Ir al contenido principal

Hípster & Snuff.

Maya F. ©

La muerte como tabú popular.

NNNNNNNN

Nicolò Gallio en "Muerte en directo, entre el cine y los medios digitales" (BONONIA UNIVERSITY PRESS, 2020) hace un análisis de las representaciones de la muerte en la cultura popular y los medios. "¿Qué pasa con tu perfil de Facebook si mueres?", fue la pregunta que los creadores de if i die, la primera aplicación de Facebook diseñada para crear un vídeo o mensaje de texto que se publicará en caso de fallecimiento del usuario, plantearon a los usuarios de la red social. Creada por la startup israelí Willok, ésta aplicación, con el sugerente slogan "¿Qué dejarás atrás?", ha generado reacciones encontradas. Según el kit de prensa oficial, tras la instalación, basta con crear un vídeo de despedida, escribir un texto o grabar una pista de audio, y elegir al menos a tres personas de confianza de tus contactos de Facebook, quienes se encargarán de confirmar el fallecimiento y anunciar la muerte del usuario, difundiendo el mensaje. La campaña de comunicación se centró en anunciar directamente el producto a una serie de usuarios potenciales, seleccionados mediante las API de servicios de geolocalización como Foursquare y Gowalla, cruzando datos de Twitter, Facebook Places y Google Latest. Una vez identificados con precisión los destinatarios, cada mensaje telefónico que recibían era personalizado. Según las estimaciones de la compañía, la campaña recibió una cobertura mediática estimada de 15 millones de dólares, con reportajes de CBS, CNN, SKY, FOX News, BBC y NBC, entre otros. El lanzamiento de la aplicación fue recibido con sonrisas nerviosas por parte de los periodistas que cubrían la noticia, a menudo acompañadas del adjetivo "escalofriante": el Huffington Post definió if i die como una "aplicación macabra" y la incluyó en su sección de "noticias extrañas", mientras que FOX News la calificó de "servicio macabro". Mashable también utilizó el mismo adjetivo, señalando que "los perfiles de Facebook no mueren de la misma manera que las personas". En su lanzamiento al mercado, if i die no era el único proyecto que abordó la mortalidad humana en relación con las plataformas digitales. En poco tiempo, se activaron (o pronto se activarían) varios servicios para gestionar la presencia digital tras el fallecimiento, anticipando un modelo de negocio que involucraba a los difuntos aún vivos y generando un debate sobre la gestión de sus activos digitales. Las redes sociales y las plataformas digitales se utilizan cada vez más, incluso de forma menos planificada, como herramienta para una última expresión en situaciones dramáticas: un número creciente de personas confía su despedida final a un vídeo publicado en YouTube, como en el caso de Eric McLean, de 28 años, quien, aquejado de leucemia, documentó la progresión de la enfermedad desde los 23 años en el canal de YouTube Givetolife.org. Uno de los vídeos más conmovedores, titulado Eric´s Final Confession, es una desgarradora admisión del deterioro definitivo de su salud, sin esperanza de recuperación, y que concluye con un agradecimiento a su familia, amigos y a todos los que lo apoyaron. Pero pensemos también en proyectos más complejos que se desarrollan a medida que avanza la enfermedad, como el de Andy Whitfield, el actor que interpretó a Espartaco en la primera temporada de la serie de televisión producida por el canal de televisión estadounidense Starz. A Whitfield le diagnosticaron linfoma no Hodgkin, que le causó la muerte el 11 de septiembre de 2011. La directora Lilibet Foster, que documentaba la enfermedad, confió la realización del documental Be Here NowThe Andy Whitfield Story a una campaña financiada en la plataforma de crowdfunding Kickstarter, que rápidamente alcanzó y superó la cantidad solicitada gracias al apoyo de los fans de Andy, quienes así honraron la memoria del actor que luchó valientemente contra el cáncer hasta el final. O consideremos las expresiones espontáneas de duelo que se desarrollan en las redes sociales, donde los muros personales (o las páginas oficiales) se transforman en lugares de luto donde los fans de las estrellas internacionales fallecidas publican vídeos, fotos, poemas y pensamientos que se acumulan sin cesar como un extraordinario arrecife de coral. La Web 2.0 parece, pues, permitir un discurso generalizado sobre la muerte, aunque mediado por la dinámica de internet. Si bien las noticias sobre la muerte no faltan y, de hecho, están a la orden del día, interpretadas según el contexto en el que se consumen, en realidad se cree comúnmente que el tema ha sido retirado de la sociedad hace mucho tiempo, representando, en efecto, el tabú definitivo. Sin embargo, éste tabú no siempre ha sido así, como resulta evidente si consideramos la relación simbólica que la humanidad ha establecido con la muerte a lo largo de los siglos. En su obra fundamental, Antropología de la muerte, Louis-Vincent Thomas distingue entre civilizaciones que acumulan personas y aquellas que acumulan bienes. En las primeras, la muerte está dominada por el simbolismo y no se convierte en el tabú por excelencia porque los niños aprenden sobre ella desde pequeños y el pensamiento de ella es frecuente entre los ancianos; en ésta última, sin embargo, se encuentra la civilización occidental, se intenta desterrar la idea de la muerte negándola, y, en consecuencia, aumentado el miedo a la misma hasta el punto de que se convierte en una obsesión. Según Thomas, la "mitificación", la "intelectualización", la "distracción", la "negación", la "simplificación", el "silencio" y la "negación" son algunos de los mecanismos de defensa que los seres humanos y la sociedad emplean para eludir el miedo a la muerte, dando lugar simultáneamente a un elaborado sistema de creencias para protegerse de sus efectos y alcanzar el triple objetivo de tranquilizar al individuo, revitalizar al grupo y normalizar las relaciones entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Los rasgos que distinguen a las sociedades arcaicas de las occidentales son la predilección de las primeras por el lenguaje simbólico, la aceptación de la muerte para trascenderla, la adopción del difunto como alter-ego y el mantenimiento de un vínculo entre el más allá y el de los vivos. Occidente, en cambio, se caracteriza por una reducción de lo simbólico, el miedo a la muerte y su negación, y el uso de mediaciones imaginarias similares a impulsos más que a rituales. De ello se deduce que cada pueblo posee su propio sistema de muerte, vinculado a su cosmología, teogonía y psicología. Estamos presenciando, por tanto, la paradoja de una proliferación de discursos en torno a lo que Zygmunt Bauman define como "una condición sin pensamiento, que no podemos visualizar ni siquiera interpretar conceptualmente (…), la contradicción arquetípica en términos"; lo que Edgard Morin denominó la idea traumática por excelencia, que contiene el vacío infinito, la más vacía de las ideas vacías. El pensamiento en torno a la muerte, según el filósofo francés, es lo último reprimido que emerge de la agitación de los años sesenta, después del sexo, ya esclavizado y reintegrado a la sociedad. Convivir con la muerte es cada vez más central en nuestras vidas: siempre causa de reacciones mágicas y tabúes, la angustia de la muerte ha encontrado su contraparte en la magia y el mito, cuyos ritos, creencias y costumbres son el residuo de lo que aún permanece primitivo en nuestra civilización. Encontrar un enfoque para abordar lo "innombrable" es fundamental para los análisis comúnmente citados como fundacionales del campo de investigación contemporáneo de la tanatología: el primer excurso histórico y sociológico sobre el tema se centra de hecho en circunscribir algunos aspectos limitados de un campo de investigación que, por definición, no puede ser completamente comprendido ni reducido a través del análisis de una sola disciplina. Por ésta razón, se centran en objetos y temas bien definidos, como los ritos funerarios, la ubicación de los cementerios en las ciudades, los testamentos, etc. En resumen, buscan delimitar un objeto de estudio complejo y difícil de alcanzar, y lo que surge no son tanto panoramas generales como contribuciones definidas local y temporalmente, de las cuales intentan extraer conclusiones generales. En un volumen publicado en la década de 1970, algunos de los pensadores más influyentes del siglo XX exploraron el tema de la muerte. El resultado es un mosaico complejo del que emerge un acuerdo sustancial: el discurso sobre la muerte dista mucho de estar silenciado y, de hecho, ha cobrado nuevo vigor, llegando incluso a familiarizarse con la terminología mortuoria. Philippe Ariès dedicó su extensa Storia della morte in Occidente al análisis de la "muerte domesticada", señalando cómo, en los últimos tiempos, la muerte ha comenzado a ser vista como una ruptura de la familiaridad cotidiana, muy parecida al acto sexual. Antes familiar, en la era moderna la muerte desparece, convirtiéndose en objeto de vergüenza y prohibición: la familia y la sociedad se protegen de la visión de la agonía del moribundo. En el transcurso de veinte años, ésta actitud se aceleró: entre 1930 y 1950, se produjo un cambio importante en el lugar donde mueren las personas y en quienes las asisten: "Quienes antes eran atendidos en su propio hogar y rodeados de familiares, ahora enfrentan sus últimas horas bajo la atenta mirada del personal hospitalario: la muerte misma, de un ritual, se convierte en un fenómeno técnico gestionado por los médicos. Y si bien existen especificidades geográficas obvias –por ejemplo, en Estados Unidos, hay prohibiciones basadas en el legado del puritanismo, arraigadas en una cultura urbanizada donde los valores dominantes se caracterizan por una felicidad ligada al lucro y al crecimiento económico-, las contradicciones que caracterizan el negocio de la gestión de cadáveres son igualmente evidentes: hacer que la muerte resulte atractiva es el primer paso para venderla. En cuanto a las prácticas médicas, se ha enfatizado con frecuencia cómo el sistema médico actual nos priva incluso de comprender nuestra propia condición de moribundos ocultándosela a la persona que está a punto de morir y que vive sus últimos momentos en un hospital. Ésta práctica marca una de las divergencias más evidentes con respecto a la antigüedad, cuando la gente moría en su propia cama, en casa. Ahora, se busca una especie de "estilo aceptable" que evite escenas de histeria, crisis, lágrimas y desesperación, tanto en el moribundo como en sus familias. Un tema al que Norbert Elias ha dedicado una importante contribución, reiterando el hecho de que la muerte nos afecta emocionalmente, pero, al mismo tiempo, buscamos apartarla de la vida pública, relegándola a la dimensión estéril de la institución sanitaria. Si, por lo tanto, la historia de la muerte en Occidente, como también señala Luciano Manicardi, es la historia de la disolución, su desimbolización, su desaparición del espacio público y su repliegue a la esfera privada, entonces se convierte en una intrusa, progresivamente insensible, obscena y absurda. De la unidad a la multiplicidad, la muerte se subdivide en fases o etapas fisiológicas (muerte funcional, orgánica y tisular): de puntual, se fragmenta" (Gallio, pp. 16, 17). Pero ésta fragmentación también es característica, metafóricamente hablando, de los estudios sobre la muerte, incluso de aquellos de amplio alcance. Un ejemplo de ello es el monumental ensayo de Michel Vovelle, La morte e l´Occidente. Según el historiador francés, la aparición de la muerte está ligada a la crisis de las estructuras profundas de la sociedad, que puede estar determinada tanto por influencias externas (como la propensión a la macabro influenciada por la Peste Negra a finales de la Edad Media) como por causas internas (como la propensión a lo mórbido del siglo XIX, conectada con/influenciada por cambios internos en las élites burguesas). La fascinación por éste tema esquivo sigue despertando el interés de los académicos y la imaginación de los escritores, contribuyendo a una bibliografía que, como señala Vovelle, ya en 1976 sumaba más de 4000 títulos entre artículos y libros, que lo examinaban desde diversas perspectivas analíticas. Ésto sin siquiera incluir la interacción entre muerte y sexualidad que animó la literatura popular y fantástica. Bajo la atenta mirada de los académicos, la muerte y sus manifestaciones son, por lo tanto, diseccionadas y analizadas meticulosamente. En su ensayo Lo scambio simbolico e la morte, Jean Baudrillard nos recuerda que la sociedad en la que vivimos ha desocializado la muerte y que nuestra cultura entera no es más que un inmenso esfuerzo por disociar la vida de la muerte. Además, como señalan Sarah Webster Goodwin y Elisabeth Bronfen, todas las construcciones culturales (desde la religión hasta el psicoanálisis) pueden considerarse respuestas a la fuerza caótica de la muerte. De ahí la paradoja de representar algo que no tiene presencia: más bien, nos enfrentamos a una ausencia, que transmitimos mediante figuras liminales y alegóricas. Al mismo tiempo, siguiendo a Roland Barthes, es posible rastrear la presencia/ausencia de la muerte incluso a través de medios mecánicos de registro de imágenes como la fotografía. Ante la necesidad de situar la Muerte en un espacio social distinto al religioso, Barthes identifica un vínculo entre la fotografía y la crisis de la muerte a mediados del siglo XIX, en ésa imagen "que produce la Muerte al querer preservar la vida", entrando así en lo que él define como "Muerte plana". Al atribuir a la fotografía una perecibilidad y mortalidad similares a la de los seres vivos, Barthes señala cómo las sociedades del pasado recurrían al Monumento para expresar la Muerte a través de un medio igualmente inmortal; pero con la introducción de la fotografía, la sociedad moderna y mortal ha renunciado, de hecho, al Monumento. Al analizar la fotografía tomada en 1865 por Alexander Gardner de Lewis Payne, el hombre que intentó asesinar al secretario de Estado estadounidense W.H. Seward, Barthes observa que el retrato del hombre, tomado en su celda mientras espera esposado a ser ahorcado, presenta como studium una hermosa foto de un joven apuesto, mientras que el punctum, es una especie de futuro perfecto en el que la muerte es la estaca, nos dice que está a punto de morir. La fotografía comunica así la muerte en el futuro y es un punctum particularmente impactante en la fotografía histórica debido a su compresión del tiempo. Y es precisamente ésta característica de la muerte futura la que asegura que cada fotografía sea capaz de interpelarnos a cada uno de nosotros. De éste breve digresión, queda claro que la muerte tiene múltiples declinaciones, innumerables sistemas de representación que componen una "Babel de voces", parafraseando a Tony Walter en The Revival of Death. En su análisis, el sociólogo ingles recuerda que durante milenios el lenguaje de la muerte fue el lenguaje común de la religión, pero hoy ha sido reemplazado por el de la razón y, por lo tanto, por el de la medicina y la ciencia, que han sustituido las categorías "moral/inmoral" por las de "normal/anormal" y "sano/enfermo". Según Walter, la experiencia privada del duelo y la muerte no se corresponde con su discurso público. La noción de "renacimiento" del autor busca, por lo tanto, problematizar la brecha entre éstas dos esferas, proponiendo una lectura posmoderna y tardomoderna del fenómeno: en la primera, la experiencia privada invade y fragmenta el discurso público, mientras que en la segunda, el discurso experto manipula la experiencia privada. En cuanto a las disparidades en la comunicación, Kate Berridge, en su libro Vigor Mortis traza una marcada diferencia en la sociedad contemporánea entre la omnipresencia de las representaciones de la muerte culturalmente aceptadas en los medios de comunicación y la negativa a afrontar la muerte en el ámbito familiar, particularmente en lo que respecta al nivel de exposición de los niños a la muerte. Hasta la década de 1880, se exigía rígidamente a los niños que participaran en el duelo, mientras que, con el inicio del siglo XX, surgiría un fenómeno sin precedentes: una tendencia general a alejar a los niños de todo aquello que pudiera recordarles su propia muerte o la de otros. El autor señala que, a lo largo del siglo XX, la muerte fue un tema recurrente de debate, pero su introducción en el debate público se aceleró en momentos específicos, como durante las guerras, en la década de 1980 con el descubrimiento del SIDA, o en el contexto de ciertas tendencias artísticas, de moda y publicitarias en la década de 1990, lo que permitió que la muerte pasara de los márgenes al centro de la sociedad, convirtiéndose, en cierto sentido, en algo habitual gracias también a la amplificación de los medios de comunicación. Para Berridge, en la era de los medios de comunicación de masas y la muerte masiva, las actitudes hacia la muerte están influenciadas por la relación entre la realidad y la representación mediática, que transmite una visión distorsionada de la muerte. Sin embargo, ésta interpretación también podría resultar reduccionista. De hecho, como señala Benjamin Noys, las ideas de que la muerte es un tabú o, por el contrario, que el tabú de la muerte ya no lo es, son simplistas para abordar el tema. Si bien es cierto que está menos presente en las culturas occidentales, no obstante, estamos expuestos a la muerte a diario a través de los medios de comunicación o imágenes artísticas que complican nuestra relación con la realidad. En éste sentido, lo que nos queda hoy, según Charlton McIlwain, es una actitud esquizofrénica hacia la muerte: la tememos y la anhelamos al mismo tiempo, en lo que parece ser una necesidad de sentirnos parte de una comunidad. Las conversaciones sobre la muerte, al igual que las de la vida, tienen como objetivo fortalecer los lazos comunitarios. McIlwain, quien cree que la negación y el miedo a la muerte son en parte atribuibles al fracaso del sistema educativo para preparar a los jóvenes para afrontar éstos temas, y que la televisión es el ámbito donde la fascinación, la atención y la ansiedad al respecto son más evidentes, observa un aumento en la representación televisiva de temas relacionados con la muerte en los últimos treinta años (un hito en éste sentido sería la serie de HBO Six Feet Under, que se centra en una familia de directores de funerarias). Según sus argumentos, el deseo de proteger a los niños es particularmente evidente en los intentos de controlar su exposición a los medios, especialmente en lo que respecta al contenido violento. Se dice que dicho contenido provoca un aumento de la ansiedad y la agresividad en los niños, así como peligrosas disociaciones mentales entre su imaginación y el mundo real, lo que a su vez conduce al desarrollo de conductas violentas y antisociales. Sin embargo, existen teorías que llegan a conclusiones opuestas y sugieren que, en el pasado, dicha exposición permitía a los niños desarrollar una actitud más madura hacia la muerte, una que impedía que el miedo gobernara sus acciones personales o impusiera severas limitaciones a su calidad de vida. Si bien, según McIlwain, en los últimos treinta años hemos presenciado la aparición de rasgos recurrentes en la forma en que se representa la muerte en la televisión fuera de las noticias, las telenovelas y los dramas médicos en particular han experimentado un aumento en la frecuencia de su representación, su presencia y la forma explícita en que se presenta: en los dramas de ficción, la muerte se ha convertido en una presencia primordial y omnipresente, que, sin embargo, se simplifica por el uso recurrente de ciertas causas de muerte, en comparación con la variedad del mundo real. Si HBO contribuyó a visibilizar la muerte con Six Feet Under, Showtime hizo lo mismo en 2003 con Dead Like Me, mientras que en 2004 la cadena A&E lanzó Family Plots, la primera "serie de telerrealidad sobre la muerte". Desde una perspectiva puramente estadounidense, la programación televisiva ha contribuido así a la exposición pública generalizada a representaciones de muerte, enfermedad y asesinato, en oleadas progresivas influenciadas por circunstancias particulares (como la cobertura informativa masiva de la Guerra de Vietnam en la década de 1970). En tiempos más recientes, a la televisión se le han sumado otras oportunidades mediadas que ofrecen la posibilidad de "acercarse" a la muerte: desde lo que antes llamábamos "funerarias" de alta tecnología, ahora parte de experiencias conmemorativas "mejoradas" por sistemas, dispositivos y tecnologías multimedia ofrecidos por empresas como Forever Enterprises Inc., hasta memoriales virtuales que pueden difuminar las esferas pública y privada y desestabilizar el espacio conmemorativo gracias a la tecnología, transformando el rito funerario en una experiencia virtual que se puede disfrutar en plataformas en línea específicas: "La llegada de los medios también marca una contradicción, ya que la muerte mediada tecnológicamente no conduce necesariamente a la familiaridad y la aceptación en los contextos reales en los que se vive el duelo, sino más bien a una brecha entre éstas dos dimensiones. En su ensayo sobre el tema, Margaret Gibson argumenta que la muerte ya no es tabú en la cultura televisiva actual, sino una fuerza narrativa utilizada para informar, impactar y entretener. Tradicionalmente, la muerte se transmitía a través de productos de género –un proceso que permite su asimilación para el consumo- o se experimentaba dentro de marcos cargados de emotividad. Internet ha ampliado las formas en que las personas abordan el tema en términos de narración y experiencias relacionadas con el duelo. La web se convierte así en un nuevo medio para canalizar éstas prácticas y en un espacio virtual donde redefinir las relaciones con las imágenes, más allá de los modos de acceso tradicionales de los medios convencionales. Ésto amplía más la brecha entre la muerte real y sus formas simuladas, de modo que consumir imágenes de la muerte no prepara a la persona para la experiencia real de la muerte y el duelo. Al final de éste panorama general, llegamos a lo que Céline Lafontaine denomina una "sociedad postmortal", caracterizada por una nueva relación con la muerte. Ésta nueva relación, por un lado, está vinculada a los avances de la medicina y las ciencias biomédicas y, por otro, corresponde al proceso de desimbolización que se aceleró tras la Segunda Guerra Mundial. Lo que se está produciendo, por lo tanto, es una represión social de la mortalidad, a la que contribuyen la secularización de la sociedad, el envejecimiento de la población, el individualismo y el culto al espectáculo. El término "posmortalidad", utilizado por Lafontaine, indica el deseo de vencer a la muerte mediante la tecnología, de vivir "sin envejecer". De prolongar la vida indefinidamente" (Gallio, pp. 20, 21). 

Maya F. ©

 El paradigma pornográfico.

NNNNNNNN

La asociación entre pornografía y muerte ha formado parte del lenguaje cotidiano desde hace mucho tiempo: se invoca siempre que la muerte irrumpe con fuerza en un discurso que se percibe fuera de sus límites habituales. Ya sea en reportajes o representaciones artísticas, acercarse demasiado o detenerse en los detalles de los cadáveres o la dinámica de la muerte parece desencadenar una especie de alarma que exige de inmediato distanciarse y reinterpretar el contenido dentro de un marco de alusiones sexuales. A mediados de la década de 1950, Geoffrey Gorer vinculó explícitamente ambas esferas en un ensayo con el inequívoco título The Pornography of the Death. Ésta es la instantánea que el antropólogo inglés ofreció: durante más de doscientos años, la cópula y el nacimiento fueron aspectos de la existencia humana considerados tabú, mientras que la muerte no era en absoluto un misterio. Se animaba a los niños a pensar en la muerte, incluso en la suya propia, así como en la de los demás. Y, dada la elevada tasa de mortalidad de la época, era raro que en el siglo XIX alguien no hubiera presenciado al menos una muerte o visto un cadáver de cerca: los funerales eran, en efecto, un momento de exposición tanto para la clase trabajadora como para la clase media o aristocrática; el cementerio ocupaba un lugar central en los pueblos y un lugar destacado en las ciudades; y las ejecuciones públicas de criminales dejaron de practicarse sólo a finales de siglo. Por el contrario, en el siglo XX se produjo un cambio significativo: mientras que, sobre todo en las sociedades anglosajonas, se hizo aceptable hablar de la cópula, la muerte como proceso natural se volvió cada vez más tabú. Gorer señala que, en los últimos cincuenta años (desde la redacción de éste artículo), las medidas de salud pública y medicina preventiva han hecho que la muerte natural sea poco común entre la población joven, y la muerte en la familia se ha vuelto relativamente infrecuente. Al mismo tiempo, han surgido fantasías sobre el tema, catalizadas por los productos de la industria cultural, que representan muertes violentas en contenidos de gran audiencia, desde thrillers hasta cómics de horror. Para evitar ésta "pornografía de la muerte", Gorer aboga por un retorno a la exhibición pública de la muerte natural y el duelo. Unos años más tarde, Ariès observa que la vergüenza con la que hablamos de la muerte hoy en día es comparable a la que sentíamos antes por el sexo, y que, durante el último tercio del siglo, la muerte incluso ha tendido a desaparecer del lenguaje, y la palabra para designarla se ha convertido en un tabú rodeado de una angustia generalizada y anónima. Elias también comparte el paralelismo entre la vergüenza con la que se abordaban los temas de la sexualidad y la muerte en la época victoriana, señalando, sin embargo, que, dentro del ámbito de la vida sexual, ha habido una "relajación" progresiva pero constante, mientras que la represión y la vergüenza siguen dominando la muerte y el morir. Elias atribuye ésta diferencia de trato a la amenaza total que supone la muerte como el "fin absoluto del individuo", en comparación con el peligro parcial que supone la sexualidad desenfrenada. En Lo scambio simbolico e la morte, Baudrillard enfatizó el paralelismo entre las esferas tanatológica y pornográfica, señalando cómo la sociedad ha "liberado" la sexualidad, reemplazándola progresivamente con la muerte en su función de rito secreto e interdicto fundamental: "En una fase religiosa anterior, la muerte se revela, se reconoce; es la sexualidad la que se prohíbe. Hoy en día, ocurre lo contrario (…) Perseguida y censurada por doquier, la muerte resurge en todas partes". Y sería Baudrillard nuevamente, tras el escándalo de la tortura perpetrada por soldados estadounidenses contra prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib, quien volvería a vincular la muerte con los nuevos entornos digitales, acuñando efectivamente el término "pornografía de guerra". Pero las críticas al paradigma de Gorer no tardaron en llegar. Si bien admite que en la época victoriana la muerte gozaba de una dimensión doméstica y pública, y que sólo se convirtió en tabú en el siglo XX, precisamente cuando las actitudes hacia la sexualidad cambiaban, ganando libertad y autonomía de expresión, Berridge cree que el marco de referencia de Gorer está desfasado y es anacrónico a la luz de la cultura popular actual, que es puramente visual y está dominada por la fotografía, el cine y la televisión, que son los medios preferidos para difundir representaciones de la muerte. Las observaciones de Berridge se centran, por lo tanto, en el medio: la posibilidad que tenemos hoy de experimentar la muerte de forma vicaria, en una especie de desfile fúnebre, se debe al progreso tecnológico. Es una visión "segura", mediada por marcos de consumo como las noticias, que, sin embargo, retoma la dicotomía según la cual la ausencia de la muerte en la esfera pública repercute en su representación. Y es especialmente en el ámbito de la fotografía, argumenta Berridge, donde la muerte se vuelve "hardcore": los fotógrafos tienen acceso a capacidades que antes eran patrimonio exclusivo de médicos, patólogos forenses y cirujanos, con especial énfasis en las operaciones y autopsias que, con programas como Autopsy, permiten al público general cruzar el umbral, antes tabú, de la morgue. La figura del médico y la del artista se acercan así: mientras que el primero explora el cuerpo diseccionándolo con sus propias herramientas, el segundo penetra en los tejidos con los medios que le brinda la tecnología endoscópica, evocando en cierto sentido la exploración visual de los cuerpos que se ha convertido en un sello estilístico de las películas y series de televisión, comenzando con CSI. A pesar de éste ajuste, el autor no se aleja demasiado de la visión de Gorer, enfatizando que la ausencia de una muerte integrada en la vida cotidiana tiene consecuencias para nuestro papel como espectadores, ya que el silencio que la rodea evoca el clima de ignorancia sobre el sexo que existió hasta hace pocas generaciones, cuando era posible alcanzar la edad adulta sin ver representaciones visuales de actos sexuales, ya fueran reales o simulados. La consecuencia es que presenciamos cada vez más una proliferación de imágenes agresivas que tienden a infiltrarse incluso en formatos y géneros inesperados, como los programas de historia natural. Así, si bien Berridge comprende que la clave reside en la necesidad, ya sugerida por Gorer, de restaurar la centralidad de la muerte real en la sociedad, se limita a preguntarse cómo hacer que la muerte sea más "civilizada" –recordando la espinosa cuestión de la domesticación- sin trivializarla. El análisis de Sue Tait se centra, en cambio, en la forma en que las imágenes de víctimas de guerra y otras categorías que se enmarcan en el ámbito del horror corporal se consumen y difunden gracias a las innovaciones tecnológicas. Al analizar el caso de sitios como Ogrish.com, que muchos han calificado de "pornografía gore" y "pornografía de la muerte" debido a la complejidad del acceso a los materiales que albergan, Tait cree que la metáfora pornográfica es decididamente limitante y que debemos tener en cuenta el deseo de experimentar contenido que presente muertes reales, sin filtros de los medios de comunicación y que sea independiente de ciertos marcos morales típicos de los formatos que suelen transmitirlos. Sin embargo, quizás debido a la falta de conceptualizaciones más efectivas, el paradigma pornográfico aún parece prevalecer, tanto en el debate académico como en la opinión popular: según Tait, es una metáfora plástica que puede aplicarse a la guerra, la violencia o la postura del espectador ante ciertos tipos de imágenes. No obstante, una primera diferencia evidente con la pornografía radica en el distinto papel que desempeñan los sujetos, que en el caso de las victimas ciertamente no es consentidor ni forma parte de una interpretación que se desarrolla frente a la cámara. Además, con demasiada frecuencia se recurre a una noción domesticada (típicamente occidental) de la pornografía, a la que se le atribuye una conexión inmediata con el placer, la actuación o la transgresión. En cuanto a su relación con el horror corporal, la pornografía adquiere entonces rasgos de repugnancia moral y, como reitera Tait, cada género que trata el cuerpo actúa de manera diferente: confundir horror y pornografía implica, por lo tanto, confundir diferentes modos de consumo y excitación. En conclusión, Tait considera que el uso de la metáfora pornográfica resulta inapropiado para trasmitir la complejidad de quienes consumen el contenido distribuido por éstos sitios, precisamente porque funciona como un recurso moralizante tomado de un género que involucra cuerpos vivos en acción. Al hacerlo, confunde las violaciones del espacio ético de los cadáveres y los cuerpos que sufren, sin tener en cuenta la forma en que los tabúes relacionados con la representación de la muerte y las atrocidades se subvierten en éstas plataformas en línea: "Algunos de los rasgos que Tait identificó en su análisis de las reacciones al contenido de Ogrish.com son comunes entre los aficionados al horror que se han adentrado en el cine mondo, los documentales más extremos o películas como Cannibal Holocaust (1980, Ruggero Deodato), que presentan secuencias de asesinatos reales, o ésa zona gris conocida como snuff, que surge explícitamente de la yuxtaposición del ambiente de la pornografía con el del homicidio. Calificadas de escandalosas, obscenas y pornográficas, en parte debido a sus orígenes híbridos con los documentales eróticos de finales de la década de 1950, las películas mondo resultan mucho más interesantes cuando se ven desde una perspectiva diferente. Como ya hemos destacado en otro lugar, las micronarrativas y los relatos personales de los espectadores son útiles para reconstruir las motivaciones e impresiones relacionadas con el consumo de contenido considerado extremo, y, por lo tanto, respaldan, desde la perspectiva de las prácticas de visualización, algunos intentos teóricos de cambiar el marco analítico de éstos productos, abandonando finalmente el paradigma pornográfico. En particular, Mikita Brottman vincula las películas mondo con las categorías bajtinianas de lo carnavalesco, recordando que en la Edad Media, el carnaval era el momento en que se representaban los aspectos más corpóreos de la vida (copulación, parto, comer, beber, defecar, etc.) y que era precisamente en ésta ocasión cuando la muerte ocupaba su lugar en el mundo real. La característica de éste tipo de películas sería, por lo tanto, resaltar la inevitabilidad fisiológica de la muerte, con todos sus detalles anatómicos más grotescos. La popularidad de las películas mondo, concluye Brottman, al igual que la de los juegos romanos y las ejecuciones públicas, radica en que existe una profunda conexión entre la muerte violenta y los procesos arquetípicos de regeneración arraigados en el folclore: del mismo modo que la emoción del horror ante un accidente automovilístico es capaz, de alguna manera, de estimular sensaciones vitalistas. La paradoja es sólo aparente: al leer los comentarios de los espectadores, uno se encuentra muy a menudo con afirmaciones que enfatizan el alivio que sienten al final de una película particularmente sangrienta o una recopilación de accidentes e imágenes de muerte como la de los documentales impactantes, afirmando que la experiencia les hizo ver la vida con otros ojos" (Gallio, pp. 36, 37). Eric Wilson, llegando a conclusiones similares a las expresadas por Brottman, se refiere a éste fenómeno estableciendo una distinción entre "voyeurismo melancólico" y "curiosidad mórbida", ésta última indicando un interés en lo macabro (que incluye la enfermedad, la destrucción o la muerte) que lleva a una reflexión activa sobre el sentido de la vida. Según Wilson, la "curiosidad mórbida" es una especie de deseo espiritual que impulsa a profundizar en los misterios de la vida, una especie de imaginación empática que ayuda a uno a enfrentar los miedos y los deseos peligrosos, un proceso que permite al espectador aprender, incluso frente a espectáculos macabros, y comprender qué es esencial y qué no lo es, en lugar de reducirlo todo a una mercancía macabra. Artistas digitales como Eva y Franco Mattes, quienes desde su anterior trabajo en el que simularon un suicidio en ChatRoulette, han reflexionado sobre la relación entre los medios digitales y la muerte, han desarrollado el proyecto Emily´s Video. Una tal Emily visitó a los participantes en sus casas y les entregó un misterioso vídeo con contenido extremadamente perturbador. Los artistas afirman haberlo recuperado de la Darknet (la parte de Internet no visible para el público) antes de destruirlo una vez finalizado el proyecto. Emily filmó las reacciones de los espectadores mientras lo veían, las cuales fueron editadas en un vídeo ahora disponible en la plataforma del dúo. Quienes lo han visto lo describen como "pequeña recopilación de horrores, al estilo clásico de los vídeos de reacciones de YouTube". Tres artistas contemporáneos han trabajado en la reinterpretación de la imagen del cadáver del exdictador libio Gadafi, exhibiendo sus obras en galerías de Nueva York y en importantes centros de convenciones. Como informa Exibart, Luca de Baldo, quien ya ha trabajado en la "pintura de cadáveres" para su interpretación de los restos de Mussolini y JFK, considera que "la imagen de un dictador muerto captada por los medios es mucho más poderosa e impactante que el tiburón de Damien Hirts". Por su parte, Jenny Saville se sintió conmovida por las manos extendidas con teléfonos celulares alrededor del cadáver del dictador, y Yan Pei Ming buscó devolverle la dignidad al difunto "dejándolo solo con su muerte". Entre los artistas que exploran la imagen de cadáveres "anónimos", Fernando Brito, fotógrafo mexicano y editor de fotografía del periódico El Debate de Culiacán, presentó una obra muy personal que recibió una considerable aclamación de la crítica. Brito, ganador de varios premios de fotografía en 2011, incluyendo el tercer lugar en el World Press Photo de ése mismo año, trabaja diariamente para contar la historia de la guerra contra los cárteles de la droga en México: asesinatos, ejecuciones y torturas son, por lo tanto, sus temas cuando documenta una noticia. Pero Brito también ha estado trabajando durante algunos años en un proyecto paralelo, titulado Tus Pasos se Perdieron con el Paisaje: una serie de fotografías cuyos sujetos son los cadáveres que normalmente documenta para su trabajo, pero que entran en un circuito diferente cuando llegan a una galería de arte. La sorprendente serenidad que emana de las fotografías, que contrasta con las muertes violentas y la desaparición de los cuerpos del lugar de su hallazgo tras las investigaciones policiales, para luego convertirse en noticia vieja, es la razón por la que Brito ha comenzado a recontextualizar su obra como arte. Como explica en una entrevista con Vice, la serie no se publicó en los periódicos para los que trabaja, a los que sólo proporcionó material que sabía que se publicaría, y sólo años después éstas imágenes emergieron en un contexto diferente. Brito, quien rechazó la propuesta de recopilar las fotografías en un libro, no atraído por la simple publicación de un volumen de fotos de "personas muertas", persigue el objetivo de sensibilizar a la opinión pública sobre lo que sucede en México. Por lo tanto, la tendencia de recontextualizar y remodelar las imágenes de la muerte en el ámbito artístico parece estar ampliamente extendida incluso hoy en día, una tendencia que, como señala Berridge, ha sido evidente desde hace tiempo en una producción amplia y variada. Desde las obras de Damien Hirts, quien aborda la muerte de manera provocativa en muchas de sus obras (entre las más famosas se encuentra el tiburón en formaldehído, el "protagonista" de The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living), hasta las fotografías post mortem de Sue Fox; desde las fotografías de Andrés Serrano hasta los cuadros de Joel Peter Witkin realizados con partes anatómicas; desde el vídeo de Bill Viola de una mujer moribunda, parte del Nantes Triptych, hasta las fotografías de Krauss Clement de su madre moribunda en la serie About Death; y, de nuevo, las esculturas de Anthony Noel Kelly, ensambladas a partir de extremidades humanas, y la famosa exposición itinerante Body Worlds, que también ha visitado Italia y cuyo creador, Günther von Hagens, es conocido por haber inventado la técnica de la plastinación, mediante la cual es capaz de manipular cadáveres y luego disponerlos en diversas poses. La reubicación de imágenes fotográficas de la muerte, señala Berridge, se legitima por el contexto artístico en el que se presentan, fuera del cual serían inaceptables: las obras de fotógrafos como Serrano y Witkin, así como las de otros artistas que exponen en galerías como las de Bond Street en Londres, adornan las paredes de coleccionistas adinerados. Ésta situación recuerda ciertos aspectos del elitismo de la pornografía de principios del siglo XIX, cuando, en círculos selectos, los daguerrotipos eróticos se vendían por sumas exorbitantes. Al día siguiente de su muerte, el coronel Muamar Gadafi dejó de ser tendencia en Twitter. Para ser más precisos, seguía siéndolo, pero su nombre estaba vinculado a otros tres: el 21 de octubre de 2011, uno de los contenidos más compartidos en la red social fue una especie de lista de memes que incluía los nombres de Saddam Hussein, Osama Bin Laden, Gadafi y… la estrella del pop adolescente por excelencia, Justin Bieber. Los tres primeros de la lista estaban marcados, lo que indicaba que habían sido eliminados, mientras que el cuarto no, y podía sustituirse por cualquier otra figura considerada un objetivo relevante. Mientras tanto, los vídeos que mostraban la muerte de Gadafi se posicionaron en los primeros puestos de muchas categorías de YouTube, como "Noticias y Política", "Gente y Blogs", "Entretenimiento" y "Más Vistos". La creciente avalancha de contenido sugerido y relacionado mezclaba imágenes de los medios tradicionales con videoblogs satíricos y reinterpretaciones irónicas: entre los cientos de resultados sin filtrar obtenidos simplemente escribiendo "ejecución de Gadafi" en la barra de búsqueda, lo más vistos eran clips cortos realizados por los insurgentes y transmitidos por cadenas de noticias internacionales, pero también una gran cantidad de vídeos que mostraban a Gadafi en las situaciones más ridículas, como cantante de hip-hop o como concursante de Arab Got Talent. El proceso de remezcla había comenzado, y los usuarios de Internet empezaron a burlarse del difunto. Ahora es ampliamente conocido que los medios digitales permiten una intervención ascendente en los flujos de comunicación que hasta hace pocos años estaban reservados a los operadores de la industria creativa. De hecho, toman contenido distribuido dentro de las dinámicas tradicionales descendentes y lo reintroducen, transformado, en canales horizontales que fluyen por la Web: los prosumidores (resultado de la fusión entre productor y consumidor) y los usuarios de redes sociales se liberan así del papel de simples espectadores, seleccionando contenido a partir del cual crean remezclas y mashups que lo recontextualizan en nuevas formas simbólicas, a menudo agresivamente irónicas. Un fenómeno complejo que Axel Bruns, refiriéndose a las prácticas de creación de contenido colaborativo implementadas por los productores, resume con el término produsage: un proceso constante de desarrollo de contenido y reescritura de materiales previos, en el que artistas y fans a menudo se encuentran al mismo nivel y, en ocasiones, incluso eclipsan el contenido cultural aprobado por las editoriales tradicionales. Es igualmente claro que éstas dinámicas tienen que ver con los fenómenos favorecidos por la web y los medios digitales, que se centran en las prácticas performativas de los usuarios incluso antes de la relación entre los textos: se trata de acciones de reutilización de objetos mediáticos como el machinima, favorecidas por la innovación tecnológica y prácticas de apropiación que, como destacan Guglielmo Pescatore y Valerio Sillari, ignoran el concepto de autoría y planificación subjetiva, y en cambio se basan en "fenómenos de difusión horizontal de información y habilidades, verdaderas "recetas textuales" cuya transmisión se debe en gran medida al "contagio", la imitación y la participación directa". Dinámicas similares subyacen a la manipulación de contenido sensible, como imágenes de muertes violentas, la difamación de cadáveres o la ironía mordaz dirigida a las víctimas que, como hemos visto, suele caracterizar a ciertas comunidades en línea: "Éstas reelaboraciones sufren así una doble penalización: se las acusa de faltar al respeto no sólo a la memoria de quienes sufrieron accidentes fatales, a las víctimas de la violencia estatal, a los caídos en combate, a quienes pierden la vida en el frente, sino también al público poco acostumbrado a la dinámica de un entorno digital en el que, citando a Vito Campanelli, "somos creativos porque las herramientas digitales nos lo permiten" y "remixamos porque remezclar es una obligación evolutiva precisa". Éstos procesos (y con ellos el intercambio de archivos y la piratería) parecen, por lo tanto, vinculados a patrones de comportamiento percibidos como marginales, transgresores y rozando la ilegalidad. Así, al navegar por plataformas como YouTube, no es raro encontrar fragmentos de vídeo que registran muertes de diversas maneras, extraídos de reportajes, de marcos de visualización más institucionales y transformados en algo nuevo que luego se reincorpora a la circulación de datos digitales. Dados los términos de servicio de las plataformas, que permiten marcar el contenido como inapropiado, éstos flujos inestables adoptan la forma –parafraseando a Christian Christensen sobre la variedad de imágenes del campo de batalla- de "espacios de comunicación efímeros" que abordan temas como el imperialismo estadounidense, la tortura y la legalidad de la guerra. Según Christensen, al finalizar la ocupación de Irak, todos ésos vídeos creados y subidos por los militares como forma de expresión personal, y que podían entenderse como productos generados dentro de un espacio comunicativo específico, permanecieron en línea, en un estado de animación suspendida, como reliquias cibernéticas cuya novedad ya no se valora, pero cuyo testimonio subjetivo y personal permanece intacto. Más allá de los vídeos de combatientes profesionales, así como de los creados por los propios terroristas, lo que merece la pena reflexionar ahora es la respuesta de los usuarios a éste contenido, vista a la luz de las prácticas de reutilización que aquí analizamos. Como hemos dicho, se trata a menudo de reelaboraciones irónicas, pero con la misma frecuencia el objetivo no es simplemente la risa desenfrenada" (Gallio, pp. 197, 198).

