos ha crecido, particularmente en el caso de las mujeres y en menor medida de hombres, quizá ello se debe a que los migrantes mayoritariamente hombres han constituido lazos afectivos y conyugales en México. El incremento de conversos ha producido también una discrepancia con las cifras oficiales, sobre el número registrado en el conteo de población de 2015, que registra 5.260 integrantes; para los líderes musulmanes la cifra no es real, pues según señalan los fieles, se han incrementado hasta en 12.000 integrantes, pero no han demostrado la veracidad de sus dichos. A pesar de que el número de adscritos es reducido, su presencia es notoria en 15 estados del país, más del 50% de ellos se localiza en zonas fronterizas como Chiapas, en la frontera sur con Guatemala, y en Tijuana y Ciudad Juárez, en la frontera norte con Estados Unidos. Éste dato revelará en gran parte la preocupación de los servicios de seguridad nacional de Estados Unidos, al ser comunidades localizadas en zonas fronterizas, que se caracterizan por el cruce ilegal de personas, no sólo centroamericanas sino de todo el mundo. pero aun cuando la presencia de musulmanes no es numerosa en las ciudades donde radican, sí lo son sus actividades cotidianas y formas de vestir. Los barrios colonias donde se encuentran sus centros y sus viviendas se caracterizan por la buena vecindad que procuran, y en las labores que llevan a cabo en distintos círculos sociales para la conversión religiosa. Ésto último fue evidente en Chiapas con la llegada de los españoles, que lograron una conversión continua y creciente de indígenas de los Altos de Chiapas, cuya condición económica precaria y la expulsión de sus comunidades permitió un proceso de conversión fincado en lo que les ofrecía el islam como forma de vida y creencia, que no habían encontrado en el catolicismo ni con los evangélicos. La presencia de musulmanes conversos en la región ha sido un rasgo que irrumpió el escenario religioso en el que se asociaba lo indígena con el cristianismo, particularmente la catolicidad. Según lo señala el Centro Cultural Salafista, ha logrado penetrar en las comunidades haciendo énfasis en la libertad y justicia del islam frente a la esclavitud y dominación a la que estaban sometidos" (Gaytán Alcalá, pp. 170, 171). 

Maya F. ©

La desigualdad neomedieval.

