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American Psycho.

Amit Shimoni ©

American Psycho.

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John Thompson en "Señales sutiles: Descubriendo el significado moral de American Psycho de Bret Easton Ellis" (HARVARD, 2020), identifica que American Psycho presenta al lector a su joven, extravagantemente rico, altamente educado e intensamente atractivo narrador, Patrick Bateman. A lo largo de la novela, Bateman narra su vida como banquero de Wall Street en la ciudad de Nueva York a finales de los años 80. Bateman le revela al lector sus pensamientos, sentimientos y acciones en todo, desde la alta cocina y la moda hasta sus rutinas de ejercicio y gustos musicales. En resumen, American Psycho ofrece un acceso sin tapujos a Bateman mientras vive la vida de una élite cultural de finales de los 80. Lo que hace interesante la narración de Bateman es su doble identidad como un asesino en serie impenitente y voraz que, a lo largo de la narrativa, comete alrededor de cien asesinatos (American Psycho, 352). American Psycho forma parte de un género denominado "Género de Asesinos en Serie". Según Jean Murley, éste género se desarrolló a finales del siglo XX debido a la fascinación de la sociedad por el llamado "asesino en serie". Como señala Peter Vronsky, el término "asesino en serie" había sido acuñado una década antes por el agente de la Unidad de Comportamiento del FBI, Robert Ressler, durante un discurso pronunciado en 1974 en la Academia Británica de Policía en Bramshill, Inglaterra. Vronsky señala que, durante el discurso, tras escuchar descripciones de patrones de crímenes violentos, Ressler declaró que los crímenes sonaban similares a las "aventuras en serie", que se referían a cortometrajes episódicos proyectados en los cines durante las décadas de 1930 y 1940 (328). Ressler argumentaba que los asesinatos consumados por éstos criminales aumentaban cada vez más el deseo de cometer un asesinato más perfecto que reflejara su fantasía ideal. En lugar de sentirse "satisfechos" con sus crímenes, los asesinos se ven inmersos en un ciclo serial interminable. Ressler recordaba de su juventud que ningún episodio tenía una conclusión satisfactoria y que el final de cada uno aumentaba, en lugar de disminuir, la tensión del espectador. De igual manera, Ressler creía que el desenlace de cada asesinato aumenta la tensión y el deseo de un asesino en serie de cometer un asesinato más perfecto en el futuro, uno más cercano a su fantasía ideal. En lugar de sentirse satisfechos con el asesinato, concluyó Ressler, los asesinos en serie se ven incitados a repetir sus asesinatos en un ciclo "en serie" interminable (Vronsky 328-329). El relato de Vronsky sobre el discurso de Ressler de 1974 proporciona la génesis del concepto de asesino en serie, que tendría un fuerte impacto cultural. Mark Seltzer, sociólogo y destacado experto en asesinos en serie y cultura, identificó el impacto cultural de la etiqueta de Ressler como "convertir la figura del asesino en serie en una de las superestrellas de nuestra cultura" (2). Según Seltzer, la fama de éstos asesinos condujo directamente a la creación de asesinos villanos ficticios como Hannibal Lecter de Thomas Harris y James Gumb en su novela El silencio de los inocentes (ambas basadas en el asesino Ed Gein) y Andrew Compton y Jay Byrne de Poppy Z. Brite en Cadáver exquisito (basada en el asesino en serie británico Dennis Nilsen y el asesino en serie estadounidense Jeffrey Dahmer). Junto a éstos asesinos ficticios en éste nuevo género de novelas se encontraban una multitud de detectives y agentes de la ley como Kay Scarpetta de Patricia Cornwell, Alex Cross de James Patterson, Lincoln Rhyme de Jeffery Deaver y Alex Delaware de Jonathan Kellerman, por mencionar sólo algunos. La característica común de todas éstas novelas es la estructura de los detectives-héroes que siguen pistas e investigan los cuerpos de las víctimas para detener el asesinato y el caos de los asesinos. Éste tipo de narrativa ha tenido un éxito rotundo en la cultura occidental, lo que llevó a Seltzer a declarar que "el subgénero de los asesinos en serie ha reemplazado en gran medida al Western como el género de ficción más popular sobre el cuerpo y la violencia corporal en la cultura estadounidense" (1). Para descubrir el significado de American Psycho, la novela debe leerse en el contexto del corpus más amplio de novelas sobre asesinos en serie. Para éstas novelas dentro de éste género, el asesino en serie es, en la mayoría de los casos, una aberración del orden social normal. Como aberración, el propósito del asesino en serie, según Sonja Allue, es "permitir al lector localizar la violencia en el trastorno del asesino, en lugar de en nosotros mismos o en el orden social" (11). De ésta manera, el asesino simboliza la negación pública de la violencia. Las narrativas sobre asesinos en serie son tranquilizadoras porque, al final, el asesino, la única fuente de violencia social disruptiva, es detenido. En una narrativa sobre asesinos en serie, el asesino en serie "malo" debe ser capturado para obtener una resolución satisfactoria. Matar al asesino en serie, según Carla Freccero, "hace desaparecer el problema de la violencia" (Freccero, 48). En Psycho Paths: Rastreando al asesino en serie a través del cine la ficción estadounidense contemporáneos, Philip Simpson destaca El silencio de los inocentes de Thomas Harris y sus dos asesinos en serie –Hannibal Lecter y James Gumb (también conocido como Buffalo Bill)- como el origen del género de los asesinos en serie. Según Simpson, El silencio de los inocentes ilustra a la perfección las convenciones del género: la violencia repetitiva perpetrada por el asesino monstruoso y socialmente aberrante, al que el inteligente detective (o, en éste caso, agente del FBI) persigue en el entorno gótico, con quien el lector se identifica. Simpson señala que en el desarrollo de la trama de cualquier novela sobre asesinos en serie, el lector se enfrenta a la violencia como parte de un juego intelectual a medida que el detective se acerca al monstruo antes de vencerlo finalmente, eliminando así la amenaza de la historia (70-74). En El silencio de los inocentes, por ejemplo, la historia se centra en la búsqueda que la agente del FBI Clarice Starling realiza de James Gumb para impedir que secuestre, asesine y despelleje a sus víctimas femeninas. Harris va más allá, argumenta Simpson, utilizando el personaje de Hannibal Lecter para destacar el carácter intelectual de ésta búsqueda. Lecter, un asesino en serie capturado y encarcelado, actúa como abogado del diablo/instigador juguetón de la desesperada búsqueda de Starling por el asesino trastornado. Simpson concluye insinuando que éste tipo de historia refleja la fascinación cultural por los asesinos en serie reales, al transformar la violencia y el asesinato en una forma de estética que, en el peor de los casos, puede considerarse puro entretenimiento y, en el mejor de los casos, comodidad social al eliminar una amenaza (Simpson 70-83). Como señala Isabel Santaularia, ésta forma de ficción –en la que el detective heroico utiliza la ciencia, la tecnología o una posición de superioridad moral para detener al asesino en serie subversivo y, así, reestablecer el orden- tiene el interesante efecto de "refrenar el statu quo". Un "cuco" funcional, el asesino en serie como agente de la destrucción de la sociedad, genera una respuesta de miedo y, por lo tanto, activa la intervención de agentes autorizados que actúan en nombre de la sociedad para regular o detener el elemento destructivo. Incluso, cuando ésto no funciona, la sociedad y sus características siempre se presentan como algo que vale la pena salvar. En otras palabras, la figura del asesino en serie es la amenaza para desestabilizar la sociedad y requiere un heroico restablecimiento del orden social por parte de un agente de las fuerzas del orden. En definitiva, observa Santaularia, ésta dinámica sorprendentemente "articula un discurso socialmente conservador" (66). En otras palabras, una convención de la novela de asesinos en serie es la promoción del orden y la estabilidad del statu quo. Si las críticas anteriores están en lo cierto, entonces debe reconsiderarse la afirmación de que American Psycho encaja en el género de asesinos en serie debido a la ausencia del elemento correctivo (por ejemplo, el detective heroico) para el asesino aberrante: "En pocas palabras, American Psycho no sigue las convenciones principales del género de asesinos en serie. En cambio, la novela termina sin que Patrick Bateman reciba ningún tipo de castigo (ni siquiera reconocimiento de otros personajes) por sus crímenes; un hecho que llevó a la primera ola de críticos, como Norman Mailer, a declarar que la novela carecía de un marco moral… En otras palabras, American Psycho, aunque contiene el elemento del personaje de un asesino en serie, es algo más que una novela de asesinos en serie. La novela en sí parece consciente de su conexión con la fascinación cultural por los asesinos en serie –la génesis, según Seltzer, de la creación del género de asesinos en serie-, ya que tanto asesinos ficticios como no ficticios aparecen en la narrativa. Por lo tanto, sería justo asumir que Ellis es consciente de la trama básica de la eliminación del asesino. La aparente consciencia de Ellis sobre las convenciones del género y su decisión intencional de romperlas llevan al lector perspicaz a preguntarse por qué. ¿Por qué Ellis decide evitar el castigo o la eliminación de Bateman y su violencia de la narrativa, en una especie de limpieza moral? Parece que la razón por la que Ellis evita eliminar la existencia de Bateman y la violencia que comete al restablecer el orden social es que se niega a ofrecer al lector la resolución ordenada que se encuentra en la narrativa cerrada de las novelas tradicionales sobre asesinos en serie. Ellis traslada ésta responsabilidad, la del juicio moral, al lector… Es decir, la violencia existe para confrontar y provocar al lector a encontrar un significado que el libro en sí, a diferencia del género de asesinos en serie, se niega a proporcionar. American Psycho comienza con las palabras "ABANDONAD TODA ESPERANZA, LOS QUE ENTRÁIS AQUÍ" y sus palabras finales son "ÉSTA NO ES UNA SALIDA" (Thompson, pp. 20, 21). La falta de resolución moral en American Psycho, especialmente si se compara con la convención habitual del género de asesinos en serie para proporcionar una resolución moral, plantea una pregunta inquietante: ¿carece la novela de significado moral? ¿Es la novela simplemente un espectáculo de violencia gratuita a manos de un asesino en serie impenitente, irredento e impune? Si éstas preguntas se responden afirmativamente, entonces los críticos acérrimos de la primera ola de reacciones críticas a la novela siempre tuvieron razón, y los críticos posteriores que buscaron significado en la novela se equivocaron. Sin embargo, como especialmente la cuarta ola de críticos ha intentado demostrar, la novela sí tiene significado moral. En otras palabras, American Psycho es una novela única, protagonizada por un asesino en serie, que se ajusta y se desvía del género de asesinos en serie. La defensa de ésta afirmación debe basarse en elementos internos del propio texto. De lo contrario, cualquier defensa del mensaje moral de American Psycho parecería arbitraria. Muchos críticos de la cuarta ola han intentado fundamentar su afirmación de que American Psycho tiene valor moral en elementos literarios clave del texto (por ejemplo, el estilo narrativo repetitivo, la violencia en sí, la postura de Bateman frente a la sociedad de la novela, etc.). Sin embargo, su defensa, considerada en su totalidad, es incompleta, ya que muchos puntos clave del texto permanecen sin explorar. Éstos puntos clave proporcionan guías o pistas clave para que cualquier lector de American Psycho descubra el significado moral del texto. Sin embargo, ésto tiene un alcance limitado, ya que, el lector, en última instancia, debe salvar la brecha interpretativa final entre American Psycho y un mensaje moral con su propio marco interpretativo. Para comprender cómo se puede lograr éste tipo de lectura y sentar las bases de mi propio análisis literario, en ésta sección exploraré un tipo de metodología centrada en el lector: un método de análisis "conversacional". Éste tipo de análisis ha encontrado una sólida base en el trabajo de la autodenominada "Escuela Cognitivista" de análisis literario, como se encuentra en las obras de Ansgar y Vera Nunning, Greta Olson y Bruno Zwerk. El análisis cognitivista se centra en el lector como el locus del significado; si bien se trata de un lector que mantiene una profunda conversación con el texto y el autor y que depende de ellos. En otras palabras, ésta metodología, si bien privilegia una interpretación basada en el lector sobre la basada en el autor, se ve limitada por las limitaciones textuales (es decir, requiere evidencia textual como fundamento de cualquier afirmación). En la teoría literaria contemporánea, el lector como lugar de significado ha eclipsado al autor y al texto como creadores de significado. Éste eclipse suele atribuirse al ensayo de Roland Barthes, La muerte del autor (1959). En dicho ensayo, Barthes aboga por una reorientación de la crítica literaria, alejándose del autor y de la disciplina penetrante de descubrir el significado del texto, hacia una multiplicidad de análisis textuales centrados en el lector. Según Barthes, "El autor nunca es nada más que el hombre que escribe" (144). La eliminación "liberadora" de la primacía del autor "transforma la literatura moderna" para abrirse a diversas lecturas. Así, según Barthes, "el espacio de la escritura debe ser recorrido, no penetrado" (146). Desde Barthes, los académicos han desarrollado su tesis para construir lo que a menudo se denomina "modelo conversacional". Según Joanne Golden, en éste modelo, el lector "combina la identificación de claves del texto para construir patrones" con su propio conocimiento personal del mundo (o "marco interpretativo") para construir significado. En ésta comprensión, Golden argumenta que el texto es "un organismo vivo" cuya interpretación es fluida y cambia debido a los cambios en el contexto: el conocimiento y la experiencia personal del lector (92-96). Por lo tanto, la interpretación en el modelo conversacional tiene componentes tanto externos como internos. Si bien éste modelo parece simplificar el asunto, la relación se vuelve más compleja cuando se interpone un narrador entre el autor, el texto y el lector. ¿Cambia la relación? ¿Cambia el locus del significado? ¿Y qué ocurre si se descubre que el narrador es un narrador poco fiable? ¿Se pierde la capacidad del lector para construir significado o identificar claves? Blaine Mullins y Peter Dixon ofrecen un análisis útil de ésta cuestión. En su ensayo, Implicaturas narratoriales, también aboga por un modelo conversacional. Según su interpretación, el modelo conversacional se extiende al narrador. Mediante una serie de experimentos, Mullins y Dixon demuestran que el narrador y el lector mantienen una relación "conversacional" mediante la cual "las inferencias de los lectores sobre el estado mental del narrador afectan su representación del mundo narrativo" (263). En otras palabras, el texto (y la presentación del narrador dentro de él) influye en la forma en que el lector percibe el mundo narrativo, y los eventos de la historia determinan cómo los representa y procesa el lector (Ibíd.). Hacia el final del artículo, Mullins y Dixon abordan específicamente las implicaciones de su estudio y del "narrador conversacional" para el concepto de narrador no confiable. Argumentan que el modelo conversacional "nos permite interpretar la información narrativa proporcionada por (narradores) poco fiables… Así como podemos mantener una conversación con alguien que creemos que puede estar mintiendo, también los lectores pueden comprender una narrativa en la que el narrador puede ser menos directo" (Dixon y Mullins 275). En otras palabras, en lugar de destruir la capacidad del lector para construir significado a partir del texto, el lector aplica "inferencias" al identificar al narrador como poco fiable, y el propio reconocimiento de que el narrador es poco fiable a partir de ésas inferencias aumenta la capacidad del lector de construir significado. Los teóricos cognitivistas –Ansgar y Vera Nunning, Greta Olson y Bruno Zwerk- han explorado éstas cuestiones en profundidad en su obra. Si bien una exploración completa de la escuela cognitivista queda fuera del alcance de ésta tesis, la identificación del concepto central en la obra de Ansgar Nunning, generalmente considerado como el fundador de la escuela cognitivista de análisis literario, proporciona los elementos necesarios para comprender el enfoque cognitivista del análisis literario. Similar a las conclusiones de Mullins y Dixon, y reforzando sus afirmaciones sobre el papel del narrador no confiable en la construcción de significado, el enfoque cognitivista argumenta que el narrador no confiable no sólo aumenta la capacidad del lector para construir significado a partir de un texto, sino que es el elemento textual más importante para lograrlo. En su ensayo, Reconceptualizando la teoría, la historia y el alcance genético de la narración no fiable, Ansgar Nunning escribe: "Los narrativistas cognitivos han argumentado que sería más adecuado conceptualizar la narración no fiable en el contexto de la teoría de marcos como una proyección del lector que intenta resolver ambigüedades e inconsistencias textuales atribuyéndolas a la "falta de fiabilidad" del narrador. En el contexto de la teoría de marcos, la invención de "narradores no fiables" puede entenderse como una estrategia interpretativa o un proceso cognitivo" (30). Lo que Nunning quiere decir con ésto es que la propia identificación de un narrador como no fiable es un acto extratextual mediante el cual el lector lo considera así utilizando criterios que no existen en el propio texto. Para realizar ésta identificación, el lector debe imponer su propio marco tanto al narrador como al propio texto, para construir significado dentro del texto utilizando consideraciones extratextuales. La aplicación de consideraciones extratextuales en la interpretación, según el enfoque cognitivista (y cualquier método de análisis centrado en el lector en general), siempre forma parte de la interacción del lector con un narrador poco fiable. En otras palabras, el narrador, especialmente en su falta de fiabilidad, es la puerta de entrada textual que invita al lector a extraer significado del texto: "El trabajo de la escuela cognitivista sobre la narración y el análisis de textos con narradores poco fiables destaca al lector como el lugar del significado y al narrador poco fiable como la principal vía textual a través de la cual el lector puede construir significado. De hecho, los teóricos cognitivistas argumentan que el significado sólo puede construirse mediante la "conversación" del lector con el narrador poco fiable. Si bien existen algunos intentos de explorar un análisis conversacional del cine (en particular, por parte de Vera Nunning), no existen intentos de hacerlo con novelas específicas. American Psycho de Bret Easton Ellis, con su narrador poco fiable, su narrativa compleja y su ambigüedad de significado, parece una oportunidad perfecta para considerar un modelo de análisis conversacional. Si Young (y sus colegas críticos de la cuarta ola) tienen razón, el significado en American Psycho no reside enteramente en el texto, una afirmación que se refleja en la falta de adhesión de la novela a la convención de resolución moral presente en la mayoría de las novelas sobre asesinos en serie. Sin embargo, tampoco está completamente fuera del texto. Más bien, el lector debe entablar una "conversación" con el narrador, Patrick Bateman, aparentemente en bancarrota moral, para descubrir el sentido de un mensaje moral. Ésta tarea debe incluir tanto elementos literarios como los propios valores morales "inyectados" del lector. En definitiva, Young tiene razón al afirmar que el lector debe realizar parte del difícil trabajo de construir el significado (especialmente el significado moral) en American Psycho, pero se equivoca al asumir que la novela en sí no proporciona ninguna guía al lector en dicha tarea. En el análisis que sigue, espero demostrar que aplicar un enfoque conversacional a Bateman y American Psycho revela que la novela contiene un rotundo mensaje moral. Para mí, hacer ésta afirmación requiere interactuar con el narrador poco fiable de la novela, Patrick Bateman, y juzgarlo desde mi propio marco moral" (Thompson, pp. 27, 28).

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La construcción del significado.

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Sin embargo, como demostrará mi análisis, existen elementos o señales dentro del propio texto que guían la interpretación. Éstas señales dirigen el juicio moral sobre Patrick Bateman y sus acciones, y refuerzan mi propio juicio moral sobre sus acciones. Por lo tanto, el descubrimiento del significado moral en American Psycho no se centra únicamente en el texto ni en el lector, sino que es una síntesis de ambos. American Psycho proporciona un importante mensaje/crítica moral, y ésta crítica no es completamente extratextual. Reconocer la relación que American Psycho tiene con otros textos de su género es importante para encontrar el significado de la novela. Sin embargo, éste reconocimiento palidece ante el papel de las señales dentro de la novela para ayudar al lector a construir el significado. Dos elementos importantes en la oración anterior requieren mayor desarrollo. En primer lugar, utilizo la frase "señales" en lugar de "recursos literarios" o "efectos estilísticos" porque, en lugar de simplemente contribuir al significado del texto como lo hacen los recursos literarios o los efectos estilísticos, éstas señales, sostengo, son elementos específicamente establecidos en el texto por Bret Easton Ellis para guiar la manera en que el lector interpreta el significado del texto. Si bien el lector utiliza recursos literarios como el lenguaje figurado para determinar el significado, la intencionalidad de las señales como guías distingue a éste elemento literario en particular. En segundo lugar, la metodología de interpretación del texto se centrará en el lector. Éste estilo de interpretación literaria requiere cierta defensa: ¿por qué el propósito de la interpretación no es descubrir la intención del autor, sino que sea el lector quien determine el significado del texto? Sin embargo, exploraré un tipo específico de metodología centrada en el lector (enfoque "conversacional") en la sección final de ésta tesis, donde exploro las implicaciones del análisis literario para American Psycho como relato moral. Para los fines de ésta obra literaria. En la sección de análisis, creo que basta con aclarar que consideraré cómo las señales pueden orientar al lector para construir su propio significado a partir del texto. Como se vio en la sección anterior sobre la historia crítica de American Psycho, la mayoría de los análisis literarios de la novela se centran en dos principales recursos literarios: el narrador, Patrick Bateman, y la violencia abrumadora que ejerce. Las reacciones a éstos dos elementos son diversas, desde un rechazo total (y lleno de disgusto) hasta argumentos que sientan las bases para comprender la profundidad del significado de la novela, especialmente en sus características satíricas y socialmente críticas. En lugar de repetir éstos argumentos, mi contribución consistirá en explorar elementos clave del texto, las señales, que insinúan por qué y cómo el texto es socialmente crítico. Utilizar éstas señales nos lleva a comprender que Bateman y su violencia son lo que llamaré "espectáculo crítico": el exceso y el absurdo de Bateman y su violencia representada buscan evocar en el lector una forma de respuesta que refleje el mundo que habita (tanto interno como externo). Antes de explorar éste punto (la implicación de mis afirmaciones), es necesario identificar y examinar qué elementos del texto designo como señales y qué podrían significar. Bateman y su violencia como espectáculo se enfatizan mediante pequeñas señales dentro de la novela. Todas éstas señales se centran en Bateman y su violencia. No interpretar a Bateman, el narrador asesino en serie, y sus actos violentos a través de éstas señales conduce a una mala interpretación de su papel. Éstas señales justifican el rechazo de la idea de que la violencia es meramente gratuita o pornográfica, y al mismo tiempo apuntan a un sólido marco moral en la novela. Si bien críticos anteriores han hecho ésta misma afirmación con respecto a otros componentes de la novela, no existe ningún análisis que incorpore lo que yo identifico como señales menores o quizás pasadas por alto, que se repiten a lo largo de la narrativa. Es cierto que American Psycho es difícil de leer, y el asco y la indignación por su contenido están totalmente justificados. Imaginen el siguiente pasaje (ADVERTENCIA: PASAJE PERTURBADOR Y GRÁFICO): Intento introducir con cuidado uno de los tubos huecos de plástico del sistema Habitrail desmontado por su vagina, forzando los labios vaginales alrededor de un extremo, e incluso con la mayor parte engrasada con aceite de oliva, no encaja bien… Finalmente tengo que recurrir a verter ácido alrededor del exterior de la vagina para que la carne ceda ante el extremo engrasado del Habitrail, y pronto se desliza con facilidad. "Espero que ésto te duela", digo… La rata no necesita que la empujen y la percha doblada que iba a usar permanece intacta a mi lado. Con la niña aún consciente, la criatura se mueve sin esfuerzo con la energía recién adquirida, subiendo por el tubo hasta que la mitad de su cuerpo desaparece. Luego, después de un minuto –su cuerpo de rata se sacude mientras come-, todo desaparece, excepto la cola. Le arranco el tubo del Habitrail a la niña, atrapando al roedor. Pronto, incluso la cola desaparece. Los ruidos que hace la niña son, en su mayoría, incomprensibles (American Psycho 328-29). Como señalan los críticos, una escena como ésta podría ser una de las imágenes más nauseabundas y despreciables de la literatura moderna. Es "emética" (Allue 16) y parece fuera de contexto simplemente para dar cabida a la peor clase de voyeurismo misógino y repugnancia por el cuerpo femenino. Por lo tanto, American Psycho debería clasificarse como "pornografía", "superficial" o "infantil" (todas las acusaciones que se hicieron contra el libro en algún momento). Sin embargo, hacer ésa afirmación es desviar la atención del lector, como se muestra anteriormente en la historia crítica de American Psycho. Si bien ésta afirmación pareció adecuadamente argumentada y defendida por los críticos de la segunda y tercera ola de respuesta crítica, los críticos de éstas olas no ofrecieron una explicación positiva y convincente de cómo debería leerse la novela. Ésta explicación positiva de la lectura de American Psycho no estuvo disponible hasta que se publicaron los análisis de los críticos, a quienes etiqueto como la cuarta ola de críticos. Éstos críticos de la cuarta ola conectaron la violencia con el potencial de la novela para contener un significado moral. Sin embargo, si bien éstos críticos de la cuarta ola ofrecen exploraciones perspicaces de Bateman y su violencia como creadores de significado irónico, no identificaron indicadores importantes que respaldaran sus análisis. En otras palabras, sus análisis están incompletos. La cuarta ola de análisis crítico no ha llegado a su fin. En el análisis que sigue, espero aportar una adición a las afirmaciones de la cuarta ola de críticos explorando algunos de éstos indicadores en detalle. Mi propósito es demostrar que la novela en sí misma proporciona una guía, dentro de la narrativa, para aceptar el significado moral del texto. ¿Qué podemos pensar de Patrick Bateman como narrador de American Psycho? ¿De qué manera Bateman, y sus propios pensamientos y perspectivas sobre la acción narrativa, proporcionan el material para extraer significado? Comprender cómo funciona Bateman –el narrador asesino en serie, impenitente, autor de la violencia de la novela- en American Psycho es claramente un elemento importante para comprender la novela. American Psycho es inflexible en la conexión de Bateman, el personaje, con sus actos, la violencia. Por lo tanto, encontrar el propósito o significado de la violencia en American Psycho requiere comprender el personaje y viceversa. En otras palabras, para comprender la violencia, debemos preguntarnos: "¿Quién es Patrick Bateman?". Para comprender a Bateman es necesario analizar las dos formas principales en que se le presenta en American Psycho: desde su propia perspectiva y desde la de los demás personajes. Éstas dos perspectivas divergen. Al principio de la novela, Bateman es descrito por otros personajes como un "GQ total" (American Psycho 90) y "el chico de al lado" (American Psycho 11, 16, 20, 37); sin embargo, Bateman equilibra ésta perspectiva positiva con su autodescripción como un "psicópata malvado" (American Psycho 20). Bateman, como narrador, ofrece al lector una posición privilegiada para habitar su personalidad interior, a diferencia de los personajes de la novela: "Aunque Bateman da pistas a los personajes sobre su verdadera naturaleza, éstas pistas son ignoradas o descartadas. Identifico dos pistas importantes que Bateman da a otros personajes de la novela, que se descartan sumariamente como peculiares o extrañas, en lugar de revelar peligro: la fascinación de Bateman por los asesinos en serie y la completa incapacidad de otros personajes para escuchar o comprender la gravedad de los comentarios psicóticos de Bateman. Primero, en American Psycho, Bateman es representado como un hombre obsesionado con asesinos en serie (tanto reales como ficticios), a menudo comentando sobre su vida, acciones o perspectivas de la vida (American Psycho 38, 92, 153, 364, 374). Otros personajes de American Psycho son presentados como conscientes de la obsesión de Bateman. "Deberías dejar de leer todas ésas biografías de Ted Bundy", le dice su amigo Preston en una de las primeras escenas en un bar (American Psycho 38). "Bateman lee éstas biografías todo el tiempo: Ted Bundy, El Hijo de Sam y Charlie Manson… Siempre te han interesado ése tipo de cosas", repite Reeves en otra (American Psycho 92). "Siempre mencionas a los asesinos en serie", se burla McDermott de Bateman en el Club de Yale: "No quiero saber nada del Hijo de Sam ni del maldito Estrangulador de Hillside ni de Ted Bundy… ¡Por Dios!" (American Psycho 153). Los personajes con los que Bateman se encuentra consideran su fascinación por los asesinos en serie como una parte del carácter "taciturno" de Bateman (American Psycho 38), no un signo de psicosis. Sin embargo, para el lector, su obsesión con los asesinos en serie es algo más. Revela quién es Bateman en realidad" (Thompson, pp. 33, 34). Consideremos un intercambio con Reeves y Hamlin en uno de los muchos bares exclusivos y anónimos de Manhattan que salpican los escenarios de la novela. En éste intercambio, Bateman se inspira en la visión del asesino en serie Ed Gein sobre las mujeres para contribuir a la discusión grupal sobre ellas. "¿Sabes lo que dice Ed Gein sobre las mujeres?", pregunta Patrick. "Dijo… cuando veo a una chica guapa caminando por la calle, pienso dos cosas. Una parte de mí quiere salir con ella, hablar con ella y ser muy amable… (la otra parte se pregunta) cómo se vería su cabeza en un palo". Bateman se ríe, indicando que cree que éste comentario es gracioso, mientras los demás se miran con inquietud (American Psycho 91-92). Éste momento que al principio parece insignificante, revela un elemento importante de la personalidad de Patrick como narrador. No es lo que aparenta. Es más bien una combinación de banquero de Wall Street y socialité, y asesino en serie despiadado. En segundo lugar, en paralelo al rechazo a la obsesión serial de Bateman, sus frecuentes afirmaciones psicóticas, e incluso sus confesiones, se pasan por alto por completo o incluso se ignoran (por ejemplo, Bateman y el agente inmobiliario, American Psycho 366-370). Ésto se aprecia especialmente en una escena cerca del final de la novela. Tras dejar una confesión de sus crímenes en el contestador automático de su abogado, Harold Carnes, en la que Bateman "no omite nada: treinta, cuarenta, cien asesinatos" (American Psycho 352), Bateman se encuentra con Carnes en un club del Upper East Side llamado "World´s End". Bateman se acerca a Carnes "nervioso", preocupado por su reacción a su confesión. Sin embargo, Carnes no muestra asco ni miedo; más bien, le sonríe. Irritado, Bateman pregunta: "Harold, ¿recibiste mi mensaje?". Carnes "parece confundido al principio", antes de reírse y declarar que el mensaje es divertidísimo. Incluso cuando Bateman insiste en que la confesión es cierta, Carnes se muestra incrédulo. "Vamos", le dice a Patrick, "tienes un defecto fatal (en tu chiste): Bateman es un lameculos, un adulador" (American Psycho 387-388). Ni siquiera en la confesión se reconoce la propensión de Bateman a la violencia. Carnes es sólo un ejemplo, aunque el más flagrante de la novela, de la incapacidad de los personajes para ver a Bateman como lo que realmente es: un monstruo. La confesión de Bateman a Carnes es similar a las numerosas ocasiones en la novela en las que Bateman comenta abiertamente sus propios pensamientos o deseos psicóticos a otros personajes, y al extraño hecho de que ninguno de éstos personajes parece escucharlo (American Psycho 59, 80, 82, 113, 124, 141, 204, 206, 216, 221). Por ejemplo, mientras cenan, Bateman entabla una conversación con Libby, un personaje secundario que sólo aparece en ésta escena de la novela. Cuando Libby le pregunta a Bateman a qué se dedica, éste responde: "Me dedico principalmente a asesinatos y ejecuciones. Depende". Libby responde: "¿Te gusta?… A la mayoría de los que conozco que trabajan en fusiones y adquisiciones no les gusta mucho". Bateman responde (con una sonrisa): "No dije éso" (American Psycho 206). De igual manera, Bateman le confiesa a Paul Owen que está "completamente loco" y que "le gusta diseccionar chicas", a lo que Owen responde hablando de las ventajas de los salones de bronceado (American Psycho 216). Éstos dos momentos representan la continua desestimación o ignorancia del lado homicida de Bateman. Para los personajes de la novela, Bateman es el vecino de al lado. Ésta visión de Bateman lleva a desestimar o ignorar fácilmente su obsesión con los asesinos en serie, sus confesiones y sus reveladoras declaraciones psicóticas. Sin embargo, el lector no comete la misma incapacidad de reconocer a Bateman por quien es. Para el lector, Bateman es un asesino en serie psicótico. En otras palabras, Bateman privilegia al lector con una perspectiva que los personajes de la novela no tienen. Ésta perspectiva privilegiada permite al lector comprender el papel de Bateman como interlocutor para comprender la novela. El lector, en lugar de la obsesión de Bateman, sus confesiones sin adornos y sus reveladores comentarios psicóticos, comprende exactamente quién es Bateman y cómo su papel como narrador podría contribuir a la compresión de American Psycho. El acceso completo que Bateman ofrece al lector como narrador tiene dos caras. Por un lado, el lector tiene una posición privilegiada para comprender al verdadero Bateman. Por otro lado, dado que Bateman ofrece la única respuesta en primera persona a la acción de American Psycho, el lector está ligado a sus pensamientos, opiniones y moralidad como medio de análisis. Dado que Bateman es un asesino en serie impenitente que no siente compasión por sus víctimas, podría parecer que sus reflexiones internas son una herramienta inútil para considerar cualquier significado moral en American Psycho. Como el propio Bateman reconoce: "Buscamos un análisis racional de quién es (él), lo cual es, por supuesto, imposible: no hay ninguna clave" (American Psycho 264). Sin embargo, sostengo que no es así. Bateman no es la única clave interpretativa para extraer el significado moral de American Psycho. Si bien la narración de Bateman es un recurso literario clave, existen pequeñas señales dentro del texto que sugieren o guían al lector a juzgar a Bateman, sus acciones y creencias, y las opiniones de muchos de los personajes secundarios de la novela. Para conectar adecuadamente con Bateman, el narrador, el lector debe conectar con él a través de éstas sutiles pistas que lo impulsan a aceptar o juzgar sus acciones. En otras palabras, American Psycho no es simplemente "superficie, superficie, superficie". Más bien, el libro es una crítica social y moral de la sociedad contemporánea, al estilo de Una modesta propuesta de Jonathan Swift. Ésta crítica social y moral sólo puede captarse si se observa a Bateman desde la perspectiva externa del lector. En otras palabras, Bateman (y las opiniones erróneas que otros personajes tienen de él) no puede guiar la reacción del lector ante sus horribles actos. Hacerlo llevaría a una aparente justificación de los actos de Bateman. En definitiva, Bateman es un mal interlocutor e inadecuado para el tipo de trabajo necesario para encontrar el significado moral de American Psycho. Es más, dado que el lector debe usar su propio juicio moral para oponerse a las opiniones y actos de Bateman, éste se opone a su intento de descubrir el significado moral del texto. Sin embargo, éste intento de oponerse a Bateman no carece de apoyo en el propio texto. La aparición de señales en la narrativa guía la oposición del lector y su juicio sobre Bateman hacia un mensaje moral oculto en American Psycho. El mero hecho de usar señales para guiar al lector hacia el significado se sugiere con fuerza por la aparición de señales reales a lo largo de American Psycho. La novela comienza y termina con señales: "ABANDONAD TODA ESPERANZA, LOS QUE ENTRÁIS AQUÍ" y "ÉSTA NO ES UNA SALIDA", y aparecen otras numerosas señales a lo largo de la narrativa. Éstas señales aparecen como pistas textuales aparentemente obvias para guiar al lector hacia el significado de la novela. Por ejemplo, como señalan Allue, Young y Serpell, las dos señales que enmarcan la novela y su alusión a la señal sobre la entrada al infierno en El Infierno de Dante marcan el tono del desenlace de la narrativa (es decir, la negativa a ofrecer al lector una resolución catártica de la historia). (Allue 18-19; Young 93; Serpell 223-224). Si bien los críticos han analizado éstas dos señales, las demás a lo largo de la novela se pasan por alto en gran medida. Un ejemplo de descuido crítico o una oportunidad perdida de análisis es el letrero que Bateman ve sobre la cabeza del cantante Bono mientras observa a la banda U2 dar un concierto. El letrero dice "Yo… soy… el… diablo… igual que tú" (American Psycho 146). El letrero no está realmente sobre Bono. Más bien, sólo Bateman ve el mensaje "flotando sobre la cabeza de Bono en letras onduladas de color naranja" (American Psycho 146). Ésta visión se le aparece a Bateman en medio de lo que sólo puede describirse como una experiencia religiosa: "El público y los demás músicos desaparecen de la vista de Bateman y sólo quedan Bono y él mismo. Bateman lee el mensaje sobre la cabeza de Bono mientras la última letra de la canción de Bono, "Un héroe es un insecto en éste mundo", resuena en su mente. Es un momento de posible introspección y reflexión personal para Bateman, una oportunidad para considerar su propia moralidad y sus acciones. No es casualidad que la llegada de éste momento se produzca inmediatamente después de la autoconfesión (y autocrítica) de Bateman: "Mi vida es un infierno" (American Psycho 141). Sin embargo, Bateman rechaza el momento como una oportunidad para reflexionar sobre cualquier significado trascendente. Sin embargo, Bateman se vuelve hacia su amigo Paul Owen y le pregunta: "¿Sigues a cargo de la cuenta de Fisher?" (American Psycho 147) antes de que ambos entablen una conversación cruda sobre "coordinadores de recorte" (hombres que reclutan mujeres del público para tener sexo con la banda), el tamaño del pene de Bono y discutir con "dos gorditas de Nueva Jersey con cara de tontas" por su consumo de marihuana. Aunque ésta escena y la señal correspondiente podrían analizarse con más detalle, la importancia de éste momento para mi argumento reside en que sirve como ejemplo de cómo Bret Easton Ellis utiliza señales para atraer la atención del lector hacia detalles específicos. Centrarse en éstos detalles específicos aleja al lector de la percepción de American Psycho como carente de profundidad y lo lleva a una actitud de apertura hacia el significado potencial del texto. La aparición de éstas señales reales indica la posible existencia de señales metafóricas (o señales) en la narrativa. Al igual que las señales literales de la novela, éstas señales también están diseñadas para atraer la atención del lector hacia momentos específicos donde el potencial para generar significado está maduro. Si bien la crítica ha trabajado mucho en las señales principales, especialmente la violencia como señal, las señales menores se han pasado por alto en gran medida" (Thompson, pp. 38, 39).