Maya F. ©

El pánico moral: películas snuff.

NNNNNNNN

En la sección de preguntas y respuestas de la revista Empire de junio de 1993, el equipo editorial respondió a la carta de un lector que solicitaba aclaraciones sobre la existencia de las llamadas películas snuff y mencionó algunos de los títulos incautados en una reciente redada policial en Birmingham: Cannibal Holocaust, Cannibal Ferox y Driller Killer. La respuesta de la revista proporcionó una definición básica de snuff, reconstruyendo los orígenes de lo que sigue siendo, hasta el día de hoy, uno de los mitos más persistentes en el panorama cinematográfico y mediático internacional: "La definición de una película snuff es una película en la que alguien es asesinado de verdad frente a la cámara. Así, en teoría, una película snuff sería una especie de película clandestina en la que alguien es secuestrado en la calle, llevado a una habitación, torturado y asesinado, y se distribuye una cinta de vídeo del asesinato en un circuito clandestino. El equipo editorial continúa mencionando la génesis de lo que se describe como un rumor que se ha convertido en una leyenda urbana, pero al mismo tiempo cuestiona si hay evidencia concreta para la hipótesis, o si en cambio es una invención alimentada por la imaginación de ciertos periodistas sensacionalistas. Tratando de arrojar luz sobre el asunto, con contribuciones del responsable de la British Board of Film Classification, James Ferman, y el crítico de cine Kim Newman, el artículo aclara algunos de los temas centrales en el análisis del fenómeno: los rumores que circulaban en la década de 1970 sobre algún tipo de participación de la mafia en la distribución de películas snuff; que éstos rumores fueron rápidamente "capitalizados" por una compañía productora para crear el prototipo (falso) que habría abierto un mercado para docenas de películas de horror/suspenso; que las tres películas mencionadas en la pregunta del lector no deben considerarse películas snuff, pero cada una tiene una historia bien conocida por los expertos de la industria; las mismas películas estrenadas en vídeo doméstico a principios de la década de 1980, estuvieron implicadas en el escándalo de los "Videos Nasties" y no estuvieron disponibles legalmente en el mercado británico hasta la introducción del Video Recording Act en 1984, la medida en la que el Parlamento británico reguló la circulación de películas en el mercado de alquiler de vídeos. El artículo, citando a un portavoz de la unidad de Operaciones Especiales de la Policía Metropolitana, se centra en la posibilidad de que existan películas snuff "auténticas": el agente admite que, a pesar de lo que informan habitualmente los medios, no ha aparecido ninguna película snuff en suelo británico. Una circunstancia, comenta Newman, que en sí misma no excluye su existencia, ya que no es en absoluto imposible producirlas. El artículo concluye señalando que existen varios documentales disponibles comercialmente que incluyen imágenes de personas siendo asesinadas, especialmente en el contexto de películas mondo, aunque con una distinción: éstos materiales no se considerarían películas snuff porque las imágenes no fueron preparadas para la cámara. Lo anterior es sólo un ejemplo de cómo el mito de las películas snuff ha estado durante décadas en el centro de tensiones que involucran el mundo de la producción cinematográfica (especialmente la independiente o underground), el periodismo, la dinámica de la cultura popular en relación con la regulación de los productos culturales por parte de los organismos pertinentes y la propagación de leyendas urbanas. Episodios como el que nos ocupa no son en absoluto raros. Respecto al caso en cuestión, Julian Petley, quien ha abordado repetidamente la relación entre periodismo, censura y películas controvertidas, subraya que los productos etiquetados como snuff, como Canibal Holocaust y Faces of Death, a menudo se confunden entre sí, y sectores enteros de la producción de horror son demonizados y sometidos a medidas opresivas y autoritarias. Como veremos más adelante, desde una perspectiva puramente comercial, el término "snuff" cobró relevancia en 1976, cuando el productor estadounidense Allan Shackleton decidió reelaborar una película que había realizado tiempo atrás, titulada Slaughter y dirigida en Argentina por el dúo de cineastas Michael y Roberta Findlay: una película de bajo presupuesto que, según el equipo de producción, pretendía capitalizar la ola de atención mediática en torno a los asesinatos cometidos por Charles Manson y su "Familia". Al añadir un falso final, la conocida "coda" que volveremos a analizar, Shackleton explotó la tensión generada por los supuestos rumores sobre el tráfico de películas que supuestamente documentaban asesinatos reales y que, desde Sudamérica, se introducían de contrabando en Estados Unidos. La campaña organizada para promocionar la película sancionó así el lanzamiento oficial en la industria cinematográfica de una leyenda urbana que aún perdura, pero que encuentra sus raíces, como recuerda Boaz Hagin, en décadas de películas que han mostrado al público general cómo los periodistas y los camarógrafos a menudo coquetean con la muerte al borde de los índices de audiencia para ofrecer las últimas noticias a sus lectores/espectadores. En resumen, con el tiempo se había creado un terreno fértil para aceptar la idea misma de la existencia de películas snuff, y la histeria que siguió a los asesinatos de "La Familia", combinada con la postura del movimiento feminista contra la industria pornográfica, haría el resto. Cabe señalar que la premisa explorada por éste género dista mucho de ser novedosa: no sólo las grabaciones de accidentes fatales eran habituales, como hemos visto, desde los inicios del cine, sino que, en esencia y en términos conceptuales, incluso sin utilizar el término "snuff", la hipótesis subyacente ya se había esbozado en el relato de Apollinaire; además, incluso desde una perspectiva ficticia, la idea de grabar un crimen en directo con cámara se había explorado en películas como Peeping Tom (Michael Powell, 1960), del mismo modo que, dentro del ámbito de la ficción, la idea de grabar una muerte con cámara no tiene por qué atribuirse necesariamente al género snuff; véase, por ejemplo, La mort en direct (1980) de Bertrand Tavernier. En poco tiempo, estamos presenciando, por tanto, un movimiento de retorno que está trayendo de vuelta la idea del snuff desde los márgenes de la industria cinematográfica, nada menos que a Hollywood. Si el progenitor "construido" en la operación Shackleton es un producto diseñado para el circuito grindhouse, los primeros en experimentar con el snuff son aquellos directores que, a pesar de pertenecer a cinematografías no necesariamente "contiguas", trabajan en géneros intensamente explotadores: por ejemplo, el italiano Joe D´Amato (Aristide Massaccesi) quien, como parte de la serie dedicada a la negra Emanuelle, la reportera interpretada por Laura Gemser, en el filme Emanuelle en América (1976) inserta una película snuff falsa en una secuencia filmada en un burdel sudamericano; en Snuff, Vítimas do Prazer (1977) el director brasileño Cláudio Cunha desarrolla la idea ambientándola en Brasil y vinculándola a las producciones del perturbador director Miguel; en Blue Nude (1977), de Luigi Scattini, el inmigrante italiano Rocco Spinone lidia con la muerte en vivo de una amiga, una actriz porno, que ocurrió en el set de filmación de una secuencia violenta; Hardcore (1978), de Paul Schrader, investiga el submundo de las producciones pornográficas BDSM con una película de "autor", distanciándose de la explotación que sólo dos años antes había marcado el nacimiento del género. En 1979, Deodato dirigió Cannibal Holocaust, admitiendo repetidamente haberse inspirado en el mito del snuff y jugando con la idea de las películas clandestinas sudamericanas; con la pesadilla tecno-carnal Videodrome, en 1983, David Cronenberg planteó una evolución del entretenimiento que llevaría a un canal de televisión generalmente violento y pornográfico a transformarse en un canal dedicado a prácticas extremas que culminan en la muerte en directo. Ésta evolución sería recordada, pocos años después, por Thomas Wind, director de la inolvidable Berlin Snuff de 1995, que desató a un equipo de televisión sin escrúpulos tras la pista de lo peor que se puede emitir en la pequeña pantalla, y por Bill Guttentag en Live! Ascolti Record al primo colpo (Live!, 2007), que imagina un cínico reality show basado en un juego de ruleta rusa, presentado por Eva Mendes como la directora de programación de una cadena de televisión obsesionada con los índices de audiencia. Entre los cineastas que se aventuran en el género snuff, encontramos tanto a nuevos talentos como Alejandro Amenábar (Tesis, 1996) como a rostros conocidos como los actores Johnny Deep y Marlon Brando (The Brave, 1997, dirigida por Deep), o Luke Wilson y Kate Beckinsale (Vacancy, Nimród Antal, 2007); tanto a directores consagrados como Joel Schumacher, que sigue al atormentado detective interpretado por Nicholas Cage en 8mm (1999), y Kathryn Bigelow, que explota el aspecto digital del género en Strange Days (1995), como a veteranos de géneros locales como Bruno Mattei, quien en 2003 realizó la película directamente para vídeo Snuff killer - La morte in diretta: "Luego están algunas películas que marcan un regreso al ataque implacable a los cuerpos de las víctimas por parte de un puñado de cineastas que crean algunas de las obras más extremas del género: desde The Great American Snuff Film (Sean Tretta, 2003) hasta Snuff 102 (Mariano Peralta, 2007), desde la trilogía August Underground (Fred Vogel, 2001-2007) hasta The Bunny Game (Adam Rehmeier, 2012). Y no faltan aquellos que actualizan el mito de la muerte en vivo en la era de Internet: My Little Eye (Marc Evans, 2002), FearotCom (William Malone, 2002), Snuff Movie (Bernard Rose, 2005) y Untraceable (Gregory Hoblit, 2008) son solo algunos ejemplos. La categoría snuff, sin embargo, ha sido problemática desde el principio, incluso en términos estrictamente cinematográficos, reflejando plenamente lo que hemos dicho sobre los géneros analizados hasta ahora. Si Slaughter/Snuff es una película de bajo presupuesto filmada por un equipo con experiencia previa en porno (con la excepción de la secuencia final falsa, fue escrita, dirigida y editada por Michael Findlay, mientras que su esposa Roberta se encargó del rodaje), Linda Williams la considera una variante del slasher capaz de capitalizar la confusión entre el horror y el porno duro. En el análisis detallado de Eithne Johnson y Eric Schaefer, Snuff desdibuja la distinción entre porno chic y gore grindhouse, intentando sacar provecho del éxito de la pornografía hardcore y optando por una distribución típica de un producto convencional, en lugar del circuito más limitado de autocines y salas grindhouse para el que fue producida originalmente. En particular, la inclusión de la secuencia final habría transformado la película, pasando de la categoría de cine erótico/perverso a la de cine gore, convirtiéndose en la primera película de explotación gore de bajo presupuesto en proyectarse en salas comerciales. Todo ésto se refleja en la respuesta del público, ya que el final sangriento logró reorientar las expectativas de la audiencia, desafiadas tanto por la película como por la provocativa campaña promocional, todo ello aderezado con rumores sobre la supuesta existencia de películas snuff reales" (Gallio, pp. 77, 78). Aspectos esenciales que siguen complicando la recepción de las películas incluso después: Steve Jones señala que, a medida que el género se ha consolidado, en algunos casos el sexo y la violencia están tan entrelazados que resulta difícil determinar cómo debe interpretarse cada película (¿pornografía explícita? ¿Horror suave?). Además, no debemos olvidar la presión de las películas de horror o suspenso que incorporan secuencias snuff, filmadas en su mayoría en formato y estilo diferente al del resto de la película, para hacer creer al espectador desorientado que es plausible, a pesar de saber que se enfrenta a un espectáculo ficticio, que existen realmente circuitos clandestinos donde se producen éstos vídeos. Lo interesante a destacar, en éste sentido, es la capacidad de reabsorber, a través de producciones de género tranquilizadoras, la hipótesis inicial desestabilizadora que subyace al mito del snuff: es decir, que éste contenido puede comercializarse y que, efectivamente, existe un mercado floreciente gestionado por individuos u organizaciones turbias que solicitan su producción y se encargan de su distribución. En resumen, una especie de degeneración de la propia industria cinematográfica, en algunos casos, o un auge de traficantes de vídeos de muerte, en otros. Es una hipótesis a la que la prensa ha recurrido repetidamente y con cierta frecuencia a lo largo del tiempo, vinculando inicialmente éstas producciones con el mundo pornográfico, y específicamente con las prácticas BDSM, para luego respaldar la hipótesis de redes internacionales de pornografía infantil, desencadenando lo que es, a todos los efectos, uno de los ejemplos más persistentes de pánico moral vinculado a las producciones audiovisuales. Veamos ahora algunos ejemplos de noticias relacionadas con el crimen en las que se implica específicamente al snuff, mezclando investigaciones sobre delitos concretos con la etiqueta de un "producto" que, estrictamente hablando, no existe, ya que, como señala Julian Petley, hasta la fecha las autoridades no han encontrado oficialmente ningún contenido que se corresponda con la descripción de un snuff: de hecho, muy a menudo, las cruzadas emprendidas para desmantelar supuestas redes criminales tienen el objetivo mucho más concreto de reducir las libertades individuales relacionadas con actividades consideradas desviadas –como ciertas prácticas sexuales- o de imponer medidas restrictivas o de censura que limiten la circulación de productos culturales considerados ofensivos e indecentes. En 1990, al comenzar una noticia sobre un crimen en Londres que había llevado a la entonces primer ministra Margaret Thatcher a ordenar al ministro del Interior que "desplegara a los mejores detectives de Scotland Yard para dar caza a los maníacos que asesinaron a veinte niños, víctimas de la violencia y tortura más repugnantes", La Reppublica atribuyó a éste caso la producción de snuff e informó lo siguiente: "(…) Los niños y niñas secuestrados fueron filmados durante violaciones y actos de sadismo. En algunos casos, incluso se filmaron sus muertes, tras una larga y terrible tortura. Ya se han identificado seis víctimas muy jóvenes, utilizadas para la producción de las llamadas películas snuff, videocasetes pornográficos, y se están realizando esfuerzos para encontrar los restos de los otros catorce niños torturados. (…) Ésta vez, de hecho, no se trataba sólo de satisfacer instintos bestiales, sino de vender éstas horribles películas. Un mercado floreciente. En muchas calles de Inglaterra, especialmente en Londres, hay tiendas donde se venden clandestinamente vídeos de escenas sádicas y violaciones, a menudo protagonizadas por niños menores de diez años. (…) Las investigaciones se han extendido a los Países Bajos. De hecho, se sabe que muchas de éstas películas obscenas, resultado de crímenes horrendos, también se pusieron a la venta en Ámsterdam". Según la prensa internacional, la trata de personas, destinada a alimentar la industria de producciones audiovisuales clandestinas que culminan con la muerte de las víctimas, parece ser una constante en todos los ámbitos y no se limita únicamente al mercado de la pornografía infantil. Por ejemplo, en relación con el elevado número de jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez en agosto de 2003, el periódico francés L´Humanité, al reconstruir la historia citando fuentes mexicanas locales, recuerda algunas de las hipótesis consideradas hasta entonces por los investigadores para explicar las desapariciones, incluyendo, precisamente, la producción de películas snuff. Italia volvió a ser noticia cuando, como era de esperar, los titulares periodísticos informaron sobre la conexión de las películas snuff con el caso de asesinato ocurrido en un municipio cercano a Milán, lo que provocó que la prensa se volcara inmediatamente con el titular: "El misterio de las películas snuff en el garaje Cinisello Balsamo". En mayo de 2011, el cuerpo torturado de una prostituta rumana de veintitantos años fue hallado en lo que se denominó una "caja del horror", equipada para prácticas sexuales violentas. La investigación condujo al arresto de Antonio Giordano, un hombre desempleado de cuarenta y tres años de Sesto San Giovanni. Los medios de comunicación se volcaron con la noticia, obteniendo una cobertura casi total. El 28 de mayo, la historia ocupó los titulares: se habló de películas snuff en Studio Aperto a las 12:25 p.m., en TG1 a la 1 p.m., en TG2 a la 1:30 p.m., y en las ediciones vespertinas. Los periodistas se cuidaron de recalcar que "los investigadores ni siquiera descartan la posibilidad de que el asesino esté involucrado en una red de películas snuff, películas que se venden a precios muy elevados y que representan violencia real" y que "a menudo terminan con la muerte de una "actriz". Finalmente, en mayo de 2011, The Sun publicó novedades judiciales sobre el brutal asesinato de la pequeña Tia Rigg, torturada y asesinada por su tío John Madden, aparentemente para llevar a cabo lo que había visto en vídeos de su colección privada de películas snuff. El artículo, como casi siempre en éstos casos, no ofrecía más información sobre éstas películas, ni proporcionaba datos útiles para que el público las identifique, limitándose a insinuar que algo terrible está involucrado. Sin embargo, es precisamente la falta de pistas lo que alimenta el temor de los lectores. Más allá de los ejemplos ya mencionados, las películas snuff, junto con las películas mondo y las de canibalismo, han sido objeto de una atención obsesiva por parte de las fuerzas del orden en lo que todavía se considera un caso emblemático de pánico moral vinculado a la producción cinematográfica, destinado a dominar las noticias británicas durante años: las llamadas "Video Nasties". Repasar brevemente un evento complejo como el ocurrido a principios de la década de 1980 en el Reino Unido, que condujo a la regulación del mercado del vídeo doméstico mediante la promulgación de la Video Recordings Act, merecería un análisis aparte. Sin embargo, analizar algunas de las dinámicas de los eventos relacionados como las "Video Nasties" resulta útil no sólo porque involucraron a muchas de las películas que estamos considerando, sino también porque dichos eventos están muy presentes en la memoria colectiva del pueblo inglés –y no sólo en la inglesa- y representan una herida abierta en la recepción de muchas de las cinematografías marginales que hemos analizado hasta ahora. Comenzamos éste breve resumen haciendo referencia a la apasionada guía sobre el tema escrita por Allan Bryce, quien inicia su análisis recordando el período comprendido entre finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 como una auténtica época dorada para los amantes del cine de explotación en Inglaterra. Mientras los grandes estudios sopesaban las ventajas y desventajas de transferir sus producciones a VHS, la introducción del VHS resultó ser una bendición para todas aquellas películas que tenían pocas posibilidades de estrenarse en cines. Sin embargo, el entusiasmo de cientos de videoclubes y coleccionistas pronto contribuyó a que llegaran a las estanterías, para deleite de los aficionados al cine erótico y de horror. Ésta invasión de películas sin ningún tipo de censura, impulsada por la rápida difusión del nuevo formato, pilló desprevenidas a las autoridades responsables del control del contenido audiovisual y tuvo graves consecuencias, especialmente para los pequeños distribuidores. En enero de 1982, una imagen particularmente espeluznante que anunciaba la película Driller Killer apareció en la revista Television And Video Retailer, sin pasar desapercibida. La prensa se interesó tanto por la historia que la constante cobertura mediática llegó a marcar la agenda política del país. El término "Video Nasty", sobre el que no existe consenso ni siquiera sobre quién lo usó primero ni en qué circunstancias, pronto pasó a referirse a una multitud de películas heterogéneas, con un poco de todo: desde canibalismo hasta asesinatos perpetrados con taladros eléctricos, desde sadomasoquismo hasta mutilaciones realizadas con motosierras: "En junio, el Daily Mail publicó el titular "Prohíban los vídeos sádicos", un eslogan que impulsaría una campaña mediática en toda regla contra una serie de títulos identificados por el Director de la Fiscalía. Tras el interés personal del diputado conservador Graham Bright en proponer una regulación específica, y bajo la presión del secretario del Partido Conservador, Leon Brittan, se fijó para julio de 1984 la fecha límite para aprobar la legislación que exigía que los vídeos se sometieran a un riguroso proceso de revisión: la Ley de Grabaciones de Vídeo. Ésto marcó el inicio de un período de transición durante el cual, mientras esperaban la aprobación de la ley, los aficionados se lanzaron a la búsqueda de las "primeras ediciones", que por desgracia acabaron en el ojo del huracán. Al mismo tiempo, los pequeños comerciantes, conscientes de los elevados costes de la censura, decidieron aprovechar la situación y vender el mayor número de copias posible mientras la demanda era máxima, antes de volver a ofrecer productos "normales". Mientras tanto, Scotland Yard inicia una intensa búsqueda de los vídeos incriminatorios: las tiendas de VHS son el objetivo de los agentes, quienes a menudo desconocen el contenido de los vídeos y proceden a las incautaciones basándose en las carátulas o simplemente en los títulos, lo que a veces da lugar a resultados absurdos, como la incautación de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), confundida con Cannibal Apocalypse (Antonio Margheriti, 1980), o la retirada de The Big Red One (Samuel Fuller, 1980) de las tiendas de vídeo porque el título resultaba sospechosamente sugerente. Sin embargo, sería engañoso restar importancia a éstas redadas como simples incidentes que se pueden contar con una sonrisa, ya que las incautaciones indiscriminadas de grandes cantidades de material a menudo han llevado a la quiebra a pequeños distribuidores, obligándolos a cerrar y, para colmo, etiquetándolos como narcotraficantes. Y, por otro lado, los simples aficionados al cine de horror fueron tratados como criminales" (Gallio, pp. 81, 82).

Maya F. ©

 Video Nasties al Porno de Tortura.