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Es molesto ver actores políticos neoliberales cuestionando el fin de la democracia liberal por los populismos, como si fuera un problema de formación ciudadana, educación en ciudadanía o manipulación digital y no producto de las políticas neoliberales de las últimas cinco décadas que han descentralizado, desregulado y privatizado el poder y la riqueza: el bipartidismo neoliberal demócrata-republicano en Estados Unidos, quien ha encontrado en Trump la reforma del globalismo neoliberal: proteccionismo, relocalización, remigración. El globalismo neoliberal en clave de Edad Media es la balcanización de la soberanía por los capitales internacionales, los organismos supranacionales de gobernanza y la mano de obra barata global. El neoliberalismo en clave de Edad Media es la privatización del Estado por los monopolios, las rentas y las servidumbres corporativas. El capitalismo cognitivo en clave de Edad Media es el monopolio del algoritmo y la extracción del trabajo humano gratuito y de los medios de producción digitales. El capitalismo de vigilancia en clave de Edad Media es la extracción de los datos biométricos y la recopilación de la vida pública y privada. El trumpismo en clave de Edad Media es el debilitamiento de los feudos supranacionales y el fortalecimiento de los feudos regionales, donde la Unión Europea es el gran perdedor: Asia para China, Eurasia para Rusia, América para Estados Unidos. En clave de Edad Antigua a los reyes de la Totalidad y de las "Cuatro Regiones del Universo". Las tensiones internacionales entre Trump, la UE, la ONU o el papa son similares a las tensiones medievales entre los papas, reyes y emperadores del Sacro Imperio Romano. En resumen, la democracia liberal depende de una amplia clase media para su sostenimiento político. La precarización, la contracción y la privatización facilita que amplios sectores de la población que no se ven representados por las instituciones democráticas las destruyan. La lección es que las instituciones democráticas sin una clase media sirven para muy poco: esfera pública crítica, habilidades retóricas, lenguaje deliberativo. En lo que a mí respecta, comparto la noción de Aristóteles, la comunidad política sólo es posible entre iguales, lo mismo que ocurre con la verdadera amistad. En una comunidad donde hay personas demasiado poderosas y personas demasiado débiles, la igualdad jurídica y los derechos políticos devienen en relaciones de vasallaje. Si los señores feudales y los siervos de la gleba hubieran sido iguales en términos políticos y jurídicos, no hubieran sido, por definición, señores y siervos de la gleba, y no habría habido feudalismo. Peter Heather en "La caída del imperio romano" (CRITICA, 2012), identifica que algunos estudiosos han llegado a la conclusión de que, en la sociedad germánica del siglo IV, lo único que tenía importancia era una reducida clase aristocrática, bien provista de partidarios armados. Dejando a un lado los más suntuosos, existen, sin embargo, muchos enterramientos de los siglos III y IV que contienen algunos objetos funerarios: hombres con armas y mujeres con colecciones muy refinadas de joyas personales. Éstos enterramientos eran excesivamente numerosos para pertenecer únicamente a los reyes y a la nobleza feudal. En épocas posteriores, las pruebas escritas ofrecen indicaciones sólidas sobre quiénes podían ser los personajes enterrados en ésas tumbas. A finales del siglo V y principios del VI, los estados germánicos que sucedieron al imperio romano de Occidente generaron un gran número de textos legales. En fecha tan tardía, las sociedades germánicas (y las sometidas al dominio de los germanos) que retratan invariablemente éstos textos estaban integradas esencialmente por tres castas: hombres libres, libertos y esclavos. A diferencia de lo que sucedía en el ámbito romano, donde los hijos de los libertos gozaban de completa libertad –y eran por ello hombres libres-, la condición de liberto en el mundo germánico tenía carácter hereditario. Los matrimonios mixtos entre miembros de cualquiera de las tres castas estaban prohibidos, y para que algún individuo cruzara alguna de las líneas divisorias se requería la celebración de una ceremonia pública. Ésta modalidad de clasificación social estaba muy difundida entre los godos, los lombardos, los francos y los anglosajones. También se aprecia que la clase que desempeña unos importantes roles políticos y militares en el reino ostrogodo de Italia, así como relevantes roles políticos, militares y de tenencias de tierras en los reinos francos y lombardos es, antes que la pequeña nobleza feudal, una clase relativamente amplia de hombres libres. Es probable que los hombres libres fueran también los individuos asociados a los enterramientos de armas de la Inglaterra anglosajona de los siglos V y VI, cuya función estaba claramente vinculada con la reivindicación de una posición social más que con el simple deseo de indicar que el individuo había sido un guerrero. Por lo tanto, si en el siglo VI seguía existiendo una clase relativamente numerosa de libertos, seguramente habría existido también doscientos años antes. En otras palabras, la aristocracia militar casi feudal no dominaba aún Germania a finales de la época romana. Y las fuentes romanas, pese a que no muestren interés por el funcionamiento interno de las sociedades germánicas, nos proporcionan pruebas suficientes para confirmar éste argumento. Los reyes godos del siglo IV, por ejemplo, no podían dictar órdenes sin más, sino que debían persuadir del interés de sus políticas a un público relativamente amplio, y los ejércitos góticos que existían hacia el año 400 a.C., estaban integrados por un gran número de combatientes de élite –o, en otras palabras, de hombres libres-, y no meramente por unos cuántos guerreros aristócratas. Éstos guerreadores de élite disponían de su propia servidumbre en el combate: los últimos códices legales afirman que los libertos combatían (no así los esclavos), y que lo hacían, presumiblemente, junto a los hombres libres a quienes servían. Ésto no quiere decir que todos los hombres libres sean iguales: algunos eran mucho más ricos que otros, especialmente si ocupaban un lugar elevado en favor del rey. Sin embargo, el poder social no se hallaba aún confinado en los límites de un pequeño círculo de nobles. La sociedad germánica seguía siendo, por tanto, una oligarquía de amplia base en la que una élite aún numerosa de hombres libres poseía mucho poder. Aún tendría que recorrer un buen trecho para alcanzar la condición de estado feudal que tuvo en la época carolingia. Durante el siglo X se constituye en los Estados europeos una nueva clase jurídica: la nobleza. Para apreciar su importancia basta con señalar que, sólo ella posee, en la sociedad laica, derechos políticos. Más tarde, la burguesía se hará un lugar junto a ella, un lugar cada vez más grande, pero que, sin embargo, hasta el fin del antiguo régimen, no dejará de ser considerado un lugar de segundo orden. En la historia de Europa la nobleza desempeña el papel de los patricios en la historia romana, y la burguesía el de los plebeyos. Sólo en el Estado moderno se confunden en la masa de ciudadanos, casi como en el imperio la generalización de los derechos de ciudadanía hizo desaparecer la vieja diferencia entre el patriciado y la plebe: "Dos causas contribuyeron a la formación de la nobleza: la disminución constante del número de hombres libres y el servicio militar bajo la forma feudal… El sistema dominial, al extenderse, envileció jurídicamente a la población rural y la redujo a la servidumbre más o menos