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La cosificación de las mujeres.

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En las siguientes secciones, exploraré la apariencia y el significado de algunas de éstas señales. La pregunta principal sobre su aparición es hacia qué significado guían al lector. Tras la identificación y el propósito de otras señales en la obra de Allue, Young, Serpell et al., argumentaré que las dos señales que se presentan a continuación –Los Miserables y El Show de Patty Winters- guían al lector hacia el significado de la novela. Específicamente, al combinarse con los temas de la cosificación y el consumo, guían al lector hacia un juicio moral de ambos. Mi identificación de éstas señales y la ausencia de una exploración crítica de las mismas sugiere que American Psycho aún tiene un significado por descubrir. Un hecho aún más claro si se tiene en cuenta que Los Miserables y El Show de Patty Winters son sólo dos de las muchas posibles señales menores o incluso ocultas en la novela, que incluyen, en mi opinión, elementos como la rutina de ejercicios de Bateman, sus reseñas musicales y sus visitas al videoclub, entre otros. El tema de la cosificación es uno de los más frecuentes y constantes a lo largo de American Psycho. Se manifiesta en torno a Patrick Bateman de diversas maneras. La principal manifestación es cómo Bateman y otros personajes interactúan y categorizan a las mujeres, los pobres y las razas no blancas. Una exploración de éstas interacciones revela una característica común de Bateman y el entorno de la novela: la tendencia a la cosificación. Si bien una descripción exhaustiva de las opiniones de Bateman sobre los pobres y la raza proporciona evidencia de cosificación, el ejemplo más claro de cosificación se refiere a la opinión de Bateman sobre las mujeres. Ésto, junto con las acusaciones de misoginia dirigidas contra la novela y Ellis, hace que una consideración cuidadosa de cómo Bateman y otros personajes masculinos cosifican a las mujeres en el libro sea el enfoque más adecuado para éste tema. La cosificación de las mujeres se hace más evidente en la forma en que Bateman y otros autores las definen como objetos sexuales para la gratificación masculina. Tras explorar la cosificación (específicamente la cosificación de las mujeres) como objeto del juicio moral, analizaré cómo Los Miserables funciona como una guía que incita al lector a la condena moral de la cosificación de las mujeres. Debido a la ausencia de cualquier reflexión moral por parte de Bateman sobre la cosificación de las mujeres, tanto suya como de otros autores, se insta al lector a emitir su propio juicio moral. Sin embargo, el lector no tiene que determinar su postura moral por sí mismo. Más bien, Los Miserables funciona como una guía que apunta hacia la condena moral de la cosificación. En otras palabras, las apariciones de Los Miserables y su propósito en la novela sirven como ejemplos de que los críticos que no ven una postura moral en American Psycho están equivocados. Los Miserables, como una señal, ofrece una vía de escape a la perspectiva amoral de Patrick Bateman. A lo largo de American Psycho, Patrick Bateman y otros personajes muestran una tendencia casi constante a cosificar a sus parejas sexuales, especialmente a las mujeres. Para los personajes masculinos de la novela, las mujeres son definidas como objetos sexuales para la gratificación masculina. La cosificación sexual de las mujeres en la novela se resume en el uso del término "hardbody" o su plural "hardbodies" (que aparece de alguna forma más de cincuenta y siete veces en American Psycho 40, 46, 47, 50, 51, 52, 54, 79, 89, 177, 199, 229, 332, 335, 347, 376) para identificar a las mujeres que Bateman y los demás personajes encuentran atractivas. La cosificación de éstos "hardbodies" se centra, como el término implica, en los cuerpos de las mujeres y en su utilidad para satisfacer los apetitos sexuales de los personajes masculinos. El siguiente diálogo entre Bateman y Reeves es característico de la visión que los personajes masculinos tienen de las mujeres: "No hay chicas con buena personalidad", decimos todos al unísono, riéndonos, chocando los cinco. Una buena personalidad, comienza Reeves, consiste en una chica con un cuerpo un poco duro que satisfará todas sus necesidades sexuales sin ser demasiado guarrilla y que, en esencia, se callará la boca… Las únicas chicas con buena personalidad que son inteligentes, o quizás divertidas, o quizás medianamente inteligentes, o incluso talentosas, son las feas (American Psycho 91). En éste intercambio, encontramos todos los elementos del sexismo presentes en American Psycho: la descripción de las mujeres como meros cuerpos, el uso de cuerpos duros y el propósito de las mujeres como gratificación sexual masculina. El elemento final, las mujeres como objetos sexuales, merece ser explorado con mayor profundidad, ya que es el centro de la cosificación y se relaciona específicamente con Patrick Bateman. El sexo como cosificación se presenta de diversas maneras en American Psycho, pero las más frecuentes parecen ser: 1) El sexo como intercambio de mercancías, 2) El sexo como acto amoral exhibido como actividad BDSM, 3) El sexo sin restricciones en la selección de pareja, y 4) El sexo como pornografía. En primer lugar, el sexo se enmarca como una transacción de análisis de costos, un trato comercial, desde el comienzo de American Psycho y continúa a lo largo de toda la película. En un intercambio inicial con Price, se describe que el sexo siempre tiene un "costo" y que las mujeres, de alguna manera, siempre "esperan ser pagadas" por él (American Psycho 57). Al principio, Bateman se opone a ésta descripción diciéndole simplemente a Price: "De ninguna manera". Sin embargo, a medida que avanza la novela, Bateman también empieza a ver el sexo dentro de éste marco. Por ejemplo, Bateman empieza a referirse a las mujeres como "prostitutas de restaurante" (American Psycho 74) por monetizar el potencial del sexo para conseguir una comida en un restaurante de lujo de Manhattan. Ésto inicia un análisis de coste-beneficio en la mente de Bateman sobre si la cena vale o no la pena el sexo. En un momento de la novela, Bateman cena con la prometida (Courtney) de su amigo Luis Carruthers. Sus pensamientos se centran en el sexo mientras cosifica sexualmente tanto a Courtney como a otras mujeres ("rubia, tetas grandes, vestido ajustado") en el restaurante, pero la conversación mundana de ella entra en conflicto con su deseo sexual (p.ej., "Creo que Courtney es una belleza, pero no vale la pena el sexo en ésta cena", American Psycho 100). Sin embargo, al final, Bateman termina con Courtney en su apartamento, donde mantienen relaciones sexuales. El sexo con Courtney ilustra cómo Bateman define el sexo en sí: una relación con un objeto y una acción sobre él. Específicamente, el sexo de Bateman con Courtney demuestra una superficialidad extrema y una ausencia de intimidad (American Psycho 100-105). El tono de ambos participantes suele ser hostil y combativo, en lugar de íntimo y cálido. Ésto se representa con mayor acierto en su conversación sobre la aplicación de lubricante espermicida por parte de Bateman. En medio del coito, Bateman se da cuenta de que, aunque usa condón, no se ha aplicado lubricante espermicida. Ésta comprensión le provoca un "¡Oh, mierda!". La alarma de Bateman repercute en Courtney, quien, al enterarse de la ausencia de lubricante espermicida en Bateman, responde de manera similar. "¡Dios mío!", exclama, "¿No lo tenías puesto?" (American Psycho 102). La lucha de Bateman por encontrar el lubricante y aplicarlo genera frustración e ira en ambos. El sexo pasa de cualquier atisbo de conexión personal o calidez a una especie de discusión hostil entre ellos. Éste tono finalmente culmina cuando Bateman obliga violentamente a Courtney a ver cómo se ha aplicado correctamente el lubricante: "¿Ves? ¿Contenta? ¿Perra tonta? ¿Estás contenta, perra tonta?". Courtney responde: "¡Dios mío, acaba con ésto de una vez!" (American Psycho 104-105). El sexo termina con Bateman describiendo su eyaculación final como una tarea casi superficial, mientras que Courtney yace sollozando debajo de él: "Ésta escena de sexo entre Courtney y Patrick representa la naturaleza del sexo a largo de la novela. Los hombres son los consumidores de los cuerpos de las mujeres y las mujeres usan sus cuerpos como mercancía. Por lo tanto, los actos sexuales son simplemente transaccionales y carentes de intimidad: una personificación de la cosificación. En otros momentos de la novela, Bateman se hace eco de ésta visión específica del sexo. Por ejemplo, en otro encuentro sexual con una mujer llamada Daisy, Bateman describe la conexión de ella con él como completamente objetiva: "Me subo encima de ella, tenemos sexo y, tumbada debajo de mí, ella es sólo una forma" (American Psycho 212). Para Bateman, el sexo no tiene conexión con quién tiene relaciones sexuales. Es simplemente otro acto. La intimidad y la conexión personal están ausentes en el acto para Bateman. En quizás la reflexión más representativa que Bateman tiene sobre el sexo, declara hacia el final de la novela que "el sexo es matemática" y, para el sexo, "la individualidad ya no es un problema" (American Psycho 375). Para Bateman, el sexo es la manipulación de objetos para sus propios fines. Ésta visión del sexo lo absuelve de considerarlo como algo inherentemente significativo, y, sin significado, el sexo carece de intimidad personal; es un simple intercambio de mercancías. Como intercambio de mercancías, no hay espacio para la reflexión moral sobre el sexo. En cambio, Bateman ve a sus parejas sexuales como objetos de utilidad a través de los cuales podría satisfacer sus propios deseos personales" (Thompson, pp. 43, 44). En segundo lugar, la amoralidad o la falta de espacio para la reflexión moral en la visión de Bateman del sexo se manifiesta en su afición por las actividades BDSM. Las actividades BDSM en sí mismas son una representación de cosificación a través del sexo e incluyen un patrón de no consentimiento, gratificación individual para Bateman mediante la violencia y, finalmente, la muerte (o eliminación) del objeto utilizado (una mujer). La primacía del sexo BDSM en la novela y la forma en que Bateman reflexiona sobre él revelan la cualidad de mercancía/consumo mencionada anteriormente. Como argumenta Casey Moore, en cada escena sexual de American Psycho, Bateman "relata el sexo con un lenguaje muy práctico" (232). Éste lenguaje es significativo porque "es el mismo en el que enumera lo que él y otros personajes visten, sus reseñas de restaurantes y escenas de asesinato" (Ibíd.). Según Moore, el propósito de éste lenguaje y el reflejo de lo que ella llama "las partes aburridas de la novela" es resaltar la falta de empatía o intimidad que Bateman siente por cualquiera de sus parejas sexuales como su completa cosificación sexual (243-244). La franqueza de la prosa, según Moore, relega la reflexión moral sobre la cosificación del sexo al lector, especialmente porque está totalmente ausente en las reflexiones de Bateman. O, como ella misma lo expresa, es responsabilidad del lector "sentir lo que Bateman no siente: a saber, sentimientos de asco y repulsión por los actos de violencia sexual" (234). La perspectiva de Moore sobre el propósito del sexo BDSM y cómo Bateman lo percibe es importante porque destaca la cosificación que Bateman hace de las parejas sexuales y cómo American Psycho presenta ésa cosificación a través de una prosa minimalista. En tercer lugar, otro elemento importante e inexplorado es la falta de límites que Bateman establece en cuanto a la selección de parejas sexuales. No existe ninguna exploración académica de éste elemento por el momento; sin embargo, al leer American Psycho, la liberalidad en la elección de parejas sexuales por parte de Bateman parece reflejar y respaldar el análisis de Moore sobre el sexo BDSM en la novela. Aunque algunos podrían argumentar que la falta de límites de Bateman en la selección de pareja se hace más evidente en la homosexualidad latente del personaje y la homofobia relacionada de Bateman (para Thompson la posible atracción de Bateman hacia los hombres no es extraordinaria ni moralmente repugnante en ningún sentido, especialmente en un contexto del siglo XXI). Sin embargo, la atracción sexual de Bateman por los niños parece casi universalmente repugnante moralmente. Si bien ésta inclinación de Bateman no es omnipresente en la novela, sí aparece en momentos específicos. Por ejemplo, en un capítulo clave titulado "Compras", mientras pasea por los grandes almacenes Bloomingdale´s en Manhattan, Bateman ofrece la siguiente narración al ver a una niña: "Veo a una niña de diez años junto a su madre, que está comprando una bufanda, y pienso: "No está mal" (American Psycho 180). No es casualidad que Bateman tenga ésta reacción hacia la niña mientras compra en Bloomingdale´s. La niña es simplemente un objeto más entre la crema de afeitar, los candelabros, las fundas de almohada y los suéteres de algodón tejido a mano con efecto nieve (American Psycho 179) que Bateman puede conseguir. Y, al igual que los demás objetos, tiene un propósito. En su caso, el propósito es sexual. Su edad es incidental y no tiene impacto en ése propósito para Bateman. Finalmente, la visión de Bateman sobre el sexo –las mujeres como objetos para alcanzar la autosatisfacción y, por lo tanto, el sexo sin contexto moral- está directamente relacionada con su consumo constante de pornografía. En varias escenas de la novela, Bateman compra revistas pornográficas (American Psycho 70), alquila cintas de vídeo pornográficas (American Psycho 111-112, 229) o ve películas pornográficas (American Psycho 97, 177, 395). En la novela, queda claro que Bateman equipara el mundo de fantasía que encuentra en la pornografía con su propia vida sexual. Incluso sus fantasías sexuales no se basan en el realismo, sino en el mundo de la pornografía. Por ejemplo, mientras Bateman recibe un tratamiento facial, se le anima a pensar sólo en cosas positivas. De las muchas cosas positivas que se le vienen a la mente está la pornografía, específicamente "bellos cuerpos aceitados… bajo intensas luces de vídeo" (American Psycho 116). En otra conexión entre fantasía sexual y pornografía, Bateman relata un sueño que tuvo que era "como pornografía" y en el que tenía relaciones sexuales con "chicas de cartón" (American Psycho 200). De hecho, en un momento de introspección sobre su consumo de pornografía, Bateman declara su preferencia por la pornografía sobre el sexo real. Bateman afirma: "Empiezo a pensar que la pornografía es mucho menos complicada que el sexo real y, debido a ésta falta de complicación, mucho más placentera" (American Psycho 264). Bateman nunca matiza su reflexión definiendo exactamente qué entiende por "complicación", pero, de sus actos, tanto antes como después de éste pronunciamiento, se puede inferir. La complicación a la que se refiere Bateman es la intimidad personal entre dos personas engendrada por el acto sexual, justo lo contrario del tipo de cosificación que ya se observa en su sexo con Courtney. El rechazo de Bateman a la intimidad personal en lugar de la cosificación de las parejas sexuales que se da en la pornografía, se hace evidente cuando comienza a filmar su encuentro sexual en la segunda mitad del libro. Éstos episodios se caracterizan por una violencia extrema, y cada uno termina con la tortura y el asesinato de las mujeres con las que mantiene relaciones sexuales. Sin embargo, cada uno es sutilmente distinto en cuanto al tipo de mujeres que Bateman filma, tortura y asesina. Comienza su filmación de sexo, tortura y asesinato con Bethany (una exnovia de la universidad) (American Psycho 245). Más tarde, se ve a Bateman filmando el sexo, la tortura y el asesinato de dos acompañantes: Torri y Tiffany (American Psycho 304). Finalmente, en la última escena de la novela, en la que Bateman filma uno de éstos violentos episodios sexuales, describe a su víctima como "otra chica, a la que conozco en M. K. y cuyo nombre no recuerdo" (American Psycho 327). Al filmar sus actos de sexo, tortura y asesinato, Bateman ha progresado o, dicho de forma más apropiada, ha retrocedido de una exnovia con cierta intimidad a prostitutas desconectadas, a una víctima completamente anónima y completamente objetivada. A través de su filmación, los encuentros sexuales reales de Bateman no difieren del sexo completamente ficticio que ve en sus vídeos pornográficos. Así como las actrices adultas son meros objetos en la fantasía sexual, sus parejas sexuales en la vida real también son meros objetos. Sin embargo, hay una mujer en el mundo de Bateman que aparentemente escapa a la cosificación casi universal que Bateman hace de las mujeres y desafía sus ideas personales sobre el sexo: su secretaria, Jean. Al principio de la novela, Jean hace apariciones esporádicas, siempre en su papel de secretaria de Bateman. Sin embargo, a medida que avanza la novela, Bateman, consciente de la atracción que Jean siente por él, inicia una relación romántica con ella. Bateman trata a Jean de forma diferente a las demás mujeres de American Psycho y claramente lucha contra su deseo psicótico de hacerle daño. ¿Acaso la presencia de Jean y el intento de Bateman de tener una relación con ella brindan espacio para una visión más positiva de las mujeres en la novela? ¿Demuestra su existencia en la narrativa que Bateman tiene la capacidad de superar su cosificación de las mujeres y, por lo tanto, revelar al menos cierto nivel de reflexión moral? A primera vista, la relación de Bateman con Jean parece liberarse de su implacable cosificación de todas las mujeres. Al principio de la novela, Bateman describe a Jean como "enamorada de él y con quien probablemente acabará casándose" (American Psycho 64). Más adelante, en medio de la extrema violencia de Bateman hacia las mujeres, Jean se libra del mismo trato que otras mujeres. En un capítulo titulado simplemente "Cena con la secretaria", Bateman invita a Jean a cenar en un restaurante de lujo. Mientras invita a Jean a salir, Bateman completa un crucigrama dominical del New York Times. En lugar de escribir las respuestas correctas, Bateman "rellena cada espacio con la palabra carne o hueso" (American Psycho 257), algo que Jean observa y "emite una leve exclamación". Bateman entonces empieza a borrar la "m" de cada "meats", transformando las palabras en "eats" y "bone" (American Psycho 257): "Las acciones de Bateman revelan su estado mental actual, lo cual tiene una influencia significativa en su relación con Jean. Está sumido en una locura homicida y recientemente ha comenzado a comerse a sus víctimas (Bateman consumió partes de Bethany en su asesinato más reciente; American Psycho 252). El crucigrama parece ser un presagio de su cita con Jean, que tendría una conclusión similar a la de su cita con Bethany. Durante la cita, la opinión condescendiente de Bateman de que Jean "se tragaría cualquier información errónea que él le propusiera, dejándola indefensa" (American Psycho 263) revela que Bateman está cosificando a Jean, al igual que a todas las mujeres de la novela. Y, cuando Jean invita a Patrick a su apartamento después de la cita, cualquier lector tendría razón al esperar la muerte violenta. Sin embargo, Patrick rechaza a Jean, reflexionando que "algo me detiene, algo en mí calma mi sed de sangre" (American Psycho 264). Algo en Jean ha trascendido la cosificación que Patrick hace de las mujeres, lo que lleva a la tortura, el asesinato y el canibalismo. No está claro qué es exactamente lo que detiene la relación de Bateman con Jean hasta casi el final de la novela. En un capítulo crucial, "Finales de los 80", Bateman vuelve a tener una cita con Jean. De nuevo, se incluyen varias alusiones al estado psicótico de Bateman en los acontecimientos del capítulo: las formas de las nubes se le aparecen como una mujer cortada en dos y comete un desliz freudiano al pedir un café decapitado en lugar de uno descafeinado (American Psycho 372). Mientras caminan por Central Park, Jean le confiesa su amor. Patrick responde:  "Amo a otra persona" (American Psycho 375). No está del todo claro a quién ama, pero, según el contexto de la narrativa, debe ser a sí mismo" (Thompson, pp. 48, 49).

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Los Miserables de Victor Hugo.