NNNNNNNN

Pero, incluso antes de los títulos incautados por las fuerzas del orden, como explica Kate Egan, la etiqueta "Video Nasty" en sí misma la que es problemática: no es un género verdadero; el término no es universal ni internacionalmente reconocido por los expertos de la industria; la categoría no se corresponde con prácticas de producción o estrategias de marketing compartidas; los títulos clasificados como tales no necesariamente se han agrupado porque comparten temas y características formales. Una lista inicial de 52 títulos publicada en junio de 1983 fue complementada con 11 películas tras la aprobación de la Ley de Grabaciones de Vídeo, pero la lista no se estabilizó hasta los años siguientes, debido a continuas adiciones y exclusiones. Según el documental Video NastiesThe Definitive Guide (Nucleus Film, 2009), la lista elaborada por Scotland Yard incluye 39 títulos clasificados como "prohibidos", que abarcan desde algunas de las películas italianas de caníbales más infames hasta el primer largometraje de Abel Ferrara (The Driver Killer, 1979), desde la conocida película mondo The Faces of Death hasta películas de Fulci y Bava, desde la película de violación y venganza Non violentate Jennifer (I Spit on Your Grave, Meir Zarchi, 1978) hasta la infame Snuff, hasta películas de explotación nazi. Pero a ésta lista oficial se une una segunda lista de otras 33 películas, posteriormente eliminadas de la lista oficial de Nasties. Ésta lista incluía, entre otras, el debut como director de Sam Raimi (The Evil Dead, 1982), junto con obras de Tobe Hooper. En éste crisol, Martin Barker identifica dos tendencias cinematográficas principales: por un lado, una tendencia italiana acostumbrada a producir películas violentas; por otro, una tendencia estadounidense orientada al cine de explotación en autocines y especializada en películas de alta violencia. A éstas se suman las obras de jóvenes cineastas que entraban en el mercado con una aguda sensibilidad para retratar el turbulento panorama social y político de la época en que se realizaron las películas (por ejemplo, cineastas como Wes Craven). Barker también señala algunos rasgos comunes entre las obras que terminaron en las listas del Director de la Fiscalía: no se trata sólo del nivel excesivo de violencia explícita que caracteriza a la mayoría de las películas, sino de la forma en que se muestra ésta violencia y la relación que se establece entre el espectador y las obras que, a diferencia de las producciones mainstream, carecen de héroes y heroínas con lo que el público pueda identificarse o relacionarse, en un universo cinematográfico caracterizado por un cinismo generalizado y extendido. La ausencia de un centro de ordenamiento desde el cual, gracias a convenciones cinematográficas consolidadas, se pueda organizar el caos que estalla en las historias contadas en pantalla, es evidente no sólo en productos conocidos como L´ultima casa a sinistra (The Last House on the Left, Wes Craven, 1972), sino también en películas quizás menos conocidas para quienes no son aficionados al género, pero igualmente exitosas, como Island of Death (Nico Mastorakis, 1975). Ésta última, proveniente de Grecia, es en parte una excepción a los flujos audiovisuales identificados por Barker, pero responde a las mismas características: ¿cómo podría el público identificarse con una pareja inglesa de vacaciones en una isla griega, cuya principal ocupación son las relaciones incestuosas (los dos son hermanos), los asesinatos brutales y la bestialidad? El propio director admite que rodó la película con fines puramente de explotación y, al carecer de otros recursos, insistió en el aspecto sexual, violento y sadista, con la intención de "ganar dinero" y obtener el máximo beneficio posible. Siguiendo la misma lógica, se encontrarían dificultades similares de identificación con los aventureros, primeros verdugos y luego víctimas, del género caníbal italiano. Sin embargo, las Nasties siguen despertando el interés del público, en una mezcla de atracción y repulsión. Si bien su estatus de culto se reconoció no tanto por el "valor" de las películas individuales como por su encarnación de un objeto prohibido, en retrospectiva, muchos de los vídeos incluidos en diversas listas se consideran ahora clásicos por derecho propio, si no las películas más representativas de la trayectoria de los cineastas que las dirigieron, quienes posteriormente tuvieron largas y exitosas carreras en producciones de Hollywood. Curiosamente, durante el apogeo de la histeria en el Reino Unido, los aficionados al horror las buscaban con avidez, atraídos por las promesas del empaquetado y la publicidad en revistas especializadas. Sin embargo, dicha publicidad solía ser engañosa, centrándose en aspectos impactantes y títulos sugerentes que a menudo no se correspondían con el contenido. Evidentemente, la emoción de intentar conseguir a toda costa aquello que los padres, la policía y la sociedad conservadora se esforzaban por ocultar superaba la decepción de encontrarse con un producto que a menudo no cumplía con las expectativas. Sin embargo, existen otros factores relevantes a considerar en ésta historia, el primero de los cuales tiene que ver con el propio medio que permitió la distribución de las películas: el videocasete. Como señala Geoffrey Pearson, en Inglaterra, a partir de la Segunda Guerra Mundial, la alarma vinculada a la introducción de modas, hábitos y costumbres que amenazaban la tradición se manifestó repetidamente, y en cada caso estuvo acompañada de una alarma social derivada del temor de que ciertas variantes de productos de la cultura popular pudieran corromper a la juventud. Éste temor solía ir seguido de cruzadas destinadas a preservar el orden establecido, protegiendo a la nación de la invasión de productos extranjeros (especialmente estadounidenses) que amenazaban con cambiar la sociedad victoriana. Antes de los "Nasties", éste tipo de proteccionismo se implementó contra los cómics de horror en la década de 1950 y contra la difusión del rock´n´roll. Pero hay una tradición más antigua en éste sentido: ya en los siglos XVI y XVII, de hecho, surgieron protestas contra la representación de criminales como héroes en canciones populares; e, incluso antes de la introducción del cine como lugar de reunión, en muchos casos los nuevos medios (como los cómics baratos) o los lugares de consumo de cultura popular frecuentados por jóvenes (desde los teatros de un penique hasta los salones de baile de dos peniques) fueron acusados de corromper sus costumbres. La introducción de la videograbadora y la consiguiente circulación de cintas VHS se inscriben, por lo tanto, en una tradición de intentos por controlar la difusión de contenidos considerados peligrosos por el sistema, con el objetivo específico de defender los valores tradicionales de la amenaza externa. Éste aspecto, combinado con la particular calidad del material difundido en el caso de las "Video Nasties" (horror, violencia, sexo y sadismo), propició el surgimiento de una auténtica campaña moralizante liderada por Mary Whitehouse, exponente de un movimiento que abogaba por el respeto a las normas de moralidad y decencia que encontraban plena aplicación en los ideales cristianos. Huelga decir que la defensa de la inocencia infantil fue uno de los principales motores de ésta acción moralizante. En lo que constituye una auténtica intrusión en la intimidad del hogar, los tabloides no dudan en centrarse en el factor de la corrupción, publicando fotografías a página completa de jóvenes espectadores indefensos a merced de la pantalla y compartiendo el punto de vista promovido por Whitehouse y la Asociación Nacional de Espectadores y Oyentes: que los niños vean películas de violencia explícita sin supervisión, solos frente al televisor, lo que provoca peligrosas consecuencias emocionales y conductuales, y que la visualización repetida de películas altamente violentas, como las que se investigan, incluso cause comportamientos imitativos y un aumento de episodios antisociales entre los jóvenes espectadores. Si bien la propia Whitehouse admite con franqueza, en múltiples entrevistas públicas, que nunca ha visto personalmente ninguno de los vídeos que quiere prohibir, también identifica con igual franqueza el sexo, la violencia y el sadismo injustificado como las características definitorias de las películas. Juzgándolas únicamente con base en el material promocional, se declara segura de la presencia de éstos elementos en grandes cantidades en las películas en cuestión. Y, sobre todo, del hecho de que son capaces de corromper a quienes las ven, especialmente a los más pequeños. Para respaldar ésta tesis, se encarga un estudio que se llevará a cabo en un número selecto de escuelas, con el objetivo de demostrar el alto porcentaje de niños expuestos a la amenaza de las Nasties a través de su consumo de medios de comunicación: "El estudio, que generaría una intensa controversia sobre la rigurosidad científica de la elaboración, administración e interpretación de los cuestionarios, pronto arrojaría resultados alarmantes: numerosos niños declararon ver con regularidad Vídeo Nasties. Los datos "científicos" fueron suficientes para pasar a la siguiente fase: controlar un mercado no regulado para salvar el futuro de las nuevas generaciones, con la aprobación de los padres. Sin embargo, la premisa era bastante arbitraria y se basaba en el hecho de que, en el hipotético caso de que ambos padres estuvieran ausentes, sus hijos podrían acceder a éstas películas y traumatizarse con ellas, sin aplicar el mismo principio al consumo de tabaco o drogas. El Estado, por lo tanto, se inmiscuyó en la esfera privada del consumo doméstico de una manera bastante incoherente, sin considerar que, mientras sus padres estaban afuera, ésos mismos niños, expuestos al atractivo de los Video Nasties, bien podrían empezar a fumar los cigarrillos de su padre o emborracharse con el alcohol del bar. Lejos de destacar éstas contradicciones, la prensa fue cómplice del clima de tensión con artículos que no hicieron más que avivar lo que ahora parecía ser una psicosis colectiva, informando sobre la incautación de películas que documentaban mutilaciones, decapitaciones y sexo violento. En uno de éstos episodios, una película snuff incautada en Birmingham mostraba a un equipo de filmación siendo perseguido y asesinado por una tribu en el Amazonas. Ésto, concluye Bryce, era claramente un "Holocausto caníbal". La represión contra los videocasetes se aflojó posteriormente, sólo para resurgir en oleadas regulares y dar lugar al establecimiento de organismos autorreguladores de la industria, como el Comité de Revisión del Empaque de Vídeo, encargado de supervisar cómo los distribuidores vendían productos de explotación, comenzando por el propio empaque. Ésto no ha impedido que el impacto duradero de las "Video Nasties" y la mitología del snuff se siga sintiendo hoy en día a la sombra de la monarquía británica" (Gallio, pp. 85, 86). Como Johnny Walker analiza en su ensayo reciente, algunas de las películas de horror contemporáneas más extremas producidas en el Reino Unido, como The Devil´s Chair (Adam Mason, 2007), están vinculadas a la era de las "Nasties" por los recuerdos personales de directores que crecieron durante éste período de ansiedad, mientras que otras películas británicas, como The Last Horror Movie (Julian Richards, 2003), se inspiran explícitamente en el estilo y la mitología del snuff. La arbitrariedad de los métodos analíticos para establecer el grado de "peligro" de ciertas películas con alto contenido de violencia y sadismo quedó nuevamente en evidencia cuando la Junta Británica de Clasificación de Películas (BBFC) hizo públicos los criterios surrealistas de un estudio encargado para analizar la percepción de la violencia sexual con elementos sádicos en el cine (basándose en los resultados de éste análisis, la BBFC revisará sus políticas respecto al tratamiento de éstas películas, lo que presagia una mayor censura en su distribución). Se reveló, por ejemplo, que la muestra considerada se limitaba a 35 personas en tres ciudades y estaba compuesta por individuos que no eran espectadores habituales de éste tipo de contenido; además, no se consultó a ningún experto que pudiera ayudar a contextualizar su recepción según un marco interpretativo adecuado. Considerando el legado de etiquetas problemáticas como "snuff" y "Video Nasty", nos damos cuenta de que la dinámica de recepción no ha cambiado, y que géneros más cercanos a nosotros como el "porno de tortura", se enfrentan hoy a los mismos problemas que sus "antecesores" enfrentaron hace décadas, canalizando, para bien o para mal, tensiones sociales latentes, listas para explotar. Incluso el "porno de tortura", que inaugura una nueva subcategoría del splatter, se define como tal a posteriori y de forma bastante arbitraria. El término apareció por primera vez el 28 de enero de 2006 en las páginas de New York Magazine: David Edelstein lo utiliza en su artículo "Ahora en cartelera en tu multicine local: Porno de tortura" para referirse a la película Hostel (2005) de Eli Roth y a un puñado de otras realizadas desde alrededor del año 2000, caracterizadas por la preponderancia de escenas de tortura brutal, insertadas en mecanismos narrativos en los que el sadismo juega un papel principal en la dinámica entre los personajes. Edelstein señala que, en el pasado, las escenas de mutilación humana como las que se muestran en éstas películas eran exclusivas del cine italiano de caníbales, mientras que ahora se proyectan en multicines y, a diferencia de las películas slasher de los años 70 y 80 (conocidas coloquialmente como "hack-`em-ups"), en las que el chorro de sangre era el equivalente a la escena de eyaculación en las películas pornográficas, en éstos casos las víctimas no son "intercambiables". En resumen, son películas que muestran a gente común dispuesta a comprar el privilegio de torturar a alguien hasta la muerte y que retratan un mundo habitado por asesinos en serie latentes: películas tan nihilistas que exigen la suspensión de todo juicio moral. según Edelstein, la causa de éste punto de inflexión (si es que realmente lo es, dado que las consideraciones expresadas no son muy diferentes de las que alimentaron el debate crítico en la década de 1970, cuando se discutieron otros ciclos del género de horror) es el temor de que, alimentado por las horribles imágenes de Abu Ghraib, al suplantar la empatía, nos convertiremos todos en potenciales torturadores "buenos". No es una nuestra intención analizar en detalle las particularidades del porno de tortura, ya que plantea interrogantes sobre otras categorías igualmente problemáticas, como la "gornografía", sino simplemente destacar algunas de las tendencias que comparte con los géneros ya mencionados. Es evidente, en primer lugar, que en la mayoría de los casos la etiqueta funciona como un término genérico, utilizado a menudo en términos de distribución y recepción, más que de producción (especialmente porque suele ser rechazada por los propios directores). Es una etiqueta que se usa principalmente para referirse a secuencias de violencia particularmente gráfica, en lugar de designar componentes característicos reales. Y si bien es claro que el género parece marcar poco más que una nueva modulación del splatter tradicionalmente entendido, el debate crítico no tardó en surgir. Adam Lowenstein, de manera provocativa, afirma que el porno de tortura no existe y, en cambio, propone un marco que él cree más útil, el del "horror espectáculo", para resaltar una implicación visceral con el espectador a través de la puesta en escena de horror explícito con el objetivo de provocar una reacción de admiración, incitación y aventura sensorial, así como conmoción y horror. Por lo tanto, Lowenstein cree que es más útil razonar según las categorías con las que Tom Gunning analiza el cine de atracciones. Ejemplos previamente discutidos como The Execution of Mary, Queen of Scots e Electrocuting an Elephant son utilizados por Lowenstein para reiterar que, a pesar de sus diferencias, ambas películas "concluyen con la atracción del horror espectáculo y su capacidad de otorgar un sentimiento impactante a la historia, con imágenes lo suficientemente importantes para las economías visuales de las películas como para el exigir el arte y el trabajo de la edición": al igual que sus antecedentes en el cine primitivo, Hostel canalizaría el horror a través del deseo del espectador de "sentir" la Historia (en éste caso la referencia es claramente al escándalo de tortura de Abu Ghraib). Lowenstein también critica el uso que hace Edelstein del término "pornografía", al aplicarle un valor moral que ignora todos los estudios académicos sobre el tema. En lugar de justificar la tortura real mediante la tortura cinematográfica, como cree Edelstein, Hostel hace precisamente lo contrario: al aplicar una perspectiva en primera persona a las víctimas –y, por lo tanto, invertir el uso de la "cámara en primera persona" tal como se utilizaba en las películas de horror, es decir, atribuir la mirada del asesino e incitar al espectador a identificarse con él-, la película de Roth confrontaría al público con la responsabilidad de Estados Unidos en lo ocurrido en Abu Ghraib. En éste sentido, Daniel Holland Earle analizó los conjuntos de imágenes vinculadas al escándalo de las prisiones iraquíes precisamente en relación con el porno de tortura: el estudio muestra que la espectacularización de la tortura proviene del hecho de que las humillaciones infligidas a los prisioneros de guerra se centraban en degradar a los hombres torturados, en lugar de obligarlos a hablar, transformando así el uso de la tortura (que muchos estadounidenses habían aprobado con el fin de prevenir nuevos atentados terroristas) en algo más cercano al entretenimiento, una característica crucial para su conexión con el género: "Sin embargo, en tan sólo un lustro, el género se transforma y se introduce una nueva etiqueta: con A Serbian Film (Srdan Spasojevic, 2010), el abanico de torturas se amplía, el nivel de abyección alcanza profundidades antes insondables, hasta el punto de provocar el colapso de las etiquetas anteriores de "snuff" y "porno de tortura", acuñando la nueva expresión porno de recién nacidos. Sin entrar en los detalles de la recepción de la película, ya analizados por el autor en otra parte, nos limitaremos a señalar que en éste caso el temor a la posible existencia de películas snuff encuentra en la película de Spasojevic un lugar conceptual más, capaz de unir los temores más "tradicionales", vinculados al comercio de películas de muerte, con los más específicos, que se centran en la violencia contra menores (en éste caso específico, incluso recién nacidos). En cuanto al legado del género, al menos desde la perspectiva de la opinión popular, el porno de tortura sigue firmemente ligado al snuff. Algunos comentaristas que se aventuran a analizarlo lo asocian con el segundo: el snuff, paradójicamente, se convierte así en la contraparte real del porno de tortura, funcionando como una categoría verídica dentro de un subgénero ficticio con entidad propia. Sin embargo, si comparamos el falso snuff con el porno de tortura en términos de la evaluación de las autoridades sobre si las películas deben o no ser restringidas, ambos géneros difieren en un aspecto significativo. Las clasificaciones de censura de países como Gran Bretaña, de hecho, son claras: mientras que Hostel, Saw y Captivity, a pesar de ser criticadas por su nivel de violencia y consideradas moralmente repulsivas, son clasificadas como "sin cortes" por la BBFC, las películas pseudo-snuff como August Underground no lo son. Según Steven Jones, ésta diferencia radica en el efecto de realidad que distingue a ambos géneros: el porno de tortura se presenta claramente como una obra de ficción, mientras que las películas basadas en el mito del snuff juegan con la ambigüedad entre la realidad y ficción. Ésto nos lleva de nuevo a nuestro punto de partida: intentar comprender las razones de la persistencia de éste mito en la sociedad contemporánea" (Gallio, pp. 88, 89).

Maya F. ©
                         

La franquicia Face of Death.

NNNNNNNN

Si excluimos Mondo cane, Face of Death es quizás el shockdocumental más conocido, pero sobre todo el que, más que ningún otro, a finales de los años 70, marcó la transición de las películas mondo italianas a las producciones internacionales más centradas en la explotación de la muerte, dando lugar a una serie de imitaciones que animarían el mercado del vídeo doméstico hasta mediados de los años 90. En 1978, el documental dirigido por John Alan Schwartz, quien para la ocasión firmó como Conan Le Cilaire, marcó un hito decisivo en la explotación de las imágenes de la muerte, allanando el camino para aquellos productos que darían lugar a los carruseles de muertes y cuerpos mutilados en las compilaciones de la década de 1980. Si bien el tema central del proyecto se centra por completo en la muerte –dividida en "áreas temáticas" que abarcan desde el reino animal hasta las autopsias, desde las ejecuciones hasta los accidentes fatales- y si bien existen numerosos ejemplos de películas mondo anteriores que diluían el tema dentro de argumentos más amplios, o que intentaban abordarlo desde una perspectiva más vinculada a la reencarnación y la vida después de la muerte, Face of Death se presenta de inmediato como un operación monotemática, cuidadosamente diseñada para injertarse en ésa zona gris entre lo real y lo reconstruido con una indiferencia que, para la época resultaba desconcertante. Con el tiempo, se ha hecho evidente que algunas de las secuencias más impactantes del primer volumen son, en realidad, montajes reconstruidos, que, sin embargo, siguen siendo difíciles de interpretar para muchos aficionados al género. Por otro lado, algunos fans se sienten decepcionados al descubrir que muchas de las escenas que más les han atormentado en sus pesadillas son falsas: pensemos, por ejemplo, en la infame ejecución en la silla eléctrica; o en la escena en la que un grupo de clientes de un restaurante exótico se come el cerebro de un mono vivo, asesinado a martillazos por los propios comensales; o, de nuevo, en la escena en la que un guarda forestal es atacado y asesinado por un caimán frente a las cámaras de un equipo de televisión. Si bien, a medida que la franquicia se desarrollaba, los autores optaron gradualmente por aumentar el porcentaje de muertes reales (haciendo también un uso extensivo de imágenes de archivo y noticiarios), a lo largo de dos décadas los episodios han sufrido un uso "autofágico" del material, erosionando gradualmente el encanto macabro de la producción. Pero el primer volumen ya está plagado de escenas familiares: encontramos algunas imágenes que aluden al "asesinato" de Pit Dernitz, ya tratado en Ultime grida dalla savannah; la incursión en el mundo de las sectas satánicas está parcialmente inspirada en Charles Manson y se basa en Angeli bianchi… angeli neri (Luigi Scattini, 1970); el enfoque en la criogenia es un plagio de Des Morts (Jean-Pol Ferbus, Dominique Garny, Thierry Zéno, 1979). "Fea y solo para estómagos fuertes", habría comentado Segnocinema sobre el estreno de Faces of Death n. 2, mientras que L`Écran Fantastique, que define la secuela como "violenta, cruel, indecente, provocadora e insoportable", rápidamente desaconsejó ver el primer volumen a personas sensibles, debido a un realismo que podía poner a prueba incluso a los más curtidos. Una advertencia que, sin duda, no disuadió a los amantes del horror: la presencia de Face of Death en la imaginación de los aficionados al gore sigue muy viva y la serie es tan "madura" que apareció en la lista de las 50 mejores películas de culto de todos los tiempos elaborada por Entertainment Weekly en 2000, y ocupó un lugar destacado entre las películas de culto celebradas por Cine-Excess Journal, que dedicó un amplio espacio a Face of Death en su número de lanzamiento. En ésta ocasión, el propio Schwartz rememora la génesis de un proyecto que recaudó más de 60 millones de dólares a pesar de estar prohibido en 48 países, convirtiendo la mezcla de realidad y ficción en un sello distintivo antes de que se convirtiera en tendencia décadas después. Más allá del halo mítico que rodea el nacimiento de la serie, podemos establecer algunas certezas sobre la producción de la primera película. Schwartz, recién graduado en Bellas Artes por Cal Arts, decidió probar suerte en la industria cinematográfica, pero, sin saber nada de cine, mientras aprendía a editar, empezó a trabajar como asistente de producción para varias productoras de cine y televisión. Contratado por una pequeña productora cinematográfica, comenzó a trabajar en el audiolibro de un documental sobre el ecosistema amazónico titulado Creatures of the Amazon. Aprendió no tanto a describir lo que veía, sino a crear conexiones visuales entre palabras e imágenes (una lección que más tarde le sería útil para estructurar Faces of Death). A John, que tenía poco más de veinte años, se le presentó la oportunidad de su vida cuando un grupo de ejecutivos japoneses encargó a la empresa para la que trabajaba la realización de un documental sobre la muerte, capaz de capturar su horror sin preocuparse por lo macabro que resultaría. El presupuesto rondaba los 450.000 dólares. Si bien el título se atribuye al hijo del dueño de la productora, el concepto es de Schwartz, inspirado en una película sobre un entomólogo que cree que los insectos algún día conquistarán el mundo: La cronaca di Hellstrom (The Hellstrom Chronicle, Walon Green, Ed Spiegel, 1971) está filmada con tal verosimilitud que sólo los créditos finales revelan al joven que se trata de un documental escenificado, que mezcla a la perfección realidad y ficción. Impresionado por ésta combinación, Schwartz decide que ésa es la dirección que quiere darle al proyecto. Mezclando hechos reales y segmentos reconstruidos en el guion, incluso sin la menor idea de cómo implementarlos posteriormente durante el rodaje, el equipo opta por los elementos más impactantes y sangrientos. Así que comienzan el casting para encontrar al guía de éste viaje a las profundidades de la muerte: el patólogo Dr. Francis B. Gröss. La elección recae en el actor Michael Carr, quien interpretará a éste peculiar doctor empeñado en reunir una colección personal de las diversas manifestaciones de la muerte. Para que incluso los segmentos ficticios resultaran creíbles, era necesario obtener material auténtico: la opción más obvia era empezar con los animales, aprovechando la oportunidad de rodar algunas secuencias en el matadero de Vernon, California. Allí se completaban los segmentos dedicados al sacrificio sistemático de ganado, antes de trasladarse al matadero de corderos en Petaluma, y, finalmente, filmar material adicional en el matadero de aves de corral. Éstas escenas se complementaban con algunas tomas filmadas en la casa de un miembro del equipo, donde se sacrificaba un gallo para la cena. Trabajando en el aspecto ficticio de la operación, el equipo ideó una de las secuencias más memorables: inspirados por la idea de un restaurante de Oriente Medio donde los comensales pudieran deleitarse con sesos de mono, consiguiéndolos, por así decirlo, directamente de la fuente, la producción encontró un restaurante marroquí en Long Beach y construyó un decorado que permitió trabajar con un mono amaestrado, al que sustituyeron por un maniquí en el clímax. El montaje y los efectos especiales hacen el resto, con tal verosimilitud que ésta secuencia engañó a generaciones de fans durante años. Anécdotas de éste tipo salpican la película: desde las atrevidas tomas realizadas durante peleas clandestinas de perros y gallos, hasta la secuencia de la ejecución en la silla eléctrica, filmada en un apartamento privado usando pasta de dientes para simular espuma y excremento. La producción es una verdadera película dentro de una película, tanto que, una vez consolidada la fama de la saga, se lanzó al mercado la respuesta definitiva a las preguntas que habían circulado entre los fans de la franquicia durante años. Face of Death: Fact or Fiction? se estrenó en 1999 como un documental sobre el rodaje de las secuencias más controvertidas, revelando el trasfondo, y al mismo tiempo, acentuando algunos elementos misteriosos, como la verdadera identidad de Conan Le Cilaire (quien aparece en vídeo con un sombrero que le oculta el rostro, iluminado para no revelar sus rasgos y con la voz artificialmente distorsionada). La producción opta por emplear el truco del presentador, un personaje que introduce la historia y acompaña al espectador comentando escenas u ofreciendo interpretaciones que guían su lectura. A lo largo de la serie, el Dr. Francis B. Gröss será reemplazado por el Dr. Louis Flellis, pero sigue siendo uno de los presentadores más conocidos en los documentales impactantes. Como recuerda Chuck Kleinhans, la tradición de usar la llamada "voz de Dios" se remonta a los albores de las películas mondo y las películas de explotación, pero tiene sus orígenes en las ferias y los circos ambulantes, donde los pregoneros animaban a la multitud con promesas de algo sensacional, recaudaban la mayor cantidad de dinero posible y luego engañaban a los espectadores antes de huir: "Sin embargo, existe una versión más bonachona de ésta práctica, la de las mentiras contadas por P.T. Barnum, quien enfatizó el aspecto jovial de éste proceso, había observado repetidamente que la gente tendía a aceptar mejor una "estafa" si se presentaba excepcionalmente exagerada desde el principio. Para el público estadounidense en particular, sin embargo, la función del comentario en las películas mondo tuvo una etapa intermedia durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, cuando los materiales educativos dirigidos a niños y adolescentes se caracterizaban por comentarios autoritarios y asertivos, con un acento que imitaba el tono "británico". Los cineastas documentales que entraron al mercado en la década de 1960, continúa Kleinhans, tendieron a rechazar las convenciones con las que habían crecido, optando por un estilo más cercano al Cine Directo y un rechazo a ése uso formal de la exposición: la "voz divina" fue encarnada gradualmente por presentadores que apelaban a un público cada vez más acostumbrado a evaluar su veracidad. Con el tiempo, las respuestas de los espectadores a ésta estrategia narrativa se vuelven más irónicas y cínicas, provocando, especialmente en contextos escolares, risas u hostilidad manifiesta cuando se aplica a contenidos como el comportamiento extremo de los jóvenes (desde la conducción temeraria hasta el consumo de drogas y la educación sexual). Al aprovechar mecanismos popularizados en el circo por P.T. Barnum, se crea un efecto narrativo de "negación inversa", por el cual el espectador sabe que está presenciando una farsa, pero continúa mirando de todos modos porque éste engaño le permite, mientras tanto, disfrutar del voyeurismo. La relación entre comentarista y espectador se vuelve así compleja: según Kleinhans, las películas mondo ofrecen al espectador una posición intermedia entre la diversión, la curiosidad y el placer visual, animándolo simultáneamente a reírse de (y con) ésa voz de sobriedad que, mientras pretende ser seria, por un lado, se manifiesta claramente por otro como una excusa para mostrar las imágenes que describe" (Gallio, pp. 150, 151). El contrato con el espectador se hace posible gracias a la aceptación de éste contraste paradójico, que permite una transgresión disfrazada de momento de conocimiento: se acepta que éstos narradores no son fiables, a cambio del placer de lo prohibido, que también revela cierto gusto camp (el placer, por lo tanto, no proviene de saber o aprender algo, sino de apreciar el espectáculo). Sin embargo, no se trata de un camp ingenuo, concluye Kleinhans, sino de una relación más compleja que redefine las relaciones entre el director, el tema de la película y el público, una relación que caracteriza a las películas sleaze. Éstas películas se definen por rasgos que resaltan la naturaleza cínica de sus creadores, la cual se manifiesta en matices, interpretaciones y formas. En el caso de los documentales, ésto genera una serie de percepciones múltiples y complejas, que afectan la manera en que el narrador interactúa con el material y cómo el espectador percibe la relación entre el director y el narrador. Claramente, en el caso de Face of Death, el tema es aún más delicado, dados los temas subyacentes de la serie, y se complica aún más por el hecho de que el producto fue concebido inicialmente para el mercado del Lejano Oriente y sólo posteriormente se distribuyó en Estados Unidos, causando, como veremos, un gran revuelo. Paradójicamente, al hacer un uso extensivo, al menos inicialmente, de secuencias reconstruidas presentadas como reales, Faces of Death presenta un universo de lo posible, en lugar de lo objetivo. El propio Schwartz lo admite durante una entrevista en la que Brooke Gladstone intenta aclarar algunos detalles del proyecto, centrándose en particular en por qué Schwartz sintió la necesidad de crear una película centrada exclusivamente en la muerte. Tras el inicial "¿Por qué no?", Schwartz aclara que la película puede interpretarse en varios niveles emocionales y recuerda una anécdota según la cual un anestesiólogo, presente en una proyección exclusiva de la película en los estudios FOX, felicitó al equipo por abordar un tema previamente tabú, sobre el cual el público ahora podía estar informado. Respecto a la estrategia de mezclar realidad y ficción, especialmente considerando que la película aborda temas como la pena de muerte, escenificada mediante secuencias falsas –una decisión que expondría a Schwartz a la acusación de explotar ciertas ideas para producir puro entretenimiento, centrándose en temas morbosos-, el director sostiene que el equipo no analizó el proyecto con lupa en ése momento, sino en función del tema en general que estaban tratando. Por otro lado, incluso en episodios donde parece haber traspasado los límites –por ejemplo, en la representación de ceremonias que involucran canibalismo dentro de ciertos cultos satánicos, o el festín de cerebros de mono-, Schwartz sostiene que éstas son realidades plausibles: el punto de partida es presentar una hipótesis que refleje el hecho de que, en algún lugar del mundo, es posible que éstas cosas sucedan realmente. Schwartz también es inteligente al evitar la cuestión de la capacidad de Faces of Death para impactar al público incluso hoy en día, cuando se pueden encontrar imágenes extremadamente poderosas con sólo hacer una búsqueda de Google, citando el viejo adagio "a menudo imitado, pero jamás igualado". Sin embargo, vale la pena detenerse en la cuestión, porque tiene que ver con la reacción tras el estreno de la película. Según Schwartz, algunos distribuidores independientes habían visto la película y la habían traído a Estados Unidos. Él mismo lo descubrió cuando una noche escuchó al presentador de CBS News, Dan Rather, anunciar que había una película llamada Faces of Death que nunca debería haber visto la luz. Schwartz, quien pensaba que jamás volvería a trabajar en Hollywood a raíz de ésto, se habría sorprendido al descubrir todo lo contrario. De hecho, la película parece gozar de una popularidad en dos etapas: mientras que su estreno en el Lejano Oriente, para el que fue concebida expresamente, resultó ser un éxito, y en algunos casos un verdadero éxito local (en Hong Kong, por ejemplo, entró en la lista de las veinte películas más taquilleras de todos los tiempos en 1980), su estreno en los cines estadounidenses fue bastante decepcionante. Pero la fortuna de Faces of Death reside en el mercado del vídeo doméstico, lo que revela, por un lado, una gran demanda de un público que consume ávidamente la franquicia a lo largo del tiempo; por otro, pone de relieve la preocupación por los efectos que ver la película podría tener en los espectadores. El título se posicionó de inmediato en el centro de una compleja red de dinámicas que involucraban una fuerte demanda de contenido gore, un mercado de vídeo doméstico poco regulado y la constante atención de los medios al consumo audiovisual, lo cual se vio dificultado por los temas de las películas. Como informaron algunos artículos de la época, las reacciones fueron sumamente diversas. Una entrevista con el dueño de una tienda de alquiler de vídeos publicada en el Decatur Herald a mediados de la década de 1980, con motivo del estreno en Estados Unidos de Faces of Death 2 (1981), reveló que el interés del público era evidente: las películas figuraban entre los títulos más solicitados, y si bien algunos clientes encontraron ciertas partes impactantes y repugnantes, otros las consideraron interesantes e informativas. El mismo artículo destacó sus ambigüedades formales: presentadas como documentales sobre la muerte, las películas de la serie contenían una mezcla de escenas reales y reconstruidas, lo que dificultaba que el público las distinguiera. Las empresas de alquiler de vídeos, incluso a nivel local, están divididas entre quienes consideran la película un éxito y muy solicitada por los clientes, y quienes prefieren no tenerla en sus estanterías, para no asociarse con un producto tan extremo, que algunos operadores definen sin rodeos como "de mal gusto", "demasiado grotesco y desagradable". Además, los psiquiatras discrepan sobre la valoración de la película. El Dr. Dale Sunderland, según el artículo, está a favor de proyectarla porque no se trata de ver contenido violento por el mero placer de verlo: Face of Death 2 sería un producto educativo para espectadores de todas las edades que muestra lo que sucede en el mundo. Sunderland considera que sólo la matanza de ballenas y delfines es perturbadora para los niños, y cree que, en general, el documental es preferible a ciertas películas de horror violento. El Dr. Thomas Radecki, sin embargo, tiene una opinión diferente: bajo la apariencia de una investigación científica, Faces of Death oculta una visión morbosa de la muerte de humanos y animales, al igual que lo hacían las primeras películas pornográficas para justificar su visionado. Al comentar sobre lo que se considera una de las secuencias más perturbadoras, aquella que muestra a supuestos caníbales devorando a una víctima que parece seguir viva, añade que presentar actos de canibalismo de una manera divertida y emocionante podría llevar a algunas personas a replicarlos. En el mismo artículo, un espectador sugiere que, si se ve el documental con la mentalidad adecuada –es decir, considerándolo un proyecto educativo- es posible comprender la presencia de la muerte en la vida de las personas e incluso apreciar la vida misma después. En un segundo artículo que acompaña al documental, titulado "¿Qué estamos viendo, al fin y al cabo?", Theresa Churchill plantea algunas preguntas sobre la realización de la película: primero, ¿dónde encaja en la categoría de documental? Si por documental entendemos un análisis desprovisto de elementos ficticios, continúa Churchill, Face of Death resulta problemática porque no sabemos qué estamos viendo: la película es presentada por un hombre que se identifica como el patólogo Francis B. Gröss, pero en los créditos se indica que es interpretado por un actor; lo mismo ocurre con las secuencias que la componen: al final de los créditos se especifica que algunas escenas han sido reconstruidas. ¿Pero cuáles? ¿Y las reales, dónde se filmaron? ¿Cuándo? ¿Y en qué circunstancias? La desconexión entre realidad y ficción no es mera especulación, pues, por ejemplo, indujo a un error a un periodista de Los Angeles Herald Examiner: al tener que escribir un artículo sobre la pena de muerte, Joel Bellman investigó el tema recurriendo a recopilaciones que contenían grabaciones de vídeo, y entre ellas no podía faltar el primer volumen de Face of Death, que muestra la infame electrocución de Larry Da Silva (acusado, según el comentario de audio de la película, de violar y asesinar brutalmente a una mujer de ochenta y cuatro años en 1974). La detallada descripción de Bellman sobre la ejecución que acabó con la vida de Da Silva no especifica que toda la secuencia es en realidad un montaje, y el periodista parece no haber comprendido que se trata de una reconstrucción. Sin embargo, también ocurre lo contrario: la ficción, al menos según algunos observadores, influye en la realidad: "La franquicia, además de figurar en la lista de Video Nasties más censuradas del Reino Unido, ha estado repetidamente en el centro de la controversia en el prolongado debate sobre los peligros de las películas de horror y las consecuencias que puede tener en el comportamiento de los espectadores. Según un artículo publicado por el Boston Globe, se encontraron 44 copias de la película en la colección de cintas de vídeo del joven Rod Matthews, quien asesinó a golpes a una compañera de clase cuando tenía solo catorce años; así como en la de Mark Branch, sospechoso de apuñalar mortalmente a un estudiante de 18 años. En éste último caso, se encontraron en la casa del asesino una máscara de hockey como la que usa Jason Voorhees, el asesino de Venerdí 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980), y un machete, el arma favorita del villano enmascarado. Según el artículo, en el juicio de Matthews, un psiquiatra testificó que ver la película pudo haber inspirado al asesino, quien quería experimentar lo que se siente al matar a alguien, mientras que un psicólogo informó que era común entre los adolescentes ver cuánto podían ver Faces of Death antes de sentir náuseas. La película es una de las más incautadas durante las operaciones policiales británicas, y no solo durante el apogeo del escándalo contra los Video Nasties a principios de la década de 1980. El 8 de mayo de 1994, el News of the World informó sobre el tráfico clandestino de 3000 vídeos de horror desmantelados por agentes encubiertos que operaban en el Reino Unido. Los vídeos supuestamente mostraban escenas de tortura, mutilación y canibalismo: entre los títulos incautados se encontraban Cannibal Holocaust, Bloodsucking Freaks (Joel M. Reed, 1976) y Faces of Death. El artículo principal, de Gary Jones, lleva un titular a página completa: "El Sr. Nasty vende vídeos de muerte a nuestros hijos". Con la "sobriedad" periodística habitual, el artículo se centra en una especie de "distribuidor" de vídeos, con rasgos casi luciferinos, cuyos clientes favoritos son, por supuesto, los niños. La facilidad con la que los menores podían alquilar películas inapropiadas para su edad se había destacado en otros artículos: el tono era quizás menos agresivo, pero ciertamente preocupante" (Gallio, pp. 154, 155).

Maya F. ©

Fiore di carne e sangue.