completa. Los que conservaron la libertad se encuentran en una situación privilegiada, y desde el siglo X la palabra liber toma la significación de nobilis… El derecho de familia acaba por no ser más que el patrimonio de un pequeño número de hombres, como la propiedad libre hereditaria (alodio). Ésos hombres libres, conservan naturalmente el derecho de portar armas. Su propiedad les permitía mantener un caballo de guerra. Ante todo, son guerreros. Pero al lado de ellos, y mucho más numerosa, por lo menos en Francia, existe otra clase de hombres libres: los vasallos. Éstos viven no de su propiedad personal, de su alodio, sino del feudo que, en ésa época agrícola, les facilita un salario. Como los otros, son gente de armas. A diferencia de los primeros, no son hereditarios, porque el feudo sólo se transmite de padres a hijos cuando el hijo es apto para la guerra… Junto a éstos hombres libres, unos propietarios de alodios, otros poseedores de feudos, existen hombres no libres. Son siervos robustos y fieles que los señores escogen en tiempos de guerra como guardias de corps y que colocan en tiempos de paz en los puestos de confianza… Todos, libres o no, están unidos por la comunidad de una misma profesión, la de las armas, y gozan por parte del resto de la población de unas consideraciones singulares. Porque perteneciendo al clero todas las funciones intelectuales, únicamente el oficio de las armas puede conseguir al laico un sitio privilegiado… La importancia de la nobleza se apoya en su papel social. Elevada por sus funciones militares por encima del resto de la población, en relaciones continuas con los príncipes, ella y sólo ella suministra el personal administrativo, los alcaldes y todos los agentes de la administración territorial. Aparece pues, no solamente como casta militar, sino también como casta política. Junto a ella está el clero. Ya bajo ellos la masa de los pecheros, de cuyo trabajo viven, y de los que, en cambio, se ocupan, uno en dirigir las almas, el otro en proteger los cuerpos" (Pirenne, pp. 115, 116, 117). La privatización neoliberal del Estado de Bienestar deja a amplias capas de la población en la necesidad de buscar protección y empleo de un nuevo señor feudal privado o ganarse la vida de forma precaria en una globalización de gama baja. El problema es que en el nuevo paradigma pocos siervos son útiles para las grandes corporaciones. Por primera vez en la historia el exceso de mano de obra y la automatización del trabajo hace que gran parte de la población mundial sea desechable. En palabras de Zygmunt Bauman: "Hoy la sociedad está cambiando y los multimillonarios son un grupo cada vez más pequeño que se beneficia del desarrollo de las rentas ascendente, de la renta nacional. Sin embargo, la clase media está más cerca de los proletarios y de la gente que vive en la miseria: es lo que yo llamo el "precariado". El nuevo fenómeno es la desaparición del futuro para la clase media, de sus expectativas de progresar. Incluso el trabajo es un bien que se ha instalado en el terreno de la incertidumbre, seguirá desapareciendo. No importa si se ha trabajado treinta o cuarenta años para la misma empresa: de repente se produce una fusión, y en seguida se desprenden de la mano de obra sobrante. La clase media está hoy más cerca de los proletarios y de la gente que vive en la miseria. A diferencia de hace unos años, aunque hoy tengan trabajo ha desaparecido la certeza de que puedan tenerlo mañana. Vive en un estado de constante ansiedad. En los últimos cuarenta años, la mutua dependencia entre empleadores y empleados se ha roto de forma unilateral. Antes, los empleados, los trabajadores, dependían de sus jefes para poder vivir. Pero al mismo tiempo los jefes también dependían de sus empleados. Sobre todo después de la Gran Depresión, con el desempleo masivo, y especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, se creó el Estado de Bienestar. Había un consenso general en la opinión pública, entre la izquierda y la derecha, porque la mayoría estaba de acuerdo en que o bien mantenías a tu población en buen estado o bien serías derrotado en la próxima guerra o en la próxima batalla comercial con otros países. Entre los años cuarenta y setenta la desigualdad se redujo en toda Europa. Éso cambió a raíz de las políticas económicas que se empezaron a poner en práctica en los años setenta, como la desregulación, la privatización, subcontratando obligaciones del Estado en el mercado (pensiones, educación, servicios sanitarios y prestaciones por el estilo). ¿Y por qué ocurrió ésto? Porque los jefes, los propietarios del capital, los dueños de las empresas, vieron que ya no entraba dentro de sus necesidades e intereses ocuparse de los vecinos, de los locales, de los habitantes de su país. Se sintieron libres para ir donde quisieran a buscar mano de obra, donde no tuvieran que preocuparse de las pensiones o la seguridad social de los trabajadores, y donde no hubiera huelgas para defender los salarios y los derechos consolidados de los empleados. De tal forma que se creó una dependencia unilateral. Los indígenas, la gente que vive en los viejos países, todavía dependen de los dueños del capital para conseguir un trabajo, pero los jefes ya no dependen de ésos trabajadores. De ésa forma, la mayor parte de la economía hoy es puramente monetaria. El dinero trae más dinero. Todas las transacciones que se producen en la bolsa, en el mercado de valores, y que afectan las vidas de las personas, no tienen el menor interés en la economía, en las condiciones de vida que afectan a la gente que no son capitalistas, que no juegan en la bolsa. Hay una creciente separación entre los que juegan a la bolsa, entre el mundo de las altas finanzas, y la gente que hace cosas, los empleados que sirven a la mayor parte de la población. Marx habló de la pauperización del proletariado, y de que éso llevaría al proletariado a las calles y desencadenaría una revolución. La gente inteligente entre los dueños de los recursos tomó medidas. Se acabó incrustando en la mentalidad de la gente la necesidad de mejorar las condiciones de vida y de trabajo dentro del propio sistema capitalista, sin cuestionarse el propio sistema. Por primera vez las predicciones de Marx podrían hacerse realidad, no sólo en lo que se refiere al proletariado, sino a la clase media, que ha visto cómo se ha ido deteriorando, pauperizando, su nivel de vida, perdiendo tanto su nivel de ingresos como su percepción de la seguridad. Se ha quebrado el sentimiento de pertenencia de la clase media, el sentimiento de formar parte de una comunidad, de contar con instituciones que se preocupen de ellos cuando ocurre una catástrofe individual. Aumenta el temor de ésa clase a que se reduzcan o directamente se supriman las prestaciones de desempleo, de trabajar más años para disfrutar de pensiones más reducidas. La primera víctima de ésa profunda desigualdad será la democracia, a medida que todos los bienes necesarios, cada vez más escasos e inaccesibles, para la supervivencia y para llevar una vida aceptable, se conviertan en un objeto de rivalidad encarnizada entre los que tienen y los que están desesperadamente necesitados. Ellen Meiksins Wood en "De ciudadanos a señores feudales: Historia social del pensamiento político desde la Antigüedad a la Edad Media" (CRÍTICA, 2011) explica que, en la democracia moderna, al igual que la antigua, es un sistema en el que los individuos son ciudadanos con independencia de cuál sea su condición o su clase social. Pero si la clase no supone ninguna diferencia (legal) para el ejercicio de la ciudadanía en un caso o en el otro, en la democracia moderna lo inverso