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Sin embargo, Bateman añade inmediatamente que se puede hacer algo al respecto, antes de dudar y decir que tal vez no. Jean presiona a Bateman para que refleje su amor por él, afirmando que sin él "su vida estaría mucho más vacía" (American Psycho 376). Las palabras de Jean contrastan marcadamente con las visiones introspectivas de Bateman, quien confiesa su amor por él: "No hay nada que valga la pena esperar" y "el mundo carece de sentido" (American Psycho 375, 376). Irónicamente, Jean encuentra significado en Bateman, a quien presiona para que decida encontrar significado en ella. Éste es un momento de posible redención para Bateman, a medida que la novela se acerca a su fin. El propio Bateman reconoce la importancia de éste momento, reflexionando: "Éste es un momento crucial en mi vida" (American Psycho 378). Apenas unos capítulos antes, Bateman experimenta por primera vez una especie de dilema existencial con sus actos asesinos. Al contemplar el cadáver de una de sus víctimas, Bateman rompe a llorar y exclama: "Sólo quiero ser amado" (American Psycho 345). Éste momento con Jean es su oportunidad de ser amado. Al principio, parece redimido al decirle entre lágrimas a Jean: "Creo que es hora de que… eche un buen vistazo… al mundo que he creado" (American Psycho 378). Pero, inmediatamente, Patrick reflexiona sobre su vida con Jean. En ése momento, Patrick experimenta un conflicto interno: ¿Por qué no terminar con sus flotadores en mi campo de visión? Una respuesta: Tiene mejor cuerpo que la mayoría de las otras chicas que conozco. Otra: todas son intercambiables. Una más: En realidad, no importa. (American Psycho 379). El conflicto de Patrick no se dirige hacia el tipo de intimidad que Jean desea con Patrick. De hecho, su diálogo interno revela que, si bien tiene cierta inclinación a desear intimidad física, su tendencia a calcular y considerar a las personas a través de un prisma de cosificación es demasiado fuerte. Antes de rechazar su oferta, Bateman le hace una serie de preguntas extrañas a Jean: "¿Tienes un maletín? ¿Es de diseñador?", lo cual resalta aún más que Jean es sólo un objeto más en el mundo de Patrick Bateman. El capítulo termina con una nota ambigua: Bateman dice: "Se acerca y se aleja de algo, y todo es posible" (American Psycho 380). Si bien ésto parece tener un tono esperanzador –en la mayoría de las narrativas probablemente lo tendría-, Bateman se aleja de una redención de su naturaleza violenta y cosificadora a través de una relación amorosa e íntima con Jean. Se encamina hacia una intensificación de su violencia asesina. En los últimos seis capítulos del libro, Jean está completamente ausente. La psicosis de Bateman se intensifica. Al final del libro, se presenta a Bateman como alguien sin posibilidad de redención de su naturaleza objetivante. Cosificar a las mujeres es simplemente lo que hace, una característica fundamental. En la conclusión de la novela, Bateman responde a una pregunta que se hace a sí mismo: "¿Por qué?". La pregunta completa debe entenderse como "¿Por qué soy así?". Bateman responde automáticamente que "así es como se presenta la vida en un bar o en club de Nueva York, quizás en cualquier lugar, a finales de siglo, y cómo se comporta la gente, ya sabes, yo, y ésto es lo que significa para mí ser Patrick, así que, bueno, si…" (American Psycho 399). ¿Por qué Bateman es cómo es? ¿Por qué ve a las mujeres como meros objetos? Según él, simplemente lo hace, y así es como transcurre la vida tal como la experimenta. La completa cosificación de las mujeres como espacios o herramientas de la gratificación sexual masculina siempre ha provocado una fuerte respuesta hacia American Psycho. Ésta respuesta comenzó incluso antes de su publicación. Las escenas de la novela que detallan los extremos a los que Bateman cosifica, utiliza para sus propios fines y, por lo general, descarta a las mujeres son difíciles de interpretar. ¿Merece American Psycho las acusaciones de misoginia y pornografía que se le imputan? ¿Es una novela sexista que promueve la cosificación de las mujeres? A continuación, argumentaré que la respuesta a ambas preguntas es no. Porque, aunque Bateman, como narrador, no ofrece ninguna reflexión moral sobre su cosificación de las mujeres, ni la de otros, éso no significa que no exista una condena moral de la cosificación implícita en la novela. La falta de reflexión moral de Bateman no aprisiona al lector en su propia perspectiva amoral. Más bien, el vacío dejado por Bateman se llena con la propia sensibilidad moral del lector. Ésta es la naturaleza misma de contemplarse a sí mismo en una conversación con la novela: el lector se involucra con la novela y su narrador en una especie de diálogo epistemológico. La novela proporciona el contenido de ésa conversación, y el lector reflexiona sobre ella desde su propia perspectiva. Sin embargo, el lector no queda completamente solo ni sin ninguna aportación del texto para construir su propio significado. Más bien, American Psycho proporciona señales que dirigen al lector en una dirección específica. En cuanto a la cosificación de las mujeres, éstas señales guían al lector hacia la condena moral. De ésta manera, American Psycho, a pesar de contener algunas de las visiones más viles de las mujeres en la literatura moderna, irónicamente proporciona una especie de instrucción moral al lector. Ésta instrucción moral se logra mediante la aparición recurrente de Los Miserables. En American Psycho, la absurda cosificación de las mujeres se juzga por la repetida incorporación del musical Los Miserables a la narrativa. Las referencias a Los Miserables aparecen veintitrés veces en la novela (ya sea en su versión completa o abreviada, por ejemplo, Los Miserables). ¿Cuál es el propósito de ésta inclusión? Como señal, Los Miserables llama la atención sobre el cruel maltrato y la cosificación de los "miserables contemporáneos" que pueblan el libro: mendigos, personas sin hogar y pobres. De ésta manera, la novela obliga al lector a considerar la desenfrenada cosificación y la correspondiente deshumanización que sufre éste grupo social. Consideremos la reacción de Bateman hacia una mujer en la mitad de la novela: Una chica rubia, casi perfecta físicamente, con grandes pechos y un programa de Los Miserables en una mano, con un vestido de noche largo de jersey mate de rayón de Michael Kors de Bergdorf Goodman, zapatos de Mnaolo Blahnik y pendientes de araña chapados en oro de Ricardo Siberno, se acerca a saludar a Sean y, aunque me acostaría con ella, Sean ignora su coqueteo y se niega a presentarme (American Psycho 228). Los pensamientos de Bateman sobre la chica manifiestan característicamente un tema de cosificación de las mujeres (objeto sexual, descripción por partes sexuales del cuerpo) y justifican una acusación de misoginia contra Bateman (y, por conexión, contra Bret Easton Ellis). Sin embargo, el sutil detalle de que sostenga "un programa de Los Miserables" es significativo. Es una especie de perspectiva que enmarca los pensamientos de Bateman como si el texto mismo dijera "lo que éste tipo piensa de ésta mujer está mal". Ése, sostengo, es el propósito de cada aparición de Los Miserables en American Psycho. Aunque Los Miserables aparece con frecuencia en la narrativa, en varios puntos su aparición genera una fuerte condena de las acciones de los personajes de la novela y, por lo tanto, de la sociedad estadounidense de finales de los años ochenta en particular. En éstos momentos, la aparición de Los Miserables es particularmente conmovedora. Una de éstas apariciones se refiere a la cosificación de las mujeres, mencionada anteriormente. Para comprender mejor la función de Los Miserables como guía para el lector hacia un juicio moral sobre la cosificación de las mujeres, analizaré ésta aparición específica: la interacción inicial de Bateman con Christie, la prostituta (American Psycho 168-176). En una escena importante de American Psycho, Los Miserables hace una aparición contundente y condenatoria hacia las acciones de Bateman. La escena detalla la relación de Bateman con Christie, la joven prostituta: "En éste capítulo, titulado apropiadamente "Chicas", Bateman recoge a una joven prostituta, Christie, de 27 años, del distrito de la carne de Manhattan. Inmediatamente aparecen varias conexiones importantes con la aparición de señales que guían al lector hacia la condena moral y con el tema de la cosificación descrito anteriormente. Cuando Bateman lleva a Courtney a casa después de su cita, el lector espera que Bateman narre otra noche usándola para satisfacer sus deseos sexuales. En cambio, Bateman inventa una excusa para dejarla "para conseguir drogas" (American Psycho 167). Ésto es una mentira, ya que Bateman, inmediatamente después de dejar a Courtney, dirige a su chofer al distrito de empaquetado de carne "para buscar prostitutas" (American Psycho 168). Mientras compra algo para su chica –otra referencia a que Bateman ve a las mujeres como meros objetos-, ve a una chica "rubia, delgada y joven" parada frente a un cartel de "1,20 metros de alto" con letras mayúsculas rojas que dice "CARNE" (American Psycho 168). El simbolismo no pasa desapercibido para Bateman, quien afirma que ver a Christine frente a un cartel que dice CARNE "despierta algo en él" (American Psycho 168). El letrero imita un anuncio de un producto que cualquiera podría encontrar al comprar. Lo cual, por perverso que parezca, es exactamente lo que Bateman está haciendo. La aparición del signo literal aumenta la atención del lector sobre la presencia de otros signos en la escena. Tras convencer a Christine de que lo acompañe a su apartamento, Bateman contrata a una prostituta de un servicio. Contrata a la segunda chica con "su tarjeta American Express" (American Psycho 170) y enfatiza su preferencia por una acompañante rubia. Tanto su método de pago como su énfasis en un tipo particular de mujer sugieren que, para Bateman, en éste momento está más cerca de comprar muebles para su apartamento que de entablar una relación personal con otro ser humano" (Thompson, pp. 53, 54). Una vez que llega Sabrina, Bateman entabla una conversación sencilla con las dos mujeres. Mientras les sirve bebidas, Bateman reproduce en su estéreo la grabación de Los Miserables del elenco de Broadway (American Psycho 171-172). La grabación continúa sonando mientras que Bateman mantiene relaciones sexuales con las dos mujeres. La novela describe el sexo como cosificador y deshumanizante hacia los tres participantes, y Bateman ordena a las chicas que realicen actos sexuales con él y entre ellas. Los Miserables es literalmente la banda sonora de ésta escena. La aparición de Los Miserables en relación con la prostitución es casi esperada, ya que uno de los personajes centrales del primer acto del musical, Fantine, es una joven obligada a prostituirse para mantener a su hija pequeña. En quizás el momento más emotivo del musical, Fantine, tras tener relaciones sexuales con un cliente, canta una canción emotiva en la que lamenta su posición en la vida y cómo ésta ha destruido cualquier esperanza o sueño que alguna vez tuvo. La prostituta Fantine sucumbe a la tuberculosis al principio del musical, pero no antes de que Jean Valjean prometa criar a su pequeña hija, Cossette, como si fuera suya. El acto de amor de Jean Valjean –aunque no del todo amoroso, pues se culpa a sí mismo por la caída de Fantine en la prostitución- y la correspondiente redención otorgada a Fantine, Cossette y al propio Valjean componen una de las principales tramas de la segunda mitad del musical. Por lo tanto, la elección de Ellis de mencionar Los Miserables en medio de la deshumanizante cosificación de las prostitutas por parte de Bateman parece tener algún tipo de función o propósito interpretativo. Si se deja sola, ésta escena no es más que violencia pornográfica ejercida sobre mujeres que no son humanas para Patrick Bateman. Escenas como ésta llevan a algunos a argumentar que American Psycho debería descartarse como pornografía. Sin embargo, los lectores pueden leer tales escenas y encontrar una instrucción moral; en éste caso, una acusación o condena de las acciones de Bateman hacia Christie y Sabrina. La aparición de CARNE y la compra de mujeres por parte de Bateman sugieren que ésta escena es representativa del tema de la cosificación en la novela. No está del todo claro cómo podría reaccionar el lector a éste tema. A primera vista, tampoco está claro que las acciones de Bateman sean toleradas o condenadas por el libro. Ésta aparente ausencia de un posicionamiento moral que suscita fuertes críticas de sexismo, misoginia y pornografía contra American Psycho. Sin embargo, la aparición de la referencia a Los Miserables –que no es accidental-, con su fuerte significado en relación con las prostitutas y cómo se debe ver a las mujeres, sugiere que existe una guía oculta para que los lectores adopten una postura moral. Los Miserables condena las acciones de Bateman, aunque él mismo desconoce la condena o la ironía de interpretar una canción de un musical que presenta una fuerte condena de la cosificación de las prostitutas. Sin embargo, el lector, consciente del problema intertextual que presenta Los Miserables, se ve obligado a condenar a Bateman y sus acciones como inmorales. Por lo tanto, American Psycho, con la inclusión de Los Miserables en ésta escena, no obliga al lector a tomar una decisión moral, sino que proporciona la guía para hacerlo en el propio texto. En resumen, Los Miserables es un juicio rotundo contra la cosificación de la mujer, incluso en medio de las acciones extremas de Bateman al hacer precisamente éso. Relacionado con la cosificación está el tema del consumismo y el consumo. La cosificación describe cómo los personajes se relacionan con los demás a medida que deshumanizan a quienes los rodean. Ésta tendencia a deshumanizar y transformar a las personas en objetos no se limita a los actos externos. Más bien, quienes deshumanizan a otros externamente hacen lo mismo con ellos mismos. Los personajes de American Psycho, especialmente Patrick Bateman, se deshumanizan y se transforman en consumidores desapegados. Por lo tanto, la cosificación y el consumismo son en realidad dos caras de la misma moneda. El consumismo, al igual que la cosificación, aparece al principio y con frecuencia en la novela. En la primera página de la novela, Timothy Price, uno de los amigos de Bateman, se describe a sí mismo de la siguiente manera: "Soy creativo. Soy joven, sin escrúpulos, muy motivado, muy capacitado… la sociedad no puede permitirse perderme. Soy un activo" (énfasis del autor; American Psycho 3). Price se ve a sí mismo como un objeto dentro de la sociedad. Ésta perspectiva es compartida por casi todos los demás personajes, especialmente Patrick Bateman. Consideremos dos cosas que Bateman hace a lo largo de la novela. Primero, describe constantemente los artículos de su oficina y apartamento, enfatizando la calidad o la marca del producto en sí. Por ejemplo, en el capítulo "Mañana" (American Psycho 24-30), Bateman durante seis páginas del texto, cataloga meticulosamente sus posesiones. Cualquier parte de éste capítulo podría citarse como evidencia del gran valor que Bateman otorga a sus posesiones. Sin embargo, un breve ejemplo bastará: Una videograbadora Toshiba se encuentra en una vitrina debajo del televisor; es una unidad Beta de banda ultraalta con funciones de edición integradas, incluyendo un generador de caracteres con memoria de ocho páginas, un sistema de grabación y reproducción de banda alta y un temporizador de tres semanas y ocho pares. Una lámpara halógena resistente a los huracanes está colocada en cada esquina de la sala de estar. Unas finas persianas venecianas blancas cubren las ocho ventanas de piso a techo. Una mesa de centro con tapa de cristal y patas de roble de Turchin se encuentra frente al sofá, con animales de cristal Steuben colocados estratégicamente alrededor de costosos ceniceros de cristal de Fortunoff, aunque no fumo. Junto a la gramola Wurlitzer hay un piano de cola de concierto Baldwin de ébano negro (American Psycho 25). Patrick no para de describir las cosas de su apartamento. Lo hace en varias ocasiones más en la novela, tanto en su apartamento como en otros apartamentos. El ejemplo anterior es representativo del estilo de descripción que Bateman emplea en cada uno de éstos otros momentos. Ése estilo, como bien demuestra la cita anterior, se caracteriza por valorar la marca del objeto y su mera existencia. No tiene nada que ver con su utilidad para quien lo posee. En la cita anterior, Bateman describe sus "caros ceniceros de cristal de Fortunoff", pero admite que no fuma. El piano que posee nunca ha sido tocado. ¿Por qué Bateman valora tanto éstos objetos de su apartamento? Porque considera que el valor de éstos objetos es la fuente de su propio valor. Él es las cosas que posee. En otras palabras, Bateman encuentra valor en su rol de consumidor. Si bien al hablar de las cosas de su apartamento, Bateman demuestra que considera que el consumo otorga autoestima, su visión de que las cosas dan valor a las personas se hace más evidente en su descripción recurrente de las personas mediante una fórmula consistente. La fórmula toma la forma de X llevaba y de Z de diseñador. En otras palabras, la característica personal más importante de las personas y de él mismo para Patrick Bateman es lo que llevan puesto. Por ejemplo, Bateman describe ir de compras con Nancy y Charles Hamilton y su hija de dos años de la siguiente manera: Estoy en Paul Smith hablando con Nancy, Charles Hamilton y su hija de dos años, Glenn. Charles lleva un traje cruzado de lino de cuatro botones de Redaelli, una camisa de paño fino de algodón de Ascot Chang, una corbata de seda estampada de Eugenio Venanzi y mocasines de Brooks Brothers. Nancy lleva una blusa de seda con lentejuelas de nácar y una falda de gasa de seda de Valentino, con pendientes de plata de Reena Pachochi. Yo llevo un traje cruzado de lana de seis botones a rayas y una corbata de seda estampada, ambos de Louis Boston, y un vestido oxford de algodón de Luciano Barbera. Glenn lleva un mono de seda de Armani y una pequeña gorra de los Mets. Mientras la dependienta cobra las compras de Charles, yo juego con la bebé mientras Nancy la sostiene en brazos, ofreciéndole a Glenn mi tarjeta platino de American Express, y ella la agarra con entusiasmo (American Psycho 221). Ésta fórmula se repite a lo largo de la novela: "En el ejemplo anterior, Bateman, al igual que en su descripción de las cosas de su apartamento, valora la marca de la prenda, anotándola meticulosamente en cada descripción. La simple descripción de lo que sucede en ésta escena –Bateman juega con el bebé de la pareja mientras Glenn hace una compra- está dominada por la descripción que hace Bateman de la ropa que todos llevan puesta. Nueve de las catorce líneas de su descripción tratan sobre la ropa. Rara vez Bateman describe a un personaje (o a sí mismo) a través de las características personales (a menos que, como se ve especialmente en su cosificación de las mujeres, esté insultando a alguien). Al ver a las personas a través del prisma de las posesiones y la ropa, y al valorar no la utilidad de un objeto sino su marca, Bateman reduce a todos los personajes y a sí mismo a receptáculos de posesiones. Las personas no son sólo objetos, sino que existen en su mundo como consumidores de otros objetos. En el texto, Bateman rara vez critica la identidad fundada en el consumismo y mucho menos reflexiona sobre ella. Sin embargo, en algunos momentos de la novela, parece surgir una perspectiva crítica de Bateman. En varias escenas, Bateman experimenta lo que sólo puede describirse como graves ataques de ansiedad. Algunos de éstos ataques están directamente relacionados con el consumismo. Por ejemplo, en un capítulo acertadamente titulado "Compras" (American Psycho 176-180) Bateman está de compras navideñas en Madison Avenue. La experiencia le provoca pánico, que intenta combatir ingiriendo grandes cantidades de Xanax (American Psycho 177). La descripción subsiguiente de la experiencia de compras de Bateman se intercala con listas exhaustivas de cosas que lo rodean (… "tarjetas de correspondencia, espejos, relojes de ducha, delantales, suéteres, bolsas de gimnasio y botellas de champán"…; American Psycho 178-179)" (Thompson, pp. 58, 59).

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El canibalismo consumista.

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Bateman reflexiona que la abrumadora cantidad de cosas en éstas listas provoca que se abra ante él una especie de abismo existencial en Bloomingdale´s (American Psycho 179). El abismo existencial, sea cual sea, le provoca un raro momento de arrepentimiento por la forma en que ha visto y tratado a otro ser humano (en éste caso, Evelyn). Sin embargo, antes de verse arrastrado demasiado hacia cualquier atisbo de humanidad, Bateman vuelve a sus costumbres habituales, en éste caso con una doble dosis de extrema cosificación femenina ("Veo a una niña de diez años junto a su madre… y pienso: No está mal" (American Psycho 180) y reducción del consumo ("Llevo un abrigo de cachemir, un abrigo doble deportivo de lana y alpaca a cuadros con botones, pantalones de lana plisados, corbata de seda estampada, todo de Valentino Couture, y zapatos de cuero con cordones de Allen-Edmonds"). Algunos análisis de American Psycho se han basado en los actos de violencia de Bateman como protesta contra el consumismo extremo de la novela, que alcanza una manifestación principal en su eventual giro hacia el canibalismo. Florian Niedlich, por ejemplo, considera la violencia y el canibalismo de Bateman "como una alegoría de la violencia colectiva de la cultura capitalista; su canibalismo como una forma extrema de consumo" (Niedlich 229-230, 232). Ésta perspectiva sugiere que el canibalismo de Bateman sirve como foco del tema del consumo; una especie de ejemplo extremo. De ésta manera, el canibalismo de Bateman es una manifestación del tema del consumo, de la misma manera que su actividad sexual es una manifestación de la objetivación. En una escena, tras haber asesinado a dos mujeres, Tiffany y Tori, Bateman, incapaz de distinguir los cuerpos debido a la extrema carnicería, describe que uno de ellos "tenía marcas de dientes donde lo había mordido" (American Psycho 306). Ésta alusión al consumo del cuerpo por parte de Bateman se combina con el hecho de que él garabateó las palabras "HE VUELTO", una señal literal, en la pared con la sangre de las víctimas. Ésta escena, escribe Niedlich, muestra que "Bateman ve su canibalismo como una especie de rebelión contra la sociedad… ahora es el otro extremo" (Niedlich 232). Niedlich no se da cuenta de que debajo de las palabras, Bateman realiza "un dibujo aterrador que se parece a ésto" (American Psycho 306). Lo anterior no es una errata. El espacio después de "ésto" está vacío, tal como aparece en el libro. Bateman no dibuja nada. El espacio vacío debajo de la "rebelión contra la sociedad" de Bateman (Niedlich 232) sugiere que la afirmación, al igual que el dibujo, es vacía. Bateman no se rebela contra el consumismo; lo modela. El canibalismo no es una forma de alejarse del consumo, sino de incrementarlo. Al canibalizar a sus víctimas, Bateman se convierte ahora en el consumidor definitivo. La compleja relación de Bateman con su cultura de consumo –su lugar en ella y su inclinación al canibalismo como su manifestación más extrema- es similar a sus opiniones y actos sexuales; no debe tomarse como algo aislado. En otras palabras, el repugnante canibalismo tiene un propósito, al igual que los repugnantes actos sexuales: orientar al lector hacia un juicio moral tanto del consumismo como de la cultura del consumismo. Es cierto que ver el canibalismo de sus víctimas de ésta manera es muy difícil. ¿Por qué no simplemente apartar la mirada con asco ante la violencia extrema de la novela? Parecería la acción correcta, pero al hacerlo, se pasa por alto un elemento importante de la novela: American Psycho juzga el consumo. El lector no tiene la completa responsabilidad de llegar a ésta conclusión, ya que, al igual que el papel de Los Miserables juzga la cosificación en la novela, hay una protesta textualmente incrustada, dirigida tanto contra la cultura del consumismo desenfrenado como contra la reducción que Bateman hace de las personas a meros consumidores dentro del propio texto. Ésta segunda señal guía al lector hacia el juicio sobre el consumismo de Bateman y el entorno extremadamente capitalista de la novela. La señal que lo indica es la omnipresente aparición de la "adicción" de Bateman (American Psycho 64), El Show de Patty Winters. La banalidad y la violencia, la vida cotidiana y los asesinatos horrendos se entrelazan en la vida de Bateman. Ésto ocurre a un nivel macro en la "no narrativa" de American Psycho y a un nivel micro en las diversas señales que rodean su vida. Una de éstas señales es la obsesión de Bateman con el programa de Oprah, El Show de Patty Winters. Las referencias a El Show de Patty Winters aparecen cuarenta y seis veces en American Psycho. Una perspectiva es tomar los sucesos del programa y el relato de Bateman sobre su contenido como un simple relleno para la historia. Sin embargo, la frecuencia de los sucesos y su proximidad a momentos de consumo extremo sugieren algo más que éso. El Show de Patty Winters no puede tomarse en un valor tan simple. En cambio, el programa -que trata temas como asesinatos de niños pequeños (American Psycho 138), nazis (American Psycho 156), víctimas de ataques de tiburones (American Psycho 142) y un hombre que prendió fuego a su hija mientras daba a luz (American Psycho 347), así como temas banales como las barras de ensaladas (American Psycho 225), el ejercicio aeróbico (American Psycho 200) o cómo tu mascota puede convertirse en una estrella de cine (American Psycho 291)- debe tener algún propósito en la narrativa. Ése propósito –al igual que el juicio sobre la cosificación en Los Miserables- es guiar al lector hacia la condena moral del consumismo. En otras palabras, al igual que Los Miserables, El Show de Patty Winters es una importante señal integrada en la novela. El propósito de El Show de Patty Winters como señal se revela en una provocativa aparición en el capítulo "Chicas" (American Psycho 300-306), la misma escena mencionada anteriormente como ejemplo del giro de Bateman hacia el canibalismo. Antes de que Bateman tuviera relaciones sexuales con ellas, las torturara y las matara, una de las prostitutas cuenta una historia aparentemente inocua sobre un proxeneta y su mono que sólo veían el show de Oprah Winfrey. Según ella, "el mono le chillaba y sólo se calmaba cuando Oprah estaba en el programa" (American Psycho 302). La cualidad metafórica de éste pasaje para el libro (y, por ende, para Patrick Bateman) es demasiado obvia. Como tantos elementos de American Psycho, parece ser una especie de inserción extraña en el flujo narrativo. Como argumenté anteriormente con las apariciones de Los Miserables, las inserciones extrañas parecen tener importancia en la novela. En éste caso, la aparición de una narrativa dentro de la narrativa de un mono que chilla y ataca si no puede ver a Oprah parece aludir o parodiar a Patrick Bateman. De hecho, la respuesta de Bateman a la historia del mono que ve a Oprah revela ésta alusión. Responde con: "Silencio. Ártico, gélido, silencio absoluto" (American Psycho 302). Ésto podría interpretarse como el desinterés de Bateman por la historia de la chica, lo cual podría encontrar apoyo en su respuesta: "No me importa si has llevado una vida decente o no" (American Psycho 303). Sin embargo, el fuerte énfasis en el silencio de Bateman en respuesta a la historia del mono parece algo más. Parece la respuesta de alguien que se da cuenta de que, al contarle una historia figurativa, está siendo juzgado o sermoneado moralmente: una especie de parábola para señalar lo superficial que es Bateman. Si ése es el caso, entonces el uso del programa de Oprah Winfrey en ésta escena (la única aparición específica en la novela) parece ser una alusión a El Show de Patty Winters. Una referencia, aparentemente estratégica, a El Show de Patty Winters sobre los "Consejos de belleza de la Princesa Diana" (American Psycho 301) en la página anterior parece animar a los lectores a hacer ésta conexión. Si la aparición en el programa de Oprah Winfrey sustituye a El Show de Patty Winters, como creo que es, ésta escena parece proporcionar la clave de la función del programa en la novela: una indicación de juicio moral: "A medida que se desarrolla la escena, Bateman mantiene relaciones sexuales con las prostitutas Torri y Christine, sin ningún atisbo de intimidad. Curiosamente (o quizás no tanto), en ésta escena Bateman no sólo describe con escabroso detalle los actos sexuales, sino que también describe meticulosamente los objetos que rodean al trío durante los mismos. Por ejemplo, Bateman observa la serigrafía de Angelis que cuelga sobre la cama mientras mantiene relaciones sexuales con las prostitutas, y graba en vídeo el acto sexual y la violencia que ejerce sobre las chicas después con una "cámara ultraminiatura Minox LX que admite película de 9,5 mm, tiene un objetivo de 15 mm f/3,5, un exposímetro y un filtro de densidad neutra incorporado" mientras escucha "un CD de los Traveling Wilburys en un reproductor de CD portátil" (American Psycho 303-304). La descripción de Bateman parece menos un intento de detallar el contexto del sexo y la violencia que un anuncio. Si bien existen numerosos actos sexuales descritos en el libro de Bateman con extremo detalle y un lenguaje casi pornográfico, en ningún otro lugar Bateman describe los objetos de la habitación centrándose en la marca y las características. Ésta forma de descripción del producto se mantiene separada de los numerosos actos sexuales y violentos. Pero aquí la mezcla de sexo y cultura del consumo que hace Bateman es evidente. Y, por si la aparición de El Show de Patty Winters, la inserción superficial de El Show de Oprah Winfrey y la descripción, casi publicitaria, que Bateman hace de los objetos que lo rodean durante el acto sexual no fueran suficientes para sugerir una conexión con el tema del consumo, Ellis añade uno de los cuatro momentos de canibalismo de Bateman. Todos éstos componentes hacen que sea muy difícil no asociar ésta escena con el tema del consumismo" (Thompson, pp. 64, 65). Como una especie de descripción de la función de El Show de Patty Winters, la escena anterior no ofrece una crítica excesivamente profunda del consumismo. Su propósito es más bien describir su función y luego demostrarla brevemente. Un mejor ejemplo de la función de El Show de Patty Winters como señal que sugiere una condena moral del consumismo se encuentra en el capítulo "Reunión de negocios" (American Psycho 105-111). En ésta escena, Bateman, Luis Carruthers, Paul Owen, Reed Thompson, Todd Broderick, McDermott y Greg McBride tienen una reunión de negocios en Pierce & Pierce, pero no trata sobre asuntos relacionados con la banca de inversión. En un momento dado, la reunión parece desviarse hacia una discusión sobre finanzas cuando McDermott sugiere que los demás miembros de la reunión deberían "leer la reseña del Times" (American Psycho 109). Sin embargo, el artículo que recomienda es "¿Dónde cree Donald Trump que se sirve la mejor pizza de Manhattan?" (American Psycho 110). En cambio, los temas de conversación en la reunión se centran en cenas en restaurantes, mujeres, clavadistas olímpicos y, sobre todo, el contenido del programa matutino de Patty Winters. Ésa mañana, El Show de Patty Winters tenía como invitados a "descendientes del grupo Donner" (American Psycho 107). La alusión al consumo aquí es bastante fuerte, ya que el grupo Donner fue un grupo de pioneros estadounidenses que, durante su viaje hacia el oeste, quedaron atrapados por la nieve en las montañas de Sierra Nevada durante el invierno de 1846-1847. Los miembros del grupo recurrieron al canibalismo para sobrevivir. La alusión a éste trágico incidente y al canibalismo relacionado presagia la práctica del canibalismo por parte del propio Bateman, pero también se relaciona sutilmente con el contexto inmediato. Además del contenido de la conversación dentro de la supuesta reunión de negocios, la descripción que Bateman hace de cada uno de los participantes es impactante. A medida que cada personaje entra, Bateman emplea su fórmula de "X llevaba Y por Z" para describirlos: "(Luis Carruthers) lleva una chaqueta deportiva de lana a cuadros, pantalones de lana, una camisa de algodón de Hugo Boss y una corbata con estampado de cachemira; pantalones, supongo, de Brooks Brothers" (American Psycho 106-107). Bateman usa lo mismo para describirse a sí mismo: "Llevo un traje de tweed de lana y una camisa de algodón a rayas, ambos de Yves Saint Laurent, y una corbata de seda de Armani y zapatos negros nuevos de puntera de Ferragamo" (American Psycho 106). Pero Bateman añade un componente a su descripción de sí mismo que no aparece en ningún otro lugar de la novela, y sólo lo dice sobre sí mismo. Reflexiona sobre su ropa al afirmar: "Me siento fatal, pero me veo genial" (American Psycho 106). Éste raro momento de reflexión emocional para Bateman revela que él también siente el peso del consumismo vacío. Al menos en éste caso, Bateman parece darse cuenta de que lo que posee no añade valor a su persona. Su ropa, aunque estupenda, no lo hace sentir mejor. Inmediatamente después de la reflexión y descripción de Bateman sobre la ropa de Luis Carruthers, Bateman dirige la atención del lector hacia El Show de Patty Winters y los descendientes de la expedición Donner. La inmediatez de la intervención de Bateman sobre algo aparentemente tan trivial distrae el desarrollo del capítulo y sugiere que tiene algo que ver con lo que sucede en él. Al igual que las apariciones de Los Miserables mencionadas anteriormente, la aparición de El Show de Patty Winters en ésta escena es sutil más que evidente. Su sutil propósito es guiar al lector como una señal hacia un juicio moral sobre la cultura del consumo dentro de la novela, una cultura representada de alguna forma en estrecha proximidad con las apariciones de El Show de Patty Winters. Tanto el consumo casi diario que Bateman hace del programa (el acto de consumir) como el grotesco desfile de la vida estadounidense moderna representada en el contenido del programa (el contenido del consumo) critican la cultura que lo produce. Si bien no tenemos una crítica abierta de ésta cultura, el texto de El Show de Patty Winters guía al lector para que formule ésta reflexión con evidencia que la respalda. Tras explorar la historia de la recepción crítica de American Psycho y ofrecer mi propio análisis literario en relación con ésta historia –centrándome en el contexto del género y en las señales que, según mi argumento, guían al lector hacia una postura moral particular respecto a la violencia de la novela y su narrador sádico-, me quedan varias conclusiones. Cada una de ellas se centra en la afirmación general de éste ensayo: aunque la historia presenta a uno de los personajes más repugnantes, violentos y ofensivos de la literatura del siglo XX, American Psycho es una novela de crítica social y moral. Ésta afirmación ha sido realizada por críticos que pertenecen a lo que he denominado "la cuarta ola de críticos", quienes argumentan que ciertos elementos del texto tienen la intención de llamar la atención del lector sobre el absurdo, la perversidad y la inmoralidad de dichas acciones. Mi tesis ha intentado profundizar en el trabajo de éstos críticos al explorar cómo otros elementos menores, aparentemente mundanos, del texto –en éste caso, las numerosas referencias a Los Miserables y El Show de Patty Winters y su proximidad a manifestaciones de temas clave de la novela- logran el mismo efecto. Mi esperanza para ésta tesis y mi propósito eran complementar el trabajo de éstos críticos analizando elementos previamente inexplorados en la narrativa y su función como indicadores para guiar al lector hacia la condena moral de la violencia de Bateman. La perspicaz exploración de la violencia como herramienta irónica para condenarla por parte de críticos como Allue, Weinreich, Niedlich, Cojocaru y Serpell se vuelve aún más convincente cuando se complementa con los indicadores menores que he analizado. La violencia irredenta e impenitente como potencial para un significado moral positivo parece contraintuitiva, y es difícil encontrar alguna cualidad redentora en la violencia de cualquier tipo, y mucho menos en la que se encuentra en American Psycho. La maldad de Patrick Bateman no se elimina (generalmente matando al malvado asesino en serie) en American Psycho, al igual que en otras novelas sobre asesinos en serie. Por lo tanto, no existe un marco donde el bien triunfe sobre el mal (es decir, redención) en la novela. Bateman no es castigado ni transformado (aunque existen oportunidades para ambos dentro de la narrativa). Al final, todo simplemente es. Éste "todo simplemente es" es lo que causa tanta frustración con el libro. Para que la novela sea un relato moral, debe haber una salida o resolución para el lector. American Psycho no ofrece ninguna y subraya ésta ausencia con su icónico final "ÉSTA NO ES UNA SALIDA" (American Psycho 399). Sin embargo, como he explorado anteriormente, ésto no significa que los actos de Bateman "no hayan significado nada". En cambio, la novela, que se ha descrito como superficial, si se lee correctamente, tiene un rico significado moral: un juicio moral sobre los actos personales y sociales de cosificación y consumismo. La novela en sí contiene señales textuales que guían al lector de American Psycho hacia el juicio moral. En mi análisis, sólo señalé dos de muchas. Es difícil leer y comprender American Psycho. La dificultad no radica sólo en la violencia extrema, sino que, como señalaron algunos críticos (por ejemplo, Norman Mailer), en los elementos monótonos y repetitivos del texto. Ésto incluye la descripción de Patrick Bateman de la ropa, las rutinas de ejercicio, las insípidas conversaciones de yuppies en bares de Manhattan, las reseñas musicales, las compras de marcas, entre otros. Sin embargo, como espero haber demostrado en mi análisis, éstos detalles aparentemente vacíos o superficiales son precisamente la clave para descubrir un significado más profundo en la novela. Si mi análisis es correcto al afirmar que Bret Easton Ellis colocó señales en el texto para guiar al lector, entonces la conclusión de muchos críticos, e incluso la sugerencia del propio Bret Easton Ellis, de que la voz del autor no está presente en el texto, son incorrectas: "En lugar de estar completamente ausente, la voz del autor, aunque queda relegada a un segundo plano frente a la propia interpretación del lector, guía al lector hacia el significado potencial del texto a través de detalles menores y repetitivos situados cerca de perspectivas repugnantes (objetivación, consumismo) sostenidas por los personajes principales de la novela y, especialmente, por su narrador, Patrick Bateman. Ésta es la definición misma de ver al autor, el texto y el lector en una conversación. Ésto se aplica no sólo a American Psycho, sino también a otras obras literarias. No son sólo los recursos literarios habituales o principales los que merecen atención (por ejemplo, el narrador del texto), y no prestar atención a los detalles que rodean o guían la perspectiva del lector hacia ésos elementos en los detalles más insignificantes de un texto podría llevar a una lectura errónea o pasar por alto posibles espacios de significado. Éste punto llega a lo que considero la macroimplicación más importante para mi exploración de American Psycho: el libro en sí, en su síntesis de autor y lector, desafía la conversación sobre la relación autor-texto-lector, que se encuentra en el centro del análisis literario. Específicamente, lo que se cuestiona es una especie de pensamiento binario entre ambos. O bien el texto mismo dicta el significado y el rol del lector es descubrirlo, o bien el lector proporciona el significado leyendo el texto desde su propia perspectiva, sin las limitaciones específicas del texto. Por un lado, el texto se simplifica excesivamente, se reduce a un solo significado, y, por otro, se vuelve excesivamente complejo y se expande para incluir infinitas interpretaciones… Dado que Bateman proporciona la única voz reflexiva dentro de la novela, los críticos rápidamente la tacharon (y al autor) de misógino, pornográfico y sádico… Ésto sería cierto si cada personaje de cada novela jamás escrita fuera una representación directa de su autor y de sus propios ideales personales. Éso, por supuesto, es absurdo" (Thompson, pp. 69, 70, 71).