NNNNNNNN

Al otro lado del Atlántico, por ejemplo, el 18 de mayo de 1987, el New York Times tituló "Creciente preocupación por los reproductores de vídeo: cintas violentas y los jóvenes": el artículo de Jon Nordheimer, que compartía portada con noticias de última hora sobre la magnitud de un incidente con misiles que involucraba una fragata estadounidense y un puesto iraquí en el Golfo Pérsico, informaba que un joven de trece años, gracias a la tarjeta de crédito de sus padres, logró alquilar fácilmente un título como Bloodsucking Freaks, clasificada R-17, en una tienda de vídeos de Miami (es más, la operación fue llevada a cabo por un empleado de dieciséis años). El artículo, que menciona productos como Faces of Death y slashers como Friday the 13th, expresa preocupación por el efecto que la visualización repetida de películas similares puede tener en los jóvenes, acostumbrados a verlas solos cuando sus padres no están. Se está trabajando para exigir con urgencia una aplicación transparente del sistema de clasificación de la MPAA en videocasetes, aprobada por los estados de Maryland, Tennessee y Georgia. Según se informa, "mostrar la clasificación" es una petición recurrente de los políticos que trabajan en medidas para regular el mercado de vídeos violentos, y el estado de Ohio está siendo objeto de críticas por prohibir el alquiler de vídeos que muestran matanzas de animales o autopsias humanas a menores de 18 años. En la foto adjunta, tomada en una tienda de vídeos de Nueva York, Faces of Death se exhibe prominentemente en el estante junto a títulos como I Spit on Your Grave y The Evil Dead. El panorama que se describe es un auténtico salvaje oeste audiovisual: videoclubes que operan a su antojo seleccionando títulos, casetes sin clasificación, alquileres descontrolados, una industria recia a sustituir la supervisión familiar… Y, en segundo plano, quizás el verdadero problema: niños que se quedan solos en casa porque sus madres trabajan cada vez más como sus maridos, o adolescentes criados en familias monoparentales que roban las suscripciones de sus padres y alquilan contenido que no deberían. La conclusión del artículo es ejemplar: una avalancha de citas de estudios sobre los efectos de la exposición prolongada a productos audiovisuales violentos e incluso una ocurrencia de Herschell Gordon Lewis, el "padre" del cine gore, sobre la relación entre el horror cinematográfico y el televisivo. Parece que algo, en los gustos del público, estaba cambiando. En un artículo dedicado a la difusión de los vídeos de horror, Maureen Nolan realizó una encuesta del mercado minorista, contactando personalmente con varios exhibidores. El panorama resultante es ambiguo en cuanto a la oferta: hay quienes se oponen a ciertos tipos de películas debido a las perversiones contra las mujeres y la total falta de respeto hacia los seres humanos que muchas presentan; pero también está el otro lado, más pragmático, que esencialmente señala que cada uno tiene derecho a ver lo que prefiera y que es igualmente normal que los operadores del sector se beneficien económicamente de ésta demanda. Los acusados son los sospechosos habituales, ampliamente retratados en éste artículo, acompañados del elocuente título "Violencia en los medios": entre otros, Faces of Death, Cannibal Ferox y Three on a Meathook (William Girdler, 1972). Los clientes de alquiler de vídeos buscan contenido violento, señala el autor, destacando que el perfil del usuario típico de éstos productos es uniforme en todo el país: personas de todas las edades y ambos sexos. Si bien algunos minoristas señalan que la mayoría de los consumidores son hombres de entre 20 y 35 años, la encuesta revela que, aunque el contenido pornográfico está regulado, existe un complejo vacío normativo en lo que respecta a las películas de horror. Ésto, sumado al desconocimiento de los padres sobre títulos específicos, permite que los adolescentes encuentren fácilmente vídeos "prohibidos" incluso en presencia de sus padres. En muchos sentidos, por lo tanto, parece que, con algunos años de retraso, Estados Unidos se enfrenta a la misma situación que el Reino Unido a principios de la década de 1980: un mercado no regulado y jóvenes espectadores expuestos a películas controvertidas que, según se dice, podrían tener efectos negativos a corto y largo plazo en su psique, sobre todo al insensibilizarlos ante la violencia que ven en pantalla y que sufren especialmente las mujeres jóvenes. Además, las similitudes con el mercado inglés no pasaron desapercibidas para la prensa, que en 1985 informó de que ciertas películas con muertes violentas habían causado un gran revuelo en Inglaterra. Los medios las presentan como productos que encajan en nichos específicos dentro del panorama cinematográfico más amplio de películas hechas para alimentar el voraz mercado de vídeo doméstico, con el que incluso los adultos tienen dificultades para identificarse: además de numerosos incidentes de padres que alquilan películas  "extremas" a sus hijos, creyendo que las advertencias sobre contenido violento en las carátulas de las cintas VHS son exageradas y que las películas no pueden ser tan tremendas, también existen casos más curiosos, como el de un profesor de secundaria que muestra Faces of Death a su clase durante un descanso, quizás creyendo que les ayudaría a relajarse entre las tareas. Casi sin necesidad de publicidad, y a pesar de la desaprobación de algunas empresas de alquiler que se niegan a incluirla en su catálogo, considerándola pura basura, Faces of Death establece nuevos records de ventas para un producto que nunca se ha estrenado en cines. El poder del boca en boca y la atención de la prensa al fenómeno, combinados con el interés en la franquicia, que, según algunos gerentes de cadenas de alquiler de vídeos, es el mismo interés que surge de las historias de desastre reportadas de los medios. La expansión de la franquicia por todo el mundo está estrechamente ligada a los diversos distribuidores que se han sucedido a lo largo de los años, produciendo versiones en VHS que luego serían ampliamente pirateadas, perfectas para alimentar un próspero mercado negro en las décadas de 1980 y 1990, y luego igualmente celebradas con motivo de los lanzamientos en DVD y Blu-ray. El estatus de "película prohibida", exhibido con orgullo en los materiales promocionales como testimonio de un producto buscado por las fuerzas del orden (y de la moral), también demostraría, en éste caso, una fuerza impulsora fenomenal capaz de autosostener la demanda: el miedo al contagio actuó, una vez más, como una herramienta de marketing eficaz. Otra franquicia ampliamente conocida entre los amantes del gore se mueve en la misma delgada línea que separa lo real de la ficción: si bien no goza de una prohibición internacional generalizada como la de Faces of Death, la infame saga de Guinea Pig goza de una reputación igualmente consolidada. Los sucesos que rodean algunas de las películas de la saga la han convertido en un objeto de culto para coleccionistas, hasta el punto de que la edición especial en caja se vende por varios cientos de dólares. Se paga por la exhaustividad y la cantidad de extras: materiales que alimentan la leyenda de un producto cuestionado repetidamente por los investigadores, quienes ven en la narrativa y la puesta en escena razones para justificar el interés de las autoridades y la preocupación del público. Una contextualización detallada de Guinea Pig dentro de las características específicas de las producciones de explotación japonesas excedería el alcance de éste trabajo, por lo que remitimos a los análisis detallados de Jay McRoy y Jack Hunter: baste recordar que Japón cuenta con una larga tradición de artistas que han utilizado la imagen del cuerpo, sus límites y las formas de transgredirlos, para construir alegorías y metáforas en las que la plasticidad de las formas se combina con un alto nivel de violencia. Si bien Guinea Pig se considera uno de los productos más extremos del horror corporal en el País del Sol Naciente, la serie no es en absoluto una anomalía dentro de éste panorama cultural. De hecho, junto a los géneros más tradicionalmente conocidos, que van desde las películas de samuráis (chambara eiga) hasta el softcore (pinku eiga), se han desarrollado numerosas vertientes que incluyen productos de nicho extremos, desde el sadomasoquismo hasta versiones locales de películas mondo, como Japan By Night (Nippon No Yoru, Kelzo Ohno, 1962) y Spots in the Sun (Nobuo Nakagawa, 1964). Jack Hunter señala acertadamente, recordando el éxito de Faces of Death: "En un país donde se estima que Face of Death recaudó más que Star Wars, no debería sorprendernos Death Women, el primer episodio de una serie de videodocumentales impactantes producidos en la década de 1990, en el que sólo se ven imágenes de cadáveres femeninos reales": "Un hilo conductor de violencia, tortura y sadismo dirigidos (especialmente) a cuerpos femeninos parece conectar películas profundamente nihilistas, como la trilogía dirigida por Katsuya Matsumura (All Night Long, 1992; Atrocity, 1994; Final Atrocity, 1996), con filmes como Imprint (2006), entrega de la seria Masters of Horror por Takashi Miike. Por lo tanto, analizar brevemente dos anécdotas sobre la recepción de las películas de Guinea Pig resulta útil para comprender mejor cómo una serie producida en Japón a partir de mediados de la década de 1980 pudo haber confundido a ciertos espectadores estadounidenses a principios de la década de 1990, hasta el punto de requerir la intervención del FBI por sospechas de películas snuff. La franquicia se desarrolló entre 1985 y 1989 e incluye los siguientes títulos: Guinea Pig: Devil´s Experiment (Ginî Piggu: Akuma no Jikken, Satoru Ogura, 1985), Guinea Pig 2: Flower of Flesh and Blood (Ginî Piggu 2: Chiniku no Hana, Hideshi Hino, 1985), Guinea Pig 3: He Never Dies (Ginî Piggu 3: Senritsu! Shinanai otoko, Masayuki Kusumi, 1986), Guinea Pig 4: Devil Woman Doctor (Ginî Piggu 4: Pītā no Akuma no Joi-san, Hajime Tabe, 1986), Guinea Pig 5: Androide de Notre Dame (Za Ginî Piggu 2: Nōtorudamu no Andoroido, Kazuhito Kuramoto, 1989), Guinea Pig 6: Mermaid in a Manhole (Za Ginî Piggu: Manhôru no naka no Ningyo, Hideshi Hino, 1988). A las películas en sí debemos agregar un making of (Mêkingu obu “Gini Piggu”, Jyunko Okamoto, 1986) y un Slaughter Special (Gini Piggu 7: Zansatsu Supessharu, 1988), una compilación de poco más de 70 minutos que incluye una especie de "lo mejor de lo peor" de las películas anteriores. Las dos primeras películas de la serie siguen siendo las más controvertidas debido a su estructura formal, que las hace algo "excéntricas" en comparación con las posteriores. Mientras que las otras destacan por su exploración extrema del cuerpo, los fluidos, las mutaciones y la descomposición, manteniéndose dentro de los límites del horror corporal "tradicional" en su coqueteo con el gore y el splatter con incursiones humorísticas, The Devil´s Experiment y Flower of Flesh and Blood van más allá, apropiándose desde el principio de las convenciones que hemos visto en las películas consideradas hasta ahora" (Gallio, pp. 158, 159). En la primera película, se documenta el secuestro de una joven, que será horriblemente abusada por un grupo de individuos desconocidos a lo largo de la película, que comienza y termina con letreros superpuestos que especifican la fuente anónima del vídeo y la falta de información sobre la identidad de los extraños: "Hace varios años, obtuve un vídeo privado titulado "Cobaya". Su comentario decía: "Éste es un informe de un experimento sobre el límite del dolor soportable y la corrosión de los sentidos humanos"… pero, en realidad, era una muestra de crueldad diabólica en la que tres perpetradores abusaban brutalmente de una mujer. Cuando recibí el vídeo, faltaban detalles sobre éste experimento, pero el nombre, la edad y otra información sobre la mujer y los tres hombres que aparecen en él están siendo investigados". En Flower of Flesh and Blood, sin embargo, un samurái descuartiza literalmente a una joven secuestrada en la calle. Se da a entender que los productores de la película recibieron un paquete anónimo que contenía un vídeo, el cual sirvió de inspiración para la primera película del autor de manga Hideshi Hino. En éste caso, por lo tanto, no se trata de un producto ficticio que pretende ser real, sino de una ficción cuyo referente se sitúa fuera de la trama de la película, lo que sugiere que existe documentación objetiva del crimen en el mundo real, En Devil´s Experiment, la ausencia de créditos iniciales y finales completos (es decir, créditos al equipo involucrado en su producción) contribuye a la sensación de autenticidad que transmite el conjunto. Como es práctica común en las producciones de horror que buscan hibridar verdad y ficción, la eliminación de marcas de autoría claras para identificar un producto ficticio es una de las principales operaciones a las que se somete un texto fílmico que pretende hacerse pasar por un hallazgo real. En algunos casos, es una elección destinada a transmitir el mensaje de que la película no ha sido manipulada (o que ha sido reconstruida a partir de material real) y, al mismo tiempo, es una estrategia que puede explotarse con fines de marketing. Si bien el estilo de filmación prescinde por completo de movimientos de cámaras espectaculares en favor de tomas filmadas casi exclusivamente en interiores, trabajar en locaciones únicas que exudan una sensación de "pobreza de medios" contribuye a la puesta en escena, que busca hacer creer al espectador que lo que está presenciando realmente sucedió. (Sin embargo, ésta simulación de la realidad no está exenta de fallos, como el hecho de que los supuestos torturadores sean filmados de frente: una decisión que, como muchos han señalado, no resulta precisamente inteligente si se tratara de criminales reales). La idea subyacente a ambas películas es absolutamente simple en su brutalidad: secuestrar a una niña, encerrarla en un lugar aislado y torturarla hasta la muerte frente a la cámara. No se insinúan los motivos de los secuestradores; el enfoque se centra en el trabajo corporal; la tortura aumenta hasta alcanzar un clímax final: el desarrollo es bastante lineal, pero su naturaleza esquemática no es necesariamente una debilidad, ya que, con el apoyo de buenos efectos especiales, evita ofrecer ésas explicaciones siempre inverosímiles que, salvo desviaciones psicóticas, suelen ser el talón de Aquiles de producciones similares. La ausencia de música (excepto las bandas sonoras industriales utilizadas como instrumentos de tortura), la fotografía granulada y el uso extensivo de la cámara en mano completan el conjunto. Flower of Flesh and Blood es quizás más programática en su concepto, explotando la figura del samurái (interpretado por el propio director) y la inquietante idea de componer un ramo de miembros humanos, que recuerda más al manga de Hideshi Hino. Éstas soluciones formales provienen de la poética personal de un artista que, a lo largo de una dilatada trayectoria, creó un imaginario complejo poblado de criaturas con cuerpos en descomposición y asesinos que cazan constantemente a sus presas. Sin embargo, Devil´s Experiment no es menos perturbador: si bien el director Satoru Ogura, tras ésta experiencia detrás de la cámara, se dedicaría a una larga carrera como productor, su contribución a la serie fue sustancial, ayudando a impulsar a Guinea Pig hacia la vía más interesante en términos de innovación formal, trabajando por sustracción y transformando el primer proyecto, cuyo guion él mismo escribió, en un objeto anómalo, suspendido entre el cinéma  verité y una vida cotidiana anónima atrapada en una cámara de tortura. Sin embargo, fue Flower of Flesh and Blood la que causaría mayor revuelo. Uno de los episodios más infames que ha marcado la comunidad del cine snuff es el que involucra al actor Charlie Sheen, un amigo cercano y una desafortunada protección casera. Cuenta la leyenda que, a principios de 1991, Chris Gore, escritor y experto en cine independiente, le dio al protagonista de Platoon (Oliver Stone, 1986) y Wall Street (Oliver Stone, 1987) una copia de la película de Hideshi Hino. Sin embargo, después de sólo unos minutos de proyección, el actor se convenció de que la violencia que veía en pantalla era demasiado realista para ser cierta. El asunto fue denunciado a la Motion Picture Association of America, y la noticia llegó rápidamente al FBI: La Oficina Federal de Investigación confiscó la cinta de Sheen e inició una investigación. Charles Balun, el distribuidor de la película, fue interrogado y negó categóricamente que se tratara de un asesinato real. Para explicar cómo se crearon los efectos especiales y para demostrar que la actriz desmembrada por el samurái está viva, bien y en excelente estado de salud, la Sai Enterprise afortunadamente puede recurrir al material del rodaje previamente recopilado. Sheen se convertiría en el hazmerreír de los aficionados al horror, culpable de no haber descifrado las señales que distinguían la película como una obra de ficción, a pesar de su imitación de rasgos formales pseudo-documentales. Como señala Erik van Ooijen, la construcción de Flower of Flesh and Blood busca jugar con las convenciones del realismo mediante fuertes dosis de humor (perverso), pero, en defensa de Sheen, parece que la versión que vio no era la edición completa, sino un montaje de las secuencias más violentas. Cabe mencionar también que, en aquella época, el cine snuff era un tema candente, y las copias de muchas películas que no tenían distribución comercial se distribuían a menudo literalmente de mano en mano: por lo tanto, no era raro encontrar versiones piratas de baja calidad en videocasetes. Pero no sería la única vez que la película causaría revuelo en Estados Unidos. Unos años más tarde, de hecho, el San Francisco Chronicle informó sobre la emisión de Flower of Flesh and Blood en una cadena de televisión por cable de la ciudad: dos telespectadores del programa The Pain Factory, emitido por el canal 53, declararon haber presenciado la emisión de un auténtico vídeo snuff durante el episodio del 5 de octubre de 1996. TCI California, el proveedor estadounidense propietario de la televisión por cable de la ciudad en aquel entonces, inició de inmediato una investigación interna y contactó con el productor del programa para obtener una copia del vídeo. Michael Contreras, creador, director y productor de The Pain Factory, un programa que solía incluir media hora de vídeos musicales experimentales, justificó la emisión de Flower of Flesh and Blood argumentando que no había grupos disponibles ésa noche, por lo que había programado el vídeo, con comentarios del presentador Jeff Gunn. Contreras reitera que jamás habría emitido una película snuff real, que posee documentación que prueba que el vídeo es ficticio y que su emisión pretendía ser un comentario sobre la censura y una crítica al trato que reciben las mujeres en la sociedad, así como al hecho de que los asesinatos autorizados por el gobierno (en zonas de guerra) puedan emitirse por televisión, lo que provoca menos reacción que la supuesta existencia de películas snuff. Un par de días después, el asunto se aclaró, en parte gracias al testimonio del escritor y guionista Rider McDowell, residente del Área de la Bahía, quien dos años antes había iniciado una investigación personal sobre la existencia de películas snuff. McDowell se tomó la molestia de llamar a la redacción e informar que estaba al tanto del vídeo en cuestión, así como del hecho de que sus creadores lo habían revelado todo unos años antes, durante el incidente con Charlie Sheen. Sin embargo, mucho antes de éstos episodios estadounidenses, la franquicia ya había generado controversia en su país de origen: una de las películas de la serie, Mermaid in a Manhole, fue encontrada en la extensa colección personal de cintas de vídeo de Tsutomu Miyazaki, el asesino en serie japonés conocido como "El Asesino Otaku". Los asesinatos cometidos por éste hombre sembraron el pánico entre la población del área metropolitana de Tokio entre 1988 y 1989, provocando acusaciones contra productos de la cultura pop, especialmente cómics, dibujos animados y películas de horror, que, según se decía entonces, habían inspirado al asesino (el hombre sería capturado y ejecutado el 17 de junio de 2008). Si bien éste caso sigue siendo el más relevante por razones obvias, los casos estadounidenses que hemos reportado no son los únicos: en Suecia, por ejemplo, la policía incluso solicitó asesoramiento médico para determinar si alguna de las películas de Guinea Pig eran grabaciones de asesinatos reales, mientras que, en 1992, el ciudadano británico Christopher Berthoud, de veintiséis años, fue multado con 600 libras esterlinas por importar Flower of Flesh and Blood. El alto nivel de violencia y la despiadada disolución de los cuerpos son, por lo tanto, los rasgos formales más evidentes de las películas, que hoy se aprecian precisamente por las mismas razones que dificultaron su comprensión en el pasado: "Algunas de las reseñas de usuarios que comentaron sobre la caja recopilatoria mencionada anteriormente aclaran de inmediato la importancia de la serie en éste sentido. Si bien algunos señalan que ciertas secuencias ahora parecen claramente construidas, o reiteran que el precio es excesivo y no justifica la inversión, Guinea Pig sigue siendo un producto indispensable no sólo para los amantes del gore, sino también para quienes comprenden lo que éstas películas representaron en un contexto muy específico dentro de la historia del cine de explotación. Con la excepción de la caja recopilatoria mencionada, caracterizada por un empaque esencial y de alguna manera elegante, que prescinde de imágenes explícitas y se centra por completo en la tipografía, las distintas ediciones de las películas han enfatizado explícitamente sus aspectos gore. Un rápido análisis de algunas de las portadas de los distintos lanzamientos basta para comprender que el empaque no promete nada que el contenido no cumpla. Las portadas de las películas individuales o de las cajas recopilatorias suelen utilizar ilustraciones de algunas de las secuencias más extremas, aquellas por las que la serie es ampliamente conocida. La caja recopilatoria completa en DVD para el mercado europeo de habla alemana, distribuida por XT/NSM Austria, por ejemplo, evoca la secuencia de Devil´s Experiment en la que se inserta una aguja en el ojo de la chica torturada: una imagen que casi se ha convertido en una marca registrada, ya elegida para la doble función concebida para el mercado estadounidense y distribuida en 2002 por Unhearted Films, que combina Devil´s Experiment y Android of Notre Dame. Para el mercado francés, la misma doble función se presenta utilizando un fragmento sangriento de un detalle anatómico no identificable, acompañado del subtitulo explicativo "Gore et inhumain". En USA, Flower of Flesh and Blood se vende con un vídeo del cómo se hizo, y la ilustración de la portada elegida fue la cabeza decapitada de la víctima, acompañada de salpicaduras de sangre. La sensación de completitud que buscan los coleccionistas se expresa, por lo tanto, mostrando las mejores piezas, compartiendo análisis de las cajas más lujosas, exploradas a fondo en vídeos de unboxing compartidos en YouTube, donde los fanáticos exhiben con orgullo sus copias de edición limitada y piezas raras, consideradas verdaderas joyas. Incluso hay quienes, admitiendo no tener mucha información sobre ciertos lanzamientos en su poder, enfatizan cómo la falta de detalles los convierte en objetos de colección aún más misteriosos y exclusivos" (Gallio, pp. 163, 164).  

Maya P. ©

    La búsqueda de la autenticidad.

NNNNNNNN

Alessandro Gerosa en "La economía hípster. Sabor y autenticidad en el capitalismo moderno tardío" (UCL PRESS, 2024) analiza las variables de la economía contracultural. Al comienzo de mi doctorado, tenía las ideas bastante claras sobre mi proyecto de investigación. Quería estudiar las nuevas trayectorias de desarrollo del capitalismo moderno tardío. Y pretendía lograr ésta tarea analizando las dinámicas en la vanguardia de la economía: las startups y sus gurús multimillonarios, las plataformas digitales y la financiarización de la economía. Milán, la capital económica y financiera de Italia, me pareció el lugar perfecto para llevar a cabo mi investigación. Así, durante mi primer año, comencé a revisar las numerosas políticas implementadas por el gobierno local para apoyar nuevos proyectos emprendedores. Fue entonces cuando noté algo desconcertante: el vocabulario y las palabras de moda utilizadas por éstas políticas eran los típicos de la economía de las startups, pero su objetivo era financiar pequeños proyectos emprendedores, principalmente en el sector de la alimentación y las bebidas, Buscaba innovaciones digitales disruptivas y encontré plátanos fritos. Al observar que éste patrón se repetía una y otra vez, comencé a prestar más atención y, poco después, modifiqué radicalmente mi caso práctico empírico. Se alejó de las plataformas digitales y se centró en food trucks gourmet y bares de cócteles, abandonando las startups de alta tecnología ansiosas de capital riesgo en favor de microemprendedores que abren tiendas físicas. Recuerdo estar emocionado, pero también preocupado, por una simple y sincera inquietud: "Quería estudiar la vanguardia del capitalismo contemporáneo; ¿acabaré siendo el sociólogo de las hamburguesas gourmet?". Mi mentor me aseguró que mi estudio de caso empírico resultaría ser un camino igualmente válido para alcanzar el mismo objetivo. Tenía razón, una característica desagradable pero constante de los supervisores durante los doctorados. De hecho, éste libro, que recoge el resultado de varios años de reflexiones tras mi investigación doctoral, argumentará que el estudio de profesiones tan humildes y aparentemente marginales como los cerveceros artesanales independientes, los vendedores de food trucks y los bartenders de cócteles, pueden arrojar algo de luz sobre importantes características sociales y económicas del capitalismo moderno tardío, particularmente en el ámbito del consumo. Para entender por qué, probablemente sea mejor comenzar yuxtaponiendo tres breves viñetas etnográficas de diferentes fuentes. Kevin, el protagonista de la primera viñeta, es uno de los barmans o "bartenders" de cócteles que entrevisté para mi doctorado. En aquel entonces, trabajaba en un bar de cócteles en Milán, Italia (mientras tanto, ha abierto el suyo con algunos socios). La segunda viñeta está extraída de uno de los magníficos relatos etnográficos ilustrados por Richard E. Ocejo (2017) en Masters of Craft, una de las principales influencias de éste libro. Kate, la trabajadora que atiende a Ocejo, es bartender en Death & Co., un bar de cócteles en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. El protagonista de la tercera viñeta es Rogerio Igarashi Vaz, dueño del bar Trench en Tokio, Japón. Es uno de los protagonistas del primer episodio de Midnight Asia, un documental disponible en Netflix que explora la vida nocturna de las megaciudades asiáticas. En total, trabajan o son propietarios de bares de cócteles ubicados en tres continentes diferentes, a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, comparten similitudes sorprendentes. Los bares en los que trabajan están diseñados con un ambiente similar. Se visten de forma similar. Más importante aún, su enfoque de la profesión y la forma en que se conciben y preparan los cócteles pueden diferir en algún detalle, pero ellos, y sus clientes en última instancia, desean producir y consumir lo mismo. Todos buscan algo arraigado en la tradición, pero con un toque innovador que lo haga distintivo; algo hecho a mano con pasión y cuidado como una pieza única; algo elaborado con ingredientes sencillos y de alta calidad. En una palabra, algo auténtico. De hecho, escribir un libro para argumentar que la autenticidad ha cobrado relevancia en la sociedad contemporánea sería hoy como escribir un libro para compartir con el mundo que acabo de inventar la rueda. Numerosos autores ya han reconocido que la autenticidad se ha convertido en un concepto fundamental en las disciplinas y contextos más dispares. Muchos de ellos son gigantes, autoridades en sus campos, cuya fortaleza analítica y teórica alimentó mi curiosidad e inspiró el contenido de éste libro. Sin embargo, al subirme a sus hombros, no pude evitar pensar que un "problema de investigación" fundamental seguía al menos parcialmente, sin respuesta: ¿cómo y por qué la autenticidad se ha vuelto central en tantos aspectos diferentes de la sociedad contemporánea y también en tantos contextos socioculturales distintos? Abordar ésta pregunta implicaría encontrar un hilo conductor, algún elemento que explique por qué, desde Nueva York hasta Tokio y Milán, experimentar la autenticidad se ha convertido en lo que motiva el trabajo humano. Éste libro argumenta que la raíz de la respuesta reside en el reconocimiento de que el hipsterismo, definido como una estética basada en la consecución de una experiencia auténtica y distintiva, representa un paradigma dominante de consumo (al menos discursivamente) en el capitalismo posfordista. Antes de profundizar en el tema del libro, parece necesario especificar dos premisas: qué entendemos por hipsterismo y a qué nos referimos cuando hablamos de capitalismo posfordista. Empecé a usar el término "hípster" en mi tesis para resolver un impasse. Tanto los emprendedores que entrevistaba (operadores de food trucks, gourmet, bármanes y restauradores) como yo éramos plenamente conscientes de que, aunque indistinguibles desde el punto de vista de los productos básicos, pertenecían a una economía diferente a la de sus homólogos "tradicionales". Sin embargo, ni ellos ni yo supimos darle una definición adecuada: normalmente recurrían a una definición por oposición. Los food truckers me decían que su trabajo era "diferente al de los entrenadores de cucarachas", los bármanes me decían que su bar era "diferente a los bares imitadores", que en realidad eran todos similares entre sí. Después de un tiempo, me di cuenta de que cuando tenía que explicar a personas externas quiénes eran los objetivos de mi investigación –por ejemplo, al hablar con amigos o colegas académicos- la forma más fácil de transmitir mi mensaje era etiquetarlos como parte de la "economía hípster" urbana. Mi interlocutor, que hasta ése momento me había mirado con expresión confusa, solía asentir afirmativamente ante ésta referencia. Sin embargo, sabía que representaba un atajo, pragmáticamente eficiente, pero teóricamente problemático: si bien la etiqueta "hípster" como palabra de moda captaba muy bien la estética que distinguía y marcaba a éstas tiendas como pertenecientes a una categoría común, como etiqueta seguía siendo muy ambigua e indefinible. De hecho, para el conocimiento común, "hípster" se considera una subcultura. En la literatura existente, se ha conceptualizado como una "micropoblación" (Maly y Varis, 2016), una subcultura dominante posmoderna (Kinzey, 2012; Schroeder, 2002) o una subcultura con rasgos contraculturales (Cronin et al., 2014). ¿Qué define a algo o alguien como hípster? Su deseo de ser "alternativo a la corriente dominante" y la búsqueda de la autenticidad y la singularidad, dos términos muy amplios e indefinidos. Más sustancialmente, ¿quiénes son los hípsters? Intuitivamente, todos sabemos la respuesta, y se basa en una representación mental estereotipada con pocas variantes: personas con barbas y/o bigotes extravagantes, con camisas de leñador y gorros, que se desplazan en bicicletas de piñón fijo. Pero más allá de las representaciones estereotipadas, ¿quién o qué es el hípster? Greif et al. (2010), seguido posteriormente por muchos otros, planteó la llamada "paradoja hípster": quienes se ajustan a la descripción de un hípster suelen rechazar la etiqueta de "hípster", ya que éso los masificaría y socavaría su pretensión de singularidad y autenticidad. Además, en la cultura general, "hípster" ha adquirido una connotación generalmente burlona y peyorativa, que indica a las personas que buscan autenticidad pero que, en última instancia, son falsas, independientemente de lo que signifique auténtico o falso en éste contexto. Siguiendo ésta lógica, deberíamos concluir que un "hípster" es aquel que se niega a ser definido como hípster, aunque se asemeje al estereotipo del hípster. Una definición poco satisfactoria para los miembros de una subcultura. Llegados a éste punto, la tentación de descartar por completo el uso de la etiqueta de hípster parecería muy razonable: la mera existencia de una subcultura formada por personas que se niegan a ser consideradas parte de ella es, como mínimo, cuestionable, y constituiría un fenómeno marginal, carente de relevancia analítica: "Sin embargo, ¿qué pasa si no es la etiqueta hípster la inútil y problemática, sino su asociación con una subcultura. De hecho, mi trabajo de campo así lo sugirió. La etiqueta "hípster" resultó ser muy útil para describir una estética y una orientación gustativa comunes, adoptadas por una economía, sus emprendedores y sus clientes, todas centradas en la experiencia de la autenticidad. Seguramente, algunos bármanes u operadores de food trucks, y sus clientes, pueden recordar más o menos el estereotipo del "hípster", pero seguían siendo una minoría escasa. Éstos establecimientos atienden a una clientela más diversa y atraen a una amplia variedad de trabajadores. Como argumenta Ocejo en Masters of Craft, el principal atractivo de éstos empleos reside en su intrínseca modernidad para las personas (blancas, de clase media). Alessandro Gandini (2020) observa cómo los bares de cócteles y tiendas similares, arraigadas en la cultura hípster, convierten las zonas donde se reúnen en las "capitales cool del mundo occidental". Cabe destacar que Gandini habla de "cultura hípster", oponiéndose explícitamente a la conceptualizacion del hipsterismo como subcultura o contracultura. Éstas tiendas, argumenta, no representan tendencias de consumo de nicho, sino un conjunto de prácticas generalizadas. Se pueden hacer consideraciones similares sobre el hipsterismo en el ámbito del consumo. La contradicción o "paradoja" entre la caracterización del hipsterismo como la voluntad de ser "alternativo a la corriente dominante" –intrínseca a las reivindicaciones de autenticidad y distinción- y su estatus contemporáneo dominante, sólo es aparente y emerge con mayor claridad cuando se adopta un enfoque genealógico. Si observamos la sociedad occidental desde la década de 1940 en adelante, los hípsters son sólo el último de numerosos entornos culturales caracterizados por el rechazo a la "cultura dominante", dominada por la masificación y la alienación, y por el intento de alcanzar la distinción y obtener experiencias vitales auténticas" (Gerosa, pp. 5, 6). De hecho, Arsel y Thompson (2011) argumentan que la etiqueta "hípster" surgió entre finales del siglo XX y principios del nuevo como una "mitologización del mercado" y una marca cultural de la economía indie. Antes de que los hípsters se pusieran de moda (y la escena indie madurara), David Brooks (2001) describió el estilo de vida de los "Bobos en el paraíso", individuos de clase media que representaban una síntesis entre el nuevo ethos capitalista yuppie y los valores contraculturales hippies y bohemios. Ésto nos lleva a mencionar a los "hippies", los iconos estadounidenses (y luego occidentales) de la revolución cultural que comenzó en la década de 1960 contra los efectos más opresivos del capitalismo en su fase fordista sobre la sociedad y los individuos. Hippies que, a su vez, derivaron su nombre de la subcultura estadounidense previa, nacida en la década de 1940, cuyos miembros se denominaban "hípsters", en un golpe de efecto que nos retrotrae, al menos desde un punto de vista lingüístico, al inicio de nuestro breve excursus. Como explica Tiziano Bonini (2014) en su detallada arqueología de los hípsters, los primeros hípsters fueron afroamericanos negros que desarrollaron un estilo distintivo y excéntrico, expresado principalmente a través de la moda y la música, para afirmar su identidad negra. Poco después, los blancos comenzaron a adoptar la misma etiqueta y a apropiarse de ése estilo para expresar su rechazo a participar en la sociedad estadounidense anglosajona protestante (WASP) de la década de 1940. Éstos "hípsters blancos" constituyeron la matriz de las posteriores contraculturas blancas de las décadas de 1950 y 1960, como los motociclistas, los beats y los hippies. Las palabras "hippies" y "hípster" derivan del prefijo común "hip" de una palabra vernácula del inglés afroamericano, que se refiere a ser cool y auténtico, a la vez que distintivo y contrario a la cultura dominante (Bonini, 2014). Más apropiadamente, el prefijo transmite la idea de ser cool y auténtico precisamente por ir a contracorriente. Los hípsters, beats, hippies, bobos, indies, etc., "originales", representan diferentes generaciones en distintas décadas con amplias peculiaridades y diferencias –cuya exploración detallada escapa al alcance de éste libro-, pero todos comparten un significado fundamental común, resumido por el prefijo original "hip". Sin embargo, la "corriente dominante" de las décadas de 1950 y 1960 –es decir, la expresión de los valores socioculturales dominantes de la economía capitalista de la época- era muy diferente de la "corriente dominante" de las décadas más recientes. La década en la que tuvo lugar la revuelta mundial de 1968 representó la cúspide del modo de producción fordista capitalista, bajo la indiscutible hegemonía global de Estados Unidos. El fordismo, basado en el doble principio de producción en masa por consumo masivo, garantizó décadas de crecimiento y riqueza, primero a Estados Unidos y luego, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, a los países europeos y de la Commonwealth, especialmente a expensas del resto del mundo. Lo hizo transformando el capitalismo competitivo descrito por los economistas clásicos y Marx en el siglo XIX en un "capitalismo monopolista", según el título del influyente libro de Baran y Sweezy (1966). En él, observaron que la característica central del capitalismo monopolista era una tendencia sistemática al alza del excedente, debido a la capacidad de fijación de precios de las empresas en condiciones de oligopolio, en lugar de una tendencia estructural a la caída de las ganancias (como argumentó Marx con respecto al capitalismo competitivo). Así, el nuevo problema endémico al que se enfrentaba el capitalismo era absorber eficazmente y reinvertir productivamente el excedente económico que producía (Baran y Sweezy, 1966). Como argumenta Arrighi (1994/2010), durante las décadas de 1950 y 1960, Estados Unidos y Europa experimentaron una fase de "expansión material": lograron absorber el excedente mediante la producción, el comercio y el consumo de mercancías. Los teóricos de la escuela de la regulación (Aglietta, 1979; Jessop, 2001) destacaron cómo el buen funcionamiento de dicho "régimen de acumulación" sólo era posible gracias a un "modo de regulación" constituido por instituciones sociales, normas, políticas estatales y hábitos, que en el caso del fordismo podría resumirse bajo la etiqueta de "keynesianismo" (nombrado en honor al economista británico John Maynard Keynes). Actualmente existe un amplio consenso, incluso entre tradiciones muy diferentes, en que entre finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, el régimen fordista de acumulación entró en crisis, lo que desencadenó una transición sistemática hacia una nueva configuración económica. De hecho, en ésta particular conjunción temporal se produjeron simultáneamente dos fenómenos: una crisis en la capacidad del sistema fordista para absorber el excedente mediante la producción de mercancías; y, por un lado, un crecimiento conexo de la magnitud de las transacciones financieras; y, por otro, el inicio de una profunda reestructuración del sistema de las economías occidentales que acompañó ésta transformación. El debate sobre la naturaleza de la nueva configuración económica surgida tras la crisis del fordismo se ha definido de diversas maneras: sociedad posindustrial (Bell, 1976), economía del conocimiento (Drucker, 1969), especialización flexible (Piore y Sabel, 1986), régimen de acumulación flexible (Harvey, 1989), capitalismo desorganizado (Lash y Urry, 1987) o, de forma más amplia, posfordismo (Amin, 2011), destacando sus diferentes aspectos y trayectorias. Más allá de las diferencias (a veces críticas), se pueden rastrear algunos puntos de consenso en el debate: el crecimiento aparentemente inexorable de las finanzas, la transición hacia una producción más especializada y flexible, con el consiguiente resurgimiento de las pequeñas y medianas empresas, el crecimiento del sector servicios y la menor centralidad de la manufactura, el aumento de la polarización de la riqueza y el crecimiento del número y la relevancia de los trabajadores autónomos. La renovada relevancia de las pequeñas y medianas empresas condujo a la hipótesis, poco difundida, de una crisis del modelo corporativo y a un nuevo triunfo de los distritos marshallianos compuestos por redes de pequeñas empresas. Sin embargo, la realidad resultó ser muy diferente. En ninguna economía el posfordismo impulsó el declive del modelo corporativo multinacional, que constituía el núcleo del "capitalismo monopolista" bajo el régimen de acumulación fordista. En cambio, el modelo contribuyó a la reestructuración de las corporaciones hacia una forma híbrida (Harrison, 1998). Ésta nueva configuración organizacional se basó en la externalización de todas las tareas no esenciales y la mayor parte de la cadena de producción material a (redes de) empresas más pequeñas, manteniendo los activos inmateriales esenciales y el control de las operaciones financieras (Harrison, 1998). A pesar de que el ecosistema contemporáneo de startups de Silicon Valley se ha mencionado a menudo como un ejemplo de la fortaleza de las pequeñas empresas y los distritos marshallianos en la economía contemporánea, ésto es más bien el resultado de una grave concepción errónea. El objetivo fundamental de una startup es acumular rápidamente la mayor cantidad posible de capital riesgo de los inversores para pasar de cero a uno (Thiel y Masters, 2014): de una pequeña empresa (sin valor) a una empresa monopolista, capaz de saturar rápidamente un mercado relevante y rentable. En otras palabras, las startups sólo tienen éxito cuando se convierten en empresas monopolistas (u oligopolistas) en un sector específico. Además, el modelo de infraestructura empresarial actualmente dominante de las plataformas digitales es la traducción, en un contexto de economía digital, del modelo corporativo híbrido ilustrado por Harrison como peculiar del posfordismo: la plataforma externaliza todas las tareas no esenciales relacionadas con la producción y el suministro de los productos a pequeñas empresas o autónomos, y mantiene los activos principales (es decir, en la economía digital), la propiedad y la gestión de los datos (Srnicek, 2016). La economía digital, en particular tras la crisis financiera mundial de 2008, puede haber cambiado radicalmente el panorama de las empresas más valoradas en términos de capitalización bursátil, que ahora son las Cinco Grandes (Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft) y las plataformas digitales en general. Pero, si se analiza desde una perspectiva de larga duración –ha transcurrido aproximadamente el mismo tiempo entre 1970 y 1920-, éste fenómeno puede analizarse como la etapa madura de un régimen de acumulación posfordista, con el que aún comparte sus características más fundamentales. Ésta transformación de la economía sólo fue posible gracias al surgimiento de un nuevo modo de gobernanza en las sociedades occidentales: el neoliberalismo (Harvey, 2007), que se originó a partir de la "contrarrevolución monetarista" que comenzó a principios de la década de 1980 y que fue ejemplificada por el thatcherismo y el reaganomics (Arrighi, 2007, p. 172). El nuevo régimen de acumulación posfordista, apoyado por el nuevo modo de regulación del neoliberalismo, proporcionó dos décadas de renovado y milagroso crecimiento a las economías occidentales en las décadas de 1980 y 1990, aún impulsadas por el crecimiento financiero: "De hecho, el núcleo de la teoría de Arrighi reside en la noción de que la financiarización de la economía experimentada bajo el posfordismo –y el consiguiente auge temporal- no es una novedad de nuestra época, sino una característica recurrente de cada ciclo hegemónico de acumulación capitalista cuando se acerca a su fin. Antes de la hegemonía estadounidense, Gran Bretaña fue el epicentro de la acumulación capitalista (con su propio régimen) durante la era eduardiana, y experimentó un patrón similar. Lo mismo puede decirse del ciclo anterior de acumulación capitalista, liderado por los Países Bajos, que vieron crecer enormemente el papel de las finanzas al final de su Edad de Oro en el siglo XVIII (Arrighi, 1994/2010). Así, para Arrighi, si miramos más allá del capitalismo occidental hacia el mundo y releemos las transformaciones ocurridas en las décadas de 1960 y 1970, será posible observar que el nuevo modelo híbrido derivado de la interacción entre las grandes corporaciones y las redes de empresas condujo a un rápido crecimiento económico en Asia Oriental más que en cualquier otro lugar (Arrighi, 2007, p. 171). Así, en su opinión, el fenómeno económico más significativo de la segunda mitad del siglo XX no es el desarrollo del posfordismo en Estados Unidos y Europa, sino más bien el resurgimiento económico de Asia Oriental (Arrighi, 2007, p.1). Gracias a una reinterpretación de la teoría económica smithiana y al uso de la tesis de Kaoru Sugihara sobre la revolución industrial en China como un desarrollo económico no capitalista y basado en el mercado, Arrighi conceptualiza el nuevo ciclo hegemónico global de acumulación como un modelo híbrido que combina la economía de mercado tradicional, industrial e intensiva en mano de obra, de Asia Oriental con la economía capitalista típica de las sociedades occidentales (Arrighi, 2007, p. 171)" (Gerosa, pp. 9, 10).