es, asimismo cierto: la ciudadanía afecta muy poco a la clase. En cambio, no era así en la Grecia antigua, pues los derechos políticos tenían efectos de gran calado en las relaciones entre ricos y pobres. Aquí radica la gran diferencia entre la democracia antigua y la moderna. En la actualidad hay un sistema de apropiación que no depende de las desigualdades jurídicas o de la desigualdad de derechos políticos. Se trata del sistema que denominamos capitalismo, un sistema en el que las clases apropiadoras y productoras son libres e iguales ante la ley, en el que la relación entre ellas es un acuerdo contractual entre individuos libres e iguales, y en el que incluso es posible el sufragio universal sin que afecte, de manera fundamental, a los poderes económicos del capital. El poder de explotación en el capitalismo coexiste con la democracia liberal, algo que hubiera sido imposible en cualquier sistema en el que la explotación dependiera de un monopolio de los derechos políticos. La razón de que sea posible es que el capitalismo ha creado nuevas constricciones puramente económicas: la carencia de propiedad de los trabajadores que los obliga a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario simplemente para acceder a los medios laborales y obtener los medios de subsistencia, y, asimismo, las exigencias del mercado, que regulan la economía y hacen cumplir ciertos imperativos de competencia y maximización de los beneficios. Asimismo, sólo en el capitalismo se ha puesto gran parte de la vida humana fuera del alcance de la responsabilidad democrática, regulada en cambio por los imperativos del mercado y las exigencias del beneficio. La Edad Media se distingue por la balcanización del Imperio Romano de Occidente o privatización de las funciones estatales. En lugar de una autoridad pública centralizada, el estado feudal era una red de "soberanías parceladas", gobernadas por una compleja jerarquía de relaciones y jurisdicciones rivales, en manos no sólo de señores y reyes, sino también de diversas corporaciones autónomas, por no hablar de los emperadores y papas del Sacro Imperio romano. Las relaciones feudales eran a la vez, una relación política y una forma de propiedad: entre el rey y los señores, entre los señores y los vasallos, entre los señores y los campesinos. La condición de señor feudal significaba, junto con el control de la mano de obra legalmente dependiente, el dominio de la propiedad. Al mismo tiempo, era una pieza del estado, un fragmento del imperio político y militar. La resolución feudal de la tensión entre propiedad y estado no podía durar siempre. En sus relaciones con el campesinado, lo señores recurrieron al estado en busca de apoyo, y la soberanía parcelada, a su vez, dio paso de nuevo a la centralización estatal. No sólo hubo varios feudalismos europeos, sino que la disolución del feudalismo dio lugar a varias transformaciones diferentes, que produjeron, a su vez, formas tan distintas como las ciudades-estado en el norte de Italia, los principados en Alemania, el estado absolutista en Francia y las repúblicas de mercaderes en los Países Bajos, mientras que la llamada "transición del feudalismo al capitalismo" tuvo lugar sólo en Inglaterra. Los tributos del estado dieron lugar a impuestos que los señores feudales se encargaban de recaudar y a la apropiación en forma de rentas. En su señorío, el señor feudal combinaba el poder de la apropiación individual con la posesión de un fragmento del poder estatal. El señorío feudal, que constituía una relación personal de propiedad y de dominio de los campesinos que la trabajaban, asumió muchas de las funciones que en otros tiempos y lugares había cumplido el estado. El efecto fue que la explotación privada del trabajo se combinó con el papel público que desempeñaban la administración, la jurisdicción y la vigilancia del cumplimiento de la ley. Las monarquías dependían, en grados diferentes, pero siempre de manera inevitable, de las aristocracias territoriales cuyas funciones –judicial, administrativa y militar- pertenecían antes al estado. La desintegración de la autoridad franca en Occidente en el siglo X dejó al mando a los señores de los castillos locales, mientras que las regiones que estaban más al este, y Germania en particular, quedaron bajo el control de poderosos ducados. A principios del siglo XII, inclusive las funciones que venían cumpliendo los tribunales públicos pasaron a menos de los señores locales, y los condes regionales se adueñaron de las jurisdicciones no como cargos públicos, sino como propiedades privadas. Dicho con otras palabras, la esfera de lo público o de lo cívico desapareció por completo. Y ésto fue así no sólo en el sentido de que el aparato estatal se desintegró, sino también porque las asambleas públicas, en la que los hombres libres podían participar (un tipo de asamblea que había sobrevivido en todo el reino carolingio), habían dejado de existir. Las claras distinciones entre hombres libres y esclavos dieron paso a un complejo continuo de condiciones de dependencia. Efectivamente, la categoría de hombre "libre" desapareció en el antiguo imperio franco, donde los dueños de la tierra incluso podían estar sujetos a la jurisdicción señorial y a obligaciones feudales, en tanto que el concepto de esclavitud se vio superado por una relación de dependencia entre los señores feudales y "sus" hombres: "En el siglo XIII, las monarquías feudales más firmemente establecidas rehabilitaron sistemas efectivos de administración. Asimismo, durante éste período, el Sacro Imperio romano, dirigido ya por reyes germánicos, alcanzó su mayor poder como estado centroeuropeo, en tanto que el papado afirmaba su propia autoridad en el dominio temporal… Cuando reaparecieron las esferas de participación cívica y el dominio público, lo hicieron adoptando la forma de corporaciones, las cuales, aunque se autogobernaban internamente, seguían vinculadas, según los fueros que regían en relación corporativa, a las autoridades superiores. No obstante, lejos de resolver los viejos conflictos jurisdiccionales, la nueva configuración del poder a fines de la Edad Media dio lugar a enfrentamientos y querellas más virulentos, en los que las corporaciones y los señoríos alegaban tener fueros y jurisdicciones autónomos que rivalizaban con los poderes de papas y emperadores… Mientras las élites imperiales habían sido, en su inmensa mayoría, clases hacendadas, en la Italia medieval surgió un poderoso patriciado urbano. Algunas de las comunas urbanas se convirtieron en prósperos centros de comercio, con clases dominantes que se enriquecían a través de la actividad comercial y los servicios financieros que prestaban a reyes, emperadores y papas… Puede que los pujantes centros del comercio en el norte de Italia se hayan mantenido, en cierto modo, apartados del sistema señorial, pero cumplían una función vital en la gran red feudal europea, pues actuaban como eslabones comerciales entre los segmentos de éste orden fragmentado y como medios de acceso al mundo que estaba fuera de Europa. Éstas ciudades tampoco escaparon a la parcelarización de la soberanía. Si bien en otras partes de Europa estaba viviéndose la experiencia feudal, la administración municipal sufría su propia fragmentación. Las comunas se convirtieron en asociaciones flexibles de familias patricias, partidos, comunidades y entidades corporativas con sus propios poderes semiautónomos, con sus estructuras organizativas y jurisdicciones, tanto seculares como eclesiásticas, que a menudo se hallaban inmersas en una encarnizada pugna y sumidas en la lucha entre facciones cívicas enfrentadas" (Meiksins Wood, pp. 22, 223, 224).