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Los burgueses bohemios.

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¿Cuáles son las similitudes y las diferencias entre Patrick Bateman y Jeffrey Edward Epstein? American Psycho transcurre en Manhattan, durante tres años, a partir del primero de abril de 1989. El protagonista es Patrick Bateman, un inversionista acomodado de 26 años, quien, graduado de la clase 1984 de Harvard y de Harvard Business School, trabaja como vicepresidente en una compañía de inversiones en Wall Street. Es una parodia de la cultura yuppie de los años ochenta, el texto se encuentra plagado de referencias a la ropa de los últimos diseñadores, los restaurantes mejor posicionados, entremezcladas con reseñas de grupos de música pop. John Thompson acierta en varias cuestiones: American Psycho es una crítica de la cultura de consumo: el consumismo, la cosificación, la prostitución, la pornografía y el canibalismo; Patrick Bateman pasa de consumir pornografía violenta a filmar pornografía violenta y asesinar y comer prostitutas; Bateman es un narrador no fiable porque consume cocaína y sufre alucinaciones y graves ataques de ansiedad; nadie en su círculo quiere ver que es un asesino en serie a pesar de las señales y las confesiones; la obra contiene señales objetivas que condenan la conducta de Bateman: Los Miserables, El Show de Patty Winters; cada lector interpreta la obra a partir de un marco interpretativo propio. Desde el propio marco interpretativo es posible encontrar contradicciones en la construcción del personaje. ¿Cómo un vicepresidente de una compañía de inversiones de Wall Street, que además es graduado de la clase 1984 de Harvard y de Harvard Business School, consume la cultura popular estadounidense, incluyendo la telebasura y la afición por los asesinos seriales? Bateman acude personalmente a comprar revistas pornográficas, va al videoclub a rentar pornografía y lleva a la tintorería ropa ensangrentada. A pesar de que el personaje es catalogado de racista, clasista, misógino, homofóbico, pedófilo, etc. No existe una señal que indique que forme parte de la élite cultural o de la Ivy League. Bono, Whitney Houston y Oprah Winfrey no son referencias de un círculo esnobista. Ésa contradicción en la construcción del personaje hace que no existan grandes diferencias culturales entre Patrick Bateman y Homero Simpson. Incluso peor, la cultura de marcas es aspiracional. El hecho de que esté tan obsesionado con las marcas, los asesinos seriales y las prostitutas callejeras sólo indica que su cultura no forma parte de la élite. Joseph Heath y Andrew Potter en "Rebelarse vende. El negocio de la contracultura" (TAURUS, 2005), señalan que, para defenderse de la riqueza de nuevo cuño en una sociedad capitalista e igualitaria, las élites estadounidenses han concebido un sistema barroco de barreras sociales basadas no sólo en la riqueza, sino también en la educación, el poder político y el buen gusto. En casi todos los casos, el elemento crucial es el tiempo: el dinero viejo es mejor que el dinero nuevo, las universidades de la rancia Ivy League son mejores que las demás, las sagas políticas de viejas generaciones son mejores que las jóvenes familias arribistas y así sucesivamente. En éste orden de cosas, si se trata de posesiones es mejor no comprar nada. Más vale heredarlo todo, desde los coches hasta la ropa, y por supuesto las telas naturales, las antigüedades y las joyas familiares puntúan más alto que las prendas de nailon y poliéster, los productos de consumo o las joyas compradas en una tienda. La preferencia por lo antiguo frente a lo nuevo surge de un intento deliberado de imitar el carácter hereditario, casi feudal, de la antigua aristocracia británica. Ésta jerarquización burguesa ha dominado la vida social estadounidense durante los dos siglos prácticamente enteros de su existencia como país. Paralelamente existía un sistema de valores contrapuestos que solía catalogarse como "bohemio". Si la burguesía valoraba el trabajo individual y la labor pública de las grandes instituciones del país, la mentalidad bohemia era hedonista, individualista y sensual. Valoraba la experiencia, la exploración y la capacidad de expresión, en oposición al conformismo. Sin embargo, en un momento dado se produjo una gigantesca transformación cultural. La filosofía bohemia –es decir, lo cool- venció al rango social en la jerarquía estadounidense. Daniel Bell ya argumentaba en 1976 (en Las contradicciones culturales del capitalismo) que el capitalismo se había rendido precisamente ante el credo bohemio que había sido su peor amenaza: "Los protagonistas de la cultura rival, por el efecto subversivo que han tenido históricamente sobre los valores burgueses tradicionales, determinan sustancialmente (por no decir que lo dominan) el mundo cultural de hoy: las editoriales, los museos y las galerías de arte; la prensa cultural, con las correspondientes revistas y suplementos semanales y mensuales; el teatro, el cine y las universidades". Es más, "lo que sorprende hoy en día es que la mayor parte de la burguesía carezca de una cultura propia intelectualmente respetable –sin grandes nombres en la literatura, la pintura y la poesía que pueda contraponerse a la cultura rival. En éste sentido, la cultura burguesa ha quedado hecha trizas". Es indudable que en el conflicto planteado entre la rancia filosofía burguesa y el ideario bohemio, ha triunfado claramente éste último. Pero ha sido –contrariamente a los aciagos presagios de Bell- dentro de un entorno capitalista no sólo intacto, sino robustecido y más fuerte que nunca. ¿Cómo ha podido pasar ésto? Parece obvio que en los veinte años aproximados entre 1970 y 1990 se produjo una espectacular transformación cultural en la sociedad norteamericana. Sobre todo en la década de 1970 se produjo una profunda revolución cultural. La vieja oligarquía protestante empezó a sucumbir justo cuando la prole nacida en la explosión demográfica terminaba la universidad y accedía a los puestos importantes, firmes en su defensa de la doctrina hippie. Al llegar la década de 1990, cuando éste grupo ya era la élite política, económica y cultural del país, dejaban a sus espaldas una sociedad totalmente transformada. Hoy nadie pone en duda que éstos cambios se produjeron. Sin embargo, existen divergencias en cuanto a la naturaleza de ésta transformación. Según la versión oficial, la segunda generación de hippies se integró voluntariamente en el sistema –cambiando sus pipas de agua por motos BMW- o el sistema sencillamente los asimiló. Según ésta teoría, la contracultura no habría salido del todo victoriosa. Es decir, se trató de un triunfo parcial y vacío de contenido. Las oligarquías que controlaban el sistema hicieron varias concesiones tácticas, pero en cuanto a la doctrina contracultural en sí, no pasaron una por alto. Lo que hicieron fue identificar los elementos más peligrosos, la música en particular, y asimilarlos a través de versiones edulcoradas que el público compraba tomando "gato por liebre". Es decir, que cualquier atisbo revolucionario nacido a partir de 1960 fue sistemáticamente desprovisto de su potencial subversivo por un sistema inherentemente opuesto al cambio. Lo cool sería la nostalgia del radicalismo "sesentero". Un análisis más sutil nos llega de la mano de David Brooks, que opina que los dos bandos de éste gran conflicto –lo auténtico y lo carca- sencillamente se fusionaron. (¡Qué cosa tan capitalista!). Según ésta teoría, la generación de la explosión demográfica acudió en masa a la universidad, lo que produjo una élite desconocida hasta entonces, basada en la educación y la valía intelectual. Sus miembros tardaron poco en descubrir que no era necesario elegir entre un pasado rebelde y un futuro conformista. Ni mucho menos. Incluso podrían seguir haciendo tartas de hachís y hasta comérselas y todo. Lo único que tenían que hacer era inventar un sistema de vida para ser rebeldes, pero con un buen paquete de acciones de la empresa. ¿Alguno de ellos se ha vendido? Pues no, porque en la disyuntiva entre cultura y contracultura, es imposible saber quién ha asimilado a quién, ya que en realidad los bohemios y los burgueses se han asimilado entre sí". A ésta nueva élite no la mantiene unida una rancia red basada en los contactos familiares, económicos o de viejas amistades escolares. Los BoBos (apócope de bourgeois bohemians, es decir, "bohemios burgueses") son un grupo variopinto de "meritócratas" que viven en lugares como Seatle, Austin, Toronto y Palo Alto donde desempeñan labores de tipo intelectual en universidades, empresas de alta tecnología y agencias de diseño. Lo que les une es el rechazo conjunto a comprometerse tanto con el sector burgués como con el bohemio: "Tienen dinero sin ser avariciosos; se llevan bien con sus padres sin ser unos conformistas; han llegado arriba sin despreciar descaradamente a los de abajo; han logrado el éxito sin atacar con actitudes rancias el ideal de la igualdad social; llevan una vida desahogada sin caer en los viejos tópicos del consumo conspicuo". Es decir, son un grupito bastante nauseabundo: "Los BoBos de la primera explosión demográfica se pusieron al frente de un gran grupo al que se le ha acabado por denominar la "clase creativa". Como sucedió con la oligarquía social de la década de 1950, éste nuevo y poderoso grupo marca las pautas esenciales de la sociedad en su conjunto. Frente a la homogeneidad y el conformismo que definían al "hombre-empresa", éstos individuos creativos valoran el individualismo, la capacidad de expresión y la distinción. Fusell ya había vaticinado el auge de los creativos al final de su libro Class (Clase), aunque creyó que ésta nueva "clase X" sería la primera en lograr trascender la noción de grupo social (cada diez años sus seguidores detectan al último grupo de rebeldes contraculturales y hacen la misma predicción. Según Fussell, éstos actores, músicos, artistas y periodistas se convertirían en una especia de aristocracia no adinerada, al lograr "huir por la puerta trasera de la farsa social que encasilla a todos los demás". El análisis más acertado de éste grupo de creativos lo hizo el economista Richard Florida. En contraste con Brooks, que los considera una élite cultural formada por personas individualistas, inconformistas, antiinstitucionales, meritócraticas y tolerantes, Florida se da cuenta de que su poder es sobre todo y ante todo económico. En su opinión, ésto resultaba evidente porque no eran personas que buscaran determinados empleos, sino que los empleos les buscaban a ellos. Al llegar la denominada "nueva economía", la creatividad se convirtió en el eje de la capacidad competitiva y las empresas se vieron obligadas a seguir los pasos de los individuos con ideas (a ciudades como Seatle, Austin, Toronto, Palo Alto…). Los creativos constituyen ahora casi un tercio de la población activa estadounidense y suelen ganar el doble de lo que ganan los miembros de las clases trabajadores y del sector servicios. El capitalismo sigue funcionando y Estados Unidos sigue estando igual de jerarquizado que siempre. La noción de que la filosofía bohemia suponía un peligro para el sistema era obviamente errónea. Florida trata éste asunto al argumentar que "el término contracultura es erróneo, ya que se refiere exclusivamente a la cultura popular, que es sólo una etiqueta para poder vender lo que sea y sacar dinero" (Heath & Potter, pp. 229, 230). American Psycho es una denuncia de la masculinidad yuppie a través de la visión homosexual de Bret Easton Ellis. La directora del film y coescritora del guion, Mary Harron, le imprimió una visión feminista. Patrick Bateman es un psicópata misógino, homofóbico y asesino, es decir, un feminicida. En resumen, una caricatura neoliberal yuppie. ¿Qué tiene que ver Patrick Bateman con los hippies de 1960 y 1970 y los BoBos de 1990? Que en medio está el yuppie de 1980, el sucesor materialista del hippie y el antecesor del burgués bohemio. ¡Entre Woodstock y Silicon Valley está Wall Street! Los BoBos son las nuevas clases progresistas, pero políticamente cínicas y conformistas, que mezclan el idealismo setentero con el pragmatismo neoliberal ochentero. Dylan Gottlieb en "Yuppies: Jóvenes profesionales urbanos y la creación de la Nueva York posindustrial" (CAMBRIDGE UNIVERSITY PRESS, 2021), ubica que a principios de la década de 1980, el estereotipo del yuppie surgió como un objeto de fascinación mediática y popular. En 1984, la revista Newsweek lo declaró el "Año del Yuppie", palabras estampadas sobre una caricatura de Gary Trudeau que representaba a dos personas blancas urbanas en el Central Park de Nueva York. En el interior, un artículo perfilaba a los miembros de ésta clase recién descubierta: profesionales que ganaban altos salarios, codiciaban lofts, entrenaban para maratones, eran dueños de Cuisinarts y disfrutaban de sushi y chardonnay. Por otra parte, los comentaristas recurrieron a la imagen del yuppie para dar sentido a una serie de cuestiones relacionadas: desde las nuevas formas de masculinidad hasta la inquietud por el consumismo y la incorporación de las mujeres a las profesiones. Los yuppies, en definitiva, eran la ansiedad por la opulencia hecha carne. ¿Qué pasaría si tomáramos a los "yuppies" en serio, no como un estereotipo ni como un objeto de sátira, sino como una verdadera ola demográfica que inundó las ciudades estadounidenses a partir de finales de la década de 1970? ¿Qué se descubriría si se analizara críticamente a los profesionales con alto nivel educativo que llegaron a Nueva York para trabajar en Wall Street y en bufetes de abogados? Los yuppies fueron esenciales para comprender cómo el auge de los sectores financiero y profesional transformaron Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XX. Estuvieron a la vanguardia de la concentración de capital y capacidad intelectual en unas pocas ciudades. Representaron la división de lo que una vez fue una amplia clase media en dos: una clase metropolitana con movilidad ascendente y educación universitaria, por un lado, y una clase obrera con movilidad descendente, por el otro. Transformaron la política estadounidense, a medida que el Partido Demócrata se volvió más dependiente de los profesionales con formación que de los obreros, más endeudado con Wall Street que con las maquinarias políticas urbanas, más subyugado por los jóvenes con altos salarios que por los votantes mayores o más pobres. En última instancia, los yuppies, aunque nunca fueron lo suficientemente numerosos como para influir en las elecciones nacionales por sí solos, lograron transformar la política estadounidense y, con ella, la vida económica y social del país. ¿De dónde salieron éstos profesionales? ¿Qué los trajo a Nueva York? La historia comenzó con la desregulación de Wall Street por parte de las administraciones Carter y Reagan. La transformación resultante de los mercados de bonos, incrementó el dominio de los grandes bancos de inversión, todos con sede en Nueva York. Aumentó la rentabilidad de ésos bancos y la velocidad y escala de las emisiones de bonos y las adquisiciones, lo cual favoreció a los bancos que podían reunir el mayor equipo de analistas para idear y evaluar nuevos acuerdos. A medida que la desregulación puso fin a la era caballerosa de la banca relacional en Wall Street, los bancos necesitaban encontrar un gran número de jóvenes analistas y operadores con talento. Nieto de inmigrantes judíos, Epstein se crio en el Brooklyn en una familia de clase media, se graduó temprano de la escuela secundaria, asistiendo brevemente a Cooper Union y la Universidad de Nueva York. Fue profesor de matemáticas y física en The Dalton School de 1974 a 1976, de los 21 a los 23 años. A mediados de la década de 1970, los estudiantes de una de las escuelas preparatorias más prestigiosas de Nueva York se sorprendieron al encontrarse con un nuevo maestro que superó los límites del estricto código de vestimenta de la escuela, deambulando por los pasillos con su cabello largo, un abrigo de piel, cadenas de oro y una camisa abierta que dejaba al descubierto su pecho: Jeffrey Edward Epstein. Como gran parte del resto del país, The Dalton School en la década de 1970 se encontraba en medio de una guerra cultural. La escuela, que había sido un refugio progresista para los hijos de artistas y escritores, estaba atravesando un cambio bajo la dirección de un nuevo director. Donald Barr, el padre del fiscal general William Barr, llegó como un disciplinario centrado en reforzar los resultados académicos de la escuela y en hacer cumplir un estricto código de conducta. En una escuela conocida por su creatividad, los administradores habían prohibido los pantalones vaqueros y los "disfraces extraños y excéntricos". Si Barr sorprendía a los estudiantes consumiendo marihuana, a menudo los enviaba a terapia como condición para permanecer en la escuela. En ocasiones, los miembros del personal expulsaban a los estudiantes de sus clases matutinas; a las chicas les gustaban las faldas demasiado cortas y a los chicos el pelo demasiado largo. Algunos estudiantes y padres se opusieron a las limitaciones. Aun así, la escuela siguió atrayendo a familias famosas. Alrededor de los años del período de Epstein, los registros muestran que la lista de estudiantes incluía a Prudence Murdoch, la hija del magnate de los medios Rupert Murdoch; la diseñadora de moda Jill Stuart; y varias futuras actrices, incluidas Jennifer Grey, Tracy Pollan y Maggie Wheeler. Si bien Donald Barr era estricto con la cultura escolar, se propuso contratar maestros de entornos poco convencionales. Epstein sólo tenía 21 años cuando se unió a The Dalton School y llegó sin un título universitario. No fue acusado de ningún delito relacionado con su tiempo en la escuela, tampoco está claro que Donald Barr haya contratado a Epstein durante ése período. El periódico estudiantil de la escuela informó en septiembre de 1974 que ése año comenzaría como profesor de matemáticas y física. Al año siguiente participó en un musical escolar para padres y profesores, y apareció en ediciones posteriores del periódico como el entrenador de matemáticas de los Dalton Tigers. El maestro Epstein, se enfrentaría décadas más tarde a acusaciones de coaccionar y traficar adolescentes con fines sexuales. En la escuela Dalton en el Upper East Side, algunos estudiantes vieron a Epstein como una figura inusual e inquietante, dispuesta a violar las normas en sus encuentros con chicas. Ocho exalumnos que asistieron a la prestigiosa escuela durante el breve período de Epstein allí dijeron que su conducta con las adolescentes había dejado una impresión que había perdurado décadas. Un exalumno lo recordó apareciendo en una fiesta donde los estudiantes estaban bebiendo, mientras que la mayoría recordó su persistente atención a las adolescentes en los pasillos y aulas. Pero su tiempo en Dalton lo llevó a ser tutor del hijo de Alan Greenberg, director ejecutivo de Bear Stearns, lo que le permitió trabajar en el banco de inversión de 1976 a 1981, de los 23 a los 28 años. A los ejecutivos de Bear Stearns les gustaba presumir de que su gente era sólida y brillante. También se jactaba de ser una casa de inversión diferente: una con poca experiencia y ambición, donde los sueños de la clase media de dividendos de clase alta estaban al alcance. En una entrevista, Lynne Koeppel, hija de Greenberg, recuerda que Epstein fue invitado a la casa familiar en varias ocasiones. El chico de Brooklyn le llamó la atención. Tenía una gran personalidad. Era todo lo que mi padre quería. Pobre, inteligente y con un profundo deseo de hacerse rico. Todos lo consideraban brillante. Epstein era único en Bear Stearns por su asombrosa capacidad para comprender el precio de las opciones, los derivados financieros que se otorgaban a los compradores por el derecho a comprar o vender según el valor de los activos subyacentes. Aplicó un enfoque científico a sus operaciones, y su éxito fue inmediato y lucrativo. Para Epstein, las finanzas eran como la física. Había un número fijo de reglas y, tanto en finanzas como en física, se podía experimentar. Epstein solía decirles a sus clientes de Bear Stearns que era un experto en impuestos, experto en estrategias de inversión sofisticadas. En realidad, era un operador de opciones. En aquel entonces, la negociación de opciones era un campo arcano y poco comprendido, que apenas comenzaba a despegar. Para operar con opciones, había que valorarlas, y para ello era necesario dominar complejas concepciones matemáticas como el modelo de valoración de opciones de Black-Scholes. Para Epstein, descomponer éstos modelos era pura diversión, y en pocos años ya contaba con una clientela selecta. En 2002, New York Magazine citó a James Cayne, director ejecutivo de Bear Stearns, sobre Epstein: "Dada su formación matemática, lo incorporamos a nuestra división de productos especiales, donde asesoraba a nuestros clientes más adinerados sobre las implicaciones fiscales de sus carteras" (Vanity Fair, pp. 56, 57).

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La genealogía contracultural.

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Bateman maneja las nuevas tecnologías de la información y está inmerso en la cultura popular, pero al mismo tiempo tiene un malestar cultural materialista y busca experiencias bohemias. Entre el consumo de drogas, las prostitutas y las orgías de Woodstock, Wall Street y Silicon Valley no hay diferencia. Un gran acierto de Bret Easton Ellis es señalar la diferencia esquizofrénica entre el discurso político y la imagen de Bateman: "Hay problemas mucho más importantes que Sri Lanka. Bueno, tenemos que acabar con el apartheid, por ejemplo, frenar la carrera armamentística nuclear, frenar el terrorismo y el hambre en el mundo. Tenemos que proporcionar alimento y refugio a las personas sin hogar, oponernos a la discriminación racial y promover los derechos civiles, así como la igualdad de derechos para las mujeres. Tenemos que fomentar el retorno a los valores morales tradicionales. Y, sobre todo, tenemos que promover la preocupación social y reducir el materialismo entre los jóvenes". Las palabras de Bateman arrancan la risa de sus amigos banqueros de Pierce & Pierce y la admiración ingenua de las mujeres. La peligrosidad de Bateman radica en su habilidad de fingir preocupación por el mundo cuando está más vacío que un fondo de pensiones: un depredador de Wall Street. La versión bohemia de Bateman podría ser un hippie políticamente correcto, pero cínico y materialista. ¿Qué tal John Lennon?: "Imagina que no hay países… Imagina que no hay posesiones… Ninguna necesidad de avaricia o hambre. Una hermandad de hombres. Imagina a toda la gente compartiendo el mundo". Alessandro Gerosa en "La economía hípster. Sabor y autenticidad en el capitalismo moderno tardío" (UCL PRESS, 2024), se pregunta ¿quiénes son los hípsters? Intuitivamente, todos sabemos la respuesta, y se basa en una representación mental estereotipada con pocas variantes: personas con barbas y/o bigotes extravagantes, con camisas de leñador y gorros, que se desplazan en bicicletas de piñón fijo. Pero más allá de las representaciones estereotipadas, ¿quién o qué es el hípster? Greif et al. (2010), seguido posteriormente por muchos otros, planteó la llamada "paradoja hípster": quienes se ajustan a la descripción de un hípster suelen rechazar la etiqueta de "hípster", ya que éso los masificaría y socavaría su pretensión de singularidad y autenticidad. Además, en la cultura general, "hípster" ha adquirido una connotación generalmente burlona y peyorativa, que indica a las personas que buscan autenticidad pero que, en última instancia, son falsas, independientemente de lo que signifique auténtico o falso en éste contexto. De hecho, mi trabajo de campo así lo sugirió. La etiqueta "hípster" resultó ser sumamente útil para describir una estética y una orientación gustativa comunes, adoptadas por una economía, sus emprendedores y sus clientes, todas centradas en la experiencia de la autenticidad. Seguramente, algunos de los bármanes o operadores de food trucks, y sus clientes, pueden recordar más o menos el estereotipo del "hípster", pero seguían siendo una minoría escasa. Éstos locales atienden a una clientela más diversa y atraen a una amplia variedad de trabajadores. Como argumenta Ocejo en Masters of Craft, el principal atractivo de éstos empleos reside en su intrínseca modernidad para las personas (blancas, de clase media). Alessandro Gandini (2020) observa cómo las coctelerías y locales similares, arraigados en la cultura hípster, convierten las zonas donde se resumen en las "capitales de lo cool del mundo occidental". Cabe destacar que Gandini habla de "cultura hípster", oponiéndose explícitamente a la conceptualizacion del hipsterismo como subcultura o contracultura. Éstas tiendas, argumenta, no representan tendencias de consumo de nicho, sino un conjunto general de prácticas. Se pueden hacer consideraciones similares sobre el hipsterismo en el ámbito del consumo. La contradicción o "paradoja" entre la caracterización del hipsterismo como la voluntad de ser "alternativo a la corriente dominante" –intrínseca a las reivindicaciones de autenticidad y distinción- y su estatus contemporáneo dominante, solo es aparente y emerge con mayor claridad cuando se adopta un enfoque genealógico. Si observamos la sociedad occidental desde la década de 1940 en adelante, los hípsters son sólo el último de numerosos entornos culturales, caracterizados por el rechazo a la "cultura dominante", dominada por la masificación y la alienación, y por el intento de alcanzar la distinción y obtener experiencias vitales auténticas. De hecho, Arsel y Thompson (2011) argumentan que la etiqueta "hípster" surgió entre finales del siglo XX y principios del nuevo como una "mitologización del mercado" y una marca cultural de la economía indie. Antes de que los hípsters se pusieran de moda (y la escena indie madurara), David Brooks (2001) retrató el estilo de vida de los "Bobos en el paraíso", individuos de clase media que representaban una síntesis entre el nuevo ethos capitalista yuppie y los valores contraculturales hippies y bohemios. Y ésto nos lleva a mencionar a los "hippies", los iconos estadounidenses (y luego occidentales) de la revolución cultural que comenzó en la década de 1960 contra los efectos más opresivos del capitalismo en su fase fordista sobre la sociedad y los individuos. Hippies que, a su vez derivaron su nombre de la subcultura estadounidense previa, nacida en la década de 1940, cuyos miembros se denominaban "hípsters", en un golpe de efecto que nos retrotrae, al menos desde un punto de vista lingüístico, al inicio de nuestro breve excursus. Como explica Tiziano Bonini (2014) en su detallada arqueología de los hípsters, los primeros hípsters fueron afroamericanos negros que desarrollaron un estilo distintivo y excéntrico, expresado principalmente a través de la moda y la música, para afirmar su identidad negra. Poco después, la gente blanca comenzó a adoptar la misma etiqueta y a apropiarse de ése estilo para expresar su rechazo a participar en la sociedad estadounidense anglosajona protestante (WASP) de la década de 1940. Éstos "hípsters blancos" constituyeron la matriz de las posteriores contraculturas blancas de las décadas de 1950 y 1960, como los motociclistas, los beats y los hippies. Las palabras "hippies" y "hípster" derivan del prefijo común "hip" de una palabra vernácula del inglés afroamericano, que se refiere a ser cool y auténtico, a la vez que distintivo y contrario a la cultura dominante (Bonini, 2014). Más apropiadamente, el prefijo transmite la idea de ser cool y autentico precisamente por ir a contracorriente. Los hípsters, beats, hippies, bobos, indies, etc., "originales", representan diferentes generaciones en distintas décadas con amplias peculiaridades y diferencias –cuya exploración detallada escapa al alcance de éste libro-, pero todos comparten un significado fundamental común, resumido por el prefijo original "hip". Por lo tanto, el viejo espíritu del capitalismo que fomentó la crítica artística de las décadas de 1960 y 1970 tampoco ha desaparecido, y precisamente por éso aún puede enmarcarse como "mainstream". Pero el predominio de éste marco es, después de todo, ficticio, pues ya vivimos en una sociedad donde la autenticidad se ha convertido en uno de los paradigmas predominantes que guían y organizan el consumo, como consecuencia de los valores propagados por el neoliberalismo y el nuevo espíritu del capitalismo. El mejor ejemplo icónico de ésta transformación es probablemente una yuxtaposición de los dos eventos de Woodstock. En 1969, Woodstock se convirtió en el icono de la contracultura que sacudía a todas las sociedades occidentales (y más allá). Los mismos tres organizadores originales lanzaron una reedición de Woodstock en 1994, con motivo del 25º aniversario, que presentó a algunos de los cantantes originales y a la nueva generación líder de músicos alternativos. Ésta vez, sin embargo, Häagen-Dazs, Apple y Pepsi fueron patrocinadores oficiales. Se crearon numerosos anuncios y merchandising. MTV transmitió el evento en vivo. Ésta segunda vez, "Revolución", a pesar del famoso eslogan de los activistas por los derechos civiles de los negros, se televisó, además, en pago por evento. Así, ser "hip" (es decir, ser cool, auténtico y alternativo) pasó de ser un rasgo definitorio de la identidad de diferentes (y subsiguientes) subculturas que se oponían al sistema de valores dominante (es decir, el dominante) a convertirse gradualmente en un paradigma dominante, encarnado con distinta intensidad por amplios sectores de las sociedades contemporáneas, y en particular por los segmentos de la población que representan la columna vertebral de la economía posfordista: "El patrimonio y el turismo son probablemente los sectores en los que la autenticidad alcanzó primero un papel paradigmático, de forma más abierta. D. MacCannell (1999) ya lo reconoció en 1976 con The Tourist, un análisis seminal de la dialéctica de la autenticidad como motor fundamental del turismo, basado en un análisis marxista de la sociedad (pos)moderna. David Lowenthal, generalmente considerado el precursor de los estudios sobre el patrimonio, dedicó un gran esfuerzo a su férrea crítica del paradigma dominante de la autenticidad en la conservación y el consumo del patrimonio. El consumo de alimentos y bebidas se ha visto revolucionado por la autenticidad, especialmente a partir de la década de 1990 (Johnston y Baumann, 2014). Más que cualquier otro ámbito del consumo, la autenticidad se ha expresado en la comida a través de una gama más compleja de significantes: típico, tradicional, biológico, orgánico, local, exótico, regional y genuino, por nombrar sólo algunos. Las bebidas no son una excepción, y la cerveza artesanal representa una de las tendencias comerciales más exitosas de las últimas décadas (Brown, 2020), mientras que las industrias del vino se inclinan cada vez más hacia procesos de producción "orgánicos", "naturales" o "biodinámicas". Hoy en día, el paradigma de la comida auténtica también ha invadido los supermercados, con estanterías repletas de productos elaborados por departamentos de marketing que buscan evocar una conexión íntima con la naturaleza, la imagen de campos abiertos y el campo, el sabor de productos genuinos de un pasado que todos teníamos perdido. Las marcas blancas también se han adaptado con nuevas líneas de productos especializadas: aunque habitualmente se las denomina líneas de "lujo", la verdadera contrapartida que ofrecen a su precio más elevado es un aura de autenticidad adicional que confieren las marcas biológicas o locales. En la música, la autenticidad ha cobrado relevancia hasta el punto de convertirse en el referente para productores y artistas de todos los géneros modernos (Barker y Taylor, 2007). El objetivo de todo artista es alcanzar la fama, el éxito y la riqueza sin volverse "falso" a ojos de sus fans, subiéndose a la ola del éxito comercial y la consagración del "pop", mientras se mantiene fiel a su yo original. Cuando más tiempo se pueda navegar en ésta contradicción, demostrando que "el éxito no me ha cambiado", más larga será la fama" (Gerosa, pp. 17, 18). Los BoBos en Francia tiene un matiz peyorativo conformista y cínico: "gente adinerada, normalmente parisina, políticamente correcta y simpatizante, generalmente de la izquierda ecologista". El tipo de gente que vota por Podemos en España y el Partido Demócrata en Estados Unidos. En México, la gente que habla como Karl Marx y vive como Carlos Slim: la "izquierda caviar". A éstos BoBos se les atribuye el despertar de los viejos barrios, catalogados como "chic", como lo son SoHo en Nueva York, SoHo en el West End de Londres, el barrio Du Maraise en París, el barrio Gràcia y Raval en Barcelona, el barrio de Chueca, La Latina, Malasaña y Lavapiés en Madrid, la Colonia Condesa en Ciudad de México que, junto con el Barrio Roma, forman el eje cultural denominado Roma-Condesa. Éstos espacios representan en su identidad colectiva, la cercanía a bares, restaurantes, espacios lúdicos contemplativos, movilidad inteligente generada por bicicletas, sistemas de transporte alternativos, que son congruentes con su filosofía ecologista y práctica. ¿Cómo se interrelacionan los BoBos con la gentrificación? Éste fenómeno comienza en el momento en que detectan o descubren un barrio particular cuyas características iniciales se han degenerado, devaluado y descapitalizado, detectando una interesante oportunidad entre calidad y precio para instalarse en él. Éstos barrios, usualmente situados dentro de los centros de las ciudades o en sus periferias inmediatas, viejos barrios obreros y zonas industriales, ofrecen ventajas por su cercanía a fuentes de empleo, sistemas económicos de transporte y la posibilidad de desplazarse a pie en un perímetro donde encuentran todo lo necesario para su comodidad. El caso paradigmático es Pablo Iglesias, un empresario contracultural de crowdfunding ligado al Grupo de Puebla (Claudia Sheinbaum en México, Gustavo Petro en Colombia, Lula da Silva en Brasil, Gabriel Boric en Chile, Luis Arce en Bolivia): Con Mano Izquierda (La Tuerka), Melancolic Films SL (Canal Red, Diario Red), Agitprop Comunicación y Análisis Político SL (Canal Red, Diario Red), la Taberna Garibaldi de Lavapiés, la Taberna Garibaldi de Miguel Servet de Madrid, etc. La Taberna Garibaldi es el paradigma de la cultura de marca: un "espacio cultural antifascista" que ofrece cócteles como el Fidel mojito, el Ché daiquiri, el Gramsci Negroni o la Pasionaria Puerto de Valencia. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense es un mundo de pintadas, carteles, eslóganes de ultraizquierda, suciedad, abandono, tomas, piquetes y barricadas que la asemejan a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica Nacional de Atenas (PNM), la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La relación entre Podemos y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología tiene su peso en los órganos de dirección del partido: de las 62 personas que formaban el Consejo Ciudadano de Podemos, 19 presentaban vínculos con la UCM o la facultad. Además de Pablo Manuel Iglesias Turrión, que fue profesor de la UCM y no pertenece al Consejo Ciudadano dado que era secretario general, personas como Íñigo Errejón Galván (doctor en Ciencias Políticas por la UCM), Juan Carlos Monedero Fernández-Gala (profesor de Ciencias Políticas), Carolina Bescansa Hernández (profesora de Metodología de la Investigación en la UCM), Luis Alegre Zahonero (profesor de Filosofía en la UCM), Tania González (licenciada en Ciencias Políticas), y un largo etc. En total, más de un 30% de los miembros que engrosan ésa lista de gobierno han pasado por las aulas de Somosaguas. Muy ilustrativo para éste caso es el informe Universidad Opina publicado en 2014, que informaba que el 41,2% de los profesores universitarios ejercen en el mismo centro en el que estudiaron, lo que revela una tasa de endogamia superior a los de otros países. Ésta tasa es mayor en los centros públicos (44,2%) y muy reducida en las privadas (13,9%), que generan muy poca plantilla. En resumen, existe un vaciamiento de la clase media en dos grupos: una clase metropolitana con movilidad ascendente y educación universitaria, por un lado, y una clase obrera con movilidad descendente, por el otro. Los empresarios contraculturales tienen la contradicción esquizofrénica entre el discurso y la cuenta bancaria. ¿Cuál es el origen de éstos especímenes? La bohemia del siglo XVIII es el arte de vivir de crowdfunding: una mezcla del cínico griego pobre y del cínico moderno que adopta cualquier discurso para sobrevivir. Los hippies que se "vendieran al sistema" son los herederos de la "filosofía del perro" y la "antifilosofía del burro". Entre sus descendientes están los lavadores de dinero: YouTubers, Patreon, Paypal, GoFundMe y Only Fans. Robert Darnton en "El diablo en el agua bendita o el arte de la calumnia, de Luis XIV a Napoleón" (CFE, 2014), ubica la obra referencial de los bohemios. LES BOHÉMIENS abre con Bissot, la versión ficticia de Brisot, despertándose en la cama miserable de un altillo en Reims. Acaba de comprar su título de leyes, pero ésa extravagancia le acabó sus ahorros, unas 300 libras, y ahora está profundamente endeudado. ¿Qué hacer? La mejor solución que se le ocurre es convertirse en filósofo en lugar de abogado, ésto es, escapar de la ciudad antes de que los agentes puedan enviarlo a la prisión de los deudores. Justifica su resolución dando un "discurso filosófico" a su hermano, quien funciona como un secuaz y quien ha estado durmiendo a su lado. Ésta es la primera de muchas arengas filosóficas dispersas por todo el libro, y la da la oportunidad a Pelleport de parodiar el rousseauneanismo vulgar de Brissot, al tiempo que desliza unas cuantas referencias sardónicas acerca de sus orígenes como hijo de un pastelero en Chartres. En un lenguaje absurdamente rimbombante, Bissot deplora las inequidades del sistema social y luego da un giro y lanza una diatriba en contra de la tiranía de los acreedores basada en su Théorie des lois criminelles. Cuando Bissot, siguiendo con su oratoria, anuncia que debe dejar Reims para regresar a la naturaleza –una solución rousseaneana al problema de su incapacidad de pagar sus deudas-, y por ello comer raíces y castañas. En éste punto, Pelleport suspende la narración para dar un poco de información de contexto acerca de los bohemios. Nunca explica el uso mismo de la palabra, pero para la segunda mitad del siglo XVIII bohémiens había llegado a denotar algo más que a los habitantes de Bohemia, o, por extensión, a los gitanos (Rumanía). Aunque no estaba asociado todavía con la noción moderna de la bohemia que popularizó Henri Murger con Les Scènes de la vie de bohème (1848), el término ya connotaba a los errantes que vivían de su ingenio y a los hombres de letras marginales. Los bohemios de Pelleport comparten ésta característica general, pero cada uno tiene rasgos altamente individuales. No podía esperar Pelleport que los lectores identificaran a cada personaje del libro, pero dejaba claro que los bohemios que deambulaban Champagne eran en realidad franceses establecidos en Londres y que su actividad principal, robar corrales, correspondía al periodismo escandaloso de los libelistas: "Pelleport no nombró a los otros miembros de la tropa, pero sugería que había por lo menos una decena de ellos. Los agentes secretos de la policía de París elaboraron reportes de todos los que pudieron identificar entre los refugiados franceses en Londres y sumaron un total de 39: una extraordinaria galería de villanos compuesta por escritores de poca monta y estafadores. Pelleport probablemente los conocía a todos. Sin duda tenía bastante material de color al cual recurrir, pero no intentó retratar a toda la población de escritores franceses en las Grub Streets en Londres porque dirigió gran parte de su sátira a variaciones de la filosofía francesa. Así pues, dividió a los bohemios en tres sectas filosóficas: "la secte économico-naturellico-monotonique" (económico-naturalista-monotónica), comandada por Seché; "la secte des depotico-contradictorio-paradoxico-clabaudeuristes" (de los despótico-contradictorio-paradójico-chismosos), guiada por Lungiet, y la de los "philosophes communico-luxurico-friponistes" (filósofos comunicativo-lúbrico-bribonzuelos) comandada por Mordanes. La primera representaba a la fisiocracia y la doctrina de la ley natural; la segunda, al despotismo ilustrado teñido de doctrinas sociales reaccionarias; la tercera, al interés propio de signo predatorio. Junto con el rousseauneanismo utópico de Bissot, los bohemios cubrían gran parte del espectro ideológico… Éste, sin embargo, como todos los demás filósofos, proclama ser partidario de principios elevados y vive de desfalcar campesinos. El narrador contrasta ésta hipocresía desfavorablemente con la antifilosofía del burro, el "nadismo" (riénisme), como él lo llama, que consiste en rechazar todos los sistemas de pensamiento al mismo tiempo que uno satisface su propio apetito. La búsqueda del placer, sin impedimentos sociales, resalta entre todas las pontificaciones como el único valor digno de perseguir. Por lo menos en ése caso, a pesar de su pretensión e hipocresía, los bohemios representan algo positivo. Su presidente, Séchant, cuando los presenta con Bissot los describe como una "tropa de personas que no carecen ni de apetito ni de alegría". Están dedicados a la "libertad encantadora y gratuita (…) Éso es lo que nos ha unido desde todos los rincones de Europa. Somos sus predicadores, y su culto puede reducirse al principio de no hacerse daño los unos a los otros". Los bohemios compartían una actitud y no una filosofía. Asumen una postura ante el mundo que es ya muy parecida al culto a la bohemia" (Darnton, pp. 244, 245, 246, 249).