Maya P. ©

La nostalgia de la buena vida.

NNNNNNNN

Más recientemente, Adam Arvidsson (2019) retomó el legado de Arrighi al analizar cómo, en el nuevo contexto de la economía digital, la economía industrial se convirtió en un modo de producción paradigmático a nivel verdaderamente global, tanto para el sector digital como para el manufacturero. Según Arvidsson, ésta economía industriosa se compone de pequeñas empresas con un uso intensivo de mano de obra y escasez de capital, lideradas por emprendedores dispuestos a actuar como "agentes de cambio", y por lo tanto puede evolucionar hacia un nuevo ciclo híbrido de acumulación capitalista, liderado por China, así como hacia una economía de mercado poscapitalista (o una combinación de ambas). La crisis de las puntocom de 2001 y la crisis mundial de 2007-2008, ambas de naturaleza financiera, parecen haber confirmado la predicción de la fragilidad del crecimiento posfordista. Dario Gentili argumenta que la característica definitoria del neoliberalismo se ha convertido en el "arte de gobernar en la era de las crisis interminables" (Gentili y Pope, 2021). En un nivel más general, tras la crisis financiera mundial, las señales de que el ciclo de acumulación posfordista no está garantizando niveles de riqueza generalizada similares a los del fordismo se están generalizando. Según un informe del Pew Center (2020), en Estados Unidos, la proporción de la riqueza agregada que poseen las familias de clase alta ha crecido del 60% en 1983 al 79% en 2016; la mayor parte de éste crecimiento se ha producido a expensas de las familias de ingresos medios, cuya riqueza agregada disminuyó del 32% al 14%. La participación del trabajo en la economía también ha experimentado un descenso continuo a nivel mundial desde la década de 1980 (Guerriero, 2019). Éstas tendencias han sido ilustradas y difundidas por Piketty (2017) en su best seller "El capital en el siglo XXI", que ha sido muy elogiado incluso por economistas neokeynesianos y neoclásicos de la corriente dominante como Paul Krugman o Robert Solow, lo que demuestra aún más la escasa aceptación de su tesis. Otro buen indicador del fracaso sustancial del régimen de acumulación posfordista es la brecha generacional de riqueza, que se ha convertido en un rasgo crítico de la sociedad contemporánea. Hoy en día, los millenials en Estados Unidos ganan, en promedio, un 20% menos que los baby boomers a su edad (New America, 2019). Una investigación basada en datos de la Reserva Federal que comparó la riqueza de los baby boomers y los millenials en Estados Unidos a la misma edad reveló que los baby boomers poseían el 21% del patrimonio neto total de Estados Unidos, mientras que los millenials en 2019 sólo poseen el 3% (Hoffower, 2019). Gandini (2020) captó las consecuencias emocionales de éste fenómeno al argumentar que la nostalgia por una "buena vida" pasada se ha convertido en el espíritu de la época actual. Las generaciones mayores extrañan la "buena vida" que ofrecía el contrato social fordista entre el trabajo y el capital, lo que exige una "nostalgia conservadora" que ha alimentado las actuales oleadas populistas de derecha. En cambio, las generaciones más jóvenes tienden a expresar una especie de "nostalgia progresista", no hacia el fordismo, sino hacia una mítica era preindustrial. Ésta nostalgia progresista se expresa a través de la búsqueda de autenticidad en todos los aspectos de la vida y el objetivo final de encontrar una manera de vivir una "buena vida" en los intersticios de la sociedad postindustrial. Ésta actitud, particularmente característica de ciertos estratos de jóvenes y personas de mediana edad de clase media, también puede considerarse la manifestación más madura de una tendencia que comenzó en ésos excepcionales años de las décadas de 1960 y 1970, y que ahora es posible analizar adecuadamente. En general, la desaparición del fordismo en las décadas de 1960 y 1970 no fue sólo una crisis en el sistema de producción. De hecho, el sistema fordista sufrió simultáneamente una crisis de aprobación, lo que provocó protestas generalizadas por parte de sectores significativos de la población, en particular de los más jóvenes. Ésta revuelta contra el fordismo se expresó principalmente de dos maneras: primero, como una crítica a las condiciones laborales bajo el paradigma de la producción en masa; segundo, como un rechazo a aceptar la masificación y opresión cultural de la sociedad y la alienación de los individuos, inducida por la creación de una sociedad de consumo masivo. En el primer caso, después de que el "contrato social" entre el capital y el trabajo lograra mantener niveles de conflicto relativamente bajos en las primeras décadas tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al aumento de los salarios y las mejoras en las condiciones laborales (Gordon, 2009), la segunda mitad de la década de 1960 presenció un resurgimiento del conflicto social (Crouch y Pizzorno, 1978). Cabe destacar que el nuevo conflicto fue liderado por la misma nueva gran masa de trabajadores que el fordismo reclutó en las dos décadas anteriores (Tronti y Broder, 2019). Al mismo tiempo, en el mundo occidental (y más allá) estalló la revuelta cultural contra el fordismo, ya que sus efectos opresivos y degradantes sobre los individuos fueron criticados también por una amplia gama de intelectuales influyentes. En Estados Unidos, las protestas contra la guerra de Vietnam y a favor de los derechos civiles llevaron a la madurez las críticas propuestas por las contraculturas iniciadas en la década de 1940. En Europa, la nueva masa de estudiantes universitarios, posibilitada por el contrato social entre trabajo y capital del fordismo, desencadenó revueltas culturales y políticas que a menudo se entrecruzaron y se aliaron con las luchas obreras. Boltanski y Chiapello (2007) argumentaron que el capitalismo, en su transición al posfordismo, reaccionó rechazando enérgicamente la crítica social al capitalismo, pero incorporando, no obstante, lo que ellos definen como "crítica artística": por un lado, el desencanto y la inautenticidad, y por otro, la opresión, que caracterizan al mundo burgués asociado con el auge del capitalismo. Ésta crítica destaca la pérdida de significado y, en particular, la pérdida del sentido de lo bello y valioso, derivada de la estandarización y la mercantilización generalizada (Boltanski y Chiapello, 2007. p. 38). Además, señalan que ésta crítica artística se basó en la interpretación de la alienación marxista no sólo como opresión del acto laboral, sino también como algo que "impide a los seres humanos vivir una existencia "auténtica", una existencia verdaderamente humana, y los vuelve ajenos a sí mismos en cierto sentido, es decir, a su humanidad más profunda" (Boltanski y Chiapello, 2007, p. 52). Desde ésta perspectiva, la estandarización, el desencanto –en su acepción weberiana de racionalización y burocratización de la sociedad- y la inautenticidad están estrechamente relacionadas. Boltanski y Chiapello afirman que lo que surgió a mediados de la década de 1970 fue un Nuevo Espíritu del Capitalismo, como indica el título de su libro, una ideología que legitimó y limitó el posfordismo, que reemplazó y actualizó el espíritu análogo del capitalismo que surgió en la década de 1930 en relación con el fordismo. La transición entre un espíritu del capitalismo y otro es funcional a la reestructuración capitalista y también garantiza el consenso sobre el sistema capitalista en general cuando éste se ve amenazado por la creciente insatisfacción y las críticas. Los valores fundacionales que caracterizaron el nuevo espíritu del capitalismo, para responder a las críticas de desencanto, alienación e inautenticidad, fueron principalmente "autonomía, espontaneidad, autenticidad, autorrealización, creatividad y vida" (p. 504). La definición del espíritu del capitalismo como características tanto legitimadoras como restrictivas de un régimen específico de acumulación capitalista es relevante para el alcance de éste libro por un par de razones. En primer lugar, gracias a su relativa indefinición, el concepto de "espíritu del capitalismo" capta algunos aspectos de lo que los teóricos posfordistas llamarían el modo de regulación y, al mismo tiempo, algo más que definiré como el régimen estético del consumo. La indefinición permite proponer un modelo más dinámico en el que los ciudadanos, también en su rol de consumidores, pueden limitar eficazmente el capitalismo, obligándolo a reestructurarse. La masa de consumidores no se presenta como una mera víctima pasiva de los procesos históricos. Por lo tanto, el consumo puede inscribirse de forma más adecuada en el contexto más amplio del capitalismo y atribuírsele la relevancia adecuada. En segundo lugar, finalmente nos permite comprender por qué es posible proponer el hipsterismo no como una subcultura, sino como una estética y un ethos paradigmáticos que rigen el consumo –que, en consecuencia, contribuye a configurar los mercados- en la sociedad posfordista. Argumento que existe una falla, o al menos una falta de lógica en la formulación que considera al hipsterismo como una cultura caracterizada por ser alternativa a la corriente dominante: "De hecho, la "corriente dominante" contra la que se opone ferozmente el hipsterismo es, en realidad, la "vieja corriente dominante", el conjunto de valores y rasgos que caracterizan lo que Boltanski y Chiapello (2007, p. 21) definirían como el "segundo espíritu del capitalismo", el que legitima y limita el fordismo, y la escuela de la regulación (en parte) definiría el modo fordista de regulación. Sin duda, el fordismo ha perdido su papel hegemónico, pero no ha desaparecido (y las fábricas y los obreros siguen teniendo una presencia relevante en la sociedad). Por lo tanto, el viejo espíritu del capitalismo que fomentó la crítica artística de las décadas de 1960 y 1970 tampoco ha desaparecido, y precisamente por éso aún puede enmarcarse como "mainstream". Pero el predominio de éste marco es, después de todo, ficticio, pues ya vivimos en una sociedad donde la autenticidad se ha convertido en uno de los paradigmas predominantes que guían y organizan el consumo, como consecuencia de los valores propagados por el neoliberalismo y el nuevo espíritu del capitalismo. El mejor ejemplo icónico de ésta transformación es probablemente una yuxtaposición de los dos eventos de Woodstock. En 1969, Woodstock se convirtió en el icono de la contracultura que sacudía a todas las sociedades occidentales (y más allá). Los mismos tres organizadores originales lanzaron una reedición de Woodstock en 1994, con motivo del 25º aniversario, que presentó a algunos de los cantantes originales y a la nueva generación líder de músicos alternativos. Ésta vez, sin embargo, Häagen-Dazs, Apple y Pepsi fueron patrocinadores oficiales. Se crearon numerosos anuncios y merchandising. MTV transmitió el evento en vivo. Ésta segunda vez, "Revolución", a pesar del famoso eslogan de los activistas por los derechos civiles de los negros, se televisó, además, en pago por evento. Así, ser "hip" (es decir, ser cool, auténtico y alternativo) pasó de ser un rasgo definitorio de la identidad de diferentes (y subsiguientes) subculturas que se oponían al sistema de valores dominante (es decir, el dominante) a convertirse gradualmente en un paradigma dominante, encarnado con distinta intensidad por amplios sectores de las sociedades contemporáneas, y en particular por los segmentos de la población que representan la columna vertebral de la economía posfordista" (Gerosa, pp. 13, 14). Provocativamente, la solución de la "paradoja hípster" podría no ser definir a un subgrupo de personas como hípster contra su voluntad, sino reconocer que, desde la perspectiva de la búsqueda de experiencias de consumo auténticas y distintivas, todos (o al menos, la mayoría) somo un poco hípster(istas). Por citar un ejemplo de los estudios de caso que fundamentan éste libro, mostramos una actitud hipsterista cuando en el supermercado optamos por un producto con certificación de origen y etiqueta biológica en lugar de una alternativa genérica; cuando elegimos una coctelería porque ofrece una carta distintiva de cócteles exclusivos de autor y no las típicas margaritas, o cuando en un restaurante nos impresiona positivamente una carta bien elaborada con platos tradicionales e ingredientes altamente sofisticados de una región específica (o mejor aún, de una ciudad). Autenticidad es una palabra de significado ambiguo y límites inciertos. No obstante, se ha convertido en un paradigma fundamental que orienta el gusto y la disposición estética de los individuos en las sociedades occidentales contemporáneas y más allá. "La búsqueda de la autenticidad", casi un leitmotiv en los tratados académicos sobre el tema, se ha convertido en el santo grial de los productores artísticos, culturales y de bienes, el denominador común de todas las experiencias de consumo y de los estilos de vida de los consumidores (especialmente de clase media) de los hábitos y gustos más dispares. La autenticidad ha transformado radicalmente ámbitos enteros del consumo. El patrimonio y el turismo son probablemente los sectores en los que la autenticidad alcanzó primero un papel paradigmático, de forma más abierta. D. MacCannell (1999) ya lo reconoció en 1976 con The Tourist, un análisis seminal de la dialéctica de la autenticidad como motor fundamental del turismo, basado en un análisis marxista de la sociedad (pos)moderna. David Lowenthal, generalmente considerado el precursor de los estudios sobre el patrimonio, dedicó un gran esfuerzo a su férrea crítica del paradigma dominante de la autenticidad en la conservación y el consumo del patrimonio. El consumo de alimentos y bebidas se ha visto revolucionado por la autenticidad, especialmente a partir de la década de 1990 (Johnston y Baumann, 2014). Más que en cualquier otro ámbito de consumo, la autenticidad se ha expresado en la comida a través de una gama más compleja de significados: típico, tradicional, biológico, orgánico, local, exótico, regional y genuino, por nombrar sólo algunos. Las bebidas no son una excepción, siendo la cerveza artesanal una de las tendencias comerciales más exitosas de las últimas décadas (Brown, 2020), y las industrias vinícolas se están orientando cada vez más hacia procesos de producción "orgánicos", "naturales" o "biodinámicos". Hoy en día, el paradigma de la comida auténtica también ha invadido los supermercados, con estanterías repletas de productos elaborados por departamentos de marketing que buscan evocar una conexión íntima con la naturaleza, la imagen de campos abiertos y el campo, el sabor de productos genuinos de un pasado que todos temíamos perdido. Las marcas blancas también se han adaptado con nuevas líneas de productos especializadas: aunque habitualmente se las denomina líneas de "lujo", la verdadera contrapartida que ofrecen a su precio más elevado es un aura de autenticidad adicional que confieren las etiquetas bio o locales. En la música, la autenticidad ha cobrado relevancia hasta el punto de convertirse en el referente para productores y artistas de todos los géneros modernos (Barker y Taylor, 2007). El objetivo de todo artista es alcanzar la fama, el éxito y la riqueza sin volverse "falso" a ojos de sus fans, aprovechando la ola del éxito comercial y la consagración "pop", mientras se mantiene fiel a su yo original. Cuanto más tiempo se pueda navegar en ésta contradicción mientras se demuestra que "el éxito no me ha cambiado", más larga será la fama. En general, el hip hop y la música urbana se postularon como el género que encarna la autenticidad más que ningún otro: no encabeza las listas de éxitos contemporáneos ni guía el gusto musical de las generaciones más jóvenes por casualidad. En sus canciones, los raperos se convierten en los aoidoi de la dura realidad del gueto y los antihéroes marginados que se abren camino para salir de la pobreza, superando las leyes y los caminos establecidos por la sociedad; una notable coexistencia de actitud moderna, consumo ostentoso y conformidad con el ideal neoliberal del hombre hecho a sí mismo. En las quejas o riñas entre artistas o grupos, la principal acusación contra el adversario es ser un impostor, alguien que rapea sobre los guetos y la vida criminal sin ser un verdadero gánster ni un miembro del barrio. La autenticidad juega un papel fundamental no sólo en el consumo musical cotidiano, sino también en las experiencias de festivales de música electrónica en vivo. En Dance Music Spaces, Hidalgo (2022) analizó cómo, en dicho contexto, los DJ realizan maniobras de autenticidad para contrarrestar el estigma amenazante del comercialismo, conectar con el público y ascender en la jerarquía artística. La idea de autenticidad también orquesta el consumo digital en la mayoría de los ámbitos principales. Mostrar la autenticidad propia y consumir la de otros (ya sean influencers o amigos) es el imperativo de las redes sociales. La última incorporación al mercado, BeReal (ganadora del premio Apple a la app del año 2022), incluyó ésta misión en el propio título. Abre Bumble, uno de los principales competidores en la industria de las apps de citas, para encontrar un anuncio que te anima a ser auténtico añadiendo tus valores, alianzas e intereses, como "feminismo", "aliado LGBTQI+" y "Las vidas de los negros importan" como insignias en tu perfil. Los videojuegos independientes representan ahora un fenómeno omnipresente en la industria de los videojuegos (Juul, 2019), explotando la ola nostálgica con la estética de píxeles de 8 bits y redescubriendo géneros antiguos (por ejemplo, los juegos de aventuras). Éstos juegos captan la singularidad de los usuarios al explorar combinaciones nuevas y únicas entre géneros o al desarrollar historias con significados profundos, melancólicos y existenciales. La autenticidad también revolucionó otro campo del consumo digital contemporáneo, increíblemente omnipresente y no tan descuidado. La industria del porno ha visto cómo el oligopolio establecido de productoras de vídeo cedía ante la nueva plataforma digital cuasi monopolista PornHub, a la que se han sumado plataformas más recientes para "trabajadores sexuales" o "modelos webcam", siendo OnlyFans el ejemplo más famoso. Lo que PornHub y OnlyFans tienen en común, y la verdadera razón de su dominio en el mercado del porno, es que interceptan, fomentan y explotan de forma exponencial el nuevo canon del porno amateur y el modelaje, gracias a la infraestructura arquitectónica de sus respectivas plataformas digitales. El consumo de porno amateur se basa en su autenticidad, a diferencia de la falsificación y la estandarizacion del "porno industrial". Las modelos amateurs (afirman) representar un cambio desde la estética estandarizada de la estrella porno clásica hacia una plétora de tipos de cuerpo y apariencias físicas diferentes y más auténticas. Los vídeos porno amateur afirman representar relaciones íntimas más auténticas, más cercanas a situaciones de la vida real. Con muy poco esfuerzo, podríamos continuar nuestra revisión anecdótica de los campos de consumo en los que la autenticidad ha demostrado todo su poder durante un largo período de tiempo. Sin embargo, sería una tarea inútil. El objetivo principal de éste libro es demostrar que éstas transformaciones no son el fenómeno en sí, sino sus síntomas, y que el hipsterismo, como régimen estético de consumo, es paradigmático, porque la autenticidad se convirtió en una lógica que orientó el gusto y el discernimiento estético horizontalmente hacia campos específicos durante los últimos 40 años. La ambigüedad intrínseca del significado de la autenticidad, su inquebrantable resistencia a cualquier definición concisa que capte su esencia, ha llevado a muchos a descartar por completo su utilidad, llegando incluso a definirla como un engaño (Potter, 2011). Partiendo de la misma premisa, argumentaré lo contrario. La autenticidad no puede reducirse a una definición concisa y satisfactoria, ya que es un término paraguas multifacético que reúne una multiplicidad de significados interconectados en el centro de las experiencias cotidianas contemporáneas de las personas. Con un efecto multiplicador, cuanto más se extiende, más personas extienden su uso a otros ámbitos donde se producen fenómenos similares. Sin embargo, como suele ocurrir, cuanto más se extiende su uso, más se diluye un significado unívoco, hasta el punto de percibirse como poco más que una palabra de moda. Por lo tanto, a pesar de que todavía es posible analizar y definir qué significa la autenticidad en un escenario específico, una evaluación más general sobre el significado de la autenticidad en la sociedad contemporánea se vuelve una tarea imposible si el análisis se limita a las últimas dos décadas, cuando los efectos del nuevo paradigma se han hecho más evidentes: "Ésta cuestión también surge en una larga lista de trabajos que han abordado la autenticidad con un enfoque de "lo sé cuando lo veo", empleando una definición vaga e insatisfactoria de "mantenerse fiel a uno mismo". Para abordar éste tipo diferente de "búsqueda de la autenticidad" en un intento de comprender su significado moderno general, se debe preferir una perspectiva de larga duración (Braudel, 1977). Las transformaciones estructurales iniciadas en la década de 1960 son sólo la última –y más crítica- coyuntura de una historia mucho más larga de un conjunto de sentimientos, posturas y reivindicaciones que hemos llegado a llamar "autenticidad". Es necesario tener en cuenta y poner en escena otras dos coyunturas. En primer lugar, el ethos romántico (principalmente angloamericano) contra la industrialización –junto con la modernización y la burocratización, en su acepción weberiana- que comenzó a surgir en el siglo XVIII y alcanzó su apogeo, en lo que respecta a los significados asociados con la autenticidad, con el movimiento Arts and Craft. En segundo lugar, la autenticidad como reverso ideal de la alienación fordista y fundamento de una existencia libre y creativa, tal como fue conceptualizada de diversas maneras en el siglo XX por una amplia gama de intelectuales críticos. Al analizar éstos dos siglos, es posible agrupar los distintos significados asociados a la autenticidad en torno a algunos temas comunes. En general, éste capítulo parte de la premisa de que la autenticidad adquirió su significado moderno en oposición a la alienación industrial y a las cuestiones conexas de comercialización, homologación y estandarización. Por lo tanto, la autenticidad debe contextualizarse en el desarrollo más amplio del concepto de cultura en oposición a la industrialización, detallado por el crítico cultural Raymond Williams (1977), y en conjunción con la conceptualización de la artesanía en oposición a la producción industrial (Adamson, 2018)" (Gerosa, pp. 19, 20).

Maya P. ©

 La alienación industrial.