Maya F. ©

¿El salvajismo medieval?

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Podemos ver varios signos de la Edad Media en la actualidad, los pobres del "mundo en desarrollo" o Tercer Mundo puede que no hayan tenido una formación para saber lo que era exactamente la Edad Media, pero sin duda sus condiciones preindustriales recuerdan el modo de vida medieval y antiguo. Todo habitante del "mundo en desarrollo" está acostumbrado al conflicto preindustrial, los mercados artesanales, las limpias espirituales, la medicina tradicional, la música y los bailes folclóricos, las tradiciones y costumbres y las ferias de temporada. Así como a un sinnúmero de creencias que, o bien se consideran desfasadas, o hacen sincretismo con otros mitos posindustriales. Es un lugar común que en América Latina no podía haber posmodernidad porque no hubo modernidad, pero éso no impidió al activismo fraudulento vender la posmodernidad como si los latinoamericanos tuvieran las preocupaciones metafísicas de los europeos. Sin importar la tecnología, las desigualdades estructurales preservan ésos guetos culturales, que sirven como refugio de las sociedades altamente industrializadas. La Edad Media era un mundo de príncipes, reyes, emperadores, papas y banqueros; pero también de bufones, juglares, saltimbanquis, cenobitas, anacoretas, sarabaítas, giróvagos, goliardos, mendicantes, flagelantes, verdugos, falsificadores, blasfemos, brujas, magos negros, herejes, incestuosos y sodomitas. Ahora de príncipes, reyes, papas, presidentes, banqueros y multimillonarios; pero también de desplazados, deportados, desempleados, subempleados, criminales y quebrados: bufones stand up, juglares Spotify, saltimbanquis WWE/AEW, cenobitas Uber, anacoretas Dark Web, flagelantes Pornhub, mendicantes Patreon, giróvagos YouTube, goliardos TED, mancebas OnlyFans, pedófilos Telegram, incestuosos WhatsApp, niñas TikTok, cleptómanos Bitcoin, satanistas, feministas y LGBTQ+. Sean McGlynn en "A hierro y fuego. Las atrocidades de la guerra en la Edad Media" (CRÍTICA, 2009), ubica que el período se distinguía por la guerra, la peste, las enfermedades, las hambrunas, la precariedad y el analfabetismo. Una Europa medieval de leprosos y mendigos deformes, de procesiones de individuos que se flagelan a sí mismos y ejecuciones públicas anunciadas con fanfarria y pompa ceremonial. Los cadáveres de los criminales se dejaban públicamente expuestos muchos después de que se hubiera ejecutado la sentencia a fin de frenar a otros patibularios en potencia. Unas veces se conservaban los cuerpos suspendidos de la soga y otras se exhibían las cabezas en lo alto de una pica o se exponían las partes desmembradas, de forma bien visible, en distintos puntos del reino o de la ciudad: en todo caso se ponía el máximo cuidado en mostrar que el precio del delito era muy alto, extremo que se recordaba continuamente al conjunto de las masas. Era frecuente que los cadáveres de los criminales ejecutados se convirtieran en juguetes de la multitud, sobre todo para los más jóvenes, que los paseaban a rastras, les propinaban patadas y golpes, o les arrancaban pedazos. Bárbara Tuchman en A Distant Mirror: The Calamitous Fourteenth Century (1978) explica que en los tormentos y castigos de la justicia civil se tenía la costumbre de cortar las manos y las orejas, además de someter al cuerpo del reo al potro de la tortura, o de quemarlo, desollarlo o descuartizarlo. En la vida cotidiana, era habitual que los transeúntes contemplaran la flagelación de algún criminal con una cuerda de nudos, o que le vieran de pie, cargado de cadenas y preso en un collar de hierro. Pasaban frente a los cadáveres que pendían de la horca y junto a las cabezas decapitadas y los cuerpos desgarrados empalados en estacas fijadas a las murallas de la ciudad. En todas las iglesias podían observar cuadros de santos y santas sometidos a distintas clases de horrendos martirios en los que era frecuente ver chorrear sangre: asaeteados, traspasados por lanzas, abrasados o con los pechos cortados. El rey se hallaba al frente de los sistemas de la justicia y la gobernación medievales. Él poseía el supremo poder de decisión: la autoridad para declarar la guerra o firmar la paz, y la facultad de ordenar la muerte o perdonar la vida a sus súbditos, del más humilde al más encumbrado. De él se esperaba que blandiera la espada –y se le alentaba a hacerlo- para proteger al pueblo de los criminales y los enemigos. Él era el primer caballero y el árbitro de la justicia último, y en cualquiera de ésas dos facetas, él era asimismo el más poderoso árbitro de la vida y la muerte del país; era soldado, juez y verdugo. La paz del reino era la paz del rey. Si un rey se mostraba muy riguroso, se elogiaba su severidad. De modo muy similar a lo que sucede hoy, o en cualquier otra época, si existe la sensación de que se están produciendo desgarros en el tejido social, las gentes de la Edad Media retrotraían la vista a tiempos pretéritos, considerando que en ellos resplandecía un orden basado en el cumplimiento de la ley y que habían constituido una edad de oro firmemente dirigida por un gobernante que respetaba la tradición y al que no le temblaba la mano cuando era menester dictar la más dura de las sentencias contra los infractores. Para defender a la nación de sus enemigos, la capacidad legislativa y jurídica del monarca debía correr pareja a su intrepidez guerrera, ya que no sólo era la máxima instancia judicial del país, sino también el comandante en jefe del ejército nacional. Ésos dos roles –el de juez y capitán- se unían a un tercero: el de sacerdote, ésto es, sus dos primeras funciones aparecían vinculadas a la naturaleza sacerdotal de la corona. Según las teorías medievales (y también de épocas posteriores), se creía que el gobernante había recibido de mano de Dios su autoridad temporal, razón por la que reinaba por derecho divino. Por consiguiente, su deber, consistente en hacer cumplir las leyes del país, mantener la paz y proteger a su pueblo de los enemigos mortales, era un deber sagrado. Quebrar la paz del rey constituía una ofensa al pueblo, al rey y a Dios; era incumbencia del soberano impedir ésas inversiones del orden natural de la sociedad. De éste modo, la responsabilidad del rey no se ceñía únicamente a su deber para con el pueblo, sino que le empujaba a rendir cuentas directamente a Dios. Ésta jerarquía divina concedía al monarca grandes poderes, tanto políticos como místicos –y en éste último sentido poseía la facultad de conseguir curaciones milagrosas-. Los primeros renglones de una carta o una orden regia recordaban a todo el mundo que el soberano era "rey por la gracia de Dios"; no se trataba de una fórmula vacía, sino de una frase cargada de autoridad –una autoridad sin límites- en la que se proclamaba que Dios era la fuente última del poder del rey. Hiciera lo que hiciese, el monarca podía teóricamente reivindicar que actuaba en nombre de Dios. Ésta faceta sacerdotal de la monarquía se establecía en la ceremonia de coronación. Fundándose en precedentes del Antiguo Testamento, el ritual investía al rey con la doble autoridad de una axiomática supremacía en las esferas laica y clerical. El papado trataba de minimizar la semejanza de la coronación con el sacramento de las sagradas órdenes, aunque sin éxito. En Inglaterra y Francia, la ceremonia de investidura iba acompañada de la unción con el crisma, el santo óleo empleado en las consagraciones de los obispos. En las coronaciones francesas también era costumbre administrar los santos óleos, convenientemente "enviados" en éste caso del Cielo, y también se utilizaron