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El filántropo de Harvard.

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La historia de Jeffrey Edward Epstein transcurre en Manhattan, sin graduarse nunca de la universidad terminó socializando con expresidentes estadounidenses, ex primeros ministros judíos, magnates del software, miembros de la familia real británica y de la familia real saudí: Donald Trump, Bill Clinton, Shimon Peres, Ehud Barak, Bill Gates, Elon Musk, Jeff Bezos, Sergey Brin, Príncipe Andrew, Príncipe Mohamed Bin Salman, Príncipe Al Waleed Bin Talal. Pero también terminó socializando con algunas de las mentes más prominentes del mundo: los físicos ganadores del Premio Nobel Gerard´t Hooft, David Gross, Frank Wilczek y Murray Gell-Mann, el físico Stephen Hawking, el físico matemático Marvin Minsky, el biólogo evolutivo Stephen Jay Gould, el biólogo matemático Martin Nowak, el matemático y genetista Eric Lander, el físico Kip Thorne, el ingeniero molecular George Church, el neurólogo Oliver Sacks, el psicólogo cognitivo Steven Pinker, el lingüista Noam Chomsky. Ésta lista revela la contracultura informacional de Epstein: un maestro hippie materialista de la década de 1970 con cabello largo, un abrigo de piel, cadenas de oro y una camisa abierta que dejaba al descubierto su pecho en The Dalton School; un banquero yuppie de la década de 1980 con traje de Moe Ginsburg, comprado en la legendaria tienda de "pipe-rack" de bajo coste y sin adornos del Bajo Manhattan, y cabello largo en Bear Stearns: Chico Cosmo Magazine 1981, pareja de Miss Suecia 1980; un filántropo BoBo de la década de 1990 que recluta modelos adolescentes para Victoria´s Secret, usando un elegante traje negro y una corbata brillante, mezclando el saco con pantalones de mezclilla rotos y playeras polo, usando finalmente chándales holgados. La suma de rebeldía contracultural, el deseo de hacerse rico y vivir experiencias bohemias. Barry Levine en "La araña: Dentro de la red criminal de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell" (CROWN, 2020), ubica que mil seiscientas veintisiete millas de océano separan el llamativo paseo marítimo de Coney Island, en el extremo sur de Brooklyn –donde creció Jeffrey Epstein-, de las playas de arena blanca de las Islas Vírgenes Estadounidenses, donde posteriormente estableció su hogar. Allí, entre las pocas docenas de islas y cayos del extremo sureste de St. Thomas, se encuentra un cayo de setenta acres llamado Little St. James. Epstein adquirió la isla en 1998 por 7,95 millones de dólares y adquirió la adyacente, Great St. James, por 17,5 millones de dólares casi dos décadas después. Se estima que el valor combinado de las islas ronda los 86 millones de dólares. El antiguo maestro de escuela, convertido en financiero, llamaba a su refugio privado Little St. Jeff´s. Durante sus visitas –normalmente dos o tres veces al mes- vivía en una villa color crema con un brillante techo turquesa. La finca contaba con un cine, una biblioteca y un baño japonés independiente. Se escuchaba música meditativa en la propiedad, sus dos piscinas y las cabañas. Cinco estructuras más salpicaban la isla, incluyendo las dependencias del personal; en un momento dado, alrededor de 2008, el personal había aumentado a unas setenta personas. Había una sala de masajes al aire libre, así como un misterioso edificio que parecía un templo mezquita. Más lejos de la villa se encontraba una plataforma para helicópteros y, más allá, una cala aislada que Epstein llamaba "la gruta". Dos enormes banderas estadounidenses ondeaban en ambos extremos de la isla, donde guardias de seguridad patrullaban la orilla. Cuando Epstein estaba en su isla, los empleados, vestidos con polos, debían permanecer ocultos. Según se informa, también había otras reglas. La temperatura en su dormitorio se mantenía a unos fríos 12º Celsius. Las toallas debían reponerse constantemente. Las esterillas debían estar listas para sus frecuentes prácticas de yoga. Siempre había comida vegetariana –la favorita del abstemio Epstein- a mano. La casa contenía varias rarezas. Epstein guardaba su colección de "tesoros piratas" no en joyeros, sino en "viejas botellas de ron y vajilla" descubiertas en la isla por trabajadores, según un informe. Otros objetos eran menos inofensivos. Un contratista que trabajaba en la casa le dijo a un periodista que Epstein había instalado una "una ducha de diez cabezales para duchas grupales", y agregó que observó fotografías enmarcadas de "chicas jóvenes, apenas vestidas o semidesnudas". Muchas características de la isla sobresalían en la mente de los visitantes, pero lo que dejó la mayor impresión en los lugareños fue el invitado de Epstein. En Little St. James, Epstein recibió a una variedad de nombres importantes. El más famoso fue Bill Clinton, quien fue pasajero del avión de Epstein al menos veintiséis veces. Dos testigos situaron a Clinton en la isla en 2002, aunque su portavoz ha negado que alguna vez la visitara. Otros visitantes incluyeron capitanes de la industria, celebridades y la realeza. El Príncipe Andrew lo visitó, al igual que su esposa, Sarah Ferguson, así como el patrono de Epstein, el empresario Les Wexner, y el abogado Alan Dershowitz. En marzo de 2006, Epstein recibió al profesor de Cambridge y físico teórico Stephen Hawking y a otros veinte científicos de renombre en una conferencia titulada "Confrontando la gravedad: Taller para explorar cuestiones fundamentales de gravitación y cosmología" en St. Thomas. La ciencia era una pasión para Epstein, un interés que se manifestaba en ideas a veces extravagantes, así como en donaciones financieras y vínculos con instituciones que luego las desautorizarían. En la página de la Fundación Edge aparece una charla con el físico y cosmólogo Lawrence Krauss: "La Energía del Espacio Vacío que no es Cero". Krauss fue el encargado de seleccionar a un grupo de cosmólogos, experimentalistas, teóricos y físicos de partículas. Junto con Stephen Hawking. Tres Premios Nobel: Gerard´t Hooft, David Gross, Frank Wilczek; cosmólogos y físicos reconocidos como Jim Peebles en Princeton, Alan Gut en el MIT, Kip Thorne en Caltech, Lisa Randall en Harvard; experimentalistas como Barry Barish de LIGO, el observatorio de ondas gravitacionales; cosmólogos observacionales, personas que estudian el fondo cósmico de microondas; a Maria Spiropulu, quien trabaja en el Gran Colisionador de Hadrones. En la página se observan cuatro fotografías: Krauss con Stephen Hawking; Stephen Hawking, David Gross, Kip Thorne, Lisa Randall; Frank Wilczek, Betsy Devine y Alan Guth; Krauss buceando. Epstein financió importantes centros de investigación, donando a la Universidad de Harvard alrededor de 9,1 millones de dólares entre 1998 y 2008, y la suma más grande se dirigió al Programa de Dinámica Evolutiva (PED, 6,5 millones de dólares), dirigido por el profesor de matemáticas y biología Martin Nowak. 800.000 dólares al Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Incluso después de declararse culpable en el condado de Palm Beach en 2008 por prostitución infantil. Epstein continuó facilitando donaciones por un total de al menos 7,6 millones de dólares para el laboratorio, una relación que la institución intentó ocultar. Epstein también canalizó por separado 1,2 millones dólares a fondos de inversión bajo el control del Media Lab del MIT, Joi Ito. Diane E. López, Vicepresidenta y Consejera General de la Universidad de Harvard, Ara B. Gershengorn, Abogado de la Universidad de Harvard, Martin F. Murphy, Foley Hoag LLP en "Informe sobre las conexiones de Jeffrey E. Epstein con la Universidad de Harvard" (HARVARD, 2020) detallan que entre 1998 y 2007, antes de su condena en 2008 por cargos relacionados con la prostitución de menores, Epstein realizó donaciones por valor de 9,179.000 dólares a Harvard para apoyar a su profesorado y sus programas. Las donaciones de Epstein a Harvard incluyeron 736.000 dólares en apoyo después de su arresto en 2006, pero antes de su condena en 2008. La mayor de sus donaciones, una donación de 6,5 millones de dólares realizada en 2003, estableció el Programa de Dinámica Evolutiva (PED) de Harvard, dirigido por el profesor Martin Nowak. La donación de 6,5 millones de dólares de Epstein al PED permitió a Harvard y al profesor Nowak crear y financiar un centro de investigación independiente para el PED en un edificio de oficinas de Harvard Square, alquilado a un particular. Harvard no aceptó donaciones de Epstein tras su condena en 2008. Drew G. Faust asumió la presidencia de Harvard el 1 de julio de 2007. Tras asumir el cargo, la presidenta Faust decidió que Harvard ya no debería aceptar donaciones de Epstein. No hemos podido determinar con precisión cuándo tomó ésta decisión, pero los registros indican que fue a más tardar en noviembre de 2008. En 2013, algunos profesores pidieron a Harvard que reconsiderara la decisión de no aceptar contribuciones. El entonces decano de la Facultad de Artes y Ciencias, Michael D. Smith, rechazó ésa solicitud. Después de 2008, Epstein tomó medidas para interesar a otros donantes en el apoyo a la investigación en Harvard. Entre 2010 y 2015, los donantes que Epstein presentó al profesor Nowak y al profesor George Church, de la Facultad de Medicina de Harvard, aportaron 7,5 millones de dólares para apoyar el trabajo del profesor Nowak y 2 millones de dólares para apoyar el trabajo del profesor Church. Nuestra revisión no reveló nada que estableciera que el dinero aportado por éstos donantes proviniera de Epstein y no de éstos mismos donantes. Los donantes negaron que Epstein dirigiera sus donaciones a Harvard. En 2005, Harvard admitió a Epstein como investigador visitante en el Departamento de Psicología de Harvard para el año académico 2005-2006. El título de investigador visitante se otorga a un investigador independiente registrado en la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias como estudiante de investigación de posgrado. El profesor Stephen Kosslyn, director del Departamento de Psicología, recomendó la admisión de Epstein como investigador independiente. El profesor Kosslyn conocía a Epstein desde hacía muchos años y, entre 1998 y 2002, Epstein había donado a Harvard 200.000 dólares para apoyar su trabajo. Epstein carecía de las cualificaciones académicas que suelen poseer los investigadores visitantes y su solicitud proponía un programa de estudios para el que Epstein no estaba cualificado. Epstein pagó la matrícula y las cuotas requeridas (10.072 dólares) y acudió a la matrícula, pero hizo poco por seguir su programa de estudios propuesto como profesor visitante. No encontramos pruebas de que interactuara con estudiantes de Harvard como profesor visitante. En febrero de 2006, Epstein solicitó su readmisión como profesor visitante para un segundo año, el curso académico 2006-2007, y Harvard lo admitió de nuevo. Entendemos que, en septiembre de 2006, a raíz de su arresto, se le pidió a Epstein que se retirara como profesor visitante para el curso académico 2006-2007, y así lo hizo: "En agosto de 2008, Epstein fue condenado a 18 meses de prisión tras declararse culpable de cargos relacionados con la prostitución de menores. Fue liberado en 2009 y se le exigió registrarse como delincuente sexual de Nivel III en Florida y Nueva York. Tras su liberación, Epstein continuó visitando regularmente el Programa de Dinámica Evolutiva de Harvard, ubicado en One Brattle Square, Cambridge. Si bien los registros existentes no permiten determinar con precisión cuántas veces lo visitó tras cumplir su condena, es probable que visitara las oficinas del PED más de 40 veces entre 2010 y 2018, incluyendo visitas tan recientes como en octubre de 2018. Sus visitas cesaron después de que varios investigadores del PED se quejaran al profesor Nowak sobre la continua relación de Epstein con el PED. Epstein solía aprovechar las visitas para reunirse con profesores de Harvard y otras instituciones y conocer su trabajo. Generalmente, le proporcionaba al profesor Nowak los nombres de los académicos con los que deseaba reunirse, y él o el profesor Nowak los invitaban a reunirse con Epstein en las oficinas del PED. Éstas reuniones solían tener lugar los fines de semana, aunque algunas ocurrían entre semana. No encontramos evidencia de que Epstein interactuara con estudiantes de Harvard cuando asistía a éstas reuniones, aunque sí asistió a una de las clases de matemáticas de pregrado del profesor Nowak. El profesor Nowak no hizo nada para ocultar el hecho de éstas reuniones. El PED mantenía una oficina para uso de Epstein y le otorgaba acceso con tarjeta y código de acceso a sus oficinas, hallazgos que plantean dudas sobre posibles violaciones de las políticas de Harvard" (E. López, B. Gershengorn, F. Murphy, pp. 4, 5). En 2013, el publicista de Epstein intentó pulir su reputación solicitando al PED que publicara en su sitio web de Harvard enlaces a los sitios web de las fundaciones de Epstein, que incluía descripciones de Epstein como filántropo científico y afirmaciones falsas sobre el nivel de apoyo que brindaba a Harvard. En 2014, el publicista de Epstein solicitó al profesor Nowak que presentara a Epstein en una página completa en el sitio web de PED en Harvard. El profesor Nowak aprobó cada una de éstas solicitudes. No encontramos evidencia de que la Universidad o la dirección de FAS tuvieran conocimiento de éstas publicaciones. PED eliminó la página de Epstein de su sitio web después de que PED y Harvard recibieran quejas en 2014 de un grupo de sobrevivientes de agresión sexual. Éstos hallazgos también plantean dudas sobre posibles violaciones de las políticas de Harvard. Los registros de la Oficina de Asuntos de Exalumnos y Desarrollo de Harvard revelan que Harvard buscó a Epstein como posible donante desde 1992. A partir de ése año, algunos de los líderes más importantes de la Universidad se reunieron con Epstein para solicitar su apoyo. Epstein brindó apoyo por primera vez al profesorado de Harvard en 1998. Entre 1998 y 2006, antes de que se hiciera pública la acusación penal contra Epstein, éste realizó 22 donaciones a Harvard por un total de 8.443.000 dólares, casi todas destinadas a apoyar los objetivos de investigación del profesorado de Harvard, incluyendo al profesorado de los Departamentos de Psicología, Economía, Arte e Historia del Arte de la FAS, y de la Escuela de Posgrado en Educación de Harvard. Las donaciones oscilaron entre 10.000 y 200.000 dólares, con la excepción de una donación de 6,5 millones de dólares realizada en 2003 para ayudar a crear el Programa de Dinámica Evolutiva de Harvard, dirigido por el profesor Martin Nowak, a quien Harvard contrató del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey. Epstein había apoyado previamente el trabajo de Nowak en el Instituto. El Harvard Crimson y otras fuentes informaron en aquel momento que la donación de 6,5 millones de dólares de Epstein formaba parte de una promesa de donación de 30 millones de dólares de Epstein. No encontramos constancia de dicha promesa en Harvard. El 1 de septiembre de 2005, antes de su arresto por cargos relacionados con la prostitución infantil, Epstein presentó una solicitud para ser admitido como profesor visitante de la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias de Harvard. En su solicitud, Epstein declaraba que se enteró de la posibilidad de convertirse en profesor visitante por medio del profesor Stephen Kosslyn, entonces director del Departamento de Psicología de Harvard. El profesor Kosslyn conocía a Epstein desde hacía muchos años, y Epstein había hecho a Harvard dos donaciones (una en 1998 y la otra en 2002), por un total de 200.000 dólares, para apoyar la investigación de Kosslyn. Los investigadores visitantes no son candidatos a un título ni cursan asignaturas para obtener créditos académicos. La solicitud de Epstein, presentada el 1 de septiembre de 2005, incluía el siguiente resumen de su objetivo de investigación: Temas específicos: Deseo estudiar las razones del comportamiento grupal, como los "sistemas protésicos sociales" (término acuñado por el profesor Kosslyn), y su relación con un entorno cambiante. Es decir, otras personas pueden actuar como "prótesis" en la medida en que aumentan nuestras capacidades cognitivas y nos ayudan a regular nuestras emociones, actuando así como extensiones de nosotros mismos. Deseo comprender cómo el cerebro permite que se desarrollen éstas relaciones y cómo éstas, a su vez, aprovechan las propiedades claves del cerebro. Epstein describió su plan de investigación con más detalle de la siguiente manera: Posible calendario: Septiembre: comenzar a realizar investigación en la biblioteca y continuar los debates sobre la teoría. Febrero: comenzar a formular posibles pruebas. Abril: comenzar a implementar experimentos. Junio: comenzar a probar la teoría. Otros recursos necesarios. Si la teoría puede realmente probarse rigurosamente, necesitaría acceso a máquinas de resonancia magnética funcional. Entiendo por el profesor Kosslyn que ésto será posible. Cuando hablamos con el profesor Kosslyn, reconoció que Epstein no estaba cualificado para llevar a cabo aspectos de la investigación que describía su propuesta, en particular la parte que contemplaba la realización de pruebas de resonancia magnética a los sujetos. El profesor Kosslyn también reconoció que la formación académica de Epstein (no tenía título universitario) era muy inusual para un investigador visitante. Si bien la condición de investigador visitante no requiere un título universitario, los investigadores visitantes suelen tener títulos avanzados. El 2 de septiembre de 2005, el profesor Kosslyn formuló la siguiente recomendación para Epstein: Escribo ésta carta para recomendar la admisión de Jeffrey Epstein como profesor visitante. Conozco a Jeffrey desde hace unos nueve años y he pasado muchísimo tiempo hablando con él sobre una amplia gama de temas. Es extraordinariamente inteligente, culto y muy curioso. Ojalá pudiera tener un sólo estudiante que hiciera preguntas tan acertadas o que fuera tan capaz de sintetizar material de fuentes tan diversas. El alto nivel de perspicacia intelectual y la amplitud de sus conocimientos de Jeffrey son aún más notables dados sus antecedentes: nunca terminó sus estudios y es en gran parte autodidacta. Jeffrey ha tenido un éxito particular en los negocios, y es evidente por qué: no sólo es inteligente y está bien informado, sino que también es creativo, profundo, extraordinariamente analítico y muy trabajador. Me interesa especialmente tener a Jeffrey aquí porque él y yo hemos estado desarrollando la "teoría de los sistemas protésicos sociales". Ha sido mi único colaborador en éste proyecto (creo que desde hace unos cinco años), y está tomando forma muy bien. Creo que su presencia ayudará a que la teoría supere el último obstáculo, permitiéndole consolidarse hasta el punto de poder probarse rigurosamente. Jeffrey no sólo será un recurso para mí, sino también para mis colegas (en varios departamentos; como ya he dicho, es un lector muy amplio) y mis estudiantes. Pero más que éso, creo que Jeffrey sacará muchísimo provecho de la experiencia; se sentirá impulsado a leer en nuevas direcciones y a ampliar aún más su pensamiento. En resumen, recomiendo con el mayor entusiasmo la admisión de Jeffrey Epstein como profesor visitante. Sinceramente, Stephen M. Kosslyn: "El 3 de septiembre de 2005, la solicitud de Epstein fue aprobada y se le ofreció admisión como profesor visitante para el año académico 2005-2006 para realizar investigación independiente en la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias, en afiliación con el Departamento de Psicología. Epstein pagó $10,072 por matrícula y cuotas como profesor visitante. Epstein se inscribió formalmente como profesor visitante en septiembre de 2005. Un administrador recordó que Epstein se presentó al registro acompañado de varias mujeres que parecían tener veintitantos años… A pesar de su limitada participación, el 14 de febrero de 2006, Epstein presentó una nueva solicitud para obtener la condición de Profesor Visitante por un segundo año. Su formulario incluía la siguiente justificación para solicitar un segundo año como Profesor Visitante: Mis estudios no han finalizado, ya que estoy trabajando en la intersección entre la dinámica evolutiva, la mecánica estadística social, la teoría de juegos, la biología computacional y la biología sintética, en un intento por descubrir los fundamentos matemáticos de la competencia frente a la cooperación. Ésto incluye un intento de formular la eficiencia de los sistemas protésicos sociales. Los primeros intentos han sido establecer una analogía con las transferencias de calor y energía a través de redes nodales de resistencia variable. Además, intento encontrar una derivación del "poder" (¿Por qué lo quieren todos?) en un sistema social ecológico que incluya variables como la reputación, la confianza o el asombro, y las inherentes tácticas estratégicamente diversas del engaño. La solicitud de Epstein indicaba su intención de trabajar con los profesores Kosslyn y Nowak, pero la documentación de su expediente no indica si Kosslyn o Nowak lo recomendaron. El 21 de abril de 2006, la Escuela de Posgrado de Artes y Ciencias de Harvard aprobó su solicitud de ingreso como profesor visitante por un segundo año" (E. López, B. Gershengorn, F. Murphy, pp. 7, 8).

Amit Shimoni ©

La Inteligencia Artificial.