NNNNNNNN

En consonancia con el enfoque de larga duración, parece necesario comenzar con una breve indagación genealógica sobre el término "autenticidad". El significado moderno de autenticidad, en el que me centraré, surgió del único significado que la palabra mantuvo durante muchos siglos (y que aún hoy se encuentra ampliamente difundido), que es la cualidad de ser original frente a una copia de un objeto. Lowenthal destacó brillantemente ésta progresiva expansión del ámbito de influencia de la autenticidad, desde una "preocupación exclusiva por los edificios y artefactos" a consideraciones más amplias de "ideas y creencias", aunque, como estudioso del patrimonio, utilizó éste supuesto para criticar la autenticidad en su disciplina, sin profundizar en el análisis de éste proceso de expansión. De hecho, el cambio fundamental que vincula el significado original con el moderno se produjo cuando las ideas de "el original" y "la copia" se trasladaron del mundo material de los artefactos al mundo metafórico del yo. Cuando Edward Young, un poeta inglés bastante desconocido del siglo XVIII, se preguntó: "Nacidos originales, ¿cómo es que moriremos como copias?" (Trilling, 1972, p. 93), también lo hicieron todas las generaciones posteriores. Aquí es donde se plantó la semilla de un concepto moderno de autenticidad, en el recorrido metafórico desde la autenticidad como el original en oposición a las copias, hasta la autenticidad como el "verdadero yo" en oposición al yo alienado. Sin embargo, las observaciones de Lowenthal son un recordatorio crucial de que, en la sociedad contemporánea, ambos significados se han entrelazado tanto que a menudo se vuelven inextricables. Una distinción entre ambos es útil a nivel analítico, pero sería engañoso adoptar distinciones tajantes como la famosa del filósofo estadounidense Denis Dutton entre una autenticidad nominal (como originalidad) y una autenticidad expresiva (como coherencia con el verdadero yo). Ésta interrelación entre dos significados diferentes se representa probablemente mejor en el análisis del arte, la autenticidad y el aura de Walter Benjamin, donde la autenticidad se relaciona con una obra de arte total, pero que constituye una cualidad estética en términos relacionales. El aura auténtica de una obra de arte, al estar relacionada con una presencia única en el tiempo y el espacio, existe sólo en relación con su experiencia sensorial. La pérdida de autenticidad es consecuencia de la alienación que genera la reproducción mecánica (industrial) precisa de artefactos estéticos. La propia naturaleza de la alienación interviene, perdiendo la naturaleza autorreflexiva predominante, típica del Romanticismo, y adquiriendo una relación más explícita con la sociedad y las masas: el topos romántico del hombre frente al espejo es reemplazado por la imagen del actor frente a la cámara, desde la cual el actor ve su imagen reflejada, pero también se enfrenta a las masas que se esconden tras ella. Iniciar el análisis de la autenticidad explotando el movimiento romántico tiene dos ventajas fundamentales. En primer lugar, aunque de forma indirecta, la concepción romántica de la autenticidad tuvo una fuerte influencia en importantes debates actuales sobre el tema. Por ejemplo, se han publicado cientos de libros de marketing para profesionales que aprovechan la popularidad de la autenticidad, pero dada la escasez de fuentes académicas fidedignas sobre el tema, libros como el de Lionel Trilling, que analiza la sinceridad y la autenticidad en las novelas literarias inglesas desde el siglo XVIII hasta principios del XX, se han convertido, sin duda, en una de las principales fuentes de referencia para el debate contemporáneo sobre la autenticidad en el marketing y el branding (aunque a veces de forma superficial). Mucho antes de éste libro, otro influyente libro que analiza el ethos romántico, The Romantic Ethic and the Spirit of Modern Consumerism, de Colin Campbell (1987), influyó en el campo del marketing, principalmente gracias a su uso por parte del pionero de la investigación del consumidor, Russell Belk. De hecho, el ethos romántico sustenta un marco teórico en el que la autenticidad mantiene una postura de oposición a la corriente industrial dominante sin necesidad de adoptar marcos radicales, a menudo marxistas y anticapitalistas, como los formulados por los intelectuales del siglo XX, más problemáticos de adoptar en ciertos debates y disciplinas. Éste aspecto, a su vez, conduce al segundo beneficio de incluir el concepto romántico de autenticidad en el análisis. La idea de alienación evoca inmediatamente la formulación marxista más famosa sobre el trabajo alienado, pero un enfoque excesivo en la autenticidad, tal como la enmarca el enfoque tradicional marxista y la perspectiva del "nuevo espíritu del capitalismo", corre el riesgo de esencializar su naturaleza como un concepto radical y contracapitalista. El ethos romántico de la autenticidad, en cambio, caracterizado por una naturaleza más íntima y autorreflexiva, crea un marco en el que la alienación puede presentarse como un fenómeno más amplio y menos politizado, no limitado a lecturas marxistas o radicales. En realidad, es posible observar ésta naturaleza multifacética de la alienación en la propia teoría marxista. De hecho, aunque los dos primeros tipos de alienación descritos por el "joven Marx" –la de los productos y la del proceso de producción- recibieron mucha más atención, según Marx, la sociedad industrial también indujo la alienación del hombre de los demás hombres y de la propia naturaleza humana. Para Marx, la alienación no sólo ocurría en el lugar de trabajo, en la infame cadena de montaje donde el trabajador masificado termina siendo absorbido por la maquinaria. La alienación también deriva del hecho de que "todos los sentidos físicos e intelectuales han sido reemplazados por la simple alienación de todos éstos sentidos, es decir, el sentido de tener", y de que "cuanto menos eres, menos expresas tu vida, cuanto más tienes, mayor es tu vida alienada" (Marx y Engels, 1988). Éste tipo de alienación, según el joven Marx, es fundamentalmente una consecuencia de la naturaleza del dinero, que distorsiona la capacidad de ser coherente con el verdadero yo y potencialmente afecta tanto a la burguesía como al proletariado. No es casualidad, entonces, que el descubrimiento de ésta amplia conceptualización de la alienación –gracias a la publicación de los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1848 en 1932- desencadenara el nacimiento del llamado "humanismo marxista", al que pertenecen la mayoría de los críticos más feroces de la alienación fordista en el siglo XX. El descubrimiento permitió a algunos pensadores marxistas establecer una conexión directa entre el Romanticismo y el marxismo, en particular Marshall Berman y Michael Löwy, quienes observaron que "los primeros críticos de la sociedad burguesa moderna, de la civilización capitalista creada por la Revolución Industrial, fueron, más de medio siglo antes de Marx, los poetas y escritores románticos" (Löwy, 1987, p. 891). Para el análisis de la autenticidad y la alienación que surgieron durante el Romanticismo, se utilizarán como fuente las reflexiones de tres autores clásicos: Trilling (1972), Williams (1977) y Berman (1972). A partir de su análisis conjunto, el movimiento romántico y sus posturas aparecen estrechamente vinculados al desarrollo del concepto moderno de democracia y al proceso de industrialización (es decir, el nacimiento de las sociedades occidentales contemporáneas) (Williams, 1977, p. 34). Trilling (1972) es posiblemente el autor más influyente del momento (al menos dentro del círculo íntimo de las instituciones académicas); ofreció un análisis detallado de la historia de la autenticidad en la tradición romántica, vinculándola con el concepto históricamente precedente de la sinceridad. Como crítico literario, Trilling apenas se aventura fuera de los límites de la literatura, pero su detallado tratado de las fuentes románticas arroja luz sobre muchos rasgos fundamentales que aún caracterizan la autenticidad hoy en día. En primer lugar, la autenticidad tiene que ver con la condición humana íntima, con el yo interior. En segundo lugar, la autenticidad es un concepto polémico, que "aborda agresivamente la opinión recibida y habitual, la opinión estética en primer lugar, la opinión social y política en segundo lugar" (Trilling, 1972, p. 94). En resumen, la autenticidad demuestra su plena contundencia cuando se formula en oposición a algunos fenómenos nefastos. Además, lo hace vinculando el ámbito de los juicios estéticos y artísticos con el mundo de la crítica social y política. Un análisis combinado de los dos últimos puntos resulta en una clara dinámica dialéctica, en la que la autenticidad es una condición del yo, pero que sólo puede concebirse reflexivamente en relación con las fuerzas externas que la reprimen, obligando a los humanos a vivir vidas falsas. Para los intelectuales románticos del siglo XVIII, no cabe duda de la identidad de éstas dos fuerzas especiales: el afán de posesión y dinero, por un lado, y la industria y su maquinaria, por el otro: "El proceso que, tanto en el siglo XVIII como en el XXI, requiere el uso de maquinaria e industrias para aumentar constantemente la cantidad de dinero circulante es, por supuesto, el capitalismo. El ethos artístico romántico populariza otro elemento recurrente en las críticas contemporáneas al capitalismo y la industrialización: la mercantilización y comercialización de todos los aspectos de la sociedad, en particular de la literatura y las artes, como consecuencia de la nueva civilización industrial, que reduce al artista (o, en términos generales, al intelectual) a una profesión como todas las demás (Williams, 1977, pp. 38-9). Dentro del complejo movimiento europeo que fue el Romanticismo, la influencia decisiva en el desarrollo de los dos conceptos opuestos de autenticidad y alienación se puede identificar claramente en uno de sus precursores más influyentes: Jean Jacques Rousseau. Sus ideas sobre la autenticidad y la alienación son decisivas para resumir el ethos romántico en su conjunto. En su visión de la autenticidad, Rousseau yuxtapone ser algo y ser uno mismo (Berman, 1972, pp. 168-71), vinculando, como diríamos en el vocabulario contemporáneo, la significatividad, la autoexpresión y la autenticidad. Fue el primer autor en presentar el "progreso" y la "civilización" como las fuerzas fundamentales que, mediante un mecanismo dialéctico, otorgaron a los humanos la capacidad de desarrollar sus "facultades más excelentes", como la bondad, la significatividad, el juicio estético, la moralidad y el conocimiento, pero que, al mismo tiempo, les impidieron alcanzar la auténtica expresión (y el conocimiento) de sí mismos. Para Rousseau, el dualismo entre el yo alienado y el yo auténtico va inextricablemente de la mano con la opresión política y social y, por lo tanto, como se afirma célebremente en el comienzo de El contrato social (1792), "el hombre nació libre y está encadenado por todas partes". Rousseau cree que la sociedad moderna –representada por la vida en la "metrópolis moderna", que para él era París- permite a cada uno desplegar su individualidad sólo para luego reprimirla severamente, frustrando las expectativas generadas por éstos nuevos horizontes de progreso" (Gerosa, pp. 23, 24).  Anticipándose al tema del dinero como fuente de alienación y de la comercialización del arte, Rousseau afirma que el cuerpo, la mente y el alma del individuo moderno: Aparecieron como simples activos competitivos, que debían invertirse con prudencia para obtener el máximo rendimiento; se vio obligado a desarrollarse y perfeccionarse constantemente, pero incapaz, ni por un instante, de considerarse suyo. La exigencia de autenticidad, entonces, resultó ser radicalmente subversiva para ésa sociedad peculiarmente moderna de la que surgió. (Berman, 1972, pp. 313-14). Hay que tener presente que Rousseau vivió en el siglo en el que el "individuo" como sujeto irrumpió en el escenario de la historia. Éste proceso se encontraba en el centro de la combinación dialéctica y contradictoria de expresión y represión. Rousseau ilustra el proceso de maneras que sorprenderían al lector contemporáneo. Un siglo antes de que Georg Simmel describiera la actitud indiferente de los ciudadanos ante la sobreestimulante metrópolis moderna, reconociendo el problema más profundo de la vida moderna como "la resistencia del individuo a ser nivelado, absorbido por el mecanismo sociotecnológico" (Simmel, 1903/1961), y Émile Durkheim utilizara la anomia para describir el desajuste derivado del paso de la solidaridad orgánica a la mecánica debido a la industrialización (Durkheim, 1897/1951), Rousseau observó con lucidez la estela de éstos fenómenos en la metrópolis en ciernes que era París. Para él, la metrópolis "hace que los gustos sean a la vez más delicados y menos uniformes, hasta el punto de que hay tantos gustos como personas". Alcanzar la plena autenticidad o dejarse atrapar y arrastrar por el "remolino de la vida social": éstos son los dos extremos que la persona moderna debe afrontar, descubriendo en la ciudad qué es un individuo. A pesar de la claridad de la descripción de la condición humana moderna por parte de Rousseau, cualquier intento de extraer de él un camino claro para superar la alienación y alcanzar la autenticidad se encontraría con obstáculos significativos. Rousseau expresa un conjunto mucho más variado y menos definitivo de consideraciones sobre éste tema. Sin embargo, es posible identificar un motivo fundamental: el logro de la autenticidad sólo puede derivarse de un proceso dialéctico que apela al pasado premoderno, pero que al mismo tiempo está firmemente arraigado en la condición moderna y mira hacia el futuro. Para Rousseau, el estado de la naturaleza actúa como una brújula, pero advierte que no se debe confundir lo "natural" en el estado salvaje con lo que es "natural" en el estado civil (Rousseau, 1817, p. 406). En sus propias palabras: Aunque quiero formar al hombre de la naturaleza, el objetivo no es, por ello, convertirlo en un salvaje y relegarlo a las profundidades del bosque. Basta con que, encerrado en un torbellino social, no se deje llevar ni por las opiniones ni por las pasiones de los hombres, que vea con los ojos, que sienta con el corazón, que ninguna autoridad lo gobierne más allá de su propia razón. (p. 255). A través de nuestro análisis del ethos romántico de la autenticidad, desde Rousseau hasta Morris, hemos descubierto que la mayoría de los rasgos fundamentales que caracterizan la comprensión contemporánea de la autenticidad ya estaban presentes a finales del siglo XIX. La autenticidad surgió como un concepto central en la intersección entre la crítica artística y social a la sociedad industrial, el estándar de una vida humana libre de alienación y un antídoto contra la comercialización y la mercantilización de la sociedad. Cobró relevancia al apelar al pasado para representar posibles visiones de futuro. Con el desarrollo del fordismo, los efectos alienantes de la sociedad industrial se hicieron cada vez más evidentes. En consecuencia, el ideal de una vida auténtica, y un yo auténtico como antídoto, ganó popularidad entre un gran número de intelectuales. El primer elemento fundamental que hay que recordar es que la autenticidad sólo puede entenderse adecuadamente en su significado moderno si se analiza en una relación dialéctica con la alienación inducida por la sociedad industrial. La autenticidad saltó a la fama y adquirió significado como reacción a la alienación, y como su opuesto especular, su creciente relevancia se produjo en paralelo, y la autenticidad desarrolló su significado al reflejar las transformaciones de las configuraciones industriales occidentales. Ésta es precisamente la razón por la que la autenticidad ha mantenido niveles tan altos de ambigüedad semántica a lo largo de la existencia, desde Rousseau hasta la actualidad, incluso en autores como Sartre, quien la situó en el centro de su ética: se ha convertido en un término general, cuyo significado varía según las externalidades negativas que se asocian con la alienación. Si bien éste origen, en cambio, puede parecer insatisfactorio, el análisis de larga duración demostró su inevitabilidad y coherencia. Desde la perspectiva del enfoque materialista cultural de Raymond Williams, que afirma que la cultura debe analizarse como un proceso dinámico moldeado por formaciones, prácticas e instituciones, el surgimiento de la autenticidad a finales del siglo XVIII debe contextualizarse como un aspecto de la creación cultural más amplia en el mismo período. El nacimiento de la cultura entre los intelectuales, según William (1977), es una consecuencia directa del desarrollo de nuevos sistemas de producción económica (es decir, el industrialismo) y de nuevos tipos de relaciones personales y sociales en la base de la democracia moderna. Así, la idea de autenticidad se desarrolló como reacción contra un aspecto específico de la industrialización y la democracia: la alienación. Ésto también es coherente con procesos similares: cuando Glenn Adamson (2018) argumenta que la idea de artesanía, contrariamente a las suposiciones generalizadas, se inventó en realidad como reacción a la producción industrial a finales del siglo XIX, describe precisamente uno de los efectos de la creciente popularidad de los ideales de autenticidad que contrarrestan la alienación industrial. Ésta es la razón por la que, un siglo después del movimiento Arts and Crafts y contrariamente a todas las expectativas, la producción artesanal ha vuelto a ser el centro de atención de los microempresarios, los consumidores y el mundo académico. Partiendo de ésta premisa, la interpretación de la autenticidad que propongo se compone de tres dimensiones, cada una de las cuales representa el ideal opuesto a una de las caras de la alienación. La primera dimensión, la más fundamental, se relaciona con el yo y considera la autenticidad como la capacidad de autodeterminación autónoma de la existencia, en contraposición a la conformidad y masificación del yo, propias del capitalismo industrial. Aquí, conformidad y masificación sugieren dos significados similares, pero ligeramente diferentes: la conformidad se interpreta como la participación y aceptación de normas sociales generales y externas, mientras que la masificación debe interpretarse como algo indistinguible de la masa de otras personas (es decir, la idea de ser "sólo un ladrillo más en el muro"). Ésta es la dimensión de la autenticidad relacionada con la noción de Rousseau de ser uno mismo sin dejarse arrastrar por la vorágine de la vida social, el ideal de Freire de "ser para uno mismo" y el concepto de Sartre y de Beauvoir de rechazar los absolutos externos para abrazar los propios deseos y voluntad con autonomía y responsabilidad. Éste concepto se asemeja más a la idea original de ser "original versus copia" y a la noción genérica y popular de "ser fiel a uno mismo". Desde una perspectiva histórica, ésta primera dimensión de la autenticidad es producto de la tensión derivada del nacimiento interconectado del capitalismo y la industrialización, que por un lado establecieron la noción del individuo con derechos y deberes, y por otro, la reprimieron. Éste capítulo dejó muy claro que la alienación del yo o de su autenticidad es una condición que sólo puede derivar de la relación interactiva entre la agencia individual y las estructuras, normas e instituciones sociales. En otras palabras, la autenticidad sólo puede concebirse como una cualidad experiencial, basada en la práctica. La dimensión fundamental de la autenticidad del yo sólo es concebible si se relaciona con otras dos dimensiones de la autenticidad, que se refieren directamente a los dos dominios constitutivos de la alienación desde los primeros románticos en adelante: La omnipresencia del dinero y el lucro como principio fundamental predominante, si no exclusivo, de la vida social, y la naturaleza mecánica de la vida cotidiana inducida por la industrialización. Por lo tanto, la segunda dimensión de la autenticidad exige la autoexpresión creativa frente a la comercialización y mercantilización de la vida social. Ésta es la dimensión a la que Marx se refirió cuando denunció el alejamiento de los sentidos físicos e intelectuales en favor del simple sentido de poseer; el mismo aspecto que Morris analizó al explicar cómo el "evangelio del capital" lleva a la clase media a destruir cualquier valor artístico y cultural, y que Marcuse y Chomsky insinuaron al proponer un modelo de significatividad de las prácticas arraigadas en el pensamiento creativo y el libre juego. En términos más generales, es el tipo de autenticidad que evoca cada súplica por alcanzar la significatividad en los diferentes ámbitos de la vida social: "Es la idea de que cualquier expresión auténtica del yo sólo puede surgir de la superación de la reducción de toda práctica a una transacción económica (comercialización) y, en consecuencia, de toda entidad de la vida social a una mercancía (mercantilización). La tercera dimensión, en cambio, describe la autenticidad como la singularidad de las experiencias vitales, en contraposición a la estandarización y la trivialidad de la vida cotidiana en el marco de la sociedad industrial. Si bien los conceptos de singularidad y estandarización son similares a los de autonomía y masificación, el aspecto relevante aquí es la experiencia de producción y consumo, no la identidad ni el yo interior. Ésta oposición fundamental fue ilustrada por Morris en el contraste entre el trabajo artístico y el trabajo alienado, o entre la idea de artesanía y la producción industrial, y también se relaciona con la idea de autenticidad, descrita por Lefebvre como el opuesto exacto de la vida trivial. En ésta dimensión, la autenticidad equipara la singularidad como el antídoto a la estandarización de las experiencias humanas, que en última instancia conduce a la trivialidad de la vida cotidiana. Éstas dos últimas dimensiones de la alienación están vinculadas, pero no necesariamente se superponen. En las sociedades occidentales de los últimos tres siglos, la omnipresencia del dinero y de la lógica orientada al lucro se ha desarrollado junto con la producción industrial, convirtiéndose en los rasgos definitorios del capitalismo tal como lo conocemos. Aun así, sería posible pensar en mentalidades predominantemente orientadas al lucro en una sociedad no industrial. En definitiva, las dos teorías más autorizadas sobre el origen del capitalismo –la teoría de Fernand Braudel, basada en el desarrollo de las ciudades-estado italianas en el siglo XV, y la de Robert Brenner sobre el capitalismo agrario- sitúan el nacimiento y la difusión de la tendencia al lucro en las sociedades preindustriales" (Gerosa, pp. 34, 35).

Maya P. ©

 Las industrias neoartesanales.

NNNNNNNN

Las industrias neoartesanales son un fenómeno posfordista enraizado en el contexto del neoliberalismo. Un pilar del neoliberalismo, derivado de lo que Luc Boltanski y Eve Chiapello (2007) definirían como la incorporación de la crítica artística al fordismo, ha sido el individualismo: la exaltación de la libertad individual, la creatividad y la autoexpresión. El individualismo también tiene raíces profundas, que se inscriben parcialmente en el mismo entorno romántico, tan fundamental para el desarrollo de la idea de autenticidad (Lukes, 2006). Aun así, el neoliberalismo ha orientado el individualismo en una dirección muy precisa: hacia el yo emprendedor (Brockling, 2015). En éste camino, el imperativo es pensar exclusivamente en el yo como un agente del mercado, y en la libertad y en la autoexpresión como algo que debe ejercerse en términos puramente económicos. Éste fenómeno es tan fuerte que incluso el trabajo por cuenta ajena responde cada vez más a las leyes, criterios y expectativas del trabajo emprendedor (Neff, 2013). Sin embargo, como todos los fenómenos analizados hasta ahora, incluso el proceso de emprendimiento del yo presenta algunas ambigüedades. El poder estructural del capitalismo guía, pero no determina, el proceso, y siempre deja espacios para usos alternativos de las mismas tendencias. Como argumentó el autor italiano Sergio Bologna (2018) a través de análisis históricos, el auge de la fuerza laboral autónoma europea también fue liderado por trabajadores que percibieron el trabajo autónomo y el microemprendimiento como la oportunidad perfecta para liberarse del trabajo asalariado y de la alienación de la sociedad fordista. Adoptar el trabajo autónomo fue también una decisión política, parte de la planificación más amplia de proyectos de vida alternativos guiados por la búsqueda de autenticidad, significado y placer, común entre los miembros de los movimientos de protesta de las décadas de 1960 y 1970. Bologna ofrece un fresco ilustrativo del complejo conjunto de motivaciones que impulsan ésta ola de fuerza laboral: "Aquellos que se habían vuelto complacientes, aquellos que habían tirado la toalla ("¡Hagámonos ricos!"), aquellos que, al no haber logrado eliminar a sus jefes, querían al menos no tener uno en su vida personal… y aquellos, quizás la mayoría, que creían haber desarrollado, gracias a sus experiencias políticas y organizativas "fuera de lo común", habilidades especiales para el trato con las personas" (Bologna, 2018, p. 62). Es sabido históricamente que, a pesar de la intención de éstos pioneros autónomos, la lógica neoliberal del yo emprendedor (particularmente en las décadas de 1980 y 1990) eliminó cualquier posibilidad de politización contracultural hegemónica del trabajo autónomo. Sin embargo, como se argumenta en la introducción, la reciente crisis económica mundial y las múltiples señales correspondientes del fracaso del neoliberalismo han abierto la puerta a una segunda ola de trabajadores autónomos que utilizan el trabajo emprendedor para objetivos que van más allá de los económicos. Como sostiene Adam Arvidsson, para la economía industriosa contemporánea: "El emprendimiento no es simplemente algo que profesores, trabajadores sociales y orientadores profesionales inculcan a los jóvenes. También es algo que adopta un gran número de personas, posiblemente mucho mayor que quienes aún se dedican a la política en el sentido clásico del término del siglo XX. Para éstas personas, el emprendimiento no es una simple actividad económica. También surge como una visión de transformación social… Ha sustituido a la política como el principal ámbito en el que dicha acción puede desplegarse en la pragmática cotidianidad de "hacer algo" (Arvidsson, 2019, p. 11). Los emprendedores neoartesanales encajan perfectamente en las descripciones anteriores. Al igual que sus progenitores en la década de 1970, adoptaron el emprendimiento como parte de proyectos de vida alternativos más amplios. Sin embargo, a diferencia de sus progenitores, los emprendedores neoartesanales son hijos de la economía liberal posfordista. En éste sentido, comparten muchas características con la figura emprendedora más reconocida del posfordismo: los emprendedores creativos de la economía digital. Ambos se caracterizan por haber adoptado el trabajo autónomo para escapar de la alienación de los trabajos corporativos, buscando sentido y realización personal en el trabajo, desdibujando la separación entre el tiempo laboral y personal, aprovechando el capital cultural y simbólico a su disposición y disfrutando de recompensas no monetarias. Se puede decir que ambos se adhieren al modelo del yo emprendedor, concibiendo la acción política como algo que se realiza a través de la agencia del mercado, como lo ejemplifican las majestuosas misiones sociales declaradas por los magnates más influyentes de Silicon Valley: quieren conectar digitalmente al mundo entero, salvar a la humanidad viajando a Marte, crear un metaverso global, etc. Sin embargo, los emprendedores neoartesanales también se diferencian de sus parientes más celebres en muchos aspectos relevantes. Lo más evidente es que, a diferencia de los fundadores de empresas de alta tecnología, sus trabajos requieren mucha mano de obra y bajos requisitos de capital. Las startups pueden ser lanzadas con pequeñas cantidades de capital inicial por familiares o inversores ángeles, pero para cumplir sus ambiciosas promesas deben ir "de cero a uno". Y sólo hay una manera de llegar a "uno": acumular grandes cantidades de capital (de riesgo) de los inversores. Los emprendedores neoartesanales, en cambio, quieren abrir una tienda, un food truck o un restaurante: si acaso, su objetivo es expandirse a nivel local, abriendo una o más sucursales. Nunca se convertirán –y generalmente ni siquiera quieren convertirse- en el próximo Mark Zuckerberg o el próximo Uber. No aspiran atraer mil millones de dólares en capital privado porque no sabrían qué hacer con el dinero (al menos para sus negocios). No pretenden revolucionar a la humanidad con su tecnología disruptiva ni colonizar Marte. En cambio, desean participar en un movimiento más amplio de pequeñas empresas que promueven valores éticos específicos y hacen del mundo un lugar mejor, un sándwich o un cóctel a la vez. Si las startups apuestan por la promesa de la economía creativa para alcanzar la riqueza y la fama, los emprendedores neoartesanales parecen haber renunciado ya a ésa apuesta. Cambiaron el sueño de convertirse en miembro de la "nueva élite económica" por la posibilidad de alcanzar la gratificación ética, donde la autenticidad se convirtió en la moneda de intercambio, lo que permitió el proceso de desapego de las recompensas materiales y económicas del emprendimiento. Constituyen un modelo híbrido del yo emprendedor, en el que prevalecen los objetivos no económicos. Emulando la fórmula general marxista del capital, Michael Scott (2017) resumió éste proceso como "CC-EC-CC(E)": el uso de capital económico (CE) limitado para construir sobre un capital cultural (CC) inicial y alcanzar el éxito cultural junto con beneficios económicos. Sin embargo, al analizar el imaginario neoartesanal, el enfoque exclusivo en el capital cultural parece parcialmente engañoso. El objetivo de los emprendedores neoartesanales es, ante todo, la consecución de capital simbólico y el cambio social y político. El auge de ésta forma peculiar de yo emprendedor refleja el auge del "capitalismo progresista" (Rodhes, 2021), la tendencia reciente –y también una necesidad- previamente analizada en las corporaciones de autoproclamarse cada vez más como empresas responsables, que abordan problemas sociales tangibles o rectifican sus errores pasados. Aun así, como en la comparación entre la economía neoartesanal y el capitalismo artesanal, los microempresarios artesanales –que obviamente no pueden competir con las corporaciones a gran escala- tienen una ventaja natural a la hora de convencer a los consumidores de la autenticidad de su compromiso, ya que incluso las corporaciones más comprometidas, como la marca de ropa Patagonia, pueden enfrentarse a controversias y críticas. Los emprendedores neoartesanales siguen siendo pequeños, con cadenas de suministro muy cortas y sin la presión de escalar rápidamente o desaparecer, y por lo tanto pueden mantenerse fácilmente coherentes con sus objetivos éticos. El sociólogo alemán Hans Speier, observando la República de Weimar tras la Gran Recesión, observó que los trabajadores autónomos eran una clase sin identidad (Bologna, 2018). El efecto combinado de la crisis, por un lado, y el auge del fordismo, por otro, convirtió a los trabajadores autónomos en una categoría a punto de desaparecer, tras haber perdido su identidad y prestigio social. Los emprendedores neoartesanales contemporáneos podrían concebirse como protagonistas de un estatus opuesto: son una fuerza ascendente en la economía industrial de la sociedad contemporánea. Si los trabajadores autónomos de la década de 1930 habían perdido su identidad, los emprendedores neoartesanales parecen no haberla formado aún: carecen de una definición unánime en términos de clase e identidad ocupacional: "Todos los emprendedores que entrevisté lo expresaron muy claramente. Se mostraban reacios a ser definidos como "artesanos", pero parecían aceptar que su trabajo puede considerarse artesanal, para distinguirse de los comerciantes tradicionales. Consideran que el trabajo artesanal se compone de la inextricable coexistencia de la dimensión creativa y manual. El acto de trabajo artesanal, en el que el esfuerzo intelectual libremente expresado da forma al acto manual, y éste, a su vez, proporciona una relación especial con los materiales y un sentido de significado, es una fuente fundamental de gratificación. A la hora de definirse, éstos entrevistados respondieron con gran variedad: además de algunas respuestas clásicas como empresarios, cocineros o bármanes, se dieron muchas autodefiniciones diferentes, a menudo eclécticas. Incluso cuando se mencionaron etiquetas clásicas, como "barman", a menudo se manifestó cierta insatisfacción con la definición, ya que se consideraba incapaz de captar la especificidad de su profesión: "Me considero barman (barista en italiano), aunque hoy en día, al decir barman, solemos incluir muchas profesiones diferentes, en realidad" (Claudio, dueño de un bar). En otros casos, recuperaron ocupaciones arraigadas en la tradición italiana, como la de oste o la de salumiere (que se traducen aproximadamente como "posadero" y "carnicero", respectivamente), pero se sentían incómodos al usar términos tan humildes en el contexto de bares de cócteles refinados o restaurantes gourmet: "En mi perfil de Facebook, me definía como posadero ("oste" en italiano)… obviamente es un poco en broma. Pero como me gusta hablar con la gente, escuchar sus historias" (Tina, dueña del bar)… Además del reciente desarrollo de las industrias neoartesanales, es fácil reconocer otras causas que originan ésta plétora de definiciones pintorescas. En primer lugar, la necesidad de diferenciarse de la categoría ocupacional más amplia a la que pertenecen formalmente éstos profesionales, pero con la que tienen poco en común. Los dueños de bares neoartesanales son bármanes, pero de un tipo muy peculiar. Los dueños de food trucks gourmet son vendedores ambulantes de comida callejera, pero, de nuevo, de un tipo muy peculiar" (Gerosa, pp. 79, 80). Lo que los diferencia no es un criterio objetivo que pueda incluirse en una definición de industria. De hecho, las industrias neoartesanales se definen por la adhesión a un imaginario económico simbólico del consumo, y se vuelven extremadamente personalizadas. Ésto significa que, una vez establecida la distinción con respecto a sus colegas tradicionales, resulta muy difícil encontrar una definición ocupacional clara y amplia que pueda aplicarse más allá del individuo. La segunda dimensión se relaciona precisamente con la individualidad. De hecho, los emprendedores neoartesanales tienden a individualizar sus identidades de una manera muy distintiva y única. El "barman antifascista", el cocinero y el "promotor del gusto" son algunos ejemplos de mis entrevistas. Ésta adaptación de una identidad única es resultado tanto de su yo emprendedor híbrido, que valora el individualismo, como de la dimensión simbólica que adoptan, que está conectada con la autenticidad y, obviamente, enfatiza formas únicas de autoexpresión, creatividad personal y distinción. Además, el desarrollo de una identidad única señala la presencia de un capital simbólico moderno y refuerza la pertenencia legítima al imaginario económico neoartesanal. Por último, es una acción estratégica para alcanzar objetivos económicos, que se alcanza mediante la creación de una identidad única y altamente reconocible. Las narrativas que emplean los emprendedores neoartesanales sobre la motivación que los guía y orienta sus identidades giran en torno a un conjunto estable de valores, profundamente arraigados en la ética: pasión por el trabajo, autoexpresión, artesanía, autenticidad, creatividad e innovación. Los adoptan genuinamente, pero también son conscientes de que éstos mismos valores son un requisito esencial para ser un emprendedor exitoso en la economía hípster. Éstos dos aspectos no son opuestos, sino complementarios, reflejando la doble función del capital simbólico como fuente de bienes externos e internos (Banks, 2017); es decir, recompensa económica con prestigio social y placer intrínseco, respectivamente. La autosuficiencia y la autorrealización siempre van de la mano, y su inextricable coexistencia es un rasgo clave de la construcción de la identidad en el imaginario económico neoartesanal. De igual manera, otra tensión caracteriza la identidad de los emprendedores neoartesanales: es a la vez una expresión de dominio y esclavitud (Butler, 1997). Es dominio porque su adhesión al imaginario económico marca su estatus como hábiles usuarios y manipuladores de los conceptos y valores de dicho imaginario. Pero también es esclavitud porque, contextualmente, deciden someter su conjunto fundamental de valores y cualidades a un imaginario que son libres de usar, pero no de alterar. Los valores que les permiten expresar su agencia son los mismos que también la limitan. El imaginario económico neoartesanal del consumo ejerce sobre sus emprendedores un proceso de "gubernamentalización creativa" (Banks, 2017, p. 92), promoviendo su libertad artística y creativa a la vez que regula sus identidades. El empoderamiento derivado de la libertad de expresar la propia identidad y determinar la propia subjetividad profesional se otorga a costa de la conformidad implícita con los cánones y los límites de la estética legítima. El peculiar tipo de yo emprendedor ya presentado y la tensión entre presiones contrastantes contribuyen a la dificultad inherente de encontrar una definición colectiva y compartida que exprese su identidad desde un punto de vista ocupacional. Sin embargo, la fragmentación de las reivindicaciones identitarias no impide la identificación de patrones recurrentes entre los emprendedores neoartesanales, lo que lleva a una categorización en tres tipos ideales. Para ello, me inspiré en el análisis de Collinson (2003) sobre las "subjetividades en el trabajo" en organizaciones basadas en la vigilancia, que distingue entre empleados "conformistas", "dramatúrgicos" y "resistentes". Traducido al contexto de las industrias neoartesanales, la gestión basada en la vigilancia es el imaginario económico del consumo, y los individuos son microempresarios, no empleados. Ésto implica que la relación de poder no es estrictamente unidireccional (la organización ejerce poder sobre los empleados, que sólo pueden cumplir las instrucciones o intentar resistirse), sino parcialmente bidireccional, porque los microempresarios también manipulan el imaginario con cierta (aunque limitada) libertad de expresión y acción. Como siempre ocurre, los tipos ideales deben concebirse como conceptualizaciones abstractas para profundizar en la comprensión de un fenómeno, no como estereotipos: todo emprendedor neoartesanal de la vida real encarnará combinaciones híbridas de éstos ideales. El primer tipo ideal es el usuario estratégico dramatúrgico. Pertenecen a ésta categoría quienes no se identifican necesariamente con el régimen estético de consumo ni con el conjunto de valores del imaginario neoartesanal, pero que, aun así, los utilizan porque les ofrecen excelentes oportunidades para expandir su negocio y expresar su artesanía. Por lo tanto, son dramatúrgicos porque escenifican su participación en un imaginario económico a pesar de mantenerse alejados de él, y son estratégicos en el uso de dicho imaginario. Aunque ésta actitud podría calificarse de cínica, el desapego se siente hacia el imaginario específico, no hacia el trabajo, las prácticas y los bienes producidos. En otras palabras, los usuarios estratégicos desprendidos no se sienten menos orgullosos de sus habilidades ni de los bienes que producen, ni menos apasionados por su trabajo: los empresarios neoartesanales que se inclinan por éste tipo ideal han comentado a veces, de forma controvertida, que, al eliminar las palabras ingeniosas y sofisticadas, los seguidores más entusiastas del imaginario no eran capaces de preparar y cocinar adecuadamente y seguían siendo aficionados. Los usuarios estratégicos y distantes de la neoartesanía solían contar con una trayectoria empresarial ya consolidada o un pasado profesional en la industria alimentaria. Usan el imaginario como un complemento: suelen depender de otros elementos para lograr bienes internos (por ejemplo, éxito económico y orgullo por sus habilidades) y lo emplean principalmente para bienes externos (por ejemplo, ingresos y prestigio social). Como me dijo sin rodeos un microempresario con experiencia en el comercio minorista de alimentos con una metáfora audaz, para él, adoptar la tendencia de los food trucks gourmet era como pasar de ser una prostituta a ser acompañante. "¿Cuál es la diferencia?", me preguntó retóricamente, antes de responderse a sí mismo: "Si te haces llamar acompañante, ganas el doble". El segundo tipo ideal es el entusiasta obediente. Son ellos los que se adhieren con mayor pasión al régimen estético y al conjunto de valores del imaginario, buscando promover modos auténticos de consumo como su misión. Son totalmente compatibles con el imaginario, presentando una fuerte alineación entre su ethos personal y los valores del imaginario. Su objetivo es promover una cultura gastronómica o revivir formas auténticas de socialización: promocionando la comida local, cócteles basados en una lógica distintiva y bares donde es posible recrear una especie de socialización asociada a los cascos antiguos. En resumen, y en línea con el significado general de autenticidad, todo aquello que no se produce siguiendo una lógica industrial estandarizada. Los emprendedores neoartesanales que se inclinan hacia éste tipo ideal suelen ser aquellos con una pasión por la artesanía, la comida o las bebidas, desarrollada como afición, proveniente de empleos administrativos o directamente de la universidad. El tercer tipo ideal que podría definirse como el activista rebelde, combina elementos del primero y del segundo. Los activistas rebeldes utilizan el imaginario para impulsar una agenda cultural, social o política. En su opinión, la promoción de valores asociados con el imaginario económico neoartesanal es más importante que la propia producción artesanal de alimentos y bebidas. El imaginario económico se adapta para ser utilizado estratégica y selectivamente en la dimensión más estrechamente vinculada con el consumo ético y crítico. A veces, la prioridad es explícita, como en el caso de algunos grupos que abren un bar o restaurante comunitario, porque consideran que es la forma más coherente de obtener independencia económica, al tiempo que mantienen su propio trabajo activista. Otras veces, el contexto es más matizado, como en el caso del propietario de un food truck que promueve la cultura gastronómica del quinto cuarto (literalmente, "el quinto cuarto"), es decir, utilizando sólo vísceras como ingredientes, para promover culturas de consumo alternativas: "De hecho, una de las muchas consecuencias de la apropiación posfordista de la autenticidad fue la suposición popular actual de que es esencial combinar la pasión personal con la identidad laboral. Citas inspiradas como "haz lo que amas y no trabajarás ni un solo día de tu vida" se comparten en ingentes cantidades de imágenes digitales y físicas, con citas similares atribuidas a Mark Twain o Confucio (aunque probablemente acuñadas por un profesor de filosofía de Princeton en 1982). En los últimos años, los coaches personales han publicado innumerables libros sobre cómo transformar tu trabajo en tu pasión, tu pasión en tu trabajo, etcétera. Aun así, la trivialización de la pasión y su amplio uso por parte de los directivos como técnica de encantamiento (Endrissat et al., 2015) para controlar y explotar mejor a los empleados no implica que la idea de la pasión como medio para alcanzar el significado en el trabajo deba descartarse como un fraude. Según los relatos de los emprendedores neoartesanales entrevistados, la fuente de disfrute y pasión que experimentan corresponde a los conceptos más fundamentales relacionados con el imaginario: creatividad (aplicación de la creatividad y la fantasía), autenticidad (relaciones humanas auténticas) y autoempleo (confianza en uno mismo). Éstas dimensiones también contribuyen a prevenir las experiencias alienantes que se esconden bajo el concepto general de "pasión"… La pasión por el trabajo se convierte en la moneda de cambio que permite sacrificar bienes externos (por ejemplo, el mayor prestigio social que ofrecen otras profesiones o mayores ganancias) por bienes internos. Aun así, disfrutar de los bienes internos y obtener prestigio social a través de un trabajo apasionado son dos factores que a menudo se combinan, como en el caso de éste propietario de food truck: En fin, no he visto éste negocio principalmente como una forma de ganar dinero, sino más bien como mi herramienta para difundir una idea. Así que puedo desarrollarlo gracias a que uno de los críticos gastronómicos más importantes de Italia me llamó y me pidió que escribiera un libro; ésto es para mí una gran satisfacción (Lamberto, dueño de un food truck)" (Gerosa, pp. 83, 84).