en el bautismo de Clodoveo en el año 496. Para no ser menos, en el siglo XIV los ingleses "descubrieron" prodigiosamente una redoma de aceite que santo Tomás Becket había recibido de la Virgen María; a partir de aquel momento el recién hallado óleo se convirtió en elemento obligado de las coronaciones inglesas. Ésta fusión de poderes dominó las ideas medievales sobre la monarquía y ha sido objeto de muchos estudios desde entonces (Y de modo muy particular en el libro de Ernst Kantorowicz titulado The King´s Two Bodies. A Study in Medieval Political Theology). Los teólogos y los observadores políticos de la Edad Media, educados en creencias como la de la Santísima Trinidad, sólo tenían que dar un paso más para ver en el rey el engarce de dos formas en una: el cuerpo físico (mortal) y la entidad política, el decir, al estado mismo (inmortal y divino). El emperador Federico II no era el único que pretendía que el hecho de no atender los deseos del rey equivalía a una blasfemia, extremo que será preciso tener presente cuando veamos que los soldados efectúan sin rechistar las órdenes del rey, que podía haberles pedido exterminar a los prisioneros o regodearse en otras salvajadas. Como vicario de Cristo (título que también adoptó el papa Inocencio III a principios del siglo XIII, en un período marcado por la competencia entre el poder temporal y el espiritual), y en tanto que vicegobernador del poder teocrático, el primer objetivo del monarca consistía en mantener la paz del reino, entre otras razones, por el nada secundario interés de que los fieles pudieran concentrar sus energías en servir a Dios. Si un delito no sólo representaba un atentado contra el pueblo o el rey, sino que se acompañaba de una ofensa añadida, la que afligía a Dios, entonces lo que se imponía era que el rey cumpliera el arduo deber de asegurarse de materializar la Paz de Dios. Del argumento se seguía por tanto que la aplicación de una violenta justicia regia contaba con la aprobación divina. Un rey con las manos manchadas de sangre podía mostrarlas al pueblo como prueba de los afanes a que debía entregarse por el bien de sus súbditos y en nombre de Dios; y como contrapartida de sus esfuerzos se hacía acreedor a la general aclamación. Enrique I de Inglaterra recibió ésos vitores. Éste rey no tenía una gran reputación de arrojo bélico. A él no se le adjudicó ningún sonoro apodo regio como "Corazón de León", "Martillo de escoceses" o "Conquistador"; Enrique, en cambio, tuvo que conformarse con la más modesta denominación de "Beauclerc", un testimonio de la eficiencia de su administración y su burocracia. No obstante, como ha mostrado Warren Hollister, Enrique se ganó, tanto entre sus contemporáneos como a ojos de las generaciones posteriores, la reputación de ser un temible defensor de la ley, ya que garantizaba la seguridad de sus súbditos mediante la imposición de medidas muy rigurosas contra los malhechores. Desde el punto de vista moderno, dichas disposiciones revisten un carácter extremo: son varios los historiadores que condenan a Enrique, a quien describen como un "hombre cruel y despiadado", "conocido por su brutalidad" y por haber regido un "reino de calculado terror", de "terrible y bárbara" naturaleza… Sin embargo, en la Inglaterra del siglo XII la divina inspiración de su política de tolerancia cero era recibida de forma mucho más favorable: "El término "feudalismo", pese a la gran reducción de significado que ha sufrido tras el paso del deconstructivismo moderno, sigue siendo útil para designar lo esencial del pacto que constituía el núcleo de la sociedad, una sociedad notablemente jerarquizada. El acuerdo personal y político que unía al señor y al amo requería "buena fe" (bona fides) por ambas partes. De éste modo, si un rey, en especial en un estado como el de Inglaterra, desatendía aquello a lo que se había comprometido en virtud de ése pacto –el mantenimiento de la ley y el orden, la procura del buen gobierno, la defensa del reino, etcétera-, corría el riesgo de que se le pidieran cuentas en un sentido muy práctico por no haber respetado su parte del trato… Uno de los detonantes de las sangrientas enemistades surgidas en el seno de las familias provenía en buena medida de los árboles genealógicos. La mayoría de las familias establecían sus vínculos de pertenencia en función de la consanguinidad inmediata y del parentesco político, lo que permitía la formación de grandes grupos familiares, agrandados más aún por la frecuente costumbre de contraer nuevas nupcias. Bastaba con que uno solo de los miembros de éste amplio clan familiar se enzarzara en una disputa para que el colectivo del linaje entero se viera fácilmente arrastrado a un embrollo de dimensiones cada vez mayores… Entre las interminables disputas que enfrentaban a los poderosos cabe mencionar las que enemistaron a los duques de Baviera con los arzobispos de Salzburgo; a los condes de Tirol con los obispos de Bixen y Trento; a los condes de Holanda y Güeldres con los obispos de Osnabrück; a los margraves de Brandenburgo con los arzobispos de Magdeburgo; o a los duques de Brunswick con los obispos de Bremen, Hildesheim y Halberstadt (Dado éste nivel de conflicto entre las esferas laica y eclesiástica difícilmente podrá sorprendernos que la Reforma se iniciara en Alemania.)… Los odios entre familias y clanes podían terminar con la total aniquilación del enemigo, aunque lo más frecuente era que se zanjaran mediante compensaciones, o incluso por intervención del rey. En la época altomedieval, la recompensa económica era la solución menos honorable, ya que venía a constituir una indicación, al menos en el plano simbólico, de que no se tenía la capacidad o el interés precisos para saldar plenamente la deuda de honor, un tipo de afrenta que únicamente podía lavarse con sangre" (McGlynn, pp. 87, 92, 94, 98). Kevin Bales en "La nueva esclavitud en la economía global" (SIGLO XXI, 2000) ubica que la "libertad" es un concepto maleable en el Pakistán actual. En los siglos XVII y XVIII en Europa, el libre movimiento de trabajadores formaba parte del paso del feudalismo al capitalismo. Otro cambio importante fue la desintegración de las rígidas jerarquías que estructuraban y controlaban la vida de los ciudadanos. Terrateniente y campesino, aristócrata y artesano: en el mundo feudal todos estaban unidos por fuertes vínculos personales que correspondía a un estricto sistema vertical de clases sociales. En Pakistán, éstas jerarquías nunca llegaron a desaparecer. Es un país feudal con una finísima capa de capitalismo moderno. Muchos historiadores consideran que la sociedad moderna surgió cuando una serie de organizaciones burocráticas impersonales, aunque aparentemente racionales, sustituyó el poder de los hombres fuertes o de los clanes. Cuando se vive en Europa o en Norteamérica, es fácil olvidar que no hace mucho tiempo, en el mundo feudal, la justicia la administraba un jefe local u hombre fuerte, con un sistema estructurado de leyes, que aquella "justicia" podía ser arbitraria, injusta, cruel y más dada a satisfacer los intereses del hombre fuerte que a defender ideas tan abstractas como la imparcialidad. El punto de vista histórico nos ayuda a comprender el contexto de la servidumbre por endeudamiento: en Pakistán el feudalismo está vivito y coleando. Imaginemos que un cambio fundamental sacude la ciudad en la que vivimos, y que el poder de la policía y el gobierno local, del sistema de salud pública, e incluso el gobierno nacional desaparecen de la noche a la mañana. ¿Quién queda al frente? Si usted es comerciante. ¿Cómo impide que la gente entre en su establecimiento