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A pesar de décadas de esfuerzos, los sueños de dotar a las computadoras de una cognición similar a la humana y de una comprensión del mundo no se habían materializado. Buscando un camino, un pequeño grupo de científicos se reunió en las Islas Vírgenes de Jeffrey Epstein del 14 al 16 de abril de 2002: "The St. Thomas Common Sense Symposium". El pionero de la IA Marvin Minsky fue la presencia central, junto con su protegido Pushpinder Singh, entre otros participantes: Larry Birnbaum, Ken Forbus, Ben Kuipers, Douglas Lenat, Henry Lieberman, Henry Minsky, Marvin Minsky, Erik Mueller, Srini Narayanan, Ashwin Ram, Doug Riecken, Roger Schank, Mary Shepard, Push Singh, Jeffrey Mark Siskind, Aaron Sloman, Oliver Steele, Linda Stone, Vernor Vinge y Michael Witbrock. Tras el simposio, Minsky, Singh y el filósofo Aaron Sloman publicaron un artículo sobre las ideas del grupo para alcanzar una IA similar a la humana. El documento habla de las luchas de la IA de principios de siglo. Pero hay una frase que hoy llama la atención. En un breve párrafo de agradecimientos, los autores dicen: "Queremos agradecer a Cecile Dejongh por encargarse de los preparativos locales y un agradecimiento muy especial a Linda Stone por hacer posible ésta reunión. Ésta reunión fue posible gracias al generoso apoyo de Jeffrey Epstein". Tras algunas deliberaciones, se decidió que el evento se centraría en las ideas del alumno estrella de Minsky, Singh. En 1966, Singh había escrito un breve artículo titulado "¿Por qué fracasó la IA?". En el que rechazaba un enfoque fragmentado de la investigación: "Para resolver los problemas complejos de la IA (comprensión del lenguaje natural, visión general, reconocimiento de voz y escritura completamente fiable), necesitamos sistemas con sentido común y formas flexibles de utilizarlos". El problema es que construir tales sistemas equivale a "resolver la IA". En cualquier caso, los científicos seguían lidiando con el argumento de Singh de que era necesario un enfoque múltiple para resolver el enigma de la IA. Minsky estaba de acuerdo. Ahora sabemos que éso está mal y, en cierto sentido, la reunión fue un último suspiro de la IA de la vieja escuela basada en la lógica que, en palabras de Singh, fracasó. Los modelos generativos de IA que utilizamos están relativamente libres de teoría: su comprensión emergente del mundo procede de técnicas de aprendizaje automático de redes neuronales y montañas de datos. De hecho, ésta técnica ha hecho que la IA sea más parecida a la humana, sin la teoría de la IA de la vieja escuela de la que se habla en las Islas Vírgenes. Sin embargo, las conclusiones del simposio siguen siendo pertinentes; algunos científicos sostienen ahora que las redes neuronales por sí solas no pueden "resolver" la IA, y que necesitamos combinarlas con enfoques más tradicionales basados en el razonamiento para que la tecnología alcance todo su potencial. Marvin Minsky, Push Singh y Aaron Sloman en "Simposio de sentido común de St. Thomas: Diseñando arquitecturas para una inteligencia de nivel humano" (AI MAGAZINE, 2004), explican que construir una máquina con sentido común fue en su día un objetivo principal en el campo de la inteligencia artificial. Sin embargo, en los últimos años, la mayoría de los investigadores se han retractado de ése ambicioso objetivo. En cambio, cada uno ha desarrollado una técnica específica que puede abordar con éxito ciertos problemas, pero que no es eficaz en casi todo lo demás. Un experto podría considerar nuestro campo como un conjunto caótico de intentos por explotar las ventajas de, por ejemplo, las redes neuronales, la lógica formal, la programación genética o la inferencia estadística, y los defensores de cada método sostienen que la técnica elegida algún día reemplazará a la mayoría de las demás. No pretendemos descartar ninguna técnica en particular. Sin embargo, estamos convencidos de que ningún método por sí sólo resultara ser el "mejor" y que, en cambio, los potentes sistemas de IA del futuro utilizarán una amplia gama de recursos que, en conjunto, abordarán una gran variedad de problemas. En otras palabras, ¡no deberíamos buscar una única "teoría unificada"! Para construir una máquina con la capacidad suficiente para tener un sentido común similar al humano, debemos desarrollar maneras de combinar las ventajas de múltiples métodos para representar el conocimiento, múltiples maneras de hacer inferencias y múltiples maneras de aprender. Celebramos un simposio de dos días en St. Thomas, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, para debatir éste proyecto: desarrollar nuevos esquemas arquitectónicos que permitan conectar diferentes estrategias y representaciones. Éste artículo informa sobre los eventos e ideas desarrollados en ésta reunión y las reflexiones posteriores de los autores sobre cómo avanzar. ORGANIZANDO LA DIVERSIDAD DE MÉTODOS DE IA. Marvin Minsky inauguró la reunión explicando cómo podríamos empezar a organizar las numerosas técnicas desarrolladas en IA hasta la fecha. Si bien los investigadores en IA han inventado numerosas representaciones, métodos y arquitecturas para resolver diversos tipos de problemas, aún desconocen las fortalezas y debilidades de cada una de éstas técnicas. Necesitamos una teoría que ayude a mapear los tipos de problemas a los que nos enfrentamos con las soluciones disponibles. ¿Cuándo se debe usar una red neuronal? ¿Cuándo se debe usar el aprendizaje estadístico? ¿Cuándo se debe usar la demostración de teoremas lógicos? Para responder a éstas preguntas, Minsky sugirió organizar los diferentes métodos de IA en una "matriz de diversidad causal" (Figura 1). En ella, cada método de resolución de problemas, como el razonamiento analógico, la demostración de teoremas lógicos y la inferencia estadística, se evalúa en función de su competencia para abordar dominios problemáticos con diferentes estructuras causales. La inferencia estadística suele ser útil en situaciones afectadas por numerosos componentes causales coincidentes, pero donde cada uno contribuye sólo ligeramente al fenómeno final. Un buen ejemplo de éste tipo de problema es la clasificación visual de texturas; por ejemplo, determinar si una región de una imagen es un parche de piel o un fragmento de nube. Ésto puede lograrse sumando las contribuciones de muchas pequeñas piezas de evidencia, como los pixeles individuales de la textura. Ningún píxel es extremadamente importante, pero en conjunto determinan la clasificación. La lógica formal, por otro lado, funciona bien en problemas con relativamente pocos componentes causales, pero que están organizados en estructuras intrincadas sensibles a la más mínima perturbación o inconsistencia. Un ejemplo de éste tipo de problema es verificar la corrección de un programa informático, cuyo comportamiento puede modificarse completamente modificando un solo bit de su código. El razonamiento basado en casos y el razonamiento analógico se sitúan entre éstos extremos, adaptados a problemas con un número moderado de componentes causales, cada uno con una influencia moderada. Muchos dominios del sentido común, como el razonamiento social humano, pueden entrar en ésta categoría. Éstos problemas pueden implicar conocimientos demasiado difíciles de formalizar como un pequeño conjunto de axiomas lógicos, o demasiado difíciles de adquirir para entrenar un modelo estadístico adecuado. Es cierto que muchas de éstas técnicas han funcionado bien fuera de los regímenes sugeridos por ésta matriz de diversidad causal. Por ejemplo, los métodos estadísticos se han aplicado en ámbitos donde anteriormente los métodos basados en reglas eran la norma, como en el análisis sintáctico de textos en lenguaje natural. Sin embargo, necesitamos una teoría heurística más completa que determine cuándo aplicar diferentes técnicas de IA, y ésta matriz de diversidad causal podría ser un primer paso hacia ella. Necesitamos seguir desarrollando y ampliando éstas teorías para incluir toda la gama de métodos de IA que se han desarrollado, de modo que podamos aprovechar de forma más sistemática las ventajas de cada técnica: "¿Cómo podría una arquitectura de IA utilizar ésta "metateoría de las técnicas de IA"? Antes de abordar ésta cuestión, analizamos un dominio de problemas concreto en el que podríamos reflexionar con mayor claridad sobre el objetivo de construir una máquina con sentido común. REGRESANDO AL MUNDO DE LOS BLOQUES. Más tarde, ésa primera mañana, Push Singh presentó un posible objetivo para un proyecto de arquitectura de sentido común. Consideremos la situación de dos niños jugando con bloques (Figura 2). Incluso en ésta sencilla situación, los niños pueden tener inquietudes que abarcan muchos ámbitos mentales: Física: ¿Qué pasaría si sacara el bloque de abajo? Corporal: ¿Puedo alcanzar el bloque verde desde aquí? Social: ¿Debería ayudarlo con su torre o derribarla? Psicológica: Olvidé donde dejé el bloque azul. Visual: ¿Está el bloque escondido detrás de ésa pila? Espacial: ¿Puedo colocar ésos bloques en forma de mesa? Táctil: ¿Qué se sentiría al agarrar cinco bloques a la vez? Autorreflexiva: Me estoy aburriendo de ésto, ¿qué más puedo hacer? Singh argumentó que ningún sistema de IA actual demuestra una gama tan amplia de habilidades del sentido común. Cualquier arquitectura que diseñemos debe aspirar a lograr cierta competencia en cada uno de éstos y otros ámbitos mentales importantes. Propuso que, para lograrlo, trabajemos dentro del dominio más simple posible, que requiere razonamiento en cada uno de éstos ámbitos. Sugirió que desarrolláramos nuestras arquitecturas dentro de un mundo modelo físicamente realista, similar al clásico Mundo de Bloques, pero habitado por varios seres simulados, enfatizando así los problemas sociales además de los físicos. Éstos seres manipularían objetos simples como bloques, pelotas y cilindros, y participarían en los tipos de escenarios representados en la figura 3, que incluyen la construcción conjunta de estructuras de diversos tipos, la competencia para resolver rompecabezas, el aprendizaje mutuo de habilidades mediante ejemplos y conversaciones, y la reflexión verbal sobre sus propios éxitos y fracasos" (Minsky. Singh, Sloman, pp. 114, 115). La aparente simplicidad de éste mundo es engañosa, ya que muchos de los problemas que surgen en él aún no se han abordado en la IA, ya que requieren la combinación de elementos de lo siguiente: razonamiento espacial sobre la disposición espacial de los objetos en el entorno y cómo las partes de los objetos están orientadas y situadas entre sí (¿Cuál de ésos bloques está más cerca de mí?), razonamiento físico sobre el comportamiento dinámico de objetos físicos con masas y superficies de choque/soporte (¿Qué pasaría si quitara el bloque central de la torre?), razonamiento corporal sobre las capacidades del propio cuerpo físico (¿Puedo alcanzar ése bloque sin tener que levantarme?), razonamiento visual sobre el mundo que subyace a lo que se puede ver (¿Es un bloque cilíndrico o parte de la pierna de una persona?), razonamiento psicológico sobre los objetivos y creencias propios y de los demás (¿Qué intenta hacer la otra persona?), razonamiento social sobre las relaciones, los objetivos compartidos y las historias que existen entre las personas (¿Cómo puedo lograr mi objetivo sin que la otra persona interfiera?), razonamiento reflexivo sobre las propias deliberaciones recientes (¿Qué intentaba hacer hace un momento?), razonamiento conversacional sobre cómo expresar las ideas propias a los demás (¿Cómo puedo explicar mi problema a la otra persona?), razonamiento educativo sobre cómo aprender mejor sobre un tema o enseñárselo a alguien más (¿Cómo puedo generalizar reglas útiles sobre el mundo a partir de mis experiencias?). Muchos de los participantes de la reunión se mostraron entusiasmados con ésta propuesta y coincidieron en que éste ámbito plantearía problemas visuales, espaciales y robóticos complejos. Ken Forbus señaló que las comunidades de videojuegos pronto producirían mundos virtuales programables que satisfarían fácilmente nuestras necesidades. Varios participantes mencionaron el éxito de las competiciones RoboCup (Kitano et al., 1997), pero algunos concluyeron que el ámbito RoboCup, si bien era apropiado para quienes se interesaban en la coordinación de equipos multiagente en un escenario competitivo, era muy diferente de la situación de dos o tres personas trabajando juntas con mayor lentitud en una tarea física, comunicándose en lenguaje natural y, en general, operando con mayor atención y reflexión. Aun así, los participantes debatieron acaloradamente sobre la idoneidad del dominio del problema propuesto. La crítica más común fue que éste mundo no contiene suficiente variedad de objetos ni riqueza de comportamiento. Doug Lenat sugirió una solución: integrar a las personas no en un mundo de bloques, sino en un lugar similar a una casa u oficina típica, como en el popular videojuego The Sims. Doug Riecken argumentó que podríamos desarrollar una parte considerable de la arquitectura dentro de un mundo virtual más limitado y, posteriormente, añadir extensiones para abordar una gama más amplia de objetos y fenómenos. Una respuesta diferente a ésta crítica fue que, para centrarse en cuestiones arquitectónicas, sería útil simplificar el dominio del problema, de modo que pudiéramos centrarnos menos en adquirir un gran volumen de conocimiento del mundo y más en desarrollar mejores maneras para que los sistemas utilicen dicho conocimiento. Sin embargo, otros participantes argumentaron que restringir el mundo no obviaría por completo la necesidad de grandes bases de datos de conocimiento de sentido común, ya que incluso éste mundo simple probablemente requeriría cientos de miles o incluso millones de piezas elementales de conocimiento de sentido común sobre el espacio, el tiempo, la física, los cuerpos, las interacciones sociales, las apariencias de los objetos, etc. Otros participantes discreparon con el dominio del mundo virtual. Consideraron que, en cambio, deberíamos adoptar un enfoque más práctico: desarrollar la arquitectura comenzando con una aplicación útil, como un motor de búsqueda o un agente conversacional, y ampliando sus capacidades de sentido común con el tiempo. Sin embargo, a Ben Kuipers le preocupaba que elegir una aplicación demasiado específica pudiera llevar a lo que ocurrió en la mayoría de los proyectos anteriores: alguien descubre un conjunto de trucos improvisados que conducen a un rendimiento adecuado, sin lograr un progreso más general hacia sistemas más versátiles, ingeniosos o "más inteligentes". Finalmente, tras largos debates, alcanzamos un consenso sustancial: para resolver problemas más complejos que requieren sentido común, primero necesitábamos resolver la clase más restringida de problemas que surgen en dominios más simples, como el mundo virtual propuesto. Una vez que el núcleo de la arquitectura funcione en éste dominio rico pero limitado, podemos intentar extenderlo –o extenderlo a sí mismo- para abordar una gama más amplia de problemas utilizando un conjunto mucho más amplio de conocimiento de sentido común. ESTABLECIMIENTO DE UNA COLECCIÓN DE MINIESCENARIOS GRADUADOS. ¿Cómo guiaríamos un proyecto de éste tipo y mediríamos su progreso a lo largo del tiempo? Algunos participantes sugirieron intentar emular las habilidades de niños humanos a distintas edades. Sin embargo, otros argumentaron que, si bien ésto debería inspirarnos, no deberíamos usarlo como plan para el proyecto, ya que aún desconocemos los detalles del desarrollo mental temprano del ser humano. Sería mejor intentar modelar la mente de un niño de cuatro o cinco años, ya que éso podría conducir más directamente a habilidades adultas más sustanciales. Tras la reunión, Sloman desarrolló la noción de un "miniescenario de sentido común", una descripción concreta, en forma de un guion gráfico simple, de una habilidad particular que una arquitectura de sentido común debería poder demostrar. Cada miniescenario tiene varias características: (1) describe algunas formas de competencia, que son robustas en la medida en que pueden afrontar una amplia gama de variación en las condiciones; y (2) cada uno conlleva una metacompetencia para pensar y hablar sobre lo realizado. Por ejemplo, la competencia puede tener diversas facetas, como describir el proceso; explicar por qué se hizo algo o por qué otra cosa no habría funcionado; ser capaz de responder a preguntas hipotéticas sobre lo que sucedería de otro modo; ser capaz de mejorar el rendimiento, por ejemplo, mejorando la fluidez, corrigiendo errores en las estrategias y ampliando la variedad de contextos. El sistema también debería ser capaz de justificar mejor éste tipo de observaciones. Sloman propuso éste ejemplo de una secuencia de miniescenarios cada vez más sofisticados en el dominio del problema multi-robot propuesto: 1. La persona quiere coger una caja de un estante alto. La escalera está colocada. La persona sube por la escalera, recoge la caja y baja. 2. Igual que en el caso 1, excepto que la persona sube por la escalera, descubre que no puede alcanzar la caja porque está demasiado lejos a un lado, así que baja, mueve la escalera lateralmente y luego como en el caso 1. 3. Igual que en el caso 1, excepto que la escalera está en el suelo al fondo de la habitación. La arrastra por la habitación, la levanta contra la pared y luego como en el caso 1. 4. Igual que en el caso 1, excepto que si se le pregunta mientras sube por qué la sube, la persona responde: algo así como "Para coger la caja". Debería entender por qué "Para llegar a lo alto de la escalera" o "Para aumentar mi altura sobre el suelo" serían inapropiados, aunque correctos. 5. En cuanto a los puntos 2 y 3, excepto que cuando se le pregunta "¿Por qué mueves la escalera?", la persona da una respuesta sensata. Ésto puede depender de forma compleja de los contextos anteriores, como cuando ya hay una escalera más cerca de la caja, pero parece insegura o acaba de ser pintada. Si se le pregunta "¿Sería seguro subir si la base de la escalera está justo contra la pared?", la persona puede responder con una respuesta que demuestre comprensión de la física y la geometría de la situación: "6. La escalera no es lo suficientemente larga para alcanzar el estante si se coloca contra la pared en un ángulo seguro para subir. Otra persona sugiere acercar la parte inferior a la pared y se ofrece a sujetarla para que sea segura. Si se le pregunta por qué sujetarla la hará segura, da una respuesta sensata sobre cómo evitar que la escalera gire. 7. No hay escalera, pero hay peldaños de madera y barandales con agujeros para construir una. La persona construye una escalera y luego actúa como en los escenarios anteriores (Ésto requiere mayor análisis, por ejemplo, sobre secuencias de acciones sensatas, cosas que pueden salir mal durante la construcción y cómo recuperarse, etc.). 8. Igual que en el caso 7, pero los peldaños encajan sólo ligeramente en los agujeros de los barandales. La persona arma la escalera, pero se niega a subirla y, si se le pregunta por qué, puede explicar por qué no es segura. 9. La persona que observa a otra persona que está a punto de subir la escalera con peldaños sueltos debería poder explicar que podría ocurrir una catástrofe, que la otra persona podría lastimarse y que a la gente no le gusta que la lastimen. Dicho sistema debería poder enfrentarse a una biblioteca sustancial de secuencias graduadas de miniescenarios que le exigen aprender nuevas habilidades, mejorar su capacidad de reflexión sobre ellas y (con la práctica) adquirir mayor fluidez y rapidez en la realización de éstas tareas. Éstas ordenaciones deberían basarse en factores como la complejidad requerida de los objetos, procesos y conocimientos involucrados, la competencia lingüística requerida y la comprensión de cómo piensan y sienten los demás. Ésa biblioteca podría incluir todo tipo de actividades que los niños aprenden a hacer en contextos tan diversos como vestir y desvestir muñecas, colorear un libro ilustrado, bañarse (o bañar a un perro), fabricar juguetes con Mecano y otros kits de construcción, comer, alimentar a un bebé, limpiar un desastre causado por un derrame de polvo o líquido, leer un cuento y responder preguntas al respecto, inventar historias, hablar sobre el comportamiento de una persona traviesa y aprender a pensar y hablar sobre el pasado, el futuro y lugares lejanos, etc." (Minsky, Singh, Sloman, p. 116).

Amit Shimoni ©

Las arquitecturas de HI.

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ARQUITECTURAS A GRAN ESCALA PARA LA INTELIGENCIA HUMANA. Por la tarde debatimos sobre arquitecturas a gran escala para máquinas con inteligencia humana y sentido común. Marvin Minsky y Aaron Sloman presentaron sus propuestas arquitectónicas actuales como punto de partida para que los participantes las criticaran, depuraran y desarrollaran. Éstas arquitecturas comparten tantas características que las denominaremos conjuntamente el modelo Minsky-Sloman. Éstas arquitecturas se distinguen por su énfasis en el pensamiento reflexivo. La mayoría de los modelos cognitivos se han centrado únicamente en las formas de reaccionar o deliberar. Sin embargo, para que las máquinas sean más versátiles, necesitarán mejores maneras de reconocer y corregir los obstáculos, errores y deficiencias que resultan de sus propias actividades. En particular, cuando una estrategia falla, necesitarán contar con un conjunto de maneras de cambiar a formas alternativas de pensar. Para lograr ésto, el diseño arquitectónico de Minsky incluye varios niveles reflexivos más allá de los reactivos y deliberativos. A continuación, se presenta una visión de su modelo para la arquitectura de la mente humana, tal como se describe en su libro, The Emotion Machine, y se muestra en la figura 4. SENSORES/EFECTOS: Autoideales: Se centra en evaluar las propias actividades con respecto a los "ideales" establecidos a través de las interacciones con los modelos a seguir. Autoconsciente: Se ocupa de la relación entre ésta mente y los demás, incluyendo la autoevaluación comparando las propias actividades y habilidades con las de los demás. Autorreflexivo: Se centra en modelos a gran escala del "yo", incluyendo el alcance y los límites de las capacidades físicas y cognitivas, así como de los conocimientos. Reflexivo: Reflexiona sobre la actividad deliberativa y la gestiona, incluyendo la asignación de crédito a los métodos de inferencia, la selección de representaciones adecuadas, etc. Deliberativo: Razona sobre las situaciones y eventos del mundo externo, por ejemplo, predicción, explicación, planificación, diagnóstico, generalización. Reactivo: Procesos reflexivos, programados y, por lo general, automáticos y no deliberativos que actúan tanto en el mundo externo como dentro de la mente misma. Algunos participantes cuestionaron la necesidad de tantas capas reflexivas; ¿no sería suficiente una sola? Minsky respondió argumentando que hoy, cuando nuestras teorías aún explican muy poco, deberíamos elaborar en lugar de simplificar, y construir teorías con más partes, no menos. Ésta filosofía general impregna su diseño arquitectónico, con sus múltiples capas, representaciones, críticos, métodos de razonamiento y otros diversos tipos de componentes. Sólo cuando hayamos construido una arquitectura lo suficientemente rica como para explicar la mayor parte de lo que las personas pueden hacer, tendrá sentido intentar simplificar las cosas. Pero hoy en día, aún estamos lejos de un diseño arquitectónico que explique incluso una pequeña fracción de la cognición humana. El proyecto Cognition and Affect de Aaron Sloman ha explorado un conjunto de arquitecturas propuestas como modelos para la mente humana; en la figura 5 se muestra un esbozo del modelo H-CogAff de Sloman. Ésta arquitectura parece proporcionar un marco para definir con mayor precisión que antes una serie de conceptos mentales, incluyendo conceptos afectivos como "emoción", "actitud", "estado de ánimo", "placer", etc. Por ejemplo, H-CogAff nos permite definir al menos tres variedades distintas de emociones: primarias, secundarias y terciarias, que involucran diferentes capas de la arquitectura que evolucionaron en diferentes momentos. Ésta misma arquitectura también puede distinguir diferentes formas de aprendizaje, percepción y control del comportamiento (Una arquitectura diferente podría ser más adecuada para explorar estados análogos de insectos, reptiles u otros mamíferos). Los bebés humanos probablemente tienen una versión mucho más reducida de la arquitectura, que incluye mecanismos de autoarranque que conducen a la forma adulta. La idea central tras las arquitecturas de Minsky-Sloman es que la fuente de la ingeniosidad y la robustez humanas residen en la diversidad de nuestros procesos cognitivos: disponemos de múltiples maneras de resolver cualquier tipo de problema, tanto en el mundo como en la mente, de modo que, cuando nos atascamos con un método de solución, podemos cambiar rápidamente a otro. No existe un único esquema de representación del conocimiento ni un mecanismo de inferencia subyacente. ¿Cómo sustentan éstas arquitecturas tal diversidad? En el caso de la arquitectura de la Máquina de las Emociones de Minsky, el nivel superior se organiza de la siguiente manera: cuando el sistema se encuentra con un problema, primero utiliza el conocimiento sobre los "tipos de problemas" para seleccionar una "manera de pensar" que pueda funcionar. Minsky describe las "formas de pensar" como configuraciones de agentes dentro de la mente que la predisponen a usar ciertos estilos de representación, conjuntos de conocimiento de sentido común, estrategias de razonamiento, tipos de objetivos y preferencias, recuerdos de experiencias pasadas, formas de reflexión y todos los demás aspectos que conforman un "estilo cognitivo" particular. Una fuente de conocimiento que relaciona los tipos de problemas con las formas de pensar es la matriz de diversidad causal discutida al inicio de la reunión; por ejemplo, si al sistema se le presentara un problema social, podría usar la matriz de diversidad causal para seleccionar un estilo de razonamiento basado en casos y una base de datos específica de episodios de razonamiento social para usarlo con él. Sin embargo, cualquier enfoque en particular es propenso a fallar de diversas maneras. Si ciertos agentes "críticos" detectan ciertas fallas específicas en dicho enfoque, sugieren estrategias para adaptarlo o sugieren formas alternativas de pensar, como se muestra en la figura 6. Ésto no se logra empleando una estrategia simple de reflexión y reparación, sino utilizando amplios conocimientos de alto nivel sobre las ventajas y desventajas de cada forma de pensar, y cómo adaptarlas a nuevos contextos. En el diseño de Minsky, varias maneras de pensar suelen estar activadas en paralelo. Ésto permite que el sistema cambie con rapidez y fluidez entre diferentes maneras de pensar, ya que, en lugar de comenzar de nuevo en cada transición, cada nueva manera de pensar activada encontrará una representación ya preparada. El sistema rara vez se atasca, ya que ésas maneras de pensar alternativas estarán listas para tomar el control cuando la actual tenga problemas, como se muestra en la figura 7. En éste caso, cada manera de pensar implica razonar en un subconjunto específico de ámbitos mentales. Los impasses que se encuentran al razonar en un conjunto de ámbitos mentales pueden superarse en otros. Puede encontrarse más información sobre éstas arquitecturas en Sigh y Minsky (2003), Sloman (2001) y McCarthy et al. (2002). El modelo de Minsky se describirá en detalle en su nuevo libro The Emotion Machine. En general, los participantes se mostraron comprensivos con éstas propuestas y coincidieron en que, para alcanzar una inteligencia de nivel humano, era necesario desarrollar métodos más eficaces para combinar múltiples técnicas de IA. Ken Forbus sugirió que necesitábamos una especie de "mercado de componentes" y que debíamos encontrar maneras de instrumentar éstos componentes para que las capas reflexivas de la arquitectura tuvieran información útil disponible. Contrastó el proyecto Soar (Laird, Newell y Rosenbloom, 1987) con un esfuerzo por eliminar y unificar componentes en lugar de acumularlos y diversificarlos, como en las propuestas de Minsky-Sloman. Ashwin Ram y Larry Birnbaum señalaron que, a pesar del acuerdo sobre las propuestas arquitectónicas, aún no estaba claro cuáles serían los componentes particulares de la arquitectura. Señalaron que necesitábamos reflexionar más sobre cuáles serían las unidades de razonamiento. En otras palabras, necesitábamos elaborar una buena lista de maneras de pensar. Algunos ejemplos podrían incluir los siguientes: Resolver problemas mediante analogías con experiencias pasadas. Predecir qué sucederá a continuación mediante simulaciones mentales basadas en reglas. Construir nuevas "maneras de pensar" mediante la creación de nuevos conjuntos de agentes. Explicar eventos inesperados mediante el diagnóstico de grafos causales. Aprender de los episodios de resolución de problemas mediante la depuración de redes semánticas. Inferir el estado de otras mentes mediante la reutilización de modelos propios. Clasificar tipos de situaciones mediante inferencia estadística. Superar un estancamiento mediante la reformulación de la situación problemática. Ésta lista podría ampliarse para incluir todas las técnicas de IA disponibles: "EDUCANDO LA ARQUITECTURA. En la mañana del segundo día de la reunión, abordamos el problema de cómo dotar a la arquitectura de un amplio abanico de conocimientos prácticos, para que no tuviera que empezar desde cero. Todos coincidimos en que el aprendizaje era valioso, pero no todos coincidimos dónde empezar. Muchos investigadores preferirían empezar sin nada; sin embargo, Aaron Sloman señaló que una arquitectura que no incluye conocimientos es como un lenguaje de programación que no incluye programas ni bibliotecas. Una de las opiniones expresadas fue que los enfoques que parten de conocimientos iniciales insuficientes probablemente no alcanzarían la versatilidad suficiente a largo plazo. Minsky criticó la creciente popularidad del concepto de "máquina bebé": sistemas de aprendizaje diseñados para alcanzar una gran competencia, con muy poca estructura inicial. Algunas de éstas ideas incluyen la programación genética, robots que aprenden asociando patrones sensoriomotores y chatbots en línea que intentan aprender el lenguaje generalizando a partir de miles de conversaciones. La queja de Minsky era que el problema no radica en que el concepto de máquina-bebé sea en sí mismo erróneo, sino que aún no sabemos cómo hacerlo. Dichos enfoques no han logrado grandes avances porque partieron de esquemas inadecuados para aprender cosas nuevas. No se puede enseñar algebra a un gato; entre otras cosas, los bebés humanos ya están equipados con características arquitectónicas que les permiten reflexionar sobre las causas de sus éxitos y fracasos y, posteriormente, realizar los cambios pertinentes. Hoy en día, aún no tenemos suficientes ideas sobre cómo representar, organizar y utilizar gran parte del conocimiento de sentido común, y mucho menos construir una máquina que pueda aprender todo éso automáticamente por sí sola. Como señaló John McCarthy hace mucho tiempo: "Para que un programa sea capaz de aprender algo, primero debe ser capaz de representar ése conocimiento". Existen muy pocos recursos de conocimiento de sentido común de propósito general en la comunidad de IA" (Minsky, Singh, Sloman, pp. 120, 121). Doug Lenat realizó una magnifica presentación del sistema Cyc, que actualmente es el proyecto más avanzado en el desarrollo de un recurso útil y reutilizable para la comunidad de IA, de modo que los nuevos programas de IA no tengan que empezar prácticamente sin nada. El proyecto Cyc (Lenat, 1995) ha desarrollado numerosas maneras de representar el conocimiento de sentido común y ha creado una base de datos con más de un millón de datos y reglas de sentido común. Sin embargo, Lenat estimó que un sistema de sentido común para adultos podría requerir 100 millones de unidades de conocimiento de sentido común, por lo que una de sus líneas de acción actuales es adoptar un enfoque de adquisición de conocimiento distribuido, donde se espera que, con el tiempo, miles de profesores voluntarios de todo el mundo colaboren para enseñar a Cyc nuevos conocimientos de sentido común. Lenat dedicó un tiempo a describir el desarrollo de interfaces intuitivas para Cyc que permiten a quienes no son expertos en lógica participar en los complejos procesos de enseñanza y depuración necesarios para construir la base de conocimientos de Cyc. Muchos participantes coincidieron en que Cyc sería útil, y algunos sugirieron que incluso podríamos basar nuestro esfuerzo en él, pero otros fueron muy críticos. Jeffrey Siskind dudaba de que Cyc contuviera el conocimiento espacial y perceptual necesario para realizar importantes tipos de interpretación de escenas visuales. Roger Schank argumentó que el enfoque axiomático de Cyc no era adecuado para realizar las generalizaciones y analogías que un enfoque más basado en casos y orientado a la narrativa permitiría. A Srini Narayanan le preocupaba que el proyecto Cyc no se basara adecuadamente en lo que los científicos cognitivos han aprendido sobre cómo las personas hacen inferencias de sentido común. Oliver Steele concluyó que, si bien estábamos de acuerdo sobre si Cyc representaba el 90% de la solución o sólo el 10%, se trataba en realidad de una cuestión empírica que responderíamos durante el transcurso del proyecto. Sin embargo, en general, la propuesta arquitectónica se consideró complementaria a los esfuerzos paralelos para acumular bases sustanciales de conocimiento de sentido común. Minsky predijo que, si usábamos Cyc, podríamos necesitar ampliar cada elemento de conocimiento existente con otros tipos de conocimiento procedimental y heurístico, como descripciones de (1) problemas que éste elemento de conocimiento podría ayudar a resolver; (2) formas de pensar en las que podría participar; (3) argumentos conocidos a favor y en contra de su uso; y (4) formas de adaptarlo a nuevos contextos. Se enfatizó que el conocimiento del mundo no basta por sí solo; también necesitamos una base de conocimiento sobre cómo razonar, reflexionar y aprender, el conocimiento que las capas reflexivas de la arquitectura deben poseer. El problema persiste: los programas que tenemos para usar el conocimiento no son lo suficientemente flexibles, y ni el enfoque de "máquina adulta" de Cyc, que proporciona una gran cantidad de conocimiento del mundo, ni el enfoque de "máquina bebé" que aprende el sentido común a partir de la experiencia sensoriomotora pura, probablemente tendrán éxito sin desarrollar primero una arquitectura que admita múltiples maneras de razonar, aprender, reflexionar y mejorar sus actividades. UNA APLICACIÓN IMPORTANTE. Varios participantes consideraron que un proyecto de éste tipo no recibiría un apoyo sustancial a menos que propusiera una aplicación que claramente beneficiara a gran parte del mundo. No sólo una mejora a algo existente, sino que tendría que ser algo que no pudiera construirse sin ser capaz de razonar con sentido común a nivel humano. Tras un largo debate, varios participantes coincidieron en una visión extraída de The Diamond Age, una novela de Neil Stephenson. Ésta novela imaginaba un "libro inteligente"-The Young Ladies Illustrated Primer- que, al ser entregado a una joven, conectaría inmediatamente con ella y llegaría a comprenderla tan bien como para convertirse en un poderoso tutor y mentor personal. Ésto sugirió que podríamos intentar construir una máquina de enseñanza personalizada que se adaptara a las circunstancias, dificultades y necesidades particulares de cada persona. El sistema conversaría contigo para ayudarte a comprender un problema o alcanzar un objetivo. Podrías hablar con él sobre temas como elegir una casa o un coche, aprender a jugar o mejorar en alguna materia, decidir si ir al médico, etc. Te ayudaría diciéndote qué leer, guiándote por las soluciones y enseñándote sobre el tema de otras maneras que considere eficaces. Los libros de texto podrían entonces ser reemplazados por sistemas que sepan explicarte ideas específicas, porque conocerían tu formación, tus habilidades y cómo aprendes mejor. Éste tipo de aplicación podría sentar las bases de una forma completamente nueva de interactuar con las computadoras, que supere las complejidades y limitaciones de los sistemas operativos actuales. Utilizaría el sentido común de muchas maneras diferentes: (1) Comprendería los objetivos humanos para evitar los errores más tontos. (2) Comprendería el razonamiento humano para presentarte el nivel adecuado de detalle y evitar decir cosas que probablemente infieras. (3) Conversaría en lenguaje natural para que pudieras hablar con él fácilmente sobre asuntos complejos sin tener que aprender un lenguaje especial ni una interfaz compleja. Para construir éste tipo de "máquina de ayuda", primero tendríamos que dotarla de conocimiento sobre el espacio, el tiempo, las creencias, los planes, las historias, los errores, los éxitos, las relaciones, etc., así como de buenas habilidades de conversación. Sin embargo, poco de ésto podría lograrse con algo que no fuera un sistema con sentido común. Para lograrlo, necesitaríamos perseguir una secuencia de objetivos más modestos que nos ayudaran con problemas más simples, hasta que el sistema alcanzara el tipo de competencia que esperamos de un niño humano típico de cuatro o cinco años. Sin embargo, para que dicho sistema funcionara, necesitaríamos abordar muchos problemas de sentido común actualmente sin resolver que surgen en el dominio de los problemas del mundo modelo. CONSENSO FINAL. Los participantes coincidieron en que ninguna técnica por sí sola (como la estadística, la lógica o las redes neuronales) podría abordar una gama suficientemente amplia de tipos de problemas. Para alcanzar una inteligencia de nivel humano, debemos crear una arquitectura que admita diversas maneras de representar, adquirir y aplicar diversos tipos de conocimiento de sentido común. La mayoría de los participantes coincidió en que debemos aunar esfuerzos para desarrollar un mundo modelo que admita versiones simplificadas de problemas físicos, sociales y psicológicos cotidianos. Éste mundo simplificado se utilizaría para desarrollar y depurar los componentes centrales de la arquitectura. Posteriormente, podríamos ampliarlo para resolver problemas más complejos y prácticos. No todos los participantes coincidieron en qué aplicación a gran escala atraería suficiente apoyo y, al mismo tiempo, produciría un progreso sustancial en la creación de máquinas que utilicen el conocimiento de sentido común. Sin embargo, muchos coincidieron en el concepto de una máquina de enseñanza personalizada que llegaría a comprenderte tan bien que podría adaptarse a tus circunstancias difíciles y necesidades particulares. En resumen, la IA no deja de ser oráculo que calcula patrones, promedios y probabilidades…: "Ben Kuipers esbozó el diagrama que se muestra en la figura 8, que captura las dependencias generales entre los tres puntos de consenso: Las aplicaciones prácticas dependen del desarrollo de una arquitectura para el pensamiento lógico, lo suficientemente flexible como para integrar una amplia gama de procesos y representaciones de los problemas que surgen en el dominio de los problemas del mundo modelo. Figura 8. Dependencias entre puntos de consenso. CONOCIMIENTO DE LA ARQUITECTURA DE SENTIDO COMÚN. Mundo Virtual: simulaciones físicas, varias personas simuladas, miniescenarios graduados, múltiples ámbitos (físico, social, psicológico, etc.). Aplicaciones: máquina de enseñanza personal, asistentes de oficina, narración de historias y entretenimiento, motores de búsqueda inteligentes. Componentes del razonamiento: razonamiento basado en casos, inferencia estadística, redes neuronales, lógica formal. Elementos arquitectónicos: protocolos de comunicación entre agentes, formas de pensar, capas reflexivas, subsistemas deliberativos, procedimientos reactivos. Bases de conocimiento: Cyc, mente abierta, la web. Al final de la reunión intercambiamos ideas sobre cómo podríamos organizar un proyecto distribuido y colaborativo para construir una arquitectura basada en las ideas discutidas. Conseguir que una comunidad de investigadores trabaje en un proyecto común supone un reto complejo, tanto técnico como social. Sin embargo, los éxitos en la comunidad de código abierto demuestran que éstos proyectos distribuidos son viables cuando los componentes pueden disociarse razonablemente" (Minsky, Singh, Sloman, pp. 122, 123).