Maya P. ©

El imaginario económico.

NNNNNNNN

Dos libros diferentes captan muy bien las dos caras de la tensión que experimentan los emprendedores neoartesanales en su apasionado trabajo: Willing Slaves of Capital, de Frédéric Lordon (2014), y The Amateur, de Andy Merrifield (2017). En The Amateur, Merrifield celebra el potencial creativo y político del amateurismo; es decir, de hacer lo que amas por el placer de hacerlo. El amateur apasionadamente comprometido contrasta con el profesional burocrático como modelo de una forma de ser no alienada. El amateurismo emerge como una política poderosa, una forma de ser activistas apasionados y eficaces. Los amateurs encuentran las fuentes de su placer en sus "caballos de batalla", sus pasiones a las que se dedican, que pueden abarcar desde algo tan trivial como hornear pasteles en casa hasta algo tan majestuoso como hacer una revolución (entre los casos ilustres de amateurs, Merrifield incluye a Marx, Lenin, Rosa Luxemburg). Los emprendedores neoartesanales se parecen mucho a los amateurs descritos por Merrifield, pero también difieren fundamentalmente en su aspecto: transforman su campo de batalla en su trabajo. Ésta profesionalización, a ojos de Merrifield, lo arruina todo: "transforma el trabajo hecho con amor en aborrecimiento del trabajo" y "aniquila el trabajo hecho por amor, que apaga las llamas del puro placer en el hobby" (p. 159). En Merrifield parece haber un enigma sin resolver en torno a éste hecho. Para él, un trabajo equivale a profesionalismo, que, como la otra cara del amateurismo, es fuente de todo tipo de alienación. Si cualquier intento de mezclar la pasión amateur con el trabajo arruina los beneficios de la primera, las únicas opciones disponibles para el individuo parecen ser la aceptación de una vida alienante durante el trabajo a cambio de una viuda auténtica durante el ocio (como promovía el modelo fordista clásico), o una vida privilegiada de otium para quienes viven de ingresos privados. Los emprendedores neoartesanales, en cambio, toman un desvío peligroso: se unen a la narrativa neoliberal de convertirse en emprendedores y obtener la libertad de hacer lo que aman sin convertirse en "profesionales" (en el sentido de Merrifield), y continúan abordando su afición con la mirada de un aficionado apasionado. Después de todo, algunas de las figuras que Merrifield más celebra como ejemplos de aficionados en su libro muestran la misma mezcla entre trabajo y pasiones: la periodista estadounidense Jane Jacobs o el filósofo francés Gilles Deleuze, quienes se convirtieron en profesionales consagrados en su campo, pero mantuvieron una mirada amateur frente a sus aficiones. La tensión entre la identidad amateur y la profesional se centra principalmente en el yo interior de los individuos. El análisis de Lordon (2014) del capitalismo en Willing Slaves of Capital se centra, en cambio, en el poder estructural que el capitalismo moderno tardío ostenta sobre las pasiones y los deseos de los trabajadores. Lordon combina el pensamiento de Marx con las teorías de Spinoza para argumentar que las verdaderas cadenas que oprimen y alienan a los individuos son las del afecto y el deseo, porque las estructuras sociales moldean los deseos y establecen estrategias legítimas para alcanzarlos. Por lo tanto, la teoría marxista de las relaciones económicas bajo el capitalismo se reinterpreta a través de la idea de la moneda como una relación social y el dinero como el deseo que ésta relación genera (Lordon, 2014). La forma en la que el capitalismo mantiene su dominio es alineando los deseos de los trabajadores asalariados con los de sus empleadores, y del capitalismo en general, en una especie de "alegre alienación". El análisis de Lordon, sumamente útil para analizar el nuevo contexto del neoliberalismo, sólo examina el trabajo asalariado, dejando de lado las formas contemporáneas generalizadas de trabajo autónomo y microemprendimiento. En cambio, éste marco arroja luz sobre aspectos críticos del trabajo apasionado de los emprendedores neoartesanales. El trabajo autogestionado de los emprendedores neoartesanales parece influenciado por el poder estructurador del capitalismo neoliberal, mientras que, al mismo tiempo, su naturaleza autónoma les permite una mayor libertad para desviar sus propias trayectorias de deseo de las predeterminadas por las estructuras sociales. El neoliberalismo utiliza sus deseos y pasiones para buscar la mercantilización de la autenticidad, la creatividad y el yo interior, pero utilizan el modelo neoliberal de emprendimiento como un medio para desviar el significado de éstos conceptos hacia diferentes trayectorias de deseo. Por ejemplo, priorizar formas de recompensa no monetarias. En el contexto de la formación, circulación y consumo del gusto, los emprendedores neoartesanales desempeñan un papel específico y fundamental a nivel medio. Su participación en las industrias neoartesanales depende fundamentalmente de los valores simbólicos asociados a dichas industrias: el trabajo artesanal se convierte en un medio para lograr éstos beneficios intrínsecos y extrínsecos. El trabajo simbólico no es meramente autorreferencial, sino que posee una profunda naturaleza multirrelacional: está vinculado a los regímenes estéticos de consumo, el imaginario económico, los valores relacionados, los materiales y los clientes. Los emprendedores son intermediarios culturales y simbólicos en todos ésos procesos entre el nivel macro de la formación del gusto y el nivel micro de los procesos de consumo cotidiano, creando experiencias auténticas para los clientes. En otras palabras, son distribuidores de gustos (Gerosa, 2021), siendo los actores finales de una cadena de producción neoartesanal, quienes interactúan directamente con los consumidores. Los valores que componen el imaginario artesanal y el régimen estético de moda, en general, pueden analizarse como significantes flotantes, un término que Laclau (2006) formuló para describir las reivindicaciones políticas que están adquiriendo una relevancia generalizada en la sociedad porque se refieren a significados vagamente definidos, pero compartidos, que pueden encarnarse de maneras altamente individualizadas, dando lugar a movilizaciones políticas colectivas. Los significantes flotantes también pueden aplicarse a las movilizaciones de los consumidores (Colleoni et al., 2021). La autenticidad en sí misma es un buen ejemplo de un significante flotante, al igual que los valores fundamentales del imaginario económico, como la artesanía, la tipicidad, la tradición, etc., que comparten una ambigüedad intrínseca que permite que su significado flote. La teoría de estrategias y tácticas de De Certeau (1984/2011) puede ayudar a interpretar la limitada capacidad de acción de los comerciantes del gusto. En éste contexto, las estrategias son prerrogativa de los actores capaces de operar a nivel macro, con el objetivo de crear regímenes estéticos de consumo e imaginarios económicos y preservar el significado hegemónico de los significantes flotantes que los sustentan. Las tácticas, en cambio, son competencia de los comerciantes del gusto. Una táctica, para Certeau (p. 20), "se insinúa en el lugar del otro, fragmentariamente, sin apoderarse de él por completo, sin poder mantenerlo a distancia. No dispone de ninguna base donde pueda capitalizar sus ventajas, preparar sus expansiones y asegurar su independencia respecto a las circunstancias". Los comerciantes de sabores se insinúan en un imaginario económico construido por otras fuerzas, introduciendo significados potencialmente divergentes a los significantes flotantes que lo componen, pero sin la capacidad, salvo en circunstancias excepcionales, de asumir los significados hegemónicos. Al ser fragmentados, a pequeña escala y altamente individualizados debido a su naturaleza microempresarial, éstos comerciantes de sabores pueden ser muy eficientes a nivel local, pero tienen poca base para capitalizar su enfoque divergente y expandirse a mayor escala. La práctica del comercio de sabores por parte de los empresarios neoartesanales, se centra tanto en los bienes internos como en los externos. El papel activo de los comerciantes de sabores en la traducción de los valores simbólicos del imaginario a los clientes a través de los bienes neoartesanales de maneras altamente personalizadas refuerza la expresión creativa del yo interior, que es una dimensión fundamental de la autenticidad. Al mismo tiempo, ésta operación permite la acumulación de capital simbólico, al exhibir la propia competencia en el comercio del gusto y diferenciarse de otros colegas en lo que, después de todo, sigue siendo un mercado altamente competitivo. El imaginario económico neoartesanal del consumo limita el comercio del gusto al forzarlo a una red estricta de estéticas y estilos codificados. La forma en que se elabora el producto neoartesanal final que se sirve al público es otro componente fundamental del comercio del gusto, ya que demuestra la competencia manual y simbólica de los empresarios y su legítima participación en el imaginario económico. El producto se convierte en un medio real, cuyo objetivo principal es transmitir a los clientes no sólo una deliciosa experiencia de consumo, sino también las emociones, los valores y la pasión que el empresario neoartesanal invierte en el proceso: "La táctica de la negociación del sabor debe expresar el "verdadero yo" del emprendedor neoartesanal de forma individual y distintiva de los demás, y tiene sentido: el objetivo es reforzar la inversión simbólica de cualquier idea de estandarización que pueda evocar la producción industrial y la alienación. Por lo tanto, la autenticidad, la individualidad y la artesanía son esenciales en el proceso de negociación del sabor: "Debes ser auténtico porque, de lo contrario, te consideran una copia de alguien más… o si tienes un producto que en realidad no es tuyo, la gente se da cuenta; no digo que todo deba ser artesanal, pero al menos el producto principal sí debe serlo". (Tamara, dueña de un food truck). El valor de los ingredientes típicos y las producciones locales es fundamental para acumular capital simbólico como hábil comerciante de sabores neoartesanales, y refuerza la singularidad de la oferta para el cliente. Los emprendedores neoartesanales dedican mucho tiempo y esfuerzo a seleccionar proveedores exclusivos e inusuales para las materias primas utilizadas en sus recetas, y también deben acatar las reglas del imaginario económico neoartesanal. Ésta operación requiere una combinación de gustos personales y elecciones de valores, adhesión a las reglas de la tradición y rechazo a las modas comerciales del mercado dominante. Ésto último es una declaración de intenciones que no siempre se respeta en las prácticas reales de los emprendedores neoartesanales, quienes a menudo deben alcanzar cierto nivel de compromiso para garantizar la viabilidad económica de la empresa. El proceso de negociación del sabor, sin embargo, abarca toda la experiencia de consumo, no sólo el producto neoartesanal vendido al cliente. Por lo tanto, todo el entorno y la apariencia de la tienda, incluyendo el diseño del lugar, la perspectiva y las actuaciones del emprendedor neoartesanal, el mobiliario, la música de fondo y el menú, contribuyen a vender el imaginario económico neoartesanal –en la variante personalizada por el emprendedor neoartesanal- al consumidor. Los emprendedores neoartesanales dedican gran atención al diseño de éstos aspectos, conscientes de su relevancia para construir una promesa de sabor adecuada" (Gerosa, pp. 88, 89). La tienda y la experiencia de consumo en su conjunto se convierten en una extensión y representación del yo interior del emprendedor neoartesanal y en un medio adicional para transmitir sus valores a los consumidores: "Cada 30 días cambiamos la instalación artística que cuelga de las paredes del bar. Ésto define la esencia creativa del bar, además del mobiliario. Nuestra intención era precisamente poner un fuerte énfasis en la creatividad: ya sean fotógrafos, diseñadores de moda o pintores, hablamos de creativos, así que llevamos el arte al bar… En éste tipo de bar siempre hay que inventar algo; no es un bar elegante en el centro de la ciudad al que vas y sabes que todo es siempre idéntico; aquí la gente busca algo diferente cada vez" (Norberto, dueño del bar). En general, la columna vertebral de la economía neoartesanal analizada en éste capítulo puede definirse como una fuerza positiva: sustenta cadenas de producción alternativas que favorecen a otros pequeños productores y mantienen vivas las tradiciones locales; propone prácticas de consumo alternativas, más auténticas y sostenibles; representa, en la mayoría de los casos, una alternativa más ética a las empresas industriales de masas, conocidas por ocultar sus enormes externalidades ambientales y sociales negativas mediante astutas y engañosas campañas de marketing de "lavado de imagen verde". La lista podría continuar. Sin embargo, también es necesario advertir contra la mitificación del comportamiento de los emprendedores neoartesanales. Como nos recuerda la teoría de las estrategias y tácticas de De Certeau, éstos operan en el ámbito de las tácticas, no de las estrategias. En la medida en que una parte de ellos puede intentar utilizar la economía neoartesanal para impulsar una agenda contrahegemónica, el capitalismo sigue siendo una fuerza decisiva en el desarrollo del régimen estético de consumo de moda y también del imaginario económico neoartesanal. En éste sentido, los emprendedores neoartesanales contribuyen a la mercantilización de la autenticidad. Además, si se incorpora el elemento de clase, los emprendedores neoartesanales aparecen finalmente como actores de clase media que ofrecen sabor auténtico a consumidores de clase media. Ésto revela inmediatamente la naturaleza excluyente de las industrias neoartesanales: disfrutar del fruto del gusto tiene un precio: monetario y simbólico. Disfrutar de la auténtica experiencia de consumo, según el imaginario económico neoartesanal, es prerrogativa de quienes pueden permitirse el precio de la comida callejera gourmet, los cócteles de autor y los accesorios artesanales, lo que descifra la sofisticación cultural que se esconde tras éstos productos. Por muy fuerte que sea la conciencia política de los dueños de una panadería artesanal, su pan de mesa madre, elaborado con ingredientes de origen local y ético, y técnicas artesanales, siempre se venderá a precios inaccesibles para muchos ciudadanos. La comida, las bebidas y, en general, muchos productos artesanales típicos que los emprendedores neoartesanales quieren devolver al público en general pertenecen a las culturas de consumo de la clase trabajadora. La comida callejera, como la pizza portafoglio (una pizza pequeña que se puede doblar para comer de pie), se ven hoy a precios elevados a turistas y trabajadores creativos en su hora de almuerzo, pero en su día fue la única pizza que la clase trabajadora podía permitirse. Un trabajador napolitano del pasado habría preferido sentarse en un restaurante de verdad y comer una pizza margarita grande, para consternación de los omnívoros consumidores contemporáneos (¿cómo se atreven a ignorar la comida callejera típica napolitana por una margarita estándar?). Si un trabajador italiano de principios del siglo XX se encontrara en un túnel del tiempo y emergiera en un barrio moderno, se quedaría perplejo ante tantos bares camuflados tras nombres de antiguas y humildes profesiones o ante los sofisticados restaurantes que se autodenominan posadas y tabernas. Los degustadores interpretan los productos, recetas y técnicas típicas para complacer el paladar de clientes omnívoros que buscan saborear el imaginario simbólico de la comida genuina preindustrial, pero con el sabor y la calidad de las preparaciones gourmet. Así, el comercio del gusto es también un proceso de invención de la tradición (Hobsbawm y Ranger, 1992), que crea mitos tecnificados (Jesi, 2014) del pasado, funcionales para satisfacer a los consumidores contemporáneos de clase media, a la vez que borra las historias y tradiciones de la clase trabajadora. De ésta manera, la única carbonara legítima y "auténtica" es la que se prepara con guanciale (manteca de carrillera), mejor aún si proviene de Amatrice, pecorino romano (queso de oveja de Roma) y yema de huevo. No importa que la carbonara original fuera probablemente, según los historiadores, una comida improvisada preparada por necesidad por los carboneros durante sus largos viajes de trabajo, o una preparación de ciudadanos romanos hambrientos durante la Segunda Guerra Mundial con tocino enlatado y huevo en polvo proporcionados por los soldados estadounidenses. No se trata sólo de una mistificación histórica, sino de una mejora masiva de la comida campesina que históricamente alimentaba a las masas, ahora traducida a comida gourmet reservada exclusivamente para las clases medias y altas. Ésto implica que los emprendedores neoartesanales, como fuerza colectiva, a pesar de sus buenas intenciones, podrían, en última instancia, contribuir a la erosión del mismo patrimonio popular que desean preservar. Lo que se "redescubre" es sólo una cantidad limitada de ingredientes, productos y técnicas, más fácilmente trasladables al imaginario económico neoartesanal contemporáneo a través de mitos tecnificados, que luego determinan las nuevas versiones auténticas y legítimas de ellos. Les deseo mucha suerte a quienes intenten servir una "carbonara auténtica" preparada con tocino enlatado y huevo en polvo hoy en Italia: pronto se verán obligados a huir para salvar su vida. Y con razón, la carbonara con guanciale, pecorino y yema de huevo está realmente deliciosa. La cuestión no es embarcarse en un viaje para descubrir la auténtica comida preindustrial. Hasta principios del siglo XX, los habitantes preindustriales de mi territorio, Brianza, tenían una dieta típica basada en un pan de maíz y centeno, manteca de cerdo, leche y gachas de harina de maíz, a menudo mezclados. Personalmente, prefiero la carbonara gourmet. ¿Cómo describiría el barrio milanés de NoLo, donde realicé la mayor parte de mi investigación etnográfica, a un desconocido? Bueno, podría empezar diciendo que es un barrio históricamente multicultural, justo a las afueras del centro de la ciudad, que en los últimos tiempos ha atraído a un flujo constante de trabajadores creativos y culturales de clase media que lo eligen por sus alquileres asequibles. Podría continuar diciendo que al caminar por él se respira un ambiente vibrante, gracias a los murales de arte callejero y varias galerías de arte independientes, cafés artesanales y tiendas de ropa vintage, cada una con su propia oferta única. Podría añadir que por la noche se llena de gente que visita sus restaurantes tradicionales de moda, pubs de cerveza artesanal y bares de cócteles. O podría simplemente decir que es un clásico barrio hípster, lo que probablemente resume todo lo anterior. Al final del segundo año de mi doctorado, tras meses de investigación etnográfica en NoLo, tuve la suerte de visitar varias ciudades europeas para asistir a congresos académicos. Inicié un juego personal al que llamé "Encuentra el NoLo local": paseando por la ciudad como turista, buscaba ése barrio que reflejara la misma estética y atmósfera que NoLo. Para ser justos, fue muy fácil: Lavapiés en Madrid, Vesterbro en Copenhague, Gloucester Road en Bristol, por mencionar sólo las primeras ciudades que visité. Obviamente, eran el "NoLo local" tanto como el NoLo era su homólogo milanés. Toda ciudad occidental que se precie hoy en día tiene (más de) un "barrio hípster". Son los lugares más modernos para vivir, los epicentros más cool de la vida nocturna y las zonas de inversión más solicitadas por las inmobiliarias. Son los barrios donde la economía hípster está más densamente concentrada y, por lo tanto, se hace más evidente, definiendo la identidad de la zona. Aun así, la economía hípster se extiende mucho más allá de los barrios individuales: simplemente se materializa con distintos grados de intensidad y visibilidad. También aparece en configuraciones híbridas según los factores socioeconómicos del contexto. Por ejemplo, cuando me mudé a Birmingham (Reino Unido) y pasé el primer mes en el barrio migrante de Sparkhill, me sorprendieron los negocios del llamado "triángulo balti": "Compartían el mismo imaginario económico neoartesanal de consumo típico de cualquier barrio hípster, con algunas adaptaciones: casi todos, excepto yo, eran de origen sudasiático, lo que producía una declinación diferente de la estética moderna que mostraban tiendas, comerciantes y clientes. No se vendía ni una sola gota de alcohol en las tiendas de la zona, y las coctelerías y cervecerías artesanales fueron sustituidas por locales especializados en cócteles sin alcohol (bebidas sin alcohol), zumos, batidos y bebidas similares. El régimen de consumo estético moderno y el imaginario neoartesanal se fusionan no sólo a nivel territorial, sino también al hibridar fórmulas comerciales establecidas, como la de los restaurantes étnicos. Antiguamente, entrar en un restaurante chino en Italia significaba poder pedir sin siquiera mirar la carta, independientemente de la ciudad: la oferta estaba altamente estandarizada en torno a un conjunto de platos establecidos. Hoy en día, sobre todo en ciudades medianas y grandes, se observa una transición de un modelo estandarizado a una estética moderna y auténtica, basada en ofrecer platos estrella únicos y especializarse en una cocina regional o en un tipo específico de comida (dumplings, sopas, tazones de arroz, etc.). El régimen estético moderno y el imaginario económico del consumo mantienen una codificación común, pero experimentan un proceso de vernacularización local. El mismo proceso de vernacularización se aplica a la identidad de los barrios: un imaginario estético y económico codificado desciende sobre el tejido urbano como un velo, cubriéndolo todo con su textura, pero adaptándose a la forma específica de la zona. En general, a nivel urbano, la economía hípster puede considerarse una fuerza positiva: recalifica zonas, establece los estándares para una vida urbana placentera y auténtica, y ofrece un paradigma minorista alternativo, posiblemente más ético, a las cadenas multinacionales que devoran con avidez el espacio urbano. Sin embargo, hoy en día, la economía hípster se ha convertido prácticamente en sinónimo de algunas de las amenazas más graves para los barrios, como la desigualdad, la homogeneización cultural y la gentrificación (Gerosa, pp. 93, 94).

Maya P. ©

El capitalismo cool.

NNNNNNNN

El presente capítulo explorará ésta tensión, centrándose en cómo los emprendedores neoartesanales contribuyen a moldear el desarrollo de los barrios hípster, siguiendo la misma dinámica de acumulación y reproducción de capital simbólico analizada en el capítulo anterior. Al entrar en el café, la dueña me recibe con los brazos abiertos y exclama: "¡Ven aquí, hijo de la tía!". Lleva un vestido colorido. Dudo un poco. Quizá lo haya notado al tomar un generoso trozo de pastel y acercarse, diciéndome: "Así captarás enseguida la esencia de éste lugar: porque yo soy la tía y todos ustedes son mis sobrinos"… Cuando estoy a punto de irme, me saluda y añade: "¡Lo bonito sería que vinieras a vivir a éste barrio! La tía te lo organizaría todo: te buscaría una casa, una buena chica con la que comprometerte, ¡todo!" (Notas etnográficas en NoLo). Éstas notas etnográficas las tomé la segunda vez que entré en un café del barrio milanés de NoLo para entrevistar a su dueña. A pesar de que la primera vez fue una visita rápida, me recibió con una calidez y un entusiasmo tan intensos que al principio me dejó desorientado. Más tarde, descubrí que ella era la personificación más pura, ideal y típica, de una misión compartida por la mayoría de los emprendedores neoartesanales que entrevisté: "Nunca perder el objetivo común, que es estar juntos en éstos lugares", por citar una frase suya. "Estar juntos" se elevó a una misión a perseguir como acción colectiva, al igual que en el resto de tiendas: el objetivo era la creación de "socialidad por el placer de la socialidad", como la sociabilidad (Geselligkeit) conceptualizada por Georg Simmel (Simmel y Hughes, 1949). Hay, de nuevo, una contradicción parcialmente ineludible en ello: la búsqueda idealista de la socialidad por la mera socialidad contrasta con los objetivos de mercado de una tienda. Aun así, muchos perciben el fomento de la sociabilidad en el barrio como una "misión social" tan valiosa como su actividad económica (y como otros propósitos simbólicos relacionados con la cultura alimentaria, objetivos sociopolíticos, etc.). Varios emprendedores neoartesanales que entrevisté emplearon principalmente tres estrategias interconectadas para promover la sociabilidad: el desarrollo de relaciones sociales auténticas en la tienda (a menudo en paralelo con el desarrollo del sabor auténtico visto en el capítulo anterior); la creación de un ambiente auténtico; y el desarrollo de la tienda como un centro territorial. El desarrollo de relaciones auténticas a menudo se implementa haciendo que los clientes se sientan como en casa. La idea de la autoexpresión auténtica se traduce en la intención de que los clientes se sientan como si hubieran entrado en el espacio personal de los dueños y hubieran encontrado su lado más auténtico: "Puse a disposición lo que, en mi opinión, es lo más preciado que tengo: yo misma. Mi humanidad, mi verdadero yo. Quiero ser auténtica, sincera y alegre con la gente. Y éste componente humano marcó la diferencia, en mi opinión" (Cinzia, dueña del bar). El fomento de la sociabilidad va de la mano con la creación de un espacio auténtico que facilita la interacción social. El diseño de la tienda se convierte en parte integral de la exhibición de la singularidad de la emprendedora y de la creación de un ambiente acogedor y hogareño. Ésto puede implicar la introducción de elementos muy cotidianos, como en el caso de Cinzia, quien transformó su pasión por coleccionar patitos de goma en la piedra angular sobre la que construyó la identidad distintiva de la cafetería y relaciones más auténticas con los clientes. Su cafetería se convirtió en una "casa de patitos", con un marcado carácter lúdico. La ubicación de la colección personal de patitos de goma de la propietaria contribuye a la atmósfera auténtica que impregna el bar: cada patito tiene su nombre, por lo tanto, su propia identidad y especificidad, lo que amplifica el aura de autenticidad. Además, el aura de autenticidad se vuelve interactiva por naturaleza, ya que se invita a los clientes a contribuir trayendo sus propios patitos de goma (¡incluso de viajes al extranjero: patitos de goma exóticos!) para exhibirlos en la tienda. Ésto los convierte en participantes activos en la creación del ambiente, reforzando la amistad entre los clientes y el propietario, lo que también se traduce en la fidelización de clientes. Éste fenómeno distingue a los emprendedores neoartesanales por la función social que desempeñan en el barrio. Se definen como miembros de la comunidad, contribuyendo a su vida social cotidiana, sus necesidades y aspiraciones, y no sólo como actores comerciales. Organizan eventos concebidos como momentos de conexión con la vida social del barrio. En éstos momentos, los emprendedores neoartesanales hacen algo bueno por la comunidad, refuerzan los lazos sociales con y entre los habitantes locales y retribuyen a la comunidad lo que han recibido, tanto económica como humanamente. Éstas prácticas de construcción comunitaria son también un movimiento de "regreso al futuro", estrechamente vinculado a la dimensión temporal del imaginario económico neoartesanal del consumo: simbólicamente, los emprendedores neoartesanales buscan recrear las relaciones sociales asociadas a un entorno urbano preindustrial idealizado, que supuestamente se perdió en el presente. Sin embargo, éstos valores se proyectan en la ciudad contemporánea (neoliberal) e interactúan claramente con los principios de la ideología de la economía colaborativa, que ahora configura con fuerza las economías urbanas y las políticas de desarrollo (Salice y Pais, 2017). La sociabilidad se convierte en el pilar sobre el que recrear una auténtica comunidad urbana, inspirada en un mito ficticio del pasado, para superar la alienación de la vida urbana contemporánea, supuestamente caracterizada por la atomización y las relaciones falsas. Éste proyecto, a pesar de algunos evidentes elementos nostálgicos, a veces incluso reaccionarios, también recupera aspectos fundamentales de la política revolucionaria de autenticidad de las décadas de 1960 y 1970: un eslogan del levantamiento francés de Mayo de 1968 fue "¡Habla con tus vecinos!". Un ejemplo de la relevancia de éste proyecto es la notable iniciativa del dueño de un café al que entrevisté, quien comenzó a organizar almuerzos (gratuitos) con los clientes en su domicilio los domingos. Inicialmente impulsado por la soledad personal, el evento adquirió posteriormente un carácter social más marcado: Se trata de corresponder al cariño de mis clientes, que incluso dejan de ser clientes para convertirse en amigos, en parte de la familia. Porque aquí estamos creando una gran familia, ¿entiendes? La gente que viene a comer se convierte en parte de la familia. Estamos creando ésto porque todo lo relacionado con la socialización se ha perdido con el tiempo. La socialización, estar juntos y entre la gente, incluso la típica comida dominical con la familia, todo ha desaparecido, ya no es una tradición. (Carlo, dueño del bar). A medida que la sociabilidad persiste en el tiempo, algunas tiendas de neoartesanía se convierten en centros sociales del barrio. Otros emprendedores neoartesanales diseñan sus tiendas como tales desde el principio, como en éste ejemplo. Ésta cafetería está dedicada a familias y niños. El motivo de su apertura fue satisfacer algunas necesidades del barrio, así como necesidades personales. Abrimos éste espacio para trabajar con la comunidad de familias y niños del barrio, centrándonos en juguetes, libros infantiles y artículos similares. Al principio, ésta era la idea. Luego evolucionó según las necesidades de todo el barrio y sus habitantes, incluyendo a quienes no tienen hijos: la necesidad de tener una cafetería que fomentara la comunidad y se convirtiera en un lugar de encuentro. (Mara, dueña de la cafetería). Cuando se produce tal transformación, la consecución de beneficios internos y externos se fusiona con la búsqueda de la sociabilidad: "Los almuerzos organizados por Carlo se asemejan a comidas entre amigos, ajenas al ámbito de las transacciones económicas. Cuando los clientes desean contribuir, los invita a traer una buena botella de vino o un postre (el único plato que no prepara), de una manera que, volviendo a la comparación con la economía colaborativa, se asemeja a las interacciones de reciprocidad más que al intercambio de mercado. De la cita anterior, Mara podría parecer más una organizadora comunitaria que una emprendedora. Sin embargo, la búsqueda del bien interno de la sociabilidad, directa o indirectamente, también se refleja en los ingresos económicos de la tienda y el prestigio de los emprendedores en la comunidad. Como reconoce la propia Mara, hablando de un reconocido premio a la empresa social que ganó: "Liderar un negocio que también tenga valor social es importante tanto para destacar ante el público como para hacer que el trabajo sea más placentero para sus empleados". En la vida económica cotidiana de una empresa, la búsqueda de beneficios económicos es una condición previa necesaria. Por ello, la sociabilidad se convierte, al igual que las culturas alimentarias analizadas en el capítulo anterior, en un mito tecnificado, orientado al beneficio económico, en contradicción con su propia naturaleza: "Los relatos de los emprendedores neoartesanales dan testimonio de su capacidad de acción en la configuración del espacio urbano contemporáneo y de lo que, visualmente, se ha definido como "barrios hípster", especialmente donde la concentración espacial se acentúa. De forma similar a su comportamiento en el ámbito del consumo, los emprendedores neoartesanales en el ámbito urbano recuperan la lógica de la aldea urbana preindustrial como medio para construir una futura vida urbana auténtica, caracterizada por la sociabilidad, frente a la atomización y el vacío de las relaciones urbanas actuales. Sin embargo, como se ha observado repetidamente en los capítulos anteriores, la economía hípster es un fenómeno de nivel medio, lo que implica que los emprendedores neoartesanales tienen una capacidad de acción limitada. Interceptan, adoptan y manipulan disposiciones estéticas e imaginarios económicos que pueden influir, pero no los crean ni moldean principalmente. Las disposiciones estéticas y los imaginarios económicos son el resultado complejo de procesos históricos donde los actores a nivel macro tienen un papel predominante. Como tal, la economía hípster en los espacios urbanos constituye un punto de convergencia entre éstos impulsos: producto de las aspiraciones individuales de vivir en espacios urbanos auténticos, es, sin embargo, funcional a la explotación financiera corporativa. La lógica de la aldea en el escenario urbano contemporáneo es el resultado de discursos creativos de arriba hacia abajo promovidos por amplias coaliciones de actores a nivel macro y procesos de abajo hacia arriba, y éste proceso comenzó hace mucho tiempo. En 1992, el entonces Príncipe de Gales lanzó el "foro de aldeas urbanas" del Reino Unido para promover el nacimiento de nuevas aldeas urbanas. ¿Qué era una aldea urbana, según el foro? La definición dada fue la de un nuevo asentamiento de entre 3000 y 5000 personas, construido en terrenos verdes o industriales, "lo suficientemente pequeño como para crear una comunidad en el sentido estricto de la palabra: un grupo de personas que se apoyan mutuamente, pero lo suficientemente grande como para mantener una gama razonable de servicios. Caminar determina el tamaño: una caminata de 10 minutos de un lado a otro" (Huxford, 1998)" (Gerosa, pp. 98, 99). Su naturaleza nostálgica y "neotradicionalista" era explícita: el objetivo era recrear un tejido urbano compuesto por múltiples pequeñas aldeas, inspiradas en las primeras aldeas industriales, para contrarrestar la alienación de los suburbios contemporáneos. Como preguntó retóricamente el Príncipe de Gales al lanzar el proyecto: "¿Por qué si los entornos urbanos tradicionales funcionaron tan bien en el pasado, hoy parecemos incapaces de construir lugares con éstas mismas cualidades?" (Neal, 2003, p. 5). El modelo de la aldea urbana se inspiró en la crítica estadounidense al modernismo arquitectónico y al racionalismo, popularizada por Jane Jacobs en Death and Life of Great American Cities, y en el paradigma del "nuevo urbanismo", basado en los dos pilares de la construcción de comunidad y la sostenibilidad. La iniciativa del foro de aldeas urbanas nunca llegó a consolidarse, salvo en algunos casos, pero el Príncipe de Gales probablemente pueda atribuirse una victoria moral. La lógica de la aldea urbana se ha convertido en una fuerza importante. Los modelos de planificación que conciben una ciudad policéntrica, una "ciudad de barrios" (Jayne y Bell, 2017), sustituyeron en gran medida a los modelos que distinguían entre el centro de la ciudad y el desarrollo de las periferias. Nuevos modelos urbanos innovadores, como la "ciudad colaborativa", la "ciudad inteligente" y el "nuevo municipalismo", que idealmente ponen los principios de la economía colaborativa y el progreso tecnológico al servicio de la ciudadanía, sitúan la construcción de comunidades y la sostenibilidad en el centro de su agenda. La idea de una ciudad de 15 minutos, donde todos los habitantes puedan acceder a todos los servicios que necesitan en 15 minutos, ya sea a pie, en bicicleta o en servicio público, ha sido propuesta recientemente por múltiples actores y está siendo adoptada por un número creciente de administraciones municipales, como las de París y Milán. Éstos modelos de planificación combinan el atractivo nostálgico de los paisajes urbanos de antaño con el uso de soluciones y discursos altamente modernos, centrados en el bienestar de los habitantes. No afirmo que el foro de pueblos urbanos tenga los méritos para ésta escalada. Claramente, el elemento esencial para éste éxito fue la difusión de los discursos sobre ciudades, industrias y clases creativas, que se convirtieron en un modelo paradigmático de desarrollo urbano a partir del nuevo milenio (Gerosa, 2022), especialmente a través del famoso y controvertido libro The Rise od the Creative Class de Richard Florida (2002). Aplicando los principios de la teoría del crecimiento del capital humano a la creatividad y la ciudad contemporánea, se vinculó el desarrollo urbano con la capacidad de los barrios para atraer a la nueva clase media creativa (la categoría de referencia de la economía hípster). La idea del foro de pueblos urbanos es sólo un testimonio de que el mismo impulso para reorientar la atención de los urbanistas hacia el barrio y remodelarlo a imagen de un pueblo antiguo ideal ya existía, y surgió de antiguas demandas de recrear espacios urbanos auténticos. La iniciativa de Florida de clasificar las ciudades en una lista de desempeño de atractivo para los trabajadores creativos desencadenó una competencia global entre ciudades, e incluso barrios, por el posicionamiento de marca. Las ciudades contemporáneas se asemejan cada vez más a una serie de barrios ensamblados, cada uno buscando una marca distintiva. La existencia de los requisitos básicos para impulsar dicho proceso de posicionamiento de marca parece ser el nuevo factor diferenciador en el desarrollo urbano entre barrios prósperos y "dormitorio". Obviamente, a pesar de los nuevos y ambiciosos modelos de planificación, los suburbios más pobres siguen siendo en gran medida excluidos de éste nuevo horizonte de posibilidades. Dado que un ingrediente esencial en ésta competencia parece ser la presencia de un estilo de vida moderno, la promoción de la lógica de la aldea urbana moderna se ha convertido en una propiedad para los actores políticos locales y nacionales, deseosos de mejorar el posicionamiento de marca de su ciudad frente a sus competidores. Además, grandes coaliciones de inversores, banqueros y actores corporativos han respaldado aún más éstos procesos, buscando maneras de impulsar la hipertrófica economía financiera contemporánea a través de inversiones inmobiliarias. En la mayoría de los casos, ésto ocurre mediante un encuadre simbólico, pero a veces también ocurre literalmente: el barrio donde vivo actualmente en Birmingham se autodenomina "pueblo", al igual que algunos otros. A pesar de que éstas afirmaciones tienen cierto fundamento histórico (los barrios fueron pueblos antes de incorporarse a la ciudad de Birmingham), las zonas que se atribuyen éste estatus no oficial suelen ser las que tienen mayor fama de ser barrios de moda. Como comentó un usuario de Reddit cuando le pedí más información sobre ésta etiqueta de pueblo: "Si vives en un lugar que se autodenomina pueblo, lo siento, pero el precio de la cerveza está a punto de subir drásticamente". De hecho, la economía hípster integra la lógica del pueblo urbano en el ámbito del consumo. La red de tiendas pequeñas e independientes integradas en la comunidad local se asemeja a una versión idealizada del panorama comercial de los pueblos antiguos. El objetivo de la economía hípster de garantizar la experiencia de autenticidad a sus miembros (emprendedores o consumidores neoartesanales) es paralelo al objetivo más amplio de las aldeas urbanas de brindar una vida urbana auténtica a sus habitantes. Al fin y al cabo, la lógica de la aldea urbana comparte con la economía hípster su objetivo de ofrecer una supuesta "alternativa a la corriente dominante" (es decir, el antiguo paradigma urbano industrial y modernista predominante durante la era fordista), a la vez que es en sí misma un nuevo paradigma basado en nociones de autenticidad y distinción respecto a cualquier otro espacio urbano. Ambas son producto de la misma búsqueda de autenticidad en oposición a la alienación de la sociedad industrial fordista, contrastándola con el ámbito de consumo o el diseño urbano. Ambos paradigmas son fenómenos profundamente arraigados en la sociedad neoliberal, que vislumbran posibles caminos para superar sus fracasos. Finalmente, ambos comparten una ambigüedad intrínseca que los caracteriza desde sus orígenes. De hecho, el pensamiento de Jane Jacobs, que puede considerarse el fundamento intelectual de la lógica de la aldea, ya presenta ciertas tensiones al analizarse en su totalidad. En libros como The Economy of Cities y Cities and the Wealth of Nations, contribuyó decisivamente a introducir la idea de las ciudades como la fuente fundamental del crecimiento económico, destacando los discursos sobre la teoría del crecimiento endógeno, la ciudad creativa y la posterior teoría del capital creativo de Florida. Florida y Robert Lucas, por su parte, citaron el pensamiento de Jacobs como una influencia fundamental en sus obras. La lógica de la aldea urbana creó las condiciones para experiencias urbanas más auténticas y para la explotación neoliberal del tejido urbano mediante estrategias extremas de marca de lugar y competencia interbarrial. Al igual que el régimen estético moderno de consumo y el imaginario económico neoartesanal del consumo, la lógica de la aldea urbana se convirtió en un campo de batalla simbólico por la hegemonía entre los objetivos corporativos de acumulación y explotación de capital y los proyectos idealmente liberadores de los microempresarios y consumidores laboriosos. ¿Una aldea urbana para quién? Como se analizó previamente, dos de las externalidades negativas más graves generadas por la autenticidad como régimen estético de consumo son una nueva codificación de estilos y estéticas –que reemplaza la estandarización previa de los objetos de consumo- y la ampliación y apropiación cultural de las culturas de consumo popular. La lógica de la aldea, como prueba adicional de su estrecha relación con la economía hípster, se ha asociado con los mismos problemas, bajo la forma de la homogeneización cultural y gentrificación. Sharon Zukin, especialmente en Loft Living (1982) y Naked Cities (2010), ofreció análisis ejemplares del desarrollo y la complejidad de éstos fenómenos. Las premisas y objetivos generales de Zukin son, en cierto modo, similares –en mayor escala y profundidad- a los de éste libro. Su supuesto fundamental es que, en el capitalismo posindustrial emergente, la acumulación de capital depende cada vez más del consumo cultural y del mantra de la autenticidad. Por lo tanto, su análisis se centra en la interacción entre el estilo de vida de los individuos y los macroprocesos de acumulación de capital en la nueva configuración urbana, dominada por la antaño rebelde y ahora mercantilizada estrella polar de la autenticidad: "En Naked Cities, Zukin denuncia con insistencia las consecuencias paradójicas de la gentrificación y la homogeneización que se derivan del objetivo, aparentemente loable, de construir lugares urbanos auténticos. Sin embargo, las contradicciones inherentes a la economía urbana hípster y la lógica del pueblo ya se ilustran en Loft Living, publicado 28 años antes: En primer lugar, los cambios en el uso del espacio que prometen reconstruir una clase media urbana realmente repercuten en la conquista del núcleo de la ciudad para los usuarios de clase alta. En segundo lugar, la preservación histórica que los negocios locales aceptan para competir con los centros comerciales y las cadenas nacionales convierte todos los centros urbanos en versiones de Faneuil Hall. En tercer lugar, los proyectos de revitalización que reivindican su singularidad –debido a rasgos históricos o estéticos específicos- se convierten en una parodia de lo único (Zukin, 1982, p. 190). Los casi 30 años transcurridos entre Loft Living y Naked Cities son una prueba más del largo desarrollo histórico de un régimen de consumo estético moderno que mantuvo elementos comunes desde sus orígenes hasta su etapa de madurez. De hecho, éstos fenómenos anticiparon la realidad actual de las ciudades, desde Greenwich Village en Nueva York, que podría considerarse el precursor simbólico de todos los pueblos urbanos, hasta los barrios hípsters actuales, se produjo un ciclo aparentemente inquebrantable de procesos de gentrificación en el que los inversores inmobiliarios explotan el nuevo aura de lo cool de zonas específicas para desangrarlas desde dentro, construyendo viviendas residenciales de lujo para alimentar el capitalismo financiero y, con ello, expulsando primero a los habitantes migrantes y de clase trabajadora, y luego a la misma clase media creativa que desencadenó el proceso. La construcción de apartamentos de lujo no responde en gran medida a la demanda social, sino a una lógica financiera, en la que los bienes raíces se convierten en un activo. Éste proceso tiene un efecto dominó: la clase media moderna se reubica en otros barrios con características similares, lo que posteriormente desencadena el mismo proceso allí (en la ciudad de Nueva York, después de Greenwich Village, llegaron a Soho, Dumbo, NoLiTa, Williamsburg, etc.)" (Gerosa, pp. 101, 102).