y se lleve sus productos? ¿Cómo impiden que entren a su casa? ¿Quién garantiza que se respeten las reglas básicas del comercio? Tenemos que confiar en el poder y en nuestra relación personal con los poderosos. En Pakistán, los comerciantes suelen tener un guardia armado a la puerta de su tienda, e incluso los vendedores ambulantes se unen para contratar vigilantes con ametralladoras para vigilar las aceras donde tienen instalados sus puestos. Pero la guardia armada ofrece escasa protección. El poder real está en manos del jefe que controla muchos hombres armados, que puede movilizar una fuerza abrumadora cuando le hace falta. Y cuando todo el poder de una sociedad está repartido entre tales cabecillas, la única seguridad consiste en estar en buenas relaciones con algunos de ellos. Las relaciones personales son esenciales en un mundo así. Son tu protección y tu sustento, y te proporcionan perspectivas y seguridad. En Pakistán, sobre todo en las zonas rurales, tales relaciones son una de importancia fundamental. Si te estafan o te maltratan, acudir a la policía suele servir de nada. La policía no es más que otra banda armada que atiende a sus propios intereses y que por lo general se vende al mejor postor. Si han sido injustos contigo tienes que acudir a tu cabecilla, al hombre cuyo poder y reputación puede conseguir que se repare el mal que te han hecho. Pero, ¿cómo consigues un cabecilla? ¿Cómo te conviertes en cliente o vasallo de un hombre fuerte que te proteja? Ésta es una de las grandes semejanzas entre el Pakistán y el México neofeudal. Muchas personas nacen ya bajo la protección de un jefe. Cuando el poder es personal, la familia se convierte en un elemento de importancia capital. Los lazos de sangre son la primera división entre nosotros y ellos. En Pakistán uno conoce realmente a su familia, desde los primos en tercer grado hasta los tíos bisabuelos. Uno sabe quién tiene poder en la familia y quién no lo tiene, y uno mira hacia los que tienen poder para buscar un trato preferente, un empleo y, sobre todo, protección. Por otra parte, por encima de éstas relaciones de poder en el seno de las familias, existen distinciones de casta y de religión. La posición en la casta implica poder social independientemente del status económico, y cada pakistaní conoce perfectamente su posición en la casta. Los sayids, descendientes directos del profeta Mahoma, están en la cima de la sociedad y a menudo comparten el apellido Sha. La clasificación de las castas va descendiendo desde los granjeros y campesinos, mercaderes y artesanos, hasta las castas más bajas, relacionadas con trabajos desagradables como enterrar a los muertos y limpiar las calles. Ésos trabajos se asignan por lo general a grupos que se han convertido recientemente al Islam o que no son musulmanes. La gente que está en la parte más baja del sistema de castas es la más pobre e inculta. En los hornos de ladrillos, todos los trabajadores proceden de dos de las castas más bajas de Pakistán: los sheikhs musulmanes y los cristianos. Los sheikhs musulmanes y los cristianos carecen por lo general del importantísimo vínculo con un jefe. Como no pueden estar emparentados con hombres poderosos, la única forma que tienen de entrar en un círculo protector es haciéndose clientes de un hombre importante. No me refiero a la palabra cliente en su sentido moderno, como cuando se usa para definir las partes de la relación entre un abogado y su cliente. La antigua palabra feudal para un cliente feudal era vasallo, y ésto se aproxima mucho más a la realidad pakistaní. Ser un vasallo es tener obligaciones con el jefe, del que se espera, como mínimo, protección física. En Pakistán se nota una incómoda tensión a medida que se mezclan las relaciones feudales con el capitalismo moderno. Los medios de comunicación extranjeros saturan el país, especialmente en forma de programas de televisión transmitidos vía satélite, creando enojo y frustración entre la población conservadora musulmana. Mientras que algunos políticos e intelectuales intentan arrastrar a Pakistán hacia el mundo moderno, los fundamentalistas achacan todos los problemas del país a la corruptora influencia de las potencias occidentales, materialistas y ateas. Según los tradicionalistas, los bailarines giróvagos de la MTV difunden un mensaje de rebelión y consumismo que contamina las mentes de los jóvenes. Los conflictos en Pakistán suelen ser intensamente personales o impersonalmente políticos. Para la mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, la sombra de la violencia va unida a contiendas familiares. Leer un periódico pakistaní es una experiencia desconcertante. Todos los días hay noticias de asesinatos, de bandas armadas que atacan a familias enteras, de secuestros y violaciones… y siempre se esgrime el mismo motivo: una "vieja enemistad". Una de las consecuencias más terribles de éstas luchas es la gran cantidad de violaciones y torturas cometidas con las mujeres. Una forma segura de devolver un insulto y desprestigiar al enemigo es violar a una mujer de su familia. Junto a las noticias de asesinatos en los periódicos se encuentran las noticias de secuestros y violaciones de mujeres por parte de grupos de hombres. Aunque la prensa no suele atribuir éstos delitos a una vieja enemistad, algunas personas me aseguraron que éstos ataques eran la continuación de la eterna rivalidad: "¿Dónde están las instituciones sociales que debían poner fin a éste ciclo de violencia? Desgraciadamente, también ellas tienen sus pequeñas guerras particulares. En ésta república islámica, donde la religión estatal tiene un tremendo poder, los líderes religiosos muestran muy poco interés en colaborar para conseguir la armonía. Entremezcladas con las luchas familiares están las guerras entre facciones y sectas islámicas. En algunos barrios, mezquitas con distintas interpretaciones del Corán compiten con altavoces desde los alminares. Día y noche, por los sistemas de sonido resuenan plegarias y sermones a todo volumen, vilipendiando a sus oponentes religiosos e incitando a los "fieles" a rechazarlos e incluso atacarlos… En la lucha entre las sectas chiíta y suní el número de víctimas mortales ronda anualmente las cuatrocientas. En 1996, en una zona rural, una serie de insultos pintarrajeados en una pared dio lugar a una batalla de diez días. Las comunicaciones con el resto del país quedaron cortadas porque ambos bandos se atacaron con morteros y lanzacohetes. El parte oficial del gobierno habló de 97 muertos y 89 heridos; miembros de organizaciones pro derechos humanos situaron el número de víctimas mortales en más de 200. Tales batallas campales son la punta del iceberg sectario. Una serie continua de asesinatos tiene lugar cada vez que los grupos intentan liquidar a los líderes enemigos. En 1996 fueron asesinados 22 líderes y funcionarios chiítas. Como represalia por ésos asesinatos, bandas armadas llevan a cabo ataques indiscriminados, ametrallando congregaciones de fieles o reuniones religiosas. En 1997, tres incidentes de ésa índole dejaron un saldo de 53 muertos y 312 heridos en dos meses. Cada año se bombardean seis o siete mezquitas. Un escuadrón de la muerte suní arrestado en Lahore confesó haber cometido 21 asesinatos en dos años. Con tantas bajas, las sectas han tenido que buscar nuevas formar de reclutar partidarios. Dado que Pakistán carece de un sistema educativo eficaz, las sectas militantes han creado sus propias escuelas. Sólo en el estado de Punyab, hay más de 2.500 deeni madressahs, o seminarios religiosos. Según datos del gobierno, asisten a éstas escuelas 219.000 niños" (Bales, pp. 186, 187).