Amit Shimoni ©

La mafia editorial científica.

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David Mills en "Un índice, una editorial y una economía de investigación global desigual" (Centro para la Educación Superior Global, 2023) expone la historia de cómo una editorial y un índice de citas convirtieron el sistema de comunicación científica en una industria global altamente rentable. A lo largo de setenta años, los artículos de revistas académicas se han convertido en mercancías y sus metadatos en una fuente adicional de ingresos. Comienza en Washington al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno de Estados Unidos acuerda un aumento masivo de la financiación para la investigación, después de que Vannevar Bush defendiera la investigación básica como el "marcapasos del progreso tecnológico". El crecimiento resultante de la posguerra en las publicaciones científicas crea oportunidades tanto para los científicos de la información como para los editores. Durante la década de 1950, dos hombres –Robert Maxwell y Eugene Garfield- comienzan a experimentar con su plan para la economía de la investigación. Maxwell creó una editorial "internacional" –Pergamon Press-, convenciendo a los editores de revistas de elite de sociedades sin fines de lucro para que firmaran contratos comerciales. Garfield inventó el índice de citas científicas para ayudar a los bibliotecarios a gestionar éste creciente flujo de conocimiento. Con el tiempo, el índice gradualmente se volvió comercialmente viable a medida que las universidades y los editores lo utilizaron para medir el "impacto" de sus investigadores y revistas. Setenta años después, el sistema científico global se ha convertido en una economía de citas, con credibilidad académica mediada por la vigencia producida por los dos índices de citas comerciales dominantes: Scopus de Elsevier y Web of Science de Clarivate. El alcance de éstos índices de citas y su análisis de datos se ve amplificado por la digitalización, la potencia informática y la inversión financiera. La reputación académica se mide cada vez más mediante clasificaciones de revistas, "factores de impacto" e "índices h". Las revistas no anglófonas están desproporcionadamente excluidas de éstos índices, lo que refuerza la estratificación de las geografías de credibilidad académicas y pone en peligro ecosistemas de conocimiento establecidos desde hace mucho tiempo. Los investigadores en el mundo mayoritario quedan marginados y no tienen más remedio que ir cada vez más rápido, recurriendo al productivismo de la investigación para mantenerse al día. El resultado es una "carrera armamentista" en materia de tecnología de integridad. En respuesta a las historias de los medios sobre una crisis de fraude científico, los editores y los índices recurren a herramientas de inteligencia artificial para hacer frente a lo que se considera una epidemia de "juegos" y manipulación académicos. ¿El crecimiento desenfrenado de los "productos" editoriales, los pánicos morales sobre la integridad de la investigación y las crecientes divisiones globales son señales de un sistema científico en crisis? ¿Y está amenazada la visión de la "ciencia abierta" a medida que el modelo de negocio editorial de "pago por el autor" se vuelve dominante? Ahora que los bienes comunes científicos dependen en gran medida de las citas como moneda de cambio, el futuro de la comunicación científica está lejos de ser seguro. El cuerpo de Robert Maxwell fue encontrado flotando frente a Gran Canaria el 6 de noviembre de 1991. Había desaparecido durante la noche de su lujoso yate a motor, el Lady Ghislaine. En medio de febriles especulaciones sobre la causa de la muerte, la atención se centró en las enormes deudas que enfrenta su imperio mediático y empresarial. Dos semanas más tarde, el periódico Mirror, que inicialmente publicó el titular "El hombre que salvó el Mirror", reveló que había robado £526 millones de su grupo de empresas Mirror: la mayor parte procedía del fondo de pensiones. Maxwell es ahora recordado por su ambición, su ego y su fraude. Menos reconocido es que su creciente imperio empresarial se basó en las ganancias y el éxito de Pergamon Press, la empresa editorial académica que inició en 1951. Los observadores del panorama global contemporáneo de la educación superior tienden a centrarse en los últimos y rápidos acontecimientos. Pero el panorama comercial del sistema de comunicación científica actual se remonta a la previsión política de Vannevar Bush, los acuerdos de Robert Maxwell y las habilidades de datos de Eugene Garfield. Bush defendió la financiación gubernamental sostenida para la investigación básica. Maxwell fue el primero en darse cuenta de lo rentable que podía ser la publicación científica y de lo aparentemente ilimitado que era el potencial para ampliar la producción de las revistas. Los intentos iniciales de Garfield de medir y cuantificar la investigación, y luego de ganar dinero con éstas mediciones, moldearon de manera similar el terreno de investigación desigual y estratificado que habitamos ahora. El primer capítulo de ésta historia comienza con el final de la Segunda Guerra Mundial y la influencia de Vannevar Bush en la política del gobierno estadounidense. Bush era un ingeniero, inventor y administrador científico estadounidense que durante la Segunda Guerra Mundial había ayudado a establecer la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de Estados Unidos (OSRD). Bush supervisó la investigación y el desarrollo militar estadounidense en tiempos de guerra, incluida la investigación sobre radares y el proyecto Manhattan. Fue pionero en la teoría de circuitos digitales y en ideas sobre el hipertexto a través de su concepto de "memex", memoria expandida, en su famoso artículo ¿Cómo piensan los humanos? (Bush 1945ª). Cuando Franklin D. Roosevelt le pidió que desarrollara una visión para el futuro de la ciencia, Bush escribió La ciencia, la frontera sin fin (1945b). Al declarar que "el espíritu pionero sigue siendo vigoroso dentro de ésta nación, la ciencia ofrece un territorio en gran medida inexplorado para el pionero", aprovechó la visión colonial estadounidense de la ciencia como una guerra constante contra las enfermedades y la agresión. Consideró que la investigación era el "marcapasos" que sustenta el progreso científico y necesitaba financiación y apoyo específicos. Su mandato e influencia estuvieron marcados por una expansión masiva de la financiación científica estadounidense y, unos años después de la guerra, se creó la Fundación Nacional de Ciencias. Vannevar era un administrador hábil, pero no un empresario. Para comprender las oportunidades comerciales inherentes a éste sistema científico emergente, debemos recurrir primero a Robert Maxwell y luego a Eugene Garfield. Maxwell nació en una familia pobre en el este de Checoslovaquia y, después de escapar de la ocupación nazi, se unió al ejercito checoslovaco en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial. Más tarde ganó una Cruz Militar por su servicio activo en el ejército británico y posteriormente se autodenominó "Capitán" Robert Maxwell. Estuvo radicado en Berlín después de la guerra como agregado militar británico y más tarde se reveló que era un agente doble ruso. Cuando la guerra llegó a su fin, las potencias aliadas deseaban sacar provecho del conocimiento científico alemán. Maxwell utilizó sus contactos en el ejército soviético para obtener copias de documentos soviéticos secretos sobre todas las plantas industriales alemanas importantes junto con material científico. El plan era despojar gran parte de éste material y trasladarlo a la Unión Soviética. Durante éste tiempo, aprovechó al máximo sus contactos comerciales y gubernamentales para ayudar a la editorial alemana Springer a sacar sus revistas de Berlín, proporcionándoles papel y combustible para reiniciar su negocio. Hasta la Segunda Guerra Mundial, las publicaciones académicas se consideraban principalmente un servicio proporcionado por las editoriales universitarias y las sociedades académicas a sus miembros. Si bien algunas publicaciones periódicas de divulgación científica victorianas lograron un gran número de lectores (Brock 1980), Nature fue la única en mantener su credibilidad académica y su éxito comercial (Baldwin 2015). Luego, la geopolítica reformó el panorama científico europeo: "Las editoriales alemanas de larga trayectoria lucharon por sobrevivir a las convulsiones creadas por el ascenso del nazismo. Durante la década de 1930, la editorial holandesa Elsevier, en apuros, se benefició de la emigración de editores y personal editorial alemanes experimentados a los Países Bajos. Elsevier aprovechó al máximo ésta experiencia en publicaciones técnicas y científicas y publicó más textos académicos en inglés y alemán. Después de la guerra, las editoriales académicas comerciales de Estados Unidos, Holanda y Gran Bretaña se beneficiaron tanto del resurgimiento de la colaboración científica internacional en la posguerra como de las duras restricciones impuestas a las dos editoriales alemanas (Brown 1947). Robert Maxwell compitió con Elsevier para dominar éste mercado emergente (Cox 2002). Aprovechando al máximo sus contactos en Berlín, en 1951 Maxwell pagó £13.000 para comprar los derechos de distribución en el Reino Unido de las publicaciones de Springer Verlag: seis revistas científicas y dos series de libros de texto. En 1960, su nueva empresa, Pergamon Press, distribuía 59 revistas científicas "internacionales" y la circulación crecía entre un 5 y un 10 por ciento cada año. Trabajando en estrecha colaboración con ambiciosos editores académicos, rápidamente expandió Pergamon: sus ganancias apuntalaron el imperio editorial Maxwell. Pergamon lanzó agresivamente nuevas revistas con las ganancias de las publicaciones seriadas existentes, vendió libros de texto en todo el mundo y desarrolló una serie de enciclopedias altamente rentables. Maxwell estaba orgulloso de sus relaciones con los editores senior de revistas, ofreciéndoles contratos favorables para asegurar su negocio. Cortejó a asociaciones académicas y editores de revistas con vacaciones extravagantes y fiestas lujosas en Headington Hall, donde Maxwell tenía su sede" (Mills, pp. 8, 9). Según un colega, Maxwell era inteligente porque "sabía exactamente qué ofrecer para comprar a una persona: fama o dinero" (Preston, 2021). En los primeros años, también se benefició de la paranoia de la Guerra Fría y consiguió un lucrativo contrato con el Departamento de Estado de EE.UU. para traducir un gran número de artículos científicos rusos. La receta de Maxwell implicó una combinación de ampliaciones y adquisiciones de revistas, marketing hábil y nuevos modelos de negocio creativos. Revistas que anteriormente tenían un ámbito nacional se "internacionalizaron" con nuevos consejos editoriales y títulos. También se apuntaron a las subdisciplinas emergentes, y Maxwell afirmó que había infinitas oportunidades para que las revistas apoyaran campos especializados cada vez más pequeños. Tanto Pergamon como Elsevier se centraron en aumentar las suscripciones institucionales en lugar de las individuales. Se convenció a muchas sociedades científicas estadounidenses y europeas de subcontratar la publicación de sus revistas a "socios" comerciales, atraídas por los ingresos que proporcionaría para conferencias y beneficios de membresía. En las décadas de 1950 y 1960, pocos académicos podrían haber previsto las consecuencias de ésta nueva economía editorial. El inglés reemplazó al alemán como idioma internacional de la ciencia (Gordin, 2015), y se lanzaron cada vez más revistas científicas en inglés, fomentando nuevas comunidades de investigación internacionales (Meadows, 1980). Cuando Pergamon fue vendida a Elsevier en 1991 por £440 millones, había publicado 7.000 monografías y lanzado 700 revistas, de las cuales más de 400 todavía estaban activas. Cox sostiene que Maxwell tuvo un "efecto profundo" en las publicaciones científicas, que la debacle de su muerte, sus deudas y su mal uso de los fondos de pensiones del Mirror "eclipsaron de la historia" (Cox 2002:274). La publicación comercial es sólo una parte de la historia de la ciencia contemporánea. El otro es el desafío de gestionar y medir éste enorme flujo de información. Se podría igualmente argumentar que la infraestructura global contemporánea tiene sus raíces en un folleto fotocopiado, titulado Current Contents, inicialmente impreso en un gallinero por un joven científico de la información estadounidense y emprendedor: Eugene Garfield. Nacido en el Bronx de inmigrantes lituanos de segunda generación, el joven Garfield se inspiró en la ciencia ficción de HG Wells y su visión de un "cerebro mundial". Para su doctorado en Química y Biblioteconomía, desarrolló un algoritmo para convertir la nomenclatura química en fórmulas. La visión de Garfield era la de un nuevo campo de la "ciencia de la información". Frustrado por el conservadurismo de los servicios de resúmenes tradicionales, quería hacer accesible el conocimiento de la investigación. Garfield consideró que la financiación de la investigación no estaba acompañada de financiación para la comunicación de la investigación, y que las nuevas tecnologías de gestión de datos podrían ayudar a crear sistemas de información "eficientes". La primera gran innovación de Garfield fue sorprendentemente de baja tecnología. Al darse cuenta de lo difícil que era para los bibliotecarios mantenerse al tanto de las nuevas investigaciones, comenzó a enviar un folleto semanal fotocopiado y grapado con el contenido de 150 revistas de ciencias biológicas. Impreso en papel barato de correo aéreo en un gallinero reconvertido, se convirtió en una lectura esencial para los bibliotecarios, evitándoles tener que hojear revistas individuales. Current Contents, como se le conocía, comenzó en las ciencias biológicas en 1958 con 150 revistas y la demanda creció rápidamente. En 1967, Current Contents cubría 1.500 revistas de física, química y ciencias biológicas. Garfield creó el Instituto de Información Científica (ISI) como empresa en 1955 y le puso el nombre de un instituto de investigación de Moscú. También proporcionó servicios de reimpresión y alertas. Entre sus primeros clientes se encontraban las principales empresas farmacéuticas. Las suscripciones corporativas permitieron a ISI expandirse, pero también aseguraron que las ofertas de ISI respondieran a las necesidades comerciales. A finales de la década de 1970, Current Contents indexaba más de 4.500 revistas. Con la inclusión de nuevas revistas y campos de lobby, Garfield tenía la ambición de hacerlo lo más completo posible. La idea más influyente de Garfield fue igualmente sencilla: el concepto de índice de citas. Le fascinaba encontrar formas de evaluar la utilidad de la investigación y le preocupaba la cita de datos "fraudulentos, incompletos u obsoletos". La idea surgió de una herramienta de investigación basada en documentos legales estadunidense llamada Citación de Sheperd que permitió a los abogados investigar jurisprudencia y rastrear precedentes. Garfield consideró que, en la misma línea, los académicos también deberían conocer las citas existentes de un artículo que también estaban citando, y que se vincula con trabajos anteriores para ayudarlos a comprender la "transmisión de ideas" y la estructura intelectual del pensamiento. Se podría contar el número total de citas, de modo que los científicos pudieran medir el "impacto" y, por tanto, la importancia del trabajo publicado. Así se lanzó la cienciometría, la ciencia de medir y rastrear la circulación y citación del conocimiento académico (Garfield 1955). Garfield luchó por conseguir financiación para la investigación que le permitiera desarrollar sus ideas, pero en 1959 la Fuerza Aérea de Estados Unidos le otorgó un contrato de cinco años para probar un prototipo (Aronova 2021). Garfield reconoció que idealmente era necesario un índice de citas completo que cubriera todas las revistas científicas publicadas, pero reconoció la impracticabilidad económica y logística de ésto. Recurrió a la ley de dispersión de Bradford, que lleva el nombre de un matemático británico, que sostenía que la literatura más importante en cualquier campo científico se publica sólo en un grupo reducido de revistas. La ley de Pareto, o lo que se llama la distribución 80/20, permitió a Garfield defender una selección muy centrada de lo que llamó las revistas más "importantes". Garfield citó un estudio que demostró que el 75% de las referencias en ciencias de la vida correspondían a menos de 1.000 revistas "principales", y el 84% a sólo 2.000 revistas. Ésto justificó un índice basado en las revistas más influyentes e importantes en cada campo (Garfield 1955). También fue una decisión comercial astuta, dados los enormes desafíos logísticos y los costos de indexar un número potencialmente interminable de citas, con sólo las instalaciones informáticas más básicas. Tras varias pruebas, la primera con sólo tres revistas de genética, el índice prototipo de Garfield, publicado en 1963, recopiló datos de citas de 560 revistas científicas, de las cuales el 70% se publicó en Estados Unidos o el Reino Unido, y casi el resto en Europa. La selección de revistas "clave" por parte de Garfield se basó en su conocimiento del panorama editorial, centrado en Estados Unidos, y principalmente en el contenido de Current Contents, que a su vez había evolucionado para satisfacer las necesidades de los suscriptores comerciales. El primer Science Citation Index (SCI), publicado en 1966, dependía en gran medida del ecosistema de investigación estadounidense y de las ofertas de editoriales comerciales. La geografía académica de una economía editorial euroamericana estuvo integrada en el índice desde el principio. Se incluyeron dos revistas chinas, pero ninguna de África. El rápido crecimiento del índice fue paralelo al de Current Contents. En 1966, SCI incluía más de 1150 revistas, y para 1968 abarcaba 2000. Gradualmente, se indexaron más revistas no europeas, pero su proporción general se mantuvo muy baja, dado el crecimiento paralelo de las publicaciones seriadas estadounidenses y europeas: "Garfield aprovechó al máximo la tecnología informática emergente para reducir los costos de indexación, e ISI empleó un enorme equipo de 100 operadores de datos que ingresaban datos a una computadora central mediante cintas de escritorio. Trabajando en dos turnos, cinco días a la semana, podían procesar 25000 referencias al día (Garfield, 1979). Al igual que Maxwell, Garfield también se benefició de las tensiones de la Guerra Fría. Se inspiró en las posibilidades de gestión de datos que ofrecía un estado centralizado y posteriormente desarrolló vínculos estrechos con administradores científicos rusos y el cienciométrico Vasilii Nalimov. Ayudó a negociar un importante contrato de venta de computadoras IBM a ministerios rusos, que incluyó una suscripción de 10 años a los servicios del SCI (Aronova, 2021). Si bien el objetivo original de Garfield pudo haber sido facilitar la búsqueda de información, el índice rápidamente definió el conocimiento académico "reputado". La inclusión era importante para las revistas, y las editoriales estaban dispuestas a pagar las elevadas cuotas de suscripción. Con el lanzamiento de cada vez más revistas "internacionales" por parte de dos editoriales comerciales en rápida expansión –Pergamon Press y Elsevier-, el índice comenzó a desempeñar un importante papel de control. En las dos décadas siguientes, duplicó su tamaño y, para 1990, indexaba alrededor de 4000 revistas. Garfield era experto en promover las ventas de SCI en todo el mundo, exigiendo la suscripción de las revistas indexadas (Garfield, 1972). Muchos fueron críticos. Algunos se burlaron de la idea de que la objetividad se pudiera lograr "sin leer la literatura" (Oliver, 1970). Sociólogos y científicos se cuestionaron la cobertura global del índice (Narin, 1976; Frame et al., 1977; Rabkin e Inhaber, 1979; véase Garfield, 1983) y la relevancia de los datos para diferentes disciplinas y regiones (Cole y Cole, 1971). Una crítica estadística de la discriminación sistemática del SCI contra las revistas del tercer mundo se publicó en Scientific American (Gibb, 1995), lo que provocó una enérgica réplica de Garfield (1977)" (Mills, pp. 12, 13).

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Hippie, Yuppie y BoBo.