Maya F. ©

Compilador: Armando Ossorio ©

XPOFERENS

 

"La primera es la más tradicionalmente productiva –en términos de ficción-, que alimenta injertos lingüísticos cada vez más vinculados a la combinación de violencia y sadismo, demostrando cómo el snuff se ha convertido en un contenido narrativo "maduro" en la ficción cinematográfica, como lo indican las clasificaciones derivadas de las numerosas películas que lo han utilizado como recurso narrativo (desde películas snuff hasta falsos snuff, desde snuff como falso documental hasta videodiarios falsos de asesinos en serie, desde meta-snuff hasta pseudo-snuff). La segunda es el nivel de mitología propagada por los medios, compuesta por noticias que alimentan leyendas urbanas con el tráfico de pedopornografía y vídeos de tortura y muerte intercambiados en línea por "vecinos inocentes". Por otro lado, ésas mismas comunidades atraídas por contenido definido por la mayoría como "mórbido" implementan prácticas y modos de consumo que divergen de lo que se considera aceptable. Las consecuencias afectan tanto a usuarios manipuladores como a espectadores comunes: ambas categorías se consideran peligrosas porque se desvían de las actitudes de represión/aislamiento que practica la mayoría de la población hacia la muerte y sus manifestaciones audiovisuales".

 

Nicolò Gallio.

"Muerte en directo, entre el cine y los medios digitales".

BONONIA UNIVERSITY PRESS, 2020.

 

"Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".

 

Bibliografía.

 

Guicciardini, Francesco. (2006) Historia de Florencia, 1378-1509. México: Fondo de Cultura Económica.

Billings, Lee. (2014) Cinco mil millones de años de soledad. La búsqueda de vida entre las estrellas. México: Ediciones Crítica.

Biedermann, Hans. (2013) Diccionario de símbolos. Barcelona: Ediciones Paidós.

Calvet Louis-Jean. (2001) Historia de la escritura. De Mesopotamia hasta nuestros días. Barcelona: Ediciones: Paidós.

Stewart, Ian. (2008) Historia de las matemáticas. Barcelona: Ediciones Crítica.

Eliade, Mircea. (2012) Tratado de la historia de las religiones: morfología y dialéctica de lo sagrado. España: Ediciones Cristiandad.

Eliade, Mircea. (2018) Lo sagrado y lo profano. Barcelona: Editorial Planeta.

Eliade, Mircea. (2010) Historia de las creencias y las ideas religiosas I: De la edad de piedra a los misterios de Eleusis. México: Editorial Paidós.

Eliade, Mircea. (2011) Historia de las creencias y las ideas religiosas II. México: Editorial Paidós.

Eliade, Mircea. (2011) Historia de las creencias y las ideas religiosas III: De Mahoma a la era de las reformas. España: Editorial Paidós.

Robles, Martha. (2000) Mujeres, mitos y diosas. México: Fondo de Cultura Económica.

Cotterell, Arthur. (2008) Mitos, diccionario de mitología universal. Barcelona: Editorial Ariel.

Armstrong, Karen. (2015) Campos de sangre. La religión y la historia de la violencia. España: Ediciones Paidós.

Kriwaczek, Paul. (2011) Babilonia. Mesopotamia: la mitad de la historia humana. Barcelona: Editorial Ariel.

Cline, Eric. (2016) 1177 a.C. El año en que la civilización se derrumbó. Barcelona: Ediciones Crítica.

Vernant, Jean-Pierre. (2011) Los orígenes del pensamiento griego. Madrid: Editorial Paidós Orígenes.

Harrison, Jane Ellen. (2013) Arte y ritual antiguos. México: Ediciones del Museo Nacional de Antropología.

Eco, Umberto. (2010) Historia de la belleza. Barcelona: Ediciones: Random House Mondadori, S. A.

Heather, Peter. (2011) La caída del imperio romano. Barcelona: Ediciones Crítica.

Toner, Jerry. (2012) Setenta millones de romanos. La cultura del pueblo en la antigua Roma. Barcelona: Editorial Crítica.

B. Krebs, Christopher. (2011) El libro más peligroso. La Germania de Tácito, del Imperio Romano al Tercer Reich. Barcelona: Editorial Crítica.

Pirenne, Henry. (2012) Historia de Europa. Desde las invasiones hasta el siglo XV. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Manacorda, Mario. (2003) Historia de la Educación 2. De la antigüedad al 1500. México: Ediciones Siglo Veintiuno Editores.

McGlynn, Sean. (2009) A hierro y fuego. Las Atrocidades de la Guerra en la Edad Media. Barcelona: Editorial Crítica.

Tyerman, Christopher. (2007) Las guerras de Dios: Una nueva historia de las cruzadas. Barcelona: Editorial Crítica.

Maalouf, Amin. (2012) La cruzada vista por los árabes. Madrid: Ediciones Alianza Editorial.

Bartlett W.C. (2006) Los asesinos. Barcelona: Editorial Crítica.

Hoge, Jr, James F; Rose, Gideon. (2002) ¿Por qué sucedió? El terrorismo y la nueva guerra. Barcelona: Ediciones Paidós.

Meiksins Wood, Ellen. (2011) De ciudadanos a señores feudales. Historia social del pensamiento político desde la Antigüedad a la Edad Media. Madrid: Editorial Paidós.

Herrin, Judith. (2000) Miscelánea medieval. Barcelona: Ediciones Grijalbo Mondadori, S. A.

Varios. (2005) Las órdenes militares en la Europa medieval. España: Lunwerg Editores.

Castelfranchi, Liana. (2005) Esplendor oculto de la Edad Media. Italia: Lunwerg Editores.

Augias, Corrado. (2011) Los secretos del vaticano. Luces y sombras de la historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Crítica.

Gray, John. (2008) Misa negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía. Barcelona: Ediciones Paidós.

Cohen, Esther. (2013) Con el diablo en el cuerpo. Filósofos y brujas en el renacimiento. México: Editorial Taurus.

Cotterell, Arthur. (1984) Historia de las civilizaciones antiguas. Europa, América, China, India. Barcelona: Editorial Crítica.

Postgate, Nicholas. (1999) La Mesopotamia arcaica. Madrid: Editorial AKAL.

Johnson Paul. (1999) La historia de Egipto. Argentina: Ediciones B Argentina, S.A.

Molina, Manuel. (2000) La ley más antigua: textos legales sumerios. España: Editorial Trotta.

David, Rosalie. (2004) Religión y magia en el Antiguo Egipto. Barcelona: Editorial Crítica.

Marino, Ruggero. (2005) Cristóbal Colón. El último de los templarios. Barcelona: Ediciones Obelisco.

Frau Abrines, Lorenzo. (2010) Diccionario enciclopédico abreviado de la masonería. México: Editorial Herbasa.

Blaschke Jorge; Río Santiago. (2010) La verdadera historia de los masones. México: Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.

Ferrer Benimeli, José Antonio. (1996) La masonería en la España del Siglo XX. España: Ediciones Universidad de Castilla la Mancha.

Johnson, Paul. (2010) La historia del cristianismo. Barcelona: Ediciones B.S.A.

Harris, Marvin. (2011) Caníbales y reyes. Los orígenes de las culturas. Madrid: Alianza Editorial.

Harris, Marvin. (2011) Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura. Madrid: Alianza Editorial. 

Tiramonti, Guillermina; Ziegler, Sandra. (2008) La educación de las elites. Aspiraciones, estrategias y oportunidades. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Varios. (1768) Retrato de los jesuitas, formado al natural, por los más sabios, y más ilustres católicos. Juicio hecho de los jesuitas. Autorizado con auténticos e innegables testimonios, por los mayores y más esclarecidos hombres de la iglesia y del estado: desde el año de 1540, en que fue su fundación, hasta el de 1650. Madrid.

Aguaviva, Claudio. (1845) Mónita secreta de los jesuitas o instrucciones reservadas de los padres de la Compañía de Jesús. Madrid. Imprenta de la gaceta mercantil.

Katz, Friedrich. (1981) La guerra secreta en México. Europa, Estados Unidos y la Revolución mexicana. México: Ediciones Era.

Ricard, Robert. (1986) La conquista espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Díaz del Castillo, Bernal. (1987) La historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México: Editorial OCÉANO.

Ferrer Benimeli, José Antonio (1996) La masonería en la España del Siglo XX. España: Ediciones Universidad de Castilla la Mancha.

Touraine, Alain. (1997) ¿Podremos vivir juntos? México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Lafaye, Jacques. (1997) Mesías, cruzadas, utopías. El judeo-cristianismo en las sociedades iberoamericanas. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Boorstin, Daniel J. (1997) Compendio histórico de los Estados Unidos. Un recorrido por sus documentos fundamentales. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Bales, Kevin. (2000) La nueva esclavitud en la economía global. Madrid: Siglo Veintiuno Editores.

Ferro, Marc. (2000) La colonización. Una historia global. Madrid: Siglo Veintiuno Editores.

Klein, Naomi. (2000) No Logo. Barcelona: Editorial Paidós.Foucault, Michel. (2000) Los anormales. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Torres, Jurjo. (2001) Educación en tiempos de neoliberalismo. Madrid: Ediciones Morata.

O´Neil, Charles E.; Domínguez, Joaquín María. (2001) Diccionario histórico de la Compañía de Jesús. Madrid: Editorial Universidad Pontifica Comillas.

Goñi, Uki. (2002) La auténtica Odessa. La fuga nazi a la Argentina de Perón. España: Ediciones Paidós.

González Ruiz. (2002) Los Abascal, conservadores a ultranza. México: Editorial Grijalbo.

Giroux, Henry. (2003) La inocencia robada. Juventud, multinacionales y política cultural. Madrid: Ediciones Morata.

Giroux, Henry. (2003) La escuela y la lucha por la ciudadanía. México: Ediciones Siglo Veintiuno Editores.

Gellately, Robert. (2004) La Gestapo y la sociedad alemana. La política racial nazi (1933-1945) España: Ediciones Paidós.

Marino, Ruggero. (2005) Cristóbal Colón. El último de los templarios. Barcelona: Ediciones Obelisco.

Washington Valdez, Diana. (2005) Cosecha de mujeres. Safari en el desierto mexicano.  México: Editorial OCEANO.

Hoyo, Eugenio. (2005) Historia del Nuevo Reino de León (1577-1723). Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León.

Ciccotti Ettore. (2005) La esclavitud en Grecia, Roma y el mundo cristiano. Barcelona: Editorial Reditar libros.

Koonz, Claudia. (2005) La conciencia nazi, la formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich. España: Ediciones Paidós.

Varela, Consuelo (2005). Cristóbal Colón. De corsario a almirante. España: Lunwerg Editores.

Wright, Jonathan. (2005) Los jesuitas. Una historia de los "soldados" de Dios. México: Editorial Debate.

Torres, Jurjo. (2005) El curriculum oculto. Madrid: Ediciones Morata.

Rodríguez, Esteban David. (2005) Derecho de sangre. Historias familiares del poder público en México. México: Editorial Random House Mondadori.

Garrido Genovés, Vicente; López Lucio, Patricia. (2006) El rastro del asesino. El perfil psicológico de los criminales en la investigación policial. Barcelona: Editorial Planeta, S.A.

Wachtel, Nathan. (2007) La fe del recuerdo. Laberintos marranos. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Flavio Josefo. (2008) La guerra de los judíos. España: Editorial GREDOS.

Babeuf, Gracchus. (2008) El sistema de despoblación: genocidio y revolución francesa. Madrid: Ediciones de la Torre.

Meyer, Jean. (2008) La cruzada por México. Los católicos de Estados Unidos y la cuestión religiosa en México. México: Tusquets Editores.Kenneth Turner, John. (2008) México Bárbaro. México: Ediciones Colofón, S.A.

Aryeh Coffman (2009) En Yaacob. Las enseñanzas del Talmud. México: Editorial Jerusalem de México.

Paredes, Luis. (2009) Los secretos del Yunque. Historia de una conspiración contra el estado mexicano. México: Editorial Grijalbo.

Frau Abrines, Lorenzo (2010) Diccionario enciclopédico abreviado de la masonería. México: Editorial Herbasa.

Blaschke Jorge; Río Santiago (2010) La verdadera historia de los masones. México: Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.

Alsina, Claudi (2010) Asesinos matemáticos: una colección de errores que serían divertidos sino fuesen tan frecuentes. Barcelona: Editorial Ariel.

Johnson, Paul. (2010) La historia de los judíos. Barcelona: Ediciones B.S.A.

Johnson, Paul. (2010) La historia del cristianismo. Barcelona: Ediciones B.S.A.

De la Corte Ibáñez, Luis; Giménez-Salinas Framis, Andrea. (2010) Crimen org. Evolución y claves de la delincuencia organizada. Bacerlona: Editorial Planeta, S.A.

Cedillo, Juan Alberto. (2010) Los nazis en México. La operación pastorius y nuevas revelaciones de la infiltración al sistema político mexicano. México: Ediciones Random House Mondadori.

Cacho, Lydia. (2010) Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata de mujeres y niñas en el mundo. México: Editorial Grijalbo.

Yoshiaki, Yoshimi. (2010) Esclavas sexuales. La esclavitud sexual durante el imperio japonés. Barcelona: Ediciones B.

Vernant, Jean-Pierre (2011) Los orígenes del pensamiento griego. Madrid: Editorial Paidós Orígenes.

Harris, Marvin. (2011) Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura. Madrid: Alianza Editorial.

Ramos Soriano, José Abel. (2011) Los delincuentes de papel. Inquisición y libros en la Nueva España. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Malló, Oriol. (2011) El cártel español. Historia crítica de la reconquista económica de México y América Latina. Madrid: Ediciones Akal.

Vernant, Jean-Pierre (2011) Los orígenes del pensamiento griego. Madrid: Editorial Paidós Orígenes.

Sand, Shlomo. (2011) La invención del pueblo judío. Madrid: Editorial AKAL.

León-Portilla, Miguel; Silva Galeana, Librado. (2011) Huehuetlahtolli. Testimonios de la antigua palabra, Recogidos por fray Andrés de Olmos. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Stiglitz, Joseph. (2012) El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Madrid: Editorial Taurus.

Meyer, Jean. (2012) La fábula del crimen ritual. El antisemitismo europeo (1880-1914) México: Editorial Tusquets.

Suárez, Luis. (2012) La expulsión de los judíos. Un problema europeo. Barcelona: Editorial Ariel.

Duverger, Christian. (2012) Crónica de la eternidad. ¿Quién escribió la historia verdadera de la conquista de la Nueva España? México: Ediciones Taurus.

Garrido, Vicente. (2012) Perfiles criminales. Un recorrido por el lado oscuro del ser humano. Barcelona: Editorial Planeta S.A.

Florescano, Enrique. (2012) Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica. México: Ediciones Taurus.

Cohen, Esther. (2013) Con el diablo en el cuerpo. Filósofos y brujas en el renacimiento. México: Editorial Taurus.

Sand, Shlomo. (2013) La invención de la tierra de Israel. Madrid: Editorial AKAL.

Camarasa, Jorge; Basso Prieto, Carlos. (2014) América nazi. México: Ediciones Prisa.

Darnton, Robert (2014) El diablo en el agua bendita o el arte de la calumnia, de Luis XIV a Napoleón. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Darnton, Robert (2014) Los best sellers prohibidos en Francia antes de la revolución. México: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

Asín Fernández, Enrique (1998): La política en las olimpiadas de Berlín 1936 (artículo en linea). Centre dÉstudis Olímpics UAB (Consultado el 18 de mayo de 2020) http://olympicstudies.uab.es/pdf/wp080_spa.pdf

Norio, E. (2021), “Why are tourist resorts attractive for transnational crime? The case of the Mayan Riviera”, Tourism Critiques, Vol. 2 No. 1, pp. 38-73. https://doi.org/10.1108/TRC-10-2020-0019

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La deconstrucción pedófila.

Kaewalin Winotaphan. ICE SIAM DREAM © I don’t like the drugs But the drugs like me. あかがか゚さざただなはばぱま   En la Biblia, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis representan la Gloria (Caballo Blanco y el Arco), la Guerra (Caballo Rojo y la Espada), el Hambre (Caballo Negro y la Balanza) y la Muerte (Caballo Bayo). En Grecia el trinomio de la Guerra (Peloponeso), el Hambre (Atenas) y la Peste (Atenas), los castigos aplicados por el Padre Zeus. En la Edad Media el Hambre (la supresión de la Orden del Temple y las quiebras bancarias italianas 1300-1345), la Guerra de los Cien Años (1337-1453) y la Peste Negra (1347-1353). En el siglo XX, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Gripe H1N1 (1918-1920: “Bronquitis Purulenta” en Francia, “Fiebre de las Moscas de Arena” en Italia, “Gripe Española” en España, “Fiebre de Flandes” en Alemania) y la Gran Depresión de 1929. En el siglo XXI, la Crisis Económica Internacional y el Estrés Hipotecario 2008-2023: Leh...

El gran reemplazo.

Foto: Chris Parfitt. CC BY 2.0 La sociedad informacional. Manuel Castells en La era de la información. La sociedad Red (2006), hace un recorrido de las tecnologías modernas de la información y la comunicación: la invención del teléfono de Graham Bell en 1876; la radio de Marconi en 1898; el tubo de vacío de De Forest en 1906; la primera computadora alemana Z-3 para cálculos de aviación en 1941; la computadora británica Colossus que descifraba los códigos enemigos en 1943; el primer ordenador programable ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Calculator) de Mauchly y Eckert de 30 toneladas, dos metros y medio de altura, 70.000 resistores y 18.000 tubos de vacío bajo patrocinio del ejército estadounidense en la Universidad de Pensilvania en 1946; el transistor de Badeen, Brattain y Shockley para procesar los impulsos eléctricos a un ritmo más rápido en un modo binario de interrupción, llamados semiconductores o "chips" formados por millones de transistores de los L...

Iniciados para principiantes.

    Foto: Nevit Dilmen. CC BY-SA 3.0 El arte de las musas. La latina MYSTERIVM del griego MYSTÉRION “secreto”, “misterio”, “ceremonia para iniciados”, MYSTICVS de MYSTIKÓS “relativo a los misterios religiosos”, de la raíz MÝSTES “el que cierra los ojos”, “el que cierra la boca”, “el que guarda un secreto”, “el iniciado”. La U es una invención sumeria , los kemitas usaban la W(ou) “pequeña codorniz estilizada” y los latinos la V, pronunciada como W(ou): MYSTERIOUM . Los griegos pronunciaban la Y como U, los latinos como I: MUSTERION . Atribuida por los filólogos a la raíz MU o MUS: MÚSTES “iniciado” MUSTIKÓS “místico”. Palabras de origen mesopotámico. El sumerio MU “mi”, kemita MW(ou) “semen”, griego MU “agua”. El sumerio MÙŠ “rostro, facciones, apariencia”, MUŠ “serpiente”, IGI MUŠ “ojo de serpiente”, MUŠ HUŠ “serpiente dragón”, agadio MUŠH “serpiente” : “Y podemos constatar que la doble denominación del iniciado, Μύστης/Επόπτης , tal como lo denomina brillantemen...

Simpatía por el diablo.

Micronomel © Armageddon. N ﺱ N ﻖ N ش N ﺱ N ﻖ N ﻖ N N ★ N ★ N ★ N ★ N ★ N   El profeta iranio Zoroastro (1500-1200 a.C.) fue el primero en concebir la vida humana como una batalla entre los hijos de la luz y de las tinieblas con el triunfo final de la luz, tesis que sobrevivió en el judaísmo, el judeocristianismo y el islam. El judeocristianismo era judío, apocalíptico, escatológico, milenario y comunitario. Pablo de Tarso convirtió la salvación comunitaria en universal, imperial y personal, despojada de la ciudadanía activa por la caída de la gracia: “He aquí que por un solo hombre el pecado entró al mundo y por el pecado la muerte, y de este modo la muerte pasó a todos los hombres por el hecho de que todos han pecado (…) Así como la falta de un solo hombre ha arrastrado a todos los hombres a la condenación (…)” (Romanos 5, 12-18). Agustín de Hipona en una confesión privada del Estado laico con la separación de las dos ciudades por la caída de la gracia: “Dad al César lo que ...

Comedia para Principiantes.

Kaiho © Le Drame & Le Théâtre. ΑΒΓΔΕΖΗΘΙΚΛΜΝΞΟΠΡΣΤ La religión es una imitación de las fuerzas de la naturaleza que hacen sentir al hombre la impotencia del destino: el teatro griego, la filosofía griega, la pintura, la danza y la poesía son hijas de la religión. Jane Ellen Harrison en Arte y ritual antiguos (INAH, 2013), la griega MIMESIS “el acto, lo hecho” por un MIME que actuaba en una pantomima o drama primitivo. La palabra para los ritos, las cosas hechas y las pantomimas era DRAMA “lo hecho”, de DROMENON “lo hecho”. La pantomima, la danza y el teatro eran para actuarse, no para observarse. Aristóteles distingue que los mimos no imitan a los hombres, sino las acciones de los hombres. El drama es la imitación de los hombres que obran . La Pasión de Cristo tiene antecedente en la Pasión de Osiris que se representaba cada año en Abydos . El sufrimiento, la muerte y la resurrección del dios del Vino que muere en Verano para vivir de nuevo en Primavera. El Gran Magistrado del...

El Anticristo.

  El Superhombre. NNNNNNNN John Gray en "Misa Negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía" (PAIDÓS, 2008) ubica las condiciones ideológicas de los Hermanos del Libre Espíritu o de la Libertad Espiritual. Entre los siglos XI y XVI, diversos movimientos inspirados por creencias milenaristas se desarrollaron en Inglaterra, Bohemia, Francia, Italia, Alemania, España y otras partes de Europa. Las personas a las que atraían podían haberse visto afectadas por la guerra, la peste o la penuria económica, pero, en general, dichos movimientos proliferaban especialmente entre aquellos colectivos que se sentían inmersos en una sociedad que ya no eran capaces de reconocer y con la que no podían identificarse. El más extraordinario de aquellos grupos fue el de los Hermanos del Libre Espíritu, una red de adeptos y discípulos que se extendió por amplias áreas de Europa y a lo largo de varios siglos. Posiblemente, la del Libre Espíritu no fue únicamente una herejía cristiana. Los ...

Satanismo para principiantes.

Autor: Elena Tkachenlo. CC BY-SA 4.0 El Libro de Enki. אבגדהוזחטיךכלםמןנסעףפץצקרשתװױ El Libro de Enoc es en realidad una colección de textos conocidos como Libros de Henoc en el período III a.C.-VI d.C. El corpus compuesto por el Libro Etiópico de Henoc (Henoc 1), El Libro Eslavo de Henoc (Henoc 2), El Libro Hebreo de Henoc o Sefer Hekalot “Palacios Celestiales” (Henoc 3), los fragmentos arameos y coptos de Henoc del siglo VII y VIII (basados en Henoc 1). ¿Dónde surge el nombre Henoc? Los hebreos hacen descender el nombre de la raíz hebrea חנך hnk “dedicar” o hanikim “dedicar, celebrar, vasallo” en Gn 14, Dt 20:5, 1Re 8:63 y 2Crón 7:5. No comparto la raíz hebrea, la kemita HN “hierba” y K “duna” producen Heneke “hierba de la duna”, pero si al final agregas una T “torta”, produce la cerveza HNKT (Heineken). Las palabras kemitas que terminan con T son femeninas, torta es el equivalente de “pan” y duna de “pecho”: hitita PEDA “lugar”, latín OPPIDA “colina, meseta”, nipón OPPAI “t...

Barbie para principiantes.

SRMG © Barbie & Bárbaro . N ▲ N ▲ N ▲ N ▲ N ▲ N ▲ N El profesor de Pensamiento Europeo de la London School of Economics, John Gray, en “Misa negra: La religión apocalíptica y la muerte de la utopía” (PAIDÓS, 2008) remonta a Aristóteles la creencia de que los seres humanos se hallan divididos en grupos diferenciados y dotados de desiguales habilidades innatas. El filósofo defendía la esclavitud sobre la base de que algunas personas han nacido para ser esclavas. Para Aristóteles, la jerarquía social no era producto del poder y la convención, como argumentaban los sofistas de la antigua Grecia. Todo ser viviente tenía una finalidad que dictaba lo que en él debía florecer. A diferencia del relato de Barbie (Warner Bros, 2023) de Greta Gerwig, el fin natural de la humanidad era la indagación filosófica, pero sólo un reducido número de seres humanos -griegos, propietarios y de sexo masculino- estaban hechos para tal actividad, mientras que la inmensa mayoría de las personas –mujeres, ...

Pedonomics Vol. 2

Gluttonouslop © #PedoNiveles.  あかがか゚さざただなはばぱまぱ   El Proyecto COmbating Paedophile Information Networks in Europe o “COPINE” (1997) fue desarrollado por el profesor Max Taylor y la profesora Rachel O´Connell del Departamento de Psicología de la Universidad de Cork en Irlanda. Usaron una colección de pornografía infantil en Internet (70,000 imágenes) para rastrear a los pedófilos. La información fue usada por la Policía de Irlanda (GARDAÍ), la Unidad de Pedófilos de Scotland Yard y la INTERPOL. La Escala COPINE (1997) fue desarrollada con la finalidad de categorizar la gravedad de las imágenes de abuso sexual infantil. La Escala está dividida en 10 niveles según la gravedad de la victimización del menor. El nivel 1 es el menos grave y el 10, el de mayor gravedad. La colaboración de la Unidad de Pedofilia de la Policía Metropolitana de Londres la convirtió en una tipología. El Panel Asesor de Sentencias (2002) en Inglaterra y Gales aconsejó al Tribunal de Apelación sobre delitos...

Los Cuentos Grotescos.

Junk © La Cenicienta.   ♛♛♛♛♛♛♛♛♛♛♛♛♛♛ Concepción Torres Begines en “Cenicienta: de lo oral a lo transmedia” (UNIVERSIDAD DE MÁLAGA, 2015), hace alusión a las frecuentes escenas de canibalismo, amputación e incesto que pueblan las versiones clásicas de los cuentos infantiles, en su origen el género estaba dedicado a las personas adultas, a los iletrados campesinos que a través de estas historias aprendían sobre los principales peligros a los que debían hacer frente. La historia de la muchacha relegada por su familia para encargarse de las tareas más bajas es una de las más conocidas: Cenicienta, Ventafocs, Cendrillon, Cincenta, Cerentola, Cinderella, Askungen, Popelka, Zólushka, Tuhkimo, Errauskine. En China la historia de Yeh Shen (“Pies de Loto”), desarrollada a finales del siglo III a.C., y recogida por Duan Chengshi en el siglo IX de una versión que escuchó a su sirviente, natural de Nanning. Aparecen referencias propias de la cultura china, como la poligamia del padre, la reen...