Andra B. ©

Autor del texto: Armando Ossorio ©

XPOFERENS

 

"El 12 de octubre de 2002, Carla del Ponte, fiscal jefe del tribunal de La Haya para la investigación de crímenes de guerra, acusó a Slobodan Milosevic, el ex dirigente de Serbia, de "salvajismo medieval" por el papel había desempeñado en la nauseabunda carnicería que hizo desaparecer la antigua Yugoslavia en la década de 1990. Como había contemplado el desarrollo de aquella guerra en la televisión, en unos años que también habían sido testigos del genocidio de Ruanda, me chocó el escaso número de aspectos de la práctica bélica que habían cambiado en el curso de la historia mundial. He cuestionado a menudo la idea aceptada de que a principios de la era moderna Europa haya vivido una revolución militar, pero me sentía más inclinado a creer que quizá la nueva revolución militar de finales del siglo XX, con su empuje tecnológico, señalara realmente un punto de inflexión en los usos bélicos. Sin embargo, a lo que asistía en la antigua Yugoslavia, era a unas escenas de guerra que ya habían quedado escritas en las páginas de las crónicas medievales: asedios, como el de Sarajevo, en los que las tropas serbias empleaban burros para abastecer a los soldados acantonados en las colinas que circundan la ciudad sitiada. Asaltantes que, desde la altura de ésos oteros, lanzaban misiles sobre una población predominantemente integrada por civiles".


Andra B. ©

 "Campiñas desoladas tras haberse abierto paso a través de ellas los soldados –incendiando, matando, robando y violando-. Columnas de humo que flotaban sobre los pueblecitos como penachos indicadores de los puntos en que se expulsaba de sus hogares a las familias, por generaciones enteras, como consecuencia de una deliberada política de limpieza étnica. Y masacres, principalmente en Srebrenica, donde se asesinaba a centenares de hombres y muchachos musulmanes. Los paralelismos resultaban asombrosos: daba la impresión de que en la práctica de la guerra no había nada nuevo bajo el sol, un sol teñido de sangre. Algunos de los estudiosos de la Edad Media tienden a suavizar las afirmaciones y las acusaciones que comúnmente se escuchan y que denuncian ése "salvajismo medieval". Los análisis textuales a que son sometidas las crónicas medievales suscitan objeciones relacionadas con los motivos de las fuentes de la época. La mayoría de los registros y los anales eran obra de monjes y eclesiásticos. ¿Cabe dudar de que ésos autores hayan exagerado el lamentable estado de cosas de su tiempo a fin de propiciar mejor sus intereses de casta? Se trataba de hombres de Dios que oraban para que preponderase la paz y que los reinos se ajustaran a un buen orden".


Andra B. ©
 

"La anarquía y la guerra constituían un castigo divino y el dictamen con el que Dios perseguía a los pueblos malvados por haberse desviado del sendero de la rectitud y la santidad. Con cínico retorcimiento, se defendía que la guerra había de realizarse a expensas de ésos mismos pueblos y clérigos, ya que se esperaba que proporcionaran hombres, dinero, alimento y transporte para los ejércitos; además, también los habitantes de las zonas en guerra como los monasterios y las iglesias del lugar sufrían el ataque de las tropas que merodeaban por los alrededores en busca de botín y vituallas. Más aún, han argumentado algunos medievalistas: ¿qué podían saber de la guerra aquellos hombres que habían abrazado los hábitos, aislados del mundo en el enrarecido ambiente de sus claustros? (Pues en realidad bastante). Se pasaban el tiempo entonando cánticos y elaborando manuscritos bellamente iluminados, abrumados por el desconsuelo y los lamentos, y quienes escribían las crónicas eran amanuenses tímidos, histéricos incluso, con tendencia a exagerar. Éste punto de vista es una rara forma de cronocentrismo inverso. Si a finales del siglo XX y principios del XXI contemplamos con una indignación moral que reflejamos en nuestros escritos los horrores que se perpetran y que nos conmueven hasta la médula, ¿por qué habrían de encontrarse en una situación distinta las gentes de la Edad Media?".


Andra B. ©

"Si la veracidad de las crónicas medievales en las que se habla de la comisión de salvajadas se descarta o queda diluida con tanta facilidad se debe a que éstos textos no responden a los criterios con que hoy se valora, en la época moderna, la recopilación de datos. Y sin embargo, es frecuente que el sensacionalismo de las crónicas medievales concuerde con la realidad que nos describen las contemporáneas. Existen paralelismos asombrosos. La matanza indiscriminada de prisioneros no es algo exclusivo de la Edad Media, es también un elemento presente en las guerras recientes. En la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses que combatían en Extremo Oriente acostumbraban a seguir una política basada en "no hacer prisioneros"; mientras se producían los desembarcos del día D se ejecutaba al mismo a los cautivos alemanes y de manera similar se despachó a muchos de los capturados de la guerra de Vietnam. Los civiles son blanco de operaciones militares, ya sea en las incursiones aéreas o en los ataques directos a aldeas y pueblos. En la década de 1920, los ingleses arrojaron bombas químicas en Irak; más tarde, Saddam Hussein empleó armas químicas contra los kurdos. Los alemanes se dedicaron a incendiar aldeas y pequeñas poblaciones, tanto al invadir Rusia como al abandonarla. En Vietnam también se prendía fuego a los pueblos, y los habitantes de My Lai fueron víctimas de una matanza".


Andra B. ©

"En la Edad Media, los campesinos huían a las colinas y los bosques para evitar las expediciones de castigo de los príncipes; los griegos hicieron lo mismo en la Segunda Guerra Mundial para no sufrir las previsibles represalias alemanas. En 1870 fueron expulsadas de París nuevas bocas inútiles, y las defensas de los acusados en los juicios de Núremberg las llamaron a declarar. Los prisioneros que durante la Segunda Guerra Mundial morían de agotamiento en las marchas por Extremo Oriente, o al retirarse los alemanes de la Europa del Este, no son tan distintos de los civiles que atrapaban los escoceses en sus incursiones y a los que reducían a la esclavitud y obligaban a avanzar a latigazos o simplemente dejaban morir en el camino; y en el siglo XIX un esclavo nigeriano dijo que los ancianos y los niños tenían que huir sino querían que los matasen, lo que confirma la medieval práctica de desembarazarse de cuantos pudieran constituir un estorbo para el avance de la caravana de esclavos. De todos los horrendos casos medievales que hemos visto, ¿cuáles son los que más probabilidades tienen de suscitar incredulidad? Podemos pensar que los monjes que narran la decapitación de sacerdotes junto al altar recurren al empleo de argumentos especiosos, pero durante la Guerra Civil española el clero fue víctimas de horribles torturas y muertes"   

 

"Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".

Maya F. ©
 

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