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Casi todos los que cayeron en las redes de Epstein terminaron arrepintiéndose. Si bien muchos invitados VIP visitaron Little St. James durante los años que Epstein residió allí, otro tipo de visitante destaca en la mente de muchos lugareños. Epstein transportaba a sus visitantes a la isla en helicóptero o barco desde St. Thomas, a aproximadamente una milla de distancia. Según una demanda interpuesta por el fiscal general de las Islas Vírgenes contra el patrimonio de Epstein a principios de 2020, los controladores aéreos y otro personal del aeropuerto locales informaron haber visto a Epstein acompañado de niñas que parecían tener entre once y doce años, e incluso en una fecha tan reciente como 2018. Según la demanda, Epstein transportaba a sus víctimas al Aeropuerto Cyril E. King de St. Thomas en uno de sus dos jets Gulfstream o en su Boeing 727-200, que posteriormente se conocería en los medios como el Lolita Express. Los documentos judiciales detallan un patrón y práctica de trata de personas, abuso sexual y trabajo forzoso de mujeres jóvenes en la isla. Si bien a Epstein le gustaba presumir de su "refugio zen", para otros era un lugar de terror. Una víctima de quince años estaba tan desesperada por escapar de la isla que intentó nadar hacia la libertad. En una ocasión se vio al Príncipe Andrew manosear a una menor de edad en un balcón de la isla, "a plena vista". Una víctima que fue violada por Epstein en su isla dijo: "Pasé dos semanas vomitando casi hasta morir en un hospital después de ése primer encuentro". Otra víctima le dijo a CSB News que Epstein "me atrapó en su habitación en la isla donde tenía una pistola atada al poste de su cama. No podía irme". Un ex controlador de tráfico aéreo le dijo a Vanity Fair que en múltiples ocasiones vio a "Epstein salir de su helicóptero, pararse en la pista a la vista de mi torre y abordar su jet privado con niñas". Otro empleado en la pista de aterrizaje observó que los acompañantes de Epstein "siempre vestían sudaderas universitarias" que parecían destinadas a ser "camuflaje". En las Islas Vírgenes, Epstein tejió su red desde una "oficina comercial que mantenía en St. Thomas". Conocida oficialmente como Southern Trust Company, Inc., la oficina estaba escondida en el complejo American Yacht Harbor en el barrio Red Hook en el extremo este de St. Thomas. La mañana de mi visita, las puertas de cristal de la oficina estaban cerradas y cubiertas con pesadas contraventanas azules. A la derecha de la entrada se veían palmeras y plantas tropicales en macetas descuidadas. En el puerto deportivo, abajo, podía ver yates, catamaranes y veleros. (Según se dice, Epstein era copropietario del puerto deportivo de 127 amarres con el magnate inmobiliario Andrew Farkas, antiguo socio de Jared Kushner). Al otro lado de la calle había un pequeño centro comercial con un local llamado Duffy´s Love Shack enfrente. Epstein, quien abusó sexualmente de al menor una joven en la oficina, hizo pasar Southern Trust como una empresa que investigaba base de datos de secuenciación genética para el tratamiento del cáncer y la secuenciación del ADN. Lo que la oficina de 3200 pies cuadrados también albergaba, según la fiscal general de las Islas Vírgenes, Denise George, eran bases de datos para rastrear los movimientos y la disponibilidad de mujeres jóvenes y menores de edad. El lado oscuro de Jeffrey Epstein siempre estuvo oculto a plena vista. En los meses previos y posteriores a la muerte de Epstein, se escribieron cientos de artículos sobre su vida, sus crímenes y su fallecimiento. Surgieron teorías conspirativas –promocionadas con el estribillo en Internet "Epstein no se suicidó"- sobre las inexplicables circunstancias de su encarcelamiento, mientras que los periodistas investigaban su red de conexiones con los ricos y poderosos, y las misteriosas circunstancias de su fortuna, que según se informa ascendía a 577 millones de dólares al momento de su muerte. Se ha hablado mucho de las redes de amigos y conocidos de alto rango de Epstein. Entre ellos se contaban políticos y legisladores, incluso jefes de estado. Había abogados eminentes, como Dershowitz, y empresarios billonarios, como Wexner y el fundador de Microsoft, Bill Gates. Algunos, como el director Woody Allen y el productor Harvey Weinstein, verían sus últimos años consumidos por acusaciones de abuso sexual. Entre ellos se encontraban algunos de los hombres más inteligentes del mundo, como Hawking y el expresidente de Harvard, Larry Summers, junto con celebridades y sus secuaces. También había banqueros, un traficante de armas saudí y el director de una agencia internacional de modelos. Sin embargo, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre Jeffrey Epstein, una cantidad asombrosa de información aún no se ha explicado. Fue escurridizo en vida y ha seguido siendo igual de escurridizo en su muerte. ¿Cómo un chico del Brooklyn que nunca se graduó de la universidad logró abrirse camino hasta las más altas esferas de la política, los negocios y la ciencia? Entre los clientes de primera línea que Epstein pronto atendió en Bear Stearns se encontraba Edgar Bronfman, el empresario canadiense-estadounidense cuya familia era propietaria de la destilería Seagram. Bronfman, activista proisraelí muy involucrado en causas judías, era un cliente clave para Bear Stearns y para el prometedor veinteañero deseoso de aumentar su salario y su posición en la prestigiosa firma de inversiones. Aunque Epstein fue nombrado socio limitado de Bear Stearns, su permanencia en el gigante de Wall Street fue breve y finalizó en 1981. Durante una investigación independiente sobre las prácticas laborales de Epstein, se le acusó de violación de la ley de tráfico de información privilegiada (Red D) tras prestar 20.000 dólares a Warren Eisenstein, su amigo íntimo de Sea Gate, para que comprara ciertas acciones. Además, se vio envuelto en una investigación de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) por tráfico de información privilegiada relacionada con el trabajo que realizaba para Edgar Bronfman, su cliente más lucrativo. Bajo ésta nube de acusaciones, Epstein presentó su dimisión el 12 de marzo de 1981, poco después de recibir la citación de la SEC para declarar sobre el intento de Bronfman y Epstein de adquirir una empresa minera: St. Joe´s Mineral Corp. Hasta el momento, Epstein había convertido la oportunidad única de enseñar en la Escuela Dalton en una oportunidad única de ascender en una de las principales firmas financieras de Estados Unidos. Superó las dificultades de los mercados financieros, además de una investigación de la SEC, y salió prácticamente indemne. Pero ahora estaba solo. En 1981, presentó los documentos corporativos para fundar una firma de consultoría financiera: Intercontinental Assets Group. Su objetivo era aprovechar las lecciones aprendidas en The Dalton School y Bear Stearns. Se centraría en los verdaderos ricos. A los clientes hiperricos, se imaginaba brindándoles asesoramiento financiero sobre inversiones, fideicomisos, patrimonio, asignación de activos y cómo organizar y administrar una fortuna familiar. Su modelo de negocio era simple: la riqueza extrema crea una serie de problemas únicos y a menudo insolubles. Epstein resolvería ésos problemas para sus clientes. El problema era que no tenía clientes. En algún momento, Epstein centró su empresa en recuperar dinero robado de corredores y abogados fraudulentos. Éste era un mundo más turbio que el convencional de la bolsa y las finanzas, pero era lucrativo. Consiguió una clientela prestigiosa, entre ellos Andrew Levander y Robert Gold, quienes habían perdido la mayor parte de su patrimonio cuando la empresa Drysdale Government Securities quebró. Los superricos no eran los únicos clientes que Epstein buscaba. Por ésta época, Epstein empezó a contar a sus amigos que a veces asesoraba a gobiernos y agencias gubernamentales para recuperar fondos malversados. Al mismo tiempo, Epstein buscaba clientes que hubieran malversado fondos y necesitaran reubicarlos, quizás en cuentas en el extranjero. Epstein se había convertido en una especie de doble agente cazarrecompensas financiero. En ésta etapa se relaciona con los servicios de inteligencia por Douglas Leese (traficante de armas, agente del MI6), quien le presentó a Robert Maxwell (traficante de armas, magnate de medios, diputado laborista, informante del MI6, el KGB y el Mossad), Adnan Khashoggi (traficante de armas, activo de la CIA en el caso Irán-Contra que culminó con la venta de 1,500 misiles estadounidenses a Irán a través de Israel) y Steven Hoffenberg (presidente de Towers Financial Corporation). La periodista de investigación Vicky Ward había seguido los misteriosos negocios de Epstein antes de que fuera conocido. En 2002, viajó al Centro Médico Federal de Massachusetts para entrevistar a Steven Hoffenberg, quien cumplía una condena de 18 años de prisión por una estafa piramidal de 450 millones de dólares. Hoffenberg afirma que Epstein orquestó la estafa de Towers Financial cuando ambos trabajaron juntos a finales de la década de 1980. Hoffenberg explicó el modelo ilegal de Epstein, al que llamó "jugar con la caja", hablando desde su experiencia como víctima de su "estafa perfecta". Estaba tan fascinado con Epstein cuando trabajaban juntos que incluso pagó el alquiler de su oficina, sin saber que en ése momento Epstein estaba conspirando con la fiscalía para incriminarlo en su esquema Ponzi. La base de la estafa era recopilar información incriminatoria sobre sus socios para cubrirse con un manto de chantaje mientras malversaba enormes fondos y los trasladaba al extranjero. Incluso si lo descubrían, la póliza de seguro de dos factores garantizaba que sus víctimas no pudieran localizar sus activos desaparecidos y que su reputación personal se vería comprometida si lo intentaban. Hoffenberg también le contó a Ward que Robert Maxwell había sido cliente de Epstein antes de su muerte. Los últimos clientes conocidos de Epstein son el director ejecutivo de L Brands, Leslie Wexner; el presidente de Apollo Global Management, Leon Black. Los pasaportes de Epstein muestran destinos principalmente de África, Asia Central y Oriente Medio: Francia Sierra Leona, Mali, Gabón, Senegal, Afganistán, Kazajistán, Israel, Jordania, Arabia Saudita. Cuando los agentes del FBI ejecutaron una orden de allanamiento en la casa de Epstein en Nueva York, encontraron una caja fuerte cerrada que contenía 48 diamantes y 70.000 dólares. También se recuperaron tres pasaportes estadounidenses y uno austriaco con la foto de Epstein, pero con el nombre de otra persona y una dirección en Arabia Saudita. En la última etapa, relacionado con el gobierno de Israel: Leslie Wexner (cofundador del Mega Group para definir la política en Oriente Medio), Alan Dershowitz (abogado de Israel), Bill Richardson (embajador ante la ONU), George Mitchell (enviado para Oriente Medio), Shimon Peres (ex ministro de Israel), Ehud Barak (ex ministro de Israel). Chomsky, activista político e intelectual, profesor durante muchos años del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), tenía varias reuniones programadas con Epstein entre 2015 y 2016. Una de las reuniones de Chomsky con Epstein involucró al ex primer ministro Ehud Barak. Chomsky afirmó que hablaron sobre las políticas de Israel respecto a la cuestión palestina y el ámbito internacional. Aquí no hay gorritos de aluminio ni teorías de la conspiración, sino relaciones documentadas. Gran parte del conflicto entre MAGA y Donald Trump por el caso Epstein y el Estado Profundo es el desproporcionado apoyo de Estados Unidos a Israel en política exterior y conflictos internacionales: ¿American Firts? Aunque Israel es el único pretexto geopolítico que tiene Estados Unidos en Oriente Medio: "John Mearsheimer y Stephen Walt han publicado un artículo que incita a pensar. Se basa en investigaciones exhaustivas y habla del poder que el lobby israelí tiene en Washington, el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (American Israel Public Affairs Committe, AIPAC), posee a la hora de condicionar la política estadounidense, en Oriente Próximo en general y en Israel en particular. El argumento básico es que el grupo de presión israelí dirige la política estadounidense en contra de los intereses nacionales del país norteamericano. Desde la década de 1960 no se publicaba una crítica tan dura del sionismo y la política estadounidense salida del mismo corazón académico y mediático del país… En 1985, Netanyahu, entonces embajador de Israel ante las Naciones Unidas, declaró en la convención anual de los cristianos sionistas que el apoyo de éstos a Israel era una tarea moralmente superior a cualquier otra… Las iglesias no se contentaron con las meras palabras y establecieron un dispositivo especial cuyo principal objetivo era asistir a Israel desde dentro de Estados Unidos… Mientras el lobby proisraelí concentraba sus esfuerzos en ganarse el apoyo del Partido Demócrata, los cristianos consiguieron hacerse, como mínimo, con las simpatías del Partido Republicano. No debe infravalorarse ése logro, pues los empresarios vinculados a éste partido eran más proclives a aceptar los puntos de vista árabes y apoyaban la creación de un eje proestadounidense en Oriente Próximo integrado por regímenes árabes amigos.… Todo ello se vio alimentado por una revolución televisiva que purgó el sistema de valores estadounidense y redujo el fundamentalismo cristiano al formato de la pequeña pantalla. Valiéndose del discurso propio de un medio tan superficial como la televisión, histriónicos predicadores consiguieron transmitir mensajes cada vez más simplistas desde el púlpito del sionismo cristiano" (Chomsky, pp. 33, 42, 43, 44). En el caso de Harvard: el profesor emérito Alan Dershowitz; el expresidente Lawrence H. Summers; el exdecano de la Facultad de Artes y Ciencias, Henry Rosovsky; el profesor de matemáticas y biología, Martin A. Nowak; el profesor de la escuela de medicina, George M. Church; el profesor de psicología, Stephen M. Kosslyn. El objetivo de Epstein era tener acceso a destacados académicos y de otros lugares en ciencias y matemáticas, y en ocasiones, reunirlos con figuras políticas. Varios profesores visitaron a Epstein en sus propiedades de Nueva York, Palm Beach, Nuevo México y en las Islas Vírgenes Estadounidenses. ¿Qué clase de "financiero caído en desgracia" usa la fachada de filántropo y profesor investigador visitante para reunir a científicos con políticos? Epstein visitó el Programa de Dinámica Evolutiva (PED) más de 40 veces entre 2010 y 2018. Cuando Epstein visitaba el PED, solía reunirse con destacados académicos de Harvard y de otras instituciones científicas y matemáticas, y, ocasionalmente, con personas involucradas en la vida pública. Epstein fue el impulsor de éstas reuniones. Éstas solían tener lugar los fines de semana, aunque algunas se celebraban entre semana. Epstein seleccionaba las fechas (a veces con poca antelación al profesor Nowak) y, por lo general, establecía la lista de invitados, aunque en ocasiones Nowak tomaba la iniciativa de invitar a académicos que creía que podían interesar a Epstein. Epstein solía invitar a académicos de otras instituciones a reunirse con él cuando visitaba el PED (de hecho, Epstein se reunía con profesores de otras instituciones al menos con la misma frecuencia que con profesores de Harvard). En ocasiones, Epstein también invitaba a figuras políticas a la oficina del PED. Epstein era acompañado rutinariamente en éstas visitas por mujeres jóvenes, descritas como veinteañeras, que actuaban como sus asistentes. Las reuniones generalmente se centraban en las investigaciones actuales de los académicos asistentes, aunque Epstein también utilizaba ocasionalmente las oficinas del PED para cenas. Epstein solía elegir la lista de invitados y, en ocasiones, hacía preguntas, pero no solía dirigir las discusiones ni elegir los temas. En conjunto, los documentos sugieren que Epstein consideraba las oficinas del PED como disponibles para su uso siempre que deseaba reunir a académicos para escucharlos hablar sobre temas que a Epstein le interesaban. Epstein tenía una fortuna estimada de 559 millones de dólares. Su patrimonio incluía una casa de 4.600 metros cuadrados en el Upper East Side de Manhattan (comprada a Wexner), valorada en más de 50 millones de dólares. También poseía una mansión en Palm Beach, Florida, valorada en unos 12 millones de dólares; un rancho de 4.000 hectáreas en Nuevo México, valorado en poco más de 17 millones de dólares; y un apartamento en París con un valor estimado de 8,6 millones de dólares. Sus dos islas privadas en el Caribe, Great St. James y Little St. James, estaban valoradas en 86 millones de dólares tras su muerte, pero fueron adquiridas por 60 millones de dólares en 2023 por el multimillonario Stephen Deckoff, fundador de Black Diamond Capital Management. Los fiscales dicen que Epstein construyó su vasta red de tráfico sexual a lo largo de la década de 1990 y principios de los 2000. En otras palabras, Epstein se convirtió en Epstein durante su larga asociación con Wexner. Cuando se publicó por primera vez el sitio web del Programa de Dinámica Evolutiva, http://ped.fas.harvard.edu. Sólo se mencionaba brevemente a Epstein como uno de los fundadores del programa: "El Programa de Dinámica Evolutiva fue establecido en 2003 por el rector de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers, a raíz de una ingeniosa propuesta de Jeffrey Epstein y Benedict Gross. El centro opera bajo los auspicios de William Kirby, decano de la Facultad de Artes y Ciencias. Martin Nowak, profesor de Matemáticas y Biología, es el director de la facultad". Sin embargo, a partir de mediados de 2013, a medida que información perjudicial sobre Epstein comenzaba a aparecer públicamente con mayor frecuencia, Epstein intentó utilizar el sitio web del PED, parte del dominio harvard.edu, para mejorar su imagen pública, en algunos casos con afirmaciones falsas sobre su nivel de donaciones a Harvard. A mediados de 2013, la publicista de Epstein contactó al profesor Nowak, anunciándole que estaba "a cargo de los medios y relaciones públicas de Jeffrey" y que estaba "redactando un comunicado de prensa para la fundación de Jeffrey con motivo del décimo aniversario del Programa de Dinámica Evolutiva". Al no obtener respuesta inmediata de Nowak, la publicista insistió y fue bastante explícita sobre por qué y cómo quería vincular el nombre de Epstein con Harvard. Le preguntó a una de las asistentes de Nowak: "Me preguntaba si podríamos incluir el nombre de Jeffrey Epstein y su Fundación en el sitio web del Programa de Dinámica Evolutiva. Ya sea en la sección del Consejo Asesor o en la de Afiliados del Profesorado. Para su información, estoy a cargo de los medios y las relaciones públicas de la Fundación. Jeffrey está intentado impulsar los sitios web de su fundación y un enlace en la red de Harvard sería muy útil": "A petición del publicista, y con la aprobación del profesor Nowak, el sitio web del Programa añadió enlaces a dos sitios web mantenidos por las fundaciones de Epstein. El sitio web de uno de ellos, http://www.jeffreyepstein.org y Jeffrey_Epstein.html, afirmó falsamente que la fundación de Epstein "estableció el Programa de Dinámica Evolutiva en la Universidad de Harvard con una donación de 35 millones de dólares a la universidad". El texto sobre el Programa de Dinámica Evolutiva en la página de la fundación Epstein continúa conteniendo un enlace activo a la página principal del PED. En 2014, cuando el profesor Nowak necesitaba fondos adicionales para mantener el PED operando en sus oficinas de One Brattle Square, el publicista de Epstein le pidió a Nowak que le diera aún más prominencia en el sitio web del PED. A petición del publicista, el PED añadió una página completa sobre Epstein al sitio web. La página incluía su fotografía, una biografía y enlaces a los propios sitios web de Epstein. La página de Epstein estaba enlazada al resto del sitio web del PED mediante una pestaña llamada "Amigos" (Epstein era el único "Amigo" que aparecía en el sitio del PED). Nowak accedió a incluir la página de "Amigos" de Epstein en el sitio web después de que el publicista de Epstein solicitara específicamente que el PED publicara información sobre Epstein en el dominio harvard.edu porque "sería muy útil para los resultados de Google que su nombre estuviera vinculado a una URL de harvard.edu". La publicista también le pidió al profesor Nowak que revisara un artículo que había preparado sobre Epstein. Posteriormente, publicó dicho artículo en el sitio web de National Review y solicitó a PED que enlazara el artículo a su página web. PED cumplió con su solicitud. Éste artículo, al igual que el sitio web de la fundación Epstein mencionado anteriormente que enlaza con el sitio web de PED, afirmaba falsamente que Epstein había donado 35 millones de dólares a Harvard" (E. López, B. Gershengorn, F. Murphy, pp. 21, 22).

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El secreto de Jeffrey Epstein.

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El botón nuclear en 2025 está en manos de Donald John Trump y Vladímir Putin, dos tipos duros de 79 y 72 años que podrían ser tus abuelos: insuficiencia venosa crónica de Trump y rumores de Parkinson en primer grado, cáncer de estómago y esclerosis múltiple de Putin. Cuando ingresó en la cárcel de Manhattan en 2019, los registros médicos mostraban que Jeffrey Epstein, de 66 años, sufría de apnea del sueño, estreñimiento, hipertensión, dolor lumbar y prediabetes. Aunque Trump ya no desea ser relacionado con el "tipo que nunca muere", Epstein forma parte de su vida. Una fotografía de la apertura del Harley Davidson Cafe de Nueva York en 1993, muestra a Trump abrazando a Eric e Ivanka, a un lado de Epstein que sujeta una copa. Otra fotografía de diciembre de 1993, muestra a Epstein en la boda de Trump y Marla Maples en el Hotel Plaza de Nueva York. Una tercera fotografía de 1997, a Trump apoyando su mano sobre el hombro de Epstein en Palm Beach. Una cuarta fotografía del 28 de abril de 1997, a Trump con Ingrid Seynhaeve, y Epstein de espaldas sonriendo, en la fiesta de Victoria´s Secret en Nueva York. Once años después, Epstein fue condenado por pederastia en el gobierno del Republicano George W. Bush: 2008. Once años después, presuntamente se suicidó mientras estaba en prisión a la espera de juicio por tráfico sexual y conspiración, en el gobierno del Republicano Donald Trump: 2019. Desde que salieron a la luz los crímenes de Epstein, Internet se ha llenado de teorías conspirativas. La amistad entre Trump y Epstein se remontaba a décadas. Los dos empresarios volaban juntos de Nueva York a Palm Beach. Salían de fiesta en el Club Mar-a-Lago y cenaban juntos en la mansión de Epstein en Manhattan. En una fotografía del año 2000 que ahora parece un meme, Trump toma de la cintura a Melanija Knavs, y Epstein toma de la cintura a Ghislaine Maxwell. En 2022, Ghislaine Maxwell fue condenada a 20 años de prisión tras ser declarada culpable de tráfico sexual. Se la acusó de conspirar con Epstein para organizar un plan para atraer a niñas y adolescentes a relaciones sexuales con él entre 1994 y 2004 en Nueva York, Florida, Nuevo México y las Islas Vírgenes Estadounidenses. A principios de julio de 2025, The Wall Street Journal informó sobre la existencia de un libro encuadernado en cuero destinado a Jeffrey Epstein y lleno de cartas de amigos por el cumpleaños 50 en 2003. Dentro del libro había una nota obscena de Trump con un poema escrito a máquina sobre la amistad de la pareja, así como el boceto de una mujer desnuda acompañado de la firma característica de Trump. Un informe posterior del Journal detalló algunos de los nombres en el libro, incluidos el expresidente Bill Clinton y Leon Black, exdirector ejecutivo de Apollo Global Management. Aunque Trump denunció la supuesta carta como "falsa" y ha demandado al Journal, así como a Rupert Murdoch, por más de 10 mil millones en daños. El libro de cumpleaños fue elaborado por Ghislaine Maxwell y aún está en poder de los herederos de Jeffrey Epstein y muchos lo han visto. En su carta introductoria a Epstein, escrita en negro sobre una cartulina con textura, Maxwell explicó sus motivos:

 

Jeffrey. La idea del libro era reunir historias y fotografías antiguas para refrescar tu memoria sobre lugares, personas y distintos acontecimientos. Algunas de las cartas conseguirán sin duda su objetivo, otras bueno… tendrás que leerlas para comprobarlo por ti mismo. Sé que disfrutarás hojeando el libro, y espera que te produzca el mismo placer que a mí me produjo prepararlo para ti. Feliz, feliz cumpleaños. Ghislaine.

 

El índice incluye el nombre de Trump, junto con el de Bill Clinton, y los nombres de otros amigos y conocidos famosos de Epstein. El WSJ no compartió una imagen de la carta, pero su contenido se describe a continuación:

 

Contiene varias líneas de texto mecanografiado enmarcadas por la silueta de una mujer desnuda. Un par de pequeños arcos marcan los pechos de la mujer, y la firma del futuro presidente es un garabato de "Donald" debajo de su cintura, imitando el vello púbico. La carta concluye: "Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro maravilloso secreto".

 

Un aspecto de la imagen es tan claro en su simbolismo que casi no hace falta mencionarlo: la figura de Trump, que representa el vello púbico de la figura, sugiere que Trump se apropia de la región que lo rodea, como una marca de ganado, pero también como una marca de marketing: Trump como mujeriego. Texto de la carta de cumpleaños de Donald Trump a Jeffrey Epstein, escrita de forma críptica porque el maravilloso secreto no debe ser revelado:

 

Voz en off: Debe haber algo más en la vida que tenerlo todo.

Donald: Sí, la hay, pero no te diré qué es.

Jeffrey: Yo tampoco, porque también sé lo que es.

Donald: Tenemos ciertas cosas en común, Jeffrey.

Jeffrey: Sí, lo hacemos, ahora que lo pienso.

Donald: Los enigmas nunca envejecen, ¿lo has notado?

Jeffrey: De hecho, me quedó claro la última vez que te vi.

Trump: Un amigo es algo maravilloso. Feliz cumpleaños, y que

cada día sea un maravilloso secreto.

 

El nombre de Bill Clinton fue uno de los muchos nombres prominentes que aparecieron en documentos judiciales relacionados con el caso Epstein, revelados en 2024. Vanity Fair reveló que Epstein tenía en su mansión del Upper East Side un cuadro de Bill Clinton en el que aparecía llevando un vestido azul y tacones rojos. Se trata de una obra de la pintora Petrina Ryan-Kleid, una retratista satírica que trabaja mayormente con óleos, titulada Parsing Bill, y que realizó cuando aún era una estudiante de Bellas Artes en Nueva York. La pieza fue subastada en una gala de la Academia de Arte que realiza habitualmente en Tribeca, allá por 2012, aunque no está claro si fue por entonces que Epstein la adquirió. Es sin duda una imagen perturbadora dado el cariz que ha tomado la investigación de Epstein. También figuraba entre las personas registradas como pasajeros del avión privado de Epstein, según los registros de vuelo presentados como prueba en el juicio de Ghislaine Maxwell. El vestido azul podría ser una referencia al polémico vestido de Monica Lewinsky, o podría ser el vestido azul que Hillary Clinton lució en el 2009 durante la entrega de los premios Kennedy Center Honors. El arte maneja habitualmente lecturas a varios niveles y establece un juego de referencias. El Journal informó que el libro de cumpleaños incluía un mensaje del expresidente escrito a mano con la "inconfundible caligrafía de Clinton":  

 

Es reconfortante, ¿no es así?, haber durado tanto tiempo, a través de todos los años de aprendizaje y conocimiento, aventuras y (palabra ilegible), y también tener tu curiosidad infantil, el impulso de hacer una diferencia y el consuelo de los amigos.

 

A principios de octubre de 2008, el sistema financiero mundial estaba al borde del colapso. El Congreso se apresuró a aprobar el rescate de Wall Street por 700.000 millones de dólares. Millones de estadounidenses se estaban quedando sin trabajo. Y según una demanda legal del 1 de junio de 2021, el multimillonario Leon Black, ex director ejecutivo del gigante de capital privado Apollo Global Management, volaba con una modelo rusa desde Nueva York a Palm Beach, Florida, para reunirse con Jeffrey Epstein por primera vez. En junio, Guzel Ganieva demandó a Black en el Tribunal del Estado de Nueva York. La demanda original de Ganieva incluía acusaciones gráficas de que Black la violó en 2014 y que posee un "lado violento, abusivo, depredador, vengativo y brutal… que ha ocultado de la vista del público durante décadas". En enero, Black, que entonces tenía 69 años, sorprendió a Wall Street al anunciar que dejaría el cargo de director ejecutivo de Apollo, la empresa que fundó. Una investigación encargada por la junta directiva de Apollo descubrió que Black pagó a Epstein 158 millones de dólares en honorarios entre 2012 y 2017, después de que Epstein se declarara culpable de solicitar la prostitución a una adolescente. Los pagos de 158 millones de Black a Epstein representaron menos del 2% del patrimonio neto de 10 mil millones de dólares reportado por Black. La asombrosa suma que Black pagó a Epstein, un desertor universitario y ex profesor de matemáticas de secundaria, por "asesoramiento fiscal" y "planificación patrimonial" alimentó la especulación desenfrenada entre los banqueros de que debe haber mucho más en la relación de Epstein y Black. Los rumores se aceleraron a finales de marzo, cuando Black abandonó abruptamente Apollo meses antes de lo esperado y luego renunció a la junta directiva del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Fue una caída sorprendente para Black. En todo momento, Black sostuvo que su relación con Epstein era estrictamente profesional. Pero el último expediente judicial de Ganieva alega, por primera vez, que Black "hizo múltiples comentarios sobre las inclinaciones sexuales de Epstein". La demanda afirma que Black le dijo a Ganieva que Epstein llevó a "chicas muy jóvenes" a bordo de su avión privado. Vanity Fair reveló que Leon Black mantuvo una relación con Donald Trump, Vladímir Putin, Steve Bannon y Jared Kushner. El 8 de agosto de 2018, Leon Black estaba en Washington prestando declaración ante el Comité de Inteligencia del Senado, que investigaba los vínculos de Trump con Rusia. En la agenda de Black ése día: contarles a los senadores sobre el viaje de Trump a Moscú en 1996. Según el quinto volumen de 966 páginas del informe del Comité de Inteligencia del Senado, "Amenazas y vulnerabilidades de contrainteligencia", Black estaba en el viaje de Trump, junto con David Geovanis y Bennett LeBow, dos hombres que Black conocía de sus días como jefe de fusiones y adquisiciones en Drexel Burnham Lambert, el desaparecido banco de inversión de Wall Street. Desde que Drexel estallara en 1990, Geovanis se mudó a Moscú en 1991, trabajando como representante de LeBow, el antiguo asaltante corporativo que fue cliente de Leon Black y del rey de los bonos basura Michael Milken en Drexel. En Moscú, según el informe, Geovanis trabajó como representante de LeBow, "desarrollando e invirtiendo en bienes raíces" para una empresa conjunta ruso-estadounidense conocida como Ligget-Ducat y para algo llamado Brookemil, Ltd. Geovanis trabajó más tarde para el inversor y benefactor liberal George Soros en Moscú y en Londres, en la firma de capital privado de Soros. También en el viaje de Trump a Moscú, según el informe, estaban Theodore Liebman, un arquitecto; Matthew Calamari, un guardaespaldas de Trump de toda la vida; y Howard Lorber, un viejo amigo de Trump que ahora es el CEO y presidente de Vector Group de LeBow, del cual Douglas Elliman, la firma de corretaje de bienes raíces en Nueva York, es una subsidiaria. Lorber también es el presidente de Douglas Elliman, que vendió a Vector en una serie de transacciones que finalizaron en diciembre de 2018. Hay un breve vídeo del viaje a Moscú. Y una fotografía, compartida en el informe del Senado, muestra a Black y a Trump junto con Geovanis y su entonces esposa. Black declaró a los senadores que no recordaba ningún comportamiento comprometedor durante el viaje. (Tampoco recordaba lo que ocurría en la fotografía). Añadió que sí recordaba haber ido a un concierto con Trump y luego a una discoteca, donde conocieron a otras personas que Black no recordaba. Sin embargo, Black añadió que él y Trump podrían haber ido juntos a un club de striptease. El informe del Senado también mencionó otros vínculos de Black con Rusia. En septiembre de 2011, Black supuestamente se reunió personalmente con Vladímir Putin para hablar sobre los planes de inversión de Apollo en Rusia. Reuters informó el 16 de septiembre de 2011 que Black compartió escenario con Putin en un foro económico en Sochi, donde aceptó formar parte del consejo asesor internacional del Fondo Ruso de Inversión Directa, un fondo soberano de inversión que Putin estaba creando. Black formó parte del consejo asesor del RDIF hasta 2014. (También se reclutaron para el consejo asesor Stephen Schwarzman, de Blackstone Group, y David Bonderman, de TPG). El informe también decía que Black "conoce" a Oleg Deripaska, el oligarca ruso, y había "interactuado con él en Rusia y Estados Unidos" antes de que Deripaska "fuera sancionado" por Estados Unidos en 2018. Black también conoce a Allen Vine, a quien Black describió como el "consigliere" de Suleiman Kerimov, otro oligarca ruso sancionado por Estados Unidos en 2018. La carta que, según el Journal, Black escribió a Epstein era bastante sugerente:

 

La publicación con el nombre de Black incluía un poema manuscrito con rima. El poema incluía el acrónimo "VFPC" con un asterisco que indicaba que significaba "Vanity Fair Poster Child", una referencia a un perfil de Epstein en una revista que estaba en desarrollo.

 

Dos líneas del poema dicen:

Rubia, pelirroja o morena, repartidas geográficamente

Con ésta red de peces, Jeff ahora es "El viejo y el mar".

 

Estaba firmado: "Besos y cariño, Leon".

 

Los vínculos de Epstein con Natahn Myhrvold, director de tecnología de Microsoft, ya se han reportado anteriormente. En 2019, Vanity Fair informó que Myhrvold mantuvo una estrecha relación con Epstein, citando a una fuente que afirmó que Epstein visitó en una ocasión la firma de inversiones de Myrhvold y que el propio Myhrvold presumió de haberle prestado el avión. Un portavoz de Myhrvold declaró a Vanity Fair en aquel momento: "En aquellos tiempos, Epstein era un asiduo a las conferencias TED y un importante donante a la investigación científica básica, así que, aunque Nathan lo conocía y ha socializado con él, ahí es precisamente donde termina su relación". Según el Journal, la carta de Myhrvold incluía referencias explícitas a la vida silvestre:

 

Una carta de Nathan Myhrvold, multimillonario y exejecutivo de Microsoft, decía que enviaba fotos de un viaje reciente a África. "Me parecieron más apropiadas que cualquier cosa que pudiera expresar con palabras", decía la carta, que terminaba con un "Nathan" escrito a máquina. Le seguían fotos de un mono gritando, leones y cebras apareándose, y una cebra con el pene visible.

 

Una portavoz de Myhrvold dijo que el autor no recuerda la presentación y que es un fotógrafo de vida silvestre que "regularmente comparte fotografías y escribe sobre el comportamiento animal".

 

Leslie Wexner, un empresario multimillonario que dirigió la empresa matriz de Victoria´s Secret, tenía estrechos vínculos con Jeffrey Epstein, quien fue su administrador financiero durante una década. Vanity Fair reveló que la mansión del Upper East Side de Nueva York fue en origen una escuela privada que compró el dueño de Victoria´s Secret, Leslie Wexner. Epstein la llenó de cosas aterradoras. Decenas de prótesis oculares enmarcadas adornaban la entrada. Una escultura de una mujer vestida de novia y agarrada a una cuerda estaba suspendida en un atrio central. The New York Times reveló que, en el comedor de la planta baja, Epstein entretenía a un elenco rotativo de famosos, académicos, políticos y hombres de negocios. Las fotos muestran que los invitados se sentaban en sillas con estampados de leopardo alrededor de una gran mesa rectangular. De vez en cuando actuaba un mago. A veces, sacaban una pizarra para que un invitado pudiera esbozar un diagrama o escribir una fórmula matemática. Epstein conservó un mapa de Israel dibujado en una pizarra con la firma de Ehud Barak. Al subir una gran escalera se encontraba el despacho de Epstein, con paneles de madera y un enorme escritorio. Las fotos muestran un tigre disecado, recostado sobre una alfombra exuberante. En el despacho Epstein exhibía una primera edición verde de Lolita de Vladímir Nabokov, la novela de 1955 en la que un intelectual desarrolla una obsesión sexual con una niña de 12 años y la viola repetidamente. Así como las fotografías de Jeffrey Epstein con Donald Trump, Bill Clinton, Mohammed bin Salman, Juan Pablo II, Fidel Castro, Andrés Pastrana, Larry Summers, Mick Jagger, Steve Bannon, Elon Musk, Bill Gates, Richard Branson, Woody Allen, Noam Chomsky, Marvin Minsky, etc. Cuando Epstein se declaró culpable de dos cargos en Palm Beach en junio de 2008 y fue registrado como delincuente sexual de nivel 3 en Nueva York, Wexner se negó a hablar de él. En 2019, un portavoz declaró a The Washington Post que los Wexner habían roto todos sus vínculos con Epstein en 2007. Fue sólo después de la muerte de Epstein que Wexner describió su relación: "Me avergüenza haber estado siquiera cerca de haber sido víctima de alguien tan perverso, astuto y depravado", declaró Wexner durante un discurso en septiembre de 2019. En una carta a su fundación benéfica por aquella época, Wexner afirmó que Epstein se había apropiado indebidamente de grandes sumas de dinero de mí y de mi familia. Según informes, Epstein había transferido casi 47 millones de dólares a un fondo benéfico controlado por Wexner en 2008. En la nota de Wexner a Epstein, el Journal dice que incluyó un dibujo de los pechos de una mujer con el mensaje:

 

Quería darte lo que quieres… así que aquí está…

 

Alan Dershowitz, quien ayudó a representar a Trump durante su primer juicio político, es conocido por sus clientes de alto perfil. Pero el abogado también formó parte del equipo de defensa legal de Epstein durante su primer arresto penal en Florida, una investigación que resultó en un controvertido acuerdo de no procesamiento que le permitió a Epstein evadir una pena de prisión considerable. Dershowitz dijo que la primera vez que conoció a Epstein, en la casa de Lynn Forester de Rothschild en Martha´s Vineyard, Epstein le ofreció ser invitado de honor en la próxima cena de cumpleaños de Wexner. "Jeffrey dijo algo así como: "Como regalo, mi amigo Leslie Wexner quiere que invite al hombre más importante que conocí éste año", recordó Dershowitz. El halago funcionó: Dershowitz asistió. Otros invitados incluyeron al astronauta John Gleen y al ex primer ministro israelí Shimon Peres. Dershowitz dijo que cuando se convirtió en el abogado penalista de Epstein en 2007, Epstein se jactó de que Wexner no testificaría en su contra. Dershowitz fue uno de los muchos autores del libro de cumpleaños, según el Journal:

 

La carta de Dershowitz incluía una maqueta de la portada de la revista "Vanity Unfair" con titulares falsos como "¿Quién era Jack el Destripador? ¿Fue Jeffrey Epstein?". Bromeó diciendo que había convencido a la revista para que cambiara el enfoque de un artículo de Epstein a Bill Clinton. Dershowitz, quien representó a Epstein tras su primer arresto, declaró: "Ha pasado mucho tiempo y no recuerdo el contenido de lo que pude haber escrito".


Autor del texto: Armando Ossorio ©

XPOFERENS

 

"Oigan ésta cosa que es muy fácil de bailar.

Salten como monos con el ritmo de tam-tam.

Lo que aquí se dice poco importa, qué más da.

Viva el beat, el rock, el soul, el pop y lo demás.

 

Lea Mundo-Record, Discoflash y el Ritmical.

Todo es in y boom y hit y bang, fenomenal, oye.

Es muy sano y constructivo por lo cultural.

Bilboard, Cahsbox, baby es el nuevo santoral.

 

Macroventas, baby, hit-parade, vaya serial.

Las canciones se cotizan por lo comercial.

Cada lista es diferente, qué casualidad.

Si quieres ser rico hazte disc-jockey y lo serás.




Las casas de discos venden churros sin parar.

Qué ensalada, baby, si te paras a pensar.

Chupan unos y otros pero todo ésto es legal.

Viva el beat, el rock, el soul, el pop y el capital.

 

Underground llamaban a lo que sonaba crack.

Warhol, Ginsberg, Mekas se pusieron a llorar.

Aunque es muy sabido que nos da por imitar.

La culpa la tiene ésta modorra nacional.

 

En la tele hay un programa pseudo-musical.

De alguna manera tienen que disimular.

Tanta tontería no se puede soportar.

Con alfalfa, baby, nos quieres alimentar.

 

Progresivo, baby, qué será, qué no será.

Unos dicen que éso es un ardid de Satanás.

Pero aquí no acaba tanta empanada mental.

Porque hay quien afirma que es paz y prosperidad".

 

Luis Eduardo Aute.

Viva el beat, el rock, el soul, el pop y lo demás.

BABEL:1975.


"Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam".


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